miércoles, 1 de julio de 2020

Barkskins: Una Historia de los Bosques Canadienses



No sé cómo calificar a “Barkskins” y eso hace difícil su recomendación, aunque la merece. Basada en el superventas de Annie Proulx (Brokeback Mountain), puede ser considerada un drama histórico, novela medioambientalista,  incluso una denuncia al racismo canadiense, pero tal como la han traducido en el canal del National Geographic, se ha convertido en una combinación de western colonial y whodunnit histórico, muy entretenida, aunque enigmática.

Solo 100 páginas del Libro Original
El libro de Proux cubre casi cuatro siglos de las vidas de dos familias canadienses: los aristocráticos Duke y los mestizos Sel. Ambas familias trazan su linaje hasta dos delincuentes de poca monta que, a fines del Siglo XVII, son condenados a servitud en la colonia de la Nueva Francia, hoy Canadá. A pesar de que Rene Sel y Charles Duquet (luego Duke) aparecen en la trama, sus historias son disminuidas ante la magnificencia de personajes como el extravagante Claude Trepagny (David Thewlis) y el severo, pero justo, Hamish Goames (Aneurin Bernard).

El haber basado un libreto solo en las cien primeras páginas del libro excluye muchos mensajes que vinculan este relato colonial con el presente, dejando nada más que una serie de misterios que resolver y una visión de un mundo fronterizo que la convierte en un western colonial. La Nueva Francia es una zona de conflicto con personajes atrapados entre la codicia de los blancos y las tribus nativas que quieren proteger su hábitat y no saben en quien confiar, porque tanto los franceses como los ingleses tienen ofertas apetitosas mancilladas por la ambición

Los franceses han traído a estas tierras su idioma y religión, pero también la escoria gala representada tanto por el taimado Duquet (James Bloor) como por el corrupto Capitán Bouchard (David Wilmot). Enfrente están los ingleses de la Compañía de la Bahía del Hudson que quieren expandir su poderío en el Nuevo Mundo alcanzando tierras que rinden tributo a Luis XIV. Para eso se infiltran poblados franceses como Wobik, donde tiene lugar la historia, envían agentes, compran servicios de los nativos y perpetran masacres como la que inicia esta historia.
René Sel llega a Wobik

Wobik, en la provincia de Quebec es un típico pueblo fortaleza de la Canadá Colonial. Está en las riberas del San Lorenzo entre el poblado de los amistosos Wendat y cercano a las tierras de los levantiscos iroqueses que han hecho ya un trato con los ingleses. Hay colonos que optan vivir fuera de los muros y empalizadas de Wobik y pagan un precio. Un pequeño reducto es atacado por los iroqueses. Los únicos sobrevivientes son un sacerdote que parece haber perdido la razón y una niña que parece haber perdido la voz.
Goames y la niña sobreviviente

Bouchard y sus secuaces cuelgan y empalan a los prisioneros iroqueses y los dejan expuestos como escarmiento. Ese es el espectáculo que recibe a Hamish Goames y a su compañero el “civilizado” nativo obijwe Yvon (Zahn McClarnon). Goone ha venido en nombre de la Hudson Bay Company en busca de Randall Cross, otro agente. Pronto Goames descubre que el pueblo está lleno de misterios y que, desde Bouchard hasta la tabernera Mathilde (Marcia Gay Harden), poseen información sobre Cross que le ocultan, información relacionada con el ataque iroqués.

Quien más sabe es Elisha Cooke (Thomas  M. Wright) , el tonelero, al que se le permitió vivir en Wobik debido a su esposa francesa cuya muerte el inglés todavía llora. Un viaje de Goames de regreso con la Hudson Bay Company le revela que Cooke es un espía inglés, que, junto con Randall Cross, confeccionó un plan para que los iroqueses mataran a los colonos.

Goone comienza a reflexionar si es una buena idea servir una compañía tan corrupta, inmoral y brutal, pero sigue empeñado en saber la suerte de Cross. Para entonces ya sabremos que se trata de una misión personal. La hermana de Hamish es Mrs. Randall Cross. Me voy a detener aquí porque no quiero contar la trama.

Cuidado con los Mcguffins
Les advierto que es una trama oscura y enmarañada, pero una vez que se la sigue es muy entretenida. Los villanos tienen su lado humano, y en realidad aparte de Goone e Yvon no hay gente muy buena. La idea es que lejos de la civilización, todos se embrutecen y pierden sus valores morales. Ni siquiera la iglesia puede civilizarlos.

Con excepción de la formidable Madre Sabrine (Leni Parker) , los religiosos que conocemos o están locos, o son glotones o solapados como el padre Jerome. Nunca llegamos a entenderlos porque todos acaban mal. Como dice Trepagny: “vinieron a buscar el martirio y eso es lo que encontraron”.
La Madre Sabrine recibe a les Filles de Roi

Otra advertencia es que tengan cuidado con los mcguffins. Muchos se centran alrededor de Trepagny, un personaje exuberante y misterioso a la vez. Se dice que es un hereje, que está demente, que practica la religión catara de sus ancestros. El mismo cree tener poder sobre los animales y haber visto al loup garou, el licántropo de los bosques canadienses. Solo les digo que si creen que se trata de una serie sobrenatural se han tropezado con una humeante pistola de Chejov.
Trepagny y la cruz cátara

Trepagny tiene secretos, es un poco irresponsable en sus romances, pero no es mala persona. Lo demuestra cuando arriesga su vida para ir a rescatar a Sel del cautiverio iroqués. Hasta nos da un poco de lástima que haya escogido como esposa a Melisande (Tallulah Haddon) la más endurecida de las Filles de Roi.

