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jueves, 29 de febrero de 2024

Las Princesas del Dólar: ¿Qué tienen en común The Gilded Age y Las Bucaneras?

 


A fines del Siglo XIX, el mercado de esposas británico había variado. Ya no era una cuestión de presentar a las hijas casaderas en la Corte con la esperanza de conseguir un buen partido entre los cortesanos. La aristocracia inglesa enfrentaba leyes e impuestos que menguaban sus fortunas , se veían obligados a vender propiedades y bienes,  y  sus castillos estaban en ruinas.

En su desesperación, muchos aristócratas preferían casarse con plebeyas adineradas que con nobles que estaban tan al borde de la miseria como ellos. Muchas veces, esas plebeyas venían del otro lado del Atlántico. Ese fue el nacimiento de “Las Princesas del Dólar”.



Aunque las estadunidenses que entraban en la nobleza por la vía matrimonial habían existido desde el comienzo de la república (Wikipedia trae toda una lista),  su pináculo llegó a fines del Siglo XIX. La clase de capitanes de la industria millonarios (los Robber Barons)  tenía un poder adquisitivo tan grande que hasta les compraban maridos a las hijas, ¿pero que podía ofrecerle un candidato a una chica que lo tenía todo? Pues un título nobiliario.

De como Alva y Bertha Vendieron a su Hijas

La primera “Dollar Princess” no fue estadounidense sino latina. Consuelo Yznaga era la heredera de un imperio azucarero en Cuba y coronó su fortuna convirtiéndose en Duquesa de Manchester. Consuelo era íntima amiga de Alva Vanderbilt, la inspiración tras Bertha Russell protagonista de The Gilded Age.  En honor a esa amistad, Alva le puso Consuelo a su única hija. La pobre Consuelo Vanderbilt no tendría consuelo luego que su madre la vendiera al Duque de Marlborough,  convirtiéndola en el objeto de escándalo y chismes por el resto de su vida.

Conocedor de este episodio famoso de La Edad Dorada neoyorquina, Lord Fellowes nos ha hecho conjeturar que para poder vencer a su rival Lina Astor, Bertha ha ofrecido a su hija Gladys, y a los millones Russell, para mantener y reparar el castillo del ficticio Duque de Buckingham. Parece un precio muy alto para quitarle un juguete a su rival.



Alva Vanderbilt tuvo una razón de mayor peso para especular en el mercado de esposas. Se había divorciado de su multimillonario esposo y planeaba casarse con un parvenu (y judío para colmo). Ya veía que la sociedad le cerraba sus puertas, algo impensable para un animal social como lo era La Vanderbilt.

Aprovechando la visita de Lord Marlborough,  y a sabiendas que el Castillo de Bernheim necesitaba de una manita de gato, Alva compró un yerno sin importarle la felicidad de su hija. Lo importante es que nadie le iba a cerrar las puertas a la suegra de un duque. Aunque Consuelo Vanderbilt no era la primera Dollar Princess, fue la que obtuvo el título más alto de esa competencia.

American Jennie: la Primera Dollar Princess

La primera de esta tribu urbana de la Gilded Age en obtener el título de “Lady” fue la cuñada del Duque de Marlborough.  Jeanette “Jennie” Jerome era hija de un corredor de bolsa, un hombre con afluencia económica, pero al que las grandes familias neoyorquinas consideraban un nuevo rico. Mrs. Jerome decidió que sus hijas no sufrirían humillaciones de parte del Old Money y se las llevó a Europa. Fue en plena Season, en la carrera de yates de Cowes de 1873,  cuando Jennie atraería el interés del joven Lord Randolph Churchill.



Fue amor a primera vista, pero las mercenarias familias se opusieron al romance. Los Jerome se quejaban de que el novio podría descender del gran Marlborough, pero no tenía un peso a su nombre. Los Churchill se oponían al matrimonio de Randolph con una plebeya,  y yanqui más encima. Se rumora que los tortolos tuvieron que encargar al futuro Sir Winston para que las familias diesen permiso para la boda.

Los Churchill fueron felices por un tiempo, pero hubo contratiempos, el mayor fue la sífilis que Randolph contrajo de una prostituta. La vida conyugal y familiar de la pareja fue afectada. Por suerte, Jennie se había hecho parte del círculo social del Príncipe de Gales, de quien se dice fue amante.

Tras la muerte de su esposo, contrajo matrimonio dos veces más y aun así tuvo tiempo para fomentar la carrera política de su hijo mayor. Si quieren conocer los detalles de esta fascinante Dollar Princess, pueden encontrar en Amazon, Tubi y Acorn Tv, la excelente miniserie Jennie, Lady Randolph Churchill (1977).



Una ventaja del matrimonio de Jennie fue que sus hermanas , gracias a la cercanía, a Los Marlborough, hicieron buenos matrimonios, dejando abierta la posibilidad de otras americanitas de venir a Londres a casarse. Por algo Anne de Courcy ha titulado su libro sobre las Dollar Princesses:  The Husband-Hunters.



De Courcy recoge una significativa anécdota. Cuando Leonie Jerome la hermana menor de Jennie Churchill,  llegó a Londres, se encontró, paseando por Hyde Park, a Sir Edward Gordon Cummings quien le espetó un: “¿Estás aquí de cacería?”. Aunque vulgar, la pregunta demuestra lo común que se había hecho la costumbre que ya les daba mala fama a las estadounidenses.

Las Bucaneras Abordan Londres

Edith Wharton,  descendiente del más vetusto linaje neoyorquino (su padre era primo hermano de Lina Astor),  había hecho carrera despellejando a la sociedad de la Gilded Age. En 1937, cercana a su muerte comenzó a escribir una novela sobre las Dollar Princess, la Season londinense y el mercado de esposas trasatlántico. 

En el personaje de Conchita Closson, Wharton combinó a Consuelo Yznaga con Jennie Jerome, pero Las St. George se parecen también a Los Jerome, una familia con dinero, aunque sin estirpe ni contactos que le permitan casar bien a sus hijas. Su salvación es llevarlas a Londres para casarlas con nobles británicos.



Edith Wharton falleció en 1938. Le faltaban seis capítulos para acabar con su novela. En 1993, Marian Wainwaring intentó terminarla y les puedo asegurar que le quedó infame. En este caso, la salvación la trajo la BBC que adaptó la novela inconclusa dándole un final feliz que enfureció a los críticos, pero nos encantó a los espectadores.

La serie,  como el libro gira en torno de Annabel “Nan” St. George (Carla Gugino) una ingenua adolescente,  hija de una familia adinerada de Saratoga. Los padres de Nan son gente respetable, pero como Bertha Russell,  no tienen oportunidad de acercarse a la alta sociedad. Un verano,  Mrs. St. George lleva a sus hijas Nan y Jinny (Virginia) a Newport, pero nuevamente recibe un rechazo social. La única que se le acerca es la vulgar Mrs. Ellmsworth cuya hija Lizzy (aquí no aparece Mabel) es amiga y rival de Jinny. Es Mrs. Ellmsworth quien declara en voz alta la triste realidad: “Estamos en Newport, pero es como si estuviésemos en Kalamazoo”.



La gran dama de Newport es Mrs. Padmore. Como Los St. George no pueden acercársele, contratan a la antigua institutriz de Mrs Padmore,  la inglesa Laura Testvalley (Cherie Lunghi). Aunque al comienzo Nan se resiste a tener una institutriz, pronto comienza a admirar a Miss Testvalley y se establece una relación maternofilial entre ambas.



