miércoles, 13 de noviembre de 2019

Lo Que He Visto este Otoño: ¿Soy yo o realmente existe un problema?



Ha sido un otoño crítico, problemas domésticos, problemas económicos, problemas de salud y,  más encima,  Chile que duele. Buscar consuelo, como en el pasado, en el mundo de la ficción ha sido un fracaso. ¿Me he vuelto demasiado quisquillosa o es que realmente lo nuevo no alcanza el nivel de calidad al que estaba acostumbrada?

Aparte de cine antiguo, reruns de “Los Waltons” y del excelentísimo “Cosby Show” que ha vuelto a las pantallas de canales retro, y de “The Terror: Infamy”, no he estado muy conectada con lo que televisión y Netflix me ofrecen. No es que no haya intentado encontrar algo que me entretenga, pero cada vez que pruebo algo nuevo me llevo un chasco.

Un ejemplo es Netflix, se ha politizado de tal manera que ha abandonado coherencia y calidad. Si entro es para ver cosas viejas como las primeras temporadas de “Call the Midwife” o “Gossip Girl”. Estaba siguiendo de nuevo “Mad Men” y de pronto me harté. Serie magnifica, pero el personaje de Don me agotó.

 Llegué a un punto que comencé a ver a Jon Hamm como feo y repugnante, con ojos de reptil, labios casi inexistentes y, como decía mi difunta madre que nunca lo encontró atractivo, “no aguanto a los hombres cuadrados”.  Y es que, si te cae mal el/la prota, no hay remedio. No puedes seguir viendo una serie. Y eso me lleva a…

Peaky Blinders
No, no voy a quejarme del desbarajuste histórico, de cómo, al fusionar sucesos que tuvieron lugar entre 1932 y 1936, desvirtuaron totalmente lo peligrosa que fue la carrera de Oswald Mosley al igual que los esfuerzos reales por detener el auge de la Unión de Fascistas Británicos. Mi mayor repugnancia nace de ver como Tommy Shelby sigue destruyendo su familia y nadie lo para.

No es spoiler decir que, aunque la temporada acabe con Tommy tratando de volarse los sesos, seguirá vivo. Steven Knight ha prometido que lo hará redimirse en la séptima temporada, pero no creo tener estamina para esperar tanto.

No es que los otros personajes merezcan mi respeto y cariño. ¿Ósea, a estas alturas,  Ada todavía no tiene un buen método de planificación familiar? Pero me dan lastima, me da lástima Arthur, me dan lástima las mujeres de esta serie que siempre terminan pagando el pato por las fechorías de Tommy. Ahora consiguió que le mataran a dos de sus cuñados. ¡Pobre Tía Pol! No solo se ha quedado viuda, además Tommy tiene ganas de matarle el hijo. Me da lástima Linda que de tan ninguneada ha caído un escalón más abajo que Ruby en la lista de importancia de las mujeres en la Familia Shelby.

Hay críticos que se han quejado del show. Lo acusan de volverse repetitivo, una parodia de otras temporadas. Concuerdo con ellos. ¿Hasta cuándo va a aguantar esa familia que la ambición, el hubris y la demencia de Tommy los domine? Antes de morir, Aberama cuestionó a su cuñado “¿Hasta dónde llega tu ambición?” Más que ambición es una necesidad desmesurada de controlar, de hacer pagar a su familia por la posibilidad que él se ha negado, la de ser feliz.

Nunca creí el cuento de que Tommy quisiera matar a Mosley para evitar otra guerra. Todos los objetivos ‘positivos” de Tommy son falsos. Eso se notó con la furia con la que reaccionó ante la oferta de Michael de hacer negocios que parecieran legítimos. Es lo que Tommy aparentemente quería, pero eran solo palabras. Su realidad es hacer las cosas como él cree, obligar a los demás (sea su mujer, Churchill o su familia) a hacer su voluntad. Una voluntad que muchas veces ni él mismo conoce.

Traer a Alfie de regreso también fue un absurdo. Me imagino que el motivo será hacernos creer que fue quien traicionó a Tommy (y de paso a toda la judería británica, pero esta es la BBC. (¡Los judíos sooon malooos!)

Watchmen
En octubre me tocó ver la primera serie con la que HBO pretende capturar a público tronero. Antes de darle una oportunidad a “Watchmen” me pregunté si era una serie para mí. Sin llegar al desprecio de Coppola-Scorsese, yo no soy fan ni de Marvel ni de DC. El que la serie la hubiese adaptado Damon Lindelof también me preocupaba. Yo encontré muy aburridos “The Leftovers”, pero me interesó saber que Alan Moore estaba indignado con la adaptación de su novela gráfica. ¿Quería eso decir que sería más seria, menos caricaturesca?

Efectivamente el primer episodio es serio, lo único caricaturesco es la inserción de escenas de la vida del villano Ozymandias (Jeremy Irons) ahora oculto en su castillo en la campiña francesa atendido por criados robots.  Eso es lo que queda de la novela, junto con ese un mundo donde los policías deben usar mascaras para que no los reconozcan, las lluvias de calamares que paralizan por minutos el tráfico de una ciudad, y el pasado ucrónico donde Nixon ganó la Guerra de Vietnam e Indochina ahora es el estado número 53 de la Unión Americana.

