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jueves, 21 de agosto de 2025

Las Mujeres de Dept Q: ¿Un error de Scott Frank?

 


Encontré, en línea,  una copia de The Keeper of Lost Causes, la primera novela de la serie Departamento Q . Leyéndola me di cuenta de que aunque el libreto de Scott Frank es muchísimo más complejo y atrapante, el mayor error ha sido la reconstrucción de personajes femeninos, muchos de los cuales no existen en la novela o son totalmente diferentes.

Para que me comprendan les daré una breve descripción de cómo es cada personaje femenino de la novela (que aparezca en al menos los primeros tres episodios de la serie de Netflix). No quiero “spoilear”  mucho aunque este tipo de análisis es solo para quienes han visto la serie entera o al menos más de la mitad. Comienzo desde los secundarios

Marianne, secretaria de Merritt Lingard: En el libro Merete Lynnggard tuvo dos secretarias: Marianne y Sos Norben que no aparece en la serie. Marianne fue despedida  cuando se inmiscuyó demasiado en la vida privada de su jefa. En la serie, Marianne aparece una sola vez,  cuando va a la oficina de Carl. Altanera e impertinente, no se parece a la del libro donde nada indica que sea negra. Bueno, es Netflix y el colour blindness es necesario.

Vigga/Victoria: ex esposa de Carl Morck (en el libro siguen casados). Vigga es desaprensiva, vive de amante en amante, siempre ideando proyectos imposibles para los que necesita el respaldo económico de su marido.

Dra. Fiona Wallace, psiquiatra de William: No existe en el libro. Jussi Adler-Olsen tiene a Ulle (William) en un sanatorio caro, pero el director es un viejito que nunca intenta hacerle frente a Carl.

Helle/Clare, criada de Los Lynnggard: En el libro tiene como 35 años, casada con hijos. nunca fue muy importante en la vida de los Lynnggard ni ellos para ella. Carl la conoce accidentalmente cuando visita la antigua casa de los Lynnggard y el nuevo dueño le dice que ahora Helle trabaja para él.

Rose, miembro del Departamento Q: No sale sino hasta la segunda novela de la serie.

Moira Jacobson, jefa de Carl: En el libro es Marcus Jacobsen y ya eso lo dice todo.

Merete Lynnggard/Merritt Lingard: Miembro del Parlamento danés, hija de familia adinerada amada por los paparazzi por su belleza, elegancia y misterio. Nadie sabe si tiene un amante o si es lesbiana. Debe moverse en un mundo de hombres, pero no es agresiva como la fiscal de Departamento Q. Cuando la secuestran, pide misericordia (en muchos países ese es el título. Incluso el primer título en inglés fue Mercy).

Mona Ibsen/Rachel Irving, psiquiatra de Carl.: Mona es la femme fatale del típico Noir. Solo la conocemos desde la perspectiva de Morck que, desde que la ve en un pasillo, se obsesiona con ella. Ibsen es la psicóloga de la comisaria. Su oficina está en el edificio, para las sesiones o baja a ver al paciente en su sótano o el detective sube a verla. No tenemos descripción de su espacio ni de su vestuario ni de su personalidad ya que todo lo que ve Carl Morck de ella son sus curvas y eso que es cincuentona (mayor que el).

Es Morck quien solicita que sea su terapeuta a pesar de que ella también está a cargo de analizar a Hardy. De ahí nace su necesidad de hacer que Carl reconozca su sentimiento de culpa. Hasta lo hace llorar, pero lo que nos queda claro es que la Dra. Ibsen es muy controlada y profesional. Sabe parar a Morck cuando este comienza con sus avances diciéndole que se busque otra víctima y mostrándole su alianza matrimonial.

Lobas Ambiciosas

Como verán, las mujeres del libro están muy alejadas de las de la adaptación televisiva. Extraño porque recordamos como Scott Frank humanizó a las mujeres en Gambito de Dama y como confeccionó un pueblo de maravillosas guerreras en Godless. Pero algo le falló aquí.

 Si los personajes masculinos , con excepción de Akram, son o patéticos o antipáticos, las mujeres dan asco, sobre todo las que están en posiciones de poder. Parecen carecer de  virtudes femeninas como sagacidad, sexto sentido, diplomacia, y serenidad que ayudan a una mujer a sobresalir en el mundo masculino.

                         Merrit enjaulada, donde debe estar

Me refiero a cualidades femeninas, ya que el descaro, la agresividad, falta de escrúpulos y brusquedad que permite a los hombres vencerse entre ellos, les quedan mal a estas féminas y no saben utilizarlas. Quieren ser lobas solitarias, olvidándose que las hembras siempre son parte de la manada y aun como alfas, su prioridad es cuidar de sus compañeros.

Esa es precisamente la falla de Moira (Kate “Lisa Arryn” Dickey). Scott Frank ha dotado a Jacobsen, el superior de Carl Morck (Matthew Goode), de ovarios. El cambio ha hecho al personaje más antipático. Las quejas, exigencias e injusticias de la comisaria se vuelven doblemente negativas por venir de unas faldas, siendo además Moira muy consciente de que es la primera mujer en ese cargo. Eso la lleva a ser servil con sus superiores, y poco compresiva con Carl, Akram e incluso con Rose.

                 
                                            Moira en el libro es "Marcus"

Moira tiene poca visión y mucho miedo de dar un paso equivocado, sin embargo es la campeona de la corrección política. Aun así es lo suficientemente astuta para incautar los recursos destinados para Q y calladita enviarlos a su propio departamento. En eso tiene algo en común con otra dizque hembra fuerte.

En pos de pistas que indiquen el paradero de Merritt, Carl y Akram llegan a un elegante sanatorio para enfermos mentales donde está recluido William, el hermano de la fiscal. Los atiende la atildada Dra. Fiona Wallace, una cuarentona que los trata con gran condescendencia y, para demostrar su desprecio, comienza a maquillarse delante de ellos. Esa es una antigua treta de las mujeres para seducir y a la vez establecer su superioridad sobre los hombres. Acto seguido, se marcha,  dejándolos con las palabras en la boca.

                        La codiciosa Fiona Wallace no existe en el libro

Poco después, el Departamento Q descubre que William ha heredado la fortuna de su madre y que la psiquiatraahora su guardiana legalhace uso de ella para pagarse sus lujos. Q en masa se presenta, la desenmascara y se llevan a William. La psiquiatra pierde toda su autoridad y queda convertida en una delincuente cualquiera. Como Moira, ha pecado de codiciosa y abusado de su poder.

No podemos quejarnos mucho del desprecio que la serie tiene por las profesionales ambiciosas cuando la misma víctima es una insoportable mujer de carrera. En el libro, Merritt es una política arrogante y dura, pero en la serie la han convertido en una fiscal arrogante, imprudente y odiosa.

                             Merrit es mas odiosa que en el libro

Chloe Pirrie (To Walk Invisible, The Crown) está maravillosa, en ese rol. Hay momentos em que se la percibe más como villana que como mártir y alegra verla enjaulada ya que en el mundo real solo hacia daño en sus roles de hermana, patrona y hasta amante.

Me incomoda el poco sutil esfuerzo de la trama de hacernos sentir que Merritt y Carl son iguales. Si bien es cierto que son ambos prepotentes antisociales, hay más humanidad en el policía que en la fiscal quien se ha pasado la vida atropellándolo todo y a todos en su empeño de cumplir con sus objetivos.

