Mostrando entradas con la etiqueta The Queen's Gambit. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta The Queen's Gambit. Mostrar todas las entradas

miércoles, 17 de febrero de 2021

Modelos, KGB y Khrushchev: El Glamur de la Guerra Fría en la Televisión Rusa

 


Solo con el Glasnost y la Perestroika vino el pueblo ruso a tener un atisbo de la libertad que gozamos en Occidente, pero las series rusas me dicen que hubo un asomo de autonomía previo a Gorbachov y la Caída del Muro de Berlín. Eso ocurrió tras la muerte de Stalin. Parece ser un consenso en la historiografía rusa moderna que Nikita Khruscchevprecisamente quien alzaría el Muro de Berlín llegó al poder con muchas esperanzas de cambios para su pueblo, con planes de instaurar una independencia cultural donde había reinado la represión estalinista, y de abrir la Unión Soviética al consumismo occidental.

Este periodo que acabó (según el punto de vista ruso) por culpa de la chuecura y zancadillas gringas, es retratado en tres series muy desiguales, y a la vez representativas de ese momento histórico. Dos tienen que ver con el mundo de la moda, mi pequeña obsesión, y la tercera con la diplomacia. Las tres son ejemplos de lo que he apodado El Glamur de la Guerra Fría.

La Reina Roja

“Red Queen” (Krasnaya Karoleva) está basada en la trágica vida de la modelo Regina Zbarskaya. Apodada “La Sofia Loren soviética” era más Marilyn Monroe que La Loren. Alrededor de esta historia de desdichas, han tejido una novela de Emilio Larrosa o tal vez Erick Von, que me ha recordado “Amor de Nadie” de Lucia Méndez.

                                       Regina Zbarskaya

El comienzo, sin embargo, me ha parecido similar al de “The Queens Gambit”, que también iniciaba en Paris y tenía su capítulo en la Rusia de la Guerra Fría. Como Beth Harmon, Zoya ha alcanzado un triunfo en la Ciudad Luz. En su caso, gracias a su gracilidad en la pasarela, pero el peso de su pasado la obliga a recordar lo ingrato de su vida.

En uno de esos pueblos perdidos, donde no hay calles pavimentadas y donde los zapatos se pierden en el lodazal del camino, vive Zoya Kolesnikova, una colegiala de 17 años. Hija de un lisiado de guerra que se ahoga en alcohol, Zoya vive con esperanzas de un futuro mejor. Esperanzas fomentadas por su madre quien ya tiene dibujado el futuro de su hija. Zoya acabará el Instituto con una medalla de oro por buenas notas lo que le permitirá estudiar contaduría y conseguir empleo en una planta. Solo entonces podrá pensar en casarse.



Zoya ya sueña con casarse, pero la tragedia inicia un día en que el padre borracho apalea a su esposa. En defensa de su madre, Zoya lo mata accidentalmente. La madre se echa la culpa y vemos la hipocresía, moralismo, y casi misoginia, de los Días del Camarada Stalin. La policía no investiga mucho y arresta a la mujer. El patriarcado estalinista exige la condena de la atrevida. ¿Qué pasaría si todas las esposas se defendiesen de maridos golpeadores?




La madre es condenada a trabajos forzados en Siberia, pero no acaban ahí los problemas para Zoya. El novio la abandona porque no se ve bien ser el consorte de la hija de una asesina. En la escuela le retiran la medalla porque la moral estalinista condena a los hijos de los criminales. Sin embargo, Zoya no se amilana.



Algo bueno de ese periodo es que le ha quedado el departamento amplio que el gobierno le dio a su padre por ser veterano invalido de guerra. La vecina de Zoya tiene ocho hijos. La muchacha le “vende” el derecho a usar el apartamento por tres mil rublos. Cno ellos compran documentos falsos y un pasaje de primera clase a Moscú donde ingresa a la universidad y pronto es miembro del Komsomol (la agrupación juvenil comunista a que todo universitario debía pertenece).

Zoya hace amistad con Tata, una despreocupada chica de dinero, que aprovecha el alto cargo de su padre para “aburguesarse”, usando ropa moderna y enseñando a la tímida “Regina” (ex Zoya) a hacer lo propio. La otra amistad es con Augusta Leontyevna, una ex maestra de piano que vive en un departamentito en el edificio que, antes de la Revolución, era de sus padres.



La solitaria anciana, quien perdió a su única hija en las purgas estalinistas, adopta a Regina, se la lleva a vivir con ella y le enseña francés y modales. Es así como Regina conoce a Vladimir, nieto de Augusta, quien la enamora y embaraza.  Vladimir es KGB y no puede casarse con la hija de una asesina.



