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jueves, 12 de marzo de 2020

Las Telefonistas se Van a la Guerra: Como Netflix y Bambú Defecaron sobre la Memoria Histórica



Aunque ya hace rato que, por cursilona, telenovelera y mal escrita, le tiré la cadena a “Las Chicas del Cable” se me antojó ver esta última temporada. Aparte que quería ver como acababa la primera colaboración ibero-Netflix, el ver a las telefonistas metidas en la Guerra Civil me resultaba curioso. Quise ver si buscaban un enfoque diferente,  como lo ha hecho “Vidago Palace”.

¿En Dónde Quedamos y Adónde Vamos?
La Cuarta Temporada terminó en una trágica estampida. Lidia (Blanca Suarez) y su pandilla, acompañada de hombres fieles como Francisco (Yon González)  y Cristóbal Cuevas, fabrican un motín en la cárcel para rescatar a Oscar-Sara (Ana Polvorosa) que va camino al cadalso. El plan resulta, pero cobra una víctima, Ángeles (Maggie Civantos), que se desangra lentamente, tiempo que le permite hacer una arenga, revelar que ella es El Mirlo, y rogarles a todos que velen por su hija.
Angeles muere haciendo tetulia

Tras esto, Lidia y Eva emprenden la huida a America, para poner tierra de por medio entre la niña y su débil padre y manipuladora abuela. Nos imaginamos que Sara y Carlota (Ana Fernández) también emprenderán el vuelo y el resto …bueno, ya lo veremos en la próxima temporada

La Temporada 5 abrió, con solo cinco capítulos, el día de San Valentín. Una ironía puesto que,  aparte de Oscar y Carlota,  aquí no hay romances que valgan. ¿Pero qué vale en “Las Chicas del Cable”?  La historia inicia en Nueva York a comienzos del ’39, el último año de la guerra. Al final, Lidia se fue con Francisco. Viven juntos (ni sabemos si están casados) con Eva y con Sofia (Denisse Peña), porque en algún momento falleció la abuela de la niña y esta ha sido adoptada por Lidia.

Al final de la guerra, a Miss Sofia le apetece ir a unirse a las milicianas y huye a España. Lidia recluta las Chicas del Cable y se reúne con ellas en Madrid. Carlota y Oscar acaban de llegar de Paris y dicen ser periodistas. La gestoría de Pablo y Marga ha sido tragada por la guerra y ahora ellos trabajan en la oficina de Censura y Prensa que está instalada en lo que queda del edificio de la Telefónica.
Reunión de telefonistas

Las chicas se ponen a buscar a Sofia. Cuentan con la ayuda de Victoria que se ha convertido en la dueña de un bar de postín y jefa de una red de estraperlo que opera desde Portugal (¡Viva Victoria!) y un periodista yanqui, llamado James Lancaster (Alex Hefner). Pero le sale al camino el coronel Carlos Cifuentes (Martiño Rivera) lleno de rencor contra Lidia porque se fue con Francisco. Se las arregla para alejarla de Sofia y la chantajea exigiéndole que le devuelva a Eva.

“Las Chicas del Cable” sigue en un limbo histórico y continúa cometiendo los errores estilísticos y argumentales que la han convertido en un entretenimiento barato. Sus fans pueden esperarse su dosis de situaciones inverosímiles (Lidia va donde quiere, atropella vallas del ejército republicano, e interrumpe reuniones de alto mando) y de diálogos clichés.

Lo bueno se puede resumir en que las chicas siguen guapísimas, muy bien vestidas y eso que estamos en medio de una guerra y Francisco por fin se cortó el cabello. Fuera bromas, los bombardeos de Madrid también están bien hechos, aparte de eso…

¿Hubiera costado mucho crear un mínimo de trasfondo y backstory? ¿A qué se dedican Lydia y Francisco en Nueva York? ¿De qué viven?  Lidia llora y aúlla que le devuelvan a Sofia, pero no tenemos ni un flashback de su relación que debería ser muy intensa puesto que esta mujer ha cruzado el Atlántico y se ha adentrado en zona de peligro para buscar a alguien que ve como hija. El problema es que la Perséfone no está al nivel de su Deméter. Sofia no parece extrañar a su madre adoptiva y está muy cómoda en su nuevo entorno miliciano.
Sofía en unas milicias que ya no existían

La Meteorología y Otros Disparates
Luego tenemos un problema cronológico y estacional. La serie comienza con Lidia caminando por una calle neoyorquina vestida con un traje de material ligero con blusa con escote en V. Como neoyorquina les puedo decir que eso puede usarse solo en otoño o primavera. Pero estamos en 1939, en vísperas de la Caída de Madrid lo que ocurrirá el 28 de marzo.

Eso,  desde un punto de vista estacional, tuvo lugar siete días de iniciada la primavera. Entonces deducimos que la acción tiene lugar un par de semanas antes de ese punto. Conclusión, la acción tiene lugar en invierno. No sé cómo será en España, pero en Nueva York el clima invernal dura hasta mediados de abril. Suelen haber grandes nevadas al comienzo de marzo a las que siguen fuertes lluvias y un viento gélido, los famosos “Winds of March”. Pero la serie nos enseña una Nuevo York soleada, seca y a Lidia muy despechugada en un traje de media estación.
¿Calentamiento global en el 39?

La descripción meteorológica sigue errando al otro lado del Atlántico. Un constante en las narrativas de la Guerra Civil era el frio que se sufría en los inviernos madrileños a causa de la falta de leña y ropa de abrigo, pero ahí tenemos a todas paseándose sin gabardina ni sombrero y a Marga (Nadia de Santiago) de manga corta y quejándose del calor.
Madrid y su caluroso invierno

 No digo más porque el vestuario sigue siendo uno de los fuertes de la serie tal como el maquillaje de Blanca Suarez a la que no se le corre el pintalabios ni cuando se manda esos discursos moralistas tan fuera de lugar en una mujer que es una delincuente de cabo a rabo, casi tan manipuladora, y usa-gente como su suegrita. ¿Además, si fuera tan fantástica Lidia porque su hija adoptiva ha preferido abandonar Nueva York (que era muy entretenido para los jóvenes de ese año) para irse de miliciana?

No me digan que una quinceañera neoyorquina (más encima con problemas cardiacos) iba a tener conciencia política. La misma Marga se sorprende al ver que Sofia tenía en su poder un panfleto para unirse a las milicias. “¿Como llegó esto a sus manos? “pregunta Marga. Pues posiblemente en el bolsillo de algún brigadista.  ¿Y cómo es que (algo que se pregunta hasta esta bloguera fan de la serie) una adolescente iba a viajar sin pasaporte ni permiso de los padres?

Además, que… ejem, tal como Las Brigadas Internacionales (que habían sido desmanteladas el verano del 38) las milicias ya no existían en 1939. Otra cosa, la serie no nos muestra ni a los moros en el bando rebelde ni a los rusos cuyo dominio sobre el gobierno había sido causa de enfrentamientos entre políticos republicanos.

Incluso a nivel periodístico, quedaban pocos corresponsales extranjeros en Madrid. Martha Gellhorn había seguido a Hemingway a China. Virginia Cowles se había ido a cubrir la crisis de Checoslovaquia. De hecho, la mayoría de los periodistas ese invierno del 39 ya estaban en otros frentes. Tal vez Robert Capa todavía estaba en el Hotel Florida en la Calle Callao. Ciertamente el fotógrafo James Lancaster no se parece en nada a Capa, ni a los otros periodistas que Alida Vaill nos presentase en su fantástico Hotel Florida A pesar de que el Hotel Pacifico donde paran James y las Chicas del cable se supone que es el Florida.

Haber elegido un momento tan significativo como ese último invierno del conflicto hace más evidente la falta de atmósfera, ¡qué digo atmósfera! La ignorancia de los productores es evidente. Madrid estaba a un paso de caer. Todas esas faramallas de “mandar gente al frente” en camiones es grotesca. El frente ya estaba casi dentro de la zona urbana de la capital.

