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martes, 22 de noviembre de 2022

La Fórmula de las Reinas: Calumnias, victimización y un velado ataque a la monarquía

 


Este otoño fue un reinado de reinas, valga la redundancia, cual de todas más mediocres y desacreditadas. Ha llegado el punto que temo ver la nueva versión de la tragedia de Maria Antonieta. Temo ver fake news históricas, temo ver invenciones preposteras (¿Toinette, Du Barry y Luis XV en un triángulo erótico?) y temo que las mismas calumnias que llevaron a la reina francesa al cadalso sean eternizadas en servicio de una agenda woke.



Republicanismo vs Monarquismo

En tres palabras, la fórmula de las reinas consiste en tomar una soberana o princesa y ponerla como una eterna víctima de una monarquía absolutista y patriarcal. La vemos rebelarse contra un protocolo que aleja al soberano de sus súbditos y la vemos acercarse a su pueblo. En el proceso muchas veces la reina-mártir es sacrificada por un sistema monárquico que al impedir la libertad de sus gobernantes,  también impide la de la gente sobre la cual reinan. En suma, la formula, que hemos viso en una docena de series y filmes en los últimos cinco años corresponde a una cláusula de la no-escrita agenda woke.

Esta cláusula nace del republicanismo estadounidense que,  desde los días de Thomas Jefferson y Tom Paine,  ve a la monarquía como una aberración arbitraria. Hoy que hay un fuerte movimiento que busca abolir la monarquía en el Reino Unido y en España,  la agenda woke,  cuya bienintencionada norma es libertad y progreso (muy mal entendidos),  la ha hecho suya.

Como todo en lo woke,  al republicanismo se le han agregado otras ramas libertarias como el feminismo que ve en monarquías un ejemplo del patriarcado blanco ( no veo a nadie hablando de derrocar al Sultán de Brunéi, el Rey de Lesoto o el Emperador de Japón) que oprime a los miembros femeninos o LGTB de su entorno. Eso que,  si perduran las monarquías,  tendremos antes del medio siglo reinas por derecho propio en España, Suecia, Bélgica y Holanda.

                              Las futuras reinas europeas

Otra corriente afiliada al wokismo y que también ve con malos ojos que todavía existan reinos hereditarios son los que apoyan a la gente de color puesto que consideran que las monarquías son las causantes de colonialismo opresor. Aunque no andan errados, me hace gracia que no piensen ni se quejen de colonialismos nacidos en democracia o en dictaduras. Nadie habla del colonialismo soviético, por ejemplo.

No es mi intención hacer un panegírico de la monarquía. Con el zeitgeist imperante es imposible, pero no veo esa forma de gobierno más deficiente que mal llamadas democracias donde se elige al peor candidato o donde los “presidentes ”sufren de—parafraseando a Pancho Villa— un mal que los hace “pegar” el trasero al sillón presidencial.

Tampoco es que la Fórmula de las Reinas sea aplicable a cualquier obra que denuncie un mal rey o a uno incapaz de reinar. La Locura del Rey Jorge ilustra un episodio histórico, pero no es un ataque en contra de un mal gobernante. Alexandre Dumas criticó los excesos de Los Valois y de los Borbones, pero en El Caballero de la Casa Roja mostró los esfuerzos del protagonista (un persone real) por rescatar a Maria Antonieta.



Sin embargo, es Dumas quien crea este retrato de la reina mártir en su obra dedicada a Margarita de Valois,  La Reina Margot, en la cual la casquivana princesa es víctima de su madre, de sus hermanos y hasta de sus amantes.

 

Del Cine Silente a La Anglofilia de Los 80

Desde el advenimiento del cine , incluso en el silente, han existido cintas dedicadas a la tragedia de ser reinas. Cleopatra, Isabel I, Maria Estuardo, Maria Antonieta, y la Reina Victoria han sido temas de innumerables guiones de todas partes del mundo. Se han creado inclusive filmes sobre rivalidades de reinas como todo lo dedicado a Isabel I y a su díscola prima escocesa. Ana Bolena y Catalina de Aragón han provocado debates entre lo Tudormaniacos que dividen sus lealtades entre las esposas de Enrique VIII. Y si creemos que estas nuevas series sobre la competencia entre Diane de Poitiers y Catalina de Médicis son cosa de hoy,  deben ver el filme de Los Cincuenta,  Diane donde Marisa Pavan es la Reina de Francia y Lana Turner es la incómoda Poitiers.



Como todo en el cine, inclusive fuera de Hollywood, las reinas han tenido su encasillamiento: Cleopatra es la femme fatale; Isabel I y Victoria son grande estadistas, Toinette, Catita de Aragón y Maria Estuardo son reinas mártires. En Los 50, en Austria nació el mito de Sisi en pantalla y con ella esta idea de una joven rebelde que se niega a seguir al protocolo impuesto por la pesada de su suegra. Tato éxito tuvo el personaje que su actriz Romy Schneider fue llamada hacer algo parecido con la Reina Vicky en Victoria in Dover. Entretanto,  en Inglaterra,  Jean Simmons encarnaba a Isabel I en su etapa rebelde en Young Bess donde su casto romance con su padrastro no ameritó acusaciones de pedofilia o abuso sexual como ocurriera recientemente con Becoming Elizabeth.



Ninguno de estos filmes atacaba la institución monárquica. Algo que solo ha venido a imponer esta extraña guerra cultural que vivimos hoy. Se hablaba de malos soberanos y reyes tiranos como Enrique VIII o Juan sin Tierra, pero el pueblo estadounidense siempre ha pasado por épocas anglófilas inspiradas por cine y televisión. Nada más conducente a esa admiración que el Masterpiece Theater que desde sus inicios nos llevó a conocer a los reyes y reinas que convirtieron al Reino Unido en la monarquía más característica de nuestro universo.

La primera temporada del Masterpiece fue ocupada por The First Churchills que presentaba un retrato cálido, respetuoso y verídico de la Reina Ana que nada tenía que ver con la calumniadora e indecente obra de Deborah Davis,  La Favorita. Dame Glenda Jackson,  en su insuperable tour de forcé Elizabeth R, inició la pasión obsesiva con Los Tudor que yo califico como Tudormania.  Y a mi llegada a USA,  en 1974, me vi en medio de una fascinación con la Era Edwardiana con programas clásicos como Lilie, Jennie, y Upstairs Downstairs, todas incluyendo entre sus personajes al incorregible Eduardo VII. Hasta le hicieron su propia miniserie en la BBC.



