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martes, 31 de octubre de 2023

The Knick: El lado oscuro de The Gilded Age

 


Después de mi sorpresa con Mrs. Maisel,  decidí continuar en peregrinación de humildad revisando despreciadas series del pasado y viéndolas con óptica de vieja sesentera,  más tolerante que su predecesora. Así me di de bruces con The Knick (2014) y me cubrí de cenizas en un acto de arrepentimiento y de admiración ante un duro drama de época que combina el atraso/progreso de la medicina con un cruel retrato de una Nueva York que sigue sufriendo de muchos de esos males que la aquejaron en La Edad Dorada.

Mi primera impresión de The Knick fue de gran desagrado. Clive Owen dejó de gustarme en una interpretación que vi como una versión 1900 del Dr.  House. Un drogadicto que se pasa la noche en fumaderos de opio, y los días sintiéndose la última limonada del desierto en un hospital donde todos le rinden pleitesía y donde se da el lujo de ser racista.

En el 2013 yo sabía cero de wokismo,  Black Lives Matter y fragilidades blancas. Yo solo sabía lo que se me había enseñado desde pequeña,  que la gente se diferenciaba por modales, código moral e instrucción, no por el color de la piel. Aun así, tampoco me cayó muy bien el Dr.  Edwards (Andre Holland) que era agresivo cuando debía ser humilde y llorón cuando debía mostrarse firme y digno.



En el campo de personajes femeninos tampoco encontré nada atractivo. Lucy Nelkins (Eve Hewson, Hija de Bono de U2), la enfermerita recién llegada del campo,  me dio un poco de lástima, pero de ahí a caerme bien… Tampoco me impresionó la respondona y fumadora Sor Harriet  (Cara Seymour) y ciertamente me desagradó Juliet Rylance (McMafia, Perry Mason) como Cornelia Robertson, una ricachona que, en representación de su padre, mantiene económicamente al hospital.



El Verdadero John Thackeray

Casi una década más tarde le eché una mirada y supe reconocer que me había equivocado. No se trata de una imitación House. Clive Owen da vida a un médico que está inspirado en el célebre John Stewart Halsted. Como John Thackeray, Halsted utilizó las drogas en experimentos en los que él fue la cobaya (tal como hizo Freud). Debemos recordar que hasta entrado el siglo 20 no se entendía el fenómeno de la drogadicción; la cocaína y la morfina se vendían sin recetas; y ningún médico experimentaba con ellas para placer propio.

Halsted, como Thackeray, fue un médico brillante e innovador. Fue uno de los cuatro fundadores de John Hopkins, la mejor Facultad de Medicina de los Estados Unidos, y una de las mejores del mundo. Fue un campeón de los antisépticos, inventó la mastectomía radical, cambió el perfil de la cirugía e introdujo el uso de guantes de goma en el quirófano.

La fama y respeto que genera Thackeray, medico maverick, creador de nuevas piezas quirúrgicas, y abierto a nuevas ideas, es merecida. Eso lo hace altanero y terco. La única autoridad que reconoce y respeta es la del jefe del hospital, Julius Mannering. Cuando Julius se suicida ( deprimido después de la muerte de una paciente en el quirófano), Thackeray se convierte en jefe de cirugía.



Es ahí cuando descubre que su título es inútil, quien lo organiza todo es el “civil” Barrows (Jeremy Bobb), corrupto como el solo y económicamente quien da las ordenes es el Capitán Robertson (Grainger Hines), un ex filibustero al que Thackeray conociera en Nicaragua. Para mayor ofensa, Robertson ha delegado el poder en su hija. Es Cornelia quien obliga a Thackeray (so pena de no instalar y costear la instalación electica del hospital) a aceptar como su ayudante al Dr. Algernon Edwards. 

Junto con  ser protegido ( es hijo del cochero) de los Robertson, Edwards es un graduado de la Facultad de Medicina de Harvard y ha estado trabajando bajo las órdenes de prestigiosos médicos en Londres y País. Su gran problema es el color de su piel,  y Thackeray, altanero y racista,  no quiere un hospital inclusivo. El Knick (inspirado en el verdadero Knickerbocker Hospital de Harlem) acepta pacientes blancos solamente.

Edwards es perseguido por burlas, insultos y humillaciones por parte de su jefe, del personal médico del hospital y hasta de los pacientes. Elige quedarse porque se da cuenta que Thackeray es un genio y quiere aprender de él.  La última burla es poner al nuevo medico en una “oficina” en el sótano. Ahí con trastos viejos , el Dr. Edwards instala un dispensario clandestino para atender pacientes afroamericano.



Secretos de Hospital

Algernon Edwards pasa ser otro miembro del Knick que esconde un secreto. ¿Por ejemplo como es que Barrow sobrevive a sus tratos con mafiosos que lo endeudan hasta el punto de que como dice “robo a Pedro para pagar a Pablo”? Cuando Pedro y Pablo vienen a cobrar,  la vida de Barrow corre peligro. La mano derecha de Barrows es el camillero y cochero de ambulancia Tom Cleary (Chris Sullivan)que anda literalmente a la caza de heridos, incluso disputándoselos a otros enfermeros para traerlos al Knick. Por esa actividad extracurricular, el irlandés recibe una comisión de Barrow.

Es un secreto a voces que Cleary es a quien llamar cuando se necesita cometer algún delito. Cuando el equipo de Thackeray necesita introducirse ilícitamente en la biblioteca de Columbia en busca de un artículo de un médico francés , es a Cleary y sus ganzúas a quienes solicitan ayuda.

Será Leary quien descubra las andanzas nocturnas de la Hermana Harriet, la monja partera que trabaja a domicilio ayudando a mujeres sin recursos. El descubrimiento de las actividades, entonces delictivas, de la monja que debe ir de civil , crea una extraña sinergia entre estos inmigrantes de la Isla Esmeralda,  que combina chantaje y romance.



Por supuesto que el gran secreto es la drogadicción de Thackeray solo conocida por la tímida Lucy una enfermera que acaba de llegar a la gran ciudad desde el viejo Sur y que debe atender al mal educado medico durante una crisis. Poco a poco, Lucy se hará indispensable para el drogadicto, en el quirófano, en la cama,  y como recaudadora de drogas cuando la Guerra del ’98 acabe con el suplemento de cocaína y opio del Oriente.



Hasta Cornelia guarda secretos bajo sus corses, el de tela y varillas,  y el mental que la agobia con dudas sobre porque su padre confía más que en ella que en su hermano. Son los secretos los que crean una atmosfera opresiva y oscura de lo que debería ser un espacio de luz y progreso. 



Tras una exitosísima carrera en el cine (Erin Brockovich, Traffic y las saga de los Ocean’s Eleven ) y de convertir a su actor fetiche George Clooney en ganador dos veces del Oscar, Steven Soderbergh decidió meter mano en la televisión. The Knick es un retrato de una Nueva York que se aleja de la glamorosa imagen de la Gilded Age que nos dan las novelas de Edith Wharton y la serie de Lord Julian Fellowes.

Este retrato naturalista de la Gran Manzana nos muestra el contraste entre gente adinerada y poderosa como los Robertson y la pobreza de los pacientes del hospital. Se trata de una sociedad asfixiada por la miseria, el racismo, la criminalidad, los inmigrantes, las ratas. ¿Hablamos del 1900 o del 2023?

Jack Amiel y Michael Begler que nos regalaran la excelente primera temporada de Perry Mason, han sabido crear un relato naturalista y hasta cierto punto sórdido sin llegar al tremendismo de The Alienist que después de todo trataba de los crímenes de depredadores sexuales.



The Knick que recibió un Emmy y varios premios Satélite,  aparte de varias nominaciones a otros galardones, nos recuerda la excelente serie inglesa Casualty 1900 y representa como dice mi título el lado más oscuro de La Edad Dorada. Puede verse en HBO/Max. 

Contenido Violento y Gory: Cada operación es para cerrar los ojos o vomitar. Casi tanto como las heridas o los métodos de los hampones para cobrar.  La peor escena para mi es cuando un cobrador le arranca una muela a Barrow diciendo que la guarda como “colateral “hasta que le pague su deuda.

Contenido Sexual y Desnudos:  Muchos cadáveres desnudos y azulencos, nada muy sexy. En el tercer episodio vemos un topless de una prostituta y más adelante un desnudo total de Rylance. Varias situaciones sexuales, pero ninguna de al gusto o muy gráfica.

Factor Feminista: Las mujeres de la obra están divididas entre víctimas y las que intentan salir de la esfera patriarcal. Al comienzo creí a Thackeray un misógino, pero pronto su delicadeza al tratar a Abby, su gentileza con la pequeña Cora,  y el respeto a regañadientes que les da a Peggy y a Cornelia,  me hizo ver mi error. Vemos a las mujeres ser víctimas de sus esposos que les contagian enfermedades silenciosas como la sífilis que destruye el rostro de Abby,  o de sistemas psiquiátricos que también las destruyen en vez de curarlas como ocurre con la esposa de Everett. Incluso vemos que la Hermana Harriet,  con sus abortos clandestinos,  y Cornelia,  que supuestamente representa el poder patriarcal de su padre,  caen presas de las trampas de su sexo y del juicio de hombres que quieren someterlas.