En la Rusia estalinista un aborto solo podía ser hecho si era producto de una violación, el feto estaba deformado o ponía en peligro la vida de la madre. Al no ser estos casos el de Regina, ella debe buscar un aborto clandestino (con un médico judío) que, por suerte, paga Tata.





Traumatizada por los hechos, Regina abandona la casa de Augusta y adopta la vida audaz de Tata. Son los primeros años tras la muerte de Stalin y la juventud se está rebelando. Cada vez más jóvenes participan en fiestas clandestinas donde fuman, beben, bailan rock y se visten al estilo occidental.  En represalia se forman grupos de jóvenes comunistas que atacan a las chicas rebeldes y les cortan el cabello.

 Una noche, de regreso de una fiesta, Regina es atacada por uno de estos grupos. En su defensa sale James Patterson, un afroamericano (nacido en Ucrania, se trata de un personaje real). Los atacantes le lanzan los típicos insultos racistas “¡Chocolate!  ¡Vuélvete a África!). La policía arresta a Patterson y a Regina a la que acusan de practicar la prostitución.




La saca de la cárcel Vera Aralova, madre de Patterson, y la diseñadora de moda más famosa de la U.S.S.R. Aralova ofrece empleo de modelo a Regina, pero esta lo rechaza. Ya sabe que la moda no tiene espacio en la sociedad estalinista.




Esta es la parte más interesante de esta serie. El “juicio “de Regina por parte del Komsomol que la expulsa acusándola de privilegiar costumbres occidentales por sobre el modelo modesto y moral que debe seguir la mujer soviética. Hasta la cobarde Tata la acusa y denuncia.





Contrasta este juicio con un desfile de modas de Aralova en la que es “enjuiciada” por representantes del Partido por crear ropa inapropiada para el estilo de moda minimalista que debe seguir la esposa y madre rusa.






Regina consigue empleo de contadora en las oficinas de los mayores estudios de cine soviéticos, pero es un trabajo aburrido, agotador y poco glamoroso. ¡Mas encima, el día laboral es interrumpido por ejercicios de gimnasia! Yo no creía en eso, pero recuerdo que en días de Allende se habló de imitar esa panacea de las oficinas comunistas donde se obligaba a los empleados a detener sus labores y participar en sesiones impromptu de calistenias para evitar obesidad. A juzgar por las compañeras gorditas de Regina, no sirven de mucho.



Finalmente, Regina va a trabajar con Vera y ambas alcanzan la fama (La Aralova fue quien inventó las botas con zipper). Así llegamos al deseado viaje a Paris, pero el pasado de Regina y problemas del presente la ponen a merced de la KGB quien la obliga a espiar para ellos y seducir diplomáticos. Esto, aunado al fracaso de su matrimonio y la incapacidad y tener hijos, empuja a Regina al consumo de barbitúricos y acaba con ella recluida en una institución para enfermos mentales. El resto de la serie es tan oscuro y triste que prefiero lo descubran ustedes.



Belleza Rusa

Esta dramática y poco esperanzadora fábula (a la que nunca le encontré la moraleja) tiene su equivalente en “Russian Beauty” (Koroleva Krasoty, 2015), otro cuento sobre el mundo del modelaje. Katya Panova es la chica más linda de su pueblo. Consciente de ese factor, abandona a su familia y sus estudios de enfermería para escapar a Moscú y ser modelo. Es 1961, Era Khrushchev, y Moscú es una ciudad llena de tentaciones y oportunidades, pero Katya descubre que hay cientos de chicas guapas que modelan mejor que ella que (según el diseñador) está pasada de peso y se mueve como pato en la pasarela.



Esta serie comienza como cuento de hadas/comedia, así muy sesentera ya me recuerda las pelis de Rocío Dúrcal. Katya llega justo el día en que están cortos de modelos y deben contratarla. El resto, ya lo sabemos. No solo Katya logra su sueño de ser modelo también atrae el amor de Félix, un talentoso y prometedor periodista.

Felix es un típico protagonista de telenovela, uno que viene de muy buena familia. En vez de ser vástago de familia empresaria, es hijo de un hombre importante en el partido. Sergei ha trazado la carrera de su hijo, no solo ayudándolo a ascender en el mundo periodístico, pero también escogiéndole una esposa, la famosa actriz de cine Marianna Nechaeva.

                                Marianna Nechaeva

La ventaja de Marianna no reside en su ascenso en el mundo del cine soviético sino en su parentesco con Vera Nechaeva, una pionera de la Revolución. Gracias a su noviazgo, Felix tiene la oportunidad de escribir un libro sobre Nechaeva que lo llevará a la cúspide del mundo de las letras. Sin embargo, ‘el lanza por la borda todo para casarse con Katya Panova. La pobre Marianna hecha pedazos se consuela con Valery Zubov uno de los personajes más repugnantes de todas las novelas rusas que conozco.

