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lunes, 8 de julio de 2019

Bandidos, Bioseries y Bestsellers: El Drama de Época Español



Superada la Transición, España iba en camino a ser una democracia-ergo- monárquica. Irónicamente este periodo de libertad acabó con los excelentes dramas de época que caracterizaban a RTVE. En cambio, se abocaron a fórmulas que perduran hasta nuestros días y que a pesar de los adelantos técnicos y de los mensajes sociopolíticos, han degenerado en copias de copias afectadas por presentismos, personajes planos y mucha propaganda.

Antes de hacer un recorrido cronológico como lo hice con la primera etapa del drama de época made-in-Spain, habría que ver que fórmulas exitosas se usarían hasta la náusea, sobre todo del espectador. Curro Jiménez dejaría la puerta abierta para justicieros fuera de la ley; las adaptaciones literarias seguirían, ya no cifrándose en los clásicos, sino en bestsellers; las bioseries están con nosotros desde los 80; y la piedra filosofal de este siglo (tanto en RTVE como en Antena 3) es la fórmula del espacio pequeño, íntimo, un pueblito, una calle, un barrio donde la opresión, tanto política como patriarcal, se sienten mejor.

Enmascarados, Encapuchados y una Bandolera
Comenzaremos con el pobre Sancho Gracia al que le tomaría una década sacudirse de encima a Curro Jiménez. Yo no sé porque no siguieron con la serie si daba para tanto. En cambio, se la pasaban tratando de recuperar el cuento del héroe justiciero. Primero querían que Sancho fuese El Coyote, personaje del comic (no confundir con el del Correcaminos), pero hubo problemas de derecho de autor.

Entonces se les ocurrió inventarse un Zorro a la española. Así nació Don Carlos de Zarate, el de “La Máscara Negra”. Como el Zorro, este era un personaje que vivía una doble vida, de día era afrancesado, de noche andaba despachando a los soldados de Napoleón que habían invadido la Península.

La serie era de un altísimo presupuesto y contó con excelentes invitados como Paco Rabal, Marisa Paredes, el licántropo español Paul Naschy, y hasta El Algarrobo aparecía en un episodio haciendo de turco. Lamentablemente la serie no dio para más de once capítulos. Creo que la pasó SIN por allá por el ‘84 cuando yo iba a clases de noche. Mi Ma la vio y me dijo “Es Curro Jiménez, solo que ahora sabe leer y dice que es amigo de Benjamin Franklin”.

Un año más tarde y Sancho Gracia aparecía en una miniserie sobre las Guerras Napoleónicas, “Los Desastres de la Guerra”. Es increíble que un tema tan fascinante pudiera ser tratado de una manera tan soporífera. Sancho daba vida a Juan Martin “El Empecinado” y tras un par de capítulos, mi madre sentenció “otra vez, Curro Jiménez”. Aunque lujosa, la serie no tenía un buen argumento y por eso se apegaba a la fórmula y naufragaba.

Ya mencioné en mi blog anterior que en RTVE no escarmentaban y que en 1994 desempolvaron los arcabuces e intentaron revivir, con poco éxito, a Curro Jiménez. No duró mucho ese intento. Pasarían treinta años desde que el bandido justiciero dejara la televisión para que, en el 2009, RTVE echase mano al cuento nuevamente.

Así nacía otro vengador fuera de la ley que llevaba una doble vida para corregir (bajo una capucha, entuertos e injusticias. David Janer era Gonzalo, un maestro viudo que en el Madrid (entonces un pueblito) de Felipe IV debía intentar criar un hijo de día, pero en las noches se convertía en el legendario “Águila Roja”, un héroe de Marvel en la España Barroca.

Gonzalo, quien además de sus empresas quijotescas, buscaba al asesino de su esposa y a sus verdaderos padres, tenía la particularidad de haber vivido en el Lejano Oriente donde había aprendido misteriosas artes y se había traído un arsenal de flechas y katanas que eran las armas usadas por el héroe. Esto variaba la fórmula y atraía los amigos de videojuegos, de los comics, de las artes marciales y del Wuxia.

Por nueve temporadas “Águila Roja” combatió a todo tipo de maleantes, muchos aristócratas y portadores de corona. Hasta vampiros llegaron a la Villa. El Águila Roja era casi inmortal, domaba a las fieras, eludía balas y siempre se libraba de las trampas de su némesis, El Comisario Hernán (Francis Lorenzo) que fue el último en enterarse que Gonzalo era su hermano.

La lucha entre Hernán y el héroe era también una rivalidad por el amor de la perversa y casquivana Lucrecia, Marquesa de Santillana (Myriam Gallegos), una plebeya metida a noble que estaba encaprichada con Gonzalo quien muy lentamente se estaba enamorando de su cuñada Margarita (Inma Cuesta).

¿Suena bien en papel verdad? Pues en realidad era un cuento sin pies ni cabeza, con buenos muy brutos o muy pesados, y malos irredimibles. La historia era siempre accidental, lo único claro es que Felipe IV (verdadero padre de Gonzalo y Hernán) era un pésimo rey.

Entremedio estaba el omnipresente presentismo que es la cruz que carga el nuevo drama de época y que permitía a los guionistas embutir cuentos basados en éxito cinematográficos fuera “El Club de la Pelea” o “Crepúsculo”.  Había piratas del Caribe, asesinos en serie, se buscaba el Santo Grial, Lucrecia tomaba drogas y tenía hijos por todos lados. Hasta se acostaba con uno de ellos, Hernán se acostaba con su hermana, los disparates abundaban y la serie tenía un éxito colosal. ¡Más encima cosechaba premios!

El desorden afectaba también las temporadas, algunas eran más largas que otras. La séptima duró 18 episodios y la sexta solo seis. En dos ocasiones se dividieron las temporadas en dos partes. Se dijo que esto se debía a que el gobierno de Rajoy castigaba a RTVE negándole fondos.

Supuestamente era una serie de alto presupuesto. Nunca supe por qué. La acción tenía lugar en la Villa, que era solo una callejuela, o en interiores; todos andaban con la misma ropa (menos Lucrecia que se la quitaba); no había tantos efectos especiales solo los brincos del encapuchado. En quien ciertamente no gastaban era en guionistas que vivían reciclando clichés de capítulos anteriores.