Lo que se ha cambiado es que la acción ya no tiene lugar en 1986 sino en un 2019 (con un flashback a 1921). Los villanos ya no son los que manipulan la amenaza nuclear sino supremacistas blancos que aterrorizan a la población de Tulsa, Oklahoma, principalmente la afroamericana que ahora es la mayoría.

A pesar de que los puristas han rechazado este ejercicio en corrección política que ha arruinado la esencia de la novela de Moore, los Niños de Verano se han mostrado abiertos a esta nueva interpretación. HBO puede respirar tranquilo, en su segunda semana “Watchmen” continuó manteniendo cautiva a una audiencia de 1.3 millones de televidentes.

En lo que respecta mí, me descaminaron al final del segundo episodio. La encontré ininteligible, llena de mensajes cruzados y confusos, de personajes que no acababan de capturarme. El que me cayó mejor, el jefe de policía interpretado por Don Johnson terminó linchado al final de ese episodio, y para el segundo nos tuvieron la revelación de que en realidad era villano. Yo sin personajes que me capturen, estoy totalmente perdida.

Catalina la Grande
Esta ha sido mi mayor sorpresa. Me aburrió a tal punto que he visto más “Watchmen” que a la saga de Dame Helen Mirren. Dame Helen es incapaz de desilusionar a su público, pero no basta para salvar una serie que no ofrece ni siquiera un buen juego de tronos. La Emperatriz manda matar a un rival y su hijo quiere suplantarla como monarca. Eso lo podemos ver en cualquier teleserie turca de época. ¿Que hace a esta diferente?

Se supone que estamos en Rusia en el Siglo XVIII. Un país muy distinto al resto de Europa y no se siente así. Hay mucha mención de que Cati quiere hacer reformas, pero eso es Tell y no Show. Los ambientes incluso exteriores son estrechos, oscuros y hay mucha sensación de la presencia de imágenes digitales. A ratos pareciera que tuvieran telones de fondo. Lo mismo ocurre con el vestuario que es poco llamativo.

Cuando uno recuerda el temperamental paisaje córnico de “Poldark” o los lujosos e iluminados espacios y deslumbrantes vestuarios de la Maria Antonieta de Sofia Coppola, pensamos que esa es nuestra imagen del Siglo de las Luces. No estas señoras que lucirán pelucas empolvadas, pero hablan como victorianas burguesas del Masterpiece Theater. ¿Que hace a los rusos más interesantes que otros personajes de series de época? ¿Que hace a Catalina sobresalir sobre otras reinas? Eso es lo que nos mostró “Velikaia”, la versión rusa del auge de la famosa emperatriz.
María Antonieta toda luz

Catalina toda oscuridad

Siempre he sentido que Catalina fue una soberana sobrestimada y que en términos de cultura popular más se la recuerda por su voraz apetito sexual. Esperaba que esta serie enfatizara sus logros por sobre su leyenda negra. Pues ahí erraron. Nos han querido dar una historia de amor y poder que no funciona.

Cuando Catalina conoció a Potemkin tenía 33 años y el 23. Incluso se rumoró que habían tenido una hija tal como que se habían casado en secreto. Dame Helen tiene 74 y los luce. Su amiga, la Condesa Bruce tenía la misma edad, casi 20 años menos que Gina McKee que la interpreta en la serie. Verlas espiando a Potemkin y riéndose como colegialas se siente…rarito. En cuanto a Potemkin nos lo describen como “joven y guapo”. …El pobre cincuentón Jasón Clark se ve viejo, gordo y con esa cara de calabaza de Halloween, francamente feo.
33 años...en cada orejita.

¿Joven y guapachoso? I think not.

HACHE
En general le huyo a las narconovelas. Son tan crudas y, a diferencia de “Peaky Blinders”, uno sabe que lo que ve en pantalla ocurre en la vida real. Por eso no me atraía ‘Hache”, la nueva “Reina del Sur” de Netflix, pero me encaminaron a ella dos factores: tiene lugar en la Barcelona de 1960 y su protagonista Adriana Ugarte, es mi actriz favorita de los dramas de época españoles de este siglo. Pero que lejos está de Sira, la modista o de “La Señora”.

Adriana ha crecido mucho como actriz y aquí lo demuestra ya desde el comienzo y eso que el personaje evolucionará en maldad e inmoralidad a través de ocho capítulos. Así vemos a Helena (“con hache”) ser una obrerita metida a prostituta para sobrevivir, mantener una hija, e intentar ayudar al marido preso.

La vemos asustada, desesperada y determinada con esa mirada torva, ese pitillo siempre colgando de los labios y ese modo de hablarle con brusquedad y casi brutalidad a su hija que contrasta con la ternura con la que habla de la niña en sus visitas a la cárcel. La ternura que le brinda al marido, siempre intentando fingir que es la Helena antigua, la fiel, la que se mantiene a punta de coser ajeno.

