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jueves, 19 de junio de 2025

Un Casanova Cocinero: La historia alternativa que nos presenta Careme

 


En una entrevista, Benjamin Voisin, el intérprete del famoso cocinero, dijo que la intención de la producción de Apple tv era convertir a Careme en un ídolo de masas, tipo estrella de rock. Aparte, la producción eligió involucrarlo con los hechos políticos de su tiempo y lo dotaron de un apetito sexual desmedido más un gancho de seducción que atrapa a criadas y reinas. Mas allá de que nada de esto corresponde a la biografía conocida de Careme, el gran signo de interrogación es . ¿Funciona? ¿Es creíble?





El Look Voisin

Pues ya el primer capítulo me tenía atrapada, aunque me era obvio que esta ensalada de episodios históricos, sacados de contexto y cronología, no correspondía a la realidad. Mi gran reparo era que el protagonista fuese un mocoso insufrible. O sea, Voisin tiene su encanto, aunque es demasiado joven para alborotar mis vetustas hormonas, pero su personaje es antipatiquísimo.

En la entrevista, él dijo que lo habían tratado de convertir en un Mick Jagger napoleónico para acercarlo a los jóvenes. Me dio risa, Los Z ni saben quién es Sir Mick, algo parecido ocurre con los Millenial que a lo más dirán: “Es el dude que canta el tema de Slow Horses

Pues en esa onda han caracterizado a Voisin como un rockero de la New Wave ochentera con pintura de ojos, arete en una sola oreja y un peinado cruce del de Simon Le Bon y el de los nenes de Tears for Fear. Su vestuario es característico semi punk, semi chef de programa de cocina, y a veces, anda disfrazado de Pirata del Caribe. Toque maestro del efecto es que se droga con un combinado propio de alcohol, opio y azafrán que debe saber a rayos.



Careme y Napoleón

Estamos en 1801, Napoleón Bonaparte es quien manda en Francia y Marie Antoine Careme de 18 años está teniendo sexo con Henriette en su cuarto. Llega su padre adoptivo, el pastelero Sylvestre Bailly, a pedirle que lo ayude a preparar un banquete para los soldados de Bonaparte. A Careme no le parece que deban cocinar para un tirano que además es culpable de la muerte de hija del pastelero. Esta aseveración que nunca es corroborada y no tiene equivalente en la vida real de Bailly es una de las muchas pistas falsas ( red herrings) del libreto.

Esa noche llega a la cocina un moro con turbante que exige que Careme lo siga. Atraviesan calles ribeteadas de tiendas en cuyos escaparates las prostitutas ofrecen “sus mercancías” . ¿Qué es eso?  ¿Hamburgo en la Era de Weimar? En un burdel, el pastelero se encuentra con una prostituta llorosa y un cliente con un ataque de epilepsia que Antonín cura con una cataplasma de tilo y espino.  Parece que nuestro futuro chef es un experto en herbolaria.

A ver, como yerbatera, yo diría que mejor le hubiese quedado esa mezcla convertida en tisana. Agregaría que aunque la prostitución fue legalizada por la Revolución Francesa, no era tan descaradamente abierta, que en su juventud Napo habría visitado más de un lupanar, pero ahora se había vuelto un señor muy circunspecto que si le pintaba el cuerno a su Josefina, lo hacía con alguna dama respetable, no rameras.

Por último,  Napoleón sufría de dolencias estomacales no de epilepsia. Se confundieron con Julio Cesar. Eso no le importa a Careme que sufre de remordimientos por no haber matado al tirano. Para compensar, se droga y va a buscarles camorra a los soldados bonapartistas quienes le atizan una buena paliza. El pastelero se ríe porque como le explicará a Henriette en su segunda sesión de sexo en un mismo capítulo la droga le evita el dolor. Ay, yo quiero de esa. ¿Pero qué dolor aqueja a Antonin?



 A la mañana siguiente, Careme está con su padre en la pastelería, cuando se presenta el moro del turbante (su nombre en la vida real era Rustam Raza). En agradecimiento por su atención médica y discreción, el Primer Cónsul le ofrece al joven pastelero, un puesto en su cocina de Las Tullerías.  Antonin declina amablemente, pero envía al futuro emperador una confección propia, una pirámide de nougat.

                              Un regalito para Napo

Careme y Talleyrand

Unos días después, Bailly es arrestado y acusado de haber hablado mal de Napoleón. Antes de que se lo lleven, le susurra a su hijo que vaya al Hotel de Galliffet a hablar con Talleyrand . Pasamos al Hotel, Talleyrand está jugando a las cartas con su ex amante, la famosa Baronesa de Stael, y su concubina actual, Catherine. Presentes también están el Conde Charles de Flahut, hijo adulterino de Talleyrand y …¡Henriette! Parece ser doncella de Catherine.

Talleyrand recibe aviso de la visita del joven Careme y lo recibe en su despacho. Antonin teme que su padre haya sido arrestado debido a su rechazo de trabajar para Bonaparte. Talleyrand  le aconseja aceptar esa oferta. De esa manera, Careme acaba en el sótano de las Tullerías bajo las órdenes de Laguipere quien le ordena picar kilos de cebolla. Lo unico bueno es que conoce a Agathe, la mano derecha de Laguipere. 



Una noche en que el jefe de la cocina está desaparecido, la dueña de casa pide un bocadillo. Es Careme quien lo prepara y sube al cuarto conociendo a Leonore, una dama de Josefina. Esta noticia llega a oídos de Talleyrand que se da cuenta de que el joven Careme tiene buena mano ya que la futura emperatriz ha gustado del bocadillo.

                          Careme seduce a Leonore con su comida.


El criado de Talleyrand pone fuera de combate a Laguipere. Careme queda a cargo de la cocina del Primer Consulado y se le encarga una cena especial para agasajar al embajador inglés, Lord Jenkinson. Toda marcha viento en popa. Careme ha preparado uno de sus famosos croquembouches para postre: un bergantín de azúcar que homenajea a la marina británica.

En eso entra Rustam con una orden. Bonaparte quiere que el postre sea una pirámide. Talleyrand le ha dicho a su protegido que el éxito de la cena cimentará la paz entre el Reino Unido y Francia. Una pirámide es una ofensa, un recordatorio de la victoria de Napoleón sobre los británicos en Egipto (donde Bonaparte ejecutó cientos de prisioneros lanzándolos a los tiburones). Antonín se niega, aduciendo que no hay tiempo. Rustam le responde destrozando el bergantín a sablazos.

Careme está desolado, pero Agathe le da alientos. Al cocinero se le ocurre una idea. Hace la pirámide de finas hojas de oblea a las que baña en licor. Cuando se aparece en el salón del banquete con su creación, hay escándalo total y Lord Jenkinson se siente ultrajado, pero Antoine lo tranquiliza. Enciende la pirámide y del flambee aparecen bandeja de pastelillos ocultas en un símbolo del pasado. Todos quedan contentos, pero Talleyrand descubre que ahora su protegido más detesta a Bonaparte.



Le dice que Napoleón va a salir en unos días más y que necesita el mapa del itinerario de su carruaje  que  está en poder de Josefina en sus aposentos. Careme seduce a Leonore quien le consigue una invitación para que cocine en privado para la futura Emperatriz. Llega Careme al boudoir de Josefina y encuentra que ella ya ha seleccionado los ingredientes. El cocinero reconoce que estos incluyen afrodisiacos y productos que promueven la fertilidad. Madame Bonaparte confía en Careme que su poder existe solo mientras pueda darle un hijo a Napoleón.

Antonin le prepara un coctel (el uso de esa palabra ya demuestra el presentismo del lenguaje) que seguramente tiene algún narcótico. Mientras Josefina ronca, Careme encuentra el mapa , lo copia y se lo hace llegar a Talleyrand. Días más tarde, Antonín sigue a la comitiva y cuando el carruaje está a punto de entrar a la calle San Nicasio, vira sorpresivamente. Aparece un carruaje lleno de barriles de pólvora (“la maquina infernal”) que estalla y mata gente, pero no a los que Careme quería ver muertos.

Aquí vemos la terrible inconsistencia moral de un héroe que ni siquiera califica de antihéroe porque es muy arrogante y desconoce sus flaquezas. Se da cuenta que Napoleón fue advertido de no seguir esa ruta. Se le ocurre que quien advirtió al General Bonaparte fue el mismo Talleyrand. Se presenta enfurecido al Hotel Galliffet y se tropieza con Henriette. La furia del cocinero es porque murieron inocentes en el atentado. No repara en que la misma cantidad hubiese muerto si Napoleón no hubiese desviado camino.

