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jueves, 18 de julio de 2019

Drama de Época Español: La Fórmula del Juego de Tronos



Más allá de memorias históricas, España se puede enorgullecer de un rico y vetusto pasado que pocas veces se retrata en pantalla. En medio de su experimentación con variadas fórmulas, el period piece ibero no fue ajeno a la influencia de la serie-fenómeno de esta década: “Juego de Tronos”. En vez de dragones, se prefirió apostar a intrigas cortesanas de la historia española. Algunas resultaron obras de arte, otras se quedaron en la estacada.

Moros, Hunos y Cristianos
No fue la saga de HBO la que impulsó por primera vez el interés de la televisión ibérica por lo más recóndito de su historia. En mi recorrido ya he mencionado todas las series que giran alrededor de la Guerra de la Independencia (¿por qué ninguna sobre las Guerras Carlistas?) y a fines de los 70, satisfaciendo ese gusto por unitarios, surgió “El juglar y la reina” una serie de dramatizados sobre la España medieval.

En los 90 hubo dos experimentos muy curiosos. Uno fue la coproducción con la RAI llamada “Réquiem por Granada” que yo creí era algo sobre Federico, pero resultó ser la historia de Boabdil. Mas interesante les quedó el cuento en “Isabel”.

El otro experimentoesta vez una producción franco-españolafue la adaptación de Le revoltes des nonnes (La revuelta de las monjas) de Regine Desforges que se convirtió en la miniserie “La hija de los lobos” (1991). Yo la vi a trompicones, estando ya en Chile y más que nada porque reconocí a mi querida Marisa Berenson.

En la Galia del Siglo VI, una familia de hunos es diezmada por los lobos. Solo sobrevive Vanda (Laure Marsac) que es criada por los lobos con quien establece un extraño vinculo. Vanda es rescatada por Romulfo y su frágil hermano Albino (Edouard Hastings) y llevada al Convento de la Santa Cruz en Poitiers.  La fundadora del convento, Santa Radegunda (Berenson) adopta a Vanda que crece entre monjas sin desear ser una de ellas. Pasan todos los clichés de películas medievales: hay pestes, hay guerras, hay matanzas de judíos, a Vanda la acusan de bruja, etc. Albino estudia medicina con el judío Moisés y se enamora de Vanda.

Cuando Radegunda muere, las monjas se rebelan negándose a aceptar una abadesa impuesta por un hombre (San Gregorio de Tours y este fue un hecho histórico). Finalmente, Vanda y Albino se declaran su amor y se van con Moisés a España. Ese fue el único nexo con España de toda la serie que de todos modos tuvo la gracia de mostrarnos como se vivía en el reino de los francos (cuatro siglos antes de Rollo y Gisela) en la Edad de las Tinieblas.

De Viriato a Alfonso el Sabio
Como ya les he contado, la primera década del Tercer Milenio fue dedicada, en España, a la memoria histórica ósea al Siglo XX. “Águila Roja” sería el primer intento (mal hecho) de viajar al pasado y ver como se podía ser un héroe de comic en el Siglo XVII. Seria en la Tercera Temporada que Antena 3, rival de RTVE, decidió intrincarse por senderos históricos aun no hollados por pies de camarógrafos. Así nació “Hispania: La Leyenda”.

En Bambú, una productora que apenas llevaba cuatro años de fundada, se les ocurrió construir una serie alrededor de Viriato, el mítico líder lusitano que al vencer a los romanos creó un proto héroe español. Solo Antena 3 (que comenzó negándose) aceptó el proyecto. La sorpresa es que tuvo un rating bastante alto. Los motivos fueron los siguientes. Nadie sabía nada de Viriato (Roberto Enríquez) así que el público feliz creía que aprendía historia mirando la pantalla.

Pronto los espectadores se enteraron de que no era así cuando comenzaron a surgir críticas por el poco rigor histórico que afectaba a la serie. La producción apuntaba a un catedrático al que supuestamente pagaban para que asesorara a los guionistas. El pobre hombre admitió públicamente que en un relato de ficción no había mucho espacio para la realidad.
Otra causa de la popularidad de la serie era que los parlamentos de los alzados, y que eran el presentismo mismo, sonaban mitad panfleto anarquista mitad discurso del PSOE, y que Viriato y sus compañeros parecían guerrilleros modernos. No es culpa de ellos, ya en su día Alfonso Sastre comparó a Viriato con El Che Guevara.

A mí, aparte de lo anacrónica y poco histórica que eraa muchos les daba risa que los lusitanos se llamaran “Héctor” y “Darío” me irritaba “Hispania” porque sufría de la misma falla de “Spartacus: Blood and Sand” (a la que imitaba desvergonzadamente). Los romanos, sin excepción de sexo ni clase, eran deleznables. Así no se puede ver algo de manera objetiva.

Ya para la tercera temporada el público se estaba cansando y prefirió irse a ver “The Walking Dead” obligando a clausurar la producción. Pero en Bambú no escarmentaban. El 2012 sacaban un spinoff llamado “Imperium”. Querían usar al villano Galba de” Hispania” y crear una nueva “Roma”. Sus ambiciones no cuajaron y esta espantosa secuela acabó al sexto capitulo.

Ese mismo año, Boomerang que pronto daría una sorpresa con “El tiempo entre costuras” lanza a la pantalla (y realmente fue un impacto por lo mala) “Toledo Cruce de Destinos”. No es una coincidencia que aparezca tras el debut de “Juego de Tronos” y el de” Isabel”.  Es momento de ver como se juega a la intriga en una corte española. Escogieron la de Alfonso X en Toledo y trataron de crear una corte como la de los Baratheon con un magistrado tipo Ned Stark, Rodrigo Pérez de Ayala (Eduardo Farelo) con hija boba e hijo rebelde que se enamoraba de quien no debía (una mora)

Había príncipes a lo Joffrey y a lo Rhaegar ósea megas irresponsables. Mas irresponsables fueron los guionistas que se pasaban la historia por la ingle. Alfonso (Juan Diego) parecía Churchill, más preocupado de ocultar un infarto que de ser “Sabio”. Había estado casado antes, sus nueve hijos se redujeron a dos que alternaban edades y derechos de primogenitura. Y el mayor pecado de Alfonso era … ¡el adulterio! Really? ¿En el siglo XIII? Esto ya no era Cruce de Destinos sino Cruce de Desatinos. 

