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domingo, 2 de julio de 2017

Celebremos a Los Tudors en su primera década


Este jueves descubrí que el canal Ovation estaba repitiendo “Los Tudors” en horario matinal. No es accidental (ya la había repetido en horario vespertino el invierno pasado) puesto que, como me recordó el Gato George, en abril se cumplieron diez años desde que la serie de Michael Hirst debutara en Showtime.  Mas allá de si la Tudormania sigue siendo un fenómeno inagotable, “Los Tudor” es una serie con suficientes méritos para convertirse en un clásico de televisión, influir sobre otras series históricas y cambiar nuestra percepción sobre un periodo crucial para la historia de Occidente. Por esas razones este blog abre temporada de “Los Tudor”. Hasta abril del 2018, si Tata D-s nos da vida, cabeza y ordenador, estaremos hablando de este programa, de la historia tras su confección, y de los tiempos y la familia que lo inspiraron.



”Los Tudor” ha sido la contribución más valiosa a la segunda ola de la Tudormania. También la más longeva, ya que duró cuatro temporadas, 38 capítulos en total. Nació como una reacción a las múltiples versiones de “La Otra Bolena” y como una manera de ampliar la historia de Enrique Octavo (Jonathan Rhys-Meyers) y sus esposas. La mejor manera de ampliarla fue explorar otros sucesos ocurridos en la corte del segundo monarca Tudor, aparte de las bodas y de la implacable búsqueda del heredero. Lo que Michael Hirst hizo fue dar una visión más universal de Enrique VIII y su época.

 La serie cruza al continente y nos presenta lo que pasa en la corte de Francisco I (Emanuel Leconte) y en el Vaticano. Completa la trama acudiendo a documentos históricos como los despachos oficiales de Eustace Chapuys (que interpretado por Anthony Brophy se convierte en una pieza importante en este tablero de ajedrez), el embajador de Carlos V (Sebastian Armesto). Incluso Hirst integra y desarrolla episodios históricos que hasta ahora solo habíamos visto en la ficción como La Peregrinación de Gracia, que anteriormente era conocida nada más que por historiadores y los admiradores de Man in a Donkey de H.H. Preston; y la tragedia de Tomas Moro (Jeremy Northam) que Hirst saca de la idealización de Un Hombre para la eternidad, pero sin caer en los extravíos de Wolf Hall.


Parte de esta celebración de Los Tudor (serie y familia real) nace de una extensa entrevista que Michael Hirst concedió al Helen Earnshaw, en  el 2012,  y que fue publicada en el sitio web “Female First”. Tenemos que agradecerle a George Llerena haberse dado el trabajo de traducir esta entrevista donde Hirst narra la génesis de su serie fenómeno.

En el año 2004, Ben Silverman, un joven ejecutivo de la multicompañía americana CBS, me preguntó si era factible hacer una serie sobre la dinastía Tudor, pero en forma de drama televisivo, con gran producción y visos de telenovela, para una audiencia general norteamericana. Y mi reacción fue reírme y decir: “No… lo que me pides es imposible”, porque no entendí lo que me estaba pidiendo. ¿Convertir la historia en una serie de unitarios telenovelescos? No, había muchos temas y hechos que se perderían. Además, yo nunca había trabajado para TV antes, así que le pregunté: “OK, explícame bien qué quieres decir con eso del drama histórico para un público americano. ¿Me estás diciendo que tengo que poner la historia, pero en facilito, y contar sólo lo más superficial y sencillo? Porque eso es imposible para mí”, y él me respondió que no, que aún podía hablar de temas políticamente desafiantes, podía plantear la historia y la reforma tal como sucedió, pero en un formato accesible.

Ahí tenemos la primera gran diferencia de “Los Tudors” con otras manifestaciones de Tudormania. Hirst era considerado un experto en la época isabelina por haber escrito los guiones de dos filmes muy taquilleros que cubrían el reinado de Isabel I, pero hablamos de cuatro horas, no de cuatro temporadas. En los 70s, la televisión inglesa hizo historia con “ The Six Wives of Henry VIII ” y “Elizabeth R” pero nuevamente nos encontramos con miniseries de seis capítulos. “Los Tudor” fue la primera serie de televisión abocada totalmente a un tema histórico. Que haya durado cuatro años, que haya ameritado tantos premios y la devoción de su fandom, es señal de que se trató de un producto excepcional. Las gracias se la debemos a Michael Hirst y al elenco que nos hicieron compenetrarnos tanto con sus personajes.

