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lunes, 8 de junio de 2026

Los Adolescentes y las Nostalgias Setenteras: Los 50 (Teen Culture XIV)

 


Watergate, la renuncia de Richard Nixon y la conciencia de que el país estaba dividido entre los sobrevivientes de Vietnam (muchos malheridos física y emocionalmente) y los que los habían repudiado, había credo una especie de psicosis en el pueblo americano incluso en los más jóvenes. La solución fue escapar culturalmente a un tiempo pasado.

La nostalgia es un tema que ya desarrollé en otra entrada de este blog. Ahí dije que ya en Los 30 el cine de Hollywood había encontrado un refugio para los afligidos por la gran Depresión enviándolos a una década (La Belle Epoque/The Gilded Age) donde la economía estadounidense vivía en una expansión cultural, política y económica.

En Los 70 donde de nuevo hubo recesión, donde un presidente tuvo que renunciar y donde pocas familias de clase media no fueron afectadas por La Guerra de Vietnam, fuese con un pariente muerto o regresado en condiciones calamitosas, había que encontrar un escape y eso fue en La Nostalgia no solo de tiempos mejores sino también lo contrario.

        El retorno de las faldas Poodle

Del Padrino a La Casita en la Pradera

En 1972, el Oscar se lo disputaban dos películas situadas en un pasado cercano. Cabaret y El Padrino cubrían, una el Berlín en vísperas del nazismo y la otra Nueva York en la posguerra. Un detalle fascinante de ambas fue que, por primera vez, había una atención al detalle en términos de decorado y vestuario. La misma atención que se utilizó para Los Walton que apareció ese otoño de 1972 en las pantallas de los hogares estadounidenses. Un año más tarde era el segundo programa más visto en el país.

Conscientes del poder de mostrar familias del pasado estadounidense, las televisoras aprovecharon de crear series familiares de época. En septiembre de 1974, cada canal se esmeraba en presentar opciones. Yo acababa de llegar a USA y recuerdo haber visto el TV Guide listaba todas las series nuevas. La que más me interesó fue la menos exitosa.

Hoy nadie recuerda Sons and Daughters, la historia de una pareja de estudiantes de secundaria en 1955. Nunca pude verla porque había solo un televisor en casa (y en blanco y negro) y pertenecía a mis padres. Como la serie no les interesó, no pude verla, y no está en ninguna parte. Me devora la curiosidad por saber que provocó su falta de audiencia. (NOTA: Algunos episodios estan en YouTube)



Lo que si recuerdo es el furor que causó la serie (entonces) infantil The Little House of the Prairie. A mí nunca me interesó y eso que mi profesor de ESL quería toda costa que leyese los libros de Laura Ingalls en los que se basaba la serie. En 1979, cuando me regalaron una tele (en colores) como presente atrasado de graduación, le hinqué el diente y me encantó, pero si los fans de la serie recuerdan, es la temporada en que Laura y Nellie crecen y comienzan a tener problemas de adolescentes incluyendo el amor.

Lo que si recuerdo fue la influencia que tuvo el vestuario de Las Ingalls en la moda. Se resucitaron el boho y los estilos campesinos que habían impuesto los hippies. Solo que ahora ya no primaban los chillones colores y estampados psicodélicos, dándosele una preferencia a telas como calicó y gingham usadas en el Lejano Oeste.




El Fonz y Días Felices

Con tanto bombo y platillo que recibió la saga de Los Ingalls, casi nadie se fijó en otra serie de época que más podía calificarse como ‘retro” puesto que tenía lugar en Los 50. Le tomó un año a Happy Days volverse una de las series más vistas de Estados Unidos. Hasta generó spinoffs como Laverne y Shirley, y años más tarde, Joannie Loves Chachi que impulsó la carrera de Teen Idol de Scott Baio.



Happy Days fue inspirada por algunos filmes de Los 50 como The Wild One cuya influencia se sentía en vestuario y actitud del famoso Fonz, pero también en otras urgencias nostálgicas de Los 70 s, tales como  la prosperidad y tranquilidad de Los 50. Otra película cincuentera fue la aclamada y galardonada The Last Picture Show que en 1971 describía las vidas de adolescentes tejanos a comienzo de Los 50. El haber sido filmada en blanco y negro tal vez no hizo de este filme de Peter Bogdanovich una influencia cultural como lo seria , dos años más tarde, el hoy filme de culto American Graffitti.



Producida por Francis Ford Coppola, era el segundo trabajo de director de un semi desconocido llamado George Lucas, American Graffiti describía los sucesos de una noche veraniega que vivian un grupo de jóvenes de Modesto (California). La acción era en 1962 y más que nostalgia era un  “retro” que retrataba los recuerdos juveniles de Lucas quien también escribió el guion. El elenco estaba compuesto por entonces semi desconocidos como Richard Dreyfuss, Paul Le Mat, Mackenzie Phillips y en un rol menor, Harrison Ford.



Él coestelar lo llevaba Ron Howard, quien había sido actor infantil en Hollywood y había sido el pequeño Opie en el Show de Andy Griffith. Un año después de American Grafitti cuando la ABC quiso crear una serie “nostálgica” situada entre el mundo de The Last Picture Show y el de American Graffitti, Ron Howard iba a protagonizar Happy Days.

La acción tiene lugar en una pequeña ciudad del Medio Oeste a fines de Los 50 y gira en torno a Richie Cunningham y sus amigos de secundaria. Richie es hijo de una familia acomodada, es un chico bueno pero típicamente obsesionado con ser popular con las chicas. Vamos que es un Andy Hardy de una década mas moderna.



El primer año de Happy Days no fue muy atractivo, los tiempos no estaban para Andy Hardy. La serie fue salvada por un judío neoyorquino llamado Henry Winkler. Winkler acababa de rodar The Lords of Flatbush junto al desconocido Sylvester Stallone, y estrellas de televisión como Perry King y Susan Blakely. The Lords, no fue una gran película, solo otro ejemplo del cine de nostalgia puesto que tenía lugar en la Brooklyn de Los 50.



