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lunes, 11 de octubre de 2021

Mad Men y el Glamur del Machismo Tóxico: Las fórmulas del drama de época contemporáneo (III)

 


Parece increíble, pero hace ya seis años que la firma Sterling Cooper y Socios cerró sus puertas. Tanta influencia tuvo Mad Men en la televisión de Occidente que se hicieron innumerables y olvidables ripoffs,  a la par de variaciones que hasta hoy reflejan la importancia de esta icónica historia de la gran Era de la Publicidad. Estas inspiraciones reflejan los males del patriarcado, pero también establecen una nostalgia de una época en que los hombres podían ser machistas,  siempre y cuando fuesen elegantes y atractivos.

Fue en julio del 2007 que debutaba en las pantallas estadounidenses Mad Men.  un homenaje a los publicistas de la Avenida Madison en los 60 y qué transformaron la sociedad norteamericana (tal vez la mundial) con su publicidad engañosa. Nadie daba ni un dólar por esta serie anticuada, sin sexo,  desnudos, ni malas palabras,  y que era presentada por un canal menor , la AMC (American Movies Classic)  En America Latina, la veríamos un año más tarde por CineMax. Para entonces ya se había convertido en un fenómeno.



America había reaccionado favorablemente a este mundo  “retro” donde los hombres usaban sombreros, las mujeres poseían curvas rotundas, los negros eran ascensoristas o criadas y cuando toda la firma se ponía patas p’arriba con la llegada de la primera clienta judía (en el primer episodio). A pesar de que “Mad Men” hacia duras críticas al machismo prevalente en USA—dentro y fuera de los muros de la Sterling Cooper—denunciaba la cosificación de la mujer en la oficina y  en los spots publicitarios,  y mostraba como el ser esposas trofeo podía afectar la vida  de los publicistas y sus familias, también sutilmente glamurizaba este mundo de machos de Hemingway, gladiadores con trajes bien cortados de buenas telas que habitaban espacios donde la única competencia eran ellos mismos, y la única ley eran las necesidades de los clientes.

Esta serie que demostró el talento de un elenco prodigioso desde el veterano Bobby Morse (en su último papel) como Bertram Copper,  hasta la (entonces) diminuta Kieran Shirpka en el rol de Sally Draper,  fue la que volvería estrellas a Elizabeth Moss como la audaz secretaria que se convierte en publicista y a Josh Ham como Don Draper, el protagonista. Pocas mujeres veían la toxicidad masculina y el narcisismo antisocial de Draper, ofuscadas por su aura de seguridad en sí mismo que exudaba desde los poros. Esa virilidad era la que tenía a su bella esposa Betty (January Jones)  totalmente sometida y que incluso ya a fines de la serie,  le conseguía una segunda esposa bellísima y mucho más joven que él.




Lo extraordinario de Mad Men es que la competencia entre ejecutivos y empleados no es solo la urgencia de satisfacer los pedidos de clientes con grandes campañas sino también la actividad sexual. Aunque nadie en la serie mostrara ni una nalga sino hasta la cuarta temporada cuando Roger Sterling (John Slaterry)   ingiriera LSD, el erotismo era parte trascendental del trabajo y vida personal de los Mad Men.

Una Toxicidad Masculina Irresistible

En la serie, los publicistas, casados o solteros deben ser mujeriegos, acumular conquistas y alardear de sus proezas amatorias. En eso ninguno supera Don que, aunque discreto,  consigue siempre a las inalcanzables. Don es él “más hombre” en el mal sentido de la palabra y no necesita usar de sus puños para eso. Desde la altura que le da su experiencia mira con desprecio a los meros mortales y los sabe poner en su lugar.



Cuando Roger,  borracho, se propasa con Betty Draper, Don lo lleva a engullir una tremenda comilona para luego pagarle al ascensorista para que finja un desperfecto. Tras subir una docena de escaleras, Roger llega tambaleándose a un encuentro con clientes y acaba vomitándoles encima. Cuando el esnob y condescendiente Pete Campbell (Vincent Kratsheimer) descubre secretos del pasado de Don y lo chantajea, Draper va donde Bertram Cooper que rápidamente disuade al chantajista. Don Draper es un genio y la firma no se la puede pasar sin él.



En el pasado,  he escrito en varias ocasiones sobre Mad Men desde la misoginia de Don Draper hasta el glamur del vestuario de la serie, pero hoy quiero hablar de un esquema que permaneció en la atmosfera por una década  y que han tratado otras series de llenar. Mad Men fue un éxito i nmediato, ganando en su primera temporada dos Globos de Oro (incluyendo uno para Josh Hamm) . En total ganaría 5 Globos de Oro, 16 Emmys y no sé cuántos otros premios más. Es considerada una de las 100 mejores series de televisión de la historia.

Para su segunda temporada, The Guardian notaba que la serie de Matthew Weiner estaba influyendo en el vestuario masculino. La serie cuya ambientación de época era inigualable estaba trayendo de moda ropa accesorios y música de los 60, pero también un interés por una manera de vivir y de pensar que,  a pesar de beneficiar más a los hombres blancos,  podía resultar atractiva para muchas mujeres.








