jueves, 25 de mayo de 2017

La feminización del period drama: ¿Hay que culpar a la audiencia femenina por los errores del género?


El año pasado, un escándalo sacudió las redes sociales cuando James Delingbone acusó a “la feminización de la cultura” de ocasionar los recurrentes errores en la ficción histórica. A pesar de ser parte de un debate constante, la jugada de Delingbone de poner a las mujeres sobre el tapete, enojó y sorprendió a muchos. Aunque sus quejas tenían fundamento, no tuvo en cuenta que, desde sus orígenes, la ficción histórica, sobre todo en lo que se refiere a romances de época, siempre ha estado dirigida a las mujeres. Han sido las exigencias y gustos femeninos los que han moldeado el género. Tanto así, que una reacción reciente, ha sido la proliferación de series y filmes de época con tono más “masculino”. Pero aun en este nuevo tipo de entretenimiento se presentan los anacronismos y falsedades históricas. ¿A quién le echamos la culpa entonces?

Pasemos al artículo en cuestión. En abril del 2016, James Delingbone publicó en The Spectator una nota titulada “La ‘Victoria’ de ITV es tonta, simple e irresponsable- culpo a la feminización de la cultura”. Debajo de este larguísimo título estaba una reseña de “Victoria”, del “Masterpiece”, otra de las múltiples biografías fílmicas sobre Su Alteza Real, la Reina Vicky. Para ser francos, Delingbone tenía razón porque la serie presentaba mucha sosería sentimental y poca veracidad histórica.

Somos muy bonitos por eso no somos históricos.

Como la primera temporada me había dejado irritada, estuve totalmente de acuerdo con las afirmaciones de Delingbone de que las libertades que se habían tomado con la vida de la soberana “eran un gigantesco dedo del medio dirigido hacia nosotros los que valoramos la historia”.  También aplaudí que les exigiera a los productores de dramas históricos que fuesen más responsables y comprometidos con su público: “Le deben a la audiencia apegarse lo más posible, y razonablemente, que se pueda a los hechos históricos reconocidos”.

Lamentablemente, Delingbone arruinaba el efecto con declaraciones ofensivas (y falsas) como “Sospecho que probablemente sea verdad que los chicos, por tener más disposición a transportarse en el tiempo, y están más atentos a los detalles y hechos históricos sean más reacios a caer en los encantos artificiales de Victoria, que las niñas”.
¡Ay Dash parece que solo me quieren las niñas y los perros!

Delingbone se olvidó que series históricas “para machos” como “Spartacus”, “Vikingos” y “Black Sails” también deforman eventos del pasado. El esclavo convertido en gladiador Crixus nunca tuvo amores con su Domina Lucrecia; Alfredo, el Grande ya era rey para cuando los vikingos desembarcaron en Inglaterra (y era contemporáneo de Ragnar); y Barbanegra murió en batalla, no fue asesinado por el Gobernador Woodes Rogers.

Ragnar y Alfredito. En la vida real, tenian la misma edad.

Desde sus inicios, la ficción histórica se ha internado en el terreno de la especulación para rellenar espacios dejados por los historiadores y para presentar una realidad menos sosa. Muchos de esos “rellenadorers” han sido varones. Fue Schiller el que inventó esa tradición de que Maria Estuardo se encuentra con su prima Isabel; Shakespeare fabricó la mala reputación de Ricardo III; y el único que crucificó a Espartaco fue Stanley Kubrick.

Solemos asociar el nacimiento de la novela histórica con escritores seminales como Alexandre Dumas y Sir Walter Scott. Antes que ellos, la literatura gótica ya se había convertido en un campo donde retratar hechos del pasado. Autoras góticas como Maria Edgweorth, Ann Radcliffe, Clara Barton y Miss Sophie Lee se volvieron expertas en la fusión de horror, romance y días de antaño. Fundamental fue Miss Lee que, en días previos a la Revolución Francesa, publicó el que puede ser el primer romance histórico, The Recess. Hasta lo subtituló como Un cuento de otra época.

Distanciándose del Medievo, el periodo histórico favorito de los góticos, Miss Lee se concentra en La Era Isabelina y trabaja con personajes históricos como La Reina Isabel, su prima María Estuardo y sus cortesanos. En la vida real, La Reina de los Escoceses dio a luz a una pareja de niñas prematuras producto de su matrimonio con Lord Bothwell.  En The Recess, la autora le otorga un tercer marido a Maria, el Duque de Norfolk, quien será el padre de las mellizas de la reina.