                            Vera Nechaeva dando un tur de su casa

Valery es un inútil, una especie de pícaro soviético quien sube en la vida gracias a mentiras, abusos, adulación y mucha traición. Como Panova, también encontró que el pueblo le quedaba chico. Huye a Moscú, dejando atrás a su mujer y su hijo, y robándose un icono que vende en la capital a una iglesia clandestina. Alterna trabajo en el mercado negro de objetos robados con la seducción de mujeres importantes. Gracias a Marianna consigue alojamiento y comida gratis en la casa ancestral de los Nechaev. Pero su ambición lo lleva por caminos más tortuosos.

  
                              Valery ataca dos presas a la vez

La ambición de Valery es casi un espejo de la de Panova quien incluso aborta un hijo de su marido porque teme que un embarazo arruine su carrera de modelaje. Cuando Panova pierde la oportunidad de ir a modelar en Paris, cae en cuenta que ser la nuera de un alto funcionario no es tan ventajoso como ser la amiguita de alguno de los mandamases.

                        Boda de Felix y Panova

Va en busca de uno de ellos, consigue que intente seducirla y lo amenaza con acusarlo de violación. El chantaje surte efecto. Panova va a Paris, pero se ha echado encima enemigos a raudales. Finalmente, hasta el marido la rechaza. En un intento de salir el circulo vicioso de esa alta sociedad soviética, Felix escribe un libro que expone secretos del paraíso comunista.



Hacia el final encontramos a Felix asesinado, Panova encerrada en un manicomio, Mariana convertida en alcohólica y asesina. Aunque Panova tendrá su final feliz (la huida al Occidente), el otro que recibe recompensa es el asqueroso Valery que con sus faramallas queda dueño de la mansión Nechaev. No puedo imaginarme un cuento menos edificante, así que solo véanlo si quieren desilusionarse con el comunismo.

                            Valery se apodera de la Casa Nechaev

Optimismo Soviético

“Los Optimistas “(2017) es un retrato de la alta sociedad comunista de la Era de Khrushchev. La trama se concentra en una oficina del Ministerio de Relaciones Exteriores que se dedica a estrenar diplomáticos-espías para infiltrar el mundo occidental.



La serie comienza en 1960. La Guerra Fría parece que va a entibiarse. Nikita Khrushchev quiere abrir las puertas de la Unión Soviética al Occidente capitalista. En una exhibición de productos norteamericanos de Moscú, Ruta Blaumaneuna estadounidense que vino a la U.S.S.R huyendo de la cacería de brujas de McCarthy recluta tres agentes para su nueva agencia. La idea es que estos jóvenes poliglotas asesoren en idioma y cultura a diplomáticos y otros enviados a misiones al extranjero

Ellos son Andréi Muratov. Criado en Francia, cosmopolita, casado con una ejecutiva de televisión, juega tenis con el hijo de Khrushchev y sueña con la muerte del comunismo que le permitirá vivir en una sociedad consumista. Lo sigue Arkady Golub, el ingenuo judío experto en lenguas orientales, que se enamora a primera vista y representa el cliché del intelectual de lentes. Acaba el trio Leonid Korneed, el mujeriego y bromista ex marino mercante, hispano parlante puesto que se crió en un orfanato con niños refugiados de la Guerra Civil Española.

                                            Ruta y Andrei
                            Leoniv y Arkady con el músico Ilya

Los primeros días en SIA (servicio de Información y Análisis), el trio se la pasa aprendiendo golf usando una estatuilla de Stalin para detener las pelotas. Ese existencia paradisiaca acaba cuando Ruta es degradada por la imposición de un nuevo jefe, El Camarada Grigory Biryukov.



“Grisha” ha sido todo un personaje en el Partido, pero a raíz de la muerte en el parto de su esposa, cayó en una depresión. Una noche en que les mostraba Leningrado a una grupo de dirigentes de la Alemania del Este, lanzó a uno de ellos a una fuente cuando el hombre se ufanó de haber visitado la ciudad en sus días en la Wehrmacht.

Para Ruta la llegada de Biryukov es una pesadilla. Ella es bella, elegante segura de sí misma y ambiciosa. Ser jefa es parte de su imagen glamorosa que incluye estar casada con un héroe de guerra que ahora es un alto oficial de aviación, y tener un amante con cierto poder en la KGB. Biriyukov es igualmente ambicioso. Este puesto que Ruta tanto ambiciona es una humillación para él ya que todos en el gobierno lo consideran un chiste. Sera Biryukov, a veces con ayuda de Ruta, quien obligue a Los de Arriba a tomar en serio su oficina.

