Mostrando entradas con la etiqueta faux feminismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta faux feminismo. Mostrar todas las entradas

martes, 25 de abril de 2023

La Ley Según Netflix: Porque Lidia Poet pudo ser mejor

 


Como suele ocurrir con las series de Netflix, La ley según Lidia Poet abrió con muy buen capitulo. Interesante filmar una historia de la primera mujer abogado de Italia y combinarla con el siempre vigente genero del whodunnit histórico. Lástima que el wokismo la hizo aburrida y poco atractiva.

Lidia Poet es un personaje histórico. Nació en una familia de valdenses (protestantes italianos). Ella y su hermano eran miembros de la burguesía de la recién creada nación de Italia . Desde joven mostró interés por el estudio, un interés superior al de las jóvenes de su época. Conscientes de ello, sus padres la enviaron a estudiar en una progresista escuela suiza para niñas.


¡Que se levante la verdadera Lidia Poet!

Lidia regresó a Italia con dos títulos : maestra normalista y profesora de idiomas. En vez de ejercer, Lidia ingresó en la facultad de medicina. Al tiempo se retiró ya que lo suyo eran las leyes. Fue la primera mujer italiana en recibir el título en Derecho Penal, pero nunca pudo ejercer la abogacía. Dos años después de titulada, el Colegio de Abogados le revocó el título, considerando escandaloso que una mujer se presentara en tribunales. En esa época,  los únicos países que contaban con mujeres abogados eran Rusia, Serbia y Estados Unidos.



La desolada Lidia entró a trabajar en el bufete de su hermano Enrico,   donde podía asesorar, entrevistar testigos, recolectar evidencia y hacer otras tareas que no le estaban prohibidas. También tomó parte activa en militancias como el sufragio femenino y las reformas penitenciarias. Solo en 1919 se le restauró el título.

La producción de Groenlandia-Netflix ha usado estos hechos para crear un personaje que está muy de moda en los whodunnit históricos, una Lidia Poet detective. rebelde, independiente y sexualmente activa.  Lidia podría ser Phryne Fisher únicamente que vive en la Italia de 1880, donde las mujeres eran ultra sumisas. Al quedarse sin título, Lidia se ve imposibilitada de defender a un cliente llamado Pietro, un stalker acusado de asesinar a la Prima Ballerina de la que estaba obsesionado.



Cuando ya no puede pagar su renta, Lidia debe regresar a casa de su hermano. A pesar de que Enrico Poet desea que Lidia se establezca sea como maestra o como esposa, acepta la defensa de Pietro y permite que su hermana se haga cargo de la investigación preliminar. Dotada de los últimos conocimientos de criminología, y ayudada por su concuñado,  un descarado periodista, Lidia logra dar con el verdadero asesino.



De ahí en adelante cada uno de los siete episodios de la serie estarán dedicados a un caso especial que Lidia , con ayuda (a regañadientes)de Enrico,  logra resolver antes de que llegue el juicio de los presuntos culpables, puesto que la Dotorezza Poet tiene terminantemente prohibido pisar tribunales en ninguna capacidad.

Aunque los casos son interesantes, las subtramas son tediosas. Tenemos algunos factores constantes: la autoridad legal empeñada en alejar a Lidia de la profesión para la cual ha estudiado; los esfuerzos de Lidia por convencer a su hermano de aceptar casos en los que él no ha están interesado; y un arco que involucra a Jacopo, el concuñado de Lidia, con los anarquistas.



El anarquismo,  que se estableció con fuerza en la Italia del Ottocento,  juega rol importante en la serie Los miembros del movimiento son representados como héroes y mártires. Hoy en día,  el anarquismo y su ingenua ideología son vistos con sorna o lástima al reparar en su trágica represión en la Unión Soviética y la Guerra Civil Española, pero es típico de Netflix endiosar algo que no entiende y que el público comprenderá menos aún.

En general, Lidia Poet sufre de todos los clichés que han sido asociados con la imagen de la detective del period piece: tan sexualmente activa como Phryne Fisher, tan pisa reglas como Miss Scarlett, tan reprimida por su familia y entorno como Enola Holmes y tan atolondrada como la Marina de Un asunto privado. Algo que hace interesante a Lidia es que , como Marina Quiroga, siente fascinación por nuevas técnicas de criminología. Así la vemos hablar de huellas dactilares, usar un rudimentario detector de mentiras y teclear en una prehistórica máquina de escribir.



El problema con Lidia es que además reúne todos los clichés woke posibles lo que la hace, como todo en Netflix, aburrida y repetitiva. Las subtramas de como intenta alejar la calentura sexual que le inspira Jacopo o cuando empuja a su sobrina adolescente a los brazos del jardinero,  resultan irritantes. Ya estoy harta de ese lugar común de la niña bien con uno de abajo donde la atracción se basa en curiosidad sexual. Es como si quisieran castigar a un personaje solo por tener más dinero que el otro y el romance pasa a ser una degradación, antes que algo sublime.

Ayuda a mi falta de interés en la vida amorosa de la abogado el que a Jacopo Barberis lo interprete Eduardo Scarpetta el actor más feo de Italia (un país donde hasta los feos son bonitos). Yo le tomé tirria a Iacopo en su rol de Pasquale Peluso en La Amiga Estupenda y no cambia mi opinión este papel donde cree hacerse más atractivo con desnudos frontales.