Matilda y Ellinor se hacen mujeres aparentemente solo para fastidiar a la tía Isabel. No solo pretenden quedarse con su trono sino también le roban los novios. Matilda se enamora del malhadado Conde de Exterer y Ellinor se casa con Robert Dudley (¿Y qué pasó con Amy Robsart y Lettice Knollys?)

The Recess da origen a elementos hasta hoy asociados con el romance histórico:  la amalgama de amor e historia; la alteración de hechos reales para acomodar la narrativa; heroínas hermosas y poco convencionales y   la primacía de caracterización sobre acción. La nueva ficción provoca su poca de controversia. En su Sobre historia y romance, el filósofo William Goodwin (padre de Mary Shelley) se queja de que este nuevo estilo “está degradando y corrompiendo” la historia. También nota que los principales lectores de los romances históricos son niños y mujeres.

Desde entonces, la ficción histórica se convierte en “cosas de mujeres” y la literatura decimonónica se hace eco de esa moda. En La Abadía de Northanger, Jane Austen nos presenta una heroína adicta a las novelas góticas; jóvenes de la clase alta como la Mathilde de la Mole de Stendhal son fanáticas de las novelas históricas de Sir Walter Scott y La chica a la antigua de Louisa May Alcott desdeña las novelas modernas de Ouida prefiriendo las obras de la alemana Luise Mulbach “porque son históricas”.

En mi juventud yo aprendí historia gracias a los dramas de época y la ficción histórica de Anya Seton, Daphne Du Maurier y la maravillosa Jean Plaidy, la de los muchos seudónimos. A fines de los 70s, recién salida de la secundaria, me convertí en incondicional de los bodice-rippers, una combinación de romance y erotismo, vestida de trajes de época. Los críticos podrán apodar este subgénero como “basura populachenta”, pero lo cierto es que ayuda a definir la ficción histórica como un turf femenino. Por eso no se puede hablar de la feminización del period drama.

Volviendo con “Victoria”, la mayor queja de Delingbone es el embellecimiento de los personajes. Dice que Jenna Coleman es demasiado bonita (algo que “la gorda Victoria” nunca fue) y le molesta que a Lord Melbourne lo interprete el sexy Rufus Sewell. Está particularmente en contra del supuesto romance entre Lord Melbourne (panzón y canoso en la vida real) y su soberana.


El verdadero Melbourne y su rolliza reina.




















Lord M y Vicky en la glamorosa ficción




 Curiosamente, a mí no molestó ese romance. Los protagonistas atractivos y los líos románticos son parte del género. La verdadera “gordita” Victoria bien pudo encapricharse del Lord M. Las jovencitas suelen prendarse de figuras paternas que les demuestran cariño y consideración. A espaldas de Victoria, la apodaban “Mrs. Melbourne” Eso indica que en los primeros días de su reinado ya los rumores de un romance estaban en el aire.


Lo que me molesta, y ahí estoy totalmente de acuerdo con Delingbone, fue el feo asunto de los ratones. El Palacio de Buckingham nunca ha sido Hamelin, no hubo una invasión de roedores ni a Victoria le dio una pataleta por ver un par de lauchas saltar, como coristas, de adentro de su pastel de cumpleaños. Más importante aún nunca Victoria dio pie para que nadie sospechara que ella sufría de una enfermedad mental o de que hubiese heredado la locura del Rey Jorge. Esa necesidad de mostrar a las mujeres antiguas, sean la Reina Victoria o Jackie Kennedy, sufriendo soponcios o ataques histéricos es producto de mentes misóginas.
¡En la vida real no nos dieron pastel!

A pesar de lo que diga Delingbone, a las mujeres si nos molesta la inexactitud histórica. A mí se me ha acusado de ser una quisquillosa pedante por andar gruñendo en contra de la atmosfera artificial que permea el drama de época. La sensibilidad moderna está tan alejada de la de nuestros ancestros que se necesita rellenar las recreaciones del pasado con absurdos con los que se espera hacerlo más identificable y relevante para el público del Tercer Milenio.