                   Merrit y Carl no son iguales

Rachel Necesita de un Psiquiatra

He dejado para el final el peor ejemplo de fémina empoderada que nos presenta la serie y cuya existencia es aparentemente culpa de Scott Frank solito ya que no se asemeja en nada a la Mona Ibsen de los libros. Como suele ocurrir en la policía cuando uno de los suyos ha enfrentado una situación traumática, se le ha ordenado a Carl someterse a una terapia psiquiátrica. Así lo vemos llegar a regañadientes a la consulta de la Dra. Sonnerberg.

La psiquiatra se hace esperar y sucede lo normal cuando uno está donde no quiere estar, Morck pierde la paciencia y se marcha. Acaba de sonar la campanilla de elevador, cuando surge de la consulta una Kelly McDonald con cara contrita. La Dra. Sonnerberg se ha lastimado una cadera, la Dra. Irving es solo una suplente y no parece estar deseosa en atender a Carl.

Tuve que ver el episodio dos veces para entender que su atraso es a propósito.  Deduzco esto porque no ofrece disculpas ni motivo de su tardanza. Carl, quien ha estado sujetando la puerta del elevador con el pie (gesto ultra sexy de macho alfa), la sigue desganado, un poco irritado.  Irving no parece tampoco muy buena terapeuta, no sabe enfocarse, le hace preguntas que más lo frustran y reacciona ante esa frustración con la propia, poniéndose a comer ya que el paciente no coopera. Ni que fuera lacaniana. Carl da por terminada la consulta y ambos parecen dispuestos a descontinuar la terapia.



Solo que Carl retorna, ante la sorpresa de ella, quien ahora se ha puesto una alianza matrimonial. La terapia de Irving está enfocada en un solo propósito: obligar al paciente a aceptar que necesita ayuda. Para eso lo bombardea con preguntas sobre que lo hizo regresar.

Carl ofrece un par de respuestas que obviamente no son ciertas y acaba con un “te vi bonita y quise verte de nuevo”. En el contexto del interrogatorio es obvio, incluso para el lego, que esas palabras son tan inocuas como las dichas anteriormente por el paciente, pero Irving empeñada en demostrarnos que es pésima psicóloga, decide tomarlas en serio y retuerce la boca viéndose no muy “bonita”.

En eso, Morck nota la alianza matrimonial y la menciona, provocando más agitación de parte de Irving quien realmente actúa como si Morck la estuviese acosando sexualmente. Curiosamente, algunas mujeres reseñadoras y algún que otro bobo que se bebió un galón del Kool Aid woke si lo ven así demostrando el daño que estas falsas alertas han hecho a las relaciones heterosexuales.



Es Morck quien intenta arreglar las cosas, pero solo las empeora. Irving hace pucheros y esta segunda sesión acaba en desastre. Carl no se presenta de nuevo en la consulta. Tras ver el ataque de pánico por televisión, Rachel busca a su paciente. Va a la comisaria e intenta retomar su rol de psiquiatra.

                                 Rachel intenta un acercamiento con su paciente

Para establecer un clima de confianza, le cuenta que es soltera, que plantó a un hombre en el altar al descubrir que ya estaba casado. ¿Entonces por qué se puso el anillo? Como no lo explica cabe especular que tenía miedo. No de Carl que en la primera entrevista ni la miró, sino de ella misma. En plática con Rose, Rachel admite haber tenido una relación con un abogado que la presentó con Merritt. No puede aportar nada solo que Merritt era altiva como lo son los abogados, como lo era el acompañante de Irving. Va dejando la impresión que lleva varias relaciones fracasadas y de ahí su miedo a hombres inestables aunque sean sus pacientes.

En la tercera sesión, paciente y psiquiatra están más relajados y Carl habla de su relación con Jasper. Para Rachel es una sorpresa saber que el detective tiene un hijastro. Todo va bien, pero la Dra. Irving de nuevo hace lo imprevisto, cuando Carl llega a la cuarta sesión se encuentra con …”La Dra. Sonnenberg”. Carl expresa vocalmente su frustración y dice sentirse “abandonado”.

                      Para luego abandonarlo sin despedidas ni explicaciones

Sonnenberg está de acuerdo. La sorprende que Irving no se haya despedido. Hay protocolos para transferir a un paciente a otro psiquiatra. Es necesario para no romper el lazo de confianza que se establece entre terapeuta y paciente. Como sea, Irving sigue pareciendo pésima profesional y dotada de personalidad errática.

Carl no encuentra más remedio que ir a casa de Irving y la audiencia femenina chilla “¡Stalker!”. Sorprendentemente, Rachel no se asusta, más parece incomoda, tal vez porque está hecha unas fachas, toda desaliñada. Él dice que ha venido por la sesión prometida. Ella le sirve un té y procede a narrarle su horrible juventud, sus trastornos alimenticios…¡Guau! Que gran psiquiatra. Es la peor que he visto desde Uzu Aduba en In Trearment.

En resumen, Scott Frank se esmera en mostrarnos que como profesionales, las mujeres del mundo de Mark son unas buenas plastas. Wallace es una estafadora, Irving es errática y poco profesional, Merritt Lingard era una fiscal más interesada en su surgimiento que en la gente que atropellaba o ponía en peligro.

Moira es la peor de todas, es incluso injusta con otras mujeres. Cuando Carl le dice que Rose “no es tan tonta como parece”, Moira pone el grito en el cielo ya que no es políticamente correcto referirse al cociente intelectual de una mujer, pero es ella quien cree (y actúa según ese criterio) que Rose es inepta y, como siempre, se equivoca.



¿Qué pasó con Vigga?

Si Scott Frank destruye a la mujer profesional, intenta salvar un personaje que, en los libros, es negativo. Me refiero a Victoria, la ex esposa de Carl Morck. En los libros Vigga (ese es el nombre que le dio Adler-Olsen) abandonó marido e hijo para irse con diferentes parejas y ahora aparece de improviso para pedirle dinero al detective.

En la serie la tienen convertida en otra fémina sermoneadora a pesar de que, para seguir su carrera de sobrecargo, abandonó al marido encajándole al hijastro. La serie aumenta los problemas domésticos de Carl y, en el tercer episodio, cae en un truco telenovelero del malentendido. Tras descubrir que Jasper no va a la escuela, pero se queda en casa follando con la novia, Carl le deja un mensaje de voz a su ex diciéndole que tal vez Jasper no debería vivir con él.

Después de este intercambio, Carl y Jasper hacen un trato y firman una tregua, pero Victoria llama a su hijo y le dice que Carl no quiere nada con él. Para mayor confirmación le envía el mensaje de voz.  Ignorando que se trata de un mensaje antiguo, Jasper se altera y se va a vivir a casa de su abuela. Victoria aparece en casa de su ex para avisarle y para endilgarle un sermón de que es un mal padre ya que no comparte con Jasper los detalles de su trabajo policiaco o algo parecido, como si ella tuviese derecho a opinar.