Nan conoce a la misteriosa y audaz Conchita (Mira Sorvino), una brasileña que vive la buena vida gracias a la fortuna de su padrastro. Aunque a Mrs. St. George no le parecen muy respetables ni Conchita ni su familia, sus hijas y Lizzy Ellmsworth se hacen amigas de la brasileña.

                                  Conchita le enseña a fumar a Nan

El Coronel St. George exige a su esposa frecuentar a los Closson, puesto que tienen un gran casino en Manhattan que les permite ganar e invertir sus ganancias. Eso los hace buenos para los negocios. Mr. Closson ha traído a Newport a Lord Richard Marable, hijo segundo del Marqués de Brightlingsea.  La bella y exótica Conchita logra atraparlo.

El personaje más interesante y quien parece tener conexiones en todas partes es Laura Testvalley. Aunque su antigua patrona se rehúsa a saludar a las St. George, interroga a la institutriz sobre Lord Marabel. Parece que Laura también fue institutriz de las hermanas de “Dickie”,  pero descubrimos que fueron amantes. En realidad, conociendo el trato entre nobles y criados es posible que Richard haya abusado de ella usando su droit de seigneur.

Laura le exige a Lord Richard que haga feliz a Conchita. A cambio promete ocultar a Los Closson que “Dickie” cometió un desfalco en Inglaterra y por eso lo han exiliado de Old Friars, la mansión de Los Brightlingsea. A Miss Testvalley se le ocurre otra manera en que puede ayudarla Richard. Convence a Mrs. Padmore de invitar a Lord Marable y a su prometida a una gran fiesta . Además, vendrán Lady Honoria y Lady Sophia, hermanas de Dickie. Se trata en realidad de Jinny y Lizzy que mueren por ir a esa fiesta.


                                  Miss Testvalley engatuza a Mrs. Padmore

Mrs. Padmore descubre el subterfugio y está furiosa. Mrs. St. George gimotea. Ahora sus hijas se han cerrado las puertas de su sociedad. La astuta institutriz tiene un plan. Hacer que Las St. George sigan a Conchita ahora “Lady Richard”a Londres y las presenten allá a la sociedad inglesa. Así comienza una enredosa y entretenida historia de como las americanitas le entran a La Season.

Primero, Conchita es presentada con sus suegros. Sucede que Closson, viejo zorro que es, no le ha dado dote a sus hijastra, solo una mensualidad más una promesa de comprarle una casa en Londres. El cree que es el deber del marido mantener a la esposa. Richard suplica a su padre que le suba su mensualidad. Aunque los Brightlingsea le toman cariño a la nuera y dan alojo a los recién casados,  no les pasan ni una libra más.

En Londres, Laura conecta a sus nuevas pupilas con Jackie Marsh. Esta amiga es americana, pero se trasplantó en las Islas Británicas desde que el Marqués de Blightingsea la dejó vestida y alborotada. El Marques ni se acuerda de ella, pero su esposa parece tener cargos de conciencia y la sigue usando como asesora y consejera dándoles sus moneditas en pago.

                                      Miss  Marsh y Miss Testvalley

Lady Blightingsea tiene un grave problema. Su hijo mayor, el aburrido Lord Seadown, se rehúsa a casarse y formar una familia. Está atrapado en las faldas de la seductora Idina Hatton (Jenny Agutter de Call the Midwife). Entre Jackie, Laura y Lady Blightingsea deciden que quien lo puede salvar es Jinny St. George (y los millones del padre). Conchita invita a sus amigas a conocer a su familia. Todos (incluso Seadown) quedan deslumbrados con la rubia Jinny.

                                        Idina y Seadown

Jackie le dice a Laura que quiere crear una empresa para que las americanitas tengan un final más feliz que el suyo.  En el grupo incluye a Lizzy Ellmsworth que también ha llegado a Londres a hacer la Season. Jacky las apoda “Las Bucaneras”. Entre ella y Laura instruyen a la jovencitas en todos los aspectos de la etiqueta nobiliaria para que naveguen sin escollos la Season y puedan abordar el mercado de esposa y conseguir el mejor botín.



Jinny y Lizzy se convierten en rivales, compitiendo por el aburrido Lord Seadown. Jinny gana. Lizzy se consuela casándose con Hector Robinson, un ascendiente político, pero será Nan quien consiga el mayor premio.

La Triste Vida de una Duquesa

Conchita la ha presentado con Guy Thwaite (Greg Wise), guapo, noble, sensible, pero tan pobre que para mantener sus tierras y posición deberá casarse con una heredera. Eso no impide que surja una amistad romántica entre estas almas gemelas y algo parecido ocurra entre Laura Testvalley y Sir Helmsley  ( Michael Kitchen de Foyle’s War), padre de Guy. Aun así, Guy se marcha a Sudamérica a hacer fortuna. La desolada Nan conoce en un viaje a Cornualles al enigmático, Julius Folyat, Duque de Trevenick (James Frain) que se interesa en ella. Nan sabe que no puede despreciar al mejor partido del Reino Unido y se convierte en duquesa.

                                        Nan y Guy
                                                 Nan y Julius

Ahí comienza su martirio. Es encerrada en un castillo en la costa en compañía de su severa suegra. Julius la trata con frialdad, dilata la consumación del matrimonio y cuando lo hace,  esta se convierte en violación. La serie muestra algo solo implicado en el libro, el duque es homosexual. Nan sufre una caída que acaba con su embarazo.

                                           Los infelices Duques de Trevenick

Es una época sombría para Las Bucaneras. Nan está atrapada en un mundo de lujos y de alcurnia, pero sin amor. Jinny ha conquistado a sus suegros dando a luz a un heredero, pero su esposo sigue manteniendo amores con Idina. Lord Richard ha contraído sífilis y Conchita se consuela con amantes. Solo Lizzy, madre de gemelos, es feliz en su matrimonio.

                              Ser libre significa no ser duquesa

                       Jinny descubre que ha comprado un marido y un título   

                            Los amantes no son gran consolación

Guy retorna de Sudamérica y todo indica que se casará con una rica heredera. Sir Helmsley satisfecho planea casarse con Miss Testvalley, pero ni su hijo ni Nan pueden ya ocultar su amor. Lanzando todo por la borda, Guy rompe su compromiso y se fuga con su duquesa. Hay rumores de divorcio y escándalo.



Laura Testvalley apoya a Nan, aunque esto haga que Sir Helmsley la repudie. A pesar de que los críticos dijeron que Edith Wharton jamás le hubiese dado un final feliz a Las Bucaneras, hasta hoy soy la más satisfecha con este final. Por largo tiempo consideré que no habría otra adaptación que le hiciese justicia y tuve razón.



Una Adaptación Sin Pies ni Cabeza

El año pasado se anunció que Appletv le había encargado a Forge una adaptación de la novela inconclusa de Edith Wharton. Apple no aprendió nada de la extravagante Dickinson e insistía en el relato anacrónico creyendo emular a Bridgerton. La serie de Shonda Rhimes sufre de anacronismo musical (una enfermedad del producto Netflix), pero en lo demás es adecuada. Han declarado que retratan una historia alternativa donde siendo la Reina Carlota una mujer de color, su corte debe ser racialmente inclusiva, eso explica la cantidad de nobles negros.



Las Bucaneras 2023 se contenta en creer que siendo totalmente diversa en el elenco y equipo productor (hasta las encargadas de la musicalización son hembras) ya tiene los méritos para ser aceptada. Los actores son de origen somalí, palestino, daguestaní, hindú, noruego etc.. Tienen a la hija de Kate Winslet encarnando a una lesbiana y un actor mixto haciendo de Guy. Qué pena que este ramillete multicolor sea tan ajado, y todos sean casi tan feos como malos actores.