Lo cierto es que Helena está recorriendo las calles del Reval en busca de clientes a los que atender y desvalijar. Huyendo de uno de ellos, Helena encuentra refugio en El Albatros, un bar de postín, propiedad del hampón Malpica (Javier Rey).

Tras salvarla de una pateadura y deshacerse del cliente, Malpica paga una noche por los servicios de Helena. Lo ha impresionado que ella se defienda a mordiscos de su agresor. Es que Malpica es un ser retorcido que a ratos puede hasta inspirar lástima hasta que lo vemos agarrotar a un empleado con sus propias manos.

Hache es un noir, una historia de crímenes e investigaciones detectivescas. El tercer protagonista es el Inspector Vinuesa (Eduardo Noriega). Todavía de luto por la muerte de su esposa, ha pedido el traslado a un lugar y tranquilo y ha recalado este puerto soñoliento catalán. Solo que Barcelona se va a convertir en un polvorín. Y aquí es donde entra la historia.

En 1960, Lucky Luciano decidió convertir a Barcelona en un punto de paso de la droga que salía de Italia rumbo a Nueva York. Vinuesa ni se imagina, cuando encuentra un cargamento de muñecas que las olas traen a la playa, que está ante lo increíble, un tráfico de lujo.

Dentro de las muñecas hay frasquitos llenos de polvo blanco y la inocencia del cuerpo de policía provinciano conmueve. Nadie sabe de qué se trata. Como es una oficina muy pobre, no tienen peritos. Deben recurrir a un catedrático de la Facultad de Medicina quien les informa que es heroína pura (otra palabra que comienza con hache).

Vinuesa también encuentra (con las muñecas) un cadáver con un balazo en el cuello. Descubre que hay otros dos cadáveres asesinados de manera similar en las cercanías, pero…a nadie le interesa investigar. El superior de Vinuesa se indigna cuando el nuevo comienza a levantar piedras. Le dice que todos en el departamento quedarán sin empleo. “De arriba” no quieren que se investigue.

Es que estamos en 1960, el comienzo de la apertura de España Franquista al mundo exterior. Hay que atraer al turista, hay que dar la impresión de un país idílico, buen clima, gente amable, nada de asesinatos inexplicables ni muñecas que ocultan drogas en su interior.

Sin embargo, en este país idílico no hay libertad para protestar. Las huelgas están prohibidas. Por haber organizado una, el marido de Helena está preso. Porque un guardia murió en la protesta, le han dado cadena perpetua. El abogado defensor (al que Helena le paga con sexo oral) cree que se puede untar la mano de los jueces, pero Helena necesita algo más que hincarse delante de la bragueta de los representantes de la ley.

Por eso volverá donde Malpica y aceptará ser su mujer, por eso irá ascendiendo (o descendiendo) en el ámbito del crimen para conseguir ese dinero con el que pueda sobornar al mundo del poder. Pero es una tarea ingrata porque el narcotráfico siempre ha sido turbio, sucio y peligroso. Tal como lo es Malpica, un enfermo que gusta marcar a sus mujeres con un hierro candente como si fuesen reses.

Malpica vive del dolor ajeno para apagar el propio. Durante la Cruzada (no se sabe para qué bando peleo) recibió un balazo en una pierna que le provoca un malestar constante y le impide vivir. Le dice a Helena que quisiera que le hubieran amputado la pierna, antes que ese dolor insoportable que mitiga con el uso de la morfina. Cuando Malpica dice la mujer del cónsul estadounidense “es una adicta. No se la puede controlar” está hablando de él. ¿Podrá controlarlo Helena? Sin embargo, no esperemos una historia de amor. Ninguna narconovela lo es.

Confieso que me cuesta verla, pero está bien hecha y bien actuada y es lo más decente (nuevo) que haya visto en Netflix este año No sé si la acabaré. Ya esta semana llega la sexta temporada de “Ray Donovan” donde también tenemos historias crudas y criminales sin piedad, pero también hay amor familiar, ternura y humanidad.

¿Han visto estas series? ¿Qué opinan de ellas? ¿Qué otras cosas han llamado su atención esta temporada otoñal?

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Gossip Girl (2007-2012): Televisión del Ayer



He descubierto que en momentos de crisis que yo no puedo solucionar (muerte de mi padre, perdida de mi biblioteca, revolución en Chile) lo único que me ayuda es una serie que me transporte a otra realidad, a un mundo exótico, pero donde yo no sea mero testigo, sino que pueda interactuar con los personajes, aunque sea en un fanfiction mental. Sorprendentemente, mi salud mental fue rescatada este otoño por algo que no era de época, pero por haber acabado hace siete años ya es considera “televisión del ayer”: me refiero a “Gossip Girl” ("Reina Cotilla"en España, "Chica Indiscreta"en America Latina)

En su día, yo vi un par de episodios y para ser una serie de adolescentes me sorprendieron dos cosas:  la fantástica moda poco común en una etapa donde las chicas viven en jeans, leggins, camisetas y zapatillas de tenis; y las múltiples alusiones a cine retro y literatura clásica.