Una de las muchas fallas de “Wolf Hall” es que, aunque presenta muchos personajes, pocos son memorables. La oscuridad de la iluminación ayuda a ensombrecer los rostros de los habitantes de la historia y a menos que nos digan sus nombres ni nos enteramos de quienes son. Dicen que el Duque de Suffolk andaba por ahí…Nunca lo vi, y a Sir Francis Bryan lo reconocí nada más que por el parche en el ojo.

En cambio, en “Los Tudors” aprendemos a distinguir, a querer y a odiar a los personajes. Sabemos quiénes fueron amigos de Enrique y quiénes perdieron la cabeza por contrariar al rey. Conocemos a las damas de cada una de las reinas. Tal Vez Lady Ursula Misseldon (Charlotte Salt) nunca existió. Pero si existieron Madge Sheldon (Laura Jane Laughlin), Bessie Blount (Ruta Gedmintas), Lady Jane Rochford (Joanne King), Joan Bulmer (Catherine Steadman) y una Elizabeth Darrell (Krystin Pellerin) que no se suicidó, pero siguió viviendo en unión libre con Thomas Wyatt (Jamie Thomas King), tras la muerte de la reina Catalina.
¿Cuántas reconoces?

Gracias a “Los Tudor”, yo recordé que los grandes poetas de la era fueron Sir Thomas Wyatt y el Conde de Surrey (David O’Hara). El mismo Hirst ha dicho que fueron los poemas de estos bardos los que lo ayudaron a inspirarse al igual que la música de Tallis. Quizás Thomas Tallis (Joe van Moyland) nunca refregó sus bigotes con los de Sir William Compton (Kristen Holden Ried), pero “Los Tudors” me enseñaron que fue el gran compositor de música coral de su tiempo.

Las distorsiones de hechos reales son las que más han provocado la controversia sobre el valor de “Los Tudor” como ficción histórica. Uno de los errores más criticados concierne al personaje de Margaret (Gabrielle Anwar), hermana del rey. De acuerdo a la historia, Margaret Tudor se casó con el rey escoses y fue abuela de Maria Estuardo. También protagonizó su serie de escándalos por allá por Las Tierras Alta—estos Tudor siempre tan estrafalarios y conflictivos más de eso no habla la serie de Showtime. Ahí nos cuentan que a Margaret la casaron con el Rey de Portugal, que lo asfixió con un cojín para casarse con su amante, Charles Brandon (Henry Cavill).  En la vida real, Enrique se convirtió en el cuñado de su mejor amigo cuando, y a sus espaldas, Charles se casó con Maria, reina viuda de Francia.

 En su entrevista, Hirst explica que le cambió el nombre a la princesa porque había muchas Marías en el cuento. Lo de hacerla reina de Portugal nació por problemas de cronología. María Tudor, hermana menor de Enrique, se casó con el Rey Louis Trece, padre de Francisco. Cuando comienza la acción de “Los Tudors” Luis hace rato que descansa en paz y Francisco es rey de Francia. Hubo que trasladar a la futura Duquesa de Suffolk a otros reinos y otros talamos reales.

Entiendo los motivos de Hirst, pero no estoy totalmente satisfecha. En su papel de Margaret Tudor-Brandon, Gabrielle Anwar creo un personaje soso y muy poco atractivo. Se veía feúcha, desgarbada, parecía yegua disfrazada de mujer, y lucía mayor que el marido. En la vida real, Mary era doce años menor que el Duque de Suffolk. Sin embargo, para mí y (muchas) Charles Brandon fue lo más atractivo de la serie (después de Enrique, que yo todavía no le encuentro el encanto a Jonny Rhys-Meyers). Se entiende que Hirst y Showtime hayan decidido a apostarle al personaje, aprovechar el sex appeal del futuro Superman, y crearle una historia que abarcara todo el reinado de Enrique, porque el gran mérito del verdadero Duque de Suffolk fue sobrevivir a todos los cortesanos que lo rodeaban.

