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viernes, 2 de mayo de 2014

Fantasías de violación: Un extraño fenómeno de la televisión de fin de siglo (II Parte)


El héroe-violador no fue un invento latinoamericano. Las soap operas estadounidense también lo dieron a conocer. Tal individuo  sigue existiendo, aunque bajo antifaz,  en la ficción femenina porque el auge de Christian y Anastasia de 50 Shades of Grey es el equivalente al furor desatado en los 80’s por Luke y Laura de “General Hospital”.

 “General Hospital”, invierno de 1979. A sus dieciocho años, Laura Weber es todo un personaje. A los catorce huyó de casa para vivir en una secta; a los 15 perdió su virginidad con Scottie Baldwin, y mas encima lo impulsó a robarse la Master Card del padrastro para pagar el motel; a los 16 años es acusada de homicidio luego que accidentalmente mata a su amante, un hombre mayor. Sus padres respiran aliviados cuando, en el verano de 1978, Laura se casa con Scottie y se inscribe en la universidad de Port Charles.
Scottie y Laura(oocities.org)


Pero Laura pronto se siente frustrada en su rol de esposa de un pobre abogadito. Para ayudar con los gastos de la casa busca empleo como camarera en la discoteca del campus de su universidad.
La disco es propiedad del enigmático Luke Spencer. Luke tiene vínculos con el crimen organizado y está locamente enamorado de Laura. Ciega a los sentimientos de su patrón, la chica  confía en él, le cuenta sus cuitas y termina viéndolo como su mejor amigo. La mafia llega a cobrarle los favores que Luke le debe y exige que mate a Mitch Williams, un político local. Luke no es un asesino, pero tampoco puede discutir las órdenes de la mafia. Sabe que  lo matarán los mafiosos o los guardaespaldas de Williams.

Luke vuelve de la reunión con los mafiosos a su disco y comienza a beber. Entonces nota que Laura está sentada en una de las mesas. Está alterada porque es tarde y su marido no vino a buscarla. Comienza con sus quejas plañideras. Luke la manda de paseo, esa noche no está para jugar al confidente. Le grita que en un mes, su vida se habrá acabado. Estará muerto.

Laura, preocupada,  cambia de actitud. Como amiga se siente obligada a acompañarlo y a interrogarlo sobre sus extrañas palabras. La respuesta del patrón es confesarle su amor. La sorprendida Laura intenta irse, pero Luke pone música (hasta hoy asocio “Rise” de Herp Alpert con esa escena) y la lleva a la pista de baile. El baile acaba con Laura en el suelo y Luke arriba de ella. Corte comercial.


La próxima escena muestra a Laura llorando con la ropa desordenada, y la blusa hecha jirones. Se las arregla para huir, pero se desploma en un parque cercano. Para cuando la encuentra la policía, resulta obvio que ha sido victima de un agresor sexual. Un examen en General Hospital, donde trabajan los padres de Laura, confirma el ataque.

Inicialmente,  Laura finge estar amnésica, luego reconoce haber sido atacada por un desconocido en el parque. Los próximos meses tienen a Laura fingiendo ante familia, marido, policía y psiquiatras, mientras se empeña en proteger a su atacante. Muchos (comenzando por Scottie) sospechan que oculta algo. Entretanto, Laura sigue trabajando para Luke y están constantemente en contacto.

 La relación es ambigua. Luke se muestra arrepentido y se siente culpable, pero lo descoloca la actitud de su victima. Laura alterna entre el rechazo y el afecto por su violador. Lo insulta, lo acusa, amenaza con delatarlo, pero también hay resabios de su cariño y amistad pasadas y a la legua se ve que quiere protégelo. De hecho la noche en que Luke debe ir a matar al político, Laura lo lleva a un descampado y arroja las llaves del auto por un acantilado.

En esos días en que todavía no se conocía el termino de “Síndrome de Estocolmo”, la actitud de Laura era inexplicable para sus fans y provocaba ,aun en una era pre Internet, una gran polémica. En las aulas o la cafetería de mi universidad, nos reuníamos a tratar de encontrar una respuesta a la actitud de Laura. Las hipótesis  volaban: “Laura se siente culpable. Cree que ella atrajo ese ataque”; “Ella quería con Luke”; “Laura se siente culpable porque llegó al orgasmo”; “Laura se ha enamorado de Luke”; “Laura siempre estuvo enamorada de Luke” Etc.


De vuelta en “General Hospital”, Mr. Smith, jefe del crimen organizado, perdona la rebeldía de Luke, pero exige que a cambio se case con su bella hija Jennifer. Luke acepta encantado. La que no está encantada es Laura, pero se niega a confesarle a Luke que lo ama. Opta por contarle la verdad al marido el mismo día de la boda. Scottie, furioso, se aparece en el yate donde se celebra la ceremonia, golpea al violador y lo arroja por la borda. Cuando no encuentran el cuerpo, lo creen muerto. En realidad, Luke y Laura se han dado a la fuga y han emprendido un road trip que les tomará todo el verano del ‘79 y los convertirá en lo que en jerga de soap opera se conoce como “Supercouple” (súper pareja).

