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jueves, 30 de abril de 2020

El Libro de Esty: O Como Unorthodox Cava la Tumba de los Judíos, del Judaísmo, y del Holocausto



El problema de tratar superficialmente temas profundos y espinosos es que se deja al lector/espectador o muy confuso o creyendo que se ha convertido en un experto en algo que todavía le es ajeno y hermético. Es lo que ocurre con “Unorthodox”, que intenta darles toques exóticos y étnicos a escenarios que conocemos desde La Saga de los Forsyte hastaWomen on Top. Además, pretende convertir un drama doméstico en alta literatura que se equilibra entre The Tenant of Wildfell Hall y Clarissa Harlowe, pero acaba cayendo en situaciones rebuscadas dignas de telenovela barata. De paso se las arregla para dejar una visión sumamente negativa de los judíos, de su religión e inclusive de su enfoque del Holocausto.

Heroína Acartonada y Otras Fallas Estilísticas
Si estuviera dictando un curso sobre “Unorthodox” haría las siguientes preguntas a mis alumnos. ¿Quién es Esty? ¿Como es ella? ¿Cuál es su pasado prematrimonial? ¿De que huye? ¿Por qué son malos los judíos de los que huye? ¿Como se llama la secta de la cual es miembro el marido de Esty?  ¿Hay algún judío bueno en este cuento aparte de Esty y su madre? ¿Es esta una historia real?

Si viste “Unorthodox” toma esta prueba sin hacer trampas y te asombrarás de las respuestas o de la falta de ellas. Una queja de los detractores de la serie es lo unidimensional de la misma y del acartonamiento de la heroína. Esty (Shira Haas) representa un estereotipo de víctima de patriarcado étnico. Por un momento me recordó a la Nadia de “The Bodyguard’, y que sorpresita nos llevamos al final cuando ella nos mostró que era lo contrario de las ideas preconcebidas sobre la mujer musulmana.

Con Esty no nos llevamos sorpresas porque nunca sabemos realmente quien es ella. De pronto nos sale con que le gusta la música, de ahí que sabe un poco de piano, de ahí entra a una difícil competencia musical. Le dicen que no toca bien el piano, entonces canta. ¿Y qué pasa si su voz tampoco da la talla? ¿Tañerá un pandero? Todo en ella es parte de soluciones Deus ex Machina comenzando por esa visión paradisiaca de Berlín donde todo le sale bien a Esty.  

Esa visión es tan falsa como el decir que “Unorthodox” está basada en las memorias de Deborah Feldman. Alguna inspiración habrá, algún vínculo, pero el libro es nocivo a su manera. Tal como la serie encuentra su propio modo de propagar falsedades. Veamos un poco de que se trata este cuentillo.

Érase una vez en el viejo Williamsburgreducto de los mafiosos judíos Satmar que una esposa adolescente llamada Esther “Esty” Shapiro decidió huir de su marido, de su familia, de su religión, de su estilo de vida. Para eso eligió el día más sagrado de la semana. Con eso entendemos que Esty no está dejando atrás un judaísmo extremo. Ella está dejando atrás todo lo que significa ser judía.

¿Si Esty quería huir por qué no se fue un lunes o un jueves o cualquier día laboral cuando su marido y los otros hombres estaban en el trabajo, cuando podía andar en la calle con bolsas sin nadie hacerle preguntas? ¿Por qué salir en Shabbath cuando se va a encontrar con conocidos que van a cuestionar su salida y posiblemente la dificulten?

Obvio que los escritores han buscado crear un faux dramatismo que solo funciona con quien no sabe el significado ni los rituales del Sabbath. Comenzando con el cuento del eruv roto. Los Satmar no creen en los eruvin. Ellos no cargan nada fuera de casa en sábado. La Feldman, que supuestamente asesoró el libreto, se olvidó de ese pequeño detalle.

Otra manera de crear dramatismo es no seguir la historia de manera linear. La trayectoria de Esty es interrumpida constantemente por flashbacks a su vida antes y después de casada que sirven para dar una imagen de soledad, tribulación, y enclaustramiento que contrastan con la libertad idílica encontrada por Esty en Alemania.