Factor Diversidad: Creo que de todos los drama de época estadounidenses de este siglo, The Knick se lleva el premio del más diverso. No solo tenemos un retrato del racismo que debe enfrentar un profesional afroamericano a principios del siglo XX. El libreto además sabe alejar a Edwards de esquema de víctima y crear un personaje de carne y hueso capaz de escribir artículos en francés para publicaciones médicas, serle infiel a su esposa negra con una mujer blanca;  y de defenderse con sus puños cuando la oratoria no es suficiente.

En el dispensario para gente de color que Edwards instala en el sótano del Knick vemos pasar a varios ejemplos de la clase humilde afro-neoyorquina, incluso a un cubano. Vemos como Edwards entrena un par de lavanderas negras y las convierte en enfermeras de cirugía,  y vemos como el talento de un hombre trasciende su color y consigue el respeto y protección de un Robber Baron como el Capitán Robertson.

El segundo grupo étnico más representado es el irlandés. Como nos han mostrado The Alienist y Warrior, en la USA del siglo XX y comienzos del XX,  los irlandeses servían solo para dos profesiones:  maleantes y policías. Aquí tenemos gánsteres irlandeses, pero dos personajes superan estereotipos: la monja Harriet y Tom Cleary que, aunque dado a ganarse unas monedas de mala manera es buen ejemplo de las pocas oportunidades que tuvo su gente.



Aparte de los Hijos de Erin, tenemos también judíos. Los vemos de pacientes del Knick y como Bertie (Michael Angarano)  le cuenta a su padre,  el idioma que ahora deben aprender los médicos es el yiddish. En la primera temporada tuvimos apariciones esporádicas del Dr. Levi Zinberg,  cirujano del Hospital Mount Sinaí,  uno de los hospitales más antiguos de USA. Mount Sinaí fue fundado en 1852 por un judío ortodoxo llamado Sampson Simpson,  como un espacio donde se podía atender pacientes de origen hebreo que eran rechazados por hospitales “para blancos”.

Zinberg se convierte en enemigo del cada vez mas paranoico Thackeray que lo ve como su rival. El médico judío atrae a Bertie Chittering a Mount Sinai, donde el joven interno no solo encuentra otra manera de ejercer la medicina, también consigue novia judía ante el asombro de su familia.

El Lejano Oriente está representado por pacientes del fumadero de opio de Ping Wu, al que Thackeray es asiduo y las prostitutas de las cuales es cliente. Aparte, la clientela del Knick incluye italianos, y eslavos de diversos puntos de la Europa Oriental.

 

 

lunes, 6 de diciembre de 2021

Los Nenes con las Nenas: Romances Co-Ed en The New Nurses

 


Siguiendo el consejo del Gato Dezmond decidí probar suerte con el drama de época nórdico. Comencé con una serie danesa de cuatro temporadas (comenzó el 2018) y quedé gratamente sorprendida. En términos de las fórmulas que imperan en genero del period piece, The New Nurses corresponde al Esquema Panam, pero con un twist muy original que nos lleva a un hospital en la Copenhague de los 50,  a conocer a los primeros estudiantes de enfermería y a los prejuicios que debieron enfrentar al querer infiltrarse en un mundo femenino.

El título original (y que se ha conservado en castellano) es Sygeplejeskolen (escuela de enfermería).El inclusivo título ingles The New Nurses también es engañoso puesto que oculta el tema central, la entrada de varones a una profesión femenina.  Esta escuela de enfermería es parte del hospital Fredenslund y ha preparado por generaciones a profesionales del sexo bello.

En la primera temporada tenemos a Anna Rosenfeld, la niña rica, que viene a servir al prójimo como un modo de superar un desengaño amoroso. Compartirá cuarto con Suzanne, la niña pobre,  que antes de ser enfermera era niñera. En muchos sentidos, Suzanne es más despierta y decidida que la sobreprotegida Anna.



En la residencia de enfermeras, las chicas conocen a Lis, la vivaracha estudiante de segundo año, que sabe cómo huirles a las reglas y no hacerle caso a Madsen, la estricta jefa de enfermeras a quien apodan “La Bruja”. Elsa, otra enfermera, oculta tras su carácter mordaz y envidioso una relación clandestina con el Dr. Bent Neergard, el médico estrella de Fredenslund.

Neergard está casado con Nina, enfermera y maestra en la escuela de enfermería. Ese matrimonio se ha enfriado con los años y Bent la culpa a ella por no querer quedarse en casa y criar hijos. Nina sabe que su esposo le es infiel, pero acepta el estatus quo.

Nina es la única que aprueba la novedad que Margaret, la directora de la escuela de enfermería,  quiere introducir. Debido a una escasez de enfermeras,  a Margaret se le ocurre incluir varones en su programa de estudio. A pesar de las burlas y quejas, en la primera temporada vemos a seis jóvenes integrarse a las aulas. Entre ellos está el torpe Peter, a quien Anna rompe un tobillo haciéndolo cargar su pesado mobiliario; el ingenuo y muy religioso Bjorn; y Erik Larsen, un ex soldado.





Erik y Margaret comparten un vínculo. La madre del joven la ocultó cuando la Gestapo la perseguía. Erik es un buen chico, pero rebelde por naturaleza. Eso lo llevará a hacer trampas en los exámenes, tener un affaire con Nina,  y chantajear al esposo de esta. Su comportamiento incomoda a sus amigos que temen que un desliz de Erik obligue al cierre del nuevo programa. También a Anna que desde el principio se ha interesado en el rebelde enfermero.



Como todos los dramas médicos de la televisión, esta serie presenta más romance que medicina. Tenemos amores prohibidos, embarazos no deseados y mucho melodrama. Los clichés, malos entendidos, desencuentros y situaciones exageradas la acercan mucho al modelo de telenovela. ¿Por ejemplo, porque una enfermita a punto de morir se pone a contar chismes? ¿Es ese el único hospital de Copenhague que Anna debe atender a la mujer que le quitó el novio,  y Erik a su padre alcohólico?

Sin embargo, hay un twist fantástico. Debido a que los objetos de discriminación son varones, las dinámicas cambian, los hombres son los victimizados y los que le hacen reproches a Erik que ya suenan a slut-shaming.

Es interesante que sea Suzanne la que casi seduzca al casto Bjorn, pero el resultado es el mismo. Otra curiosidad es que cuando Erik descubre el affaire de Elsa con el medico jefe, se lo guarda. En cambio, cuando Suzanne escucha el chisme de la pequeña con polio sobre Erik y Nina, corre a regarlo por todos lados.



Aunque la serie sea vendida por sus líos románticos, no carece de otros méritos. En el ámbito medico hemos visto a los enfermeros atender todo tipo de casos, desde una epidemia de polio hasta ladillas (¡!!).

 La serie nos muestra cómo se manejaban los hospitales de entonces. Una sorpresa es que al parecer en Dinamarca se servían cervezas a los enfermeros como si fuesen refrescos. Y cuando el padre de Erik solicita un schnapps, Bjorn se lo encuentra en su carrito de comidas que más que alimento de enfermos, parece un bar ambulante.

También vemos como eran tratadas enfermedades que hoy tienen cura como la polio y el cáncer. De como el aborto solo era legal en casos de violación. Un detalle curioso es que para ser enfermeros (ambos sexos) no se necesitaba haber terminado la secundaria . De su clase,  solo Anna tiene estudios superiores, lo que la coloca por encima los varones del grupo. Aun así, cuando ella forma un sindicato , prefieren elegir a Peter como presidente antes que a una mujer.



Sorprende la brevedad de estudios que se exigía para estos jóvenes, algunos como Erik que ni sabían dividir, o no dominaban disciplinas como física, anatomía y química. Los enfermeros recibían sus diplomas tras un examen oral y otro escrito,  al cabo de cuatro meses de estudio. Con razón era una profesión tan despreciada. Una de las razones que esgrime el Dr. Neergard en contra de la inclusión de hombres en el programa es que, siendo el sexo feo más orgulloso,  no aceptaran los enfermeros ser la última rueda del carro con la sumisión con la que aceptan ese sitio las hembras.

                                  Los verdaderos "Nuevos enfermeros

Aparte de mostrarnos la diferencia entre la enfermería de hoy y la de ayer, también la historia es parte del libreto. En la primera temporada oímos hablar del Jutlandia, la nave equipada con personal médico que asistió, en un esfuerzo humanitario, a los heridos de la Guerra de Corea (civiles y soldados).

La Segunda Guerra Mundial es un tema omnipresente sobre todo en las conversaciones de Erik con la jefa del programa. El rencor latente , legado de la ocupación nazi, en contra de los daneses que colaboraron aparece en la primera temporada.

