lunes, 9 de abril de 2018

Rosalinda Powell Fox: Lo mejor de El tiempo entre costuras (I)



Los fans de la novela de Maria Dueñas (y de la serie de Antena 3) no deben sorprenderse si a ratos sienten que el personaje de Rosalinda opaca a la heroína. El plan original de la autora de El tiempo entre costuras era escribir sobre el romance de Rosalinda Fox y José Luis Beigbeder, Alto Comisario de Marruecos, durante la Guerra Civil Española. No sabemos que la hizo cambiar de idea y terminar escribiendo sobre las aventuras de un personaje ficticio, una costurera metida a espía. Lo cierto es que Rosalinda ( interpretada en la serie por Hannah New) fue una mujer tan fascinante que, aunque esté convertida en un personaje secundario, cuando se aparece se roba la historia.

La popularidad de El tiempo entre costuras motivó interés por este personaje tan carismático y por suerte, se la está rescatando del olvido. Desde el 2009, se han republicado las memorias de Rosalinda tituladas  The Grass and the Asphalt; en Un jardín al norte, Boris Izaguirre ha reversionado su historia de amor; y Urbano Brihuega ha publicado una historia novelada de la hija de su amante, La Hija del General Beigbeder. Eso sin contar la más de una docena de artículos que se encuentran en internet al buscar “Rosalinda Fox” o “Juan Luis Beigbeder”.

La ironía es que los artículos o se contradicen o repiten las mismas falacias. Las novelas, incluyendo El tiempo entre costuras, no hacen más que especular sobre vida y amores de Mrs. Fox, y la misma Maria Dueñas (y no es la única) ha puesto en duda aspectos de las memorias de Rosalinda. ¿Donde está la verdad? Pues ahí, pero no se han molestado en buscarla, porque tanto Rosalinda, como su Juan Luis, no vivieron en una prehistoria sino hace menos de cien años en un mundo más visible y documentado. Rosalinda falleció al comienzo del Siglo XXI, en la Era de Internet, pero la pereza y los prejuicios dejan que se siga silenciando la verdad, o poblando de falsos mitos lo que ya es una leyenda.

De su amante, Juan Luís  Beigbeder hay mucho escrito, pero está en árabe. Hay que ir a buscarlo a Marruecos, la tierra que él amó. Los historiadores marroquíes han conservado su memoria, algunos con cariño, respeto y gratitud. A Rosalinda se la podría buscar en los anales del Servicio Secreto de Su Majestad. Es tarea difícil puesto que los documentos referentes al espionaje británico de ese entonces todavía están sin desclasificar. Aparte de que, aunque Rosalinda nos cuenta una docena de aventuras emprendidas para ayudar a la causa aliada, en ningún sitio de sus memorias reconoce haber sido reclutada como agente.

Aun así, en Papá Espía, Jimmy Burns relata como su padre, Tom Burns, se reencuentra con Rosalinda en Estoril en 1941, y reconoce que ella seguía espiando para los aliados desde Portugal. Pero hay lagunas sobre Rosalinda desde los inicios de su vida. En sus memorias da pocas fechas. Izaguirre dice que nació nuestra espía en los años pre-gran Guerra. Otros dicen que nació en 1908. En su lápida dice que fue en 1910, lo que la colocaría como de 26 años en la época en que inició su relación con Juan Luís Beigbeder.






En sus memorias, Rosalinda nos cuenta que nació en Calcuta que su padre era un ingeniero inglés y que, a los 16 años, la casaron con un acaudalado mercader llamado Peter Fox. He leído que el marido de Rosalinda la perseguiría toda la vida, aun después de años de separación. En la novela, Dueñas nos lo muestra como un vividor, un hombre zafio, brutal, que se aparece en Tetuán para incomodar a Rosalinda.

A Mrs. Fox la han llamado “Daughter of the Raj” entonces habría que comenzar su búsqueda en la India. Es cuestión de revisar los documentos de la época. Su padre ingeniero, su marido comerciante. Peter Fox, la Familia Powell, tienen que existir certificados de nacimientos o de matrimonio. Pero nada. 