Esty se casa con un chico al que solo ha visto media hora en su vida. Ella no sabe dónde está su vagina, le rapan la cabeza, la hacen zambullirse en una piscina, en su boda su cabeza es envuelta en algo que parecen toallas o una pantalla de lampara embetunada con merengue. Como dijo Neal Pollak en Book &Globe “parece El Hombre Elefante”.

Después de casada, la pesadilla aumenta. La vida sexual de Esty es infernal, su suegra es infernal, obvio que debe huir. Su única familia, su abuela y su tía Malka no son gran ayuda. Como nada es explicado, nada es contextuado, todo es presentado en viñetas que contrastan con la feliz vida de Esty en Alemania, ¡un país tan amistoso con los judíos! La impresión es que Esty está viviendo su propio Cuento de la Criada.

No sabemos nada de su vida anterior aparte de que su padre es un borracho (El pobre Eugene Bercovic no es alcohólico, según ha dicho su hija en su libro y en entrevistas es un “retrasado mental”). Su madre tuvo que abandonarla cuando decidió vivir su lesbianismo. Sin saber los motivos para dejar su comunidad, Esty la ha evitado y le ha guardado rencor. Solo que ahora, Esty planea irse a Berlín a reencontrarse con Leah, su madre.

Voy a pasar de largo el rápido viaje (ni que se subiera al cohete de Meñique) de Esty a Berlín, sin ningún contratiempo y, sin problemas de papeleo. Y sin nauseas, pero esta chica tiene un embarazo perfecto.  Hablamos no solo de una adolescente que nunca ha salido de Brooklyn, que nunca ha montado un avión, y de pronto se encuentra en un país extraño, una ciudad extraña esperando a su madre, pero cuando la ve besándose con su pareja, huye.

De nuevo se siente la carencia de contexto. ¿Por qué huye Esty? ¿Es homófoba? ¿No sabía que su madre era lesbiana? ¿No sabía que las mujeres se besan? No importa,  porque dos días más tarde está encantada con un nuevo grupo de amigos que incluye una pareja gay a los que observa con feliz sonrisa. ¿Como cambió de mentalidad tan rápido? ¿Y si a Esty ya no le molestan los gays porque no vuelve donde su madre en vez de seguir dando tumbos por una ciudad desconocida donde tiene que dormir en el suelo de edificios públicos?

La serie es forzada y melodramática, llena de situaciones constreñidas hasta el punto de lo inverosímil. Esty espera feliz a su marido para contarle que esperan un hijo y él le pide el divorcio. Todos están preocupados por el paradero de Esty, pero cuando ella llama a la abuela, esta le cuelga. En castigo, la viejita se muere y la dejan tirada en el piso de la sala cubierta con una sábana.


Por otro lado, los hombres de los que Esty huye tampoco han sido dotados de personalidades desarrolladas. Son estereotipados y muy villanos, ¡de los que se atusan el bigote y dicen “muajaja”! A pesar de que no soy Satmar, ni vengo de familia Jasídica (mis genes son del Viejo Adriático), como judía me siento incomoda.

La Serie como “Receptáculo de Todo lo Judío”
Este retrato desmedido y caricaturesco de un sector ultraortodoxo se refleja en todos los judíos creyentes y practicantes. Es racista. No hay judíos buenos, aparte de Esty y de su madre. Hasta Yael, la israelí, es un personaje antipático que parece a ratos despreciar, otros resentir, la presencia de Esty y lo que representa para “los judíos modernos”. Yael es quien advierte a sus amigos que Esty viene de un mundo peligroso donde todos son lunáticos.  Esas son las palabras de Deborah Feldman quien ha dicho que los Jasidim están divididos entre los que quieren huir y los dementes.


Esa visión monolítica de los judíos me es confirmada por esta crítica de Sensacine donde hablan de las “vivencias como judía” de Deborah Feldman que inspiraron la serie  y de los sufrimientos de Esty por ser “integrante de la comunidad judía de Nueva York”. O sea, les quedó la idea de que todos los judíos vivimos como los Satmar.  En Ok Diario han decidido que los Satmar representan a todos los Jasidim (todos vienen de Hungría). Peor es Carles Coles que en El Periódico , por convertir la serie en una metáfora de las admoniciones de Noam Chomsky sobre el neoliberalismo, tilda al Talmud de ser “capitalista”. Oy veh zmir!

