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lunes, 18 de diciembre de 2017

La Princesa Está Triste. O como Margarita labró su propia infelicidad


La primera aparición de la Princesa Margarita en la Segunda Temporada de “The Crown” es a la hora del desayuno,  adonde llega borracha y desaliñada. A los reproches de la hermana responde que “es infeliz” por no haberse casado con el hombre que amaba. Por supuesto, todo esto es culpa de Lilibet. Ya basta, Margarita. Ya basta, Peter Morgan. Hasta El Mercurio de Antofagasta sabe que eso no es cierto.

En el 2015, y luego que el Príncipe de Gales contrajera nuevas nupcias con una divorciada, el Acta de Matrimonios Reales de 1772 dejó de existir. Sin embargo, pudo habérsela anulado en 1955, pero fue precisamente la Princesa Margarita quien lo impidió. Eso lleva a una pregunta: ¿Estaba Margarita realmente segura de que Peter Townsend era el hombre de su vida? Y, en caso de haberse casado, ¿hubiesen sido felices?

Los documentos extraídos de los Archivos Nacionales en el 2004 nos dan una versión de los acaecido en 1955 muy diferente a la que nos muestra “The Crown”.  Desde el momento en que la Reina Isabel se entera de la cláusula (oculta) del Acta, en la que se exige el permiso de otros poderes para que el enlace Windsor-Townsend se realice, se pone las pilas. Primero le da un buen sacudón a Anthony Edén que lo despierta de su sueño guajiro provocado por extrañas drogas. Y luego se ponen en campaña.

 El primer ministro está más que dispuesto a ayudar a los enamorados. El mismo es un divorciado y casado en segundas nupcias con Clarissa Churchill, sobrina de sir Winston. Lord Avon envía cartas a los ministros de la Mancomunidad (Commonwealth), a los que la princesa tendrá que apelar, especificando que el deseo de Isabel es este: “Su Majestad no desearía interponerse en el camino hacia la felicidad de su hermana". Con eso ya les está diciendo que deben votar a favor de Margarita.

Aunque hay ministros de la vieja escuela que se oponen vehementemente a la unión (el Marqués de Salisbury amenaza con resignar a su puesto) no todos los políticos están en contra. El laborista Michael Foote escribe en The Trbune que es intolerable interferir en “la vida privada de una jovencita”. Cuando la reina se dispone a abolir la infame Acta de Matrimonios Reales, Lord Kilmuir (otro ministro) le escribe a Eden aplaudiendo la solución de la soberana puesto que la tal ley es confusa y está mal redactada.

Isabel y Eden planean presentar un proyecto de ley al parlamento que reducirá el riguroso castigo que espera a la princesa si llega a casarse. Aunque Margarita deberá renunciar al trono y también renunciar a que sus hijos y descendientes puedan aspirar a la corona, el nuevo proyecto solicita que la Princesa siga recibiendo trato de “Alteza Real” (incluso se habla de otorgarle algún titulo nobiliario).

Según lo estipulado, Margarita vería su pensión anual de 16,000 libras esterlinas reducida a 6,000. Isabel decide que, al casarse, la pensión de su hermana se eleve a 9,000 libras anuales. Incluso el exilio forzoso de cinco años que esperaba a los futuros esposos Townsend se vería recortado de cinco a solo dos años Todo esto parece tan acomodable y justo.  ¿Por que no se llevó a cabo?

Entre los papeles de Lord Avon que salieron a la luz en el 2004 hay una decidora carta que Margarita le escribe a Anthony Eden, unas semanas antes que Peter Townsend regrese a Inglaterra. En la carta, Margarita le solicita que no hagan nada, que no cambien nada, sino hasta que ella haya tomado una decisión. “Y solo cuando lo vea (a Townsend) podré saber con propiedad si deseo casarme con ‘el o no” dice la princesa. Ahí tenemos claro que ya había dudas graves por parte de Margarita. Dudas que no se disiparon al reencontrarse con su amante,  en Clarence House, en octubre de 1955.

Las especulaciones han sido muchas y yo le apuesto a varias. Primero, la misma fe de la princesa ha sido puesta a prueba. No hay manera que ella contraiga matrimonio religioso en la Inglaterra anglicana. El arzobispo la ha amenazado incluso con excomulgarla y privarla de la comunión. Margarita no solo no quiere caer en pecado mortal, además con lo orgullosa que es, no soporta vivir como una paria impedida de entrar a un templo junto a su familia.

En su autobiografía Time and Cirscunstances (1978), escrita casi dos décadas después de su rompimiento, Peter Townsend culpa este en el miedo de Margarita de perder su “prestigio” y su dinero, termina diciendo que el no era “suficiente” para reemplazar la perdida de esos privilegios. Es cierto, nueve mil libras suenan como una gran suma, pero la princesa era gastadora. Esa suma no le iba a bastar.

En cuanto a prestigio, de toda la Familia Real, Margarita era la mas soberbia, la mas déspota, la que obligaba hasta a sus amigos a decirle “Señora” o “Alteza”. Ser princesa, y vivir como tal, era su identidad. Fueron las inseguridades de Margarita, y la conciencia de su propia incompetencia lo que motivó esa famosa declaración pública (leída por la princesa, pero redactada por Townsend) en la cual Margarita renunciaba a ser feliz junto al hombre que amaba.

