Mostrando entradas con la etiqueta Princesa Diana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Princesa Diana. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de enero de 2021

Diana, Reina de Oz: The Crown 4x6

 


La Premisa de “Terra Nullius” es casi refrescantemente cercana a la realidad. En 1982, Los Príncipes de Gales viajaron a Australia.  Diana se ganó el cariño de un pueblo e incurrió en los celos irracionales de su marido. Ana y su cuñada se llevaban pésimo, pero ese aquelarre de brujas envidiosas de la joven y bella Cenicienta sigue siendo un cuento de hadas de Hans Christian Morgan. Como tampoco me creo que la Reina Isabel fuese una suegra infernal.

En 1982, Australia, bajó su primer ministro Bob Hawke, se preparaba para recibir a la comitiva real capitaneada por los Príncipes de Gales. Aunque el episodio exagera la importancia del viaje y el republicanismo del Primer Ministro, lo cierto es que era una prueba de fuego para una jovencita inexperta como lo era Diana.

                       Richard Roxburgh como Bob Hawke

La Reina tenía sus preocupaciones (puesto que ya conocía la bulimia y las manías suicidas de su nuera). Preocupaciones que se desvanecieron cuando, tras un inicio un poco incomodo, Diana se ganó los corazones de los australianos y alejó cualquier resquemor de que tuvieran que rendir tributo a una dinastía extranjera. Lamentablemente, el enamoramiento de los hijos de Oz con la Princesa no abarcó a su marido. Carlos siempre inseguro, le agarró envidia a su mujer culpándola de quitarle cámara.

En sus grabaciones, Diana tiene un raro momento en que comprende a su marido “cualquier hombre orgulloso se hubiese sentido mal en esa situación”, pero, y con razón, se queja de que Carlos fue injusto en sus criticas de un comportamiento que lo honraban tanto a él como a La Corona. En Nueva Zelandia, Diana no pudo más y sucumbió a la bulimia. Sin embargo, en los anales de su reinado, este viaje fue su gran triunfo. El primer paso para convertirse en La Reina de Corazones fue ser Reina de Oz.

          Los Gales y Los Hawke en Canberra

Aunque es más que posible que ya para estas alturas Isabel II encontrase paz y consejo en las mujeres de su familia, “The Crown” las presenta como un aquelarre de mujeres envidiosas que conspiran en contra de la princesa del cuento. Solo Margaret expresa alguna compasión hacia Diana. Irónico porque, al final, Margaret se volvió peor enemiga de su sobrina política que todas sus otras parientas juntas.

¿Qué hubiera ocurrido si Diana se hubiese adaptado como hizo Felipe y tal como espera La Reina Madre? Es que esto va más allá de adulterio (¿me van a decir que una nena joven y guapísima no se las iba a poder con una mujer avejentada, usada y más encima casada?) El problema es que Diana tenía problemas.



 La gente se cohíbe cuando debe describir los problemas de la Princesa como mentales, emocionales o psicológicos. Lo siento. Si vomitas lo que comes, si te tratas de suicidar una vez al mes, y si en medio de una discusión marital, agarras un cortaplumas y te haces cortes en el pecho, no estás en tus cabales. Necesitas ayuda médica, medicamentos, terapia de apoyo y la Familia Windsor no tenía la preparación para asistirla y menos Carlos que tampoco era muy estable emocionalmente.

La serie nos muestra que Carlos, su hermana y su madre están celosos de la popularidad de Diana. Jamás he oído que se acuse a Isabel de envidiar a su nuera, pero Ana si tenía un problema con su cuñada. Desde antes del matrimonio, Ana consideró a Diana como “una niña tonta” y que no estaba a la altura de lo que debía ser una Princesa de Gales. Pero también debe haber habido un elemento de celos. Ana se quejaba de la adoración que su cuñada generaba en el pueblo, algo que ella nunca consiguió.

Es que, para ser francos, la personalidad de puercoespín de la Princesa Real nunca la hizo una favorita de la prensa. No tiene nada que ver con belleza física (ahora todos la quieren) sino con su actitud rebelde y malcriada. Diana era toda ternura y simpatía. Era imposible no quererla.



Eso me lleva a una gran queja que tengo con Emma Corrin. Es cierto que Diana era irascible e impaciente, peto no creo que anduviese todo el día con cara larga o haciendo muecas como nos la muestra la serie. Y su peor lado (cuando despidió criados, expulsó a los amigos de Carlos de su vida y hasta exilió al perro del marido) no afloraría sino hasta después del nacimiento de Harry.

Hora es de hablar del famoso Magical Mystery Tour por Australia, y de sus mitos, algunos inventados por Morgan, otros por la prensa que endiosó a la Princesa de Gales, pero también la usó, manipuló su imagen, lucró a costa de ella y finalmente la mató.



Bebé a Bordo

El primer mito, y que molestó incluso a la Princesa, es que ella insistiese en llevar a su hijo a Australia. Primero que es un absurdo total cargar con una criatura de menos de un año, y que está en medio de su dentición, al otro lado del mundo en un viaje complejo donde no se sabe quién lo va a cuidar. Segundo, Diana le contó a Andrew Morton él lo incluyó en su biografía oficial que ella nunca quiso exponer a William,, que era consciente de que ella iba cumplir con sus deberes oficiales y no iba a tener tiempo de atenderlo: “Estaba dispuesta a dejarlo, aunque no me iba ser fácil”.

La razón por la cual se decidió romper un precedente y cargar con él bebé fue por consejo de un ex primer ministro australiano, Malcolm Fraser, quien consideró que añadiría humanidad y simpatía a la joven pareja. Por eso se tomaron medidas. Al principito no lo iban a arrastrar al errático tour de sus padres. Él iba a tener una experiencia australiana en un pueblito ovejero (lo que allá se llama una “sheep station”) llamado Woomargama que quedaba entre Sídney y Melbourne.

El niño y su nana, Barbara Barnes, que viajaba con Los Príncipes de Gales, fueron alojados en la propiedad de Los Darling. Estos amigos del famoso Mike Parker, secretario del Duque de Edimburgo, ya habían sido anfitriones del Presidente Reagan y la Primera Dama en su viaje a Australia.