Llega al hospital una joven quemada que además tiene en la espalda un tatuaje de una cruz gamada. Ese tatuaje indica que, tras la guerra, la chica fue castigada por sus compatriotas por haber colaborado con los invasores. Madsen y Suzanne, cuya prima fue delatada por una colaboracionista, tratan duramente a la paciente empujándola a un intento de suicidio. Solo Anna demuestra compasión y descubre que el único pecado cometido fue enamorarse de un soldado alemán que pereció en el frente ruso.



Por último, quiero comentar sobre el hermoso paraje donde está instalado el hospital. Hay espectadores que se han quejado de lo acicalado y limpio que se ve el hospital y que esa no era la norma en Dinamarca de entonces. Yo agregaría que las escenas al aire libre siempre en tiempo soleado y con árboles con follaje no se parecen a nuestra imagen del clima y paisaje nórdicos, pero no me quejo porque tanto eso como el personal atractivo y bien vestido hacen que el aspecto estético se convierta en una virtud de la serie.

Recientemente se ha estrenado la Cuarta Temporada indicando que Los Nuevos Enfermeros tiene arrastre con el público danés. Para hacer la serie más dinámica, en cada temporada aparecen nuevos personajes y se van algunos de las anteriores. Esta combinación de nuevas caras e historias hace la serie más ágil e interesante.

Siempre hemos visualizado a Dinamarca como un país adelantado y humanitario, tal vez más que los otros países nórdico. A juzgar por lo que ocurre en el Federlund, el trato a los pacientes era inhumano y digno de médicos nazis. A una mujer le practican una histerectomía sin siquiera avisarle, o informarla que tiene cáncer. A un joven disléxico lo amenaza una esterilización disfrazada de apendectomía (la esterilización de los supuestos “retrasados” fue ley en Dinamarca desde 1930, mucho antes que en la Alemania nazi).Los pacientes son humillados, se les exige que no molesten al doctor con preguntas ‘”porque lo van a hacer enfadar”. Sin embargo, todos se ríen cuando los pacientes varones les hacen burlas obscenas a las enfermeras.

                              La "bruja"Madsen y el Dr. Neergard

Los niños son los que reciben el peor trato, y los padres son mantenidos en un limbo sin siquiera permitirles las visitas a sus hijos. No nos sorprende porque fuera del hospital también sufren sea en orfanatos dickensianos como en el que se crio Lis o en escuelas como lo descubre Erik al recibir un niño golpeado. Por eso se entiende que los enfermeros de ambos sexos estén tan dispuestos a olvidar las reglas en su empeño de ayudar a los enfermos bajo su cargo.

 Es una lástima que, por ahora, solo pueda verse en USA a través de MHz Choice que también puede “colgarse” del servicio Amazon. Curiosamente, si existe,  con subtítulos en español,  y puede ser vista en España por el Canal Sundance.

Contenido Violento o Gore: Aunque se mencionan abusos infantiles y ataques contra mujeres, ninguno es mostrado en pantalla. A pesar de mostrar procedimientos quirúrgicos hay un mínimo de sangre y no se ven vísceras o órganos expuestos.

Contenido Sexual: Muchas situaciones sexuales, pero no hay desnudos ni escenas gráficas.

                       Elsa y Bent, adulterio en los pasillos del hospital

Contenido Feminista:  el twist es que los discriminados son los varones

Diversidad: Cero diversidad cultural o racial. En la Segunda Temporada, vemos a Bjorn incomodo al tener que atender un paciente gay y también descubrimos que un personaje importante tiene tendencias lésbicas

miércoles, 11 de agosto de 2021

Los Problemas de Ser tan Woke: Cuarta temporada de In Treatment

 


La cuarta temporada de “In Treatment” y el reboot de “Gossip Girl”  tienen un vínculo en común. Ambas se adhieren a la tendencia de moda de la inclusión de personajes diversossea en color u orientación sexualy la introducción en las tramas de problemas que afectan a esas personas. Será mi “sentimiento de culpa blanco” o el racismo sistémico que existe en mi raza (la de gatas semitas cuyos ancestros eran judíos andaluces de piel cetrina), pero su famoso wokeness no me ha hecho admirar más ambas series a las que considero bien mediocres.

En la primera década del Siglo XXI debutaba en HBO “In Treatment”, la claustrofóbica descripción de una serie de sesiones de terapia. Basada en un programa israelí, “in Treatment” tenía como protagonista a Gabriel Byrne en el rol de Paul Weston, prestigioso psiquiatra que seis noches a la semana nos llevaba en un tour de su tratamiento de un paciente en particular. Para completar la historia también veíamos a Weston convertido en paciente en sesiones con su terapeuta (Dianne Weist).



“In Treatment” fue muy aclamada por los críticos, aunque a mí me aburrió soberanamente. Después de tres temporadas, cerró en el 2010. El año pasado, HBO anunció una cuarta temporada. Parecía la idea perfecta para pandemia, una historia que ocurre solo dentro de un consultorio, y HBO supo aderezarla bien. Para empezar, el Weston de Byrne no es parte de este proyecto. Se menciona que está muy ocupado en Washington asesorando sobre la salud mental de los americanos en la Era del COVID.

Psicóloga Hembra y Afroamericana

Esta temporada tenemos psicóloga hembra y afroamericana interpretada por la actriz de origen nigeriano Uzu Aduba (Orange is the New Black) El único eslabón en común con la serie anterior es que la Dra. Brooke Taylor fue discípula de Weston, que lo considera su mentor, pero que ha estado evitándolo desde hace un tiempo. En un episodio se refiere a él con amargura como “un hombre blanco privilegiado” y,  como veremos,  Brooke tiene un problema con esa especie, aunque ese sea el menor de sus problemas.



Ocurrió algo muy curioso. Yo no hubiese visto esta serie si mi hermano no fuera fan y me diera una oportunidad de compartir algo con él que no sean preocupaciones y discusiones fútiles. Comenzamos viéndola los domingos e íbamos por la cuarta semana cuando nos dimos cuenta de que en vez de dos capítulos de media hora, la serie ofrecía semanalmente cuatro. La jornada dominical que cubría dos pacientes, era seguida por una tercera sesión el lunes acompañada de un episodio dedicado nada más que a Brooke que a ratos parecía más trastornada que sus clientes.

Decidimos seguir viéndola solo los domingos y dejar la otra mitad para cuando acabase la temporada. Hicimos bien. Del modo en que conocimos a Brooke se veía como una persona vulnerable, pero profesional. De otro modo, no la hubiésemos aguantado. Como no puedo aconsejarles ese experimento voy a reseñar la serie tal como fue construida.

Brooke Taylor, 42 años, es una psicóloga reconocida (algo poco común en ese campo tratándose de una afroamericana). Debido a la pandemia decide recibir pacientes en su casa en las colinas de Los Ángeles. Una bellísima casa que pronto descubrimos fue diseñada por el padre de la Dra. Taylor y es su legado. Este arquitecto que superó la barrera de los prejuicios raciales acaba de fallecer, razón por la cual su única hija ha regresado a California y a la casa, llena de fantasmas, donde transcurrieron su infancia y adolescencia.



Eladio vs Los Blancos

 Brooke tiene tres pacientes, dos varones y una hembra. Solo uno es heterosexual, solo uno es blanco. Uno de ellos tiene sesiones típicas de cuarentena, vía zoom. Se trata de Eladio Restrepo, un veinteañero gay que, a pesar de haber ido a la universidad, sería una especie de vagabundo si no lo hubiese rescatado una pareja de clientes de un restaurante tailandés donde trabajaba. Los Di Marco son millonarios que contratan a Eladio para que cuide de Jeremy, su hijo parapléjico.

Por un lado, es una tremenda responsabilidad. Eladio no es un profesional, aunque anteriormente trabajó en un hogar de ancianos. Cuando Eladio (que les ha ocultado a sus patrones que es bipolar diagnosticado) comienza a experimentar insomnio continuo, los di Marco pagan las exorbitantes sumas que exige Brooke para que ella lo cure.



A través de encuentros vía zoom, Eladio y Brooke comienzan a establecer vínculos y el chico va abriéndole su intimidad. Le cuenta de su difícil relación con su madre que aun el haber sufrido de Covid no los ha acercado, de su reciente desengaño amoroso, su escasez de amigos y su relación con Jeremy y los padres de quien Eladio considera su amigo. Sin embargo, aunque Eladio está agradecido y siente, por primera vez, que “Los Blancos” lo tratan como a un igual, también tiene dudas sobre esa relación. ¿Es Jeremy realmente su amigo? ¿Es Eladio parte de la familia o un sirviente? También se queja de que le pagan menos que lo que le pagarían a un profesional y que lo hacen hacer cosas que no están en su descripción de trabajo como limpiar la piscina.