Lo cierto es que, para la quinta temporada, el rating se desplomó. De 29 puntos fue bajando hasta 12 en la penúltima entrega. Repuntó a 15 en la última y fue con alivio que la vi partir. Era una aberración sin sentido que yo seguí porque esperaba en vano la redención de Hernán. Nunca se me dio.

Lo curioso es que, para la segunda temporada de “Águila Roja”, Antena 3 que era la rival de RTVE rescató la fórmula del bandido y también tuvo un héroe que llevaba una doble vida en pos de la justicia. La diferencia es que la “Bandolera” usaba faldas.

Sara Reeves (Marta Haza) es una dama inglesa de familia acomodada y una de las primeras mujeres en ser admitidas en Oxford. Pero Sara está harta de su mundo privilegiado y sueña con las aventuras que lee en libros como Carmen de Prosper Merimee. En unas vacaciones se va a Andalucía buscar a los últimos bandoleros. Pero es 1881, el bandolerismo ya casi ha sido erradicado por la Guardia Civil.

Andalucía está sometida a los abusos de los caciques, pero ya surgen entre los abusados adherentes al anarquismo y al socialismo. Sara descubre que todavía quedan algunas partidas de bandoleros perdidos en la Sierra Morena. Varios sucesos obligan a Sara permanecer en Andalucía, donde abrirá un periódico para hacer denuncia social. Eso de día, ya que, de noche, y a pesar de sus amores con un oficial de la Guardia Civil, Sara se convierte en la líder de una cuadrilla de bandoleros.

A pesar del buen rating, “Bandolera” nunca pasó de ser una serie de sobremesa y tras dos temporadas tuvo que marcharse y ceder el lugar a “Amar es para siempre”.  Ahí murió la fórmula del héroe (heroína) bandolero.
De Santa Teresa a La Jurado
Volviendo a la España de Felipe González, RTVE descubrió otra manera de usar el pasado como forma de entretenimiento, la biografía de personajes históricos. Ya a fines de la Transición se había instaurado esta costumbre televisiva. En 1981, Julián Mateos fue un más que respetable “Cervantes”. Al año siguiente tuvimos a Adolfo Marsillach encarnando al Primer Premio Nobel español en “Ramón y Cajal: historia de una voluntad”. Me temo que “Charité” ha sabido otorgarle mayor fascinación al tema de la medicina histórica.

No importó, porque en 1984 se estrenaba la para mí mejor expresión de este subgénero: “Santa Teresa de Jesús” interpretada de manera sublime por Concha Velasco. Aunque la serie se obstinó en no mostrar muy poco de lo  místico o milagroso alrededor de la Doctora de la Iglesia, el respeto con que se trató a la santa sin restarle mi un ápice de humanidad, pero subrayando su grandeza, hacen de esta miniserie una joya.

Tristemente “Santa Teresa” fue una excepción, las bioseries desde entonces o son tediosas como la del autor de Los 4 Jinetes del Apocalipsis, “Blasco Ibáñez”, hecha en 1996 o estrepitosas como la que en este siglo nos ha regalado sobre cantantes y otras figuras. Hemos tenido semblanzas de artistas ya fallecidos como Rocío Dúrcal, Roció Jurado, y Lola Flores, y también de quienes todavía gozan de ese mundo como Raphael y Marisol. La moda de la bioserie es tan arraigada que, más que calidad y veracidad, prima en ella el momento oportuno de sacar trapitos al sol. Acababan de clavar el ataúd de Dona Cayetana y ya Antena 3 armaba “La Duquesa”.  

No sé cuan exitosas sean estas biopias, ni cuan históricas, pero me quedo con el dato de que “El Rey”, un retrato de la vida de Don Juan Carlos I fue opacado por “Velvet”. Obviamente no supieron darle el toque exacto de romance y chisme que a “The Crown”.  Por suerte nunca me tocó ver esa aberración llamada “Alfonso, El Príncipe Maldito” donde más encima pusieron un feo haciendo de mi muy llorado Duque de Cádiz.

Al hablar de estos esfuerzos por mostrar pasados históricos o cronificar la nostalgia, creo haber dejado claro que ha habido un descenso de calidad en el period piece ibero. Podríase decir entonces que el buen drama de época español se salvaba porque sus bases estaban en la obra de grandes literatos. Sería fácil irme por ese lado, pero hay señales de que incluso la adaptación puede resbalar.

De los Clásicos a los Bestsellers
En 1986, Charo López condenada a ser parte del period piece ibero es una Sabel arrogante y contraparte de Victoria Abril como la frágil Nucha en una competente adaptación de Los Pasos de Ulloa de La Condesa de Pardo-Bazán. A mí me dejó fría, pensé que era porque doña Emilia no es una de mis escritoras favoritas.

 Pero algo estaba ocurriendo con el drama de época ibero, parecía haber perdido rumbo y alma. Tanto así que la lujosa adaptación de La Regenta de Clarín (1995), a pesar de las eficaces actuaciones de Aitana Sánchez-Gijón como Ana de Ozores y de JL Galiardo como Álvaro Mesía me resultó indiferente.

Mucho más interesante fue la adaptación de la autobiográfica trilogía de Arturo Barea La forja de un rebelde. Esta miniserie de 1990, hasta hoy la más cara producida en España, es para mí el inicio de la Memoria Histórica en la ficción televisiva. Aún más que “Los Gozos y las Sombras” o “El Olivar de Atocha” (1989) que llegaban a las vísperas de la Guerra Civil o de “El Mundo de Juan Lobón” (1989) que trataba de entrarle a la realidad de la posguerra. A propósito, todas estas series estaban basadas en novelas. Lo fascinante de “La Forja” es que su protagonista y autor va madurando y evolucionando a través de la caída de la monarquía, de la Segunda República y la Guerra Civil.