¿Quiénes fueron Las Filles du Roi?
Hora es de hablar de las Filles de Roi que ninguno de los poquísimos reseñadores de “Barskins” parece saber qué son.   Incluso hay historiadores que creen que eran criminales o prostitutas confundiéndolas quizás con las Casket Girls del Siglo XVIII que fueron a parar a Santo Domingo, Nueva Orleans y otras ciudades francesas de lo que hoy es USA como Mobile y Biloxi.

Las verdaderas Filles de Roi (Hijas del Rey) fueron participantes de un programa gubernamental que operó en la Francia a fines del siglo XVII. Eran chicas solteras,  de pueblo o ciudad de entre 12 y 25 años,  reclutadas por emisarios del rey para viajar a las colonias del recién nacido imperio galo de ultramar. Ests chicas fueron no solo al Canadá,  tambien a la India francesa (Pontdicherry) , a casarse con los colonos.
Las Hijas del Rey llegan a Nueva Francia

Sus credenciales atestiguadas por una carta de su cura párroco debían incluir virginidad, buena reputación y salud. A cada una el rey le pagaba el viaje, el ajuar de novia y una pequeña dote. Para quien vea esto como un mercado de esclavas, ninguna de las hijas del rey fue obligada a nada. Para la mayoría era una mejor oportunidad que la que les aguardaba en Francia.
Las Hijas del Rey llegan a Wobik

Al llegar a Nueva Francia no se esperaba que se casasen enseguida. A la mayoría le tomó unos meses, a otras años, encontrar un buen marido. Hubo algunas que nunca se casaron y otras que regresaron a Europa. La mayoría se convirtieron en las antepasadas de mujeres de ambos lados de la frontera. Descendientes de las Filles de Rois son una tal Madonna Louisa Ciccone, Una tal Angelina Jolie y una tal Hilary Clinton.

La serie no se detiene mucho en la validez de la organización prefiriendo enfocarse en la más rebelde y ambiciosa del grupo, Melisande que ya dije se convierte en Madame Trepagny. El caso de su amiga Delphine(Lily Sullivan)  ilustra como algunos matrimonios no tenían finales felices tal como el ejemplo de Claudette, una Fille de Roi de cargamento anterior, demuestra que la esposa abusada ya era un arquetipo del Canadá Colonial. Pero esta no es una serie de mujeres víctimas.
Melisande "maquilla"a Delphine

Cada personaje femenino, por bien o mal que nos caiga, descuella en fortaleza femenina. Mathilde la tabernera sabe defenderse de violadores y de pretendientes molestos, sabe dialogar con hombres corruptos y a pesar de ser mujer dura, tiene corazón para proteger a Renardette (Lola Reid) , “pequeño zorro”, que es como apoda a la mudita sobreviviente de la masacre. Mathilde también ofrecerá empleo y refugio para Delphine, la esposa repudiada. ¡Y hasta le encuentra un marido!
Mathilde y su Renardette

En el otro extremo tenemos a otra fémina fuerte, la Madre Sabrine. Mas allá de sus deberes de religiosa, sus consejos nacen de su experiencia pre-convento adonde llegó como viuda joven y sobreviviente de un mal matrimonio. Quizás por eso sus palabras y acciones pueden verse como poco ortodoxas, pero no inútiles.
La Madre Sabrine arregla un divorcio

El poder femenino no reside únicamente entre las mujeres blancas. Lo vemos en la mestiza Mari  (Kaniehtiio Horn) empeñada en no perder su sitio, ni la herencia de su hijo, en la Doma (mansión) de Trepagny y lo vemos en la tremendamente poderosa e inteligente Teyaronhiio ( Gail Maurice), jefa de la tribu wendat.  La imagen de los nativos de la región, de sus alianzas con los ingleses, de cómo llegan a convertirse en un peligro para los colonos franceses es lo que otorga “Barkskins” esa aura de western.
Trepagny y su familia india.

Por qué “Barkskins”no es un Western
Vemos un mundo de rudos y salvajes que a veces tienen piel blancas. Incluso las fille de roi nos recuerdan grupos de mujeres blancas que marcharon más allá de las fronteras de civilización precisamente a civilizar hombres fuesen chicas de salón, o las famosas Harvey Girls, o mail brides (novias por correo) como Sarah Plain and Tall.

