lunes, 23 de abril de 2018

¡Oh, Pérfida Sion! El Antisemitismo en McMafia (o por qué prefiero las series de época)



En mi entrada anterior comenté las fallas de” McMafia”, una cara y ambiciosa serie de la BBC, que intenta mostrar “el rostro humano” del crimen organizado. Mencioné que, entre sus falencias, está   el presentar negativamente a las múltiples nacionalidades y grupos étnicos que se involucran en el crimen globalizado. Llega al punto que solo los rusos se salvan de ser mostrados como monstruos. Pero las mayores quejas contra “McMafia” van en contra de su perpetuación de ofensivos estereotipos sobre los judíos.

“McMafia” se enfoca en dos tipos de judíos: los de la ex Unión Soviética y los israelíes. Precisamente, los dos grupos en que el mundo moderno  nos divide  a los judíos. Como no soy israelí y no tengo ni una gota de sangre rusa, me siento mal representada.

Israel, un paraíso para corruptos
Según “McMafia”, Israel es un país donde el parlamento ofrece refugio a mafiosos corruptos y donde los ex soldados de Tzahal se ven obligados a poner agencias de guardaespaldas u ofrecer sus servicios a los ya mencionados mafiosos. Todo lo que vemos de Israel está subordinado a la codicia y corrupción de Semyon Kleinman (David Strathairn). Hasta la policía que no es corrupta es vista como más torpe que los mafiosos.

Kleinman, que antes de llegar a Israel ya era delincuente en Moscú, ahora tiene un asiento en el Knesset, amigos en la IDF, y una hija en la Mossad. La hija es mencionada en el segundo capítulo y no vuelve a aparecer. Algo muy común en esta serie son los personajes accidentales que solo sirven como recursos Deus Ex Machina. La mención de la Agente Kleinman da paso a una calumnia totalmente gratuita. Semyon le dice al protagonista que el lema de la Mossad es “A través del engaño, haremos la guerra”. NOT!

El antiguo lema de la mayor agencia de inteligencia israelí fue (hasta el 2011) una cita del Libro de los Proverbios (Prov. 24.6) que dice be-tachbulot ta aseh lekha milkhamah. En traducción “Porque con consejos prudentes harás la guerra”. El 2011, el lema cambió a otra cita de Proverbios (11.14) “donde no hay discreción sabia, caerá el pueblo”.

 En roles tan diversos como el esposo abusador de Dolores Clairborne y Ed Morrow en” Good Luck, Good Night”, David Strathairn me ha demostrado ser un gran actor. Su interpretación de Semyon lo hace parecer como un señor tranquilo, un viejito amable, pero debajo de esa fachada se oculta una cobra. O como lo describe el padre del protagonista es “una culebra con anteojos”.


No solo se dedica al tráfico de drogas y lavado de dinero. También colabora en el tráfico de esclavas sexuales para adquirir a nenas espías a las que adiestra en el arte de las intrigas de alcoba a la Red Sparrow. Como vimos en el caso de la pobre Ludmila (Sofia Lebedeva), después de “comprarlas” a traficantes egipcios, Kleinman las mantiene secuestradas.  
Ludmilla en el mercado de esclavas

Con gran ingratitud se niega a liberar a la pobre Ludmila a pesar de que ella ha colaborado para que no lo encarcelen. Y no quiero dar spoilers, pero al final, el reptil más ponzoñoso es Kleinman. Ósea tanta queja de los pobres mexicanos, y él le entregará a Alex (James Norton) en bandeja de plata al enemigo común, Vadim Kalyagin (Merab Ninize).

Pero todavía hay un  peor aspecto de Semyon y que enloda a otra minoría. En el capítulo 5, sorpresivamente nos revelan que Kleinman es gay. ¿Como en cinco capítulos no nos han contado un detalle tan importante de su personalidad? Semyon está enamorado hasta las patas de Ezra,  un joven fotógrafo. Ezra es tan cerdito (kosher pig) que le saca plata al vejete para pasarlo bien en las fiestas con su verdadero amor, Reuben . Ludmila,  en medio de su recaudación de información extraída a viejos borrachos libidinosos,  sorprende a la pareja besuqueándose.

Llega Vadim a Israel convertido en un ángel de venganza. Para castigar a Semyon rapta a Ezra, lo hace violar y apalear, y lo obliga denunciar a Kleinman como su atacante. Solo el testimonio de Ludmila salva a Semyon de una buena temporada en la cárcel. Y aun así el viejo canalla se niega a soltar a la ex rusa, a pesar de que sabe que su fiel guardaespaldas Joseph (Oshri Cohen) está enamorado de ella. Joseph y Ludmila son de los pocos personajes agradables de esta historia.