                Los Príncipes y Wills en Nueva Zelandia

Diana puso algunas exigencias (sobre la seguridad de William) que se cumplieron por lo que el bienestar del niño no jugó un rol en el estado emocional de la Princesa. Toda esa sorpresa cuando le arrebatan al bebé en el aeropuerto’, su histérica insistencia en interrumpir el tour para visitar él bebé, esa entrada impulsiva y corriendo a la casa de los Darling son licencias melodramáticas que, más que mostrarnos a una madre angustiada, retratan a Diana como histérica y descontrolada.



Es casi igual de absurda que ese interrogatorio pedante y humillante al que Diana somete al pobre Edward Adeane cuyo único resultado es hacer creer que ella no quiere separarse de su hijo porque es bonito y no llora. Lo chistoso es que el bebé se larga a llorar justamente al final del discurso. ¿Tendrán grabado el llanto o será que los alaridos de la Corrin alarmaron a la criatura? Sabido es que gatitos y bebés se contagian del ánimo alterado de quienes están cerca de ellos. Lo que hace pensar sobre como los bochinches de los padres habrán afectado la psiquis de William y Harry.



Morgan vs Australia

El pueblo australiano se ha sumado a larga lista de descontentos con la Cuarta Temporada de The Crown”.  Según The Guardian la representación del tour en “The Crown” ha dejado descontentos a los habitantes de Oz. El primer ultraje ha sido en contra del ex primer ministro Bob Hawke quien nunca comparó a la Reina Isabel con una cerda, y aunque republicano, tenía otras preocupaciones como las de reducir el nivel de pobreza de su pueblo antes que salirse de la Commonwealth.

Si bien es cierto que la presencia de Diana creó más sentimiento monárquico entre los australianos, nadie estaba predispuesto en contra de la Visita Real. Nunca hubo protestas en Canberra ni en ningún otro sitio de la isla-continente. Tampoco la audiencia se burló cuando Carlos se cayó durante el match de polo. Por el contrario, lo aplaudieron al verlo continuar el juego. A la que le están haciendo “buuh”es a la serie porque, para colmo, muchas escenas de Australia las grabaron en España.

Un dato curioso es que el público australiano, y principalmente el gremio periodístico, no esperaba mucho de Diana. Gracias al Daily Mirror su bulimia era conocida por todo el mundo. Muchos creían que no iba a aguantar el arduo recorrido sobre todo en ese clima inclemente que caracteriza los veranos Down Under. Lo cierto es que el calor casi la mató. El Príncipe Carlos dio explicaciones públicas de que su mujer y él sufrían de jetlag para explicar sus caras rojas y su cansancio. Sin embargo, poco a poco, se acostumbraron al clima y todo comenzó a funcionar.



ES hora de hablar de la infame representación de ‘the Crown” del ascenso a Uluru. Diana nunca la llamó “Ayers Dock” y si no pudo escalarla fue porque llevaba un vestido abierto en el frente y el viento le alzaba las faldas obligándola a enseñar lo que las princesas no deben mostrar. No fue porque fuera “frágil y patética” como en la serie la describe Carlos a Camilla.

             La verdadera razón para la incomodidad de Diana en Uluru

Solo en una ocasión Diana perdió los estribos. Fue en Sídney cuando la multitud se le abalanzó encima arrinconándola. Ahí la Princesa se echó a llorar. Leí en la Paula en 1968, y me lo confirmaron gente que estuvo ceca de ella, que ocurrió algo parecido con Isabel II en Valparaíso. Los porteños rompieron el cerco de Carabineros y le cayeron encima a Su Majestad. Alarmada, Isabel no lloró como su nuera, sino que se taimó y se puso de muy mal humor. Se entiende, es una experiencia que asusta casi ser arrollada por un tumulto.

        

Sin embargo, el tour fue un triunfo gracias a la simpatía y sencillez de Diana que se metió a los australianos en el bolsillo.  Una lástima que sus esfuerzos solo consiguieron envidia de parte de su marido. Eso arruinó lo que pudo ser una verdadera luna de miel.  A su llegada a Nueva Zelanda, la pareja se llevaba mal y Diana estaba exhausta. Mas encima, el recibimiento en el país de los kiwis no fue muy agradable. Ahí si hubo protestas, les lanzaron huevos al automóvil donde viajaban y el infamoso activista maorí Te Ringa Mangu Mihaka les mostró las nalgas. No es de sorprender que, con tanta presión, Diana recayese en sus ataques de bulimia.

              La serie hace parecer que la danza maorí provocó la bulimia de Diana

Una Audiencia con la Suegra

Sin embargo, es la última escena del episodio la más irritante porque es imposible que haya sucedido. Una Diana alteradísima irrumpe en el saloncito de la suegra, acusa no solo a Carlos de resentir sus logros, sino también a La Familia Real en pleno. La Reina se pone a la defensiva y Dina remacha su faux pas abrazándola y llamándola “mamá”. Isabel cuenta este suceso a su horrorizado aquelarre que ponen caras de asco. ¡Por favorrrr!

1.       Diana, tal como hoy lo hacen la Condesa de Wessex (esposa del Príncipe Eduardo) y Duchess Kate, llamaba a Isabel y a Felipe “Mamá” y Papá”. No se entiende la sorpresa de la Reina cuando su nuera lo hace.

2.       La Reina está acostumbrado a que la abracen y no solo sus íntimos. Michelle Obama, deportistas y hasta políticos, la han abrazado. Aunque su costumbre es saludar de besos a íntimos, no es como que un abrazo la desarme.




3.       Diana estaba acostumbrada, en los primeros cinco años de casada, a ir frecuentemente a visitar a su soberana y a pedirle consejo. Siempre salía más tranquila de esas reuniones y en una ocasión le conto a la biógrafa Íngrid Seward “tengo la mejor suegra del mundo”.

4.       A diferencia de lo que nos muestra “The Crown”, La Pareja Real no llegó de Nueva Zelanda a Londres en medio de lluvia y dándose codazos. Para descansar, se pasaron unos días en Las Bermudas y estuvieron muy cariñosos. Las fotos no mienten. Pasado el viaje, Carlos superó sus inseguridades por un rato y comenzaron días felices para los Príncipes de Gales. Recordemos que menos de un año más tarde, encargaron a Harry, y que Diana recordaría esta etapa como las feliz de su matrimonio.

