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jueves, 3 de abril de 2025

Lo Mejor del Rey de las Miniseries: Richard Chamberlain (1934-2025)

 


Puede que llegue un momento un poco tarde para expresar duelo, pero yo sé que deben haber leído u oído de la muerte del Dr. Kildare, del primer Anjin-San y del primer Jason Bourne. La muerte de Dick Chamberlain me agarró vulnerable. Estoy saliendo de una gripe que acrecienta mis problemas respiratorios y por eso no quería intentar escribir algo que expresase mal mi devoción por el hombre y el actor.

No voy a caer en la redundancia de narrar su biografía.  Quiero hacer algo diferente a un obituario común. Quiero resucitar a este gran actor dándoles no solo una breve reseña de lo que a mi parecer fueron sus mejores obras, pero también listar plataformas de streaming donde puedan encontrarlas.

Fue la Gatita Norah quien me dio la idea anunciando en su muro que se rumoraba que Netflix compraría The Thorn Birds, ahí me di cuenta de lo importante que es que las plataformas ofrezcan filmes y miniseries de histriones icónicos en los días que sigan a los fallecimientos de estos. Es lo que Tubi hizo con muchos filmes celebres de Alain Delon, el año pasado.



Mientras se ponen las pilas e integran la obra “ chamberliana” a sus bibliotecas, revisemos donde se pueden ver las mejores actuaciones de Richard Chamberlain y donde si es posibleverlas.

Como ya sabrán George Richard Chamberlain nació en 1934, en California. Se graduó con títulos en pintura e historia del arte de Pomona College. Sirvió, con el grado de sargento, en el ejército estadounidense. Ya de regreso de su servicio en ultramar, Dick decidió probar suerte en el mundo de la actuación.

En 1961 haría historia cuando fue llamado a protagonizar la serie de televisión Dr. Kildare. Aunque el personaje creado por Max Brand había aparecido en radioteatros y seriales de matiné, fue Richard Chamberlain quien le dio un rostro definitivo y tan atractivo que convertiría ese drama medico en un mega éxito . Por cinco temporadas, el Dr. Kildare robó corazones alrededor del mundo convirtiéndose el joven actor en un sex symbol y ganándose un Globo de Oro. Lo mas extraordinario es que esta serie no está en ninguna plataforma de nostalgia ni canales Retro.



El final de la serie, en 1966, llevó a Dick a buscar(con poco éxito) otro camino a su carrera actoral en Broadway y en el cine. En 1997, interpretó al odioso marido de Julie Christie en Petulia.  Si quieren ver una de las pocas ocasiones en que Richard Chamberlain hizo de villano, este filme  puede rentarse en Amazon Prime.



En 1968 tuvo un rol contundente junto a Katherine Hepburn en La loca de Chaillot que yo vi en una clase de drama en la universidad. Esta, mi película favorita de Kate (junto con Holiday), puede rentarse en Amazon Prime.



En 1971 tuvo su primer protagónico en The Music Lovers de Ken Russell. Entre Dick, Russell y Dame Glenda Jackson arrastraron a Pyotr Ilich Tchaikovski fuera del closet (diecisiete años antes que Nous Deux hiciese lo mismo con Richard Chamberlain). Aunque la escuché adaptada para radioteatro, no pude verla en el cine porque le dieron con rating para mayores de 18 años. Hoy puede encontrársela en MGM+



Tchaikovski fue el inicio de una larga cadena  de personajes de la vida real que Richard interpretaría. En 1972 encarnó al “poeta maldito” Lord Byron en Lady Caroline Lamb.



En 1973 Richard Chamberlain comenzaba su romance con la obra de Alexandre Dumas. Aunque Sir Michael York era el protagonista, Dick fue un Aramis convincente y divertido en la mejor adaptación de Los Tres Mosqueteros que he visto. A mitad del filme, Tony Lester, el director se dio cuenta que le había quedado un poco largo. En vez de editarlo lo dividió en dos historias y El Cuarto Mosquetero llegó a los cines en 1974. Estoy sorprendida de que esta franquicia (hay un tercer filme de 1989) no esté en ninguna plataforma.



Aunque Los Tres Mosqueteros tuvo buena acogida de la taquilla, el sitial de Richard Chamberlain estaba en la pantalla chica. Todavía no comenzaba la era de las miniseries. Lo que estaba de moda eran los telefilmes.

Ese mismo año, el actor daría vida al Rey Eduardo VII en The Woman I Loved que yo vi en TVN en 1974. Faye Dunaway encarnaba a la futura Duquesa de Windsor. Está en inglés, en segmentos de un cuarto de hora cada uno en YouTube. Si tienen paciencia…



En 1974, Dick sería el autor de El Gran Gatsby en Scott Fitzgerald and the Last of the Belles. Blythe Danner (madre de Gwyneth Paltrow) era Zelda. Coincidió con un renacimiento de Scott Fitzgerald, siendo el año en que Robert Redford y Mia Farrow fueron Gatsby y Daisy. El telefilme combinaba el desastroso matrimonio de Scott y Zelda junto con su cuento “La ultima de las bellas”. La “Bella” Aline Calhoun era interpretada por Susan Sarandon. La pueden encontrar en Tubi.



Siguiendo con Dumas, Richard Chamberlain dio vida a Edmonde Dantes para la televisión en 1975 en una respetable adaptación del Conde de Montecristo que le ameritó una nominación para un Emmy. Puede verse en Amazon y Tubi.



En 1976, filmó una de sus películas más recordadas, una variación del cuento de Cenicienta llamado The Slipper and the Rose. Aunque Dick grabó varios discos, este es uno de sus pocos filmes donde cantó. Puede verse en Amazon, Peacock y en Tubi



En 1977, siguiendo con la onda Dumas, interpretó a los gemelos, uno de los cuales es Luis XIV y el otro El hombre de la máscara de hierro. Está en Amazon y Tubi.



Ese mismo año se trasladó a Australia a protagonizar un relato sobrenatural, hoy filme de culto, llamado The Last Wave. Por esta actuación Dick ganó un premio en el Festival de Sitges. Puede verse en Max/HBO.



En los últimos dos años de la década de Los 70, Richard Chamberlain se embarcó en la primera de sus grandes miniseries, la épica del Oeste, Centennial. Basada en el bestseller de James Michener, la miniserie cubría casi doscientos años de la vida en la ciudad de Centennial, Colorado desde que es pisada por los primeros blancos en 1795,el comerciante de pieles Pasquinel (Robert Conrad) y su socio Alexander McKeague (R. Chamberlain). Centennial puede verse en Starz y en MGM+



El éxito de Centennial y el ser ya un rostro reconocido en la pantalla le acarrearía a Dick un rol que sería uno de los más importantes de su carrera. Poco me importan los elogios y premios ganados por la nueva versión del 2024. Poco me importa, las acusaciones de que el John Blackthorne era un codicioso salvador blanco. Richard Chamberlain seguirá siendo el Anjin-San por antonomasia, el creado por James Clavell para su Shogun. Por algo fue nominado para un Emmy y gan’o su segundo Globo de Oro. En este momento pagando la módica suma de veinte dólares puede verse esta serie en Amazon,




Todavía no se acababan los aplausos por Shogun cuando ya Richard era contratado para protagonizar otro superventas. Así fue como acabó siendo el Padre (luego Cardenal) Ralph de Bricassart en ese romance prohibido llamado El Pájaro Espino. La adaptación de la novela de Colleen McCullough fue un mega éxito mundial y le dio el titulo a Dick de Rey de las Miniseries aparte de un tercer Globo de Oro.



