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jueves, 12 de marzo de 2020

Las Telefonistas se Van a la Guerra: Como Netflix y Bambú Defecaron sobre la Memoria Histórica



Aunque ya hace rato que, por cursilona, telenovelera y mal escrita, le tiré la cadena a “Las Chicas del Cable” se me antojó ver esta última temporada. Aparte que quería ver como acababa la primera colaboración ibero-Netflix, el ver a las telefonistas metidas en la Guerra Civil me resultaba curioso. Quise ver si buscaban un enfoque diferente,  como lo ha hecho “Vidago Palace”.

¿En Dónde Quedamos y Adónde Vamos?
La Cuarta Temporada terminó en una trágica estampida. Lidia (Blanca Suarez) y su pandilla, acompañada de hombres fieles como Francisco (Yon González)  y Cristóbal Cuevas, fabrican un motín en la cárcel para rescatar a Oscar-Sara (Ana Polvorosa) que va camino al cadalso. El plan resulta, pero cobra una víctima, Ángeles (Maggie Civantos), que se desangra lentamente, tiempo que le permite hacer una arenga, revelar que ella es El Mirlo, y rogarles a todos que velen por su hija.
Angeles muere haciendo tetulia

Tras esto, Lidia y Eva emprenden la huida a America, para poner tierra de por medio entre la niña y su débil padre y manipuladora abuela. Nos imaginamos que Sara y Carlota (Ana Fernández) también emprenderán el vuelo y el resto …bueno, ya lo veremos en la próxima temporada

La Temporada 5 abrió, con solo cinco capítulos, el día de San Valentín. Una ironía puesto que,  aparte de Oscar y Carlota,  aquí no hay romances que valgan. ¿Pero qué vale en “Las Chicas del Cable”?  La historia inicia en Nueva York a comienzos del ’39, el último año de la guerra. Al final, Lidia se fue con Francisco. Viven juntos (ni sabemos si están casados) con Eva y con Sofia (Denisse Peña), porque en algún momento falleció la abuela de la niña y esta ha sido adoptada por Lidia.

Al final de la guerra, a Miss Sofia le apetece ir a unirse a las milicianas y huye a España. Lidia recluta las Chicas del Cable y se reúne con ellas en Madrid. Carlota y Oscar acaban de llegar de Paris y dicen ser periodistas. La gestoría de Pablo y Marga ha sido tragada por la guerra y ahora ellos trabajan en la oficina de Censura y Prensa que está instalada en lo que queda del edificio de la Telefónica.
Reunión de telefonistas

Las chicas se ponen a buscar a Sofia. Cuentan con la ayuda de Victoria que se ha convertido en la dueña de un bar de postín y jefa de una red de estraperlo que opera desde Portugal (¡Viva Victoria!) y un periodista yanqui, llamado James Lancaster (Alex Hefner). Pero le sale al camino el coronel Carlos Cifuentes (Martiño Rivera) lleno de rencor contra Lidia porque se fue con Francisco. Se las arregla para alejarla de Sofia y la chantajea exigiéndole que le devuelva a Eva.

“Las Chicas del Cable” sigue en un limbo histórico y continúa cometiendo los errores estilísticos y argumentales que la han convertido en un entretenimiento barato. Sus fans pueden esperarse su dosis de situaciones inverosímiles (Lidia va donde quiere, atropella vallas del ejército republicano, e interrumpe reuniones de alto mando) y de diálogos clichés.

Lo bueno se puede resumir en que las chicas siguen guapísimas, muy bien vestidas— y eso que estamos en medio de una guerra— y Francisco por fin se cortó el cabello. Fuera bromas, los bombardeos de Madrid también están bien hechos, aparte de eso…

¿Hubiera costado mucho crear un mínimo de trasfondo y backstory? ¿A qué se dedican Lydia y Francisco en Nueva York? ¿De qué viven?  Lidia llora y aúlla que le devuelvan a Sofia, pero no tenemos ni un flashback de su relación que debería ser muy intensa puesto que esta mujer ha cruzado el Atlántico y se ha adentrado en zona de peligro para buscar a alguien que ve como hija. El problema es que la Perséfone no está al nivel de su Deméter. Sofia no parece extrañar a su madre adoptiva y está muy cómoda en su nuevo entorno miliciano.
Sofía en unas milicias que ya no existían

La Meteorología y Otros Disparates
Luego tenemos un problema cronológico y estacional. La serie comienza con Lidia caminando por una calle neoyorquina vestida con un traje de material ligero con blusa con escote en V. Como neoyorquina les puedo decir que eso puede usarse solo en otoño o primavera. Pero estamos en 1939, en vísperas de la Caída de Madrid lo que ocurrirá el 28 de marzo.

Eso,  desde un punto de vista estacional, tuvo lugar siete días de iniciada la primavera. Entonces deducimos que la acción tiene lugar un par de semanas antes de ese punto. Conclusión, la acción tiene lugar en invierno. No sé cómo será en España, pero en Nueva York el clima invernal dura hasta mediados de abril. Suelen haber grandes nevadas al comienzo de marzo a las que siguen fuertes lluvias y un viento gélido, los famosos “Winds of March”. Pero la serie nos enseña una Nuevo York soleada, seca y a Lidia muy despechugada en un traje de media estación.
¿Calentamiento global en el 39?