No me interesa la vida romántica de Lidia ni la de su sobrina. No me interesan sus emociones porque son tan llenas de banalidades que pasa a ser una caricatura de feminista de hoy,  puesto que aparte del vestuario, no hay nada en ella que nos haga sentir su época. Matilda de Angelis es guapa y tiene cuerpazo que ya ha enseñado en The Undoing y en Leonardo, pero es inexpresiva y no es muy carismática. A ratos siento que no interpreta a una mujer que luchó contra el patriarcado, ni una enamorada de su carrera, sino un personaje de tira cómica como la Adele Blanc-Sec .



No voy a hablar de cinematografía, porque no es un fuerte de Netflix. Sus exteriores son muy inferiores a los de Badehotellet, A Place to Call Home y las series rusas. Sus interiores no pueden competir con Downton Abbey o los de series italianas de la era de Berlusconi como Orgoglio,  Elisa de Rivombrosa o incluso en series más modernas como Il Comisario Ricciardi.



En vestuario si le doy un 9. Me hace gracia que Lidia apoye la rebeldía de su sobrina en cuanto a la ropa, siendo ella un maniquí que cambia de traje en cada escena. Sus atuendos son algunos gloriosos,  otros feos, pero corresponden a la moda de 1883. Incluso trajes en distintos tonos de rojo son  apropiados. Creemos que el rojo era considerado vulgar, pero una monografía que hice en la universidad sobre el vestuario femenino de La Regenta me enseñó que, a fines del Siglo XIX, ese colorestuvo muy de moda entre las clases respetables.



Donde sí hago gesto de asco es en la música. ¿A quién se le ocurre poner música de rock para una serie de época? Pues a Netflix que ya lo ha hecho en varios period pieces. La razón seguramente tiene que ver que en este caso resultará más barato que crear una banda sonora. Para emular la música de la época tendrían que contratar músicos, instrumentos, hacer una investigación de cómo era la música de entonces, etc..

Cuando se les ha preguntado a los productores el motivo para este anacronismo, la repuesta es arrogante y displicente. Lo hacen porque ningún joven vería algo que no tuviese música que le fuese familiar. ¿Son los jóvenes el único público que todavía sigue a Netflix? No lo creo. ¿Qué generación es esta que exige música pop en series que ocurren en tiempos en los que obviamente no se escuchaban esas melodías?

¿Acaso la primera generación de adolescentes de todo el mundo hubiese disfrutado más de Lo que el viento se llevó si la banda sonora hubiese sido compuesta por Benny Goodman y plagada de canciones de Bing Crosby, el cantante del momento?  Yo recuerdo que el renacimiento del rock and roll y el twist de los 70 se debió a filmes como American Graffitti de Spielberg y series como Happy Days. Podría seguir, pero creo que este sería un buen tema para otra entrada. Mi conclusión es que son los malos temas de fondo los que ayudan a empeorar Lidia Poet.

La serie se ha ufanado de filmarse enteramente en Turín. El problema es que la verdadera Lidia Poet nunca vivió en Turín. Siempre estuvo en Pinerolo, otra ciudad piamontesa. Su hermano Enrico era solterón.  Aun así, quedan descendientes de la Familia Poet que están indignados con la serie. “Demasiadas mentiras” fue como l describió Marilena Jahier. Valdo Poet conoció a la abogado y la recuerda como mujer estudiosa, elegante y reservada. Eso es lo que ambos parientes de Lidia han dicho a La Stampa.



Nos ofrece Netflix una imagen que no corresponde a la mujer descocada y ml hablada que interpreta De Angelis. Eso indigna a Marilena que recuerda que muchas de las groserías que ponen en boca de Lidia no se conocían en el Siglo XIX (cazzo, por ejemplo).

Otro motivo de incomodidad es ocultar un factor que fue primordial en la vida de Lidia y su familia, su protestantismo. El pertenecer a una minoría religiosa la hizo más creyente y más combatiente. Pero en la presentación de la serie, dijeron que prefirieron evitar el tema para “ hacer la serie más Internacional;”. Repito lo dicho por Fredo Valla en Corriere Torino:  Ohh Dio Santo Davvero?”

Si la serie va a ser vendida más que nada al mundo angloparlante que es protestante, como muchos países europeos, esa excusa no tiene sentido. Sean sinceros y confiesen que sus producciones europeas (hablo de Netflix) se cifran en tener gente sin ropa,  follando y escupiendo palabrotas . ¿Hay público para eso? Porque en Estados Unidos, la gente está prefiriendo ver Sucession, The Mandalorian, Ted Lasso y Yellowstone, antes que el producto Netflix.



Contenido Violento o Gory: Muchos cadáveres y sangre por doquier.

Contenido Sexual y Desnudos: A Matilda de Angelis le cuesta tener ropa puesta. Ya en el primer episodio Iacopo hace un desnudo frontal .

Factor Feminista: Obviamente Lidia Poet fue una víctima el patriarcado, pero la trama se apoya en presentismos imposibles en el dialogo de una feminista de ese entonces.  Y todavía no puedo concebir que el practicar el amor libre (en una era pre-Píldora) te haga más feminista. En eso concuerdo con Marilena Jahier que ha dicho que la serie debilita a alguien que tanto hizo por la emancipación de la mujer.

Factor Diversidad: Hay un romance lésbico detrás del crimen en el segundo episodio.