 Como Shogun , esta miniserie puede rentarse en Amazon, pero Gatita Norah nos trajo el rumor de que Netflix planea pasarla pronto. Como en esa plataforma no tienen nada de Richard Chamberlain se anotarían varios puntos y atraerían muchas visitas y subscripciones.



A mediados de los 80, Richard Chamberlain fluctuaba entre pantallas. En 1985 hizo su último filme épico en el cine. Aunque interpretar a Allan Quatermain en dos películas (Las Minas del Rey Salomón y su secuela Allan Quatermain and the City of Gold) le agregaban otros roles importantes a su currículo, a mí no me gustaron estas adaptaciones de las novelas de H. Rider Haggard. Tampoco me gustó la pareja que hizo con, la entonces desconocida, Sharon Stone. Ustedes pueden juzgar ya que ambos filmes están en Amazon y en Tubi.



En cambio, me encantó su siguiente miniserie que como se había hecho costumbre con el actor llegaba en la primavera, esta vez el ‘85. Con Wallenberg, A Hero’s Portrait no solo Chamberlain se apuntaba otro triunfo. Casi una década antes de La lista de Schindler, esta miniserie despertaba el interés del público por el tema de los rescatistas del Holocausto y abría la posibilidad de que Raoul Wallenberg estuviese vivo en algún gulag soviético. Wallenberg está en varias versiones en YouTube, e incluso hay una en español.



En 1986, seguía a manía del actor de interpretar a personajes históricos. esta vez se trataría del político y explorador John Charles Fremont y su saga a través del oeste en la miniserie Dream West. Alice Krige, que ya habría hecho pareja con Dick en Wallenberg, interpretaba ahora a su esposa Jessie. Pueden rentarla en Amazon. Hay una versión en YT, pero la calidad visual es atroz.



En 1987, cimentando su aura de símbolo sexual, Richard Chamberlain encarnó al mayor amante de la historia. En el telefilme Casanova escaseaba el rigor histórico, pero destilaban sex appeal las estrellas europeas del momento como Sylvia “Emnanuelle” Kristel, Ornella Muti y Hannah Schygullah. Milagrosamente encontré una versión en español en YouTube.



En 1988, regresó a las miniseries en la adaptación de The Bourne Identity de Robert . Aunque hoy opacada por la franquicia de Matt Damon, esta miniserie, que sería nominada a un Emmy, fue impactante sobre todo porque cerraría el reinado de Richard Chamberlain en el género. Hay versiones en YouTube.



En diciembre de ese año, la revista femenina francesa Nous Deux anunciaba que el rey de las miniseries era homosexual, como la estrella no lo confirmó (no lo haría sino en su autobiografía del 2003), muchos lo creyeron un bulo. Entretanto, Dick daba que hablar porque retornaba a las series tras más de veinte años desde el cierre de Dr. Kildare. Island Son lo tenía nuevamente convertido en medico ahora con practica en Hawái. No tuvo éxito y no duro más de una temporada. El próximo proyecto de Richard Chamberlain tendría menos suerte.



En 1991 se pondría los zapatos de Robert Mitchum para dar vida al clérigo asesino en una nueva versión de La noche del cazador. Las críticas no fueron buenas, ni el telefilme estaba a la altura del original ni Chamberlain convencía. Sus pocas incursiones en el terreno de la villanía (Petulia, Infierno en la torre) habían sido ya olvidadas y el rol no era aceptable para su fandom. Yo creo que también el que se acercase a los 60 años tenía su peso.



Eso no afectó la fama del actor quien se refugió en Broadway donde tuvo dos temporadas como protagonista de Mi Bella Dama.  En 1996 se reunía con Rachel Ward para una secuela de The Thorn Birds. Esta miniserie puede encontrarse en YouTube en inglés y en español.





En el siglo XXI, siguió haciendo apariciones en muchas series. Su último rol importante fue otro personaje real Charles Eden, gobernador de New Providence (Las Bahamas) a comienzos del Siglo XVIII en la miniserie de piratas, Barbanegra (2006). Pueden encontrarla en Peacock y en Tubi, o rentarla en Amazon.



Su ultimo trabajo fue en el 2017 en Twin Peaks: The Return. Su fandom nunca ha dejado de venerarlo como una reliquia de la gloriosa historia de la televisión. Solo que ahora sería interesante que nuevas generaciones lo conocieran.

¿Están de acuerdo con mi evaluación de la obra “chamberliana”? ¿ Se me ha quedado alguna actuación que ustedes crean debí mencionar?

 

 

 

jueves, 23 de mayo de 2024

¿1980 o 2024? ¿Cuál es la mejor versión de Shogun?

 


Tenía mis dudas sobre esta nueva adaptación del superventas de James Clavell. ¿Cambiarían mucho del libro? ¿Las sensibilidades modernas,  que todo lo rigen,  impedirían que fuese una obra maestra como lo fue la versión de 1980? Digamos que es fiel al espíritu de la novela, aunque hay muchos cambios. Algunos han mejorado la historia, otros… Lo importante es que me ha gustado y la recomiendo, a pesar de que en esta nueva interpretación se ha sacrificado un gran personaje y su historia de amor.

Canadá Vs El Japón

Quiéralo o no,  esta entrada es un ensayo en comparaciones. Aunque no puedo pedirle a un público acostumbrado al CGI que admire la versión de 1980, para mi es superior en actuaciones, contenido y cercanía con el espíritu del libro de Clavell. En términos de estética también prefiero la original puesto que es más real. Después de todo fue filmada en Japón.

En la versión Chamberlain,  la iluminación y colores, hace las escenas más vivas, más alegres,  más parecida a lo que Clavell deseaba transmitir. Contrasta con la oscuridad, la falta de sol de una serie filmada en los bosques canadienses o en patios traseros de Irlanda que simulan la corte de Osaka. No me impresiona el uso del CGI porque no hay luz para apreciarlo.

                                        Aun en este tipo de ecenas la luz es difusa

¿Por qué la miniatura del Erasmus es inferior o risible en comparación a un barco creado por efectos especiales?  Me asombró que hubiera espectadores que prefiriesen un Castillo de Osaka falso que parece un souvenir para turistas antes que el verdadero castillo donde fueron filmada muchas escenas de Shogun de 1980.

                                   El de abajo es el verdadero Castillo de Osaka. ¿Cuál prefieres?

No me malinterpreten,  me ha gustado mucho esta versión, me ha gustado que el protagonismo recaiga más en Toranaga y Mariko que en un Blackthorne muy diferente al creado por Clavell y por Richard Chamberlain. Hubiese disfrutado más del show si no hubiesen incurrido en un error tan común en adaptaciones modernas.