Sin embargo, hay algo que separa a “Barkskins” de los western clásicos y esa es su descripción respetuosa de los nativos americanos. Aquí los indios son seres individuales dotados de personalidades propias, con humor, compasión y sagacidad. Se diferencian las tribus y sus costumbres desde los civilizados wendat hasta los un poco barbaros iroqueses que aun así tienen quejas y objetivos legítimos. Sobre ellos reina Yvon que a pesar del barniz de civilización anglosajona y su pasión por la poesía de Milton, conserva la intuición de los ojibwe lo que le permite navegar entre dos mundos y muchas veces ser la voz de la razón.
Los Wendat

Es una lástima que “Barkskins” haya sido fabricada como serie limitada, que haya tenido tan poca propaganda. ¿Se deberá a que no posee los ganchos con los que se pueda atrapar a grupos específicos de espectadores?  No hay afroamericanos, no hay gente queer, no hay siquiera una historia románticas que pueda atraer a los más sentimentales. A mí me ha gustado mucho y es un privilegio haberla visto, pero sé que pasara sin pena ni gloria opacada por historias más truculentas y estridentemente panfletarias. Pero si pueden verla, se las recomiendo.

NOTA: Acabo de descubrir que lo de “serie limitada” fue dicho debido a que el Covid19 interrumpió las filmaciones (se esperaba hacer diez no ocho capítulos) Eso explica el final abiertísimos, donde todos las tramas devienen en cliffhangers. Ojalá hagan una segunda parte. Entretanto pueden verla on Demand en National Geographic o bajarla de Hulu.




miércoles, 24 de junio de 2020

Tanques Ingleses en Polonia y Otros Disparates de “World on Fire”



Peter Bowker, creador de “World on Fire”, dijo que quería hacer un drama de época que “no pareciese drama de época”. No sé cuál sería su visión, pero lo que ha conseguido es una serie atropellada y sin contexto. No es que sea presentista, es que todos sus personajes se mueven a una velocidad tan acelerada que no hay tiempo de conocerlos o quererlos. Y si le agregamos bloopers históricos que solo corresponderían en una ucronía (y WOF no lo es) tenemos un desastre indigno aun de la mediocre BBC de hoy.

De Manchester a Varsovia
 Jonah Hauer-King (el Laurie más aburrido que hayan visto las Hermanas March) da vida a Harry Chase, un chico británico de la alta. Al menos su madre Robyna (Lesley Mandeville) lo es, una aristócrata tan cliché que parece caricatura. Antes de irse a Polonia, a traducir (no sabemos qué) en la embajada británica de Varsovia, Harry anda en amores con una obrerita, Lois (Julia Brown), que también canta, y tiene conciencia política. La tal Lois, en su tiempo libre, debe encargarse de su casa, de un hermano delincuente (Ewan Mitchell) y de un padre (Sean Bean) que todavía acarrea fatiga bélica de la Gran Guerra y por eso es ferviente pacifista.

Harry se va a Polonia y al rato anda en amores con la camarerita Kasia (Sofia Wiclacz). En Varsovia conoce a Nancy Campbell (Helen Hunt que ha envejecido muy mal) una periodista yanqui que, antes de irse a Berlín, le dice que debe abandonar Polonia, casarse con Kasia y sacarla de su país.  El obediente Harry se casa con Kasia y trata de sacarla del país, pero su mujer le encaja a su hermanito Jan (Eryk Biendunkiewicz) en el tren, y ella se queda en la estación.



Harry desembarca en su casa donde su madre no lo espera con mucho cariño. Está un poco harta de las visitas de Lois y lo menos que quiere es otro hijo que criar. Harry no da muchas explicaciones, obviamente no explica que Jan (que no sabe inglés) es su cuñado. Tampoco se lo cuenta a Lois, que ha venido de ofrecida a buscarlo.

Lois es muy avispada, sabe sumar y se da cuenta que los cuernitos en su frente son regalo de la polaca. ¿Cuál es su venganza?  Acostarse con Harry y mandarlo a freír espárragos…pero ups, no contaba con la astucia de la cigüeña. Entretanto, el padre del encargo se las ha arreglado para ser expulsado del servicio diplomático y debe enlistarse acabando en Francia y haciendo el loco porque el pobre Harry es un personaje patético. El que Jonah siempre tenga cara de estar a punto de echarse a llorar no ayuda.
¡Sin llorar! ¡Sin llorar!

El primer capítulo fue repulsivo y para mi sorpresa, muchos críticos concordaron. ¿Qué se puede decir de un episodio en el que se nos presentaron una docena de personajes, nos dieron un mínimo de información sobre ellos y antes de que pudiéramos establecer algún rapport con ellos, saltaban a otro escenario y a otros personajes?

La serie es ambiciosa, quiere ser como “Winds of War” y tener personajes en diferentes capitales europeas como París, Berlín y Varsovia. Un cambio ha sido no situar la acción (en el Reino Unido) en Londres sino en Manchester lo que la acerca a “A Family at War”, una de las primeras series inglesas en tratar el conflicto desde el home front.

Tal como en esa serie de 1973, Manchester sirve para dar mayor realce a una familia de clase obrera. Lamentablemente, no son personajes tan intensos que queramos invertir nuestra energía emocional en ellos. Al final solo sirven para estar en diferentes escenarios bélicos como Tom, hermano de Lois, que nos lleva a vivir la Batalla del Rio de la Plata desde las salas de máquinas del Exeter.