El libreto, según dijo un comentarista de IMDB, parece escrito por una tiktokera de 17 años y tiene a las heroínas constantemente borrachas, emitiendo gritos de ave de rapiña, dando brincos de chimpancés y lanzando pataletas que ni una nena de pecho.  Su presentación en la Corte es tan descabellada que ya parece el cotillón de Gossip Girl. Ni siquiera este esperpento de serie tiene la excusa de ser alternativa por lo que resultan muy ofensivos sus intentos de denuncia social.



Por ejemplo, nos dicen que Conchita, aquí negra, es repudiada por la racista aristocracia británica, pero aceptada socialmente en Nueva York. ¿Cómo se atreven a mentir de esa manera? ¿Que no han visto The Gilded Age? Para mayor incoherencia,  Guy y su padre, que son angloafricanos, son respetados y aceptados por esa misma elite que discrimina a la brasileña. La libretista, cuya única experiencia son los radioteatros, cae en errores argumentales solo superados por la horrorosa adaptación que Emily Mortimer hizo de The Pursuit of Love.

Al principio estuve dispuesta a seguirla,  a pesar de la música estrepitosa y del comportamiento aberrante de las “bucaneras”. Acepté los cambios como que Nan descubra que es ilegitima, algo que añadió patetismo a su natural timidez. Que el noble Guy sea un cazafortunas dispuesto a abandonar a Nan al saber que no es una heredera, me pareció interesante. Que Julius (ahora llamado Theo)  sea noble en todos los sentidos (y hetero) y que venga en socorro de Nan,  quien hasta recibe un espaldarazo de parte de la futura suegra,  me pareció super romántico.



Hasta acepté que degradasen a la magnífica Laura Testvalley a niñera cambia-pañales puesto que existía entre los espectadores una teoría de que era la verdadera madre de Nan, pero a medida que avanzaba la serie me iba defraudando y la veía atropellando todo sentido del libro. Nan parecía dispuesta a perdonar la traición de Guy, pero seguía comprometida con su duque al que trataba con desplantes y berridos que Theo perdonaba con paciencia de santo.



Asumí que Guy sería el ganador a pesar de que el cliffhanger de esta primera temporaday es que habrá segunda-fue una boda incongruente con el duque, pero lo que no soporté fue la destrucción de Laura Testvalley, una de las grandes creaciones de la pluma de Edith Wharton. No solo no es la mentora y figura materna de Nan, no solo no tiene romance con Sir Helmsley, pero además Richard la acusa de haber abusado sexualmente de él cuándo era un niño.  ¡Pero si en el libro solo hay diez años de diferencia y los amores ocurren cuando Richard tiene como 19 años! ¿En qué cabeza cabe?

The Buccaneers retrata un periodo puntual de la historia estadounidense en que el dinero lo compra todo. Para el siglo XX, las cosas habían cambiado. Las chicas de clase alta, de ambos lados del Atlántico ya no creían que su futuro estuviese ligado a un marido con título. Aun así, una millonaria como Barbara Hutton tuvo en su larga lista de esposos a dos príncipes rusos, un barón alemán y un conde danés.

Las plebeyas seguían soñando con casarse con un noble con castillo dilapidado o no. Las próximas en portar títulos, sin necesidad de comprarlos, fueron las estrellas de cine. Desde Gloria Swanson hasta Jamie Lee Curtis, existen ciudadanas de los Estados Unidos que se casaron con aristócratas europeos. Algunas han llegado más allá entrando a la realeza como Grace Kelly y Meghan Markle.



¿Les gustaría casarse con un noble y que les dijesen Lady Fulanita?

miércoles, 26 de agosto de 2020

Ángeles y Demonios en el Viejo Manhattan: Segunda Temporada de The Alienist

 

Aunque no me arrepiento de no haber acabado de ver la primera temporada de “The Alienist”, me alegro de haber visto la segunda. No necesito que me digan que esta es mejor que la anterior. Con todas sus falencias, este relato de crímenes aberrantes en la Nueva York de la Gilded Age (1873-1900) también ofrece suspenso, misterio y entretenimiento a granel.

Mas “The Knick “que Edith Wharton

La segunda temporada está basada en la secuela que Caleb Starr escribiera tras The Alienist. En la adaptación de Angel of Darkness seguimos con los mismos protagonistas y en la misma milieu de Fin de Siecle. Para todos los fanáticos de Edith Wharton cualquier historia que tenga lugar en la Vieja Nueva York es obligatoria, pero digamos que los tres capítulos iniciales están muy alejados de La Edad de la Inocencia y sus intrigas románticas.

Volvemos a acercarnos a la sordidez de “The Knick”, pero equilibrada esta vez con toques de humor y muchas viñetas que tocan a la alta sociedad. Desde un punto de vista histórico es un documento total que cubre la tensión en Estados Unidos en vísperas de la Guerra del 98.  Tenemos personajes reales como la pintora Cecilia Beaux, William Randolph Hearst (Matt Letscher), su hija… ¡ups! “ahijada” Violet Hayward (inspirada en Patricia van Cleef que muchos supusieron hija de Hearst y Marion “Rosebud” Davies) y reaparece el despreciable Thomas Byrne (Ted Levine) degradado de su puesto de comisionado y convertido en fixer de Los Cuatrocientos, el jet set neoyorquino de entonces.


El trio de protagonistas también ha evolucionado.  Sarah Howard (Dakota Fanning) ya no es secretaria de la policía. Ha abierto su propia agencia de detectives, aunque sus únicas clientes sean las Karenes de entonces que vienen a acusar al servicio de hurtarles la vajilla. John Schuyler Moore (Luke Evans) ahora es reportero del New York Times y se ha comprometido con Violet (Emily Barber) lo que lo coloca en la órbita de los periódicos Hearst.

John, Violet y Mrs. Bam Bam

Comenzamos con Lazlo Kreisler (Daniel Bruhl) en Sing Sing, pero no como preso. El alienista consuela las horas finales de Martha Napps, su última paciente. Martha, madre soltera de clase humilde, ha sido acusada de asesinar a su hijita. El que el cadáver no haya aparecido no es impedimento para que condenen a la pobre chica a muerte.


Aparentemente en el juicio ha habido un enfrentamiento entre Kreisler y el Dr. Markoe (Michael “Lord Bolton” McElhatton) director de un centro de maternidad para madres solteras de donde desapareció la pequeña Napps. Markoe está en Sin Sing, junto con otros vejetes importantes celebrando que, con Martha, debutará una nueva máquina que proporcionará una muerte” humana”: la silla eléctrica.

La "humana"silla eléctrica

Mientras el patriarcado millonario celebra la nueva tecnología y el triunfo de una justicia desigual, afuera el feminismo de entonces representado por el Movimiento Sufragista protesta la ejecución.  Lideradas por Elizabeth Caddy Stanton (Alice Kierge), otro personaje real, se aglomeran en la entrada de la cárcel. Se le agregan mujeres de todos los tipos desde Sarah hasta afroamericanas. Llega la policía y les cae a palos. ¿Adivinan a quienes les pega primero?

Sarah logra inmiscuirse al interior de la cárcel. Está esperando que llegue un perdón obtenido por su ex jefe y actual Subsecretario de la Marina, Theodore Roosevelt, pero el indulto no llega. Tal vez T-Rex esté enojado con los neoyorquinos. Tal vez vio en su bola de cristal que ciento y algo de años más tarde retirarán su estatua de la entrada de un museo que él ayudó a fundar.

