Después de mi
sorpresa con Mrs. Maisel, decidí
continuar en peregrinación de humildad revisando despreciadas series del pasado
y viéndolas con óptica de vieja sesentera,más tolerante que su predecesora. Así me di de bruces con The Knick
(2014) y me cubrí de cenizas en un acto de arrepentimiento y de admiración ante
un duro drama de época que combina el atraso/progreso de la medicina con un
cruel retrato de una Nueva York que sigue sufriendo de muchos de esos males que
la aquejaron en La Edad Dorada.
Mi primera
impresión de The Knick fue de gran desagrado. Clive Owen dejó de
gustarme en una interpretación que vi como una versión 1900 del Dr.House. Un drogadicto que se pasa la noche en
fumaderos de opio, y los días sintiéndose la última limonada del desierto en un
hospital donde todos le rinden pleitesía y donde se da el lujo de ser racista.
En el 2013 yo sabía
cero de wokismo,Black Lives Matter y
fragilidades blancas. Yo solo sabía lo que se me había enseñado desde pequeña, que la gente se diferenciaba por modales,
código moral e instrucción, no por el color de la piel. Aun así, tampoco me cayó
muy bien el Dr.Edwards (Andre Holland) que
era agresivo cuando debía ser humilde y llorón cuando debía mostrarse firme y
digno.
En el campo de
personajes femeninos tampoco encontré nada atractivo. Lucy Nelkins (Eve Hewson,
Hija de Bono de U2), la enfermerita recién llegada del campo, me dio un poco de lástima, pero de ahí a caerme
bien… Tampoco me impresionó la respondona y fumadora Sor Harriet (Cara Seymour) y ciertamente me desagradó
Juliet Rylance (McMafia, Perry Mason) como Cornelia Robertson, una ricachona que, en
representación de su padre, mantiene económicamente al hospital.
El Verdadero
John Thackeray
Casi una década más
tarde le eché una mirada y supe reconocer que me había equivocado. No se trata de
una imitación House. Clive Owen da vida a un médico que está inspirado en el célebre
John Stewart Halsted. Como John Thackeray, Halsted utilizó las drogas en
experimentos en los que él fue la cobaya (tal como hizo Freud). Debemos
recordar que hasta entrado el siglo 20 no se entendía el fenómeno de la
drogadicción; la cocaína y la morfina se vendían sin recetas; y ningún médico
experimentaba con ellas para placer propio.
Halsted, como
Thackeray, fue un médico brillante e innovador. Fue uno de los cuatro fundadores
de John Hopkins, la mejor Facultad de Medicina de los Estados Unidos, y una de
las mejores del mundo. Fue un campeón de los antisépticos, inventó la mastectomía
radical, cambió el perfil de la cirugía e introdujo el uso de guantes de goma
en el quirófano.
La fama y respeto
que genera Thackeray, medico maverick, creador de nuevas piezas quirúrgicas, y abierto
a nuevas ideas, es merecida. Eso lo hace altanero y terco. La única autoridad
que reconoce y respeta es la del jefe del hospital, Julius Mannering. Cuando Julius
se suicida ( deprimido después de la muerte de una paciente en el quirófano), Thackeray
se convierte en jefe de cirugía.
Es ahí cuando
descubre que su título es inútil, quien lo organiza todo es el “civil” Barrows
(Jeremy Bobb), corrupto como el solo y económicamente quien da las ordenes es
el Capitán Robertson (Grainger Hines), un ex filibustero al que Thackeray
conociera en Nicaragua. Para mayor ofensa, Robertson ha delegado el poder en su
hija. Es Cornelia quien obliga a Thackeray (so pena de no instalar y costear la
instalación electica del hospital) a aceptar como su ayudante al Dr. Algernon
Edwards.
Junto con ser protegido ( es
hijo del cochero) de los Robertson, Edwards es un graduado de la Facultad de Medicina
de Harvard y ha estado trabajando bajo las órdenes de prestigiosos médicos en Londres
y País. Su gran problema es el color de su piel, y Thackeray, altanero y racista, no quiere un hospital inclusivo. El Knick
(inspirado en el verdadero Knickerbocker Hospital de Harlem) acepta pacientes
blancos solamente.
Edwards es
perseguido por burlas, insultos y humillaciones por parte de su jefe, del
personal médico del hospital y hasta de los pacientes. Elige quedarse porque se
da cuenta que Thackeray es un genio y quiere aprender de él. La última burla es poner al nuevo medico en
una “oficina” en el sótano. Ahí con trastos viejos , el Dr. Edwards instala un
dispensario clandestino para atender pacientes afroamericano.
Secretos de
Hospital
Algernon Edwards
pasa ser otro miembro del Knick que esconde un secreto. ¿Por ejemplo como es
que Barrow sobrevive a sus tratos con mafiosos que lo endeudan hasta el punto
de que como dice “robo a Pedro para pagar a Pablo”? Cuando Pedro y Pablo vienen
a cobrar, la vida de Barrow corre
peligro. La mano derecha de Barrows es el camillero y cochero de ambulancia Tom
Cleary (Chris Sullivan)que anda literalmente a la caza de heridos, incluso disputándoselos
a otros enfermeros para traerlos al Knick. Por esa actividad extracurricular,
el irlandés recibe una comisión de Barrow.
Es un secreto a voces
que Cleary es a quien llamar cuando se necesita cometer algún delito. Cuando el
equipo de Thackeray necesita introducirse ilícitamente en la biblioteca de
Columbia en busca de un artículo de un médico francés , es a Cleary y sus ganzúas
a quienes solicitan ayuda.
Será Leary quien
descubra las andanzas nocturnas de la Hermana Harriet, la monja partera que
trabaja a domicilio ayudando a mujeres sin recursos. El descubrimiento de las
actividades, entonces delictivas, de la monja que debe ir de civil , crea una extraña
sinergia entre estos inmigrantes de la Isla Esmeralda, que combina chantaje y romance.
Por supuesto que
el gran secreto es la drogadicción de Thackeray solo conocida por la tímida
Lucy una enfermera que acaba de llegar a la gran ciudad desde el viejo Sur y que
debe atender al mal educado medico durante una crisis. Poco a poco, Lucy se
hará indispensable para el drogadicto, en el quirófano, en la cama, y como recaudadora de drogas cuando la Guerra
del ’98 acabe con el suplemento de cocaína y opio del Oriente.
Hasta Cornelia
guarda secretos bajo sus corses, el de tela y varillas, y el mental que la agobia con dudas sobre
porque su padre confía más que en ella que en su hermano. Son los secretos los
que crean una atmosfera opresiva y oscura de lo que debería ser un espacio de
luz y progreso.
Tras una exitosísima
carrera en el cine (Erin Brockovich, Traffic y las saga de los Ocean’s
Eleven ) y de convertir a su actor fetiche George Clooney en ganador dos veces
del Oscar, Steven Soderbergh decidió meter mano en la televisión. The Knick
es un retrato de una Nueva York que se aleja de la glamorosa imagen de la Gilded
Age que nos dan las novelas de Edith Wharton y la serie de Lord Julian Fellowes.
Este retrato naturalista
de la Gran Manzana nos muestra el contraste entre gente adinerada y poderosa
como los Robertson y la pobreza de los pacientes del hospital. Se trata de una
sociedad asfixiada por la miseria, el racismo, la criminalidad, los
inmigrantes, las ratas. ¿Hablamos del 1900 o del 2023?
Jack Amiel y
Michael Begler que nos regalaran la excelente primera temporada de Perry Mason, han sabido crear un relato naturalista y hasta
cierto punto sórdido sin llegar al tremendismo de The Alienist que después de todo trataba de los crímenes de
depredadores sexuales.
The Knick que recibió un Emmy y varios premios
Satélite, aparte de varias nominaciones
a otros galardones, nos recuerda la excelente serie inglesa Casualty 1900
y representa —como dice mi título— el lado más oscuro de
La Edad Dorada. Puede verse en HBO/Max.
Contenido
Violento y Gory: Cada
operación es para cerrar los ojos o vomitar. Casi tanto como las heridas o los
métodos de los hampones para cobrar. La peor
escena para mi es cuando un cobrador le arranca una muela a Barrow diciendo que
la guarda como “colateral “hasta que le pague su deuda.
Contenido
Sexual y Desnudos:Muchos cadáveres desnudos y azulencos, nada
muy sexy. En el tercer episodio vemos un topless de una prostituta y más adelante
un desnudo total de Rylance. Varias situaciones sexuales, pero ninguna de al
gusto o muy gráfica.
Factor
Feminista: Las mujeres de
la obra están divididas entre víctimas y las que intentan salir de la esfera
patriarcal. Al comienzo creí a Thackeray un misógino, pero pronto su delicadeza
al tratar a Abby, su gentileza con la pequeña Cora, y el respeto a regañadientes que les da a
Peggy y a Cornelia, me hizo ver mi error.