No entiendo porque en la serie han hecho que sea Townsend quien hable con la prensa cuando la realidad, una princesa confesando públicamente que anteponía su fe religiosa y su deber antes que su amor era mucho más dramática y conmovedora. Martin Charteris diría de Margarita que con ese paso “se sacrificaba a sí misma”. Esa es la imagen que vimos y heredamos de Margaret Rose, pero a juzgar por la carta a Eden, y por lo dicho por el propio Townsend em su biografía, Margarita no quiso sacrificar sus privilegios. Tuvo miedo y es disculpable.

Margarita sin rango y sin dinero valía hongo, muy guapa, pero nada más. Ese barniz de mundanidad, esos excesos de frivolidad que la hacían tan famosa y popular solo se conseguían gracias su estatus de realeza y al hecho de ser costeados por su pensión de princesa. Aunque nueve mil libras suenan bien en papel, no eran suficientes para mantener el tren de vida de Margarita. Ella ya se veía, como el tío David, mendigando anualidades, regateando con modistos. Aun peor,  viéndose obligada a llevar una existencia burguesa y reducida en el extranjero, casada con (y parafraseando a Felipe) una “planta aburrida”. 

Townsend era hogareño, Margarita era de francachelas. El quería vivir en el campo y ella añoraba el bullicio de la vida nocturna, bares, restaurantes, teatros. A diferencia de la Queen Mum, Margarita odiaba la pesca y la cacería, los consideraba deportes “poco femeninos”.  La serie dice que Isabel envidiaba a su hermana. Lo cierto, y esto dicho por Marion “Crawfie” Crawford, la nana de las princesas en su controversial libro sobre sus encargadas, Margarita siempre quiso lo que tenia Isabel, pero sin las responsabilidades del cargo.

Se ha dicho que Margarita quería ser actriz o cantante, que amaba el mundo de la farándula. Casarse con Peter la liberaría de las ataduras de princesa. ¿Por qué no intentar entonces una carrera en las tablas? La verdad es que a la princesa le gustaba cantar y hacer pantomimas delante de una audiencia cautiva. No estaba ella para criticas desfavorables ni para caprichos de espectadores. En 1955, Margarita codirigió una pieza teatral de Edgard Wallace que fue un fracaso total. Sir Noel Coward cuenta como él casi lloraba ante el fracaso, mientras la real directora bebía campaña tras bambalinas y hacia comentarios ofensivos sobre el público.

Para Margarita, el mundo de la farándula era como Peter, gente que estaba ahí para servirla y adorarla. Ella podía acostarse con Peter Sellers, David Niven y Warren Beatty o probar el LSD con los Beatles, pero ellos debían hacerle reverencias y mantener las distancias. Cuando Sir Derek Jacobi intentó prenderle un cigarrillo con su encendedor, la princesa le recordó que ella estaba demasiado alta para el encendedor de un actor.
Margarita y  Peter Sellers

 Leslie Carroll en Royal Pains, describe una cena en Los Ángeles, a mediados de los 70s, con el entonces (y actualmente,) gobernador de California, Jerry Brown. En un momento, la gran Linda Ronstadnovia oficial del gobernadoraccidentalmente ¡tocó a la princesa! La cara de Margarita era la de alguien a punto de vomitar y el sacudón que le pegó al hombro donde se posaba la mano de la cantante casi derribó a Linda.

Es comprensible que la princesa temiera entonces vivir en un mundo de igualdad. Nunca se llevó bien con la gente, la veía por debajo de ella. No sabia ni le interesaba ser como “todo el mundo.” A diferencia de su hermana, Margarita tuvo pocas oportunidades de llevar una vida igualitaria. Nunca sirvió en el ejército, nunca obtuvo un título de mecánico. Durante su año en Malta, la reina supo lo que era ser simplemente la “Señora Mountbatten”, ir de compras en su auto (Margarita nunca aprendió a conducir), ir a la peluquería del pueblo, bajar a nadar a la playa cuando se le antojara. Margarita nunca tuvo esa experiencia. Incluso su vida loca la llevó en la isla privada de Mustique que le regaló su otro pretendiente, Colin Tennant.
La Princesa Margarita en su villa de Mustique

Con eso podemos aventurar que Margarita renunció a tener al hombre de su vida ya que no podía tenerlo bajo las condiciones idóneas. La pregunta persiste ¿entonces por qué permitió que los medios la retrataran como una víctima?  Ella misma se vio siempre como tal. Culpaba al reino y a las reglas que lo regulaban de haberle impedido seguir siendo princesa malcriada y mantenida, pero con el consorte que a ella le placiera.

Ante sus amigos siempre culpó a Tommy Lascelles por su infelicidad. Juró no perdonarlo jamás. Por esas vueltas de la vida, Margarita y Sir Alan terminaron siendo vecinos en el Palacio de Kensington. Margarita contaba que cuando lo veía cruzando la calleviejito y con bastónazuzaba a su chofer “¡Atropéllalo! ¡Atropéllalo!”. (Por suerte el chofer nunca le hizo caso).


Hay otras inconsistencias, o fallas de memoria, en el relato de Margarita de su separación de Peter Townsend. Por ejemplo, sabido era, que Peter y ella no volverían a verse sino hasta los 90s. No es cierto. A pesar de que el Coronel Townsend se reintegró a la embajada británica en Bruselas, él seguía viajando periódicamente a Inglaterra a ver a sus hijos. En esas ocasiones volvió a ver a la princesa. La ultima fue en 1958, cuando la Reina Madre lo invitó a tomar él te con ella. Dicen sus amistades, que Margarita quedó hecha pedazos luego de esa última entrevista.