La serie muestra la homosexualidad de Kleinman como un defecto más de su despreciable humanidad y lo aprovecha para su propaganda anti-sionista. Israel es el único país del Medio Oriente que no criminaliza la homosexualidad, que reconoce uniones entre personas del mismo sexo, y permite marchas y otras manifestaciones del Orgullo Gay. Este cuentito  hace pensar (y no solo a los homófobos)  que la libertad sexual israelí es un foco de libertinaje que protege a criminales pervertidos y a sus toyboys que se complacen en estafar y romper el corazón de sus ancianos amantes.
Orgullo Gay a la judia

Israel, como todos los países del mundo, tiene crimen organizado. La policía israelí trae identificadas a dieciséis familias mafiosas: siete rusas, seis de judíos del Magreb (curiosamente, son más poderosas que las familias rusas) y tres familias de árabes palestinos no-judíos. No tengo problemas con que hagan algo sobre la mafia israelí. Mi problema es que toda la visión de Israel sea tan negativa como su hampa.

Judíos ingleses
Salimos de Tierra Santa para ir a Londres a conocer al protagonista Alex Godman y a su familia. Tres cosas sobre ellos. Son ex mafiosos (con la excepción del Tío Boris), son  ex -rusos… ¿También son ex judíos? Porque como dijo Jenni Frazer en The Jewish Chronicle los Godman son “la familia más poco convincentemente judía” que recuerda la periodista.


Yo creo que Jenni y yo definimos lo que es ser judío de la misma manera. Judío es a) el que practica el judaísmo b) el que vive dentro de una cultura judía y/o c) el que sin practicar ni la religión ni la cultura judía, igual siente respeto y admiración por ese bagaje heredado de sus ancestros. Bueno, digamos que los Godman no caen en ninguno de esos grupos. ¡Ni siquiera dicen L’çhaim cuando brindan!

¿Como sabemos que son judíos entonces? Primero, Alex se queja de que en su elegante internado ingles lo llamaban “Yid”, más adelante su padre responde a una pregunta de su amante de por qué no está tatuado con un “soy hebreo”.  A lo que sigue una convulsa y errada explicación de por qué los judíos no nos tatuamos. Pero el piece de resistance del judaísmo es el funeral y la Shiva (velorio judío) del Tío Boris (David Denczi).

Fue refrescante ver judíos (y no judíos)  ir  de cuello y corbata a un funeral. Recibo tantos informes de que en Israel se va a funerales en shorts y hasta sin camisa. Aun así, lo único que revelaba el judaísmo de los presentes eran los kippas  de los varones presentes. Hablando de la religión en “McMafia”, The Catholic Herald   ha llamado a esa cobertura de cabeza (y a la cruz que porta Vadim) un símbolo vacío.

Yo creo que el problema aquí no es tanto de símbolos vacíos sino de una ignorancia total de como viven los judíos. Lo vemos en dos ocasiones cuando los Godman visitan la tumba del Tío Boris, tanto Alex como su padre se arrodillan para rezar (¡!!) A los judíos nos está prohibido arrodillarnos al rezar.

En una entrevista para la BBC, David Strathairn confesó saber poco de la cultura ruso-judía, pero aseguró que “la producción nos ha provisto con mucha información tangible y palpable”. Se nota.

Los Locos Godman
A mí no me molesta que pongan a los judíos como criminales. Si fuera por eso no hubiera sido devota de los gánsteres judíos de “Boardwalk Empire,” o de Avi el corrupto ex gente de la Mossad en “Ray Donovan” o no  babearia sobre mi  cochinito Tom Hardy en el rol de Alfie  Solomons en "Peaky Blinders".
¡Estos si son gansters judíos, mier...!

Mi problema con los Godman (¿y quién se llama así?) no es que sean mafiosos, es que son tan antipáticos. Más irritantes que la Familia Peluche. Al lado de ellos, los mafiosos de “Eastern Promises” son los Ingalls de “La Casita en la Pradera”.

Un vínculo común entre Alex Godman y Vadim Kalyagin es que los dos usan a sus seres queridos como excusa para sus chanchadas. Ambos creen en el valor de la familia. Vadim relata una siniestra anécdota de que cuando torturaba gente en su trabajo de la KGB lo que más lo impresionaba era como los torturados suplicaban que no dañaran a sus familias.
Vadim y la niña de sus ojos

Como dije en mi entrada anterior, contrapesando su mundo de violencia y delincuencia, a Vadim lo presentan como el viudo inconsolable, el padre amoroso y el amigo casero que gusta de visitar a su compadre para disfrutar en familia. A pesar de ser multimillonario, vemos a Vadim gozar más de esas pequeñas reuniones donde los niños juegan, donde todos se ríen, apalean el piano, y comen pastel, que en su exagerada fiesta en Versalles que obviamente era nada más que un show para deslumbrar a sus socios.