               Y esto pasó despues del tour australiano, Carlos y Diana en Eleuthera

viernes, 1 de enero de 2021

¿Mala Madre=Mala Gobernante?: The Crown 4x04

 


Este capítulo me pareció malo, mejor dicho, mal escrito, Falsedades, enredos cronológicos, situaciones imposibles y falta de datos lo hicieron sentir fragmentado, tanto en el relato histórico como en el desempeño de estos personajes en su entorno “ficticio”.

Misoginia y Maternidad

La moraleja es que, si se es mala madre, no se es buen gobernante. La Reina es juzgada por no conocer a sus hijos, por no haberlos bañado de pequeños, y por haber sido consentidora de uno solo. Margaret Thatcher es juzgada por ser tan devota de su hijo predilecto que no solo es negligente con su hija, sino que toma decisiones que afectan al Reino Unido al calor de una crisis personal.

 Una Maggie joven con sus mellizos

En este momento histórico/histérico en que vivimos el gobierno de La Baronesa Thatcher es considerado tan nocivo como el del Fuhrer. Démosle unos 30 años y verán que los historiadores cambian de opinión. Pero Morgan necesita convencer a un público que ni nacía en la Era Tatcheriana, las jovencitas mituteras y los progres diversos que componen la Nueva Ola de Crownies Pandémicos. Por eso les cuenta que Margaret odiaba a las mujeres, despreciaba a su madre, no confiaba en su hija, etc..

Y, sin embargo, el borrico nos muestra a Thatcher perdiendo los estribos, llorando delante de la Reina, típica madrecita, todo porque su predilecto se ha perdido. La muestra embarcando al país en una guerra motivada por el miedo que pasó cuando creyó a su hijo perdido, Se supone que despreciaba a su madre por haber sido solo un ama de casa, y luego la vemos cocinándole a políticos. Antes la vimos desempacando la maleta del marido y planchando. ¿La Primera Ministro de Gran Bretaña?  ¿En qué cabeza cabe? Y, sin embargo, es un secreto a voces que le gustaba cocinar para miembros de su gabinete.

                                    Los sufridos Thatchers

El problema con La Thatcher (y esto va más allá de “The Crown”) es que era mujer, era conservadora, era una mujer conservadora y no se sabe cómo retratar a esta avis raris. Paralela a sus medidas catastróficas para la economía, se la muestra llorando y haciendo declaraciones públicas como “Antes que todo, soy madre”. A lo mejor despreciaba a las mujeres, incluyendo a su hija y a su madre, pero ella fue víctima del sexismo de su propio partido.

En realidad, la serie quiere poner a dos mujeres representando lo que más odia la izquierda británica, El Partido Conservador y La Corona. Para eso les propinan golpes bajos acusándolas de ser malas madres (sobre todo con sus hijas). Esos golpes son manifestaciones del mismo patriarcado que tanto condenan.

Con eso espero sacarme de encima el enojoso tema de Lady Thatcher. Por respeto a mis amigos argentinos, no hablaré de La Guerra de Las Malvinas, limitándome a señalar lo obvio. Los primeros conflictos en las Falklands ocurrieron dos meses después que Mark Thatcher ya había sido encontrado. Otra vez, Morgan se ríe alevosamente de los muy jóvenes que no recuerdan (yo hasta tengo un diario de ese periodo) una historia tan cercana que puede calificarse más de Current Events que dé pasado remoto.

Ahora, lo que me gustó de este episodio…

Thatcher Llorando: No es tanto por ver a la Dama de Hierro convertirse en Mater Dolorosa en el saloncito de la Reina. Después de todo, Thatcher muchas veces lloró en público, y en la dicotomía Margaret-Elisabeth, Morgan ha tomado el partido de la Primer Ministro, a ratos haciéndola superior a la Soberana. En esa onda, vemos que Margaret puede llorar.



 Lo que me gustó fue lo rápido que Isabel se hace cargo de la situación. Calma los temores de Thatcher. Otros Primeros Ministros han vencido su testosterona y se han desmoronado ante la monarca. Me gustó rápido que le alcanza un Kleenex y un whisky y pone toda su atención a las cuitas de su Primer Ministro. Qué lástima que no demuestra el mismo humor, paciencia y desvelo con sus hijos!

Felipe e Isabel

Aunque no me gusta Olivia Colman como Isabel, me encantan sus escenas con Tobias Menzies. Concuerdo con la Gatita Genezaret de que son la única pareja con química en la serie y que capturan lo que uno espera de un matrimonio que lleva (en ese entonces) más de treinta años sobreviviendo crisis tras crisis.



A pesar de lo que opine la sorprendida Isabel, los padres tienen favoritos. Eso no significa que odien a los otros o no les importe sus destino. Es solo que se sienten más cómodos, menos presionados por su rol de padres con algunos hijos. Puede que haya algo de opuestos que se atraen y los padres se lleven mejor con las hijas y viceversa. En el caso de Margaret Thatcher, a pesar de que Mark es obviamente un bribón privilegiado, la Primer Ministro admira en el que es un “hombre” y por ende “fuerte”, menos emocional que una mujer. Ese no es el caso de Su Soberana y pasamos al…

El Almuerzo con Andrés

El almuerzo con el hoy Duque de York tiene lugar en esa exploración de Su Majestad para saber cuál de sus hijos es el predilecto y ocurre luego de los desastrosos encuentros de Isabel con Ana y Eduardo. Desde el instante en que el príncipe hace una aparatosa entrada en el palaciodespués de aterrizar su helicóptero en el jardín y la Reina lo recibe con besos y mimos que sabemos que es su favorito. No porque sea el mejor, el más guapo o el más cariñoso. Es porque ella se siente cómoda con él. He ahí el secreto del favoritismo de los padres.



Andrés no la hace sentirse culpable o incompetente. No se queja del almuerzo, comparte con la madre la predilección al salmón, pero que no se crea que el favoritismo nace de gustos similares. Al contrario, muchas madres prefieren a los hijos varones porque no son sus espejos, sus experiencias les son más interesantes y por eso las ven como exóticas. Andrés se da cuenta y por eso le tiene la confianza de contarle sobre el soft porn que está filmando su nueva amiguita (Nota: Koo Stark no entraría en la vida del Duque de York sino hasta el ’84).