 

 

martes, 18 de abril de 2023

Del Bazar de la Caridad a Les Combattants: Otro fracaso woke de Netflix


 

El inicio de mis Confesiones coincidió con el Centenario de la Gran Guerra. En ese entonces me quejé de lo poco que se había hecho para conmemorar ese evento. Casi una década después hemos visto surgir del cine y televisión británicas mucho material sobre lo sucedido en La Guerra del 14, pero casi todo en términos de soldados (2017 y la nueva y aplaudida versión de Sin novedad en el frente). De las mujeres hemos visto a las que,  como Lady Mary Crowley despiden a los héroes en la estación de tren, pero muy pocas veces las hemos visto en el campo de batalla donde sirvieron como conductoras de ambulancia (la Garconne) y enfermeras de campaña (Anzac Girls). Ahora Netflix nos trae la francesa Les Combattants que remedia esa carencia presentándonos a cuatro mujeres en la retaguardia del ejercito galo.

Bucher y Netflix Unidos de Nuevo

Para quienes tienen acceso a la programación de Walter Presents,  que en USA puede verse vía PBS Masterpiece vía Amazon Prime, les recomiendo En los Campos de Flandes,  una tristísima visión de la Bélgica Ocupada. Les Combattants o Women in War, título que le ha dado Netflix, se diferencia en que,  en vez de enfocarse en una familia pudiente belga,  gira en torno a cuatro mujeres de diferentes clases sociales: una prostituta, la dueña de una fábrica , una monja y una enfermera.



A pesar del diverso cuarteto yo estaba con mis dudas sobre la serie. El que la ofreciese Netflix y que parte del cuarteto lo integrasen el trio de actrices culpables de ese relato bochornosamente malo,  El Bazar de la Caridad,  me tenían mirándola con sospecha. Lástima que no me equivoqué

La reprensible iris Bucher ,   creadora del desafortunado Bazar,  es aquí coproductora y funge como parte del equipo de guionistas. Aunque el jefe del equipo de libretistas sea José Caltagirone—autor de la fabulosa Speakerine y el director es Alexandre Laurent, reconocido por potentes dramas detectivescos como La Mante y Falco, Bucher es quien manda. Así que si nos tropezamos con vomitivo wokismo ya sabemos que Madame Bucher y Netflix son los culpables.

La acción tiene lugar en Los Vosgos, el norte de Francia, en septiembre de 1914. Algo que muchos no sabíamos o entendíamos es que la Primera Guerra Mundial comenzó con la victoria alemana algo que perduró hasta el final y que provocó esa monótona,  pero letal,  guerra de trincheras. A un mes de declarado el conflicto,  los alemanes habían dividido Bélgica en dos y habían penetrado en territorio francés amenazando Paris.



Marguerite, la Putain de Corazón de Oro

Lo que nos muestra la serie es una frontera fluctuante con avances (y escaramuzas) diarios del ejercito germano. A uno de esos puebloscada vez más cercano a ser ocupado por el invasor llega Marguerite de Lancaste. A pesar de su auto último modelo y aristocrático nombre es simplemente una putain. Incluso trae su carnet profesional de trabajadora sexual (En Chile en mi infancia toda sexoservidora respetable tenía su carnet laboral que especificaba para que establecimiento trabajaba y que estaba al día con sus revisiones médicas).



Hay un solo burdel (y bien miserable) en Sainte Pauline. Es regentado por un par de hermanos. Uno de ellos,  Marcel, es quien  contrata a Marguerite, sorprendido de que una cortesana parisina venga hasta este sitio. Marguerite explica que ya no hay clientes en Paris. Todos están en el frente y ella ha venido a buscarlos. Sin embargo, Marguerite tiene actitudes sospechosas.  Carga un mapa de la zona militar, busca, entre los veinte clientes que debe atender diariamente, a oficiales a los que saca información y la vemos escudriñando el campamento francés con binoculares. Todo indica que se trata de una espía.

El problema de una serie woke,  y ahí es donde vemos la siniestra mano de Iris Bucher,  es que los hombres son muy malos y las mujeres muy tontas. Marguerite no es una excepción. A poco de andar espiando es descubierta por los soldados. Acusada de querer hacer negocio en el campamento es entregada al cafiche Marcel que recibe una amonestación. La vuelven a ver cerca del frente y le cierran el local.

Marcel no es tonto. Sabe que Marguerite no fue allá a prostituirse. Su hermana ha registrado el equipaje de la nueva y encontrado los mapas. Marcel la acusa de espionaje. Marguerite lo niega, pero Marcel ha encontrado una foto de un jovencito entre las pertenencias de su prostituta estrella. Por la edad,  deduce que el joven oficial es el hijo de Marguerite. En vez de asumir una verdad que la exonera y que no es un estigma, la prostituta pone ojos de fiera y permanece en silencio.



A mí me cae bien Marguerite, es la casi única que me cae bien en este cuento, pero ponerla terca la coloca en el bando de las tontas. Marcel es un archicriminal, pero muy listo. mejor tenerlo de su parte. Para quebrar la porfía arrogante de Marguerite, se va a buscar al oficial en el frente. Marcel,  además de proxeneta,  es traficante de drogas y se las provee a los poilou. Ahí conoce a Colin, el hijo de la putain. Para horror de Marguerite, Marcel se lo trae de cliente.

Caroline, la Insufrible Pasiva

Colin no es el único secreto de Marguerite. En el primer episodio reconoce a alguien del pasado, la elegante Madame de Witte. Caroline es un personaje insufrible, puesto que representa tanto a la mujer adinerada como a la Scarlett que debe defender el patrimonio familiar en tiempos de guerra. Lo triste es que Caroline es totalmente pasiva, no sé si sea un problema del actriz o que ha construido al personaje para que de esa impresión.