Yo entiendo a Eladio por qué es lo que nos ocurre a todos, aun a los profesionales, cuando trabajamos para alguien. ¿En qué momento la amistad choca con la relación laboral?  ¿En qué punto acaba uno de ser amigo y pasa a ser empleado (o patrón, porque también lo he sido)?  Debido a que Eladio es percibido como servicio doméstico, la relación cae dentro de luchas de clases, los pobres vs los ricos, pero me parece incorrecto que el cuento del privilegio tenga que venir teñido de racismo.

Por el apellido deducimos que los Di Marco son italoamericanos. Posiblemente sus ancestros fueron inmigrantes del Sur de Italia. Si Eladio fuese al sur de la península italiana vería que la gente físicamente no es diferente a él, con piel de tono cappuccino, ojos claros y cabello ensortijado. Ese empeño en hacernos a los latinos ser gente de color es a veces un poco forzado.



Al no rebatir esa acepción de que los di Marco son patrones abusadores debido a su privilegio, Brooke comete un error y no es el único ya que ha permitido que Eladio al llamarla fuera de horario de trabajo sobrepase los límites impuestos por relación terapeuta-paciente. La respuesta está en el capítulo semanal que la serie dedica a la vida personal de Brooke.

El Pasado de Brooke

En el primero de esos, la Dra. Taylor recibe la visita de Rita, (al parecer) su única amiga. Ahí descubrimos que ambas son parte de Alcohólicos Anónimos y que la psicóloga ha abandonado su programa de rehabilitación. Brooke confiesa que ha sido traumático tanto la muerte del padre como el haber heredado esta casa que le recuerda a la madre alcohólica que murió cuando la Dra. Taylor tenía diecisiete años. La casa también le recuerda su difícil relación con un padre que cifró todas sus ilusiones en su única hija. Ilusiones que acabaron cuando Brooke fue madre soltera los quince años.



Aparte de forzarla a entregar a su hijo en adopción, el padre nunca volvió a tratar a su hija con respeto, ni siquiera cuando ella se graduó con honores de Stanford. El volver al hogar paterno obligó a Brooke a enfrentar el hecho de que había existido un distanciamiento total con su padre tanto que ella desconocía cambios en la vida del arquitecto desde su afición a programas de cocina hasta la pareja que compartió los últimos años de su vida.

Irritada y desolada, Brooke siente que su instinto maternal despierta y se pone a buscar al hijo perdido. Los fracasos en esa empresa la empujan más a la botella y a ampliar su relación con Eladio. Adam, su pareja esporádica de décadas, cree que la solución está en escribirle a la cigüeña, pero Brooke no quiere un bebé. Quiere un hijo adulto, o el perdido alrededor del cual inventa fantasías, o Eladio. Para Rita el gran problema está en que Brooke no quiere rehabilitarse. La Dra. Taylor se miente a si misma creyendo que puede dominar su alcoholismo.

Un día, Eladio aparece en la puerta de Brooke. Está feliz, ha mandado al carajo a los di Marco. Está desempleado, durmiendo en un sofá de una amiga, y viviendo de sus magros ahorros, pero muy agradecido con su “mamita” que le aconsejó dar ese paso. En vez de enviarlo de regreso con los di Marco para negociar mejores condiciones o al menos despedirse como gente, Brooke reacciona escandalizada asegurando que jamás aconsejó al paciente abandonar su empleo..



Ese es un rasgo desagradable de la Dra. Taylor, su incapacidad de aceptar responsabilidad por sus actos. Hace creer a Rita que es Adam quien la hace beber, cuando él mismo dice “nunca te he servido una copa que no me hayas pedido”. Por conversaciones con Rita, y el mismo Adam, descubrimos que lo que está pasando no es nuevo. En el pasado, la psicóloga tuvo recaídas que acaban en sexo con extraños, y accidentes automovilísticos.

En el pasado, muchas veces Brooke ha abandonado a Adam para luego ser ella quien le pide que regrese, algo que él siempre hace. Desde mi punto de vista, es Adam quien está en una relación toxica, no ella quien puede usarlo de compañero de cama y bar, sin sentirse ni comprometida ni amenazada. Mas importante, él no la hace sentirse inferior ni cuestionada como lo hacía su padre o Paul Weston a quien Brooks ha estado evitando. La extraña manera de la Dra. Taylor de relacionarse con el sexo opuesto queda en evidencia con Colin, su segundo paciente.



El Tóxico Encanto de un Blanco Privilegiado

Un embaucador profesional, Colin ha sido condenado a un año de cárcel por estafas tecnológicas. En prisión descubre que su labia no lo protege y tras unas peleas con otros presidiarios su sentencia es alargada dos años más. Eso lo hace sentirse una víctima. Aunque está en libertad bajo palabra, la corte no está segura de que el bandido no represente un peligro para la sociedad y para sí mismo. Será Brooke la que tenga la misión de decidir el destino de Colin a través de un determinado número de sesiones.

Sabiendo que ella tiene su futuro en sus manos, Colin intenta congraciarse con Brooke. Le cuenta que es un liberal que se crió en una comuna de hippies y que está horrorizado con lo ocurrido con George Floyd. Pronto Brooke se da cuenta que Colin es un narcisista y un mentiroso patológico. Cuando lo expone como tal, el paciente reacciona atacándola con comentarios sexistas y racistas. No se sabe cuándo es más insoportable el pobre Colin.



A pesar de la mala opinión que tiene de las mujeres, Colin admite seguir enamorado de su ex esposa y Brooke lo anima a contactarla. En su próxima sesión, Colin se ve transformado. Su esposa respondió su email, acepta verlo, él quiere que lo acompañe a la próxima sesión. Aunque Brooke tiene sus dudas, acepta. El día indicado llega un Colin entusiasmado, insiste en esperar a Hannah, se pone nervioso con su tardanza. Finalmente sale a la calle. Rompe el corazón ver su desolación. Vemos que Brooke está conmovida. Hannah nunca llega.



Ya adentro estalla la bomba, tras un interrogatorio, Coín confiesa. Su mujer no vendrá. No quiere nada con él. Ha vuelto a casarse y tiene lo que más desea, espera un hijo. Brooke se sorprende.  ¿Por qué Hannah no tuvo un hijo con Colin? Aquí llega la guinda del pastel. Colin tuvo una vasectomía en su juventud y no tuvo la delicadeza de contárselo a su mujer que se casó llena de esperanzas de ser madre. Él le siguió la corriente en cuanto tratamiento médico o holístico intentó su esposa. Dejó que se llenara de ilusiones, que se sintiese humillada por creerse estéril. Con razón, al descubrir la verdad, lo abandonó.

Brooke está  boquiabierta y nosotros también. No hay palabras para cerrar esta confesión. Sin embargo, la terapeuta acepta volver a ver a este paciente tan reprobable. Solo que Colin regresa antes. Una noche en que Brooke está allí con su traguito nocturno, aparece Colin en la puerta. Paseaba por ahí… ¿Como va a andar paseando de noche por un lugar aislado de las colinas angelinas? ¿Quiere que se lo coma un coyote?

El caso es que Colin necesita un baño. Lo primero que nos aconsejan cuando nos vamos a vivir solas es a no caer en el cuento de “necesito un baño”, pero Brooke peca de ingenua y deja entrar a este delincuente poco recomendable. Después de dejar hediondo el baño, Colin sale y anuncia que se quedará ahí hasta que llegue un Uber que pronto descubrimos-nunca ha llamado-. Brooke insiste en que espere afuera. Colin insiste en quedarse.

Comienzo a ponerme nerviosa. La Dra. Taylor comienza a ponerse nerviosa. Y entonces…¡Aparece el Chapulín colorado! Entra Adam (con su llave) cargando bolsas del mercado. La reacción sensata seria que Brooke presente a Adam como su pareja y a Colin como “este es Colin,  ya se iba”. Pero no,  las exigencias combinadas de Mituteras y BLM es que ningún hombre blanco debe defender a una mujer de color, ni siquiera de los acosos de otros blancos.

Por eso la psicóloga le ordena al novio que se vaya al cuarto como un niño regañado. Acto seguido, hace que Colin llame un Uber, lo instala en un sofá, le sirve una copa, ¡ella se sirve otra y se le acurruca al lado! Guau! pero yo he hecho eso y es un preludio para meternos entre las sabanas. Colin lo entiende así, se toma su tiempo, se instala a sus anchas y comienza a contar su vida, las oportunidades perdidas, su deseo de reforma.



Brooke lo interrumpe con ronroneo de gata alcohólica y dice que no hable de oportunidades perdidas. Él es un HOMBRE BLANCO HETEROSEXUAL PRIVILEGIADO, “El mundo fue construido para ti…sin obstáculos. ..solo tu pereza e inseguridad”. Todas las oportunidades son suyas si no las ha aprovechado es porque es tonto. Ella quiere derribar todas las estatuas de hombres blancos porque su “filantropía es un modo de lavar la sangre de sus millones”.