La llegada del Siglo XX acabó con la tradición de la buena adaptación literaria. La Memoria Histórica parecía ser la única vía posible para explorar el pasado en la ficción televisiva. La adaptación de Arroz y Tartana de Blasco Ibáñez en el 2003 pasó sin pena ni gloria y eso que la protagonizó una grande como es Carmen Maura. Seria en el apogeo de la memoria histórica y de los descaminados presentismos de “Águila Roja” que volveríamos a apreciar como una novela se traslada a la pantalla chica.

El principio de siglo había coincidido con un interés en el mundo anglo de la nueva novela española. El caso más emblemático es el de Carlos Ruiz Zafón y su saga de El Cementerio de los Libros Olvidados que, aunque ha ameritado premios desde Noruega hasta Holanda no ha merecido una versión fílmica ni televisiva.

En eso no se parece a Arturo Pérez Reverte quien ha visto con éxito su Reina del Sur convertida en serie de televisión de Telemundo y Alatriste vivir aventuras en el filme de Viggo Mortensen. Una lástima que se intentó de llevar al Capitán Alatriste a la pantalla chica. La serie del 2015 fue vergonzosa: Pérez Reverte la acusó de falta de asesoría histórica y los críticos se quejaron de las pobres actuaciones, esto último es un fenómeno que está afeando mucho las series de televisión españolas. Algo impensado hace treinta años.

Sira, La Costurera
Pero sería un superventas sorpresa el que cambiaría la impresión del drama de época del Siglo 21. En el 2010 una catedrática escalaba las listas de los más vendidos con su historia de una modistilla metida a espía en el Madrid de la Segunda Guerra Mundial. Pronto El tiempo entre costuras se convirtió en un bestseller en otros idiomas y María Dueñas parecía condenada a ser la nueva estrella de las letras españolas.

No fue sorpresa que se la quisiese adaptar como miniserie. La sorpresa fue que la iba a adaptar Antena 3. ¿Cómo así? ¿Esa cadena que hacía ridiculeces como “Bandolera” y esas bioseries tan ordinarias? Pues la producción de Boomerang (que se conoce por bodrios) les cerró la boca todos, haciendo de “El Tiempo” la serie del 2013. Para mí, después de “Isabel”, es lo mejor que ha hecho España en términos de serie en lo que va del siglo. Si me empujan, el mejor drama de época desde “Los Gozos y las Sombras”.

No me voy a poner a repetir lo que he dicho en otros artículos, solo agregar que los cambios que se han hecho a la obra de María Dueñas (con la excepción del desarticulado capítulo final) han mejorado la trama. “El Tiempo entre costuras” es bellísima, sus paisajes, sus vestuarios, sus actores y hasta sus personajes. Bellísima es la amistad de Sira y Rosalinda; de Sira y Félix; de Sira y Candelaria; de Sira y su criada Jamila.

Sira nos muestra que para ser una buena espía hay que tender puentes, buscar aliados y nunca abandonar a los amigos. Es lo que la hace un personaje tan divino y Adriana Ugarte la encarna de manera exquisita. Otra cosa muy refrescante, después de una década de memoria histérica, fue encontrarse con una serie que cubre los últimos años de la Republica, la Guerra Civil y la influencia alemana sobre España durante la Segunda Guerra Mundial, en la que los “buenos” no tenían necesariamente que ser marxistas furibundos.

Lo vemos en los estupendos retratos de Rosalinda Fox (Hannah New) y su amante Juan Luis Beigbeder (Tristán Ulloa), pero también en personajes menores como el Comisario Vásquez (Francesc Garrido) y sobre todo en Ignacio (Raúl Arévalo). Cuando Sira, bajo el nombre de Arish Agoriuq, regresa a Madrid descubre que la policía la vigila. Una noche encuentra a Ignacio, su exnovio, en su piso.

 Ignacio es ahora policía y vigila a Sira creyéndola amante de Beigbeder. Finalmente, Ignacio descubre que a quien solapa la modista es a Paquita (Pepa Rus), una antigua amiga de ambos. A pesar de ser Paquita viuda de un Rojo, y candidata perfecta las prisiones franquistas, Ignacio se apiada de ella y le consigue papeles falsos.


“El Tiempo entre Costuras” dejó la vara alta y yo esperaba un aluvión de series de televisión que cubriesen temas parecidos. después de todo, un gobierno de Derechas permitía establecer cierta distancia objetiva alejándose del estilo panfletario de los años de Zapatero. Ya en el primer año del gobierno de Rajoy, RTVE había ofrecido el telefilme “El ángel de Budapest” con Francis Lorenzo como Ángel Sanz-Brill el diplomático español que salvó miles de judíos húngaros de los Nazis. Yo pensé que el tópico estaba abierto. Equivocada estaba.


Yo ya me veía en pantalla grandes historias de espionaje en suelo ibero como el Papa Spy de Jimmy Burns o las aventuras de la Condesa de Romanones, en sus días de agente de los Servicios Especiales Aliados que ella narrara en The Spy Wore Red. O alguna miniserie sobre Juan Pujol el famoso doble agente catalán. O tal vez algo sobre los planes de la SS de raptar al Duque de Windsor en su paso por Madrid o Himmler buscando el Santo Grial en Cataluña.

Humanizando al Cuñadísimo
Sin embargo, en el 2016, y también basándose en la novela Nieves Herrero una de las más leídas en España, aparece en la 5 “Lo que escondían sus ojos” que como diría Salvador Calvo su productor era un intento de ver cómo vivían los vencedores. Se aplaude el intento, pero la serie fue una anomalía destinada al fracaso. Una lástima porque lo tenía todo para ser un éxito. Me refiero al argumento.

Carmen Diez de Icaza es conocida hoy como una política del postfranquismo, a quien Francisco Umbral apodaría “La Musa de la Transición”. Su vida ha aparecido en varios libros, desde sus memoras dictadas a Ana Romero cuando Carmen agonizaba de cáncer hasta “Dejé de pronunciar tu nombre” que Luis Herrero publicaba en el 2017. En todos, un leitmotiv trágico es el detonante de la tragedia de esta señora, lo que marcara su existencia, que fue enterarse a los 17 años de que su amigo de la infancia y novio desde que ella tenía 13 años, Ramon Suñer Polo, no podía ser su marido ya que era su medio hermano.