                           Victoria, otra mujer inventada

Las que se Salvaron

Yo tildaría la serie de totalmente misógina si no fuese por dos personajes. Claire,  interpretada por la infaltable Shirley Henderson, era el ama de llaves de Merritt, pero su trabajo principal consistía en cuidar a William. Luego de perder un hijo y ver fracasar su matrimonio, Claire dedicó una década a cuidar, conocer y establecer una relación con el muchacho a pesar de la hostilidad de una celosa Merritt.



En su investigación, Morck descubre que Claire es la única persona que ha seguido visitando al hermano de Merritt en la clínica psiquiátrica. Cuando William huye de ese sitio busca refugio en el invernadero de Claire.

Muchos espectadores y críticos quieren crear un paralelo entre Merritt y Carl. Puede que ambos sean erizos amargados y sarcásticos, pero Merritt no es una buena persona, es incapaz de querer a nadie. Aun su preocupación por William deriva de un sentimiento de culpa.

                          Clare es la unica que se preocupa de William

Morck, en cambio, está lleno de afectos (por Hardy, por Jasper) que no puede expresar y reconoce ese dilema en Claire. Cuando rescata a William de la ambiciosa Wallace, se lo lleva a Claire. La escena en que William y su nana se abrazan es refrescante en una serie de gente hostil e incapaz de relacionarse con los demás.

Me he quedado con el mejor personaje femenino de la serie y uno que si existe en los libros aunque creo que la Rose de Scott Frank es más humana y sensible que la que haya creado Adler-Olsen. Rose es una misfit total, tal vez más que Carl y Akram. Sufre de déficit atencional, de TOC, en resumen está en el Espectro. Una vez fue parte del equipo de Morck, hasta que accidentalmente atropelló a un peatón. La culpa la empujó al suicido y a “episodios” que combate con medicamentos recetados.

Desde entonces la han convertido en una especie de recepcionista glorificada. Será Carl quien la saque de ese puesto y ponga a trabajar todo el talento de investigadora de Rose quien a pesar de ser un poco atolondrada y de sacar la tarjeta de sexo a relucir a cada rato (”¿acaso es porque soy mujer?”) evidencia que el sexto sentido  femenino existe y es fundamental para una buena investigación.



Agreguémosle que Rose posee una gran compasión . Su caridad permite que Akram llegue al Departamento Q . Incluso Rose intenta explicarle a la psiquiatra porque Carl es tan rudo y antisocial con un “se siente responsable” y cuando la inepta Rachel pregunta “¿de qué?”, Rose responde suavemente “de todo”.

Es mi impresión de que el Noir nórdico, y no solo el de Adler-Olsen, no es proclive al romance o al retrato de mujeres centradas o con rasgos positivos, lo que es legítimo y no necesariamente implica misoginia. Sin embargo, al tratar de modificar esa característica en aras de la paridad  Scott Frank ha acabado con un retablo siniestro de  personajes femeninos.

Espero que en la segunda temporada, mejore ese detalle y ciertamente espero que la Dra. Irving deje de ser un personaje tan patético. Me aterra pensar que pueda ser la pareja de Carl. ¡Pobrecito! Aparte de que es inapropiado tener amores con un psiquiatra, ella necesita tanta o más terapia que nuestro protagonista.

 

lunes, 18 de agosto de 2025

Las Jaulas que Nos Creamos: Dept. Q (Netflix)

 


Al final del primer episodio de Dept. Q, encontré una especie de leitmotiv: los espacios cerrados como jaulas que sirven para ocultar víctimas de secuestro por años, pero también son sitios para que se cree un equipo de rescate para la víctima. Eso hace que esta serie de Netflix se asemeje más a Las Azules que a Slow Horses con la cual se la ha comparado. Por otro lado, hay jaulas invisibles en las que se encierran los personajes para defenderse del mundo y que acaban siendo su prisión.

Fieras Enjauladas

Si no me creen, aun antes de comenzar, puedo indicar que si a Carl Morck (Matthew Goode) su jefa enjaula en un sótano para mantenerlo alejado de los demás policías, él se ha creado una coraza para protegerse del mundo exterior y que al final le impide comunicarse con este. En ese sentido se parece a Merritt Lingard, la victima de secuestro que lleva cuatro años enjaulada en una cámara descompresora. No me ha sorprendido que el titulo original en danés se traduzca como La mujer en la jaula. En español también el titulo La mujer que arañaba las paredes crea una impresión de encierro.



Sin embargo, antes de su secuestro, Merritt se había confeccionado una celda interior que encerraba sus secretos del pasado, su angustia del presente y sus constantes remordimientos. Mas encima, vivía en una casa en un páramo donde tenía escondido a su hermano que era la encarnación de su culpa. Eventualmente su pasado vino a enjaularla en una prisión real como castigo, ya que sus secuestradores la veían como una alimaña dañina.

Los Q encontraron a William enjaulado en un elegante manicomio, pero el pobre chico ya vivía en una prisión, privado del habla y de la facultad para escribir. En su lecho de hospital, Hardy, está enjaulado por su paraplejia. Carl lo saca de esa jaula demostrándole que mentalmente puede ser libre y útil.

Jasper se queja que su padrastro se aísla de él, pero el chico también se construye una mazmorra en su cuarto, incluso ocultando su rostro con una máscara. Otros personajes están enjaulados por sus complejos, sus prejuicios y sus miedos. Quizás por eso, la gran queja que he oído de una serie  es lo odioso de los personajes.



Departamento Q vs Slow Horses

Me aburre y hasta fastidia la comparación constante entre estas dos series. Es cierto que ambas se basan en exitosas series de novelas, que están pobladas por personajes desubicados, con problemas mentales y que son despreciados por su gremio. Ahí paran las similitudes.

La serie de Jussi Adler-Olssen pertenece al género policial, en cambio las novelas de Mick Herron se mueven en el mundo del espionaje. Físicamente, Carl Morck es mucho más atractivo que Jackson Lamb, pero el personaje de Sir Gary Oldman no tiene trabas mentales y es, a pesar de su lengua sarcástica, devoto del bienestar de sus “protegidos”. Tampoco podemos comparar a Morck con el idealista e ingenuo River Cartwright que es el héroe (Lamb es el antihéroe) de Slow Horses.

                        Jackson Lamb vs Carl Morck

Mas importante  es que al final de la Temporada 1 de los Caballos Lentos  yo ya tenía mis personajes favoritos: la dulce y devota Catherine, el romántico dúo compuesto por Min y Louisa, y por supuesto, River. Los demás me hacían reír y me caían bien. Tenía claro que los Buenos eran los de Slough House, no los siniestros burócratas de MI5.

En cambio, llevaba veinte o más minutos de ver el primer episodio de Dept. Q y estaba llegando a una conclusión: no había personaje querible ni con quien me identificase y solo la estaba viendo por Matthew Goode. Pensaba si podría aguantar siete capítulos más (después de todo no me interesan los misterios policiales a menos que sean históricos) cuando ocurrió el milagro.  Apareció un personaje que me interesó (y no por que posea la galanura de MG) y en los últimos diez minutos la trama dio una voltereta que me la hizo super interesante.

La Tragedia de Ser Carl Morck

La acción tiene lugar en Edimburgo, y el primer episodio consiste en viñetas semi corales que nos presentan a los personajes. Comenzamos con el detective Morck y su compañeroy tal vez su único amigo Hardy (Jamie Sives, mi queridísimo Ser Jory Cassel), paseando por las calles de Edimburgo cuando se encuentran con una patrulla policial ante la puerta abierta de una casa.