El último grito de la moda es que los eventos en la ficción histórica se ajusten a los cánones de la corrección política imperante. Nos guste o no, las grandes mantenedoras de la corrección política son las feministas. Ellas son quienes exigen que los contextos históricos no desafíen su ideología.  Pero no solo las feministas caen en esta trampa de la inexactitud histórica. ¿Creen acaso que las matronas romanas eran tan deslenguadas como las de “Spartacus”?  Y, sin embargo, esa serie de gladiadores es un ejemplo de la masculinización del drama de época.

Me escandalice cuando en “Black Sails”, otro cuento para machos, Mrs. Guthrie le ofrecía a Max un marido blanco y poderoso que podría llegar a ser el nuevo gobernador de Nassau. Max con su pasado de esclava y prostituta bisexual no era precisamente una candidata para ser la reina de la Filadelfia Colonial. Además, el color de su piel le impedía ser la esposa legal de cualquier caballero respetable de la época. Si tal matrimonio hubiese tenido lugar, hubiera sido un anacronismo mayor que Maria Antonieta y sus damas fumando opio en el filme de Sofia Coppola.


Al menos “Marie Antoinette” era genuina en su recreación de las modas del Versalles dieciochesco. No se puede decir lo mismo de “Reign” una serie que pretende retratar la vida de Maria Estuardo. En ella, La Reina de los Escoceses no se viste para nada a la usanza de las damas del siglo 16. Blusas transparentes, vestidos sin mangas, pantalones de cuero. ¿En qué cabeza cabe?

En el 2008, el historiador David Starkey se quejó en The Telegraph por el uso en “Los Tudor “de carruajes victorianos. Secundo su queja. Como mujeres que rescatamos los romances históricos y los reclamamos como nuestro territorio, debemos estar dispuestas también a exigir la mayor veracidad y contexto histórico posible. Sobre todo, en lo referente a lo cotidiano como lo son vestidos, muebles y otros enseres.
Bonito, pero no lo que se usaba en el Renacimiento.

Habrá quien se oponga a esta cruzada argumentando que el drama de época no es una clase de historia. Lo que me trae a la memoria la petulante respuesta de Adelaide Kane cuando le enrostraron el enredo seudo histórico que es su serie “Reign”.  “¿Cuántas chicas adolescentes conoces que estén obsesionadas con la historia? Yo sé que a esa edad yo no lo estaba.” Con esas palabras, nuestra dulce Reina de los Escoceses les está dando la razón a Delingbone. Starkey y otros señores como ellos. La culpa de las inexactitudes históricas las tiene las chicas, porque las traen sin cuidado, porque no están “obsesionadas” con la historia.
Esto es lo que pasa cuando no se aprende historia.

El problema es que las adolescentes que ven “Reign” (y ese es definitivamente el grupo al que el show va dirigido) van a aprender del programa algo que pasa por historia. Así van a creer que a Maria la violaron sus cortesanos, que mató a la hija bastarda de Catalina de Medici y que tuvo más amantes que los que cabrían en la cama de la pobre mujer. Juramos que los dramas de época no van encaminados a enseñar historia, pero, al final, estas fabulas eróticas situadas en la antigüedad como “Reign”, “Versalles” y la española” Águila Roja”, hacen algo peor. Combinan falsas descripciones del pasado con soft porn y acaban en una catedra de historia errada, inútil e indigerible.



Deben existir límites para la licencia creativa, un equilibrio entre la fantasía y el espíritu de lo verídico, y tal como lo exigió James Delingbone, debe haber más responsabilidad de parte de los productores con el público. Tal como la peor fanfiction es la que se aleja del texto original, la adaptación libre de hechos históricos no garantiza productos de calidad. Desde el momento en que una obra promete basarse en eventos reales, debe existir un compromiso de entregar material que al menos sea un 80% fidedigno. Después de todo, la realidad muchas veces puede ser más excitante que clichés irresponsables y falsos. ¿O no?





viernes, 5 de mayo de 2017

Un Juego de Tres Reinas: Reign se interna en los textos de historia.



En su temporada final, “Reign”,  ha optado por ofrecernos tres diferentes espacios geográficos, cada uno gobernado por una mujer poderosa. María  intenta reinar sobre una Escocia dividida, Catalina De Medici se niega a entregarle el poder a su hijo, el nuevo Rey de Francia;  y en Inglaterra, Isabel I se preocupa por una prima que puede robarle el trono. Pero antes de llegar a su fin, esta fantasiosa serie enfrenta su mayor desafío, uno que hasta ahora ha evitado por tres temporadas. Los libretistas tienen la cabeza enterrada en los libros de historia tratando, por primera vez, de descubrir a la verdadera Maria Estuardo, y lo que la convirtió en  leyenda.