Eso bastó para que los productores de Días Felices lo integraran como contraparte de Richie Cunningham. Arthur “Fonzie” Fonzarelli, era un huérfano de origen italiano que se vestía como Brando en El Salvaje y vivía una existencia semi nómada acompañado de su motocicleta e innumerables novias.

                                                   Fonzie en la portada


Desde el primer instante, El Fonz, se convirtió en un favorito de los adolescentes, ya que complementaba maravillosamente a Richie y sus amigos. Era un personaje que, a pesar de su origen italiano, fascinaba a chicos de todas las clases y origen étnico. Nuestro amor por El Fonz nos permitió integrarnos más fácilmente al choque cultural de ingresar a una nueva escuela, nueva religión y nueva cultura. Descubrimos que los judíos ortodoxos también eran Fonziefans (el hecho de que Henry Winkler fuese abiertamente judío ayudaba). Aparte que aunque católico (casi se murio cuando accidentalmente beso a una monja) El Fonz odiaba la discriminación.




Otro factor que hacía a Fonz tan adorable es que nunca fue un estereotipo ni personaje negativo. A veces sus conocimientos del mundo de la vida lo hacían sacar a Richie y sus amigos de problemas que a los que llevaba su inexperiencia adolescente. Por otro lado, la vida hogareña de RIchie hacía que Fonzie desease tener un núcleo familiar. Un momento muy conmovedor fue cuando Richie cayó en coma y Fonz tuvo un dialogo con D-s.



Su relación con los padres de su amigo era maravillosa, puesto que Mr. y Mrs. C ., como el Fonz los llamaba, veían a través de la máscara de semi delincuente del motociclista. Eventualmente, Fonzie se fue a vivir con Los Cunningham , lo que hizo más interesante la dinámica de los protagonistas.



Happy Days tuvo nueve temporadas. Richie se graduaba de la secundaria, hacia el servicio militar e iba a la universidad. La serie terminaba con Richie casado y trabajando como periodista en 1962.  Entremedio,  la pasión por  Los 50 siguió aflorando en la pantalla chica y la grande también.

Los 50 en el Cine

El ejemplo mayor es Grease que debutaba en el cine en 1978, pero ya antes había otros filmes que rememoraba esa era mágica. Richard Thomas que, gracias a su interpretación de John-Boy en Los Waltons, se estaba convirtiendo en Teen Idol de una América nostálgica, retrató en un telefilme September 30, 1955 el impacto que la muerte de James Dean tenía en un chico de una zona rural de America.



Si en un éxito musical de 1972, “Miss American Pie” , se menciona “el día en que la música murió”  el recuerdo de Buddy Holly y sus compañeros estaba presente en la era de nostalgia. A pesar de que el musical Grease incluía una copia de “La Bamba” de Ritchie Valens , el filme lo quitó. Como compensación, ese mismo año Gary Bussey protagonizó The Buddy Holly Story.

Un filme que no abrazó la visión idealizada la América de McCarthy y la Guerra Fria fue la Oda a Billy Joel (1976). Hoy más recordada por su tema musical, la película convirtió a Robby Benson en estrella, haciéndonos olvidar que fue uno de los primeros filmes en hablar de homosexualidad entre adolescentes y de cómo los prejuicios de la década y la estrechez de mente de las pequeñas poblaciones empujaban al protagonista al suicidio.



Grease cerró el ciclo de nostalgia de Los 50 de la década setentera, pero no fue la única fuente de nostalgia. Si los jóvenes oían de sus padres lo que era bailar el rock, también escuchaban a sus abuelos contarles sus hazañas en la Segunda Guerra Mundial y de paso mostrarles cómo se bailaba un jitterbug.  De la nostalgia por Los 40 hablaré, si D-s quiere, la próxima vez.

 

BIBLIOGRAFIA

Brooks, Marla. The American Family on Television: A Chronology of 121 Shows 1948-2004

Handy, Bruce. Hollywood High: A Totally Epic, Way Opinionated Story of Teen Movies.

Miller, Donald C. Coming of Age in Popular Culture: Teenagers, Adolescence and the Art of Growing Up

Palladino, Grace. Teenagers: An American History

Rollin, Lucy. Twentieth Century Teen Culture by Decades

 

miércoles, 6 de mayo de 2026

Iconos de la Masculinidad Adolescente de Los 50 (Teen Culture VII)

 


Aunque Elvis sería un gran referente del look masculino de los jóvenes de los 50, otras figuras habían, desde la pantalla grande,  enseñado a esa juventud a vestirse y a comportarse como lo que los beatnicks denominaban cool. Solo que a fines de la década, el primer show televisivo enfocado en un protagonista en sus teens, nos trajo algo que el lenguaje de entonces era un “square” (cuadrado).

El Chico de la Motocicleta

Marlon Brando nunca fue un actor adolescente, tal vez porque pertenecía a otra generación. Su adolescencia la pasó en la academia militar de su padre y no fue a la guerra por causa de una rodilla fracturada que lo eximió de servicio activo. A los veinte años se fue a Nueva York a estudiar drama bajo la guía de la legendaria Stella Adler quien lo entrenó en el método Stanislavsky de actuación. De ahí pasaría a Broadway donde (en 1947) asombró a los críticos con su impecable interpretación de Stanley Kowalski en Un tranvía llamado deseo.



Para cuando se filma la obra de Tennessee Williams, Brando ya ha tenido un protagónico en The Men (1950) encarnando a un soldado parapléjico. Tranvía le consigue su primera nominación al Oscar. La seguirá dando vida al famoso guerrillero mexicano en Zapata y a Marco Antonio en Julio Cesar. A nadie se le ocurre que ,quien se perfila como mejor actor de su generación, se rebaje a interpretar a un delincuente juvenil.