                              El ultimo paseo de Carl y Hardy

Contraviniendo el manual que indica como deben comportarse en una escena de crimen, los policías se entrometen y encuentran un cadáver con un cuchillo incrustado en el cráneo y un patrullero novato llamado Anderson custodiándolo. Morck se complace en humillar a Anderson, señalándole todos los errores que ha cometido. En medio de eso, emerge de la cocina un sospechoso cubierto con un pasamontaña que les dispara al trio.

Corte a los créditos y para cuando regresamos han pasado cuatro meses. El pobre Anderson murió en la balacera, Hardy está paralizado en un lecho de hospital. Morck recibió una herida en la cara que cubre con barba más espesa (lo que hace a MG triple slurp), pero lo que no salta a la vista es que está triple traumatizado.

Aun así la policía le ordena que se someta a una terapia a manos de una psicóloga que…errrr…es el único personaje que me complica en Departamento Q y eso que lo interpreta mi querida Kelly McDonald. Hablaré más de ella cuando me toque repasar el feminismo en la serie.



Morck intenta reincorporarse a la fuerza policiaca donde nadie está contento de verlo. Da la impresión que la tragediade la que lo culpanes la última gota de un vaso que él ha llenado con su sarcasmo y soberbia. Visitar a Hardy en el hospital es poca ayuda. El único amigo de Morck es presa de pensamientos suicidas y no está para escuchar cuitas ajenas.

Morck quisiera ocuparse de la investigación de su caso y descubrir la identidad de su atacante, pero esto ha quedado en manos de un trio de ineptos que comparten el mismo mal gusto en peinado y  no son muy ocurrentes. Para colmo, el detective tiene problemas personales.



Divorciado, ha quedado con la custodia de un hijastro adolescente, un arreglo que disgusta a ambos. El chico es típico Z inútil que se la pasa escuchando música estridente con audífonos y una máscara, tipo Darth Vadar, tras la cual se oculta del mundo. Cuando ya Jasper no sabe cómo irritar a su padrastro y a Martín (a quien Morck renta un cuarto en su casa) aporta un nuevo cambio, saltarse días de escuela y pasárselos en casa encamado con una compañerita.

                      Jasper en la puerta de su jaula

Un Baño-Oficina: Ni que fuera Betty La Fea

Morck no sabe qué hacer con Jasper y su jefa (Karen “Lisa Arryn” Dickie) no sabe qué hacer con Morck. La solución la traen sus superiores. Se ha descubierto que su comisaria tiene un récord de casos no resueltos. Quieren instalar un departamentoellos pondrán el dineropara que trabajen en esos cold cases y así satisfacer a la quejosa prensa.

Moira se pasa de lista, crea el Departamento Q, y pone a Carl Morck a cargo. El solito con su propia oficina en el subterráneo donde una vez estuvieron los baños compartidos. Todavía hay orinales adosados a la pared. Ni a Betty, La Fea le dieron una covacha tan hedionda.



Esto me ha recordado a Las Azules cuando les instalaron su oficina en el sótano. De nuevo tenemos una comisaría que no sabe qué hacer con un/unas indeseables, pero que no puede quitarse el bulto de encima. Para eso sirven estas jaulas para escondrijos de los elementos incomodos.

                  La guarida del Departamento Q

Como ocurriera con Las Azules, Morck y su equipo (del que hablaré en un segundo) limpian, arreglan, humanizan el subterráneo, y emprenden desde ahí una campaña para resolver su primer cold case. Eso, sin ayuda, de los de arriba donde Moira ha revertido los fondos que la ciudad le ha dado para el Departamento Q a sus Caballeros del Valle que ahora gozan de computadores nuevos.

No todo el mundo es oportunista y ratero en la superficie. Ahí tenemos a Rose (Leah Byrne), la recepcionista, quien una vez fuera policía, pero ha sido degradada ya que, como Carl, también está un poco cucú. Aunque a ratos es exasperante, y su peinado es mitad Bozo, el Payaso y Larry, el de los Tres Chiflados, me cae bien. Es gordita, le gustan los pastelillos y tiene buen corazón e intuición.

Intuye que Akram (Alexei Manvelov), un tímido refugiado sirio que ha venido en busca de empleo,  puede ser útil en el precinto y lo envía donde Moira. Justo ese día Carl anda berreando porque necesita alguien que archive y organice el centenar de cajas de casos no resueltos. Moira le manda a Akram Salim.



Resulta que el refugiado fue detective en su país antes que la situación política lo empujase a huir con su familia. Morck nota que es avispado, organizado y muy intuitivo, así que lo convierte en su asistente en la investigación. Akram es cortes, compasivo y quiere hacer las cosas según el manual, algo difícil con Morck, Sin embargo, Akram es bueno para saltarse las reglas y literalmente se salta vallas. El mejor momento es cuando visita una casa abandonada y se enfrenta a una banda de delincuentes-ocupa a los que reduce solo con las manos.

Será Akram quien, satisfaga a Moira consiguiendo un caso cerrado: la desaparición hace cuatro años de la fiscal Merritt Lingard. Con eso Moira convoca a una conferencia de prensa y coloca a un Carl ,sin ninguna preparación, a cargo de esta. Todo va bien hasta que un periodista se le ocurre cambiar el tema e interrogar a Carl sobre su caso que ha dejado un muerto, un invalido y un traumatizado policía.

                       Ni una corbata puede esconder el trauma de Carl Morck

Morck se descompone, sufre un ataque de pánico y huye de la conferencia. Nuevamente es Akram quien acude en su ayuda. A pesar de que para todos los presentes y hasta quienes lo vieron por televisión, es obvio que el detective no está bien, Morck sigue con la investigación y logra componer un equipo confiable compuesto por Akram, Rose y Hardy que, desde su cama de hospital y vía laptop, contribuye a resolver el misterio de Merritt Lingard.

                          Hardy desde su jaula-cama de hospital

¿Dónde está Merritt?

Después de haber leído el libro de Jussi Adler Olsen (en ingles se llama The Keeper of Lost Causes; en castellano es La mujer que arañaba las paredes) en la que han basado la serie, es evidente  que Scott Frank ha cambiado bastante el argumento.  Es interesante como ha navegado/conservado los saltos cronológicos del original. El primer episodio es una presentación de los dramatis personae, pero hay un personaje con el que Morck y su equipo nunca se entrecruzan.

Nos pasamos el tiempo esperando que este personaje y su historia paralela se unan a la línea argumental. Esto solo ocurre al final cuando descubrimos que la mujer que hemos visto es la misma del caso que Akram ha escogido para que debute el flamante Departamento Q. Todo lo que hemos visto de Merritt son flashbacks que llevan a su misteriosa desaparición de un ferry camino a la isla de Mohr que la fiscal, y su hermano, William, tomaron de regreso al hogar paterno.

Gracias a los flashbacks descubrimos que Merritt era una planta espinosa, brillante pero arrogante, audaz pero imprudente. Acababa de arruinar un caso importante y conseguido la indeseada libertad de un millonario que había asesinado a su esposa. Sin embargo, no fue el presente lo que precipitó el secuestro de la mujer. Eso es lo que descubrirá el Departamento Q.