Otro mito propagado por Margarita es que Peter y ella hicieron un pacto de amarse hasta la muerte y nunca casarse con otros. Eso lo han incluido en “the Crown”.  A Jonathan Aiken, Margarita confesaría que ella había decidido aceptar la propuesta matrimonial de Tony Armstrong-Jones solo tras recibir una carta de Peter en la que le comunicaba que rompía el pacto. Otra vez, la princesa se contradice.  Poco después de su rompimiento con el aviador, Margarita había retomado su romance con el millonario Billy Wallace. Para 1956, estaban semi comprometidos, pero Billy cometió el error de contarle a la princesa que le había sido infiel. Margarita entonces le dio la bota. Esto lo vimos en “The Crown”, pero hay más.


Entre las cartas a Sharman Douglas, hay una de la hermana de la reina con fecha de mayo de 1966. Entonces, ya Margarita casada con Tony Armstrong-Jones comenta un reencuentro con su antiguo pretendiente, el político canadiense John Turner (más tarde Primer Ministro de Canadá). Turner y la princesa habían tenido un romance durante el tour a Canadá de Margarita en 1958. La prensa había argumentado que un matrimonio sería imposible siendo Turner católico. Pero en su carta, Margarita dice lo siguiente “Va a ser divertido encontrarnos (con Turner) ya que no nos veíamos desde que casi me casé con él…”
Margarita y John Turner

El famoso pacto parece no haber sido tan importante, puesto que en 1959 cuando Margarita recibió la carta en que Peter Townsend le contaba que iba a casarse con una jovencita de 19 años, Margarita ya era amante de Tony, el fotógrafo bohemio. Que la prensa no se hubiera enterado es porque todos (incluyendo Margarita) creían que a Tony le gustaban mas los nenes que las nenas, o como dice Vanessa Kirby en la serie: “yo creí que eras queer (marica)”. Margarita aceptó casarse con el fotógrafo para evitar que la prensa se burlase de ella al saber del compromiso de Peter con Marie Luce-Jamange una adolescente de quien todos comentaban que se parecía al gran amor de su novio.

La Familia Real tuvo que aceptar a Armstrong-Jones a pesar de las irregularidades en su pedigrí (bohemio, posiblemente bisexual, fotógrafo, hijo de divorciados y con mamá judía). O como lo puso, en la vida real, Tommy Lascelles (que parece que nunca se pudo jubilar del servicio a la Corona) “El niño Armstrong Jones ha llevado una vida diversa y a ratos, loca. Los peligros de escándalo y difamación no están muy lejos.”  Y Sir Alan sabía que, hasta la boda, Tony seguía teniendo relaciones con la modelo Jaqui Chan, la actriz Gina Ward y que había embarazado a Camilla, novia del mejor amigo (y posible amante) del fotógrafo, Jeremy Fry. Jeremy iba ser padrino de bodas, pero se le negó el permiso por haber sido convicto de actos homosexuales, en ese tiempo ilegales en el Reino Unido.

Sin embargo, Margarita ya iba para los treinta, seguía soltera, siempre había el peligro de que el próximo novio fuera peor. Al menos la madre de Tony era, por matrimonio (s) parte de la nobleza, el había ido a Eton y a Cambridge y era soltero y protestante. Margarita y el ahora Conde Snowdon, se casaron en 1960. Voy a dejar que “The Crown” les cuente el resto de la historia de la princesa, pero no creo que sea spoiler decir que ese matrimonio fue un desastre. Lo único bueno fueron los hijos de la pareja, Margarita tuvo amantes de todos los colores, credos, edades, nacionalidades y clases sociales posible, pero nunca fue feliz.
Margarita y sus hijos

Por el contrario, Peter Townsend si logró encontrar la estabilidad. Para su suerte su novia venia de familia millonaria porque como Marie Luce declararía tiempo después, su marido no tenía cabeza para los negocios. Peter intentó ganarse la vida haciendo documentales y cultivando viñedos sin mucha suerte. La pareja viajaba incesantemente y eran perseguidos por paparazis. Finalmente, las cosas se aquietaron. Los Townsend se establecieron en una villa en la campiña francesa llamada “el Molino” y que había pertenecido a los duques de Windsor. A pesar de todos los vaivenes, Peter encontró seguridad en su joven esposa quien le dio tres hijos.

Peter Townsend, Marie-Luce y sus hijos.

Con el tiempo, el Coronel Townsend hizo carrera basándose en lo que había sido. Fungió como asesor del filme “La Batalla de Inglaterra” y narró sus experiencias militares en un libro Duelo de Águilas, también escribió una biografía sobre su ex patrón, el rey Jorge, titulado El último emperador. En 1978, a más de dos décadas de los hechos, pudo por fin hablar de Margarita en su autobiografía Time and Circunstances (Tiempo y suerte).

En 1993, Margarita y Peter se entrevistaron por ultima vez. Ella lo invitó a almorzar, pero les pidió a algunos amigos que asistieran al almuerzo. Aparentemente no quería estar a solas con su antiguo amor. Quienes asistieron dicen que ambos se portaron normalmente, que fueron cordiales, pero que nada hubiese indicado que todavía existía algo entre ellos. Dos años mas tarde, Peter sucumbiría al cáncer pancreático. Margarita lo sobrevivió siete años más.