En marzo, unas semanas antes de rendirse, en Madrid, estalló una mini guerra civil entre comunistas y moderados, ganando estos últimos. No solo no se menciona este importante episodio, pero esa sensación de derrotismo, angustia y división está ausente de una serie que sería considerada apolítica sino fuera tan feminoradical.

Ni Política Ni Feminista
Y eso lo confirma la productora de Bambú,  Teresa Fernández Valdés,   que dice que no busca hacer política ni tampoco es “oportunista” en lo de su mensaje feminista. ¡Ay no me hagas reír, Teresa, que tengo los labios partidos! Si no pierden oportunidad de embutir sus discursos mituteros, y no meterse en política no significa parodiar un evento trágico que costó vidas en ambos bandos. O como ha dicho Raquel Hernández Lujan en el sitio HobbyConsolas:

Está claro que se trata de una ficción, pero quizás por esa razón habría sido más respetuoso no internarse en el terreno de la Guerra Civil para desarrollar un culebrón tan ridículo, frívolo y pretencioso con la cargante voz en off del personaje de Lidia (Blanca Suárez) como hilo conductor.

Tal vez tenga razón Laura García Higueras que dice que la serie no es feminista. Cierto, que haya mujeres en sus papeles principales no la hace feminista, tampoco el que las telefonistas cifren todos sus actos en sus parejas o familias. Lidia que no necesita del amor, pero sí de los hombres para encontrar a Sofia; Marga que vive preocupada por su Pablo (que le importa más que el hijo que espera) y hasta Carlota parece estar más deslumbrada por el tal James que por el pobre Oscar.

No es que me moleste que una serie no sea feminista (si, si fuese misógina). Yo también creo que el amor, la amistad y la familia son factores determinantes en nuestras acciones en tiempos de crisis, pero me resulta graciosa una serie donde las mujeres se la pasan chillando “¡no te necesito!” “¡me las puedo sola!”  “¡lárgate!” y luego corren donde los hombres para exigirles que las saquen de apuros y sin un mero “Gracias”.
¡Por eso me meto en cada lío!

A pesar de todos los aullidos de que los fascistas son malos, ninguna de las Chicas del Cable es realmente republicana.  Ni siquiera Carlota que era la metida en política. Hay que reconocer que esa falta de ideología permite presentar el lado feo de la Republica.

Al descender del avión, Lidia ve como un miliciano golpea prepotentemente a un pasajero; Sofia es testigo del asesinato, sin mediar juicio, de un prisionero nacionalista; James es torturado en la Checa de Bellas Artes (la misma donde estuvo prisionera la Duquesa de la Victoria), Marga anda auxiliando seminaristas que se salvaron del “paseo” y llevan años ocultos en ruinas, y con oficiales como Carlos bien se entiende que los republicanos hayan perdido la guerra.

Aparte de los errores históricos graves (el road movie de Carlos y Lydia por zona enemiga sin que nadie los detenga, tan campantes como Messi en la cancha de futbol, es para desternillarse de la risa), la serie abraza una postura de “yo primero, y que la ideología se vaya a la porra”. Como dice Carlos “lo importante es sobrevivir”. A pesar de que Lidia le ponga cara de fuchi ni ella ni su pandilla demuestran  lealtad por ninguna causa.

Y Nacen las Fake News
 Luego tenemos al pobre Oscar clamando en el desierto por la ética periodística, pero James la deja callada con una extraordinaria explicación de por qué las fake news son justas y necesarias. Ejem. Eso ha indignado hasta una bloguera gringa, pero lo que más tristeza me ha dado de su post ¡es que se ha creído que las chekas las manejaba Franco! Ahí caes que la serie esta tan mal narrada que ya ni sabes de que bando se trata ni cual es culpable de tal y tal disparate (ya lo corrigieron). O como dijo Maria Alba en Espinoff.

Y todo, envuelto en un atrezo de cartón piedra que simula una contienda bélica y que resulta bastante naíf si se compara con otras recreaciones televisivas y cinematográficas de la Guerra Civil. Hacen falta algo más que polvo, unos cristales rotos y unos sacos de arena a los lados de la calle para recrear el avance y la victoria del bando nacional en Madrid, en 1939.

El nivel del ejército republicano no solo tiene su peor exponente en Carlos. La arrojada miliciana Sofia y el soldado a regañadientes Pablo (Nico Romero) caen prisioneros en su primer día en batalla. A Pablo le toca en suerte que quien lo coge prisionero es su gemelo Julio. Háblenme del cliché de “guerra fratricida”.

¿Pero qué vamos a decir de una serie sobre la Guerra Civil donde los párrocos de pueblo ocultan Rojos y los Franquistas matan curas? Parece que los escritores se leyeron el manual de historia al revés. Y aun así no he oído reclamos. Los abogados de la Memoria Histérica no dicen ni pio sobre esta guerra que parece película de Abbot y Costello. Les dejo esta video-reseña que les explicara mejor la masacre que se ha hecho con el pasado.

¿Y por qué van a quejarse si la serie ahora rinde culto al nuevo dios de la progresía, el Faux Feminismo Mitutero?. Y ahí tenemos a Lydia, la Suma Sacerdotisa, siempre dando sermones y discursos incluso como narradora off camera. Ella la que pasa por encima de los ejércitos Republicanos y “Sublevados” como les llama la serie y no se le arruga el vestido. SPOILER: al final cae en manos de Doña Carmen (Concha Velasco), otra irrompible, y espero que reciba algún sopapo de la suegra antes que venga a rescatarla la Mujer Maravilla

¿Y las demás? Pues típicas MeToo egoístas, enojonas, atolondradas. Lo que le dice Oscar a Carlota “últimamente solo piensas en ti” se podría aplicar a todo el Team de la Telefónicas. Eso si cuando necesitan ayuda lo más bien que recurren a los hombres, sea el pobre Isidro, James y hasta Carlos. Pero ellas siguen siendo ingratas con sus salvadores.

Hasta el pobre Oscar,  como viste pantalones y es “racional”,  ha caído en desgracia. Carlota siente que se sofoca menos y es mejor periodista con James que con su pareja. ¿O sea, Carlotita tu desde el capítulo uno que ni te has interesado por las noticias y de pronto te baja el antojo de irte a cubrir el frente con el gringo? ¿No será porque lo viste encuerado?

Sin querer dar spoilers, pero el capítulo 5 es el más despelotado. Ya raya en caricatura de Hannah-Barbera. Francisco llega en vísperas de la caída de Madrid en un vuelo trasantlatico (¿de Lufthansa? Porque LAPE, hoy Iberia, ya tenía cortada todas sus vías) y en dos segundos está en Valladolid en tremendo automóvil,  comprando soldados y arreglando fugas.

Por un par de décadas el bando vencedor se ha quejado de lo que cineastas progres han hecho con sus soldados retratándolos como violadores, asesinos y torturadores. Bueno, en “Las Chicas del Cable” son unos mamertos a los que cualquiera les arrebata el arma. Una cría como Sofia desarma y mata a su guardia; Pablo, que ni sabia disparar mata a un alférez, y Marga le arrebata el revolver a un oficial en un cuarto lleno de militares franquistas.



Y bien dice el coronel Salgado que es misericorde porque fue realmente generoso dejar ir tan tranquila a una histérica que, tras robar el arma, dispara, se manda un discurso faccioso y lo apunta con intención de matarlo. Y también Salgado pudo violar, matar o incluso humillar públicamente a Oscar-Sara, pero lo único que hizo fue obligarla a ponerse un vestido.
Oscar obligado a volver a ser Sara

Ustedes dirán “pero Malena como eres de dura si tu amas “Gossip Girl” que es la irrealidad en tacones chinos”. Cierto, pero GG nunca ha pretendido ser una serie “histórica” ni fue hecha en un país donde la historia de la Guerra Civil es tan importante que se profanan tumbas en su nombre.