Aun así, nadie intentó copiar totalmente una serie que describía cambios sociales al estilo Cuéntame cómo pasó , pero con una dinámica de oficina y equipo que recordaban a The West Wing. Seria en el 2011, para la quinta temporada que comenzarían a aflorar débiles imitaciones como The Playboy Club y Panam que no pasarían de una temporada.

La Hora Inglesa

El show que podría considerarse como un auténtico seguidor de Mad Men seria The Hour. Hecho en Inglaterra, en el 2011, tenía lugar en un canal de televisión, un espacio tan competitivo y exigente como la agencia de Sterling, Cooper and Partners. La diferencia era que tenía lugar en 1956, en vez de los 60 y que quien daba las ordenes era una mujer. Agreguémosle el ingrediente del espionaje en un escenario de la Guerra Fría y se puede hablar de una inspiración, pero no de una imitación.



Freddie (Ben Wishaw) es un joven periodista que quiere abrirse camino en el nuevo campo de la televisión. Consigue empleo en un canal donde está ascendiendo su amiga Bel (Romola Garai) . Cuando nombran a Bel productora y presentadora de un importante noticiero llamado “La Hora”, algo poco común siendo ella mujer, Freddie cree que el será él coproductor. Pero los ejecutivos y Bel prefieren traer a Hector Madden (Dominic Guard) que tiene más aura mediática y es más fotogénico que Freddie.

A pesar de ser Hector casado, él y Bel se hacen amantes lo que rompe el corazón de Freddie que la ama en secreto. La Crisis de Suez provoca una crisis dentro del programa. Entretanto,  Freddie se ha puesto a investigar un asesinato que involucra gente del gobierno y agentes soviéticos, uno de los cuales se ha infiltrado en el canal de televisión.



Tras dos temporadas cerraba The Hour que tuvo una recepción mixta. Hay gente que la amó, yo la detesté. No me gustaron los personajes, no me gustó la postura política del show y nunca me atrapó la historia como lo hizo Mad Men. Aunque el vestuario de Romola y el de Oona “Talisa” Chaplin,  quien interpretaba,  a la esposa de Hector era elegante y muy de la época, público e historiadores notaron una serie de anacronismos en el show Por Eso The Hour no duró más de dos temporadas.

America y La Revolución Sexual

El próximo esfuerzo fue el más parecido a Mad Men a pesar de que el tema no lo indicaba. La idea de Showtime de crear una serie alrededor de la investigación sobre conductas sexuales llevada a cabo por William Masters y su asistente, amante y eventual esposa,  Virginia Johnson, parecía una locura. se esperaba algo chabacano, obsceno, pornográfico.



Por el contrario, Masters of Sex nos mostraría cuan competitivo y ambicioso puede ser un médico, un científico como William Masters (Michael Sheen) . Eso importaba más en la trama que las costumbres sexuales de sus conejillos de Indias.

 Como Don Draper Bill Masters había crecido marcado por una infancia disfuncional, lo que lo llevaba a ser arrogante y a veces inescrupuloso en su afán por sobresalir en la estrecha comunidad médica de la Universidad de Saint Louis de fines de los 50. Ese es el mundo donde empieza nuestra historia con un Masters empeñado en descubrir los secretos de alcoba de sus compatriotas, cueste lo que cueste.

                                        Los verdaderos Masters y Johnson

Para eso cuenta con la asistencia de su secretaria Mrs. Johnson (Lizzy Caplan) , una despampanante divorciada, madre de dos hijos, pero también mujer desinhibida e independiente. Como Don Draper, el Dr. Masters tiene una esposa-trofeo, la dulce Libby (Caitlin Fitzgerald)  que poco a poco va entendiendo que su rival no solo es Virginia Johnson sino también el proyecto por el cual su marido está dispuesto a arriesgar su prestigio profesional y convertirse en el hazmerreír de sus colegas.

A medida que vemos los esfuerzos —muchas veces torpes y controversiales—de Masters y Johnson por conseguir datos para su investigación, vemos también la sociedad reprimida y temerosa de revelar su intimidad en la que se desenvuelve el experimento. Como Mad Men, Masters of Sex presenta una trayectoria de la evolución social de los Estados Unidos de los pacatos 50 hacia la revolución sexual de la década siguiente.

Debido a que la acción ocurría en Missouri, un estado fronterizo donde imperaba la mentalidad de Jim Crow, la campaña de los Derechos Civiles formaba parte de la trama. Expulsado de su universidad, Masters solo encontraba empleo en una clínica para afroamericanos donde continuaba sus experimentos. Entretanto su mujer se involucraba en la lucha y acababa teniendo un affaire con un hombre de color.



La serie también mostraba los tabúes de una sociedad realmente patriarcal donde la homosexualidad era castigada con la cárcel. Vimos la lucha del jefe de Masters (Beau Bridges) por ocultar al mundo y a su familia su condición de homosexual. Como también vimos la evolución de , una prostituta que pasaba a ser secretaria de Masters. Otro paso a la respetabilidad fue casarse con un millonario y ex cliente. El marido no tiene problemas con el pasado, pero si el saber que era lesbiana rebasó su límite y acab ócon el matrimonio.

El toque feminista de la historia lo da la Señora Johnson. Si su jefe sufre de burlas, ella sufre de acoso sexual. El saberla parte de este polémico estudio le provoca problemas en su vida personal y profesional. Su relación profesional y sentimental con Bill Masters la drena de energía y las pullas por ser parte de un experimento científico sin credenciales la obligan a sacar un posgrado.