La descripción meteorológica sigue errando al otro lado del Atlántico. Un constante en las narrativas de la Guerra Civil era el frio que se sufría en los inviernos madrileños a causa de la falta de leña y ropa de abrigo, pero ahí tenemos a todas paseándose sin gabardina ni sombrero y a Marga (Nadia de Santiago) de manga corta y quejándose del calor.
Madrid y su caluroso invierno

 No digo más porque el vestuario sigue siendo uno de los fuertes de la serie tal como el maquillaje de Blanca Suarez a la que no se le corre el pintalabios ni cuando se manda esos discursos moralistas tan fuera de lugar en una mujer que es una delincuente de cabo a rabo, casi tan manipuladora, y usa-gente como su suegrita. ¿Además, si fuera tan fantástica Lidia porque su hija adoptiva ha preferido abandonar Nueva York (que era muy entretenido para los jóvenes de ese año) para irse de miliciana?

No me digan que una quinceañera neoyorquina (más encima con problemas cardiacos) iba a tener conciencia política. La misma Marga se sorprende al ver que Sofia tenía en su poder un panfleto para unirse a las milicias. “¿Como llegó esto a sus manos? “pregunta Marga. Pues posiblemente en el bolsillo de algún brigadista.  ¿Y cómo es que (algo que se pregunta hasta esta bloguera fan de la serie) una adolescente iba a viajar sin pasaporte ni permiso de los padres?

Además, que… ejem, tal como Las Brigadas Internacionales (que habían sido desmanteladas el verano del 38) las milicias ya no existían en 1939. Otra cosa, la serie no nos muestra ni a los moros en el bando rebelde ni a los rusos cuyo dominio sobre el gobierno había sido causa de enfrentamientos entre políticos republicanos.

Incluso a nivel periodístico, quedaban pocos corresponsales extranjeros en Madrid. Martha Gellhorn había seguido a Hemingway a China. Virginia Cowles se había ido a cubrir la crisis de Checoslovaquia. De hecho, la mayoría de los periodistas ese invierno del 39 ya estaban en otros frentes. Tal vez Robert Capa todavía estaba en el Hotel Florida en la Calle Callao. Ciertamente el fotógrafo James Lancaster no se parece en nada a Capa, ni a los otros periodistas que Alida Vaill nos presentase en su fantástico Hotel Florida A pesar de que el Hotel Pacifico donde paran James y las Chicas del cable se supone que es el Florida.

Haber elegido un momento tan significativo como ese último invierno del conflicto hace más evidente la falta de atmósfera, ¡qué digo atmósfera! La ignorancia de los productores es evidente. Madrid estaba a un paso de caer. Todas esas faramallas de “mandar gente al frente” en camiones es grotesca. El frente ya estaba casi dentro de la zona urbana de la capital.

En marzo, unas semanas antes de rendirse, en Madrid, estalló una mini guerra civil entre comunistas y moderados, ganando estos últimos. No solo no se menciona este importante episodio, pero esa sensación de derrotismo, angustia y división está ausente de una serie que sería considerada apolítica sino fuera tan feminoradical.

Ni Política Ni Feminista
Y eso lo confirma la productora de Bambú,  Teresa Fernández Valdés,   que dice que no busca hacer política ni tampoco es “oportunista” en lo de su mensaje feminista. ¡Ay no me hagas reír, Teresa, que tengo los labios partidos! Si no pierden oportunidad de embutir sus discursos mituteros, y no meterse en política no significa parodiar un evento trágico que costó vidas en ambos bandos. O como ha dicho Raquel Hernández Lujan en el sitio HobbyConsolas:

Está claro que se trata de una ficción, pero quizás por esa razón habría sido más respetuoso no internarse en el terreno de la Guerra Civil para desarrollar un culebrón tan ridículo, frívolo y pretencioso con la cargante voz en off del personaje de Lidia (Blanca Suárez) como hilo conductor.

Tal vez tenga razón Laura García Higueras que dice que la serie no es feminista. Cierto, que haya mujeres en sus papeles principales no la hace feminista, tampoco el que las telefonistas cifren todos sus actos en sus parejas o familias. Lidia que no necesita del amor, pero sí de los hombres para encontrar a Sofia; Marga que vive preocupada por su Pablo (que le importa más que el hijo que espera) y hasta Carlota parece estar más deslumbrada por el tal James que por el pobre Oscar.

No es que me moleste que una serie no sea feminista (si, si fuese misógina). Yo también creo que el amor, la amistad y la familia son factores determinantes en nuestras acciones en tiempos de crisis, pero me resulta graciosa una serie donde las mujeres se la pasan chillando “¡no te necesito!” “¡me las puedo sola!”  “¡lárgate!” y luego corren donde los hombres para exigirles que las saquen de apuros y sin un mero “Gracias”.
¡Por eso me meto en cada lío!

A pesar de todos los aullidos de que los fascistas son malos, ninguna de las Chicas del Cable es realmente republicana.  Ni siquiera Carlota que era la metida en política. Hay que reconocer que esa falta de ideología permite presentar el lado feo de la Republica.

Al descender del avión, Lidia ve como un miliciano golpea prepotentemente a un pasajero; Sofia es testigo del asesinato, sin mediar juicio, de un prisionero nacionalista; James es torturado en la Checa de Bellas Artes (la misma donde estuvo prisionera la Duquesa de la Victoria), Marga anda auxiliando seminaristas que se salvaron del “paseo” y llevan años ocultos en ruinas, y con oficiales como Carlos bien se entiende que los republicanos hayan perdido la guerra.

Aparte de los errores históricos graves (el road movie de Carlos y Lydia por zona enemiga sin que nadie los detenga, tan campantes como Messi en la cancha de futbol, es para desternillarse de la risa), la serie abraza una postura de “yo primero, y que la ideología se vaya a la porra”. Como dice Carlos “lo importante es sobrevivir”. A pesar de que Lidia le ponga cara de fuchi ni ella ni su pandilla demuestran  lealtad por ninguna causa.