Talleyrand con dos palabras voltea a Careme que se va a trabajar con el nuevo Ministro de Relaciones Exteriores. Entretanto nos enteramos de lo que hace Henriette en Gallifette. Parece ser doncella de confianza de Catherine. Hay una escena medio lésbica entre ambas cuando Catherine se baña y un intercambio de miradas entre Henriette y Talleyrand que da la impresión que harán tríos de vez en cuando.



Careme y los Niños

Sin embargo, el mayor oficio de Henriette es cuidar y ocultar a Charlotte, la hijita de Talleyrand y Catherine. Los historiadores reconocen la existencia de quien apodan “la misteriosa Charlotte” y asumen que era hija de la pareja. Sin embargo poco se sabe de ella. Talleyrand nunca la reconoció , pero la educó, la mantuvo con lujo y en cuanto la niña tuvo edad, la casó con su sobrino para que adquiriera su apellido y parte de la fortuna familiar.

Es en ese segundo capítulo que Careme presenta su peor rostro y me lo mata como personaje. El que haya a su alrededor monstruos brutales como Fouché o sutiles como Talleyrand, no lo exonera y solo una mente tupida de nacidos después del ’85 puede encontrarle disculpa o admirar sus actos.

El episodio inicia con el cocinero presentándose ante el patrón y exigiendo una solución al problema de Bailly. Cuando Talleyrand da una respuesta displicente,  Antonin lo amenaza con buscar ayuda en otro sitio, obviamente se refiere a contrarios del ministro. Talleyrand le responde que no se rinde ante chantajes.



Careme conoce a Charlotte, usa sus hierbas para curarla y sabe que la existencia de la criatura es un secreto que solo beneficiará a los enemigos de Talleyrand. Lo próximo es el generoso cocinero dándoles las sobras a los niños pobres de París. Uno de ellos, Étienne, le cuenta que el gran enemigo de Talleyrand es Fouché. Antonin envía una carta a Fouché con Étienne. En ella revela la existencia de Charlotte.

                             La misteriosa Charlotte

El niño mete la carta en el bolsillo del policía quien ordena su arresto. A pesar de la tortura, Étienne no delata a su amigo. Fouché lo suelta y hace que lo sigan hasta el Hotel de Galliffet. Careme le pone un emplasto en la mano a Étienne, pero no le pide disculpas. No es consciente de que ha utilizado a criaturas inocentes: Étienne y Charlotte.



Fouché visita a Talleyrand, entre risitas le dice que sabiendo que el “obispo” no acepta chantajes, ha preferido ir donde Napoleón. Bonaparte está indignado. No solo su ministro vive en concubinato con una cortesana, además ha nacido una hija de ese pecado. El Primer Cónsul exige que Talleyrand o se case o despida a su amante. Es un dilema que Catherine soluciona con chantaje: o Talleyrand se casa con ella o su concubina hará público todos sus manejos políticos. Por una vez, el ministro debe aceptar ser chantajeado.

Careme Y josefina

Talleyrand descarga su ira sobre su imprudente cocinero. Lo único que ha conseguido Antonin es arruinarle la vida a su patrón. Talleyrand se casa a regañadientes justo ahora que, por presión de Josefina, Napoleón va a prohibir el divorcio en Francia. Despide a Careme, le dice que no solo no ayudará a Bailly, además se asegurará que el cocinero no consiga trabajo en ninguna parte. Mas encima le canta una verdad, Careme es tonto.

Asustado, Antonin ofrece una salida: chantajear a Josefina para convencer al marido que deje el divorcio en el Código Napoleón. Talleyrand se ríe de la vanidad de su cocinero que se cree capaz de seducir y extorsionar a la mujer más poderosa de Francia, pero ya que todos chantajean...



Talleyrand decide celebrar su compromiso con una fiesta e invita a Josefina. Careme convence a Agathe que venga a cocinar con él en el hotel de Gallifette. Entre ambos confeccionan un menú compuesto de platos cocinados con alcohol. Le echan licor a todo, la idea es emborrachar a los invitados y despojarlos de sus inhibiciones.



Efectivamente la fiesta degenera en una orgia con unos pocos invitados sobrios y tranquilos. También han llegado Luis Bonaparte, en representación de su hermano, y su esposa Hortensia, hija de Josefina. Hortensia coquetea desde la distancia con su amante, Charles, hijo de Talleyrand.

Con ayuda de Henriette y del famoso coctel, Careme trae a Josefina al frigorífico donde tienen sexo hasta que los interrumpen las voces de Hortensia y su marido que se acercan. Talleyrand los conduce por el corredor, después de vendarles los ojos, con la excusa de tenerles preparada una sorpresa.



El ladino cocinero le pone un ultimátum a Josefina o convence al marido de no abolir el divorcio o la expone al escarnio público. Sin opciones, la futura emperatriz huye.  Careme la sigue y muy descaradamente, se muestra contrito y le dice que no fue idea suya. ¡Más encima mentiroso! Josefina le responde con una retahíla de obscenidades.

El tonto de Careme ni se entera de lo que pasa a su alrededor. Cuando fue a espiar el atentado de la Calle San Nicasio, llevaba encima el mapa con anotaciones hechas en su puño y letra. Fouché lo compara con la carta anónima y descubre que vienen de la misma mano. También descubre que Careme que es hijo adoptivo de Bailly. Nada bueno augura al pobre prisionero tanta información, pero Careme sigue encolumne. Protegido por Talleyrand, por su padre y hasta por Henriette que al final del tercer episodio descubrimos.. trabaja para Fouché!



Un Culebrón Erótico para Bobos

De aquí parte un cambio en el guion. Aparte del episodio 4, la serie degenera en historia alternativa sin coherencia con un protagonista insoportable, con soluciones Deus ex machina, y con twists argumentales dignos de telenovela. En un momento nos cuentan que Careme es hijo de un hombre importante. Ni que hubiese sido escrita por Doña Delia Fiallo que en la gloria esté.



A pesar de eso, Careme es entretenida y dinámica, pero sufre del mismo mal que otras series de Apple, es muy simple, parece escrita (a pesar del alto contenido sexual), para niños de ocho años. El suspenso y el drama son de culebrón, los personajes, comenzando con el prota, son bobos. Fouché es más inteligente que todos, no por ser un genio sino porque los demás son escasos de sesera.

Las actuaciones son pasables, destacando Jeremie Renier muy por encima del resto del reparto. La cinematografía sería buena sino fuese tan oscura. Me ha sorprendido que toda la serie ha utilizado locaciones cercanas a París. A ratos se siente como si fuésemos a otro mundo, como es el caso del viaje a Varsovia. El vestuario es vulgar y feo, sobre todo el de Josefina que siempre da la impresión de haberse vestido (o desvestido a la carrera), pero destaca el de Catherine, sobre todo después de su boda.


                   Modas de la Princesa de Talleyrand

Martin Bourbolon es un excelente director. En este momento muy In,  gracias a su nueva versión de Los Tres Mosqueteros. Yo lo recuerdo más por su labor como asistente de dirección en la deliciosa Bon Voyage y sobre todo en Vattel donde supo combinar comida, romance y política en el retrato del verdadero primer gran cocinero francés. Lástima que olvidó lo aprendido y no lo impuso en su Careme que a propósito no ha gustado. En IMDB tiene un misero 6.6 de rating, inferior a La Cocinera de Castamar y muy por debajo del 8.3 de Julia.

En Rotten Tomatoes solo 19 críticos la han reseñado. Como siempre, el único valiente ha sido James Delingpole, en The Spectator, imponiéndole un tomate podrido y argumentando que es una serie hecha para los fans de Bridgerton. Oh, eso duele. Los otros 18 le han otorgado un tomate fresco y maduro, pero sutilmente recuentan las fallas de la serie.

Jackson McHenry la ha descrío en Vulture como “entretenimiento ligero” y usa varias veces en su nota el adjetivo “ridículo” tanto para la vanidad de Careme como para el show. Otros se han quejado de que es “confusa”, que su narrativa no es lo suficientemente robusta para atrapar el interés del público y otros la acusan de irreal, y en The Guardian Rebecca Nicholson es mi eco al decir que nos alegraría ver a Careme en las garras de Fouché puesto que el chef es obnoxious (odioso).



Contenido Violento y Gory: Las torturas en las mazmorras de Fouché, el caballo decapitado en el atentado de San Nicasio son algunos ejemplos. ¿Quién quiere comer después de ver eso?

Contenido Sexual y Desnudos: La serie está inspirada en el libro de Ian Kelly: Careme: The First Celebrity Chef. El mismo Kelly es uno de los productores y parece que no le importa que hayan transformado su biopia en un drama erótico en donde el sexo supera la buena mesa. Es por eso que Careme más se acerca a La Cocinera de Castamar que a Julia.