Los personajes son acartonados o incoherentes como el dicho hermano que primero quiere declararse un pacifista y negarse a ir a la guerra, luego sirve en la marina, luego quiere ser pacifista,… ¡ya, chico, decídete! Otros personajes, en cambio, evolucionan o muy mal como el protagonista que ya para la cuarta entrega es un declarado pusilánime, desobligado, y cobarde; o para bien como su madre que se ha convertido en mi favorita, sobre todo en la tierna relación que establece con el huerfanito Jan.
Robyna defiende a Jan de los bullies escolares

Los diálogos al comienzo son penosos ejemplos de banalidades como “ningún hombre es así hasta que lo es”; “Ninguna guerra es igual hasta que lo es”; y “Haz lo correcto y no lo británico”. Esto último es dicho por Helen Hunt, el personaje más esquemático de la serie. Alguien que es útil como lo es un mueble, que no tiene vida propia, y que solo sirve para exponer verdades inconfortables sin darse nunca cuenta de que como afectan al ciudadano común. Estoy de acuerdo con Ed Cummings que en el Independent, la ha llamado “estridente”.

Vagamente basada en la periodista inglesa Clare Holliworth, Campbell aparece como testigo del incidente de Gliwitz  donde prisioneros de campos de concentración fueron vestidos por la SS con uniformes polacos para luego ser asesinados. Tras fotografiar los cadáveres, los alemanes hicieron circular las fotografías como prueba de “infiltración militar” y como excusa de su invasión a Polonia.

Pues Campbell ve esto y se queda ahí esperando hasta que aparece un centinela alemán con el que intercambia un dialogo grotesco, en inglés ella, en alemán el soldado. Luego la periodista, muy pancha, se sube al auto y se marcha ignorando los gritos del soldado que, en vez de dispararle a los neumáticos, le rompe un vidrio.




Mitos y Realidades Sobre Polonia
Pronto vemos a Campbell en Berlín reportando vía onda radial lo que pasa en Polonia y nos sale con otro de los mitos propagados por historiadores que, hoy se sabe, son mentiras. Básicamente que el ejército polaco era inferior al germano, que en batalla se usaron métodos antiquísimos como cargas de caballería y soldados en bicicleta contra tanques.
Soldados polacos en bicicletas

The Guardian tenía una nota en la que vendía esta serie a la comunidad polaca inglesa, una comunidad que se formó durante la Diáspora polaca y gracias a la traidora cobardía de los Aliados. Según la nota se esperaba por fin contar la historia épica de ese país eslavo, durante la guerra y ocupación alemana. Como decimos en inglés: Fat Chance! Pueden esperar sentados porque “World on Fire” lo que ha hecho es escupir sobre el pueblo polaco, después del judío, el más torturado por los Nazis.

En 1939, Polonia era un país muy grande. La joven nación (tenía menos de veinte años) había adquirido la mayor parte de las tierras que compusieran el antiguo reino de Polonia, más el puerto hanseático de Danzig, y varias ciudades que había sustraído a Checoeslovaquia luego de la anexión de los Sudeten. Su población era abundante y su ejército bastante poderoso, más que el alemán que, aunque gozaba de excelentes estrategas, no había alcanzado a rearmarse desde que el Tratado de Versalles se lo prohibiera.

La gran mayoría del ejercito polaco estaba compuesta por divisiones de infantería esparcidas por todo el país. La caballería solo componía el 10% del ejército. Eran 11 divisiones que incluían dos motorizadas, y un pelotón de 36 bicicletas. Su rol, por prestigiosas que fuesen sus hazañas, no era considerado esencial.

Los Aliados, que por tratados estaban obligados a apoyar a Polonia en caso de invasión, esperaban entretener a los alemanes abriendo un segundo frente, mientras los polacos se defendían por un par de meses. Incluso en Polonia se sabía que en caso de un ataque perderían territorioDanzig y Varsovia serian sacrificadas pero gran parte del ejército se replegaría hacia el este desde donde podrían organizar un contrataque. Nadie esperaba una blitzkrieg o que Polonia tuviese que bajar las armas en menos de dos meses. La razón por la que se les forzó a hacerlo no la dice la serie. Fue la invasión soviética.

Dos semanas después de la invasión alemana, y fieles a los términos establecidos en el Pacto Ribbentrop-Molotov, el ejército soviético cruzó la frontera oriental de Polonia. El ejercito polaco quedó como relleno de sándwich. Gran parte del gobierno y el ejercito huyeron a través de Rumania y un mes más tarde establecieron un gobierno en exilio en París. Los que no pudieron huir quedaron atrapados entre la ocupación nazi y la comunista, cuál de las dos peor.

Polonia, preparada para resistir por medio año, perdió la guerra no por culpa de las bicicletas, ni los ulanos, ni siquiera (otro mito) porque su aviación fuera destruida en tierra por stukas. Fue el ataque rastrero de los rusos lo que la condenó. En el segundo episodio, en una de sus emisiones radiales a Estados Unidos, ya en Berlín, Nancy masculla algo sobre que Alemania y la USSRS van a repartirse Polonia. El espectador se preguntará de dónde salieron los rusos.