A fines del verano, cuando la súper pareja retorna a Port Charles a desenmascarar a la mafia, ya nadie los ve como violador y victima. Si ya hasta han hecho el amor en un establo. Sin embargo, Tony Geary, interprete de Luke, que se ha convertido en una especie de símbolo sexual cuenta como las mujeres lo persiguieron en una ocasión en un mall gritándole “¡Viólame Luke!”.


La famosa violación tiene repercusiones excelentes para la serie. “General Hospital” se vuelve la soap opera mas popular de Estados Unidos. El género adquiere respetabilidad gracias a Luke y Laura. Se descubre que no solo lo siguen amas de casas aburridas, sino profesionales y universitarios que se identifican con la extraña pareja. La boda de Luke y Laura, en el otoño de 1981, alcanza un record de sintonía, el más alto alcanzado por un programa de sobremesa. Desde entonces Tony y Genie Francis han acumulado una serie de Emmys. Hasta hoy, Tony Geary lleva el record de ser el actor con más Emmys a su haber (7 en total). Y Luke y Laura siguen siendo una leyenda del Daytime.


Luke no fue el único héroe violador de las soap-operas, los hubo antes y los hubo después. El público no se cansaba de ellos. En los 90’s tuvimos a Jack Deveraux en “Days of Our Lives”.El pobre Jack parecía  estar predestinado a ser violador. Su padre biológico había violado a su hermana. Por suerte para el  almita esnob de Jack, él creía ser hijo del poderoso senador Harper Deveraux y ni se imaginaba que era adoptado y que su verdadera familia eran los miserables Johnson.


 Jack ama a Kayla, su enfermera. Kayla ama a Steve Johnson (apodado “Patch” debido a un parche que cubre su ojo derecho). Steve descubre que Jack es su hermanito perdido, el que dieron en adopción cuando su familia se descalabró. Patch obliga a Kayla a casarse con Jack porque quiere hacerlo feliz. Eventualmente, Kayla y Patch vuelven a ser amantes. Jack los descubre e iracundo viola a Kayla y comienza una campaña para destruir a Steve. Eso se detiene cuando Jack descubre que él es un Johnson. Ahí inicia su campaña de “rehabilitación”.


Es entonces que Jennifer Rose, la niña bonita de Llanview, miembro del respetable Clan Horton, y la virgen más cotizada del pueblo, se encapricha con Jack. A pesar de que todos le advierten que es un violador, estafador, etc., etc. la enamorada chica lo persigue hasta finalmente entregarle su virginidad en una isla desierta después de un naufragio.



Jack y Jennifer iban camino a ser Supercouple, cuando de  la teleaudiencia se elevaron voces de protesta. ¡”Ya basta de glorificar a los violadores!” Los productores no sabían que hacer y al final encontraron una solución casi tan grotesca como la glamurizacion del violador. Hicieron que otro villano violara a Jennifer. Solo entrando en la piel de la victima podía Jennifer comprender la magnitud del crimen cometido por su amante. Jennifer rechazaba a Jack, lo golpeaba,  le gritaba “sucio violador” y se separaban…pero no por mucho tiempo. Jennifer y Jack se casaron, tuvieron una hija y siguieron juntos intermitentemente hasta el 2012, cuando él finalmente murió.



Lo asombroso de este caso es que los guionistas de “Days of Our Lives” optaron por  convertir la violación en un castigo. Jennifer debía se castigada por inconsciente al no darse cuenta de que su hombre era un criminal, y Jack debía ser castigado con el rechazo de la mujer que amaba. ¿Con eso se arregla todo?

Así fue el fenómeno del “héroe-violador” en la cultura femenina de fines del Siglo XX ¿Pero cómo están las cosas en nuestro civilizado y progresista siglo XXI? Or empezar, el héroe-violador desapareció totalmente de las telenovelas. El curioso caso de “Cuidado con el ángel” lo ilustra. La última consumación forzada ocurrió en “Amor Real” (2003) y ocasionó un debate en la comunidad telenovelera equiparable al provocado entre “troneros” por la violación de Cersei en “Juego de Tronos”. Los devotos de Fernando Colunga, intérprete del Dr. Fuentes Guerra, juraban que no era ultraje puesto que a la esposa le había gustado el “sexo rudo” y eso que la pobre Matilde (Adela Noriega) lloró y suplicó antes y después del hecho.

El "cariñoso" Dr. Fuentes Guerra


A pesar de que ya no se celebra el ultraje sexual en las telenovelas, sigue utilizándose como cliché sensacionalista que a veces causa tanto daño como la glorificación, ya que denigra a la victima y desestima el delito. Solo tres telenovelas, a mi parecer, han sabido retratar de manera justa y respetuosa el  tormento de una mujer violada. Esas son “La Jaula de Oro” (1999) de María Zarattini; “El Manantial” (2002) y “Mi Pecado” (2010). Las dos últimas escritas por la dupla Cuauhtémoc Blanco-Maricarmen Peña.