The Wild One (El Salvaje, 1953) estaba basada en un cuento de Frank Rooney, y se inspiraba en un nuevo tipo de criminales, los miembros de pandillas motociclistas. Esta tribu urbana, que sigue existiendo aunque de manera más discreta,  se había hecho infamosa por provocar disturbios y cometer delitos en comunidades pequeñas que tenían la mala suerte de existir a lo largo de la ruta de los motociclistas.

El cuento es muy simple y narra la incursión de una de esas pandillas a un pueblito donde provocan la muerte de una chica. Su padre, en venganza, ataca los pandilleros centrándose en el más decente de ellos: Johnny. El filme quiso suavizar el cuento, creando un motorista malo (Lee Marvin) y uno bueno (Brando). Kathie, no muere, tiene un romance con Johnny, y su padre, el sheriff del pueblo, tiene un doble motivo para crucificar al joven de la motocicleta.



Por buena persona que fuese Johnny, lo que atrajo a espectadores juveniles fue su rebeldía. Su lema era “a mí nadie me obliga a hacer lo que no quiero”. El que la moto que Johnny usaba en el filme perteneciese en la vida real al actor ayudaba a crear un vínculo entre el personaje y Brando.

Los muchachos comenzaron a copiar el atuendo del “Salvaje”: jeans, camisetas de franela, gorra con visera y la infaltable chamarra de cuero que treinta años más tarde luciría El Fonz (Henry Winkler) en Happy Days y Danny Zucco (John Travolta) de Grease. Tanto Elvis como James Dean copiarían las patillas de Johnny.



El Santo Martir de los Jóvenes

Marlon Brando no volvería a interpretar un personaje juvenil, pero dejaría la puerta abierta al más grande Teen Idol del cine de los 50. Es extraordinario que quien sería el mártir de su generación solo protagonizó tres películas, pero James Dean fue leyenda,  antes y después de su prematura muerte en 1957, y el máximo ídolo de una joven America.

Np voy a ponerme a contar de la vida de James Dean, ya hay bastantes biografías. No voy a hablar ni de su bisexualidad ni de la trágica pasión que le inspiró la actriz  Pier Angeli y como el matrimonio de la italiana puede haberlo empujado a buscar la muerte estrellando su Porsche en un árbol. Lo que importa es la imagen que proyectaba desde la pantalla . Primero como el mellizo despreciado en Al Este del Eden, basada en la novela de John Steinbeck. La seguirá en 1956, Rebelde sin causa, el titulo lo dice todo.



Lo que enloquece a los jóvenes es que es tan identificable. No es un delincuente como El Salvaje, ni un colegial revoltoso como los de The Blackboard Jungle. Aunque Judy (Natalie Wood), Platón (Sal Mineo) y Jim (James Dean) se conozcan en una comisaría,  son chicos de buena familia, podrían ser como los personajes que Pat Boone interpreta en el cine, pero son incomprendidos.



James Dean crea un estilo de actuación que lo hace reconocible a su joven audiencia. Todo en él es difícil, cada movimiento pareciera que le doliera, las palabras no le salen y sin embargo no tiene empacho en llorar, gemir y reclamar contra las injusticias que le ocurren, la incomprensión de los padres, el rechazo de su madre, las burlas y el bullying de sus pares y el amor que lo elude. Jim encarna la angustia adolescente de Holden Caulfield que J. D.  Salinger expresa en su Cátcher in the Rye publicada en 1951.



Rebelde sin causa se convierte en un rito funerario, pero también en un despertar de un público joven a los problemas que los afectan. Es el filme que define Los 50 en términos de Teen Culture y será remedado en la ficción que busca revivir las vivencias de la juventud de entonces.  La carrera de autos es copiada en Grease y Richie Cunningham intenta conquistar a una chica, en Happy Days retorciéndose como James Dean, pero acaba gimiendo de dolor cuando alguien se sienta sobre su mano.

Y viendo el segundo episodio de The O.C. cuando Marissa y Seth arreglan un refugio para Ryan en una casa abandonada es como ver a JIm, Platón y Judy en Rebelde sin Causa. Cada uno representa un arquetipo que dejó la película: Ryan es el rebelde sin causa y sin casa; Marissa es la chica de buena familia, audaz y al borde de la delincuencia pero que quiere cambiar ,y Seth, el incomprendido niño que le teme a la vida adulta.





El Blob y un Hombre Lobo Juvenil

Tal como The Blackboard Jungle, Rebel Without a Cause inició una conversación entre padres, maestros y psicólogos sobre los problemas de la adolescencia y sobre la realidad que vivián los jóvenes. Hollywood  aprovechó para crear una cantidad de cintas baratas, tipo B, sobre delincuentes, a la vez que intentaba encontrar un reemplazo a James Dean.

No lo pudieron encontrar ni en Ricky Nelson que tenía poco rango actoral, ni en Brandon de Wilde ni en Troy Donahue que en 1959 ganaban fama como adolescentes confusos ante el embarazo de sus novias en Blue Denim y A Summer Place.  Lo más cercano a un rebelde seria Steve McQueen que inició su carrera como un adolescente que se convierte en el salvador de su comunidad luchando contra una masa gelatinosa en el hoy clásico de la ciencia ficción, The Blob.

                                      Steve McQueen vs El Blob

Hubo adolescentes, medio nerds, que no bailaban el rock ni soñaban con poseer motocicletas. Desde la posguerra que la ciencia ficción fascinaba a muchachos que eran buenos en la escuelas y amigos de la lectura. Para ellos también existirían filmes de ciencia ficción y terror. El Blob llega unos años después del estreno de La Criatura de la Laguna Negra y de una serie de filmes que metaforizaban la furia juvenil convirtiendo a los adolescentes  en monstruos.