Antes de la guerra, Caroline su esposo Víctor, y Madeleine, su malcriada y odiosa hija , vivián en una zona ya ocupada por los alemanes, por lo que han venido a refugiarse con Eleanore (qué vieja esta Sandrine Bonnaire) madre del ingeniero,  cerca de la usina familiar. Víctor parte al frente, decisión que molesta de sobremanera a su mujer, a su hija y a sus obreros que no se han enlistado ya que el patrón les ha prometido excepciones puesto que armar camiones es un trabajo primordial.



Víctor pone a Caroline a cargo de la fábrica y nadiemenos ellaestá contento. ¿A ver qué tipo de relato feminista es este? ¿No se supone que Caroline, quien ya ha colaborado con su marido en el negocio, estaría feliz de ocupar un puesto que demuestre su empoderamiento? Creemos que Caroline es empoderada porque, como Marguerite,  conduce su propio auto. Eso en las series de época woke es una forma de emancipación, junto con usar pantalones y fumar como chimenea. Cuando la liberación femenina comienza en la cabeza no en la actividad fisca.



Eleanore,  a pedido de su hijo, acepta apoyar a la nuera con la fábrica, pero se nota que no traga a Caroline que en realidad es impávida y un poco perezosa, hasta manda a la hija a comprar pan. Se presenta la policía militar y se lleva a todos los empleados de fabrica acusándolos de deserción . Caroline está destrozada, se suponía que iban a eximirlos el servicio.

Quien iba solicitar esa excepción es el gran villano de este cuento, Charles de Witte, hermano de Víctor. Un canalla elegante, vividor y drogadicto. las tiene todas para ser expulsado de su empleo en el Ministerio de Guerra. Este despido pone a Charles camino al frente, algo que quiere evitar a toda costa. Lo primero es sacar a Caroline del medio y ponerse él a cargo de la usina. Si acepta la oferta del gobierno de dedicarse a la manufactura de armamentos , Charles podrá usar su empleo como una contribución esencial al esfuerzo bélico y no tendrá que ir a guerrear.



Lo primero es no solicitar excepciones para los empleados. Sin mano de obra, Caroline pierde todo el poder. Charles llega a casa de su madre y les comunica a Eleanore y a Caroline la oferta del gobierno. Caroline se niega a cambiar el propósito de la usina. Llegan del banco con el cuento de que deben los de Witte unas cuentas atrasadas. La única solución es cumplir con el pedido de camiones de una fábrica de cerveza. Ahí habrá para pagar las deudas y a las trabajadoras, porque por primera vez vemos a Caroline en acción. Recluta, previa promesa de pagarles el dinero que les debe a sus maridos, a las esposas se los obreros y así termina con el pedido.

Charles,  desesperado acude a su amigo de la infancia, el chulo Marcel. Este maleante parece tener más poder que nadie en el pueblo porque consigue que la cervecera le retire el pedido a la Fábrica De Witte. Caroline queda vestida y alborotada con una ristra de camiones que nadie quiere y una fila de empleadas impagas. Hora es que se despabile y caiga en que su cuñado es su peor enemigo y quiere destruirla. Los medios están en el pueblo y tienen que ver con el pasado de Caroline. Antes de ser Madame De Witte, ella fue colega y amante de Marguerita.



La cortesana es el personaje más importante de esta historia porque tiene vínculos en todos lados. En su camino al pueblo le dio un aventón a la pequeña Lissette, una campesinita que va camino a convento cercano. Lisette es la protegida de la Madre Agnes, la superiora. Agnes le ha tomado un intenso cariño a Lissette y le suplica que se refugie en el convento puesto que la granja de su madre queda muy cerca de las líneas enemigas.



Abortista vs Monja

Cuando Lissette no regresa, la monja toma una carreta y va la granja donde sus temores se han vuelto realidad. Ha habido una incursión alemana y todas las mujeres, Lissette incluida, han sido asesinadas. La única sobreviviente es una forastera que dice llamarse Jeanne Charriere y ser enfermera de París. En realidad, se llama Suzanne y es una fugitiva de la justicia. Jeanne Charriere era la mujer que la llevaba a la frontera suiza, pero fueron perseguidas por un inspector que parece más empecinado que Javert.  Sucede que Suzanne se dedicaba más que a curar  heridos en su labor de enfermera, a practicar abortos. Sucede que le practicó uno a la mujer del inspector con tal mala fortuna que la paciente murió.

Las fugitiva hallaron refugio en la granja donde la muerte encontró a Jeanne. Suzanne se apodera de los papeles de la difunta y acompaña a la monja al convento. En el camino se les presenta un extraño espectáculo: un hombre desnudo que vaga por el bosque llorando como un niño. Agnes lo cubre con su capa y se lo lleva al convento. El hombre sufre de trauma, no habla,  solo llora. El ejército, todavía no consciente de lo que es la fatiga de combate, exige que estos soldados que físicamente se ven sanos, pero tienen la mente extraviada,  vuelvan al frente. Hay cuatro casos en el convento y la valiente Madre Agnes les arregla un pabellón en el altillo donde podrá curarlos a ellos y al mudo rescatado.



Suzanne descubre este refugio y la escandaliza que la superiora haya contravenido las órdenes del ejército y del Doctor Duvarnet, el médico militar que maneja el hospital.  Agnes le dice que es ella quien toma las decisiones ahí. Tal como ha permitido que Suzanne se quede (y eso que nunca le pidió permiso)  también decide que los enfermos mentales reciban atención. A Suzanne no le parece. No se entiende. En vez de aplaudir y apoyar el libre albedrio de Agnes va a acusarla con Duvarnet que tras administrarle una regañiza a la monja ordena que los hombres vuelvan al frente. Con tristeza hipócrita,  Suzanne presenta una débil disculpa “No sabía cómo eran las cosas”.  Por una vez, Agnes pierde la paciencia y le espeta un “¡No te metas en mis asuntos o me meteré en los tuyos!”