Esta magnífica serie ameritó dos muy buenas temporadas. Pero ya para la tercera, comenzó a notarse que se trabajaba no en base del libro de Thomas Main. Había nuevos arcos y subtramas que no tenían sentido: el tercer bebé de Virginia que no existió en la realidad, la extraña muerte del amante negro de Libby, ect. La serie comenzó a volverse repetitiva y a alejarse del modelo “Mad Men”, así que fue un alivio que la terminasen en la cuarta temporada.



En Inglaterra, no se volvió a intentarse el modelo “Mad Men” y sin embargo encuentro que hay similitudes en la construcción de Endeavour y que van más allá de que la serie inglesa también tenga lugar en los 60. En este relato de como el joven Endeavour se convirtió en el legendario inspector Morse, Shaun Davies muestra características que lo hermanan a Don Draper tales ser el niño genio de una comisaría, su relación con sus camaradas que oscila entre amistad y rivalidad, sus amores que incluyen mujeres de todos los tipo desde una enfermera de color, hasta la sobrina de su mentor, desde una chic fotógrafa francesa hasta una misteriosa italiana casada con un millonario.

Cuando los Mad Men Construyeron la Bomba

El último intento angloparlante de seguir el modelo ‘Mad Men” seria la excelente, pero menospreciada Manhattan de Warner. A primera vista este proyecto del 2014 no presenta similitudes con la sofisticada fabula del mundo publicitario. “Manhattan” es el nombre del proyecto científico que culminó en la creación de la primera bomba atómica y tiene lugar en un mundo muy alejado de la Avenida Madison de los 60.

Todo ocurre en ese pueblo desértico de Nuevo México, que hoy conocemos como los Álamos, donde se concentró una comunidad de las mentes más brillantes de las ciencias del mundo libre (Incluyendo refugiados de la Alemania nazi y de la Italia fascista). Siendo un proyecto top secret ,  la comunidad estaba semi secuestrada, pero se permitió que las familias de los científicos se establecieran en Los Álamos.



Debido al misterio que rodeaba al proyecto, los científicos no debían informar a sus familias del tipo de trabajo que hacían. Esto provocaba fricciones domesticas que aunadas a la soledad, a la falta de servicios como agua potable,  hacían la vida muy incómoda para todos. Eso lo que muestra la serie, por un lado, la lucha de los científicos por crear un arma mortal con todas las connotaciones éticas y morales que conlleva el éxito.  Por otro lado,  vemos a sus esposas aburridas y llenas de miedos y desconfianzas y como tratan de luchar contra esto.

A pesar de que los Álamos existió (entonces solo se le conocía como “The Hill”) y hubo dos proyectos iniciales: el llamado Thin Man y otro que tenía que ver con implosión, los personajes son todos ficticios. Solo un científico real, Robert Oppenheimer (y su mujer),  aparece en la serie, eso permitió mucha libertad para la creación de una trama que pudo suceder.

El protagonista es Frank Harris (John Benjamin Hickman) que dirige el proyecto de implosión. Levemente inspirado en Seth Nedermayer, Frank es un genio, orgulloso, antisocial, muy exigente con todos los que lo rodean sean su familia o su equipo. Como Don Draper es arrogante, tenaz, testarudo,  muy competitivo, Sabe que su equipo es el ceniciento en comparación al de Thin Man, y trata de prevalecer, aunque esto implique chantajear y aplastar a otros,  incluso a sus amigos.

                                    Los Mad Men de Los Alamos

Frank tiene la excusa de querer salvar al mundo. Un tema importante en la serie es el miedo a que los científicos alemanes se les adelantasen y que una bomba nazi cayese en territorio estadounidense. Sin embargo, hay momentos en los que Frank parece tan ególatra como Don Draper. Eso se nota en su relación con su contrincante Charlie Isaacs (Ashley Zuckermann) , un niño genio de Princeton que nunca ha perdonado a Harris no aprobar una de sus monografías. Su relación recuerda a la de Don y Pete Campbell.

Sin ser mujeriego como el protagonista de “Mad Men”, pero empujado por la soledad y el dilema moral de crear un arma de extinción masiva, Frank tiene un affaire con la criada. Paloma, una nativa hispanoparlante, no habla inglés, por lo que la comunicación se reduce a sexo y a largos discursos del científico que la criada escucha con paciencia sin comprender.

 Como Don,  Frank acumula secretos de su pasado y también del de los integrantes de su equipo. Tal como Don es el único que conoce la homosexualidad de Sal y que Peggy es madre soltera, Frank es el único en saber que Bobbit es gay y que Rosley abandonó a un hijo en Inglaterra.



En el caso de las mujeres,  las similitudes se hacen más complejas. Tenemos a Liza Harris (Olivia Williams)  que alienada por los secretos del marido y los misterios del medioambiente que la rodean comienza a desmoronarse emocionalmente. Pero Liza (uno de los pocos personajes ‘realmente “buenos”) es una científica brillante y mucho más sensible y altruista que Betty Draper.

La que sí se parece un poco a Betty es la odiosa Abby Isaacs que carece de la astucia y sentido práctico para sobrevivir en Los Alamos.. Yo tengo un problema grave con Rachel Brosnahan. No la considero ni buena actriz, ni guapa y me exaspera que siempre la pongan de judía cuando no lo es y cómo tiene cara de tonta,  convierte a sus personajes en judías taradas.