Sabemos que los dieciocho años, tuvo un hijo, Johnny. Los testigos del último medio siglo de vida de Rosalinda, los habitantes del poblado gaditano de Guadarranques, lo conocieron. Murió antes que la madre, dejando un hijo, Nicholas Fox, hoy residente de Australia. Nadie sabe de él ni se le ha interrogado sobre su fabulosa abuela. Se dice que en la vieja casona andaluza de Mrs. Fox había fotos de ella en su infancia en la india. A ver quién las tendrá ahora.


Poco después del nacimiento de Johnny, Rosalinda contrajo una grave enfermedad precisamente por beber una leche de vaca infectada destinada a su hijo. La tuberculosis bovina, entonces un mal fatal, marcaria su vida. Peter Fox ya se había hartado de su esposa y eso que era más joven que él.  La devolvió a ella (con niño y todo) a los parientes de Rosalinda en Inglaterra, asignándole una pensión mensual de 30 libras, lo que entonces era una fortuna. Los parientes enviaron a Rosalinda a morir a Suiza.

Tras seis meses de infructuosos tratamientos, la paciente les preguntó a sus médicos cuánto le quedaba de vida. “Siete u ocho años si guarda cama” fue la respuesta. Inmediatamente, Rosalinda se vistió, cogió a su hijo y su pensión, y se marchó a Portugal. Prefería vivir menos, pero vivir.

 Fue en Estoril donde comenzó a hacer buenos contactos como con el General Sanjurjo, gracias a Carmen, la joven esposa del militar. Tras su alzamiento fracasado en 1932, Sanjurjo se había exiliado en Portugal, pero estaba muy pendiente de las posibilidades de un derrocamiento de la Republica que implicaría su regreso a España. Se ha dicho que los británicos plantaron a Rosalinda en Estoril para vigilar a Sanjurjo. Preocupados por la nacionalización de las compañías británicas en suelo español, en Whitehall deseaban un gobierno más afín a sus intereses.

Un año más tarde, Rosalinda, en Berlín, se reencuentra con Sanjurjo, durante las Olimpiadas de Invierno de 1936. Según las memorias de la inglesa, fue Sanjurjo quien la presentaría con Juan Luis Beigbeder. Hasta ahora esta anécdota no ha sido tomada en serio, puesto que Beigbeder había acabado sus funciones como agregado militar en la Embajada Española en Berlín en 1934. Para comienzos del 36 ya estaba instalado en su amado Marruecos. Sería imposible que Sanjurjo, vigilado por los servicios secretos republicanos, hubiese hecho un viaje inadvertido a Alemania. Sin embargo, hay quien cree en este cuento, muy de capa y espada, de que Sanjurjo y Beigbeder estaban en misión secreta en Berlín para tantear el ánimo Nazi y el poderío de su armamento, en preparación al alzamiento de julio de ese año.

Rosalinda reaparece en la vida del Coronel Beigbeder un año más tarde ya cuando Juan Luis está instalado en el puesto de Alto Comisario de Marruecos y se ha convertido en el europeo más importante del Protectorado. Mas o menos en esa época, la primavera de 1937, es cuando Maria Dueñas hace que su protagonista, Sira Quiroga conozca a Mrs. Fox. Pero antes de adentrarnos en la ficción, veamos quién era Juan Luis Beigbeder y Atienza.

Nacido en Cartagena, en 1888 y en familia de marinos, el futuro militar primero intentó una carrera naval, para luego integrarse al ejercito donde pronto destacó por dos características. La primera, y poco común en el ámbito castrense, fue su erudición y su facilidad para los idiomas que lo convertirían en un poliglota total. La segunda, su afición a las faldas. Franco diría de él que si se le perdía se podía encontrar a Beigbeder en el burdel mas cercano, pero no solo las prostitutas lo atraían, sino también mujeres cultas y refinadas.
Tristán Ulloa como Juan Luís Beigbeder

Cosa curiosa, y no tanto en un hombre de su época y entorno, Beigbeder era religioso,  siempre y cuando no chocase su fe con sus devaneos. Franco le contó una vez a Serrano Suñer que si no lo encontraban en un burdel había que buscarlo en un monasterio franciscano.

 Un detalle de la relación estrecha de Beigbeder y su iglesia es que será su confesor, el padre Alfonso, quien le presente a su futura esposa. Maria Frediani y Martin Esperanza, hija de una acaudalada familia de Alcalá de Henares. María y Juan Luis se casan en 1915, pero el matrimonio no se aviene. He leído de la Señora Frediani que era excéntrica hasta el punto de la demencia. En otros sitios, se dice que era muy controladora y fanática religiosa. Nada de eso se acoplaba al espíritu humanista e intelectual del marido. No sé cuándo se separaron, aunque alcanzaron a tener una hija, Maria Teresa.