En la primera vemos como una niñita victima de abuso en su infancia se convierte en una mujer (Edith González) encerrada en un mundo de fantasía. En “El Manantial”, la heroína (otra vez Adela Noriega) es violada en su adolescencia por el padre del novio. Años más tarde regresa a su pueblo, no por venganza sino para enfrentar sus miedos y recobrar lo suyo, incluyendo el derecho a ser feliz en el amor. En la última, Lucrecia (Maite Perroni) vive perseguida por el inexplicable odio de Rosario, su madre (Daniela Castro). Cuando Lucrecia, ya casada, es violada por su marido, se sorprende al ver que Rosario la apoya por primera vez en su vida.

Madre-hija, pero también hermanas
En el penúltimo capitulo, Lucrecia se atreve a preguntarle a su madre los motivos de su odio “Yo soy tu hija” le dice. “Además de ser mi hija” responde Rosario,  “¡Eres mi hermana!” La verdad que  ha ocultado toda su vida es que su hija es producto de un abuso y del incesto. La confesión traumatiza más a Rosario que acaba por suicidarse.

En estas tras historias se ven las terribles secuelas (demencia, frigidez, incapacidad de ser feliz o hacer felices a los demás,) de un ultraje. Los violadores no son figuras románticas sino hombres déspotas y psicópatas. Se describe claramente la vergüenza, los sentimientos de culpa,  y el estigma que cae sobre una violada.

En las soap operas tampoco han surgido mas héroes violadores y la gran sorpresa fue que a comienzos del Siglo XXI, “General Hospital” un poco tardíamente, decidió encarar la violación de Laura y dejar de llamarla “seducción”. Durante una de las periódicas separaciones de la pareja, un cincuentón Luke le cuenta a Lucky, su hijo mayor, como empezó su romance con su madre.


Al regreso de Laura, Lucky la enfrenta. La acusa de muchas cosas; de ser mentirosa, de haberse casado con su violador, y termina diciendo burlonamente que a Laura le gusta que Luke haya comprado un club porque así revivirán su fantasía de violación.


La escena fue sumamente desagradable. Siendo que Luke y Laura siempre han estado a lado de sus hijos y dado a la impresión de que, a pesar de sus diferencias, se aman, resulta absurdo e impertinente que Lucky se inmiscuya en algo que es parte dela intimidad de sus padres. Como ocurrió en “Days of Our Lives, la torpe solución  acaba por hacer lo que siempre ocurre en estos casos, encajarle la culpa a la victima.

El presentar sexo no consensual y disfrazarlo de otra cosa sigue siendo parte de la televisión primetime y va acompañado de otra fantasía: el incentivo de meterse con un hombre peligroso. Después de todo,  eso es o que se oculta detrás los romances con vampiros y otras criaturas paranormales. La idea de jugar con fuego resulta sexy en estos días de  sexo aventurero. Y como vimos en Crepúsculo, puede ser un poco doloroso acostarse  con un vampiro.

La imagen erótica del sexo peligroso  puede verse en “Buffy, Cazadora de Vampiros” cuando Spike casi viola a la protagonista al salir de ella de la ducha. El que Spike sea un vampiro presenta una excusa a su comportamiento y no lo desmedra como figura romántica. En cambio, la ausencia de reproches por parte de Buffy y el encubrimiento del incidente, vuelven a  la cazadora de vampiros en cómplice de Spike.

Los vampiros no solo apetecen sangre


El estrafalario Adam, gran amor de la protagonista de “Girls” ni siquiera tenía la excusa de ser vampiro cuando protagonizó (la temporada pasada) un incidente que muchos vimos como agresión sexual. Tratando de olvidar a Hannah, Adam entra en una relación con Natalia, hija de una compañera de Alcohólicos Anónimos. La relación parece perfecta. Ambos se gustan y Adam hasta comienza a parecer “normal”. Sin embargo, hay señales de peligro que Natalia no reconoce.

 A pesar de ser hija de una alcohólica, Natalia vive la cultura de los bares y le insinúa al novio que le incomoda que él no pueda beber y divertirse con ella. Adam hace un esfuerzo y la acompaña a un bar. Esa misma noche se reencuentra con Hannah y descubre que la gordita todavía le importa. Entra en el bar y frustrado comienza a beber. Natalia, en vez de detenerlo o mandarlo a casa en un taxi, acepta regresar con él al departamento de Adam (hasta ahora siempre han hecho el amor en casa de ella).
Adam borracho


Natalia se sorprende (y con razón) ante lo sucio y desordenado del departamento y  lo comenta en voz alta. La reacción de Adam es inesperada. Le ordena ponerse en cuatro patas  y gatear por el inmundo (y lleno de astillas) parquet hasta el dormitorio. Lo más extraordinario es que Natalia obedece. En medio de su ingrato trayecto, Adam  alza a Natalia del suelo y como si fuera un saco de papas la lanza  sobre la cama. Acto seguido tienen un sexo bizarro y bochornoso para ella (no voy a entrar en detalles, pero este es el individuo que encontraba sexy orinarse sobre Hannah en la ducha).



Aunque el publicó sabe que Natalia no disfruta y no quiere esa relación, ella es incapaz de rechazarla. Solo usa excusas fútiles (“No me duché hoy”) o le pide a Adam que no eyacule sobre el vestido. A finalizar, Natalia dice “no me gustó nada esto” y la reacción de Adam es “¿Quieres terminar conmigo?”. La impresión que me quedó es que Adam buscó finalizar  un rmance que le era pesado. Solo que en vez de hablar las cosas con Natalia, prefirió castigarla con humillación sexual.