¡Qué diferentes esas veladas moscovitas con los Godman a los que vemos medios borrachos en francachelas, y que cuando se reúnen bajo el mismo techo terminan siempre peleando! Es un poco triste porque la cultura judía (como el judaísmo) se centra en el hogar y la familia. Pero el sentido familiar de los Godman parece una parodia. Ni Philip Roth podría crear individuos tan disfuncionales.
Media hora juntos y los Godman ya andan de las greñas

El centro de esa familia es el patriarca Dimitri Godman (Aleksey Serebyakov) al que todos sus parientes buscan proteger. Se supone que nunca se recuperó de haber tenido que abandonar la Unión Soviética y eso que es obvio que se trajo un arcón lleno de rublos. de otra manera no se explica cómo paga las compras de su mujer, las drogas de su hija, los gustos caros de su amante, el mega departamento londinense y hasta el vodka con el que llena innumerables botellitas plásticas que carga para todos lados.

Nunca sabremos si la incompetencia mental de Dimitri se debe a que sufre de un principio de demencia o al alcoholismo. Se pasa el día (aparte de rumiar y beber) dándole de comer a los patos en el parque o poniendo música estridente que molesta al vecino (que obvio que es musulmán). Cuando se aburre mucho sube a la azotea a mirar al vacío. En una de esas se cae, pero para mala suerte de su familia, sobrevive.
¡Qué se cae! ¡Qué se caiga! ¡Se cayó!

La caída de Dimitri provoca que Oksana (Maria Shukshina), su mujer, se ponga a esculcar las cosas del marido y se encuentra con una carta de amor que el viejo le ha escrito a su joven amante, una amiga de su hija. El descubrimiento de la infidelidad de Dimitri convulsiona a los Godman (como si no tuvieran ya suficientes problemas).

No se entiende como Oksana nunca sospechó que su marido tuviera amantes o por que lo toma tan a pecho, si hasta duermen en cuartos separados. Al parecer la humilla haber gastado tanto tiempo cuidando a un despojo humano solo para descubrir que él todavía puede pasarlo bien con una mujer más joven.
Tu le vas a limpiar el culito con un Kleenex
MMMM! Como que no creo....


Oksana hace lo más inteligente. Visita a Masha (Maria Mashkova) y le cede el marido, solo que ahora será “la otra” quien tendrá que aburrirse escuchando los delirios de un viejo y ensuciarse las manos limpiándole los vómitos y otros fluidos corporales al incontinente borracho. Obvio que Masha no quiere tamaño desperdicio , pero como está embarazada tampoco quiere soltar al amante. Es ahí que los Pequeños Godman se toman un break (Alex de sus actividades criminales, Katya de su ingesta de drogas) para arreglar este asunto.
¡Aborta, Aborta!

Me pregunto qué vela tienen en este entierro. ¿Desde cuándo los hijos se entrometen en la vida de los padres? ¿Para qué malgastar tiempo protegiendo un matrimonio que es una farsa? Pero a Alex el poder lo ha convertido en un manipulador (y mentiroso) compulsivo. Tal como ha despreciado los consejos médicos de someter a Dimitri a una terapia psicológica, Alex cree que puede arreglar la vida de su padre solo.
Una oferta a la que Masha nose  podrá rehusar

Cuando Katia (Faye Marsay) fracasa al intentar convencer a Masha de que aborte, los hermanitos Godman le ofrecen veinte mil dólares mensuales para que ella y el crio se vayan lejos del padre.   Con justa razón , Dimitri se enfurece al saber lo solapados y metiches que son sus hijos. La intromisión e impertinencia de Alex y Katya es un reflejo de las tramposerías y crímenes de Semyon Kleinman, y que terminan siendo eco de la acusación antisemita de que los judíos manejan el mundo de manera disimulada y traicionera.

En un nivel más doméstico, los Godman no serán muy religiosos ni muy apegados a su cultura, pero ¡vaya que perpetúan clichés de vaudeville sobre las familias judías!  Un rasgo común de Dimitri y Oksana son sus quejas sobre las parejas de sus hijos. Oksana es la típica suegra judía entrometida y despectiva de la nuera a la que llama burlonamente “Becky” y cuyo vestuario es objeto de su crítica.

Dimitri en cambio, se parte de la risa cuando oye a Katya y su novio Femi (Clifford Samuel) peleando en la cocina, apoda a su futuro yerno “Michael Jackson” (por el color de su piel) y comenta despectivo que seguro querrá que Katya lo mantenga. Cuando Rebecca (Juliet Rylance), viene a solicitar su ayuda para descubrir en que malos pasos anda Alex, Dimitri le pregunta esperanzado “¿vas a romper tu compromiso?” Con las fichitas que tienen por hijos, los Godman deberían darse una roca en el pecho de que personas decentes, centradas y trabajadoras (ergo sosas y pusilánimes) como Femi y Becky los hayan escogido de pareja.
Femi y los líos de amar a una princesa judía

Existe una gran diferencia entre los mafiosos judíos y los cristianos en lo que respecta a su vida familiar. El mayor contraste es entre la viciosa y consentida Katya, que supera las falencias del cliché de la princesa judía, y la humilde y angelical Natasha Kalyagin (Anna Lenonova). Resulta casi karmico que sea Dimitri el culpable de la muerte de lo más puro del cuento.

