Enrique, El Gordo
estira la pata en una noche oscura. Sus tres hijos sobrevivientes son llevados
de prisa a un lugar que no se sabe si es refugio o mazmorra. Maria, Isabel y
Eduardito se abrazan aterrorizados. Será la última vez que los veamos unidos
porque Becoming Elizabeth nos deja en claro que los Tudor pueden
ser más disfuncionales de lo que ya creíamos. Mientras esté trio anda de las greñas, Inglaterra
vivirá las últimas décadas antes de volverse una potencia.
Un Spoiler
Histórico: Esto es lo que Pasó
Volvamos un poco
a la historia, retomando el último episodio de Los Tudor. El obeso muere
dejando como heredero a una criaturita de frágil salud, pero de férrea fe
protestante. También deja una viuda y un país insatisfecho. La viuda, Catalina
Parr—una de las mente más brillantes de la corte Enriqueta— bastante agotada por el
matrimonio con un tirano loco y sádico todavía posee sueños románticos. Sin
esperar al paso del luto, se casa con su
viejo amor, El Almirante Sir Thomas Seymour.
Primer Problema:
El Almirante es tío del rey. Segundo problema, Catalina es la única madre que Eduardito
ha conocido. Este matrimonio huele mal sobre todo para el Lord Protector,
Edward Seymour, hermano de Thomas y tutor de Eduardo VI.
Para protegerse, Los
Seymour se llevan a vivir con ellos a Isabel. Por un lado, Catalina quiere a su
hijastra, por otro ambas comparten “la verdadera fe”, pero también hay algo más.
El Matrimonio Seymour necesita de una pieza para entrarle al juego de tronos de
esta nueva Era Tudor. El problema es que el almirante, muy juguetón el, tiene
otros intereses en Isabel que van más allá de hacerle cosquillas en la cama o cortarle el vestido, a lo Zorro, con su espada.
Es solo cuando
Catalina, embarazada , descubre a su
marido besándose con la hijastra que se pone las pilas y envía a Isabel lejos
de su casa. Catalina muere de parto, El Rey Eduardo está camino a seguirla, la
ambición del viudo Thomas aumenta. Se ve derrocando al hermano, coronando a
Isabel y el convertido en rey consorte.
La ambición
desmesurada tiene castigo. Se descubren los planes del Almirante, pierde el
apoyo de su sobrino, pierde la cabeza. Para no perder la suya, Isabel hablará
pestes de su “padrastro”. Su nana Kat Ashley declarará bajo juramento que Sir
Thomas acosaba a la princesa, que intentó violentarla. Estas declaraciones
confundirán a los historiadores por siglos. Solo los muertos conocen la verdad.
No he dado
spoilers, lo que cuento no es más que lo que se enseña en clases de historia (o
se enseñaba) y que la serie ha recreado de manera apegada a la historia
oficial. A los troneros nos es más fácil ver a Eduardito como un Joffrey
Baratheon cuando es más Tommen (el del libro) y al triangulo romántico
principal como Meñique-Sansa-Tía Lyssa Arryn, pero Sir Thomas es menos hábil
que LIttlefinger, Catalina meno boba que
Lyssa, y ciertamente Elisabeth supera en
todo a la niña Stark. Esto lo notamos gracias a muy buenas actuaciones de Tom Cullen
que deja atrás series bochornosas como Knightfall, Jessica Raine que nos
sorprende nuevamente con su versatilidad y Alicia von Ritterberg que ya había
atraído mi atención en Charité.
Voy a dejar de
lado, por un instante, en mi repaso de
la serie, este triangulo que es la
comidilla de críticos y paso a otros temas de importancia en la Era Tudor como
política y religión. El primer problema y del cual hablan ya en la primera
entrega, es Escocia. Cuando dejamos al
país de las gaitas en The Spanish Princess teníamos un rey muerto, una
reina casquivana, Meg, hermana de Enrique VIII, y unos pequeños, uno de los
cuales reinó como Jacobo VI. Casado con la francesa María de Guisa, a su
prematura muerte, el rey deja varios bastardos,
pero solo una heredera legitima, Maria Estuardo. A la muerte de Tío Harry,
Maria de cinco años anda medio comprometida con Eduardito, pero sus parientes franceses
no la quieren casada con un reyecito con ínfulas luteranas.
