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jueves, 18 de junio de 2026

Family y el Auge de Kristy McNichol (Teen Culture XVII)

 


Si la maternidad adolescente era vista en términos ambiguos por la ficción qué decir de Family donde las únicas que enfrentaban embarazos inesperados eran mujeres casadas. Hablando de Family , nunca entendí como de esa serie surgió la más imprevista Teen Idol femenina. ¿Gustó Kristy McNichol porque era una tomboy deportista? ¿O fue su falta de interés en el sexo lo que la alejó del lugar común de la adolescente dominada por sus hormonas?

En 1976, iniciaba en la ABC,  Family, la saga de los Lawrence, una familia de clase media alta de Pasadena (California) que sobrevive varias crisis que afectan a los padres Kate y Doug y/o a sus hijos Nancy, Willie y Buddy. Producida por Aaron Spelling, ya famoso por Mod Squad, y por Mike Nichols que había hecho fama de director en Hollywood con El Graduado y Carnal Knowledge, más un libreto de Jay Pressner que había adaptado La primavera de un solterona y Cabaret, Family auguraba el éxito que iba a tener.

No en mi hogar. Tres episodios y mi madre la calificó de aburrida y antipática y regresó a sus telenovelas. Los 70 seria la década de las sitcoms familiares como All in the Family, The Jeffersons y Soap.El problema de Family es que los ricos tenían problemas de ricos, a lo más solucionaban los problemas de los más vulnerables. O sea Los Lawrence eran “Grandes Salvadores Blancos con Dinero”. No eran de clase obrera como los Bunker, ni negros con Los Jefferson ni tenían hijos gays o mafiosos como en Soap.



El Inexplicable Encanto de Kristy

Yo volví a verla cuando ya tuve televisión, o sea en su quinta y final temporada(1979-1980). Para entonces Family ya había ganado la aprobación de la Asociación de Maestros y Padres a pesar de sus temas adultos y (para la época) controversiales aparte de que había recibido Grammys, incluyendo dos para Kristy McNichol.

Para entonces yo era una mujer de mundo de veinte años, tercer semestre de universidad, y que despreciaba la Teen Culture. Sin embargo, no era ciega a la pasión que sentían los chicos por La McNichol. Era uno de los pocos rostros femeninos en aparecer en portadas de revistas juveniles. No era bonita, no era glamorosa, ni simpática. Sin embargo, escuché a un par de vecinitos comentar respecto de ella “Boy! She is built!” Me quedé muda. “Built?” Si era más plana que una tabla de planchar… Pero para mocosos de doce años…. ¿Qué sabían ellos?




Me puse a ver la serie en mis vacaciones de invierno. Efectivamente, Kristy no tenía curvas, vestía siempre de pantalones, se parecía a su hermano Jimmy con peluca y sus modales eran…de tomboy o como dijo mi madre “amachados”. ¿Detectábamos ya una vibra gay, décadas antes que la actriz―hoy retirada― saliera del closet?



El hecho es que ni mi hermana, ni mis amigas la habían idolatrado. Tampoco era buena actriz aunque me hizo llorar en Summer of My German Soldier, solo porque la trama era tan conmovedora. No me impresionó en filmes de Los 80 como Only When I Laugh, menos en the Pírate Movie, y me encantó que la mataran en el telefilme Women of Valor. Ni quiero hablar de Little Darlings.

Mas que darle palos a una actriz sobrestimada,   mi pregunta es ¿qué la convirtió en ídolo?  ¿Por qué gustó su personaje de Laetitia “Buddy” Lawrence? Ni su ropa ni su look eran para imitarlos,  y era tan antipatica. La serie cubria muchos temas adultos como sexo entre adolescentes, alcoholismo juvenil, etc. Sin embargo ninguno de esos problemas inquietó nunca a Buddy lo que la hacía bastante sosa. A lo más en su primera fiesta, se marchaba molesta cuando ve parejas besuqueándose, ya que temía que ella deba seguir ese ejemplo.