Vemos a las mujeres ser víctimas de sus esposos que les contagian enfermedades silenciosas
como la sífilis que destruye el rostro de Abby, o de sistemas psiquiátricos que también las
destruyen en vez de curarlas como ocurre con la esposa de Everett. Incluso
vemos que la Hermana Harriet, con sus
abortos clandestinos, y Cornelia, que supuestamente representa el poder patriarcal
de su padre, caen presas de las trampas
de su sexo y del juicio de hombres que quieren someterlas.
Factor
Diversidad: Creo que de
todos los drama de época estadounidenses de este siglo, The Knick se
lleva el premio del más diverso. No solo tenemos un retrato del racismo que debe
enfrentar un profesional afroamericano a principios del siglo XX. El libreto
además sabe alejar a Edwards de esquema de víctima y crear un personaje de
carne y hueso capaz de escribir artículos en francés para publicaciones médicas,
serle infiel a su esposa negra con una mujer blanca; y de defenderse con sus puños cuando la
oratoria no es suficiente.
En el dispensario
para gente de color que Edwards instala en el sótano del Knick vemos pasar a varios
ejemplos de la clase humilde afro-neoyorquina, incluso a un cubano. Vemos como
Edwards entrena un par de lavanderas negras y las convierte en enfermeras de cirugía,
y vemos como el talento de un hombre
trasciende su color y consigue el respeto y protección de un Robber Baron
como el Capitán Robertson.
El segundo grupo
étnico más representado es el irlandés. Como nos han mostrado The Alienist
y Warrior, en la USA del siglo XX y comienzos del XX, los irlandeses servían solo para dos profesiones:
maleantes y policías. Aquí tenemos
gánsteres irlandeses, pero dos personajes superan estereotipos: la monja Harriet
y Tom Cleary que, aunque dado a ganarse unas monedas de mala manera es buen
ejemplo de las pocas oportunidades que tuvo su gente.
Aparte de los
Hijos de Erin, tenemos también judíos. Los vemos de pacientes del Knick y como
Bertie (Michael Angarano) le cuenta a su
padre, el idioma que ahora deben
aprender los médicos es el yiddish. En la primera temporada tuvimos apariciones
esporádicas del Dr. Levi Zinberg, cirujano del Hospital Mount Sinaí, uno de los hospitales más antiguos de USA.
Mount Sinaí fue fundado en 1852 por un judío ortodoxo llamado Sampson Simpson, como un espacio donde se podía atender
pacientes de origen hebreo que eran rechazados por hospitales “para blancos”.
Zinberg se
convierte en enemigo del cada vez mas paranoico Thackeray que lo ve como su
rival. El médico judío atrae a Bertie Chittering a Mount Sinai, donde el joven
interno no solo encuentra otra manera de ejercer la medicina, también consigue novia
judía ante el asombro de su familia.
El Lejano Oriente
está representado por pacientes del fumadero de opio de Ping Wu, al que Thackeray
es asiduo y las prostitutas de las cuales es cliente. Aparte, la clientela del Knick
incluye italianos, y eslavos de diversos puntos de la Europa Oriental.
Siguiendo el
consejo del Gato Dezmond decidí probar suerte con el drama de época nórdico.
Comencé con una serie danesa de cuatro temporadas (comenzó el 2018) y quedé
gratamente sorprendida. En términos de las fórmulas que imperan en genero del period
piece, The New Nurses corresponde al Esquema Panam, pero con un
twist muy original que nos lleva a un hospital en la Copenhague de los 50, a conocer a los primeros estudiantes de
enfermería y a los prejuicios que debieron enfrentar al querer infiltrarse en
un mundo femenino.
El título original
(y que se ha conservado en castellano) es Sygeplejeskolen (escuela de
enfermería).El inclusivo título ingles The New Nurses también es engañoso
puesto que oculta el tema central, la entrada de varones a una profesión femenina.Esta escuela de enfermería es parte del
hospital Fredenslund y ha preparado por generaciones a profesionales del sexo
bello.
En la primera
temporada tenemos a Anna Rosenfeld, la niña rica, que viene a servir al prójimo
como un modo de superar un desengaño amoroso. Compartirá cuarto con Suzanne, la
niña pobre, que antes de ser enfermera
era niñera. En muchos sentidos, Suzanne es más despierta y decidida que la
sobreprotegida Anna.
En la residencia
de enfermeras, las chicas conocen a Lis, la vivaracha estudiante de segundo año,
que sabe cómo huirles a las reglas y no hacerle caso a Madsen, la estricta jefa
de enfermeras a quien apodan “La Bruja”. Elsa, otra enfermera, oculta tras su
carácter mordaz y envidioso una relación clandestina con el Dr. Bent Neergard,
el médico estrella de Fredenslund.
Neergard está casado
con Nina, enfermera y maestra en la escuela de enfermería. Ese matrimonio se ha
enfriado con los años y Bent la culpa a ella por no querer quedarse en casa y
criar hijos. Nina sabe que su esposo le es infiel, pero acepta el estatus quo.
Nina es la única
que aprueba la novedad que Margaret, la directora de la escuela de enfermería, quiere introducir. Debido a una escasez de
enfermeras, a Margaret se le ocurre incluir
varones en su programa de estudio. A pesar de las burlas y quejas, en la
primera temporada vemos a seis jóvenes integrarse a las aulas. Entre ellos está
el torpe Peter, a quien Anna rompe un tobillo haciéndolo cargar su pesado
mobiliario; el ingenuo y muy religioso Bjorn; y Erik Larsen, un ex soldado.
Erik y Margaret comparten
un vínculo. La madre del joven la ocultó cuando la Gestapo la perseguía. Erik
es un buen chico, pero rebelde por naturaleza. Eso lo llevará a hacer trampas
en los exámenes, tener un affaire con Nina, y chantajear al esposo de esta. Su
comportamiento incomoda a sus amigos que temen que un desliz de Erik obligue al
cierre del nuevo programa. También a Anna que desde el principio se ha
interesado en el rebelde enfermero.
Como todos los
dramas médicos de la televisión, esta serie presenta más romance que medicina.
Tenemos amores prohibidos, embarazos no deseados y mucho melodrama. Los clichés,
malos entendidos, desencuentros y situaciones exageradas la acercan mucho al
modelo de telenovela. ¿Por ejemplo, porque una enfermita a punto de morir se
pone a contar chismes? ¿Es ese el único hospital de Copenhague que Anna debe atender
a la mujer que le quitó el novio, y Erik
a su padre alcohólico?
Sin embargo, hay
un twist fantástico. Debido a que los objetos de discriminación son varones,
las dinámicas cambian, los hombres son los victimizados y los que le hacen
reproches a Erik que ya suenan a slut-shaming.
Es interesante
que sea Suzanne la que casi seduzca al casto Bjorn, pero el resultado es el
mismo. Otra curiosidad es que cuando Erik descubre el affaire de Elsa con el
medico jefe, se lo guarda. En cambio, cuando Suzanne escucha el chisme de la
pequeña con polio sobre Erik y Nina, corre a regarlo por todos lados.
Aunque la serie
sea vendida por sus líos románticos, no carece de otros méritos. En el ámbito
medico hemos visto a los enfermeros atender todo tipo de casos, desde una
epidemia de polio hasta ladillas (¡!!).
La serie nos muestra cómo se manejaban los
hospitales de entonces. Una sorpresa es que al parecer en Dinamarca se servían
cervezas a los enfermeros como si fuesen refrescos. Y cuando el padre de Erik
solicita un schnapps, Bjorn se lo encuentra en su carrito de comidas que más
que alimento de enfermos, parece un bar ambulante.
También vemos
como eran tratadas enfermedades que hoy tienen cura como la polio y el cáncer.
De como el aborto solo era legal en casos de violación. Un detalle curioso es que
para ser enfermeros (ambos sexos) no se necesitaba haber terminado la
secundaria . De su clase, solo Anna
tiene estudios superiores, lo que la coloca por encima los varones del grupo.
Aun así, cuando ella forma un sindicato , prefieren elegir a Peter como
presidente antes que a una mujer.
Sorprende la
brevedad de estudios que se exigía para estos jóvenes, algunos como Erik que ni
sabían dividir, o no dominaban disciplinas como física, anatomía y química. Los
enfermeros recibían sus diplomas tras un examen oral y otro escrito, al cabo de cuatro meses de estudio. Con razón
era una profesión tan despreciada. Una de las razones que esgrime el Dr.
Neergard en contra de la inclusión de hombres en el programa es que, siendo el sexo
feo más orgulloso, no aceptaran los
enfermeros ser la última rueda del carro con la sumisión con la que aceptan ese
sitio las hembras.
Los verdaderos "Nuevos enfermeros
Aparte de
mostrarnos la diferencia entre la enfermería de hoy y la de ayer, también la historia
es parte del libreto. En la primera temporada oímos hablar del Jutlandia,
la nave equipada con personal médico que asistió, en un esfuerzo humanitario, a
los heridos de la Guerra de Corea (civiles y soldados).
La Segunda Guerra
Mundial es un tema omnipresente sobre todo en las conversaciones de Erik con la
jefa del programa. El rencor latente , legado de la ocupación nazi, en contra
de los daneses que colaboraron aparece en la primera temporada.
Llega al hospital
una joven quemada que además tiene en la espalda un tatuaje de una cruz gamada.