A pesar de sí misma, Isabel se siente a sus anchas con un hijo que no la hace sentirse desacertada como madre y que la hace reír. Yo recuerdo que esa era la respuesta de mi madre cuando la acusaban (no yo) de su predilección por mi hermano: “no viene con malas cara y críticas, y me hace reír”. Estoy segura de que, de todos sus hijos, Andrés es el único que ha hecho reír a su madre.



La regañiza a Carlos

La última visita es a Highgrove donde el heredero al trono está ocupado jardineando y hablando puerilidades, mientras su joven y muy embarazada esposa languidece encerrada en su torre. Ahí es donde Su Majestad pierde los estribos y Carlitos se va por retada. A pesar de las afirmaciones porfiadas de Diana, sabido es que tanto Isabel como Felipe muchas veces aconsejaron/regañaron a su primogénito por el mal manejo de su matrimonio. Le exigieron acabase su relación con Camilla, pero Carlos había perdido el poco cariño que le tenía a Diana y no hubo manera de convencerlo de acercarse más a ella.



Lo que no me gustó

La Discusión de Carol y La Primer Ministro.

En mi familia era factor aceptado que yo era la favorita de mi padre tal como mi hermano lo era de mi madre. A mí nunca se me ocurrió echárselo en cara a mi madre (me hubiera cortado la nariz con un cuchillo) ni a mi hermano. De hecho, ese favoritismo nos unió más concientes que era un arma usada por mi madre para manipularnos y separarnos. Por eso se me hizo tan extraño, que Carol, una mujer hecha y derecha de 29 años, estalle en un discurso acusatorio.  Lo hace justo cuando su madre está preparándose para recibir invitados, solo para poner en boca de Margaret su desprecio por el género femenino.

Carol Thatcher, hoy en día es una reconocida periodista, escritora y documentalista. Ciertamente es más respetable y exitosa que su hermano, el mimado Mark.  Es quien mantiene el culto a su madre (incluso en el 2007 fue a Las Malvinas a hacer un documental sobre la guerra titulado “Mommy’s War”) de quien está muy orgullosa.

                           Carol y su anciana madre

Al recordar su infancia, Carol se refiere a su madre como “supermujer”. Una que siempre quería combinar sus labores tanto domesticas como profesionales descollando, en ambas. También recuerda que Margaret empapeló el cuarto de sus hijos y que le enseñó a Carol a conducir. Carol jamás ha hablado mal de su madre y la idea de que el favoritismo de Mark la haya afectado ha surgido de unos comentarios de parte de ex secretarios de la Primer Ministro. También Lady Thatcher se quejó alguna vez públicamente de que su carrera la había privado de pasar más tiempo con sus hijos.

“The Crown” nos muestra a Carol sirviendo la mesa como una glorificada criada. La verdad es que, a los 22 años, Carol se marchó a Australia donde obtuvo empleo en la televisión. Retornó a Inglaterra en 1979 cuando su madre fue nombrada Primer Ministro, pero no para ser sirvienta de Margaret. Por el contrario, en 1982, Carol trabajaba en la BBC, contribuía al Daily Telegraph y estaba escribiendo su primer libro. No creo que estuviese para pataletas u reclamos solo porque Morgan ve un paralelo entre la Reina y su Primer Ministra en sus complicados roles maternales.



Otro paralelo fue cuando Margaret recuerda con amor a su padre como el artífice tanto de su carrera como de su personalidad. Algo que también nos recuerda la importancia de Jorge VI en la creación de Isabel II. Otra similitud es cuando Margaret acusa a su madre de haber sido una simple ama casa a pesar de los intentos de su esposo de ” educarla”. Eso nos refiere a las quejas de Carlos de cómo no ha podido ampliar la mente de Diana y subirla su nivel intelectual. Mas allá de la torpeza y la soberbia de sus palabras, nos llega nuevamente ese sutil conjetura de que Diana era una mujer intelectualmente limitada.



“Hemos Perdido a Nuestros Hijos” por parte de la Reina.

Me pareció prematura y absurda esa percepción de que los hijos ya no tienen remedio. El que Isabel se diera por vencida como madre me sonó muy perezosa. Con la excepción de Andrés, que hoy esta con el agua hasta el cuello, no veo a nadie perdido. A pesar de los esfuerzos de “The Crown”,  Carlos ha sobrevivido a una docena de escándalos y hasta al Covid-19.



Él y su Duquesa son, para muchos, un ejemplo de un gran amor que derribó barreras y aunque no es rey,  ahora que su padre se ha retirado del servicio activo y su madre ha reducido sus apariciones públicas, es el rostro (junto con los Cambridge) público de la Corona y lleva las riendas de la familia. Su relación con Wills y Duchess Kate es excelente. No tanto con Harry, pero eso es culpa de Meghan no del Príncipe de Gales.

 Carlos en dias cuando Meghn era parte de su familia

Eduardo está muy bien casado, al igual que las hijas de Andrés. En cuanto a Ana, tras sobrevivir divorcio y escándalo, ha encontrado la estabilidad con su segundo marido, tiene hijos que la llenan de orgullo y es el miembro de la realeza más respetado por el pueblo. Pero Morgan insiste en hacernos creer que es otra víctima de su madre

Picnic con Ana

Que irritante ese picnic que La Reina tiene con su única hija. La imprevista llegada de la Soberana es mal recibida por Ana quien obviamente tiene cosas más importantes que hacer que ayudar a su madre entender que ella no es su favorita. Al menos, por una vez oímos que la reina ya es abuela, aunque es obvio que su relación con Ana no es cercana. Para colmo, Isabel, que en la serie es bien desubicada, viene portando malas noticias. Ana y su amante serán separados. ¡Como para invitarte otra vez, Chabelita!

Por aquel entonces Ana sostuvo un apasionado affaire con su guardaespaldas, el policía Peter Cross. Como suele ocurrir en estos casos, se descuidaron y pronto Scotland Yard conocía el doble adulterio (tanto Cross como Ana eran casados). Se lo hicieron saber al Duque de Edimburgo, que fue quien manejó todo este asunto y cuya mayor preocupación no fue censurar ni regañar sino proteger a su hija favorita. Cross no iba divorciarse, su comportamiento había sido muy poco profesional y la misma policía quería evitar un escándalo.

  Ana y su padre de quien siempre fue la preferida.