                  


Ídolos Deportivos

Gatita Judy, mi vecina y amiga, me dice que el atractivo de Kirsty  para su público juvenil era su amor por los deportes. Se desplazaba en bicicleta, era nadadora, beisbolista, cuando su madre la busca luego Buddy abandona la fiesta “besucona” la encuentra en una pista de patinaje.



Además, Buddy  practicaba un deporte entonces desconocido, la patineta. Se entiende su atracción sobre jovencitas que admiraban a las atletas hasta el punto de que nacieron en esa década varias figuras juveniles que fueron Teen Idols.



Las Olimpiadas de 1976 crearon un par de chicas prodigiosas cuyas piruetas hicieron a las jovencitas pasarse más tiempo en el gimnasio. La gimnasia olímpica de Nadia Comaneci hizo que más de una muchacha estadounidense se pusiese a hacer ejercicios sobre el caballete para emular a la deportista rumana.



Las Olimpiadas de Invierno en Innsbruck crearon una nueva adorada en la figura de la patinadora de hielo Dorothy Hammill. La campeona olímpica instituyo una moda por su corte de cabello y por su deporte. Los 70 fue la época en que los adolescentes no abandonaron los patines que, en su infancia, los habían hecho deslizarse sobre el hielo o sobre otras pistas.



Los patinadores hasta tenían su himno, “Saturday Night” de los horripilantes Bay City Rollers. He tratado de no hablar de ese conjunto escoses que provocó furor en America en la segunda mitad de la década. Eran la pasión de mis compañeras de la U.N.I.S. (United Nations International School). Yo no les encontraba el chiste. Con su vestimenta ridícula de zapatos de plataforma, pantalones de golf y medias a rayas, ya parecían Ronald MacDonald.






 Es como el furor que causaba KISS en mi escuela judía. Ahí por lo menos se entendía puesto que Gene Simmons era nacido en Haifa (su verdadero nombre es Chaim Witz) y su madre era sobreviviente de Mauthausen.

Embarazos Indeseables

El tema del embarazo era un constante en Family, pero nunca afectaba ni a Buddy ni a sus amigas. El primer gran amor de Willie Lawrence, Salina, tenía un bebé de un hombre casado. Meredith Baxter Birney se convirtió en una pinup (de adultos) con su rol de Nancy, la hija mayor de los Lawrence. En la primera temporada, tras descubrir a su esposo Jeff (John Rubinstein) en la cama con otra, Nancy vuelve con sus padres y decide divorciarse. Ohh pero está embarazada por segunda vez. 

Nancy planea abortar. En una discusión con su marido, Kate confiesa que ella quiso abortar a Buddy. No me sorprende. Ya en ese episodio hemos descubierto que Buddy es insoportable, y como su padre, me gustaría cachetearla.




El problema es que Buddy,  tiene la horrible costumbre de escuchar secretos que no le corresponden. Oye que su madre casi fue a una clínica de abortos para evitar el nacimiento de su hija menor, Buddy enloquece y huye en el auto familiar.  De ahí, se va a un invernadero y se pone a romper a botellazos el tejado de vidrio, ataca al guardia del lugar y termina siendo arrestada. Ya Buddy parecía una delincuente infantil, peor que las del ABC Movie of the Week.



Mas allá de si lo escuchado era para sentirse mal, el hecho de que una cría de doce ponga en peligro su vida, la ajena y el auto, exasperó a mi madre quien siempre temía que yo fuera a copiar la mala conducta de personajes en pantalla. Lo mas divertido es que todo el escándalo hizo que Nancy regresara con su marido. Pero para el segundo episodio, el embarazo había desaparecido mágicamente. No pareció importarles a los escritores ya que al final de la primera temporada, Nancy y Jeff se divorcian.

Un par de temporadas más adelante, Nancy y Jeff se reconcilian y planean volver a casarse, pero ella tiene dudas. Un embarazo imprevisto apura la boda, pero antes Nancy tiene un conveniente aborto espontaneo.



Un tema recurrente en la serie es la insatisfacción de Kate con su rol de esposa y madre. En una ocasión planea rentar un piso para tener “a room of her own”, pero acaba atrapada con una chica embarazada cuyo parto debe atender. Con el tiempo, Kate busca empleo como maestra de música y comienza a aceptar que su familia no la necesita tanto como antes.