Es irónico que una mujer que le temía tanto al dolor físico que exigió que  sus partos fueran vía cesárea, sufriese tanto dolor emocional y que el final de sus días estuviera rodeado de achaques y males. Sufrió dos infartos, graves quemaduras en la tina de baño y, como su padre y su abuela batalló contra el cáncer pulmonar. Por suerte, hasta el final de su vida estuvo rodeada del cariño de sus hijos y de la familia de la que tanto se quejó.

lunes, 11 de diciembre de 2017

La Triste Historia de Peter y Margarita:Lo que “The Crown” nos ha ocultado


Cuanto más leo sobre el asunto, y más reviso “The Crown”, dos preguntas me asaltan. ¿Por qué Margarita no se casó con Peter Townsend y qué esperaban que hiciera la reina para ayudarlos a superar la crítica y evitar las consecuencias de su boda? Peter Morgan ha buscado una solución fácil volviendo a viejos clichés de la princesa víctima, el plebeyo sacrificado, y la reina implacable. Documentos oficiales sacados a la luz este siglo nos revelan que muchas de esas inferencias son falsas, que no hay ni inocentes ni culpables, sino mucha ignorancia, tal vez cobardía, pero no precisamente por parte de Isabel, cuyas manos estaban atadas.

¿Cómo es posible que Isabel y Margarita, habiendo sido criadas en un hogar religioso y por una madre muy devota, ignoraran que la iglesia anglicana prohibía que los divorciados se volvieran a casar y que las solteras se casaran con divorciados?  ¿Como habiendo sido testigo del escándalo de la Abdicación y viendo a su alrededor el repudio que sufrían los divorciados en su círculo, Margarita, pretendía que con ella se hiciera una excepción? Creo que las respuestas tienen que ver con el carácter de la hermana de la reina y como se dieron las cosas.

Margarita por Sir Cecil Beaton

Antes que todo tenemos que saber quien era Margarita Rosa Windsor. En la serie nos la hacen ver como la hermana postergada, pero también como la más guapa, la más atrevida, la más popular de las Chicas Windsor. La realidad está entre ambos extremos. Es cierto que por ser la menor y no estar recargada con el peso de la futura corona, Margarita era más natural y expansiva, pero también es cierto que sus padres la consintieron horrores, principalmente el Rey Jorge. Eso la volvió voluntariosa y caprichosa.
Margaret enfurruiñada desde chiquita

Otro error de la serie es hacernos sentir que existía una rivalidad entre las hermanas y que tal como Margaret grita en el episodio 6 de la Primera Temporada, la reina le tenía celos. Acostumbrados a imágenes de Sansa y Arya, u otras hermanas que andan del chongo, nos es difícil imaginarnos que Lilibet y Margaret Rose eran más parecidas a Lizzie y Jane Bennet que a Jo y Amy March. Hasta que Isabel se casó, Margaret fue su confidente, y estaban juntas en 1944, cuando el aviador más famoso de Inglaterra llegó a trabajar para el Rey. “Qué lata que esté casado!” le dijo Isabel a su hermana. Para Margarita eso no sería un impedimento para enamorarse, como el 80% de las británicas, del héroe del momento.
Las Chicas Windsor en la epoca en que Townsend llegó al palacio

En el episodio 6 de “The Crown”, Felipe menciona que Peter Townsend tuvo “un colapso nervioso” durante la guerra. Efectivamente, pero no es tan simple como lo describe el Duque. El coronel Townsend se había distinguido en la Batalla de Inglaterra. En dos ocasiones su avión había sido derribado. En la última, su pie izquierdo quedó hecho pedazos. En vez de atenderse, Townsend había seguido dirigiendo a su escuadrón desde tierra. La gangrena obligó a que le fuera amputado el dedo gordo.

Apenas recuperado, Peter volvió al aire donde siguió distinguiéndose y acumulando medallas. Para 1943, su fama era reconocida y aclamada, pero el cansancio le jugaba malas pasadas a los nervios. Nadie dudaba de su valor, pero su cuerpo lo traicionaba en la forma de un eczema nervioso que a veces le impedía volar. Ni los médicos, ni el alto mando de la RAF quería avergonzarlo dándole de baja por motivos de salud. Al Rey se le ocurrió una solución. Hacia rato que planeaba honrar a un miembro de las fuerzas armadas que se hubiese distinguido en batalla, empleándolo a su servicio. Fue así como Peter Townsend pasó a ser parte de la Familia Real. 



Aunque se suponía que su empleo duraría seis meses, los Windsor le tomaron tanto cariño que la plaza se hizo permanente. Peter y el Rey Jorge tenían mucho en común, ambos eran discretos, sensibles y muy caballerosos. ¡Peter hasta tartamudeaba como su soberano! Jorge llegaría a decir que si hubiera tenido un hijo varón querría que fuera como su edecán. Muchos han hablado de que el amor de Margarita nació de esos parecidos entre su padre y el Coronel Townsend.

Me voy a detener aquí para clarificar unos malentendidos respecto a Peter Townsend. En las redes sociales he encontrado gente que afirma que Peter inicio su interés por la Princesa apenas llegado al Palacio de Buckingham. Otros van mas lejos y lo acusan de haberla conocido y “manoseado” de niña. Como en el Tercer Milenio existe una obsesión con la pedofilia, y con la efebofilia (muchas veces los términos se confunden en total abandono de sus verdaderos significados) es fácil ver a Peter Townsend como un pervertido, un hombre que, como dijo tan simpáticamente Felipe en la serie, “andaba husmeando tras tu hermana”. Nada más lejos de la verdad.
Peter y Margarita (1952)

Hasta 1943, las Princesas y Peter no se conocían mas que de fotos. Como señala John Pearson en The Ultimate Family: The Making of the Royal House of Windsor, Townsend era un “afuerino” totalmente ajeno a los círculos en que Margarita y su familia se movían. Por eso hubo mucho recelo entre cortesanos antiguos (léase Tommy Lascelles) hacia alguien que no compartía ni su pedigrí, ni su educación (Peter no había ido a una escuela muy conocida. Halmesby era considerada un nido de socialistas y progresistas) y que ni siquiera pertenecía a sus clubes.