Pero el mayor error como siempre fueron los anacronismos, comenzando por falsas tolerancias y estereotipados e irreales judíos y musulmanes. Martin (Maxi Iglesias) hijo del Magistrado se enamora de Fátima (Paula Rego) su compañera de aula. ¿Ósea de cuando una doncella musulmana iba a clases en una escuela cristiana en el siglo XIII?  

Espérense que Abraham (Alex Angulo) andaba comiendo en casa de Rodrigo sin importarle los jamones que había en la mesa y las licencias históricas llegaban al punto de decir que la Orden del Temple ya era extinta. ¿Como y a quienes quemaría Felipe el Bello cincuenta años más tarde?

Luego intentaron inventarse un misterio a El nombre de la rosa. Unos insolubles asesinatos en una Escuela de Traductores que señalaban como sospechosos a (¡oh, sorpresa!) a los judíos. Por suerte este enredo solo duró una temporada. Lástima, más merecía Alfonso el Sabio que este cuento que más se parecía a “Águila Roja” y a las” Aventuras del Joven Merlín” que a” Juego de Tronos” o a “Los Tudor”.

Juego de Tronos a la española
Las que si se parecía a estas series iba salir a la luz pública en septiembre del 2012. Creada por Diagonal Tv, la misma de “Amar en Tiempos Revueltos” y “La Señora”,” Isabel” vino a llenar un espacio necesario y a cambiar la percepción de la ficción histórica televisiva. No es que Isabel la Católica no hubiese sido un personaje más de ese género, pero ahora ya no era un apéndice del cuento de Colon y las Indias, ahora era la protagonista de su propia historia.

No es que antes no hubiera historias que tratasen los problemas de la monarquía. Ya vimos el descalabrado retrato de Alfonso El Sabio en “Toledo”, la descripción del rufianesco Felipe IV en “Águila Roja”, y en “La Princesa de Éboli” (2010) vimos un Felipe II bulímico, celoso de una Belén Rueda que solo estaba ahí para quitarse la ropa.

En “Isabel” teníamos un retrato honesto y objetivo de quien la historia santifica a la par de demonizarla. Michelle Jenner me sorprendió, Rodolfo Sancho me quitó todos los prejuicios que tuve contra él anteriormente, la serie me enamoró. Ya he escrito mucho sobre ella, incluso sobre lo que me disgustó, léase lo que hicieron con La Beltraneja. Sin embargo, sigo pensando que fue un acierto genial. Que esas tres temporadas acabaron de convencerme de que en España se puede hacer ficción histórica de categoría.

Debo decir, y esto no es en denuesto de “Isabel”, que esta serie le debe bastante a “Juego de Tronos”, sobre todo en la primera temporada donde Isabel es Reina Mendiga, mitad Sansa, mitad Daenerys, donde Enrique de Castilla pasa a ser Renly, donde se siente la importancia del juego de ajedrez que los reyes practican con piezas humanas. Ya en otras temporadas seguíamos viendo como el juego se ampliaba, la relación de Isabel con sus manos de la Reina, con sus Caminantes Blancos (los moros) y no tendría dragones, pero sus hijos causaban más entuertos que Viserion, Drogón y Rhaegal juntos.

A Isabel la siguió la estupenda “Carlos, Rey y Emperador”. Estupenda porque expandió el Juego de Teonos por Europa, porque lleno el espacio dejado por “Los Tudor” porque nos habló de diferentes reinos, hasta nos fuimos con Hernán Cortes a la Nueva España, pero lamentablemente como ya he dicho en otros posts, en esta gran serie la metida de pata se debió a la pobreza histriónica de algunos actores.

En los últimos años, la serie histórica ha cundido en la televisión española, pero los intentos de darle un rostro autóctono han fracasado. Se involucraron con la BBC para hacer una miniserie sobre Isabel I y Maria Estuardo: “Reinas”. Doblada al inglés, mal actuada, con errores históricos…digamos que “Reign” era mejor.

“Al Final del Camino” quiso desligarse del esquema de “Juego de Tronos” enfocándose en el hoi polloi que construyó la Catedral de Santiago de Compostela. Ósea, querían hacer su propia “Catedral del Mar”. Mejor les hubiera ido si se hubieran enfocado en los juegos de tronos de Alfonso VI y de su hija Urraca de León, un personaje fascinante.

Al parecer el Juego de Tronos se queda en manos de productores anglosajones o alemanes (“Maximilien” fue un buen ejemplo).  Eso si Michelle Jenner dejó la puerta abierta para que otras actrices hiciesen de Isabel la católica. Ahí tuvimos a Alicia Borrachero enlatada en su armadura en “The Spanish Princesss” y Aitana Sánchez Gijón también ciñó corona en “Conquistadores” la miniserie de Movistar que pretendía en ocho capítulos, narrar la epopeya de la Conquista de las Indias.

Movistar es incorregible y el año pasado ya sacó otra parodia de drama de época. Se trata de “La Peste” un cuento de prostitutas y protestantes que batallan inquisidores y la bubónica en la Sevilla del Siglo XVI. Por lo que he visto es un veritable “Lecho de Pulgas” no solo porque los personajes parecen fugitivos de Flea Bottom sino por las pulgas que portan inocentes ratas.  Y esta nueva temporada se enfocan en el hampa sevillana y su mafia “La Garduña”.  Es que el juego de tronos también se practica en las bajas esferas

Yo creo que la televisión española ya ha quedado curada de espantos con eso de jugar a los tronos con piezas sacadas de la verdadera historia peninsular. Por ahora prefiere concentrarse en los period pieces más simples tipo “la Otra Mirada” o el longevo “Secreto de Puerto Viejo”. También creo que en días de Pedro Sánchez no habrá nada parecido a “Isabel”, pero si alguna vez   se llega cambiar de gobierno, les contaría que hay muchos recovecos de la historia española, mucha intriga cortesana que merecen ser convertidos en programa de televisión.