Me refiero a I was a Teenage Frankenstein, Monster in Campus, Blood of Drácula y la iniciadora llamada apropiadamente I Was a Teenage Werewolf. Un chico de mi barrio Forest Hills llamado Eugene Orowitz había comenzado una carrera actoral con pequeños roles en series de televisión cuando lo llamaron para interpretar a Tony Rivers. Al borde de la delincuencia por no saber manejar su ira, Tony visita a un psiquiatra que lo hipnotiza y le inyecta una droga que empeora su situación. Ahora cada vez que Tony se enoja se convierte en un hombre lobo adolescente.



En 1959 se decidió que el adolescente ya no sería el monstruo sino el héroe. Steve McQueen (tan poco conocido que en los créditos aparece como “Steven”)  es un típico adolescente que una noche en las afueras de su pueblito de Pensilvania está besuqueándose con la novia en su carro, cuando ven caer un meteorito.



Al ir a investigar , Steve descubre que se trata de una nave espacial de la cual emerge una masa gelatinosa que devora a las personas. El resto del filme, Steve se la va a pasar tratando de alertar a un pueblo incrédulo y cuando ya el “blob” causa estragos, de salvar a sus vecinos. Una imagen positiva del adolescente, un tema musical muy pegajoso con toques de calipso y una estrella prometedora, convirtieron a The Blob en un éxito de taquilla y un filme de culto.




Steve McQueen continuó su carrera filmando éxito tras éxito, pero nunca más volvió a ser un adolescente. Después de todo ya estaba cerca de la treintena cuando luchó contra el Blob. Nadie reemplazó a James Dean, pero a fines de los 50 apareció en el firmamento otro actor joven, guapo y carismático que capturó la imaginación de las jovencitas. Warren Beatty llegó al estrellato,  un poco colgándose de las faldas de su famosa hermana, Shirley McClaine, pero también pegó un salto a la fama desde la pantalla chica. Hora es de hablar de las series de televisión.



La Televisión de Los 50 y Los adolescentes

Si el cine enfrentaba el reto de mostrar los problemas de los jóvenes y como la juventud era un problemafuesen delincuentes u hombres-lobos la televisión propagaba una imagen fantasiosa de los adolescentes como apéndices de sus padres, traviesos, pero obedientes e inocentes.

Las primeras series en enfocarse en los chicos fueron continuaciones de populares programas radiales como A Date with Judy y Corliss Archer. Digamos que las historias ñoñas y anejas no tuvieron éxito con ningún espectador de la edad que fuese.



Sin embargo, hubo programas radiales que hicieron una exitosa transición. El primero fue The Adventures of Ozzie and Harriet. Ozzie Nelson había sido director de una orquesta menor de swing. Se había casado con su vocalista Harriet Hiliard y cuando llegaron a la radio ya eran padres de dos varoncitos: David y Ricky.



Después de haber saltado de emisora en emisora, Ozzie consiguió en 1952 que la ABC aceptase transmitir su programa por televisión. Al público le encantó verle los rostros a la pareja que ya conocía por radio. Había otro motivo para que el show perdurase. En las emisoras radiales los hijos de Los Nelson eran interpretados por actores, en la pantalla chica aparecían los verdaderos David y Ricky. Esto le otorgaba realismo a la sitcom que ya parecía reality show.

Las aventuras de Ozzie y Harriet se convirtió en un exitazo y duró por más de una década, acabando en 1966. El verdadero motivo no fueron ni los chistes ni la Familia Nelson sino Ricky.  Ya en su adolescencia,  el benjamín de la familia se le ocurrió que quería cantar también. Su primer Long Play llegó al tope de los más vendidos. Lo siguió una carrera en Hollywood y de pronto Ricky Nelson era un ídolo de la masa juvenil.



Las chicas reemplazaban  (o acompañaban)  los posters de Elvis en los muros de sus cuartos con las fotos de Ricky que en algún momento pasó a llamarse solo “Rick”. Aun así no abandonó la serie y cuando se casó con Kirstie Harmon, ella fue incluida en la versión televisiva de la Familia Nelson.



No todas las series familiares tenían la suerte de contar con un ídolo juvenil en su elenco. Shelley Fabares quien interpretó a la hija mayor de Donna Reed en The Donna Reed Show, solo alcanzó momentánea fama en la década siguiente como Chica Presley y con un single exitoso “Johnny Angel”.



En cuanto a los hijos de Robert Young en Father Knows Best, ninguno era muy atractivo ni cantaba, aun así la serie duró seis temporadas en las que todos interpretaban roles estereotipados (padre sabio, madre excelente ama de casa, hijos bobitos). Sin embargo mereció más aprobación que The Donna Reed Show donde como dijeron las Gilmore Girls nunca pasaba nada.



El primer tropo de serie juvenil de “Father” es que los tres chicos (un varón y dos nenas) siempre están enamorados de quien no debían, fuese el objeto un cowboy o la maestra. Esto último , que por décadas fue un motivo para reírse, en este siglo evolucionaria hasta convertirse en otra instancia de adultos nocivos y empeñados en dañar a los chicos.

Aun así, la serie tenía toques que le faltaban a otros programas familiares. La hija mayor, Betty, era un poco feminista y se metía en un club de esgrima donde no admitían mujeres. Otra novedad es que no era una serie muy blanca. Como I Love Lucy, que presentaba un matrimonio entre gringa y latino, en “Father” había un personaje recurrente, el jardinero mexicano Fronk (Natividad Vacio). Era un personaje simpático, que la familia quería mucho y siempre le estaban buscando esposa. Aunque estereotipado fue uno de los pocos ejemplos de diversidad racial de Los 50.