Un mes después de iniciado el affaire, Cross tuvo un traslado que (contado por él y amigos) destrozó tanto al Sargento como a Ana. Ambos estaban seguros de estar enamorados. Que Isabel haya sido quien le avisará a su hija que su romance acababa me parece muy poco creíble.  Es más que posible que haya sido Felipe.  Además de nuevo un enredo cronológico. Se supone que estamos en enero del 81, se menciona que Ana tiene “hijos”, en realidad estaba embarazada de Zara.



Mas importante, el Sargento Cross dejó de trabajar con Ana en septiembre de 1980. La ironía es que, en enero del 81, Ana en el cuarto es de embarazo,  contactó a Cross y reiniciaron su amores. Esto coincidió con la renuncia de Cross al cuerpo policial lo que les dio más libertad para un romance que duraría dos años. Conocemos los detalles porque fue el mismo Peter Cross quien vendió su historia al mejor postor en 1984

La Princesa Encerrada en su Torre

Y por fin llegamos a lo peor, Diana. La vemos casi catatónica, con tremenda panza, echada todo el día, encerrada en su cuarto viendo programas infantiles en la televisión. La última vez que vimos a Diana fue resplandeciente en su boda. ¿Qué pasó que ahora está tan de capa caída? Hubiese sido bueno que nos mostrasen un poco de lo ocurrido en estos cinco meses para explicar esta situación.

Carlos le cuenta a su madre que a Diana no le gusta el campo. La astuta Isabel nota que a Diana lo que le molesta es vivir tan cerca de su rival. Carlos excusa su “amistad” con Camilla conque su esposa no le interesa nada de lo que hace, ni su jardinería ni leer los libros de Sir Laurens van der Post (gran escritor y mentor de Carlos).



Volvamos a la realidad. Carlos y Diana tuvieron una luna de miel infernal. Diana cuenta que su marido durante el crucero por el Mediterráneo no le prestaba atención, que efectivamente se había traído media docena de libros de Sir Laurens con la esperanza de que su joven esposa los leyese y compartiese su opinión con él. Cuando Diana se rehusó a hacerlo, él se dedicó a la [pintura. Diana recordaría su luna de miel como una experiencia agotadora, más encima marcada por la presencia de Camilla.

Carlos, con poco tino y falta de caballerosidad, telefoneó a su ex o no tan ex desde el barco, Diana descubrió que su marido ocultaba una foto de Mrs. Parker Bowles en su agenda y que usaba unas mancuernillas con las letras “C&C” grabadas. Diana no aguantó más, lo recriminó. El muy fresco le respondió “Son un regalo de una amiga. ¿Qué hay de malo en eso?” Aparentemente, Diana si lo veía mal porque en sus propias palabras, le armó una pataleta.

Carlos no estaba acostumbrado a ese comportamiento en sus mujeres y menos a las crisis de vomito de su esposa. Según Diana, aunado a la presencia de Camilla en la psiquis de Carlos le era infernal la falta de privacidad del viaje. Además, estaban las exigencias de Carlos de que compartiese intereses que la aburrían y se sentía ignorada por su esposo. Mas que la infidelidad el gran problema de ese matrimonio fue que Diana siempre se sintió ninguneada por Carlos, que nunca sintió que le importaba ni la apoyaba. Eso es lo que los fans de Diana llaman haber sido ‘un monstruo” con la Princesa.

   Diana y Carlos en su luna de miel

De regreso a Inglaterra, Diana confiesa que intentó cortarse las venas.  Carlos se vio obligado a confesarle a su madre que su mujer sufría de un trastorno alimenticio. Llamaron psiquiatras. Diana los detestó a todos, ella quería controlar su tratamiento. Se quejaba de que le querían meter Valium a toda costa. La Princesa siempre se opuso a medicamentos que creía eran la manera de La Familia Real de manipularla.

Diana ha dicho que los Windsor la consideraban problemática por su bulimia. En realidad, le tenían miedo por sus manías suicidas. Diana habló de cinco intentos de quitarse la vida, hay quienes dicen que fueron más, cual más aparatoso.

La vida de Diana se hizo más conflictiva cuando descubrió su embarazo en octubre. Las crisis bulímicas se combinaban con las náuseas matinales. Ese famoso viaje a Gales fue dantesco para Diana que (de acuerdo con las grabaciones) parecía hacerlo todo mal aparte de sentirse muy mal. Se esmeró en hacer ese discurso en galés que, se queja La Princesa, no ameritó ningún elogio ni del marido ni de nadie. Curioso, porque en una entrevista, Diana dijo que Carlos estaba muy contento con el discurso y la había felicitado.

             Diana en Gales

Pero volvamos a la serie, al invierno de 1981. Mientras medio mundo busca a Mark Thatcher, y Las Falklands todavía no se han convertido en un sitio geográfico que importe a los ingleses, la Princesa Diana ya ha anunciado al mundo su estado de buena esperanza. A pesar de que todos estamos excitados ante la idea de un bebé real, Diana recordara una década más tarde que fue una época triste.

Debilitada por la bulimia que se ha convertido en un secreto a voces ella misma cuenta de veces que se levanta de la mesa en cenas oficiales para ir a vomitar, Diana solo quiere descansar y que la dejen en paz, pero ella dirá más tarde que era imposible, que le exigían hacer presentaciones públicas y que nadie en su entorno entendía sus malestares “porque nadie nunca los había sufrido”.

Tal vez nadie en La Familia Real había sufrido de trastornos alimenticios, pero si conocían las náuseas matinales que, durante el tour de Canadá, a fines de los 50, paralizaron a Isabel II. Como no se había todavía anunciado su embarazo, lo tuvieron que adjudicar a un virus estomacal. Durante sus últimos embarazos-ambos de alto riesgo-la soberana detuvo su actividad en el sexto mes para descansar y cuidarse.

Por otro lado, desde los días de confinamiento, en la Corte Tudor, hasta el puritanismo victoriano que gobernó el trato de los embarazos tanto de reinas como de mujeres de clase media, la preñez era una etapa que se ocultaba bajo un lenguaje de eufemismos y ropajes voluminosos. Hay pocas fotos de la reina Isabel en estado interesante, solo una de Margarita y dos de Ana.

                        Ana embarazada

Fue una desgracia para Diana quedar encinta en una época en que la prensa le había encontrado el lado glamoroso al embarazo de figuras públicas. Aún más en el caso de Diana que se había convertido en la favorita del público y de la prensa.