En la última temporada, Kate vuelve a sentirse preocupada ya que pronto Buddy parte para la universidad y su rol de madre acaba (curioso cuando los Lawrence acaban de adoptar una huerfanita). Esta preocupación coincide con una ola de nostalgia y luto por su hijo muerto. La solución divina es un embarazo.  Otra vez, Buddy escucha lo que no debe. Tras oír a Kate hablando con su doctora, Buddy vuelve a enloquecer como en el primer episodio. Solo que ahora no tiene doce años.

A pesar de que entendemos que es miedo a perder a su madre, no excusa el comportamiento de la chica. El modo en que agrede verbalmente a la ginecóloga,  a su padre y sobre todo a su madre es inmaduro, insolente e improcedente. Su intención es que su madre aborte, pero en vez de convencerla la aterroriza con visiones de lo que ocurrirá a ella y al bebe y pretende obligarla a tomar una decisión alternando sentimientos de culpa con posibilidades que ni los médicos hubiesen postulado.

Cuando, a pesar de la campaña emprendida por su hija menor, Kate decide tener al bebé es rechazada por su marido y sus hijos (con excepción de Nancy que, como madre, entiende el dilema de Kate). En la mesa, Buddy tiene la insolencia de gritarle a su madre “¡estás muy vieja para tener un hijo!”. Mi madre me hubiese partido la boca si le hubiese respondido así a los 17 años.



Con tanto apoyo familiar, Kate pierde a la criatura y…¡todos felices! Lo primero que me resulta chocante, viendo el episodio con mi mirada de vieja sabia, es el alivio que todos sienten al acabarse un problema que no debió existir y la facilidad con la que todos retoman su vida normal.

Yo conozco mujeres que nunca se han recuperado de un aborto (espontáneo o provocado). Lo otro que me incomoda es como la serie echa mano a un recurso trillado y simplista como la pérdida de un feto antes que enfrentar el aborto quirúrgico que todos desean o el nacimiento de un niño.

Me recordó a como Rene Muñoz solucionó el problema del embarazo de Thalía en Quinceañera. Atrapada entre el miedo de ser madre a los quince años y la posibilidad de que su hijo herede la drogadicción del padre, Beatriz sale disparada en su coche y pierde al niño en un aparatoso accidente automovilístico.



La diferencia es que hablamos de una sociedad latina ochentera donde el aborto no era legal; que se trata de una niña no de una adulta capaz de tomar una decisión responsable y, más importante, Beatriz cae en una fuerte depresión acompañada de un mutismo electivo del que solo la saca su amiga del alma Maricruz (Adela Noriega). En cambio en Family, las embarazadas son siempre adultas cuyos embarazos acaban con una línea escrita por un libretista que las saca de apuro a lo Deus ex Machina.



Una ironía es que en 1980, el embarazo de una cuarentona todavía era visto como una tragedia. En el transcurso de los próximos treinta años, presenciariamos un trend, un aumento de mujeres maduras pariendo sin problemas, a pesar de que a veces eran primerizas. 

Esto se trasladó a la televisión a las sitcoms y teen dramas sin mayor escándalo. Recuerden los casos de Linda Evans en Dinasty,  Suzanne Sommers en Step by Step, la madre de Jennie (Kellie Garth) en Beverly Hills 90210,  la misma Meredith Baxter en Family Ties.  Roseanne (embarazada en la vida real) y su hermana Jackie, escriben a la cigüeña en su madurez y en este siglo, lo hace Kirsten en The O.C. Todas tuvieron hijos sanos sin que su familia las agobiara con la cantilena del aborto.

                      Madres cuarentoas, la Moda de Los 80 y 90

Erica y La Sexualidad Adolescente

Lo sorprendente es que, y yendo totalmente en contra de los telefilmes/fabulas-con-moraleja, el embarazo no era algo que afectase a las adolescentes en Family. A pesar de sus romances, Buddy parecía un ente asexual, nunca era asaltada por los requerimientos de sus pretendientes como nos ocurría a todas en la secundaria. Era como si el embarazo fuese un castigo del pecado de la lujuria o de las villanas o de las muy desubicadas y veremos ese lugar común en los Teen Dramas hasta de este siglo.