Hoy “Gossip Girl” vuelve a sorprenderme, pero viendo la serie descubro que no es casualidad. Se trata de un proyecto que tiene una sólida inspiración literaria, un respeto a una Nueva York inmortal, al set que la construyó y, en general, un respeto por el pasado que se manifiesta desde el énfasis de las heroínas de usar más faldas que pantalones, hasta ese concepto románticoen el que ambas creen de que a pesar de cuantas camas recorran, en la vida solo hay un amor único y verdadero.

Pionera de la Era de Streaming
A pesar de que estuvo rodeada de crítica, y sus ratings (medidos de manera tradicional) sufrieron de altibajos, “Gossip Girl” gozó de un fandom sólido y duró seis temporadas. Además “Gossip Girl” fue pionera del streaming cuando se descubrió que sus seguidores no eran de la generación que ve tele. La bajaban en sus i-phones por lo tanto estaban fuera de los radares de la sintonía.

Para quienes no hayan sido fans del show, esta es la historia de dos pobres niñas ricas que compiten por todo (incluso hombres), pero que no pueden evitar ser amigas. La acción tiene lugar en el Alto Manhattan (mejor conocido como Upper East Side) donde obviamente vive la alta sociedad de la cual Serena van der Woodsen y Blair Waldorf son orgullosas integrantes.

“Gossip Girl” está basada en la serie de novelitas para adolescentes escrita por Cecily von Ziegesar.  La autora decidió, a principios de siglo, escribir una serie de novelas juveniles inspiradas en sus años escolares en la prestigiosa escuela NIghtingale-Bramford. Así creó este mundo de chicos que estudian em St. Jude (para varones) y Constance Gilliard (para nenas) Pero rara vez vemos a los estudiantes en clase, puesto que se sienten más cómodos en el Caribe, esquiando en Sun Valley o en alguna exclusiva fiesta de Blair Waldorf, la Queen Bitch, de Constance Gilliard.

Los problemas de Blair, que es novia del codiciado Nathaniel “Nate” Archibald, comienzan cuando regresa a su vida, Serena la chica mala del grupo que ya se dio su revolcón con Nate quien no puede olvidarla. A través de varias novelas vemos a Blair perder su virginidad, enamorarse de otros, pero nunca perder a Nate del todo, aunque este junior drogadicto y pérfido la engañará cien veces. Serena también salta de cama en cama como un cangurito hasta que aterriza en Hollywood. Todo muy documentado por la bloguera anónima del website Gossip Girl que, tal como una Louella Parsons tecnológica, siempre está informando a sus lectores de los chismes del momento.

Aunque los adultos criticaban estas novelitas llenas de sexo, drogas y otros pecadillos (Naomi Wolf las describió como “corrupción empaquetada”), los jóvenes las devoraban y se esperaba con ansias una versión fílmica, pero Lindsay Lohan nunca llegó a meterse en la piel de Serena. Me parece bien puesto que hubiese sido una copia de su “Mean Girls” y Blair y sus seguidoras (conocidas como Minions o “Mean Girls”) hubiesen sido una parodia de Rachel McAdams y su sequito de acolitas en ese filme de la Lohan.

Al final fue Warner quien compró los derechos y se encontró ante un dilema. Querían tener una serie que fuera lo que “Beverly Hills 90171” había sido para los adolescentes de los 90, y “The O.C.”  para los de comienzo de siglo, pero también deseaban algo diferente, algo que atrajese a otro público también.

Lo consiguieron primero bajándole a algunos temas constantes en las novelas: el sexo promiscuo; el mal uso de drogas; el padre de Nate es el drogadicto ahora no su hijo. Aquí nadie explora sexo alternativo, aunque hay muchos romances curiosos (Blair se casa con un Príncipe de Mónaco y Serena casi llega al altar con ese tabú del romance moderno, “el hombre mayor”).  Se elevaron ciertos secundarios a roles protagónicos como fueron los casos de Chuck y Dan; y los padres, sobre todo las madres, adquirieron vidas propias propiciando una de las mejores citas de “Gossip Girl”: “llega un momento en la vida de toda chica en que descubre que su madre está peor que ella”.

A pesar de que los fans de las novelas chillaban ante el destrozo de sus novelitas, “Gossip Girl” se convertía en el primer hit de la Era del Streaming, nos atrapaba a mujeres de todas las edades y durante la huelga de guionistas del 2007, cuando Warner se dedicó a repetir y repetir la primera temporada, la serie se convirtió en una nueva fórmula de éxito.

La serie es más adulta que las novelas, sus personajes son más profundos y están más interesados en sus estudios. A diferencia de las novelas que se ocupan más de la secundaria, para la tercera temporada, el Brat Pack del Alto Manhattan ya está en la universidad. Un cambio que permite nuevas oportunidades para que ingrese una diversidad de personajes y de desafíos para Serena, Blair y sus amigos y enemigos.