A partir del sexto episodio se desligan del canon y crean una fanfiction alrededor de un mítico e implausible plan de Toranaga para vencer a Ishido. Para mayor ofensa, cometen el error de Juego de Tronos de luego intentar compaginar fanfiction con la historia original y es ahí donde fracasa esta versión dejando tantos cabos sueltos que ha hecho creer a la audiencia que habrá una segunda parte.

No quiero caer en muchos spoilers así que comenzaré con una breve génesis de la primera adaptación de Shogun. Recuerden que entre la versión de 1980 y la de 2024, han existido un musical y un juego de videos basados en la novela.

De Como Dick Chamberlain se Volvió Estrella

Casi inmediato al exitazo de la novela surgió un proyecto de llevarla a la pantalla. Estábamos en 1978 y el formato de miniserie arrasaba en la televisión estadounidense. Fue así que la NBC compró los derechos del libro y se decidió a lanzar la casa por la ventana no solo en lo visual sino también en un guion que capturase lo mejor de la obra de Clavell.



Para los protagonistas se escogió a Toshiro Mifune, el actor más famoso de la historia del Japón,  para encarnar a Toranaga. Yoko Shimada, muy  conocida en la pantalla japonesa,  seria Toda Mariko,  y el rol de Anjin San recayó en Richard Chamberlain. Originalmente ofrecieron el papel a Sean Connery, pero el intérprete de James Bond no se interesó en meterse en un proyecto televisivo que le tomaría semanas de rodaje y le impediría hacer cine que era lo suyo.

Le ofrecieron el rol a otro Agente 007, pero Sir Roger Moore no tenía ganas de volver a la televisión donde comenzara su carrera con El Santo. James Clavell quería a Albert Finney para el papel, pero el actor también rechazó un rol que consideró de poca trascendencia. Aunque Clavell, que estuvo involucrado en la filmación de su novela,  renegó  en contra de elegir a un semi desconocido para su protagonista al final quedó encantado con la serie y el actor.

Tras romper corazones como el Dr. Kildare, Dick Chamberlain se había trasladado a la pantalla grande donde había cosechado buena reputación con filmes como The Music Lover y The Last Wave. El retrato impecable de John Blackthorne y la tremenda química que compartió con su coestrella convertirían a Richard Chamberlain en el galán y rostro masculino de las miniseries de Los 80. Si hago hincapié en estos aspectos es porque si interrogo a cualquier mujer (de cualquier edad) que vio la teleserie en su debut, nuestros recuerdos colectivos se cifrarán en el gran romance entre el inglés y su traductora.



El Romance Sacrificado

La ausencia del affaire Anjin San-Mariko-san (la mayor diferencia entre ambas versiones) irónicamente acerca más la versión 2024 al libro. Aunque a Clavell le gustaba incluir algún que otro romance en sus argumentos—y esta es su mejor historia de amor— aquí no es el eje de su relato. De hecho, Lady Mariko aparece por primera vez en la página 200. Ambas versiones televisivas la han hecho aparecer antes.

Una virtud de la versión del 2024 ha sido la inclusión de sucesos que solo son mencionados en el libro como el sepukku del marido de Fuji. Con la introducción de flashbacks vemos la primera batalla de Toranaga y el primer encuentro de Mariko con el Padre Alvito, pero nos quitaron de la conmovedora confesión de Mariko (“Solo puedo confesar que no merezco ser confesada”) cuando ella aboga por la vida del Blackthorne.



Se entiende,  en una versión en la cual el cariño de Mariko por el piloto inglés es un momento tan fugaz, pierde sentido una maniobra de ella por salvar a Blackthorne. Pero hablaré más de esto cuando discuta lo roles femeninos en la nueva versión.

En 1980, Shogun fue un fenómeno. Hasta hoy sigue siendo la miniserie más vista en Estados Unidos (Roots es la primera). Los críticos la cubrieron de elogios. El público la hizo parte de la cultura popular. Al momento de la premiación arrasó en las nominaciones, recibiendo dos Emmys, uno como miniserie del año, otro en diseño de vestuario, más tres Golden Globes que incluyeron a los protagonistas en las ternas de Mejor Actriz y Mejor Actor.



Sin embargo, como ocurre siempre,  no escasearon críticas. La primera fue el señalar errores en la descripción del Japón de entonces. Muchos de esos errores ya vienen del libro. Sin embargo,  la gran critica era la idealización del protagonista quien  al final era un mero  representante del colonialismo/imperialismo, pero que la serie lo perpetuaba como un Gran Salvador Blanco cuyos consejos salvaban a Toranaga. Esa sería la tarea de los nuevos adaptadores: arrasar con el protagonismo del blanco imperialista.

La nueva Shogun ha provocado gran impacto en la televisión/streaming primaveral. Se trata de una historia épica, a pesar de que no vemos grandes batallas. Ha atraído a los amigos de la High Fantasy, por lo que troneros, duneros y amigos de Tolkien han aumentado sus filas de fans. Tiene un alto rating de audiencia y ha atraído a los jóvenes. No me sorprendería y me gustaría que fuese nominada a varios premios.

Mi duda es si cumplió con las expectativas que se impuso y me temo que no. Robarle una historia de amor no engrandece la trama;  convertir a Mariko en una mujer de hielo no la empodera;  y volver al Anjin San en un casi relleno cómico no me hace más atractiva la historia.  Ciertamente no la hace más japonesa, como tampoco más feminista. Al menos la protagonista no lo es a pesar de que le planten una lanza en la mano como si fuera Wonder Woman.



¡Muera el Gran Salvador Blanco!

¿Si la protagonista pierde terreno en esta adaptación,  qué ocurre con los hombres?  Pues comentábamos en FB con Gatita Valentina que el personaje del bushó Toranaga ha alcanzado niveles épicos de negatividad y maquiavelismo. En cambio, el Anjin San ha sido rebajado de galán sexy y Gran Salvador Blanco a payaso de la corte.  ¿Era eso lo que deseaba Clavell?



En la novela,  Blackthorne es un hombre de cierto estatus social, un pirata caballero. Incluso sueña con que su reina le dé un espaldarazo y lo nombre “Sir John”.  Es ambicioso e implacable para conseguir lo que desea, pero también es instruido, habla varios idiomas incluyendo el holandés, su lengua materna. En la serie,  Richard Chamberlain hizo uso de todo su sex-appeal y carisma para crearnos un héroe romántico que podía arrebatar el corazón de su traductora y de su audiencia.



En la versión 2024, Blackthorne es un zafio que milagrosamente sabe portugués; muy soberbio, pero bien bruto, que habla con un cerrado acento campesino y en un momento revela ser hijo de un cazador furtivo. Aunque excelente actor, Cosmo Jarvis está lejos de ser un símbolo sexual y eso que nos muestran sus nalgas desnudas. En Salon han escrito un excellente artículo sobre este nuevo Anjin-San y como lo que lo caracteriza es que el guión lo tiene constantemente a merced de ridiculizacion y humillación.

Se mueve como oso bailarín, habla con gruñidos de jabalí. Se entiende que, para las mujeres de la obra, sea un salvaje vulgar al que es imposible civilizar. Este convertir al héroe en antihéroe ha cambiado el sentido de la trama, pero no la ha empobrecido.