La serie es tan confusa que los mismos periodistas se ponen a “cantinflear”. Por ejemplo, en el sitio peruano RPP Noticias salen con este enredo: “Esty es obligada a casarse, raparse el cabello y alejarse totalmente de la música. Sobre lo último, la joven protagonista tenía una vena musical que no descubrió hasta que huyó en dirección a Alemania. “

¿A ver cómo pudo alejarse de la música si solo descubre en Alemania que tiene vocación musical? Ni debería hablar del de La Tercera donde me ruboriza ver que los periodistas chilenos cometen (pero casi como regla gramatical) mi error sintáctico de combinar tiempos. Al menos yo trato de mantener la armonía verbal en cada párrafo. Mónica Garrido no solo no sigue reglas de redacción, parece no haber visto la miniserie. Moishe es el primo, no el cuñado del marido de Esty.

Peor, un comentarista de La Tercera, típico antisemita chileno que sale con que “estos ortodoxos son parte del gobierno de Israel”. No, Mr. Ignorante, los Satmar son anti-sionistas, no creen en la existencia de Israel, aun cuando vivan allá. Al final, como ha dicho Daniel Ajzen en el sitio mexicano Diario Judío: “Los Satmar Jasidim son una secta dentro de una secta y en esta serie se convierten en realidad en el receptáculo de todo lo judío y al mismo tiempo el centro de reciclaje de el mismo”.

Todo provocado por una serie limitada que trata banalmente un tema que ni sociólogos ni historiadores ni otros intelectuales pueden definir bien. En lo personal, me resulta injusto que todo lo judío se vea limitado al comportamiento de los Satmar, mas aun cuando se trata de un comportamiento caricaturizado.

¿Quiénes son los Satmar?
Los Satmar pertenecen a la más ortodoxa de las sectas jasídicas. Es una comunidad cerrada que, en vez de evolucionar, involuciona. Una de las pocas cosas que ha dicho Débora Feldman que no es mentira es que los Satmar interpretan La Ley (en mayúscula) de la manera más extremista posible. Son nuestros fundamentalistas, pero no son monstruos, ni secuestradores, ni andan corriendo por el mundo aterrorizando a la gente que no quiere estar con ellos. Abajo un video de nuestro querido Gobernador Andrew Cuomo, a principios de año visitando la comunidad Satmar en Williamsburg.


Como en toda sociedad cerrada hay casos de abuso y corrupción. Mas común son las batallas legales, en casos de divorcio, que buscan quitarles la custodia de los hijos a padres que no siguen las reglas Satmar. Ese es el caso de Etty cuya historia es contada en el documental “One of Us” también hecho por Netflix.

Tras su divorcio, perdió la custodia de sus siete hijos, puesto que tanto su esposo golpeador, la familia de él y la propia familia y amistades de Etty se presentaron en la corte para testificar en contra de ella. Pero no solo las madres sufren el peso de la presión social. Hay casos de jasídicos a los que se les ha negado las visitas a sus hijos por haberse presentado a ellas en blue jeans.

Por eso “Unorthodox” me ha dejado indiferente, porque minimiza las verdaderas tragedias que ocurren en el mundo ultraortodoxo (y no solo entre los Satmar), pero vale recordar que esas tragedias son casos aislados. Para bien o para mal, los judíos religiosos, aun en comunidades tan cerradas como los Satmar, se van. Hasta se han inventado membretes para señalarlos. Ex -frum (ex religiosos), a los que dejamos la ortodoxia se nos define como OTD acrónimo de Off the Derech (desviados del camino), y en Israel el término hebreo es datlashim (ex religioso).

 Desde hace un par de décadas, libros y cine se han encargado de documentar estos éxodos. Cada cual trata de incluir más drama, y de paso, más injuria sobre las comunidades de las que se exilian los rebeldes. En The Canadian Jewish News, Michael Fraiman ha denominado todo este material que cubre la partida como “Orthodexit” (huida de lo ortodoxo).


Berlín, un Paraiso para los Judíos
De cierta manera yo soy como Esty. Un día dejé un estilo de vida ortodoxo para ver lo que el mundo tenía que ofrecerme. En ese sentido, aplaudo a quienes se auto destierran buscando mayor conocimiento seglar, oportunidades de desarrollarse laboral e intelectualmente. Tal como comprendo que haya gente a la que le sea imposible seguir dentro de un entorno ultra religioso siendo homosexual o atea. Pero en el caso de Esty, su fuga me resulta incomprensible.