Mis Juegos de Tronos Favoritos
Mi querido Gatito George nos preguntaba por qué no se hace nada sobre El Cid. Pues porque como personaje histórico, Rodrigo Diaz de Vivar, es muy aburrido. En cambio, el del romance, el legendario, ese si merece serie con todos esos mitos que han perpetuado el arte, la literatura clásica y hasta Hollywood: el duelo con el suegro, la Jura de Santa Gadea, los Infantes de Carrión.

Ahí tenemos luchas fratricidas, muchos reyes, muchos juegos de tronos. De Doña Urraca de León se decía que tenía amores con su hermano Alfonso. Ahí tenemos a Cersei. El Cid no peleaba con dragones, pero si con leones que todavía los había en la España del Siglo XII.

Pero si realmente queremos corte, intriga, y reyes que se tambalean en sus tronos o se aferran a ellos., Hace rato que Carlos Hechizado necesita de una reivindicación. Me encantaría conocer su saga, la de sus esposas, su madre, su corte, etc.


Pero el mejor de los juegos de tronos se dio en el Siglo XIX y duró más de cincuenta años. Imagínense una serie que cubra desde la muerte de Fernando VII hasta la Restauración Alfonsina. Ver los escándalos de Isabel II, las Guerras Carlistas, la Primera República y hasta el reinado de don Amadeo que ni castellano sabía. Y si se teme que no haya guionista capaz de dar la talla, agárrense el Ruedo Ibérico de Valle Inclán o los Episodios Nacionales de Galdós. Con esas bases literarias no pueden quedar mal.

¿Y ustedes, qué periodo de la historia de España quieren ver en formato de miniserie?

lunes, 9 de julio de 2018

Borgoña: Juego de Tronos a la Alemana



Ni el TVGuide ni ninguna publicación relacionada con la programación televisiva,   anunciaron que Starz estaba ofreciendo “Maximilian”con subtítulos en inglés, este verano. Como Maximiliano es el personaje menos interesante, me referiré a la serie como “Borgoña” que es el nombre que le han dado para ofrecerla en español. En resumen, trata  del matrimonio entre Maximiliano de Habsburgo y Maria de Borgoña, unión que cambiaría la historia europea, cuando su hijo Felipe, el Hermoso se convirtiera en el padre de Carlos el Emperador. Sin ser la octava maravilla del mundo, es el tipo de serie  que necesitamos los troneros y los Tudormaniacos.

Primero fue Michael Hirst con sus Tudores, luego Neil Jordan con sus Borgias. Y entonces llegaron HBO, Weiss&Benioff,  y la saga de Ser George R.R. Martin. De pronto todos querían cuentos de intrigas palaciegas, bastardos reales, y  princesas obligadas a casarse. Vino” Reign”, vinieron los Vikingos, “Wolf Hall”, Reinas y Princesas Blancas, Versalles, hasta la Reina Victoria fue desempolvada y se le inventaron nuevos detalles para hacerla atractiva al público que clamaba por relatos históricos.

No solo la moda alcanzaba al mundo angloparlante. En España hubo una “ Isabel,” y luego “Carlos,  Emperador”. En Turquía, “El Sultán” nos presentó a Solimán y su corte. En Rusia hicieron “Velikaia”, sobre la juventud de Catalina, la Grande , y ahora HBO pretende contar la historia de la Emperatriz en su ocaso.  Los alemanes no se han quedado atrás. El 2013 tuvieron “Carlomagno”,  y el año pasado en una producción austrohúngara, llevaron a la pantalla “Maria Theresia”sobre mi emperatriz favorita. Tristemente, estas series no son fáciles de conseguir, por eso casi di un brinco cuando accidentalmente descubrí que Starz estaba dando “Borgoña”, que creo que ya ha sido vista en España.

“Borgoña” nos traslada a  Europa en el siglo XV. La historia comienza en 1477, y para los que nos hemos acostumbrado a las visiones comparativas de sucesos históricos, déjenme darles una idea de lo que estaba ocurriendo. En Florencia reina Lorenzo el Magnifico: en Roma, Cesar Borgia acaba de cumplir un año; en Castilla, Isabel y Fernando celebran su séptimo aniversario de bodas; La Guerra de las Rosas dividió Inglaterra, pero Eduardo y su Reina Blanca ya se apoderaron del trono.

Ahora lo que no sabemos. Los Turcos Otomanos, no contentos con zamparse el Imperio Bizantino, ahora han llegado hasta el Kosovo. El Sacro Imperio Germánico no es lo que fuera en días de Carlomagno. Reina Federico de los Habsburgo (Tobias Moretti), un hombre muy sagaz pero (como no se cansa de decirlo su hijo)  muy timorato. Federico tiene problemas con Martias Corvino (Mark Zak), rey de Hungría,  quien es el único baluarte en Europa contra la horda turca, pero que a cambio se ha quedado con grandes pedazos del imperio.

A Federico se le ocurre darle a Matías,  cuarentón y que ya ha enterrado a dos esposas, su hija Cunegunda (Constanza) de doce años. Por suerte Martias quien le asegura a Federico que sus voivodas (entre ellos un tal Vlad Tepes) mantienen a los turcos a raya empalándolos, no desea aceptar los términos del emperador, y prefiere casarse con Beatriz de Nápoles. Te salvaste,  Cunegunda.

El otro problema del Emperador, uno que comparte con el rey Luis de Francia (Jean Hughes Langlade), es el tremendo auge del Ducado de Borgoña. Los que saben de Juana de Arco, recordarán que los borgoñones eran los malos del cuento, aliados de los ingleses ellos le entregaron a la Doncella de Orleans. Bien, ha pasado el tiempo y bajo el reinado de Carlos, el Temerario,  Borgoña se ha vuelto un reino gigantesco, que va desde la frontera suiza hasta el Mar del Norte, y abarca, la actual Borgoña, el Franco Condado, todo el Noreste de Francia y los Países Bajos. Carlos no solo es millonario en tierra, también en fortuna. Lo que hoy es Bélgica es una bullente sociedad de comerciantes, fabricantes y mercaderes. Su única hija Maria (Christa Theret) es apodada “María, la Rica”. Pero la suerte se voltea.