Se ha descrito a “Los Optimistas” como un “Mad Men” ruso. Así es, aunque las aventuras de los “optimistas” son más peligrosas y letales que la de los publicistas de la Stirling&Cooper, pero lo que si tienen en común es el glamur. Desde la música incidental que tiene su toque de David Carbonara hasta el vestuario paralizante de los personajes femeninos como Ruta y Galina, la presentadora de televisión que es amante de Biryukov.



                            Vestuario de Galina

Cuando Ruta aparece en la primera escena, yo grite “¡Betty Draper!” Me costó reconocer a la cantante lituana Severija (la Sorokina de “Babylon Berlin”) que interpreta a Blaumane.



El aura “Mad Men” continua en estos personajes femeninos que son menos sometidas que las mujeres de esa serie, porque en la Unión Soviética, la mujer es camarada no criada y todas trabajan y luchan por cumplir sus sueños sea ser una famosa atleta como la Claudia de Arkady hasta Nelya, la esposa de Andréi que toca el piano como música incidental en la televisión. Ruta es un ejemplo, usa perfume de Guerlain y su propio apellido, no el de su marido.

                        Vestuario de Ruta

La sociedad que vemos es de un glamur increíble, aun mas recalcado que en las series de modelos. Biryukov tiene un departamento gigantesco donde solo vive con su hija Anya (Marta Timofeevna, la Vasiina de “Gogol”) y una criada. La cocina de Ruta es más grande que la mía, y aun el departamento-estudio de Los Muratov se ve con ínfulas de decoración con muebles escandinavos y colores vibrantes. ¡Y amo esas puertas forradas de cuero!

                     Ruta y una de esas puertas de cuero



                       Marta Kessler (o Timofeeva) como Anya Biryukov

Aun así, ninguna de estas viviendas se compara a las mansiones, Rolls Royce y hasta perros de raza, que poseen los cabecillas del Partido. Este es un mundo muy alejado de todas las propagandas sobre el minimalismo y anti consumismo que se le encajaban al pueblo. Vemos tanto a Ruta y Biryukov, como a bohemios y estrellas de la televisión conseguir las mejores mesas de restaurantes de lujo, mientras Los Optimistas comen de pie en cafeterías hacinadas.



Con la serie vamos a bailar a sitios de modas, a las carreras de caballo y hasta las playas de un balneario en el Báltico. Sin olvidarnos de una velada en la Embajada de Cuba con mojitos y todo. Y por supuesto, la obsesión de las tres series: el viaje a Paris que nunca se puede disfrutar debido a la omnipresente vigilancia de los esbirros de la KGB.



“Los Optimistas” alternan el glamur de la Rusia de Kruschev con el constante recordatorio de que se vive en un estado policial. A la vez, la serie nos instruye sobre los sucesos políticos del momento: la caída del avión y el arresto del piloto Gary Francis Powers; la importancia en la prensa extranjera de la muerte de Laika, la cosmonauta canina; la amenaza de la posible construcción del Muro de Berlín y la preocupación por la situación cubana. Lo que yo no sabía es que hubo un momento en que pareció que Fidel se inclinaba a ser parte de la órbita estadounidense.

Todo este mundo fascinante da paso al lado oscuro, a la represión, al chantaje, a las intrigas palaciegas y deviene en una trampa en la que cae todo el SIA, una trampa nacida de mezquinos chismes sin fundamento que alimenta un plan de años basado en envidias, rencores y celos. Esto ha llevado a levantar muchas críticas en contra de la serie. La principal es que desacredita al Ministerio de Relaciones exteriores y sus empleados.

En eta serie vemos a los protagonistas quedar a punto de perder sus empleos por las razones más frívolas: tener pacientes en el extranjero, perder la Tarjeta del Partido o intentar rescatar a una prostituta de un bar de La Habana. Es una sociedad peligrosa donde no se puede soñar en voz alta, ni beber de más porque el alcohol suelta la lengua y todos están rodeados de oídos peligrosos.



Las tres series mencionadas contienen fuertes críticas al gobierno soviético, incluso el post estalinista. Quejas de falta de libertad, de opresión y de abusos. Un vínculo común es un rechazo del mundo estalinista cuyo sistema injusto provoca el arresto y condena de la madre de Regina en la “Reina Roja”.

Un mundo cuyas reglas y estilo de vida impiden la libre expresión, la independencia de pensamiento, incluso la amistad que siempre es puesta prueba por las férreas exigencias del Partido y sus instituciones. Sin embargo, vemos que ese mismo mundo reprimido fomenta la inmoralidad, el mercado negro, el crimen y el auge de gentuza pestilente como Valery de “Belleza Rusa”, criminales como Ilya de “Los Optimistas” e incluso altos funcionarios dispuestos a traicionar a sus amigos.