Ese tatuaje indica que, tras la guerra, la chica fue castigada por sus
compatriotas por haber colaborado con los invasores. Madsen y Suzanne, cuya
prima fue delatada por una colaboracionista, tratan duramente a la paciente
empujándola a un intento de suicidio. Solo Anna demuestra compasión y descubre
que el único pecado cometido fue enamorarse de un soldado alemán que pereció en
el frente ruso.
Por último,
quiero comentar sobre el hermoso paraje donde está instalado el hospital. Hay
espectadores que se han quejado de lo acicalado y limpio que se ve el hospital
y que esa no era la norma en Dinamarca de entonces. Yo agregaría que las
escenas al aire libre siempre en tiempo soleado y con árboles con follaje no se
parecen a nuestra imagen del clima y paisaje nórdicos, pero no me quejo porque
tanto eso como el personal atractivo y bien vestido hacen que el aspecto estético
se convierta en una virtud de la serie.
Recientemente se
ha estrenado la Cuarta Temporada indicando que Los Nuevos Enfermeros
tiene arrastre con el público danés. Para hacer la serie más dinámica, en cada
temporada aparecen nuevos personajes y se van algunos de las anteriores. Esta
combinación de nuevas caras e historias hace la serie más ágil e interesante.
Siempre hemos
visualizado a Dinamarca como un país adelantado y humanitario, tal vez más que
los otros países nórdico. A juzgar por lo que ocurre en el Federlund, el trato
a los pacientes era inhumano y digno de médicos nazis. A una mujer le practican
una histerectomía sin siquiera avisarle, o informarla que tiene cáncer. A un
joven disléxico lo amenaza una esterilización disfrazada de apendectomía (la
esterilización de los supuestos “retrasados” fue ley en Dinamarca desde 1930,
mucho antes que en la Alemania nazi).Los pacientes son humillados, se les exige
que no molesten al doctor con preguntas ‘”porque lo van a hacer enfadar”. Sin embargo,
todos se ríen cuando los pacientes varones les hacen burlas obscenas a las
enfermeras.
La "bruja"Madsen y el Dr. Neergard
Los niños son los
que reciben el peor trato, y los padres son mantenidos en un limbo sin siquiera
permitirles las visitas a sus hijos. No nos sorprende porque fuera del hospital
también sufren sea en orfanatos dickensianos como en el que se crio Lis o en escuelas
como lo descubre Erik al recibir un niño golpeado. Por eso se entiende que los
enfermeros de ambos sexos estén tan dispuestos a olvidar las reglas en su empeño
de ayudar a los enfermos bajo su cargo.
Es una lástima que, por ahora, solo pueda
verse en USA a través de MHz Choice que también puede “colgarse” del servicio
Amazon. Curiosamente, si existe, con subtítulos
en español, y puede ser vista en España
por el Canal Sundance.
Contenido
Violento o Gore: Aunque se mencionan abusos infantiles y ataques contra mujeres, ninguno es mostrado en
pantalla. A pesar de mostrar procedimientos quirúrgicos hay un mínimo de sangre
y no se ven vísceras o órganos expuestos.
Contenido Sexual:
Muchas situaciones sexuales, pero no hay desnudos ni escenas gráficas.
Elsa y Bent, adulterio en los pasillos del hospital
Contenido
Feminista:el twist es que los
discriminados son los varones
Diversidad: Cero
diversidad cultural o racial. En la Segunda Temporada, vemos a Bjorn incomodo
al tener que atender un paciente gay y también descubrimos que un personaje
importante tiene tendencias lésbicas
La cuarta
temporada de “In Treatment” y el reboot de “Gossip Girl” tienen un vínculo en común. Ambas se adhieren
a la tendencia de moda de la inclusión de personajes diversos—sea en
color u orientación sexual—y la introducción en las tramas de
problemas que afectan a esas personas. Será mi “sentimiento de culpa blanco” o
el racismo sistémico que existe en mi raza (la de gatas semitas cuyos ancestros
eran judíos andaluces de piel cetrina), pero su famoso wokeness no me ha
hecho admirar más ambas series a las que considero bien mediocres.
En la primera
década del Siglo XXI debutaba en HBO “In Treatment”, la claustrofóbica
descripción de una serie de sesiones de terapia. Basada en un programa israelí,
“in Treatment” tenía como protagonista a Gabriel Byrne en el rol de Paul
Weston, prestigioso psiquiatra que seis noches a la semana nos llevaba en un
tour de su tratamiento de un paciente en particular. Para completar la historia
también veíamos a Weston convertido en paciente en sesiones con su terapeuta (Dianne
Weist).
“In Treatment”
fue muy aclamada por los críticos, aunque a mí me aburrió soberanamente. Después
de tres temporadas, cerró en el 2010. El año pasado, HBO anunció una cuarta
temporada. Parecía la idea perfecta para pandemia, una historia que ocurre solo
dentro de un consultorio, y HBO supo aderezarla bien. Para empezar, el Weston
de Byrne no es parte de este proyecto. Se menciona que está muy ocupado en
Washington asesorando sobre la salud mental de los americanos en la Era del
COVID.
Psicóloga
Hembra y Afroamericana
Esta temporada
tenemos psicóloga hembra y afroamericana interpretada por la actriz de origen
nigeriano Uzu Aduba (Orange is the New Black) El único eslabón en común con la
serie anterior es que la Dra. Brooke Taylor fue discípula de Weston, que lo
considera su mentor, pero que ha estado evitándolo desde hace un tiempo. En un episodio
se refiere a él con amargura como “un hombre blanco privilegiado” y, como veremos, Brooke tiene un problema con esa especie,
aunque ese sea el menor de sus problemas.
Ocurrió algo muy
curioso. Yo no hubiese visto esta serie si mi hermano no fuera fan y me diera
una oportunidad de compartir algo con él que no sean preocupaciones y
discusiones fútiles. Comenzamos viéndola los domingos e íbamos por la cuarta
semana cuando nos dimos cuenta de que en vez de dos capítulos de media hora, la
serie ofrecía semanalmente cuatro. La jornada dominical que cubría dos
pacientes, era seguida por una tercera sesión el lunes acompañada de un
episodio dedicado nada más que a Brooke que a ratos parecía más trastornada que
sus clientes.
Decidimos seguir
viéndola solo los domingos y dejar la otra mitad para cuando acabase la
temporada. Hicimos bien. Del modo en que conocimos a Brooke se veía como una
persona vulnerable, pero profesional. De otro modo, no la hubiésemos aguantado.
Como no puedo aconsejarles ese experimento voy a reseñar la serie tal como fue
construida.
Brooke Taylor, 42
años, es una psicóloga reconocida (algo poco común en ese campo tratándose de
una afroamericana). Debido a la pandemia decide recibir pacientes en su casa en
las colinas de Los Ángeles. Una bellísima casa que pronto descubrimos fue diseñada
por el padre de la Dra. Taylor y es su legado. Este arquitecto que superó la
barrera de los prejuicios raciales acaba de fallecer, razón por la cual su
única hija ha regresado a California y a la casa, llena de fantasmas, donde transcurrieron
su infancia y adolescencia.
Eladio vs Los
Blancos
Brooke tiene tres pacientes, dos varones y una
hembra. Solo uno es heterosexual, solo uno es blanco. Uno de ellos tiene
sesiones típicas de cuarentena, vía zoom. Se trata de Eladio Restrepo, un veinteañero
gay que, a pesar de haber ido a la universidad, sería una especie de vagabundo si
no lo hubiese rescatado una pareja de clientes de un restaurante tailandés
donde trabajaba. Los Di Marco son millonarios que contratan a Eladio para que
cuide de Jeremy, su hijo parapléjico.
Por un lado, es
una tremenda responsabilidad. Eladio no es un profesional, aunque anteriormente
trabajó en un hogar de ancianos. Cuando Eladio (que les ha ocultado a sus
patrones que es bipolar diagnosticado) comienza a experimentar insomnio
continuo, los di Marco pagan las exorbitantes sumas que exige Brooke para que
ella lo cure.
A través de
encuentros vía zoom, Eladio y Brooke comienzan a establecer vínculos y el chico
va abriéndole su intimidad. Le cuenta de su difícil relación con su madre que
aun el haber sufrido de Covid no los ha acercado, de su reciente desengaño
amoroso, su escasez de amigos y su relación con Jeremy y los padres de quien
Eladio considera su amigo. Sin embargo, aunque Eladio está agradecido y siente,
por primera vez, que “Los Blancos” lo tratan como a un igual, también tiene dudas
sobre esa relación. ¿Es Jeremy realmente su amigo? ¿Es Eladio parte de la
familia o un sirviente? También se queja de que le pagan menos que lo que le
pagarían a un profesional y que lo hacen hacer cosas que no están en su
descripción de trabajo como limpiar la piscina.
Yo entiendo a
Eladio por qué es lo que nos ocurre a todos, aun a los profesionales, cuando
trabajamos para alguien. ¿En qué momento la amistad choca con la relación
laboral? ¿En qué punto acaba uno de ser
amigo y pasa a ser empleado (o patrón, porque también lo he sido)? Debido a que Eladio es percibido como servicio
doméstico, la relación cae dentro de luchas de clases, los pobres vs los ricos,
pero me parece incorrecto que el cuento del privilegio tenga que venir teñido
de racismo.