La Iglesia se Salva

Otro temor mío, conociendo la agenda woke que gobierna toda historia televisiva fue que se exagerase el ataque a la religión católica que ya viene del libro. Por el contrario, hay mayor conciencia aquí de que los “malos” son los portugueses, no la Compañía de Jesús, a pesar de lo dicho por Padre Domingo (Joaquim D’Almeida), el franciscano español que se convierte en mentor de Blackthorne en la cárcel.

Es Fray Domingo quien da un trasfondo de la labor diplomática-comercial de los jesuitas que los ha convertido en consejeros de los daimios cristianos. Ahí tenemos una descripción de como la catequesis jesuita no ha conseguido implantar raíces espirituales en el Japón. Gente como el daimio Kayima solo ve conveniencias financieras en adoptar la nueva fe.

Como contraparte, está Ohno quien ha encontrado en la iglesia consuelo para la lepra que lo consume. Mariko también es un ejemplo de un alma desolada que encuentra refugio en una religión que choca con sus valores samurái. Aunque en esta versión del 2024 no vemos ese conflicto espiritual de la traductora, tal vez porque el Padre Alvito es un confesor muy tolerante.



En el libro Alvito es casi un cliché del jesuita:  astuto, manipulador, con mucho poder de oratoria y mucha sutileza. Cuando conoce a Blackthorne comienza disculpándose por ese primer encuentro del marino ingles con un sacerdote, el Padre Sebastiao. Parece que este desaforado curita les tenía una tirria particular a los holandeses ya que habían matado a su familia.

Cuando Blackthorne expresa dudas sobre si sus palabras serán debidamente traducidas, Alvito lo tranquiliza: él traducirá de una manera neutral. “No seré quien te asesine.. De eso te encargarás tú mismo”. Ciertamente son las palabras de Anjin San las que inspiran desconfianza en Toranaga y no una traducción distorsionada del jesuita.

El problema en la versión original es que Martin Alvito es interpretado por Damian Thomas, un actor melodramático cuyo maquillaje, gestos y elocución han sido exagerados para crear una imagen siniestra. Alvito es altivo y puede ser cruel,  como en su trato de un hermano lego que sido sorprendido sucumbiendo al pecado de la carne.



Incluso, al final, cuando ofrece sus servicios a Anjin-San como una manera de cumplir con los deseos de “Lady Maria”, se le nota frio y poco convincente. Recordemos que será el Padre Dellaqua quien salve a Blackthorne de la hoguera donde quieren arrojarlo los portugueses.

Interpretado por Tommy Bastow, Alvito,  en la nueva versión,  es más joven,  más humanó. Su superior lo acusa de ser ingenuo y de ser parcial a Toranaga. Algo que se demuestra en la hermosa escena (inventada) para esta versión , en la que el jesuita intenta impedir la masacre del Clan Toranaga y de su señor,  aconsejando al futuro shogun buscar ayuda en la Dama Oshiba.



Lo más bonito de esta serie es que la relación con Mariko es de igualdad (Ferreira se burla de Alvito llamándola “tu novia). No como en la otra versión en la cual Mariko parecía tenerle miedo más que respeto al jesuita. Tres escenas de este “Shogun”  me arrancaron lagrimas : la despedida de Anjin-San y Fujiko,  la despedida de Mariko de su confesor , y el flashback en que Alvito conoce a la traductora. Por primera vez comprendí lo traumatizada que está Mariko y sentí lástima por ella.

Voy a detenerme aquí, ya que espero hablar más de Lady Mariko y de los roles femeninos en libro y series en una próxima entrega, pero quiero recomendar la serie aun para los más delicados de estómago y que le temen a la violencia.

Obviamente ya en el primer episodio tenemos el horrible martirio del marinero ingles que es hervido como un cangrejo. Es lo más Gory de la serie y le pueden hacer un fast forward ya que solo hay un momento grafico en que vemos la cara deshecha del “cocinado” No es una escena bonita, pero peor fue una parecida en Los Tudor. El resto de la serie es violento, pero no ruedan más cabezas que en Juego de Tronos.

 

 

 

martes, 3 de diciembre de 2019

Las Miniseries Épicas del Siglo XX: El triunfo de lo histórico (II)



En mi entrada anterior describí el fenómeno de la miniserie épica que tanto influyó en la imaginación popular del público estadounidense y hermoseó la televisión de las últimas tres décadas del Siglo XX. También hablé de como la miniserie épica sirvió para recordar la contribución de los emigrantes a la Unión Americana. Otro modo en que la miniserie épica nos benefició fue en sus lecciones de historia, pero ya entrando en su periodo de decadencia, se enfocó más en personajes faranduleros y del jet set.

Como dijera anteriormente, las tres características principales de la miniserie épica fueron a) limitación a determinado número de capítulos; b) estar basada en algún tipo de literatura y c) tener lugar en el pasado. Debido a eso, las mejores miniseries épicas fueron históricas. La miniserie de ese periodo se puede dividir entre las situadas en el periodo clásico; la historia europea pre-siglo XX; la Guerra de Secesión y la Segunda Guerra Mundial.

El Lado Epico de los Presidentes
Antes de comenzar a explorar estas avenidas históricas querría retroceder al final de mi entrada anterior. Al hablar de la experiencia irlandesa en USA, hice alusión a la media docena de telefilmes y miniseries que rindieron culto a John Fitzgerald Kennedy y a su familia. Ocurrió algo parecido con otra “realeza” política estadounidense: Los Roosevelt. Aunque Theodore Roosevelt todavía no ha ameritado una biopia que lo retrate en todas sus dimensiones, diferente es el caso de su sobrino Franklin Delano Roosevelt, otro presidente que ha adquirido un aura heroica en la ficción.

Después de haber interpretado a Roosevelt en su juventud en el filme “Sunrise at Campobello”, Ralph Bellamy volvió a sentarse en una silla de ruedas y a ponerse la boquilla entre los labios para ser FDR en “The Winds of War” y en “War and Remembrance”. Sin embargo, Roosevelt y su esposa, la infatigable Eleanor, merecieron su propia épica en “Eleanor and Franklin” (1976), una bellísima y fidedigna recreación de la vida de estos fascinantes primos, de su entorno, de su compromiso, boda y primeros años de matrimonio.

Edward Hermann tuvo a cargo la tarea de encarnar a un FDR joven y prometedor. Jane Alexander lo superó como la poco agraciada prima que se convertiría en su compañera, y en un referente positivo para su generación y las siguientes. Un año más tarde vendría la secuela “Eleanor y Franklin: Los años de la Casa Blanca” (con subtitulos en español)  que cubriría todos los gobiernos de FDR hasta su muerte prematura en 1944. En total, ambas series cosecharían 18 Emmys.



Aprovechando este interés nostálgico, la ABC presentó un proyecto diferente que combinaba la fascinación por lo que sucedía en la Casa Blanca a puertas cerradas, con el éxito alcanzado en la televisión gringa por la serie inglesa “Upstairs, Downstairs”. La idea era mostrar la vida familiar de los presidentes a través de la óptica de sus criados. Para mayor ventaja esto es vincularía con el auge de programas televisivos dedicados a los afroamericanos puesto que “Backstairs at the White House” (1979) se inspiraba en el libro de Lillian Rogers y en el diario de Adele Rogers, madre de la anterior. Ambas obras describían el servicio doméstico de Las Rogers en la Casa Blanca por más de tres décadas.