Las distorsiones históricas no son los únicos feos en una serie que se vanagloria de un elenco de bellezas que ni se acercan a los cánones de hermosura del siglo XVI (recordemos a Cesare Borgia y a la Lozana Andaluza desnarigados por la sífilis. Así eran los bonitos de aquel entonces). El mayor error es la inclusión de escenas de sexo sin ton ni son que para lo único que sirven es para acreditar que “Los Tudors” no es un period piece “afeminado”. Por el contrario es el ejemplo más famoso, en esa década pre-Juego de Tronos, de la nueva ficción histórica unisex. Las características están a la vista: violencia a granel, guerras, torturas, y varones practicando deportes violentos; sexo desenfrenado, nada de romance ni historias de amor empalagosas; las tontas que se enamoran terminan en el patíbulo o desterradas. Aun así, las mujeres gozamos con “Los Tudors”.  ¿Qué dama respetable se quejaría de una serie que nos brinda un Henry Cavill sin ropita?
Y Superman mostró más, Vean el primer capítulo.

En su entrevista, Michael Hirst también hace una aclaración sobre esas constantes incursiones al soft porn. Al pobre Hirst los de Showtime le doblaron la mano, peor que a Enrique en esa pelea de gallitos donde vence Suffolk y así consigue su reintegración a la corte. La compañía productora le devolvió a Hirst su primer guion, argumentando que era aburrido y que el público no estaba preparado para series históricas. Lo que salvó a “Los Tudors” fue, y me tiembla la mano escribirlo, “Roma”. Si, esa abominable serie de la HBO que comenzó con la moda de distorsionar lo histórico y opacarlo con viñetas infundadas de sexo gráfico.

 Todo lo que haya hecho Hirst en materia de incoherencia histórica ni se acerca a las barbaridades de “Roma”. Attia de los Julios (Polly Walker) era una discreta matrona romana, nunca fue amante de Marco Antonio (James Purefoy). Su hija Octavia (Kerry Condon) jamás tomo drogas, ni era bisexual ni incestuosa. No, de solo acordarme me vuelve el reflujo intestinal. Sin embargo, los ejecutivos de Showtime estaban empeñados en que “Los Tudors” siguiera el estilo de” Roma”. El mismo Hirst lo asevera: La cadena HBO sacó una serie llamada ‘Roma’ y tuvo éxito; meses después los ejecutivos me llamaron y me pidieron que reescribiera el piloto, pero poniéndole más énfasis a las escenas de violencia y sexo.

Por suerte, “los Tudors” superó a Roma que apenas alcanzó para dos temporadas y que hoy nadie recuerda. A pesar de las declaraciones (en el 2012) de James Purefoy de que su serie fuera cancelada porque la HBO quería acumular presupuesto para “Juego de Tronos”, lo cierto es que si “Roma” hubiese temido más posibilidades la productora se hubiese arriesgado. “Roma” cumplió su propósito dejando un esquema que Michael Hirst supo refinar.

Lo importante de “los Tudors” es que tras el libreto hay una historia real y que conmueve. ¿Quién no sufrió con la degradación de la pobrecita Lady Mary (Sarah Bolger), quién no lloró la muerte de Jane Seymour (Annabelle Wallis), quién no se preocupó cuando el pequeño Eduardo (Jake Hathaway) se enfermó y Enrique se pasó la noche velándolo?  Yo ya levanté la mano ¿Y ustedes? Porque todo eso es histórico y cuando uno va a buscar la realidad en los libros de historia, no solo confirman lo visto además ahora nosotros podemos asociar rostros a esos personajes que antes eran solo nombres en un texto escolar.


 No pretendo sobrevalorar la obra de Michael Hirst. Para mi todo gran artista tiene pies de barro y he sabido criticar lo que ha hecho tanto en “Los Tudors” como en “Vikings”. Pero me consume la ira cuando veo como se le desprecia al compararlo con una abominación como “Wolf Hall”. Agradezco al Profesor David Starkey hacerme ver los anacronismos en vestuario y carruajes. Si no fuera por “los Tudors” yo no me hubiera interesado nunca en los diferentes ciclos que gobiernan las modas en el siglo XVI, pero me gustaría que Starkey le diera tantos palos a “Wolf Hall” como los que recibe la obra de Michael Hirst.