Por el apellido deducimos
que los Di Marco son italoamericanos. Posiblemente sus ancestros fueron
inmigrantes del Sur de Italia. Si Eladio fuese al sur de la península italiana
vería que la gente físicamente no es diferente a él, con piel de tono cappuccino,
ojos claros y cabello ensortijado. Ese empeño en hacernos a los latinos ser
gente de color es a veces un poco forzado.
Al no rebatir esa
acepción de que los di Marco son patrones abusadores debido a su privilegio, Brooke
comete un error y no es el único ya que ha permitido que Eladio al llamarla
fuera de horario de trabajo sobrepase los límites impuestos por relación
terapeuta-paciente. La respuesta está en el capítulo semanal que la serie
dedica a la vida personal de Brooke.
El Pasado de
Brooke
En el primero de
esos, la Dra. Taylor recibe la visita de Rita, (al parecer) su única amiga. Ahí
descubrimos que ambas son parte de Alcohólicos Anónimos y que la psicóloga ha
abandonado su programa de rehabilitación. Brooke confiesa que ha sido
traumático tanto la muerte del padre como el haber heredado esta casa que le
recuerda a la madre alcohólica que murió cuando la Dra. Taylor tenía diecisiete
años. La casa también le recuerda su difícil relación con un padre que cifró
todas sus ilusiones en su única hija. Ilusiones que acabaron cuando Brooke fue
madre soltera los quince años.
Aparte de forzarla
a entregar a su hijo en adopción, el padre nunca volvió a tratar a su hija con
respeto, ni siquiera cuando ella se graduó con honores de Stanford. El volver
al hogar paterno obligó a Brooke a enfrentar el hecho de que había existido un
distanciamiento total con su padre tanto que ella desconocía cambios en la vida
del arquitecto desde su afición a programas de cocina hasta la pareja que
compartió los últimos años de su vida.
Irritada y
desolada, Brooke siente que su instinto maternal despierta y se pone a buscar
al hijo perdido. Los fracasos en esa empresa la empujan más a la botella y a ampliar
su relación con Eladio. Adam, su pareja esporádica de décadas, cree que la
solución está en escribirle a la cigüeña, pero Brooke no quiere un bebé. Quiere
un hijo adulto, o el perdido alrededor del cual inventa fantasías, o Eladio.
Para Rita el gran problema está en que Brooke no quiere rehabilitarse. La Dra.
Taylor se miente a si misma creyendo que puede dominar su alcoholismo.
Un día, Eladio
aparece en la puerta de Brooke. Está feliz, ha mandado al carajo a los di
Marco. Está desempleado, durmiendo en un sofá de una amiga, y viviendo de sus
magros ahorros, pero muy agradecido con su “mamita” que le aconsejó dar ese
paso. En vez de enviarlo de regreso con los di Marco para negociar mejores
condiciones o al menos despedirse como gente, Brooke reacciona escandalizada
asegurando que jamás aconsejó al paciente abandonar su empleo..
Ese es un rasgo
desagradable de la Dra. Taylor, su incapacidad de aceptar responsabilidad por
sus actos. Hace creer a Rita que es Adam quien la hace beber, cuando él mismo
dice “nunca te he servido una copa que no me hayas pedido”. Por conversaciones
con Rita, y el mismo Adam, descubrimos que lo que está pasando no es nuevo. En
el pasado, la psicóloga tuvo recaídas que acaban en sexo con extraños, y
accidentes automovilísticos.
En el pasado,
muchas veces Brooke ha abandonado a Adam para luego ser ella quien le pide que
regrese, algo que él siempre hace. Desde mi punto de vista, es Adam quien está
en una relación toxica, no ella quien puede usarlo de compañero de cama y bar,
sin sentirse ni comprometida ni amenazada. Mas importante, él no la hace
sentirse inferior ni cuestionada como lo hacía su padre o Paul Weston a quien Brooks
ha estado evitando. La extraña manera de la Dra. Taylor de relacionarse con el
sexo opuesto queda en evidencia con Colin, su segundo paciente.
El Tóxico
Encanto de un Blanco Privilegiado
Un embaucador
profesional, Colin ha sido condenado a un año de cárcel por estafas tecnológicas.
En prisión descubre que su labia no lo protege y tras unas peleas con otros
presidiarios su sentencia es alargada dos años más. Eso lo hace sentirse una víctima.
Aunque está en libertad bajo palabra, la corte no está segura de que el bandido
no represente un peligro para la sociedad y para sí mismo. Será Brooke la que
tenga la misión de decidir el destino de Colin a través de un determinado número
de sesiones.
Sabiendo que ella
tiene su futuro en sus manos, Colin intenta congraciarse con Brooke. Le cuenta
que es un liberal que se crió en una comuna de hippies y que está horrorizado
con lo ocurrido con George Floyd. Pronto Brooke se da cuenta que Colin es un
narcisista y un mentiroso patológico. Cuando lo expone como tal, el paciente
reacciona atacándola con comentarios sexistas y racistas. No se sabe cuándo es más
insoportable el pobre Colin.
A pesar de la mala
opinión que tiene de las mujeres, Colin admite seguir enamorado de su ex esposa
y Brooke lo anima a contactarla. En su próxima sesión, Colin se ve
transformado. Su esposa respondió su email, acepta verlo, él quiere que lo acompañe
a la próxima sesión. Aunque Brooke tiene sus dudas, acepta. El día indicado
llega un Colin entusiasmado, insiste en esperar a Hannah, se pone nervioso con
su tardanza. Finalmente sale a la calle. Rompe el corazón ver su desolación.
Vemos que Brooke está conmovida. Hannah nunca llega.
Ya adentro estalla
la bomba, tras un interrogatorio, Coín confiesa. Su mujer no vendrá. No quiere nada
con él. Ha vuelto a casarse y tiene lo que más desea, espera un hijo. Brooke se
sorprende. ¿Por qué Hannah no tuvo un
hijo con Colin? Aquí llega la guinda del pastel. Colin tuvo una vasectomía en
su juventud y no tuvo la delicadeza de contárselo a su mujer que se casó llena
de esperanzas de ser madre. Él le siguió la corriente en cuanto tratamiento médico
o holístico intentó su esposa. Dejó que se llenara de ilusiones, que se sintiese
humillada por creerse estéril. Con razón, al descubrir la verdad, lo abandonó.
Brooke está boquiabierta y nosotros también. No hay palabras
para cerrar esta confesión. Sin embargo, la terapeuta acepta volver a ver a
este paciente tan reprobable. Solo que Colin regresa antes. Una noche en que Brooke
está allí con su traguito nocturno, aparece Colin en la puerta. Paseaba por
ahí… ¿Como va a andar paseando de noche por un lugar aislado de las colinas
angelinas? ¿Quiere que se lo coma un coyote?
El caso es que Colin
necesita un baño. Lo primero que nos aconsejan cuando nos vamos a vivir solas
es a no caer en el cuento de “necesito un baño”, pero Brooke peca de ingenua y
deja entrar a este delincuente poco recomendable. Después de dejar hediondo el baño,
Colin sale y anuncia que se quedará ahí hasta que llegue un Uber que —pronto
descubrimos-—nunca ha llamado-. Brooke insiste en que espere afuera.
Colin insiste en quedarse.
Comienzo a
ponerme nerviosa. La Dra. Taylor comienza a ponerse nerviosa. Y entonces…¡Aparece
el Chapulín colorado! Entra Adam (con su llave) cargando bolsas del mercado. La
reacción sensata seria que Brooke presente a Adam como su pareja y a Colin como
“este es Colin, ya se iba”. Pero no, las exigencias combinadas de Mituteras y BLM
es que ningún hombre blanco debe defender a una mujer de color, ni siquiera de
los acosos de otros blancos.
Por eso la psicóloga
le ordena al novio que se vaya al cuarto como un niño regañado. Acto seguido,
hace que Colin llame un Uber, lo instala en un sofá, le sirve una copa, ¡ella
se sirve otra y se le acurruca al lado! Guau! pero yo he hecho eso y es un
preludio para meternos entre las sabanas. Colin lo entiende así, se toma su
tiempo, se instala a sus anchas y comienza a contar su vida, las oportunidades
perdidas, su deseo de reforma.
Brooke lo
interrumpe con ronroneo de gata alcohólica y dice que no hable de oportunidades
perdidas. Él es un HOMBRE BLANCO HETEROSEXUAL PRIVILEGIADO, “El mundo fue
construido para ti…sin obstáculos. ..solo tu pereza e inseguridad”. Todas las
oportunidades son suyas si no las ha aprovechado es porque es tonto. Ella
quiere derribar todas las estatuas de hombres blancos porque su “filantropía es
un modo de lavar la sangre de sus millones”.