Y Nacen las Fake News
 Luego tenemos al pobre Oscar clamando en el desierto por la ética periodística, pero James la deja callada con una extraordinaria explicación de por qué las fake news son justas y necesarias. Ejem. Eso ha indignado hasta una bloguera gringa, pero lo que más tristeza me ha dado de su post ¡es que se ha creído que las chekas las manejaba Franco! Ahí caes que la serie esta tan mal narrada que ya ni sabes de que bando se trata ni cual es culpable de tal y tal disparate (ya lo corrigieron). O como dijo Maria Alba en Espinoff.

Y todo, envuelto en un atrezo de cartón piedra que simula una contienda bélica y que resulta bastante naíf si se compara con otras recreaciones televisivas y cinematográficas de la Guerra Civil. Hacen falta algo más que polvo, unos cristales rotos y unos sacos de arena a los lados de la calle para recrear el avance y la victoria del bando nacional en Madrid, en 1939.

El nivel del ejército republicano no solo tiene su peor exponente en Carlos. La arrojada miliciana Sofia y el soldado a regañadientes Pablo (Nico Romero) caen prisioneros en su primer día en batalla. A Pablo le toca en suerte que quien lo coge prisionero es su gemelo Julio. Háblenme del cliché de “guerra fratricida”.

¿Pero qué vamos a decir de una serie sobre la Guerra Civil donde los párrocos de pueblo ocultan Rojos y los Franquistas matan curas? Parece que los escritores se leyeron el manual de historia al revés. Y aun así no he oído reclamos. Los abogados de la Memoria Histérica no dicen ni pio sobre esta guerra que parece película de Abbot y Costello. Les dejo esta video-reseña que les explicara mejor la masacre que se ha hecho con el pasado.

¿Y por qué van a quejarse si la serie ahora rinde culto al nuevo dios de la progresía, el Faux Feminismo Mitutero?. Y ahí tenemos a Lydia, la Suma Sacerdotisa, siempre dando sermones y discursos incluso como narradora off camera. Ella la que pasa por encima de los ejércitos Republicanos y “Sublevados” como les llama la serie y no se le arruga el vestido. SPOILER: al final cae en manos de Doña Carmen (Concha Velasco), otra irrompible, y espero que reciba algún sopapo de la suegra antes que venga a rescatarla la Mujer Maravilla

¿Y las demás? Pues típicas MeToo egoístas, enojonas, atolondradas. Lo que le dice Oscar a Carlota “últimamente solo piensas en ti” se podría aplicar a todo el Team de la Telefónicas. Eso si cuando necesitan ayuda lo más bien que recurren a los hombres, sea el pobre Isidro, James y hasta Carlos. Pero ellas siguen siendo ingratas con sus salvadores.

Hasta el pobre Oscar,  como viste pantalones y es “racional”,  ha caído en desgracia. Carlota siente que se sofoca menos y es mejor periodista con James que con su pareja. ¿O sea, Carlotita tu desde el capítulo uno que ni te has interesado por las noticias y de pronto te baja el antojo de irte a cubrir el frente con el gringo? ¿No será porque lo viste encuerado?

Sin querer dar spoilers, pero el capítulo 5 es el más despelotado. Ya raya en caricatura de Hannah-Barbera. Francisco llega en vísperas de la caída de Madrid en un vuelo trasantlatico (¿de Lufthansa? Porque LAPE, hoy Iberia, ya tenía cortada todas sus vías) y en dos segundos está en Valladolid en tremendo automóvil,  comprando soldados y arreglando fugas.

Por un par de décadas el bando vencedor se ha quejado de lo que cineastas progres han hecho con sus soldados retratándolos como violadores, asesinos y torturadores. Bueno, en “Las Chicas del Cable” son unos mamertos a los que cualquiera les arrebata el arma. Una cría como Sofia desarma y mata a su guardia; Pablo, que ni sabia disparar mata a un alférez, y Marga le arrebata el revolver a un oficial en un cuarto lleno de militares franquistas.



Y bien dice el coronel Salgado que es misericorde porque fue realmente generoso dejar ir tan tranquila a una histérica que, tras robar el arma, dispara, se manda un discurso faccioso y lo apunta con intención de matarlo. Y también Salgado pudo violar, matar o incluso humillar públicamente a Oscar-Sara, pero lo único que hizo fue obligarla a ponerse un vestido.
Oscar obligado a volver a ser Sara

Ustedes dirán “pero Malena como eres de dura si tu amas “Gossip Girl” que es la irrealidad en tacones chinos”. Cierto, pero GG nunca ha pretendido ser una serie “histórica” ni fue hecha en un país donde la historia de la Guerra Civil es tan importante que se profanan tumbas en su nombre.

Desde que abrí mi primer blog, dedicado a la política y frecuentado por muchos españoles, que he oído de la importancia (incluso como materia escolar) de la Memoria Histórica y como el tema es parte de la españolidad de este milenio. Por eso duele leer lo que Raquel Hernández Lujan ha dicho sobre la serie: “roza en lo sonrojante que sea esta la serie que sirva de bandera fuera de nuestro país”.

martes, 10 de marzo de 2020

Hoteles, espías y brasileños: Vidago Palace



Si les cuento que “Vidago Palace” tiene lugar en un hotel, me dirán “eso ya está trillado”. Si les digo que trata del amor entre una ‘Niña Bien” que se enamora de un camarero, pero que debe casarse con un millonario para salvar a la familia de la ruina, me dirán “eso está muy visto”. Pero si les cuento que el hotel existe y es muy famoso; que la acción transcurre en 1936; que el héroe, para olvidar su mal amor, se va a pelear a la Guerra de España y que el hotel está lleno de gente de todos los bandos, entonces la cosa cambia ¿No? Pues esa es la premisa del “Vidago Palace” producción portuguesa que me ha traído AcornTv.