Eso ocurre con Abby que lejos es el personaje más odioso de la serie. Y eso que Charlie, un poco más inteligente que Pete Campbell, es igual de soberbio, pero entiendo que, con esa mujercita, acabe acostándose con Helen (Katja Herbers) su colega.

En Manhattan, Helen Prins es lo más cercano a Peggy Olsen. Es la única mujer en el proyecto y aun así tiene que probar a cada instante que merece estar ahí. La soledad la hace consciente de su feminidad y busca consuelo en el sexo. Aunque es bondadosa con Fritz, y le consigue una esposa, puede ser tan implacable y competitiva con los “Muchachos” del equipo que, aunque sean todos científicos destacados actúan con el machismo e infantilismo de los publicistas de la Sterling, Cooper and Partners.

Donde vemos esa necesidad de Helen (quien para ser parte el Proyecto Manhattan rompió su compromiso y hasta abortó un bebe) de aferrarse a su trabajo es cuando los envían a ella y a Charlie a fiscalizar una central atómica en Tennessee. Ahí conocen a Theodore,  un científico negro al que tienen sirviendo café. Cuando Helen intenta acercarse a él, Theodore le salta con la mejor frase de la serie. “no necesito que me salve una mujer blanca”.



Tal vez será por eso por lo que cuando Theodore le entrega Helen una carta para Frank solicitándole que lo integre a su equipo, la Dra. Prins lanza la carta la basura. Como Peggy, Helen tiene conciencia de todo lo que ha luchado para llegar adonde esta. No va a permitir que ningún hombre, negro o blanco, le quite su puesto.

Mad Men en Rusia

Manhattan se quedó en vísperas del estallido de la bomba atómica,  en solo su segunda temporada. Su cierre coincidió con el cierre de Mad Men. Después de eso pareciera que el modelo había caducado. No así al otro lado del mundo donde Los Optimistas tomarían ese modelo y lo aplicarían a la Unión Soviética de Kruschev, a una organización moscovita que pretendía entrenar diplomáticos, pero que acababa preparando espías.



En ese escenario de la Guerra Fría, la exquisita cantante lituana Sverija Janusauskaite interpreta a Ruta Bauman, una exiliada americana de la Era McCartney que —con un look de Betty Draper— intenta, como Peggy Olsen, convencer al patriarcado soviético que una mujer puede dirigir un departamento político. Sin embargo, le imponen la humillación de un jefe macho (y machista) con el que tendrá una relación amor-odio como la tuvieron Don y Peggy.



Como en Espías,  Vladimir Vdovichenko vuelve a estar a cargo de una academia de entrenamiento. Solo que su Yuri Byriukov aquí lidia con jóvenes instruidos y poliglotas que quieren ingresar a la elite diplomática soviética. Desafortunadamente,  cada uno sufre de algún tipo de falla: uno es judío (lo que era cuasidelito en la Unión Soviética); otro intenta comunicarse con parientes en Occidente (otro delito) y el tercero es un topo de la CIA.

La serie logra manejar delicadas intrigas políticas con una estética “Mad Men” de fiestas sofisticadas, espacios elegantes donde se maneja la alta sociedad soviética,  y el vestuario despampanante de Ruta y otros personajes. Byriukov es,  como Don, un hombre dotado de ingenio inteligencia, rápido en tomar decisiones, y bastante inescrupuloso, lo que le acarrea alta estima de sus jefes. Eso provoca envidia en sus colegas y afecta su vida personal.



Mujeriego, en una temporada lo vimos con tres mujeres y eso que todavía juega al viudo inconsolable,   Byriukov tiene además una hijita que necesita de una madre. Como en Mad Men son los niños las víctimas inocentes de las manipulaciones de los padres

Ha sido un gusto enterarme que, durante la pandemia, la infatigable industria rusa ha producido una segunda temporada de tan fascinante serie. Eso demuestra que al menos en la ex Unión Soviética sobrevive el modelo de “Mad Men”.

 


 

 

miércoles, 17 de febrero de 2021

Modelos, KGB y Khrushchev: El Glamur de la Guerra Fría en la Televisión Rusa

 


Solo con el Glasnost y la Perestroika vino el pueblo ruso a tener un atisbo de la libertad que gozamos en Occidente, pero las series rusas me dicen que hubo un asomo de autonomía previo a Gorbachov y la Caída del Muro de Berlín. Eso ocurrió tras la muerte de Stalin. Parece ser un consenso en la historiografía rusa moderna que Nikita Khruscchev—precisamente quien alzaría el Muro de Berlín— llegó al poder con muchas esperanzas de cambios para su pueblo, con planes de instaurar una independencia cultural donde había reinado la represión estalinista, y de abrir la Unión Soviética al consumismo occidental.

Este periodo que acabó (según el punto de vista ruso) por culpa de la chuecura y zancadillas gringas, es retratado en tres series muy desiguales, y a la vez representativas de ese momento histórico. Dos tienen que ver con el mundo de la moda, mi pequeña obsesión, y la tercera con la diplomacia. Las tres son ejemplos de lo que he apodado El Glamur de la Guerra Fría.