Ni un panfleto Nazi lo podría expresar mejor.  Semyon y Dimitri destruyen la pureza del mundo (Dimitri provocando la muerte de Natasha y Semyon prostituyendo niñas inocentes y comprando el amor de jovencitos), pero también representan otro peligroso estereotipo, los judíos tan poco confiables que se traicionan entre ellos.

Después de todo este listado,  se puede deducir que los estereotipos judíos no son accidentales, contando además que no es la primera vez que a Hossein Amini lo acusan de antisemitismo. Nacido en Teherán, e hijo de diplomáticos, Amini y su familia se establecieron en el reino Unido tras la caída del Shah. Amini fue a internados privados y a Oxford y es un persa totalmente asimilado que nunca ha escrito ni sobre su país ni su cultura. Se ha hecho un nombre con sus adaptaciones de The Wings of the Dove, y Four Feathers y por filmes fantásticos como” Blanca Nieves y el Cazador” y “Los 47 Ronin”.

En el 2011, su galardonada adaptación de Drive de James Sallis, ameritó una demanda, durante la cual surgió una queja, implausible y risible, sobre los villanos judíos del filme. Las acusaciones que han caído sobre Amini a raíz “de McMafia” son mucho más concretas y con más base, lo que ha llevado al guionista a solicitar la ayuda de Tom Gross, conocido periodista y activista de los derechos humanos (y aparentemente el único amigo judío que Amini hizo en Oxford).

  Tom Gross  ha dicho que Amini no es antisemita. Y, sin embargo, en “McMafia” parece probar lo contrario. Se puede argumentar que, en el libro, la mafia judía es retratada como cruel y criminal. Eso no está en discusión, pero el libro es no- ficción, Amini es responsable por la creación de personajes, el reflejo de su vida privada y de su cultura.

En el 2014, en su adaptación de Our Kind of Traitor de John Le Carré, Amini retrató a mafiosos rusos sin detenerse a explorar sus orígenes étnicos o culturales. En cambio, en “McMafia” se esmera en dar una imagen calumniadora y falsa de una familia judía. Y como vivimos en un mundo ignorante y fácil de influenciar, se puede alegar que está propagando el antisemitismo y el anti-sionismo.

Como ex docente y bibliotecaria, he combatido la perpetuación de estereotipos negativos en los textos y materiales que pueden encontrarse en bibliotecas. Cuando me especialicé en servicios a minorías se me enseñó que no se puede crear un personaje étnico ni como totalmente bueno o totalmente malo, a menos que haya en él rasgos que lo humanicen o que se coloque una contraparte a su maldad. Normalmente, esa contraparte consiste en la inclusión de un miembro de la misma etnia, pero que posee virtudes que precisa nuestro personaje. En “McMafia” el colectivo judío carece de ese contraste.

La guinda en el pastel es Sídney Bloom (Tim Aherne), el patrón de Rebecca. Nos lo presentan como “él ultimo banquero honrado”, pero un rival le cuenta a Alex que Bloom hizo su fortuna a costa de países africanos. Ósea, ni el judío honrado puede serlo. Es que también… ¿por qué hacerlos banqueros?  Es como los políticos, uno sabe que son corruptos. ¿Por qué mejor no hicieron a Alex veterinario, o pintor?

Esta noche voy a ver el capítulo final de “McMafia”, pero ya tengo una idea formada de cuales son sus fallas. Leo que hace rato que la BBC está siendo acusada de anti-sionismo. Como solo veo sus dramas de época, he permanecido ignorante a ese fenómeno, lo que refuerza mi propósito de seguir viendo period pieces. A lo mejor hay en ellos casos aislados de manipulación o deformación de la historia judía como ocurre en “Los Borgias” o en la grotesca “Knightfall”, pero lo refrescante del drama de época es que los judíos no aparecen, o son descritos con propiedad como en “Call the Midwife” o “Downton Abbey”.


miércoles, 18 de abril de 2018

McMafia: El Reino de los Estereotipos Ofensivos



“Tu nunca ves nada moderno. ¡Solo period pieces!” es una acusación que escucho a menudo y que a veces me hace sentir un poco injusta y limitada. Por eso aproveché de hincarle el diente a un par de series inglesas que tienen lugar en espacios contemporáneos. La primera ha sido “McMafia’’ que ya ha sido acusada de antisemita y de presentar una pésima imagen de Israel. Producida por un iraní, la serie también aprovecha de echarle un zarpazo a los gays y a los mexicanos. Los rusos, a su vez, se han quejado de que les da una mala imagen; otras razas de colores tampoco están bien representadas; solo aparecen dos africanos, y uno tiene un mínimo de líneas; y, el 80% de las mujeres de la serie carecen de influencia y son relativamente tontas.