El Coronel Townsend era un hombre tranquilo, poco afecto a los deportes. En suma, alguien poco confiable. Aun así, la Familia Real lo adoraba y confiaba en él. No había ningún tipo de reparo que estuviese cerca de las princesas puesto que para cuando Peter se integró al servicio real, el estaba felizmente casado, tenía un hijo y su señora esperaba otro.


Rosemary Townsend

Esta claro, y lo dijeron tanto la princesa como sus amistades, que Margarita se enamoró de Peter durante el tour real a África en 1947.  Aunque Margarita no era ciega a los encantos físicos del edecán de su padre (Townsend era mucho más guapetón que el pobre Ben Miles) fue la deferencia que Peter le demostró en ese primer viaje oficial que ella emprendía que la conquistó, pero es de admirar como ella se contuvo y no demostró sus sentimientos ante nadie.


Peter y Margarita (de 17 años) en Sudafrica, 1947 (Foto Alamy)

Si los Windsor hubiesen sospechado algo, lo hubiesen despedido. En cambio, Peter pasó a ser una especie de apéndice de la familia. Era costumbre que el rey y su mujer hablasen siempre en termino de “nosotros cuatro” al referirse a su núcleo familiar. Cuando Isabel se fue a Malta para estar cerca de su marido, su espacio en la mesa familiar, la de bridge y la del té, fue ocupado por Peter que era visto como un hijo por sus soberanos.

Sin embargo, en 1948 cuando Sharman Douglas, hija del Embajador de Estados Unidos y gran compinche de Margarita, conoció a Peter Townsend inmediatamente notó un cambio en su amiga. Al explicar el rol del edecán, la princesa habló del “sacrificio” de Peter que por su devoción al rey había tenido que descuidar a su familia. Douglas notó en la inflexión de la voz de Margarita que sus sentimientos hacia el Coronel Townsend eran muy intensos.
Peter, Sharman Douglas y Margarita

La princesa podía hablar con emoción sobre el sacrificado Townsend, pero en los próximos años ella haría lo imposible por separarlo de su familia. A partir de los dieciocho años, Margarita vivió plenamente su juventud, pasándosela en fiestas y convirtiéndose en la reina de la noche londinense. Aunque todo era bastante inocente, la prensa se ocupaba en hacer llegar al público esta imagen de una Margarita frívola y glamorosa. A pesar de que no le faltaban acompañantes, ella exigió muchas veces que Peter la escoltase. En una de esas ocasiones, cuenta Kitty Kelley en The Royals, una cansada Margarita demandó que su escolta la llevase en brazos al segundo piso. Cuando el edecán se negó, la caprichosa princesa hizo una pataleta y le recordó que se trataba de “una orden de tu princesa”.

Otra amiga de Margarita, Evelyn Prenbensen, hija del Embajador de Noruega, contó que cuando finalmente Peter pudo conseguir un fin de semana libre para pasarlo con su familia, la princesa lo obligó a quedarse con ella… ¡jugando a las cartas! El descaro de la hermana de la reina llegó hasta interrumpir una fiesta de cumpleaños de Rosemary Townsend para ordenarle a Peter dejar a su mujer y acompañar a Margarita a cabalgar. Aunque la princesa estaba decidida a tener al Coronel Townsend siempre a su lado, él no se doblegó ante ella sino hasta después de la muerte del Rey Jorge en febrero de 1952.

La muerte de su padre sumió a Margarita en una crisis de nervios de la cual salió gracias a tres factores muy desligados entre sí: la oración, los sedantes y el amor de Peter Townsend. La pareja fue muy discreta. Cuando la princesa solicitó de su madre que le diese la posición de comptroller a Peter, la Reina Madre aceptó encantada. El aviador era como de la familia, los Windsor lo querían, no había motivos para alejarlo y desconfiar de él. En ese mismo año, el Coronel Townsend descubrió que su mujer le pintaba el cuerno con John de Lazlo, hijo del famoso retratista Philip de Laszlo. En noviembre, Townsend inició los trámites de divorcio y obtuvo la custodia de sus hijos.

Apenas divorciado, Peter Townsend le pidió matrimonio a la princesa y ella aceptó. Margarita era muy ingenua o muy obcecada, parecía segura de que su matrimonio no cambiaria en nada su vida. Por lo tanto, no tuvo problema en contarles a su madre y hermana. Por su parte, Peter les contó a sus hijos y, sorprendentemente, a Tommy Lascelles. Sir Alan, en típico humor Lascelles, solo le dijo “o te has vuelto loco o eres muy mala persona”. 

Peor fue la reacción del Duque de Edimburgo. “Qué atrevido!” dijo al enterarse, “los caballerizos deberían quedarse en las cuadras”.  A diferencia de su esposa, y de cómo lo muestran en “The Crown”, Felipe siempre se opuso al matrimonio de su cuñada. Una de las ironías de la vida es que casi medio siglo mas adelante, su hija favorita se divorciaría y terminaría casada ¡con un caballerizo!
La divorciada Ana y su segundo marido (y ex equerry de su madre) el Comandante Timothy Laurence


Un error de “The Crown” es mostrar a Margarita pidiéndole la venia a su hermana para casarse. Algo que no muestran en la serie, es que la Queen Mum, mujer muy religiosa ella, había criado a sus hijas muy apegadas a la religión. Margarita sabia que no iba casarse por la iglesia y que la reina no podía otorgarle una dispensa. O se casaba en Escocia, bajo el rito presbiteriano, o era boda civil lo único a lo que los novios podían aspirar. Isabel le solicitó a su hermana que esperaran hasta su coronación para actuar.

