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jueves, 14 de noviembre de 2024

De Brideshead a Mayapore: La televisión inglesa de Los 80

 


Es extraordinario que, en los primeros cinco años de una sola década, en Inglaterra se hayan hecho dos de las 20 mejores miniseries de la historia de la televisión. Casi tanto como que los cinco años siguientes haya comenzado una paulatina decadencia que se acentuaría en Los 90,  dejando de ser la BBC (y la ITV y la ITC) la mejor fábrica de programas televisivos del mundo.

Un motivo de la decadencia puede haber sido el surgimiento de canales de cable que ofrecían más distribución y dividendos que la BBC. No sé cómo sería en el resto del mundo. En USA ya para el final de Los 80, la PBS, que había sido la principal distribuidora de los programas británicos,  tenía fuerte competencia. Las compañías de cable ahora traían canales como A&E, Discovery y a partir de 1994, History Channel,  que acaparaban documentales y hasta series. Cuando llegué a Chile descubrí que si quería ver algún programa ingles tenía que recurrir (tal como hoy) a Film&Arts. Eso me hizo perderme casi veinte años de series inglesas.

Donde más sufriría la programación de la PBS seria en documentales, ya que ahora no solo los ingleses los hacían y aun estos tenían más canales para su distribución. Eso aun no sucedía en 1980 cuando el gran éxito de la televisión inglesa fue un documental sobre arte moderno llamado The Shock of the New. El crítico de arte australiano, Robert Hughes  era el host de este programa tan exitoso que llevó a la publicación de un libro que The Guardian incluye en su lista de los mejores cien libros que no son novelas.



Brideshead y la nueva Anglofilia

Al año siguiente, debutaba en pantalla la mejor serie de ficción hecha en Inglaterra. En ocho episodios, esta adaptación de la novela de Evelyn Waugh cambió la fisonomía del seriado limitado, otorgándole más respetabilidad que la obtenida por exitosas series como La Saga de los Forsyte y Upstairs Downstairs. Tanto así que la PBS no la presentó en su Masterpiece Theatre sino en su espacio Great Performances, dedicado a las artes,  y que normalmente ofrecía teatro, opera, ballet y otros programas musicales de categoría.



Aunque ya he hablado de Brideshead Revisited en otras entradas, hay que agregar al elenco monumental (Sir Laurence Olivier, Sir John Gielgud y  Claire Bloom en roles importantes), a un libreto muy apegado a la obra de Waugh que mantiene el equilibrio entre su espiritualidad y el sutilmente tratado tema de la homosexualidad. No olvidemos una escenografía esplendorosa que nos llevaba desde la Oxford de Los 20 a Venecia, desde el Castillo de Brideshead (Castle Howard) hasta Marruecos (en realidad Malta).




Junto a los personajes, viajábamos en Rolls Royce y tren por la campiña inglés, en buses y burros por Centro América y el Norte de África y cruzábamos el Atlántico en trasatlántico (el Queen Elizabeth 2). De hecho, se filmó la travesía durante una tormenta de verdad. Todo detalle fue cuidadosamente fabricado incluyendo vestuarios que evolucionaban desde 1922 hasta 1939. La serie dejó a público y críticos, en ambos lados del Atlántico, boquiabiertos. Recuerdo haberla visto durante las vacaciones invernales de 1982 y quedar estupefacta,  totalmente consciente de que presenciaba algo extraordinario.



La crítica se hizo presente a la hora de las premiaciones. Nominaciones para el BAFTA, los Emmy y Los Globos de Oro se apilaron sobre la miniserie que recibió innumerables premios incluyendo tres para Anthony Andrews en su rol del trágico y romántico Lord Sebastian Flyte.



Mas interesante aun, se desató en Estados Unidos una anglofilia que no se había visto desde la Beatlemanía. Hubo hasta una resurrección de salones de té en Nueva York donde la tienda de departamento Barney’s (cuyos dueños eran ingleses) vendía copias de Aloysius, el oso de peluche de Lord Sebastian. Hubo también, a nivel intelectual, un renacimiento de la obra de Waugh, un interés en su vida y la de sus contemporáneos que fueron apodados “La Generación Brideshead”.



Hoy Brideshead puede ser encontrada en Britbox, Tubi y YT. No se siente vieja y la aconsejo para los ingenuos que habrán visto el filme del 2008 que entendió mal la obra de Waugh, concentrándose en un anticlericalismo que hubiese repugnado al autor.  Lo importante es que aun los más esnobs del mundo intelectual, ya no se avergonzaban de ver miniseries, sobre todo las inglesas. Así el público estuvo preparado para otra “joya” del Masterpiece Theatre. Me refiero a The Jewel of the Crown.

La ironía es que esta miniserie, de la que tengo mucho que decir, fue el canto del cisne para ese programa de la PBS. Hasta Downton Abbey en el 2010, ese espacio dominical se dedicaría a adaptaciones literarias sin gran importancia. Una razón es que ya en Los 80, la televisión inglesa se caracterizaba por series policiales que habían reemplazado a las de espionaje y que en USA eran presentadas en un espacio diferente al del Masterpiece Theatre.

Los Misterios de Mystery

Mystery! con su particular introducción de dibujos animados y presentada por Dame Diana Rigg,  había iniciado,  en 1981,  en las noches sabatinas de la PBS. Sin embargo, su primer mega éxito no fue un misterio detectivesco sino la biopia de un impresionante espía. Ya la BBC se había anotado un par de goles al convencer a Sir Alec Guinness de entrar en el mundo de la televisión, dando vida a Smiley, el super espía de las novelas de John Le Carre. Tinker, Tailor Soldier Spy y Smiley’s People le ameritaron BAFTAS al intérprete de Obi Ben-Kenobi, pero no merecieron entrar en el exclusivo mundo del Masterpiece Theatre siendo presentadas en otros horarios por la PBS.