Talleyrand suelta una sabia máxima cuando dice que al ser humano lo mueven el miedo y el placer y que hay dos clases de placer: el sexual y el que produce una buena comida. Sin embargo no son iguales y el rey XVIII se lo explica a Careme. Ha probado todo tipo de relación sexual, pero el sexo lo aburre. En cambio, la comida…

A pesar de todos los revolcones no vemos mucha carne. Toma obligada de las nalgas de Voisin en el tercer episodio. Ninguna de las escenas me resulta muy sensual, menos la seducción de Josefina en el frigorífico, con la futura emperatriz apoyada en bloques de hielo mientras el cocinero la penetra por la retaguardia. En la vida real, la mujer o hubiese sufrido hipotermia o se hubiese quedado pegada al hielo.

Factor Feminista: Aquí no hay mujer poderosa, ni Josefina, ni Madame de Stael con sus panfletitos, ni Catherine que consigue un marido a punto de chantaje. El caso más cercano al empoderamiento es Agathe. Es una gran cocinera y una buena amiga, pero ella también sucumbe al sex appal de Careme.



El mayor desprecio que me inspiran los personajes femeninos de esta serie es como caen tan fácilmente en la cama de un mocoso petulante y patán. Incluso la más decente, Agathe, anda de ofrecida y eso que Careme la humilla. Por un lado Careme es repelente (hasta maltrata animales) por otro las mujeres de la serie son traidoras, zorras y dependen de los hombres ¿pero qué hombre querría tenerlas solo para usarlas como muñecas inflables?

El problema del drama erótico es que no deja espacio para el amor verdadero ni para la amistad ni para la ternura, y eso se siente en la historia. A pesar de que en algún momento, Serino quiera arreglar ese entuerto poniendo a Talleyrand de culpable de todo, quienes prestamos atención sabemos que eso no disculpa el egocentrismo de Careme ni su poca inteligencia.



Factor Diversidad: Los amigos de la inclusividad racial no pueden quejarse, la serie es un buen ejemplo de colour-blindness. Sorprende que no hayan puesto una actriz hindú a interpretar a Catherine que era nacida en Pondicherry. Aunque en el episodio final Catherine trae una comadrona india, con sari y todo, para atender a Hortensia.

 Hay actores negros dando vida a Étienne y a Rustam. Este último da un poco de risa. Durante su campaña en Egipto, Napoleón recibió del sultán, como regalo, un esclavo que se convertiría en su ayuda de cámara. En búsqueda de diversidad racial, los guionistas encontraron este personaje y cometieron el error común de los cineastas contemporáneos de  que egipcio=negro. El problema es que el verdadero  era georgiano y de origen armenio. En la miniserie Napoleón (2010) es interpretado por un actor georgiano, Jacky Nercessian. Como ven en el retrato del verdadero Rustam, era blanco.



                                                 Los muchos rostros de Rustam Raza

Lyna Khoudry es muy bella y como ya había trabajado para Bourboulon en Los Tres Mosqueteros él se la trajo para interpretar a Henriette. Sabemos que Careme desposó a Henriette-Sophie Mahy de Chitenay, hija de un almirante y sobrina de un conde guillotinado, pero nada en su biografía nos indica que tuviese esa belleza árabe de la actriz argelina.

El caso de Agathe es igualmente complejo. Se sabe que Careme tuvo una hija con una mujer llamada Agathe Guichardet. Si hubiese sido su colega, los sabríamos. Si hubiese sido de origen africano también se sabría. Y ciertamente no hubo una mujer de raza negra que se pasease por las cocinas de las Tullerías en pantalones y ladrando órdenes.



El que Alice da Luz, una actriz cuyos padres viene del Cabo Verde, interprete a Agathe, tal como la imagen que nos da la serie, son manifestaciones de la inclusividad forzada del cuento de hadas erótico en que han convertido la historia de Marie Antoine Careme. Después del capítulo final, me sentiría culpable de recomendarla y espero que no haya segunda parte.

lunes, 16 de junio de 2025

¿Cómo era el verdadero Careme?: un poco de historia antes de ver la serie de Apple

 


Buscaba excusas para no ver el primer capítulo, no le tenía confianza, pero ni me di cuenta de cómo pasó la hora. Así de enganchada estaba. Alerta: cero semejanzas con la realidad; cero veracidades históricas; mucho sexo y mucho pastelito; entretenida, pero tan enredada que los mismos críticos no entendieron que pasaba. En resumen, esta producción de Apple tv+ tiene un protagonista que es cocinero y se llama Careme, pero es un mero alcance de nombres. Paso a carear al verdadero gran chef con el inventado y explicar el motivo por el que el libretista Davide Serino se volcó hacia la ficción en vez de la historia.

El Arquitecto de la Pastelería

Esta es la biografía genuina de Marie Antoine Careme, conocido como “Antonín”. Nacido en París en 1783 (6 años antes de la Revolución), su familia era tan pobre que su padre lo colocó de aprendiz de cocinero cuando el crio tenía diez años. Al menos ahí tenía algo que comer. El chico tenía buena mano para la cocina y fue trabajando en diferentes establecimientos, subiendo de categoría, hasta llegar donde Silvestre Bailly, uno de los mejores pasteleros del país.

Bailly notó que Careme tenía talento e ideas tales como convertir los pasteles en obras arquitectónicas, le fomentó ese habito y le daba permiso dos tardes semanales para que fuese a la biblioteca a examinar libros de arquitectura. Ya durante el Imperio, Careme se había trasladado a otra pastelería, la de Gendron y era famoso por sus postres en forma de pagodas y pirámides.


                         Careme y su croquenbouche


Es posible que en aquella época, el joven pastelero atrajese el interés de Talleyrand-Perigord, Ministro de Asuntos Exteriores. Una de las pocas verdades de la serie, es que a Napoleón la cocina le importaba poco (tal vez por sus ulceras), pero le dejaba todas las tareas diplomáticas a su ministro que consolidaba buenas relaciones exteriores usando la buena mesa como aliada. Napoleón permitió que Talleyrand adquiriese una mansión en las afueras de Paris donde agasajaba a altos dignatarios extranjeros y Careme se hacía cargo de esos banquetes.

Paso a proporcionar algunos detalles, porque los críticos no parecen entender el trasfondo de la serie. Se dice que están en el Consulado, periodo que inicio en 1799. En 1804, Napoleón se coronó emperador, por lo tanto la serie inicia a fines de 1801, cuando Careme tenía 18 años. El año clave de la vida del joven pastelero fue 1803 cuando puso su propia pastelería. Todo esto indica que para entonces Careme gozaba de una sólida posición económica y del mecenazgo de alguien importante ,en este caso Talleyrand.

La realidad desmiente a la serie, Careme nunca fue parte del servicio doméstico del ministro. Sus servicios en aquel entonces, eran estrictamente free-lance, aunque su mayor empleador era Talleyrand y es posible que haya cocinado para el Emperador. Se sabe que fue el encargado del catering de la boda de Jerónimo Bonaparte, y de las segundas nupcias de Napoleón en 1810. En sus memorias, Careme recuerda con mucho cariño haber trabajado en conjunto con Laguipere, el cocinero oficial de las Tullerías.

                        El verdadero Marie-Antoine

Un Cojo que Caía Parado

La caída de Bonaparte no hizo mella en el cocinero porque Talleyrand seguía siendo poderoso. Como decía mi padre: “Para ser cojo, Talleyrand caía siempre parado”. Hora de hablar un poco del personaje de Jeremie Renier que es mi favorito en la serie, a pesar de que a ratos lo calumnian para que parezca villano. Hasta lo ponen detrás del atentado de la Calle San Nicasio y del asesinato del Duque de Enghien.

Carlos Mauricio, Príncipe de Talleyrand-Perigord nació en el seno de una antigua familia de la nobleza, pero la deformidad de su pie le cerró las puertas a las oportunidades abiertas para esa clase, solo el clero lo aceptó. En poco tiempo,  Talleyrand ascendía a la mitra de obispo, no por mérito de su virtud, ya que era librepensador y mujeriego. La Revolución lo liberó de sus cadenas eclesiásticas.

Pronto ponía su sagacidad al servicio de los mandamases revolucionarios, destacando en labor diplomática. Ser excomulgado por el Papa le valió madre, más preocupación le daba el inicio de las masacres que caracterizarían la caída de Luis XVI. Huyó a Inglaterra de donde fue expulsado. Cruzó el Atlántico hasta la nueva nación americana donde hizo amistad con Alexander Hamilton y con Aaron Burr.

                                     El verdadero Talleyrand

Acabado El Terror, Talleyrand retorna a Francia. El Directorio lo nombra encargado de relaciones extranjeras. Notando las habilidades militares del joven General Bonaparte, Talleyrand lo apoya para que, tras el golpe de estado de Fructidor, Napoleón se erija en Primer Cónsul de la nación gala. En agradecimiento, Bonaparte nombra al ex obispo su ministro de relaciones exteriores, cargo que Talleyrand seguirá ocupando durante el imperio. Eso de andar congraciándose con Bonaparte porque quiere ese puesto, como aparece en Careme, es falso.