                      El padre sabio (R. Young) y su jardinero (Natividsd Vacio)

En medio de estas series “familiares” a la ABC se le ocurrió variar la formula y crear una serie que se concentrase en un hijo en vez de los padres. Así nació The Many Loves of Dobie Gills,  basada en una serie de cuentos que ya había sido llevada la pantalla con poco éxito. Los productores decidieron cambiar al protagonista que ya no sería un universitario, sino un escolar. Eso permitió abarcar el universo de a secundaria el espacio predilecto de las series de adolescentes.

A diferencia de otros chicos en la televisión, Dobie era mal alumno, perezoso e incapaz de planear un futuro. A diferencia de los padres televisivos de esa época, el almacenero Herbert T. Gills no sentía ni cariño ni respeto por el hijo de la suerte le había deparado. Un veterano de la Segunda Guerra Mundial y sobreviviente de la depresión, este señor era un precursor de Archie Bunker, gruñón y quejándose siempre de Dobie que solo quería ser rico y popular, con el menor esfuerzo.

El gran sueño de Dobie era conquistar a la inconquistable Thalia (Tuesday Weld) tan ambiciosa y codiciosa como la maddy de Euphoria. El gran enemigo de Dobie en esta batalla por el corazón era el chico rico, Chatsworth. Dotado de lo que a Dobie le faltaba , dinero y atractivo, este personaje era interpretado por el guaperrimo Warren Beatty. Tan guapo era el hermano menor de Shirley McClaine que pronto le llovían las ofertas y tras cinco episodios, Warren dejó la serie para hacer carrera en Hollywood.



                              Dobie y la codiciosa Thalia

Algo parecido ocurrió con Tuesday Weld, pero no faltaban actrices para interpretar a chicas guapas que interesaban a Dobie. Otro detalle interesante y novedoso era Zelda, la amiga de la infancia que estaba enamorada de Dobie y era muy abierta para expresar tanto sus sentimientos como su meta de casarse con él. En un filme-reunión de Los 80 nos encontramos un Dobie maduro regentando el almacén del padre y casado con Zelda. Esa relación nos recuerda a la de Joy y Dawson en Dawson’s Creek e inclusive a Archie y Veronica en Riverdale.

                                 Dobie y Zelda

El toque cultural más novedoso de esta serie lo proporcionaba su mejor amigo Maynard (Bob Denver que luego protagonizaría La Isla de Gilligan). Maynard era el coro griego de Dobie a pesar de que despreciaba el amor casi tanto como el trabajo y el autoritarismo. No es que Maynard fuese un comunista precoz, es que era un representante de un fenómeno cultural del cual todavía no he hablado, el Movimiento Beatnik.

                                  Era Maynard realmente un beatnik?

El nombre abarca un grupo de poetas y escritores que formaron La Generación Beat cuyos miembros se llamarían Beatniks. El nombre iba asociado con el “golpe” o ritmo” del jazz que era su música predilecta. Inconformistas, anti materialismo, vestían de negro con sweaters de cuello de cisne, como imitando a los  existencialistas de la Rive Gauche.

                                 Una pareja con uniforme de beatnik

Los Beatniks  no  creían ni en tradición ni reglas sociales. Su meta era viajar constantemente como lo expresa Jack Kerouac en su On the Road, una de las biblias de los beatniks,  en busca de nuevas experiencias y relaciones lo que incluía uso de drogas y sexo de todo tipo. Este estilo de vida atrajo a los veinteañeros no a los escolares, por lo que Maynard vive una ilusión de ser beatnik sin serlo realmente.

Lo que si adoptaron los más jóvenes fue el slang. Los Beatnik introdujeron al inglés términos como “dig” que ya no significaba “cavar” sino gustar, “crazy” no como locura sino como algo espectacular y la dicotomía entre ser un tipo “cool”  o un anticuado “square” (cuadrado), lo que en mi época era ser ‘Nerd”. Hoy en día” nerd” es un experto en algo. Como cambian los idiomas.

Creo , y mis lecturas no me lo niegan, que era una vida tenebrosa y sin romance, no el tipo de existencia que soñaban aun los delincuentes juveniles. Tal vez por eso Kim  en Freaks and Geeks rechaza On the Road cuando se lo imponen como lectura en la secundaria. En cambio, al comienzo de The O.C.  Seth y Marissa deciden acompañar a Ryan en su viaje desde California a Texas comparando tal viaje con el de los protagonistas de On the Road, libro que ambos aman.




La inclusión de Maynard en The Many Loves of Dobie Gillis, la convirtió en un referente cultural adolescente que duraría hasta La Era de Camelot con la que inicio la década de Los 60.

BIBLIOGRAFIA

Brash, Sarah.  Rock and Roll Generation: Teen Life in the 50s.

Handy, Bruce. Hollywood High: A Totally Epic Way Opinionated History of Teen Movies

Manchester, William. The Glory and the Dream: A Narrative History of United States, 1932-1972

Miller, Donald C. Coming of Age in Popular Culture: Teenagers, Adolescence and the Art of Growing Up

Palladino, Grace. Teenagers: An American History

Rollin, Lucy. Twentieth Century Teen Culture by Decades

 

 

martes, 15 de abril de 2025

Modas Chilenas de Los 50: La Casa de Angelis en YouTube

 


Encontré esta joyita en miniatura en YouTube y quise compartirla con ustedes. Junto a las mini fallas que afectan a las producciones de mi país, La Casa de Angelis reúne un cumulo de virtudes . Aparte de ser la aportación chilena al subgénero Velvet, presenta una estética refinada, un escalón por debajo de El lugar de la Otra; un buen retrato de la sociedad (alta y baja) en un momento clave de la historia chilena y, lo que suele escasear en producciones de época, una excelente atmosfera que recrea el Santiago que vivieron mis padres de jóvenes.