¿Como reaccionó Diana a tanta presión en una etapa en que las mujeres son tan vulnerables? Pues con más maneras de hacerse daño, incluyendo el más teatral intento de suicidio de los cinco (o más) que se conocen. Todo comenzó con una discusión con Carlos. Harto del llanto de su mujer, Carlos le dijo que no iba a permitirle manipularlo y se marchó a cabalgar. Diana, en su cuarto mes de gestación, entonces se lanzó escalera abajo hasta caer a los pies de Su Majestad Británica.



Diana casi con placer cuenta lo horrorizada que estaba Isabel ante este espectáculo. En sus cintas acabará este episodio diciendo que a pesar de tener moretones en el vientre “sabia” que él bebé estaba bien. ¿Como sabia? ¿Es clarividente o médico?  Lo que Diana olvida mencionar es que su suegra inmediatamente la hizo atender por el ginecólogo de la Familia Real Sir George Douglas Pinsker quien determinó que el feo no había sufrido daños.

Es hora de meter en este cuento a un individuo bastante inconveniente, pero omnipresente en La TrageDiana. Me refiero a su último mayordomo, Paul Burrell, quien ha dado catedra en como lucrar a costa de una patrona difunta.

Entre sus memorias de la Princesa de Gales, Burrel recuerda haberla encontrado a mitad de una escalera del Palacio de Buckingham “fingiendo” una caída durante su primer embarazo. Borrell insiste en que era una “caída falsa” puesto que su amita sería incapaz de dañar a su bebito. Burrell es un mentiroso profesional, es un milagro que no sea convicto de perjurio, pero que gana con esta historia? ¿Acaso limpiar la imagen de Diana como alguien que se caía “de mentiritas”?

                                   Diana y su mayordomo

Qué lástima Paul porque la caída de Diana fue real. Hubo testigos, entre ellos la Reina, hubo un parte médico, y la princesa exhibió lesiones. ¿O acaso, el mayordomo (entonces un lacayo más) fue testigo de otro intento de suicidio por parte de Diana?  ¿Esta vez fingido?  Morgan no se pronuncia sobre estos intentos de suicidio.

En cambio, nos la muestra encerrada, en cama, aislada, en camisón todo el día rehusándose a recibir a Su Reina-suegra. ¿Pero dónde estaba, en realidad Diana, en su quinto mes de embarazo?  Pues en Eleuthera, en Las Bahamas, provocando un escándalo mayúsculo cuando los paparazis la descubrieron en bikini y panzona. 



Como ven, la vida de Diana de Gales era rica en incidentes que “The Crown” pretende obviar obligándonos a sentir lástima por una blanquita privilegiada que se puede pasar su preñez echada y viendo tele. Really? ¿En el 2021 somos tan brutos para caer en ese cuento?

Ultima palabra. Todos hasta los enemigos de Carlos concuerdan que durante las discusiones conyugales era Diana quien las iniciaba, la que gritaba, la que usaba palabrotas (en frente de los niños y en más de una ocasión enfrente de La Reina). Carlos o bajaba la voz o la ignoraba. Y si le creemos a Diana, el gran pecado de Carlos, más allá del adulterio, fue IGNORARLA. Así que, mostrándolo, agrediéndola verbalmente o golpeando la puerta de la pobrecita victima creada por Morgan, es un reflejo probablemente de lo que Don Peter hacía/hace con sus mujeres.

 

 

lunes, 28 de diciembre de 2020

Los Diarios de la Princesa: The Crown 4x3




Cuando le preguntaron a Emma Corrin por que la boda no había sido parte de la Cuarta Temporada, ella respondió que Morgan solo filmaba “lo que avanzaba la trama” (¿?) Yo sospecho que siendo que la mayoría de los Crownies hemos visto alguna vez filmes del evento, prefirió Don Peter saltárselo ya que no podía alterarlo a su conveniencia como lo hace con otros episodios de estos “Princess Diaries”. Vamos a ver que ha hecho en esta tercera entrega.

Hay mucho de verdad aquí: el horrible “lo que pasa por amor” de Carlitos (¿en qué cabeza cabe decir tal burrada?), el más horrible almuerzo con Camilla, Carlos sin llamar por semanas (aunque en la vida real si intercambiaron cartas); la soledad de la futura princesa, la bulimia, y el brazalete de Fred y Gladis. Es el marco o contexto donde a ratos se siente todo tan falso.

Por Qué Lady Di no es Mia Thermopolis

Una escena ridícula fue esa entrada al salón del palacio, interrumpiendo una anécdota de la Princesa Margarita, no solo no haciéndole una reverencia, sino incluso retirándole el saludo. Morgan que probablemente come con las patasquiere convencer a una audiencia que percibe tan sin modales como él, que estas obligaciones de hacer reverencias y saber a quién hacerlas son las que desequilibran a Diana empujándola de cabeza adentro del inodoro.



Lo cierto es que después de casada, Diana se convirtió en la reina de las reverencias, haciéndoselas incluso a reyes destronados como Constantino de Grecia, pero ese primer gafe es tan WTF. Como una chica tan educada haría lo que sería descortesía incluso entre plebeyos. Yo hubiera hecho eso de entrar de manera tan imprudente y mi madre me hubiese dado con un florero en la cabeza y mi padre me hubiera gruñido “sale y vuelve a entrar como una dama”.

Entendamos algo, Lady Di no era Anne Hathaway en “The Princess Diaries”. Era la hija de un conde, sino aprendió reglas de precedencia y a quien hacer reverencias en su casa, lo aprendería en el internado suizo. Si realmente creía que iba casarse con un hombre importante (un embajador como decía su padre) tendría que haber conocido todas las normas de protocolo y precedencia ya que como anfitriona tendría que disponer quien se sentaba con quien en su mesa. Además, llevaba años yendo de visita a casas de la realeza. ¿O me van a decir que en Balmoral no hizo genuflexiones?

La misma Princesa contó que la bulimia comenzó cuando Carlos (que es genial para meter la pata) le dijo que estaba “gordita”. Algo que empujaría a cualquier jovencita a la bulimia, a la anorexia, a agotarse con saunas y bicicleta estática. Pero según testigos, Diana ya había manifestado señales de sufrir trastornos alimenticios antes de conocer a Carlos.