Lo que si es cierto, es que Napoleón permite que su ministro adquiera el Chateau de Valenҫay para agasajar a los diplomáticos extranjeros. Es ahí donde creará su fama el joven Careme. Eso ayuda a su patrón a hacer buenas migas fuera de Francia lo que le acarrea suerte cuando le llega su Waterloo a Napoleón.  Talleyrand Perigord, rápidamente, cambia de acera política. Colabora activa y eficazmente en el Congreso de Viena y recibe triunfalmente al Zar Alejandro a su llegada a París, por supuesto con un banquete de Careme.

Los Patrones de Antonin

El Emperador de todas las Rusias se enamora de la comida del joven chef hasta el punto de que querrá llevárselo a San Petersburgo, pero Careme acepta antes ser el cocinero oficial del Príncipe Regente de Gran Bretaña . Ha sido un error, el clima londinense no va con los pulmones ya maltrechos de Antonin. Marie Antoine preferirá irse a cocinar para Lord Stewart, embajador británico en Viena. Desde Rusia lo llama el Zar, pero a Careme le disgusta el clima ruso. Vuelve a París donde se ocupará de las cocinas de la Princesa Bagration, una adinerada aristócrata georgiana.



Sus últimos años de vida, los pasará Antonín como chef del hombre más rico de Francia, el banquero James de Rothschild. Para entonces, Careme era un hombre muy rico y famoso gracias a su excelsa clientela y a sus numerosos libros de cocina que influirían por más de un siglo la cocina de reconocidos cocineros como James Beard y Julia Child.

Antoine Careme es acreditado con haber impuesto en Francia el servicio “ a la rusa” . Bajo la influencia de su patrono Zar Alejandro, Careme desterró la costumbre de apilar platillos sobre la mesa de un banquete virándola por la más cómoda de tener camareros acercando bandejas de vituallas a los comensales. Él fue quien inventó el sombrero blanco alto de los cocineros y también el título “chef” (jefe) para ellos.

En la pastelería, Careme no solo impuso sus croquembouches, las fantásticas obras arquitectónicas construidas con obleas y nougat. También creó los repollitos (choux), los famosos vol-au-vents, las mil hojas, e incluso platillos salados como los Tournedós Rossini.



Pasados los cuarenta años era obvio para el cocinero y para sus íntimos que su salud era precaria. Rothschild le ofreció trasladarlo a su mansión para ser atendido por buenos médicos, pero Antonín prefería la independencia de su propia casa. Murió a los 49 años. Incluso la causa de su muerte es desconocida.

Se cree que sus pulmones fueron afectados por el carbón de sus hornos. Otros creen que fue una sinusitis que se unió a una enfermedad de su maxilar provocada por la ingesta de azúcar, obligación de un buen pastelero. O sea murió de una infección a los dientes que alcanzó sus sinus, letal en días pre-antibioticos. De cualquier forma, se puede decir que la gastronomía lo mató

Se sabe poco de los últimos días del gran chef, solo que vivía con su única hija Marie-Agathe. Fue ella quien, por razones personales, quemó las ultimas notas y diarios de su padre. Se cree que hubo un desacuerdo entre el chef y su hija, pero no se conocen detalles.



Como verán, la vida de Marie-Antoine  Careme fue rica en creatividad, en viajes, en tener importantes patronos, pero no hubo grandes escándalos. Por eso Apple+ ha decidido crearle una biografía alternativa convirtiéndolosiendo apenas un adolescente en espía, casanova y maestro de la intriga. Tengan eso en mente cuando vean y disfruten la serie.

Algunos datos antes de pasar a reseñar Careme.  Como ya dije inicia en 1801 y acaba en 1804 con la llegada del Imperio. Los episodios 3 y 4 ocurren en 1802 gracias a la mención de fechas claves: matrimonio de Hortensia de Beauharnais y consecuente primer embarazo, y matrimonio de Talleyrand-Perigord y su querida Catherine. Ambos hechos son parte de la trama.

                                          La verdadera Catherine

El Atentado de la Calle Sainte Nicaise

Este suceso tuvo lugar en Nochebuena de 1800, pero la serie lo traslada un año más tarde, en otra fecha y de día. El episodio de ese atentado es otro aspecto de la historia alternativa confeccionada por David Serino. En la vida real fue parte de varios complots de la chouannerie, los rebeldes bretones que eran partidarios de un regreso a la monarquía y al catolicismo en Francia.

En vísperas de Navidad, y creyendo a sus enemigos neutralizados, Bonaparte accedió asistir a un oratorio de Haydn en la Opera. Estaba cansado y se quedó dormido despertando con la explosión. No hubo ni un cambio de ruta, ni la escolta militar fue advertida, ni Careme ni Talleyrand fueron parte del complot. Si este fracasó fue por un atraso al encender las mechas.

                           El atentado de la Rue Saint Nicasie

Fouché, el siniestro ministro de la Policía,  ahora temía que en su odio por los jacobinos Napoleón cargase contra él así que se empeñó en descubrir a los verdaderos culpables de la muerte de no se sabe cuántas personas ya que los historiadores discrepan sobre la cifra. Aunque Fouché eventualmente descubriría el plan de los chuanes, Napoleón exigió una redada de jacobinos que, por una vez, eran inocentes.

Cuatro fueron guillotinados, 130 fueron deportados, algunos a la Guayana Francesa. A Fouché, Napoleón lo despidió por andar contradiciéndolo y de esa manera acabó con el poder jacobino. El grupo no levantaría cabeza sino hasta 1873 con la Comunne.

Detesto a los jacobinos como detesto a toda la izquierda desbocada. Hegel y Marx los llamaron “los primeros comunistas”. Fueron los jacobinos los que convirtieron a la Revolución en un baño de sangre, torturando y matando de maneras horribles no solo a la nobleza y la realeza, sino también a campesinos, artesanos e intelectuales. De eso he hablado ya en otra entrada. Me incomoda que pongan a Careme de jacobino porque se supone que debemos admirarlos ya que el cocinero los sigue.

La serie muestra a los franceses odiando a Napoleón. Falso. La noche del atentado, el público de la Opera lo recibió con ovación de pie. Madame de Stael si escribía panfletos, pero era moderada, la serie nos quiere hacer creer que era jacobina. Falso. Ella se exilió, al igual que Talleyrand al comienzo del Terror. Después de todo, era baronesa. La lucha en contra de Bonaparte, a quien Germaine veía como un futuro tirano, se volvió casi personal y el cónsul exilió a la Baronesa de Stael de Francia. Fouché nunca fue a arrestarla en su propia fiesta.

                                Talleyrand  y Madame de Stael
                                    La verdadera Germaine de Stael


Hablando de Fouché, realmente era un jacobino de lo peor. Lo vemos torturar al pastelero Bailly y a Étienne y no miente cuando recuerda que fue el “Carnicero de Lyon”. Se ganó esa fama cuando, para ahorrar municiones, despedazó a sus prisioneros con balas de cañón. Aunque enemigo de Talleyrand, en más de una ocasión se unieron en contra de Napoleón.

                                     El verdadero  Fouché 

Sobre Napoleón y el Divorcio.

El Código Napoleón deja abierta la posibilidad de que el marido pueda solicitar el divorcio por varias razones, y de común acuerdo. También hay causales que permiten el fin del vínculo matrimonial, pero la esposa solo puede pedir el divorcio si el marido le ha metido a una concubina en casa (aunque sorprenda esto ocurría mucho en ese entonces, sobre todo si la amante era una criada).

Napoleón nunca se opuso al divorcio puesto que Josefina le fue infiel desde su primer día de casados. La relación de La Beauharnais con el joven oficial (menor que ella) Hyppolite Charles trascendía la cama, ya que ambos se enriquecieron con unos negocios turbios. En varias ocasiones, Napoleón intentó divorciarse de una mujer que no solo le pintaba el cuerno además era más manirrota que María Antonieta.  No fue la infertilidad de Josefina, la única ni la mayor causa del divorcio (1809).

Careme en Varsovia

No quiero meterme en esa divertida escapada de Careme a Polonia a tratar de convencer a Luis XVIII de renunciar al trono francés, aunque fue chistoso ver al cocinero dándoles órdenes a sus pinches de cocina (Henriette, Catherine de Talleyrand y Charles de Flahut). El espacio lúgubre y medieval donde cocinan no se parece ni al Castillo de Jelgava en Letonia, ni al Palacio Lazinski en Varsovia donde el Conde de Provenza (como lo conocemos en María Antonieta) y su corte se trasladaron a fines de 1801.