Por terrible y humillante que haya sido el matrimonio de Esty, no tiene magnitud de calvario. No es Sansa huyendo de Ramsey Bolton; no es la madre de Patrick Melrose escapando de un psicópata violador y golpeador. Su suegra por desagradable que sea no es más que un lugar común que vemos muy a menudo en la literatura étnica, una más de las entrometidas suegras de telenovela.
Mimi espiando a la futura nuera

Entiendo que quiera divorciarse. Si no hubiese quedado embarazada, su amada suegrita Mimi hubiese exigido un divorcio, así que no es tan descabellado que antes de revelar su embarazo, Esty lo hubiese planteado (en el libro, Déborah dice que fue su marido quien habló de divorciarse). Como la tía Malka ya le ha dejado en claro que no la quieren de regreso, es buena idea ir en busca de Leah la madre que Esty no ha querido ni en su boda.

¿Pero cuál es la necesidad de huir a escondidas sin dejar ni una carta ni una explicación? Es como invitar a que la busquen. ¿Y no hubiese sido mejor lanzar el celular al incinerador antes que dejarlo en casa para que el Primo Moishe escuchase la llamada del ginecólogo?


Mi gran problema con este cuento es su inconsistencia. A pesar de que el libro en el que está basada es un ensayo de inconexiones, la serie inventa sus propias incoherencias. Esty aparte de no tener donde dormir, no carece de dinero. Lo único que se llevó de Brooklyn fueron dos fajos de euros y su pasaje de avión. En Berlín se gasta la plata en jeans y tacones, pero no se le ocurre tomar un cuarto de hotel.

En Berlín las prioridades de Esty son extraordinarias. Postula a un exigente programa de música cuando apenas sabe tocar el piano. Va a una biblioteca a hacer una búsqueda en Internet y su primera pregunta es si D-s existe,visita una iglesia cristiana,  explora la vida de los clubes nocturnos de Berlín y se echa un amante en menos de una semana.

Es una pena que el Covid 19 haya impedido los viajes. Lo mejor de “Unorthodox” es esta propaganda turística de Berlín como una ciudad sin crimen, donde todos hablan inglés, donde las mujeres se curan de vaginismo con el primer revolcón y donde todo el mundo ama a los judíos que tan ingratos son que insisten en recordarles el Holocausto a los gentiles alemanes.

La Culpa La Tiene el Holocausto
Es el modo en que la serie trata el Holocausto lo que más me perturba. Creo que los que me conocen, e incluso me leen desde hace dos décadas, saben que nunca he creído en culpas colectivas, que no odio ni a Alemania, ni a su gente ni a su cultura. Uno de mis propósitos vitales ha sido entender como la nación más civilizada de Europa pudo caer en una cultura de violencia sanguinaria, como pudo crear métodos de asesinato en masa y como su gente pudo aceptar e incluso aprobar el exterminio no solo de judíos, sino también de eslavos, gitanos, homosexuales, enfermos y disidentes.

El propósito de mis esfuerzos no es culpar ni demonizar sino prevenir ese estado mental que pueda empujar a seres perfectamente normales a convertirse en perpetradores o testigos pasivos de genocidios, pero también reconocer señales de negación, desestimación y trivialización del horror de lo que en hebreo llamamos la Shoah. Eso último es lo que veo en “Unorthodox”.

La serie insinúa que la felicidad de Esty reside en la Alemania moderna y artística y en los brazos de un alemán. También insinúa que es la obsesión con el Holocausto y el odio hacia Alemania lo que hace a los Satmar tan estrictos y cerrados de mente. Lo vemos desde el primer capítulo en que Esty se escandaliza que Yael haga un chiste sobre la Shoah.  Le recuerda que su familia perdió a todos sus parientes en los campos.

La respuesta de Yael es que Esty tiene ese pasado en común con la mitad de Israel, pero ahora “los israelíes estamos demasiado ocupados defendiendo nuestro presente””.  ¿Y cómo defiendes el presente israelí, Yael?  ¿Cantando en un antro berlines?  Pero yo he visto esa actitud despectiva hacia la Shoah por parte de muchos judíos sobre todo israelíes. Es esa postura ambigua que han tenido con los sobrevivientes desde el final de la Segunda Guerra Mundial y que Tom Segev exploró tan bien en su libro The Seventh Million. Por algo en “Shtisel” donde se examinan todas las gamas de la experiencia judía, el Holocausto no es mencionado ni por los más viejos.