Sin embargo en ese mismo episodio “When the Bough Breaks”,  donde Kate contempla un polémico embarazo, una amiguita de Buddy contempla perder su virginidad. Erica (la desafortunada Dominik Dunne de Poltergeist)ha estado estudiando en un internado de monjas y solo tiene unos días de vacaciones para visitar a su familia. Ha calculado que ese tiempo es suficiente para perder su virginidad con un desconocido. Se lo cuenta a las asombradas Buddy y su mejor amiga Audrey.

El discurso de Erica sobre por qué debe dejar de ser virgen es un eco de todos los que me endilgaron falsas amigas en la secundaria. Cree ser la única en su clase que no ha perdido su virtud, se siente menos mujer, menos inteligente o madura ya que la actividad sexual implica “conocimiento”.



Además saca a relucir el eslogan feminista de que es dueña de su cuerpo y del poder elegir a quien se lo entrega. Aunque Audrey le recuerda que debería al menos estar enamorada antes de entregarse a un extraño, Erica dice que basta que sea guapo, chistoso y heterosexual.

El candidato perfecto resulta ser Willie el hermano de Buddy al que Erica comienza a acosar de manera divertida, mandándole regalos y dándole una lista de sus cualidades, incluyendo que ya tiene 17 años, lo que la hace “legal”. En ese entonces, en California y Nueva York, la edad de consentimiento sexual era 16 años.



En el acoso del que Willie se defiende torpemente, Dominique luce un vestuario más maduro y sofisticado que el de Buddy, principalmente el look “Disco” (tacones plateados, peinado alto y strapless ceñido) que lleva puesto cuando lo cita en un motel. Lo interesante es que la única que sabe lo que sucede es Nancy que no parece ni escandalizada ante la actitud de Erica ni ante la posibilidad de que su hermano ayude a la chica a perder su virginidad.



Como con el aborto, la serie no parece incomoda ante la actividad sexual de una adolescente siempre y cuando esté dentro de los confines de la ley y sea consensual. Me hubiese gustado que el romance hubiese continuado aunque fuese vía telefónica y epistolar como le pide Erica a Willie al despedirse. Para entonces la chica ha visto en Willie las cualidades que lo hacen idóneo ya no para amante sino para novio formal y Erica no era peor de las que el joven se había enamorado en el pasado.



¿Entonces quiénes eran las modelos que seguían las jovencitas? ¿Buddy o Erica?  A pesar de que Buddy fuese un buen ejemplo para las deportistas, a juzgar por encuestas y publicaciones, a fines de Los 70, las adolescentes admiraban a personajes ficticios más glamurosos, y a chicas con poderes aunque fuesen mágicos. Y en las soap operas, iba a aparecer un tipo de adolescente más cercana a Erica que a Buddy y cuyas aventuras siguen dando que hablar medio siglo después de su aparición.

BIBLIOGRAFIA

Bondi, Victor ed. American Decades: 1970-1979

Brooks, Marla. The American Family on Television: A Chronology of 121 Shows 1948-2004

Miller, Donald C. Coming of Age in Popular Culture: Teenagers, Adolescence and the Art of Growing Up

Palladino, Grace. Teenagers: An American History

Prescott , Taylor. American Pop-Pop Culture in the 1970s: How a Decade of Upheaval Created the World We Live Today.

Rollin, Lucy. Twentieth Century Teen Culture by Decades

 

 

 

 



viernes, 26 de diciembre de 2014

Situaciones Embarazosas: El tabú del embarazo (Televisión del ayer)


Tal como el sexo, el embarazo es uno de los procesos humanos más erradamente representados en la televisión. En una era en que la visita de la cigüeña es tema obligado de reality shows, el embarazo televisivo sigue siendo un tópico controversial del que se abusa; alrededor del cual se crean clichés que poco corresponden con la realidad; e incluso se critica a las series por  inutilizar a personajes femeninos preñándolos. Lo interesante es que hubo una vez en que por modestia, el embarazo y los partos fueron temas tabúes en la televisión.