De ahí iniciará una lucha de poder. Suzanne , como buena feminazi, solo busca controlar y sobre todo controlar a otras mujeres. En todo momento demuestra desprecio por Agnes,  por su hábito, por su estatus, la grita, la empuja, pero hablaré más de esto cuando mencione el factor feminista de este cuento. Por otro lado, como buena obra de Netflix, la serie tiene un sesgo anti religión y anti-religiosos.

Aunque Agnes, gracias a un par de llamadas a Paris, ha descubierto la verdadera identidad de Suzanne, no la expulsa ni la delata. Eso se debe a que es consciente de que se trata de un par de manos que son tremendamente necesarias en ese lazareto. El problema es que Suzanne en vez de preocuparse por su situación, quiere ocupar el lugar de la Madre Superiora y hacer las cosas a su modo.

A mí no me convence Suzanne como una gran ayuda médica. Anda con el cabello sucio y descubierto cuando por todos lados hay cofias que una profesional usaría para no ser un foco de infección;  recoge un bisturí del suelo para practicarle una traqueotomía a un herido;  y si se le mueren los pacientes no debe ser muy buena practicando abortos. Además, es un personaje incongruente. Se siente obligada a delatar a un pobre desertor alemán (le encanta acusar, es una Karen total), pero ella misma cobardemente ayuda a un espía germano por miedo a que revele su identidad.



La serie sigue el feminismo mitutero creando una rivalidad entre Agnes y Suzanne y entre Carolina y su suegra. Ambas pugnas son totalmente innecesarias en un mundo en que las mujeres deberían aliarse como nos muestran las acciones de Marguerite. Agnes y la ramera son los únicos personajes rescatables de este cuento. Es un poco grotesco que sea una prostituta la que de un  ejemplo de solidaridad  porque su noviecita y la enfermerita son narcisistas que hacen las cosas para gloria propia.

El problema de Marguerite es que una no se acerca y acaricia a un hombre, que solo ella sabe es su hijo, sin esperar que él se sienta atraído por ella. Sin embargo, la entendemos porque es madre y muy maternal. La escena en la que atiende a un soldado agonizante que gime por su madre es la más bonita de la serie.



En el caso de Agnes, no entiendo que quisieron hacer. ¿Mostrarla como una hipócrita calentona que se puso cachonda al ver al desertor encuerado y decidió pasar de la masturbación al coito?  Pues, aunque el libreto es mediocre e inverosímil, Agnes sobresale como una mujer superada por shocks:  la muerte de una niña a la que sentía como hija; el ocultar a un desertor y a una asesina; el descubrir que su confesor seduce novicias; y más encima ver a su convento, un lugar de recogimiento,  invadido por hombres despedazados. Creo que eso puede explicar su ”despertar sexual”.



Tal vez la productora debió investigar un poco obre la vida monástica. Por empezar las madres superioras no tienen cabelleras hasta la rodilla, pero si ni se preocuparon por abrir un texto de historia, ¿qué podemos pedir?



La Verdadera Historia

Lo que más ha impactado a quienes saben un poquito de la historia de la Gran Guerra es el poco rigor histórico de Les combattants que se manifiesta incluso en la inverosimilitud de las escenas de batalla. Por empezar no nos dicen nada de los causas del conflicto. La misma Madeleine pregunta si los alemanes son malos.  Si,  son malos porque matan mujeres y niños y tienen un espía infiltrado, pero los franceses también son malos porque convierten a los jóvenes en carne de cañón y hacen sufrir a las mujeres. Sabemos que Charles es malo porque no quiere ser soldado, pero TIll, el desertor, es bueno. ¿Cuál es la diferencia?

El pacifismo de las protagonistas contrasta con los testimonios de la vida real. En Voices of the Great War, Peter Vansittart recoge una carta de la madre de Thomas y Heinrich Mann en que expresa regocijo por  una guerra que por fin dará a su país el sitial más importante de Europa. Su orgullo pangermánico (y viniendo de la madre de los autores más humanistas de Alemania) suena casi a fanatismo.

En sus Memorias de una joven formal (o “de una hija de familia”, depende la traducción) Simone de Beauvoir dedica muchas páginas a esta guerra que marcaría a su generación y que la encuentra a los seis años y que acabará cuando ya tenga diez. Seguir la memorias de una niña nos enseña como el conflicto se refleja en el quehacer cotidiano de las buenas familias en el relativo resguardo de Paris.



Simone comienza tan fanática como Frau Mann. Arroja por la ventana de su piso un muñeco hecho en Alemania e intenta lanzar luego,  no recuerdo si platería o loza de Sajonia. Por suerte,  es detenida por sus mayores. Pronto está en la calle, recolectando dinero para los huerfanitos belgas. Nos relata que su primer cuento es sobre una campesinita alsaciana que logra llegar a territorio francés junto a su familia.

Si, en Alemania existía un fervor patriótico motivado por nacionalismo, en Francia el grito de guerra era “Vamos a recobrar Alsacia y Lorena”. La humillación de haber perdido la Guerra Franco-Prusiana se seguía sintiendo y los nietos de los veteranos de ese conflagración habían heredado esa necesidad de limpiar el honor de Francia. Y si recordamos series inglesas como Upstairs, Downstairs  existía también ese fervor de participar en la que iba a ser una guerra que acabó con casi toda una generación europea. Pero aun en septiembre se creía que iba a terminar antes de Navidad. (acabó antes de Navidad, pero la de 1918).