La cuarta temporada está acabando con esta delirante, aunque entretenida, serie con una cadena de sucesos estrambóticos. ¿Catalina convertida en la consejera sentimental de Maria? ¿El Rey Carlos IX volviéndose protestante? ¿La Reina Bess probando drogas con el pirata John Hawkins? ¿David Rizzio portador de profecías? Esto estira los límites de chifladuras a los que “Reign” nos tiene acostumbrados. Sin embargo, varios de estos disparates tienen sus bases históricas.

Esta novedad puede provocar el asombro de los fans de “Reign”, los que creían que María acabaría casada con Bash y viviendo con los druidas en el bosque. ¡Que no se preocupen! El Arco Francés sigue abrazando la noble tradición de la serie, la de trabajar solo con inexactitudes históricas. ¡ Y vaya, que se están inventando cosas descabelladas esta temporada!

Primera Parada: La insípida Inglaterra
Este ha sido el arco más soso de esta temporada. Sin compañía, Isabel es un personaje insulso. Lo fascinante es el Periodo Isabelino y sus habitantes. La Reina Virgen es demasiado virgen para ser entretenida. Consiente de eso, la ficción histórica cuando toca a Isabel suele jugar con especulaciones.  A los autores les encanta teorizar cuántos amantes tuvo la Reina Virgen y si hubo por ahí algún bastardillo (s). Siguiendo esta tendencia, la temporada pasada tuvo a Isabel encinta de su gran amor, Lord Dudley.  El embarazo acabó en un aborto espontaneo debido a un veneno que Lord Cecil puso en la copa de la reina.

Triste, pero históricamente posible. El hecho de que se levante la sospecha de que el puritano y devoto Lord Cecil pueda haber experimentado sentimientos románticos por su soberana añade intriga y sabor a la subtrama. Hora de ir a escribir fanfictión sobre el tema.

El faux-accouchement de Isabel coincide con la histórica caída por las escaleras de Amy Robsart Dudley. Lord Dudley ha quedado viudo, pero tanto él cómo Isabel caen bajo oscuras sospechas. Para salvar a su amante, Bessie planea casarlo con su rival. Este es un hecho histórico, Dudley (un poco a regañadientes) cortejó a la recientemente viuda Maria Estado, pero la serie lo tiene de vuelta en la Corte inglesa ¡casado con Lettice Knollys! En la vida real, Dudley si embarazó y se casó con la prima de su Reinita, pero eso ocurriría dieciocho años más adelante.
La caida fatal de Amy Robsart

La destrozada Isabel los exilia a todos: a Dudley, a la preñada Letty yal enamorado William Cecil. La reina se queda sin novio ni consejero. ¿Quién está a mano? Lord Gideon, insulso de cara y personalidad. Esta temporada hemos tenido una Reina ni tan virgen haciendo puras inutilidades: tratando de mantener a la prima Maria soltera: entreteniendo las últimas horas de la moribunda Ágata Gideon y convenciendo a nobles despectivos que, al menos en las cacerías, Bess está la altura de su padre. ¿Es que alguien en Inglaterra echa de menos al Gordo Enrique que haya que convencerlo de que Isabel es parecida a su tirano padre?
Bess y Gideon (Showbiz.junkies.com)

Finalmente, los escritores se compadecen de la desdichada reina y le consiguen un acompañante a su altura: el corsario John Hawkins. El bandido anda huyendo den las autoridades españolas por culpa de un tesoro. Felipe II quiere que la Reina le entregue al ladrón, pero Hawkins cree que puede serle más útil a los ingleses en libertad que en una mazmorra de la Inquisicion.Despues de probar ajenjo, comer tomates y jugar con los pavos que Hawkins ha traído de América, (la reina los llama “pollos grandes”) Isabel le da venia al corsario para que saquee el Nuevo Mundo.
La Reina, El Pirata y un "pollo gigante "(spoiler.tv.com)

Estaba casi segura que Hawkins y su soberana se revolcarían en la mesa del comedor, pero ahora nos sale Bessie conque está enamorada de Gideon. ¿En serio, Isabel? ¿De Gideon? El caso es que Hawkins es un personaje real, primo de Sir Francis Drake. Si trabajó para los españoles hasta que decidió cambiar de patrón. En 1564, acababa de regresar de un viaje a Santo Domingo donde había vendido un cargo de esclavos africanos. Ese es el lado oscuro de Don Juan Aquino como le llamaban los españoles. Mejor, dejamos que “Reign” nos convenza que lo único con lo que el pirata traficaba eran aves de corral.