Que este rey travieso, parrandero y mujeriego gozase de tanta aceptación como el que su época resultase tan fascinante para los republicanos yanquis, indicaba una tolerancia por una forma de gobierno que al final era parlamentaria y semi demócrata. Para 1982, la anglofilia estadounidense estaba en su cúspide con programas de televisión como la soberbia Retorno a Brideshead, la segunda invasión del rock inglés y,  gracias a una tal Diana Spencer, la anglofilia se tornó casi en una adoración por la monarquía.

Entre Diana-Víctima y Maria Antonieta-Parasito

Si las bodas reales de Los 80 nos fascinaron con el glamur de la monarquía,  una década más tarde el divorcio y las declaraciones públicas de la ex Princesa de Gales hicieron que,  aun los poco interesados en política,  cuestionasen la existencia de una institución que podía destruir a una joven inocente que entraba en ella. Por algo, el año de la muerte de Diana, se puso en pantalla Mrs. Brown, donde Dame Judi Dench nos muestra a una Victoria enlutada a la que su rol de gobernante y las reglas del protocolo impiden ser feliz. Pero también este filme nos muestra como acercarse demasiado a estos entes de sangre azul puede destruir al simple plebeyo, en este caso John Brown, y como Vicky egoístamente deja que su dolor personal la aleje de sus deberes de reina.



Aunque Mrs. Brown y La Locura del Rey George pueden verse como ejemplos negativos de la monarquía, el fin de siglo nos trajo una apoteosis del reinado de Isabel I,  Ia que abrió la puerta a una nueva era de Tudormania. Elizabeth y The Golden Age ponían en alto la labor de un monarca en construir un imperio. No recuerdo haber oído ningún furor antimonárquico en ese entonces, a pesar de que en filmes como The Affair of the Necklace (2001) se mostrase a Maria Antonieta como una mujer egoísta e injusta que al despreciar la solicitud de la Condesa de La Motte labró su propio infortunio.

                        Joely Ricardson como María Antonieta en La intriga del collar

Por el contrario, se alababa la importancia de los deberes de una reina/princesa aun en la literatura juvenil llevada a la pantalla. Mia Thermopolis en Los Diarios de la Princesa podría encontrar ridículas algunas reglas del protocolo, pero a último minuto cuando se dispone a huir de su herencia real, decide regresar y aceptar ser la heredera de un mítico reino con todas las obligaciones que esto conlleva.



Si tuviese que escoger un año para definir el comienzo de la guerra en contra de la monarquía ese fue el 2006,  el año de Marie Antoinette y The Queen. Acabo de ver por enésima vez la producción de Sophia Coppola. Me encanta, bien actuada, lujosísima, un regalo para la vista,  personajes adorables, ect. ect.. ¿Qué más se puede pedir?  Sin embargo, por primera vez percibo el descredito del personaje de la archiduquesa austriaca.

En vez de ofrecernos lo mejor de María Antonieta nos la muestran como una frívola consumista, glotona, despilfarradora, jugadora, borracha e inconsciente. No se mencionan sus logros:  su mecenazgo de artistas como Madame Vigee Lebrun, y Gluck;  de cómo ayudó a transformar la escena musical francesa; de cómo inició dos industrias galas, la moda y la peluquería. No mencionan su buen corazón, su gran lealtad, y el amor que prodigó a sus hijos (pocos saben que adoptó tres niños, uno de ellos de color).



La idea fue mostrarla como una alocada niña rica no muy alejada de los príncipes actuales que se la pasan gastando el dinero del pueblo en excesos y francachelas. En suma, Kirnst Dunst nos dio la imagen más atractiva de un parásito de la realeza. En cambio, en The Queen del mismo año,  Peter Morgan puso la primera piedra al mausoleo de la monarquía con su descarnado retrato de la fría crueldad de Isabel II ante la muerte de una nuera que era una realidad incómoda para la familia real o lo que ellos llaman “La Firma”.



La pregunta que eleva el magnífico personaje de Dame Helen Mirren es si Isabel ha creado un ambiente tan toxico que empujó a Diana a huir y a cometer locuras. O es la monarquía y sus reglas insufribles las culpables de la indiferencia de la Reina y de la histérica desesperación que ha llevado a su nuera a una muerte prematura.

Conscientes del daño hecho, los cineastas intentaron borrar esa imagen nefasta con filmes que exaltaban a buenos gobernantes como Young Victoria; Bertie y Elizabeth y por supuesto, la magnífica El Discurso del Rey. En general , incluso en The Crown hay una visión amable de Jorge VI, no así de su esposa, pero déjenme seguir en orden cronológico.



Amor y Muerte en Dinamarca

Fue en el 2011 que nos llegó un sutil ataque a la monarquía y a su celo misógino que destruye a las mujeres que no se someten a sus reglas. Vino de Dinamarca y convirtió a sus protagonistas, Alicia Vikander y Mads Mikkelsen,  en estrellas. Se trata de la triste historia de amor entre la princesa inglesa Carolina Matilde y el medico Johann Friederich Streussen consejero de su esposo, el príncipe luego rey Cristián VI.

A mitad del siglo XVIII. Carolina recién llegada a la corte danesa, descubre que su marido es un enfermo mental que solo busca degradarla. Atraída por las ideas progresistas del Dr. Streussen, Carolina inicia amistad con el hombre de confianza del príncipe. Acaban en la cama, tienen una hija, se descubre todo, escándalo mayúsculo. Streussen pierde la cabeza, Carolina es separada de su hijos y enviada al exilio. Una historia para llorar océanos y que sin embargo es totalmente cierta, solo que el modo de relatarla crea una nueva guía para los  anti monarquías. La lección de A Royal Affaire es que no solo la monarquía destruye a las mujeres inteligentes e independiente, también permite que asciendan al trono monarcas retrógrados y dementes.





El que Dinamarca sea hoy una monarquía parlamentaria, bien lejos del absolutismo oscurantista dieciochesco , no le importa a una generación de espectadores semi educados que todavía no entienden que los reyes europeos modernos  (y el Emperador del Japón) no gobiernan. Los que si saben eso esgrimen el argumento que el pueblo no necesita mantener a parásitos de sangre azul.