Las Tragedias de Gregor
La serie para responderles hace uso del pobre Gregor (Mateusz Wieclawek), el hermano de Kasia que está ahí para protagonizar un recuento paródico que tergiversa lo histórico. Con razón acaba en una casa de locos.


El primer episodio de Las Tragedias de Gregor comienza en Danzig. Este es el puerto hoy conocido por su nombre polaco:  Gdansk. Un absurdo del Tratado de Versalles fue cederle a Polonia este “corredor” que dividía Alemania en dos. La población era alemana y no ocultaba su deseo de reincorporarse al Reich. Cuando Hitler, paralelo a la invasión de Polonia, ordenó la invasión de Danzig solo se opusieron un puñado de patriotas polacos que fueron masacrados. Eso nos lo muestra la serie. Ahí muere el padre de Kasia, pero no explican de qué se trata el conflicto.
Lo de Danzig fue heroico, pero inutil

Solo sobreviven de esa desafortunada empresa, Georg y un amigo. Ambos parten a Varsovia que ya ha caído, se entrevistan con Kasia y al descubrir que ya no hay familia (los alemanes mataron a la madre) deciden irse a pie hasta la zona ocupada por Rusia. Cuando descubren que los rusos son tan anti polacos como los alemanes, se pegan la vuelta y regresan a la otra Polonia. De pronto, cruzando un bosque se encuentran con… ¡Un tanque inglés! ¿Qué?  ¿Por dónde entró?
¡Caspita! Británicos en un bosque polaco

Espectadores perplejos han tratado de hallarle un explicación a este despropósito. Unos dicen que tal vez Bowker se fue por lo alternativo, tratando de acallar las muchas acusaciones que han caído sobre Gran Bretaña por no ir a ayudar a sus aliados polacos. Pero esto es tan absurdo como ver un tanque español en medio de la Guerra de Vietnam.

Otros han dicho que los fugitivos han alcanzado las líneas inglesas en los Países Bajos. Solo que, para llegar hasta allá, tendrían que haber cruzado todo el territorio alemán. Aunque la serie se empeña en mostrar a los alemanes como torpes y descuidados, hubiese sido imposible para dos polacos atravesar un estado policial sin ser detectados. No importa, el amigo recibe una bala perdida y el solitario Gregor aparece en el próximo capitulo enloquecido en las playas de Dunquerque (WTF?)  exigiendo que lo dejen subirse a un bote. De pronto todos entienden polaco, nadie cuestiona su presencia, ni por qué no viste un uniforme.
¿Cómo llegó Gregor a Dunquerque?

El desprecio por la geografía ha alcanzado el máximo en esta serie. Al final, dicen de una pareja que pretende huir de Polonia “brinden por nosotros cuando lleguen al a frontera con Yugoeslavia”. Por favor, miren el mapa.  Ni hoy en que Yugoeslavia es un país desmembrado, hace frontera con Polonia.

Ojalá los problemas fuesen solo errores geográficos. La descripción de la invasión y ocupación alemana de Polonia es lastimosamente falsa y calumniadora. Toda una ofensa y un desprecio hacia una tragedia del Siglo XX y hacia todos los que dieron la vida por su patria.

Kasia, la Asesina y la Verdadera Resistencia Polaca
Las tropas invasoras aparte de bombardear un par de edificios y no recoger los escombros, no se ven muy nocivas. Aunque vimos soldados matando a la madre de Kasia porque los insultó, normalmente parecen tener todo el tiempo del mundo para coquetear con camareras y dejarse matar por ellas. Kasia mata una docena de militares en menos de un año. Atentados que ameritan un mínimo fusilamiento de rehenes. En la vida real, aparte de haberla atrapado enseguida, hubiesen fusilado 10 o 20 rehenes por cada alemán muerto.


Es una ofensa a la resistencia polaca mostrar a sus miembros como asesinos sin rumbo ni propósito. El único país donde eso ocurrió fue en Francia. Los comunistas practicaban esas ejecuciones arbitrarias de soldados anónimos. Las ejecuciones provocaron tales matanzas de rehenes que el general De Gaulle las prohibió.

En Polonia, nunca se mató a nadie sin haber motivo, Se trató siempre de ejecuciones de delatores, colaboradores del invasor, etc. Siempre fueron precedidas por juicios in absentia, y la primera tuvo lugar en el verano del 41, casi dos años después que Kasia mató al primer soldado.

Esta es, a grandes rasgos, la realidad polaca entre septiembre del 39 y verano del 40, época que cubre la serie. Los alemanes cruzaron las fronteras a sangre y fuego, determinados a destruir la nación polaca, promesa que se dedicarían a cumplir con placer por los próximos cinco años. Aparte de bombardear salvajemente a Varsovia, iniciaron su eliminación de lo que consideraban elementos hostiles de inmediato.
Kasia bajo las bombas

Las ejecuciones sumarias eran pan de cada día. Se fusilaba o ahorcaba a las víctimas. En el caso de los judíos de zonas rurales, se les encerraba en la sinagoga del pueblo que luego se incendiaba. 200.000 fueron masacrados solo en septiembre del 39.