Por eso resultó curioso que fuese Mystery la que ofreciese Reilly, Ace of Spies en 1983, pero es que esta biopia de uno de los espías más famosos de la historia lo merecía. Aun antes de Parque Jurásico, Sir Sam Neill se estaba haciendo de un nombre en el cine australiano y en Hollywood. Era su segunda aparición en la televisión británica después de crear el mejor Brian de Bois Gilbert que he visto en Ivanhoe (1981).



Reilly estaba filmada con una escenografía y un tecnicolor digno de pantalla grande. Tenía lugar en diferentes partes del mundo para centrarse al final en la recién nacida Unión Soviética y cubría un espacio cronológico desde 1901 hasta 1925 en que Sídney Reilly es ejecutado por la OGPU. No sigo porque prefiero que lean la nota que hice sobre la serie.



Sin ser tan épica como Reilly, pero igualmente vistosa y bien actuada, fue The Casebook of Sherlock Holmes que inició en Mystery en 1983. Ya sé que para las generaciones más jóvenes, Sherlock luce como Robert Downey o mi Zarigüeya Cumberbacht (tal como la generación de mi padre se lo imaginaba con el rostro de Basil Rathbone o el de Peter Cushing), pero para mí no hay mejor Holmes que Jeremy Brett que lo interpretaría desde 1983 hasta su muerte una década más tarde.



Mystery no solo presentaría a la creación de Sir Arthur Conan Doyle. A partir de 1984,  comenzó a serializar los misterios de Miss Marple y en 1989, llegó a las pantallas Sir David Suchet a interpretar a Hercule Poirot.  Estas adaptaciones de la obra de Dame Agatha Christie eran más caras, ya que tenían lugar en espacios exóticos y servían para hacer famosos a muchos actores. Ni parecidas a las basuras que ha hecho Britbox en los últimos años.

Otra exitosa adaptación fue la serie del Inspector Morse, basada en los libros de Colin Dexter, y que inició en Mystery en 1987. Aunque en tiempos modernos, la belleza de Oxford daba un toque novedoso a esta historia de un gruñón policía con muy buen ojo para descifrar crímenes. El éxito de Morse trajo un spin off, Lewis, y en este siglo la maravillosa Endeavour, una de las últimas producciones decentes de la BBC.



Recordando el Imperio

Y hemos llegado a 1984, el año de La Joya de la Corona, la última miniserie épica de la televisión británica y su última producción (antes de Downton Abbey y esta era una serie) en capturar la imaginación de espectadores en todo el mundo. Sobre su puesto en la ola de la “ Indomanía”  que afectaría la cultura popular británica de Los 80 , hablaré en otra nota. Aquí me limito a decir que fue un curso acelerado de la historia del Raj Británico en los años que llevaron a la independencia de la India.

Esta adaptación del Raj Quartet de Paul Scott tenía lugar en diferentes locaciones de la India y narraba la odisea de docenas de personajes de todas las nacionalidades y colores, destacando el conflicto entre dos hombres: el superintendente de policía, Ronald Merrick (Tim Pigott Smith) y el joven anglo-indio Hari Kumar (Art Malik). Ninguno de los dos entendía la cultura india, ambos la detestaban y,  de alguna manera,  pasaban a ser víctimas de ella.



Aunque Hari desaparece en los primeros capítulos, encerrado en una cárcel purgando un crimen que no cometió, su presencia y recuerdo reaparecen esporádicamente como recordatorio de las injusticias del Raj y de los peligros de sentirse europeo en una civilización incomprensible para la mentalidad occidental. The Jewel in the Crown no sería el único recordatorio del imperialismo colonial en la televisión de ese entonces.



En 1981, Masterpiece Theatre nos presentaba una adaptación de The Flame Trees of Thika de Elspeth Huxley. Estas eran las memorias de Huxley de su infancia y adolescencia en Kenia antes de la Gran Guerra. The Flame Trees, abrió la puerta para otra manía impuesta por la ficción inglesa, un renovado interés en esta ex colonia británica. Aunque la “keniomania”  se destacó más en el cine y no volvería a la televisión hasta Heat of the Sun (1997), había en el zeitgeist un renovado interés, levemente nostálgico, por un imperio perdido.

Por algo en 1981, debutaba Tenko, un crudo retrato del cautiverio de europeas a manos de los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. Basada en la compilación de experiencias reales hecha por Lavinia Warner, Women Behind Barbed Wire, esta coproducción anglo-australiana iba más allá que hasta donde llegaría Paradise Road de Bruce Beresford que tocaría el mismo tema. Tenko duró tres temporadas, más un capítulo de reunión de las sobrevivientes que duró dos horas. Se convirtió a la trama en una novela y el 2012 se publicó un libro sobre la creación del programa. Increíble que esta emotiva serie no se encuentre en ninguna plataforma.



Una novedad era que en los primeros capítulos de la serie cubrían la vida de europeos en Singapur, otro gran bastión del Imperio Británico.  Algo no visto sino hasta la penosa adaptación de The Singapore Grip, de J. G. Farrell, tan mala que ninguna plataforma, ni la PBS, han querido comprarla.

Tenko sería el inicio de una obsesiva creación de historias sobre la Segunda Guerra Mundial en la televisión angloparlante de los 80. La contribución británica seria anual. En 1982 tendremos la casi olvidada We’ll Meet Again, sobre la presencia e influencia de soldados americanos en una villa inglesa.1984 nos traería La joya de la corona que retrata la vida cotidiana en la India durante el conflicto, aparte de incluir un episodio sobre las batallas en la frontera birmana (Arrakan) para impedir la invasión japonesa .