                      Merrit amonestada por su superior

A pesar de los esfuerzos de Frank por mejorar, agilizar y hacer más interesante la trama, Departamento Q ofrece muy poco para atraparme y confieso haberla visto solo por Matthew G. Quizás sea porque no soy connoisseur del género, tal vez porque su énfasis en lo wokesobre todo el aura semi feminista me cohíben, pero la serie no me es atractiva.

Recalco  que los personajes, con la excepción de Akram y Rose (y tal vez Clare ),son detestables, llegando al punto que le tengo lastima a Morck por estar rodeado de tarados insensibles. Las actuaciones son desiguales. Solo Matthew está magnifico. Deja atrás esa aura de niño bonito que cultivó desde sus días de Brideshead Revisited y ofrece la mejor actuación de su vida (aparte de su Bob Evans en The Offer)




Matthew como Bob Evans

  Mathew en Dept. Q y en Discovery of Witches. Noten el cambio

Estéticamente la serie no brinda mucho. Es difícil recordar que está situada en la Edimburgo de María Estuardo y de Robert Louis Stevenson, a pesar de que hay escenas en zonas antiguas. Como todo lo de Netflix, es deprimentemente oscura y los personajes además de antipáticos están empeñados en verse feos y desaliñados. Sobrevive Mathew G. por qué ...aceptémoslo, es Matthew Goode.



Contenido Violento o Gory: Se supondría que un Noir debe tener su buena cuota de violencia, pero por primera vez veo como el wokismo trata el tema. La violencia es casi toda verbal, se describen hechos violentos (El asalto que dejó a William impedido de sus facultades; el ataque que mató a Anderson y dejó malheridos a Hardy y Morck, etc.). La tortura que sufre Merritt en su bóveda es física, pero más afecta su psiquis que su cuerpo.



Por supuesto que eso va cambiando al final. Tenemos gore galore cuando a la mujer enjaulada se le infecta un molar y sus captores le proporcionan un alicate para que se lo extirpe por si sola. El episodio final ve asesinatos, balaceras, etc. Antes, Akram tortura a un maleante en una escena casi cómica y Carl golpea a un gánster que amenazó a Jasper.

Sin embargo, hay en toda la serie un terror a la violencia. Las reacciones bruscas de Morck, que pueden catalogarse de impulsivas o inusitadas, alteran a quienes lo rodean, tal como ciertas palabras son vistas con tanto miedo como si quien las usa apuntara con un arma.

El caso más patético y desagradable es cuando Akram se encuentra con la pandilla de ocupas que inmediatamente se le enfrentan, sin haber agresión por parte del policía. Una incluso grita que el sirio no está armado. Ella lo sabe porque su padre era patrullero. Akram rápidamente demuestra que no necesita de armas para dominar a bullies cobardes.



¿Qué consigue con eso? Que él ocupa al que controló lo demande y Jacobson le endilgue un sermón a la persona más serena de la serie. Dos factores emergen de este encuentro. El primero es el casi racista recordatorio de Moira de que en Europa no se hacen las cosas como en el Medio Oriente. El otro, la evidencia de la nulidad de un departamento de detectives que no portan armas, ni siquiera un taser.

Ya bastante ridículo es que, en Londres,  los Bobbies ,deban defenderse de manifestantes y terroristas con un misero bastoncito, pero ¿dónde se ha visto que detectives en un espacio peligroso no tengan con que defenderse?  Más encima reciben regaños de sus superiores por usar ciertas palabras o darle un empujoncito a un periodista que invade su espacio. ¿Qué es esto? ¿Un internado de señoritas?



Contenido Sexual y Desnudos: Casi 0, lo normal en una serie donde amor y ternura son los grandes ausentes. Martin y Carl se impresionan ante la actividad sexual de Jasper. En un flashback vemos que Merritt tuvo una relación pasajera con un periodista y el actor que lo interpreta muestra nalgas. Luego los vemos desnudos de perfil, pero no son escenas eróticas. Como tampoco lo es la de Moira secuestrada, masturbándose ante la mirada de su secuestradora.

Factor Diversidad: Para ser una serie británica, no hay mucha diversidad. La ex asistente de Merritt es de origen africano; Martin y el personal médico que atiende a Hardy parecen venir del subcontinente indio.

El mayor exponente de un mundo “exótico” es Akram Selim que irónicamente es interpretado por un actor ruso de origen kurdo. Como saben, Akram es un personaje canon aunque en el libro se llama Assad. En la serie es mayor que en el libro y más misterioso, pero conserva tres características, su humanidad que a ratos choca con el cinismo de Morck; los enigmas de su pasado; y una cualidad que me recuerda a un arquetipo dieciochesco.



A ratos pareciera que viésemos la vileza y absurdísimo de nuestro Occidente a través de los sorprendidos ojos de Akram quién representa un sentido común y una compasión perdida por nuestro mundo. En ese sentido nos lo acerca a los protagonistas de Les Lettres Persiennes de Montesquieu y Las Cartas Marruecas de Jose Cadalso

Un poco extraño que en una serie de Netflix haya poca diversidad sexual. Apenas un policía gay que Rose conoce en la Isla Mohr. Por otro lado tenemos minusválidos y gente en el Espectro por doquier. Como también tenemos un pésimo retrato de las psiquiatras modernas, pero de eso que es parte del pésimo retrato que Scott Frank ha confeccionado de la “mujer empoderada”  hablaré, D-s mediante, en mi próxima entrada

miércoles, 23 de agosto de 2023

A 50 Años de El Padrino: Una oferta que no se puede rehusar

 

 


Que la Paramount fuese a hacer una miniserie sobre cómo se hizo The Godfather sonaba autorreferente y aburrida. Pero a medida que me adentraba en la génesis de la mejor película hecha en Estados Unidos,  y me enteraba de detalles insospechados tales como el rol de la mafia en su filmación, me enganchaba más con The Offer que,  tal como la novela de Mario Puzo,  mezcla temas universales con el Sueño Americano.

Llevaba dos episodios bien tragaditos bien satisfecha, cuando encontré este artículo de Peter Bart que me dejó patitiesa. ¿Entonces toda la serie era una gigantesca mentira? Por suerte mi instrucción de bibliotecóloga y crítica literaria me llevó a investigar. Si encuentro una falsedad en un artículo ya me hace sospechar sobre su veracidad. Aquí fue la identificación de Joe Colombo como un corredor de propiedades. Hasta yo sé que era un Capo di Mafia.

Otra cosa que Bart dice que es mentira es que Robert Evans y su familia fueron amenazados con violencia si continuaba la filmación. Asegura que tanto Bob como Ali McGraw se lo negaron en la cara. ¿Entonces cómo explica que en sus memorias Evans recuerde esas llamadas? ¿O que Ali le dijo en entrevista a Mark Seal que, aunque no escuchó la llamada sabía que ella y su hijo estaban en peligro?



También me molestó que Bart (tan simpático en la miniserie)  hable de como los mafiosos abrazaron el proyecto de la Paramount. Efectivamente, perotal como muestra la serie fue después que Al Ruddy se sentase con Colombo a dialogar. Ruddy le vendió El Padrino, al Capo no solo como una visión semi positiva del crimen organizado, sino también como un homenaje a la comunidad italoamericana.