¿De dónde nace este tabú? Ciertamente no de la Antigüedad donde la procreación era vista como algo sagrado, al igual que el sexo. La mitología universal está llena de leyendas sobre los partos de diosas y madres de semidioses. Se describen partos en la Biblia y en Las Mil y Una Noches, se les encuentra  en las leyendas medievales y hasta en Bocaccio. La mujer más poderosa de la iconografía medieval, la Virgen María,  es retratada siempre en su aspecto de Theotokos, la Gran Reproductora, La madre del dios encarnado. Así escultores y pintores la representan  encinta, dando pecho o en esa imagen emblemática de recién parida en el pesebre de Belén.


Para no ser menos, las reinas humanas paren en público hasta los días de Maria Antonieta. En cambio, en el mundo más humilde, la maternidad es un período segregado que  queda  en manos femeninas y es regulado y controlado por mujeres. La parturienta da a luz en compañía de comadronas y mujeres de su familia. Hasta hoy, en pueblos primitivos, la nativa se aleja de su tribu y alumbra a su hijo, sola o en compañía de otra mujer. Todavía se cree en el mundo animista que la mujer embarazada (como la menstruante) posee una magia poderosa y peligrosa para el varón.
El primer alumbramiento de María Antonieta


Sin embargo, en el Primer Mundo de Sigo XIX, con el auge de la burguesía, se trastoca la imagen de la embarazada. El puritanismo que se asocia con el mundo burgués vincula la preñez con el sexo, ahora un concepto totalmente tabú. La mujer embarazada es vista como algo indecente que debe ocultarse. Del embarazo no se habla en público ni en la literatura. Las clases altas, desde Londres hasta Moscú se refieren a todo el tema con eufemismos galos. “Je suis enceinte!” gime Anna Karenina cuando le revela a su amante que está de encargo. El parto es conocido como accouchement, y un aborto espontaneo es un faux accouchement.
Ropa maternal del Siglo XIX


La Literatura decimonónica está llena de madres solteras y casadas, pero  cómo traen al mundo a su prole es un aspecto que nunca se discute. No lo encontramos en Tolstoi, ni en Galdós, ni en Flaubert ni en los novelistas victorianos. Ni siquiera autoras hembras como Las Hermanas Bronte  o La Condesa de Pardo-Bazan se refieren a algo que realmente es “embarazoso”. La gran excepción es el francés Guy de Mauppassant.  En sus excelentes cuentos y novelas, el escritor normando nos revela las intimidades fisiológicas de campesinas y señoras y describe partos (desde la perspectiva de la madre) con una minuciosidad de detalle que sorprende en un varón.

Pero Mauppassant es un ave rara. Incluso en la literatura rosa, dirigida para mujeres y escrita por mujeres, no se encuentra el tema. Ni atrevidas escritoras de bien entrado el siglo XX como Grace Metalious o Jacqueline Susann se meten por ese sendero. La gran excepción es por supuesto Lo que el viento se llevó. Tanta importancia da Margaret Mitchell (que nunca tuvo un hijo) al proceso de la maternidad que cuando se traslada su mamotreto a la pantalla grande no pueden dejar de incluir el tema a pesar de que hacerlo implique ofender al Código Hays y transgreda las reglas de la representación de las embarazadas en el cine.

¡Vienen los Yanquis! ¡Viene el bebé!


Soy cinéfila apasionada y no recuerdo haber visto ni en el cine silente, ni en el de La Depresión, ni en Los Cuarenta, imágenes de mujeres encintas. Hablo obviamente del cine anglo-parlante. Incluso la palabra “pregnant” (embarazada) no llega a usarse sino hasta 1959 en “A Summer Place”. Como en las novelas victorianas, en el cine de entonces  los hijos son el resultado de un encuentro sexual  y de un proceso de gestación indescriptibles. Hasta para  anunciarle al marido que va a ser padre se recurre al lenguaje “eufemístico”, a expresiones faciales, y a muchos “Ohh” y “ahhs” que ya parecen juego de charadas.