Martha Napps es ejecutada, antes le suplica al Dr. Kreisler que encuentre a su bebé, viva o muerta. Martha no se equivoca, su hija estaba viva cuando achicharraron a la madre en la silla eléctrica. La niña aparece, unos días más tarde, en una de las escenas más truculentas de una serie donde el gore abunda.

La aparición tiene lugar en una gran tienda de juguetes probablemente la FAO Schwartz de la época.  Una niñita ‘privilegiada” se acerca a un estante colmado de muñecas de porcelana. Toca una que la recompensa con un vomito de sangre. Es la hija de Martha Napps y ha sido envenenada recientemente.

La situación se agrava, porque otra niña ha desaparecido. Se trata de Ana, hija del General Narciso Linares (Diego Martin), el cónsul español. La serie explorará el clima antihispano que invadía Nueva York en vísperas de esa guerra anunciada. Hearst se entera del secuestro y lo explota para sus nefarios fines. Cuando la peor banda criminal de La Gran Manzana, Los Heat Dusters eliminan a un enemigo y lo despedazan lanzándolo a la bahía, circula el rumor que se trata de “pobres cubanos” descuartizados por españoles.

Ana Linares fue robada de su cunita y en su lugar aparece una muñeca. Elizabeth C. Stanton solicita la discreta ayuda de Sarah para contactar a Kreisler, pero Sarah las convence que lo que  lo que Isabel  necesita es una mujer detective. Eventualmente Sarah recurre a Lazlo, pero solo en calidad de asesor. Todo indica que ambos casos han sido cometidos por la misma persona. Todo indica que el caso está vinculado con el hospital del siniestro Dr. Markoe.


OK, si Roose Bolton estuviera a cargo de una clínica de maternidad, obvio que el sería mi primer sospechoso. Sin embargo, aunque se trate de un médico corrupto, que se dedica a esterilizar a las amiguitas de los millonarios (sin permiso de ellas) y que evita escándalos con abortos y otras operaciones clandestinas, no es el plagiador. Kreisler y Sarah comparten la opinión de que es una mujer la que comete los crímenes, y esa clínica está llena de mujeres peligrosas entre las que hay que encontrar a la peor, a la más enajenada.

Buenos Personajes, Malos Dialogos

Dejo ahí el contenido y paso a la parte técnica. Las actuaciones siguen siendo irreprochables, aunque hay mejores que otras. Este año, el personaje de Sarah Howard destaca más lo que ha sido un acierto. Dakota hace un papel no solo fascinante, sino bastante creíble y querible. Me encanta su vestuario que es mejor que el de la adinerada Violet, un personaje artificial interpretado por una actriz que ni es muy guapa ni se ve todo lo joven que exige el rol.


Cinematográficamente, encuentro el look de “The Alenist” un poco artificial. Algo que se puede adjudicar a que la serie no es filmada en Nueva York, sino en Budapest. En la Europa Oriental ahora se graban casi todos los period pieces. Una acertada decisión debido a que todavía conservan espacios históricos. Algo que en America va desapareciendo y desaparecerá aún más.

Mi gran problema con la serie son los diálogos. Aparte de estar rellenos de lenguaje moderno y expresiones que no se usarían entre gente de determinada clase entonces, son pobres, ralos, carentes del ingenio de los de “Perry Mason” por ejemplo. Para los Edith Wharton fans, la serie es una antítesis de las novelas de esa autora y es más fácil encontrar paralelos entre esas novelas y “Gossip Girl” que con “The Alienist”

Una excepción ha sido el mejor capítulo, el compromiso de John y Violet que fue una gran combinación entre “Gossip Girl” y la visión Scorsese de “La Edad de la Inocencia”.  La escena en las que las amigas de la novia hurgan en un gigantesco pastel en busca de una sortija de brillantes me recordó que Serena van de Woodsen inventó un juego parecido para la fiesta de compromiso de Blair Waldorf y del Príncipe de Mónaco, solo que las sortijas venían en elegantes paquetitos.


Es en ese baile, interrumpido por todo tipo de inesperados sucesos, en que Sarah se convierte en un personaje de Wharton al nivel de Ellen Olenska o Lily Barth. Es la única en darse cuenta de que Violet humilla al novio y que John detesta todo lo de su futura esposa hasta su perrita “Mrs. Bam Bam”. 

En un intenso y romántico discurso, Sarah suplica a John que rompa el compromiso. Aunque dice hacerlo por él, por no amar ni ser amado por Violet como merece, es obvio para Moore y para nosotros que habla desde su corazón de mujer enamorada. Para alguien tan contenida y discreta como es la detective, este es un gesto audaz que presenta otro matiz de tan gran personaje.


Control de Diversidad

Llegado el momento del control de la diversidad consideremos como la serie examina a las mujeres. Es obvio que Sarah Howard es la gran protagonista. El personaje más logrado y como dice mi hermano, “el más competente”.  En esta temporada se nos vuelve una Diana Prince, Mujer Maravilla, reina del multitasking. Desarma una asesina en serie, pierde su virginidad, manipula nada menos que al Comodoro Vanderbilt, pero es en el rescate de una bebé que vemos su intenso (anatema para las mituteras) sentido maternal.


Sarah no está sola. Lasmujeres ocupan un buen sitial en esa Gilded Age donde el sexo mal llamado débil comenzaba a despuntar. Nos muestran pioneras reales como Elizabeth Cady Stanton y la pintora Cecilia Beaux (Carolina Mann) y otras ficticias, pero creativas, como la fotógrafa que retrata bebés muertos y la psiquiatra Karen Stratton (Lara Pulver), nuevo interés romántico de Lazlo.

Cecilia Beaux, su alumna española y El Alienista

En un relato donde los roles de villano y asesino serial son otorgados a una mujer, es difícil hablar de víctima en relación a ella. La secuestradora, a la par de estar loca como cabra, es muy astuta, muy decidida, muy independiente. Por otro lado, si existe en su pasado, en su trabajo en esa clínica/Gabinete del Dr. Caligari, y las mujeres con las que se codea, un resabio de victimización por parte del patriarcado. Lo que nos lleva al siguiente grupo

Los Ricos También Joden

Yo no sé lo que les enseñarán a los chicos de USA en la clase de historia hoy, pero en mi escuela judía me hablaron hasta la náusea de The Gilded Age, hasta la náusea de los Robber Barons y de las cosas buenas que hicieron y de las malas también. Por eso, yo estaba preparada para fuertes denuncias sociales y un retrato poco favorecedor de los millonarios. Aun así, el Comodoro Vanderbilt se ve como un abuelo preocupado por el secuestro del nieto y lo suficientemente sagaz para reconocer los méritos detectivescos de Miss Howard.


Que pongan a Hearst como villano no me sorprende, fue el fundador del universo mediático que provoca o magnifica las tragedias del mundo moderno. Tanto así que su estrategia para doblegar a Sarahun impedimento para la felicidad de su hija es totalmente moderna.  “Cancela” a la detective con retratos negativos y calumniosos en su prensa. Pero Hearst no es totalmente malo. Lo vemos como padre consentidor de su hija ilegítima, y eso lo separa de los peores villanos del cuento.

William Randolph Hearts

La única vez que Violet me ha caído bien es cuando ha hablado francamente con su padre sobre su condición de paria social, sobre la situación irregular de su madre y la de ella misma. Cuando en otro emotivo momento le dice al novio que quiere casarse porque al fin, como Mrs. John Schuyler Moore, tendrá un nombre legítimo, revela que está harta de entrar a un salón provocando cuchicheos sobre su origen. Estas escenas muy bien describen la gran tragedia de la historia y a sus víctimas y verdugos.