Sé que a muchos les disgusta The Godfather por considerarlo un filme de gangsters donde violencia y crimen organizados son vistos con cierto glamur. Un momento mágico de la serie es cuando Coppola le explica a Evans que El Padrino es una metafora de como el Sueño Americano puede ser tan obtaculizado por el capitalismo que solo las vías de la ilegalidad quedan abiertas para el inmigrante.



Bob Evans el Wunderkind de la Paramount

Lo que descubrí en mi investigación fueron varios postulados auténticos que son las bases de The Offer:

a) En 1969, Robert Evans era el Niño Maravilla de la Paramount.

b) En 1965, Mario Puzo estaba hasta la nariz de deudas de juego y eso lo empujó a escribir un libro sobre una familia italiana y sus vinculaciones con la mafia.

c) Existía en la comunidad italoamericana un desprecio por filmes de gánsteres que culpaban de ser un motivo para que la comunidad WASP discriminase en contra de sus miembros.

d) Una vez que Frank Sinatra leyó el libro y notó las similitudes con su vida personal,  montó en colera y montó una campaña para evitar que el bestseller de Puzo llegase a la pantalla.

Con estos cuatro factores, The Offer ya ofrece pruebas suficientes para creernos que (con necesarias licencias) estos fueron los hechos. Son los recuerdos tanto de Puzo, Francis Ford Coppola, Evans y Al Ruddy. Cierto que son un cuarteto de fabulistas (como corresponde a representantes de etnias de narradores de cuentos),  pero como dice el dicho italiano Si non e vero y ben trovato.



Comencemos,  como la serie,  con verdades.  Cuando Bob Evans llegó a la Paramount no solo traía conexiones de un ex actor , también una pequeña fortuna que quería invertir en proyectos soñados y un modo agresivo de producir que nacía de ser hijo de privilegio (se había criado en un hogar afluente del Upper West Side neoyorquino),  pero muy cercano a la experiencia del inmigrante que debe luchar contra prejuicios. Eso se notaba hasta en el cambio de apellido. ¡Yo ni sabía que Bob Evans era judío!



Para 1969,  el año en que Puzo publicó El Padrino, Evans había llegado a ser el mandamás de la Paramount, elevándola al estudio más cotizado de Hollywood. Eso gracias a su visión que lo había llevado a producir blockbusteres como Descalzos en el parque, La pareja dispareja y Rosemary’s Baby. Cuando inicia la serie, Evans está intentando convencer a los representantes de la Gulf&Western ( el consorcio dueño de la Paramount)  de que un romance en que la heroína muere de leucemia no va a ser un fracaso de taquilla. Obviamente Love Story no lo fue y ese episodio sirve para mostrarnos el romance de Evans con Ali Mc Graw que se convertiría en su tercera esposa y madre de su único hijo.



De Hogan’s Heroes a The Godfather

Es por ese entonces que Evans conoce a Al Ruddy, tan visionario y tan receptáculo de Chutzpah como el productor. Ruddy ha abandonado un buen pagado empleo como programador de computadoras en RAND para incursionar en la producción de series de televisión. Su salto a la fama fue venderles a la CBS uno de los proyectos más controversiales en contenido de la televisión de Los 60.

Voy a detenerme a describir Hogan’s Heroes porque ejemplariza la visión audaz de Ruddy y porque tiene paralelos con el modo en que tratará el desarrollo de El Padrino. A pesar de que en 1965 todavía el Holocausto no era tema de sobremesa y que desde Los 50, Hollywood buscaba encontrarles un rostro humano a los habitantes de la Alemania nazi, la idea de crear una sitcom sobre los quehaceres de prisioneros de guerra en un Stalag aun hoy se ve como de mal gusto.

Ruddy no solo convenció a los ejecutivos del CBS de comprar su libreto, además evitó con un par de estrategias cualquier protesta del público estadounidense. La primera fue crear una historia totalmente escapista e inverosímil. El Coronel Hogan y sus hombres se fugan cada noche del campo para cumplir con misiones de sabotaje y espionaje sin que nadie se entere. La razón es que los alemanes a cargo del campo son retratados como poseedores de una estupidez caricaturesca.



El segundo paso fue dejar los roles de los nazis en manos de actores judíos. Werner Kemplener, quien ganaría dos Emmy como el Comandante Klink, había huido de Alemania en 1933 y exigió,  para poder interpretar a su personaje,  que este jamás presentara rasgos positivos. El intérprete del corrupto y jocoso soldado Schultz,  que a punta de sobornos hace de la vista gorda a los manejos del equipo de Hogan,  había perdido parientes en Treblinka.

Ruddy hizo la serie más diversa dándole el rol de Le Beau, el cocinero del equipo de Hogan, a Robert Clary , sobreviviente de Auschwitz. También incluyo a un afroamericano entre los “héroes”, algo poco común en las series de ese entonces. Si el proyecto estaba hecho por judíos y actuado por sobrevivientes del Holocausto, no había lugar para quejas. Los Hombres de Hogan tendría seis temporadas, y en su primer año estaría entre las más vistas en la Unión Americana. En ciertos aspectos, Ruddy reutilizaría esas estrategias para resolver los muchos problemas que vendrían con la producción de The Godfather.



En 1970, Bob Evans le encarga a Ruddy la producción de la novela de Mario Puzo.  Se trata de un proyecto irrealizable porque no tienen los fondos necesarios. Aun así, Ruddy visita a Los Puzo en Nueva York y vuelve a California con Mario que quiere ser el guionista, pero se la pasa más flotando en la piscina y tragando pizza.

Peter Bart le aconseja a Ruddy buscarse un libretista profesional y lo contacta con Francis Ford Coppola. Para sorpresa de todos, Puzo y Coppola, aunque corresponden a diferentes espectros de la experiencia italoamericana, hacen excelente mancuerna y empiezan a escribir una obra de arte.



Los problemas comienzan a aflorar. El primero es el financiamiento de la película. Todos esos proyectos imposibles y risibles de la Gulf & Western de trasladar la filmación a Kansas City y de situar la trama en un marco contemporáneo para convertir a Michael Corleone en un veterano de Vietnam son ciertos. Bob Evans tuvo que sacar las garras para que la novela llegara semi completa a la pantalla. De hecho, en la vida real fue quien exigió que la alargaran.

Sinatra y la Mafia

Frank Sinatra era otro problema. Seguro de que Johnny Fontane estaba inspirado en su vida personal (Mario Puzo lo negó hasta su muerte),  Francis Albert estaba empeñado en impedir que el personaje llegase a la pantalla. El episodio del enfrentamiento entre el cantante y Puzo en un restaurante angelino es verdadero. La única diferencia es que el escritor no amenazó con clavar un tenedor en los famosos Ol’Blue Eyes.

Sinatra comenzó una campaña en contra del filme apenas se supo que la Paramount había comprado los derechos del libro. Se dice que Vic Damone rechazó el rol de Johnny Fontane por respeto al Chairman of the Board, pero nunca dijo haber sido amedrentado por Sinatra ni (esta escena de la serie es falsa)anunció su rechazo públicamente durante un espectáculo en Las Vegas.