Enojados, los ingleses mandan un ejército capitaneado
por el Duque de Somerset que arma una guerra conocida como el Rough Wooing
(cortejo brutal) . Todo en vano. Aunque Somerset les da una paliza a los escoceses,
Los Guisa logran capturar a la reinita y llevársela a Francia donde algún día
se casará con el heredero al trono, Francisco de Valois. Si , todos lo vimos en
Reign.
Lady Jane Gray
y María antes de ser “Bloody”
Escocia se les ha
escapado de las manos a los Tudor, y Francia se ha convertido en su enemiga. A Lord
Somerset se le ocurre que mejor que el sobrino se case con alguna chica inglesa
fácil de manejar. La elección cae en Lady Jane Grey, nieta de Charlie Brandon y
sobrina nieta de Enrique VIII. Aquí es interpretada por Bella “Lyanna Mormont” Ramsey
Apenas Catita y
Tomasito Seymour se enteran de los planes del Lord Protector, se llevan a Jane
a vivir con ellos, a tomar lecciones de griego con Isabel, mientras los dueños
de casa follan sonoramente en el cuarto contiguo. A Isabel no le hace ni pizca
de gracia que su prima venga a quitarle espacio. En su primer encuentro, se lo
hace saber de la peor manera. La pobre Jane no encuentra nada peor que decirle
algo así como “ya que tú y Maria son bastardas, yo soy la próxima heredera del
trono si Eduardo se nos muere”.
Hablando de Maria,
me temo que es la mejor actuación , mi personaje favorito, y que por primera vez le veo el atractivo a Romola
Garai. Es triste que el público (a menos que haya coincidido con la excelente
visión de Michael Hirst de esta desdeñada figura histórica) solo la vea como
solterona beata. Lord Somerset se refiere a ella y a Eduardo como “fanáticos”.
Una definición fácil en la boca de un hombre cuyo único fanatismo es la
ambición de poder.
Debemos
comprender, primero, que Eduardo es apenas un niño de nueve años. Segundo que
fue criado por Catalina, quien antes de tener a Seymour en su cama, fue devota
defensora de la Nueva Fe lo que casi le costó la cabeza. Tercero, y la serie no
hace hincapié en esto, el reyecito está muy enfermo. Es común en los enfermos apegarse
más a su fe, si la tienen.
El caso de Maria
es casi tan patético. A sus 31 años ha sido despojada de todo: estatus, familia,
agencia. Solo le quedan la fe y su virtud. Vio a su madre morir por la religión
católica, vio amigos y parientes (los Pole) ser torturados y masacrados por su credo.
Es imposible pensar que una persona que haya pasado por lo que ha pasado no
encuentre identidad en sus prácticas religiosas.
Tristemente, la persecución
de Eduardo y sus amenazas son rigurosamente históricas. El niño-rey insiste en
que su hermana renuncie a la Iglesia de Roma, y deje de oír misa aun en sus
aposentos. Maria huye a un castillo lejano y hasta allá llegan los esbirros de
hermano que también es su ahijado. Maria es muy astuta y se da cuenta que
necesita estar unida a Isabel, pero también se da cuenta del juego de su madrastra
y como este aleja a su hermana.
La serie nos pone
a Maria con solo dos apoyos. uno es el embajador español el otro es el enigmático
Sir Pedro. Ambos son interpretados por actores de color. Aunque es imposible
que el embajador hubiese sido un negro (entonces se les conocía como blackamoors),
el caso de Sir Pedro es más cercano la realidad.
Lo conocemos como
mercenario al servicio de Ned Somerset en su guerra escocesa. De vuelta a la
vida civil, Pedro parece no tener cabida en una corte blanca y protestante,
hasta que tiene un encuentro con una desconocida en una capilla católica. Descubrir
que su correligionaria es la nieta de Los Reyes Católicos hace que Pedro transfiera
su lealtad a una princesa que representa los intereses de su fe y los de su
tierra natal, España.
Una
Controversia Innecesaria
Una lástima que
no nos detengamos más en esta singular amistad o en el personaje de Maria. Para
bien o para mal, la serie se llama Becoming Elizabeth y se enfoca en la
futura Reina Virgen….y he ahí el problema. Desde el comienzo que es notorio que
más que retratar la historia de ese periodo y a sus personaje, el cuento se apoya en los amores de Isabel
con su padrastro.