Un tema recurrente esta temporada es la vileza e hipocresía de esos grandes capitanes de la industria que se reúnen a celebrar la ejecución de una mujer que sufre doble castigo por el supuesto asesinato de su hija y por su condición de madre soltera. Estos mismos hombres seducen a obreritas y otras marginales como Martha Napps y las abandonan cuando ellas más los necesitan.

El siniestro Dr. Markoe es cómplice tanto en la desaparición de las molestas criaturas como en el impedir que las madres vuelvan a interrumpir su labor de objetos sexuales con inesperados embarazos. Sin ser cínica, pero hemos evolucionado un poco. Hoy los millonarios convierten a sus amantes en esposas trofeo y hasta en Primeras Damas.

Sin embargo, la serie muestra una familia feliz en esa alta sociedad neoyorquina. Me refiero a la armonía que existe en el Matrimonio Linares y el amor y respeto que permiten a Isabel Linares (Bruna Cusi) seguir pintando aun siendo esposa y madre. Otra ironía es mostrar la ausencia de amor en las relaciones de los ricos, los amoríos ilícitos y el compromiso de John y Violet, y contrastarlos con el disfuncional romance entre la asesina y un gánster que parece estar sinceramente enamorado de ella.

Afroamericanos en la Vieja Nueva York

Ya mencioné la agresividad de la policía en contra de los manifestantes de color, no es la única evidencia de racismo en la serie. Volvemos a ver a Cyrus Montrose (Robert Wisdom) que sigue regentando su bar de Hell’s Kitchen donde su musculatura y gravitas lo hace ser respetado aun por los bestiales Heat Dusters. Lo mismo no puede decirse de su sobrina. Tras perder su empleo en un periódico de Filadelfia, Joanna (Britanny Marie Batchelder) ha vuelto a Manhattan a ayudar a su tío en el bar.


John le consigue un empleo en su periódico, pero ni el muy liberal New York Times puede ostentar públicamente a una periodista negra. Para cubrir el compromiso de Violet, Joanna debe asistir al baile más disfrazada y enmascarada que enfermera en pandemia. Aún peor, cuando va en busca de John, el mayordomo se refiere a ella como “una persona” sin atreverse a especificar el género ni la raza de tal “persona”.

Las críticas, como era de esperarse, siguen girando en torno al trio principal que sigue estando invariablemente conformado por blancos privilegiados. ¿Que querían? ¿Que los reemplazaran actores de olor o que Dakota, Luke y Danielito hicieran un full blackface? El tema de la diversidad no está tan bien representado como en “Perry Mason” o en “City of Angels (ups, pero ahí nunca vimos afroamericanos).

Diplomáticos Inmigrantes

Aunque espérense… ¡Algún ingenuo por ahí se ha referido a Los Linares como una” familia de inmigrantes latinos”!  Y en Indiewire se refieren a Isabel  Linares como “una inmigrante recién llegada”. Oy veh zmir!


Ya sé que la Cultura de la Ignorancia está de moda en este año pandémico, pero permítanme iluminarlos. España no queda al lado de Belice, ni es una isla caribeña, es un país europeo. Y no creo que una familia de diplomáticos califique como pobrecitos inmigrantes. La razón por la cual Isabel Linares es atropellada e injuriada es porque USA está a punto de irse a la guerra con España, no por ser ella miembro de una casta despreciada por su color de piel.

En general, “Angel of Darkness” me ha encantado. Principalmente por Dakota Fanning y su capacidad de crear una mujer encorsetada por sus valores puritanos e idealistas que aun así desecha el corsé cuando deja que su humanidad la supere.   


Aunque me imagino que TNT la ha pasado en America Latina, me dicen que Netflix ofrecerá también “The Alienist” para el mundo hispanoparlante. En USA pueden encontrarla en Hulu. Se las recomiendo.

ALERTA: La Reina Estelwen me hizo notar que muchas de estas series tienen contenido que afecta a personas de alta sensibilidad. Aunque el texto puede ser fuerte, he evitado fotografías perturbadoras u ofensivas. Sin embargo, con tristeza porque es una gran serie, no se las recomiendo si las afectan escenas de violencia gráfica, aun mas ya que en la serie se manifiestan en contra de criaturas de pecho.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Gossip Girl (2007-2012): Televisión del Ayer



He descubierto que en momentos de crisis que yo no puedo solucionar (muerte de mi padre, perdida de mi biblioteca, revolución en Chile) lo único que me ayuda es una serie que me transporte a otra realidad, a un mundo exótico, pero donde yo no sea mero testigo, sino que pueda interactuar con los personajes, aunque sea en un fanfiction mental. Sorprendentemente, mi salud mental fue rescatada este otoño por algo que no era de época, pero por haber acabado hace siete años ya es considerada “televisión del ayer”: me refiero a “Gossip Girl” ("Reina Cotilla"en España, "Chica Indiscreta"en America Latina)

En su día, yo vi un par de episodios y para ser una serie de adolescentes me sorprendieron dos cosas:  la fantástica moda poco común en una etapa donde las chicas viven en jeans, leggins, camisetas y zapatillas de tenis; y las múltiples alusiones a cine retro y literatura clásica.

Hoy “Gossip Girl” vuelve a sorprenderme, pero viendo la serie descubro que no es casualidad. Se trata de un proyecto que tiene una sólida inspiración literaria, un respeto a una Nueva York inmortal, al set que la construyó y, en general, un respeto por el pasado que se manifiesta desde el énfasis de las heroínas de usar más faldas que pantalones, hasta ese concepto románticoen el que ambas creen de que a pesar de cuantas camas recorran, en la vida solo hay un amor único y verdadero.

Pionera de la Era de Streaming
A pesar de que estuvo rodeada de crítica, y sus ratings (medidos de manera tradicional) sufrieron de altibajos, “Gossip Girl” gozó de un fandom sólido y duró seis temporadas. Además “Gossip Girl” fue pionera del streaming cuando se descubrió que sus seguidores no eran de la generación que ve tele. La bajaban en sus i-phones por lo tanto estaban fuera de los radares de la sintonía.

Para quienes no hayan sido fans del show, esta es la historia de dos pobres niñas ricas que compiten por todo (incluso hombres), pero que no pueden evitar ser amigas. La acción tiene lugar en el Alto Manhattan (mejor conocido como Upper East Side) donde obviamente vive la alta sociedad de la cual Serena van der Woodsen y Blair Waldorf son orgullosas integrantes.

“Gossip Girl” está basada en la serie de novelitas para adolescentes escrita por Cecily von Ziegesar.  La autora decidió, a principios de siglo, escribir una serie de novelas juveniles inspiradas en sus años escolares en la prestigiosa escuela Nightingale-Bramford. Así creó este mundo de chicos que estudian em St. Jude (para varones) y Constance Gilliard (para nenas) Pero rara vez vemos a los estudiantes en clase, puesto que se sienten más cómodos en el Caribe, esquiando en Sun Valley o en alguna exclusiva fiesta de Blair Waldorf, la Queen Bitch, de Constance Gilliard.

Los problemas de Blair, que es novia del codiciado Nathaniel “Nate” Archibald, comienzan cuando regresa a su vida, Serena la chica mala del grupo que ya se dio su revolcón con Nate quien no puede olvidarla. A través de varias novelas vemos a Blair perder su virginidad, enamorarse de otros, pero nunca perder a Nate del todo, aunque este junior drogadicto y pérfido la engañará cien veces. Serena también salta de cama en cama como un cangurito hasta que aterriza en Hollywood. Todo muy documentado por la bloguera anónima del website Gossip Girl que, tal como una Louella Parsons tecnológica, siempre está informando a sus lectores de los chismes del momento.