Carlos va a la guerra con Francia. En un esfuerzo por anexar Alsacia, la Nochebuena de 1776, Carlos muere en batalla en Nancy. Maria,  de diecinueve años,  queda sola en su reino, rodeada de buitres, con el único apoyo de su aya Johanna van Hallewyn (Miriam Fussenegger), y de su querida madrastra, Margarita de York (Alix Poisson). ¡Pero si a esta la conocemos!  Es la cuñis de la Reina Blanca, la tía de Lizzie y Maggie. Entonces también conocimos a Maria, vimos su triste muerte que arruinó las posibilidades de Margarita de casarse con Jasper Tudor, romance producto de esa febril imaginación de Doña Pippa Gregory.
Johanna, María y Margarita
Joanne Whalley como Margarita de York en The White Princess (Starz)

La pobre Maria llama a reunión de consejo, tranquiliza a sus ministros, no va a despedir a nadie, pero planea  gobernar sin marido. Ejem, Nena, este es el Siglo XV. Eso no se puede.  El más descontento es un individuo llamado Egmont (Fritz Karl), que ahora es Duque de Güeldres, porque mató al padre para quedarse con el titulo. Individuo poco recomendable, pero María y madrastra le dejan claro que, en las inmortales palabras de Kiko,  “¡No me simpatizas!”
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A otro que no le parece que Borgoña no tenga príncipe consorte es al Emperador que planea casar a la duquesa con su único hijo, Maximiliano (Jannis Niewhonner). A Maxi no le parece, porque  “soy rebelde, cuando no sigo a los demás…” única razón,  para despreciar a la mujer más guapa y más adinerada de Europa.

Maxi,  a sus 18 años,  es insoportable porque abarca todos los clichés de nenes mimados y mal educados de la creación. Le grita a su padre que es un perezoso, que le teme hasta moverse del sillón. Para probar que su hijo no miente, sin moverse del sillón, Federico le hace un gesto a un cortesano que abofetea al príncipe. ¡Qué gran empleo ese!

Maxi tiene amores con Rosina (Lily Epply), dama de su hermana, pero como ella le dice , ella puede andar con quien quiera, en cambio él tiene que verla en secreto. A veces, Maxi se pone una armadura azul (¿también se la regaló el Matarreyes? ) y vence a algún incauto. Pero como le dice Polhein (Stefan Pohl), su chambelán (que parece tener la misma edad que Maxi) el príncipe heredero tiene mucho hocico, pero no hace nada útil.

Otro descontento es el Rey de Francia que quiere casar a Maria con su hijo Carlos (Max Baisette de Malglaive), una especie de Robalito, de seis años y escasos sesos que, para caerle bien a la novia, se cubre con el casco arrancado al cadáver del Temerario. Ah también conocemos a este Carlos, un poco más viejo, más gordo, fue ese rey francés que invadió Italia y fue burlado por “Los Borgia”.

Hijo estupido. Carlitos VIII
Carlos, más viejo, recibe un beso de Lucre Borgia (Showtime)

Para evitar que le hagan sombra a su nene, Luis envía sicarios a despachar a Maximiliano. El Emperador le ordena a su hijo no salir de palacio, ya que han puesto precio a su cabeza. Maxi, tozudo como burro, se escapa de noche en compañía de Polhein y ayudados por un pobre mozo de cuadras (y de paso le pisan la cola a un gato. Este Maxi no puede caerme menos simpático).
Polhein y Maximiliano

Los jóvenes se internan en un bosque que parece albergue de Caminantes Blancos. Yo creí que irían en busca del burdel de LIttlefinger, a que les leyera la suerte la bruja del bosque, o a rendir pleitesía al Rey de la Noche. Nada,  se sientan ahí en una cueva hacer tertulia. Llegan unos bandidos que creen son húngaros y los atacan. Maxi deja a Pohlein por muerto y se lanza al Danubio.

Llega todo mojado a su castillo donde el Emperador lo regaña en frente de la corte, se acusan mutuamente, Maxi recibe bofetada, pero el peor castigo se lo lleva el pobre palafrenero que lo ayudó. Es desterrado y sus bienes con confiscados. Bienes incluyen zapatos y ropa interior, con solo la camiseta, y más encima un cepo, el pobre hombre descalzo debe abandonar el reino.

El emperador presenta a Maxi con el mercader Fugger (Martin Wuttke). Este le dice al díscolo príncipe que ya se les acaba la lana cuyo monopolio está en manos de los hilanderos flamencos,  vasallos de Borgoña. Si los borgoñones no les venden lana, pronto no habrá con que vestirse en el Sacro Imperio. 
Fugger

Maxi se encoge de hombros y sin preocuparle como se vista su gente, o adonde irá el pobre descalzo desterrado, se va a acusar a Rosina de haberlo traicionado avisado a sus asesinos. Luego se va a acusar a Polhein  (que a propósito se llama Wolfgang, pero le dicen Wolf)de lo mismo. ¡Que inútil!  Entretanto, Federico manda a Fugger a Borgoña a pedir la mano de Maria.

Dos cosas. Me doy cuenta de que la importancia de los telares belgas viene de lejos y llegó hasta el siglo pasado. Por algo mi abuelo cruzó el charco para hacer fortuna como intermediario entre las textilerías belgas y las estancias bovinas de la Patagonia.

Lo otro, el Fugger, que todo el mundo desprecia como mercachifle, fue el fundador de una dinastía de banqueros. Hoy sus descendientes portan el título de Príncipes Fugger von Babenhausen.En días del Emperador Carlos, los Fugger trasladaron sus negocios a España donde les cambiaron el nombre por Fúcar, y hasta el siglo XIX se decía de algún millonario,  “Rico como un Fúcar”.