Desde que abrí mi primer blog, dedicado a la política y frecuentado por muchos españoles, que he oído de la importancia (incluso como materia escolar) de la Memoria Histórica y como el tema es parte de la españolidad de este milenio. Por eso duele leer lo que Raquel Hernández Lujan ha dicho sobre la serie: “roza en lo sonrojante que sea esta la serie que sirva de bandera fuera de nuestro país”.

lunes, 22 de julio de 2019

Drama de Epoca Español: Auge y caída de la fórmula del espacio pequeño



Finalmente llegamos a la receta mágica del drama de época contemporáneo: situar la acción en un pueblo, calle o espacio laboral donde el día a día trae cambios y nuevos personajes que alteran a los regulares. España ha conquistado mercados internacionales con este esquema, pero les ha fallado con “Alta Mar” y con la bochornosa “El Continental”. Por primera vez se ha culpado al abuso de la formula, ¿pero es eso realmente o acaso no se trata de que de tanto confiar en una sola forma de hacer dramas de época se han descuidado otros aspectos?

Pueblo Chico, Infierno Grande
A pesar de que el mundo rural ha sido un marco predilecto del cine y literatura de España, fue en este siglo que el drama de época le volvió a dar un uso especial. Tanto “La Señora” en Asturias como “Bandolera” en Andalucía convirtieron el espacio rural en una presencia y un recurso para añadir intimidad. Así nacía la idea de que el pueblo chico podía ser marco de situaciones dramáticas que resultarían imposibles en espacios urbanos, y donde se podía reflejar el pasado sin tener que hacer mucha investigación o mucho revisionismo de historias oficiales.

Ya hemos visto como Sagrillas ha jugado tan gran papel en el presente y el pasado de Los Alcántara de “Cuéntame cómo pasó” pero en términos de pueblos inventados y de las cosas que ocurren allí nadie le gana al “Secreto de Puente Viejo” donde la historia la escriben los habitantes, donde se leerán noticias de “los Madrides” pero lo que pasa fuera de su ruta (y ni estación de ferrocarril tiene) ni afecta ni cambia lo que ocurra en ese entorno mítico que ni siquiera se sabe en qué parte de España queda. Algunos dicen que, en León, otros en Castilla, otros en Asturias, etc.


Fue en el 2011, en medio de sus aventuras de romanos, que Boomerang se inventó esta localidad. Al comienzo Puente Viejo era nada más que uno de los puntos donde Pepa Balmes (Megan Montaner), la protagonista paraba en su incesante peregrinar, como Ceres, buscando a su criatura.

La premisa, aunque culebrónica era buena. Pepa, una chica analfabeta, ha heredado el don de la obstetricia de su madre y también el de curar con hierbas. Comete el error de liarse con un cacique casado, este le roba el hijo y deja que la apaleen, la pobre Pepa se va por los caminos buscando a su bebé. En un camino se encuentra con un joven oficial que regresa de la Guerra de Cuba. Así sabemos en qué año estamos.

Pepa y Tristán Montenegro (Alex Gadea) vuelven a encontrarse en 1902 cuando la ahora partera recala en Puente Viejo. Tristán es casado. Su mujer Angustias (Sara Ballesteros) espera su segundo hijo, y si eso no fuera ya problema, Tristán es hijo de la mujer más poderosa y mala del pueblo Francisca Montenegro, Viuda de Castro (María Bouzas). Doña Francisca contrata a Pepa para que cuide de Angustias que está más loca que una cabra.

Comienza, y en tropel, a ocurrir la sarta de clichés a las que todo telenovelero está acostumbrado: Pepa y Tristán se enamoran, Angustias pierde al bebé y culpa a la partera; Pepa va la cárcel, pero es rescatada por el nuevo médico del pueblo que la ama. Pepa sabe (por unos lunares) que Martin no es hijo de Angustias, es el niño que ella busca.

Angustias acaba en el manicomio, pero escapa para matar a Pepa y termina suicidándose; Pepa se casa con Alberto (Xosé Barato) para tener la custodia de Martín, pero resulta que su marido es un loco asesino que la viola e intenta matarla. Lo normal es que lo hubieran matado ¿No? Pero en cambio, Alberto le da el divorcio a la partera (¿En 1900?)

 Llega el verdadero padre de Martin, lo rapta y lo deja en el bosque. Todos creen que se lo comieron los lobos (¡Mala prensa para los huargos!) Pepa descubre que su verdadera madre era una señora principal, la Duquesa de Aguamansas, Pepa descubre que su verdadero padre era el marido de Francisca; Pepa y Tristán son hermanos. Buaaah!

Por suerte, desde la llegada al pueblo, Pepa ha vivido con la Familia Ulloa. Raimundo Ulloa (Ramón Ibarra) es un hombre que perdió casa, fortuna y corazón por culpa de Francisca. Él es el verdadero padre de Tristán. Este maldice a Francisca. Francisca maldice el matrimonio de su hijo y la partera. Pepa y Tristán se casan y ella queda embarazada. Pero le vienen los dolores de parto en el bosque.

 Tiene una hija, pero aparentemente, muere. Tristán vuelve al pueblo con su hija, pero cuando regresa no encuentra el cadáver. Cree que se lo devoraron los lobos. (¡Que lobos tan hambrientos!) En realidad, ni Pepa murió, ni se sabe que ocurrió con ella, y es que desde entonces los productores han estado esperando que Megan Montaner regrese a la serie.

Pues todo esto pasó en una sola temporada. Al año siguiente, la nueva heroína era María (Loreto Mauleón), nieta de Raimundo y ahijada de Doña Francisca quien la había criado como una princesa. Maria se enamora del Padre Gonzalo (Jordi Coll) el nuevo cura del pueblo. Resulta que este es Martin, el que se comieron los lobos, que viene a investigar la muerte de su madre. Maria desolada al no poder impedir que Gonzalo tome sus votos finales, se casa con Fernando (un sobrino de Pepa) que la droga y la viola antes y después de casados.

 Fernando (Carlos Serrano) está loco. Acusan al cura de violador, le van a dar garrote vil, lo salva María que dice que no es el violador. Maria se acuesta con el cura, este cuelga los hábitos, Maria embarazada va a huir con Martin-Gonzalo cuando su madrina  la hace encerrar en un convento que era como se castigaba entonces a las mujeres casquivanas. Por fin Maria, Gonzalo y su hija Esperanza después de mil peripecias, deciden huir a Cuba, (fingiendo sus muertes) para huir de la maldad de Doña Francisca.

Desde entonces han pasado siete años, Puente Viejo, con 2000 capitulo, es la serie más longeva de la televisión española. Mas importante, para ser una telenovela de sobremesa, tiene muy buen rating y un fandom que se extiende a otros países como Italia donde es todo un éxito. “

Su popularidad se basa en el mismo esquema de soap operas gringas. Un espacio familiar e inalterable, en este caso el pueblo, nuevos personajes en cada temporada que aportan nuevos conflictos, a la par de personajes antiguos que dan el toque cotidiano como el cura Don Anselmo (Mario Martín), o Hipólito Mirañar (Selu Nieto) que es relleno cómico. A este paso Puente Viejo le gana a Peyton Place en ser la caldera del diablo.

Pero el gran atractivo de la serie es María Bouzas.  Francisca resultó ser la gran protagonista de la historia. La villana irrompible a la que han tratado de envenenar, de quemar, de apuñalar, que una docena de veces ha quedado al borde de la muerte, invalida, hasta muda. Pero su vigor contrasta con su corazoncito que a veces late por alguien, principalmente por Raimundo Ulloa, a quien no ha dejado de amar. Es un lujo ver a esta pareja, ahora casi octogenaria que se sigue amando, se casa y descasa, vive peleando, pero son románticos a su manera.

Un aparte sobre el contexto histórico. No es necesario. Precisamente la gracia de Puente Viejo es su atemporalidad. Se sabe que es en tiempo pasado más por la ropa que por alusiones históricas. Vale decirse que el salto de tiempo entre primera y segunda temporada fue el momento más histórico de la serie. Se habló del final de la Gran Guerra, entraron a Puente Viejo los automóviles, la luz eléctrica, los teléfonos y hasta hubo una epidemia de gripe española.