Olivia Cole y Leslie Uggams (las dos habían tenido roles importantes en “Roots”) dieron vida respectivamente a Maggie y a Lilian, y una plétora de reconocidos actores se encargó de encarnar a todos los presidentes de Estados Unidos desde William Taft hasta Eisenhower. La serie fue muy exitosa y ameritó once nominaciones a los Emmy (solo ganó como Mejor Maquillaje).

Con esa serie se cubrió la épica de la nación desde el punto de vista de sus gobernantes, ¿pero ¿qué ocurría con los pioneros? ¿Con los grandes próceres del siglo XIX y sus antecesores los Padres de la Independencia de los Estados Unidos? Pues, medio siglo antes de la aclamada “John Adams”, tuvimos “The Addams Chronicles” (1976), tan insípida que nadie la recuerda. La realidad es que los Addams serían muy influyentes, pero aburridos.

Barry Bostwick dio vida al primer presidente de la Unión Americana en “George Washington” (1984). La serie tuvo una acogida respetable y seis nominaciones a los Emmy. ¡Cielos! No ocurrió lo mismo con su secuela “George Washington: The Forging of a Nation” que obtuvo uno de los ratings más bajos alcanzados por una miniserie épica.

Parecía como si los presidentes pretéritos de Estados Unidos no fuesen lo suficientemente épicos para miniseries. Thomas Jefferson solo mereció una miniserie inspirada por sus escapadas sexuales con una esclava. Así tuvimos a Sam Neill y a Carmen Efogo en “Sally Hemmings:  An American Scandal” en 1998.Algo parecido ocurrió con el general/presidente Eisenhower. “Ike: The War Years” (1998) giraba en torno al affaire, durante la guerra, del futuro mandatario (Robert Duval) y su chofer (Lee Remick).

Abe Lincoln era tan honesto que ni para escándalos daba, pero su figura inconfundible aparecía encarnada en miniseries sobre la Guerra de Secesión como en “North and South” donde lo interpretó Hal Holbrook y en “The Blue and the Gray” donde le dio vida nada menos que Gregory Peck. Fue solo en 1999 que Sam Waterston protagonizó una miniserie dedicada nada más que a Honest Abe, “Lincoln”, basada en la biografía de Gore Vidal.

Cuando la Miniserie Daba Clases de Historia
Es de imaginarse que la historia de una nación relativamente joven, sobre todo su primer siglo de vida proporcionaría amplio material para miniseries épicas. Curiosamente, para el país de los westerns, el mundo de los vaqueros no tuvo mucha presencia. Las miniseries más recordadas son “Centennial” (1976) “Buffalo Girls” (con Anjelica Huston como Calamity Jane) y” Lonesome Dove” (1989).

Si alguien se puede envanecer de habernos enseñado el lado épico de la historia estadunidense decimonónica fue John Jakes cuyas series de novelas serian adaptadas a lo largo de los 70 y 80. Se comenzó adaptando “The Bastard” en 1976. El tremendo éxito de la historia de Philip Kent que, de campesino francés, pasa a bastardo de un duque inglés y luego patriota en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, llevó a seguir las aventuras de Philip en “The Rebels” en 1978. Pero “The Seekers” que narraba las aventuras de los nietos de Philip pasó sin pena ni gloria y acabó con las adaptaciones de la larga saga de la Familia Kent.

Sin embargo, Jakes tenía muchas historias que contar. En 1986, la NBC nos pasó “North and South” basada en la primera novela de su trilogía. La historia gira en torno a dos amigos y camaradas de West Point: Orry Main (Patrick Swayze), hijo de un dueño de plantación del Sur, y George Hazard (James Read) proveniente de una familia de industriales de Pennsylvania. La serie nos muestra sus vidas, sueños, amores, y nos presenta sus familias. Importantísimo es el villano Elkanah Bent (Philippe Casnoff), que desde West Point se las tiene jurada a Orry y a George, y tendrá muchas oportunidades para vengarse.



“Norte y Sur” fue un mega éxito, se la sigue catalogando como la séptima miniserie más vista de la historia y ganó un merecido Emmy por vestuario. Al año siguiente, siguió la saga con una adaptación del segundo libro que narra los efectos de la Guerra de Secesión en las vidas de los Main y los Hazard. Un acierto fue que los escritores dejaron vivo a Orry al final, en vez de matarlo como en la novela. Orry moriría al comienzo de la adaptación de la tercera parte “Heaven and Hell” (1996) l y eso contribuiría (también que habían pasado ocho años desde la miniserie original) a que esta versión no tendría el éxito de las anteriores.

Épica y magnifica como fue “North and South”, hoy recibiría muchas críticas por su enfoque histórico sobre todo en el tema de la esclavitud. A diferencia de historias étnicas como “Roots”, su visión de la esclavitud bordeaba en la de “Lo que el viento se llevó”. Había esclavos buenos y devotos y otros malos y alborotadores. David Carradine interpretaba a un perverso dueño de esclavos lo que contrastaba con los benévolos Main cuya plantación también era sostenida por el trabajo obligado y no remunerado de negros. Aun antes de saberse hija de mulata, la heroína Madeleine (Lesley Anne Down) era gentil y cariñosa con los esclavos.


En cuanto a los abolicionistas, tanto personajes reales como John Brown (Johnny Cash) o ficticios como Virgilia Hazard (Kirstie Alley) eran retratados como fanáticos. Virgilia era tan histérica y peligrosa que en la serie prefirieron matarla porque ya era casi villana. Estas ambigüedades aparecerían en casi todas las miniseries sobre la Guerra de Secesión de los 80, principalmente en la adaptación de Beulah Land de Lonnie Coleman.

Beulah Land fue un tipo de novela muy de moda a comienzos de los 70 que combinaba el género “magnolia y luz de luna”cuyo mejor ejemplo es GWTW con otro tipo de ficción, las novelitas eróticas tipo Mandingo. Yo aprendí inglés y todo sobre kinky sex gracias a Beulah Land. La serie en cambio (a la que le rebajaron la mitad del sexo presente en el libro) se concentró en imitar la obra de Peggy Mitchell, con fieles y felices esclavos y una heroína (Lesley Anne Warren) que sobrevivía infidelidad propia y de su esposo, traiciones, violación, ect. Todo para luchar por una plantación que ni siquiera era de ella y que casi perdía por culpa de los perversos yanquis (quienes solo violaban a exesclavas).


Oh y su hermana (Meredith Baxter) que era villana se redimía atendiendo heridos en Atlanta, y debía huir de la ciudad y de Sherman arrastrando, no una cuñada recién parida, pero si un yerno que había perdido la vista. Ya eso fue como mucho para mí en una serie que como dijo Joan Hanauer “tiene algo que ofende a casi todo el mundo”.