Menos grandiosa fue la coproducción anglo-americana Jenny’s War de 1985. Basada en la novela de Jack Stoneley, tenía a Dyann Cannon como una americana, divorciada de un alemán y madre de un piloto (un jovencísimo Hugh Grant) de la Real Fuerza Aérea. Cuando el avión de su hijo es derribado en territorio alemán, Jenny gasta toda su energía hasta que la OSS la contrata y entrena como agente secreta.



Es enviada a Alemania donde se infiltra en un stalag donde está el hijo, y permanece ahí disfrazada de hombre. La situación es tan absurda (tal como su escape) que llega a ser risible. Solo la vi porque Christopher Cazenovemi chongo de entonces interpretaba a un oficial inglés prisionero.



1987 vio hasta Mystery involucrarse en la Segunda Guerra Mundial. En la adaptación de The Charmer de Patrick Hamilton,  el psicópata asesino serial (Nigel Havers) utiliza el Blitz para matar a un oficial de la RAF y adoptar su personalidad, lo que le permite seguir seduciendo y explotando mujeres. Sin embargo, la gran serie sobre el conflicto llegó a América vía Masterpiece Theatre y nos presentó una pareja de actores, entonces desconocidos, llamados Kenneth Branagh y Emma Thompson.



Basada en La Trilogía de Los Balcanes de Olivia Manning, Fortunes of War describía las andanzas de un profesor de idiomas (Sir Kenneth) y de su devota esposa (Dame Emma), entre 1939 y 1942,  por Rumania, Grecia y el Medio Oriente y Egipto . Aunque novedosa y llena de personajes curiosos, la serie (que recibió dos BAFTAS) no tuvo la celebridad de las miniseries de la BBC, me refiero a las de esa magnitud.



La televisión inglesa no escarmentaba. En 1988 produjo Wish Me Luck, una competente narración sobre agentes de OSS infiltrados en la Francia Ocupada. También adaptaron la novela de Derek Robinson,  Piece of Cake sobe un escuadrón de la RAF durante la Batalla de Inglaterra. Masterpiece Theatre tuvo a Elizabeth Hurleyentonces considerada la mujer más bella de Inglaterra en Christabel.



Inspirada en la biografía de Christabel Bielenberg, sobrina de los magnates mediáticos Lord Northclieff y Lord Rothmere, cuenta como ella abandona la alta sociedad londinense en Los 30 para hacerse ciudadana del Tercer Reich al casarse con el abogado Peter Bielenberg (Stephen “Stannis” Dillane). La serie describe el shock cultural de Christabel y como ella y su marido se desilusionan con los nazis y se incorporan a grupos de resistentes al régimen.



En 1989 se redujo la producción de miniseries bélicas contentándose con la adaptación de The Ginger Tree escrita por Oswald Wynd. Esta triste historia de una esposa militar inglesa que es seducida por un noble japones durante la guerra ruso-japonesa y que decide seguirlo hasta el Japón al quedar embarazada, tenía la novedad de cubrir varias décadas de historia japonesa acabando cuando la protagonista retorna a Inglaterra en 1942. A pesar de que en las últimas décadas nos han traído ejemplos de series y miniseries bélicas del Reino Unido, ninguna ha superado los esfuerzos de otros países sean la trilogía de Hanks-Spielberg o series europeas.



Los 80 fueron la cúspide y canto de cisne de la televisión británica. No solo la BBC y la ITV no han podido recuperar su sitial, además han caído en franca decadencia. A pesar del fenómeno Downton Abbey y del fandom seguidor de series detectivescas inglesas, las dichas producciones no se pueden igualar al impacto que esas tres décadas de programas británicos tuvieron sobre la historia de la televisión mundial.

 

 

jueves, 14 de enero de 2021

De libros a Series: Lo mejor del Masterpiece Theater en YouTube (Televisión del Ayer)

 


Me tomó una semana aprender el manejo del SmartHub (tengo que ponerle un nombre), al cabo de la cual me encontré con una despensa llena de series y filmes que siempre había querido ver. Para evitar un empacho, decidí comenzar (después de “Das Boot”) con un par de series inglesas de los 80 que había visto y admirado. Mi intención no era solo ver si seguían gustándome, sino también compararlas con versiones posteriores. Comienzo diciendo que, con las limitaciones y falencias propias de su época, han sobrevivido casi incólumes en su capacidad para emocionar, distraer y fascinar.

Algo que descubrí fue que tras un año de subscribirme a Acorn Tv, de pagar y recibir una oferta mediocre, fue que muchos de sus programas están gratis en YouTube y en Tubi. Lo primero que hice fue pasar YouTube a mi pantalla gigante y luego ver todo lo que he me había perdido en tantos años. La lista se me hacía difícil. No sabía por dónde empezar. Finalmente decidí irme por la BBC por contenido del Masterpiece Theater que no hubiese visto.

Ocurrió algo extraño. Cada vez que buscaba algo nuevo, me llamaba lo antiguo. Por ejemplo, buscar la versión de Rosemund Pike de “Love on Cold Climate” me hacía tropezarme con la versión de 1980. ¿Por qué no verlas ambas? Hace poco, el Gato Steven Zorn me mencionaba cuanto le había gustado ver “Testament of Youth”, el filme del 2014. ¿Por qué no compararlo a la miniserie de 1979?