El parto siempre se sabe que tiene lugar porque vemos a la protagonista despertar de un sueño inducido por drogas. Asi se ve despertar a Lana Turner en “Marriage is a Private Affair”,  Ginger Rogers en “Tender Comrade”, y Betty Hutton en “The Miracle of Morgan’s Creek”. Incluso en la literatura de ayer descubrimos que en la mayoría de los partos, las mujeres estaban drogadas con éter. “Me desperté del éter con un sentimiento de total desamparo” asi relata Daisy Buchanan el nacimiento de su hija en El Gran Gatsby. Esa imagen perdurará en la ficción hasta los Sesentas. Las mujeres se rinden ante la sapiencia médica que les evita el dolor, pero a cambio deben ceder control sobre su proceso reproductivo.
Glamur post-parto. Ginger Rogers en "Tender Comrade"


Este es el marco en que tiene lugar la reproducción humana y asi se traslada a la televisión. Sin embargo, se  le agrega otro detalle. En “Marriage is a Private Affair” nunca vemos a Lana Turner embarazada, pero si la vemos en su etapa post-parto haciendo ejercicio como loca para recobrar la figura. Le queda claro al espectador que la fecundidad femenina exige un sacrificio. La embarazada, aparte de verse fea por nueve meses, ya convertida en madre, deberá luchar para recuperar su identidad pasada incluso en el plano físico.

Me acabo de enterar que el primer embarazo televisivo tuvo lugar a fines de los 40, en un olvidado sitcom llamado “Mary Kay and Johnny”. Ocurrió que la protagonista quedaba en estado en la vida real. Como los shows de entonces eran semi realities,  integraron el embarazo creando un precedente que perdura hasta hoy, la actriz-embarazada que “embaraza” al personaje.

En Los 50, el programa con mayor rating en Estados Unidos era a comedia “I Love Lucy” protagonizada por Lucille Ball y Desi Arnaz, casados en la vida real. Cuando Lucy quedó embarazada, los productores decidieron arriesgarse e incorporar el embarazo a la trama. Asi en enero de 1952, en la misma noche en que Desi Arnaz Jr. vino al mundo, Ricky Ricardo Jr. nacía en televisión.


Por supuesto que el parto nunca se vio, que Los Ricardo seguían durmiendo en camas separadas, y que el embarazo de Lucy solo sirvió para utilizar clichés (torpeza para caminar, antojos, y cambios de ánimo de la futura madre) en aras del humor. Aun asi, por primera vez las televidentes embarazadas tenían a un modelo con el que identificarse e incluso podían copiar la ropa maternal de la comediante pelirroja.


Uno de los cambios que alterarían la imagen en la ficción de la embarazada fue el auge de la ropa maternal. Hasta los Años 30, no había tal cosa como prendas maternales. Las mujeres ensanchaban  sus vestidos cotidianos para que les cupiera la panza en ellos y durante su gestación solían esconderse precisamente por sentirse feas y mal vestidas. Aun en Los Treinta, la nueva industria de vestuario pre-natal se publicitaba con la recomendación “ropa hecha para ocultar su pequeño secreto”.

Fue en Los Cincuenta en que las tiendas de departamento comienzan a prestar atención a la mujer encinta viéndola como clienta y grupo comprador. En “Masters of Sex”, Libby Masters (Caitlin Fitzgerald) comenta con su suegra que ahora (1957) es posible comprar ropa elegantísima y atractiva durante el embarazo. Por eso, durante sus tres embarazos, Libby  ha hecho todo un desfile de moda pre-mama, incluyendo un ensueño de vestido de noche que lamentablemente no impidió un parto adelantado y la perdida de su primera hija.


A pesar de que el poder comprador de la futura madre ya era reconocido por el mercado, la televisión no parecía interesada en fecundar a sus protagonistas. Las series de los 60 estaban plagadas de heroínas seductoras: rubias tontas y pechugonas como “Mi Bella Genio”; jóvenes independientes como Marlo Thomas en “Esa chica”, y súper mujeres como Barbara Bain en “Misión Imposible” y Dame Diana Rigg en “Los Vengadores”. Las madres televisivas, de preferencia, debían ser viudas atractivas (Hope Lange en “El Fantasma y La Señora Muir” o Diahann Carroll en “Julia”) que competían con otras mujeres en el mundo laboral y el de la seducción.