Así llegamos al 2016 el año en que Peter Morgan por fin pudo dar de hachazos a una institución que detesta y a una reina que despreciaba (¡y el desvergonzado dijo, a raíz del fallecimiento de Su Majestad,  que su serie de mentiras era “una carta de amor” a la reina. ¡Carta de amor enviada en bomba Molotov!

En sus primeras dos temporadas,  y en las excelentes manos de Claire Foy, Isabel II fue descrita como una mártir, una mujer que debe sacrificar su derecho a ser esposa y madre para poder gobernar, aunque también Morgan nos deja claro que Isabel no estaba preparada, que era ignorante e ingenua. Como ese tratamiento sería el que recibiría Victoria ese mismo año, nadie se percató de lo ofensiva que era The Crown.



Las primeras quejas surgieron en la tercera temporada cuando Olivia Colman fue horriblemente miscast en un rol que le quedaba grande. Esta Isabel era torpe, ineficaz, perezosa, e insensible, incapaz de ofrecer consuelo a la desdichada Diana. ¡Incapaz de derramar una lagrima por niños muertos! ¿Hasta dónde llegaba la imaginación diabólica de Peter Morgan?

No solo la reina era blanco del vituperio. Su madre, hasta entonces un icono sagrado de la cultura británica, era descrita como una vieja ordinaria, borracha y malévola que interfería en los asuntos familiares como si fuese un padrino de la mafia. El pobre Carlos quedaba como un manipulador pelele y su padre como el posible autor intelectual de la muerte de Diana. Esas falsedades eran cobardes puesto que La Familia Real no podía defenderse de tanta calumnia.



El 2018, a la par de este ataque frontal contra la monarquía, vino un desdichado retrato de Maria Estuardo en un filme que de lo único que puede apreciarse es de ser inclusivo. Al menos no  pusieron a Saoirse Ronan como una tarada arrogante como la interpretase Samantha Morton en Elizabeth, o como tan puta que hasta le quita lo gay a David Rizzio en la malhadada Reinas. Al final que Reign,  con todo su fantasioso script, es el retrato que más honra a la Reina de los Escoceses.

Olivia Colman, Asesina de Reinas

El 2018 no solo fue el año en que Olivia Coleman se las arregló para hacer picadillo a Su Soberana, también fue cuando la Academia la honró por una obra en la que queda claro cuan despótica, vil y privilegiada puede ser una reina.

La última de los Estuardo hoy es más recordada por muebles que se hicieron en su época. A pesar de que filmes como Soldier in Love donde fue magníficamente interpretada por Dame Claire Bloom o The First Churchills donde Margaret Tyzak la encarnó como una mujer devota de su religión y esposo,  The Favorite destruye esa imagen reemplazándola for embustes salidas de la mente caprichosa de la David.



Ingenua tal vez demasiado para reinar, ha sido el veredicto de la historia sobre Ana I. The First Churchills cubría casi toda la vida de esta desdichada reina con énfasis en  la relación entre Ana y su amiga de la infancia,  Sarah Churchill y de cómo esta relación empañó el reinado de la primera. El  argumento se basaba en  documentos oficiales, memorias y correspondencia.

Los Churchill tuvieron una tremenda influencia sobre la Reina Ana y sus decisiones políticas. Eventualmente Ana se sacudió a estos amigos y tomó como confidente a Abigail Masham , prima de Sarah. Como la serie está narrada por la anciana Duquesa de Marlborough, la tenemos en su vejez preguntándose qué la hizo perder el favor de Su Majestad.



En la vida real, Los Churchill (principalmente Sarah) no fueron mansos corderos. En su empeño en dominar la voluntad real y privilegiar a familia y amigos, Sarah se volvió imprudente e insolente. La muerte de su único hijo varón la alejó de la corte. En su luto ni siquiera respondía las cartas de Ana quien también sufriría la muerte de su único hijo (y único sobreviviente de 17 embarazos). La Duquesa añadió insulto a la injuria, negándose a llevar luto por el principito. Es normal que Ana haya buscado otra confidente. La enfurecida Sarah comenzó a hacer circular unos poemas satíricos que insinuaban una relación lésbica entre Abigail y su reina.

Hasta hoy, ningún historiador ha encontrado evidencia de lesbianismo entre Ana y sus favoritas. Ni siquiera las cartas juveniles con las que la Duquesa quería chantajear a su soberana, donde Ana expresaba su amistad y cariño con mucha pasión son vistas como evidencia de una relación erótica. Por un lado, ese lenguaje era común entre las amistades del siglo XVII. Por otro es imposible que una señora que se la pasaba en la cama haciendo hijos con su marido, y que era también muy religiosa, tuviese tiempo para escarceos de lo que entonces era considerado Contra Natura.

Solo en la cabeza de una periodista mediocre como Débora Davis podía nacer la idea de convertir una intriga palaciega en un triángulo gay. Le tomaría casi dos décadas a Davis “colocar” su aberrante libreto en manos de algún productor. El rechazo nacía de que nadie quería meterse con falsedades históricas que además estaban muy mal escritas. De hecho, durante los veinte años antes que La Favorita fuese llevada a la pantalla, Davis tomó cursos de redacción de libretos por correspondencia y sacó un posgrado en el tema. Aun así, se dice que el australiano Tony McNamara fue quien rescribió todo el pastiche.



En el nuevo liberto y subsecuente filme,  Ana, una mujer enferma e infeliz, es degradada hasta convertirla en una demente,  sucia, despótica, aquejada por enfermedades repugnantes que abusa,  incluso sexualmente,  de sus damas. El que los ingleses vieran en la pantalla a Olivia Colman haciendo de Ana y luego en la pantalla pequeña encarnando a la actual Reina de Inglaterra, reforzaba una imagen negativa de la monarquía.

Poco a poco desaparecía la imagen de las reinas que por casi una década había sido dictada por Juego de Tronos donde las malas reinas eran tipo Cersei y las buenas eran como Daenerys, justicieras, generosas, pero sacando energía para dejar el espacio de víctimas y convertirse en poderosas monarcas. Así se las retrató en la británica Victoria, la rusa Ekaterina y la austriaca Maria Teresa, pero esas imágenes fueron disipadas por víctimas de la monarquía que se rebelan contra ella como la actual iconografía de Lady Diana y su sucesora Meghan Markle,  y estos nuevos retratos de Sissi.