Así inicié mi viaje por la BBC de hace cuarenta años. Juro que sus programas son mejores que las vanas copias que los han seguido. Faltarán efectos especiales, la dirección y el trabajo de cámaras pueden no ser espectaculares y ciertamente son poco diversas en sus repartos, pero las actuaciones y diálogos son impecables, inigualables muchas escenografías al aire libre, y las historias son relatadas de manera tan conmovedora que son casi ausentes de clichés.

Testament of Youth (1979 VS Testament of Youth (2014)

Comenzamos con las memorias de Vera Brittain.  Esta escritora, pacifista y feminista, es mayormente conocida por Testament of Youth, la historia de su vida desde su infancia hasta su matrimonio. La parte más importante se refiere a como la Gran Guerra truncó sus sueños de estudiar en Oxford, y poco a poco la fue privando de sus seres más queridos (amigos, su prometido y finalmente, su hermano menor). También describe el trabajo de Brittain como enfermera de campaña en Londres, Malta y Francia.

Este libro olvidado resucitó a fines de los 70 como parte de la nostalgia por el periodo Edwardiano que habían fomentado exitosas series como” Upstairs Downstairs” y La Duquesa de Duke Street”. Como ambas series habían dedicado temporadas completas a la Primera Guerra Mundial (cuyo aniversario #60 se cumplió en 1974) había interés por continuar el trend con una adaptación que nos brindaba el mérito y la novedad de ver las experiencias de una mujer en los campos de batalla.



Eileen Morgan fue la encargada de condensar el libro en cinco episodios, por los que recibiría varios premios incluyendo uno de los seis Bafta que convertiría a “Testament of Youth” en una de las mejores series de 1979. La costumbre entonces y ahora era que lo mejor de la BBC fuese presentado en los Estados Unidos en” Masterpiece Theater” por lo que vi (en parte) “Testamento” en el otoño de 1980.

En el verano del 81 vi su repetición completa que coincidió con otra serie de 1979,” Flambards”, de la ITV. Ambas se convirtieron en mi pasión televisiva veraniega y me encaminaron a aprender más sobre la Gran Guerra. Eso me llevó a comprar el libro de Brittain hoy perdido junto con el resto de mi colección de La Primera Guerra Mundial.

Aunque interesante y genuino, el libro tiene el problema de ser extenso en descripciones físicas y conciso en lo que respecta a emociones. Se entiende, puesto que es una visión objetiva escrita una década después de los hechos y la distancia le resta pathos. En la miniserie hay un acercamiento a la tragedia que la hace conmovedora e íntima. En el filme, a ratos, la trama decae en un melodrama que hoy pasa por emotividad.



Filmado en el 2014, “Testamento de Juventud” es un modo de homenajear el centenario del inicio de La Gran Guerra. Para atraer a un público joven se escogieron actores taquilleros del momento como Kit Hartington que era una mega estrella gracias a “Juego de Tronos”. Alicia Vikander estaba destacando en el cine anglosajón donde pronto alcanzaría la fama con “ExMachina” y “La Chica Danesa”. 

Esta chica danesa a sus 26 años se veía más cercana a la todavía adolescente Vera Brittain que Cheryl Campbell quien se veía mayor que sus 30 años. La Vikander es más guapa, pero la Campbell es mejor actriz y por eso mereció un BAFTA por su interpretación de Vera Brittain.

Nadie va a acusar a Juan Nieve de ser un histrión consumado, pero en “Testament” se ve guapetón y por eso ampliaron el personaje de Roland Leighton, poeta-soldado y gran primer amor de “V” Brittain. En la serie, Roland muere en el segundo capítulo. En el filme, la constante presencia de Kit hace que “Testamento de Juventud” pase a ser otra historia de amor bélico, quitándole importancia a todo el contenido moral, histórico y psicológico de las memorias que lo inspiraron.



Desde un punto de vista técnico, “Testamento” (2014) supera a la serie. Hay escenas impresionantes como la de Vera enterrada en medio de un campo de heridos y cadáveres de soldados que ya recuerda a Scarlett en la estación de Atlante en GWTW. Hasta mediados de los 80, las series de la BBC eran filmadas como telenovelas, en interiores y tenían pocos tomas exteriores. Eso es evidente para la óptica moderna, pero en algunas escenas de Vera en diferentes hospitales en la miniserie, la estrechez de los espacios interiores crea esa atmosfera claustrofóbica que debe haber existido en estos territorios de muerte, sangre y dolor.



Aparte de Vikander-Hartingtonque hacen bonita pareja no quedé muy impresionada con el elenco de Testament (2014). Emily Watson se ve muy dulce y maternal para interpretar a la frívola y exigente Mrs. Brittain, y Dominic West se ve demasiado guapo y joven para un rol que en la serie le quedó bordado a Emrys James que evoluciona de estricto paterfamilias a hombre desorientado por las tragedias familiares.

Siguiendo con el elenco del 2014, Colin “Merlín” Morgan aporta su encanto gales al rol de Victor y  Taron Egerton consigue recordarnos que era el hermanito pequeño de Vera Brittain, pero no le llega ni al talón al exquisito Rupert Frazer y su trágico-romántico retrato de Edward Brittain Aunque no comparto la admiración del Gatito George por Hayley Atwell (el único rol de ella que me ha gustado fue en  “La Duquesa”), fue una competente Hope Milroy, aunque sigo prefiriendo a la ex Mrs. Sting, Frances Tomley, quien le dio a la enfermera una dimensión casi cómica con su bullente energía y vibrante don de mando.