 Con “Gossip Girl” no solo fuimos a prestigiosas y vetustas universidades, también nos fuimos de compras a París, de vacaciones a Mónaco y hasta a Hollywood. No voy a contar spoilers solo les digo que el último episodio nos tuvo a Blair y a Serena casadas, y (por suerte) Nate no fue marido de ninguna porque el pobre tenía menos sex-appeal que un bolsillo roto.

Serena van der Woodsen: Entre Hester Prynne y Madame Olenska
Voy si a describir el primer episodio que me dejó boquiabierta. Nos solo por espectacular, pero es que además sigue todas las reglas literarias de cómo debe ser un primer episodio en un libro o serie. En lenguaje televisivo chileno “tiraron toda la carne a la parrilla”.  Comenzamos con una fiesta en la que está presente todo el haute monde del Upper East Side, incluyendo al Brat Pack y a sus padres.

Vemos por primera vez a Blair (Leighton Meester), linda, bien vestida, segura de sí misma, pero en un pasillo se tropieza con Eleanor Waldorf (Margaret Colin), diseñadora estrella y madre de nuestra protagonista. Al notar que su hija luce uno de sus diseños, Eleanor sutilmente le explica que no tiene cuerpo para ese vestido…Y Blair se derrite como helado, es un milagro que no ruede por el suelo o que huya cambiarse. Uff sabré yo de eso, sin ser despampanante yo también me he sentido guapa y bien vestida solo para que una pullita de mi madre bastase para robarme toda la confianza.

Blair tiene motivos para estar preocupada. Hasta ahora se ha conservado virgen, pero ha decidido que si Nate (Chase Crawford) va a ser su marido y padre de sus hijos también debe ser quien la desflore. Esta es la noche indicada. Solo que un poco antes de la fiesta, la misteriosa bloguera Gossip Girl ha alertado a Blair y sus Minions que acaba de ver bajar de un tren en Grand Central de Station, a Serena (Blake Lively), maletas y todo.

Serena es la zorra-en-residencia del Brat Pack y mejor amiga de Blair, pero hace seis meses desapareció en misteriosas circunstancias. Blair no le ha perdonado abandonarla cuando más la necesitaba (el padre de Blair abandonó a Eleanor y salió del closet huyendo con un modelo más joven que el).

La versión oficial es que Serena se ha ido a un internado, pero apenas se aparece en la fiesta en busca de su madre, Lily van der Woodsen (Kelly Rutherford), todas las lenguas de los presenten se unen en un gran coro de conjeturas. Unos presumen que tuvo un bebé, otros que estuvo en algún programa de rehabilitación, otros que se fue tras un hombre. De pronto Serena pasa a ser Hester Prynne con una enorme Letra Escarlata en su blusa a rayas.


El único que no conjetura es Nate a quien solo le basta ver a Serena para que Blair pase a segundo, que digo, tercer plano. Este es un comienzo de una historia que no se parecerá a las novelitas, pero que, aunque telenovelera está cargada de misterio y suspenso. ¿Por qué se fue Serena? ¿Por qué regresó? Tenemos el triángulo perfecto, las amigas y rivales que se aman y se odian y una serie de secretos que irán desenredándose a lo largo de la temporada.

En el libro no era así, Serena estaba en un internado del cual la expulsaban por malviviente y volvía sin grandes misterios. Aquí es diferente. En el mismo episodio descubrimos que Serena regresó porque su hermanito Eric (Conor Paolo), de catorce años, intentó suicidarse y lo tienen internado en una clínica psiquiátrica. Esto le da una nueva dimensión al personaje de Serena quien es más sensible e intuitiva que en el libro.

Entretanto, Lily ha cerrado su casa en Sutton Place y se ha trasladado a una suite en el majestuoso New York Palace. Este hotel existe solo que en la serie lo hacen propiedad de Bart Bass (John Robert Burke), padre del insufrible Chuck Bass (Ed Westwick), el Bad Boy del Brat Pack. A la mañana siguiente, Serena, tras un agotador intento de reconciliación con Blair (sobre Martinis y estas nenas solo tienen 16 años), descubre que Chuck es dueño del hotel.
El New York Palace

Chuck la invita comerse un sándwich de queso fundido en la cocina de su hotel y como pago se le encarama encima. Serena lo neutraliza con un rodillazo y le explica que ha cambiado. “Me gustabas más antes” gruñe Chuck. Esta escena es importante porque Serena declara públicamente su propósito de enmienda, algo que la distancia de la Serena de los libros. También Serena descubre que el Alto Manhattan ya no es su mundo, que ni sus amigos ni su madre la quieren cerca. Se ha vuelto Madame Olenska.

Chuck jura venganza y él le sabe algo a Serena. Esto es lo fantástico de esta serie. Los personajes son como los de “La muerte de Stalin”, todos conocen un secreto ajeno que les permite chantajear al de al lado. El secreto de Chuck es que vio hace seis meses a Serena y a Nate revolcándose en el exclusivo Campbell Apartment.