Poco después,  Adam regresa con Hannah y Natalia desaparece sin que nadie levante la voz por ella. El modo en que la ha presentado la serie es que se “lo buscó” por andar con un hombre poco confiable, por ir a su departamento cuando estaba ebrio, por no hablar claramente. De nuevo, la mujer es la culpable, algo que no me sorprende de “Girls”, un show que bajo su aparente mensaje feminista, oculta una profunda misoginia.

Según las estadísticas, el 57% de las mujeres sigue disfrutando de fantasías de violación y las vive a través de juegos de alcoba. Aunque haya quien no crea que una fantasía deba ser vivida,  o que a todas las mujeres les guste incluir “un poquito” de sumisión y dolor en su vida sexual, se sigue creyendo que el sexo forzado en la ficción es caso diferente ¿No? ¿Al final que son las 50 Sombras de Grey sino fantasías de violación consentidas? ¿La ingenua (por no llamarla idiota) de Anastasia, al firmarle un papelito a Christian Grey que le da poder sobre su vida, su cuerpo y su sexualidad, no está actuando un poco un poco como Clarissa Harlowe al confiar su persona al violador potencial Lovelace?



Mientras hacia mi investigación descubrí que existe un subgénero literario llamado “Dark Erotica” que frecuentemente abarca la  violación de la protagonista. Con lo dicho arriba no es de sorprender que tenga un gran público y que se puedan comprar en cualquier librería. En un artículo, una autora de ese tipo de literatura se refería a su obra como “inocente”, agregando “no le hago daño a nadie”. No puedo opinar puesto que desconozco el subgénero, pero como fan en el pasado de otras obras de ficción que glorifican al violador, debo preguntarme cuán nocivas son estas imágenes idealizadas o distorsionadas de un delito criminal.

De acuerdo a la National Health and Social Life Survey, solo el 4% de las mujeres violadas en los Estados Unidos son atacadas por extraños. El 96% de las violaciones son perpetradas por gente que la violada conoce, y el 46% de los atacantes son alguien que la victima una vez amó. Estas alarmantes  estadísticas, parecen indicar que nuestras parejas son todas violadores en potencia. ¿Tendrá la industria del entretenimiento  y sus retorcidas visiones del sexo algo que ver con esas cifras?

martes, 29 de abril de 2014

Fantasías de violación: Un extraño fenómeno de la televisión de fin de siglo (I Parte)



La violación es un concepto tan delicado y tan poco entendido que no debería usarse en la ficción. La decisión de integrarla a “Downton Abbey” enturbió la atmosfera serena y sentimental de esa serie inglesa. Más alboroto ha causado recientemente el mal uso de la violación en la trama “Juego de Tronos”. Sin embargo, nada alcanza el paroxismo de la ficción literaria y televisiva de los 70’s y 80’s donde el ultraje sexual se convertía en un recurso romántico y se idealizaba al el agresor. ¿Se ha realmente superado esa imagente distorsionada de un  delito? ¿O acaso en días de 50 Sombras de Grey todavía hay quien ve el coito forzado como algo excitante y sin mayor trascendencia?

Fue una curiosa coincidencia que Mayra Alejandra falleciese la misma semana en que “Juego de Tronos” decidía deformar fatalmente  a su antihéroe Jaime Lannister convirtiéndolo en violador. Sucede que la telenovela más famosa de Mayra, “Leonela”, glorifica al agresor sexual y sus actos. “Leonela” fue uno más de los ejemplos de ficción que se adhirieron al culto del “héroe-violador”, una presencia persistente en el material de entretenimiento femenino.

El auge de la novela a fines del Siglo XVIII trae dos fábulas morales que buscan prevenir a las jovencitas burguesas. Rebelarse contra los dictados de sus mayores puede acabar con ellas en la cama de un violador. En Clarissa de Samuel Richardson, la protagonista, huyendo de un matrimonio impuesto por su familia, pone vida, cuerpo, y reputación en las manos del calavera Lovelace. Cuando Clarissa Harlowe se rehúsa a casarse con él, Lovelace la viola y degrada. Choderlos de Laclos en su Les Liaisons Dangereuses presenta  a otro noble libertino, El Vizconde de Valmont que, por una venganza absurda, abusa de una jovencita recién salida del convento.
Clarissa violada


El problema es que innumerables adolescentes, por casi dos siglos, al leer estas novelas cierran los oídos a los alertas de los autores y acaban enamoradas de estos seductores criminales. Cuando estos cautionary tales pasan a la pantalla subliman a los protagonistas a pesar de lo censurable de sus actos. Aunque en la adaptación de la BBC, la violación de Clarisa Harlow es terriblemente gráfica, pocas espectadoras sentían rabia contra Lovelace interpretado por un joven, pero sexy desconocido (entonces) llamado Sean Bean.