Vemos las traiciones en las mismas familias. El padre de Vladimir en “Reina Roja” dejó que su esposa muriese en el Gulag. La Tía de Mariana en “Belleza Rusa”, solo para quedarse con la casa familiar no levantó un dedo para impedir el fusilamiento de su cuñada y de su propio hermano. Muratov en “Los Optimistas” es delatado por su propia esposa cuando lo cree infiel. Mas triste, los padres de Andrey, rusos blancos, fueron convencidos por El Camarada Stalin de regresar a la Unión Soviética donde fueron masacrados.

                   Los Muratov en el cumpleaños de Galina

Constantemente vemos países pisoteados por la bota soviética, la Alemania del Este, Hungría en el ’56. Biryukov está agotado de sacarse excusas de la manga para explicar atropellos de los que el mismo ha sido parte. Me dio risa que se hablase de que sus amores con la periodista Gaby que datan del ’45 cuando él estaba estacionado en Berlín y ella era una colegiala;. Ya nos podemos imaginar como comenzó tal romance. Como dice Ruta: “Queremos a ver felices a todo el mundo, y somos incapaces de hacer felices a una sola persona”.

                            Gaby y Grisha en Paris

Ruta es un ejemplo de la falsa libertad que da a la mujer el mundo soviético. Nunca se ha confiado en ella por ser extranjera (más llamándose Ruta Blaumen…), se la ha puesto a cargo de una agencia que solo consigue respeto cuando se lo imponen unos pantalones como superior. Lo mismo ocurre con Galina. A pesar de su fama, tal como Marianna Nechaeva de “Belleza Rusa” está expuesta a ser despreciada si no cumple con las reglas de moralidad que se exigen a la mujer soviética.

En las tres series vemos que hay un doble estándar en ese paraíso de igualdad. Una mujer puede perderlo todo si se descubre que ha tenido un affaire, que ha ido a una fiesta, incluso que se vista de manera impropia. ¿Quién quiere vivir así?

“Los Optimistas” es el producto de Michael Idov, un ex alumno de la universidad de Michigan, y eso explica la audacia de exponer el mundo de la diplomacia soviética. A pesar de haber sido galardonada y elogiada por la crítica, también ha recibido reproches. Se la ha acusado de falsear la imagen de los diplomáticos retratándolos como traidores, que viven en juergas y tienen sexo a cada rato. Tal vez por eso la prometida Segunda Temporada nunca se ha materializado.



Quizás eso explique también que el drama de época ruso muy sano en días de coronavirusse haya volcado hacia pasados más remotos. Aparentemente, se ha seguido filmando en la Rusia de Zar Vlad y la cosecha de dramas de época se ve interesante. Tenemos prometida una miniserie sobre Iván el Terrible, que sería una precuela de “Godunov”. Tenemos “La Catedral” que tiene lugar durante el reinado de Pedro, El Grande, y algo llamado “Los Romanov” que no sé en qué periodo de la historia rusa se enfocada, a menos que cubra la historia de toda esa ilustre familia desde el Zar Miguel en el Siglo XVII hasta Nicolás II.

El proyecto que más me atrae es “Voskrezenskiy”, la historia de un forense metido a detective en la San Petersburgo prerrevolucionaria. Me encantan los whodunnit históricos y me ha encantado lo que la Federación Rusa está haciendo con el period piece. Ahora con Tubi, y con la ayuda de D-s, puedo esperar a que en un par de años pueda ver todas estas maravillas en traducción.

Para los habitantes de Norte America, estas series pueden ser encontradas en Amazon Prime o gratis, en Tubi. Están todas en ruso en YouTube y la “ Reina Roja”  esta también en YouTube, pero con subtítulos en inglés.

 

lunes, 14 de diciembre de 2020

La Reina del Tablero: The Queen's Gambit

 



Mi papá era buen ajedrecista y cuando yo tenía 9 años (la edad en que Beth Harmon aprendió el juego), me enseñó, más que nada para tener una compañera con quien jugar. Nunca me dijo “esto es solo para varones” o “las chicas no pueden ser maestras” por la sencilla razón de que yo no era muy buena jugadora. Nunca se me ocurrió que este deporte podía ser lucrativo y beneficioso precisamente porque pocas mujeres lo practican profesionalmente. En tres palabras, ese es el tema de “Gambito de Dama” la historia de una chica que reconstruye la identidad que la vida le ha robado, gracias a sus proezas en el tablero de ajedrez.