¿Si Frankie andaba ofreciendo sus famosos mamporros a quien se atreviera a parodiarlo en el filme, como es que Al Martino si aceptó el papel? El rumor es que Martino tenia, como su personaje, un padrino poderoso y hasta ahí llegaba el poder de Sinatra. Esa llamada insolente a Colombo nunca tuvo lugar. Francis Albert le debía mucho a la Cosa Nostra, y por eso les debía respeto.

Hora es de hablar de como el crimen organizado es retratado en la serie. Tenemos dos arcos: el auge de Joe Colombo en la mafia y su rol en la filmación de El Padrino. Lo primero es ciertamente verídico. No solo lo vemos antes de ser parte del consejo de La Cinco Familias y luego dentro de este, siempre sintiendo que por ser “el nuevo “pisa arena movediza. Fascinante es también su lucha contra Gallo, un matón peligroso que se la tiene jurada al Clan Colombo y al que hay que neutralizar.



En cuanto a la vinculación de Joe Colombo con la antipatía italoamericana por El padrino, si bien es cierto que fundó La Liga de Derechos Civiles de los Italoamericanos, no fue debido a la novela de Puzo. Es cierto su cuestionamiento de “Los judíos tiene al JDL, los negros tienen al NAAPC,  pero ¿quién nos defiende a los italianos?” . De hecho, La Liga había tenido un precedente ya que desde los días de la serie televisiva de Los Intocables existía una incomodidad en la comunidad italoamericana sobre esa asociación con el mundo criminal y como se les retrataba en cine y televisión.



Que la Mafia hizo una advertencia violenta a Al Ruddy también es cierto. Fue Bettye McCartt,  quien había pedido prestado el carro del patrón,  la que despertó con el ruido de tiros y vidrios rotos. Cuando fue a revisar el automóvil se encontró con una nota advirtiendo a Ruddy que cesara la filmación de El Padrino. Lo que no es cierto es que haya sido Mickey Cohen el causante del atentado, puesto que, por esas fechas, el gánster estaba a la sombra.



Al Ruddy no se anduvo con recovecos. Partió hacia Nueva York,  se entrevistó con Colombo y lo convenció tal como muestra la serie.  La palabra “mafia” se borró del guion, se redujo el personaje de Fontane a dos escenas, Ruddy accedió a contratar personal y elenco de origen italiano y permitió que alguno de los hombres de Colombo se infiltrase en el set. Con eso se consiguió que la mejor película hecha en los Estados Unido fuese también un espectáculo de lo bueno y lo malo de la comunidad italoamericana.



Como muchos filmes sobre el crimen organizado, le tomamos cariño a los mafiosos y abrazamos su estilo de vida cimentado en familia, honor y tradiciones. Los verdaderos villanos son los financistas que creen que el cine solo sirve para hacer dinero. Lo que la serie nos muestra es que El Padrino es tanto una obra de arte como una obra de amor y que todos los involucrados trataron la producción con casi veneración. Eso explica los constantes choques con Gulf& Western, pero también entre Coppola y Ruddy,  y la relación amor-odio entre Robert Evans y todo el mundo.



Hay todo un género de ficción sobre cómo se han hecho grandes filmes. Ahí tenemos a Mank (El Ciudadano Kane), White Hunter, Black Heart (La Reina Africana)  y en televisión tenemos la primera temporada de Feud (Whatever Happened to Baby Jane) y la tercera entrega de Moviola titulada The Scarlett O’Hara War que se puede encontrar completa y con subtítulos en español en YouTube. Ninguna de las mencionadas tiene la atención al detalle de The Offer.

Verdades y Mentiras de la Confección de un Clásico

Ha sido creada por Michael Tolkin (Ray Donovan) , escrita por el mismo Tolkin, Leslie Rieff  (Walker Texas Ranger) y Nikky Toscano(Revenge). Dirigida por Adam Arkin,  está basada en los recuerdos de Al Ruddy, algunos de los cuales contradicen versiones de otros testigos,  pero comparándola con el recuento de Pass the Gun, Leave the Cannoli de Mark Seal (resumido en este artículo de Vanity Fair) , hay poca discrepancia. Podemos concluir que se trata de una descripción semi fiel de la confección de un clásico entre clásicos.

Hay un salmagundi cronológico. Reiff y Tolkin mezclan eventos que ocurrieron entre 1965 y 1974 a veces poniéndolos en un mismo año. Fue antes de El Padrino que Robert Evans se enteró que iba a perder su empleo por un titular de periódico.  Es cierto que a comienzos de los 70, la Gulf& Western quería vender la Paramount porque no les generaba los ingresos deseados. Bludhorn y Evans conspiraron para que el productor llegase de improviso a una reunión ejecutiva y les pasase los videos ya filmados de The Godfather. Me gusta la versión de la serie en que Bob irrumpe en esa reunión,  donde nadie lo quiere ver,  para sacarse de la manga un discurso impromptu que detiene el proceso de ventas.



No, nadie metió un ratón muerto en la cama de Bob Evans, pero según su autobiografía recibió amenazas telefónicas de que le harían daño a su hijo si continuaba la filmación. Es cierto que él odiaba la idea de tener a Al Pacino en el filme. Es cierto que Puzo convenció con una carta personal a Marlon Brando de ser Vito Corleone, pero no que el FBI haya avistado a Ruddy en el funeral de Carmine. De hecho, Carmine fue uno de los mafiosos que Ruddy contrató para ser parte del equipo de la película. Y no sabemos si realmente Ruddy se acostó con Andrea Eastman.



Me cuesta dar una opinión objetiva de The Offer porque me he enamorado de ella. Amo el modo en que se combinan tres arcos: el de Ruddy y su equipo, el de Joe Colombo y su equipo,  y el de Bob Evans que debe ser mago, arbitro y rey de este cuento, donde es el héroe que combate los villanos capitalistas de Gulf&Western , pero que en el camino pierde su matrimonio, su norte y casi su empleo. Es Matthew Goode quien me ha impresionado con su retrato de Evans un genio egocéntrico que en un momento explica a Peter Bart como de niño en vez de ir a la sinagoga los sábados,  se escapaba al cine y que ahí encontró su religión.




Por fin he encontrado el lugar donde quería colocar a Matthew Goode ya que en veinte años de verlo no he podido tragarlo (aunque le encuentro su atractivo). El respeto con que trata al personaje de Robert Evans me convenció. También en que no lo convierta en una parodia, a pesar de que medio Hollywood solía imitar a Bob. Incluso se dice que fue la inspiración de Murmullos el villano de Dick Tracy interpretado por Dustin Hoffman. Si las premiaciones no le tuviesen asco al producto Paramount, Matthew hubiese ganado un premio por tan magistral actuación. Si hasta es excelente soltando palabrotas.



Por debajo de la actuación de Goode, pero digna de mención está Justin Chambers (el Karev de Grey’s Anatomy) como Marlon Brando. Yo creía que nunca podría Burn Gorman sacarme de la cabeza la imagen del repugnante Karl Tanner de GOT. Su Charlie Bludhorn,  que bien pudo ser un villano, alcanza dimensiones humorísticas sin caer en lo grotesco,  y casi heroicas en el modo en que, aunque dispuesto a ganar dinero sabe comprender que para lucrar hay que permitir crear antes.




Contenido Violento y Gory: La yuxtaposición del acoso de la mafia a la producción y la verdadera guerra entre Joe Colombo y Joe Gallo proporcionan lo más violento de la serie. ¿Lo más Gory?  El cadáver del ratón en la cama de Bob Evans.