Igual me daría un poco de pena que no tuviera segunda temporada puesto que no es una mala historia y entretiene. Sus detractores la acusan de ser es un poco lenta (solo tenemos un asesinato por capitulo). Dicen es demasiado global y ofrece demasiados escenarios. Cierto, de Mumbai vamos a Praga, de Antibes a Moscú, de Londres a Tel Aviv (aunque ya Haaretz descubrió que las escenas israelíes son filmadas en Croacia. Ahora la Tierra Santa es Desembarco del Rey). No hay tiempo para entender lo que pasa, o para interesarse en los personajes. Sin embargo, yo creo que el gran problema, es como dijeron en Digitalspy, que uno siente cero empatía por los personajes. No es porque sean judíos o hindúes, es que simplemente no te atrapan.


Hay ratos que siento cierta afinidad con Alex, el protagonista, y eso porque lo interpreta James Norton que me causó buena impresión como el vicario-detective de “Grantchester” y Andrei Bolkonski en “La Guerra y la Paz”. Tampoco puedo cerrar mi corazón ante la tragedia de Ludmila (Sofia Lebedeva) , la maquillista rusa secuestrada por tratantes de blancas y vendida a un mafioso/magnate israelí, pero la mayoría de los personajes me provocan hastío, rabia o incomprensión.

“McMafia” está basada en McMafia: A Journey through the Global Criminal Underworld de Misha Glenny. A pesar de ser una investigación periodística, los guionistas Hossein Amini (“The Alienist”) y James Watkins (“Woman in Black”) lucharon por conseguir los derechos desarrollando una historia de ficción para la BBC que tendría como marco los sucesos documentados por Glenny.

Alex es el nene que lo tiene todo. Graduado de elegantes internados y de Harvard, dueño de una fundación bancaria exitosa, con novia trofeo, y guapachoso más encima. ¿La falla trágica de Alex? Se apellida Godman y nació en Rusia. Dimitri (Alexei Serebryakov), su padre fue un capo de mafia que, para salvar el pellejo de su familia, se mudó a Londres donde vive no sé de qué. Porque no creo que el welfare le esté pagando el departamento, las drogas que consume su hija, o las capas de armiño de su mujer.

Alex quiere ser el perfecto caballero londinensesolo le faltan el bombín y el paraguas y ganarse la vida honestamente. Nene, el mundo de las finanzas es un nido de cocodrilos. Pero ahí está el tío Boris (David Dencik) que parece vivir de juerga y que tiene mano larga con las mujeres sea su criada filipina o una azafata de El-Al. Tío Boris que, por alguna inexplicable razón es la persona favorita de Alex, desea que el chico se le una porque ‘él si que es mafioso con mayúscula. Para obligarlo esparce el rumor de que Alex anda en tratos con dudosos financistas rusos.

Desprestigiado, Alex acepta una reunión (bajo un simulacro de bombardeo en Tel Aviv) con el político y magnate israelí Semyon Kleinman (David Strathairn) . Semyon solo necesita del apoyo y sapiencia bancaria de Alex para una lavadita de dinero en Mumbai y a cambio le ofrece, invertir en su decaída firma. Alex se niega, pero todo cambia cuando Vadim, el rival de negocios de Semyon y Boris, hace que degüellen a este ultimo enfrente del sobrino.

Un poco por venganza, un poco por proteger a su familia a la que Vadim corrió de la Unión Soviética, Alex acepta convertirse en el socio de Semyon lo que lo llevará cuesta abajo por una pendiente de crimen y corrupción que a todos los que conocemos la historia del Padrino nos sonará familiar. Y a este Michael Corleone ni siquiera le consiguen por esposa una virgen siciliana.

Vamos a ser francos, lo que nos gusta del Padrino son los gánsteres pintorescos, la cálida y unida Familia Corleone, los conflictos morales de Michael y ese milieu de un crimen organizado que se convierte casi en una parodia del sueño americano. Nada de eso existe en “McMafia” y todo lo que muestran me hace bostezar. porque nos pasamos minuto tras minuto con las cuitas de los Godman que están muy lejos de ser Los Soprano, y entremedio no hay suficiente suspenso ni violencia que nos compense.

Antiguamente se acusaba a este tipo de series de glamorizar el crimen. Aquí hay otra sensación, la de que el crimen organizado es un Kraken cuyos tentáculos están en todos lados, que es imparable e inevitable. En cada capítulo vemos como personas inocentes (y no tan inocentes) son secuestradas, violadas, obligadas a delinquir, y asesinadas. Y nadie hace nada. Los políticos son corruptos, la policía es corrupta y esto es un fenómeno mundial. Creo que eso es peor que glamurizar el crimen.