No sabemos cómo tomó la Reina Isabel la noticia, pero su madre casi sufrió un colapso. A pesar de que cuando la parejita le fue con la noticia les puso diplomáticas sonrisas, se ha encontrado una carta suya a Sir Alan Lascelles, con fecha de 12 de junio de 1953, en la que confiesa estar “hecha pedazos”, y creer que nada de esto hubiese sucedido en vida de su marido. Para una mujer siempre reservada con gente que no era su pariente, Elizabeth da rienda suelta su emoción: “me gustaría hablar contigo, pronto, por favor. No tengo a nadie con quien hablar de estas cosas terribles. Es un gran consuelo que tu entiendas el lado humano de estas tragedias.” 



En sus diarios, Tommy menciona que fue un shock encontrar a la reina llorando, “nunca la había visto llorar”.  Tal vez por eso elaboró ese plan tan cruel de hacer esperar a Margarita esgrimiendo la famosa Acta de Matrimonios Reales de 1772, que decía que si un miembro de la familia real pretendía contraer una unión inconveniente o desigual debía esperar a cumplir 25 años antes de poder hacerlo.

Entretanto, la prensa estadounidense había notado en las fotografías de La Coronación ese gesto furtivo de Margarita de sacudirle una pelusa la solapa del Capitán Townsend. Es importante notar que los primeros medios en cubrir el romance fueron los useños. La prensa británica le tomaría un año hacerse eco del furor mediático que el romance provocaba al otro lado del Atlántico. Sin embargo, a Churchill no le precio buena idea tanto escandalo y le ordenó a Tommy que sacara a Townsend del país.

The Crown en su idolatría churchiliana ha echado la culpa de todo al pobre Sir Alan. Aunque Sir Winston era un gran romántico, y le encantaba la idea de un héroe de guerra casándose con una princesa, su mente practica exigía que Margarita renunciase a todo privilegio real para casarse, y que hasta que eso sucediera, los amantes deberían estar separados.

 Cuando Margarita se enteró que su novio iba a ser exiliado a Bruselas, armó una de sus famosas pataletas.  Ahí se agarró del chongo con la reina en lo que princesa ha descrito como “una de las dos únicas peleas que he tenido con mi hermana en mi vida”. A Margarita la empacaron a África.  Durante su tour anduvo irritable y con cara de pocos amigos. La prensa especuló que se debía a su separación de Townsend.

Para suavizar las cosas, Isabel se llevó a Townsend en su tour a Irlanda. Lo que es cierto es que Tommy sacó a Townsend del país con tal premura que Peter no pudo despedirse de sus hijos. Por dos años, el pobre sirvió como agregado militar en la embajada británica y vivió en un cuarto de hotel. Entretanto su novia la pasaba de lo lindo de fiesta en fiesta.  Sin embargo, y a pesar de las esperanzas de muchos de que el tiempo y distancia los separaría, Margarita y su aviador se escribían casi a diario y sostenían conferencias telefónicas una vez por semana.

Recientemente se descubrió en un viejo baúl un paquete de cartas escritas por la princesa a su amiga Sharman Douglas cuando ya esta última  había regresado a América. En ellas, la princesa no menciona a Peter por nombre, pero da indicios de su relación. Por un lado, se ríe de cómo la prensa habla ahora de que ella va a casarse con el hijo del Duque de Buccleuch, un invento de Margarita para despistar a los periodistas.

Por otro lado, hay muchas quejas por parte de la princesa por cómo la prensa estadounidense está manejando su asunto. Ahí se ve que los periódicos británicos mantuvieron un perfil bajo y los grandes causantes del escandalo fueron los del otro lado del Atlántico. También las cartas nos indican como Margarita quiere hacer creer a la opinión publica que lo de Peter era pasado, algo que no era cierto.

En “The Crown” han dramatizado y falseado los hechos. Ni Peter ni Margarita manipularon a la opinión publica para que los apoyaran. El Coronel Townsend era el alma de la discreción y de los buenos modales. Jamás hubiera amenazado a Tommy Lascelles con el poder mediático que podía ejercer, ni se hubiera puesto a hacerle aspavientos al publico como si fuera Kim Kardashian desde la escalinata de un avión, ni jamás, jamás hubiera tenido la temeridad de referirse a su soberana como “Lilibet”. Tampoco es cierto que la reina ofendida hubiera cometido un acto caprichoso y cruel como el de impedir que su hermana y Townsend se despidieran.



Bueno, el tiempo pasó, y Margarita cumplió 25 años y ahí llegaron los aguafiestas de Lascelles y Michael Adeane a darles a las hermanas la buena nueva de que el Acta tenía una segunda clausula. ¡No leyeron la letra chiquita! Ahora Margarita tenía que pedirle permiso para casarse al Parlamento, a La Iglesia Anglicana, a los representantes de la Commonwealth y al almacenero de la esquina. En mi próxima y ultimo entrada hablaremos de como la reina tomó cartas en el asunto, como Margarita llegó a la decisión de no casarse, y seguiremos a los Amantes del Buckingham Palace en sus intentos por rehacer sus vidas.