Reinas empoderadas VS Príncesas víctimas


Por otro lado,  tenemos sátiras de la institución con reinas que aunque dotadas de buenas intenciones pronto adquieren gusto por el poder y son capaces de todo tipo de actos criminales para conseguirlo. Es lo que hemos visto en sátiras antihistóricas como The Great que hace reír y The Serpent Queen que no saca ni una carcajada y que es tan alejada de la historia que obligan a  criticarla  porque ya traspasa los límites de la suspensión de la credibilidad o de licencias dramáticas.

Quitándole el Halo a Reinas Santas

Por otro lado, está la destrucción de reinas consideradas mártires como Catalina de Aragón que Lionsgate y Emma Frost arrastraron por los suelos en The Spanish Princess. No solo la convirtieron en ambiciosa y perjura, sino que le inventaron todo tipo de ideas que nunca tuvo la pobre señora. En la Primera Parte la encuentran abierta al Islam y a las costumbres moras,  y en la Segunda la ponen quemando libros de herejes y rechazando a la hija que Doña Catita tanto amó.



Otra víctima ha sido la icónica Queen Mum, hasta hace poco un personaje intocable. Hoy no solo Peter Morgan se encarga de faenar a la vaca sagrada de La Casa Windsor. En la noruega Atlantic Crossing, se burlan de la Reina Madre en su momento más glorioso , la Segunda Guerra Mundial y de paso hacen befa de la tartamudez de su esposo. Todo para lapidar a la valerosa monarquía noruega en un cuento Me Too de como el Rey Haakon y su heredero Olaf (que calumnian describiéndolo como un borracho y padre ausente) intentaron opacar a la única que valía en esa familia:  la Princesa Heredera Martha.


Otra manera de denigrar a los reyes, convertirlos en borrachos


A pesar de que hay conciencia de que fue la autocracia del Zar Nicolas la que destruyó su imperio, la Zarina Alejandra siempre ha sido vista como esposa y madre mártir. Eso hasta que el docudrama The Last Czars la puso como drogadicta, calentona con Rasputín,  y tan metiche en la política que destruyó al imperio.



Una ironía es que los rusos que hicieron una revolución para deshacerse del Zar y de su familia son los primeros en blanquear a monstruos históricos como Iván el Terrible o zares usurpadores como Boris Godunov. En sendas miniseries sobre estos señores le echan la culpa a los boyardos y a ambiciosas mujeres de la nobleza de todas las maquinaciones y masacres perpetradas en estos reinados de Iván y de su cuñado Godunov.

En cuanto al personaje de Catalina la Grande, la ponen un poco como Daenerys, un peón en el tablero político sometida a su suegra, a una corte intrigante y a su condición femenina, pero que luego se las arregla para encontrar vías de empoderamiento. Aunque nos la muestran como una gran gobernante no esconden sus flaquezas e implacabilidad para lidiar con los que veía como sus enemigos. Sin embargo, estos relatos no culpan a la monarquía de las fallas de sus emperadores.



E solo en Occidente  donde se aferran a una formula agotadora y falsa. Eso es lo que esperamos de la María Antonieta producción franco-inglesa que ya por ser creación de Deborah Davis trae tufo.

Otra ironía es que España, donde existe un fuerte movimiento antimonárquico, no hacen este tipo de series. Durante el último gobierno de derechas (2011-2018) se hicieron verdaderas loas a reyes del pasado como Isabel la Católica y su nieto Carlos . Incluso  en Tiempos de Guerra, retrataron admirablemente a la reina Victoria Eugenia como una mujer enérgica y decidida que crea un equipo de enfermeras para que vayan a curar heridos en Marruecos.



En cambio, no se ha hecho nada sobre reinas casquivanas y escandalosas como la reina consorte Maria Luisa de Parma, o la reina regente Maria Cristina de las Dos Sicilias o de su extraordinaria hija Isabel II que tuvo doce hijos,  ninguno de su marido que era gay. ¿Será porque la televisión española,  por woke que sea,  no necesita recurrir a escándalos históricos o  imitar una fórmula que ya huele a añeja?  Basta ver los abucheos que ha recibido Peter Morgan por sus ridículas mentiras en la última temporada de The Crown.

lunes, 15 de julio de 2019

Chicas Pansexuales, Mancebas de Clérigo, Damas Enfermeras y Hasta Ava Gardner: Memoria Histórica Televisiva



“Cuéntame cómo pasó” dejó la puerta abierta para otras visiones de cómo se vivía en tiempos de Franco. Curiosamente, no hubo serie que tocase directamente la Guerra Civil, pero si la posguerra e incluso la Segunda República. Hasta hay por ahí algo que se intentó hacer y fue coartado por la censura.

Mujeres en Tiempos Revueltos
Un tiempo después que El Dr. Ernesto Medalla me había enganchado con “Cuéntame cómo pasó” y estando sola, prendí la tele y puse RTVE. Me encontré con una serie muy curiosa que tenía lugar en el Madrid de la Segunda Guerra Mundial. Llamé enseguida a Ernesto para contarle. No recuerdo exactamente sus palabras, pero su desprecio líquido rezumó del auricular. Aparentemente “Amar en tiempos revueltos” era lo contrario de “Cuéntame” en términos de calidad y objetividad. Igual, me ganó la curiosidad y me puse a verla.

Esa era la primera temporada y aunque me la tragué a la mitad, años después, RTVE la repuso y pude verla entera. Mas que subjetiva, su problema es que estaba plagada de lugares comunes y la trama era ultra previsible. Por ejemplo, Antonio el protagonista (Rodolfo Sancho) era muy sufrido y parecía representar a todos los vencidos del Bando Republicano.

La historia comenzaba con Antonio, el niño pobre enamorado de la rica Andrea (Ana Turpin). La familia de Andrea se opone a esos amores desiguales, ella se busca un novio aristócrata. Antonio se va la guerra. Ahí muere el novio de Andrea. Antonio y Andrea se casan, tienen un hijo y sobreviven. Ok, aquí se acaba la suerte. El matrimonio de ambos es nulo porque no se casaron por la iglesia, el hijo muere.