Sin embargo, hay algo excitante en todos esos tejes y manejes que se pueden hacer ahora en casa desde tu ordenador; en el modo en que la tecnología está al servicio del crimen; y por supuesto, está el placer de tener tanto dinero.  Un mafioso ruso retirado tiene un departamentazo en Londres.  Su rival, mafioso activo, contrata Versalles para dar una fiesta. Un narco mexicano tiene una villa en la Riviera, y un criminal israelí se asolea en una mega piscina propia en Tel-Aviv.

Lo triste es que nadie es feliz, nadie está contento. Los personajes son tan miserables y disfuncionales como cualquier hijo de vecinos. No saben entretenerse, aparte de consumir drogas y alcohol y pasársela en fiestecitas que se ven la mar de aburridas. Yo creo que eso es lo que nos irrita de los personajes, su falta de imaginación, su inercia emocional. Uno no puede creer que se venda el alma al Diablo por nada y que esa falta de visón afecte a bandidos de todas las razas y colores. Lo que nos lleva a una investigación de como esta fábula sin moraleja presenta la diversidad.

Gente de color
Hindues maleantes

Egipcio secuestrador

 Pues no hay mucha. Los hindúes son brutos y brutales, se visten y actúan como maleantes de barrio y hablan con acentos caricaturescos. Los árabes son una masa de delincuentes, secuestradores, violadores, asesinos y traficantes de drogas. Los africanos…a ver. En cinco capítulos solo hemos visto dos. Un negrito que vende carteras por las calles de Praga (¿no pudo emigrar a un sitio más cool?) y que dice tres palabras, y la asistente de Alex (Kemi Bo-Jacobs), una mujer guapísima que obedece al escandinavo nombre de Karen Olsen, y que es como la única mujer inteligente de la serie. Lástima que sea un personaje secundario.

Karen Olsen

Orientales
 La criada filipina del Tío Boris es muda quizás porque le tiene miedo a ese patrón tan bullicioso e imprevisible o tal vez no sepa hablar inglés. Terminan matándola los mismos sicarios que degüellan a Boris. Uno de ellos, el asesino del tío de Alex tiene ojitos achinados por lo que debe venir de alguna de las repúblicas asiáticas de la ex Unión Soviética.

Los Checos
Vadim le muestra un corrupto checo quien es el jefe

Si le creemos a la serie, los habitantes de Checoeslovaquia (tan vapuleada pero también rica en historia y en contribuciones a la civilización occidental) son ciudadanos de tercera, todavía dominados por los rusos. Los que aparecen en la serie se dividn en obesos brutos, niñas tontas y drogadictas,  y policías corruptos metidos a criminales que terminan de traidores delatores.

Vengo de México Lindo y Querido

 Como no hay otros latinos en la serie, tenemos que tomar a Antonio Méndez como el que nos representa a todo el continente. Es interpretado por un brasileño, Caio Blat cuyo español es deplorable. Méndez aparece en la vida de Alex como un misterioso Señor Ripley que jura que fueron cuates en Harvard. A pesar de los abrazos de oso que le propina Méndez, Alex no se acuerda de él para nada. La foto de Méndez en el anuario no corresponde al físico del Méndez presente (a menos que se haya sometido a severas cirugías plásticas).


Méndez es urbano, sofisticado, viste de Armani y sabe hacer negocios. Conquista primero a la impresionable Rebecca, novia de Alex, para luego deslumbrar a la pareja con su yate y su villa en la Costa Azul. Antonio representa al Cartel Mexicano (como si hubiera uno solo) y necesita que Alex convenza a Semyon Kleinman, su mafioso socio israelí, que les proporcione sus barcos para traer droga a Europa. Nyet dice Semyon. Con esa gente todo lo que uno consigue es acabar sin cabeza en una fosa común en el Desierto de Sonora.

 Tiene razón, pero sentí como que había ahí un prejuicio. ¿Por qué, en esta serie, los cartelistas son peores que los rusos que violan niñitos judíos gays, o los hindúes que matan inocentes contadores, o los egipcios que dejan niñas malheridas en medio del desierto o los checos que lanzan gente por las terrazas?  Si, ya sé, Praga es la capital mundial de la defenestración.

En su fin de semana en Antibes, Antonio asombra a Rebeca contándole como llegó a California en una panga. Que le tomó cinco años conseguir la tarjeta verde y una vez legal, pudo asistir a Harvard junto a Alex, cuya familia nunca vivió ese tipo de problemas. Suena como una sucess story. Antonio representa la capacidad de alcanzar el American Dream, pero también la peor pesadilla de la Era de Trump. Es el ilegal que viene a perpetrar crímenes y delitos en la Unión Americana. Cuidado con darles documentos a los mexicanos o permitirles asistir a buenas universidades, siempre terminarán mordiendo la mano que se les extiende.