Los planes de la SS estaban ya preparados de mucho antes de la invasión, no eran actos caprichosos como la muerte de la madre de Kasia. En varias liquidaciones se buscó destruir a la elite polaca fuesen oficiales del ejército (se tomaron pocos prisioneros y la mayoría fueron ejecutados en el acto) y la nobleza que todavía conservaba poder, propiedades y riqueza.

Otro plan era acabar con la clase profesional polaca. Se ejecutó o deportó médicos, abogados, ingenieros, artistas y profesores. La deportación masiva de los catedráticos de la Universidad de Cracovia, que incluían al padre de la protagonista, en Sophie’s Choice tuvo lugar en 1940. Las masacres del clero, que abarcaron sacerdotes y monjas, fueron particularmente dolorosas y crueles.

La idea era destruir a los polacos fuesen judíos o arios. Únicamente un 15% de la población sobreviviría como bestias de carga para servir al invasor. Por lo tanto, no podían tener más amo que los alemanes. Para mantener a la población sometida se cerraron las universidades, solo se permitió la escuela primaria. Como parte del genocidio cultural, se cerraron bibliotecas y museos. Se saqueó a la nación de obras de arte que fueron a conformar las colecciones privadas del Fuhrer y sus esbirros.

Como si ya esto no fuera suficiente desgracia, la población vivía aterrorizada por un nuevo flagelo: el secuestro. Desde el inicio de la ocupación alemana, los polacos fueron sacados de sus hogares para ser deportados. Niños con “genes arios” fueron arrancados de sus familias para ser criados en Alemania, Hubo adultos deportados a campos de concentración y jóvenes llevados al Tercer Reich a servir de esclavos. En The Long Road Home, Ben Sheppard describe la odisea de un grupo de estudiantes de enfermería de un hospital de Cracovia que una noche de 1940 fueron plagiadas y llevadas a Alemania a trabajar en granjas y fábricas.

Como si fuera poco, la mitad del territorio polaco invadido fue anexado a Alemania y se expulsó a la población polaca que se aglomeró en ciudades ya desbordantes de población y sin recursos para alimentarla. Nada de esto es presentado en “World on Fire” que solo nos muestra una Kasia que vaga como zombi por Varsovia en ruinas buscando soldados a quien matar. Ni siquiera nos cuentan donde duerme o donde come.

En la vida real, desde el primer instante, valientes patriotas polacos comenzaron a resistir, pero no como muestra la serie. La hazaña de la resistencia aun cuando no era una fuerza unida (la Armia Krajowa), y siguiendo órdenes del gobierno polaco en el exilio, fue crear una sociedad subterránea con sistemas legales, escolares y de propaganda. Las primeras labores de los diversos grupos de resistencia, además de colaborar en la creación del estado clandestino, era recolectar armas e información sobre el ejército alemán y pasarla al gobierno en el exilio y ellos a los Aliados.

Aunque hubo desde el comienzo actos de sabotaje y bandas de guerrilleros en zonas rurales, no hubo acciones en contra del invasor en zonas urbanas hasta 1941. Para entonces, los Aliados habían tomado conciencia de la excelente labor de la resistencia polaca y les comenzaron a mandar suministros, pero muy pocos agentes y todos polacos. Por eso, el reencuentro de la feliz pareja Harry y Kasia en 1940 es otra anomalía histórica.

Después de la guerra, el alto mando alemán diría que solo hubo dos movimientos de resistencia que los mantuvieron en jaque: el yugoeslavo y el polaco.  Una lástima que “World of Fire” no homenajee el valor y pericia de los polacos y que deshumanice a su protagonista polaca solo para mostrarnos que vale menos que la inglesa.

La tal Lois no es tan maravillosa y tiene una voz tan ordinaria que, a su lado, Daisy de “Downton Abbey” parece una duquesa. Me recuerda la de Max de “Two Broke Girls”. Además, es un personaje tan falso. Me creo que haya enamorado a un oficial de la RAF que obviamente se siente democrático por andar con un miembro del hoi polloi. Lo que no puedo creer es que en una época en que aun la mujer casada andaba ocultando su embarazo y apenas salía de casa, esta chica ande paseando su panza en veladas para entretener a las fuerzas armadas, que anuncie con orgullo ser madre soltera, y que se ponga a parir en el escenario. Nadie la hubiera contratado.

Además, lo que dijo Robyna de que las clases bajas eran más duras con la mujer trasgresora que las altas, es cierto. Me acuerdo de lo que dijo la Tía Polly en “Peaky Blinders” cuando Ada quedó embarazada: “La madre es una puta, el hijo es un bastardo”.

Si los escenarios polacos e ingleses son tan ucrónicos como “Hollywood”, ¿que nos va quedando?  El escenario alemán se ha concentrado hasta ahora en la tragedia de los niños especiales condenados a la eutanasia. Creo que el tema fue mejor tratado en “Charite at War”.