Antonio es encarcelado, pero sale gracias al sacrificio de Andrea quien acepta casarse con el aristocrático Mario, hermano del difunto novio. No hay tal sacrificio. Mario (Cristóbal Suarez) es guapísimo y muy noble. Andrea se siente enamorada, pero su incapacidad de tener más hijos la hace extrañar al pequeño Liberto (¡qué nombre tan fuchi!).

Entretanto el padre de Librto se pone a trabajar con una estraperlista. La policía los vigila, pero no les pasa nada. Antonio auxilia a un antiguo brigadista que ahora es agente aliado (luego se revelará que trabaja para los rusos), tampoco le pasa nada. Es una visión casi hollywoodense de los peligros de vivir en un país semi neutral, pero con vínculos con el Eje.

Pues Antonio y Andrea descubren que su hijo vive. Mario, que es un santo, adopta al niño. ¿Cómo le pagan Andrea y Antonio? Pues montándole cornamenta de reno lapón. ¡Mario se vuelve maaalooo! Amenaza con quitarles al crio, pero es locura momentánea. Noble hasta el final, el abogado Mario empaca a los adúlteros y a Liberto y los envía más allá del Pirineo.  Mas tarde en la cuarta temporada nos enteramos que Andrea cometió el error de regresar y fue ejecutada.



“Amar” está (al comienzo) basada en una serie catalana llamada “Temps de Silens’ pero carece del compromiso político de esta y no porque retrate a al franquismo con benevolencia, sino porque no sabe hacerlo con seriedad. Le falta la franqueza y humanidad de “Cuéntame” que a ratos también se ponía partisana, pero que era clara en un hecho. Se podía ser apolítico en la España de Franco, pero tarde o temprano, la política te golpeaba la puerta.

Aun así “Amar” ha tenido seguidores fieles que no se despegan de la tele y eso ha conseguido que siga hasta hoy, aunque con nombre diferente y en diferente canal. La serie ha cubierto los cambios sociohistóricos de España desde el 1936 hasta el 1976.

 Toda la acción ocurre en un barrio madrileño, en la Plaza de Los Frutos y el punto en común ha sido el bar “El Asturiano” propiedad de Pelayo (José Antonio Sayagués) y su hijo Marcelino (Manuel Baqueiro). Este último, que en la primera temporada fue camarada de armas de Antonio (y ni sé porque nunca lo pusieron preso) y hasta repartía volantes clandestinos, se ha “despolitizado” con el pasar de los años, más preocupado de problemas personales que de acabar con la dictadura.
Pelayo y su familia

Gracias a esa tibieza política es que “Amar” ha gustado tanto. Sigue las pautas de una soap opera estadounidense, presenta una variedad de personajes, ropa preciosa y la historia española no pasa sino de ser una anécdota. De ese modo ya llevaba siete temporadas cuando los recortes presupuestarios que Rajoy impuso a TVE comenzaron a amenazar su futuro. Milagrosamente fue la cadena rival, Antena 3,  quien acudió en su auxilio. La compró, le cambió el nombre a “Amar es para siempre” y ahí está muy sana llegando ya a la Transición.

A veces a los productores de “Amar en Tiempos Revueltos” les remordía la conciencia de que su telenovela (la dan de lunes a viernes) se concentrara más en el “Amar” que en los “Tiempos Revueltos” Por eso a ratos, sacaba unos especiales más crudos y violentos. El primero, “Flores para Belle”, parecía hecho por Tarentino drogado.  

“Flores para Belle’ era una cursilería y una chulería, un cuento de agentes devotos a la ‘causa” que se visten de alemanes para impedir que los Nazis se lleven un cargamento de wolframio a Berlín. Aparte de hablar del interés alemán por el wolframio español, un tema hasta hace poco desconocido, el cuento solo sirve para mostrarnos a Andrea y a Marcelino como agentes de la Resistencia española (¿WTF?).

“¿Quien mató a Hipólito Roldan?” fue mucho más interesante y mejor hecha y sirvió para mostrar la cruel justicia de los Falangistas aun en contra de uno de ellos. Pero en “Alta Traición” volvimos a los despropósitos. Paloma (Ana Otero)—un personaje recurrente—tras enviudar deja Inglaterra con su hijo y regresa a España. Ahí se encuentra con una trama hitchcockiana. Primero le roban el bolso con dinero y documentos, luego al detenerse en el camino, le raptan el hijo.

Lo peor es que nadie parece recordar que ella  tenía un niño consigo, la policía cree que está alucinando y Paloma queda a merced de un total extraño llamado Patrick (Gines García Millán) que es el único que (sospechosamente) recuerda al niño. ¿Qué hace Paloma?  Se encama con este desconocido. ¿Querrá agradecerle? ¿No se aguantará la calentura? Que el sexo fuera más importante que su miedo ante esta situación tan rara, y la preocupación por el hijo perdido, me dejaron claro que esta serie era imprevisible e inverosímil.

El ultimo especial giró en torno al retorno de dos personajes icónicos de la serie:  Ana Rivas (Marina San José, hija de Ana Belén y Víctor Manuel) y Teresa García (Carlota Olcina), su cuñada y amante. El romance Ana-Teresa sigue siendo considerado uno de los mejores ejemplos de amor lésbico en la televisión española. Sin embargo, esta historia pudo haber ocurrido en cualquier país (donde no existiera el divorcio) en esa época.

Importante en la trama a partir de la cuarta temporada son los Almacenes Rivas establecidos en un costado de la Plaza de los Frutos. Los manejan Ramon Rivas (Manuel Bandera) y su madrastra Encarnación (Cristina de Inza). Las cosas cambian cuando llega Ana, la única hija de Ramon, y la heredera de toda su fortuna. Ana ha estado estudiando y preparándose para ocupar su puesto en el negocio familiar.

Aunque ingenua y romántica, Ana tiene claro que ser mujer no le impide ser empresaria. Mientras su madre Marta (Cara Sanchis) se emociona porque Doña Carmen Polo visitará su bazar de caridad, Ana quiere saber cómo se sienten sus empleados. Para eso se hace pasar por una dependienta más. Así hace amistad con Manuelita (lItzar Miranda) la mujer de Marcelino, y con Teresa, recién llegada la capital.