Lo mismo ha ocurrido con las innumerables versiones de Las Relaciones Peligrosas. Por empezar está el hecho de que a Valmont siempre lo han interpretado símbolos sexuales de todas las épocas como Gerard Philipe, Colin Firth y Ryan Phillippe. Aun mas reprensible es que se esmeran los productores en hacer pasar la desfloración de Cecile como seducción cuando el libro explícitamente demuestra que Valmont utiliza el chantaje y la fuerza para poseer a a niña.



Casi doscientos años después de la publicación de estas novelas, la cultura de masas todavía exhibía una actitud ambigua hacia la agresión sexual. Como los códigos legales occidentales se tomaron su tiempo antes de aceptar que la violación marital era un delito, no es de sorprender que Margaret Mitchell asumiera que su primer marido no había hecho nada censurable al golpearla y forzarla. Pero como toda victima, la escritora llevaba un drama interior el cual solo podía exorcizar  a través de su pluma.

Amo Lo que el viento se llevó, es mi novela favorita, amo a Rhett Butler, pero no puedo negar que él viola a Scarlett. Es cierto que ella lo humilla, le niega sus derechos, pero también es cierto que  esa noche, ebrio y en un arrebato de celos, la carga hasta el dormitorio y la ataca sexualmente. Lo curioso es que ni Scarlett ni la autora tienen reproches para Rhett. Scarlett está gratamente sorprendida puesto que la agresión ha dado como resultado su primer orgasmo. Para Peggy Mitchell una violación se vuelve un recurso para hacer aflorar el deseo reprimido de su heroína.


Scarlett es una mujer que ha roto muchos tabúes, vive más allá de los límites que su sociedad impone a las mujeres, pero tiene una restricción: el amor carnal. Rechaza el aspecto físico del amor y a pesar de haber estado tres veces casada, su imagen de la pasión no llega mas allá de los castos besos que ha intercambiado con su gran amor, Ashley Wilkes. Solo por la fuerza llega a descubrir el lado positivo del sexo.

En su escandaloso (para la época) bestseller Peyton Place, Grace Metalious describe el martirio de Selena Cross, una humilde habitante de un pueblecito de Nueva Inglaterra que desde los 14 años es abusada por su padrastro. Esto acaba cuando el medico del pueblo ahuyenta a Lucas Cross. Años más tarde, Lucas regresa a la vida de su hijastra, intenta violentarla y ella lo mata. Selina es llevada juicio. Incapaz de contar su verdad,  enfrenta la amenaza de la horca, pero el Dr. Swain declara a su favor, cuenta su tragedia e incluso revela como le practicó un aborto ilegal a la chica. El conservador y puritano pueblo de Peyton Place toma una decisión asombrosa: declaran inocente a Selina y permiten que el Dr. Swain siga practicando la medicina. Esa es su manera de hacer justicia y demostrar su solidaridad con una mujer violada.

Lloyd Nolan como el Dr. Swain y Hope Lange como Selena

Lo curioso es que Metalious incluye otra violación en el mismo libro, pero la presenta de una manera  totalmente diferente. Constance es la madre de la protagonista. Todo Peyton Place la cree una viuda irreprochable únicamente dedicada a sacar adelante a su hija Allison. En realidad, Connie fue amante de su jefe casado en Nueva York y Alison es el fruto de esa relación ilícita. Ella vive con dos temores: que alguien revele su secreto y que Allison repita su historia.

Atraída por Mike Rossi, maestro de su hija, Connie acepta salir con él. La cita acaba con Rossi golpeándola y violándola. Mike ha notado que Connie es una hipócrita que reprime sus deseos carnales bajo una apariencia puritana. La fuerza es su manera de conseguir que Connie se manifieste como  la mujer apasionada que es. Como Peggy Mitchell, Grace Metalious convierte el sexo no consentido en un medio para despertar la pasión y destruir inhibiciones. Es que en la literatura “rosa” o femenina, la violación puede  ser un instrumento de múltiples propósitos.

Lana Turner como Connie Mackenzie


En 1971, Dame Catherine Cookson, reconocida autora de novelas sentimentales, publica The Dwelling Place, un romance histórico donde la heroína Cissie pasa de mendiga a señora de la región gracias a... ¡Sii, una violación!


A sus quince años Cissie pierde a nueve de sus hermanos y a sus padres, todos victimas del cólera. Pierde su casa cuando la embargan sus acreedores y a su novio Matthew, cuando éste se casa con la hija del molinero. Cissie se lleva a sus ocho hermanos restantes a vivir a una cueva que queda en las tierras de los Fichdel. Cuando Cissi araña a Isabella Fichdel, ésta obliga a su hermano Clive a vengarla. ¿Que mejor venganza que violar a la cavernícola?


Lord Fichdel al enterarse de la última travesura de su hijo, lo mete en la Marina, encierra a Isabella y le quita el hijo a Cissie. Años más tarde, Clive regresa reformado y deseoso de enmendar sus errores, le devuelve el hijo a Cissie, y terminan casados. Aunque la historia nos parezca aberrante, lo que hace la autora es elevar socialmente a Cissie gracias a una violación. Su recompensa es convertirse en Lady Fichdel aunque el precio sea un ataque sexual.