Dos Hermanas, Juancito, y los Secretos de Ettore

La historia gira en torno a las Hermanas de Angelis quienes tras la muerte de Ettore, su padre, se hacen cargo de su casa de moda y de los secretos que se ocultan tras los maniquíes. Marina (Angela Prieto) y Sofia (Valentina Muhrs)  son muy diferentes. La última es bohemia, desprecia las convenciones y lleva tres años viviendo la vida loca por Europa. Marina es mujer de su casa, esposa de un afamado médico de sociedad, vive dedicada a su hogar y a sus hijos, pero no es tonta y tiene su carácter que irá exhibiendo a medida que avance la serie.

A primera vista Casa de Angelis sigue modelos establecidos en el subgénero asemejándose a la proto serie de la casa de modas, House of Eliot de la BBC. En 1989, esta serie nos mostraba los esfuerzos de dos hermanas por salir adelante en el negocio de la moda londinense de Los 20s. Otro cliché presente en la serie de TVN es el reencuentro entre dos hermanas, una seria, centrada y responsable y otra frívola, impulsiva y bohemia. En eso me recuerda la que mi padre consideraba la mejor telenovela hecha en México, La casa al final de la calle de Antonio Monsell (1989).



Al retomar el negocio familiar, Las De Angelis se encuentran con muchos misterios. Uno relaciona la muerte de Ettore con el millonario oligarca Agustín Riesco Montt interpretado como siempre impecablemente por Edgardo Bruna (QEPD). El otro es la relación secreta del padre con una de sus costureras, Gladys Soto (Paulina Urrutia) con la que ha tenido un hijo. Las chicas incorporarán al hermano, el ingenuo Antonio (Gabriel Urzua), a su empresa de levantar la casa de modas.

Además de Don Agustín, el gran villano es el Dr. Felipe Ortiz (Iván Álvarez de Ayala), esposo de Marina De Angelis. Ginecólogo de clase alta, con ínfulas de escalador social, se dedica a ser intermediario entre sus clientas y un médico bonaerense que practica abortos. También cose hímenes de “niñas bien” que quieran pasar por vírgenes en sus noches de boda. “Me dicen el Zurcidor Japones” dice, entre ufano y grosero, a la Nené Larraín, que le ha traído a su hija para que “la repare”.  En su casa, Felipe es austero (no permite alcohol) dominante y machista. Trata a su mujer con la punta del pie, pero Marina se está cansando del control de un hombre al que ha dejado de amar y desear.


 La Nene y ls Janine que dio un mal paso. En la casa nada de alcohol, pero el whiski se guarda para las clientas.

El otro personaje importante es Juan Luis Undurraga Solari, “Juancito” (Jorge Arecheta), primo de las de Angelis. Agustín lo ficha perfectamente como típico hijo de viuda madura. Juancito es el hijo mimado de su aristocrática madre (Grimanesa Jiménez) que no entiende que sus muchos apellidos no van con sus escasos medios. Carmen cree al “vago de Juancito”  estudiando derecho y haciendo una pasantía . En realidad,  su vástago pasa la mañana durmiendo; la tarde dando la voz a “Spencer”, el ayudante del “Inspector Cooper” en el radioteatro de sobremesa, y las noches haciéndole de gigolo de mujeres acaudaladas en el Hotel Crillón.

                               La hora del radioteatro

Solo sus primas conocen esa doble vida y él les agradece siendo su confidente y cómplice. Es quien va a buscar de noche a Sofia cuando Felipe la expulsa de su casa, y quien les trae a las primas (y fresquito de la cárcel) a un “experto” que les abre la caja fuerte de Ettore.

                         Los primos y la caja fuerte

Adentro no encuentran ni dinero ni el testamento, pero si algo peor. Unos documentos que demuestran que Ettore fue aval de una compra de terrenos. La deuda vence en unos días, si el misterioso comprador no paga, Ettore deberá hacerlo. Muerto el padre, la deuda la heredan las hijas.

Desesperada, Marina le pide un préstamo a su marido. Felipe, enfurecido, la agrede verbalmente, la ofende y ningunea,  hasta que su mujer despierta de su sumisión. Es ella la que le dice (tras darle un par de empujones) que no le vuelva a hablar así y que su matrimonio se ha acabado.



Chile en 1952

Esto es lo que ocurre en los primeros tres de diez episodios, Casa de Angelis no es diferente a otras series del mismo tipo y podría resultar aburrida debido a pocos personajes. Sin embargo, tiene dos méritos que me la hacen fantástica: un momento histórico especifico y muy detallado más una atmosfera que nos trasporta al Santiago de 1952,  tal como El lugar de la otra nos llevó a 1956.

Paso a contar un poco de la historia de mi país. En 1952 se terminaba el mandato presidencial de Gabriel González Videla. Su presidencia estuvo marcada por un quiebre con el Partido Comunista que llevó a la Ley de Seguridad Interior del Estado (conocida popularmente como “Ley Maldita”) que ponía al partido y a sus miembros fuera de la ley. Esto provocó una apasionada y publica campaña del futuro Premio Nobel Pablo Neruda que incluyó todo tipo de ofensas personales hacia el mandatario y que alcanzaron hasta a la primera dama.



El gobierno hizo arrestar a los cabecillas comunistas y reprimió protestas y huelgas. Se envió hasta dos mil presos políticos a campos de detención en el Norte, en la zona semi desértica de Pisagua.  Pablo Neruda escapó del país antes de ser detenido, no por comunista sino por bígamo (¡!). Es por eso que la serie nos muestra la actividad clandestina de la militante comunista Gladys , como sale de noche a pintar consignas en los muros públicos, como es despedida de su empleo por intentar organizar sindicatos, y como en su casa se reúnen en secreto los comunistas. Ahí vemos la alegría ante el regreso del “Camarada” Neruda.