                                    El Palacio Lazinski

Interesante que nos ponen a Madame Royal (María Teresa) como una demente que juega con guillotinas como si fuera Wednesday Adams. En 1802, María Teresa, única hija sobreviviente de María Antonieta, ya estaba casada con su primo el Duque de Angulema y era muy devota de su tío Luis XVIII.  Incluso fue quien consiguió que la Reina Luisa de Prusia les proporsionara alojo en Varsovia luego que el Zar Pablo hizo salir a la corte francesa del territorio ruso.



                              Madame Royale, la Duquesa de Angulema




La presencia de Giuseppina de Saboya (muy joven para tener 60 años)tampoco es verosímil. Ella vivía en Alemania-separada de su esposo y junto a su amante Marguerite de Grebillon. Catherine no miente cuando dice que a la  Condesa de Provenza solo le interesa el vino y una mujer. La relación lésbica de Giuseppina con su lectora, una mujer de clase humilde, había causado escandalo aun antes de la Revolución.

                      Maria Josefina de Saboya, Condesa de Provenza

El Gran Bake-Off del Hotel Galliffet

No puedo terminar sin reírme del absurdo concurso de cocina que ocupa el capitulo cinco. Grimod de la Reyniere era un abogado de clase alta y amigo de la buena mesa que antes de la Revolución invitaba a cenar a sus amigos a su casa. Mandaba traer platillos de diferentes restaurantes y hacía que sus comensales los juzgasen y escogiesen el mejor. Pues la serie lo ha convertido en el inventor de un concurso de cocina anual. Todo el episodio se convierte en el Great Bakeoff en el cual los jueces son todos abogados, Josefina, a medio vestir,  llega a chantajear a los jueces y bueno... tienen que ver para creerlo.

Las competencias de cocina son una invención del siglo XX. Las famosas cenas de La Reyniere acabaron antes de la Revolución. El abogado, que no era ni afeminado, ni esnob, ni sarcástico, al retornar del exilio siguió ejerciendo un poco más profesionalmente sus facetas de gourmet y gourmand. En 1803 publicó la primera edición del Almanach des Gourmandsuna guía gastronómicalo que lo convierte en el primer critico de cocina de la historia.



Esa es entonces la verdad detrás del “drama erótico”  que la televisión francesa y Apple tv han creado para que conozcamos a un hombre que más se la pasó en la cocina que en intrigas políticas y románticas. ¡Ahora a ver Careme!

jueves, 29 de julio de 2021

Anacronismos, Presentismos y Falsedades Históricas de La Cocinera de Castamar (serie)

 


Aunque me ha caído bien Clara Belmonte en  la serie,   su historia  me ha parecido una parodia de lo que pasa para los productores  por la vida aristocrática en la corte del primer monarca Borbón,  Felipe V. Mas que supuestamente tiene lugar en 1720, pero todos,  nobles y plebeyos,  se comportan como si estuvieran en la Abadía de Downton; le han metido sexo extraído de las picardías del Marqués de Sade, de Choderlos de Laclos y de Restif de la Bretonne;  y el nivel de discurso imperante es una combinación del idioma del “Gran Hotel” y la jerga de “ Elite” . Pero eso sí, es muy diversa. El problema es que si querían diversidad y soft porn en un marco dieciochesco debieron haberlo copiado de “Xica da Silva”.

“La Cocinera de Castamar” está inspirada en la novela homónima de Fernando Muñes que no he leído. La Reina Estelwen y otros lectores me detallan que son 700 páginas de impecable investigación histórica. Tremendo el mérito, teniendo en cuenta que hay poca información sobre la sociedad española de 1720. Por eso, en la serie, pueden poner lo que quieran. total, parten de la base que los espectadores somos una pila de indoctos, pero este pechito al menos ha notado poderosos anacronismos.

Cocina y Agorafobia

Comencemos con la trama. Desde la ejecución de su padre, Clara Belmonte (Michelle Jenner) sufre de paralizantes ataques de agorafobia y vive medio sepultada en una ermita. De ahí la saca su tío fraile quien le consigue una plaza en las cocinas del Palacio de Castamar. Llegada ahí, Clara recibe una agria bienvenida por parte de la gobernanta Doña Úrsula. Al parecer, el mayordomo aceptó a Clara sin consultar a Úrsula quien cree manejarlo a punta de chantajes.

                                            Clara y Doña Ursula

Úrsula le toma inquina a Carla y después le tendrá envidia. En realidad, nadie es amable con la nueva oficial de cocina con la excepción de Elisa, la mucama, y de una muchachita débil mental a quien Clara va a proteger. A cambio la pequeña Rosalía es quien se encarga de tareas fuera de la cocina que, debido a su mal, Clara no puede ejecutar como ir por huevos al gallinero o cortar flores para una salsa.

                              Clara y Rosalía



Los patrones de Clara, a los que ni siquiera les es presentada, son la Duquesa Viuda de Castamar, su hijo adoptivo Gabriel (que es negro) y su hijo biológico Diego, Duque de Castamar. Desde la muerte de Alba, su esposa embarazada, Diego vive en un duelo completo, arrastrándose por el palacio en calcetines y bebiendo cuanta botella encuentra.

                            Amelia y Gabriel

Al Rey Felipe no le parece esto. Le tiene estima al Duque que le salvó la vida en batalla, y lo necesita cerca. A Don Diego no le parece esto de ser Mano del Rey, pero no puede convencerlo. Don Felipe decreta que se acaba el luto en Castamar y quiere fiestas, y de paso, que Diego se vuelva a casar. Sus tierras y propiedades necesitan de un heredero.

La cocinera de planta es despedida debido a las intrigas de una pinche que es la villana de la cocina, la que contrabandea tabaco, saca copias de llaves, y es amiga de bandoleros.  Justo coincide la ausencia de cocinera con órdenes de preparar un festejo mayor con el que se dará por terminado el luto.

Doña Úrsula le encaja la magna tarea a la pobre Carmen que de cocina sabe lo que yo de física nuclear. Se le acerca Clara que resulta ser una Julia Child dieciochesca. Es Clara quien prepara un festín versallesco que impresiona tanto a los comensales que los Castamar contratan a Clara de cocinera de planta. Entretanto ocurren varias cosas.



Clara se ha traído en su equipaje un grimorio gastronómico (yo tuve uno también) donde anota sus experimentos culinarios con dibujos y todo. Ya para el tercer capítulo sabemos que Clara era de familia burguesa adinerada, que es muy erudita, mujer que sabe latín y de yerbas, pero lo que la hace única es su arte en la cocina.

Para hacer una salsa, Clara necesita de una flor particular. En camisón tiene la audacia de entrar al Palacete (los fogones y los aposentos del servicio están en un edificio conectado, pero a la vez separado de donde viven los aristócratas) y dirigirse a la biblioteca donde consulta un tratado de botánica. Por supuesto, aparece el Duque. Clara finge haber subido a avivar el fuego de la chimenea (Si claro y en neglige). Diego nota el libro que la criada leía y se intriga. Él es también un apasionado de la herbología y hasta tiene campos de lavanda en Castamar..

Lo otro es que Doña Mercedes quiere cumplir con las órdenes del rey, de que Diego debe casarse, pero sabe que su hijo es muy cabeza dura así es que busca la ayuda de un amigo de la familia, el Marques Enrique de Soto. Apenas vemos entrar a este individuo en el salón sabemos que es un bergante y que los Castamar son tan ingenuos que no saben que es su peor enemigo.

                         Don Enrique

El Marques siempre estuvo enamorado de Alba, nunca le perdonó a Diego habérsela robado y no descansará hasta destruir al Duque de Castamar. Para eso se trae a Castamar a Amelia Castro, supuestamente una heredera huérfana gaditana. Aunque Amelia se ríe y habla como boba, es rica solo en deudas y hasta está deshonrada. Sin embargo, Doña Mercedes la cree la nuera ideal.

Para poder dominar mejor a Amelia, El Marques se le mete en el cuarto, en la cama y la hace su amante. La pobre Amelia termina enamorada de un hombre que solo quiere utilizarla. Para que lo ayude en su misión, Enrique trae a la inescrupulosa y lasciva Sol Montijos, Marquesa de Villamar. Ellos forman una subtrama que recuerda la de Las Relaciones Peligrosas de Choderlos de Laclos.


                                Don Enrique se convierte en Valmont

El momento cumbre de la serie es en el segundo episodio cuando la crema y nata de la sociedad madrileña se reúne en Castamar para una cena con la que el Duque pretende agasajar a Sus Majestades, Felipe V e Isabel de Farnesio. En el camino, al rey le viene un ataque de locura e insiste en apearse de la carroza real para rezar en soledad. Cuando van a buscarlo, ha desaparecido.