Pero ahora, aunque se sabe (por la edad de los niños) que están en 1926, no dejan que los fastidien los problemas que afectarán al resto de España. Inciso en la vestimenta son descuidados las mujeres lucen cabelleras modernas ni hablar de la pelambrera de William Miller, en la quinta temporada, que era la misma que lució en “Isabel” y cuando hacía de Buckingham en” Las Aventuras del capitán de Alatriste”.

Tanto éxito ha tenido este Puente Viejo, que RTVE contrató a Bambú para que les hiciese algo similar. Solo que en vez de pueblo querían un barrio como en “Amar en Tiempos Revuelto” Así nace “Acacia 38”, un edificio de 1899 donde viven cuatro familias adineradas y sus criadas. También la acción involucra tiendas de la calle del edificio como la sastrería y la chocolatería “La Deliciosa”.

Realmente, yo he tratado de verla y me aburre. Ni los personajes ni las tramas me atrapan, la idea del contraste entre amos y criados a lo “Downton Abbey” no funciona. Sus ratings siempre han sido bajos. Por suerte para ellos, el cierre de “Seis Hermanas” los hizo subir de horario y la buena sintonía de “Servir y Proteger” que la sigue, implica que siempre habrá público para ver Acacias.

Misterios y romances de Bambú
En el 2011, Antena 3 se había convertido en el sitio de las series de época con la segunda temporada de “Hispania”, el inicio de” Bandolera” y una nueva producción de Bambú. “Gran Hotel” era un proyecto totalmente diferente. Aunque ocurría en un pueblo inventado llamado Cantaola, toda la acción tenía lugar dentro del territorio ocupado por el elegante hotel del título.

Con un escenario de lujo, El Palacio de La Magdalena en Santander interpretando a la residencia principal, un romance de clase entre el joven camarero y la hija de la dueña, más el misterio de la desaparición de una empleada acusada injustamente de robo, se trataba de una combinación novedosa. Aprovechando el exitoso estreno de “Downton Abbey” el año anterior, se situó la acción en 1907, se hizo hincapié en una romántica atmosfera de la Belle Epoque y en un esplendoroso vestuario y decorado donde había mucha atención a pequeños detalles como mantelería y cubiertos.

“Gran Hotel” fue un exitazo en España y en otros sitios. Hoy se pueden ver sus tres temporadas completas en Atreseries, Hulu y Netflix. Ha ameritado copias en Italia, en Egipto “The Secret of the Nile (también en Netflix) y una producción de Televisa, “El Hotel de los Secretos”. Este año Demian Bichir y Eva Longoria ha adaptado el cuento al Miami contemporáneo para la ABC.

Recién emergiendo del triunfo de “Gran Hotel” Bambú y Antena 3 se anotaron otro gol con “Velvet”. Esta vez se trataba de un pequeño espacio urbano. Una casa de modas, al final de la Gran Vía madrileña al estilo de series inglesas como “The Paradise” o la exitosa “Mr. Selfridge”. Solo que la acción tenía lugar durante El Franquismo, en 1958. Como “Gran Hotel” lo histórico era anecdótico y no se usaba para apuntalar la trama. Pero aquí se llegó a limites increíbles.

No se menciona al Caudillo. Grace Kelly puede ir a las Galerías Velvet, pero nadie busca como clientas a Doña Carmen Polo, a la Marquesa de Villaverde o a otras mujeres del régimen. Las cuatro temporadas van desde 1958 a 1963 con evolución de la moda, pero sin mencionar ni que se vive en una sociedad donde la mujer no vota, donde no tiene derechos y donde existe una terrible represión sexual.

 Los productores han dicho que lo han hecho a propósito porque en una serie romántica no hay cabida para la política. La historia es un romance totalmente de telenovela entre una humilde costurera y el hijo del dueño de las Galerías y el gran conflicto no es el clima político sino las endiabladas diferencias sociales.

Lo cierto es que, aunque representaban un rechazo de la Memoria Histórica, las producciones de Bambú eran muy exitosas. Tanto que desde que “Velvet” cerró las puertas de su casa de modas, ya las ha reabierto en nuevo local: Movistar donde han comprado la idea y están haciendo “Velvet Coleccion”.


Netflix, Teléfonos y Feminismo Mitutero
Tanto éxito tuvo forzosamente que atraer la atención de una compañía de streaming que ahora andan haciendo sus propias series. Netflix había comprado “Gran Hotel” “Velvet” y el último éxito de Bambú “Tiempos de Guerra” y se les antojó hacer otra historia de época, en un espacio de trabajo y que mostrase la amistad entre cinco chicas que al comienzo solo tienen en común un empleo.

Aprovechando que en el 2018 se cumplían 90 años desde que se abrieran las oficinas de la Telefónica de Madrid decidieron homenajear a las primeras telefonistas y así nacieron “Las Chicas del Cable”. Comenzó con buen pie, el vestuario es esplendoroso, los diálogos son decentes, no hay mucho presentismo con la excepción de la fatal banda sonora, y tiene detalles históricos bastante importantes.

Ya en el primer episodio vemos a Alfonso XIII sosteniendo la primera conferencia trasatlántica con el presidente de los Estados Unidos. Vemos como las centrales telefónicas salvan vidas en el caso de un incendio, y como las telefonistas se enteran de quien es infiel o quien está complotando contra la Corona. Descubrimos que gracias a “las escuchas” se podía chantajear a la gente y evitar golpes de estado.  Vemos como comienzan a germinar adelantos como telefonía inalámbrica y cabinas telefónicas. Y hasta se esboza el temor futuro de que los adelantos puedan quitarles el empleo a las telefonistas.

Pero la gracia de la historia recae en sus protagonistas y sus romances y en un argumento que parece que lo hubieran escrito entre Shonda Rhimes y el difunto Maestro Fernando Gaitán. Tenemos una heroína que arrastra un prontuario de exprostituta, estafadora y ladrona. Sus amigas incluyen a la boba recién llegada del pueblo cuyo romance parece escapado de las películas de Rocío Dúrcal; la esposa golpeada que se convierte en auto viuda; y la liberada que descubre que es gay cuando se enamora de su jefa que es transgénero.

La serie es MeToo total, aunque las chicas se la pasan hablando de hombres (hasta las gays tienen un menage a trois con el novio de una de ellas) a los que manipulan despiadadamente. Los hombres hay que usarlos o matarlos. ¡Y así Sara Millán quiere ser hombre! La idea es que si no se defienden de ellos serán pisoteadas por los machos. Concepto muy Me Too, “Las Chicas del Cable” han pasado de ser amiguitas ingenuas como las comadronas de “Call the Midwife” a convertirse en el cuarteto de “Sex and the City” con toques de “Girls”. Ni hablar del final de la Primera Temporada que ya parecía “Big Little Lies”.

Sin embargo, para la tercera entrega, la serie ha entrado de lleno en el culebrón sobre todo con esa boda que deviene en incendio y robo de una criatura, totalmente fiallesca. La heroína tan liberada y tan sabelotodo, se preña y decide conservar al bebé. Peor, aun tendrá boda de blanco con el padre de su hija. 

Ay, pero la suegra le roba a la niña. Y para salvarla, el segundón (lo típico) recibe bala en la panza. Por eso me da risa cuando me salen conque, aunque no nos guste, es una serie feminista. Concedido, es feminista como la telenovela clásica es feminista.

Se entiende, el feminismo mitutero a pesar de sus mensajes radicales y su agresividad grosera, es tremendamente anticuado, basado en mensajes obsoletos y en propagandas añejas. Nada que yo no haya visto u oído en mis casi 60 años. Por eso es por lo que Alba-Lidia, el ejemplo de la heroína MeToo puede usar y abusar, reírse de los hombres y luego mojarles la camisa con lágrimas y dejar que mueran por ella.

Pero ese es mi problema con el MeToo, mi problema con “Las Chicas del Cable” es otro. Puedo aceptar su feminismo piñufla porque me divierte. Me es difícil aguantarme la música porque da un poquito de pena que con solo poner “1928” y “música” en YouTube tú te consigues todo un repertorio. ¿Qué les cuesta, perezosos? En cambio, tienen taladrando nuestros oídos y con altoparlantes la más estridente música pop del siglo XXI (más encima en inglés) que incluso hace que las parejas comiencen bailando un Charleston, pero guiadas por el soundtrack, se pongan a dar brincos como si estuvieran en un antro moderno.