                              Comunistas clandestinos

A pesar de que la serie nos deja clara la postura anticomunista de Aguirre Cerda, obvia contarnos sus posturas feministas. Creó durante su gobierno una Oficina de la Mujer, colocó en el Ministerio de Justicia a Adriana Olguin, la primera ministra en toda América Latina. La mujer chilena tenía derecho a votar en las elecciones locales, González Videla le concedió el derecho a sufragar en las parlamentarias y presidenciales.1952 sería la primera vez que las chilenas acudirían a las urnas a votar por un presidente, pero ya existía en Chile un partido feminista dirigido por María de la Cruz quien sería la primera senadora en mi país.

Estos detalles no parecen ser conocidos ni por las Hermanas De Angelis ni por sus operarias. En cambio son mencionados, y con mucha sorna, por un cabal conservador dirigido por Don Agustín que se reúne a discutir la política imperante que manejan detrás de bambalinas. Ellos representan a la sociedad cuyas esposas usan los servicios del “zurcidor” Doctor Ruiz y cuyos miembros serán chantajeados por Juancito y su cómplice Madame Carla (una muy bien conservada Claudia Di Girolamo).



Para las elecciones del ’52, la clase conservadora planteaba sacar a la palestra a Isidoro Matte Larraín (bisabuelo del cineasta Pablo Larraín), pero les salió rival de peso cuando el General Carlos Ibáñez del Campo se presentó como candidato. El “Caballo” Ibáñez había sido dictador de facto entre 1921 y 1931. Su régimen se caracterizó entre otras cosas en reprimir a pobres y a ricos.

A Agustín Edwards (narra Gonzalo Vial Correa en su Memoria de Chile), bastión del conservadurismo, magnate periodístico y uno de los hombres más adinerados del país, Ibáñez lo exilió abandonándolo en plena Cordillera de los Andes con lo puesto. Una suerte para Edwards que fuera verano y así pudo llegar a Argentina sin percances.

Aunque El Caballo fue destituido y exiliado a comienzos de los 30, ya pronto regresaba a Chile y se ponía a complotar para volver a La Moneda. El modo más factible eran las urnas y El General Ibáñez inició una campaña populista cuyo lema era “barrer la corrupción” imperante y cuyo símbolo era unas escobitas que portaban sus seguidores. En la serie, vemos la preocupación de la oligarquía con la popularidad de quien despectivamente llaman “El Paco” Ibáñez,  y como desean acercarse a él.



Eventualmente, Ibáñez arrasó en las elecciones gracias al voto femenino y el socialista. Aunque derogaría La Ley Maldita al final de su mandato, su gobierno se caracterizó por apoyar a la elite conservadora y en las elecciones de 1960 llegó al poder su ministro Don Jorge Alessandri. Aun así recordemos los que vimos El lugar de la otra, que fue Ibáñez quien indultó a María Carolina Geel.

La Radio, el Crillon y Gath&Chavez

La serie no solo nos brinda una visión panorámica de la política de Chile sino también de su sociedad. Se menciona a personajes reales como Monseñor Caro y los oligarcas se quejan del apostolado social del padre Alberto Hurtado, hoy santo del calendario. Hay alusiones que me llegan a pesar de haber yo nacido siete años después.

Cuando Juancito dice que quiere que lo contrate la Corporación, me recuerda que mi madre consiguió empleo en esa radio en su primer y único abandono de hogar (1964), cuando nos fuimos a vivir a Santiago con ella. Cuando Juancito rememora que él y “Luchito” Ayala son graduados del San Ignacio (igual que mi padre)  recuerdo que ese colegio jesuita era considerado uno de los mejores o el mejor del Santiago de Los Cincuenta.

La atmosfera de época es acentuada por las constantes visitas al Hotel Crillón. Sin haber conseguido la estupenda recreación de El lugar de la otra, el Crillón se vuelve espacio de labores y encuentros de los personajes. Ahí Rosario recibe un bofetón público de un amante, ahí Juancito recoge clientas, ahí Sofia recibe una oferta de empleo de Gath& Chávez.

                              Almuerzo en el Crillón 

Es esta icónica tienda otro punto de referencia de la época que la serie explota. Hora es de hablar de ella. Fundada en Buenos Aires en 1883 por el inglés Alfred Gath y el argentino Juan Chávez (y bajo el auspicio de Harrod’s de Londres), esta tienda de departamentos pondría sucursal en Santiago en 1910. Yo no llegué a conocerla (soy de la época de Falabella), pero escuché a mis mayores hablar de su elegancia y de sus productos importados.

En la serie Gath&Chavez es el lugar de trabajo de Gladys, pero se la despide culpándola de incitar a las empleadas a formar un sindicato. Históricamente, Gath & Chávez cerró en 1954 debido a múltiples huelgas provocadas por los bajo salarios que recibían sus empleados. En la serie dicen que fueron manejos de Don Agustín, pero como ese señor no existió….

Pronto volvemos a oír el nombre de la mítica tienda como el mayor competidor de Casa de Angelis, pero hasta la sección de moda femenina anda de capa caída. Don Agustín, que tiene tentáculos por todos lados, hace que Roberto Gibbs, el manager de la tienda de departamentos, contrate a Sofia para que con su experiencia de “diseñadora parisina” cambie el aspecto del sitio.

                                Edgardo Bruna como Agustin Riesco Montt

Una Banda Sonora un Poco Anacrónica

Para ser justos, Casa de Angelis no está exenta de bemoles. Como en toda serie chilena las actuaciones son desiguales y como siempre son los actores veteranos los que llevan la batuta. A pesar de la comedida atmosfera de época, se han cometido fallas en la música. Las hermanas encuentran en la caja fuerte de Ettore, dos pedazos de discos 45. Juancito descubre que en el lenguaje amatorio una pareja que rompe su relación intercambia fragmentos de las canciones favoritas de ambos.