A lo que voy es que ese estado lamentable de soldados drogadictos y desertores que presenta la serie de Netflix es un poco apresurado. Hasta la afiebrada productora se ha dado cuenta y ha hecho un adelanto cronológico de un factor determinante en la baja de moral del Frente Occidental: el primer ataque de gas por parte de los alemanes. Solo que este tuvo lugar en la Segunda Batalla de Ypres en 1915, no en septiembre del 14.



No puedo recomendar la serie que a lo más es lo que en La Nación han llamado “un culebrón”. Si quieren un retrato más fidedigno de la evolución del primer año de la Gran Guerra en territorio ocupado, vean En los campos de Flandes en PBS Masterpiece. Y si quieren una descripción más realista del trabajo de las mujeres en hospitales de campaña les aconsejo ver la magnífica serie australiana Anzac Girls que puede verse en USA gratis en Tubi y en Amazon. En America Latina puede verse en Acorn Tv y en Amazon.

Contenido Violento y Gory: Es una serie bélica. Tenemos escenas sangrientas de heridas. intentos de violación, muerte de una niña y otras violencias en contra de mujeres.



Contenido Sexual y Desnudos:  Sexo y desnudos en el convento y en el burdel. ¿La peor escena? La Madre Agnes masturbándose con una esponja. Totalmente innecesaria.

Contenido Feminista: No me hagan reír. Es una oda al faux feminismo. Un detalle casi jocoso, Camille Lou, la actriz que interpreta Suzanne dijo en una entrevista que el saber que su personaje practicaba abortos le había hecho comprender que se trataba de una serie “feminista”(WTF?) ¿Ahora eso define a las feministas? ¿Ayudar a abortar? Aun para una Pro-Choice como yo es una declaración aberrante.

Factor Diversidad: Una prostituta negra, Marguerite y Caroline fueron amantes y parecen querer volver a serlo.

 

jueves, 19 de mayo de 2022

Diversidad y Feminismo en Julia: ¿Cuan Woke era la Gran Chef? (II)

 


Al ser una producción de la HBO, Julia debía, por fuerza,  adherirse a las reglas de la Era Woke. Me interesaba ver como las manejaría Daniel Goldfarb quien ha estado involucrado en la popular serie The Marvelous Mrs. Maisel. Aunque ahí el mal uso de la diversidad tiene como mayor culpable a Amy Sherman Palladino,  en Julia Goldfarb es quien lleva la batuta y la lleva mal. En lo que se refiere a rumores tales como la homofobia de los Child o el supuesto lesbianismo de la chef, Danielito vuelve a hacer de las suyas respondiendo dudas con mentirijillas dignas de Weiss&Benioff.

¿Fue Julia Injusta y Racista con Alice?

Comenzaremos con el tema de la diversidad racial. Tal como era Cambridge en ese entonces, la serie es inmaculadamente blanca, con la excepción/inserción del personaje de Alice Neman, graduada de Oberlin, franco parlante, y que, como Julia Child, ¡ha estado en Paree!

Alice es el gran apoyo de Julia en la WGBH. Ella representa un arquetipo de estos dramas culinarios, el personaje que impulsa a la cocinera mágica a crear y termina convirtiendo la gastronomía en una religión de la cual la chef es la gran sacerdotisa. El problema, y ya se han elevado críticas, es que Alice es una mujer afroamericana y no lo parece. 



Su condición femenina la hace objetivo de machismo accidental e intencional, algo que entienden Julia y sus seguidoras, pero su color pasa desapercibido.  Lo cual es irreal en el Estados Unidos, de comienzos de los 60, enfrascado en la batalla de los Derechos Civiles.





Sin embargo, en el quinto episodio (el peor de la serie) ocurre algo inaudito en esta Era Woke, de Black Lives Matter y ataques contra la “Fragilidad Blanca”.  The French Chef ha recibido un alza de presupuesto y Alice una mínima promoción que le otorga un poco de poder. Su primer paso es contratar ayudantes profesionales que reemplacen a señoras de buena voluntad como Avis y Dorothy. Recordemos que, en el mismo episodio, Dorothy abandona el plató y Mrs. De Soto, que detesta las mollejas, se las encaja a la productora para que las lave. Alice tiene sobrada razón para buscar auxiliares más responsable, pero Avis resiente la medida y va a quejarse con Julia.

                    Avis le hace asco a las mollejas

Esta se aparece en la oficina de Alice y,  con la sutileza de un mastodonte,  le lanza un regaño que hace llorar a Miss Naman, recordándole quien es la puta ama ahí y como la productora se está tomando atribuciones que no le pertenecen. Solo faltó que le gritara “¡Ya negra atrevida, vuélvete a tu fogón!”. Que Julia (cuyo corazón era de mantequilla) acabe consolando a su productora, y en un gesto de “Gran Salvadora Blanca” le otorgue a Alice el puesto que otros le niegan,  no borra esa imperdonable escena. Es extraño que Alice Burton, en su recap de Vulture note el racismo de un carnicero que atiende a las blancas ante que, a Alice, pero no repara en este intercambio Child vs Naman.