Resulta que Carmen, hija de los Marqueses de Llanzol, descubrió que su verdadero padre era nada menos que El Cuñadísimo, Ramon Serrano Suñer. Esta es una historia tristísima que para mayor remate ni siquiera le fue revelada a la víctima por su madre-verdugo. Sonsoles de Icaza cobardemente relegó esa tarea en su hermana. Carmen casi perdió la razón con esta revelación. Se la pasó un par de años en curas de sueño, luego intentó ser monja de clausura, terminó yéndose de cooperante a África, antes de meterse en la política. Carmen nunca se casó ni nunca se reconcilió con su madre.

Esta tristísima historia es descrita en los cuatro capítulos de los que consta la miniserie, pero es opacada por los protagonistas que pasan a ser el epitome del amour fou y una especie de Amantes de Teruel, solo que las que mueren aquí son la confianza y felicidad de sus hijos. La gente protestó por la serie, pero como siempre por razones políticas. Se habló de falta de rigor histórico y de poco respeto por la memoria de la familia de La marquesa. La izquierda chillaba que se le hacía propaganda al régimen y que se minimizaba con esta historia de amor los crímenes del franquismo.

Es cierto que los protagonistas son glamurizados, principalmente Serrano Suñer. Yo no soy de izquierdas, pero Serrano Suñer es uno de los miembros más repugnantes de la Corte Franquista. Aun así, no me importa que se le humanice. Rubén Cortada dijo que para interpretarlo tuvo que librarse de prejuicios. Lo aplaudo. El problema surge de que el actor se parece a su personaje tan poco como Rubén sabe de actuación.

Blanca Suarez, tan guapa como Isabel de Portugal en “Carlos Rey y Emperador”, aquí se ve grotesca tal como grotesco es su nivel histriónico. Estamos hablando de Sonsoles de Icaza, considerada la mujer más distinguida de España de la época, la Musa de Balenciaga. de hecho, Javier Rey como el modisto es lo mejor de la miniserie. Dicen que han copiado los modelos de Balenciaga, pero “actualizándolos”.  Creo que San Cristóbal, mi ídolo, debe estar brincando en la tumba.

Y es que Blanca Suarez, aparte de mala actriz, se ve ordinaria, como un cruce entre Kim Kardashian y Sofia Vergara y eso ya me jodió la serie. Aún más que el que muestren a los Rojos de “malos” porque quieren hacer volar a Serrano Suñer con una bomba, o que nos digan que al Cuñadísimo le preocupaban los pobres. Aunque que nos muestren a esta pareja como "víctimas del Franquismo"es dificil de digerir.


Los Reyes de Cataluña
El próximo bestseller que fue convertido en drama de época televisivo les quedó más hediondo que el pobre Theon Greyjoy, pero por razones diferentes. Aquí la culpa fue el libro de Idelfonso Falcones lo que ya condenaba a La Catedral del Mar a ser tendenciosa, unilateral con su retrato de ricos perversos y pobres apaleados en la España medieval. En pantalla el culto de la violencia (sobre todo la que recae en las mujeres) de la novela se nos restregó por la cara en una historia sin optimismo, sin humanidad, sin personajes complejos o interesantes.

Y ya, desde el momento que nos meten la papa de que Pedro de Aragón era Rey de Cataluña que es hora de desconectarse de Netflix. Ya esto parecía “Knightfall”. “La Catedral del Mar” nos ha dejado claros que en un mundo donde los intereses creados del presente regulan el retrato del pasado, aun novelas menos folletinescas y panfletarias que La Catedral del Mar no tendrán gran calidad al ser convertidas en series.

¿Aun así, existe algún clásico de la literatura española o algún superventas histórico reciente que les gustaría ver en pantalla?  Me acuso de querer ver la serie de Falcó de Pérez Reverte convertida en miniserie.  También siento que a la obra de Blasco Ibáñez (aparte de sus Novelas Valencianas) tampoco se le ha hecho justicia.

 En cuanto a las bioseries me gustaría una sobre Celia Gámez, tuvo una vida muy movida, y como todos los personajes están muertos se puede contar. También algo sobre la Malibrán, la primera mujer diva de la ópera. ¿Y ustedes? ¿Que bioseries sobre grandes artistas y españoles les gustaría ver?


jueves, 27 de septiembre de 2018

Malena en el País de Netflix (I)



Y sucedió. Cuando ya creía estar muy vieja para nuevas experiencias y he aquí que me he aventurado en los recovecos del Netflix. Un mes gratis y un mes de prueba por $10.99 y por fin conozco este mundo del que tanto he oído hablar.

Perdida en el laberinto
Fue un regalo de cumpleaños y lo estoy aprovechando al máximo,  aunque a ratos me mareo, a ratos me pierdo. El browsing (y ya me lo habían advertido) es tan simple —en el sentido de basto, tosco— que llega a ser complicado. Tiene como un millón de ofertas,  pero el menú solo te da diez categorías para encontrarlas. Uno entra y se encuentra con esas divisiones, elige algo, lo ve, se va,  vuelve al día siguiente y en la misma categoría aparecen nuevos títulos que te perdiste el día anterior.

Además las divisiones son un poco amplias. “Reign”está  clasificada,  junto a “Scandal” y “the West Wing”,  como “drama político “. Después se sienten capaces de elegir por ti solo basándose en lo que has visto, y lo hacen muy mal.  Tras ver “La Catedral del Mar”,  me recomendaron ver…”¡La Familia Peluche”! Son parecidísimas, en serio.

Luego está la plataforma en sí, que tampoco es muy amistosa con los que, como yo, nos manejamos con tecnología antigua. Puedo verla en mi celular donde escasamente alcanzo a vislumbrar los textos, o en mi Tablet,  y Melisandre hace rato que pasta, la tengo solo para Wassap. Así que todo debo verlo en esta estrecha pantalla de mi Sansa, pero si la laptop aguanta, yo voy con ella. Igual yo quisiera ver todas estas bellezas en una pantalla grande.