Entretanto, en el palacio, a Clara se le ha encargado cuidar de los asados al aire libre puesto que se trata de una velada al fresco. A Clara la acomete un ataque de agorafobia. Lo nota, Melquiades el mayordomo. Como viejo soldado reconoce ese pánico y la ayuda. Pero la desaparición del rey pone a la casa de cabeza. Será Clara quien encuentre a Su Majestad escondido en la cava y de aviso a Diego.

La discreción de la cocinera, su compasión y sabiduría al tratar al rey como un enfermo, impresionan y conmueven al Duque de Castamar quien se encuentra hablando de tú a tú con una inferior que no parece serlo. No les sigo contando para que puedan apreciar ustedes mismos la trama, pero voy a señalar lo que más me ha gustado a la par que enumero los efectos que afean la serie.

                            Una cocinera agorafoba, un rey demente y un duque depresivo

LO MEJOR

El personaje de Clara: Un alivio ver a Michelle Jenner en forma nuevamente después del despropósito de “El Continental”. El personaje de Clara, aunque nazca de estereotipos de cuentos de hadas y de telenovela, es original y bien dibujado. Para ser mujer de clase acomodada no se amilana ante la pobreza, es sobreviviente nata y puede ser muy practica como cuando recurre al láudano para dominar su agorafobia. Aunque docta en muchas disciplinas, trata la cocina con respeto como si fuese un arte. Me gusta que no se deje chantajear y que sin ser irrespetuosa no caiga en sumisiones humildes.



Su relación con los enfermos mentales.  “La Cocinera de Castamar” es un ramillete de trastornos mentales y emocionales, la depresión del Duque, la agorafobia de Clara, la locura aun no diagnosticada del rey Felipe y la deficiencia mental de Rosalía. A pesar, o tal vez por su misma trastorno, Clara es muy abierta y comprensiva con otros personajes afligidos por males que entonces la ciencia no podía ni entender ni curar.

Toma bajo su protección a Rosalía, la salva del hospicio y la alfabetiza. Consigue con su delicada comida y presencia disolver el trauma que tiene al Duque alejado de la sociedad y sabe atender a Su Majestad dándole incluso una tisana de toronjil que lo tranquiliza. Sin embargo, también debe enfrentar el sentimiento de culpa que la hace reconocer que, si no puede controlarse a sí misma, tampoco puede ayudar a los demás y esa culpabilidad la tendrá incapaz de cocinar por un tiempo privándola de su mayor poder.

                        Clara consuela a su rey

Su relación con el Duque: Me ha gustado ese romance porque no está basado en atracción física. Ni siquiera la escena de camisón tuvo connotaciones eróticas. Clara anda con cabello cubierto, cara lavada y siempre con el mismo vestuario. Se ve tan sexi como una esposa jasídica y el Duque está acostumbrado a ver curvas y escotes a su alrededor.

La idea es que se trata de una relación intelectual, el atractivo está en que Clara es diferente a todas, no solo por su cocina mágica. Vemos como conmueve a Diego la compasión que la cocinera despliega por Rosalía y por el rey Felipe. En una telenovela tan carnal como es “La Cocinera de Castamar”, es importante que se haga hincapié que, si un grande de España desciende a los fogones para amar, el objeto de su amor tiene que estar a su altura y aquí el interés en las hierbas de Clara, sus opiniones sobre igualdad social y hasta su agorafobia la hacen más fascinante que las risitas sosas de Amelia de Castro.

La parte histórica. Cuando estaba a mitad del primer capítulo y ya me dolía el dedo hacer fast forward a las escenas de sexo kinky, pensé “¿por qué situar una novela tan “moderna” en 1720?  Mejor quedaba en el reinado de Fernando VII o la Restauración Alfonsina, pero ya para el segundo episodio, era evidente que solo podía ocurrir en el reinado del primer rey Borbón.

                          Felipe  e Isabel de Farnesio

La serie reflejaba un momento histórico y un monarca especifico. Mas allá de historiadores que insisten que Felipe sufría de depresión crónica, hay testimonios de contemporáneos que indican que Su Majestad sufría de episodios en los que se comportaba como orate. En la serie ven como base de su locura los remordimientos, por considerarse él es un usurpador y por la sangre que se ha derramado para ponerlo en el trono.

Yo hubiera consolado al rey diciéndole que España ya no daba más del yugo Habsburgo y que mal que mal los Borbones representaban una familia más liberal y moderna. Habrán metido la pata y la seguirán metiendo, pero el mejor rey de los últimos trecientos años en España fue Carlos III, hijo de Felipe y de Isabel de Farnesio. Hora es de hablar de esta singular reina.



Me encantó que el mayordomo Melquiades (uno de mis personajes favoritos) fuese espía de la reina porque yo siempre he sido Team Farnesio. Me parece que la historia la ha calumniado convirtiéndola en la madrastra mala del cuento cuando solo ambicionó que sus seis hijos tuviesen un buen futuro. Muy loco estaría el rey, pero cada año le hacía muchachitos a la parmesana.

Lo de la carta de abdicación también tiene fundamento. El Rey quería abdicar no se sabe si por saberse loco como cabra o porque quería ser rey de Francia (Luis XV, todavía niño, no gozaba de buena salud). El Rey abdicaría de facto en la persona de su primogénito Luis, cuatro años después de los hechos narrados en la serie.

                          Clara entrega la carta de abdicación a Diego

El problema con lo histórico es que a partir del capítulo 3 deja de ser importante. Las escasas apariciones de los reyes no son significativas, pero si son negativas   Es que a partir del capítulo 4, todo lo que hay de admirar en “La Cocinera de Castamar” pasa a perdida convirtiéndose en una trama cliché, melodramática hasta el punto de la falsedad y llena de situaciones archiconocidas y de escenas sin ton ni son y eso es…

Lo Feo de la Cocinera de Castamar

El Idioma: Antes de comenzar a ver la serie, y solo por el tráiler, me tropecé con un defecto mayúsculo. Sabido es que “usted” entró en el idioma castellano en el siglo XIX (es una forma contraída de “usarced” que a su vez es una contracción de Vuestra Merced). En España el uso normal para la segunda persona singular, a través del Siglo XVIII, fue el “Vos” reverencial.

¿Entonces por qué ese empeño de tratarse todos con el anacrónico “usted”? Incluso mezclar las formas. Melquiades en una ocasión trata a Clara de “señorita” para luego tutearla. ¿No es más confusa esta mezcolanza que recurrir al idioma real de la época?

Otra cosa, aunque se sabe que, en comparación con los ingleses y franceses, los españoles por nobles que fuesen eran muy democráticos con sus criados, en Castamar el servicio anda muy desubicado incluso para el trato de las visitas.  Así anuncian a la camarera de la reina: “Angela Foch, Camarera de la Reina”.  “Se dice “Doña Angela Foch, Condesa Viuda de Altamira, Camarera Mayor de Su Majestad, La Reina” y la boca te queda donde mismo, ¡mequetrefe!



El exceso de sexo: No soy puritana, pero me molestan las escenas de sexo innecesarias. En el caso de “La Cocinera de Castamar” entiendo que van dirigidas a un público gringo que tras atiborrarse de sexo gratuito y kinky en “Elite” ahora espera que los españoles satisfagan su antojo de soft porn.

Mi sorpresa no ha sido en el exceso de escenas graficas que, aparte de innecesarias, no son sexys tal como ha dicho Decider. Mi interrogante nace de la variedad de actos reflejados en pantalla. Y practicados por tres personajes Sol Montijos, su marido el Marques de Villamar y su amante Francisco, Conde de Armiño. Actos difíciles de conocer y practicar en una sociedad tan cerrada y moralista como lo era la España del 1720.

No es que España fuese ajena al libertinaje sexual. El género picaresco nos describe la lascivia del pueblo, La Celestina y los cuentos de Doña Maria de Zayas nos muestran los pecados de la carne y el adulterio a nivel de clases altas. La sodomía era más que conocida y más que castigada en 1720, siendo perseguida tanto por el Santo Oficio como por la ley civil. No tengo reparos en la presencia del Barón de Aguasdulces, gay en residencia de esta serie. Mi sorpresa es ante la variedad de actos sexuales que Sol y sus parejas comparten: tríos poliamorosos, besos lésbicos y la práctica de las dos formas de sexo oral.


                    Sol dándose su agasajo

¿Dónde ha aprendido eso esta dama? Hoy en día nacemos así sabiendo de las “perversiones” cómo se las llamo antaño por nuestras lecturas, por cine, televisión, por internet. Son tema de conversación de mesa, nuestro lenguaje está salpicado de vocablos que hablan de nuestros genitales y de actividades sexuales. Somos seres sexualizados. Algo que no ocurría en la España dieciochesca.

En El español y los 7 Pecados Capitales, Fernando Diaz Plaja comenta que hasta ese entonces no existe la pornografía española y lo más parecido es La Lozana Andaluza de Francisco Delicado, novela del Siglo XVI. Por lo que recuerdo del libro, lo más cercano a una descripción de acto sexual es que Lozanauna cortesana conversa tiene sexo con un chico de trece años con el que mete “la iglesia sobre el campanario” (invierten la postura misionera).