Contenido Sexual y Desnudos: Hay escenas de cama de Ruddy y François, pero no hay desnudos.

Contenido Feminista: Tengo muy presente que, hasta este siglo,  las producciones de Hollywood fueron el refugio de machos hemingweyanos,  no un sitio donde el trabajo de la mujer fuese apreciado o deseado. No me molesta que en The Offer no haya muchos roles femeninos o como que el más importante sea asignado a Betty McCartt (Juno Temple) , secretaria de Ruddy. Es a Bettye a la que se le permite hablar fuerte,  dominar la situación y abofetear a Ruddy cuando este cae en la autocompasión,  y será ella (obvio que esto no pasó en la vida real) quien vaya a dialogar de tú a tú con el Padrino Joe Colombo.



Aun así, Bettye es vista través del lente masculino. Cuando le pregunta a Andrea Eastman porque siempre usa falda, la encargada de casting debe reconocer que sus piernas hablan más que su trabajo. Luego vemos a Bettye más en minifalda que en pantalones. Cuando Bettye habla por primera vez (por teléfono) con Charlie Bludhorn,  este le pregunta si tiene piernas largas. Sabemos poco de la vida privada de Bettye, aparte que es divorciada. Su vida parece girar en torno a su trabajo. Ni siquiera nos cuentan que tenía dos hijos que vivían con ella.



Más triste aun es el rol asignado a las otras dos mujeres importantes en The Offer. Ni Françoise Glazer (Nora Arnezeder) ni Ali Mc Graw (Meredith Garretson )trascienden estereotipos de mujeres trofeo. Ali no pasa de ser una anécdota hasta que su infidelidad destroza a Robert Evans y pone en peligro la filmación de The Godfather. El caso de Françoise es más triste. Como con Bettye tampoco mencionan que tiene dos hijos, ni que ya es Mrs. Ruddy para la época en que Al comienza la filmación de la película o que colaboró con su marido en el paso a paso de la manufacturación de El Padrino.



Al comienzo muestran a François como astuta mujer de negocios, dueña del famoso restaurante angelino “The Chateau” y llena de útiles contactos. De pronto la convierten en una bimbo entrometida que quiere trabajar con su marido en la filmación. Ni Evans, ni Bettye, ni el mismo Ruddy están contentos.  ¿Por qué? ¿Acaso no conocen parejas que han escrito novelas juntos o fundado empresas juntos? Desde ese momento Françoise desaparece y nadie parece recordarla. Solo al final cuando Evans lloriquea por el abandono de Ali, es que Al masculla algo sobre como perdió a Françoise a la que tanto amaba.

Lo cierto es que Los Ruddy se divorciaron en el 1974. El motivo, aparte de la falta de honestidad de Al, fue que no quiso colaborar con su mujer en una adaptación de una novela de Anais Nin. A diferencia de la serie, el proyecto era idea de Françoise. Un detalle es que nos dicen que Françoise descubrió el guion de The Longest Yard. El capítulo final es todo sobre la pasión de Ruddy por este nuevo proyecto, pero ni una palabra sobre la esposa que lo inspiró a trabajar en él. ¿Tanta rabia le tiene Ruddy que,  aun después de muerta,  tiene que disminuirla?



El caso Ali McGraw es más enigmático. Meredith Garretson aparece en el primer episodio azotando al mundo con sus largos cabellos cuando Evans la presenta a Arthur Hiller que no quiere trabajar con “la chica del productor”. Françoise también es calificada de Girl Friend de Ruddy. En realidad, ambas eran esposas. Gracias a la auto-biopia de Evans descubrí que Ali poseía los derechos de Love Story, que, aunque comprometida con otro tuvo que aguantarse los galanteos del productor. Finalmente cayó en su cama después de un ataque de ira que le dio cuando supo que Robert Evans había contratado a Hiller sin su permiso. La serie nos lo presenta al revés, como que el director es quien no está convencido que Ali dará la talla. En realidad, a quien no quería Hiller era a Ryan O’Neal.



Aunque adoro como Matthew Goode retrata a un hombre que sufre tanto por su vanidad herida como por la pérdida de la mujer que ama, si le creemos a su autobiografía no fue así. Evans dice que fue en París,  en 1972,  que descubrió que su mujer y Steve McQueen eran amantes y que poco después se divorciaron. Aunque reconoce que Ali fue el amor de su vida, no hay mención ni de haber descuidado su proyecto de El Padrino ni de haber caído en las drogas como consecuencia del divorcio. Su drogadicción,  de acuerdo a otras fuentes,  data de antes del matrimonio y fue provocada por dolores insufribles de espalda.



En resumen, la serie muestra a las esposas como fuerzas destructivas.  Nunca como fuerzas creativas. De hecho, ni se las retrata como madres, porque tampoco hay mención de Joshua, el hijo dé Ali y Bob. Extraño, porque a través de su autobiografía, Evans se expresa de su hijo con mucho amor,  y le dedica el libro.

Factor Diversidad: Esta es una serie que homenajea a la comunidad italoamericana, aunque parezca una glorificación de la mafia. El Padrino abrió una puerta importante para la creatividad italiana. Sin él no tendríamos la magia de Francis Ford Coppola, ni a un De Niro, un Pacino,  un Stallone o un Travolta . No tendríamos un Scorsese, un Brian De Palma, ni siquiera un Tarentino .

Gracias a esta película,  Hollywood se inundó de talento italiano que no temía reconocer sus raíces mediterráneas. Antes del filme,  los únicos representantes importantes en Hollywood de la comunidad italoamericana eran cantantes que habían logrado la fama en otras arenas como Frank Sinatra o Dean Martin.  Aun este último tuvo que “americanizar” su verdadero nombre,  Dino Crocetti.   

Cuando Evans quiso separar al “Padrino” de otros filmes de gánsteres donde según él  “los judíos hacían de sicilianos”, se encontró con un problema. No había directores italoamericanos para hacer un filme que Bob quería  “que oliera a spaghetti”. Fue ahí que Peter Bart mencionó a Coppola, que era más conocido como guionista.



Por otro lado, volvemos a ver como los judíos han estado detrás de todos los grandes triunfos de Hollywood. Me enterneció cuando Colombo usó el vocablo yiddish “mensch”(un hombre excepcionalmente bueno) para calificar a Ruddy. .

Interesante el vistazo de la mafia negra de Harlem donde Joe Gallo busca refugio y efectivamente fue un sicario afroamericano quien dejó paralitico a Joe Colombo.

Voy a poner una pequeña bibliografía, porque esta fábula llena de moralejas también tiene mucha fantasía como siempre ocurre cuando tratamos con leyendas. Al final yo ya no sé dónde comienza la magia y cuando tocamos realidad. Me quedo con la cita de Bob Evans sobre como cada historia tiene tres versiones: ”La tuya, la mía y la verdad. Y ninguna es mentira”.

Bibliografía Consultada

Bart Peter. Infamous Players: A Tale of Hollywood, the Mob (and Sex)

Coppola, Francis Ford: The Godfather Notebook

Evans, Robert: The Kid Stays in the Picture.

Puzo, Mario: The Godfather Papers and Other Confessions.

Seal, Mark: Leave the Gun, Pass the Cannoli