En casa tenemos dos televisores. Uno pequeño, una antigualla, que todavía trae agregado un videoplayer. Es de mi hermano y le encanta. Por eso me dejó la LG gigante, pero la pobrecita no es “inteligente” (léase, la fabricaron antes que existiera Netflix).  Voy a tener que esperar a esa mítica nueva casa donde podremos tener un nuevo televisor donde se puedan trasladar Netflix y YouTube. Aunque el Profesor Ochoteco me recomienda un artilugio llamado Google algo que me permitirá hacer esa migración desde el notebook hasta la lG.

Las Chicas del Cable

Por otro lado, Netflix, es bastante cómoda para mi oído. Lo primero que puse fue “Las Chicas del Cable” y me sale Blanca Suarez hablando en inglés. Ay, así no bailo con el señor. Reviso, reviso y veo una opción español original”. Con el apuro de hacerle clic,  no me fijé que decía “comentado” y me sale una telenovela polaca. Por si no lo saben, las telenovelas latinas en Polonia (no sé si todavía, pero ocurría en los 90) no las traducían. Tenían un comentarista que iba describiendo lo que pasaba en pantalla. Ahora yo tenia el mismo cicerone . Mejor guardarlo por si algún día (y toco madera, D-s no lo permita. Hasvah-ha-lila, y Lagarto, Lagarto), me quede más ciega que Esmeralda.

No terminé de ver Las Chicas, porque realmente,  a pesar del vestuario, sentí que iba a ser un cruce de “Velvet” con “La Otra Mirada”, un mundo sin tecnología, pero con sensibilidades mituteras. Maás me atraía seguir esculcando y acabé viendo algo llamado “Land Girls”. Primera buena noticia, también tienen close captions para los duros de oído o para los que tengan problemas con la variedad de acentos regionales anglos . Segunda buena noticia, la serie solo tiene cinco episodios, así es más fácil tragársela.

Land Girls

Esta miniserie del 2008 trata sobre las Land Girl, un servicio obligatorio para las británicas, durante la Segunda Guerra Mundial. Involucraba a mujeres  que no estaban en el ejército, que no estaban trabajando en una ‘fabrica,  o que no tenían hijos que cuidar. Se las mandaba al campo a reemplazar en las faenas rurales a los hombres que estaban en el frente. Mi mayor sorpresa es como hicieron tres temporadas de algo tan baladí, y no dejaron ni acabar la segunda de la excelente “Home Fires” que trataba de un tema similar.

La historia sigue a  cuatro Land Girls en algún pueblo perdido de la campiña inglesa. Cual de todas más bruta que la otra, son interpretadas por actrices desconocidas y mas encima feas, hay dos que encarnan a mujeres casadas con soldados en servicio activo, una ama al marido, la otra no. Hay una hermana menor, la más idiota del grupo, que se preña de un americano (los yanquis son los malos en este cuento), y otra, de clase un poco mas alta que se lía con el Lord local. Esto es como lo mas interesante, pero al final de la primera temporada, lo matan. Fin, no la veo más.

Mad Men



Puede resultar extraño, pero lo próximo que vi fue “Mad Men”. La tienen enterita, las  siete temporadas. Es como un viaje en el tiempo para reconocer que no se ha conseguido hacer una serie igual. Yo tengo un vago recuerdo de haber visto este episodio por allá por el 2008. Recordaba lo patán que era Pete Campbell y como le hizo un hijo a Peggy, tras humillarla todo el día en la oficina, y emborracharse en su despedida de soltero.

También, obligatorio es recordar ese primer encuentro entre Don y Rachel Menken, que siempre sospeché fue el gran amor del publicista (después de Betty, por supuesto) en el que él la ofende por ser judía y por ser mujer. Genial, el pobre Roger Stirling tratando de encontrar en toda la compañía, un, uno solo,  empleado judío, para que Rachel se sienta  cómoda. Habla volúmenes de la evolución de  Stirling-Cooper  que en temporadas posteriores no solo tengan empleados judíos, además que  Roger acabe casado con una de ellas.

Hubo tantos pequeños detalles que la primera vez me perdí: la falda de Peggy que recibe criticas por ocultar sus piernas; los mensajes cruzados que bombardean a la Olsen en su primer día de trabajo y que devienen en una bochornosa escena con Don; los esfuerzos de Sal por verse “machote” mientras trata de cerrar la puerta de su closet para que no se le descubra que es gay.

Pero lo que más me impresiono es como se gastan una hora mostrándonos a Don como el Don Juan de La Gran Manzana, el cínico mas grande del universo, y al final lo vemos llegar a una casa de ensueño y a una hermosa y enamorada esposa que lo mira con ternura mientras él arropa a sus hijitos. No, no se ha vuelto a hacer una serie como esta. Un gusto poder verla de nuevo.

El segundo episodio “What do Women Want” tiene a Don y a sus publicistas buscando un modo de vender un desodorante en aerosol a mujeres que se los comprarán a sus hombres. Fue un episodio sobre competencias. Joan que sigue intentando ser la mentora de Peggy, pero que la aplasta cada vez que siente que la nueva le quita espacio. Me da morbo ser la única que sabe que Peggy está embarazada.

Competencia entre varones, a ratos cruel y violenta cuando los publicistas rocían a Ted con desodorante porque según ellos huelen mal (Don se ofende cuando su amante lo manda a ducharse. El aroma masculino es algo que no se discute).  Los hombres se olfatean como perros. Roger compite con Don y para eso quiere saber mas de su publicista estrella, pero Draper es una ostra cerrada.


La misma Betty se siente descorazonada por lo poco que sabe del marido. Eso es parte de su cuadro de ansiedad. A Don le parece extravagante que su mujer pueda ser infeliz. Lo tiene todo.  ¿Qué más quiere? El problema es lo que Betty no quiere. Sus miedos a perderlo, a pasar a ser una divorciada como la vecina, su miedo a la bomba nuclear, a hacer un mal papel  delante del jefe del marido.