Por otro lado, y volviendo al tema del period piece para machos, “Los Tudors” es un parteaguas. Nos guste o no que le quiten lo femenino al drama de época, Michael Hirst abrió el camino para ”Espartaco” y sus dioses de la arena, para los piratas de “Black Sails” y para sus vikingos. El drama de época no hubiera evolucionado sin esas variaciones o desviaciones del estereotipo gentil de” Downton Abbey” o las adaptaciones de Jane Austen. Tal como sin “Downton Abbey” no tendríamos “Victoria,” sin “Los Tudors” no tendríamos “Los Borgias” ni “Juego de Tronos”.  Incluso voy a estirarme un poco y diría que sin “Los Tudors” no tendríamos “The Crown”.

Gracias a mi entrada al mundo de la Tudormania, y lo que me ha hecho leer sobre ese periodo, me atrevo a decir que la Inglaterra moderna nace con Enrique VIII. No existiría un imperio ni la grandeza de Gran Bretaña sin los Tudor. Tanto Victoria como Isabel II volvieron los ojos a la Era Isabelina para confeccionar su propia mitología. Pero también se ha hecho un escrutinio de   las torpezas de Enrique que son un total ejemplo de absolutismo dictatorial o de como nunca se debe gobernar.

Como saben, soy de esas lectoras/espectadoras que se apegan a relatos donde los personajes son lo primordial. Nada me atrapa más que ver a un personaje evolucionar y si me quejo de que la Lagertha de “Vikingos” ha hecho lo contrario, es porque en términos de personalidad, la reina vikinga ha retrocedido como cangrejo. Admiro que Michael Hirst no cometiera ese error en “Los Tudors”.  Se entiende que Enrique solo puede ir de mal en peor, porque en la serie como en la vida real, estamos ante un enfermo mental cuyo trastorno sin control médico irá en aumento. Lo mismo ocurre con Ana Bolena (Natalie Dormer), que, sin ser demente, evoluciona de una coqueta simpática a una histérica resentida ya que las presiones a las que la somete su nueva posición la hacen perder el control.

A mi parecer los personajes mejor desarrollados de la serie son Charles Brandon y la Princesa Maria. Mas allá de si este Duque de Suffolk es totalmente no-histórico, no podemos negar que el personaje de Henry Cavill es el más camaleónico. Comienza como un malévolo irresponsable que fomenta la mala conducta de su amigo, el rey. De ahí pasa a ser un abúlico con conciencia, terminando en un hombre agotado y amargado cuyos errores y falta de carácter destruyen su matrimonio.

Si este Suffolk no se parece en nada al real, no podemos decir lo mismo de “Bloody Mary”. Hasta ahora la ficción nos la había presentado como una vieja gorda, histérica y fanática. Michael Hirst y Sarah Bolger se encargaron de revelarnos a Maria antes de su reinado. Vemos como de princesita de cuentos y niña mimada de papi, acaba como la Piel de Asno, en la cocina, de fregona, por contradecir las aberrantes ordenes paternas.

Efectivamente a la Princesa Maria se le quitó todo, su posición, sus damas, sus joyas, su origen legítimo, su madre. Se la envió a cambiarle pañales a la hermana, a soportar humillaciones y presiones psicológicas que pueden haber sido violentas. Enrique no miente cuando les recuerda a sus obsequiosos cortesanos que muchos le aconsejaron decapitar a Maria por insubordinada.
Matía se desmaya al enterarse que su padre pretendía ejecutarla

Es cierto que Chapuys fue el único apoyo de la huerfanita, que hubo un incipiente romance con un príncipe alemán, que el pueblo la adoraba, y que Maria y Catalina Howard (Tamzin Merchant) andaban de las greñas. Y todo eso nos llegó gracias a la serie de Showtime. Si “Wolf Hall” y “Los Tudors” (y Jeremy Northam) me obligaron a ir en busca del verdadero Tomas Moro, esta semblanza de Sarah Bolger puede encaminarme a descubrir las raíces de esa verdadera Maria I.