Cuando leí en el menú de AcornTv el resumen de “Vidago Palce” me sonó obviamente a “Gran Hotel”, y de ahí a alguno de sus calcos como la mexicana “el Hotel de los Secretos” o la egipcia “El secreto del Nilo”. En realidad, esta coproducción de RTP y TV Galiza, se asemeja más al esquema que instituyera Vicky Baum en su célebre novela Gran Hotel. Me refiero a la coralidad de su trama y al toque histórico-cosmopolita.

El Hotel Palace em Vidago (su nombre en portugués) está situado en Chaves, en Tras-os-Montes, en la frontera con Galicia. Tras-os-Montes es tierra de lobisomens y zona famosa por sus aguas termales. La afluencia de gente adinerada y de la realeza de varios puntos de Europa a buscar curas en las aguas fue lo que motivó la construcción del Palace Hotel en 1910 y que pronto se convirtiese en un sitio de reunión para aristócratas, nobles y hasta espías.

En el 2007, todo el hermoso edificio fue reconstruido para su centenario y para la filmación de esta exquisita miniserie de 6 episodios. Aparte de algunos momentos en los bosques gallegos, toda la acción tiene lugar en este espacio esplendoroso que no solo nos lleva por los lujosos interiores, las terrazas a la luz de la luna donde el villano Cesar Augusto (Pedro Barroso) busca aprovecharse de su prometida Carlota (Mikaela Lupu) y el comedor con su orquesta de jazz donde el hotel recibe al presidente de Portugal Mariscal Carmona. También paseamos por los exteriores, la iglesia, la casa del protagonista, la cárcel, el rio donde Carlota y Pedro (el gallego David Seijo de “Dalia, la modista”) se encuentran por primera vez y el campo de golf diseñado por Mackenzie Ross.

Este campo también fue renovado para el centenario del hotel y su inauguración en 1936 es recreada en el tercer capítulo de la serie. Es que en agosto de 1936 están pasando muchas cosas, y no solo la apertura de un campo de golf. Tenemos la Guerra de España la que se ha unido Pedro para huir del dolor de ver a su Carlota casada con otro y tenemos la inauguración de las Olimpiadas de Berlín que los caballeros escuchan en un aparato de radio (alemán, por supuesto) de Herr Klotz (Bruno Schiappa), el vulgar comerciante germano que pasa una temporada en el hotel.

Klotz parece estar ocupado en otro tipo de labores, ¿tal vez el espionaje? Al menos eso es lo que atrae la atención de Mr. Taylor (Jacob Jan de Graaf), un escritor de novelas de misterio, que vacaciona con su familia en Portugal. Pero para conocer vida y milagro de los huéspedes del Vidago basta preguntarles a las Hermanas Mendonca de Alburquerque. Solteronas, poseedoras de un gran nombre y de cierta fortuna, Gertrudes (Maria Henrique) y Cremilde (Custodia Gallego), vienen a tomar las aguas y a enterarse de vidas y milagros de quienes comparten su mismo hospedaje.

Son ellas las que informan a Xenoveva (Eva Fernández de “Fariña”) , la viuda gallega que ha venido huyendo de la guerra,  que los aristocráticos Condes de Vimeiro, Livia (¡Como ha crecido Anabela Texeira desde sus días de “Xica”!) y Martim (Marc Antonio del Carlo), están tan arruinados que  se han rebajado a casar a su única hija con un brasileño hijo del millonario Bonifacio Da Silva (Joao Didelet) , el “Barón del Cacao”.
Los Condes de Vimieiro

También le cuentan que Samuel Cohen (Pedro Mendonca), un joyero judío de Oporto viene todos los años a recordar los tiempos felices que pasó en el hotel junto a su difunta esposa; y aunque les cuesta descubrirlo, pronto averiguan la identidad de una estrambótica pareja:  El Príncipe Félix (Hugo Mestre Amaro), modisto ruso emigrado, y su musa-modelo Natacha (Susana Mendes). A pesar de que se escandalizan las “Manas Periquiteles” al saber que Félix y Natasha ocupan el mismo cuarto, no hay peligro porque el ruso es gay y Natacha se la pasa en la cama de…

Gertrudes y Cremilde desean ser invitadas a la boda de Carlota y llegan hasta chantajear a Livia sabiendo hasta donde la Condesa ha podido llegar para separar a su hija de Pedro. Cuando la extorsión no les resulta, tornan su atención a Bienvenida, la esposa de Bonifacio.

Margarida Marinho es Bienvenida, el personaje más divertido de la serie. Ardiente, exuberante y estridente es un muestrario de estereotipos asociados con la mujer carioca. Habla a gritos, tiene sexo a cada rato con el marido, se ondula más al caminar que una anaconda y hasta le da por cantar en público como su admirada Carmen Miranda. Pero Bienvenida—tal como Livia— está empeñada en que su hijo se case con la “Condesadinha” y hará lo imposible para conseguirlo.
Bienvenida y su familia

La pobre Carlota se siente atrapada entre su deber de hija y el amor de Pedro. No entiende porque la ha abandonado sin luchar por ella y la ha dejado en manos de un hombre por el que Carlota siente repulsión. Y eso que no sabe que César está tapado de deudas de juego y que aparte de querer aprovecharse de la novia, vive corriendo tras camareras y otro tipo de hembras. Lo que, si Carlota sabe, y repudia, es la admiración que su prometido siente por los Nazis.

Entretanto, Pedro ha cruzado la frontera con su amigo Xoan (David Novas). Su deseo es llegar a Asturias y unirse al Ejército Republicano, pero le salen al paso dos fugitivos: Xerardo Troncoso, un miembro del Parlamento Galego que acaba de huir de prisión; y la revolucionaria Dolores Cancio (Sheyla Fariña). Quieren llegar a Portugal y de ahí a Cuba. En el proceso de ayudarlos, Pedro es abatido por las balas de unos falangistas.