Un año después de la publicación de The Dwelling Place, Kathleen Woodside revolucionaría la novela rosa con la publicación de The Flame and the Flower. Aparte de incluir sexo grafico en el romance histórico y ser la pionera del subgénero bodice-ripper (rompe-corpiños), Mrs. Woodside populariza al héroe violador.


La trama tiene lugar en Londres a inicios de Siglo XIX. Heather Simmons es una huerfanita que mata a un hombre que intenta forzarla. En su huida, termina ocultándose en un barco anclado en el muelle. Brandon Birmingham, el capitán, la descubre y creyéndola una prostituta la viola.  A descubrir que era virgen, le ofrece hacerla su amante. Cuando ella se niega, intenta abusarla de nuevo. Heather logra huir  y encuentra refugio con sus tíos. Al enterarse que está embarazada, ellos obligan al Capitán Birmingham a casarse con Heather. La infeliz pareja se embarca hacia las propiedades de Brandon en Charleston. Ocurren mil peripecias, hasta que finamente después que Brandon rescata a Heather de otro intento de violación, ambos se confiesan su amor. Esta novela hizo historia, y por las próximas dos décadas fue la influencia mayor en las escritoras de romances históricos.

Confieso haber sido adicta a los bodice-ripper y ser dueña una colección de como doscientos volúmenes, escritos entre 1974 y 1990. Puedo aventurar que casi la mitad de ellos inicia con la heroina (siempre virgen) violada por el héroe. Este tipo de literatura, escrita por mujeres y para mujeres, exalta la fantasía de la violación, siempre y cuando cuatro reglas estén presentes: el violador de ser atractivo y millonario (muchas veces se trata de un aristócrata); la agresión no incluye violencia extrema; el 90% de las veces la violada llega al orgasmo; y al final del cuento victima y violador se casan, son felices y  están muy enamorados.

(deviantart.com)


¿Por qué la agresión sexual se volvió un cliché del romance histórico? En su momento, Kathleen Woodside dijo que le resultaba inconcebible que una tímida virgen decimonónica se entregase a un desconocido, por  lo tanto la entrega debía ser contra la voluntad de la victima. ¿Era esa la única razón?  ¿No había algo en la cultura de entonces que hacía excitante el sexo forzoso?

La fantasía de la violación es muy común en mujeres que temen entregar el control de su cuerpo o se sienten incomodas ante la exigencia de ser sexualmente activas. Después de la Revolución Sexual de los 60s, del advenimiento de la píldora y del culto al amor libre, muchas mujeres se asustaron ante una libertad impensada que las obligaba a asumir riesgos y  deberes. Los mensajes cruzados del feminismo también nos confundían, principalmente a las jóvenes. El auge de enfermedades venéreas como el herpes y  el Sida en los 80’s terminó por otorgarle a sexo una aura excitante, pero peligrosa. De alguna manera, la fantasía de violación conllevaba una evasión de responsabilidades y  sentimientos de culpa.

(tumblr.com)


Los 80’s (lo que hoy se conoce como La Era de Reagan) trajo un retorno de valores antiguos a la sociedad estadunidense, entre ellos una renovada admiración por la castidad. Muchas adolescentes y jóvenes de entonces idolatrábamos a Brooke Shields que juraba no perder su virginidad hasta estar casada, y a Diana de Gales que supuestamente había llegado virgen a su noche de bodas. En ese contexto, era difícil dar un paso hacia perder a virginidad fuera del matrimonio. Las heroínas violadas en los romances históricos telenovelas y soap operas eran afortunadas. Disfrutaban del sexo, pero sin responsabilidad ni estigma. Este caía sobre el violador que se veía obligado a casarse con ellas.



No creo que ninguna de nosotras creyera que esos encuentros sexuales eran realmente violaciones. Teníamos claro que “violación” era un delito, un acto brutal que destruía la victima y que era perpetrado por  psicópatas asquerosos. Eso nos lo dejaba claro un subgénero fílmico también de moda. Las “Rape and Revenge Movies” (Películas de violación  y venganza).  En ellas la protagonista era ultrajada brutalmente, a menudo por una pandilla. Tras sobrevivir a la agresión, la mujer buscaba a cada uno de sus agresores y los mataba con lujo de crueldad. Aunque ese tipo de cine fingía enpoderecer a la victima, ninguna de las espectadoras deseaba parecerse a ella. La tesis era que la violada se convertía en un monstruo, igual o peor que sus atacantes, más o menos lo que había retratado Rómulo Gallegos en su clásico Doña Bárbara.

Yo vine a caer en cuenta que vivía una cultura de violación en mis años universitarios gracias a un debate en una clase de literatura provocado por una de Las Novelas Ejemplares, “La fuerza de la sangre” de Miguel de Cervantes. En el relato cervantino, Leocadia una adolescente toledana es raptada y violada por el noble Rodolfo. Embarazada y abandonada, Leocadia recibe el apoyo de sus abuelos, pero más adelante, reconoce a su atacante. La misma familia de Rodolfo lo obliga a reparar su falta casándose con la chica. Colorín, Colorado, todos contentos menos yo.