Pero mi mayor problema, que a ratos me hace avanzar ciertas escenas, es el bajo calibre actoral. Un mal que he estado viendo hace rato en la televisión ibera y no lo entiendo. ¿Como puedes tener un elenco de primera en “La Señora”, en Isabel” y en “El tiempo entre costuras” y acabar en estos (por ser amables) expulsados de la escuela de teatro?  Si hasta una actriz principal como lo es Concha Velasco se ve una momia acartonada en su rol cliché de suegra bruja.

No voy a ponerme a darles palos al elenco (hombres y mujeres) aunque Maggie Civantos a ratos parece una Betty Boop rubia. Ahí la única que se salva es Ana Polvorosa en su exigente rol de transgénero que busca ayuda a lo “The Danish Girl” Pero si le voy a dar un palo a alguien, va a ser a la prota.

 Blanca Suarez es Bella con mayúscula y nació para vestirse de época, ¡pero, Mamita, que mal trabajas! Se entiende que interpreta a una mentirosa profesional, pero como que debería darle unas pistas al público de cuando está siendo sincera. Esa escena donde Lidia le explica al ex por qué no quiere abortar de nuevoque ha sido una de las mejores de la serie hubiese quedado soberbia en manos de una actriz más competente.

El Naufragio de Alta Mar
“Las Chicas del Cable” estrena cuarta temporada este 9 de agosto. Nos guste o no, es todo un éxito. Pero ha sido la última vez que ha funcionado la fórmula. Ya hemos visto que la combinación de cuento de época, espacio reducido y de la sororidad al rescate, fracasó estruendosamente con “Seis Hermanas “y “La otra mirada”. Mas sonora ha sido la debacle de “Alta Mar” el último esfuerzo de Bambú y Netflix por repetir el esquema llevándolo a su forma más claustrofóbica, un viaje en barco donde dos hermanas deben vivir romances, resolver un misterio, y enfrentarse a hombres mentirosos y machistas, en un contexto de Noir de los 40.

Dicen que se debe a que la fórmula esta caduca, pero la fecha de expiración se la ha puesto la misma producción y bien pasada puesto que el misterio es un enredo; los actores son de lo peor (el pobre José Sacristán parece gallina en baile de cucarachas); la falta de rigor histórico es puesta a prueba con Ivana Baquero en pantalones donde estaban prohibidos, rescatando una fugitiva y creyéndole el cuento de que huía del novio. ¡Hazme el favor!

En la España de Franco, aparte de que las mujeres deberían usar faldas, cualquier fugitiva debía ser una Roja esquivando el paredón. Cualquiera que las hubiese socorrido sabría lo que implicaba hacerlo y estaría asumiendo un compromiso político. Pero en esta serie que parece que tuviera lugar en Ruritania, nada de eso ocurre.

El drama de época está experimentando un auge en ambos lados del Atlántico. Señal que sigue gustando en España ha sido el exitazo de “Fariña”, un drama policial retro. Sería muy triste que, debido a que los productores carecen de visión e imaginación, no fuesen capaces de crear otra” Isabel “otra” La Señora” otro “El Tiempo entre costuras” y que el period piece ibero siguiera siendo nada más que un producto de sobremesa.

El problema no está en el abuso de las recetas, está en usar ingredientes anejos y no medir las cantidades. En “Alta Mar” Bambú usa tres ingredientes de probada calidad: espacio reducido; tema policiaco y unidad entre mujeres. Pero los cuentos de travesías marítimas comerciales solo funcionan si hay muchas historias corales (“La nave de los locos”; “El crucero del amor”) si lo asaltan piratas (“Mares de China”;” El Capitán Philips”); si hay una guerra o contexto histórico (“El viaje de los malditos”); o si se hay un naufragio (“Titanic,” “The Poseidon Adventure”).

“Alta Mar” carece de todos esos ingredientes. El misterio es muy soso y previsible; la relación entre las hermanas, tal como sus romances, te pone a dormir sin contar ovejas; y la rescatada resulta ser una fichita cuyo asesinato no apena a nadie. Con eso les ha quedado un platillo insípido.

Esperamos que Bambú aprenda la lección, porque es la única productora que tiene éxitos, aunque no me sorprendería que después de” Fariña” se dedicase a lo retro (léase cosas que ocurren en los últimos 40 años); Boomerang se ha quedado con sus series de sobremesa, Diagonal está más interesada en temas catalanes. Y no hay otras productoras respetables.
La Chambonada de “El Continental”
Hablando de productoras nuevas, le he hecho ya la cruz a Gossip que se sintió muy gallita y para La 1 hizo una serie dizque de época, usando la formula del espacio pequeño, pero lo que les quedó fue indigerible. La historia de un club clandestino en el Madrid de los 20, con una chica queriendo manejar al bajo mundo devino en la más grotesca parodia de “Peaky Blinders”.

Para explicar como una serie nocturna arrancó un 10% de audiencia y acabó en un 2,85 (y eso que la cambiaron de horario) se barajan las mismas insulsas excusas de siempre; que si la competencia les puso series de mayor peso. No señores, es que era una parodia zafia, no tenía ni el contexto histórico, ni la atmosfera de época, ni los actores, ni los mega personajes, ni el vestuario de ” Peaky Blinders”. Era un argumento descabellado y una estética de brocha gorda.

Eso es lo que no tienen en cuenta cuando hacen un period piece, más allá de anacronismos y presentismos, la ausencia de atmosfera de época quita credibilidad al cuento. Tener a Michelle Jenner corriendo por el bar dando balazos no la convierte en la Grace de “Peaky Blinders”.  ¿Y cuando hubo Ley Seca en España?  Si se va a imitar hay que hacerlo de manera más sutil y profesional. Al final les hubiera quedado lindo aun cuando la acción solo tuviese lugar dentro de un local, si lo hubieran dotado de los ingredientes que están a la mano, pero les da pereza ir a la alacena por ellos.

jueves, 27 de septiembre de 2018

Malena en el País de Netflix (I)



Y sucedió. Cuando ya creía estar muy vieja para nuevas experiencias y he aquí que me he aventurado en los recovecos del Netflix. Un mes gratis y un mes de prueba por $10.99 y por fin conozco este mundo del que tanto he oído hablar.

Perdida en el laberinto
Fue un regalo de cumpleaños y lo estoy aprovechando al máximo,  aunque a ratos me mareo, a ratos me pierdo. El browsing (y ya me lo habían advertido) es tan simple en el sentido de basto, tosco que llega a ser complicado. Tiene como un millón de ofertas,  pero el menú solo te da diez categorías para encontrarlas. Uno entra y se encuentra con esas divisiones, elige algo, lo ve, se va,  vuelve al día siguiente y en la misma categoría aparecen nuevos títulos que te perdiste el día anterior.

Además las divisiones son un poco amplias. “Reign”está  clasificada,  junto a “Scandal” y “the West Wing”,  como “drama político “. Después se sienten capaces de elegir por ti solo basándose en lo que has visto, y lo hacen muy mal.  Tras ver “La Catedral del Mar”,  me recomendaron ver…”¡La Familia Peluche”! Son parecidísimas, en serio.

Luego está la plataforma en sí, que tampoco es muy amistosa con los que, como yo, nos manejamos con tecnología antigua. Puedo verla en mi celular donde escasamente alcanzo a vislumbrar los textos, o en mi Tablet,  y Melisandre hace rato que pasta, la tengo solo para Wassap. Así que todo debo verlo en esta estrecha pantalla de mi Sansa, pero si la laptop aguanta, yo voy con ella. Igual yo quisiera ver todas estas bellezas en una pantalla grande.