              El carnicero atiende a las blancas e ignora a Alice

Julia en el País de los Gays

En el cuarto episodio, promoviendo su libro y programa en San Francisco, Julia se encuentra con su gran amigo y colega, el famoso James Beard. Se van de parranda y acaban en un bar gay donde Julia, un poco incomoda, conoce a Coco Van, un transformista que la idolatra hasta el punto de imitarla. La noche acaba con Julia, bastante achispada, en el escenario cantando a dúo con Coco.

                           ¿Cuál es la verdadera Julia Child?

Se ha hablado mucho de si tal suceso ocurrió o pudo ocurrir. Julia Child era un producto de su época, sabia de la existencia de los homosexuales, pero no era un tema que le interesase discutir ni en público ni en privado. Aunque consciente de que Beard era gay nunca lo reconoció ante el chef. 

Debido a eso, es casi imposible que la hubiese llevado a ese tipo de bar, no por ser un sitio impúdico, sino porque (algo que pocos saben o recuerdan)  la actividad homosexual en Los 60 estaba legalmente prohibida tanto en USA como en el resto del mundo. Estos bares clandestinos eran solo conocidos por sus clientes exclusivos y se tenía mucho cuidado sobre quienes sabían de su existencia y de qué tipo de gente venía a ellos.

Hablando de la heterosexualidad de la cocinera,  su tamaño, aspecto masculino y el haber perdido su virginidad después de los treinta años, hizo que los prejuicios de su época especulasen sobre su orientación sexual. Vale decir que las acusaciones de lesbianismo (y entonces eran acusaciones difamatorias)  siempre vinieron de sus contrarios homófobos. La serie, sin embargo, saca a relucir un suceso inventado.

                            La problemática Iris

En una reunión en Smith con ex condiscípulas, Julia se encuentra con una compañera la que le cuesta identificar. A solas, Iris admite ser lesbiana y agradece a Julia haberla ayudado a salir del closet. Julia está estupefacta y aún más cuando la amiga le recuerda una noche en su adolescencia y que estando borrachas,  se lanzaron al rio desnudas. Como Julia ha bloqueado totalmente la experiencia, y como Iris es muy imprecisa sobre lo que pasó, no sabemos exactamente cuál fue la participación de la chef en este despertar sexual de su ex compañera.

En esta época en que todos parecen (menos Servidora) haber tenido alguna experiencia homosexual, no veo esta invención intercalada como difamación. Por el contrario, creo que este episodio fue embutido para borrar la imagen de Los Child como “homófobos” que han adquirido gracias a entrevistas con amigos y libros y documentales.



 Lo cierto es que si bien (como casi todos los de su generación) el matrimonio no consideraba la homosexualidad un tema de conversación prioritario, el gran cambio ocurrió a mediados de los 80. Tras perder un amigo cercano debido al flagelo del SIDA, Julia Child se embarcó en una militancia que buscaba soluciones, cura y dar información sobre el HIV. En esa militancia abogaba también por los derechos de la Comunidad Gay.

El Club de La Misandria

He dejado para el final este tema puesto que es complicado asociar a vida de Julia con un feminismo militante, y la serie no nos ayuda. Por un lado, tenemos esa “Confederación de Mujeres” que intenta proteger a Julia, pero que a ratos se ve como una combinación de autoayuda con una adoración condicional de un ídolo que todas creen de su propiedad. Esta competencia lleva a la “red de estrógeno” a ser rivales entre ellas, y (¡horror!) ver a Paul como un rival que hay que sacar del camino.



Vemos a Avis gruñirle a Paul en cada encuentro, a Alice ponerle caras,  y hasta Judith se indigna al saber que tendrá que pasarse las vacaciones en la cocina con el marido de su amiga. En realidad, fueron Julia y Paul quienes efectuaron los experimentos para hornear pan. Judith no tuvo nada que ver. Irónicamente, ella escribió un libro de cocina The Book of Bread ydoble ironíalo escribió con su esposo (¡!!)

                         Paul y Judith intentan hornear baguettes

Por décadas he oído a machistas decir que “las amigas de una novia/esposa solo sirven para separar parejas”. Esta serie no desmiente ese prejuicio. Es una suerte que estos eventos no ocurrieron en la vida real porque no creo que ni un matrimonio tan bien avenido como el de Los Child hubiese soportado esos celos negativos.

                       A Judith no le gustó la idea de cocinar con Paul

Para ser francos, Julia no está dirigida ni a un público feminista ni a un público joven. No hay nada en ella para atraer a Millenials y Zetas. Entonces hay que aceptar que su público somos nosotros, los que crecimos con Julia Child en pantalla de viejos televisores, los que aprendimos a cocinar con ella, los que nos reímos de ella y con ella, y al final aprendimos a admirarla. En ese marco, reconozcamos que el argumento tiene pantanos de mentiras y absurdos. Evitemos caer en ellos.

¿Fue Julia Child un Obstáculo para el Movimiento Feminista?

No podría terminar de hablar sobre el ángulo feminista de Julia sin meterme en el penúltimo episodio.  Disculpen los spoilers. En este capítulo titulado “Foie Gras”, Julia viaja a Nueva York como invitada de honor de una cena de gala en el Waldorf Astoria para honrar a los achievers de la PBS

Antes la chef tiene un cena en Lutece con Judith y Blanche Knopf. Este es el primer round de la cocinera con un tipo de mujer de carrera, ejecutiva/empresaria,  que no la ve con buenos ojos.  Blanche,  molesta con la lentitud del libro de Julia y con el tiempo que Judith le dedica, aprovecha de humillar a su clienta dándole cocotazos donde más le duele: su cocina, su comida, su exuberante personalidad. Como si el bullying judío no fuese suficiente, llega el chef André y medio en broma, medio en serio suplica a Julia que no estimule a las mujeres a ser maestras de cocina ya que les quitarán el empleo a los hombres, además, la mujer francesa nunca llegará a ser chef.