Curiosamente, la próxima protagonista en recibir a visita del Ave Zancuda fue en un programa infantil, en la famosísima serie de dibujos animados “Los Picapiedra”. En 1963, Los esposos  prehistóricos recibían a Pebbles. Recuerdo el episodio en que Vilma le anuncia a su marido que van a aumentar la familia. Le muestra un escarpín que está tejiendo . Siguiendo el típico cliché, Pedro no entiende las indirectas ¡y cree que es una prenda para proteger su nariz del frio!
Vilma no se quita el collar ni para parir


En 1965, el estado interesante de otra actriz volvió a dar una oportunidad a los encargados de vestuario a crear un guardarropa para una glamorosa futura mamá. “Bewitched” fue una serie que rompió muchas reglas, entre ellas permitir una visón positiva, atractiva y activa de una embarazada moderna. A través de su larga duración, Elizabeth Montgomery pudo disfrutar abiertamente de dos embarazos que fueron incorporados a la comedia.
Segundo embarazo de Sam. 


Bruja, ama de casa, esposa trofeo, y  miembro activo de su comunidad, Samantha Stevens también vivía plenamente su fecundidad comenzando a mediado de los Sesentas cuando quedaba embarazada de Tabitha, su primogénita. Por supuesto, que las futuras mamás se identificaban con Samantha aunque ellas no poseyeran tan útil magia.
Darrin, Sam y Tabitha


Pero por muy bruja que fuera, Sam tenía que inclinarse ante las reglas que el mundo de su época imponía a las mamás, sobre todo en los hospitales. En este videoclip se la ve teniendo que obedecer a una enfermera que le niega visitas. Samantha se queja que las normas del hospital le impidan ver a su bebita recen nacida. Por suerte, ahí entra la abuela Endora (Agnes Moorhead) a usar hechizos para mandar al caray las reglas humanas.


Hasta Los Ochentas, “Hechizada” fue un caso aislado. La televisión de los 60, con la excepción de programas infantiles y sitcoms, iba dirigida predominantemente a un púbico masculino. El espionaje, los westerns y la ciencia ficción reinaban en el horario adulto y ahí había poco espacio para mostrar embarazadas. Incluso se creó por entonces una teoría de que incluir un embarazo  era un pasaje seguro a una baja de rating. Ta vez por eso, solo embarazaron a la Agente 99 (Barbara Feldon) en la última temporada de “El Súper Agente 86” (1969).
Agente 86, Agente 99 y mellizos


Pero serían las mismas series de machos las que retomarían el tema  recordándonos que no existirían los hombres si las mujeres no los parieran. En mi pre-adolescencia, yo era fanática de una serie policial muy simple, pero entretenida llamada “Área 12” (“Adam 12”) que narraba las vivencias cotidianas de dos policías de uniforme de Los Ángeles. En ese esquema, las hembras aparecían como victimas o victimarias. Aun asi uno de los policías, El Oficial Jim Reed (Ken Mc Cord) era casado, y sus persecuciones de criminales estaban siempre salpicadas de referencias a “Jean”. Fue un gusto cuando finalmente la muy embarazada Jean (Kristin Nelson) hizo acto de aparición en 1969 (1970 cuando presentó TVN ese episodio en Chile).


Los estresados policías deciden darse un descanso yéndose de picnic.  Reed lleva a su conyuge que ya está en su última etapa de embarazo. Por supuesto que aparecen unos delincuentes a arruinarles el día. Jean se muestra muy serena durante toda a ordalía, demostrando ser una buena compañera para un policía, y hasta increpa duramente a un villano. Obvio que tanto ajetreo le rompe la fuente y el marido tiene que partir en motocicleta a buscar una ambulancia para que su primogénito no nazca al descampado.


Otro reino de machos muy presente en la Televisión Sesentera también le dio espacio a la maternidad aunque fuera la de actrices invitadas. Me refiero al western donde había más parturientas que en las series de médicos como el “ Dr. Kildare” o “Ben Casey”.