Cuando Nate le confiesa la verdad a Blair en el segundo episodio, el secreto deja de serlo, y Blair también jura venganza. El que Nate acose a Serena con sus plañideros requiebros tampoco ayuda. lo bueno es que la rubia ya entregó su corazón a otro. Un acierto de la serie fue tomar un personaje aburrido Dan Humphrey (Penn Badgley), el fumador empedernido con dudas sobre su orientación sexual, y convertirlo en hetero, no fumador y  el héroe de facto.

El problema de Dan, y que dilatará su felicidad hasta el capítulo final de la serie, es que es tan moralista y estrecho de mente como Newland Archer lo que le acarreará problemas con su familia y con Serena.
Blair como May y Dan como Newland Archer 

Edith Wharton, Metropolitan y Cruel Intentions
No es coincidencia que se encuentren paralelos entre “Gossip Girl” y la obra de Edith Wharton. Ambas tratan sobre esa aristocracia neoyorquina con reglas centenarias, amores clandestinos, e intrigas que pueden arruinar vidas,  por algo The New York Sun tituló su reseña de la serie The Gilded Age is Back

Brendan Bernhard nota algo que yo me había perdido, que el comienzo de la serie es casi un plagio del inicio de The House of Mirth, lo que hace que Serena se convierta en Lily Bart, otra víctima de las habladurías de la alta sociedad. Solo que Serena vive en otra época, tiene otras opciones y sobrevive a la mala reputación que le enrostran.

“Gossip Girl “se aleja del esquema de series juveniles gracias a este retrato del mundo exclusivo de Manhattan, un mundo con raíces en doscientos años de presencia en la isla. Estos no son los millonarios de Long Island que aparecen en “Sabrina” o “Revenge” que van a la Gran Manzana de compras o a cenar.

Aquí los Archibald son dueños de una impresionante Brownstone, una de esas casonas de tres pisos que casi no quedan. Lily y sus hijos viven en un exclusivo hotel donde Chuck también (como codueño) conserva una suite que es su garçonniere permanente. Y las Waldorf viven en un lujoso pent-house. Todo en el Lado Este del Alto Manhattan. Solo los Humphrey habitan un humilde y estrecho departamento en Brooklyn.
La Mansión Archibald

A pesar de sus vacaciones en los Hampton, Anguilla o Santorini, los protagonistas de “Gossip Girl” están anclados en ese espacio geográfico que una vez se llamase Nueva Ámsterdam y que explica la abundancia de apellidos holandeses como van der Lint, van der Woodsen y por supuesto el anillo del Comodoro Vanderbilt que se convierte en la argolla de compromiso de Blair. A pesar de su juventud, Blair, Serena, sus hombres, sus padres y amigos, son esclavos de un volumen de tradiciones que deben ser conservadas desde la escuela a la que asisten hasta la famosa presentación de debutantes.

Las vidas de los personajes están reguladas por un calendario social de eventos de caridad, bailes de máscaras hasta una piyamada tradicional de Blair que incluye Martinis, sabanas de satén y unos juegos un poco peligrosos. 


Es ese marco del Ancien Regime neoyorquino y sus tradiciones hereditarias, lo que emparienta a “Gossip Girl” con esa gema de Whit Stillman llamada “Metropolitan”.

A pesar de que Stillman siempre ha ligado su obra con la de Jane Austen, ha incorporado sus recuerdos juveniles del Nueva York a una fábula romántica donde también un afuerino (del West Side nada menos) Tom Townsend persigue el amor de otra Serena un poco más distante que el personaje de Blake Lively durante esa semana entre diciembre y enero en que la alta sociedad neoyorquina llama “The Season”,  y que siempre ha sido la oportunidad para las colegialas de ser presentadas en sociedad. En “Gossip Girl”, por alguna razón, el cotillón es celebrado no para presentar a chicas recién egresadas de la secundaria sino juniors (alumnas de tercer año de high school). 
Serena y Blair a punto de ser presentadas en sociedad

Además de hacerlo con Edith Wharton y Whit Stillman, “Gossip Girl” mantiene paralelos con esa fascinante adaptación de Les Liaisons Dangereuses llamada “Cruel Intentions” El filme que convirtió a Ryan y a Reese en la pareja It de Hollywood hasta que Brangelina los derrocó,  comparte con la serie de Warner Channel ese ambiente  del jet set del Alto Manhattan, pero también de dinero antiguo, de apellidos importantes y de escuelas privadas para los que en mi época se conocían como “preppies”.

Sin embargo, ni Serena es Annette, ni Blair es Catherine Merteuil.  Ni siquiera la relación dominante de Catherine y Cecile se ve reflejada en la de Blair y Jenny Humphrey (Taylor Momsen). Tal vez porque Blair es más vulnerable y humana que Catherine y Jenny menos pasiva y más lista que Cecil. Pero el ambiente es el mismo con sus cliques, sus normas y esa combinación de vieja guardia con nouveau riche.