La Reina Roja

“Red Queen” (Krasnaya Karoleva) está basada en la trágica vida de la modelo Regina Zbarskaya. Apodada “La Sofia Loren soviética” era más Marilyn Monroe que La Loren. Alrededor de esta historia de desdichas, han tejido una novela de Emilio Larrosa o tal vez Erick Von, que me ha recordado “Amor de Nadie” de Lucia Méndez.

                                       Regina Zbarskaya

El comienzo, sin embargo, me ha parecido similar al de “The Queens Gambit”, que también iniciaba en Paris y tenía su capítulo en la Rusia de la Guerra Fría. Como Beth Harmon, Zoya ha alcanzado un triunfo en la Ciudad Luz. En su caso, gracias a su gracilidad en la pasarela, pero el peso de su pasado la obliga a recordar lo ingrato de su vida.

En uno de esos pueblos perdidos, donde no hay calles pavimentadas y donde los zapatos se pierden en el lodazal del camino, vive Zoya Kolesnikova, una colegiala de 17 años. Hija de un lisiado de guerra que se ahoga en alcohol, Zoya vive con esperanzas de un futuro mejor. Esperanzas fomentadas por su madre quien ya tiene dibujado el futuro de su hija. Zoya acabará el Instituto con una medalla de oro por buenas notas lo que le permitirá estudiar contaduría y conseguir empleo en una planta. Solo entonces podrá pensar en casarse.



Zoya ya sueña con casarse, pero la tragedia inicia un día en que el padre borracho apalea a su esposa. En defensa de su madre, Zoya lo mata accidentalmente. La madre se echa la culpa y vemos la hipocresía, moralismo, y casi misoginia, de los Días del Camarada Stalin. La policía no investiga mucho y arresta a la mujer. El patriarcado estalinista exige la condena de la atrevida. ¿Qué pasaría si todas las esposas se defendiesen de maridos golpeadores?




La madre es condenada a trabajos forzados en Siberia, pero no acaban ahí los problemas para Zoya. El novio la abandona porque no se ve bien ser el consorte de la hija de una asesina. En la escuela le retiran la medalla porque la moral estalinista condena a los hijos de los criminales. Sin embargo, Zoya no se amilana.



Algo bueno de ese periodo es que le ha quedado el departamento amplio que el gobierno le dio a su padre por ser veterano invalido de guerra. La vecina de Zoya tiene ocho hijos. La muchacha le “vende” el derecho a usar el apartamento por tres mil rublos. Cno ellos compran documentos falsos y un pasaje de primera clase a Moscú donde ingresa a la universidad y pronto es miembro del Komsomol (la agrupación juvenil comunista a que todo universitario debía pertenece).

Zoya hace amistad con Tata, una despreocupada chica de dinero, que aprovecha el alto cargo de su padre para “aburguesarse”, usando ropa moderna y enseñando a la tímida “Regina” (ex Zoya) a hacer lo propio. La otra amistad es con Augusta Leontyevna, una ex maestra de piano que vive en un departamentito en el edificio que, antes de la Revolución, era de sus padres.



La solitaria anciana, quien perdió a su única hija en las purgas estalinistas, adopta a Regina, se la lleva a vivir con ella y le enseña francés y modales. Es así como Regina conoce a Vladimir, nieto de Augusta, quien la enamora y embaraza.  Vladimir es KGB y no puede casarse con la hija de una asesina.



En la Rusia estalinista un aborto solo podía ser hecho si era producto de una violación, el feto estaba deformado o ponía en peligro la vida de la madre. Al no ser estos casos el de Regina, ella debe buscar un aborto clandestino (con un médico judío) que, por suerte, paga Tata.





Traumatizada por los hechos, Regina abandona la casa de Augusta y adopta la vida audaz de Tata. Son los primeros años tras la muerte de Stalin y la juventud se está rebelando. Cada vez más jóvenes participan en fiestas clandestinas donde fuman, beben, bailan rock y se visten al estilo occidental.  En represalia se forman grupos de jóvenes comunistas que atacan a las chicas rebeldes y les cortan el cabello.

 Una noche, de regreso de una fiesta, Regina es atacada por uno de estos grupos. En su defensa sale James Patterson, un afroamericano (nacido en Ucrania, se trata de un personaje real). Los atacantes le lanzan los típicos insultos racistas “¡Chocolate!  ¡Vuélvete a África!). La policía arresta a Patterson y a Regina a la que acusan de practicar la prostitución.




La saca de la cárcel Vera Aralova, madre de Patterson, y la diseñadora de moda más famosa de la U.S.S.R. Aralova ofrece empleo de modelo a Regina, pero esta lo rechaza. Ya sabe que la moda no tiene espacio en la sociedad estalinista.




Esta es la parte más interesante de esta serie. El “juicio “de Regina por parte del Komsomol que la expulsa acusándola de privilegiar costumbres occidentales por sobre el modelo modesto y moral que debe seguir la mujer soviética. Hasta la cobarde Tata la acusa y denuncia.





Contrasta este juicio con un desfile de modas de Aralova en la que es “enjuiciada” por representantes del Partido por crear ropa inapropiada para el estilo de moda minimalista que debe seguir la esposa y madre rusa.