Este magnífico
discurso woke casi hace llorar a Colin. Lo salva la llegada del Uber. Adam sale
del cuarto y confronta a Brooke sobre el modo en que lo ha tratado. Su amante
se burla acusándolo de estar celoso. Brooke está eufórica. En una sola noche ha
humillado a dos hombres blancos. ¿Es esa la venganza de la mujer de color? Pues
no me parece ni muy humana ni muy profesional.
Colin regresa a
la semana siguiente y Brooke lo recibe contenta y con disculpas. Algo que es
común en la Dra. Taylor. Caerle a la gente con patadas de elefante para luego
pedir excusas que suenan falsas. Colin ni se acuerda , está muy contento. Ha
conseguido un nuevo proyecto, nuevos inversionistas. hasta le ofrece un empleo
a Brooke. Y como entendió todo como yo lo hubiera entendido, trata de besarla. Entendió
que Adam no es importante para ella, la Dra. Taylor necesita un hombre como él.
Brooke reacciona escandalizada. Colin la
insulta y, aun así, Brrooke está dispuesta a seguir atendiéndolo como requisito
para declararlo cuerdo. La actitud de Brooke está abierta a muchas
interpretaciones, ninguna muy buena, pero los críticos, embobados con este
retrato de poder negro, lo ven como “un desafío profesional” para la psicóloga.
¿Perdón? En psiquiatría ningún paciente puede verse como desafío. Además de
inhumano, es poco ético.
Lo que pasa es que,
si Eladio es el hijo perdido, Colin es como un reflejo de la dificultad de Brooke
de enfrentar realidad y ser honesta consigo misma. Incluso en sus relaciones,
ella es tan marrullera como el delincuente. Toda la temporada se la ha pasado
haciéndole creer a Adam que van a encargar un bebé, incluso pidiéndole que no
use métodos anticonceptivos. Pero como le lanza en la cara en el último
episodio, está tomando la píldora del día después.. ¿Acaso no es lo mismo que
Colin hizo con su mujer?
Laila, la
Princesita Victima
La única vez que
siento lástima por la Dra. Taylor es cuando le toca atender a la odiosa Laila
una “princesa de ébano” de 18 años llena de actitudes de privilegiada (basta
ver su vestuario que eclipsa a la nueva versión de “Gossip Girl”), de actitudes
burlescas y de acusaciones de militante woke. La trae su abuela que ha fungido
como figura materna desde que la madre de la chica abandonó a la familia para
irse con un blanco.
Rhonda, (la abuela)
la presenta de esta manera “mi nieta ha elegido ser lesbiana”. Aunque Brooke
estúpidamente cree que Rhonda quiere aplicar terapia de conversión a Laila, yo
escuché claramente cuando la abuela expresaba un deseode que
la terapeuta “armara” a la nieta con algunas tácticas con las que sobrevivir el
vivir sola ya que Laila va camino a la universidad.
Ciertamente, las
chicas gays sobreprotegidas pueden ser objeto de acoso y cosas peores en los
dorms, pero también las mocosas antisociales como Laila que admitirá que es una
inútil. Eso va desde no saber cocinar hasta no saber manejar su dinero y su
vida,
Laila comienza
agrediendo a Brooke: “debes tener como
70 años. ¿No?” luego le rebaja la edad a 50. Brooke muy paciente confiesa tener
42 años. Laila despectivamente dice saber que hay algo oscuro en el pasado de
su psiquiatra. Brooke le cuenta sobre su hijo, pero Laila no demuestra
compasión. Cuando se vive como víctima no hay espacio para sentir lástima por
otros.
Finalmente, Laila
sale con el discurso de Greta de que Brooke y su generación han destruido el
medioambiente e invitado a calamidades mundiales. Me ha sorprendido que Brooke
no la reprenda cuando a otros pacientes lo has regañado y gritoneado.
Yo estoy harta de
estos mocosos ignorantes. Tal vez Brooke se sienta culpable, yo no. Desde 1990 que reciclo, no recuerdo
desde cuando milito a favor de los animales. dejé de usar aerosoles, por años fabriqué mis propios cosméticos y
mientras tuve dinero, doné a no sé cuántas
causa ambientalista conociera desde “Salven al Amazonas” hasta “¡No maten a las focas!”
Incluso en los
80s mi madre cultivaba sus propios vegetales para evitar químicos insalubres.
En los 60, los hippies nos hicieron tomar
conciencia de una vida más sana y natural. No quiero seguir porque vamos a
llegar a toda la preocupación nazi por el medio ambiente. Me irrita que la
militancia medioambientalista juvenil sea—como en todo—agresiva sin necesidad.
Que se base o se enfoque en cosas equivocadas, en vez de revisar la historia
del movimiento y ver donde se falló y que estrategias hay que descartar.
Pero lo que me
ofende (y aunque tenga 62 años si puedo ofenderme) es que esta cría ignorante,
hostil y maleducada se defienda atacando a otros. Pronto descubrimos que Laila ,
además de embustera profesional , es una delincuente que alardea de su intensa
vida sexual con una quinceañera (ilegal en California) que pretende llevársela a
los altos de Machu Pichu (lo que sería considerado secuestro siendo la novia
menor de edad). Brooke se pasa de diplomática y con eso parece aprobar el
comportamiento de su paciente.
La excepción ocurre
cuando los lamentos de Lailala llevan a
pensar que contempla suicidarse. Le pregunta y la reacción de Laila es apoteósica.Le lanza un “How dare you (¿Como te atreves?)
sacado de la boca de Greta Thurnberg (si los adolescentes supieran lo ofensiva
que es esa pregunta…). Sin embargo, lo próximo es que Rhonda se aparece en la
puerta de Brooke. Laila ha desaparecido,
antes rompió con su noviecita porque a pesar de su corta edad, esta es más
madura y vive en el mundo real.
Brooke vuelve a
caer en la trampa de Laila. Hace que la abuela llame a la policía, que busquen
a la chica que posiblemente se ha aventado de alguna colina. Brooke insiste en
culpar a Rhonda (y sus castigos corporales) por los problemas de su nieta,
cuando ella misma ha hecho caer a su paciente en el rol de victima-ya-asignada
por ser hembra y negra (Si, con un Bentley del año).
Es entonces que
la psiquiatra recibe una llamada de Laila. Esta en Perú (Perú, Indiana probablemente). Brooke está extasiada. Laila se ha atrevido a hacer lo que
la psicóloga no hizo a su edad. El que Laila esté en un país con un desbocado
índice de COVID, con una situación política muy frágil , y que ni siquiera sepa
el idioma, carece de importancia. Tal como Brooke vive de sueños (su hijo la
amará apenas la conozca, puede dejar de
beber en cuanto quiera,jamás ha
coqueteado con Colin, etc..) lo de Laila no pasa ser una fantasía.
Como diría mi
madre: “cuidado con seguir consejos. Las
consecuencias nunca las paga quien aconseja”, Brooke se las ha arreglado para
que Eladio pierda el empleo, Laila esté perdida en Sudamérica y, sin embargo,
ha firmado papeles para que Colin siga libre y estafando al prójimo. Como que
no me gustaría que fuese mi terapeuta. Cuando la abuela de Brooke comenta que
la razón por la cual hay pocos sicólogos afroamericanos es porque su propia
gente no confía en ellos, yo les doy la razón.
Esa noche, Adam
hace un chiste de que Laila como la Dra. Taylor “abandona cosas”. Brooke se molesta
como suele hacerlo cuando le dicen la verdad. Le espeta al amante una pregunta
tendenciosa “¿que ves cuando me miras? “ Incomodo, Adam responde “tristeza”.
Temeroso de haberla molestado, intenta arreglarlo
con un pésimo chiste sobre como espera que su hijo no herede esa tristeza.
Furiosa, la
psiquiatra le escupe en el rostro que no habrá hijo. “ni tu ni yo podemos tener
uno” y le revela lo de la píldora del día después. Acto seguido huye a su cuarto
tal como se ocultó en el baño cuando la conversación con Eladio la incomodó. ¿Qué
tipo de terapeuta es esta que se oculta de sus pacientes?
Adam lava los platos, pero necesita hablar de
lo ocurrido. Brooke finge tener sueño, pero él la obliga a escucharlo. Es ella
quien lo ha abandonado muchas veces para luego buscarlo. No lo ha hecho ni por amor
ni porque él sea un buen compañero de copas. Lo que pasa es que es el hombre perfecto para Brooke
porque es menos que ella, gana menos, es menos inteligente y eso la hace
sentirse poderosa.
Brooke insiste en
que no es cierto, hacen el amor, pero a la mañana siguiente, ella empaca las
cosas de Adam. Se supone que es un signo de empoderamiento: la mujer de color
se desliga del hombre blanco, ¿pero cuánto tiempo durara esa separación? Ya
sabemos que estas estas expulsiones periódicas son un patrón de comportamiento en la Dra. Taylor.
Tal como cuando llama a Rita para regresar a Alcohólicos Anónimos, no sabemos cuánto
tiempo durará ese deseo de rehabilitarse.
La serie me ha
dejado muy mal sabor de boca.No me
gusta que pongan personajes étnicos negativos, menos si estamos en una era de reconocimiento
de logros y aportes de gente de color. Brooke Taylor es retratada no solo como
una persona inconexa y extraviada. También como una mala profesional, al menos
sin mucha ética. He visto psicólogas criticar en línea su comportamiento.