Se me ocurrió argumentar que mal premio era para Leocadia ser obligada a casarse con un criminal con conductas psicópatas. Lo extraordinario es que tanto el profesor como mis compañeros (incluso las mujeres) me miraban como si fuera un bicho raro. ¿Cómo no? Si estábamos en 1985, y la cultura de masas femenina enaltecía a los violadores. La cultura de masas latina y también la angloparlante.

En el mundo de la ficción rosa latina, sea novela, radioteatro  teleserie, la violación siempre es una pesadilla que acecha a la heroína, con determinadas variantes. Los villanos suelen ser violadores, es parte de su imagen. Un castigo que casi siempre espera a la villana es ser ultrajada. La heroína muchas veces cree haber sido violada, por lo tanto es indigna del héroe, pero al final se descubre que es pura y casta. La ultima y peor variación es cuando  el héroe utiliza la violación como un modo de conseguir el amor de la heroína.

Todos estos ejemplos deben sonar familiares a los conocedores de las telenovelas de Delia Fiallo, una autora icónica que  fue quien mejor desarrolló el tema de la heroína violada y su heroico agresor. En 1975, Doña Delia presagia ya la telenovela didáctica con su “Una Muchacha llamada Milagros”. El Dr. Juan Miguel Saldivar (José Bardina) es un eminente siquiatra. Su prestigio profesional le ha conseguido un puesto importante en la alta sociedad caraqueña. Todos admiran su profesionalismo, sapiencia y dedicación a rehabilitar a jóvenes delincuentes, a pesar de que tanto trabajo lo aleja de su familia. Su esposa y conocidos se sorprenden ante el cambio del médico,  puesto que en su juventud Juan Miguel era un tarambanas, parrandero, mujeriego y casi un alcohólico.



 Un día el Dr. Saldivar se encuentra ante un caso difícil. Milagros (Rebeca González)es una chica semi delincuente, hosca, agresiva y que detesta los hombres y su contacto. Bajo hipnosis, Milagros revela su secreto. A los catorce años, acabada de fugarse de un orfanato, fue violada por un desconocido en un oscuro callejón. El siquiatra muy alterado busca a un amigo y colega y se confiesa con él. Hace años, Juan Miguel atacó a Milagros. Ese fue el punto de quiebre en su ida cuesta abajo. Desde entonces ha tratado de enmendar su vida. Pero tal enmienda no existe si Milagros no es feliz.

Aprovechando que su esposa convenientemente se ha ahogado en un crucero, Juan Miguel decide casarse con Milagros. Como la chica está enamorada de su protector, acepta feliz, pero antes se comprometen a que su matrimonio nunca será consumado puesto que Milagros rechaza el amor físico. La noche de bodas, cuando Saldivar se prepara para dormir en el sofá de la sala, Milagros lo llama y terminan haciendo el amor. La experiencia aunque placentera, despierta los recuerdos de la novia. En sueños revive su tragedia y reconoce el rostro de su atacante. ¡Ahí arde Troya! Casi cinco meses les toma a la pareja reconciliarse y perdonarse.

Como nunca realmente vemos la agresión, como conocemos a los protagonistas casi una década después de ocurrido el delito y como solo observamos el lado bueno de Saldivar, nos es mas fácil perdonarlo. Es tan evidente su arrepentimiento, su necesidad de auto castigarse, su propósito de enmienda, que incluso sentimos que Milagros es injusta con su violador. UMLM fue un éxito tremendo como lo fue también su refrito de 1987, “Mi Amada Beatriz”, el primer protagónico de Catherine Fullop.

En el 2008, Televisa hizo una versión mexicana de esta historia y la protagonizó una de las súper parejas telenovelera: Wiliam Levy y Maite Perroni. Pero los tiempos habían cambiado y en esta versión Marichuy cree haber sido violada, pero todo lo que lo hizo el siquiatra fue “robarle” un beso. Como conservaron casi enteros los diálogos originales este cambio a veces resulta confuso para los televidentes y lúdico para quienes conocíamos a historia.

Después de “Milagros”, Doña Delia siguió experimentando con el tema de la violación. En “Emilia” el héroe, creyéndola amante de su padre, exige de la protagonista que le “pruebe” que es virgen. Emilia se niega y Alejandro la viola. A todos nos parece increíble cuando ella lo perdona y se casan. Pero la apoteosis del héroe violador”fiallesco”  llega con la escandalosa Leonela.





Desde el primer capitulo que la audiencia estaba al borde de una silla, porque nunca se había visto una telenovela tan bizarra. Todo lo rosa de Delia Fiallo se teñía de negro o rojo vivo en a historia de la Dra. Leonela Ferrari, abogado, niña bien, millonaria y a punto de casarse con otro nene del jet set. Solo que como dice el inolvidable tema de Gualberto Ibarreto: “Aquella noche un vagabundo cambió tu risa en amargura”. Paseando por su playa privada Leonela es atacada, golpeada y despojada de su virginidad por el marginal y semi analfabeto Pedro Luis.