María y su fiel Chapuys, la de fanfiction que se ha hecho sobre ese par


Espero satisfacer con los resultados de mi exploración tanto a los Tudormaniacos crónicos, como a los que amaron la serie en su momento y desean recordarla. Y, por supuesto, la idea es interesar a otros en esta serie tan malinterpretada, pero tan digna de seguir. Espero sus opiniones.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Rompiendo tabúes: una serie que se atreve a ser politicamente incorrecta




Este año, Tom Hardy nos ha traído “Taboo”, un period piece que es también un thriller político. Situada en el Londres de la Regencia, “Taboo” se aleja mucho de la visión de esa época que nos proporcionara Jane Austen. Como se ha convertido en mi serie favorita, me ha sorprendido ingratamente leer las criticas despiadadas que le han caído encima.  Lo más desconcertante es que las censuras no aluden ni a actuaciones, ni a escenografía, ni siquiera a errores de libreto. Todas las quejas giran en torno a demostraciones, en la trama de lo que hoy pasa por incorrección política.

El consenso entre los admiradores y detractores de “Taboo” es que no es para todos los gustos. ¿Qué serie está hecha para todo público? No creo que los Hardy (Tom y su padre Chips) hayan planeado esta aventura macabra de un Londres pre-victoriano para un público determinado. Basta ver una sinopsis del argumento para saberlo.

Un hombre que no le teme a lo prohibido
Tras una ausencia tan larga en la que se le ha creído muerto, James Keziah Delaney (Tom Hardy) regresa a Inglaterra a luchar por su herencia contra los villanos que pretenden robársela y para recuperar a la mujer que ama, a la que encuentra casada con otro. ¿Suena a Poldark verdad? Pero como lo han descrito los críticos, James es el “anti-Poldark”. La mujer que ama es su medio hermana; Delaney no se enfrenta a villanos locales sino a poderes inmensos como lo son La East India Company, el gobierno de los Estados Unidos, y la mismísima Corona; y a Ross Poldark, Delaney se lo comería al desayuno…literalmente.


Durante su estadía en África, James cosechó una reputación de ser un salvaje, sin ley ni D-s, que hasta ha practicado el canibalismo. Con ese hábito de matar/mutilar enemigos, a veces con sus propios dientes. James nos confirma que los rumores no son calumnias. El que intente convencer a su hermana de huir con él y vivir en pecado, y el negarse a vender su herencia (un territorio entre Vancouver y Oregón llamado Nootka Sound) demuestra que no es un buen caballero inglés.

Para colmo, Delaney parece inmortal, Los asesinos enviados por distintas facciones para acabar con él han encontrado en su víctima una indestructibilidad digna de héroe de comic. Eso ha llevado a más de un espectador a especular que se trata un zombi. James Delaney es un fantasma que busca destruir a sus enemigos, vengarse de quienes le quitaron todo (tal vez la vida), y de paso, descubrir sus verdaderos orígenes y quienes mataron a su padre. Para eso crea un grupo de asistentes que nombra “La Liga de los Malditos".

Esta tribu abigarrada comprende a Brace (David Hayman) , fiel criado de James; a su madrastra, la actriz Lorna Bow (Jessie Buckley) ; a la prostituta alemana Helga (Franca Potente) ; a un ex compañero de escuela,(Edward Hogg)  que trabaja de escribano de día y de travesti de noche;  y al delincuente Atticus(Stephen Graham)  quien trae consigo a su ayudante French Bill ( Scroobius Pip)y a su cuñado (Danny Ligairi) , un maorí gigante que responde al nombre de Martínez y que también tiene fama de caníbal.
Lorna Bow y su hijastro

“Taboo” me ha reconciliado con Tom Hardy, un actor que me caía gordo. Su interpretación de Delaney es una caracterización total que el actor describe como un cruce entre Bill Sykes y Heathclieff. Con ese abollado sombrero de copa y ese abrigo, que algún crítico describiera como donado por la Guardia Nocturna, parece escapado de novela gótica. Tan lacónico que a ratos solo se comunica con gruñidos de jabalí, James en un personaje que muchos llaman El Diablo Africano”.




Sea o no un espíritu maligno es un ente con poderes sobrenaturales de los que ya he hablado en otro blog. Está cubierto de tatuajes, se comunica con muertos y animales y practica ritos extraños. Sin embargo, el personaje tiene en si destellos de humanidad; un sentido personal de justicia que lo lleva utilizar, pero a ratos también a proteger, a otros. Sobre todo, sabe reconocer quien es malo y quien no lo es. “Hay bondad en tus ojos” le dice al personaje de Franca Potente.