Louis XI y su mujer Carlota de Saboya (Sylvie Testaud), tendrán facha de verduleros, pero no son tontos. Luis manda a su hombre de confianza Philippe de Commines (Nicolas Wanczyki) a Flandes a socavar el reinado de Maria y evitar su matrimonio con Maximiliano. Es una lástima que Commines, el Maquiavelo galo y primer historiador francés, no sea el héroe de esta historia porque fue un personaje fascinante. Una especie de Meñique, el gran fixer de la corte de Luis XI.
Fugger y Philippe de Commines

Commines es un experto en interceptar cuervos, en abrir cartas lacradas para lacrarlas luego de leerlas. Lo sabe todo,  sobre todo a quien hay que sobornar. Llega a Gante y convence  al concejo de burgueses que ellos son el pulmón de Borgoña y no deben dejarse manipular por una mocosa. La Ley Sálica de los francos exige que ninguna mujer reine a menos que esté casada.

Los flamencos visitan a Maria le recuerdan la Ley Sálica y le exigen que les firme El Gran Privilegio que les permitirá mandar a ellos y mandarla a ella. Maria los despide. No quiere casarse con el principito francés, porque culpa  a Luis de la muerte de Carlos, el padre de ella. Pero menos quiere casarse con Maxi . Maria cree que los austriacos son unos puercos hediondos, que comen carne cruda y teme que Maxi exija sus derechos conyugales a cada rato. “Yo soy delicada” le dice a su madrastra. Yeeh, Maria, al fin una princesa que no vive en celo.

Egmont se le aparece a María. Le dice que tiene 300 hombres, una señal de ella y decapitarán a los burgueses levantiscos. “¿Que pediréis a cambio? “pregunta recelosa la Duquesa. Egmont dice que se contenta con una sonrisa de ella. Maria monta en cólera, le ordena en el mejor tono de Daenerys,  que se largue y no vuelva presentarse ante ella. Egmont se va rumiando y no para hasta llegar a la casa de Commines quien justo preguntaba si el Duque era sobornable. 

Ya apropiadamente sobornado, Egmont lidera a los burgueses en un asalto al Palacio. Interrumpen justo cuando María se entrevista con Fugger. Uno le clava la espada al pobre Obispo Hugonet (André Penvern) que se desploma en una silla (parece que solo lo pinchó porque se queda ahí con cara apesadumbrada durante toda la escena).

Los amotinados acusan a la Duquesa de traidora por andar en entrevistas secretas con sus enemigos y la obligan a firmar “El Gran Privilegio”. La aterrorizada Maria ruega a su aya Johanna que vaya a Austria y se entreviste con Maxi. Si certifica que es presentable, se casara con él. Johanna parte. Me imagino que Commines ya se habrá enterado de su empresa, mas puesto que él y Johanna eran primos.

Johanna llega sin problemas a la corte imperial (que mas parece establo). Olfatea a Maxi bien olfateado, descubre que se baña, que es guapetón y que comparte con Maria una afición a los autores clásicos. Maxi observa el camafeo con el retrato de la Duquesa (que aún para nuestros estándares era bonita), escucha a Johanna cantar loas sobre las virtudes de Maria y le escribe a su futura una carta muy filosófica aunque poco romántica. En ella le dice que la gente comete actos que siente errados no por maldad sino por evitar males mayores. Quiere que así perciba su matrimonio. A Maria la impresiona gratamente la carta. Se considera comprometida. Maxi pone en marcha su comitiva hacia Flandes en busca de su nueva esposa.
Egmont manoseando a la Duquesa

Solo que mientras la comitiva germánica avanza a paso de tortuga y Maxi sigue haciendo tonterías (se cae en un pantano, se enferma) su novia tiene que atender a los refugiados picardos, aguantar ofensas de los burgueses y manotazos del acosador Egmont quien le declara su amor. Maria termina degollándolo cuando el simpático intenta violarla. El verdadero Egmont murió en batalla, pero esto sirve para una escena tipo “Downton Abbey” donde Maria, su madrastra  y  Johanna deben arrastrar el cadáver por los pasillos hasta la torre y luego arrojarlo al canal.

Esto han sido los tres primeros episodios de una miniserie de seis partes. Tiene sus virtudes a  pesar de ser muy cliché, y de que sus personajes también lo son. Sabemos mucho de Maria, pero Maxi es totalmente acartonado,  un cruce entre el Fernando de Rodolfo Sancho  y el Rey Arturo de “Las Aventuras del Joven Merlín”. 

El mérito de “Borgoña” es que nos presenta un episodio histórico para muchos  desconocido. Las licencias no son graves. Maria si estuvo presionada para casarse, tuvo problemas para gobernar, su matrimonio de conveniencia devino en romance que acabó con su trágica muerte de la cual fuimos testigos en “La Princesa Blanca”.

Los actores, bueno es difícil encontrar conocidos en obras europeas continentales.   Christa Theret ha hecho bastante cine y televisión. Yo tuve el placer de verla como protagonista en una adaptación de El Matrimonio de Chiffon de Gyp, parte de ese excelente ciclo de dramatizados que hizo la televisión francesa llamado “El Siglo de Maupassant”.
Le Mariage de Chiffon (Tv-5)

Apenas vi a Margarita reconocí a Alix Poisson , la pobre calumniada Charlotte de “The Collection”. Egmont me sonaba también conocido, pero mas joven. Me costó reconocer  en Fritz al Conde Andrassy de la versión italiana de “Sissi, Emperatriz” (2009). A Tobias Moretti lo recuerdo como Ferdinand Marian en “El Judío Suss”.
The Collection (Amazon)
Sissi, Imperatrice (RAI)





















Jud Suss Film Ohne Gewissen

Se nota la influencia de “Juego de Tronos” y no solo en los desnudos que al ser “Borgoña” alemana son frontales (femeninos y masculinos), pero también en el uso de la iluminación, o ausencia de ella y en el shabby chic de las cortes. El castillo del Emperador parece Harrenhaal, Viena parece Villa Topo, Gante se ve un poquito mejor. Además de la estética tronera, hay mucho que admirar en este intento por contar una historia con cierto esmero, y atención a pequeños detalles que otras series con mas renombre, olvidan. Se las recomiendo.


jueves, 15 de junio de 2017

El bochornoso retrato de la corte española en The White Princess


Escribirle una reseña a “The White Princess”, una miniserie que deja todo que desear, me estaba resultando complicado. En mi ayuda vinieron mis reinas españolas que se han enterado que uno de los muchos disparates históricos de la serie ha sido su grotesco retrato de Los Reyes Católicos.  Esa escenita en el Alcázar de Sevilla ha suscitado muchos bufidos en las redes sociales y alguna que otra nota que mi último googleo ha sacado a flote. Pero en serio ¿en cuántas ocasiones la ficción histórica angloparlante ha sabido representar fehacientemente al mundo ibero? Y no nos apresuremos a lanzar primeras piedras. La telenovela de época hace rato que dejó de serlo. Algunas ficciones seudo históricas de RTVE (y de Antena 3 también) tampoco son para presumir, como esa del maestro ciruela metido a súper héroe. ¿Cómo se llamaba?