Poco después del matrimonio, Beigbeder es enviado a Marruecos y en los años siguientes su carrera militar lo tendrá a caballo entre África y la Península Ibérica. Había estado destinado en Marruecos en 1909, y aunque su hermano hubiese caído en la trágica batalla de Barranco de Lobo (uno de los preludios a la Guerra del Rif), Beigbeder se enamora del protectorado, de su gente y de la cultura marroquí. Eso lo diferencia de los otros militares africanistas. Beigbeder que habla inglés, francés, alemán, e italiano, agregará a ese rosario de idiomas el árabe y el cherja, el dialecto de las cabilas del Rif.

En El tiempo entre costuras. Beigbeder cuenta a Sira que el nunca ha querido a Franco por la obsesión del Caudillo por ascender en el escalafón militar, y que el Generalísimo le envidia su facilidad para hablar el idioma y entenderse con los naturales de la región. En realidad, la animosidad de Franco se debía la venialidad de Beigbeder que ofendía su moral católica.

Beigbeder destaca en la Campaña de África estando a cargo de la defensa de Melilla, después del desastre de Annual. En 1923, es enviado a la Escuela Superior de Guerra en Paris. Permanecerá en Francia un año, más otro en el que cursará estudios en la Escuela de Lenguas Orientales. En 1928, convertido en un flamante teniente coronel, es nombrado agregado militar de la Embajada Española en Berlín. cargo que ni el advenimiento de la Republica interrumpe. Continua en ese puesto hasta 1934. Para entonces, está totalmente separado de su mujer y busca refugio en el Ejército de África.

En 1935, se convierte en el adjunto del General Oswaldo Capaz, Delegado de Asuntos Indígenas del Protectorado, puesto que el mismo Beigbeder ocupará en 1936, después del alzamiento de julio. Beigbeder se involucra en la revuelta totalmente. Aprovechando su cercanía con los líderes marroquíes atrae al Jalifa y al Visir de Tetuán a la Cruzada. Tranquiliza a las masas nativas aterrorizadas por los bombardeos republicanos de Tetuán. Se entrevista con el cónsul italiano en Tánger,  y luego con su amigo de Berlín, el General Klumenthal, ahora ataché militar en París, para el suministro de aviones y armamentos para el Bando Nacional. Y así Franco ingrato, más tarde se referirá a la espléndida gestión de Beigbeder como “No lo ha hecho mal de Alto Comisario”.
Beigbeder y El Caudillo

Es en marzo de 1937 que Juan Luis Beigbeder, ahora coronel, es elevado al cargo más importante del protectorado, Alto Comisario y Gobernador General de las Plazas de Soberanía. El Coronel Beigbeder unifica a todos los grupos importantes del Protectorado desde el califa hasta los jefes tribales bereberes para que ayuden a la causa, principalmente en el suministro de tropas. O como lo expone Félix, vecino de Sira, la protagonista de El tiempo entre costuras “tiene a Franco la mar de contento porque no para de reclutarle moritos peleones”.

También Beigbeder fomenta las ansias nacionalistas marroquíes, aunque todavía no sé cuan factibles o sinceras fueron las promesas. María Rosa Madariaga que, en su Marruecos: Ese Gran Desconocido,  se esmera en desprestigiar a Beigbeder, incluso poniendo en duda su conocimiento de lenguas, dice que todo era parte de una faramalla para dividir a los marroquíes. Pero también ella acusa al Alto Comisario de promover discordia entre el Frente Popular francés y el gobierno de Chamberlain. Cómo si se necesitase de Beigbeder para eso.

Madariaga aduce que Beigbeder “se hacia la víctima” con quien le tocara parlamentar, que les contaba que era muy combatido por los suyos, que lo consideraban demasiado suave con la población nativa y “más marroquí que los marroquíes”.  Yo he encontrado estas mismas acusaciones, y presentadas no como quejas sino como verdades totales, en otros textos menos tendenciosos que el de Madariaga. Maria Rosa misma dice que el nombramiento de Beigbeder había provocado recelos en la casta militar. Curiosamente, Madariaga es de la opinión de que Beigbeder era adicto total a Franco y que gozaba de toda la confianza del Generalísimo. Algo que no corresponde ni a la leyenda ni a la postura de los historiadores respecto al Alto Comisario.