Tanto estrés acaba en un accidente. A Betty se le congelan o le tiemblan las manos y es incapaz de controlar el volante. Los médicos creen que son nervios. A pesar de que a Don no le parece (solo la gente infeliz va al loquero) le permite a su mujer ir a un psiquiatra. Escena de gran glamur.  Betty en el sofá fumando y sus faldas flotando hasta el suelo (aunque no creo que se usase la mezclilla para trajes de calle). Lo poco glamoroso es como el doctor le pasa un reporte completo al marido. Ayer y hoy,  la psiquiatría se las arregla para traicionarnos.


Curioso lo bien que me caía Betty entonces y como acabé odiándola. Es como con Daenerys Targaryen. Cuando están en el suelo, las quieres; las odias cuando comienzan a quemar gente con sus dragones.

Peaky Blinders

Antes de que me estrangule la Gatita Guivi, vamos a hablar de “Peaky Blinders”. Después de cinco años de espera, no tengo quejas. Me habían dicho que era “Boardwalk Empire” a la inglesa. Eso para mi es un elogio así que no me molestan las similitudes, pero también enfatizo las diferencias. Para quien no sepa  Peaky Blinders fue una banda criminal que tuvo gran influencia en Birmingham durante La Belle Epoque. Se les llamaba Peaky Blinders porque sus miembros portaban hojas de afeitar en las viseras de sus boinas (Blinders).

Aunque la banda original perdió importancia en 1910, Steven Knight decidió usar el nombre y el espacio geográfico para una fábula del bajo mundo de la Birmingham de los 20. Sigue el modelo cronológico de “Boardwalk Empire” aunque aquí no entra en juego La Prohibición, pero si los miedos de la postguerra británica: el auge del comunismo y el terrorismo irlandés.

La acción abre en 1919, casi recién regresados de Flandes,  Los Hermanos Shelby, Tommy (Cillian Murphy) y Arthur(Paul Anderson) se han hecho cargo de la banda, que durante la guerra estuvo en manos de la Tía Pol (mi archi enemiga Narcissa Malfoy mejor conocida como Helen McCrory de Lewis) y debería seguir ahí porque es la más lista de la familia. El resto de los Shelby lo componen un par de hermanos y una hermana, cual de todos más tonto.

En Tommy y Arthur vemos los espejos de los Hermanos Thompson de “Boardwalk Empire”.  Tommy que volvió de la guerra con las barras de Sargento Mayor,  y más medallas que las que le caben en el pecho,  es inteligente, ambicioso y visionario. Ósea es Nucky, el que piensa para que su hermano no se canse haciéndolo. Pero Tommy también es un poco Jimmy Darmody. Trae un trauma oculto de las trincheras, no se le ha conocido mujer desde que se quitó el uniforme y como Jimmy que se daba toques de cocaína, a Tommy le gusta perseguir al dragón (en slang de entonces: fuma  opio).


El problema comienza cuando,  por equivocación,  los hombres de Tommy se roban un cargamento de armas destinadas a Libia (¿por qué a Libia? ).  Ese robo alerta a  las autoridades que creen que o han sido sustraídas por los Rojos siempre a la espera de instalar un Soviet,  o por los Fenianos, igualmente peligrosos. Hacen traer de Belfast al Inspector Chester Campbell (Sam Neill) que ha estado batallando la rebelión irlandesa junto con los Black&Tans.

Campbell tiene la manía de dictador latinoamericano de desaparecer gente, pero como le explica Winston Churchill (Andy Nyman), Inglaterra no es Irlanda, tiene que hacer las cosas legalmente. Campbell arresta a Arthur Shelby,  lo apalea hasta el borde de la tortura y se da cuenta que este Blinder no sabe nada. Le ofrece hacer un trato, tratando de comprarlo con el cuento de que los dos son veteranos. Pero Tommy descubre que Campbell no estuvo en el campo de batalla, Y con esa obsesión,  tan de Jimmy Darmody,  de creer que solo sirven los que pelearon y sufrieron, decide que hará algo mas interesante con las armas.

El personaje de Sam Neill con sus obsesiones moralistas, su desconfianza (bien fundada) en la policía local y su fijación en una mujer que (ne imagino) deberá compartir con su enemigo recuerda a Nelson van Alden (Michael Shannon) de “Boardwalk”. Su discurso a la policía local también suena a los que el agente del FBI les endilgaba a sus hombres.

La serie se ve buenísima. Como “Boardwalk” , tiene un muy buen asesor histórico, no carece de ambiente de época. Se nota  el grado de pobreza de calles todavía empedradas, de una vida cotidiana publica provocada por la promiscuidad de la escases y estrechez de vivienda. Se ve un mundo lóbrego y oscuro como los canales donde vaga el bote del tío Charlie (Ned Dennehy), un Caronte cockney que transporta tanto mercancía robada  como cadáveres.

Como en “Boardwalk”   hay un intento de mostrar todas las comunidades de esa clase humilde (y criminal) birminghaniana. La serie comienza con un intercambio entre Tommy y una brujita china que supuestamente hechiza su caballo para que gane carreras. Luego vemos el lado italiano, con restaurantes pintorescos y bandas de gánsteres no tan pintorescos. Aun así, como en “Boardwalk”, el énfasis no es en luchas de poder sino en el desarrollo psicológico de los personajes. Hasta ahora, Tommy es el mas importante en ese aspecto.

La serie sufre del defecto del género gansteril de que las mujeres no sobresalen. Un diez a ” Boardwalk”  donde tal cosa no ocurrió. La Tía Pol se ve interesante, pero no hasta el punto de convertirse en una Jill Darmody. Ada Shelby (Sophie Rundle) es una alelada que se va meter en problemas y va a meter en ellos  a su amante, Freddie (Iddo Goldberg), el comunista local y ex compañero de armas de Tommy.

La que debería interesarme es Grace (Annabelle Wallis, la Reina Jane Seymour de” Los Tudors”), la agente infiltrada por Campbell que se hace pasar por inmigrante irlandesa y sirve en la taberna de los Shelby (The Garrison), pero  me parece muy sosa, muy lejos de las dimensiones míticas de Margaret Schroeder-Thompson de Boardwalk Empire”.

El segundo episodio ha sido muy movido y muy llamativo. Los Shelby se alejan de Birmingham para ir a una feria de caballos en una aldea rodante de tinkers (gitanos). Es agradable ver el cielo azul y el verde de la campiña. Tommy quiere adquirir un caballo, pero termina peleando con otra tribu de gitanos mafiosos,  los Lee.