En Jung at Heart hasta han notado que cuando cita a Jung lo hace mal. Es parte del cuadro de la personalidad
de Brooke que quiere aparecer culta, que sueña con descubrir que su hijo es novelista,
que lee a Bolaños, y que comenta con Eladio como la conmovió la Cándida
Erendira. Bitch, Please!
Meditaba sobre el
objeto de una serie que no logra hacernos simpatizar con la protagonista cuando
encontré este artículo que lo explica todo . En Refinery 29, Kathleen
Newman-Bremang demuestra que el personaje de Uzo Aduba se aleja del estereotipo
de la ‘terapeuta negra” que está ahí para ayudar y “Salvar” blancos.Con ella se elimina esa idea de que los médicos
negros deben rescatar a blancos. Newman-Bremang rechaza este estereotipo ligado
al de “la amiga negra” y lo asocia con el odiado trope del “negro mágico” que
nos lleva al viejo cliché de la Mammy.
Por un lado, me
horrorizan estas teorías segregacionistas. ¿Qué pasaría si ningún blanco
quisiese atenderse con un profesional de color? ¿O si volviéramos a los tiempos
en que médicos blancos se negaban a atender a negros? Por otro, es una ironía
que la cultura woke insista en integrar al colectivo afroamericano a la
sociedad “blanca” demostrando que los estereotipos de pobreza, ignorancia y delincuencia
no son la norma que defina a la gente de color. Todo para que su misma gente se
lo impida exigiendo distanciamientos sociales entre las razas.
HBO creyó “modernizarse
‘y “modernizar” una serie que trataba sobre las trampas, peligros, pero también
méritos, de la psiquiatría. El embutirle
mensajitos contradictorios que solo sirvieron para confundir al público, termina en un resquemor de poner nuestras
vidas en manos de profesionales que necesitan de terapia o que anteponen sus
complejos raciales antes que las necesidades del paciente.
Primer
anuncio.Debido a la Pascua judía y a
Yom-Ha-Shoah, abril es considerado en Estados Unidos e Israel como el mes de la
herencia judía, así que este 2021 lo dedicaré a series y telefilmes
relacionados con el Holocausto. Ya advertidos, pueden huir o seguir, pero
conociendo los riesgos.
Comenzamos el Mes
del Holocausto con la primera…mmm es muchas primeras. Fue la primera miniserie
en tratar el tema (cuatro años antes que la seminal “Holocausto”), fue la
iniciadora de la Edad Dorada de las Miniseries estadounidense y es uno de los
primeros, poquísimos, estudios en la ficción del tema de la experimentación médica
nazi en los campos de concentración.
Inspirado en
un Caso Real
En 1964, el
famoso autor León Uris (Exodus, Topaz, Trinity) se vio involucrado en
una batalla legal. Wladislaw Derrng, un médico polaco nacionalizado británico,
lo acusó de difamación. En un párrafo de Exodus, refiriéndose a
experimentos médicos en Auschwitz, Uris aseguró que Derring había practicado
operaciones sin anestesia.
El juicio fue un
verdadero circo. Los exasperados jueces fallaron a favor de Derring exigiendo
de Uris que pagase la mínima suma de un penique y medio al facultativo.
Inspirado en esta experiencia, el escritor publicaría en 1970 QBVII, el
titulo se refiere a la sala de la corte donde se llevó a cabo el juicio. Sería
el segundo libro de León Uris en alcanzar el primer lugar de superventas del
New York Times.
En abril 1974, la
ABC presentó, en dos noches consecutivas, la adaptación del bestseller. Era una
caja de expectativas y dudas. A pesar de que había sido un super éxito en las
librerías, la idea de un drama legal de seis horas no parecía muy fascinante.
El público estadounidense estaba acostumbrado a telefilmes, pero pasarse tres
horas en dos noches consecutivas ante la pantalla parecía excesivo. Y luego la temática.
¿A quién le interesaba ver algo tan triste y sórdido como judíos convertidos en
conejillos de indias en campos de concentración?
Esa primavera, “QBVII”
se convirtió en la favorita de público y críticos, recibiendo 11 nominaciones
al Emmy y ganado seis incluyendo premios para Juliet Mills y Lee Remick que
interpretaban a la esposa y la amante de Abe Cady (el alter ego de León Uris).
Lo que a mí me sorprendió —cuando la vi en reposición en el 76— es
que nadie notase que el mejor actor del reparto era un inglés desconocido,
entonces llamado simplemente Anthony Hopkins, quien daba vida al Dr. Adam
Kelno.
Dos décadas más
adelante, la gente recordaría esta serie por “la primera vez que vi a Tony
Hopkins actuar” pero, además, “QBVIII” haría historia al ser la primera serie limitada,
o como se la llamaría desde entonces “miniseries”. En el futuro se la presentaría en un formato
de tres episodios de dos horas cada uno. Así la vi en la semana de Passover del
78. Es que, además, “QBVII” sentaría el precedente de abril como mes de series
judías o del Holocausto, ya que había introducido y preparado al público sobre
este tema tan difícil de tratar.
¿Pero de que va
la historia y qué la hace tan fascinante? Para empezar, pueden verla en inglés
en Tubi o en YT, con subtítulos aquí.
El Buen Doctor
Kelno
La serie comienza
a media res, en tiempos modernos a comienzos del juicio. De ahí pasamos a un
flashback a 1946. Adam Kelno, un joven médico polaco, tras sobrevivir al campo
de exterminio de Jadwiga, logra huir de la Polonia comunista y radicarse en
Inglaterra. Allá se casa con la enfermera Angela (Leslie Caron). Aunque tienen
un hijo y Adam establece una práctica médica en Londres, Angela siente que no
conoce realmente a su marido quien se rehúsa a compartir con ella su pasado.
Un día, la
policía irrumpe en el hogar de los Kelno y arresta a Adam. El gobierno polaco
exige su extradición por crímenes en contra de la humanidad. Se le acusa de
haber asistido en una serie de operaciones destinadas a estelarizar a judíos
durante su estadía en el campo de concentración de Jadwiga.
Adam le asegura a
su esposa que todo es mentira y ella le cree. Antes de dejar que lo extraditen,
el gobierno británico hace una investigación legal. Solo se consigue un testigo,
un judío asustado y avergonzado, que durante un careo con Kelno no lo reconoce.
Aunque el Dr.
Kelno ha quedado libre, teme que siga la persecución por parte del gobierno
polaco. Se lleva a su familia muy lejos de Europa. A Adén, entonces un
protectorado británico. Kelno insiste en esconderse más lejos y acaba en un
hospital de campaña en una zona inhóspita del desierto. Ahí se dedica a atender
a la población beduina.
A pesar de la
presión del gobierno británico, a la que no le agrada que se gasten recursos en
los nativos, Kelno se granjea la amistad de los jeques beduinos y pronto se
hace de una reputación humanitaria gracias a su tratamiento de esas poblaciones
nómadas. El gobierno británico es obligado a reconocer sus méritos y la Reina
lo nombra caballero.
La Epifanía de
Cady
De ahí, de una
manera un poco abrupta, saltamos a la biopia de Abe Cady (Ben Gazzara). A fines
de la Segunda Guerra Mundial, y tras servir en la Real Fuerza Aérea, Cady, un
judío de Filadelfia se casa con Samantha (Juliet Mills), la enfermera que lo
atendió cuando estaba herido. Aunque Samantha es cristiana, e hija de un
aristócrata, está dispuesta a convertirse a la religión del marido, pero Abe no
tiene ninguna inquietud religiosa. De hecho, se burla de su padre, Morris
(Joseph Wiseman), por seguir apegado a creencias antiguas.
Los Cady se
instalan en Beverly Hills y Abe comienza una carrera como guionista de Hollywood.
Samantha tiene un hijo, Ben (Kristoffer Tabori), y su suegro viene a vivir con
ellos.Pasan diecinueve años. Abe es inmensamente
exitoso (dos Oscares) pero muy insatisfecho y solo sabe hacer infelices a los
demás. Ha caído en el mundo de sexo y fiestas hollywoodense. Desprecia lo que
escribe, desprecia a su esposa y a su padre que intenta aconsejarlo. Es hasta
antipático con su amante de turno.
Lo extraordinario
es que en el 2021 he experimentado el mismo estupor que sentí en 1976 ante el
grado de toxicidad que Ben Gazzara le imprime a su personaje. No es culpa del
actor. Así lo escribió León Uris en su libro. El lector se preguntará cómo se
puede empatizar con un protagonista tan insoportable. La respuesta es que el
autor no quería que quisiéramos a un personaje que es un instrumento, no un
héroe..
Para tratar de
salvar su matrimonio, Los Cady se van a Londres. Morris hace Aliyah. En Londres,
Ben se echa una nueva amante Margaret (Lee Remick) y Samantha decide
divorciarse. En Jerusalén, donde ha ido al funeral de su padre, Abe Cady tiene
una epifanía. Comienza a interesarse en su religión, reza en el Muro de los Lamentos
y visita el museo del Holocausto de Yad Vashem. Pasan cuatro años. Cady se ha
instalado en Tel Aviv y está dedicado a escribir el libro que deseaba su padre
que escribiera. Su hijo Ben se le une y se enrola en la fuerza área israelí.