Tengo un vago recuerdo de cuando Walter Tevis publicó The Queen’s Gambit en 1983. Tevis ya gozaba de una respetable reputación con obras tan diferentes como The Hustler (la peli de Paul Newman) The Color of Money (La peli de Paul Newman y Tom Cruise) y The Man Who Fell to Earth (La peli de Bowie). Gambito de Reina no se parecía a ninguna de ellas, a pesar de que Tevis basaba su argumento en su experiencia personal como ajedrecista amateur, el haberse casi convertido en adicto al fenobarbital en su infancia, y la historia inicia en el Kentucky natal del autor. Lo que era insólito es que Tevis hubiese escogido como protagonista de esta bildungsroman a una niña.



Beth,  La Huerfanita Drogadicta

La historia de Elizabeth Harmon,  que de ser una huerfanita drogadicta se convierte en campeona de ajedrez,  atrajo el interés de los cineastas desde el primer momento. Para cuando Tevis falleció un año después de la publicación de su novela, los derechos fílmicos ya habían sido adquiridos. El problema es que, desde entonces, la idea de producir un filme sobre Elizabeth Harmon, niña prodigio y maestra ajedrecista, rebotaba de mano en mano.

Hubo un momento en que se dijo que el legendario Bertolucci se encargaría de llevarla a la pantalla grande. Fallecido el italiano, el proyecto cayó en manos de Heath Ledger a quien la muerte encontró trabajando en el que sería su debut como director.

No se sabe cómo terminó en Netflix porque no es el material típico en el que invierte el servicio de streaming. El caso es que ha sido un éxito y con razón. Le agradezco a la Gatita Lorena que realmente emprendió una campaña (de acoso) para que yo la viera.



Paso a contar a grandes rasgos la historia y me abocaré al libreto de la serie, más que el libro. A los 9 años Elizabeth Harmon pierde a su madre en un aparatoso accidente automovilístico que puede haber sido autoprovocado. En flashbacks, Beth recuerda que su madre era una excelente matemática, pero que debido a un trastorno mental lo perdió todo y abandonó al marido llevándose a su hija. Finalmente, la madre intenta ponerles fin a sus problemas, suicidándose y de paso llevándose a Beth, pero la niña sobrevive al accidente.

Por falta de parientes conocidos acaba en el orfanato Methuen en Kentucky. Aunque no se parece a las instituciones de las novelas de Dickens, y Beth ni es abusada física, verbal o sexualmente, es sometida a otro tipo de abuso, uno practicado por muchas décadas en ese tipo de asilos. Desde su llegada, Beth como sus compañeritas es alimentada con barbitúricos que se espera la calmen y hagan dócil y obediente.

En un par de años, Beth es una adicta total. Su única amiga, la afroamericana Jolene (Moses Ingram) le enseña a guardar las píldoras (pueden ser Fenobarbital o Librium) y consumirlas de noche para poder dormir mejor. Es en ese estado que Beth conocerá al retraído Sr. Shaibel (Bill Camp), el encargado de la limpieza que juega partida tras partida de ajedrez en el sótano.




Fascinada por su juego que apela a su mente lógica, Beth consigue que Shaibel le enseñe a jugar. Pronto la discípula supera al maestro. Impresionado, Shaibel contacta un maestro de la secundaria local que dirige un club de ajedrez. Consiguen permiso para que Beth vaya a jugar contra sus ajedrecistas estrellas y la nena los vence a todos.

Es entonces que ocurre una tragedia. A comienzos de los 60, se prohibió la entrega de barbituricos a los orfanatos. Histérica, al ser privada de su mayor alimento, Beth intenta robarse la provisión de tranquilizantes del laboratorio, pero es descubierta y castigada. No más tranquilizantes, no más Señor Shaibel, no más ajedrez. El calvario de Beth acaba cuando es adoptada los 13 años por los Esposos Wheatley.



A pesar de vivir en una gran casa, con cuarto bellamente decorado y por primera vez en su vida con privacidad, Beth se da cuenta que Los Wheatley no son lo que esperaba. Desde la muerte de su único hijo, apenas se toleran. Allston (Patrick Kennedy) se la pasa en viajes de negocios y Alma (Marielle Heller) se la pasa tocando a Satie en el piano, o haciendo amistad con la botella. La única razón por la cual adoptaron a la huérfana es para recibir el dinero que el estado les otorga por ser padres de crianza.



Tampoco Beth encuentra consuelo en la secundaria local. Su vestuario inadecuado y su mente privilegiada le acarrean el desprecio de sus compañeras, pero llega el milagro. Beth descubre que Alma es adicta los fenobarbitales. Pronto, la chica está yendo a la farmacia con la receta de su madre adoptiva y robándole las mágicas píldoras verdes.