Regina consigue empleo de contadora en las oficinas de los mayores estudios de cine soviéticos, pero es un trabajo aburrido, agotador y poco glamoroso. ¡Mas encima, el día laboral es interrumpido por ejercicios de gimnasia! Yo no creía en eso, pero recuerdo que en días de Allende se habló de imitar esa panacea de las oficinas comunistas donde se obligaba a los empleados a detener sus labores y participar en sesiones impromptu de calistenias para evitar obesidad. A juzgar por las compañeras gorditas de Regina, no sirven de mucho.



Finalmente, Regina va a trabajar con Vera y ambas alcanzan la fama (La Aralova fue quien inventó las botas con zipper). Así llegamos al deseado viaje a Paris, pero el pasado de Regina y problemas del presente la ponen a merced de la KGB quien la obliga a espiar para ellos y seducir diplomáticos. Esto, aunado al fracaso de su matrimonio y la incapacidad y tener hijos, empuja a Regina al consumo de barbitúricos y acaba con ella recluida en una institución para enfermos mentales. El resto de la serie es tan oscuro y triste que prefiero lo descubran ustedes.



Belleza Rusa

Esta dramática y poco esperanzadora fábula (a la que nunca le encontré la moraleja) tiene su equivalente en “Russian Beauty” (Koroleva Krasoty, 2015), otro cuento sobre el mundo del modelaje. Katya Panova es la chica más linda de su pueblo. Consciente de ese factor, abandona a su familia y sus estudios de enfermería para escapar a Moscú y ser modelo. Es 1961, Era Khrushchev, y Moscú es una ciudad llena de tentaciones y oportunidades, pero Katya descubre que hay cientos de chicas guapas que modelan mejor que ella que (según el diseñador) está pasada de peso y se mueve como pato en la pasarela.



Esta serie comienza como cuento de hadas/comedia, así muy sesentera ya me recuerda las pelis de Rocío Dúrcal. Katya llega justo el día en que están cortos de modelos y deben contratarla. El resto, ya lo sabemos. No solo Katya logra su sueño de ser modelo también atrae el amor de Félix, un talentoso y prometedor periodista.

Felix es un típico protagonista de telenovela, uno que viene de muy buena familia. En vez de ser vástago de familia empresaria, es hijo de un hombre importante en el partido. Sergei ha trazado la carrera de su hijo, no solo ayudándolo a ascender en el mundo periodístico, pero también escogiéndole una esposa, la famosa actriz de cine Marianna Nechaeva.

                                Marianna Nechaeva

La ventaja de Marianna no reside en su ascenso en el mundo del cine soviético sino en su parentesco con Vera Nechaeva, una pionera de la Revolución. Gracias a su noviazgo, Felix tiene la oportunidad de escribir un libro sobre Nechaeva que lo llevará a la cúspide del mundo de las letras. Sin embargo, ‘el lanza por la borda todo para casarse con Katya Panova. La pobre Marianna hecha pedazos se consuela con Valery Zubov uno de los personajes más repugnantes de todas las novelas rusas que conozco.

                            Vera Nechaeva dando un tur de su casa

Valery es un inútil, una especie de pícaro soviético quien sube en la vida gracias a mentiras, abusos, adulación y mucha traición. Como Panova, también encontró que el pueblo le quedaba chico. Huye a Moscú, dejando atrás a su mujer y su hijo, y robándose un icono que vende en la capital a una iglesia clandestina. Alterna trabajo en el mercado negro de objetos robados con la seducción de mujeres importantes. Gracias a Marianna consigue alojamiento y comida gratis en la casa ancestral de los Nechaev. Pero su ambición lo lleva por caminos más tortuosos.

  
                              Valery ataca dos presas a la vez

La ambición de Valery es casi un espejo de la de Panova quien incluso aborta un hijo de su marido porque teme que un embarazo arruine su carrera de modelaje. Cuando Panova pierde la oportunidad de ir a modelar en Paris, cae en cuenta que ser la nuera de un alto funcionario no es tan ventajoso como ser la amiguita de alguno de los mandamases.

                        Boda de Felix y Panova

Va en busca de uno de ellos, consigue que intente seducirla y lo amenaza con acusarlo de violación. El chantaje surte efecto. Panova va a Paris, pero se ha echado encima enemigos a raudales. Finalmente, hasta el marido la rechaza. En un intento de salir el circulo vicioso de esa alta sociedad soviética, Felix escribe un libro que expone secretos del paraíso comunista.



Hacia el final encontramos a Felix asesinado, Panova encerrada en un manicomio, Mariana convertida en alcohólica y asesina. Aunque Panova tendrá su final feliz (la huida al Occidente), el otro que recibe recompensa es el asqueroso Valery que con sus faramallas queda dueño de la mansión Nechaev. No puedo imaginarme un cuento menos edificante, así que solo véanlo si quieren desilusionarse con el comunismo.

                            Valery se apodera de la Casa Nechaev

Optimismo Soviético

“Los Optimistas “(2017) es un retrato de la alta sociedad comunista de la Era de Khrushchev. La trama se concentra en una oficina del Ministerio de Relaciones Exteriores que se dedica a estrenar diplomáticos-espías para infiltrar el mundo occidental.