Entretanto, y ya
convertido en una figura respetable Adam Kelno y su familia retornan a
Inglaterra donde Stephen (Anthony Andrews) comienza a estudiar medicina. A
pesar de su prestigio, Sir Adam prefiere seguir trabajando con la gente pobre y
Stephen se convierte en su asistente. Todo va bien hasta que Lady Kelno lee El
Holocausto de Abe Cady y encuentra una nota incriminatoria sobre su marido,
la vieja acusación.
Fuera de sí, Sir
Adam decide demandar al escritor. A pesar de las suplicas de familia y abogados
de solo exigir una disculpa pública de Cady, Kelno se empeña en llevarlo todo a
sus últimas consecuencias. El publicista (y único amigo) de Cady también le aconseja
no ir a juicio. El costo será exorbitante, pero Abe Cady tiene suerte. Aunque
hace cuatro años rompió con Margaret, reanuda su relación con ella. Entretanto,
ella se ha casado con un aristócrata que la ha dejado viuda y millonaria. Lady Margaret
pone su fortuna a disposición de su amante.
Una Batalla de
Egos
No voy a meterme con
el juicio que es la raison d’etre de libro y serie, solo enfatizar que “QBVII”
nos hace ver que esta lucha titánica entre dos egos no es una búsqueda de
justicia sino un ejercicio en arrogancia. Apoyado por el dinero de Margaret,
Abe Cady viaja desde Israel hasta Polonia en busca de testigos que lo ayuden a
vencer a su enemigo.
Nunca sabemos de donde nace su fe en la
culpabilidad el Dr. Kelno. Solo vemos que para ganar el juicio está dispuesto a
hacer tratos con funcionarios comunistas y a obligar a testigos a exponer su
tragedia pasada ante el público sin importarle cuan humillante sea esta. De hecho,
ni siquiera está presente cuando las víctimas de los experimentos prestan
testimonio.
Cady está en
Polonia donde amenaza a una sobreviviente con la tortura de la policía
comunista, con el recuerdo de sus padres muertos y finalmente, con la ira
divina. Luego arrastra a otro sobreviviente a revivir los horrores del campo de
Jadwiga donde estuvo prisionero. Cuando este suplica que lo proteja de la policía
comunista— “¿Señor Cady, puede ayudarme? Creo que no es como ellos”— el escritor le responde
socarronamente “No apostaría en eso”. En su soberbia necesidad de prevalecer, Cady
atropella a las victimas con la misma desconsideración empleada por los nazis.
El Holocausto pasa a ser un abstracto y los que lo experimentaron meros peones
en un tablero de ajedrez.
Kelno comienza y
termina aduciendo que practicó esas operaciones para evitar que los pacientes
fuesen operados por los brutales ordenanzas de la SS. Paulatinamente va revelándose
como un cobarde, mentiroso, y también arrogante, pero sigue cayendo mejor que Cady.
La serie juega con nuestras percepciones de ambos personajes, pero nunca nos
engañamos con el escritor.
Es como si Uris detestara
a Cady. Si pensamos en que le ha impuesto algunos rasgos biográficos propios (Uris
también sufrió de una “conversión” en Tierra Santa que lo llevó a interesarse
en el tema judío) es como si quisiese autocastigarse por no haberse sentido
judío antes. Lo que he encontrado en
“QBVII” es una pregunta muy contemporánea ¿En qué consiste la identidad judía?
Hoy la mayoría de
los judíos en los medios, o prominentes en otros campos, creen que se puede ser
judío sin tener religión, ni apego a Israel ni siquiera conciencia del Holocausto.
Ese es Abe Cady, el problema es que aun cuando intenta adquirir una identidad judía
no lo hace de manera creíble. Nunca llega a compenetrarse con su pueblo.
Leon Uris nunca llegó
al exceso de su protagonista quien se autodefine como “antisemita”. Por eso es por
lo que lo castiga duramente. Al final de la serie no sabemos quién es más
culpable ¿Kelno o Cady, Solo sabemos que ambos, en este duelo de egolatrías,
han acabado perdiendo lo que más amaban.
Aunque mucho del
libro no llega a la televisión, uno de los momentos más terroríficos es cuando
la Dra. Parmentier (Dame Edith Evans) relata los experimentos del médico SS
Voss para convertir a la gente en robots obedientes. Una madre y una hija son
atadas a diferentes sillas eléctricas. Se le exige a la hija que le aplique 50
voltios de energa ía la madre. cada vez que la hija se rehúsa, le aplican a
ella choques eléctricos. La hija acaba matando a la madre.
Durante toda la miniserie,
mis padres y yo militábamos em el bando de Kelno, pero en la recta final, mi
madre se volvió en contra del personaje. En cambio, mi padre siguió pensando
que la culpabilidad de Sir Adam era la misma que la de la niña que había electrocutado
a su madre. Con el tiempo, yo me he dado cuenta de que Kelno actuó motivado por
otros factores, pero mi duda persiste. ¿Fueron los médicos-prisioneros
cómplices de los nazis? ¿Pudieron evitar
los experimentos? ¿Actuaron siempre
motivados por la salud del paciente?
Una Heroína
Olvidada del Holocausto
La mayor virtud
de “QBVII” fue traer la atención del público hacia el poco conocido tema de los
experimentos médicos nazis. Yo los conocía porque mi madre me había contado sobre
ellos, y porque en la escuela nos enseñaron “Noche y Bruma”, el documental de
Alain Resnais sobre Auschwitz. Aunque hoy se sabe que esos experimentos se
llevaron a cabo en otros campos como Struthof en Alsacia, Ravensbruck, el gran
campo de mujeres, y Dachau, siempre la imaginación popular los asocia con
Auschwitz y el Dr. Mengele. Lo que nos lleva a otra figura médica, la Dra.
Gisela Perl.
El movimiento
MeToo se infiltra en todos los aspectos culturales posibles y el Holocausto no
ha sido una excepción. La queja mitutera es que el patriarcado—
representado por historiadores judíos— ha opacado y ocultado la experiencia
femenina. Sea por descuido o por proteger la modestia de las sobrevivientes,
muchas de las singulares revelaciones de mujeres no han salido a la luz. A
regañadientes tengo que concordar con la postura mitutera de que el Holocausto
se vive de manera diferente de acuerdo con el género de quien lo experimentó.
Curiosamente, la
primera literatura de sobrevivientes publicadas después de la guerra vino de
mujeres. Olga Lengyel publica 5 Chimeneas en 1946, el mismo año en que
se publica E Questo e un Uomo de Primo Levi. En 1948, Gisella Perl
publica en USA I Was a Doctor in Auschwitz, siete años antes de la
publicación de Noche, la primera obra de Sir Elie Wiesel, y un año después
de la publicación del Diario de Ana Frank. El Diario sigue siendo el
libro más leído sobre el Holocausto, pero las obras de las Doctoras Lengyel y
Perl han sido semi olvidadas.
Sin embargo, en
el 2003, Showtime decidió filmar el libro de la Dra. Perl o al menos inspirarse
en el para contar una fábula sobre como la moral y la ética—tal
como las conocemos— desaparecían al pisar el infierno que era
Auschwitz. Para entonces la verdadera Gisela Perl había muerto y Christine Lahti
(originalmente era Meryl Streep quien iba a protagonizar el filme) pudo interpretarla
con cierto grado de ambigüedad que nos la empareja con Sir Adam Kelno.
De
Sobreviviente a Criminal de Guerra
La historia comienza
en Ellis Island en 1946. La Familia Goldstein de Queens se prepara a recibir a
una refugiada, la Dra. Gisella Perl. La embarazada Didi Goldstein es enviada a recoger
a Perl que desciende de un barco cargado de tropas norteamericanas y de
refugiados. Didi sabe que Perl fue una famosa ginecóloga en Hungría antes de la
guerra, que su familia la conoció en Sighet y que Perl fue médico de su tía Rachel.Estuvieron juntas en los campos y se espera que
Rachel pronto vendrá a Nueva York también.
Didi se encuentra
con una mujer brusca y dominante que he lanza su maletota encima y sin importarle
el avanzado embarazo de la joven, la obliga a que la lleve por un tour de las
tiendas de la Quinta Avenida. Entre mascar bagels y mirar los escaparates, se pasan
una tarde que acaba cuando la facultativa exige que Didi le compre los zapatos más
caros de Saks.
Solo entonces,
Gisella acepta ir a casa de los Goldstein donde deja car una bomba. Rachel no
volverá, murió en Auschwitz. Gisella se guarda de contarles que Rachel murió
por estar acompañando a su madre (los que se negaban a abandonar a los niños o
a los ancianos eran gaseados junto a ellos).
Desde el momento
de su llegada, “Gizka” es un manojo de quejas. A sus exigencias de compras
caras, se agrega la irritación de saber que no podrá practicar la medicina sino
hasta haber aprobado unos exámenes médicos y hacerse ciudadana estadounidense.