En casa tenemos dos televisores. Uno pequeño, una antigualla, que todavía trae agregado un videoplayer. Es de mi hermano y le encanta. Por eso me dejó la LG gigante, pero la pobrecita no es “inteligente” (léase, la fabricaron antes que existiera Netflix).  Voy a tener que esperar a esa mítica nueva casa donde podremos tener un nuevo televisor donde se puedan trasladar Netflix y YouTube. Aunque el Profesor Ochoteco me recomienda un artilugio llamado Google algo que me permitirá hacer esa migración desde el notebook hasta la lG.

Las Chicas del Cable

Por otro lado, Netflix, es bastante cómoda para mi oído. Lo primero que puse fue “Las Chicas del Cable” y me sale Blanca Suarez hablando en inglés. Ay, así no bailo con el señor. Reviso, reviso y veo una opción español original”. Con el apuro de hacerle clic,  no me fijé que decía “comentado” y me sale una telenovela polaca. Por si no lo saben, las telenovelas latinas en Polonia (no sé si todavía, pero ocurría en los 90) no las traducían. Tenían un comentarista que iba describiendo lo que pasaba en pantalla. Ahora yo tenia el mismo cicerone . Mejor guardarlo por si algún día (y toco madera, D-s no lo permita. Hasvah-ha-lila, y Lagarto, Lagarto), me quede más ciega que Esmeralda.

No terminé de ver Las Chicas, porque realmente,  a pesar del vestuario, sentí que iba a ser un cruce de “Velvet” con “La Otra Mirada”, un mundo sin tecnología, pero con sensibilidades mituteras. Maás me atraía seguir esculcando y acabé viendo algo llamado “Land Girls”. Primera buena noticia, también tienen close captions para los duros de oído o para los que tengan problemas con la variedad de acentos regionales anglos . Segunda buena noticia, la serie solo tiene cinco episodios, así es más fácil tragársela.

Land Girls

Esta miniserie del 2008 trata sobre las Land Girl, un servicio obligatorio para las británicas, durante la Segunda Guerra Mundial. Involucraba a mujeres  que no estaban en el ejército, que no estaban trabajando en una ‘fabrica,  o que no tenían hijos que cuidar. Se las mandaba al campo a reemplazar en las faenas rurales a los hombres que estaban en el frente. Mi mayor sorpresa es como hicieron tres temporadas de algo tan baladí, y no dejaron ni acabar la segunda de la excelente “Home Fires” que trataba de un tema similar.

La historia sigue a  cuatro Land Girls en algún pueblo perdido de la campiña inglesa. Cual de todas más bruta que la otra, son interpretadas por actrices desconocidas y mas encima feas, hay dos que encarnan a mujeres casadas con soldados en servicio activo, una ama al marido, la otra no. Hay una hermana menor, la más idiota del grupo, que se preña de un americano (los yanquis son los malos en este cuento), y otra, de clase un poco mas alta que se lía con el Lord local. Esto es como lo mas interesante, pero al final de la primera temporada, lo matan. Fin, no la veo más.

Mad Men



Puede resultar extraño, pero lo próximo que vi fue “Mad Men”. La tienen enterita, las  siete temporadas. Es como un viaje en el tiempo para reconocer que no se ha conseguido hacer una serie igual. Yo tengo un vago recuerdo de haber visto este episodio por allá por el 2008. Recordaba lo patán que era Pete Campbell y como le hizo un hijo a Peggy, tras humillarla todo el día en la oficina, y emborracharse en su despedida de soltero.

También, obligatorio es recordar ese primer encuentro entre Don y Rachel Menken, que siempre sospeché fue el gran amor del publicista (después de Betty, por supuesto) en el que él la ofende por ser judía y por ser mujer. Genial, el pobre Roger Stirling tratando de encontrar en toda la compañía, un, uno solo,  empleado judío, para que Rachel se sienta  cómoda. Habla volúmenes de la evolución de  Stirling-Cooper  que en temporadas posteriores no solo tengan empleados judíos, además que  Roger acabe casado con una de ellas.

Hubo tantos pequeños detalles que la primera vez me perdí: la falda de Peggy que recibe criticas por ocultar sus piernas; los mensajes cruzados que bombardean a la Olsen en su primer día de trabajo y que devienen en una bochornosa escena con Don; los esfuerzos de Sal por verse “machote” mientras trata de cerrar la puerta de su closet para que no se le descubra que es gay.

Pero lo que más me impresiono es como se gastan una hora mostrándonos a Don como el Don Juan de La Gran Manzana, el cínico mas grande del universo, y al final lo vemos llegar a una casa de ensueño y a una hermosa y enamorada esposa que lo mira con ternura mientras él arropa a sus hijitos. No, no se ha vuelto a hacer una serie como esta. Un gusto poder verla de nuevo.

El segundo episodio “What do Women Want” tiene a Don y a sus publicistas buscando un modo de vender un desodorante en aerosol a mujeres que se los comprarán a sus hombres. Fue un episodio sobre competencias. Joan que sigue intentando ser la mentora de Peggy, pero que la aplasta cada vez que siente que la nueva le quita espacio. Me da morbo ser la única que sabe que Peggy está embarazada.

Competencia entre varones, a ratos cruel y violenta cuando los publicistas rocían a Ted con desodorante porque según ellos huelen mal (Don se ofende cuando su amante lo manda a ducharse. El aroma masculino es algo que no se discute).  Los hombres se olfatean como perros. Roger compite con Don y para eso quiere saber mas de su publicista estrella, pero Draper es una ostra cerrada.


La misma Betty se siente descorazonada por lo poco que sabe del marido. Eso es parte de su cuadro de ansiedad. A Don le parece extravagante que su mujer pueda ser infeliz. Lo tiene todo.  ¿Qué más quiere? El problema es lo que Betty no quiere. Sus miedos a perderlo, a pasar a ser una divorciada como la vecina, su miedo a la bomba nuclear, a hacer un mal papel  delante del jefe del marido.


Tanto estrés acaba en un accidente. A Betty se le congelan o le tiemblan las manos y es incapaz de controlar el volante. Los médicos creen que son nervios. A pesar de que a Don no le parece (solo la gente infeliz va al loquero) le permite a su mujer ir a un psiquiatra. Escena de gran glamur.  Betty en el sofá fumando y sus faldas flotando hasta el suelo (aunque no creo que se usase la mezclilla para trajes de calle). Lo poco glamoroso es como el doctor le pasa un reporte completo al marido. Ayer y hoy,  la psiquiatría se las arregla para traicionarnos.


Curioso lo bien que me caía Betty entonces y como acabé odiándola. Es como con Daenerys Targaryen. Cuando están en el suelo, las quieres; las odias cuando comienzan a quemar gente con sus dragones.

Peaky Blinders

Antes de que me estrangule la Gatita Guivi, vamos a hablar de “Peaky Blinders”. Después de cinco años de espera, no tengo quejas. Me habían dicho que era “Boardwalk Empire” a la inglesa. Eso para mi es un elogio así que no me molestan las similitudes, pero también enfatizo las diferencias. Para quien no sepa  Peaky Blinders fue una banda criminal que tuvo gran influencia en Birmingham durante La Belle Epoque. Se les llamaba Peaky Blinders porque sus miembros portaban hojas de afeitar en las viseras de sus boinas (Blinders).

Aunque la banda original perdió importancia en 1910, Steven Knight decidió usar el nombre y el espacio geográfico para una fábula del bajo mundo de la Birmingham de los 20. Sigue el modelo cronológico de “Boardwalk Empire” aunque aquí no entra en juego La Prohibición, pero si los miedos de la postguerra británica: el auge del comunismo y el terrorismo irlandés.

La acción abre en 1919, casi recién regresados de Flandes,  Los Hermanos Shelby, Tommy (Cillian Murphy) y Arthur(Paul Anderson) se han hecho cargo de la banda, que durante la guerra estuvo en manos de la Tía Pol (mi archi enemiga Narcissa Malfoy mejor conocida como Helen McCrory de Lewis) y debería seguir ahí porque es la más lista de la familia. El resto de los Shelby lo componen un par de hermanos y una hermana, cual de todos más tonto.