La Fascinación con la Segunda Guerra Mundial
Nunca he entendido porque la miniserie épica se concentró solo en dos conflictos de la historia estadounidense: La Guerra de Secesión y la Segunda Guerra Mundial. Entre 1975 y 1995 no se hizo ninguna miniserie sobre la Guerra con México, sobre La Guerra del 98, La Primera Guerra Mundial, ni siquiera Vietnam, aparte de “A Rumor of War” que no tuvo mucho éxito, era bastante aburridita. Fue a finales de los 80 cuando aparecieron series de televisión como “Tour of Duty” o “China Beach” que la guerra en Indochina adquirió niveles épicos.

Incluso la guerra en el Pacifico recibió menos atención que el teatro de acción europeo. En 1977, tuvimos “Pearl” cubriendo los eventos que llevaron al ataque japones en Hawái. Mas melodrama que historia, sus escenas del bombardeo fueron robadas del filme épico “Tora, Tora, Tora”.

Aun así, me gustó más” Pearl” que la adaptación en formato de miniserie del clásico de James Jones “De aquí a la eternidad” (1979). Como el filme, la miniserie se concentró en las escenas de cama de William Devane y Natalie Wood, en los roles de Burt Lancaster y Deborah Kerr. Aquí faltaron las sólidas actuaciones de Montgomery Clift, Frank Sinatra y Ernst Borgnine. Aun así, tuvo tanto éxito que se intentó convertirla en serie de televisión, pero no pasó de una temporada.

Debido a que los 70 fue una época de nostalgia de los 40, se adaptaron muchas novelas que tenían lugar en ese tiempo y más de una miniserie épica cubrió las experiencias bélicas de los protagonistas, esos fueron los casos de las novelas de Anton Myrer “Once an Eagle” y “The Last Convertible” En los 80s se siguió  esta  tradición con adaptaciones de sagas familiares de novelistasdel género rosa como  Judith Kranz (“Crossings”y “Mistral’s Daughter”)  y de Danielle Steele (  “The Jewels” y “The Ring”) .


Pero en 1983 llegó la gran miniserie épica sobre la Segunda Guerra Mundial y la que muchos creen fue la mejor miniserie de ese tiempo. Herman Wouk había creado no solo la gran novela americana sobre el conflicto con su The Winds of War y War and Remembrance, también había llegado un peldaño menos que La Guerra y La Paz de Tolstoi con su saga de La Familia Henry, típica familia (militar) estadounidense.

 Cuando a Víctor Henry (Robert Mitchum) lo mandan como agregado naval a Berlín en 1939, su familia compuesta por su frívola esposa (Polly Bergen) y su hija adolescente (Lisa Eilbacher), ni se espera una guerra ni el papel que jugarán en ella. Tampoco se lo esperan los otros hijos.  Warren (Ben Murphy), el mayor, que ha cumplido con todas las ambiciones de la familia ahora es un oficial de marina como su padre. 

El otro protagonista de la novela es Byron (Jan Michael Vincent), la oveja negra de la Familia Henry. Byron, que no encuentra su lugar en el mundo está pasando sus vacaciones de verano en la Italia fascista como asistente del famoso novelista judío Aaron Jastrow (John Houseman). Así conocerá a Natalie (Ali McGraw), sobrina de Aaron, que se convertirá en su gran amor.



La adaptación fue primorosa. A pesar de que la novela acaba con el ataque de Pearl Harbor, no escaseaban las escenas de batalla. La invasión de Polonia es vista a través de los ojos de Byron y Natalie quienes han llegado a visitar a los otros Jastrow, la familia de Berel (Topol), hermano de Aaron. En Berlín, los Henry tienen acceso a la corte hitleriana, pero también son testigos de la persecución de los judíos.

Byron y Natalie en Polonia

El casto romance de Víctor con la joven inglesa Pamela Tudsbury (Victoria Tennant) le permite experimentar el Blitz de Londres. Ese romance los seguirá en un reencuentro en la Rusia estalinista. Berel Jastrow quien con su familia está viviendo en la parte de Polonia ocupada por los soviéticos, se ve nuevamente en peligro tras la invasión alemana y decide unirse a los partisanos.
Victor y su amor prohibido por Pamela

Byron tras ver como los alemanes se comportan en Europa, está seguro de que USA debe entrar a la guerra. Vuelve a su país y se enlista en la marina. Tiene un breve interludio con Natalie en Lisboa que les permite casarse, pero Natalie, que es ciudadana americana, no quiere abandonar a su tío que no lo es y regresa a Italia donde dará luz a Louis, el hijo de Byron. La serie acaba con el ataque a Pearl Harbor en el que se hunde el barco del cual Víctor es capitán.
Natalie atrapada en Italia con su hijo

Filmada en Croacia, Italia, Viena, Múnich y Londres,” The Winds of War” fue un exitazo, cosechando múltiples nominaciones al Emmy y ganando estatuillas por cinematografía, vestuario e iluminación. Un único problema fue el reparto.  Jan Michael Vincent y Ali McGraw eran demasiado viejos para sus roles. Jean Michael se la pasaba borracho y Ali, con sus morisquetas, parecía estarse auto parodiando. Hubo que decidir si eran dignos de integrar el elenco de la próxima adaptación. Otro problema fue John Houseman quien falleció tras interpretar a Aaron Jastrow.

En 1986 la BBC estrenó “War ad Remembrance”. Sir John Gielgud ganaría un Globo de Oro por su maravillosa interpretación de Aaron Jastrow. Jane Seymour seria nominada por su espectacular interpretación de Natalie Jastrow Henry, y Hart Bochner hizo un competente trabajo como su marido Byron. 

Sin embargo, y aun siendo ganadora de tres Emmy, “War and Remebrance “fue un mega fracaso en sintonía. A pesar del inmenso presupuesto, de ser la primera obra de ficción visual filmada en Auschwitz, a pesar del éxito del libro, a pesar de que el mismo Wouk escribió el guion, a pesar de las soberbias actuaciones “Recuerdos de Guerra” cometió el error de no tratar a la miniserie como tal.

Parece una ironía, pero “Vientos de Guerra “duró siete días consecutivos. Cada noche, al acabar cada episodio sabíamos que al día siguiente continuaría. “Recuerdos de Guerra” duró 30 horas divididas en una docena de entregas (dos más que “Band of Brothers”). Eso es lo que hoy llamaríamos una temporada. El público no estaba acostumbrado a ese ritmo. Agréguenle que decidieron, por no sé qué peregrina razón, no ofrecerla ni los sábados, ni los lunes. La teleaudencia perdió ese hilo de continuidad al que las miniseries los habían acostumbrado.

Mas encima, el apegarse al libro, el intentar cubrir todas las variaciones del tema de la Segunda Guerra Mundial, el seguir a cada personaje en un continente y espacio diferente (Victor y sus hijos en el Pacífico, su mujer en USA teniendo un affaire con un científico involucrado en el Proyecto Manhattan, los Jastrow gravitando de país en país en la Europa Ocupada hasta caer en Auschwitz, y hasta Pamela atrapada en Singapur) hacia la acción más lenta y por ende poco interesante.

El primer episodio fue tres horas tan ocupadas en mostrarnos a cada personaje en su espacio geográfico que no pasó nada importante. Ahí mi padre se descolgó de la serie y eso que era un enamorado de los libros. Mi Ma aguantó hasta el segundo o tercer capítulos donde ver pilas de cadáveres de judíos azulencos y cubiertos de moscas la hizo retroceder asqueada. No fue la única, Sir Elie Wiesel escribió un airado editorial en The New York Times denunciando “La Pornografía del Holocausto”.