Webster y Albert: una historia desaprovechada
Así llegamos al segmento parisino que pudo ser lo mejor de la serie.  La idea de un médico estadounidense (Brian J. Smith) en el Paris Ocupado que, además, mantiene un romance gay con un musico negro (Parker Sawyers) ofrecía un mosaico de posibilidades que fueron desaprovechadas.

Aunque se sabe que los homosexuales fueron perseguidos y acabaron en campos de concentración siendo conejillos de indias de experimentos nazis, todavía no hay un estudio contundente sobre las políticas hitlerianas respecto de la población negra. Se sabe que a los afro-germanos se les discriminó de igual manera que a los judíos, pero no se les deportó.

Tampoco se sabe mucho el caso de Francia que, debido a su imperio colonial y a que Paris era un imán para artistas de color, estaba lleno de personas de origen africano.  En “World on Fire”, una de las pocas veces que Harry expresa carácter es cuando se niega a abandonar a un grupo de soldados senegaleses que lo ayudan con su banda de pacientes mentales en esa surreal road movie que lo lleva desde Flandes a Dunquerque. Hizo bien, porque los alemanes ejecutaron tropas africanas durante la Batalla de Francia, tal como lo harían en el 44-45 con soldados negros del ejército estadounidense.

Lo que todavía es confuso es como se trató a la gente de color en el Paris Ocupado. La presencia de mujeres negras en la resistencia, incluyendo a la famosísima estrella afroamericana Josephine Baker, indica que no había realmente un reglamento para estos casos. Para ser justos, al novio de Webster (el americano) lo arrestan por haberse opuesto a que le requisaran el departamento no por el color de piel. Sin embargo, cuando Webster lo visita en el campo en el que está detenido, Albert lanza un discurso de que todos los que están ahí dentro (judíos, gitanos y queer) saben que están condenados. Eso sonó raro en junio del 40.

Como nota Nancy en su visita a Paris, en los primeros meses después del Armisticio, los alemanes se portaron muy correctos. Se trató a Paris y a sus habitantes con una deferencia que no se vería en ninguna otra capital ocupada. No hubo arrestos de judíos ni de otras minorías hasta el 41. Había campos para judíos (Drancy, Pithiviers, etc.) y otros para gitanos, pero se establecieron el segundo año de la ocupación. No se tenía a los judíos mezclados con otras etnias.

Los Judíos y el Fascismo Europeo
Otro desaguisado es el modo en que retratan la situación europea en vísperas de la guerra. Si bien es cierto que el fascismo (debido a su auge en Italia) había brindado pautas políticas a seguir en los Balcanes y la Europa Oriental, no ocurría lo mismo en la Europa Occidental. La Guerra Civil Española y la subida al poder en Francia del Frente Popular habían cambiado las posturas de mucha gente y de sus políticos.

La serie comienza con un rally de la Unión de Fascistas Ingleses en Manchester en el verano del 39. Esto causó muchas quejas por parte de los críticos. Después del disparatado retrato de Sir Oswald Mosley en “Peaky Blinders”, ya a mí no me perturbaba lo que hicieran con su pandilla de fachos, pero si es verdad histórica que tras su torpe marcha en el East End que precipitó la Batalla de Cable Street, el fascismo ingles quedó con perfil bajo y no levantó cabeza sino hasta después de la Segunda Guerra Mundial.
Sir Oswald Mosley nunca fue a Manchester en 1939, y menos de uniforme

No contentos con este anacronismo, los de la producción se lanzan contra Francia (¡que odio le tiene la BBC a la nación gala!) en un esfuerzo de mostrarla como un campo de antisemitismo, fascismo, racismo, etc..  El primer acto de este ensayo de fake news tiene lugar cuando Albert golpeado llega al hospital para que lo curen y le dice a Webster que ha sido atacado por L’Action Française. WTF? L’Action Française era un periódico.

Dirigido por el filósofo Charles Maurras este periódico era un baluarte del conservadurismo de la vieja Francia, una representación de valores monárquicos, católicos y antisemitas, pero sus periodistas mataban con la pluma y la máquina de escribir, no andaban apaleando gente y menos negros. Incluso sus Camelots de Rois, unos mocitos que eran su brazo armado, no lo hubieran hecho.

Ese es otro desacierto de la serie. ¿Por qué iban a golpear a un ciudadano francés, un habitante de sus colonias? No voy a decir que el colonialismo francés era menos malo que el de otros países, pero ciertamente era menos racista. La xenofobia de la Francia de los 30 se abocaba a quienes quitaban el trabajo a los franceses fuesen italianos o judíos de la Europa Oriental.

Los inmigrantes de las colonias iban a Francia o a estudiar o a abrirse camino en el mudo de las artes, como Albert con su saxofón o el líder vietnamita Ho Chi Min que en ese entonces trabajaba de fotógrafo en Paris. En cuanto a los habitantes de la Ciudad Luz, tanto en su Haute Monde como en sus círculos bohemios, eran negrófilos.