Por fin vemos un despliegue del arte de pelear con una boina como arma, pero aunque Tommy acaba de dueño de un hermoso caballo blanco, se han echado encima un tremendo enemigo. La serie parece tener un lado esotérico, porque de nuevo se habla de brujería. Los Lee han usado un hechizo de magia romaní para enfermar al caballito. Tommy no tiene más remedio que matarlo.

Los Lee no son el único problema de Tommy. Aprovechando la ausencia de los Chicos Shelby, Campbell hace una redada de la población comunista de la barriada. Ada Shelby está como siempre montada en Freddie, pero ambos consiguen huir. Freddie debe dejar la ciudad. Campbell gana el primer round. Ha dado un duro golpe a los agitadores y a su familia. De paso  hace pedazos las tabernas locales, menos el Garrison de los Shelby. Hace correr la voz, que los Peaky Blinders trabajan con él, pero Tommy es más inteligente.

Hace que traigan todos los retratos del Rey Jorge y los quema ante los atónitos ojos de un periodista. Tommy le da su nombre y le explica que no es un  acto de rechazo o desprecio. Quieren evitar que su soberano sufra la vergüenza de ver como hombres que pelearon por él, sean ahora humillados y maltratados. Tommy ha descubierto el poder de los medios.

En Inglaterra ( hoy y entonces)  no se puede escribir nada de la Familia Real sin pasar por “la firma”. Esto significa que un airado Winston Churchill llama a Campbell y le da una zurra verbal. Que encuentre las armas y se deje de molestar y de paso que no abochorne a la Corona.

 La Tía Pol capta que a la sobrina le han crecido los pechos. Como Ada no quiere decir el nombre del padre del bebé, y se niega a abortar, Pol la acusa con Tommy. Escena fantástica en que Tommy confronta a su hermana que está viendo un filme en el teatro de la familia y le exige saber el nombre del padre. “Rudolph Valentino” responde Ada.   Error, aunque Valentino si aparece en pantalla, en 1919 era un actor terciario y trabajaba bajo diversos nombres como “Di Valentina”, “De Valentino”, o  “Valentine” No sería Rudolph Valentino sino hasta 1920.

Finalmente, la cansada Ada le grita a su hermano que el padre es Freddie “ fucking” Thorne.  “Tu compañero de escuela. El hombre que salvó tu vida en Francia. ¡Anda y mátalo!” Pol le cuenta a Tommy que Ada no quiere abortar y quiere comunicarse con Freddie, para ver si quiere casarse con ella. Tommy quema la carta a pesar de que Pol lo amenaza con un atizador. Le dice que Ada nunca será con feliz con Freddie, que siempre vivirá a salto de mata,  ambos  buscados por la policía.

 Pol sigue creyendo que Ada y Freddy merecen una oportunidad. Tommy, que es genial para decir cosas crueles, se sorprende que a quien le ha ido tan mal con los hombres todavía crea en el amor. Tommy, Darling, esas somos las más románticas. Pol  tiene una conversación profundísima, tristísima, y convincente con la sobrina. Le cuenta como a los dieciséis años abortó. Finalmente, Ada acepta que Freddy no va a volver y que debe ir a Gales con la tía a deshacerse del bebé.


Me quito el sombrero ante Helen, madre de hijos pelirrojos, que buena actriz salió, y eso que no he mencionado la joya de la corona: su encuentro con Campbell. Mientras, los gorilones protestantes del Inspector rompen los sofás de comunistas, parientes y simpatizantes, y los Shelby tienen su lucha campestre con los Lee, Tía Pol , de mantilla, prende velas en la iglesia. Entra Campbell como Pedro por su casa. La tía solicita que se quite el sombrero, el rufián, como respuesta, limpia su pipa en un asiento. Realmente revienta el pobre, y ya quedé clara que los católicos han sido los judíos de Inglaterra.

Campbell le pregunta a Pol si las velas son por sus sobrinos. Muy dama, ella dice que son por sus empleados, los que no volvieron del frente, y gentilmente le recuerda a Campbell que él no sirvió. La reacción del inspector es agredirla (también rompe el altar). Con gran presencia de ánimo, Pol hace lo que toda mujer debería (si no nos paralizara el miedo) en esas circunstancia: lo besa. Luego le dice al espantado Ulsterman, fingiendo sorpresa,  que como la agarró,  malinterpretó sus intenciones. Campbell se bate en retirada, pero exige hablar con “El Patrón” ósea con Tommy.

El Patrón va a esa entrevista en exclusivo salón de té. Me encantan esos contrastes de Steven Knight entre la miseria y oscuridad de los bajos fondos y de la luz (aumentada por los tapices crema y rosa que decoran las paredes) y opulencia de este salón reservado para dos. Me recuerda su trabajo en ”Eastern Promises”.

Campbell explica,  un poco cortado,  que ha escogido este sitio porque no es territorio de ninguno de los dos. Eso es evidente, Tommy parece tiburón en tope de montaña (símil de Jaime Lannister) y se rehúsa a tomar té. Campbell se siente incómodo con el florero con calas de centro de mesa y lo retira.

La carta del Inspector es una receta de vitaminas a nombre de Ada encontrada en el cuartucho de Freddie, pero le es inservible. Tommy,  flemático,  ofrece impedir que Freddie regrese a Birmingham, eso es parte de su trato. Quiere que Campbell lo deje seguir sus negocios, legales o ilegales, a cambio le dará las armas.

 Si el inspector intenta algo en contra de los Peaky o de Tommy, las armas tienen orden de dirigirse a Belfast a manos del ERI (Ejército Republicano Irlandés). El desesperado Campbell se niega a estrechar la mano del gánster, pero Tommy despectivo le dice que él tampoco tocaría un hombre que no  estuvo en servicio activo. ¡Ayyy no le van a dejar pasar esa nunca!