Mujeres sin Importancia

Una gran queja en contra de “McMafia” es la indolencia de sus personajes femeninos. En estos tiempos, esa es una queja grave. Primero, no hay protagonista femenina. La que pasa por tal, Rebecca  Harper (Juliet Rylance) es todo un ejercicio en deficiencia mental y eso que se supone que es la asistente de uno de los banqueros más importantes del mundo.

Me dicen que Sir Mark Rylance ha criado y las ve, a sus hijastras como hijas, pero Juliet no ha heredado ni un gramo del talento de su padrastro. No me impresionó en “The Knick”, no la encuentro guapa ni interesante, ni buena actriz. A ratos parece querer imitar el estilo de hablar de Rosamund Pike, lo que es un poco patético.

La pobre Rebecca es tan insignificante que su suegra se queja de que, a pesar del sueldo millonario, “Becky” todavía se viste como colegiala. Nos quieren hacer creer que Rebecca es un personaje dotado de código moral y ética, que funge como la Pepe Grillo de Alex-Pinocho, pero es imposible ser la voz de la conciencia de alguien a quien no se conoce.

Rebecca vive con Alex, duerme en su cama y no sabe nada de él.  Se supone que es como la Kate del Padrino, pero el personaje de Diane Keaton vivía en los 40s, una época en que las mujeres se caracterizaban por ser pasivas, ignorantes o fingir serlo. Aparte que Kate no compartía casa, techo ni vida con Michael Corleone. Rebecca es tan incauta y corta de vista que se entera de los viajes mafiosos del novio a través del globo terráqueo, solo porque revisa el servicio meteorológico en línea que contrata Alex. Ósea, Alex desaparece por una semana y ni siquiera pregunta la novia ‘” ¿Dónde vas, Darling?


La audiencia rugió cuando, a mitad de la serie, Alex le pidió matrimonio a Rebecca. Primero, que no se entiende por qué querer casarse con una mujer que no le ofrece ni apoyo, ni misterio, y no ejerce influencia sobre él. Ni siquiera los vemos haciendo el amor, parecen una pareja que lleva mucho, tal vez, demasiado tiempo juntos.

Segundo, Rebeca es demasiado poquita cosa para ser la matriarca de una familia mafiosa. Por mas que nos disguste la pendiente por la que rueda Alex, lo queremos junto a una mujer fuerte, controlada, dotada de voluntad propia. Si algo hemos aprendido de “Los Soprano” y “El Imperio del Contrabando” es que, en el mundo de la mafia, la mujer no sobrevive si no sabe encontrar su lugar.

Tampoco es como que las mujeres de la Familia Godman tengan mucho que decir. Oksana, la matriarca, en su juventud fue una obediente miembro del Partido y ahora para compensar se la pasa en fiestas o de compras.  Le gusta quejarse del marido, menospreciar las parejas de sus hijos y controlar el vestuario ajeno hasta el de su guardaespaldas. 



Su hija vive borracha, se droga con la amante del padre, va mariguanada al entierro del tío, y pelea con su devoto novio Femi (Clifford Samuel) . Ohhh se me olvidó!  Femi también es negro. Es que el pobre es tan discreto y sumiso que los televidentes se olvidan de que existe.

El fiel Femi

A pesar de que, en la vida real, muchas mujeres se involucran en el crimen organizado e incluso son jefas de familias mafiosas como la Donna Imma de “Gomorra”, aquí las que lo hacen están en posiciones muy subordinadas y tampoco hacen buen papel. Pensemos en la fría e insensible Tanya (Yuval Scharf) , la mano derecha de Kleinman en su negocio de trata de blancas/escuelita de espías, o la pobre y humillada guarura de Oksana Godman. La que mas nos impresiona es la vecina-sicaria de Rebecca que finge ser la dulce mamá soltera de una bebé llorona, pero como fracasa en matar a la novia de Alex, tampoco es para darle un premio en competencia.

Las únicas mujeres en esta historia que valen algo, que no consumen ni viven de compras, que no tratan de matar ni de robarle el marido a nadie, son rusas y es que en esta historia la nacionalidad que sale mejor parada es la de los súbditos de Putin. Son los unicos que inspiran algún tipo de admiración por su inteligencia o compasión por su inocencia vulnerada. Incluso el peligroso Vadim no hubiera atacado a Boris, si éste no le hubiera mandado pegar una bomba en la puerta del auto.

Los hijos de Madre Rusia
Vadim Kalyagin (Merab Ninidze)  es el personaje más peligroso de la historia, pero también el mas inteligente. Un veterano de Afganistán y de la KGB que sabe dónde duele más la tortura; un excelente investigador, el único en creer que el cuento del suicidio del socio es mentira: un hombre centrado, sereno, pero que es capaz de matar con sus propias manos a un enemigo y a palos, como De Niro en “Los Intocables”.