Al final yo fui una de las pocas personas que la siguió religiosamente. Todos fuimos recompensados con los últimos cinco episodios que son obras de arte y aun hoy me conmueven hasta las lágrimas.   Es una suerte que estén completan en YouTube tanto “Vientos de Guerra” como “Recuerdos de Guerra”, ambas con subtítulos en español.   Les aconsejo (casi les ordeno) verlas si no las han visto.
Natalie y su tio llegan a Terezin

Revisando la lista de miniseries épicas, resalta la fascinación con la Europa ocupada, el auge del fascismo y los actores de la Segunda Guerra Mundial. Mas allá de nostalgia, existía un fuerte interés por el periodo que incluso en el cine acabaría con el siglo y retornaría a mediados de esta década con ese repulsivo tufillo de revisionismo histórico.

En otro post discutí los filmes del holocausto, pero tuvimos miniseries rarísimas: Perry King interpretó a un americano en el Paris Ocupado en “The Man Who Lived at the Ritz”; Dame Joan Collins jugaba a ser de la Resistencia en “Montecarlo” y Dyann Cannon se infiltraba en un stalag, un campo de prisioneros ingleses, para rescatar a su hijo (Hugh Grant) en “Jenny’s War.

Aunque no alcanzarían la maestría de Robert Carlyle en “Hitler: Portrait of Evil” que corresponde a otro siglo, muchos actores dieron vida al Fuhrer, ¿los mejores según mi criterio? Steven Berkoff en “War and Remembrance” y Anthony Hopkins (que todavía no era Sir ni famoso) en “The Bunker” (1981). Mussolini en cambio tuvo el dudoso honor de ser tema de dos miniseries en el mimo año. En 1985, la NBC nos presentaba al Duce encarnado por George. Scott en “The Story of Mussolini”. Mas tímida, CBS nos mostró a Bo Hoskins como el dictador italiano en “Mussolini and I”.
Steven Berkoff como el Fuhrer

La fascinación por los Nazis abarcaba su corte y era examinada en miniseries basadas en memorias. “The Nightmare Years” (1989) tenía a Sam Waterston interpretando a William Shirer en su etapa de corresponsal en los 30 en la Alemania Nazi y en la Viena post-Anschluss. Rutger Hauer debutó en la televisión estadounidense como Albert Speer, el arquitecto de Hitler, en la miniserie “Inside the Third Reich” (1982).


Aprovechando esa vena, el holandés volvería en 1984 como un oficial ruso en “Escape de Sobibor” y protagonizaría en 1994, “Fatherland”. la primera miniserie sobre ese tópico de la historia alternativa, en la que la Alemania Nazi gana la guerra. Esta afinidad con la Segunda Guerra Mundial tendrá su broche de oro con “Band of Brothers” que en el 2001 no solo termina con el tema bélico, sino que además es la última miniserie épica que merezca ese nombre.



Entre Josefina y Eva Perón
Sobre quienes se pregunten si las miniseries épicas eran exclusivamente sobre guerras y etnias, hubo un intento de hacer otras miniseries sobre periodos de historia europea pre-siglo XX. Curiosamente a pesar de altos presupuesto y elaboradas cinematografías, “Marco Polo” (1982), una coproducción con la RAI no tuvo éxito y hoy es tan olvidada que ni hay versiones en DVD. Yo la encontré aburrida, sin el dinamismo que debe tener una serie de aventuras y el obligatorio romance resultó indigesto.

Tuve la misma sensación con “Cristóbal Colon” (1984). A pesar de la dirección de Alberto Lattuada y del magnífico reparto, de nuevo me tropecé con el libreto. Presentismo, revisionismo, un mal sabor de boca y nunca acabé de verla. Mas o menos lo mismo que me ocurrió con “Napoleon and Josephine: A Love Story” (1987). Cero química entre Armand Assante y Jacqueline Bisset, su apasionado romance se parecía más a los conflictos amorosos de la soap opera de sobremesa que a una pasión que transformó la historia.

El problema es que en Estados Unidos los conocimientos de la historia universal (Y hablo de un nivel académico) no pasan de algunos periodos. Su visión de los grandes eventos de la historia europea es parroquial y limitado. Por eso aun sus mayores esfuerzos como en su exploración de la historia rusa en “Pedro, el Grande” (1986), muy recordada por la fantástica actuación de Maximilien Schell, y “Catalina la Grande” con Catherine Zeta-Jones (1995) tampoco fueron muy memorables.

Tal vez las reinas y emperatrices no eran muy interesantes como iconos de poder en los 80, más éxito tendrían otras imágenes de mujeres poderosa. Judy Davis e Ingrid Bergman se encargarían de dar vida a a la Primera Ministro israelí en “A Woman Called Golda” (1982). Y antes del triunfo de Evita en Broadway, Faye Dunaway hacia un personaje muy camp en “Evita Peron” (1981).

De Como Jesus se Convirtió en el Héroe de la Miniserie Epica
Mas seguro pisaron las miniseries cuando se adentraron en territorio “Cecil B. De Mille”, ósea la Antigüedad. A pesar de cierto revisionismo, me agradó lo que Leonorcita Varela, su novio Billy Zane, y el que no era su novio, Ciaran Hinds, hicieron con “Cleopatra” en el ’99. Ciertamente mucho mejor que la repelente “Roma”.

En la gran era de las miniseries épicas tuvimos erupción del Vesubio en “Los Últimos Días de Pompeya” (1984); judíos vs romanos en “Masada” (1981) y cristianos lanzados a los leones en “Annus Domini” (1984), pero la más impresionante no fue una producción americana, aunque su elenco estuviera compuesto por actores angloparlantes.

“Jesús de Nazareth” (1977), una coproducción anglo-italiana, escrita y dirigida por el magnífico Franco Zefirelli merece más espacio. Baste decir que fue una producción que tuvo las bendiciones del Papa Pablo VI y del gran Rabino de Roma y que una década más tarde, la revista TV Guide la consideró “La Mejor Miniserie”de todos los tiempos. Que contó con un elenco donde se combinaron los talentos de Rod Steiger, Sir Peter Ustinov, Christopher Plummer, Janes Mason y Sir Laurece Olivier. Junto a ellos brillaron estrellas de cine europeo como Don Fernando Rey y Claudia Cardinale.

Me da un poquito de vergüenza decir que ver Jesús de Nazareth fue más entretenido que leer los Evangelios, que era una serie diversa y de mente abierta, con judíos buenos, con un Judas más humanizado y con mucho énfasis en el rol de las mujeres en vida y ministerio de Jesús desde Maria Magdalena hasta Herodías. Tuvimos a Salome la de los 7 Velos, a la adultera (Zefirelli la separó de Maria Magdalena) pero también vimos a todas las santas (Isabel, Ana y Marta) y sobre ellas a Olivia Hussey exquisita como la Virgen Maria.