La Niña Prodigio y Su Mama Cómplice

Otro atractivo de la nueva vida de Beth son las revistas de ajedrez, una de ellas la advierte de la existencia de competencias locales. Beth entra en una de ellas y gana fácilmente. Pronto comienza a descollar en varias de ellas. Al ver a Beth adquirir premios monetarios con los que compra ropa nueva y un set de ajedrez, Alma sale de su letargo para admirarse del arte de su “hija”.

Ni siquiera la noticia de que Allston quiere el divorcio amarga la felicidad de Beth. En común acuerdo con Alma, deciden no avisar al orfanato de ese incidente para poder seguir cobrando el dinero. Lo bueno es que, Alma y Beth se convierten en madre e hija, cómplices, compinches, unidas por las mismas adicciones (pronto Beth añade el alcohol a su vida) y soledad.



Beth tiene ahora un objetivo, llegar adonde ninguna otra mujer ha llegado, convertirse en una gran maestra. La escuela, las diversiones propias de adolescentes incluso el amor y la amistad pasan a segundo plano A medida que su fama crece y se la apoda “Niña Prodigio” y los medios de comunicación (entonces limitados a revistas) se interesan en ella, vemos cuan singular es esta jovencita para la que el ajedrez lo es todo.

Y, sin embargo, Beth nunca está sola. A su lado esta su madre que encuentra una nueva vida en esto de chaperonear a su hija por todo el país, probando todo tipo de cocteles en hoteles de lujo. Curiosamente, a medida que Beth se haga famosa en el circuito ajedrecero se irá encontrando con las mismas caras de jugadores que pasan a ser su círculo de amistades. Entre ellos está el guapérrimo Townes (Jacob Fortune-Lloyd), primera ilusión amorosa de la ajedrecista,  y el exótico Benny Watts (Thomas Sanger-Brodie) que le rompe el corazón de otra manera, venciéndola en el tablero.






Pero los pequeños fracasos no amilanan a Beth quien trasciende sus fronteras y en 1966, acabada de graduarse, compite en su primer torneo internacional. Será en México donde el alcohol venza a Alma y Beth vuelva a quedar huérfana. De ahora en adelante veremos a Beth intentar reemplazar las relaciones humanas con píldoras y alcohol y nos preguntaremos en qué momento el consumo de sustancias la vencerá tal como venció a Alma.



Entre la Genialidad y la Locura

Cuando la Gatita Lorena me la recomendaba, me puso de cebo un “me recuerda El valle de las muñecas”. Es cierto, sin llegar a la suntuosidad arrebatada del superventas de Jaqueline Susann,  tiene esa cualidad de bildungsroman y ambiciones juveniles de sobresalir en un mundo difícil. El ajedrez aquí reemplaza a las candilejas de Broadway y las cámaras de Hollywood del roman a clef mencionado.

Otro detalle que hermana ambas historias es la cuasi glamurización de las adicciones. A diferencia de las protagonistas de El Valle, no vemos a Beth caer en la degradación o acercarse al suicidio por el consumo de barbitúricos. Incluso supera sus malos hábitos con increíble facilidad.  Sorprende puesto que el autor había combatido el alcoholismo así que conocía el fenómeno de cerca.



Una pregunta que surge del hecho que Beth se convierte en un prodigio del tablero cuando ya es una adicta es si son los fármacos los que la ayudan a convertirse en campeona. Resulta extraño ver que su mente funciona con tal claridad y lógica a pesar de haber bebido antes de sentarse en la mesa de ajedrez.

Otra pregunta es si Beth heredó su genio y mente matemática de su madre que era una enferma mental. Aparte de ser antisocial, hay indicios de que Beth puede sufrir trastornos emocionales. ¿Pero se la podría calificar de psicópata? Una entrevistadora de Life le comenta a la niña prodigio que hay una leve línea entre la locura y la genialidad y Beth es un genio.

Al oír ese comentario, recordé a Bobby Fischer, otro niño prodigio del ajedrez que a los 14 años ya era campeón de los Estados Unidos y a los 20 ganó el título de Campeón Mundial. Aunque nunca fue diagnosticado, este genio del tablero fue reconocido, a lo largo de su carrera, for sus desplantes, pataletas y conducta errática lo que ha llevado a muchos a creer que sufría de problemas mentales.

           ¿Fue Bobby Fischer quien inspiró la creación de Beth Harmon?

Para muchos, Walter Tevis tenía a Fischer en mente al crear a Beth, pero, aunque lo menciona en su Nota de Autor, Tevis negó esa posibilidad. Él quiso que su novela “deportiva” fuese un homenaje a la capacidad mental femenina, pero sin tener algún modelo de la vida real. Lo cierto es que no lo había, el toque fantástico de la novela es tener a una jovencita como Beth introducirse en un mundo machista y cerrado como el circulo del ajedrez de entonces.