Este magnífico discurso woke casi hace llorar a Colin. Lo salva la llegada del Uber. Adam sale del cuarto y confronta a Brooke sobre el modo en que lo ha tratado. Su amante se burla acusándolo de estar celoso. Brooke está eufórica. En una sola noche ha humillado a dos hombres blancos. ¿Es esa la venganza de la mujer de color? Pues no me parece ni muy humana ni muy profesional.

Colin regresa a la semana siguiente y Brooke lo recibe contenta y con disculpas. Algo que es común en la Dra. Taylor. Caerle a la gente con patadas de elefante para luego pedir excusas que suenan falsas. Colin ni se acuerda , está muy contento. Ha conseguido un nuevo proyecto, nuevos inversionistas. hasta le ofrece un empleo a Brooke. Y como entendió todo como yo lo hubiera entendido, trata de besarla. Entendió que Adam no es importante para ella, la Dra. Taylor necesita un hombre como él.



 Brooke reacciona escandalizada. Colin la insulta y, aun así, Brrooke está dispuesta a seguir atendiéndolo como requisito para declararlo cuerdo. La actitud de Brooke está abierta a muchas interpretaciones, ninguna muy buena, pero los críticos, embobados con este retrato de poder negro, lo ven como “un desafío profesional” para la psicóloga. ¿Perdón? En psiquiatría ningún paciente puede verse como desafío. Además de inhumano,  es poco ético.

Lo que pasa es que, si Eladio es el hijo perdido, Colin es como un reflejo de la dificultad de Brooke de enfrentar realidad y ser honesta consigo misma. Incluso en sus relaciones, ella es tan marrullera como el delincuente. Toda la temporada se la ha pasado haciéndole creer a Adam que van a encargar un bebé, incluso pidiéndole que no use métodos anticonceptivos. Pero como le lanza en la cara en el último episodio, está tomando la píldora del día después.. ¿Acaso no es lo mismo que Colin hizo con su mujer?

Laila, la Princesita Victima

La única vez que siento lástima por la Dra. Taylor es cuando le toca atender a la odiosa Laila una “princesa de ébano” de 18 años llena de actitudes de privilegiada (basta ver su vestuario que eclipsa a la nueva versión de “Gossip Girl”), de actitudes burlescas y de acusaciones de militante woke. La trae su abuela que ha fungido como figura materna desde que la madre de la chica abandonó a la familia para irse con un blanco.



Rhonda, (la abuela) la presenta de esta manera “mi nieta ha elegido ser lesbiana”. Aunque Brooke estúpidamente cree que Rhonda quiere aplicar terapia de conversión a Laila, yo escuché claramente cuando la abuela expresaba un deseo  de  que la terapeuta “armara” a la nieta con algunas tácticas con las que sobrevivir el vivir sola ya que Laila va camino a la universidad.



Ciertamente, las chicas gays sobreprotegidas pueden ser objeto de acoso y cosas peores en los dorms, pero también las mocosas antisociales como Laila que admitirá que es una inútil. Eso va desde no saber cocinar hasta no saber manejar su dinero y su vida,

Laila comienza agrediendo a Brooke:  “debes tener como 70 años. ¿No?” luego le rebaja la edad a 50. Brooke muy paciente confiesa tener 42 años. Laila despectivamente dice saber que hay algo oscuro en el pasado de su psiquiatra. Brooke le cuenta sobre su hijo, pero Laila no demuestra compasión. Cuando se vive como víctima no hay espacio para sentir lástima por otros.



Finalmente, Laila sale con el discurso de Greta de que Brooke y su generación han destruido el medioambiente e invitado a calamidades mundiales. Me ha sorprendido que Brooke no la reprenda cuando a otros pacientes lo has regañado y gritoneado.

Yo estoy harta de estos mocosos ignorantes. Tal vez Brooke se sienta culpable,  yo no. Desde 1990 que reciclo, no recuerdo desde cuando milito a favor de los animales. dejé de usar aerosoles,  por años fabriqué mis propios cosméticos y mientras tuve dinero,  doné a no sé cuántas causa ambientalista conociera desde “Salven al Amazonas” hasta “¡No maten a  las focas!”

Incluso en los 80s mi madre cultivaba sus propios vegetales para evitar químicos insalubres. En los 60,  los hippies nos hicieron tomar conciencia de una vida más sana y natural. No quiero seguir porque vamos a llegar a toda la preocupación nazi por el medio ambiente. Me irrita que la militancia medioambientalista juvenil seacomo en todoagresiva sin necesidad. Que se base o se enfoque en cosas equivocadas, en vez de revisar la historia del movimiento y ver donde se falló y que estrategias hay que descartar.



Pero lo que me ofende (y aunque tenga 62 años si puedo ofenderme) es que esta cría ignorante, hostil y maleducada se defienda atacando a otros. Pronto descubrimos que Laila , además de embustera profesional , es una delincuente que alardea de su intensa vida sexual con una quinceañera (ilegal en California) que pretende llevársela a los altos de Machu Pichu (lo que sería considerado secuestro siendo la novia menor de edad). Brooke se pasa de diplomática y con eso parece aprobar el comportamiento de su paciente.

La excepción ocurre cuando los lamentos de Laila  la llevan a pensar que contempla suicidarse. Le pregunta y la  reacción de Laila es apoteósica.  Le lanza un “How dare you (¿Como te atreves?) sacado de la boca de Greta Thurnberg (si los adolescentes supieran lo ofensiva que es esa pregunta…). Sin embargo, lo próximo es que Rhonda se aparece en la puerta de Brooke.  Laila ha desaparecido, antes rompió con su noviecita porque a pesar de su corta edad, esta es más madura y vive en el mundo real.

Brooke vuelve a caer en la trampa de Laila. Hace que la abuela llame a la policía, que busquen a la chica que posiblemente se ha aventado de alguna colina. Brooke insiste en culpar a Rhonda (y sus castigos corporales) por los problemas de su nieta, cuando ella misma ha hecho caer a su paciente en el rol de victima-ya-asignada por ser hembra y negra (Si, con un Bentley del año).



Es entonces que la psiquiatra recibe una llamada de Laila. Esta en Perú  (Perú, Indiana probablemente). Brooke está  extasiada. Laila se ha atrevido a hacer lo que la psicóloga no hizo a su edad. El que Laila esté en un país con un desbocado índice de COVID, con una situación política muy frágil , y que ni siquiera sepa el idioma, carece de importancia. Tal como Brooke vive de sueños (su hijo la amará apenas la conozca,  puede dejar de beber en cuanto quiera,  jamás ha coqueteado con Colin, etc..) lo de Laila no pasa ser una fantasía.



Como diría mi madre:  “cuidado con seguir consejos. Las consecuencias nunca las paga quien aconseja”, Brooke se las ha arreglado para que Eladio pierda el empleo, Laila esté perdida en Sudamérica y, sin embargo, ha firmado papeles para que Colin siga libre y estafando al prójimo. Como que no me gustaría que fuese mi terapeuta. Cuando la abuela de Brooke comenta que la razón por la cual hay pocos sicólogos afroamericanos es porque su propia gente no confía en ellos, yo les doy la razón.

Esa noche, Adam hace un chiste de que Laila como la Dra. Taylor “abandona cosas”. Brooke se molesta como suele hacerlo cuando le dicen la verdad. Le espeta al amante una pregunta tendenciosa “¿que ves cuando me miras? “ Incomodo, Adam responde “tristeza”. Temeroso de haberla molestado,  intenta arreglarlo con un pésimo chiste sobre como espera que su hijo no herede esa tristeza.

Furiosa, la psiquiatra le escupe en el rostro que no habrá hijo. “ni tu ni yo podemos tener uno” y le revela lo de la píldora del día después. Acto seguido huye a su cuarto tal como se ocultó en el baño cuando la conversación con Eladio la incomodó. ¿Qué tipo de terapeuta es esta que se oculta de sus pacientes?



 Adam lava los platos, pero necesita hablar de lo ocurrido. Brooke finge tener sueño, pero él la obliga a escucharlo. Es ella quien lo ha abandonado muchas veces para luego buscarlo. No lo ha hecho ni por amor ni porque él sea un buen compañero de copas. Lo  que pasa es que es el hombre perfecto para Brooke porque es menos que ella, gana menos, es menos inteligente y eso la hace sentirse poderosa.

Brooke insiste en que no es cierto, hacen el amor, pero a la mañana siguiente, ella empaca las cosas de Adam. Se supone que es un signo de empoderamiento: la mujer de color se desliga del hombre blanco, ¿pero cuánto tiempo durara esa separación? Ya sabemos que estas estas expulsiones periódicas son  un patrón de comportamiento en la Dra. Taylor. Tal como cuando llama a Rita para regresar a Alcohólicos Anónimos, no sabemos cuánto tiempo durará ese deseo de rehabilitarse.