Iba a callar lo que me enloqueció de “Jesús de Nazareth” pero no sería una gata seriefila honesta si no mencionase al “eye candy”. La serie era para darse taquitos de ojo a granel. Y no hablo de los ojazos azules del Robert Powell (si ya sé que Jesús no tenía ojos claros). Pero Uff, Christopher Plummer deliciosamente malévolo como Herodes Antipas; Ian Mc Shane jovencito y arrebatador como Judas el Traidor, ¡y Ohhh!  Sir Michael York como San Juan Bautista. Yo que Salome no le corto la cabeza, me lo sirvo enterito en bandeja de plata. Pero quien me tuvo babeando por una semana fue James Farentino como el San Pedro más sexy que hayan visto en pantalla.
Judas, Santiago Matamoros y San Pedro

Algo que dejé para el final fue un ingrediente que más allá de cinematografías espectaculares e historias que capturaban la imaginación, dio sabor a la miniserie: los actores. Para el público setentero era un lujo poder ver en pantalla junto a nuevos talentos a estrellas clásicas de Hollywood y grandes nombres del cine. Lord Olivier estuvo en cuatro miniseries épicas (sin contar su rol de Lord Marchmain en “Brideshead Revisited”); Sir John Gielgud le ganó actuando en seis miniseries estadounidenses incluyendo la horrenda “Scarlett”.

Actores del Pasado, Nuevas Estrellas y los Reyes de la Miniserie Epica
Pero para la generación de mis padres, era un asombro y un placer volver a ver a sus estrellas de matiné ahora más maduros en roles secundarios y contundentes y mi generación aprendió a reconocer el talento de estos histriones y nos hizo interesarnos en verlos en sus días de gloria en el viejo Hollywood. Por ejemplo, la primera miniserie épica “QB VII” tuvo un elenco en el que destacaban Lee Remick, Signe Hasso, Dame Leslie Caron, Dame Edith Evans, Sir Anthony Quayle, Sir John Gielgud, y Sir Jack Hawkins en su último rol. Con tanto nombre, solo yo noté con mi ojo depredador la belleza de un joven recién llegado llamado Anthony Andrews quien, una década más tarde, sería uno de los rostros más apetecidos por telefilmes y miniseries épicos.
Sir Anthony Hopkins, Dame Leslie Caron y Anthony  Andrews

El elenco secundario de ‘Rich Man Poor Man” parecía salir de una gran producción de los 50: Dorothy Mcguire, Gloria Grahame, Van Johnson, Dorothy Malone, Ray Milland. Galanazos de Hollywood no tenían empacho en aparecer en miniseries. Así tuvimos a Henry Fonda y Marlon Brando en “Roots: The Next Generation”, James Stewart en “North and South”  y Gregory Peck en “The Blue and the Gray”. Por supuesto el que renació en las miniseries épicas fue Robert Mitchum como protagonista de la saga de Herman Wouk.


A la par de hacer renacer a grandes estrellas, las miniseries épicas contribuyeron a crear estrellas de cine. Nick Nolte saltó a la fama con “Rich Man, Poor Man”. Pierce Brosnan debutó en la televisión estadounidense con “The Manions of America” a la que seguiría su primer rol famoso en la serie de detectives “Remington Steele” y antes de ser James Bond protagonizó otras dos miniseries épicas “Noble House” y “La vuelta al mundo en 80 días”.

Antes de convertirse en el mejor actor de su generación y de ser armado caballero, Anthony Hopkins se ganó al público norteamericano interpretando complejos roles en telefilmes y miniseries épicos. Así fue el medico polaco acusado de crímenes contra la humanidad en “QB VII”; Hitler en “El Bunker”; el pobre “Jorobado de Notre Dame” y un doctor empeñado en vengarse del agente de la Gestapo que mató a su mujer en “Arco de Triunfo”.

En estas dos últimas producciones hizo pareja con una hermosa actriz británica que se hizo reconocible más por su carrera televisiva que por sus apariciones en el cine. Lesley Anne Down, tal como Olivia Hussey, hallaría una fuente de fama en las miniseries épicas. De “Upstairs Downstairs” pasó a “Los Últimos Días de Pompeya” donde se le inventó un rol para ella especialmente. Luego sería la gran protagonista de las tres temporadas de “Norte and South” para acabar con mucha dignidad y muchos premios en otro género televisivo, las soap operas.
Lesley-Anne Downe y Anthony Andrews en Upstairs-Downstairs

Como Madeline en North and South

No se puede mencionar a las actrices de miniseries épicas sin mencionar a su reina: Jane Seymour, de quien he hablado en un post dedicado solamente a ella. ¿Pero si Jane Seymour fue la reina de las miniseries épicas, quien fue el rey?  Hubo muchos actores que cultivaron el género como Perry King, Bruce Boxleitner y hasta Richard Thomas, pero el monarca indiscutible fue Richard Chamberlain.

Tras hacerse famoso como el “Dr. Kildare” en los 60, y lograr un éxito mediano en el cine, Dick encontró su reino en las miniseries épicas donde entró primero en el western épico “Centennial” en 1976 para luego capturar a todo un universo de fans como el marinero ingles que en la era isabelina descubre la existencia del Japón de los samuráis en “Shogun”. Chamberlain que ya había cosechado fama en la televisión de los 70 protagonizando adaptaciones de novelas de Dumas como El Conde de Montecristo y El hombre de la máscara de hierro, ganó un Globo de oro por su trabajo en “Shogun” (en español).

Ganaría otro, tres años más tarde como el cura enamorado en la apoteósica “The Thorn Birds” basada en el superventas de Colleen McCullough. Aunque no hubo mucha química entre Dick y Rachel Ward que interpretaba la ingenua Meggie que lo hace olvidar sus votos sacerdotales, esta saga sobre una familia irlandesa en el Outback australiano fue todo un éxito y definitivamente coronó a, Richard Chamberlain Rey de las Miniseries.

En 1985 fue nominado al Emmy y al Globo de Oro al dar vida al trágico diplomático sueco que rescató judíos en la Hungría Ocupada en “Wallenberg: A Hero’s Story”. En 1987 dio vida al famoso aventurero y amante en “Casanova”; en 1988 protagonizó “Dream West” donde interpretó al legendario fotógrafo Charles Fremont y fue el primer Jason Bourne en la adaptación a formato de miniserie de “The Bourne Identity” (1989).


A pesar del éxito logrado y el impacto que tuvieron las miniseries épicas, como genero comenzaron a fenecer en los 90. Fueron reemplazadas por un nuevo subgenero, las biopias que tanto cubrían la vida de millonarios como Barbara Hutton y Onassis como la vida de estrellas de cine y de cantantes como la bochornosa “Sinatra” donde La Voz era interpretada por un mediocre Philip Casnoff que ni voz tenía (las canciones fueron dobladas por Frank Sinatra Jr.)


El Siglo XXI con el auge del cable, el recelo que sienten por los period pieces (“Mejor se los dejamos a los ingleses”), y cierta fe en que el mejor programa es el que genera un fandom que permanecerá fiel por varias temporadas, convirtió a las miniseries épicas en un dinosaurio. Sin embargo, sin ese modelo no hubiesen existido series exitosas como “Los Tudor” “El Imperio del Contrabando” y “Juego de Tronos”.