Tras saber el calvario que debe pasar una mujer que quiere denunciar un abuso sexual, Leonela decide ocultar su vergüenza, solo sus íntimos se enteran. Pero el violador, que realmente parece un poco tarado, comienza a perseguirla y acosarla. No se da cuenta que ha cometido un delito, cree que Leonela es ahora su mujer y quiere casarse con ella. Otto, el novio de Leonela, también quiere casarse con ella, pero exige que aborte el fruto de su violación. Leonela y su tía van a una clínica clandestina. Allá las sigue Pedro Luis, pelean y él termina arrojándola por una escalera. Leonela no aborta, pero su familia decide cortar por lo sano, y mandan matar a Pedro Luis. El violador, que tiene más vidas que un gato, mata al asesino. Leonela exasperada denuncia a Pedro Luis.

Hay un juicio, Leonela representa a la parte acusadora y el acusado es condenado a diez años de prisión. No se detiene ahí la venganza de los Ferrari. Acosan a la familia de Pedro Luis, los hunden en mayor miseria. El padre muere de un infarto, su hermano de un coma diabético. Un día, Pedro Luis recibe una visita en la cárcel. Es Nieves María, su cuñada viuda (que está enamorada de el). Le muestra a su hijo Pedrito. Leonela rechazó al niño y los Ferrari lo enviaron a un orfelinato de donde Nieves lo rescató. Pedro Luis se llena de odio contra los Ferrari y contra la mujer que no tuvo piedad de un inocente.

Pasan diez años, Leonela es una mujer apagada, dedicada totalmente a su profesión. Aunque tiene un pretendiente, es incapaz de tener relaciones íntimas. La vida ha sido generosa con su atacante. En la cárcel, Pedro Luis estudia Leyes y recibe una herencia de un compañero de celda. Sale de prisión convertido en millonario y flamante abogado. Su propósito ahora es vengarse de Leonela  y su familia. Arruina las empresas del padre de Leonela y provoca su muerte. Pero la Da. Ferrari está demasiado deslumbrada por quien ahora es su colega e igual socialmente,  y no le hace muchos reproches. Además le ha bajado el amor maternal y quiere recuperar a Pedrito. Se casa con Pedro Luís, pero en la noche de bodas ya sabemos lo que pasa.



Pedro Luis se sulfura. Cree que la frigidez de Leonela es una manera de castigarlo. Se busca varias amantes. Leonela va al psiquiatra. El psiquiatra se enamora de Leonela. Una de las amantes de Pedro Luis trata de matar a Leonela. En medio de todo este atado de chorizos, Leonela y su marido tienen una de sus famosas peleas. Están ahí escupiéndose y lanzándose platos a la cabeza cuando a Pedro se le ocurre recrear su magna escena de violación. ¡Y voila! Leonela queda curada y tiene un mágico orgasmo.

Vi esta historia desde el inicio hasta la palabra “Fin”. La seguía con mis padres. Aunque mi padre siempre le daba la razón a Pedro Luis, Mi Ma y yo  odiábamos al violador. Lo extraordinario es que el público de ambos sexos parecía solidarizar con el protagonista. Nosotras estábamos en minoría, pero creo que rechazábamos la historia por la razón equivocada. Por empezar no se seguían las reglas de la fantasía de violación. Más encima no soportábamos a Carlos Olivier. Lo encontrábamos feo, pesado y mal actor.
(pipes.yahoo. com)


Diecisiete años mas tarde, en Perú hicieron un excelente refrito de Leonela protagonizado por la desaparecida Mariana Levy y (¡Slurp!) Diego Bertie. Ver a Bertie en el rol del violador me hizo mas apetecible la historia, pero con mi mirada  enfocada al Tercer Milenio traté de encontrar alguna moraleja a una fabula que denigraba e incluso culpaba a la violada.

Primero la percibí como una historia de “perdón” Demostraba que el amor podía nacer de las circunstancias mas viles. Cuando ese postulado no me convenció, pasé a creer que Leonela siempre rechaza al violador, pero se enamora del nuevo Pedro Luis, rehabilitado y bañadito. Solo en su noche de bodas se atreve a asociarlo con el mugroso que la ultrajó.

Finalmente di con la tesis de tan  desacertado drama. Leonela, más que la historia de una violación, es un relato de lucha de clases. La agresión sexual es un castigo karmico que le cae a Leonela por sentirse la reina del “entitlement”. El primer siquiatra al que visita le dice que le será mas difícil  supera su trauma “¡porque lo ha tenido todo!!!”. Se supone que es culpable de los pecados de su familia y de su novio porque en vez de denunciar sus conductas prepotentes las apaña. En cambio, Pedro Luis tiene la excusa de venir de la miseria y de la ignorancia. El salda su deuda con la sociedad, peo Leonela debe pagarla eternamente.

La originalidad de Leonela es que por primera vez se usa la violación para castigar a una “chica buena”. La violación como medio de redimir a una villana es un lugar común de telenovelas, soap operas y hasta series modernas como “Sons of Anachy” donde el personaje negativo de Gemma se humaniza tras ser agredida sexualmente. ¿Qué tipo de mensaje se transmite ahí?

A favor de Delia Fiallo, debo decir que no fue ella la única en describir heroínas violadas  o redimir a violadores. En una ocasión hice una lista que abarca 30 años de violación en las telenovelas. Alguien tuvo la cortesía de guardarla y aquí se las dejo.


En la próxima entrega, hablaremos del héroe violador en la televisión angloparlante, que también los hay ahí.