Vadim, sin embargo, en dos ocasiones está dispuesto a deponer las armas, a fumar la pipa de la paz con los Godman, y en ambas ocasiones es traicionado por ellos. Lo que marca la diferencia entre los judíos rusos y los rusos. Pero del antisemitismo de “McMafia” hablaré en otra ocasión.

 La Embajada Rusa en Londres también ha protestado por el retrato de sus conciudadanos y ha dicho que es falso ese retrato de mafia rusa dominando el bajo mundo londinense. No les han hecho mucho caso, pero quisiera que repararan que, aun mostrándolos como criminales, Hossein y Watkins se han esmerado en darles un rostro humano a los rusos. Vadim es reflexivo, escucha las exhortaciones de su compadre y ex colega de la KGB, Ilya (Kyril Pirogov). Lo vemos descansar en familia, jugar con su perro, llevarle flores a la tumba de una esposa a la que todavía llora, preocuparse porque su madre coma bien, prenderles velas a los iconos y, sobre todo, lo que define a Vadim es su tremendo y corleonico amor por su única hija.
Vadim y su perro "El Pequeño Vadim"

Eso es algo que no vemos en los Godman, a pesar de los constantes lamentos de Alex de que “todo lo hago por mi familia”. No lo vemos en el único representante del mundo latino que más encima es tan ladino que le anda haciendo al Latín Lover con la mujer de su nuevo socio.  Para colmo, nos muestran al mexicano como tacaño. Cuando visita a Rebecca en el hospital, en vez de ser precedido de canastos de flores, le trae un cactus. ¡Que codo!

Víctimas y Princesas

En cambio, los rusos pueden argüir que las dos únicas personas realmente buenas del cuento vienen de la ex Unión Soviética. La primera es Ludmila, la maquillista que cae en manos de los traficantes árabes y luego es reclutada a la fuerza para la escuelita de zorras-espías de Semyon Kleinman. La única razón por la que Ludmila abandonó su país fue para ganar más dinero para costearle una operación a su madre.

A pesar del trauma vivido durante su secuestro, Ludmila es inteligente, aprende rápido, se da cuenta de las cosas e inspira confianza e incluso cariño en quien la rodea. Es ella quien salva a Semyon quien la traiciona, porque su personaje ha sido creado para ser una máquina de duplicidad. En cambio, Ludmila es agradecida y eventualmente le devolverá el favor a quienes realmente la ayudaron.

Ludmila, sin embargo, cae en el cliché de la mujer-víctima, tan despreciado por una rama del feminismo, pero tan utilizado por esta nueva y discordante generación de mituteras. Diferente es el caso de Natasha, la única hija de Vadim que es tan ingenua, tan perfecta que ya parece princesa de cuentos de hada ruso y que no tiene cabida en este cuento de terror.

 Interpretada por la actriz de 31 años Ana Levanova, Natasha representa perfectamente a una adolescente ilusa y soñadora. En ella no hay esas falsas miradas de cándida sorpresa con las que Rebecca intenta escudar su estupidez. Natacha es genuinamente ingenua.

A través de la serie vemos a Natasha jugar con niños y perros, cuidar de la abuela, invitar al papá a compartir con sus amigos, rezarle a la Madona, comer pastel sin miedo a engordar y, a diferencia de las sopaholicas Godman, la única vez que la vemos gastando dinero es para comprarle un bolso de mano a un vendedor ambulante en las calles de Praga. Si nos hubieran dicho que era virgen lo hubiéramos creído. Es una extraña sorpresa cuando Vadim, en el sexto episodio, menciona que Natasha tiene un pretendiente.  ¡Y yo que ya estaba planeando una fanfiction de Alex y Natasha! El mafioso insta a su hija hacer una vida aparte, en pensar en ella, no en los otros. Pero ya sabemos que Natasha vive por su padre.

“Mira ese rostro” le advierte Ilya a Vadim en el cumpleaños de la niña, “recuérdalo antes de hacer alguna tontería”.  Pero Vadim para hacer tonterías, tiene que cerrar los ojos. Esa cerrada de puerta en las narices de Natasha (otro eco del Padrino) es una metáfora para que Vadim olvide a su hija y se lance a castigar a los Godman. 

Y aun así está dispuesto a negociar con ellos, hasta que la duplicidad de Semyon Kleinman y de los Godman lo hacen perder lo que más ama. SPOILER Por culpa de Vadim, Alex Godman pierde un hijo que no buscó, no deseaba y del que ni siquiera sabia que existía. Por culpa de los Godman, Vadim perderá a una hija que no solo era su vida, además era lo único puro en un mundo infecto.

Este episodio es para mí la mayor señal de que McMafia es capaz de representar criminales con cierto honor, cierta humanidad, algo que no hace cuando tiene que representar a los judíos, sean honestos o mafiosos. De eso hablaremos en mi próxima entrada.