Segunda Parada: La Belle France
Comencemos con Claudia, el personaje más superfluo e insufrible de los tres reinos. Me doy por vencida. No hay manera de convencer al fandom de “Reign” de que la verdadera Claudia de Valois era feúcha, coja y medio jorobada. Para ese entonces, mas encima, ya estaba casada y tenía hijos. Muchos identifican a esta Claudia pizpireta con su hermana Margarita, que no aparece en la serie.
La verdadera Claude de Valois

Pero La Reina Margot, por apasionada, hermosa y promiscua que fuera, poseía más sentido común que Claudia. Comenzamos esta temporada con Claudia de luto por la temprana muerte de Leith. Hemos visto a la Princesa llorar, hacer muecas, rezar, pero como Claudia siempre será Claudia, pronto la tenemos en la cama de un hombre casado. Después que la atrapa su intransigente hermana, Claudia tiene dos opciones: o casarse o irse a un convento.
Claudia de luto (no le dura mucho)

Lord Narcisse (¡Slurp!) que acaba de regresar de Inglaterra, se saca de la manga un hijo, Luc, con el que se casará la casquivana princesita. Pero como “Reign” es antes que toda una telenovela, Leith regresa de la tumba. No estaba muerto, Narcisse lo encierra en una celda y solo lo suelta cuando el matrimonio ya se ha consumado. La verdad destroza a Claudia y Leith. El pragmático Luc ofrece una solución. El solo quiere un heredero. Si Claudia está dispuesta a permitirle que trate de embarazarla de vez en cuando, a él no le molesta que se revuelque con Leith todo lo que quiera.
Claudia y Luc (Reign.wikia.com)

A Claudia le parece bien la idea de un trio. Leith no esta tan entusiasmado como ella y se va rumbo a mundos lejanos. Claudia vuelve a hacer pucheros. Lástima que se haya acabado “Girls”, con lo inmadura y superficial que es Claudia cabría perfectamente en ese grupo (si hasta se parece a Jessa).

En otro rincón de la Corte Francesa, los Valois celebran reunión familiar. La Reina Leeza ha llegado a hacerles una intempestiva y poco bienvenida visita. Parece que su marido, Felipe II, la ha mandado de espía y está en Paris para observar como su familia combate la herejía luterana. Si nota que los esfuerzos son tibios, Leeza debe inmediatamente avisarle a Su Católica Majestad para que proceda con la fusión de ambas compañías. La filial francesa y la española.

Por supuesto que Leeza (que es más gorda, vieja y fea que la verdadera Isabel de Valois) viene acarreando un baúl lleno de rencores infantiles en contra de su Mamita Querida. Se muere de ganas de crear un incidente ente Francia y España. En eso la ayuda el hermano Carlos que desde que lo coronaron se ha vuelto una nauseabunda parodia de Joffrey Baratheon.

Primero, Carlitos nos hizo creer que le gustaba matar a las compañeras de cama para satisfacer una neurosis necrófila. Por suerte no usó a Bianca de blanco de arquería. Solo la asustó llevándola a ver un espectáculo de cadáveres y de la faz real pintada con sangre. ¿Sangre? Sí, yo ya creía que Charlie era uno de “The Originals”. Entonces comenzaron a aparecer cadáveres medio comidos de niños campesinos por los mismos lugares del bosque donde a Carlos le gusta merodear. ¿Es acaso el rey un antecesor de La Bestia de Gevaudan? Al menos eso cree el campesinado.


Por fin Catalina se las arregla para ponerle una correa a su cachorro rebelde. Carlos, muy bien portadito, le lanza un discurso al pueblo hablando de lobos feroces que ha mandado asesinar para que no se coman más niñitos. El populacho no es tonto. Los oyentes están seguros que Carlitos es caníbal, y le lanzan un balde de sangre de puerco, a lo Carrie, a la cabeza del rey.