                     Vera y Victor
                   Vera y su hermano

                           Frances Tomley como Hope 

Me temo que esas son las virtudes del filme, puesto que la serie consiguió incluir todos los sucesos importantes de la vida de V. Brittain. Sin su conocimiento, el espectador no puede comprender la magnitud de los triunfos y tragedias de la protagonista. El filme se siente como que excluye el gran sueño de Brittain de ir a la universidad, sus luchas para llegar hasta allá y como la guerra interrumpió ese objetivo.

El primer episodio de la serie está dedicado en su totalidad a los esfuerzo de Vera de convencer a su padre de que no planea casarse y que debido a eso debe costearle sus estudios superiores. Me recordó el dilema de Lenú en “L ‘Amica Geniale”. Campbell retrata a Brittain como dotada de un carácter fuerte, impulsivo, dada a levantar la voz y a ser conflictiva. En algunos de sus esfuerzos por convencer a su familia, sociedad y autoridades de Oxford de que es material universitario, resulta cómica.

El capítulo termina en un momento de clímax. Tras haber ido aceptada por Oxford, la llegada de la guerra propina un golpe a los esfuerzos de V. Temeroso de que el conflicto pueda afectar sus negocios, Mr. Brittain decide que solo pagará una colegiatura, la de Edward. La furia de Vera degenera en un discurso tipo Scarlett O’Hara (“War, War, ¡War!”) en el que acusa a la guerra, que al final es cosa de hombres, de arruinar sus planes.



Para el segundo episodio, Edward ha ingresado a filas, y Vera cumple su objetivo de estudiar, pero hay una evolución en su carácter y prioridades. La presencia de Roland (Peter Woodward), su prometido, y de Edward en el campo de batalla, la lleva a prestar servicios como enfermera. Lo extraordinario, teniendo en cuenta el fervor patriótico que embargaba a Gran Bretaña en los primeros años del conflicto, es que Miss Penrose (Rosalie Crutchey) la guía de Brittain, le reprocha abandonar sus deberes intelectuales cuando le ha sido tan difícil alcanzar esa matricula que está casi cerrada para las mujeres.

Dos años más tarde, cuando Vera, ahora una V.A.D experimentada, regresa a solicitar otra extensión para mantener su cupo en Oxford, recibe un discurso parecido. Y terminada la guerra, cuando una exhausta y amargada Vera Brittain se reintegra a Oxford, se le advierte que tal vez ya no sea un sitio para ella.  Oxford ahora tiene estudiantes jóvenes con otros objetivos y que no tienen tiempo para oír los relatos de guerra de una “vieja” como la Brittain (que acaba de cumplir 24 años).

La serie explora estos altos y bajos de la vida de la autora, junto a la tragedia de la pérdida de su gente más querida que se lleva todas sus ilusiones juveniles. Tras la muerte de Roland, Vera consigue un puesto en el extranjero en un hospital militar de Malta que abandona al saber de la ceguera de Víctor (Michael Troughton). Tras la muerte de este, Vera lucha por obtener otro puesto en un hospital de campaña en Francia. Debido a su anterior deserción, se le da, casi como castigo, el encargo de atender a los prisioneros alemanes. Tanto filme como serie muestran como Vera se adapta a su labor y desarrolla la misma compasión para atender al enemigo que ha demostrado con los heridos aliados.



La miniserie nos muestra toda la evolución de una mujer en medio de un mundo patriarcal donde los hombres deciden su destino sea impidiéndole estudiar o creando guerras que acaban con su vida amorosa y su familia. Eso ya es suficientemente profundo y trágico. En el filme en cambio se recurre a clichés de cine bélico y a recursos melodramáticos que afean una historia en si ya muy emotiva.

En la miniserie (y vida real), Vera se encontró en el hospital londinense (First London General Hospital) donde trabajaba, con Edward herido (en la Batalla del Somme), pero en cama, consciente y recibiendo visitas. En la película, lo encuentra desmayado, malherido en el fango de Francia y se lo lleva a la rastra hasta el hospital de sangre donde sirve. Totalmente innecesario y exagerado. Mas encima cuando Edward fue herido, su hermana todavía no servía en ultramar.



Lo peor se lo reservan al pobre Roland. Si ya lloré a mares con Vera recibiendo la noticia de la muerte de Roland, encontré superfluo que en el filme Vera se entere que murió en medio de horribles dolores y que quien le traiga la noticia sea George Caitlin. El filósofo nunca conoció a Roland, porque se le consideró incapacitado para servir en el campo de batalla y solo consiguió ingresar a filas en 1918.Mas encima, hacen que Vera y Caitlin se reencuentren en un meeting político después de la guerra donde ella sale en su defensa cuando los presentes se molestan ante su actitud pacificadora hacia los alemanes.



Prefiero la miniserie que honestamente explora el aislamiento de Vera Brittain en Oxford lleno de Flappers que no quieren saber nada de la Gran Guerra. La salva su amistad on Winifred Hotby (la autora de South Riding) con la que se va a vivir. Es entonces que Brittain comienza a recibir cartas de un admirador desconocido. Al comienzo, Vera las rechaza, considerándolas un atrevimiento, pero la perseverancia del admirador la hace comenzar a escribirle. Así fue como hizo amistad con George Caitlin que se convertiría en su marido. La miniserie acaba cuando Vera decide finalmente conocerlo en persona.  ¿Mucho más romántico, no creen?

Love in a Cold Climate (1980) VS Love in a Cold Climate (2001)

He contado en otras entradas, mi fascinación con las novelas de Nancy Mitford principalmente con The Pursuit of Love y Love in a Cold Climate. La combinación de ambas obras ha servido para dos miniseries, una de 8 episodios de 1980 y otra en el 2001, contada en tres horas. Ambas me han gustado.