Tanto Deborah Feldman como “Unorthodox”, culpan las locuras de los Satmar en su necesidad de preservar estilos de vida que se vivían en la Europa pre Segunda Guerra Mundial. La obsesión de la secta con ser un espacio insular en el que no se permite la asimilación (léase adoptar costumbres de la cultura moderna occidental) se debe a la creencia de que el Holocausto fue el castigo divino a los judíos asimilados. Tal como la preocupación con la fertilidad de sus mujeres se debe a una necesidad de compensar los muertos en sus filas.

Aunque hay algo de verdad en estas teorías, es molesto que sean aumentadas por incesantes rumores y leyendas urbanas esparcidas por judíos seglares, menos religiosos, incluso por ultraortodoxos. Una nota al pasar, por elitistas y belicosos, los Satmar no son muy queridos por otros grupos ultraortodoxos. Pero pasemos a revisar los puntos débiles de estas acusaciones.

La posguerra dejó en Europa puñados de judíos desorientados, aquejados por sentimientos de culpa (survivor’s guilt) y más neuróticos de lo que normalmente somos los judíos. El haberlo perdido todo familias, propiedades, hasta países los hacia cuestionar la razón para tanto sufrimiento. Y las respuestas a sus interrogantes fueron abigarradas desde que D-S no existe hasta que el Holocausto fue necesario para crear el Estado de Israel.

Cuando yo estaba en Ezra Academy, a fines de los 70, uno de nuestros rabinos más frum (religioso) nos dijo que el Holocausto había sido un castigo por los matrimonios mixtos. Como hija de un matrimonio mixto, pegué un respingo. Me pareció una simplificación peligrosa, pero más tarde comentándolo con mis maestras entendí que había una conexión entre el Holocausto y el temor a la asimilación y a todo lo moderno que la propiciaba.

Un resultado de la Shoah fue una tremenda desilusión del mundo judío con Europa y la vida seglar. Occidente no había cumplido la promesa de proteger a los judíos,  o de tratarlos como iguales,  si se asimilaban. Ni la educación, ni la erudición ni la aculturación había evitado que los judíos acabasen en los crematorios. Una frase común que he escuchado de ultraortodoxos sobre la educación laica es “no te hace mejor persona. Los nazis también eran instruidos.”

Por otro lado, existía la obligación con los muertos de mantener viva su memoria. Algunos optaron por buscar justicia de muchas maneras, otros como los Satmar decidieron mantener vivo un estilo de vida que era el imperante en las comunidades jasídicas de la preguerra. Se puede decir que era un tipo de cosplay sagrado.

Es extraño, pero cuando llegué a mi escuela judía en 1976, tenía un mínimo de conocimientos sobre cultura y religión judía, pero traía dos creencias heredadas de mi madreel ser menos religioso del mundouna desconfianza por la raza humana (“hasta los judíos nos traicionamos durante la guerra” decía ella) y una obligación de nunca olvidar a los muertos. Por eso entiendo (no apruebo) ese aislamiento exagerado de los judíos ultraortodoxos.

Sin embargo, vale recordar que el modo de vida Satmar con sus reglas sofocantes para muchos no es un producto del Holocausto. Es como se vivía en comunidades ultraortodoxas en la Europa Oriental desde el cisma de la judería húngara en 1868 en que se dividieron los religiosos entre los más modernos y los ultratradicionalistas. De ahí vinieron las prohibiciones de adoptar modos e ideas del mundo no-judío. De ahí vino la imposición de comunicarse en Yiddish que de lo contrario sería otra lengua muerta.

Cuando leí The Vanished World of Jewry (El mundo perdido de las juderías) de Raphael Patai me di cuenta de la tremenda perdida cultural provocada por la Shoah y me di cuenta de lo importante que era preservar al menos el idioma. No solo el mundo yiddish-parlante perdió su cultura. Las comunidades sefarditas del Mediterráneo y Balcanes desaparecieron y nadie ha intentado recuperarlas. El ladino es ya casi una lengua extinta y en Israel, los sefarditas religiosos andan disfrazados de Jasidim.