Aunque los adultos criticaban estas novelitas llenas de sexo, drogas y otros pecadillos (Naomi Wolf las describió como “corrupción empaquetada”), los jóvenes las devoraban y se esperaba con ansias una versión fílmica, pero Lindsay Lohan nunca llegó a meterse en la piel de Serena. Me parece bien puesto que hubiese sido una copia de su “Mean Girls” y Blair y sus seguidoras (conocidas como Minions o “Mean Girls”) hubiesen sido una parodia de Rachel McAdams y su sequito de acolitas en ese filme de la Lohan.

Al final fue Warner quien compró los derechos y se encontró ante un dilema. Querían tener una serie que fuera lo que “Beverly Hills 90210” había sido para los adolescentes de los 90, y “The O.C.”  para los de comienzo de siglo, pero también deseaban algo diferente, algo que atrajese a otro público también.

Lo consiguieron primero bajándole a algunos temas constantes en las novelas: el sexo promiscuo; el mal uso de drogas; el padre de Nate es el drogadicto ahora no su hijo. Aquí nadie explora sexo alternativo, aunque hay muchos romances curiosos (Blair se casa con un Príncipe de Mónaco y Serena casi llega al altar con ese tabú del romance moderno, “el hombre mayor”).  Se elevaron ciertos secundarios a roles protagónicos como fueron los casos de Chuck y Dan; y los padres, sobre todo las madres, adquirieron vidas propias propiciando una de las mejores citas de “Gossip Girl”: “llega un momento en la vida de toda chica en que descubre que su madre está peor que ella”.

A pesar de que los fans de los libros chillaban ante el destrozo de sus novelitas, “Gossip Girl” se convertía en el primer hit de la Era del Streaming, nos atrapaba a mujeres de todas las edades y durante la huelga de guionistas del 2007, cuando Warner se dedicó a repetir y repetir la primera temporada, la serie se convirtió en una nueva fórmula de éxito.

La serie es más adulta que las novelas, sus personajes son más profundos y están más interesados en sus estudios. A diferencia de las novelas que se ocupan más de la secundaria, para la tercera temporada, el Brat Pack del Alto Manhattan ya está en la universidad. Un cambio que permite nuevas oportunidades para que ingrese una diversidad de personajes y de desafíos para Serena, Blair y sus amigos y enemigos.

 Con “Gossip Girl” no solo fuimos a prestigiosas y vetustas universidades, también nos fuimos de compras a París, de vacaciones a Mónaco y hasta a Hollywood. No voy a contar spoilers solo les digo que el último episodio nos tuvo a Blair y a Serena casadas, y (por suerte) Nate no fue marido de ninguna porque el pobre tenía menos sex-appeal que un bolsillo roto.

Serena van der Woodsen: Entre Hester Prynne y Madame Olenska
Voy si a describir el primer episodio que me dejó boquiabierta. Nos solo por espectacular, pero es que además sigue todas las reglas literarias de cómo debe ser un primer episodio en un libro o serie. En lenguaje televisivo chileno “tiraron toda la carne a la parrilla”.  Comenzamos con una fiesta en la que está presente todo el haute monde del Upper East Side, incluyendo al Brat Pack y a sus padres.

Vemos por primera vez a Blair (Leighton Meester), linda, bien vestida, segura de sí misma, pero en un pasillo se tropieza con Eleanor Waldorf (Margaret Colin), diseñadora estrella y madre de nuestra protagonista. Al notar que su hija luce uno de sus diseños, Eleanor sutilmente le explica que no tiene cuerpo para ese vestido…Y Blair se derrite como helado, es un milagro que no ruede por el suelo o que huya cambiarse. Uff sabré yo de eso, sin ser despampanante yo también me he sentido guapa y bien vestida solo para que una pullita de mi madre bastase para robarme toda la confianza.

Blair tiene motivos para estar preocupada. Hasta ahora se ha conservado virgen, pero ha decidido que si Nate (Chase Crawford) va a ser su marido y padre de sus hijos también debe ser quien la desflore. Esta es la noche indicada. Solo que un poco antes de la fiesta, la misteriosa bloguera Gossip Girl ha alertado a Blair y sus Minions que acaba de ver bajar de un tren en Grand Central Station, a Serena (Blake Lively), maletas y todo.

Serena es la zorra-en-residencia del Brat Pack y mejor amiga de Blair, pero hace seis meses desapareció en misteriosas circunstancias. Blair no le ha perdonado abandonarla cuando más la necesitaba (el padre de Blair abandonó a Eleanor y salió del closet huyendo con un modelo más joven que el).

La versión oficial es que Serena se ha ido a un internado, pero apenas se aparece en la fiesta en busca de su madre, Lily van der Woodsen (Kelly Rutherford), todas las lenguas de los presenten se unen en un gran coro de conjeturas. Unos presumen que tuvo un bebé, otros que estuvo en algún programa de rehabilitación, otros que se fue tras un hombre. De pronto Serena pasa a ser Hester Prynne con una enorme Letra Escarlata en su blusa a rayas.


El único que no conjetura es Nate a quien solo le basta ver a Serena para que Blair pase a segundo, que digo, tercer plano. Este es un comienzo de una historia que no se parecerá a las novelitas, pero que, aunque telenovelera está cargada de misterio y suspenso. ¿Por qué se fue Serena? ¿Por qué regresó? Tenemos el triángulo perfecto, las amigas y rivales que se aman y se odian y una serie de secretos que irán desenredándose a lo largo de la temporada.

En el libro no era así, Serena estaba en un internado del cual la expulsaban por malviviente y volvía sin grandes misterios. Aquí es diferente. En el mismo episodio descubrimos que Serena regresó porque su hermanito Eric (Conor Paolo), de catorce años, intentó suicidarse y lo tienen internado en una clínica psiquiátrica. Esto le da una nueva dimensión al personaje de Serena quien es más sensible e intuitiva que en el libro.

Entretanto, Lily ha cerrado su casa en Sutton Place y se ha trasladado a una suite en el majestuoso New York Palace. Este hotel existe solo que en la serie lo hacen propiedad de Bart Bass (John Robert Burke), padre del insufrible Chuck Bass (Ed Westwick), el Bad Boy del Brat Pack. A la mañana siguiente, Serena, tras un agotador intento de reconciliación con Blair (sobre Martinis y estas nenas solo tienen 16 años), descubre que Chuck es dueño del hotel.
El New York Palace

Chuck la invita a comerse un sándwich de queso fundido en la cocina de su hotel y como pago se le encarama encima. Serena lo neutraliza con un rodillazo y le explica que ha cambiado. “Me gustabas más antes” gruñe Chuck. Esta escena es importante porque Serena declara públicamente su propósito de enmienda, algo que la distancia de la Serena de los libros. También Serena descubre que el Alto Manhattan ya no es su mundo, que ni sus amigos ni su madre la quieren cerca. Se ha vuelto Madame Olenska.

Chuck jura venganza y él le sabe algo a Serena. Esto es lo fantástico de esta serie. Los personajes son como los de “La muerte de Stalin”, todos conocen un secreto ajeno que les permite chantajear al de al lado. El secreto de Chuck es que vio hace seis meses a Serena y a Nate revolcándose en el exclusivo Campbell Apartment.