Esta abominación de “La Princesa Blanca” nos alerta sobre el prevaleciente descuido de la ficción histórica contemporánea. Es momento de buscar responsables. La primera en el banquillo de los acusados se llama Philippa Gregory. Se ha convertido, por varias razones, en la representante por antonomasia del romance histórico. Es muy popular, vende bien, la leen en todo el mundo y tiene energía para sacar, año por medio, algún libro nuevo al mercado. ¿Quiere eso decir que se puede confiar en la historicidad de sus textos? La respuesta es negativa.

The White Princess es la prueba de que a Doña Pippa le gusta más la fanfiction histórica que dramatizar hechos reales.  Me explico, como toda FF, la fanfiction histórica gira en torno a shippings. Te agarras a tus personajes favoritos, los emparejas, les escribes su romance ¡y voila! A que te lean. Yo babeo sobre historias que hacen que Maria Tudor (la Bloody Mary) se casa con su tío político, el Duque de Suffolk, tienen trece hijos y reinan sobre un pueblo que los ama. Lo importante es que yo sé que eso está bien para El Bosque Encantado, pero no para la crónica histórica. Los lectores de Gregory muchas veces se confunden entre la realidad y la ficción.


Un día, Madame Gregory se cansó de escribir sobre Enrique, sus esposas y sus hijas y se fue al pasado más recóndito a ver lo de La Guerra de las Rosa y el primer Tudor. A diferencia de George R.R. Martin, no cambió nombres ni hechos, ni se inventó un mundo de dragones y Caminantes Blancos. Lo que hizo, y está de moda, fue inyectarlesmagia a hechos reales. 

Es por eso que la adaptación de Starz llamada “The White Queen” es infinitamente superior a su secuela. Tiene personajes más atractivos y queribles y está basada en un cuarteto de novelas, cada una con una protagonista intrépida. Mi favorita es la heroína de Lady of the Rivers, Jaquetta de Luxemburgo,  quien en la vida real fue acusada de practicar artes mágicas. Gregory la convierte en bruja de facto, descendiente directa de la poderosa hada-ondina Melusina, y tutora de su hija la Reina Blanca en lo mismo que se enseña en Hogwarts.

Elizabeth Woodville, alias Reina Blanca, se encarga de incluir a la mayor de sus hijas, Lizzie, alias Elizabeth York, en su último gran hechizo. Porque después, Lizzie jamás volverá a aplicar la magia a su vida y por eso es que los productores de “The White Princess” tuvieron poco con que trabajar para hacer la serie más llamativa, pero volvamos a lo de la maldición.

 Desconfiando de su cuñado Ricardo III (que aquí es bueno como corresponde a la nueva tradición del revisionismo histórico anglo), Elizabeth envía a uno de sus hijos, Ricardo, Duque de York, a vivir con una familia de Flandes llamada Warbeck. Luego, reemplaza al principito con un campesinito parecido, por lo que, en la masacre de los Príncipes en la Torre, solo muere un niño de sangre real. De acuerdo a la novela (y la misma Gregory en un epilogo dice creer que esa fue la verdad) Perkin Warbeck no fue un advenedizo sino el verdadero Duque de York que vino a exigir que le devolvieran el trono.

Antes de la batalla de Bosworth, Elizabeth y Lizzie invocan a Melusina y colocan una maldición sobre quien mate a los príncipes. La maldición dicta que los descendientes de los asesinos verán morir a sus descendientes varones. Como ambas Elizabeths creen que la asesina fue Margaret Beaufort no hay problema. Lizzie está segura que su tío-amante Ricardo matará a Enrique Tudor, hijo de Margaret, y que ella será reina. Como vemos en “La Princesa Blanca”, las cosas no serán así de fáciles.

Enrique mata a Ricardo y se convierte en rey. Ahora le toca fundar una nueva dinastía, pero como le da rabia que Lizzie no sea virgen y siga llorado por un rey que él mató, la viola. Si, así mismo. No es que esté borracho, o que se ofusque en medio de una pelea. El rey somete a Lizzie a una serie de violaciones sistemáticas encaminadas a certificar su fertilidad. Aunque no hay evidencia histórica de que esto haya ocurrido, Enrique VII no era un personaje muy simpático así que desde ya es permisible tomarle fastidio.

La embarazada Lizze se casa con Enrique, tienen tres hijos y serian felices sino fuera por a) Enrique es un paranoico que se sabe usurpador b) todos están en contra de él comenzando por su suegra c) a cada rato le salen al paso gente que pretende quitarle el trono d) su peor enemiga es su madre, Margaret, que es también su única aliada.

Tienen que ver a Catelyn Stark como Margaret Beaufort. Ósea olvídense de Lady Corazón de Piedra. Michelle Farley que esta flaquísima, parece reptiliana, anda con un atuendo que es un cruce entre el guardarropa de Maleficent y el de Darth Vader. En la vida real, Margaret era fanática religiosa y mujer controladora, pero aquí en la serie la ponen peor que en el libro. Esta Margaret es una alimaña, mata niños, mata adultos, hasta mata a su gran amor, el pobre Jasper Tudor.