Creyéndolo muerto, los fugitivos llegan a Vidago donde dan la triste noticia a los padres de Pedro. Todos están destrozados, incluyendo a Carlota, pero Pedro ha sobrevivido. Herido y casi arrastrándose cruza la frontera y se refugia en la cabañita donde él y Carlota vivieran su amor.

La Condezadinha lo encuentra, pero la situación es precaria. Faltan solo un par de semanas para la boda. Se aparece en el hotel un corrupto comisario de policía en busca de Pedro y Dolores. Esta última decide quedarse en España porque le gusta el camarero. ¿Como podrá Carlota solucionarlo todo y ser feliz?




Con tanto personaje interesante y tanta subtrama no bastan seis episodios para desarrollarlos. Es una lástima que a pesar de la popularidad que tuvo la serie en Portugal, no se haya planeado otra temporada. Me ha dejado con apetito para ver más series portuguesas y agradezco a Acorn traérmela.

Un detalle, las actuaciones son muy profesionales, pero yo le temía un poco a la televisión lusitana por el acento. Siempre me ha sido más fácil entender a un brasileño que a un portugués. Sin embargo, los actores de “Vidago Palace” tienen tan buena dicción que, a ratos, ni me molesto en leer los subtítulos y puedo seguirla en el original.

Sin caer en revisionismos ni en pesadas tesis ideológicas como “Close to the Enemy”, otro drama situado en un hotel en un punto crítico de la historia del Siglo XX, “Vidago Palace” nos muestra la urgencia del momento histórico. Lo tenemos en Mr. Taylor y Samuel Cohen descubriendo que Herr Klotz anda detrás de esa obsesión Nazi con la Península Ibérica, las minas de wolframio (también las había en Tras-os-Montes). Lo tenemos en la contraposición de Carlota, hija de familia subordinada a los planes de su madre y sin intereses políticos, con Dolores Cancio, revolucionaria, luchadora por una causa, una mujer que traza su propio destino.
Mr. Taylor espiando a Klotz

La serie ha sabido dar el sabor histórico colocando estas últimas semanas de soltería de la Condesadinha a pasos de una España violenta y sangrienta a la que separa del paraíso del Vidago Palace solo una tenue frontera que a cada rato cruzan los personajes. Por otro lado, contrasta ese clima pastoral y elegiaco del hotel con la brutalidad de la escena de tortura y muerte de Pepe, el primo español de Pedro, a manos el siniestro inspector Lopes (Sergio Praia).

 Da un poco de vergüenza que una serie limitada y portuguesa pueda darnos una imagen más auténtica de la Guerra de España que todo ese circo plagado de clichés y falsedades que nos ha ofrecido la quinta temporada de “las Chicas del Cable”. “Vidago Palace” demuestra que se puede crear un momento histórico, por violento y triste que sea, sin caer en tremendismos. 

La serie portuguesa también nos prueba que el amor romántico puede ser representado sin un exceso de sexo gráfico. En el primer episodio vemos a Carlota ser sorprendida dándose un baño en el rio y en traje de Eva por un Pedro que tampoco viste traje de baño, pero se muestra lo mínimo. En su primera vez, Mikaela Lupu muestra fugazmente su busto sin sujetador y esas serían las únicas escenas sugerentes de una serie que recomiendo con mucho placer.

Aunque el capitulo final es un poco rocambolesco e inverosímil, la serie consigue casi lo imposible, mantener un equilibrio entre realidad y ficción. Pero para entenderlo hay que saber un poco de la historia de Portugal en los Años 30. Lo primero, a pesar de que el presidente es ese Mariscal Fonseca, quien manda en la nación lusitana es el Dr. Antonio de Oliveira Salazar. Desde 1932 es el hombre fuerte de Portugal y lo será hasta su muerte en 1969.

Un economista brillante, ascético y discreto, Salazar no tiene mucho en común con Hitler o Mussolini. Buen católico, considera que el fascismo es una corriente “pagana”. Lo único que lo une a Hitler y a Mussolini (y al Generalísimo) es su temor a la izquierda. Por eso Salazar ha estado vigilando con recelo las maniobras de la Segunda República. Su miedo es que una España Comunista invada Portugal. Ha solicitado ayuda a Gran Bretaña que, desde la boda de Carlos II y Catalina de Braganza, tiene solida alianza con la nación lusitana.

El alzamiento es recibido con alivio por Salazar quien hace cerrar las fronteras para que no les llegue ayuda a los Republicanos. Su pedido de que se trate con mano dura los agentes republicanos y a los comunistas permite las maniobras de policías corruptos y ambiciosos como Lópes. Pero como vemos al final, no toda la policía portuguesa es así. Tampoco todos los refugiados españoles son tratados de la misma manera. Lo vemos en el caso de Madame Xenoveva, tan antifranquista como Dolores, pero que es recibida con cariño en el Vidago Palace donde encuentra nuevamente el amor.
Madame Xenoveva y su "judeo danzarino".

El gran problema de Salazar no son los comunistas sino una derecha extrema fascistoides que lo ve como “blando”. De esa corriente saldrán armas y hombres para apoyar a los Nacionales, los famosos “Viriatos”, casi 8.000 portugueses pelearon por Franco. En cambio, los portugueses que, como Pedro, van a apoyar la República no cuentan mas de 2000 y no se unen a las Brigadas Internacionales, prefiriendo enrolarse en el ejercito regular o en los Carabineros Republicanos.  Al final del conflicto, 300 soldados de origen portugués cruzarán la frontera y acabarán en campos en Francia. El ejército franquista arrestará a un centenar más, en Cataluña.