La serie comienza en 1960. La Guerra Fría parece que va a entibiarse. Nikita Khrushchev quiere abrir las puertas de la Unión Soviética al Occidente capitalista. En una exhibición de productos norteamericanos de Moscú, Ruta Blaumane—una estadounidense que vino a la U.S.S.R huyendo de la cacería de brujas de McCarthy— recluta tres agentes para su nueva agencia. La idea es que estos jóvenes poliglotas asesoren en idioma y cultura a diplomáticos y otros enviados a misiones al extranjero

Ellos son Andréi Muratov. Criado en Francia, cosmopolita, casado con una ejecutiva de televisión, juega tenis con el hijo de Khrushchev y sueña con la muerte del comunismo que le permitirá vivir en una sociedad consumista. Lo sigue Arkady Golub, el ingenuo judío experto en lenguas orientales, que se enamora a primera vista y representa el cliché del intelectual de lentes. Acaba el trio Leonid Korneed, el mujeriego y bromista ex marino mercante, hispano parlante puesto que se crió en un orfanato con niños refugiados de la Guerra Civil Española.

                                            Ruta y Andrei
                            Leoniv y Arkady con el músico Ilya

Los primeros días en SIA (servicio de Información y Análisis), el trio se la pasa aprendiendo golf usando una estatuilla de Stalin para detener las pelotas. Ese existencia paradisiaca acaba cuando Ruta es degradada por la imposición de un nuevo jefe, El Camarada Grigory Biryukov.



“Grisha” ha sido todo un personaje en el Partido, pero a raíz de la muerte en el parto de su esposa, cayó en una depresión. Una noche en que les mostraba Leningrado a una grupo de dirigentes de la Alemania del Este, lanzó a uno de ellos a una fuente cuando el hombre se ufanó de haber visitado la ciudad en sus días en la Wehrmacht.

Para Ruta la llegada de Biryukov es una pesadilla. Ella es bella, elegante segura de sí misma y ambiciosa. Ser jefa es parte de su imagen glamorosa que incluye estar casada con un héroe de guerra que ahora es un alto oficial de aviación, y tener un amante con cierto poder en la KGB. Biriyukov es igualmente ambicioso. Este puesto que Ruta tanto ambiciona es una humillación para él ya que todos en el gobierno lo consideran un chiste. Sera Biryukov, a veces con ayuda de Ruta, quien obligue a Los de Arriba a tomar en serio su oficina.

Se ha descrito a “Los Optimistas” como un “Mad Men” ruso. Así es, aunque las aventuras de los “optimistas” son más peligrosas y letales que la de los publicistas de la Stirling&Cooper, pero lo que si tienen en común es el glamur. Desde la música incidental que tiene su toque de David Carbonara hasta el vestuario paralizante de los personajes femeninos como Ruta y Galina, la presentadora de televisión que es amante de Biryukov.



                            Vestuario de Galina

Cuando Ruta aparece en la primera escena, yo grite “¡Betty Draper!” Me costó reconocer a la cantante lituana Severija (la Sorokina de “Babylon Berlin”) que interpreta a Blaumane.



El aura “Mad Men” continua en estos personajes femeninos que son menos sometidas que las mujeres de esa serie, porque en la Unión Soviética, la mujer es camarada— no criada— y todas trabajan y luchan por cumplir sus sueños sea ser una famosa atleta como la Claudia de Arkady hasta Nelya, la esposa de Andréi que toca el piano como música incidental en la televisión. Ruta es un ejemplo, usa perfume de Guerlain y su propio apellido, no el de su marido.

                        Vestuario de Ruta

La sociedad que vemos es de un glamur increíble, aun mas recalcado que en las series de modelos. Biryukov tiene un departamento gigantesco donde solo vive con su hija Anya (Marta Timofeevna, la Vasiina de “Gogol”) y una criada. La cocina de Ruta es más grande que la mía, y aun el departamento-estudio de Los Muratov se ve con ínfulas de decoración con muebles escandinavos y colores vibrantes. ¡Y amo esas puertas forradas de cuero!

                     Ruta y una de esas puertas de cuero



                       Marta Kessler (o Timofeeva) como Anya Biryukov

Aun así, ninguna de estas viviendas se compara a las mansiones, Rolls Royce y hasta perros de raza, que poseen los cabecillas del Partido. Este es un mundo muy alejado de todas las propagandas sobre el minimalismo y anti consumismo que se le encajaban al pueblo. Vemos tanto a Ruta y Biryukov, como a bohemios y estrellas de la televisión conseguir las mejores mesas de restaurantes de lujo, mientras Los Optimistas comen de pie en cafeterías hacinadas.



Con la serie vamos a bailar a sitios de modas, a las carreras de caballo y hasta las playas de un balneario en el Báltico. Sin olvidarnos de una velada en la Embajada de Cuba con mojitos y todo. Y por supuesto, la obsesión de las tres series: el viaje a Paris que nunca se puede disfrutar debido a la omnipresente vigilancia de los esbirros de la KGB.



“Los Optimistas” alternan el glamur de la Rusia de Kruschev con el constante recordatorio de que se vive en un estado policial. A la vez, la serie nos instruye sobre los sucesos políticos del momento: la caída del avión y el arresto del piloto Gary Francis Powers; la importancia en la prensa extranjera de la muerte de Laika, la cosmonauta canina; la amenaza de la posible construcción del Muro de Berlín y la preocupación por la situación cubana. Lo que yo no sabía es que hubo un momento en que pareció que Fidel se inclinaba a ser parte de la órbita estadounidense.