Bajo su influencia, Henry tiene a todo el mundo encerrado, a su primito político, el Conde de Warwick, en la Torre, a su suegra en una abadía. Hace cortar cabezas, casa princesas con plebeyos, todo para evitar que le quiten su trono. Ayyy este está peor que Cersei. Justo ahí aparece Perkin Warbeck, que viene apoyado por Borgoña y por Escocia. El problema es que Lizzie (en la serie, en el libro no está muy segura) sabe que Perkin es su hermano. Ella no quiere perder al trono ni al marido, pero tampoco quiere cometer fratricidio porque entonces sí que les cae el maleficio encima. La solución se la proporciona ... ¡. Isabel la Católica!

Lizzie quiere casar a su hijo mayor, Arturito, con la princesa más poderosa de la Cristiandad, y esa es Catalina de Aragón, que por entonces todavía andaba en pañales. Los Tudor se embarcan hacía la recién conquistada Granada. Ósea, digo embarcan porque ni modo que llegaran en jet, había que cruzar el mar. En la serie nos los muestran planeando el viaje, y luego yendo por un senderito andaluz, da la impresión que Andalucía queda ahí, a la vuelta de la esquina de Gales.

No sé porque no filmaron en Granada. En cambio, se van al Alcázar de Sevilla (que la serie insiste en identificar como “La Aljambra”) donde Fernando e Isabel los reciben muy entronados. Antes de las presentaciones, se aparece una niñita que les hace un baile muy chulesco. Se ha hablado de flamenco, supongo que esa es la idea a juzgar por los zapateados y batir de palmas de la nena morenita teñida de rubio a la que presentan como Catalina. La chiquita se da más volteretas que oso de circo y aunque no se saca un trapo, la coreografía suena más a danza de siete velos o a Bollywood que a aires hispánicos.

En fin, después tenemos a Isabel y Fernando tras un velo de oro, y en tronos de oro y si te quedó alguna duda de lo magníficos que son estos señores, la misma reina le dice a Lizzie que Catalina es más millonaria que los Lannister. Hay un preámbulo idiomático. A pesar de que anda por ahí el interprete oficial, Señor de Puebla con unos bigotes de Dalí, Isabel le hace al inglés y... ¡Oh sorpresa! Lizzie ha tomado clases de español.


Esto proporcionará una excusa para que la Princesa Blanca le oculte al marido lo más grave de la entrevista, Isabel entregará a su hija siempre y cuando los Tudor escabechen a Perkin Warbeck y al pobre Teddy, Conde de Warwick. Parece cruel, pero tiene razón (y lamentablemente este si fue una exigencia histórica). No se puede mandar a la hija a un país siempre al borde de la guerra civil y casarla con un príncipe que no tiene asegurado el trono. Si el de Isabel es de oro, el de los Tudor debe ser de madera carcomida por termitas.

En la vida real, Lizze no sabía castellano, y esta escena ha sido un recurso dramático para demostrarnos nuevamente que es ella quien piensa en esa pareja y que Isabel lo reconoce. Nos queda claro el poderío de los Reyes Católicos, o al menos del de Castilla porque Fernando montará tanto, pero mete baza solo dos veces:  una para pedirle a su reina que abrevie (se le nota fastidiado) y otra para preguntarle a Lizzie si le han quedado claras las exigencias de su mujer.

Debo aclarar que este curioso episodio sevillano, no aparece en el libro, ni ocurrió en la vida real. Los Tudor no conocieron a Catalina sino hasta la llegada de la princesa a Inglaterra en 1501.  Todo esto es invención de STARZ que ha mercadeado la serie como una “GOT feminista” (¡ARRGH!). Y ya conocemos la máxima de las faux-feministas de hoy:  si el mensaje es positivo (léase, sigue nuestra agenda) ¡entonces al carajo con lo histórico! De ahí que tengamos a la corte Castilla-Aragón convertida en el Dorne y a Isabel y Lizzie champurreando, una en inglés y la otra en “cristiano”, a espaldas de los maridos, que Fernando parece que quería irse a ver el futbol en la tele y Enrique se veía más pavo que de costumbre.

A pesar de que se consigue el propósito de mostrar que Lizzie puede estar al nivel de una gran reina como la Católica, la falsa Alhambra, el bailoteo, y el aspecto físico de las españolas deja un mal sabor de boca. No le vemos el cabello a Rossy de Palma, pero su cara no es la de Isabel y vaya que hay retratos contemporáneos de la reina.

Sin embargo, a diferencia de su tocaya inglesa, Isabel de Castilla no ha sido bien retratada en la pantalla. Aunque grandes actrices como Sigourney Weaver, Faye Dunaway y Rachel Ward le han dado vida, para el mundo angloparlante Isabel (o Isabella como se la llama en inglés) tuvo una única importancia, vendió sus joyas para costearle el viaje a Cristóbal Colon. Así aparece siempre en el imaginario gringo. Incluso ese cameo en” La Fuente” de Darren Arofnosky, donde Rachel Weisz se ve deslumbrante, también se relaciona con el descubrimiento de América.


Sigourney Weaver en "La Conquista del Paraíso"

Rachel Ward en "Cristobal Colón: el descubrimiento"

Faye Dunaway en "Cristobal Colón"

Rachel Weisz en "La Fuente"

Este problema recién se está solucionando gracias a la Tudormania. Cuando se habla de Catalina de Aragón siempre se la compara favorablemente con la madre. Incluso en “Wolf Hall”, cuando los nobles desdeñan la posibilidad de Maria de reinar porque es mujer, le sale Cromwell al paso recordando a la abuela de la princesita y su buena gestión como gobernante. Estoy contenta que estas series (Los Tudors principalmente) sean tan enfáticos en la influencia de España. Ha llegado al punto que en el disloque histórico que es “Reign”, Felipe II casi se apodera de Francia porque no le gusta como los Valois manejan a l problema hugonote.
Isabel de Valois, Reina de España, viene a meter en cintura a los franceses

Lo primordial es que el mundo gringo esté teniendo otra visión de España, una alejada de Inquisiciones y de Conquistadores. Lamentablemente, existe un prejuicio sobre el mundo Mediterráneo que exige esa visión exótica de princesas bailaoras, reinas de oropel y el Alcázar disfrazado de Alhambra. No es accidental lo del Alcázar, ¡que ya hay televidentes anglos que han gritado “¡ese es El Dorne!”, y es que así venden a la España histórica.