Si bien el tema favorito de Ettore pudo ser “Ti Voglio tanto Bene” del tenor Beniamino Gigli, es imposible que a su pareja le gustase (en los Años 30) “Fallaste Corazón” que Pedro Infante entonaba en el filme de 1955, La vida no vale nada. Como música incidental podemos aceptar una versión en italiano de “Amapola”, pero no el “Sway” de Dean Martin que también data de dos años posteriores a los hechos de la serie.





El capítulo 8 es una lección de música. Acompañamos a Don Agustín y a Rosario a oír La Boheme en el Teatro Municipal. En el Crillón, Sofia se manda un mambo al son de “Corazón de melón” . Lástima que ese fue un hit del ’60. Otro adelantado es Juancito que inventa el cha cha cha en 1952, bailando El Bodeguero (1960 también). Donde pusieron mayor cuidado fue en la clase de baile (que acaba en cama) que le da Lucía a Antonio: para el mambo ponen en el tornamesa “Bonito y Sabroso” que Benny More acababa de grabar en Cuba, y para el bolero se usa la versión de Los Panchos de “Sin Ti”, el éxito de 1948 de Pepe Guízar.






Hay un problema más grave, la edición. Originalmente TVN grabó diez episodios de 56 minutos cada uno. En YT, hay episodios a los que les faltan cuatro o cinco minutos. Eso explica la ausencia de escenas como cuando Gladys les cuenta a Las De Angelis que Toño es hijo de Ettore. O como Juancito le consiguió trabajo en El Crillón a su primo, o por qué Marina no se escandaliza cuando Felipe le pone una demanda por adulterio. Si querían/tenían que editar, ¿qué les costó meterles tijera a algunos de los sinnúmeros de reuniones políticas de Don Agustín, o a las alusiones al retorno de Neruda?

                      Neruda cuando era cliente de Casa de Angelis

Me dice Gato Accolon que faltó plata y que para satisfacer a los que la pusieron, hubo que cambiar de argumento a cada rato. Eso comienza a notarse en las últimas tres entregas que terminan en lo que en chileno se conoce como “un despelote total” (ni hablar de los estrafalarios y futuristas modelos del primer desfile de la casa de moda). Pero estas son pequeñas fallitas que no afectan lo que realmente hace que Casa de Angelis sea una super buena serie que todos pueden disfrutar en el sitio de TVN de YouTube.

Contenido Violento o Gore: Aunque Felipe agrede verbalmente a las mujeres de su familia, es su esposa la que lo saca de su casa en dos ocasiones a empujones y a cachetadas. Hay un asesinato en el penúltimo capítulo.

Contenido Sexual y Desnudos: Eso sí, no le han cortado ni una de las escenas subiditas de tono. Madame Carla y Juancito en la cama. En una orgia organizada para sus clientes ricachones, las prostitutas despliegan pechugas. Angela Prieto muestra cola al salir de la ducha, para compensar Juancito enseña la suya a la hora del desayuno chez Madame Carla. Don Agustín obliga a su esposa a hacer un strip tease solo para decirle “Puta” y aún hay más.

                                  Juancito y Madame Carla

Factor Feminista: La lucha de Marina por sacar adelante el negocio del padre y salir de un mal matrimonio se combina con el día a día de madres solteras de clase trabajadora como la Mirta(Catalina Saavedra)  y Gladis para darnos un retrato del sexo femenino en la sociedad chilena de ese entonces, de sus desventajas y de cómo las superan.  Quien no me parece un buen ejemplo de lucha por los derechos de las mujeres es Sofia. Representa a quien tiene oportunidades para superarse pero las pierde convirtiéndose nada más que en un discurso vacío puesto que no practica lo que predica. O sea, es una perfecta inútil y venenosa más encima.

Factor Diversidad: Sorprenderá a quienes crean que diversidad implica gente de color. En Chile, en 1952, la diversidad la imponían los inmigrantes. Ettore de Angelis (debería ser D’Angelis) es nacido en Italia, y era inadmisible en esa clase alta chilena de grandes familias con apellidos vascos que databan de la Colonia.

Daniel Muñoz interpreta a Farid, proveedor de telas de Ettore. De origen árabe (o palestino o libanes) merece del Felipe el simpático apelativo de “İ Turco de mierda!”. Farid es un gran amigo de la familia, que ayuda sin cobrar y eso que Casa de Angelis tiene una gran deuda con él. “Es un caballero” dice Marina y eso en un país donde los clubes exclusivos no admitían ni judíos ni gente de origen árabe, por muy cristianos que fuesen, es gran cosa.



Para equilibrar esa diversidad étnica, se han traído a Francisco Reyes (por viejo que esté yo sigo siendo “Hermana Franciscana”) para interpretar a Jacobo Rubinstein, el sastre judío que les encarga mandiles (delantales) a la Casa de Angelis. Interesante su relación con Farid que demuestra la amistad entre árabes y judíos en Chile que duró hasta La Guerra de los 6 Días. Mi Ma tenía muchos amigos árabes y una ahijada palestina.



Factor Modas: En cuanto a la ropa hay cierta ambigüedad en los largos de la falda. El largo impuesto por Dior duraría hasta 1954 y en la serie hay de todos los largos, pero tal como las películas y series de televisión, las modas llegaban a Chile con retraso. De ahí que cause sorpresa en una periodista (María Jose Prieto) que haya aparecido una diseñadora de modas chilena lo que no es más que una estratagema de Roberto Gibbs para obligar a Sofia a trabajar en Gath & Chávez.

Las faldas se usaban del largo que las usa Marina, como también muy de la época eran esas chaquetas tres-cuartos que usan ella y Lucia, como deconstruidas , cuadradas como cajas (box jackets)



El caso de Sofia presentaba problemas ya que venía de París. En vez de hacerla seguir el último grito de la moda parisina, la traen en pantalones como si fuera una existencialista tipo Juliette Greco. Complementa su toque galo una camiseta rayada de marinero y boina, todo un cliché francés.