Nancy Mitford y su mundo están totalmente alejados de nuestra realidad incluso la pre-pandemia. Son una exploración de la vida y opciones de jovencitas de clase alta inglesa en los años de entreguerras. Puedo entender la fascinación que ejercieron sobre millones de lectores del Siglo XX de todas las nacionalidades. Puedo incluso comprender que una romántica enclosetada como Carrie Bradshaw lea el Ómnibus (la combinación de ambas novelas A la Caza del Amor y Amor en un Clima Frio) en “Sex in the City”, una serie que, como las novelas de Mitford, gira en torno a las dificultades de encontrar un amor ideal.



Hoy en día, ese tema parece estar totalmente obsoleto. A pesar de que se puede considerar en conjunto como obra feminista en el sentido que ambas novelas retratan a jovencitas decidiendo sobre sus vidas amorosas, aunque estas sean escandalosas, y mujeres atrapadas en malos matrimonios que buscan opciones para ser felices y libres, el amor en la era Mitutera está de capa caída y la idea de que la mujer solo se sienta completa en una relación amorosa es repudiada por el feminismo contemporáneo.

Por eso, me tomó por sorpresa cuando supe que el año pasado la BBC se había vuelto a imponer el desafío de adaptar estas historias en formato de miniserie. Aunque me encantaba la perspectiva de ver a Lily James interpretando a la audaz y romántica al cubo Linda Radlett, me preocupaban los cambios que sufriría el argumento en su afán de adaptarlo a la tercera década del Siglo XXI.

Se trata de una historia escrita fines de los 40 y basada en experiencias vividas en la década de los 30. Como tal carece de la deseada diversidad. A pesar de que, en conjunción, ambas novelas cuentan con vatios personajes homosexuales, no hay lesbianas, n transgéneros ni gente de color (aunque Lucy Gutteridge que da vida a Linda es mitad egipcia).


                              Lucy Gutteridge


Nancy Mitford era producto de su época y de su clase social, después de todo era hija de un barón. Aunque no compartía el fascismo y antisemitismo de su padres y sus hermanos, y aunque el amor de su vida fue un judío polaco nacionalizado francés, creía que los blancos eran superiores, tal como Lord Alconleigh, el padre de su protagonista creía que los ingleses eran superiores a los europeos continentales.

        Sir Alan Bates como el Tio Matthew

Pues ya eso lo han reparado en la nueva serie escrita por la actriz Emily Mortimer (que en la miniserie dará vida a The Bolter, la madre de Fanny Logan, la narradora). El Duque de Sauveterre será interpretado por el franco-marroquí Assad Bobuad y Alfred, el esposo de Fanny, un catedrático de Oxford será interpretado por el actor hindú Shazad Latiff al que vimos como el Dr. Jekyll en “Penny Dreadful”.

                        Fabrice y Linda en la nueva versión

Sin embargo, el mayor peligro para la corrección política del momento es que en ambas novelas Mitford incluye romances mayo-diciembre, hoy absolutamente verboten. En The Pursuit of Love, Linda, tras dos matrimonios fracasados con hombres jóvenes, encuentra al amor de su vida en un playboy francés como 20 años mayor que ella. Aunque esa relación recibe muchas críticas, principalmente porque Linda sigue casada con segundo marido, ninguna se debe a las diferencia de edades.


Fabrice y LInda en la versión del 2001


 De hecho, en Amor en un clima frio, la atribulada Lady Montdore invita a Fabrice de Sauveterre a pasar un fin de semana para ver si puede provocar alguna reacción romántica en su gélida hija, la bella Lady Polly. La que acaba enamorándose del Duque de Sauveterre, es Fanny Logan otra invitada y narradora de ambas novelas. Por supuesto, la sensatez que caracteriza a Fanny acaba pronto con esa ilusión y ella encuentra el amor en un hombre de edad más cercana a la suya.

                         Fabrice y Fanny en la versión del 2001

No tendremos este episodio, porque Emily Mortimer ha tomado una decisión drástica. Para hacer diferente su versión de otras adaptaciones, la miniserie se concentrará nada más que en el texto de A la caza del amor. Ahora se entiende que únicamente dure tres horas. Después de todo el absurdo de la versión del 2001 es que intentó condensar dos novelas en tres episodios y solo consiguió fragmentar la narración eliminando personajes claves como la Tía Emily y su hipocondriaco esposo el Capitán Davey Warbeck, padres adoptivos de Fanny.

Por otro lado, entendí que eliminasen a Louisa la hermana más sosa de las Radlett (inspirada por Pamela, hermana menor de Nancy Mitford) y su matrimonio con Lord FortWilliams, otro romance mayo-diciembre. Curiosamente, veo en el reparto de esta nueva adaptación que John Fort Williams va a ser incluido, al igual que la subtrama de Jassy, la hermanita menor de las Radlett que se enamora de un actor y huye a Hollywood a casarse con él. Jassy será interpretada por Martha, hija de Dominic West quien dará vida al impresionante Tío Matthew Radlett, Vizconde Alconleigh.

                         El Tio Matthew en la version 2021

Ver lo que Dominic, un actor más que competente, hace con tamaño personaje es lo único que llama mi atención en esta adaptación. Las fotografías me muestran una Lily James que no parece estar a la altura de su belleza, tal vez porque el vestuario se ve lastimoso. Luego esa fotografía que muestra a Linda y a su prima Fanny (Stephanie Beecham) desnudas en una bañera, me pareció tan insólita.