Un elenco de lujo
 La actriz alemana es solo uno de los muchos nombres conocidos en el elenco. Es un placer volver a ver a Stephen Graham en un personaje tan delincuente y tan simpático como su Al Capone de “Boardwalk Empire”. Jonathan Pryce aparentemente quedó borracho de poder después de dar vida al Gorrión Supremo en “Game of Thrones”. Ahora como Sir Stuart Strange, el mandamás, de la East India Company, es un tirano muy urbano hasta que le llevan la contraria que ahí lanza más palabrotas y más  rugidos que ninguno de los habitantes de los bajos fondos.


Otro rostro conocido de “GOT” es el de Jefferson Hall que ha envejecido un poco desde que diera vida a Ser Hugh del Valle. En “Taboo hace de Thorne Geary, cuñado de James. Aun antes de aparecer Delaney en su vida, Thorne demuestra ser un bully tacaño que se niega soltar unas monedas para darle un mejor entierro al suegro. En los siguientes capítulos, lo vemos abusar física y verbalmente de su mujer, visitar al cuñado para ufanarse de como castiga sexualmente a Zilpha y hasta contratar a un clérigo charlatán para que la exorcice. Es un personaje tan repelente que ya deseamos que llegue La Montaña a ensartarlo con su lanza.


El elenco de GOT está presente por todos lados. Por ahí vemos a Salladhor San, y a Mark Gatiss (ex Tycho Nestoris) dando vida a un Príncipe Regente más gordo y repulsivo que el que interpretara Rupert Everett en “La Locura del Rey Jorge,” pero la más impresionante, es Oona “Talisa” Chaplin como Zilpha Delaney Geary   Para James y Thorney, Zilpha es la femme fatale, una súcubo que arrastra los hombres a su perdición. En cambio, el público reconoce en ella a una víctima de violencia doméstica y de una sociedad que reprime a las hembras.

Chaplin logra capturar esta dualidad creando un personaje conmovedor que vive de apariencias para poder sobrevivir. Zilpha es Sansa en la corte de Joffrey. Esa manera de mirar al marido con ojos de venado asustado sobre una sonrisa falsa, esa actitud de gran dama de solicitar al criado que le traiga naranjas para evitar que sea testigo del maltrato de Thorne, esas cartas tan circunspectas en la que le pide al hermano que se aleje de ella, incluso ese intento de controlarlo en esa curiosa cita en una iglesia, son formas en que La Ex Reina del Norte nos manifiesta la personalidad de Zilpha, a una mujer que se niega a aceptar su responsabilidad en el incesto y a la vez vive autocastigándose.

La serie es un trabajo personal y una obra de amor. Tom Hardy ha puesto su dinero en “Taboo” aparte de crear la historia, ayudado por su padre Edward “Chips” Hardy y de su antiguo colaborador en “Peaky Blinders”, Steven Knight. Agreguémosle a Sir Ridley Scott como director y tenemos una serie de lujo. Por eso entristece que le endilguen criticas tan mezquinas.

Sucia, oscura y falsa
Hay quien dice que la serie es un culto a la suciedad, a la miseria. ¿Más sucia que “The Knick”? Y rara censura es esa cuando “The Tudors”, “The Borgias” y “The White Queen” han sido culpadas por “higienizar” el pasado al exponer espacios limpios, gente bien vestida y con dentaduras intactas cuando sabemos que el Medievo, el Renacimiento y hasta la Inglaterra Victoriana eran paraísos de mugre y malos olores.

Hay reclamos de que es una serie oscura, tanto en trama como en iluminación. Hello? Yo llevo una década renegando de la iluminación de las series de época. Desde” Band of Brothers” donde tuve que ver la saga de la Compañía Easy dos veces antes de comenzar a reconocer (y a enamorarme) de los soldados. Pasó lo mismo con “Vikings”.  Me dicen que la oscuridad es un intento de recrear la iluminación de la época. ¿Entonces de qué reniegan?