No es que Salazar no ayudase a los sublevados. Es primordial para él que España no sea Roja y eso   lo acercaría al Caudillo que le tenia mucha simpatía. Pero Salazar nunca se inclinará a ayudar al Eje y en general el país será pro Aliados, a pesar de agentes alemanes como Klotz y de rufianes oportunistas como el Manoel Da Silva de “El Tiempo entre Costuras”.

El wolframio será una piedrecita en el zapato de Salazar quien, aunque ha declarado la neutralidad portuguesa, desea el triunfo de los Aliados. Como la mayoría de las minas son privadas, teme que todas terminen en manos alemanas.. Ya verán lo difícil que le será al joyero Coen conseguir la mina que desea Klotz. Finalmente, en 1942, Salazar impone límites para la exportación del wolframio y con eso acaba con ese acaparamiento nazi.
Coen y Taylor tratan de convencer a Cerdeira que les venda la mina.

Otra cosa que me sorprende de la serie es lo bien que se trata a Cohen. Hasta en la pista de baile se pelean a este “Judeo Danzarino” como lo apodan Las Manas. En el Estado Novo de Salazar no había distingos de razas, los judíos gozaban de los mismos derechos que los demás portugueses. Salazar había escrito un libro criticando el racismo nazi, tenia buenos amigos en la comunidad judía y abrió las puertas a los refugiados.

Es por eso por lo que la serie no hace comentarios políticos en contra del régimen, por lo que muestra una alta sociedad sin prejuicios raciales ni xenofobia. Tal vez sea una visión idealizada, pero no se siente falsa sobre todo si se la compara con los tremendos prejuicios de clase que casi separan a Pedro y Carlota.

Otro detalle que, a mí, amiga del swing, me ha gustado mucho. La música, incluyendo las piezas que toca la orquesta del hotel, fue escrita para la serie por Xavi Font y Marcos Mato y es una recreación estupenda del jazz de los 30. ¡Qué diferencia con esa banda sonora anacrónica y estridente de “Las Chicas del Cable” que jamás tocan algo realmente de la época!

jueves, 12 de abril de 2018

Rosalinda en Marruecos: Lo mejor de El Tiempo entre Costuras (II)



En 1937, El Coronel Juan Luis Beigbeder es el hombre mas poderoso del Protectorado de Marruecos. Por ende, su querida, la inglesa Rosalinda Fox comparte su poder desde su chalé en el paseo de las Palmeras en Tetuán. Ese es el hecho histórico que Maria Dueñas novela en El tiempo entre costuras. Una obra de ficción que recoge más de la cuenta de una realidad.

Un año después de estallada la Guerra Civil, Sira Quiroga protagonista de la novela,  ahora convertidas en la modista top de Tetuán,  recibe la visita de una dama inglesa, Mrs. Fox que requiere sus servicios. Hay una simpatía mutua e inmediata entre modista y clienta. Hanna New, que tanto me impresionara como la trágica Eleanor de "Black Sails" , interpreta a una Rosalinda adorable, llena de carisma y burbujeante de energía. Rosalinda aplaude que Sira (quien pretende venir de familia principal) se dedique a la alta costura, “Las mujeres ya nos la podemos pasárnosla metidas en casa” afirma.

Unos días más tarde, Rosalinda aparece desesperada en casa de Sira. Necesita un vestido ipso facto, pero no cualquier vestido. Tiene que ser una creación única, deslumbrante. La han invitado a la fiesta más importante de Marruecos, la que celebra la llegada del nuevo cónsul alemán. Sira sabe por sus clientas nazis de la importancia de esta velada. Para ella también lo es. Anda empeñada en sacar a su madre de la Zona Roja, y el único hombre en Tetuán capaz de hacerlo, asistirá la fiesta.



Este es uno de los momentos mágicos de la novela cuando Sira y su leal e inseparable Yamila se convierten en los ratones, y el hada madrina, de Cenicienta-Rosalinda. A la modista se le ocurre fabricarse un “Dolfos”, uno de esos famosos y únicos diseños de Mariano Fortuny. 


La creación del falso Dolfos me tuvo tan en ascuas como cualquiera de las posteriores aventuras de espionaje de la costurera. Sobre todo, porque ni el tiempo ni el clima estaban del lado de la modista. Finalmente, todo sale bien y Cenicienta-Rosalinda parte al baile a palacio dejando a Félix, boquiabierto. El mentor de Sira le pregunta “¿Sabes a quién le has hecho ese vestido?”


Ahí Sira se entera del rol que su clienta estrella juega en la política local. Es adecuado que lo sepa en esa misma noche en que se desenmascara ante Rosalinda y le pide como único pago que contacte a un hombre en la fiesta que tiene reputación de poder sacar gente de Madrid. La actitud de la Rosalinda de la serie es exactamente la que una esperaría de la legendaria espía. No se sorprende ni se molesta ante la confesión de Sira. “Que diablos importa quien hayas sido antes si ahora eres la mejor modista de Marruecos?”

Tampoco le importa el precio del falso Dolfos. Y en la fiesta se acerca sin temor al individuo Es el quien se asusta al saber con quién está hablando. Aquí entran en juego tres aspectos importantes sobre el carácter de la Mrs. Fox. Su intrépida naturaleza, su lealtad para con sus amigos, y la importancia que su relación con Beigbeder le otorgaba. Como dice Felix “es la mujer con más poder en el protectorado”.  ¿Era eso cierto?



Se sabe que Beigbeder le dio a Rosalinda un vehículo propio (un Austin rojo) y los permisos necesarios para moverse por donde quisiera. Por las dificultades que Sira tiene para poder ir a Tánger a pagar su deuda, y que tiene que darle cien explicaciones al Comisario Vásquez para que le conceda un permiso, sabemos que transitar libremente en el Protectorado no era cosa fácil. Sin embargo, Rosalinda al volante no tiene esas limitaciones y es ella quien llevará a Sira a Tánger.