El pobre Charlie se espanta y huye al bosque. Hasta allá lo sigue Mamá Catita que por fin se entera de lo que ocurre, El rey no ha superado el trauma de ver a su amigo Thierry quemado vivo. Solo lo alivia comer ardillas crudas y pintarse la cara con la sangre de los animalitos. Bueno, pase, si es por propósitos terapéuticos... Lo malo es que Carlos no quiere vivir en el palacio, no quiere reinar. Leeza está regocijada. Una Francia acéfala necesita de la mano fuerte de su Felipillo.

La incansable Catalina y su fiel Narcisse parten en excursión pastoril por la campiña francesa y se encuentran a Carlitos viviendo la vida bucólica con unos campesinos, cerca de Meaux. Tras tragarse una sopa de pichón, y dar las gracias a los campesinos por su hospitalidad, la comitiva real convence a Nicole, la nueva novia rustica del rey, que se venga a echarle un vistazo a la Corte. Y de paso tráete a Carlitos, ¡Niña!

Carlos y su familia vuelven a instalarse en El Louvre. Todos felices hasta que a Carlitos se le ocurre lanzar una bomba. Nadie hizo averiguaciones sobre la familia de Nicole. ¡Los muy bandidos eran Hugonotes! Ahora El Rey se ha vuelto protestante.

 La pobre Leeza queda tan apabullada que ni fuerzas tiene para rezongar. Se vuelve a España y promete no abrir la boca. Eso sí, siempre y cuando empaquen a Carlos al manicomio más cercano y convoquen al joven Enrique para que reemplace en el trono a su demente hermano. Catalina deja este asunto en manos del competente Narcisse y de Nicole (que se ha encaprichado con Narcisse) y se va de vacaciones a Escocia a consolar a su ex nuera.

Antes de irnos a Escocia donde están ocurriendo muchas cosas interesantes, repasemos les hechos en Francia.  ¿Hay alguna base real para tanta fantasía? El Rey Carlos IX estaba un poquito deschavetado, andaba de las greñas con su mamá, tuvo amores con Marie Touchet, una mujer que no era de la nobleza y puede haber tenido simpatías por los Hugonotes, pero Carlos nunca fue protestante.
Carlos IX y Nicole

Carlos IX y Marie Touchet


En 1564, Isabel de Valois, Reina de las Españas e hija favorita de Catalina de Medici vino de visita oficial a su país natal. Isabel que acababa de sufrir un aborto espontaneo, estaba deseosa de ver a su madre.  Para acompañar a su esposa, Felipe II seleccionó al Duque de Alba. El Duque tenía otra misión, dejarle en claro a Madame Serpent (el cariñoso apelativo que Felipe le había puesto a su suegra) que no permitirían que se relajara la política de mano dura en contra de los Hugonotes.
Catalina recibió a la comitiva real en Bayonne.

 Para celebrar la visita, la reina ofreció unos esplendidos festejos diseñados para impresionar a Alba y demostrarle que Francia no había perdido ni prestigio ni magnificencia y que no aguantaría ningún tipo de bullying por parte de la nación vecina. Estos son los hechos que han inspirado las extravancias galas de las que hemos sido testigos en la última temporada de “Reign”.”

Entretanto en Las Tierras Altas Escocesas…
Maria Estuardo ha regresado a su reino donde fue recibida por una facción druida. Parece que los druidas son los únicos escoceses que ven con buenos ojos a la joven reina. En tierras caledonias, Maria ha tenido que enfrentarse a todo tipo de líos: clanes rebeldes; protestantes por doquier, las intrigas de John Knox, y un atractivo, pero no tan confiable, James, Conde de Moray, el medio hermano de la reina.
Mary y su hermano James (Entertainment Weekly)

Demostrando que aprendió las lecciones maquiavélicas de su ex suegra, Maria toma decisiones drásticas. Para que pruebe su lealtad, obliga a James a decapitar a un líder de clan que cometió la imprudencia de secuestrar a la reina. Luego manda a Moray a seducir a Emily (y a sacarle información sobre las conspiraciones del marido), la joven esposa de Knox.