También “Taboo” es atacada por falsear la historia.  ¿Ahí sí? ¿Y” Victoria” será muy genuina? No hay serie de época que no se tome sus licencias. Es cierto que Nootka Sound nunca perteneció a una familia llamada Delaney, pero el territorio fue muy disputado a fines del Siglo 18 y comienzos del siguiente.

Se han levantado voces para defender a la East India Company que en la serie es retratada como una nefasta mafia promotora de imperialismo, colonialismo, y corrupción. Sin embargo, el consenso de los historiadores es que la empresa fue causante de todas las tragedias de la India británica. Anteriormente, ya la cultura popular se hacía eco de esta mala reputación en “Los Piratas del Caribe”. Recordemos al ambicioso, inescrupuloso Lord Beckett que tanto daño provocaba en “El baúl del muerto “y “Hasta el fin del mundo”.  Becket (cuyo lema “No es nada personal, solo buenos negocios “parece ser el lema de la Compañía) también ha llegado a “Taboo” Su interprete, Tom Hollander, da vida al científico loco Cholmondeley, uno de los miembros de La Liga de Malditos.

Hay que decir a favor de la Compañía que sus contrincantes políticos, los espías norteamericanos enviados por el gobierno de James Madison,  y el repulsivo Salomón Coop, confidente del Príncipe Regente, no son mejores ni se valen de medios más albos que los secuaces de Sir Stuart Strange. Agreguemos que ni James ni sus secuaces son pilares de la sociedad ni gente que invitaríamos a cenar, y nos queda claro que no hay ángeles en este cuento de demonios de diversas tallas, géneros y razas.
Solomon Coop intentando abusar de Lorna

Otra acusación de inverisimilitud histórica es que dicen que el Londres de los Hardy es una imitación anacrónica del Londres victoriano. Acusación totalmente debatible puesto que el Londres de Dickens no nace de la nada. Previo a la Revolución Industrial, la ciudad ya era un antro de perdición, maleantes y basura tal como nos la presentan clásicos dieciochescos como Tom Jones, Moll Flanders y la Three Penny Opera de John Gay. Decir que la Inglaterra de la Regencia es únicamente ese espacio elegante de las novelas de Georgette Hayes y la Austen es como decir que si existe una Clarissa Harlowe no puede existir una Moll Flanders.

Parte de la acusación de distorsión histórica tiene que ver con la imposibilidad de encasillar a “Taboo” en un único género. He ahí la confusión de algunos críticos y espectadores que protestan de que hay demasiados elementos sobrenaturales en la historia El hecho de que aun antes de “Taboo” salir al aire, la BBC la haya marqueteado como “fantasía” no hace mella en los descontentos. Bueno, también hay quienes refunfuñan por la magia y dragones en “Game of Thrones”: el prototipo de serie fantástica.

¿Un abuso de incorrección politica?
Aunque “Taboo” sepa bordar magia e intrigas políticas sobre un bastidor que combina la novela de aventuras con el period drama, el producto final resulta demasiado condimentado para muchos paladares.  Los que no la entienden le buscan la quinta pata al gato lo que se traduce en ver incorrección política a diestra y siniestra.

 Por ejemplo, les molesta que Tom Hardy, un actor caucásico, interprete a un mestizo.  Mi opinión es vivimos en un momento en que hay problemas mayores e incorreciones políticas más peligrosas. Preocuparse de minucias a este nivel solo ha servido para inflamar a grandes segmentos de la población que a través del mundo están votando a líderes que se limpian el trasero con la corrección política.

A este tipo de minucias corresponde otra crítica al show, la crítica de que no hay mujeres involucradas en la fabricación de “Taboo”. Totalmente falso, el diseño de vestuario, la decoración, el casting, el maquillaje y la edición están en manos de mujeres. La serie cuenta con tres productoras y una de las libretistas es la galardonada poeta y novelista australiana Emily Balloo.

Uno empieza a sentir vergüenza ajena ante la futilidad de las criticas cuando nos salen conque en la serie las féminas son personajes subalternos y que James es un misógino. A James habría que calificarlo como misántropo antes que misógino y su trato de las mujeres no es peor que el que les da a los hombres. En cuanto a personajes femeninos, son todos innegablemente fantásticos e importantes en su medio tales como la espía Lady Musgrave, la pequeña mulata Winter, la prostituta Helga, la simpática Lorna Bow, y por supuesto la sublime Zilpha, el objeto de pasión, obsesión y perdición de James. Pero es que Zilpha es lo más “tabú” de “Taboo”.