Yo pienso en la Reina Máxima de Holanda y la Gran Duquesa Maria Teresa de Luxemburgo que tuvieron que aprender más reglas y se encontraron más desorientadas que Diana ante todo el protocolo, y ahí están felices con sus maridos después de décadas de matrimonio. Si Lady Fermoy, que no estaba casada con un príncipe, se aprendió todas esas pautas de etiqueta, ¿por qué pensar que su nieta perdió salud mental y física ante esas lecciones? A ratos, pareciera que, en su esfuerzo por victimizar a Diana, Peter Morgan la convirtiera en limitadita de sesera y muy perezosa.

Pero en la vida real, Diana jamás se quejó de estas “lecciones” ni las mencionó. Biógrafas como Penny Junor cree que nunca tuvieron lugar y que la única guía que Diana tuvo antes de su boda fue de parte de Michael Collbone, uno de los asistentes del Príncipe de Gales.



Vamos a tener que apuntar con el dedo a Collborne por ser el idiota que dejó que Diana abriera el paquetito donde estaba el brazalete de despedida de “Gladis”. Ohhh ¿y Michael sería quien informó a la Princesa de que la joya (no un dibujo como muestra la serie) era para Camilla?  ¿Porque si no como Diana supo que G y F eran su novio y la amante? Hay discrepancia entre biógrafos que dicen que el almuerzo en Menage a Trois ocurrió después de la boda.

Lo del almuerzo con Camilla fue pesadísimo. Tan Liaisons Dangereuses. Algo que la Parker-Bowles dejó en claro es que Lady Di sabia 0 sobre el hombre del que creía estar enamorada, Sin embargo, hay algo que no explica la serie.



Después de la boda de Camilla, ella y Carlos volvieron a ser abiertamente amigos, de hecho, fueron compadres. Volvieron a verse en público. Los Parker Bowles fueron readmitidos en el palacio e incluidos en sus fiestas. Se convirtieron en parte importante del circulo social de Carlos.

Desde el comienzo del romance, Diana había conocido a ese círculo y obviamente sabia lo importante que eran los Parker Bowles para el Príncipe de Gales. No sé si había rumores de infidelidad. Era dominio público que Andrew le era infiel Camilla, pero Carlos tenía tantas mujeres que puede haberse aceptado la versión de que el Príncipe y Mrs. Parker Bolwes eran solo buenos amigos.



Por eso es por lo que sonó tan extraño eso de “Tu ex” que le suelta Diana a su prometido en el aeropuerto. Primero que Camilla nunca fue “una enamorada oficial” de Carlos como lo fueron Lady Jane Wellesley, Davina y hasta Anna Wallace. Segundo que es algo que pasó hace diez años. Muy torpe seria Diana en recordarle a Carlos un romance con una mujer que ahora pasa por digna esposa y madre.

Diana, la Huerfanita

La obsesión de Morgan por representar a Diana como aislada, ignorada y solitaria en Clarence House es tan repelentemente falsa como esa obsesión de Pablo Larraín de mostrar a “Jackie” deambulando por una Casa Blanca vacía, cuando antes del funeral de JFK no cabía un alfiler en esa mansión.

Diana en sus casetes dice que no daba más con el acoso de la prensa tras el anuncio de su compromiso y que nadie la ayudó con eso en su futura familia política. ¡Qué raro! Porque el traslado a Clarence House fue precisamente para proteger su privacidad.



Diana no era una prisionera, podía salir cuando quisiera. ¿Sino como se explica que fuese a comer con Camilla? Ella misma ha contado que iba a visitar a sus hermanas. Además de Lady Fermoy, en el palacio tenía otra conocida, Lady Susan Hussey, dama de honor de la Reina y hoy madrina del Duque de Cambridge. Michael Colborne colocó en su oficina un escritorio para que Diana revisase su correspondencia y para responder cualquier pregunta que la novia de Carlos tuviese. Ella, en cambio, se dedicó a hurguetear en los paquetes que sabía no eran para ella.

En la serie Diana desesperadamente intenta comunicarse con la Reina. Si bien es cierto que Su Majestad no tenía tiempo para su futura nuera, había otros miembros de la familia cerca de Diana. Sus amigos de la infancia, Andrés y Eduardo la visitaban a menudo. Fue en ese entonces que Diana entabló amistad con los hijos de Margarita. Por otro lado, se hizo amiga de la hija del encargado de los caballos de polo, una tal Sarah Ferguson. Por último, un mes antes de la boda, Diana acompañó a la Familia Real a Ascot. Ahí pudo haberse sincerado con la Reina tal como lo haría durante la crisis de su matrimonio.

Otra cosa que ha sorprendido es la ausencia de la familia de Diana. No han aparecido ni el Conde Spencer, ni su hijo, ni su segunda esposa. Cuando Diana escogió su anillo de compromiso dijo que se parecía al de su madre. Dio la impresión de que Frances Shand estaba muerta.

De las hermanas, solo ha aparecido Sarah y causó muy mala impresión. Lo cierto es que las hermanas de Diana tuvieron un rol importante en su vida antes y después del compromiso. Fueron ellas quienes la ayudaron a vestirse el día de la boda, y si le creemos a Peter Fearon, las que impidieron que Diana (como Charlene de Mónaco) huyese del palacio dejando no una zapatilla de cristal tras de ella sino una estela de dudas y escándalos.



Según La Princesa de Gales, lo que la hizo plantearse la posibilidad de no casarse fue el brazalete de Camilla. Nao fue el almuerzo con su rival, sino ver la joya lo que la descontroló. Michael Colborne contaría que, estando Diana, como siempre, en su oficina llegaron varios paquetes que Charles había adquirido para regalar a antiguas amigas en agradecimiento por sus consejos matrimoniales. Colborne se ausentó un momento, y al regresar vio a Diana salir enfurecida de la oficina y comprendió que había encontrado el regalo para Camilla.

La versión de Diana es diferente y muy vaga como casi todo lo que cuenta en sus grabaciones. Dice que “alguien de la oficina de Carlos” le contó que el Príncipe había comprado un regalo para Mrs. Parker Bowles.  Eso significa que ya tenía dudas y que las estaba comentando con la gente del Palacio.

Que fue a la oficina “de este hombre”. Alto, esa era su oficina también ¿y tan poco importante era Colborne que no recordó su nombre? Según ella, Colborne le suplicó que no abriera el paquete, pero que ella lo hizo (¿abriría los otros?) Acto seguido acribilló a Colborne con preguntas que él se rehusó a responder.