Cuando Nate le confiesa la verdad a Blair en el segundo episodio, el secreto deja de serlo, y Blair también jura venganza. El que Nate acose a Serena con sus plañideros requiebros tampoco ayuda. Lo bueno es que la rubia ya entregó su corazón a otro. Un acierto de la serie fue tomar un personaje aburrido Dan Humphrey (Penn Badgley), el fumador empedernido con dudas sobre su orientación sexual, y convertirlo en hetero, no fumador,  y  el héroe de facto.

El problema de Dan, y que dilatará su felicidad hasta el capítulo final de la serie, es que es tan moralista y estrecho de mente como Newland Archer lo que le acarreará problemas con su familia y con Serena.
Blair como May y Dan como Newland Archer 

Edith Wharton, Metropolitan y Cruel Intentions
No es coincidencia que se encuentren paralelos entre “Gossip Girl” y la obra de Edith Wharton. Ambas tratan sobre esa aristocracia neoyorquina con reglas centenarias, amores clandestinos, e intrigas que pueden arruinar vidas,  por algo The New York Sun tituló su reseña de la serie The Gilded Age is Back

Brendan Bernhard nota algo que yo me había perdido, que el comienzo de la serie es casi un plagio del inicio de The House of Mirth, lo que hace que Serena se convierta en Lily Bart, otra víctima de las habladurías de la alta sociedad. Solo que Serena vive en otra época, tiene otras opciones y sobrevive a la mala reputación que le enrostran.

“Gossip Girl “se aleja del esquema de series juveniles gracias a este retrato del mundo exclusivo de Manhattan, un mundo con raíces en doscientos años de presencia en la isla. Estos no son los millonarios de Long Island que aparecen en “Sabrina” o “Revenge” que van a la Gran Manzana de compras o a cenar.

Aquí los Archibald son dueños de una impresionante Brownstone, una de esas casonas de tres pisos que casi no quedan. Lily y sus hijos viven en un exclusivo hotel donde Chuck también (como codueño) conserva una suite que es su garçonniere permanente. Y las Waldorf viven en un lujoso pent-house. Todo en el Lado Este del Alto Manhattan. Solo los Humphrey habitan un humilde y estrecho departamento en Brooklyn.
La Mansión Archibald

A pesar de sus vacaciones en los Hampton, Anguilla o Santorini, los protagonistas de “Gossip Girl” están anclados en ese espacio geográfico que una vez se llamase Nueva Ámsterdam y que explica la abundancia de apellidos holandeses como van der Lint, van der Woodsen y por supuesto el anillo del Comodoro Vanderbilt que se convierte en la argolla de compromiso de Blair. A pesar de su juventud, Blair, Serena, sus hombres, sus padres y amigos, son esclavos de un volumen de tradiciones que deben ser conservadas desde la escuela a la que asisten hasta la famosa presentación de debutantes.

Las vidas de los personajes están reguladas por un calendario social de eventos de caridad, bailes de máscaras hasta una piyamada tradicional de Blair que incluye Martinis, sabanas de satén y unos juegos un poco peligrosos. 


Es ese marco del Ancien Regime neoyorquino y sus tradiciones hereditarias, lo que emparienta a “Gossip Girl” con esa gema de Whit Stillman llamada “Metropolitan”.

A pesar de que Stillman siempre ha ligado su obra con la de Jane Austen, ha incorporado sus recuerdos juveniles del Nueva York a una fábula romántica donde también un afuerino (del West Side nada menos) Tom Townsend persigue el amor de otra Serena un poco más distante que el personaje de Blake Lively durante esa semana entre diciembre y enero en que la alta sociedad neoyorquina llama “The Season”,  y que siempre ha sido la oportunidad para las colegialas de ser presentadas en sociedad. En “Gossip Girl”, por alguna razón, el cotillón es celebrado no para presentar a chicas recién egresadas de la secundaria sino juniors (alumnas de tercer año de high school). 
Serena y Blair a punto de ser presentadas en sociedad

Además de hacerlo con Edith Wharton y Whit Stillman, “Gossip Girl” mantiene paralelos con esa fascinante adaptación de Les Liaisons Dangereuses llamada “Cruel Intentions” El filme que convirtió a Ryan y a Reese en la pareja It de Hollywood hasta que Brangelina los derrocó,  comparte con la serie de Warner Channel ese ambiente  del jet set del Alto Manhattan, pero también de dinero antiguo, de apellidos importantes y de escuelas privadas para los que en mi época se conocían como “preppies”.

Sin embargo, ni Serena es Annette, ni Blair es Catherine Merteuil.  Ni siquiera la relación dominante de Catherine y Cecile se ve reflejada en la de Blair y Jenny Humphrey (Taylor Momsen). Tal vez porque Blair es más vulnerable y humana que Catherine y Jenny menos pasiva y más lista que Cecil. Pero el ambiente es el mismo con sus cliques, sus normas y esa combinación de vieja guardia con nouveau riche.

Amor a la Antigua
Manhattan se convierte en una sala de juegos para estos niños que practican deportes de adultos.  Por eso el panorama es muy importante. Hay una escena que se quiso filmar en California, pero, por suerte, se terminó filmando en Central Park en la cual Blair encuentra a Serena leyendo bajo un arco  en Bethesda Terrace y bajo lluvia torrencial. La combinación de ese clima neoyorquino (aquí llueve todo el año), de la arquitectura decimononica, de chicas cómodas en ese ambiente tan conocido y a la vez tan pretérito, es lo que encierra toda la magia de “Gossip Girl” y explica por qué estoy colgada de una serie tan millenial.

“Gossip Girl” comparte esas características con “Crazy Rich Asians”. Ambas presentan una combinación del brutal consumismo moderno con códigos característicos que han mantenido a flote a grandes familias. En “Gossip Girl” cuando arrestan al padre de Nate es una tragedia doble, porque eso no le sucede a un Archibald. Cuando Nate va a pedirle matrimonio a Blair lo hace con un anillo de familia. Lily van der Woodsen podrá ser una Valley Girl millonaria, pero no sería aceptada si no se hubiese casado con un miembro de una familia de la alta sociedad neoyorquina o si su madre no fuera CeCe Rhodes, exalumna y parte del comité de Constance Gilliard.
Serena,  su abuela y su madre

Otra característica que asocia a “Gossip Girl” con la literatura victoriana es el modo en que se vive el romance. Las series juveniles nos han acostumbrado a este espectáculo de chicos que exploran su sexualidad en un mar de intercambios de pareja, y coito express. No así en “Gossip Girl”. Serena tendrá un nuevo romance en cada temporada, pero está claro que siempre es porque su verdadero amor la ha defraudado. Todas esas relaciones solo sirven para reafirmar su devoción al que será su marido.

Blair alternará su cansino compromiso con Nate con un romance con un noble inglés, una noche de deliberada y oportunista pasión con Jack, tío de Chuck, y ni hablar de esa etapa surrealista donde cree estar enamorada de Dan. Lo cierto es que todos esos idilios nacen de su terquedad. Hasta se casa con el Príncipe Luis Grimaldi en un esfuerzo por negar que ama a su primer amante que se convertirá en su segundo marido.




Blair en un De La Renta victoriano y tiara, lista para besar a Dan



Parte de la importancia de este tropo de amor único y verdadero se consigue gracias a que el sexo no es ni gráfico ni abundante. Ni Blair ni Serena son feministas ni exploradoras sexuales y la serie nos lo muestra evitando en los primeros episodios toda escena de sexo (aparte de Chuck quien siempre tiene a un par de prójimas anónimas en la cama, pero eso es para enfatizar su libertinaje). A partir del capítulo séptimo la cosa cambia. Pero la simultanea perdidas de virginidad de Dan y Blair (no juntos obviamente) son vistas como sucesos trascendentales que cambian a todos los involucrados.