Siguiendo con la distorsionada visión del fascismo francés, ya declarada la guerra, Albert encuentra su puerta cubierta de suásticas y una cabeza de cerdo en el suelo. Ese es un tipo de ataque que se lanza contra judíos y musulmanes. Albert no es ninguna de las dos cosas.
Suasticas y una cabeza de chancho

Había en Francia en los 30 organizaciones paramilitares clandestinas como La Cagoule (la capucha) y la Croix de Feau (que admitía judíos de derecha en sus filas). Pero ambas atacaban más a los comunistas que a los judíos- y ciertamente no atacaban músicos negros ni andaban decapitando puercos.  El Frente Popular acabó con ambas en 1937. ¿Entonces por qué resucitarlas y vestirlas con falacias?

Yo aplaudo que, en su descripción de la tragedia polaca, los productores y escritores hayan querido dejar fuera el elemento judío. Lamentablemente ni aun así consiguieron darnos información verídica sobre los hechos. Pues en el escenario francés han intentado embutir, y otra vez de manera falaz, la presencia judía.

En la primavera del 40, Henriette (Eugenie Derouand), la enfermera enamorada de Webster, le trae una pareja de judíos que han sido apaleados por “fascistas”. Los fascistas en ese entonces o estaban en el ejército, o en la cárcel, o calladitos en sus casas. Solo Vichy les devolvería su gloria y majestad.


¿Además, cómo supieron que se trataba de judíos? No tienen puesto ni shtreimel ni peluca. Los apaleados le dicen a Webster que quieren salir del país. ¿Qué imagen es esa?  ¿Los judíos, como ratas, abandonan el barco? Primero que, hasta junio, no se tuvo conciencia que Francia iba a caer ante las huestes germanas. ¿Por qué huir antes?

 Lo más conmovedor de la tragedia judeo-francesa, fue el patriotismo de sus víctimas, su insistencia en quedarse en lo que consideraban su país. Nadie planeaba huir. Si se había sobrevivido a Dreyfuss y Stavisky, se podía soportar un poquito de fascismo o antisemitismo local. El historiador Marc Bloch fue evacuado en Dunquerque, pero regresó a Francia a resistir hasta su captura, tortura y fusilamiento. Él fue uno más de miles de judíos que dieron su vida por su patria.

Luego, Henriette le confiesa a Webster que es judía, sus padres ya huyeron al extranjero, pero ella permanecerá, aunque sea con un nombre falso. De nuevo nos encontramos con estas visiones futuristas que preveían la caída de Francia, el surgimiento de Vichy, la colaboración, y el resurgimiento de un antisemitismo militante que operó de la mano con la Gestapo. Lo más aberrante de la colaboración con la SS, de la deportación de judíos y del antisemitismo de Vichy es que nadie imaginaba que pudiesen suceder esas cosas en una nación tan humanista y liberal como la francesa.

Finalmente, llegamos al personaje de Webster en quien yo tenía muchas esperanzas. Durante la Batalla de Francia y las primeras semanas de la ocupación es un personaje heroico: administrando auxilio médico en un hospital bajo fuego en el norte de Francia o ayudando a evadirse a un marino ingles en las narices de los alemanes. Sin embargo, a partir del arresto de Albert, cae en una caricatura homofóbica Como cuando llega al piso  y lo encuentra ocupado por soldados alemanes y su única reacción es echarse a llorar. Con razón se burlan de él.


Otro llorón

Luego cuando debería mantener la cabeza fría y desarrollar un plan, se vuelve histérico dado a actitudes impulsivas. El mismo Albert se queja de que no lo está ayudando. Finalmente, cuando la tía Nancy (a la que casi han violado por intentar ayudar al sobrino) fracasa en conseguir la libertad de Albert, Webster estalla en otra pataleta en la que increpa a su parienta de la manera más injusta e infantil.

“World on Fire” ha fracasado en todos los frentes: ha silenciado la poca conocida historia de Polonia bajo los nazis y de paso ensuciado la memoria de los combatientes; ha dado un retrato muy poco fidedigno de la sociedad inglesa con esa Lois orgullosa de ser madre soltera; y ha perdido una gran oportunidad de explorar el modo en que el nazismo afectó al colectivo queer y el de color. Agreguémosle que aparte del pequeño Jan, no tiene personajes simpáticos, que visualmente es tan mediocre como su libreto y las actuaciones, y comprenderán por qué no a recomiendo.

Si alguien quiere ver un mejor retrato de la invasión de Polonia aconsejo ver “Holocausto” o la estupenda” Winds of War”. Ambas están completas en YouTube. Si prefieren lecturas sigue como ficción incomparable del hecho Mila 18 de Leon Uris, pero si desean una perspectiva menos “judía” hay dos volúmenes del matrimonio compuesto por Bodie y Brock Thoen:  Danzig Passage y Warsaw Requiem.



Para el que prefiere libros de historia, me temo que hay muy poco que no haya sido escrito en idioma polaco y haya sido traducido. Mi información la saqué de Forgotten Holocaust de Richard Lukas y Norman Davies y First to Fight: The Polish War, 1939 de Roger Moorehouse.

En cuanto a lo ocurrido en Francia tenemos el clásico de Robert Soucy French Fascism: The Second Wave. En términos de ficción los refiero a la fantástica serie “UnVillage Francaise” que puede verse en Hulu.