El tomar una
anécdota que puede o no haber ocurrido en la vida real, y dárnosla como un
hecho consumado demanda cierta seriedad y compromiso. Exige que se describan
los hechos como una violación de facto, con Isabel atrapada en una red tendida
por un hombre de mundo, empujada por las circunstancias a ser la amante de un
hombre casado y atormentada por lo sucedido. La otra opción es describir una
jovencita que se enamora casi a primera vista y hace lo imposible por conseguir
al hombre que ama.
Anya Reiss ha elegido
este último camino, algo que a los críticos les ha repugnado. Las primeras
semanas de la serie al aire yo ya estaba agotada de leer titulares que hablaban de abuso sexual, de conductas
inapropiadas, hasta de pedofilia. Entretanto el público veía en pantalla una
pareja que derramaba química a raudales. Isabel y Seymour parecían muy
enamorados, o al menos felices de estar juntos. En resumen, aquí no veíamos ni víctimas
ni victimarios.
Lamentablemente, Anya Reiss comenzó con muchos
bríos y luego se acobardo. La actitud de Decider y de otras publicaciones de rebuscar en el pasado
de la escritora para encontrar en su obra indicios de romances (en tiempos
modernos) entre niñas al inicio de su adolescencia con hombres mayores, puso a la guionista en el banquillo de los
acusados. Sintiendo la espada de la
cancelación pendiente sobre su cabeza, llevó a Reiss a hacer declaraciones de
que era consciente que se trataba de un abuso sexual, pero culpó a los actores
de creerse los papeles. WTF?
No voy a darme el
trabajo de comentar cada paso de la escandalosa polémica. No se cual artículo es
más hipócrita, ignorante y poco profesional. Pero me han demostrado que, si
hasta yo con mi edad y experiencias, puedo ser manipulada por los medios, cuan peligrosos
será el efecto de estas cancelaciones en mentes más ingenuas.
Becoming
Elizabeth pasará a la
historia como una serie controversial. Cualquier otro merito o defecto ocupará
un espacio terciario. Se la verá como algo que debe ser combatido o disfrutado
como placer culpable, como cuando las parejas de antaño se escabullían a ver un
filme porno. Mi duda quedará en si siempre se la quiso publicitar desde ese ángulo.
No es la primera
vez que estos amores trágicos llegan a la pantalla. En la hermosa Young Bess,
Jean Simmons vivía un amor romántico, pero platónico, con Stewart Granger, un amor imposible debido
a él estar casado con la madrastra de la princesa.
No recuerdo que
se mencionase la diferencia de edades o la extrema juventud de la princesa, tal
vez porque Granger —además de ser catorce años mayor que su coestrella— era
su esposo en la vida real. Fue en Elizabeth R. donde creo que se exploró
de la manera más adulta esta historia. Sin tener que llegar al término “pedofilia”,
vimos en flashbacks los acosos de Seymour a su hijastra, pero también vimos a
la futura reina llorando la muerte del almirante.
El tema no ha vuelto
a ser tratado en ninguna de las series y filmes concernientes a la juventud de Isabel.
Es solo ahora que Anya Reiss ha querido causar controversia con su fanfiction
sobre lo que pudo realmente suceder entre Isabel y el marido de su madrastra.
Valga decir que lo ha logrado y que le compro sus teorías. Una lástima que las
sensibilidades modernas de sitios como MarySue y Vulture, tan woke que caen en la mediocridad, se hayan
olvidado del contexto histórico y anden con soponcios puritanos de ser
obligados a ver escenas (ningún desnudo) que los escandalizan.
A mí no me
provocan asco. Lo que me da es mucha tristeza porque sé que ese romance nunca
tuvo muchas chances de sobrevivir. No me parece escandaloso que Isabel se
enamorase de un hombre como Seymour que a pesar de su edad era un Don Juan
reconocido. Tampoco me parece mal que ella, desde el primer día, planeara casarse con él,
puesto que las chicas de su clase se casaban a esa edad. Su tía, Margarita Tudor se casó a los 13 años. Julieta Capuleto se casó a los 13 años. Lucrezia Borgia
se casó a los 13 años.
Tampoco la culpo
por seguir amando e incluso entregándose a un hombre casado. No es que esté
exonerando al puerco de Seymour. Es tan bruto que lo hace todo mal y acaba
poniéndose en peligro él y peor aún, poniendo en peligro la vida de Isabel. Lo
que me niego es a quitarle agencia a Isabel y menospreciar sus sentimientos.