Mas adelante, en ese mismo libro, Maria Rosa Madariaga relatará todas las quejas y desconfianzas que Franco tenía sobre y por  Beigbeder. Como es muy común hoy en día en los textos "progresistas" las contradicciones van y vienen en ese libro y otros sobre el mismo tema. Eso ayuda a impedir una buena lectura de personajes como Rosalinda Fox y su amante.

Lo cierto es que no se puede desdeñar la labor de Beigbeder con la población marroquí. No era cuestión de simples “zalamerías” como las llamaría El Caudillo o de sembrar cizaña para dividir a los líderes como lo describe Maria Rosa Madariaga. Al final, que toda buena labor diplomática usa zalamerías y técnicas divisorias, es cuestión del cristal con que se le mire. Lo que sucede es que autores como Madariaga no le perdonan a Beigbeder ni a Rosalinda su apoyo a Franco. Hasta Boris Izaguirre tilda a Mrs. Fox de “Franquista”.

Establezcamos distancia objetiva. Por clase y educación, Rosalinda se inclinaba hacia políticas conservadoras. No me la imagino enarbolando banderas rojas. Y si, mujeres inglesas aristocráticas, desde Decca Mitford hasta la Duquesa de Atholl, favorecieron a la Republica, pero Rosalinda no. Eso no la hace ni fascista ni franquista. Ni mucho menos Nazi o vende patrias. De hecho, era una gran patriota como lo era Winston Churchill que compartía su desdén por el Gobierno Republicano y al que nadie acusa de “Franquista”.

Es un poco más complicado definir la postura política de Beigbeder. Siendo un militar católico no vería con buenos ojos el norte que estaba perdiendo la Republica cuyo camino oscilaba entre la capacidad de reprimir violencia y promover  divisiónes con el anhelo de imitar a Moscú.  No sabemos que ideología motivaba a Beigbeder. Nunca fue “camisa vieja”, se unió a la Falange ya después de ocurrido el alzamiento lo que huele a oportunismo. Sin embargo, estuvo muy activo en la Falange durante todo su mandato. Incluso inspiró la fundación del periódico España en Marruecos, una publicación de clara orientación falangista.
Beigbeder y Serrano Suñer en Ceuta

Aun así, Beigbeder reprobaba los excesos de poder, la arrogancia y despotismo de muchos líderes de la Falange. Stanley Payne en su Fascist Spain incluye un fragmento de una carta del Alto Comisario dirigida a Franco, con fecha 10 de junio de 1937, solicitando el poder para despedir a líderes incompetentes y también para nombrar a sus reemplazos.

Paul H. Lewis en su Latin Fascist Elites considera que Beigbeder a pesar de sus muchas amistades alemanas, en su periodo en Berlín se volvió contrario al régimen Nazista.  Joaqu;ín Baradavío en su  El reino de Franco, va más allá en su especulación "Aunque quiza su conocimiento más profundo de los Nazis lo apartaron de esa ideología que le pareció demasiado tosca, y luego bestialmente cruel."

Yo me quedo con lo que Beigbeder  le dice a Sira en su despedida en la serie: “Bien sabe D-s que yo no soy ningún liberal, pero me repugna el totalitarismo megalómano con el que ha emergido Franco después de la victoria”.


Pero ese es el Beigbeder del 1940. Todavía nos falta conocer al hombre que Rosalinda Fox amó. En nuestro próximo blog hablaremos de la estadía de Mrs. Fox en Tetuán y de cómo contrasta lo poco que sabemos de este tiempo con lo descrito en El tiempo entre costuras.





2 comentarios:

  1. Gracias por escribir esta columna. Cómo ha de figurarse que terminé de ver la serie "el tiempo entre costuras" y Goglee Rosalinda Fox y me he encontrado con este blog. Muchas gracias por hacer posible expander un poco mi gusto por la historia de hechos relevantes.

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    1. Gracias a ti por leerla. Espero hayas leído las tres entradas. “El Tiempo” es una gran serie y Rosalinda un personaje maravilloso del que quieres saber más. Por eso busqué todo lo que pude sobre ella.

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