En “Unorthodox” no exploran eso. Simplemente esgrimen la idea de que el Holocausto es usado para manipular a los Satmar especialmente a sus mujeres a las que convierten como dice Yael en “máquinas para hacer bebés”. Lo cierto es que las judías siempre han sido muy conejas y hay una larga tradición de familias numerosas que se ha perdido en las últimas generaciones tanto en Israel como en occidente entre los judíos “modernos”.

El Nuevo Antisemitismo Alemán
En el último capítulo, Esty ya ha aprendido su lección y cuando el Primo Moishe le reprocha querer criar a su hijo entre alemanes, ella ya no se deja manipular. Le gusta Alemania, le gustan los alemanes como amigos y amantes, quiere quedarse ahí. Ese es el modo de pensar de Deborah Feldman y de Anna Winger, la judía alemana que produce el programa. “Unorthodox” es propaganda turística para que los judíos sientan que pueden ir al país germano sin miedo, siempre y cuando dejen atrás sus tontos prejuicios, rencores y recuerdos.


Lo vemos en la escena en que Yanki y Moishe, todavía en sus vestimentas jasídicas, llegan al hotel y el conserje les hace cien reverencias creyéndolos israelíes. Es cierto que una gran mayoría de israelíes, como Yael, han encontrado un nuevo hogar en Berlín. Es cierto que la hotelería berlinesa los espera, que la economía alemana es sólida, que Angela Merkel es una excelente gobernante, pero hay algunos factores que me harían pensarlo dos veces antes de irme para allá.


Desde 1998, ha surgido un creciente nacionalismo con tintes fascistas y antisemitas en Alemania. Los ataques físicos a judíos y a sus propiedades van en aumento. A pesar de que la policía sin mucha investigación los adjudica todos a neonazis, un estudio de la Universidad de Bielefeld descubrió que la mayoría vienen de la comunidad islámica. La situación se ha puesto tan peliaguda que este enero pasado, el ministro de Asuntos Exteriores de la nación germana, Heiko Maas hizo una declaración de un posible éxodo de la población judía residente en Alemania. Como que “Unorthodox” nos ofrece una visión utópica de Alemania.


Hay mucho más que decir sobre y a raíz de “Unorthodox”. Espero poder hacerlo en mayo. Quisiera dejar claras las diferencias entre los Satmar, otros grupos jasídicos, los ultraortodoxos y otras variantes de judíos practicantes. También hablar sobre lo que más nos impacta de la tragedia de Esty, o sea como el judaísmo rige y afecta su vida sexual y matrimonial. Por último, desmentir el mito de que esto está basado en un caso real, porque la autobiografía de Deborah Feldman está llena de bulos.

Una ironía es que, aunque “Poco Ortodoxa” como le han puesto en español, ha fascinado a la audiencia hispanoparlante, el libro nunca ha sido traducido al castellano. En una entrevista a El País, La Feldman se ha vanagloriado de ser la primera en hacer conocer el mundo jasídico.  (Isaac Bashevis Singer, Chaim Potok y Sir Eli Wiesel deben estar brincando en sus tumbas), pero lo cierto es que si no fuera por la serie ya nadie recordaría una más de las memorias salidas de esta moda del Orthodexit.

Otra ironía es que acabé de ver “Unorthodox” coincidiendo con el sexto capítulo de la tercera Temporada de “My Brilliant Friend”. Precisamente el episodio en el que Lila abandona a su marido. Las escenas de Stefano hundido en la depresión, la reunión familiar donde deciden que hacer, la intromisión de Michele Solara para buscar a Lila, todo me recordó a “Unorthodox”.
Napoles y Williamsburg: en la cama con el enemigo

¿Como es que nadie ha notado las similitudes?  ¿Por qué no hay horror, desprecio y repugnancia por la cultura napolitana que ha permitido la tragedia de Lila y propiciado su huida? La respuesta es que “Unorthodox” no puede ser vista como un simple drama domestico ya que posee dos factores que la hacen más incendiaria: el tema religioso y el hecho de que se trate de judíos.

Como ven falta mucho por comentar y recorrer. Espero lo hagan conmigo. Entretanto véanse en Netflix, la serie israelí “Shtisel” que presenta una visión un poco más benévola del mundo ultraortodoxo.