                   Las primas en la bañera

Aparte de que nunca aparece tal escena en el libro, la escena parece gratuita y que busca dar una impresión que no corresponde. En el contexto de la novela, el sexo es importante, pero nunca gráfico, y no hay connotación lésbica en la amistad de Linda y Fanny primas que se quieren como hermanas.

                   Linda y Fanny en la version 2001

No tengo problemas con escenas subidas de todo si mantienen el espíritu original de la obra y si quieren sexo gay ahí están Boy Dougdale y Cedric Hampton. Ohhh, pero nos vamos a perder esa fascinante relación al excluir Amor en un clima frio. No creo que esa sea una buena idea. Esa novela es un gran complemento del universo Radlett que Mitford creara en su anterior novela. Nos permite ver crecer a Fanny, que de narradora se convierte en protagonista de su propia historia. El comparar las tribulaciones maternales de Lady Montdore con las de la Tía Sadie Radlett nos permite más atisbos a como se vivía el amor y el matrimonio en las clases altas inglesas de entreguerras.

Debido a eso el personaje de Polly Hampton es trascendental. Es el eslabón entre el impulsivo modo de Linda de buscar el amor y la manera más aburguesada y sensata en que lo encuentra Fanny. Al no existir esta historia, y al no existir otra cebo que me atraiga no me duele saber que “The Pursuit of Love” será exclusiva de Amazon Prime y que no tendré acceso a ella, a menos que la PBS la compre como ha hecho con “The Collection” y “Roadkill”.

Eso me deja con los libros y las adaptaciones anteriores. La del 2021 se las recomiendo a pesar de un par de reparos. El primero es que debido a que Rosamund Pike interpreta a Fanny, este personaje adquiere mayor importancia. Vamos, que con lo talentosa y bonita que era La Pikeaun antes de su etapa de Chica Bondno había ojos para las que interpretaban a los otros dos personajes. Elisabeth Dermot Walsh es guapa, pero su Linda se vio totalmente opacada por su prima, lo que contradice el espíritu de la obra donde Fanny confiesa ser feúcha y vivir a la sombrasin un eco de envidiade su glamorosa prima.

                          Rosemund Pike como Fanny

En cuanto a la odiosa Megan Dodd, que ya ese año había interpretado a la odiosa Virginia en la adaptación de la trilogía de Evelyn Waugh Sword of Honour, ni se le acerca a la descripción de belleza esplendorosa de Polly que Mitford nos regala en Amor en un clima frio. Lo que si consiguió hacer muy bien en esta adaptación fue en describir el conflicto de Polly Hampton.

               Virginia Dodds como Polly

Polly, como Lady Mary Crawley de” Downton Abbey”, es la única hija de un noble multimillonario, pero debido a las machistas leyes inglesas no puede heredar ni el titulo ni el castillo de sus ancestros. A diferencia de Lady Mary, ni siquiera existe la esperanza de que Polly se case con Cedric Hampton quien resulta ser gay.

   Cedric en la versión del 2001

La obsesión de la esnob y dominante Lady Montdore entonces es conseguirle a su hija el matrimonio más brillante que hayan visto Las Islas Británicas. Polly destroza las ilusiones de su madre al casarse con su tío Harvey “Boy” Dougdale”. Tras ser desheredada Polly, ella y su marido se marchan a Sicilia.

Es allá donde la joven esposa descubre lo que todo el mundo sabía:  que Boy fue amante de su madre, que sufre de una tendencia a la efebofilia y lo apasionan los adolescentes de ambos sexos. El matrimonio acaba cuando Boy se fuga con Cedric Hampton, que supuestamente es idéntico a Polly. La heredera, que acaba de perder un bebé, encuentra el amor con el cincuentón Duque de Paddington.



A pesar de que en papel parece una serie de aventuras disparatadas, Nancy supo inyectarle, además de su sarcástico humor, un mensaje conmovedor de como las chicas de sociedad eran criadas solo para ser esposas. Si en Testamento de juventud, Vera Brittain debe luchar contra ese canon para poder ir a Oxford, en las novelas de Mitford, lo más cercano a la universidad es Fanny que acaba casada con un catedrático. En el caso de Polly, hay también denuncia a leyes patriarcales que privan a una mujer, solo por su sexo, de su legítima herencia.

Como Polly, Nancy Mitford también había luchado y casi sucumbido a su destino de chica de sociedad. Tras años de compromiso con un homosexual, Nancy hizo un pésimo matrimonio y le tomó más años divorciarse, aun estando separada de Peter Rodd,. Nancy logró salirse del casillero que su mundo le imponía gracias a su labor de novelista.  En 1944, a los 40 años, Nancy conoció a Gastón Palewski, el amor de su vida. A pesar de que “El Coronel” como Mitford siempre lo llamó, solo le llevaba tres años, es obvio que él fue la inspiración para Fabrice de Sauveterre.

                    El Coronel Gaston Palewski

¿Cuál fue la obsesión de Nancy con estos romances con hombres mayores si ella no los tuvo ni tampoco sus hermanas?  La respuesta es que se había creado una fantasía de que Palewski, con todas las virtudes acumuladas en 43 años de vida la hubiese conocido cuando era jovencita. De ahí la idea que Louisa Radlett, su hermana Linda, y Polly Hampton solo pueden ser felices con galanes maduros.

A pesar de que Megan Dodss no es ni lo bonita ni refinada que parecía ser Polly, su historia destacó y se hizo creíble en la versión del 2001 gracias a que sus parejas fueron interpretadas por dos famosos galanes de la Era de Oro de la miniserie inglesa. Anthony Andrews fue Boy Dougdale y Rupert Frazer el Duque de Paddington.