Los televidentes angloparlantes (eso abarca a Afro-Americanos que cuando se trata de otras culturas o espacios geográficos, salen con los mismos prejuicios o tal vez racismos de sus rivales caucásicos) andan preocupados porque “The White Princess” no presenta diversidad cultural. Como ya sabemos, las políticas de diversidad cultural del Primer Mundo se refieren estrictamente a variedad de géneros e inclusión de gente de diferente color de piel.   Para cumplir con esas políticas se sale con soluciones como lo del tablao sevillano. También lo de poner a Rodrigo de Puebla con cara de mercader levantino, lo que les hubiese encantado a sus enemigos que lo persiguieron, toda su vida, con acusaciones de ser Marrano.

La ironía es que el mundo contemporáneo tiende a asociar España con niñitas jaraneras, embajadores mostachudos, reinas tiesas con cara de cuadro de Picasso, pero para el inglés del Renacimiento, España era una inmensa potencia que cosechaba poder tanto en el campo de batalla, como en la conquista ultramarina y también, en las uniones dinásticas.  Por parte de su padre, Lizze descendía de Leonor de Castilla al igual que Enrique, vía Juan de Gante. La abuela de Isabel, Doña Catalina de Lancaster, era hija de Juan de Gante, ósea era inglesa. de ahí que Isabel fuese pelirroja (como lo eran Catalina de Aragón  y su hija Maria). Aquí no había superioridad racial por parte de los “blancos”.

Nos queda claro entonces que este episodio de “La Princesa Blanca” es un bochorno ¿Pero podemos lanzar la primera piedra? ¿Son los dramas de época del mundo hispano parlante más apegados a la realidad histórica?  Ciertamente, no en lo que respecta a telenovelas y series históricas latinas que suelen ser tan anacrónicas que ya solo falta que los personajes saquen celulares y tablets de los miriñaques.

"                                            Primer encuentro entre los Reyes Católicos en "La Espada Negra"

Pasemos entonces al drama histórico español y comencemos precisamente con el tema Reyes Católicos. Las mejores Isabeles para mi han sido Maribel Martin en “La Espada Negra” y Michelle Jenner, por supuesto, que ha capturado de tal manera la imaginación popular española que la llevaron a hacer de Isabel en “El Ministerio del Tiempo” Un pequeño detalle, ambas son rubias. Se  olvidan que Isabel tuvo cabello rubio rojizo en su juventud, pero que cuadros de su época madura muestran que el cabello se le oscureció hasta adquirir un rojo cobrizo.

 Isabel en su juventud

Isabel en 1490

Michelle Jenner como Isabel

A mi comenzó a atraparme” Isabel” a partir de la segunda temporada que siguió la pauta de “Los Tudors” de ampliar el panorama, salir de las fronteras españolas y mostrarnos la influencia de Castilla en el tapiz europeo. Pero en la primera temporada hubo bemoles apoteósicos y a ratos parecía querer copiar a GOT, que un discurso de Don Beltrán de la Cueva salió calcado de uno de Theon Greyjoy tras la batalla del Bosque Susurrante.

” Isabel” dejó la vara alta para los dramas históricos. La siguió “Carlos Emperador", muy buena, muy lujosa, pero había actores infames ahí… mejor no sigo, y también jugaban con la historia. Esa hermana de Carlos, Leonor, estaba peor que la hermana de Enrique en” Los Tudors”, y no se sabía si los hijos eran del marido o del hijastro. Igual me dio pena que la cortaran, tenía tantas ramificaciones y cumplía con mi requisito principal del drama histórico, obligarme a leer más sobre el tema. Algo que no encontré ni en “Toledo”, ni en “Hispania”, ni en “El Final del Camino”, que ya estaban como "Bandolera” en su carencia de atmosfera de época o falta de asesoria histórica.

Leonor de Austria 

Recientemente me enteré de una miniserie que dieron este año llamada “Reinas” y que venía a ser el aporte español a la inagotable Tudormania. Me dio pena perdérmela y aun mas saber que no tuvo éxito.  Yo ando con mucho tacto con los period pieces y la ficción histórica y suelo ser mucho más exigente con el material en español. Tal vez porque hubo una época en que para mí la mejor televisión de época venia de España (los 80s) y tal vez porque la desilusión que sufrí con “Águila Roja” me dejó traumatizada.
Laura , verdadera reina de Las Españas

Cuando nos reímos de los esperpéntica que les quedó la visita real a Andalucía en The White Princess” tengo que detenerme y recordar esa corte barroca de “Águila Roja” donde los únicos buenos eran los criados (y ni tanto). Si vamos a quejarnos de despropósitos históricos ¿qué tal que todos los matrimonios de Felipe IV eran nulos porque en su juventud el rey se había casado con una condesa francesa y había procreado a los tres engendros más tarados de Las Españas? Y cuando hablamos de anacronismos recordemos los modelitos de Lucrecia, al lado de los cuales el vestuario de “Reign” es rigurosamente histórico. 
Lucrecia andaba disfrazada de La Reina Mala en Once Upon a Time

Margarita no se peinaba nunca

Y Lucrecia , a veces, se peinaba demasiado

Concluyo con lo que creo que explico mejor en mi nota sobre la feminización del period drama. Somos tolerantes mientras no nos pisen los callos.  Que no se nos olvide esta vergüenza ajena que nos ha proporcionado “The White Princess” para la próxima vez que veamos cómo se pasan por las nalgas los hechos históricos, tanto en series gringas como hispanas. 

Ahh ¿y saben lo que más confirma mi tesis? Que en mi paseo por las redes sociales en español me encuentro con perlas como” en la España de las Tres Culturas es posible que esto haya ocurrido” y “Oí que ä Isabel la Católica en realidad le gustaba el flamenco” y “esto no es un documental. Se permiten las licencias”. Ahí tienen a los historiadores expertos de la era Twitter-Instagram que aprenden en la universidad de la más mediocre ficción histórica.