                         Tenso almuerzo en Lutece

Blache compara el foie gras con el higado picado que su madre preparaba para Pesaj

Con esto en mente, en la gala, Julia hace un discurso en el que afirma no cocinar para los maestros de la Haute Cuisine, sino para amas de casa. Su meta es liberarlas llevándolas a un viaje de conocimiento que expandirá sus horizontes. Aunque todos aplauden, a Julia le llega un baldazo de agua de parte de nada menos que Betty Friedan. Aunque este es otro encuentro inventado, sabido es que esa ola de feminismo,  semi fundada por Friedan y sus cómplices,  odiaban la cocina viéndola como parte de la esclavitud a la que se sometía las mujeres.



Eso es lo que expresa la autora de The Feminine Mystique , quien con la famosa estridencia Friedan (Oy cuando las judías nos ponemos histéricas ...)  acusa a Julia de sabotear al movimiento feminista encarcelando a las mujeres en sus propias cocinas. Aunque tanto Paul como Russ defienden a la chef,  Julia, al borde de las lágrimas,  se refugia en el lobby donde es consolada por el mismísimo Mr. Rogers.

        Russ Morash defiende a Julia
             Y Mr. Rogers la consuela

No hay un récord histórico de que este encuentro haya tenido lugar, pero sabemos que Friedan detestaba tres cosas: lo burgués, el glamur (de ahí su eterna rivalidad con Gloria Steinen) y cosas de chicas (“girlish thngs”) .  Julia Child representaba las tres cosas. En otras palabra lo que hoy llamarían “privilegio de mujer blanca”; una actitud frívola hacia la opresión que sufrían las mujeres que carecían de padres millonarios, maridos comprensivos y redes de apoyo..

           Friedan al borde del ataque de nervios

En la miopía propia del faux feminismo, mujeres como Betty Friedan no tuvieron la visión para ver el alcance de la contribución de Julia Child. Una contribución francamente feminista. Aunque este artículo de Sadie Stein para Jezebel lo explica muy bien, hay cosas que quedaron en el tintero y merecen ser estresadas:

A)    Gracias a Julia Child, muchos (incluso las que odiamos el trabajo doméstico) encontramos terapia y empoderamiento en nuestros fogones. Hoy en día, pocas mujeres cocinan por obligación o porque deben alimentar a sus familias. Hoy cocinamos para amigos o para nosotras mísmas. Es una manera de   crear nuestro propio “arte” como quería la gran chef.

B)    Friedan,  ocupada en escuchar su propia voz estruendosa,  no repara que, para ser 1963, Julia Child es una pionera en la creación de programas femeninos, enfocados desde una óptica femenina y que generan empleo para otras mujeres, incluso de color como Alice . Algo que me gustó mucho fue cuando Russ se conecta con una documentalista sureña, la mujer (que es afroamericana) admite admirar a Julia y preparar sus platillos. Ese fue otro logro del Master Chef, superar las vallas de color que dividían al país e interesar a todas las mujeres (y a algunos hombres) en aprender a hacer estos platillos complicados, pero sabrosos. Además, tal como dice la chef, cocinar es una experiencia que nos adentra en otras culturas…



C)     Mrs. Child también inauguró caminos para nuevas profesiones en las que descollarían las mujeres desde abrir sus propios restaurantes hasta hacer carrera de nutricionistas; desde el catering hasta los programas de televisión, los libro de cocina, lo blogs como el de Amy Addams en Julie y Julia. Por sobre todo demostró que la gastronomía también es una arena donde pueden luchar las mujeres. Sin Julia Child no existirían Nigella, ni Padma, ni Martha Stewart, ni muchas otras famosas chefs.



D)      Betty Friedan siempre entró en conflicto con Gloria Steinen acusándola de ser una feminista “glamorosa”. Hizo declaraciones de haber sido apantallada por Gloria porque la Steinen era más guapa y lucia mejor en las portadas. ¿Entonces porque no reparó en que Julia, grande, torpe y cincuentona, era totalmente lo opuesto a las sexy y curvilíneas estrellas de televisión de la época?  Otro tabú que Julia Child destruyó fue ese. Su show abrió a puerta a programas presentados por mujeres mayores y que no representaban los cánones de belleza imperantes. Julia lo dice en su primera reunión con los ejecutivos de la WGBH: “sé cómo luzco. Me miro al espejo todas las mañanas”, pero agrega “la ventaja de lucir como yo es que desde temprana edad aprendí a no aceptar un ‘no’ como respuesta”.

 




Recuerdo haber visto desde mi ventana pasar a Betty Friedan. Ella tenía una amiga que vivía en Parkway VIllage,  la comunidad donde yo crecí. Un día mi hermano me dijo “esa es Betty Friedan”. Yo la miré,  avejentada, feúcha, mal arreglada y arrastrando las patas,  y le dije a mi gata Reyna que estaba fisgoneando como yo  “no quiero ser como ella”.  Es cierto, en cambio sí me hubiese gustado ser como Julia Child.

                                       Betty Friedan en su vejez

¿Antes de esta serie, habías oído hablar de Julia Child? ¿Cuál ha sido tu programa favorito de esta gran chef? ¿Qué aprendiste a cocinar con ella? Yo hasta hoy día hago un muy buen Boeuf Bourgognon (sin tocino) y un tarta de peras que descubrí en su show.