Desde ese momento Diana se convirtió en un mar de lágrimas. Se la vio llorando en Ascot y en su penúltima noche de soltera tuvo que abandonar un coctel porque no aguantó el llanto. Tal como muestra ‘The Crown”, Diana enfrentó a su prometido y él le aseguró que era un regalo de despedida total y que no existía nada entre él y Camilla. Solo que Carlos en su irresponsable egoísmo no se daba cuenta del impacto que los celos podían tener en alguien tan joven e insegura.



Diana finalmente decidió no casarse y se lo hizo saber a sus hermanas que habían venido a quedarse con ella en Clarence House. Tan fuerte fue la discusión que se le avisó a la Reina. Según Peter Fearon en Buckingham Babylon, Isabel primero le pidió a Carlos que no interviniese, consciente que iba a empeorar las cosas y segundo le mandó un mensaje a Diana. Iban a posponer la boda un día, al cabo del cual si Lady Di seguía sin deseos de casarse era libre de no hacerlo.



Les tomó a las Spencer 24 horas convencer a la “duquesa”. Ahí es donde le dijeron esa frase famosa de que era un poco más tarde para echarse para atrás puesto que ‘tu rostro ya está en las toallas”.  Era una alusión al negociado surgido alrededor de la pareja en el Reino Unido con objetos conmemorando la boda (toallas, tazones, etc.).

Es extraordinario que después de esta tragedia griega, Diana estuviese tan contenta al día siguiente. En “Diana: In Her Own Words” cae en contradicciones. Dice en un segmento “fue el peor día de mi vida” y en otro se considera la mujer más afortunada del mundo, feliz de haberse casado con el hombre que amaba.



Lo más triste es como se refiere a su padre. Se burla de la desorientación del Conde Spencer y se queja que tuvo que “arrastrarlo” y que al final todo se redujo a sus esfuerzos de poder llevarlo hasta la Catedral de Westminster. Lo que Diana no revela (y que sus jóvenes fans desconocen) es que Lord Spencer estaba convaleciente.

En 1978, el Conde sufrió un infarto que lo dejó en coma por ocho meses. La recuperación fue muy lenta. Tres años más tarde seguía teniendo problemas para hablar y caminar. Aun así, insistió en escoltar a su hija al altar. A mí me conmovió mucho verlo moverse tan torpe que los caritativos programas cómicos de la televisión estadounidense (hasta en “El Show de Chucho Avellanet”) lo remedaron burlescamente. Pero más cruel es que su hija lo recuerde como un lastre, como alguien que con su atolondramiento le impedía ser a ella el centro de la atención.



Mi madre, refranera y deslenguada como siempre, dijo de Lord Spencer “Ese caballero está tan orgulloso que no le cabe un garbanzo por el culo” Sin embargo, leía en su obituario en  The Washington Post que Johnny Spencer les había comentado a sus íntimos “preferiría que (Diana) se hubiera casado con un tipo común y corriente así los tendría viviendo junto a mí en Althorp”

Eso en respuesta a quienes creen que fueron los parientes de Diana quienes la empujaron a esa boda. Lady Fermoy negó al Tatler que hubiese maquinado esa unión y Charles Hodgson dice en su Charles: The Man who Would be King que Lady Fermoy advirtió a su nieta que lo pensase bien porque el estilo de vida y humor de Los Windsor era diferente de los de Lady Di.



Diana, en sus grabaciones, también recuerda esa cita. Nos cuenta que, por no haber incluido a su abuela en los preparativos de la boda, Lady Fermoy se resintió con ella. También que peleó con su madre y que por cuatro años no le dirigió la palabra. Si les creemos a Diana, a su familia y a su mayordomo, toda la vida matrimonial de la Princesa estuvo marcada con peleas y reconciliaciones con sus parientes.

Margarita Cupido y El falso romance de la Reina Mary

Otro toque insólito de este episodio ha ido el discurso de Margaret sobre el amor y como en la Familia Real Británica los matrimonios obligados han sido fuente de desdicha. ¿Será así? Porque yo solo veo matrimonios por amor desde la tatarabuela Victoria. La Reina Madre se casó por amor, Isabel se casó por amor. Yo no vi que a Margarita la obligaron a casarse con Lord Snowdon. Y todos estas uniones románticas no han impedido que muchas parejas (isabel y Felipe, por ejemplo) sufran tremendas crisis.

En cambio, el Rey Eduardo se casó con la princesa más bonita de Europa, le hizo cinco hijos, y se fue con sus amantes. La Reina Alejandra hizo su vida al margen del marido, fue feliz a su modo, y ella y el rey mantuvieron una amigable relación llena de respeto mutuo. Algo diferente ocurrió con la Reina Maria y Jorge V, los abuelos de Isabel. Eran tan pragmáticos que tuvieron un magnífico matrimonio sin preocuparse de tonterías como el amor, los celos, etc..



Es cierto lo que cuenta Isabel a Carlos. Maria de Teck se casó con el hermano de su difunto prometido, pero ni ella ni el muerto estaban enamorados. El Duque de Clarence, era un tipo estrafalario (muchos creen que él era Jack el Destripador) y le metieron a Maria por las narices para alejarlo de sus prostitutas y de su amor prohibido por la princesa Helena de Orleans. Debe haber sido un alivio para Maria “enviudar” antes de la boda y poder casarse con un hombre más tranquilo y hogareño como era el Rey Jorge.

Este capítulo es exageradamente dramático haciendo hincapié en lo que no existió cuando la historia reboza de drama. También me confirma la poca seguridad de que lo que aparece en los casetes corresponda a la realidad. Diana tiene un hábito en ellos de caer en recuerdos “proustianos” de cómo le gustaría creer que ocurrieron las cosas.

 Por ejemplo, habla de que Carlos nunca le envió flores, algo que Michael Colborne (acérrimo defensor de la Princesa) asegura que no es cierto. Luego Diana, cae en contradicción al hablar de un misero ramo enviado por alguien de la oficina del Príncipe. ¿Por qué iban a gastar en mandarle un ramo? En criminología se habla de “unrliable witnesses” y en literatura de “unreliable narrator”. Diana nos demuestra que como testigo y voz narradora no es totalmente confiable.