Debemos verla con
mayor madurez que una adolescente de hoy. Lo entendemos cuando sabe reconocer
los síntomas de un posible embarazo tal como sabe que llegado el caso existen curanderas
que la pueden ayudar a abortar. Si no apreciamos la gran capacidad intelectual de
Isabel, y su tal vez precoz sabiduría y
poder de supervivencia, no entenderemos
su primer momento de gloria, cuando se defiende brillantemente de la corte
inquisitorial que quiere convertirla en cómplice de Seymour en el supuesto
rapto/regicidio de Eduardito.
Lo Mejor de la
Serie
Se ha hablado
mucho de como la relación con Seymour afectó a Elizabeth. Lo creo, todo primer gran romance afecta nuestros
amores futuros. En el caso de la Reina-no-tan-virgen la predispuso a enamorarse
de ambiciosillos fatuos: Robert Dudley, Sir Walter Raleigh y el Conde de Essex.
De hecho, ella más tarde explicaría su atracción por Raleigh con un “me
recuerda al Almirante Seymour”.
Incluso en el último episodio cuando, Somerset, camino al cadalso, le pide perdón a la princesa por lo que le hiciese su hermano, Isabel, muy entera le dice, “yo era una mujer adulta”. Acaba suplicándole que no odie al Almirante.
No quiero dar más
Spoilers, pero terminé llorando. Es lo triste de ver una serie que trata de
serle fiel a la historia. Hay momentos en que uno quisiese el indulto para
Somerset o que Elisabeth se case ahí con Robin Dudley, pero sería negar los
textos de historia, seria negar la vida
real.
Ya he hablado de
las excelentes actuaciones, de Jessica
Raines que me ha conmovido y de Tom Cullen mucho menos perdido y más sexy que
en Knightfall. Se ha hablado
mucho de sí Alicia von Ritterberg se ve muy mayor para hacer de Isabel. Es
mejor una actriz veinteañera que una criatura que realmente nos haga pensar en
el tema pedófilo. Bella Ramsey está excelente como la desdichada Jane Grey
retratándola como lo que era: una niña
ingenua, sin glamur, sin la labia y el intelecto de Isabel, y que fue utilizada
por su repulsivo padre para propósitos que acabaron con su familia.
La estética es apropiada,
muy sombría con muchos claroscuros que se cifran en la ropa opaca y cabello
cobrizo de la protagonista haciéndola parecer un cuadro de Lucas Cranach o un
grabado de Durero. Aun en el exterior predominan los verdes bosque y grises
azulados. Tenemos claro que este es un mundo triste, peligroso y siniestro
sobre todo para los pobres hijos de Enrique VIII.
Contenido Violento
y Gory: Curiosamente la mayor
violencia pareciera ir dirigida en contra de los animales. Dolido por la
traición de su hermana y tío, el Reyecito manda desplumar un halcón.
Cuando el bruto
de Seymour se le ocurre ir a secuestrar al sobrino mata de un balazo al cachorro
favorito del rey . Ver a Eduardito llorando mostrarles a su consejeros el cadáver
del perrito Arrow me rompió el corazón.
Mas desagradable
fue la escena de cacería. En compañía de Dudley y otros caballeros de la corte,
Isabel persigue un ciervo . al encontrarlo malherido se abalanza sobre el
animal y lo degüella con su daga. Seymour, que está presente, se da cuenta que
la princesa lo ha visto a él en el ciervo y que le ha hecho lo que le gustaría
hacer al esposo de su madrastra en castigo por su traición. Creo que los
productores querían mostrarnos que Isabel no era una criatura tímida, delicada
sino una mujer fuerte de armas tomar. Lo único que consiguieron fue mostrarla
como una mujer dura, cegada por los celos, lejos de ser una víctima ingenua.
Contenido Sexual
y Desnudos: Muchas situaciones
sexuales, pero no hay desnudos.
Contenido
Feminista: A pesar de que
el centro de atención del guion es Isabel, no hay desperdicio en los otros
personajes femeninos. Mujeres fuertes, pero que deben someterse a los dictados
de hombres que se creen superiores a ellas. El uso/abuso de la mujer como peón
en un juego de trono que también lo es en el juego de las alianzas
matrimoniales es evidente y vemos cómo afecta a todas desde la solterona María Tudor
hasta la pequeña Jane Gray.
Factor
Diversidad: Aunque no me
creo el cuento de que el embajador español ante la corte de Eduardo VI fuese un
‘blackamoor” como les llamaban en las cortes Tudor, si acepto que Sir Pedro el
Mercenario fuese de origen africano.