Todo este mundo fascinante da paso al lado oscuro, a la represión, al chantaje, a las intrigas palaciegas y deviene en una trampa en la que cae todo el SIA, una trampa nacida de mezquinos chismes sin fundamento que alimenta un plan de años basado en envidias, rencores y celos. Esto ha llevado a levantar muchas críticas en contra de la serie. La principal es que desacredita al Ministerio de Relaciones exteriores y sus empleados.

En eta serie vemos a los protagonistas quedar a punto de perder sus empleos por las razones más frívolas: tener pacientes en el extranjero, perder la Tarjeta del Partido o intentar rescatar a una prostituta de un bar de La Habana. Es una sociedad peligrosa donde no se puede soñar en voz alta, ni beber de más porque el alcohol suelta la lengua y todos están rodeados de oídos peligrosos.



Las tres series mencionadas contienen fuertes críticas al gobierno soviético, incluso el post estalinista. Quejas de falta de libertad, de opresión y de abusos. Un vínculo común es un rechazo del mundo estalinista cuyo sistema injusto provoca el arresto y condena de la madre de Regina en la “Reina Roja”.

Un mundo cuyas reglas y estilo de vida impiden la libre expresión, la independencia de pensamiento, incluso la amistad que siempre es puesta prueba por las férreas exigencias del Partido y sus instituciones. Sin embargo, vemos que ese mismo mundo reprimido fomenta la inmoralidad, el mercado negro, el crimen y el auge de gentuza pestilente como Valery de “Belleza Rusa”, criminales como Ilya de “Los Optimistas” e incluso altos funcionarios dispuestos a traicionar a sus amigos.

Vemos las traiciones en las mismas familias. El padre de Vladimir en “Reina Roja” dejó que su esposa muriese en el Gulag. La Tía de Mariana en “Belleza Rusa”, solo para quedarse con la casa familiar no levantó un dedo para impedir el fusilamiento de su cuñada y de su propio hermano. Muratov en “Los Optimistas” es delatado por su propia esposa cuando lo cree infiel. Mas triste, los padres de Andrey, rusos blancos, fueron convencidos por El Camarada Stalin de regresar a la Unión Soviética donde fueron masacrados.

                   Los Muratov en el cumpleaños de Galina

Constantemente vemos países pisoteados por la bota soviética, la Alemania del Este, Hungría en el ’56. Biryukov está agotado de sacarse excusas de la manga para explicar atropellos de los que el mismo ha sido parte. Me dio risa que se hablase de que sus amores con la periodista Gaby que datan del ’45 cuando él estaba estacionado en Berlín y ella era una colegiala;. Ya nos podemos imaginar como comenzó tal romance. Como dice Ruta: “Queremos a ver felices a todo el mundo, y somos incapaces de hacer felices a una sola persona”.

                            Gaby y Grisha en Paris

Ruta es un ejemplo de la falsa libertad que da a la mujer el mundo soviético. Nunca se ha confiado en ella por ser extranjera (más llamándose Ruta Blaumen…), se la ha puesto a cargo de una agencia que solo consigue respeto cuando se lo imponen unos pantalones como superior. Lo mismo ocurre con Galina. A pesar de su fama, tal como Marianna Nechaeva de “Belleza Rusa” está expuesta a ser despreciada si no cumple con las reglas de moralidad que se exigen a la mujer soviética.

En las tres series vemos que hay un doble estándar en ese paraíso de igualdad. Una mujer puede perderlo todo si se descubre que ha tenido un affaire, que ha ido a una fiesta, incluso que se vista de manera impropia. ¿Quién quiere vivir así?

“Los Optimistas” es el producto de Michael Idov, un ex alumno de la universidad de Michigan, y eso explica la audacia de exponer el mundo de la diplomacia soviética. A pesar de haber sido galardonada y elogiada por la crítica, también ha recibido reproches. Se la ha acusado de falsear la imagen de los diplomáticos retratándolos como traidores, que viven en juergas y tienen sexo a cada rato. Tal vez por eso la prometida Segunda Temporada nunca se ha materializado.



Quizás eso explique también que el drama de época ruso— muy sano en días de coronavirus—se haya volcado hacia pasados más remotos. Aparentemente, se ha seguido filmando en la Rusia de Zar Vlad y la cosecha de dramas de época se ve interesante. Tenemos prometida una miniserie sobre Iván el Terrible, que sería una precuela de “Godunov”. Tenemos “La Catedral” que tiene lugar durante el reinado de Pedro, El Grande, y algo llamado “Los Romanov” que no sé en qué periodo de la historia rusa se enfocada, a menos que cubra la historia de toda esa ilustre familia desde el Zar Miguel en el Siglo XVII hasta Nicolás II.

El proyecto que más me atrae es “Voskrezenskiy”, la historia de un forense metido a detective en la San Petersburgo prerrevolucionaria. Me encantan los whodunnit históricos y me ha encantado lo que la Federación Rusa está haciendo con el period piece. Ahora con Tubi, y con la ayuda de D-s, puedo esperar a que en un par de años pueda ver todas estas maravillas en traducción.

Para los habitantes de Norte America, estas series pueden ser encontradas en Amazon Prime o gratis, en Tubi. Están todas en ruso en YouTube y la “ Reina Roja”  esta también en YouTube, pero con subtítulos en inglés.