Aunque había campeonatos femeninos en los 60 ni siquiera las campeonas podía soñar con ser calificada una Grand Master ni la posibilidad de jugar contra un contrincante masculino. En ese sentido la novela es feminista y futurista. Aunque entiendo y apruebo que las mujeres compitan en categorías aparte en deportes en los que priman peso y fuerza, es totalmente absurdo que existiese (hasta este siglo) una segregación en un deporte en el que solo pesa la destreza mental, pero en 1976 en la India hubo revuelo cuando una mujer participo en el campeonato masculino.

La controversia provocada por este caso llevó a la Federación Mundial de Ajedrez a crear ese mismo año un título “Maestra Internacional” para premiar la pericia femenina en el tablero, pero el título de Gran Maestra solo lo recibiría una mujer en 1991. Esa sería Susan, la mayor de las Hermanas Polgar, un trio de judías húngaras, famosas por ser las tres (Judith, Susan y Sofia) merecedoras de un título que por tanto tiempo seria patrimonio masculino.  Susan obtuvo el título en enero de 1991, a fines de año su hermana Judith, hoy considerada la mejor mujer ajedrecista del mundo, hacia historia al ser la más joven Grandmaster con solo 15 años. Por eso The Queen’s Gambit es también una historia futurista.



Anya Taylor-Joy

No puedo terminar mi reseña sin hablar de Anya Taylor-Joy. Me dicen que sin haberla visto en sus roles más icónicos en “The Witch” o “The Miniaturist” no puedo realmente apreciarla. Yo la conocí como la última adición a la Familia Shelby de “Peaky Blinders”. También me hizo entender lo que Austen realmente quiso transmitir con “Emma”, pero este rol de Beth Harmon es tan diferente a todo lo hecho anteriormente que paraliza su capacidad de expresar solo con gestos corporales lo que siente su personaje.

La argentinita se las arregla para tener una manera de caminar que es tiesa y rítmica a la vez. Beth tiene una espalda tan derecha que pareciera que camina con libros en la cabeza.  Sus inmensos ojos hablan por ella y me recuerdan a los de Cleo, el pececito de “Pinocho”. Destacan esos gestos furtivos e inesperados como los de una lagartijita, y lo extraordinario. Para alguien a quien el sexo trae sin cuidado, Beth sabe genuinamente expresar una sexualidad que ignora.

Tevis habló de como sexo y ajedrez aparecen simultáneamente en la vida de Beth y como ella escoge conseguir orgasmos en sus triunfos deportivos. Por eso es por lo que el sexo la aburre y desconcierta, ignorando el efecto de su encanto juvenil sobre los hombres principalmente los jugadores con los que compite. Eso es evidente cuando Harry la observa bailar sensualmente al ritmo de “Fever” de Peggy Lee.



Parece una rareza que esta serie sobre un juego que pocos conocen y sin sexo ni violencia se haya convertido en la más vista de Netflix. Atribuyo su éxito al muy buen libreto y a la actuación de Anya que crea un personaje que no debería caernos bien, y sin embargo acaba ganándose nuestro cariño, nuestro respeto y admiración.

Tal como Beth consigueaunque hace lo imposible por alejarlosun grupo de amigos que la sostendrán cuando tambalee, la serie merece nuestro apoyo porque hay en ella un mensaje optimista sobre todo para las chicas que no se imaginan que todavía quedan campos que conquistar a pesar de los obstáculos que se le presenten. Otro mensaje es que no deben temer al poder intelectual de una muje, es que todavía hay quien tiene miedo a ser inteligente o creativa. Finalmente, lo más importante para mí es también lo más importante para Beth, la creación de un grupo de apoyo, de gente que te quiera y esté ahí en las buenas y en las malas.



“Queen’s Gambit” sigue estando entre las diez series más vistas de Netflix y en el blog de El Solitario de Providence han hecho un listado de los posibles motivos de su éxito aconsejando a la compañía tenerlos presentes para producciones futuras.

Aunque no concuerdo con todas esas recomendaciones, ciertamente Netflix debería dejar de temerle a temas a los que no está acostumbrada tanto en la creación de material propio como en la adquisición del ajeno. No todos sus subscriptores queremos controversia, sexo, y gore. Y si, por favor, por favor, que se deje de adoctrinar que entre el aislamiento de la pandemia y toda la propaganda de Netflix nos estamos volviendo más hostiles, más canceladores, menos solidarios. Que “Gambito de Reina” nos haga ver lo importante que es tener amigos, no enclaustrarnos en nuestra propia soledad ni creernos superiores a los demás.

Y no sería yo si dejara de mencionar el espectacular vestuario de Beth que muestra la evolución/revolución de la moda de Los Sesenta, a la vez que usa los motivos del tablero de ajedrez.