En esos días anda un asesino en serie asustando al barrio. Se aparece Héctor, Perea (Javier Collado), un inspector de policía a hacer pesquisas en los almacenes. Ana y Teresa le hacen ojitos y él no sabe por cual decidirse. Héctor es chapado a la antigua y pro-Régimen (peleó por el bando nacional y llama al conflicto “La Cruzada”).
Ana y Héctor

Ana se encama con Héctor, Teresa se entera. Teresa y Manolita se enteran de que su amiga Ana es en realidad su patrona. Ana se entera que Encarnación es su verdadera madre, ya que tuvo amores con su hijastro. ¡Ayy ahora si se viven Tiempos Revueltos!

Las cosas se aclaran, a pesar de que las amigas intercambian fogoso beso que las deja muy confusas. Teresa lo arregla acostándose con Héctor y casándose con él. Ana se hace novia de Alfonso (Alex García), el hermano de Teresa. Sus padres mueren en un crucero. Ana es ahora dueña de los almacenes (no recuerdo que pasó con Encarnación). Teresa espera un bebé. Alfonso, un aspirante a boxeador, se casa con la millonaria, pero es un patán que no soporta la superioridad de su mujer en todo. La humilla, la golpea, hasta la viola.
Ana y Alfonso

Teresa pierde él bebe. Alfonso muere en un accidente, pero ha dejado embarazada a su mujer. Ya es imposible para las cuñadas negar que se gustan, que su amistad es amor y deseo físico. ¿Pero y Héctor? ¿Y el bebé? Ana se pone a beber, se acuesta con un gigolo, fuma como carretonera. Finalmente, hasta Héctor se da cuenta de lo que pasa y noblemente permite que Teresa se marche con Ana y él bebé, Alejandro, a vivir su amor en Santander.

El ultimo especial “La muerte a la escena” trae a la pareja de regreso a Madrid justo cuando Héctor cree renovar su vida junto a Asunción (Nadia de Santiago). Teresa decide darle un regalo, un certificado de defunción falso que la acredita como muerta. Antes sus tumbas, Ana y Teresa se despiden de Héctor quien ahora es libre para casarse de nuevo. Pero esperen que esta fábula tiene moraleja.

 En “Amar es para siempre” la resurrección de los tiempos revueltos en Antena 3 vemos a Asún y Héctor casados, con un hijo, y al frente de una agencia de detectives. Para la segunda temporada, Héctor lee en un periódico que Ana que vivía en la Argentina, ha muerto en un incendio en un hotel de Lisboa junto a su hijo. Teresa, malherida, es llevada un hospital y ahí da su nombre de soltera (o peor de casada). ¡Qué horror, Héctor va a ser acusado de bigamia!

Asún se entera que Héctor le hizo lo que Rochester a jane Eyre, Ayyy. Con justa razón el auditorio gay puso el grito en el cielo. ¿Qué tipo de final era ese para tan linda historia de amor?  Ahora todo se trataba de Héctor y su estatus (hasta el final, Héctor ocultó la orientación sexual de su mujer). Es que esta historia se parecía mucho a la del triángulo de la primera temporada y ahí Andrea moría ejecutada por guerrillera. Conclusión, el adulterio no paga,  menos si ocurre en tiempos revueltos.
Andrea y su puño en alto antes de morir

Entre el Cura y el Marqués
Con “Cuéntame” y” Amar en tiempos revueltos” se dio por bien servida la crónica de vida y sociedad franquista. La Memoria Histórica decidió aplicar el revisionismo  al final de la monarquía. Así nació “La Señora “una belleza de historia que por tres temporadas me tuvo enganchadísima con una historia que lo tenía todo.

Me recordó un poco a “Los Gozos y las Sombras “solo que aquí la acción ocurre en Asturias, pero también es un mundo rural pre Guerra Civil (La acción tiene lugar en los Años 20) y equilibra un retrato/denuncia social con un triángulo romántico tan poderoso y emotivo como el de la trilogía de Torrente Ballester. Antes de ser Sira Quiroga, Adriana Ugarte ya nos había regalado otra interpretación intensa, la de Victoria Márquez, niña bien de provincia. 

Hija de un poderoso hombre de negocios y dueño de minas y astilleros, Victoria es como la princesita de la comarca. Aun así, hace amistad con Ángel, hijo de un pescador. Una amistad que degenera en amor a medida que crecen. Pero Victoria se debe a su clase y se marcha a un internado y Ángel se debe a una promesa del párroco a su madre que le conseguirá un cupo en el seminario. En una época en que la única movilidad social de un campesino estaba en ejercito o iglesia, esta oportunidad no puede ser desperdiciada.

El cuento del cura enamorado (que también aparece en la literatura en Pepita Jiménez, y La Regenta, entre otros) se había vuelto un trope en la ficción de la Memoria Histórica. Ya tuvimos a Eugenio en “Cuéntame que pasó” y al Padrecito Ángel en la primera temporada de “Amar en Tiempos Revueltos”. Ahora se trajeron a Rodolfo Sancho que se estaba convirtiendo en el gran galán de las series de RTVE para interpretar a Ángel.

La primera temporada comienza con Victoria regresando del internado. Se ha convertido en  una chica despampanante y al paso de Ángel le saldrán otros rivales como el oficial Hugo de Viana (Raúl Peña). Ángel, que está a punto de ordenarse, descubre que ama a Victoria, pero ella tiene otro pretendiente que pesa más que los otros, el Marqués de Castro (Roberto Enríquez).

Gonzalo López, Marqués de Castro, es un hombre enigmático de cuyos orígenes nadie sabe y que porta un título gracias a que en España el casarse con una noble hace al marido aristócrata inmediatamente. Gonzalo es un as para los negocios lo que lo lleva a asociarse con Ricardo Márquez, padre de Victoria. Pero cuando este no sigue sus planes, lo mata.

Cuando Gonzalo descubre que su cuñada es la culpable de la muerte de su hijo y de su esposa, la empuja al suicidio. Cuando Pablo, hermano de Victoria, se hace cargo de las empresas de su difunto padre, Gonzalo convence a Victoria que vete al hermano y se haga cargo de los negocios ella. Solo que Victoria es una mujer inteligente, justa y enérgica. Se hace cargo de todo, pero el bienestar de sus mineros y obreros es lo primero.

Victoria y Ángel siguen de romance. Gonzalo usa al hermano anarquista del seminarista para chantajearlo y obligarlo a ordenarse sacerdote. Igual, Ángel y Victoria se dan su rico revolcón. Un incendio casi cobra la vida de la madre de Ángel. Este,  lleno de remordimientos creyendo que ha sido un castigo divino, no se presenta en la iglesia para interrumpir la boda de Gonzalo y Victoria.