 ¡Hasta la próxima!


lunes, 4 de diciembre de 2017

¿Por qué Peter Townsend tuvo menos suerte que Tom Branson?: The Crown


A pesar de que la segunda temporada nos muestra a la Princesa Margarita con un nuevo amor, los fans de “The Crown” todavía la ven como una víctima de instituciones caducas y de una hermana egoísta. Una princesa que fue obligada a renunciar al hombre que amaba y que nunca se recobró de esa tragedia. No se preocupen, yo también crecí con esa imagen y por eso me gustan las historias en que las princesas encuentran la felicidad con plebeyos y hasta con choferes como Lady Sybil en “Downton Abbey”. ¿Pero cuánto de realidad hay en la interpretación de “The Crown” del romance Townsend-Windsor?

Estamos viviendo “Meghan Days” en los que el hoi polloi milenario lanza diatribas en las redes contra el clasismo de la Familia Real Británica que no nos quieren hacer princesa a la Markle y que discriminan en contra de la plebe. Me temo que no saben que las muchas dinastías que han ocupado el trono de San Eduardo han venido casándose y haciendo princesas de plebeyas, desde los días de La Reina Blanca. Peter Townsend no fue rechazado y exiliado por no ser duque ni príncipe, ni por ser parte del servicio doméstico de la familia. Ni siquiera por llevarle dieciséis años a la novia.

Desde niña que me acostumbré a que las revistas de corazón y otras publicaciones femeninas, describieran a Margarita como “la princesa de ojos tristes”.  Yo no entendía por qué estaba triste si tenía un marido tan guapachoso, pero tanto mi mamá como sus amigas me explicaron que el atractivo Lord Snowdon era un “premio de consuelo” Que Margarita seguía enamorada de un gallardo aviador y que “no la dejaron casarse. ¡Pobrecita!”

Con los años y con cada escándalo de Margaret-Rose (que era más mete patas que el cuñado) aprendí a excusarla, siempre recordando que, a diferencia de su egoísta tío, ella se había rendido a la evidencia de que las princesas no se casan con divorciados. Ósea, miren hoy a la Reina de España y digan si entienden eso, pero en los 50s, las reglas sociales y de la realeza eran muy diferentes a las de hoy y eran estrictamente observadas.

Sin embargo, como toda leyenda, esta combina lo verdadero con lo falso y nuevos documentos históricos lo evidencian. Todo historiador sabe que su futuro depende de reinterpretaciones de hechos históricos, muchas de ellas avaladas por documentos que no solo se hallan en ruinas arqueológicas, sino en bóvedas de archivos nacionales. La suerte llega cuando el veto sobre tales archivos expira y pueden verdades ocultas salir a la luz. En el 2004, tras el fallecimiento de la Princesa Margarita, se abrió el Archivo Nacional y se hicieron públicos papeles relacionados con su trágico primer romance. Entre esos papeles hay cartas de Anthony Eden y una de la princesa dirigida al Primer Ministro que cambian por completo la versión oficial.

No solo la Reina Isabel apoyó la decisión de su hermana de casarse con Peter Townsend. Además, combinó esfuerzos con Anthony Eden (por una vez el memo hizo algo bueno) para despejar el camino de los enamorados. No entiendo entonces esa necesidad que ha tenido Peter Morgan de falsear una realidad ya en si dramática, a favor de convertir a Isabel en la Hermana Mala del cuento y a Lord Avon en un cortesano retorcido e hipócrita.


Lo curioso para mí, que crecí viendo fotografías de Margarita en la crónica rosa, es que, a quince años de su muerte, nadie parezca saber nada sobre ella y eso que Internet está lleno de datos sobre la princesa. Claro, siempre me olvido de que para los Millenials si la info no se la dan en tres palabras, con ocho fotos, y por una red social de confianza, no se enteran de nada.

Más de la mitad de mis entradas son guiadas por opiniones que encuentro en diferentes redes sociales. En este caso me han aturdido las opiniones de los Crownies (léase fans de “The Crown”) sobre este romance. Algunos expresan la idea de que un matrimonio entre Margarita y Townsend era desaconsejable debido a que el novio era mayor que la novia. Otros están seguros de que la Familia Real se opuso a la unión por ser Peter un plebeyo, o aun peor, por estar al servicio de los Windsor lo que lo convertía en una especie de Tom Branson, el irlandés que pasó de chofer a yermo del Conde de Grantham en “Downton Abbey”.

Vamos por partes, la idea de que la desigualdad de edad puede ser un impedimento para un matrimonio armonioso es un trend del siglo XXI. En los 50s, cuando las chicas no iban a la universidad ni tenían carreras, se esperaba que se casaran jóvenes y comenzasen desde temprano a formar una familia. Lo ideal era que se casaran con hombres al menos una década mayor que ellas, que poseyeran ya estabilidad económica aunada a madurez, experiencia en lo mundano y paciencia para guiar a sus jóvenes conyugues.

El que Peter Townsend fuese plebeyo y “siervo” de la Familia Real nunca jugó en su contra. A diferencia de las cortes europeas, la británica era mucho mas democrática. Sus reyes se habían venido casando con la nobleza local e incluso plebeyas desde los días de “La Reina Blanca”, Elizabeth Woodville. De las cinco esposas de Enrique VIII solo dos eran princesas.  Ana Bolena podría ser hija de un millonario, pero era plebeya total.