La serie me ha dejado muy mal sabor de boca.  No me gusta que pongan personajes étnicos negativos, menos si estamos en una era de reconocimiento de logros y aportes de gente de color. Brooke Taylor es retratada no solo como una persona inconexa y extraviada. También como una mala profesional, al menos sin mucha ética. He visto psicólogas criticar en línea su comportamiento.



En Jung at Heart hasta han notado que cuando cita a Jung lo hace mal. Es parte del cuadro de la personalidad de Brooke que quiere aparecer culta, que sueña con descubrir que su hijo es novelista, que lee a Bolaños, y que comenta con Eladio como la conmovió la Cándida Erendira. Bitch, Please!

Meditaba sobre el objeto de una serie que no logra hacernos simpatizar con la protagonista cuando encontré este artículo que lo explica todo . En Refinery 29, Kathleen Newman-Bremang demuestra que el personaje de Uzo Aduba se aleja del estereotipo de la ‘terapeuta negra” que está ahí para ayudar y “Salvar” blancos.  Con ella se elimina esa idea de que los médicos negros deben rescatar a blancos. Newman-Bremang rechaza este estereotipo ligado al de “la amiga negra” y lo asocia con el odiado trope del “negro mágico” que nos lleva al viejo cliché de la Mammy.



Por un lado, me horrorizan estas teorías segregacionistas. ¿Qué pasaría si ningún blanco quisiese atenderse con un profesional de color? ¿O si volviéramos a los tiempos en que médicos blancos se negaban a atender a negros? Por otro, es una ironía que la cultura woke insista en integrar al colectivo afroamericano a la sociedad “blanca” demostrando que los estereotipos de pobreza, ignorancia y delincuencia no son la norma que defina a la gente de color. Todo para que su misma gente se lo impida exigiendo distanciamientos sociales entre las razas.

HBO creyó “modernizarse ‘y “modernizar” una serie que trataba sobre las trampas, peligros, pero también méritos,  de la psiquiatría. El embutirle mensajitos contradictorios que solo sirvieron para confundir al público,  termina en un resquemor de poner nuestras vidas en manos de profesionales que necesitan de terapia o que anteponen sus complejos raciales antes que las necesidades del paciente.

 

jueves, 1 de abril de 2021

QBVII y Out of the Ashes: el médico como criminal de guerra (Televisión del Ayer)

 


Primer anuncio.  Debido a la Pascua judía y a Yom-Ha-Shoah, abril es considerado en Estados Unidos e Israel como el mes de la herencia judía, así que este 2021 lo dedicaré a series y telefilmes relacionados con el Holocausto. Ya advertidos, pueden huir o seguir, pero conociendo los riesgos.

Comenzamos el Mes del Holocausto con la primera…mmm es muchas primeras. Fue la primera miniserie en tratar el tema (cuatro años antes que la seminal “Holocausto”), fue la iniciadora de la Edad Dorada de las Miniseries estadounidense y es uno de los primeros, poquísimos, estudios en la ficción del tema de la experimentación médica nazi en los campos de concentración.

Inspirado en un Caso Real

En 1964, el famoso autor León Uris (Exodus, Topaz, Trinity) se vio involucrado en una batalla legal. Wladislaw Derrng, un médico polaco nacionalizado británico, lo acusó de difamación. En un párrafo de Exodus, refiriéndose a experimentos médicos en Auschwitz, Uris aseguró que Derring había practicado operaciones sin anestesia.



El juicio fue un verdadero circo. Los exasperados jueces fallaron a favor de Derring exigiendo de Uris que pagase la mínima suma de un penique y medio al facultativo. Inspirado en esta experiencia, el escritor publicaría en 1970 QBVII, el titulo se refiere a la sala de la corte donde se llevó a cabo el juicio. Sería el segundo libro de León Uris en alcanzar el primer lugar de superventas del New York Times.

En abril 1974, la ABC presentó, en dos noches consecutivas, la adaptación del bestseller. Era una caja de expectativas y dudas. A pesar de que había sido un super éxito en las librerías, la idea de un drama legal de seis horas no parecía muy fascinante. El público estadounidense estaba acostumbrado a telefilmes, pero pasarse tres horas en dos noches consecutivas ante la pantalla parecía excesivo. Y luego la temática. ¿A quién le interesaba ver algo tan triste y sórdido como judíos convertidos en conejillos de indias en campos de concentración?



Esa primavera, “QBVII” se convirtió en la favorita de público y críticos, recibiendo 11 nominaciones al Emmy y ganado seis incluyendo premios para Juliet Mills y Lee Remick que interpretaban a la esposa y la amante de Abe Cady (el alter ego de León Uris). Lo que a mí me sorprendió cuando la vi en reposición en el 76 es que nadie notase que el mejor actor del reparto era un inglés desconocido, entonces llamado simplemente Anthony Hopkins, quien daba vida al Dr. Adam Kelno.



Dos décadas más adelante, la gente recordaría esta serie por “la primera vez que vi a Tony Hopkins actuar” pero, además, “QBVIII” haría historia al ser la primera serie limitada, o como se la llamaría desde entonces “miniseries”.  En el futuro se la presentaría en un formato de tres episodios de dos horas cada uno. Así la vi en la semana de Passover del 78. Es que, además, “QBVII” sentaría el precedente de abril como mes de series judías o del Holocausto, ya que había introducido y preparado al público sobre este tema tan difícil de tratar.

¿Pero de que va la historia y qué la hace tan fascinante? Para empezar, pueden verla en inglés en Tubi o en YT, con subtítulos aquí.

El Buen Doctor Kelno

La serie comienza a media res, en tiempos modernos a comienzos del juicio. De ahí pasamos a un flashback a 1946. Adam Kelno, un joven médico polaco, tras sobrevivir al campo de exterminio de Jadwiga, logra huir de la Polonia comunista y radicarse en Inglaterra. Allá se casa con la enfermera Angela (Leslie Caron). Aunque tienen un hijo y Adam establece una práctica médica en Londres, Angela siente que no conoce realmente a su marido quien se rehúsa a compartir con ella su pasado.



Un día, la policía irrumpe en el hogar de los Kelno y arresta a Adam. El gobierno polaco exige su extradición por crímenes en contra de la humanidad. Se le acusa de haber asistido en una serie de operaciones destinadas a estelarizar a judíos durante su estadía en el campo de concentración de Jadwiga.

Adam le asegura a su esposa que todo es mentira y ella le cree. Antes de dejar que lo extraditen, el gobierno británico hace una investigación legal. Solo se consigue un testigo, un judío asustado y avergonzado, que durante un careo con Kelno no lo reconoce.



Aunque el Dr. Kelno ha quedado libre, teme que siga la persecución por parte del gobierno polaco. Se lleva a su familia muy lejos de Europa. A Adén, entonces un protectorado británico. Kelno insiste en esconderse más lejos y acaba en un hospital de campaña en una zona inhóspita del desierto. Ahí se dedica a atender a la población beduina.


A pesar de la presión del gobierno británico, a la que no le agrada que se gasten recursos en los nativos, Kelno se granjea la amistad de los jeques beduinos y pronto se hace de una reputación humanitaria gracias a su tratamiento de esas poblaciones nómadas. El gobierno británico es obligado a reconocer sus méritos y la Reina lo nombra caballero.

La Epifanía de Cady

De ahí, de una manera un poco abrupta, saltamos a la biopia de Abe Cady (Ben Gazzara). A fines de la Segunda Guerra Mundial, y tras servir en la Real Fuerza Aérea, Cady, un judío de Filadelfia se casa con Samantha (Juliet Mills), la enfermera que lo atendió cuando estaba herido. Aunque Samantha es cristiana, e hija de un aristócrata, está dispuesta a convertirse a la religión del marido, pero Abe no tiene ninguna inquietud religiosa. De hecho, se burla de su padre, Morris (Joseph Wiseman), por seguir apegado a creencias antiguas.



Los Cady se instalan en Beverly Hills y Abe comienza una carrera como guionista de Hollywood. Samantha tiene un hijo, Ben (Kristoffer Tabori), y su suegro viene a vivir con ellos.  Pasan diecinueve años. Abe es inmensamente exitoso (dos Oscares) pero muy insatisfecho y solo sabe hacer infelices a los demás. Ha caído en el mundo de sexo y fiestas hollywoodense. Desprecia lo que escribe, desprecia a su esposa y a su padre que intenta aconsejarlo. Es hasta antipático con su amante de turno.



Lo extraordinario es que en el 2021 he experimentado el mismo estupor que sentí en 1976 ante el grado de toxicidad que Ben Gazzara le imprime a su personaje. No es culpa del actor. Así lo escribió León Uris en su libro. El lector se preguntará cómo se puede empatizar con un protagonista tan insoportable. La respuesta es que el autor no quería que quisiéramos a un personaje que es un instrumento, no un héroe..