La segunda temporada iba camino de ser una sarta de cliché con Victoria rehusándose a ser mujer de Gonzalo, con este encerrándola y portadose peor que El Celoso Extremeño, cuando El Marqués muy listo cambia de tácticas. Arriesga su vida por su mujer, compensa a los mineros, hasta saca a Ángel de la cárcel. Llena de agradecimiento, Victoria le da su noche de amor y varias noches mas.

Aun así, un año después Victoria decide huir con Ángel, pero un mareo le impide reunirse con el cura quien mata a un asesino que le ha mandado Gonzalo y ayudado por su verdadero padre (El Párroco Don Enrique) huye de España. La Tercera y última temporada fue la mejor.

 Tras cinco años de ausencia, Ángel, convertido en legado papal regresa al pueblo. Se encuentra que La Señora Marquesa de Castro, tiene una hija, Aurorita.  Gonzalo es el único mamerto que cree que la niña es hija del cura y no la quiere.

Pasan muchas cosas, pero la más importante es la revelación de la verdadera identidad del marqués de Castro. Resulta que era un gañan, un mozo de taberna que mató al patrón y robó su identidad. Ahora la viuda del asesinado aparece y chantajea a Gonzalo. Victoria descubre la verdad. Apiadada del padre de su hija, le confiesa que nunca lo engañó. Aurora es hija del Marqués.

Gonzalo huye ayudado por Victoria. Pero La Señora es gravemente herida en un derrumbe de la mina y muere en brazos de Ángel que ya colgaba los hábitos por ella. ¡Qué final tan triste! Peor aún, la “viuda” del Marqués quería quedarse on la fortuna y con Aurora. ¡Ay que horror!

“La Señora” fue una serie como D-s manda, bien hecha, bien actuada. Gonzalo era un villanazo, pero caía bien, se le admiraba…a ratos. Lo bueno es que la serie era histórica. Los abusos patronales, el cacicazgo, el auge del anarquismo, la dictadura de Primo de Rivera, la Guerra de África y los movimientos sindicales eran temas constantes, pero como trasfondo. El personaje de Encarna, una obrera que llega a ser cuñada de Victoria, era la gran representante de las ideas revolucionarias, tan revolucionaria que da asilo al asesino del padre de su hijo y hasta se acuesta con él.

La Republica Censurada
Se habló mucho de que habría una secuela de “La Señora”.  Y eso se creyó seria “14 de abril: La República” pero, aunque se incorporaron personajes antiguos como Hugo de Viana, ahora convertido en el ejemplo del militar antirrepublicano, la odiosa de Encarna y el pesado de Ventura, la serie sigue por otros caminos. Eso a pesar de que su primer capítulo gira entorno a la exhumación del cadáver de “Ramiro Villaseca” ósea de Gonzalo.
Los protagonistas de la censurada República

Yo me harté de ver la serie y la dejé, pero ahora me entero de que en algún momento Ángel, quien está criando a Aurora, llega a Madrid en busca de Gonzalo. Hay un encuentro entre los tres hombres que amaron a Victoria: Gonzalo, Ángel y Hugo. El ex Marqués muere a manos de este último. Antes se entera de que provocó la muerte de Victoria y que Aurora crecerá creyéndose hija de Ángel.

Pero “La República” se ha hecho famosa por otro motivo. La segunda parte aun después de anunciada nunca vio la luz. No sorprendió a muchos puesto que sus ratings eran  bajos para un programa nocturno. Ahora, han salido diciendo que el gobierno de Rajoy impidió su salida al aire, que fue censurada. Con ese rotulo de serie proscrita, la Segunda Temporada de “La República” debutaba por fin en noviembre del 2018 y ¡oh sorpresa! nunca superó los 8 puntos de rating. ¿Tal vez fue censurada por mala?

Ava Gardner a la española
Entretanto Movistar se ha puesto a hacer series propias y entre ellas un par de dramas de época que discutiré en otro post. La que tiene cupo aquí es la estrambótica “Arde Madrid”. La premisa era genial, la vida de Ava Gardner (y amigos) en el tiempo en que la diva vivió en Madrid (1961). Además, decidieron enfocarla desde un punto de vista totalmente diferente, del de la criada de la actriz que es una infiltrada de los servicios de inteligencia franquista.
Ava Gardner cuando vivia en España

Ni Debbie Mazar se parece a Ava ni Rebeca Lutu se parece a Marisol

La idea de ver el shock cultural que tiene lugar cuando una solterona católica y reprimida es expuesta a un estilo de vida desinhibido como el que llevaba Ava era tremendamente novedoso pero la producción cometió varios gafes. Primero el convertirla en comedia, hay que tener mucha experiencia y juicio para convertir un tiempo revuelto en algo cómico y aquí no los tuvieron. Como es de solo media hora cada capítulo quedaba a nivel de sitcom, incapaz de ofrecer una visión histórica ni de esa España ni de la vida de Ava Gardner que no pasaba de ser una caricatura



¿Luego a quien se le ocurre que en la misma serie donde sé afea a una guapa como Inma Cuesta se traigan a una fea como Debbie Mazar para encarnar a una de las mujeres más bellas del cine? Para colmo, grabaron la serie en blanco y negro. ¿En qué cabeza cabe? Si la idea era mostrar lujo, belleza, excesos, todo en contraste con la realidad gris y cotidiana del mundo exterior.  Además, devienen en ese discurso que pasa por feminismo de que el mayor logro de una mujer (y parafraseo a los productores) es no ser “sexualmente analfabeta”.
Inma Cuesta haciendo de fea y Debbie Mazar haciendo de guapa

 Por suerte, esta serie solo pueden verla los subscritores de Movistar, aunque la publicidad te la vende como si fuera material de Emmy. La serie ya se ha ganado tres premios, pero si le regalaban galardones a “Águila Roja”… yo ya desconfío mucho de los premios españoles. Curiosamente, ha sido en mayo recién que han anunciado que no habrá segunda temporada “Paco León (actor y productor) ha dicho que serie “los ha desgastado” a él y a su socia Ana R. Costa.