Los exámenes la frustran ya que considera que en ginecología los
estadounidenses están muy atrasados en comparación con Europa. Fastidia a Didi
que la Dra. Perl insista en que su cesárea fue innecesaria.
Sin embargo,
Gisella no es feliz y eso no se debe a su frustración con reglas de su nuevo
país. La ahogan los recuerdos que datan de su infancia, de su hogar tradicional
y religioso donde resaltó desde pequeña por ser la mejor alumna (aun siendo
mujer y judía) de su clase. Gisella tuvo que batallar contra los prejuicios
paternos para poder estudiar medicina y solo lo consiguió jurándole a su padre
que nunca dejaría de ser ortodoxa. Así vemos a Gisella crecer, graduarse y
formar su propia familia, a la par de tener una exitosa practica privada en
Sighet.
De vuelta al
presente. Gisella obtiene un triunfo cuando el distinguido oncólogo Jonas
Reuben le suplica atienda su esposa que lleva 18 horas en trabajo de parto. Su ginecólogo
está de viaje y el Dr. Reuben no confía en el cirujano que le ha asignado el
hospital y que insiste en practicarle una cesárea. Eva, la parturienta, es
húngara y su padre fue maestro de la Dra. Perl. Confía en ella. Gisella logra
salvar a la madre y al bebé sin la interferencia de una cirugía innecesaria. Los
Reuben en agradecimiento, le regalan un departamento en Central Park, donde la
ginecóloga planea instalar su consultorio.
Gisella pasa sus
exámenes, pero se encuentra con un inesperado obstáculo al momento de postular
a la ciudadanía estadounidense.Se cree
que “colaboró “con los nazis durante su estadía en Auschwitz. Entra aquí la
parte culminante de la serie, pero también la más exasperante. Durante vatios
días, la Dra. Perl es interrogada por un panel formado por Richard Crenna, Beau
Bridges y Bruce Davison quienes actúan como si fueran los jueces del Hades.
Lo que debería ser
un episodio conmovedor y fascinante, se vuelve un circo. Perl presenta una
faceta (hasta entonces) desconocida de Auschwitz, el mínimo cuidado médico que
recibían los prisioneros, la ardua labor de los trabajadores de salud—tan
prisioneros y vulnerables como sus pacientes— y los espeluznantes
experimentos de Josef Mengele. Sin embargo, la ignorancia e indiferencia del
panel deriva en una actitud entre escandalizada y condescendiente hacia la Dra.
Perl que ella responde con enojo, sarcasmo y arrogancia. Lo que tampoco ayuda
su caso.
En flashbacks,
Gizka narra su calvario. Llevada con toda su familia a Auschwitz, es la única
que ha sobrevivido. Se convierte en médico de las prisioneras. Un término
ambiguo ya que no posee ni autoridad ni medicamentos ni instrumental para
atender a la hambrienta, maltratada y enferma población.Para su desgracia, atrae el interés del Dr.
Mengele, capo di tuttí el personal médico de Auschwitz-Birkenau.
Creyendo hacerles
un favor a las embarazadas, Perl las señala para que Mengele les dé mejor
trato. Solo cuando la polaca Zozia se lo enrostra, Gisela descubre que ha mandado
a esas mujeres a su muerte. Está prohibido en Auschwitz que haya mujeres
embarazadas. Incluso la sádica guardia Irma Griese debe solicitar las
facultades de abortera de la Dra. Perl. Gisela se promete que impedirá la
muerte de las embarazadas con el simple hecho de practicarles abortos.
Aunque
escandalicen sus palabras al panel de interrogadores, la promesa de la
ginecóloga se convierte en una proeza. Debe practicar operaciones clandestinas,
sin anestesia, sin antisépticos, con sus manos como único instrumental
quirúrgico. Cuenta que en algunos casos debió interrumpir embarazos muy
avanzados y matar a bebés ya desarrollados.Debido al constante tono irónico y escéptico que esbozan los
interrogadores y la interrogada, se pierde el poder de este relato espeluznante
y conmovedor.
La Verdadera Saga
de la Dra. Perl
En realidad, este
interrogatorio nunca tuvo lugar. Tras descubrir que era la única sobreviviente
de su familia, anonada por lo experimentado y lo que la habían obligado a
hacer, la Dra. Gisella Perl decidió no volver a la medicina. Se dedicó a dar
charlas sobre Auschwitz y a testificar en juicios contra los perpetradores del Holocausto.
Eso la llevó a
Estados Unidos donde Eleanor Roosevelt escuchó la historia de Perl e insistió
en conocerla. Aunque ya no era Primera Dama, Roosevelt agilizó los trámites
para que su nueva amiga se convirtiese en ciudadana y le dijo “deja de torturarte”
convenciéndola de que debía regresar a la medicina. En 1948, el Presidente
Harry Truman firmó un decreto especial que le otorgaba la ciudadanía a la Dra.
Perl. Nunca fue sometida a interrogatorios ni estuvo bajo sospecha.
Entiendo que,
para añadir dramatismo, se haya creado este tribunal de representantes del patriarcado
en contra de una pobre mujer que no sabe explicarse, pero me molesta el
presentismo de convertir la ordalía de Perl en una apología del aborto. Por
ejemplo, ella insiste en llamar fetos a las criaturas que se ve obligada a
sacrificar.
Hay una tremenda
diferencia entre la mujer moderna— en países donde el aborto es legal— que
escoge ese camino entre varias posibilidades, y lo que vivieron las pacientes
de Perl donde solo había dos opciones, muerte o aborto. A pesar de que a Perl
le tomó años aceptarlo, ella practicó, en circunstancias escalofriantes, lo que
hoy conocemos como abortos terapéuticos.
Gisella Perl (la
serie no explica esto como no explica muchas cosas) cumplió la promesa hecha a su
padre y fue religiosa toda su vida. Cuando Eleanor Roosevelt la invitó a comer,
debió tenerle una cena kosher. De acuerdo con el Talmud y la Halaja, lo que
hizo en Auschwitz era permisible puesto que en esos casos se recomienda salvar
a la madre.
Incluso durante la guerra, las responsas rabínicas
se hicieron eco de estos dictámenes. Aun así, el dilema moral y el shock
emocional fueron inmensos. Incluso en su libro, Gisella Perl confiesa que
intentó suicidarse. El final feliz es que en su práctica médica privada y en el
hospital neoyorquino de Mount Sinaí, trajo al mundo a más de tres mil bebés y asistió
a muchas mujeres en exitosas curas de fertilidad.
Su recompensa fue
descubrir que su hija Gabriella (que no sale en la serie) había sobrevivido. Juntas
hicieron aliyah a Israel en los 70.Alla tuvo un recibimiento muy
cálido de toda sus pacientes de Auschwitz y Bergen Belsen, Un absurdo de la
serie es mostrarnos a Gisella Perl atendiendo un parto en Auschwitz justo cuando
los rusos liberan el campo. Como suele ocurrir con estos filmes panfletarios,
la realidad es más interesante y dramática.
A comienzos de
1945, Mengele cerró su práctica médica en Auschwitz y se trasladó al campo de
Gros Rosen. La Dra. Perl, como muchos otros prisioneros, fue llevada a Bergen
Belsen. La llegada en abril de 1945 de las tropas inglesas al campo encontró a
la ginecóloga atendiendo el parto de la polaca Maroussia. Se conoce este
episodio porque un oficial médico británico, el Brigadier Glyn Hughes, auxilió
a la partera que por fin tuvo acceso a antisépticos e instrumentos
Esta anécdota, incluida
en muchas antologías, sirvió para aumentar el prestigio de la Dra. Perl. A
diferencia del telefilme, Gisella Perl nunca fue acusada de exigir pago por sus
servicios en el Lager, nunca la persiguió Zozia a gritos por las calles del Lower
East Side, nunca sus actividades fueron cuestionadas por representantes del Servicio
de Inmigración.
Al final del interrogatorio
ficticio, una agotada Perl hace un Mea Colpa y suplica al trio de jueces
que le permitan reparar sus pecados, volviendo a practicar la medicina. A mí me
dio nauseas ese final. No solo es falso, es como si hubiesen confundido a Perl
con el Dr. Miklos Nyiszli quien realmente colaboró con Mengele.
Eso me llevó a
pensar que cuando se trata de la narrativa del Holocausto, el médico es quien
siempre lleva la peor parte. Siempre se le ve como egoísta y colaboracionista.
El médico es quien recibe un trato privilegiado y el que se deja fascinar por
la posibilidad de experimentar en humanos sin limitaciones éticas que se lo
impidan.
Lo vemos con Nyiszli en “The Gray Zone”, con
Gisella Perl en “Out of the Ashes” y con Kelno en “QBVIII”. Con eso se devalúa una labor que implicaba
tomar decisiones que iban en contra de la ética médica. Se niegan los dilemas morales
que enfrentaban. Al final, los médicos (y no soy amiga del rubro) eran tan
brutalizados como los demás prisioneros, solo que su tortura era mental más que
física.
“Out of the Ashes”
está en inglés en Tubi y en You Tube. En YouTube también está en castellano.