Esa noche, en medio de una representación de Tosca, Campbell solicita a Grace que averigüe donde están las armas. Que use las tretas necesarias para sonsacar a Tommy. Le entrega un revolver. Está avergonzado.  “Me siento como un padre que manda a su hija a un burdel” dice. Grace sigue fría e impávida, sigue sin convencerme. Entiendo que deba verse indiferente y profesional con Campbell que ahora noto,  muere por ella, pero siempre se ve tan apática. Y no es la actriz, que se vio cálida y espontanea en “Los Tudor” y en “Fleming”

Tommy ya sabe que Grace oculta algo. Tiene amigos en Dublín que jamás han oído de ella. Nota que la camarera habla como las chicas elegantes de Belfast, pero Tommy comete un error en su arrogancia. En vez de dejar que Grace le cuente su historia, y como tiene muy presente lo de su hermana, se inventa un cuento de que Grace es hija de familia, que se embarazó y rodó pendiente abajo. Hábilmente,  ella lo deja que se crea su propia invención. Acepta acompañarlo para “un trabajo” a las carreras.

En la estación de tren, Ada y Pol tienen un encuentro con Freddie Thorne. Tommy le escribió ordenándole que buscara a Ada y ambos abandonaran Birmingham. Freddie le pide matrimonio a la Nena Shelby. Ada y su tía se abrazan, pero en vez de huir a Cardiff, Freddie exige casarse en Birmingham y vivir en Birmingham. ¡Uy que porfiado! Y ahí nos quedamos hasta la próxima semana.

La Catedral del Mar

El jueves me ha tocado tragarme “La Catedral del Mar”. Tortura total. Me gusta contar la anécdota de como perdí las amistades con el bestseller de Ildefonso Falcones. Hojeándolo en el super me cayó el mamotreto en un pie y quedé coja todo un día. Fin de lectura, sobre todo que recorrer un par de diálogos ya me indicó que  hablaban como si estuvieran en “El Hormiguero”. ¡ Zape gato.! Esos modernismos los han trasladado a la adaptación de Diagonal, que , aunque también creó” Isabel” y  “Carlos, Rey Emperador”, no supo traerse un guionista para darle un poco de sabor de época.

Lo bueno: Es coherente, aunque huele a Los Pilares de la Tierra de Ken Follet. Hay cierta atmosfera de época, a pesar de los pobres parlamentos. Interesante ver el mundo de la incipiente clase media (artesanos) de la Barcelona medieval. La movilidad social que permite a Grau Puig (Ginés García Millán) llegar de alfarero a noble, a Joan (Pablo Derqui) de gamín callejero a inquisidor. También que la iglesia, por una vez no sea villana. Joan es un fanático, pero porque acarrea traumas desde la infancia. D’Emeric (Sergio Peris Mencheta),  aunque cruel es justo,  y el Padre Albert es un amor (un cliché dé la ficción medieval es que los franciscanos siempre son buenos).

Lo Malo: Aunque sabido es que el hoi polloi de entonces eran los conejillos de indias para que los poderosos ejercitaran su maldad y que Idelfonso Torres se limita a describir atropellos e injusticias que eran pan del cada día en el Siglo XIV, uno siente que ya hay un exceso. Quizás sea porque las injusticias nunca son vengadas, porque no hay un equilibrio. No culpo a la serie que solo sigue las pautas del libro. Está bien que muestren un caso de droit de seigneur muy  típico de la España de la época, ¿pero tienen que matizarlo con el esposo obligado también a violar a la mujer? Ya parecen nazis.

Luego está lo de hacer pedazos a Habiba (Julia Carnero). Si ya sé que a los esclavos se les sometía a todo tipo de crueldades, pero Grau Puig sabe que Habiba no es culpable, ¿por qué no darle un par de azotes y despedirla? ¿Necesita matarla a palos? Eso se entendería en  personalidades sádicas como las de Llorenç de Bellera (Alain Hernández) y su hijo Jaume (Iñaki Font), pero Grau no es sádico.

Y después que ya tuvimos violación en grupo en la primera entrega, ¿tenemos también que ver como secuestran y violan a la inocente Mar (Michelle Jenner) soio porque le hace ojitos al padrino?. Y aquí me llega una queja que hace rato que las feministas debieron hacerles a Falcones. ¿Por qué sus mujeres son tan malas? Es cierto que solo las ricas lo son y eso porque esta novela sigue un esquema maniqueo de ricos villanos y pobres angelicales.

Aun así, las mujeres como Isabel (Eva Rufo), Margarida (Ana Moliner) y Elionor (Silvia Abascal) son monstruos y no se entiende. A la Alionor se le mete en la cabeza que su marido no se acuesta con ella (no por fea y fétida) por culpa de su ahijada de la que está enamorado. Vamos haciendo que la violen. Margarida provoca la muerte de su hermanito, la tortura de su esclava y en vez de arrepentirse, le toma un odio inusitado al primo que la encubre.

Isabel es el caso más curioso. Entre personajes planos y flojos, esta es como contradictoria. Grau Puig se ha casado con ella para ser noble, y ella que no es ni joven ni bonita, tuvo que aceptar porque parece que no consiguió otro novio. La mujer en vez de cargar con el marido y los hijastros  se obsesiona con el protagonista que es un niño que le sirve de caballerizo.

 Cuando Arnau(Hugo Arbues) le falta el respeto (según ella) Isabel exige que le pida disculpas. El nene no quiere y a Isabel se le mete entre ceja y ceja que ha de hacerlo. Impide que lo despidan porque lo necesita cerca para que le pida disculpas. Da como risa que esta señora haga un propósito vital el esperar una disculpa. Cuando Arnau y su padre se marchan, pero hay una hambruna, lo único que se le ocurre a Isabel es que ahora el pequeño presentará sus excusas por un plato de comida. Parece la villana de “Marimar”.

No recomiendo un cuento tan lleno de clichés, personajes estereotipados y una historia que tiene sus patinadas. Pedro era Rey de Aragón, no de Cataluña; Hasdai Crescas murió en su cama, fue su hijo el que  fue quemado por la Inquisición, etc.

Los dejo aquí. Para la próxima voy a comentar las series “continentales” que vi. Parece que en Europa se están poniendo las pilas respecto a la televisión.