Comprendo la incomodidad y rechazo que el incesto provoca en la gran mayoría de la población, puesto que es un tipo de relación totalmente prohibida en las sociedades civilizadas. Lo curioso es la manía de los creadores de la ficción moderna de jugar con ese tipo de amores constantemente. Es como si quisieran malestar al público. ¡El que no quiera caldo, tres tazas!

En estos últimos años hemos visto incesto en “Los Borgia”, lo seguimos viendo en “Juego de Tronos”:  Guillermo del Toro lo incluyó en su” Crimson Peak “y ahora lo tenemos en “Taboo” ¿Podemos hablar de una conspiración que busca escandalizar para vender? ¿O acaso como James es un héroe (o antihéroe) byroniano tiene que compartir con Lord Byron esa costumbre de acostarse con la medio hermana?

En los 70s,  el tema del incesto en “Yo Claudio” causó controversia, pero al tratarse de un suceso histórico más que documentado, hubo que aceptarlo. Treinta años más tarde, su clon “Roma” volvió a sacar el tema al tapete. Famosa por sus inverisimilitudes históricas, la serie nos mostraba a una Octavia que seducía a su hermano Octavio, pero la única escandalizada, era su madre la liberal y libertina Attia.  Cuando levanté la voz en espacios donde los fans dela serie se congregaban, argumentando que históricamente no existía evidencia de que el futuro Augusto hubiera tenido amores con su hermana, me acusaron de retrograda.

Reitero, es respetable y comprensible que al grosso público lo incomoden estas visiones del incesto fraterno, pero o no vean la serie o no les sigan el juego a los publicistas que ciertamente se están cifrando más en lo controversial que en los verdaderos méritos de “Taboo” para venderla.

Un ejemplo lo trae el encabezado de este artículo. La escena en cuestión describe a Zilpha teniendo un vivido sueño erótico que bien puede ser provocado por un ritual mágico que James práctica muy lejos de ella. Para el público la escena tiene un doble factor” ¡Guacala!” El hecho de que los involucrados sean hermanos y el que, a pesar del evidente placer que Zilpha recibe, James haya invadido la intimidad de su hermana sin el consentimiento de esta. Por lo tanto, el acto recibe el calificativo de “violación”.

No encontré la escena molesta ni mucho menos controversial. He visto escenas más fuertes en “True Blood” y en “Spartacus”.  En cuanto a una “violación onírica” las ha habido en todas las versiones de “Rosemary’s “Baby”.  Y no sé cuánto hayan cambiado las sensibilidades, pero en los 90s nos pareció sexy que Gary Oldman se le apareciera bajo las sabanas a Winona Ryder en el “Drácula” de Coppola. Y la escena no es más chocante que Calígula destripando a su embarazada amante-hermana en “Yo Claudio” o Ser Jaime Lannister lanzando a Bran por la ventana después que el niño lo sorprendiera copulando con su melliza.

Tras toda la controversia provocada por la noche de bodas de Sansa en “Juego de Tronos “, tenemos que tener cuidado con el uso de la palabra “violación”. Zilpha disfruta de la visita nocturna, en ningún momento la vemos repudiar él supuesto ultraje o gritar “¡No!”  Muy diferente de sus encuentros diurnos con James donde el rechazo es su respuesta constante. El coito es interrumpido por el marido quien, enfurecido, la asalta sexualmente. Aunque a Zilpha no se la ve contenta al someterse a sus obligaciones conyugales, nadie ha hablado de violación ahí.

Resulta obvio que Zilpha prefiere tener sexo prohibido con el hermano antes que con su esposo. Eso es lo que perturba a la audiencia porque no se sabe qué orientación tomará la serie. ¿Acaso es Zilpha la heroína de este cuento? ¿La pareja futura de James? ¿Vivirán juntos un amor tabú?

¿Después de lo leído creen que estas críticas le resten méritos a la serie?  ¿Verían “Taboo”? ¿La han visto ya? ¿Qué les impresionó o escandalizó más de ella?