Cuando Me Too se Convierte en la Nueva Memoria Histórica
Aun recuperándose de la censura, RTVE volvió a la carga con otra serie de época. Esta vez se eligió un área histórica neutral: 1913-1916, pero el enfoque también debería ser revolucionario: los derechos de la mujer. No es coincidencia que” Seis Hermanas” debute en el 2015, el año en que nace el movimiento MeToo.

La historia es muy original. Tras la muerte de un poderoso empresario, sus hijas se dan cuenta que, debido a leyes y prejuicios de la época, no podrán manejar los negocios del padre. Como solución, ocultan la muerte de su progenitor, fingen que se ha ido de viaje y así se hacen cargo de los negocios. Las seis hermanas corresponden a diferentes tipos de mujer y cada una es dotada de una personalidad definida.  Tenemos a la aristócrata adultera; a la ambiciosa que se debate entre dos hombres;  la empresaria nata; la artista que quiere cantar en público; la maestra con conciencia social que descubre que es gay; y la niña mimada.

TVE intentó algo novel, lanzar “Seis Hermanas “en primetime. Fracaso total, el futbol se la comió. Hubo que bajarla a la sobremesa donde fue vencida por otro producto de época, “El Secreto de Puente Viejo”. Aunque “Seis Hermanas” tenía un precioso vestuario, sus intenciones de ser la “Downton Abbey” española quedaron truncas. Las pobres actuaciones y los diálogos miserables no permitieron nunca que los personajes fueran multidimensionales o transmitieran emociones que atraparan al público. Después de dos temporadas, cerró sin haber alcanzado cifras de dos dígitos.

RTVE no escarmentó. Querían aprovechar el auge del Me Too. Querían aprovechar el agitamiento social provocado por el crimen de la Manada. Pero en vez de hacer una serie moderna que tocase temas de actualidad, tuvieron la idea peregrina de trasladar conflictos presentes a un espacio de provincia de los Años 20. 

No voy a comentar más de lo que hice en mis reseñas de la Primera Temporada de “La Otra Mirada”. La obsesión por el presentismo los llevó a pasarse por la cola las leyes de la época y arruinar a personajes históricos como Maria de Maeztu y su obra. Como dijo una fan en ese tiempo las mujeres tenían problemas, “pero no como los muestra la serie”.

La gran ironía es que “La Otra Mirada” que nunca superó el 10% de audiencia ameritó una segunda etapa. A pesar de que esta vez se intentó hacerle un poco de propaganda y comenzó con un 10% de audiencia, al sexto capitulo ha bajado al 8%. Ni el regreso de una Angela embarazada (tal vez para compensar el aborto intencional de Flavia) ha evitado la fuga de espectadores. Ahora que ha acabado salen diciendo que era “una serie al servicio público”. WTF? El único servicio público que puede tener un drama de época es ayudar a maestros de historia.

Es que la serie ha fracasado en todos los frentes donde ha intentado batirse: en el cuento de misterio, en los amores lésbicos de Angela y Paula y en un feminismo que no cuadra porque es anacrónico. Triste, porque fue una época de batallas e intentos de superación de la mujer española que merecían ser recordados.
Ni en mi época se permitia a una maestra , por muy casada, lucir panza de embarazada

Muy diferentes han sido los enfoques de esa era en otras productoras. Por ejemplo, Bambú quien ya traía éxitos de época como “Gran Hotel” y “Velvet” (que discutiremos con la formula del espacio claustrofóbico) le apostó a una serie en los Locos 20, con mujeres protagonistas, con vestuarios esplendorosos y con mucho romance. Solo, y he aquí la novedad, “Tiempos de Guerra” trataba todo esto en un marco, ni siquiera trasfondo, totalmente masculino, la experiencia bélica.

Es cierto que este homenaje a las “Damas Enfermeras” fue un culebrón total, muy parecido al “The Crimson Field” de la BBC, lleno de clichés y situaciones inverosímiles: las rivales oportunamente mueren al final; Julia ha luchado tanto para ir a buscar a su hombre al África y acaba enamorándose de otro, etc.
Julia fue a Africa por Andrés y lo dejó por Fidel. 

Lo bueno de “Tiempos de Guerra”—que sigue cosechando un público internacional vía Netflix,—es que cumple con los tres  requisitos necesarios de la buena ficción histórica: personajes ficticios redondos y queribles (sobre todo aquí en el personaje de Magdalena);  lección de historia hasta ahora desconocida para el espectador (todos corrimos a la Wikipedia a ver qué era eso de la Guerra del Rif); y  el rescate personajes históricos humanizándolos, aquí eso ocurrió con la Reina Victoria Eugenia y con el maravilloso retrato que Alicia Borrachero hizo de La Duquesa de la Victoria.

Y yo creo que con eso se cierra el tiempo de la Memoria Histórica. En cambio, otros momentos de la historia peninsular si han sido recordados y con mucha gloria y eso veremos la próxima semana.

ADDENDUM: Yo creo que el problema de la memoria histórica y su revisionismo es que cae en maniqueísmos y revisionismo partisano. Ni hablar de la abundancia de personajes unidimensionales. La salvación seria usar una base literaria fuerte que es lo que ha funcionado en el pasado. Por ejemplo, adaptar una trilogía como la que inicia con Los Cipreses Creen en Dios de Jacinto Gironella. Ya oigo alaridos de “libro fascista” pero no lo es. Es menos tremendista que Madrid: de corte a checa de Agustín de Fox y menos maniqueo que La enfermera de Brunete. Además, cubre los últimos años de la Republica, la Guerra Civil y la posguerra y tiene lugar en Cataluña.

Por otro lado, también se puede apelar a libros de historia. Ya que tanto gusta el rufián de Paul Preston, se podría dramatizar su Doves of Spain (Palomas de Guerra) : cuatro biografías de mujeres involucradas en la Guerra Civil, dos de cada bando, y dos de ellas extranjeras.


Otro proyecto que sueño con ver en pantalla, pero creo que mejor quedaría en manos extranjeras es Hotel Florida de Amanda Vaill. La historia de tres parejas que se pasaron la Guerra de España en el Hotel Florida en Madrid: Arturo Barea y quien sería su esposa, llse Kulcsar; Robert Capa y Gerda Taro; y Ernest  Hemingway y Martha Gellhorn. Ciertamente estaría mucho mejor que la hedionda película de la HBO “Hemingway and Gellhorn”.