Ya me saldrán que si en España no había textos porno que sirviesen de manual, los había en Francia e Inglaterra. Si, pero ahora debemos recordar cómo eran las lecturas durante esa etapa. Las mujeres, aun de la clase de Sol Montijos, casi ni sabían leer, los; libros eran escasos y su importación era muy vigilada

Un desacierto histórico de la serie es obviar la presencia de la Inquisición que no fue una invención de La Leyenda Negra. Si bien es cierto que las reformas borbónicas habían reducido el poder del Santo Oficio llegándose solo a ejecutar siete autos de fe durante el reinado de Felipe V, los inquisidores buscaron otras vías para ejercer su autoridad.

Una de ellas fie la censura y prohibición de la importación de libros. Por ejemplo, en el Siglo XVIII se prohibió la reproducción y lectura de la obra de María de Zayas por considerársela pecaminosa. No solo se vigilaba lo que leían los españoles además se regulaba que materiales de lectura entraban a la península ibérica. Esto implicaba severa vigilancia de fronteras y puertos. De hecho, en 1720, Felipe había sellado las fronteras debido a un brote de bubónica en Marsella.

                     Sol y Francisco practicando su deporte favorito

Esta vigilancia retrasaría la llegada de la Ilustración que comienza oficialmente en España en 1726seis años después de los hechos acontecidos en Castamar-con la publicación del Teatro crítico del mundo del Padre Feijoo.  La Ilustración española y el consabido contrabando de textos franceses es algo propio del reinado de Carlos III y se caracterizará por la ausencia de narrativa de ficción. Mucho ensayo y teatro, pero no hay novela hasta el Siglo XIX.

Aun si se hubiesen podido traer libros y manualitos para entretener e ilustrar a libertinos como Sol Montijos y sus hombres, las grandes obras “porno” del siglo como la inglesa Fanny Hill y la francesa Teresa Filosofa no serán escritas sino hasta 1748. Muñes ha hablado de la deuda que su cuento de cocineras tiene con Les Liaisons Dangereuses, un texto que Choderlos de Laclos escribirá casi en vísperas de la Revolución Francesa. Y el comportamiento de los “exploradores sexuales” de “La Cocinera de Castamar” más se asemeja a los habitantes de la parodia de Las relaciones peligrosas , La filosofía en el boudoir que el incorregible Marqués de Sade escribe en 1792.



Realmente sería muy extraño que tal comportamiento fuera casi público en esos días en que el Santo Oficio andaba entrometiéndose en la moral pública y decidiendo cosas como vestuario y quien, cuando donde y como debía tener sexo. Hasta la serie habla de los castigos a los sodomitas, pero se abstiene de revelar que la inquisición estaba muy vigilante de lo que se llamaban crímenes Contra naturam. Vale recordar los estudios del Padre Ludovico Sinistrati donde el franciscano habla de sodomía y de “sodomía femenina” o sea lesbianismo, asociándolos con fuerzas demoniacas.

Debido a esa vigilancia, quienes practicaban actos “en contra de la naturaleza” debían hacerlo con la mayor discreción y con parejas de total confianza. Por eso me dejó boquiabierta esa escena en que, para castigar a los adúlteros, el Marqués obliga a su esposa a felarlo ante el amante de esta. En un caso así, tanto Sol como Francisco pudieron haberlo acusado con las autoridades de un crimen que merecía pena capital.

                          El Marqués castiga Sol por done mas le duele

Recordemos que al Barón de Aguasdulces lo delata un amante. A propósito, estas leyes no solo existían en España. A fines de siglo el Marqués de Sade es condenado a muerte en ausencia por practicar la sodomía con hombres y mujeres y un siglo después de los hechos de “La Cocinera de Castamar”, Lord Byron debió exiliarse de Inglaterra, cuando su esposa lo acusó públicamente de haberla sodomizado.

Si querían combinar novela histórica con pornografía, debieron ver el modelo que dejó “Xica”, la telenovela brasileña que a la par de contarnos una historia real ocurrida en el Brasil colonial la salpicaba de detalles picantes y escenas bien graficas de sexo, pero cundo llegamos a actos contra naturam se detenía. Ese era el suplicio del simpático Don José Maria que debía ocultar de ley, familia y sociedad su condición de homosexual.

                                Don José Maria, un gay colonial

Recordarán os “xiqueros” que las damas se bañaban vestidas, que ni las prostitutas practicaban su oficio desnudas, que cuando al sofisticado Comendador se le antojó probar el sexo anal, su Xica lo mando a freír monos y tuvo el que consolarse con una cortesana veneciana que si sabía de esas cosas. Y que la única experta en sexo oral en el TIjuco era la bruja Fausta y por eso Xica mandó que le cortasen los labios.

                          Xica y su Comendador

Clichés de Telenovela

Si me impresionó tanto el sexo desmedido y el lenguaje poco arcaico, fue porque a partir del cuarto episodio la trama decayó totalmente, apoyándose en clichés de la telenovela más barata. Soy muy respetuosa de y admiro esquemas y arquetipos creados por la telenovela, pero desprecio el abuso de lugares comunes cuando se convierten en comodines.

¿De qué otra manera he de calificar estos villanos acartonados, omnipotentes y omnipresentes que todo lo escuchan o a sus víctimas que se van de boca y exponen flancos?  Y, Por favor, ¿hasta cuándo tendremos zorras ladinas que se meten en la cama de héroes borrachos para luego acusarlos de preñarlas?  Si ya en “Bridgerton” el cliché ha causado furor.

                           ¿Y esta qué hace en mi cama? 

Estos clichés también se aplican a la protagonista que al comienzo era muy “badass” y al final parecía esas ‘buenistas” del más viejo culebrón cubano metiéndose en todo y sacando discursetes sermoneadores que tenían un leve tufillo a la marxista lucha de clases.

El Síndrome de Downton Abbey

Un error absurdo de la crítica hispano parante es que desde hace diez años cada vez que quieren vender un drama de época, o lo comparan con “Juego de Tronos” o con “Downton Abbey” Da risa porque GOT era fantasía épica y Downton solo puede compararse a cosas cercanas en tiempo y cultura. Tal como no se puede comparar la obra de Martin con “The Crown”, aunque traten de conflictos dinásticos, es risible vender “La cocinera de Castamar” como si fuera la obra de Lord Julien Fellowes.

Cuando en La Vanguardia se refieren a la serie de Atresplayer como “Downton Abbey” a la española"  solo hace eco de como la serie   ha creado y vendido el producto.  La comparación es imposible porque los quehaceres de la Familia Crowley tienen lugar en las primeras décadas del siglo XX, en una era post Revolución Industrial, post victoriana, que vivirá un tremendo y traumático conflicto bélico que dará paso a toda un cambio social que sacudirá la escala de valores y el esquema de clases del Reino Unido.

                         Mrs. Patmore, su pincha Daisy y las cocinas de Downton Abbey

La Cocinera está a caballo entre el oscurantismo barroco y el liberalismo ilustrado, aun así, su esquema social por etiquetero que sea,  es menos cerrado que el británico. Sin embargo, como ocurriera con “La Otra Mirada”, los productores están tan preocupados de hacerla relevante o crear paralelos con nuestro mundo  que termina en una parodia inteligible de lo que es un drama histórico.

Por ejemplo, se entiende que, por sus circunstancias, Clara no piense que pueda encontrar un marido que la comprenda y pretenda quedar solterona, pero que Elisa quiera ser como ella y “hacer carrera” en el servicio doméstico es inaudito. Demuestra que los españoles nunca han entendido el mensaje detrás de relatos famosos de este género desde “Upstairs, Downstairs” hasta “Gosford Park”, desde “Lo que queda del día” hasta “Downton Abbey”. Efectivamente, lo más que podía aspirar un buen criado inglés era acabar como mayordomo o ama de llaves, pero ese era el límite de su estrecha vida.

                             Elisa la que soñaba con ser ama de llaves

En el siglo XIX, el servicio doméstico en grandes casas del Reino Unido se volvió mejor opción que la muerte lenta de trabajar en fábricas o el deshonor de la prostitución y la vagancia. Sin embargo, ser criado no era nada de que sentirse orgullosos. Era un trabajo indigno, agotador, que acababa con la vida personal de las personas a cambio de techo y comida. Muchos patrones no contrataban criados casados o no le permitían seguir a su servicio si se casaban, que es lo que desea Elisa creyéndose ya que ella será como Anna de “Downton Abbey” casada con el ayuda de cámara de Lord Grantham.