Para tratar de salvar su matrimonio, Los Cady se van a Londres. Morris hace Aliyah. En Londres, Ben se echa una nueva amante Margaret (Lee Remick) y Samantha decide divorciarse. En Jerusalén, donde ha ido al funeral de su padre, Abe Cady tiene una epifanía. Comienza a interesarse en su religión, reza en el Muro de los Lamentos y visita el museo del Holocausto de Yad Vashem. Pasan cuatro años. Cady se ha instalado en Tel Aviv y está dedicado a escribir el libro que deseaba su padre que escribiera. Su hijo Ben se le une y se enrola en la fuerza área israelí.



Entretanto, y ya convertido en una figura respetable Adam Kelno y su familia retornan a Inglaterra donde Stephen (Anthony Andrews) comienza a estudiar medicina. A pesar de su prestigio, Sir Adam prefiere seguir trabajando con la gente pobre y Stephen se convierte en su asistente.  Todo va bien hasta que Lady Kelno lee El Holocausto de Abe Cady y encuentra una nota incriminatoria sobre su marido, la vieja acusación.

Fuera de sí, Sir Adam decide demandar al escritor. A pesar de las suplicas de familia y abogados de solo exigir una disculpa pública de Cady, Kelno se empeña en llevarlo todo a sus últimas consecuencias. El publicista (y único amigo) de Cady también le aconseja no ir a juicio. El costo será exorbitante, pero Abe Cady tiene suerte. Aunque hace cuatro años rompió con Margaret, reanuda su relación con ella. Entretanto, ella se ha casado con un aristócrata que la ha dejado viuda y millonaria. Lady Margaret pone su fortuna a disposición de su amante.



Una Batalla de Egos

No voy a meterme con el juicio que es la raison d’etre de libro y serie, solo enfatizar que “QBVII” nos hace ver que esta lucha titánica entre dos egos no es una búsqueda de justicia sino un ejercicio en arrogancia. Apoyado por el dinero de Margaret, Abe Cady viaja desde Israel hasta Polonia en busca de testigos que lo ayuden a vencer a su enemigo.

 Nunca sabemos de donde nace su fe en la culpabilidad el Dr. Kelno. Solo vemos que para ganar el juicio está dispuesto a hacer tratos con funcionarios comunistas y a obligar a testigos a exponer su tragedia pasada ante el público sin importarle cuan humillante sea esta. De hecho, ni siquiera está presente cuando las víctimas de los experimentos prestan testimonio.

Cady está en Polonia donde amenaza a una sobreviviente con la tortura de la policía comunista, con el recuerdo de sus padres muertos y finalmente, con la ira divina. Luego arrastra a otro sobreviviente a revivir los horrores del campo de Jadwiga donde estuvo prisionero. Cuando este suplica que lo proteja de la policía comunista “¿Señor Cady, puede ayudarme? Creo que no es como ellos” el escritor le responde socarronamente “No apostaría en eso”. En su soberbia necesidad de prevalecer, Cady atropella a las victimas con la misma desconsideración empleada por los nazis. El Holocausto pasa a ser un abstracto y los que lo experimentaron meros peones en un tablero de ajedrez.



Kelno comienza y termina aduciendo que practicó esas operaciones para evitar que los pacientes fuesen operados por los brutales ordenanzas de la SS. Paulatinamente va revelándose como un cobarde, mentiroso, y también arrogante, pero sigue cayendo mejor que Cady. La serie juega con nuestras percepciones de ambos personajes, pero nunca nos engañamos con el escritor.

Es como si Uris detestara a Cady. Si pensamos en que le ha impuesto algunos rasgos biográficos propios (Uris también sufrió de una “conversión” en Tierra Santa que lo llevó a interesarse en el tema judío) es como si quisiese autocastigarse por no haberse sentido judío antes.  Lo que he encontrado en “QBVII” es una pregunta muy contemporánea ¿En qué consiste la identidad judía?

Hoy la mayoría de los judíos en los medios, o prominentes en otros campos, creen que se puede ser judío sin tener religión, ni apego a Israel ni siquiera conciencia del Holocausto. Ese es Abe Cady, el problema es que aun cuando intenta adquirir una identidad judía no lo hace de manera creíble. Nunca llega a compenetrarse con su pueblo.



Leon Uris nunca llegó al exceso de su protagonista quien se autodefine como “antisemita”. Por eso es por lo que lo castiga duramente. Al final de la serie no sabemos quién es más culpable ¿Kelno o Cady, Solo sabemos que ambos, en este duelo de egolatrías, han acabado perdiendo lo que más amaban.

Aunque mucho del libro no llega a la televisión, uno de los momentos más terroríficos es cuando la Dra. Parmentier (Dame Edith Evans) relata los experimentos del médico SS Voss para convertir a la gente en robots obedientes. Una madre y una hija son atadas a diferentes sillas eléctricas. Se le exige a la hija que le aplique 50 voltios de energa ía la madre. cada vez que la hija se rehúsa, le aplican a ella choques eléctricos. La hija acaba matando a la madre.



Durante toda la miniserie, mis padres y yo militábamos em el bando de Kelno, pero en la recta final, mi madre se volvió en contra del personaje. En cambio, mi padre siguió pensando que la culpabilidad de Sir Adam era la misma que la de la niña que había electrocutado a su madre. Con el tiempo, yo me he dado cuenta de que Kelno actuó motivado por otros factores, pero mi duda persiste. ¿Fueron los médicos-prisioneros cómplices de los nazis?  ¿Pudieron evitar los experimentos?  ¿Actuaron siempre motivados por la salud del paciente?

Una Heroína Olvidada del Holocausto

La mayor virtud de “QBVII” fue traer la atención del público hacia el poco conocido tema de los experimentos médicos nazis. Yo los conocía porque mi madre me había contado sobre ellos, y porque en la escuela nos enseñaron “Noche y Bruma”, el documental de Alain Resnais sobre Auschwitz. Aunque hoy se sabe que esos experimentos se llevaron a cabo en otros campos como Struthof en Alsacia, Ravensbruck, el gran campo de mujeres, y Dachau, siempre la imaginación popular los asocia con Auschwitz y el Dr. Mengele. Lo que nos lleva a otra figura médica, la Dra. Gisela Perl.

El movimiento MeToo se infiltra en todos los aspectos culturales posibles y el Holocausto no ha sido una excepción. La queja mitutera es que el patriarcado representado por historiadores judíos ha opacado y ocultado la experiencia femenina. Sea por descuido o por proteger la modestia de las sobrevivientes, muchas de las singulares revelaciones de mujeres no han salido a la luz. A regañadientes tengo que concordar con la postura mitutera de que el Holocausto se vive de manera diferente de acuerdo con el género de quien lo experimentó.



Curiosamente, la primera literatura de sobrevivientes publicadas después de la guerra vino de mujeres. Olga Lengyel publica 5 Chimeneas en 1946, el mismo año en que se publica E Questo e un Uomo de Primo Levi. En 1948, Gisella Perl publica en USA I Was a Doctor in Auschwitz, siete años antes de la publicación de Noche, la primera obra de Sir Elie Wiesel, y un año después de la publicación del Diario de Ana Frank. El Diario sigue siendo el libro más leído sobre el Holocausto, pero las obras de las Doctoras Lengyel y Perl han sido semi olvidadas.

Sin embargo, en el 2003, Showtime decidió filmar el libro de la Dra. Perl o al menos inspirarse en el para contar una fábula sobre como la moral y la éticatal como las conocemos desaparecían al pisar el infierno que era Auschwitz. Para entonces la verdadera Gisela Perl había muerto y Christine Lahti (originalmente era Meryl Streep quien iba a protagonizar el filme) pudo interpretarla con cierto grado de ambigüedad que nos la empareja con Sir Adam Kelno.



De Sobreviviente a Criminal de Guerra

La historia comienza en Ellis Island en 1946. La Familia Goldstein de Queens se prepara a recibir a una refugiada, la Dra. Gisella Perl. La embarazada Didi Goldstein es enviada a recoger a Perl que desciende de un barco cargado de tropas norteamericanas y de refugiados. Didi sabe que Perl fue una famosa ginecóloga en Hungría antes de la guerra, que su familia la conoció en Sighet y que Perl fue médico de su tía Rachel.  Estuvieron juntas en los campos y se espera que Rachel pronto vendrá a Nueva York también.

Didi se encuentra con una mujer brusca y dominante que he lanza su maletota encima y sin importarle el avanzado embarazo de la joven, la obliga a que la lleve por un tour de las tiendas de la Quinta Avenida. Entre mascar bagels y mirar los escaparates, se pasan una tarde que acaba cuando la facultativa exige que Didi le compre los zapatos más caros de Saks.




Solo entonces, Gisella acepta ir a casa de los Goldstein donde deja car una bomba. Rachel no volverá, murió en Auschwitz. Gisella se guarda de contarles que Rachel murió por estar acompañando a su madre (los que se negaban a abandonar a los niños o a los ancianos eran gaseados junto a ellos).