Hay escenas cómicas como la de Blair que, tras perder su inocencia con el hombre equivocado, corre a San Patricio donde solo en el medio de su confesión recuerda que no es católica. O conmovedoras como Serena que antes de hacer el amor dice que es su primera vez…Dan se sorprende. ¿Acaso es virgen? La tristeza de Serena al decir “ojalá lo fuera” para explicar que es la primera vez que ve ternura en los ojos de un compañero de cama me arrancó un lagrimón.

Chicos Ricos, Chicos Malos, Chicos Feos
Mi único problema es que, aunque me es fácil identificarme con las chicas, me cuesta ver el atractivo de los varones. Se entiende, son niños, pero es que ni siquiera son muy guapos como lo era Ryan Philippe en Cruel Intentions” o los chicos de “Metropolitan”. Creo que tiene que ver con looks, cortes de pelo y vestuario. Nate que es el más presentable, parece una prenda recién extraída de la lavadora, muy limpia pero blanda, húmeda y sin ningún atractivo. Chace Crawford parece armado con partes de Chris Pine,  Rob Lowe y Blanca Suarez.

Penn Badgley quien da vida a Dan Humphrey parecía un monito con esas patillas. Por suerte en un par de temporadas le variaron el peinado hasta convertirlo en un cruce entre Mark Ruffalo y Sal Mineo. Pero el pobre Ed Westwick no tenía remedio, ni un cambio de peinado evitó ese look que los productores tildaron de “asesino serial”.
Dan al comienzo


Además, que para ocultar su acento británico se puso a imitar al Carlton de “The Fresh Prince of Bel Air” y más sonaba como Paul Muni haciendo de chino en “La Buena Tierra”. Ni hablar de sus ojos de varano malayo o su nariz de tapir o ese vestuario extraído del closet del Guasón. Una lástima porque Chuck es el mejor personaje de la serie.
ni un cambio de peinado mejoró el aspecto de Chuck ... ¡y ese vestuario!

Pero es que ni los hombres mayores daban la talla. Matthew Settle, quien da vida al compresivo Rufus Humphrey, padre de Dan, se vio guapísimo como el Capitán Spiers en “Band of Brothers” y Warren Beatty en “The Mystery of Natalie Wood”, pero aquí parece lo que es su personaje, un ex roquero trasnochado.

 Al final el mejor parecido es el mayor villano, Bart Bass. John Robert Burke imprime a Bart esa aura de seguridad, flexibilidad física y masculinidad que yo asocio con un hombre guapo.

Hablando del vestuario, se podría escribir todo un ensayo (y odas) sobre esa ropa maravillosa que visten los protagonistas y que eclipsa las estridentes creaciones de Carrie Bradshaw y sus secuaces en “Sex and the City”. Aunque Blair y Serena han lucido ropa de grandes diseñadores, hay que elogiar a Eric Daman el creador de la mayoría de los looks que usan las chicas. 
Serena en Ralph Lauren

Blair en Stella McCartney

Blair y Serena en Oscar de La Renta

Unos looks a veces extravagantes otras muy chic que enfatizan las faldas sobre los pantalones.  Algo que también tiene en común con “Crazy Rich Asians”.En toda la primera temporada solo hemos visto a Blair en pantalones dos veces, y esto es significativo en un personaje que mínimo se cambia tres veces de tenida por episodio.
Looks creados por Eric Daman para Blair

Blair con looks Retro
Los vestidos de "Crazy Rich Asians"
Aun en pantalones se ven vintage

 Serena es mas de andar de sport y con jeans, pero también privilegia los vestidos, minivestidos, micro minifaldas…etc. Lo interesante es que arriba de esos dobladillos hay combinaciones extraordinarias, elegantes y clásicas que nos llevan a otras décadas.
Serena con diferentes largos de falda

Pero lo que más nos acerca al pasado es el modo en que se enfocan relaciones que han producido conflicto desde la prehistoria: padres e hijos, amigos y amantes. ¿Se pueden perdonar los pecados de los padres?  ¿Están los hijos predestinados a cometer los mismos errores que sus progenitores?  ¿Se puede tener amistad con quien en cualquier momento se puede convertir en tu peor rival?  Y la pregunta del millón: ¿existe un amor único y verdadero?

Ciertamente a Blair le costó encontrarlo y se pasó seis temporadas intentando huir de ese amor confuso y a veces, vergonzoso. Lo mismo ocurre con Serena, pero al final la serie terminacomo las viejas telenovelas con una protagonista vestida de novia y la otra (ahora matrona, madre y profesional) organizando la boda.

Bloggin el Arma Moderna de la Vieja Chismografía
Por supuesto que oiremos a los escépticos decir que, aunque aparentemente la trama sea universal y eterna, la presencia de tecnologías de punta y redes sociales específicamente la sitúa en este siglo. Algo de verdad hay en esa aseveración. Cuando Cecily von Ziegesar publicó su primera novela, los blogs estaban en pañales (se les llamaba diarios en línea) y nadie predecía el impacto que las redes sociales iban a alcanzar puesto que la mayoría no existían.

Para cuando “Gossip Girl” debuta en el otoño del 2007, Internet está viviendo la Era de Oro del blogging. Existen ya Facebook y YouTube, y Twitter acaba de cumplir un año, lo que hace posible esa visión surrealista de como todos los personajes, aun en diferentes puntos del planeta, se enteran del ultimo chisme gracias a un tweet de la mágica bloguera.
El Blog de Gossip Girl

Sin embargo, reafirmo mi tesis de que “Gossip Girl” puede haber existido en otras décadas del siglo XX, aun las sin acceso a celulares o que preceden al invento de la World Wide Web. Una imagen del cine del viejo Hollywood es esa de periodistas que corren a la cabina telefónica más cercana para alimentar espacios de periódicos donde columnistas de farándula y cronistas de sociedad se esmeran en perfeccionar el arte de la chismografía.

Películas como “The Aviator” y series como “Feud” nos mostraron el poder de columnistas y chismógrafos como Walter Winchell, Hedda Hopper y Louella Parsons que manejaban las vidas de los ricos y famosos y que podían destruir a una persona con una sola columna o un mero programa radial. Y aunque más lentos que una cámara en celular personal, los paparazis han existido para documentar los pecadillos de los ricos y famosos desde los Locos 20. ¿Se acuerdan, los fans de “The Crown” de cómo se supo por una fotografía, que la Princesa Margarita y Peter Townsend eran más que amigos?

Cuando yo era jovencita había programas de radio dirigidos a la audiencia juvenil (“Lolos” se les llama en Chile) donde uno podía llamar y contar un chisme o “copucha” que luego el radio animador daba a conocer. Así una amiga mía se enteró que el novio la engañaba.  Suena como algo que haría la Gossip Girl ¿No?

“Gossip Girl” tuvo una gran influencia sobre otros shows dirigidos al público joven como “The Carrie Diaries” o “Pretty Little Liars”. Incluso vemos su ascendiente en “The Chilling Adventure of Sabrina” en la relación de la brujita con The Weird Sisters y Nick Scratch. Pero ninguna ha tenido esa combinación del pasado literario con el consumismo/materialismo del siglo XXI. Este año se ha hablado de rehacer esta serie, noticia que no me alegra. No creo que puedan conseguir lo que fue “Gossip Girl”. No está en el zeitgeist.