Amor a la Antigua
Manhattan se convierte en una sala de juegos para estos niños que practican deportes de adultos.  Por eso el panorama es muy importante. Hay una escena que se quiso filmar en California, pero, por suerte, se terminó filmando en Central Park en la cual Blair encuentra a Serena leyendo bajo un arco  en Bethesda Terrace y bajo lluvia torrencial. La combinación de ese clima neoyorquino (aquí llueve todo el año), de la arquitectura decimononica, de chicas cómodas en ese ambiente tan conocido y a la vez tan pretérito, es lo que encierra toda la magia de “Gossip Girl” y explica por qué estoy colgada de una serie tan millenial.

“Gossip Girl” comparte esas características con “Crazy Rich Asians”. Ambas presentan una combinación del brutal consumismo moderno con códigos característicos que han mantenido a flote a grandes familias. En “Gossip Girl” cuando arrestan al padre de Nate es una tragedia doble, porque eso no le sucede a un Archibald. Cuando Nate va a pedirle matrimonio a Blair lo hace con un anillo de familia. Lily van der Woodsen podrá ser una Valley Girl millonaria, pero no sería aceptada si no se hubiese casado con un miembro de una familia de la alta sociedad neoyorquina o si su madre no fuera CeCe Rhodes, exalumna y parte del comité de Constance Gilliard.
Serena,  su abuela y su madre

Otra característica que asocia a “Gossip Girl” con la literatura victoriana es el modo en que se vive el romance. Las series juveniles nos han acostumbrado a este espectáculo de chicos que exploran su sexualidad en un mar de intercambios de pareja, y coito express. No así en “Gossip Girl”. Serena tendrá un nuevo romance en cada temporada, pero está claro que siempre es porque su verdadero amor la ha defraudado. Todas esas relaciones solo sirven para reafirmar su devoción al que será su marido.

Blair alternará su cansino compromiso con Nate con un romance con un noble inglés, una noche de deliberada y oportunista pasión con Jack, tío de Chuck, y ni hablar de esa etapa surrealista donde cree estar enamorada de Dan. Lo cierto es que todos esos idilios nacen de su terquedad. Hasta se casa con el Príncipe Luis Grimaldi en un esfuerzo por negar que ama a su primer amante que se convertirá en su segundo marido.




Blair en un De La Renta victoriano y tiara, lista para besar a Dan



Parte de la importancia de este tropo de amor único y verdadero se consigue gracias a que el sexo no es ni gráfico ni abundante. Ni Blair ni Serena son feministas ni exploradoras sexuales y la serie nos lo muestra evitando en los primeros episodios toda escena de sexo (aparte de Chuck quien siempre tiene a un par de prójimas anónimas en la cama, pero eso es para enfatizar su libertinaje). A partir del capítulo séptimo la cosa cambia. Pero la simultanea perdidas de virginidad de Dan y Blair (no juntos obviamente) son vistas como sucesos trascendentales que cambian a todos los involucrados.

Hay escenas cómicas como la de Blair que, tras perder su inocencia con el hombre equivocado, corre a San Patricio donde solo en el medio de su confesión recuerda que no es católica. O conmovedoras como Serena que antes de hacer el amor dice que es su primera vez…Dan se sorprende. ¿Acaso es virgen? La tristeza de Serena al decir “ojalá lo fuera” para explicar que es la primera vez que ve ternura en los ojos de un compañero de cama me arrancó un lagrimón.

Chicos Ricos, Chicos Malos, Chicos Feos
Mi único problema es que, aunque me es fácil identificarme con las chicas, me cuesta ver el atractivo de los varones. Se entiende, son niños, pero es que ni siquiera son muy guapos como lo era Ryan Philippe en Cruel Intentions” o los chicos de “Metropolitan”. Creo que tiene que ver con looks, cortes de pelo y vestuario. Nate que es el más presentable, parece una prenda recién extraída de la lavadora, muy limpia pero blanda, húmeda y sin ningún atractivo. Chace Crawford parece armado con partes de Chris Pine,  Rob Lowe y Blanca Suarez.

Penn Badgley quien da vida a Dan Humphrey parecía un monito con esas patillas. Por suerte en un par de temporadas le variaron el peinado hasta convertirlo en un cruce entre Mark Ruffalo y Sal Mineo. Pero el pobre Ed Westwick no tenía remedio, ni un cambio de peinado evitó ese look que los productores tildaron de “asesino serial”.
Dan al comienzo


Además, que para ocultar su acento británico se puso a imitar al Carlton de “The Fresh Prince of Bel Air” y más sonaba como Paul Muni haciendo de chino en “La Buena Tierra”. Ni hablar de sus ojos de varano malayo o su nariz de tapir o ese vestuario extraído del closet del Guasón. Una lástima porque Chuck es el mejor personaje de la serie.
ni un cambio de peinado mejoró el aspecto de Chuck ... ¡y ese vestuario!

Pero es que ni los hombres mayores daban la talla. Matthew Settle, quien da vida al compresivo Rufus Humphrey, padre de Dan, se vio guapísimo como el Capitán Spiers en “Band of Brothers” y Warren Beatty en “The Mystery of Natalie Wood”, pero aquí parece lo que es su personaje, un ex roquero trasnochado.