En Tommy y Arthur vemos los espejos de los Hermanos Thompson de “Boardwalk Empire”.  Tommy que volvió de la guerra con las barras de Sargento Mayor,  y más medallas que las que le caben en el pecho,  es inteligente, ambicioso y visionario. Ósea es Nucky, el que piensa para que su hermano no se canse haciéndolo. Pero Tommy también es un poco Jimmy Darmody. Trae un trauma oculto de las trincheras, no se le ha conocido mujer desde que se quitó el uniforme y como Jimmy que se daba toques de cocaína, a Tommy le gusta perseguir al dragón (en slang de entonces: fuma  opio).


El problema comienza cuando,  por equivocación,  los hombres de Tommy se roban un cargamento de armas destinadas a Libia (¿por qué a Libia? ).  Ese robo alerta a  las autoridades que creen que o han sido sustraídas por los Rojos siempre a la espera de instalar un Soviet,  o por los Fenianos, igualmente peligrosos. Hacen traer de Belfast al Inspector Chester Campbell (Sam Neill) que ha estado batallando la rebelión irlandesa junto con los Black&Tans.

Campbell tiene la manía de dictador latinoamericano de desaparecer gente, pero como le explica Winston Churchill (Andy Nyman), Inglaterra no es Irlanda, tiene que hacer las cosas legalmente. Campbell arresta a Arthur Shelby,  lo apalea hasta el borde de la tortura y se da cuenta que este Blinder no sabe nada. Le ofrece hacer un trato, tratando de comprarlo con el cuento de que los dos son veteranos. Pero Tommy descubre que Campbell no estuvo en el campo de batalla, Y con esa obsesión,  tan de Jimmy Darmody,  de creer que solo sirven los que pelearon y sufrieron, decide que hará algo mas interesante con las armas.

El personaje de Sam Neill con sus obsesiones moralistas, su desconfianza (bien fundada) en la policía local y su fijación en una mujer que (ne imagino) deberá compartir con su enemigo recuerda a Nelson van Alden (Michael Shannon) de “Boardwalk”. Su discurso a la policía local también suena a los que el agente del FBI les endilgaba a sus hombres.

La serie se ve buenísima. Como “Boardwalk” , tiene un muy buen asesor histórico, no carece de ambiente de época. Se nota  el grado de pobreza de calles todavía empedradas, de una vida cotidiana publica provocada por la promiscuidad de la escases y estrechez de vivienda. Se ve un mundo lóbrego y oscuro como los canales donde vaga el bote del tío Charlie (Ned Dennehy), un Caronte cockney que transporta tanto mercancía robada  como cadáveres.

Como en “Boardwalk”   hay un intento de mostrar todas las comunidades de esa clase humilde (y criminal) birminghaniana. La serie comienza con un intercambio entre Tommy y una brujita china que supuestamente hechiza su caballo para que gane carreras. Luego vemos el lado italiano, con restaurantes pintorescos y bandas de gánsteres no tan pintorescos. Aun así, como en “Boardwalk”, el énfasis no es en luchas de poder sino en el desarrollo psicológico de los personajes. Hasta ahora, Tommy es el mas importante en ese aspecto.

La serie sufre del defecto del género gansteril de que las mujeres no sobresalen. Un diez a ” Boardwalk”  donde tal cosa no ocurrió. La Tía Pol se ve interesante, pero no hasta el punto de convertirse en una Jill Darmody. Ada Shelby (Sophie Rundle) es una alelada que se va meter en problemas y va a meter en ellos  a su amante, Freddie (Iddo Goldberg), el comunista local y ex compañero de armas de Tommy.

La que debería interesarme es Grace (Annabelle Wallis, la Reina Jane Seymour de” Los Tudors”), la agente infiltrada por Campbell que se hace pasar por inmigrante irlandesa y sirve en la taberna de los Shelby (The Garrison), pero  me parece muy sosa, muy lejos de las dimensiones míticas de Margaret Schroeder-Thompson de Boardwalk Empire”.

El segundo episodio ha sido muy movido y muy llamativo. Los Shelby se alejan de Birmingham para ir a una feria de caballos en una aldea rodante de tinkers (gitanos). Es agradable ver el cielo azul y el verde de la campiña. Tommy quiere adquirir un caballo, pero termina peleando con otra tribu de gitanos mafiosos,  los Lee.

Por fin vemos un despliegue del arte de pelear con una boina como arma, pero aunque Tommy acaba de dueño de un hermoso caballo blanco, se han echado encima un tremendo enemigo. La serie parece tener un lado esotérico, porque de nuevo se habla de brujería. Los Lee han usado un hechizo de magia romaní para enfermar al caballito. Tommy no tiene más remedio que matarlo.

Los Lee no son el único problema de Tommy. Aprovechando la ausencia de los Chicos Shelby, Campbell hace una redada de la población comunista de la barriada. Ada Shelby está como siempre montada en Freddie, pero ambos consiguen huir. Freddie debe dejar la ciudad. Campbell gana el primer round. Ha dado un duro golpe a los agitadores y a su familia. De paso  hace pedazos las tabernas locales, menos el Garrison de los Shelby. Hace correr la voz, que los Peaky Blinders trabajan con él, pero Tommy es más inteligente.

Hace que traigan todos los retratos del Rey Jorge y los quema ante los atónitos ojos de un periodista. Tommy le da su nombre y le explica que no es un  acto de rechazo o desprecio. Quieren evitar que su soberano sufra la vergüenza de ver como hombres que pelearon por él, sean ahora humillados y maltratados. Tommy ha descubierto el poder de los medios.

En Inglaterra ( hoy y entonces)  no se puede escribir nada de la Familia Real sin pasar por “la firma”. Esto significa que un airado Winston Churchill llama a Campbell y le da una zurra verbal. Que encuentre las armas y se deje de molestar y de paso que no abochorne a la Corona.

 La Tía Pol capta que a la sobrina le han crecido los pechos. Como Ada no quiere decir el nombre del padre del bebé, y se niega a abortar, Pol la acusa con Tommy. Escena fantástica en que Tommy confronta a su hermana que está viendo un filme en el teatro de la familia y le exige saber el nombre del padre. “Rudolph Valentino” responde Ada.   Error, aunque Valentino si aparece en pantalla, en 1919 era un actor terciario y trabajaba bajo diversos nombres como “Di Valentina”, “De Valentino”, o  “Valentine” No sería Rudolph Valentino sino hasta 1920.

Finalmente, la cansada Ada le grita a su hermano que el padre es Freddie “ fucking” Thorne.  “Tu compañero de escuela. El hombre que salvó tu vida en Francia. ¡Anda y mátalo!” Pol le cuenta a Tommy que Ada no quiere abortar y quiere comunicarse con Freddie, para ver si quiere casarse con ella. Tommy quema la carta a pesar de que Pol lo amenaza con un atizador. Le dice que Ada nunca será con feliz con Freddie, que siempre vivirá a salto de mata,  ambos  buscados por la policía.

 Pol sigue creyendo que Ada y Freddy merecen una oportunidad. Tommy, que es genial para decir cosas crueles, se sorprende que a quien le ha ido tan mal con los hombres todavía crea en el amor. Tommy, Darling, esas somos las más románticas. Pol  tiene una conversación profundísima, tristísima, y convincente con la sobrina. Le cuenta como a los dieciséis años abortó. Finalmente, Ada acepta que Freddy no va a volver y que debe ir a Gales con la tía a deshacerse del bebé.


Me quito el sombrero ante Helen, madre de hijos pelirrojos, que buena actriz salió, y eso que no he mencionado la joya de la corona: su encuentro con Campbell. Mientras, los gorilones protestantes del Inspector rompen los sofás de comunistas, parientes y simpatizantes, y los Shelby tienen su lucha campestre con los Lee, Tía Pol , de mantilla, prende velas en la iglesia. Entra Campbell como Pedro por su casa. La tía solicita que se quite el sombrero, el rufián, como respuesta, limpia su pipa en un asiento. Realmente revienta el pobre, y ya quedé clara que los católicos han sido los judíos de Inglaterra.