Desde el momento de su llegada, “Gizka” es un manojo de quejas. A sus exigencias de compras caras, se agrega la irritación de saber que no podrá practicar la medicina sino hasta haber aprobado unos exámenes médicos y hacerse ciudadana estadounidense. Los exámenes la frustran ya que considera que en ginecología los estadounidenses están muy atrasados en comparación con Europa. Fastidia a Didi que la Dra. Perl insista en que su cesárea fue innecesaria.

Sin embargo, Gisella no es feliz y eso no se debe a su frustración con reglas de su nuevo país. La ahogan los recuerdos que datan de su infancia, de su hogar tradicional y religioso donde resaltó desde pequeña por ser la mejor alumna (aun siendo mujer y judía) de su clase. Gisella tuvo que batallar contra los prejuicios paternos para poder estudiar medicina y solo lo consiguió jurándole a su padre que nunca dejaría de ser ortodoxa. Así vemos a Gisella crecer, graduarse y formar su propia familia, a la par de tener una exitosa practica privada en Sighet.

De vuelta al presente. Gisella obtiene un triunfo cuando el distinguido oncólogo Jonas Reuben le suplica atienda su esposa que lleva 18 horas en trabajo de parto. Su ginecólogo está de viaje y el Dr. Reuben no confía en el cirujano que le ha asignado el hospital y que insiste en practicarle una cesárea. Eva, la parturienta, es húngara y su padre fue maestro de la Dra. Perl. Confía en ella. Gisella logra salvar a la madre y al bebé sin la interferencia de una cirugía innecesaria. Los Reuben en agradecimiento, le regalan un departamento en Central Park, donde la ginecóloga planea instalar su consultorio.



Gisella pasa sus exámenes, pero se encuentra con un inesperado obstáculo al momento de postular a la ciudadanía estadounidense.  Se cree que “colaboró “con los nazis durante su estadía en Auschwitz. Entra aquí la parte culminante de la serie, pero también la más exasperante. Durante vatios días, la Dra. Perl es interrogada por un panel formado por Richard Crenna, Beau Bridges y Bruce Davison quienes actúan como si fueran los jueces del Hades.



Lo que debería ser un episodio conmovedor y fascinante, se vuelve un circo. Perl presenta una faceta (hasta entonces) desconocida de Auschwitz, el mínimo cuidado médico que recibían los prisioneros, la ardua labor de los trabajadores de saludtan prisioneros y vulnerables como sus pacientes y los espeluznantes experimentos de Josef Mengele. Sin embargo, la ignorancia e indiferencia del panel deriva en una actitud entre escandalizada y condescendiente hacia la Dra. Perl que ella responde con enojo, sarcasmo y arrogancia. Lo que tampoco ayuda su caso.

En flashbacks, Gizka narra su calvario. Llevada con toda su familia a Auschwitz, es la única que ha sobrevivido. Se convierte en médico de las prisioneras. Un término ambiguo ya que no posee ni autoridad ni medicamentos ni instrumental para atender a la hambrienta, maltratada y enferma población.  Para su desgracia, atrae el interés del Dr. Mengele, capo di tuttí el personal médico de Auschwitz-Birkenau.



Creyendo hacerles un favor a las embarazadas, Perl las señala para que Mengele les dé mejor trato. Solo cuando la polaca Zozia se lo enrostra, Gisela descubre que ha mandado a esas mujeres a su muerte. Está prohibido en Auschwitz que haya mujeres embarazadas. Incluso la sádica guardia Irma Griese debe solicitar las facultades de abortera de la Dra. Perl. Gisela se promete que impedirá la muerte de las embarazadas con el simple hecho de practicarles abortos.



Aunque escandalicen sus palabras al panel de interrogadores, la promesa de la ginecóloga se convierte en una proeza. Debe practicar operaciones clandestinas, sin anestesia, sin antisépticos, con sus manos como único instrumental quirúrgico. Cuenta que en algunos casos debió interrumpir embarazos muy avanzados y matar a bebés ya desarrollados.  Debido al constante tono irónico y escéptico que esbozan los interrogadores y la interrogada, se pierde el poder de este relato espeluznante y conmovedor.



La Verdadera Saga de la Dra. Perl

En realidad, este interrogatorio nunca tuvo lugar. Tras descubrir que era la única sobreviviente de su familia, anonada por lo experimentado y lo que la habían obligado a hacer, la Dra. Gisella Perl decidió no volver a la medicina. Se dedicó a dar charlas sobre Auschwitz y a testificar en juicios contra los perpetradores del Holocausto.

Eso la llevó a Estados Unidos donde Eleanor Roosevelt escuchó la historia de Perl e insistió en conocerla. Aunque ya no era Primera Dama, Roosevelt agilizó los trámites para que su nueva amiga se convirtiese en ciudadana y le dijo “deja de torturarte” convenciéndola de que debía regresar a la medicina. En 1948, el Presidente Harry Truman firmó un decreto especial que le otorgaba la ciudadanía a la Dra. Perl. Nunca fue sometida a interrogatorios ni estuvo bajo sospecha.

Entiendo que, para añadir dramatismo, se haya creado este tribunal de representantes del patriarcado en contra de una pobre mujer que no sabe explicarse, pero me molesta el presentismo de convertir la ordalía de Perl en una apología del aborto. Por ejemplo, ella insiste en llamar fetos a las criaturas que se ve obligada a sacrificar.



Hay una tremenda diferencia entre la mujer moderna en países donde el aborto es legal que escoge ese camino entre varias posibilidades, y lo que vivieron las pacientes de Perl donde solo había dos opciones, muerte o aborto. A pesar de que a Perl le tomó años aceptarlo, ella practicó, en circunstancias escalofriantes, lo que hoy conocemos como abortos terapéuticos.

Gisella Perl (la serie no explica esto como no explica muchas cosas) cumplió la promesa hecha a su padre y fue religiosa toda su vida. Cuando Eleanor Roosevelt la invitó a comer, debió tenerle una cena kosher. De acuerdo con el Talmud y la Halaja, lo que hizo en Auschwitz era permisible puesto que en esos casos se recomienda salvar a la madre.

 Incluso durante la guerra, las responsas rabínicas se hicieron eco de estos dictámenes. Aun así, el dilema moral y el shock emocional fueron inmensos. Incluso en su libro, Gisella Perl confiesa que intentó suicidarse. El final feliz es que en su práctica médica privada y en el hospital neoyorquino de Mount Sinaí, trajo al mundo a más de tres mil bebés y asistió a muchas mujeres en exitosas curas de fertilidad.



Su recompensa fue descubrir que su hija Gabriella (que no sale en la serie) había sobrevivido. Juntas hicieron aliyah a Israel en los 70.   Alla tuvo un recibimiento muy cálido de toda sus pacientes de Auschwitz y Bergen Belsen, Un absurdo de la serie es mostrarnos a Gisella Perl atendiendo un parto en Auschwitz justo cuando los rusos liberan el campo. Como suele ocurrir con estos filmes panfletarios, la realidad es más interesante y dramática.

A comienzos de 1945, Mengele cerró su práctica médica en Auschwitz y se trasladó al campo de Gros Rosen. La Dra. Perl, como muchos otros prisioneros, fue llevada a Bergen Belsen. La llegada en abril de 1945 de las tropas inglesas al campo encontró a la ginecóloga atendiendo el parto de la polaca Maroussia. Se conoce este episodio porque un oficial médico británico, el Brigadier Glyn Hughes, auxilió a la partera que por fin tuvo acceso a antisépticos e instrumentos

Esta anécdota, incluida en muchas antologías, sirvió para aumentar el prestigio de la Dra. Perl. A diferencia del telefilme, Gisella Perl nunca fue acusada de exigir pago por sus servicios en el Lager, nunca la persiguió Zozia a gritos por las calles del Lower East Side, nunca sus actividades fueron cuestionadas por representantes del Servicio de Inmigración.



Al final del interrogatorio ficticio, una agotada Perl hace un Mea Colpa y suplica al trio de jueces que le permitan reparar sus pecados, volviendo a practicar la medicina. A mí me dio nauseas ese final. No solo es falso, es como si hubiesen confundido a Perl con el Dr. Miklos Nyiszli quien realmente colaboró con Mengele.

Eso me llevó a pensar que cuando se trata de la narrativa del Holocausto, el médico es quien siempre lleva la peor parte. Siempre se le ve como egoísta y colaboracionista. El médico es quien recibe un trato privilegiado y el que se deja fascinar por la posibilidad de experimentar en humanos sin limitaciones éticas que se lo impidan.

 Lo vemos con Nyiszli en “The Gray Zone”, con Gisella Perl en “Out of the Ashes” y con Kelno en “QBVIII”.  Con eso se devalúa una labor que implicaba tomar decisiones que iban en contra de la ética médica. Se niegan los dilemas morales que enfrentaban. Al final, los médicos (y no soy amiga del rubro) eran tan brutalizados como los demás prisioneros, solo que su tortura era mental más que física.



“Out of the Ashes” está en inglés en Tubi y en You Tube. En YouTube también está en castellano.