“Bonanza” era una serie masculina por excelencia. Ben Cartwright (Lorne Green)era un viudo (tres mujeres habían enterrado el bandido) que manejaba un mundo en a Nevada decimonónica donde todo era masculino, desde sus caballos hasta sus tres hijos. En su rancho La Ponderosa aun el cocinero Hop Sing era varón. Sin embargo,  había mujeres que pasaban por la serie, algunas  con vientres abultados Un episodio muy conmovedor,"Inger, Mi Amor"  mostró el embarazo y parto de Inger (Inga Swenson), la madre de Hoss, el hijo segundo de Ben. Fue un flashback agridulce porque aparte de enfatizar las dificultades de tener un hijo en tierra hostil, el episodio acababa con Inger muriendo tras dar a luz.  No moría de parto pero si de flecha Apache.
Inger y Hoss


Mi western favorito de esa década, y que lo seguiría siendo hasta la llegada de “Dr. Quinn”, era “Valle de Pasiones” (“Big Valley”). A pesar de que el mundo de vaqueros del valle californiano de San Joaquín era tan duro y rudo como el de cualquier filme de vaqueros que se respete, la presencia femenina era constante. La familia Barkley era dirigida por la matriarca Victoria (Barbara Stanwyck) que podía andar en pantalones y botas todo el día, pero también manejaba hombres, su rancho y sus negocios cuando se ponía su miriñaque. Además estaba su hija Audra interpretada por una Linda Evans que atraía a público masculino con sus ojos azules y sus curvas.

Recuerdo particularmente un episodio muy intenso "Earthquake" Tras un terremoto, Victoria quedaba atrapada junto a un grupo de desconocidos en una mina abandonada. Parte del grupo era una chica india embarazada de un hombre blanco. Como siempre, “Big Valley” intentaba combinar la historia del pasado con  los problemas actuales de racismo que afectaban a Los Estados Unidos de Los Sesentas. Por supuesto, se presenta el parto. Victoria funge de partera y la madre muere para que convenientemente, sean el padre y su esposa estéril, ambos blancos y rubios, quienes críen al bebé mestizo.


Por décadas, la televisión angloparlante seria un muestrario de tabúes, pero el de embarazo fue uno de los más duros de matar. Solo en Los 80s vino a convertirse en parte de la fisionomía de dramas domésticos y comedias de situación.  ¿Tiene que ver es con el mayor protagonismo de las mujeres en la televisión o el cambio se debió al auge de  ideas feministas?

No sé la respuesta. Eso si, en la tradicional y retrograda América Latina de los 60, embarazo y parto ya eran  un ingrediente obligado de esa gran aportación latina a la cultura de masas, la telenovela. Esas imágenes del antiguo  culebrón contrastaban con la televisión del Primer Mundo donde no se podían ver barrigas ni oír ayes de mujeres en trabajo de parto. Nunca olvidaré a la gran Amparito Rivelles mandarse una de esas platicas, entre jadeos pre-parto, con el marido (que se volverían clichés telenoveleros) en “La Tormenta” (México, 1968)
El General y la muy embarazada Generala Paredes en "La Tormenta"


Y en el primer gran éxito de la televisión latinoamericana “Simplemente Maria” (Perú, 1969) la lista de embarazos y partos era interminable comenzando por la costurera-protagonista y pasando generacionalmente por su nuera , y por su nieta. ¡Hasta la consuegra de María tenía un bebé! Ohh, y si se atrevían a decir  “embarazada” y “embarazo”.
María y Toño


Hoy en día, hay críticas feministas que dicen que embarazar a la heroína es debilitarla. Hay una creencia en el mundo televisivo que un embarazo “mata” a una serie y que desglamoriza a la embarazada, principalmente si es la protagonista. En el mundo de las telenovelas, hay espectadores que reniegan de mal hábito de siempre embarazar a las heroínas.  ¿Son esas aseveraciones realmente ciertas? ¿Es preferible volver a los tiempos antiguos en que hasta la palabra “embarazo” era tabú?