Volviendo a la fiesta, Rosalinda está nerviosa y ansiosa de causar buena impresión porque es su presentación oficial como pareja del Alto Comisario. Entonces, e incluso hoy sería un escándalo que un hombre casado presentara en público a la querida. ¿Cómo pudo hacerlo Beigbeder?

 Pues no era común que los militares de alto rango trajeran a sus esposas al Protectorado por lo que muchos establecían “casas chicas” con mujeres locales. Aun así, el cargo tan alto y visible del Coronel Beigbeder lo hacía más vulnerable. Es por eso por lo que su relación con Rosalinda era mal vista, daba que hablar, y en una ocasión se le llamó a Burgos a dar cuentas. De España, Beigbeder regresó incluso con más poderes. Persuadió al Caudillo de que su labor en Marruecos era más importante que acallar habladurías.

Sin embargo, había una preocupación real, tal como lo refleja la novela, de la influencia que Mrs. Fox podría ejercer sobre su amante. Cuando Vásquez le advierte a Sira que hay personas que desaprueban de Rosalinda y de su relación con Beigbeder expresa un hecho histórico. Los españoles pro-Eje y, por supuesto los alemanes que la novela nos presenta como tremenda influencia en África y luego en la Península ibérica, le temían al poder que tenía Rosalinda sobre el Alto Comisario.

En sus memorias, Rosalinda habla que su mayor empeño (y el de su amante) entonces era que el gobierno de Su Majestad reconociese al Gobierno de Burgos. Rosalinda le dice a Sira que su intención es que Juan Luis siempre sea amigo de Inglaterra. Sira le pregunta si realmente cree poder conseguirlo y Rosalinda le da una respuesta ingenua. Su amante le ha prometido que “por su Rosalinda “está dispuesto a todo. De ahí surge la inferencia de que Mrs. Fox ha sido plantada por los servicios de inteligencia para influir sobre el Alto Comisario.

Los detractores de la pareja niegan tal influencia. Maria Rosa Madariaga en Marruecos: Ese Gran Desconocido lo toma a broma. “Habría estado loco el Intelligence Service de su Graciosa Majestad si hubiese confiado misiones de espionaje a la tal señora…” Madariaga siente un gran desprecio por Beigbeder y por ende de Rosalina a la que cree una insensata. Y a la que tilda de ser “un ama de casa”. Pues muchas amas de casa desearían tener los atributos y el poder de Rosalinda. Madariaga admite que Rosalinda estaba enamorada del Alto Comisario y que este “quería a la Sra. Fox a su manera” Bueno, algo es algo.

Madariaga cae en el chisme cuando se trata de hablar de la vida amorosa del Coronel Beigbeder. Ese es una tena que encuentro a menudo en escritos sobre Beigbeder y siempre de parte de gente que no lo quiere bien. Si el macho tenía fama de mujeriego entonces obvio que no era fiel. Hay que pensar que mientras él lo pasaba pipa entre sus moros, su pobre y loca mujer y su hija estaban atrapadas en el Madrid Rojo.

Ese es otro cuento que necesito explorar.  Maria Teresa Beigbeder trabajaba abiertamente en la Cruz Roja. Eso en un Madrid donde se fusilaron nobles, miembros de la familia Real, dos hermanos de Serrano Suñer y donde la Duquesa de la Victoria estuvo encarcelada en una checa,  y Pilar Queipo de Llano sufrió arresto domiciliario. ¿Como es que las Beigbeder se libraron de un paseo? Pero bueno, eso,  amerita otra investigación,

Volviendo a la vida amorosa de Beigbeder, se dice que cuando Rosalinda se reunió con él en Washington en 1943, el coronel estaba ya metido en otros líos de faldas. Joaquín Bardavío en El Reino de Franco chismorrea que se le conoció a Beigbeder en sus últimos años una relación estable con una aristócrata que vivía en un palacete en  Los Jerónimos. Precisamente donde viviera Rosalinda en su único año en Madrid antes de su exilio en Lisboa. Pero todas estas señoras son anónimas son de rumores de revistas del corazón,  no pertenecen a la historia oficial. Rosalinda es otra historia. ¿Por qué sabemos de su nombre, de su influencia, del poder que Beigbeder le dio?  Obviamente porque significó mucho más para el que otras mujeres.
Unica foto que he encontrado de Beigbeder y Rosalinda (la de lentes) juntos en Marruecos.

Quiero acabar este tema con un esfuerzi de Madariaga por identificar a otra querida del Alto Comisario. Es tan risible que me  hace desconfiar de sus fuentes. En una página, y hablando de los intentos beigbederianos por destabilizar las relaciones Anglo-francesas, cuenta como el Alto Comisario hizo declaraciones al periodista francés “Jouvenal” sobre las posibilidades de una invasión al Protectorado por parte de los franceses. Curiosamente, Madariaga no menciona a “Jouvenal” por su nombre completo, lo que da la impresión de que era alguien muy conocido. Conclusión, se trata de Bertrand de Jouvenel, el hijastro-amante de Colette (y pareja por años de Martha Gellhorn), quien en los 30s fungió como corresponsal del periódico de derechas Gringoire.

Pues unas páginas más adelante, Madariaga nos cuenta que, en Marruecos, Beigbeder rompió definitivamente con Rosalinda (WTF?) para reemplazarla con una “Madeimoselle de Jouvenel” periodista de Gringoire (¡!!) A ver, no es posible que hubiese un alcance de nombres. De Jouvenel, un apellido aristocrático, no era común en Francia y mucha coincidencia seria que dos personas con el mismo apellido trabajasen para un pasquín de derechas. La única Madeimoselle de Jouvenel en ese momento era Colette-Renee, hija de la escritora y hermanastra de Bertrand, pero ni era periodista ni estaba en Marruecos.