En ese entonces Lord Moray ya estaba casado con Agnes Keith y Knox efectivamente tenía una esposa joven llamada Margaret, no Emily, pero los libretistas se han inventado un sabroso lio pasional ahí. lo malo es que la despreciada Emily se ha tomado una terrible venganza. Maria no ha tenido más remedio que desterrar a su devoto hermano. En la vida real, Moray abandonó la Corte Escocesa como protesta por la boda de Maria con Lord Darnley.


Hablando de Darnley, este se ha convertido en un agobiante capítulo de la ya turbulenta vida amorosa de la Reina. Al igual que la verdadera Maria, Reina de los Escoses, el personaje de Adelaide Kane es enamoradizo y ligero de cascos. Comenzamos esta temporada con Maria comprometida con Lord Gideon (si, el hombre está en todas partes), planeando abdicar e irse con su marido a vivir felices para siempre en algún castillo inglés. 



Pero la razón se impuso. Maria siempre sería un peligro para Isabel, su vida siempre estaría bajo amenaza y los escoceses la necesitaban. Aunque este último punto es debatible, Maria le dio la bota a Gideon y decidió vengarse de Isabel (por la ejecución de Lola). La mejor manera es ser coronada reina de Inglaterra y Escocia. El pasaje para ese viaje se llama Henry Darnley.

María Estuardo y su rey consorte, Lord Darnley
Detengámonos un segundo para ver porque Darnley aporta legitimidad a las pretensiones reales de María. Ambos son primos y nietos de Margaret Tudor. Lady Lennox, la nueva y pesada suegra de Maria, es sobrina de Enrique VIII. Todos ellos descienden de La Princesa Blanca. Son totalmente Tudors.
(Silvertimes)

Además de tener sangre azul, Darnley esta guapetón. Maria no pierde el tiempo y se da su revolcón con él en un pasillo del Castillo de Holyrood. Un acto apresurado, porque pronto Darnley demuestra ser un patán borracho e irresponsable.  A Maria le pasan llegando misivas llenas de propaganda anti-Darnley. Todas vienen firmadas por un tal “Vigilante Leal” que resulta ser el mismísimo Conde de Bothwell.

Maria se encuentra por primera vez con James Hepburn en una taberna (¡Qué apropiado!). Desde el primer instante, ella sabe tal como nosotros, que Lord Bothwell es el único capaz de llenar las botas de Francisco, su difunto marido. Al lado de él, Darnley es un mísero gusano. Las fanáticas de “Reign” (las que saben de historia) ya alertan a gritos a la Reina. “¡Corre, Maria, corre! No te dejes seducir por su moñito ni por esa sonrisa a lo Orlando Bloom. ¡Bothwell te va a meter en un lio gordo!” Pero esta vez, serán el amor y la historia los que dirán la última palabra.
Showbiz. Junkies. Com

Mary y Bothwell encabezan mi lista de shippings históricos. Sabemos tan poco de cómo nació ese romance, que me creo todas las pamplinas que se han inventado los guionistas.  La taberna, el naufragio del bote, el paseo por el bosque; Bothwell declarándole su amor a la reina en un pasadizo oscuro en vísperas de la boda con Darnley; Bothwell contándole a Maria que le juró a su madre protegerla. Me conmovió esa referencia a Maria de Guisa, uno de los personajes que “Reign” hizo pedazos. Es apropiado entonces que se recuerde cuanto amó a su hija.


David Rizzio (que es gay como el verdadero) se le aparece, como un personaje de Tolkien, a Maria en medio del bosque y le recita una profecía druida. Podrá tener amor, o un heredero que una a Escocia e Inglaterra. Maria no sabe que ya no tiene opción. Su revolcón con Darnley tuvo consecuencias, su heredero ya crece en su útero. Debe olvidarse del amor, pero Milord Bothwell no es hombre que acepte un “no “fácilmente.















En su noche de bodas, mientras el novio borracho ronca en la cama, Maria mira por la ventana y ve a Bothwell montando guardia bajo su balcón. ¡Que románticos! ¿Pero dónde va a llevar todo esto? A Maria al cadalso y a Bothwell a morir loco, y encadenado, en una prisión danesa. Pero, espérense que esto es “Reign” Si se la han pasado cuatro años reinventando la historia ¿Por qué habrían de cambiar ahora? ¿Significa eso que Maria y Bothwell podrían ser felices para siempre? En “Reign” todo es posible.