 Al final el mejor parecido es el mayor villano, Bart Bass. John Robert Burke imprime a Bart esa aura de seguridad, flexibilidad física y masculinidad que yo asocio con un hombre guapo.

Hablando del vestuario, se podría escribir todo un ensayo (y odas) sobre esa ropa maravillosa que visten los protagonistas y que eclipsa las estridentes creaciones de Carrie Bradshaw y sus secuaces en “Sex and the City”. Aunque Blair y Serena han lucido ropa de grandes diseñadores, hay que elogiar a Eric Daman el creador de la mayoría de los looks que usan las chicas. 
Serena en Ralph Lauren

Blair en Stella McCartney

Blair y Serena en Oscar de La Renta

Unos looks a veces extravagantes otras muy chic que enfatizan las faldas sobre los pantalones.  Algo que también tiene en común con “Crazy Rich Asians”.En toda la primera temporada solo hemos visto a Blair en pantalones dos veces, y esto es significativo en un personaje que mínimo se cambia tres veces de tenida por episodio.
Looks creados por Eric Daman para Blair

Blair con looks Retro
Los vestidos de "Crazy Rich Asians"
Aun en pantalones se ven vintage

 Serena es mas de andar de sport y con jeans, pero también privilegia los vestidos, minivestidos, micro minifaldas…etc. Lo interesante es que arriba de esos dobladillos hay combinaciones extraordinarias, elegantes y clásicas que nos llevan a otras décadas.
Serena con diferentes largos de falda

Pero lo que más nos acerca al pasado es el modo en que se enfocan relaciones que han producido conflicto desde la prehistoria: padres e hijos, amigos y amantes. ¿Se pueden perdonar los pecados de los padres?  ¿Están los hijos predestinados a cometer los mismos errores que sus progenitores?  ¿Se puede tener amistad con quien en cualquier momento se puede convertir en tu peor rival?  Y la pregunta del millón: ¿existe un amor único y verdadero?

Ciertamente a Blair le costó encontrarlo y se pasó seis temporadas intentando huir de ese amor confuso y a veces, vergonzoso. Lo mismo ocurre con Serena, pero al final la serie terminacomo las viejas telenovelas con una protagonista vestida de novia y la otra (ahora matrona, madre y profesional) organizando la boda.

Bloggin el Arma Moderna de la Vieja Chismografía
Por supuesto que oiremos a los escépticos decir que, aunque aparentemente la trama sea universal y eterna, la presencia de tecnologías de punta y redes sociales específicamente la sitúa en este siglo. Algo de verdad hay en esa aseveración. Cuando Cecily von Ziegesar publicó su primera novela, los blogs estaban en pañales (se les llamaba diarios en línea) y nadie predecía el impacto que las redes sociales iban a alcanzar puesto que la mayoría no existían.

Para cuando “Gossip Girl” debuta en el otoño del 2007, Internet está viviendo la Era de Oro del blogging. Existen ya Facebook y YouTube, y Twitter acaba de cumplir un año, lo que hace posible esa visión surrealista de como todos los personajes, aun en diferentes puntos del planeta, se enteran del ultimo chisme gracias a un tweet de la mágica bloguera.
El Blog de Gossip Girl

Sin embargo, reafirmo mi tesis de que “Gossip Girl” puede haber existido en otras décadas del siglo XX, aun las sin acceso a celulares o que preceden al invento de la World Wide Web. Una imagen del cine del viejo Hollywood es esa de periodistas que corren a la cabina telefónica más cercana para alimentar espacios de periódicos donde columnistas de farándula y cronistas de sociedad se esmeran en perfeccionar el arte de la chismografía.

Películas como “The Aviator” y series como “Feud” nos mostraron el poder de columnistas y chismógrafos como Walter Winchell, Hedda Hopper y Louella Parsons que manejaban las vidas de los ricos y famosos y que podían destruir a una persona con una sola columna o un mero programa radial. Y aunque más lentos que una cámara en celular personal, los paparazis han existido para documentar los pecadillos de los ricos y famosos desde los Locos 20. ¿Se acuerdan, los fans de “The Crown” de cómo se supo por una fotografía, que la Princesa Margarita y Peter Townsend eran más que amigos?

Cuando yo era jovencita había programas de radio dirigidos a la audiencia juvenil (“Lolos” se les llama en Chile) donde uno podía llamar y contar un chisme o “copucha” que luego el radio animador daba a conocer. Así una amiga mía se enteró que el novio la engañaba.  Suena como algo que haría la Gossip Girl ¿No?

“Gossip Girl” tuvo una gran influencia sobre otros shows dirigidos al público joven como “The Carrie Diaries” o “Pretty Little Liars”. Incluso vemos su ascendiente en “The Chilling Adventure of Sabrina” en la relación de la brujita con The Weird Sisters y Nick Scratch. Pero ninguna ha tenido esa combinación del pasado literario con el consumismo/materialismo del siglo XXI. Este año se ha hablado de rehacer esta serie, noticia que no me alegra. No creo que puedan conseguir lo que fue “Gossip Girl”. No está en el zeitgeist.