Yo no pongo las manos al fuego por la fidelidad de ningún humano, pero bien sé que muchas veces se puede ser infiel a la persona que más se ama. Tal como hay sexo sin amor, un gran amor puede trascender a la sexualidad. La relación de Rosalinda y Beigbeder como todo en la vida de Mrs. Fox, estaba determinada por su frágil salud. Es posible que su enfermedad pueda haber limitado su vida íntima. En el libro y la serie nos la muestran postrada en cama durante sus crisis.

 Cuando habla de Beigbeder con Sira, Rosalinda evidencia que su relación, aunque apasionada y romántica es casi intelectual. Priman en ella el respeto por un hombre con edad de ser su padre, y la admiración por la erudición y galantería del Alto Comisario.

Algo que no nos dice la serie es que Rosalinda seguía viviendo de la mesada que le pasaba Peter, su marido. Por eso cuando Sira se ve incapaz de pagar por el traslado de su madre, Rosalinda no puede ayudarla. Pero si le falta dinero a Mrs. Fox, no le faltan contactos y como es tremendamente leal con sus amigos, contacta a Sira con varios personajes, incluyendo el periodista Marcus Logan, para traerse a Doña Dolores a Marruecos. 

Finalmente, y a pesar de que “no quería involucrar ä Juan Luis” Rosalinda también consigue que Beigbeder proporcione a Marcus facilidades para transitar por el protectorado y entrevistar al Alto Comisario, el precio por ayudar a la madre de Sira a salir de España.Marcus se convierte en el acompañante de Sira en los paseos que hacen con Rosalinda a quien los médicos han aconsejado mucho sol y poco ejercicio. 

En la serie se les agrega Félix y esas escapadas sirven no solo para iniciar un acercamiento romántico entre el periodista y Sira sino además evidencian la camaradería entre la costurera y Rosalinda. Para mí lo más bonito del libro es esa amistad.

En la novela, Rosalinda cae enferma cuando recibe una súbita visita de su marido que se instala en su hogar marroquí, ahuyenta a los sirvientes con sus accesos de ira alcohólica y separa momentáneamente a Mrs. Fox de su amante. (En la página de Antena 3 pueden ver un clip de esta situación). La serie en cambio nos da una historia improbable, pero muy entretenida.

Peter ha dilapidado su fortuna en la mesa de juego. Sus deudores alemanes lo chantajean:  o se lleva a su mujer del Protectorado o le rompen las piernas. Peter lloroso se lo cuenta a Marcus. Por eso chantajea a Rosalinda, o se va con él o le quita al hijo. Entre Sira y Marcus discurren un plan descabellado. El periodista robará  los pagarés que comprometen a Fox. Todo eso sirve para que Sira le devuelva el favor a su amiga y para enfatizar la molestia de los alemanes por la cercanía de Mrs. Fox con el Alto Comisario.

El fin de la Guerra Civil trae cambios a la vida de Beigbeder a quien Franco recompensa nombrándolo Ministro de Asuntos Exteriores. Se traslada a Madrid y Rosalinda se prepara para seguirlo creyendo que las cosas seguirán igual. Antes,  da una última fiesta para despedir a los amigos.

En la vida real, El Coronel Beigbeder fue hecho ministro, pero duró brevemente en su cargo. España se inclinaba cada vez más al lado del Eje. Inglaterra,  hasta la llegada de Churchill, mantenía una política ambigua respecto al gobierno franquista. Esto provocaba un fuerte sentimiento antibritánico en España.

Según cartas que Rosalinda le envía a Sira, ella es despreciada por la comunidad inglesa. La misma comunidad desconfía de Beigbeder al que ven como filonazi. La situación cambia para peor cuando Beigbeder hace amistad con Sir Samuel Hoare, el nuevo embajador. Los alemanes exigen el cese del ministro y Beigbeder pasa a ser visto como dice Ignacio, ex novio de Sira como  “Un traidor encoñado con una zorra inglesa”. 

Esa es la versión oficial que recibiría España, la que Franco y Serrano Suñer harían circular. Eso indignaba a Beigbeder que sabía que Serrano tampoco era trigo limpio. “¿Es que acaso El Cuñadísimo pretende darme lecciones de moral?” le dice con tono amargado a Sira.

Según Joaquín Baradavio en su El Reino de Franco, no fue la moralidad o carencia de ella lo que le costó el puesto al ministro. Franco había hecho una tremenda excepción al nombrar a Beigbeder a un alto cargo sabiéndolo separado de su esposa. Ni antes ni después, El Caudillo admitiría hombres separados en su gobierno. Franco había aguantado la presencia de Rosalinda en la vida de Beigbeder, pero su desasosiego nacía de la labor de espionaje de ella más que en su condición de adúltera.

Curiosamente, los alemanes preocupados por la anglofilia del Ministro de Exteriores habían sospechado de muchas mujeres que revoloteaban alrededor del Coronel Beigbeder, y habían conseguido que las expulsaran de España. Rosalinda fue la excepción, hasta que ya sus actividades comenzaron a preocupar a españoles y alemanes por igual grado.

El cese de actividades ministeriales de Juan Luis Beigbeder fue sorpresivo. Apenas alcanzó, y de madrugada en secreto, a enviar a su Rosalinda a Portugal. A él lo enviaron bajo ordenes de arresto domiciliario a Ronda. Maria Dueñas le da la oportunidad de un ultimo y emotivo encuentro con Sira a la que le hace entrega de unas cartas para Rosalinda. Aqui pueden ver el clip.



En mi última entrada hablaré del destino de ambos amantes y de como Rosalinda logró burlar los pronósticos médicos y vivir hasta casi los cien años.