Mas grave aún, no había seguros ni pensiones para criados y el estigma era tan grande que hasta la Segunda Guerra Mundial los que alguna vez habían estado en servicio doméstico no podían aspirar a cargos públicos, ni siquiera entrar en el servicio de misioneros. Recordaremos los fans de ‘’ Upstairs’ que, durante la Gran Guerra, la doncella Rose es despreciada por los amigos de su novio australiano por ser sirvienta. Es por eso por lo que Sarah, en la misma serie, prefiere ser actriz y que en Downton una mucama opte por aprender secretariado, y un lacayo suba de rango siendo maestro rural. No vemos a nadie soñando con ser mayordomo o ama de llaves.

Entonces es absurdo que doscientos años antes, una mucama diga que quiere seguir trabajando luego de casada. En la España de 1720, la única carrera de la mujer, aparte de prostituta o monja, era esposa y las labores desempeñadas por estas estaban subordinadas a lo que hacía el marido. Si este era labriego, ella trabajaba en sus campos; si era artesano lo ayudaba en su taller. Si el esposo moría y no había hijos adultos para encargarse de la artesanía, a la viuda se ocupaba del negocio. Lo mismo ocurría con tabernas y pequeño comercio. Por eso la ilusión de una mujer y de sus padres era que se casara con el dueño de algún negocio o propiedad que ella pudiese administrar y heredar.

Otro toque grotesco de la serie es cuando se habla de las “opciones” laborales y educacionales de las mujeres. Cuando se investigan los orígenes de Beatriz, la criada villana, se descubre que antes de servir iba la escuela. ¿Queeee? Ni que fuera viajera del tiempo. Aunque existían en España órdenes religiosas como Nuestra Señora de Loreto donde se educaba la aristocraciay por educación nos referimos a leer escribir y un rudimento de historia, geografía y aritméticano existía tal equivalente para las clases humildes.

                        ¿Beatriz escolar? No es posible

Si aparecerían a fines de siglo puesto que un punto de debate de la Ilustración fue la educación femenina alzándose voces a favor de ella incluso de la primera feminista española Josefa Amor. Pero en un censo de fines de siglo, de la era de Floridablanca, señala que en España solo había 25 escuelas para niñas pobres y ninguna creada antes del reinado de Carlos III. {NOTA: Información sacada del ensayo de María Dolores Gimeno Puyol “Educación de la mujer (Siglo XVIII)” y de Mujer y trabajo de Ángeles y Braulio López de Ayala}

Pero el colmo de lo grotesco es presentar a Adela, hija del sicario Hernaldo de La Marca, como maestra egresada y ya con planta en una escuelita de Córdoba. ¿Egresada de dónde? Si en su artículo “La maestra española tradición y modernidad” Sonsoles San Román Gago titula el primer capítulo “Maestras Analfabetas” porque las primeras docentes ni sabían leer ni escribir. Esto ya supera cualquier suspensión de credibilidad y demuestra lo absurdo de aplicar el modelo Downton Abbey a una historia dieciochesca.

                Adela, la erudita



Vestuario, Final y otros Disparates

No voy a acabar mis lista de despropósitos sin una mención al vestuario. Ya la Gatita Francisca Lis comentó sobre el desorden de estilos que a ratos recuerda telenovelas de Carla Estrada. Estoy esperando que en Frock Flicks la hagan pedazos. En lo que espero solo comentaré que Doña Úrsula anda disfrazada de Maria Antonieta rumbo a la guillotina, que Sol Montijos sigue la moda barroca de la Marquesa de Rambouillet, y que Amelia se vestirá con la prohibida indiana, pero que el diseño de su robe francaise es más adecuado para a corte de Luis XV que para la de Felipe V..




                       La moda de Castamar

Mas que decir de una serie tan descuidada en todos los aspectos históricos que tienen a Elisa haciéndole bucles a Amelia ¡con un ondulador eléctrico! Abajo les dejo una foto de las tenacillas y rizados del Silgo XVIII. Y los rizos se los hacían a las pelucas, no al cabello natural.

                   Con esro e odulaba el cabello en el siglo XVIII

Ni hablar de los steam trunks de Louis Vuitton en los que empaca Sol Montijos. En el siglo XVIII el equipaje se llevaba en arcones no en estos armarios-baúles que se crearon para los viajes trasatlánticos. Por eso me da un poco de pena cuando veo espectadores que, por alabar la serie, hablan del cuidado al detalle histórico. Señores si no saben cómo era España en el siglo XVIII, no hablen.

                    Baúl de Louis Vuitton de comienzos del Siglo XX

En España esta adaptación ha gustado mucho a los críticos, no así a los lectores. En IDBM hay 18 criticas en inglés, nueve son positivas, aunque se nota que no vienen ni de lectores ni de conocedores de historia. Aun así, la mayoría tiene reparos con el atropellado final de “La Cociera de Castamar”. Y es que además de falsear la historia, la trama es descabellada y con un final sin sentido y lleno de cabos sueltos. ¿Qué ocurrió con el Barón de Aguas Dulces?  ¿Como murió Sol Montijo?  ¿Quién le quitó el hijo a Amelia? ¿De que vivían Clara y su padre después de ella abandonar el servicio en Castamar? ¿De los ingresos de su libro?

Los Lectores se quejan de los muchos cambios que han hecho en el argumento original. El mayor es que se recortó mucho por razones de tiempo y espacio. Sin embargo, se han incluido personajes que llenan la serie y son inconcebibles en el argumento original. Si les digo que en el relato de Muñez el padre de Clara nunca fue traidor ni resucitó, ni necesito de indultos, que Amelia nunca se embarazó de Enrique, que Farinelli ni el Rey Felipe visitaron Castamar y que ni siquiera existieron subtramas como la del esposo fumigador de Doña Úrsula, ¿qué pensarían?



Ya no es cuestión de “versión libre” sino de un relato mal conformado que supera cualquier torpeza cometida en un pasado cercano por Weiss&Benioff. Voy a darles un ejemplo nada más. En el cuarto capítulo, en los fogones de Castamar,  aparece un gato blanco, Carmen lo llena de mimos. Poco después aparece Beatriz cargando el micho y se lo pone cerca de Clara. Esta no le presta atención. Poco después vemos a Beatriz expulsar con violencia al gato de la cocina. Escena final, Clara mira por la ventana y ve al pobre felino ahorcado. WTF? ¿Que propósito cumplió el gato?  ¿Cuál fue su significado?

Mi mayor pregunta es qué pretendían hacer los adaptadores con esta enredo de tramas que solo producen en cabos sueltos. Obviamente querían éxito y atraer al público, ¿pero ¿qué publico era ese? Ciertamente no eran los millones que han amado la novela en diferentes idiomas. No es un público joven. En España tuvo un alto rating al comienzo, obvio los lectores se aglomeraron a verla para luego dejarla desalentados. 

He leído comentarios de esos lectores desalentados, pero muy poca crítica especializada. Y la poca encontrada aparte de enfocarse en ambientación y vestuario (que ya los expertos saben es una mezcolanza ininteligible) tratan de dejar caer por aquí o allá algún atisbo sobre las fallas de la serie desde actuaciones sobreactuadas hasta mal desarrollo de personajes y subtramas.

En USA donde se la ha visto vía Netflix la reacción es diferente. Los críticos especializados la ignoran totalmente. En Rotten Tomato solo tiene un rating positivo de audiencia gracias a meros 12 comentarios de espectadores. En IMDB tiene un alto rating basándose en 300 votos, y de las 18 reseñas, nueve son positivas, aunque también hay quejas del final apurado, del principio lento y del exceso de personajes. Las reseñas negativas (casi la mitad) se enfocan en casi lo mismo, malas actuaciones, malos diálogos, simplezas argumentales (una mala soap opera la llama una).

La mejor critica española la he encontrado en Cuatro Bastardos donde han dado la clave sobre porque el presentismo arruina los period pieces:

…arropan un drama que podría suceder en la actualidad sin roce alguno. Y entonces el drama de época pierde sentido, porque lo atractivo es vivenciar sus modos, reglas y costumbres. La idiosincrasia de la corte española en transición del viejo y desgastado Habsburgo hacia la brillante y moderna era Borbón.

Pero la respuesta del motivo para transformar una exitosa novela histórica en un cuento erótico-presentista la dice Leisurebyte con una frase sucinta “The series is mostly about sex”.  Con eso ya podemos resumir que, aunque conservaron el título, Tatiana Rodríguez se sacó de la manga un cuentico erótico para los que gustan de cosas que representan el pensamiento actual woke (racismo, homofobia, malos dirigentes políticos) pero que trae personajes con ropa chistosa.

El otro público es el internacional que goza con “Elite” y se cree que todo lo español trae mucho sexo. Con eso acabo mi reseña y dejo una sola pregunta ¿es lo que desea la televisión española hoy? ¿Ser reconocida por series mediocres y con mucho sexo?