                 Polly, Fanny y Boy Dougdale

Aunque no me gustó Samuel Labarthe como Fabrice de Sauveterre y resentí la ausencia de Davy y la Tía Emily, quedé con una buena impresión de esta adaptación y eso que la vi el 2015 en el monitor de la Khaleesi por YT. Desde entonces, la han sacado del material de YT (al menos para los que vivimos en USA). Se la tragó la pitón Kaa del streaming, Amazon Prime.

La que, si esta y completa en YT es la versión original y que, al final de esta investigación, declaro la mejor, la que realmente captura el espíritu de las novelas. Antes de ver los ocho episodios, desháganse de prejuicios. Si, la escenografía interior es pobrísima, la iluminación escasa, la dirección anda a tropezones, pero los diálogos son divinos. Extraordinario como en su libreto, Simón Raven, se las arregló para darnos información que evita la narrativa de Fanny y permite conocer los hechos desde otras perspectivas.



Aunque los interiores son estrechos y constrictivos, a ratos funcionan de maravilla como en la escena de la Hon’s Cupboard, la alacena donde los niños Radlett tienen las reuniones de su club secreto “The Hons”. O crea un efecto claustrofóbico como cuando Davy corta la luz de Alconleigh con su lampara de rayos ultravioleta. 

          La Alacena de los Hons

En cambio, las tomas al aire libre nos permiten visualizar escenas claves del libro como las cacerías de niños efectuadas por el Tío Matthew; la famosa pesca de truchas, el rescate de la liebre que hace que Linda se enamore de Tony Kroesig, la exquisita villa de Lord Merlín, vecino y mentor de Linda. Incluso ayuda a crear escenas épicas como la de los campos de refugiados de la Guerra Civil española donde Linda y su segundo marido trabajan o super románticas como los tours de Linda y Fabrice por Paris en vísperas de la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, lo que hace a esta adaptación única son las actuaciones. Michael Aldridge es exactamente como nos imaginamos al Tío Mathew, con esos ojos de loco y ese apretar de dientes cada vez que lo contrarían. Como la Tía Sadie Radlett, Judi Dench nos muestra lo bella que era antes de ser “Dame” y un icono de la actuación. Jean Pierre Cassel, un reconocido y competente actor francés, es un impecable Fabrice de Sauveterre, que sin ser guapo tiene un magnetismo que atrae a las mujeres. Pero son las actrices que interpretan al trio protagónico quienes más llaman la atención.



Isabella Amyes (ni amerita una foto en IMDB) nunca hizo nada importante ni antes ni después de “Love in a Cold Climate”, pero es la Fanny definitiva. La que la voz narradora nos dice que es, siempre parece estar despeinada, es una “niña muy aburrida” y la que todos consideran la voz de la sensatez, algo que se aplica a su físico. Sin embargo, los encargados del vestuario decidieron otorgarle al personaje la importancia que merecía enfundándola en trajes preciosos, casi todos en tono verde’.


                             Fanny de verde

Yo conocía el trabajo de Rossalyn Landor en su etapa infantil, puesto que la vi en un filme de Christopher Lee “The Devil Rides Out” y como Helen Burns en la” Jane Eyre” de Susannah York., pero fue toda una impresión verla en el rol de Polly. Era tal como la describe el libro, dotada de una belleza trágica y paralizante. Me asombró verla un par de años después en “Bad influence” junto a Rob Lowe y James Spader. Mi imaginación no la podía separar del etéreo vestuario de los 30 y de esa belleza refinada de muñeca de porcelana.





Finalmente llegamos a Lucy Gutteridge. No voy a decir que es la Linda definitiva. Nancy Mitford la describe más salvaje, más andrógina, dice que parece “un joven Napoleón Bonaparte”, pero el espíritu de Linda Radlett es capturado por Lucy que siendo hija del poeta-soldado Bernard Gutteridge y de Nabila Halim, miembro de la Familia Real de Egipto, tenía el pedigrí exacto para interpretar a una jovencita que es mitad Keira Knightley en “Atonement” y Blair Waldorf de “Gossip Girl”.



Lucy, que haría carrera, antes de retirarse en 1993, en las miniseries de los 80 y fue nominada a un Globo de Oro por su rol de Gloria Morgan, madre de la protagonista en “Little Gloria…Happy at Last”, nunca llegó a ser la estrella que merecía ser. El rol de Linda fue el pináculo de su carrera. Solo ella pudo transmitir la esencia de un personaje en el que Nancy combinó las personalidades de sus hermanas, la infame Diana Moseley y la intrépida Jessica, a la vez que retrataba su affaire de guerra con el Coronel Palewski dándole un final trágico que por suerte no se tradujo a la vida real.

                         Fabrice y Linda en la versión de los 80


Gatos Seriefilos, si no son angloparlantes y no pueden seguir las series, consíganse estos libros. Ambos están en castellano. Para los que hablan inglés, atrévanse con estas series limitadas que están completas y gratis (y sin comerciales) en YouTube.

Una última palabra, a pesar de mis reparos, es innegable que “Bridgerton” ha sido el éxito invernal de Netflix. No solo ha enseñado a un público joven que la literatura erótica no tiene que venir en el embalaje grosero de las 50 Sombras. No solo ha demostrado que el romance Regency sigue tan vivo como cuando Jane Austen lo invento más de 200 años atrás. Su mayor lección es que en medio de la pandemia, y más allá de quejas de progres y feministas mituteras, han vuelto a interesarnos jovencitas ocupadas en la intemporal búsqueda del amor y que esas búsquedas funcionan mejor en escenarios de época. “Bridgerton” y “Love in the Cold Climate” tienen mucho en común. Es hora de explorar esos vínculos en común.