Campbell le pregunta a Pol si las velas son por sus sobrinos. Muy dama, ella dice que son por sus empleados, los que no volvieron del frente, y gentilmente le recuerda a Campbell que él no sirvió. La reacción del inspector es agredirla (también rompe el altar). Con gran presencia de ánimo, Pol hace lo que toda mujer debería (si no nos paralizara el miedo) en esas circunstancia: lo besa. Luego le dice al espantado Ulsterman, fingiendo sorpresa,  que como la agarró,  malinterpretó sus intenciones. Campbell se bate en retirada, pero exige hablar con “El Patrón” ósea con Tommy.

El Patrón va a esa entrevista en exclusivo salón de té. Me encantan esos contrastes de Steven Knight entre la miseria y oscuridad de los bajos fondos y de la luz (aumentada por los tapices crema y rosa que decoran las paredes) y opulencia de este salón reservado para dos. Me recuerda su trabajo en ”Eastern Promises”.

Campbell explica,  un poco cortado,  que ha escogido este sitio porque no es territorio de ninguno de los dos. Eso es evidente, Tommy parece tiburón en tope de montaña (símil de Jaime Lannister) y se rehúsa a tomar té. Campbell se siente incómodo con el florero con calas de centro de mesa y lo retira.

La carta del Inspector es una receta de vitaminas a nombre de Ada encontrada en el cuartucho de Freddie, pero le es inservible. Tommy,  flemático,  ofrece impedir que Freddie regrese a Birmingham, eso es parte de su trato. Quiere que Campbell lo deje seguir sus negocios, legales o ilegales, a cambio le dará las armas.

 Si el inspector intenta algo en contra de los Peaky o de Tommy, las armas tienen orden de dirigirse a Belfast a manos del ERI (Ejército Republicano Irlandés). El desesperado Campbell se niega a estrechar la mano del gánster, pero Tommy despectivo le dice que él tampoco tocaría un hombre que no  estuvo en servicio activo. ¡Ayyy no le van a dejar pasar esa nunca!

Esa noche, en medio de una representación de Tosca, Campbell solicita a Grace que averigüe donde están las armas. Que use las tretas necesarias para sonsacar a Tommy. Le entrega un revolver. Está avergonzado.  “Me siento como un padre que manda a su hija a un burdel” dice. Grace sigue fría e impávida, sigue sin convencerme. Entiendo que deba verse indiferente y profesional con Campbell que ahora noto,  muere por ella, pero siempre se ve tan apática. Y no es la actriz, que se vio cálida y espontanea en “Los Tudor” y en “Fleming”

Tommy ya sabe que Grace oculta algo. Tiene amigos en Dublín que jamás han oído de ella. Nota que la camarera habla como las chicas elegantes de Belfast, pero Tommy comete un error en su arrogancia. En vez de dejar que Grace le cuente su historia, y como tiene muy presente lo de su hermana, se inventa un cuento de que Grace es hija de familia, que se embarazó y rodó pendiente abajo. Hábilmente,  ella lo deja que se crea su propia invención. Acepta acompañarlo para “un trabajo” a las carreras.

En la estación de tren, Ada y Pol tienen un encuentro con Freddie Thorne. Tommy le escribió ordenándole que buscara a Ada y ambos abandonaran Birmingham. Freddie le pide matrimonio a la Nena Shelby. Ada y su tía se abrazan, pero en vez de huir a Cardiff, Freddie exige casarse en Birmingham y vivir en Birmingham. ¡Uy que porfiado! Y ahí nos quedamos hasta la próxima semana.

La Catedral del Mar

El jueves me ha tocado tragarme “La Catedral del Mar”. Tortura total. Me gusta contar la anécdota de como perdí las amistades con el bestseller de Ildefonso Falcones. Hojeándolo en el super me cayó el mamotreto en un pie y quedé coja todo un día. Fin de lectura, sobre todo que recorrer un par de diálogos ya me indicó que  hablaban como si estuvieran en “El Hormiguero”. ¡ Zape gato.! Esos modernismos los han trasladado a la adaptación de Diagonal, que , aunque también creó” Isabel” y  “Carlos, Rey Emperador”, no supo traerse un guionista para darle un poco de sabor de época.

Lo bueno: Es coherente, aunque huele a Los Pilares de la Tierra de Ken Follet. Hay cierta atmosfera de época, a pesar de los pobres parlamentos. Interesante ver el mundo de la incipiente clase media (artesanos) de la Barcelona medieval. La movilidad social que permite a Grau Puig (Ginés García Millán) llegar de alfarero a noble, a Joan (Pablo Derqui) de gamín callejero a inquisidor. También que la iglesia, por una vez no sea villana. Joan es un fanático, pero porque acarrea traumas desde la infancia. D’Emeric (Sergio Peris Mencheta),  aunque cruel es justo,  y el Padre Albert es un amor (un cliché dé la ficción medieval es que los franciscanos siempre son buenos).

Lo Malo: Aunque sabido es que el hoi polloi de entonces eran los conejillos de indias para que los poderosos ejercitaran su maldad y que Idelfonso Torres se limita a describir atropellos e injusticias que eran pan del cada día en el Siglo XIV, uno siente que ya hay un exceso. Quizás sea porque las injusticias nunca son vengadas, porque no hay un equilibrio. No culpo a la serie que solo sigue las pautas del libro. Está bien que muestren un caso de droit de seigneur muy  típico de la España de la época, ¿pero tienen que matizarlo con el esposo obligado también a violar a la mujer? Ya parecen nazis.

Luego está lo de hacer pedazos a Habiba (Julia Carnero). Si ya sé que a los esclavos se les sometía a todo tipo de crueldades, pero Grau Puig sabe que Habiba no es culpable, ¿por qué no darle un par de azotes y despedirla? ¿Necesita matarla a palos? Eso se entendería en  personalidades sádicas como las de Llorenç de Bellera (Alain Hernández) y su hijo Jaume (Iñaki Font), pero Grau no es sádico.

Y después que ya tuvimos violación en grupo en la primera entrega, ¿tenemos también que ver como secuestran y violan a la inocente Mar (Michelle Jenner) soio porque le hace ojitos al padrino?. Y aquí me llega una queja que hace rato que las feministas debieron hacerles a Falcones. ¿Por qué sus mujeres son tan malas? Es cierto que solo las ricas lo son y eso porque esta novela sigue un esquema maniqueo de ricos villanos y pobres angelicales.

Aun así, las mujeres como Isabel (Eva Rufo), Margarida (Ana Moliner) y Elionor (Silvia Abascal) son monstruos y no se entiende. A la Alionor se le mete en la cabeza que su marido no se acuesta con ella (no por fea y fétida) por culpa de su ahijada de la que está enamorado. Vamos haciendo que la violen. Margarida provoca la muerte de su hermanito, la tortura de su esclava y en vez de arrepentirse, le toma un odio inusitado al primo que la encubre.

Isabel es el caso más curioso. Entre personajes planos y flojos, esta es como contradictoria. Grau Puig se ha casado con ella para ser noble, y ella que no es ni joven ni bonita, tuvo que aceptar porque parece que no consiguió otro novio. La mujer en vez de cargar con el marido y los hijastros  se obsesiona con el protagonista que es un niño que le sirve de caballerizo.

 Cuando Arnau(Hugo Arbues) le falta el respeto (según ella) Isabel exige que le pida disculpas. El nene no quiere y a Isabel se le mete entre ceja y ceja que ha de hacerlo. Impide que lo despidan porque lo necesita cerca para que le pida disculpas. Da como risa que esta señora haga un propósito vital el esperar una disculpa. Cuando Arnau y su padre se marchan, pero hay una hambruna, lo único que se le ocurre a Isabel es que ahora el pequeño presentará sus excusas por un plato de comida. Parece la villana de “Marimar”.

No recomiendo un cuento tan lleno de clichés, personajes estereotipados y una historia que tiene sus patinadas. Pedro era Rey de Aragón, no de Cataluña; Hasdai Crescas murió en su cama, fue su hijo el que  fue quemado por la Inquisición, etc.

Los dejo aquí. Para la próxima voy a comentar las series “continentales” que vi. Parece que en Europa se están poniendo las pilas respecto a la televisión.