Reinas plebeyas: Elizabeth Woodville y Ana Bolena

A las hermanas de Enrique VIII las obligaron a ser reinas consortes de Francia y Escocia, pero apenas enviudaron, ambas se buscaron guapetones locales para maridos. Maria se casó, con gran ira de su hermano, con el Duque de Suffolk y Margarita incurrió en la ira del Kirk escoces al desposar al alocado Lord Angus. Años mas tarde, la nieta de Margarita seria Reina de Francia por un breve tiempo. Pero al ser coronada Reina de los Escoceses, Maria Estuardo buscó maridos autóctonos, casándose primero con Lord Darnley y cuando éste fue asesinado, se casó con el Conde de Bothwell.
Los felices Suffolk

Los infelices Darnley

Incluso el pueblo podía decidir si prefería sangre azul o no. A la muerte de Carlos II, el reino cayó en manos de su hermano Jacobo II y de la reina consorte, la Princesa Maria de Módena. El pueblo rechazó a esta pareja y toda su noble estirpe, prefiriendo como reinas a las hijas que Jacobo había tenido con la plebeya, pero protestante, Anne Hyde.

Fueron los Hannover los que impusieron ideas germanas de superioridad sanguínea y dinástica de las consortes reales. Fueron los Jorges los que inventaron esas actas matrimoniales que le harían zancadillas a Margarita. Por culpa de esas actas y de esas ideas de que solo la sangre azul merecía reinar es que se impidió a Jorge III casarse con Lady Sarah Lennox a pesar de ésta descender directamente de Carlos II, y más tarde anuló el  matrimonio del Príncipe Rgente con Maria Fitzherbert por ser ella católica y porque el enlace se hizo sin permiso del rey.
El Principe Regente y María Fitzherbert

Por suerte, la voluntariosa Victoria cambió esas reglas bobas. Como vimos en la serie que lleva su nombre, ella le dio un titulo nobiliario a la esposa de “Tío Sussex”, uno de los afectados por la peculiar Acta de Matrimonios Reales de 1772. Victoria fue más allá, permitió que su hija Luisa se casara con el Marqués de Lorne y no con un príncipe heredero. Cuando su hija favorita Beatriz, pidió permiso para casarse con Leopoldo de Battenberg (un príncipe menor, sin reino, sin dinero, y producto de un matrimonio morganático) la reina se lo otorgó.
La Reina Vicky recibe al Tio Sussex y a su esposa en el Palacio de Buckingham

También Victoria otorgó permiso para que su nieta Alejandra desposara al Duque de Fife y cuando el primogénito de su heredero, Alberto Víctor, quiso casarse con una princesa de Francia, con mucho pedigrí, pero católica, la reina le buscó una esposa más adecuada. Su elección recayó en la protestante, aunque también producto de uniones desiguales, Maria de Teck. Cuando Alberto falleció, Maria fue “heredada” por el hermano del difunto, el futuro Jorge V.

De los cinco hijos de Jorge y Maria, solo uno se casaría con una princesa, el Duque de Kent que se casó con Marina de Grecia. La única hija de los reyes, la Princesa Maria se casó con Lord Harewood (primo de Tommy Lascelles). Su hermano, el Duque de Gloucester, se casó con la hija del Duque de Buccleuch, y su otro hermano “Bertie”, se casó con la hija del Conde de Strathmore.

Lo curioso es que estos acercamientos entre la realeza y sus vasallos, hacía a los miembros de la aristocracia británica más esnobs y exigentes en lo que se refería al matrimonio de las hijas: o se casaban con nobles o con millonarios que ayudaran a reparar sus ruinosos castillos. Lo vemos en Lady Mary en “Downton Abbey”.  Aunque moderna en muchos aspectos, es enfática cuando le dice a Tom Branson, su cuñado y ex chofer, “No voy a casarme con un inferior”.  Enamoradísima del primo Matthew, cuando supo que él podría no llegar a heredar la Abadía, lo mandó a volar. Ella no estaba para casarse con un abogadito de Manchester.

Mary si aceptó casarse con el tosco e inescrupuloso Sir Richard Carlisle, pero porque era un magnate del mundo periodístico. Y sin embargo le parecía mal que su hermana Edith anduviera con el dueño de una revista. Aunque atraída por el socialista Charles Blake, se interesó más en el al saber que algún día heredaría tierras y titulo de un tío lejano. Y aunque lo negara, las dudas que Mary tenía de casarse con Henry Talbot—muy bien nacido, pero sin título ni fortuna—surgían de ser él nada más que un “mecánico glorificado”.

 Eso quedó claro cuando los celos de May estallaron al enterarse que su hermana Edith, la madre soltera, la inútil de la familia, había enganchado a un marqués. Esa mentalidad de Mary era la misma mentalidad de la aristocracia, de los ministros, y parlamentarios en los Años 50. Peter Townsend no era uno de ellos. Tommy Lascelles (que si era “uno de ellos”) lo notó enseguida y sus esfuerzos por impedir la boda fueron porque siempre consideró a Townsend como un advenedizo.

Peter Townsend podría ser un advenedizo, pero no era un Tom Branson. Sus orígenes eran más que respetables. Provenía de una familia militar reconocida por sus servicios em la India (el nació en Rangún, entonces parte del Raj Británico). Había hecho carrera en la aviación y se cubrió de gloria durante la Batalla de Inglaterra, convirtiéndose en un héroe nacional. En otra era se le hubiese nombrado caballero, regalado un castillo y otorgado la mano de la hija de su soberano. En el tacaño siglo XX, las cosas eran diferentes y el Capitán Townsend fue “premiado” con el título de “Royal Equerry”.

Hay varias traducciones de la palabra “Equerry”. Una es “caballerizo” pero no creo que el Capitán Townsend se haya ocupado de los caballos reales. Otro termino es” escudero’ y el que está en uso contemporáneo es “edecán”. Eso último es lo que, en teoría, era Townsend para Jorge VI. Sin embargo, cuando lo conocemos, Peter está ayudando a vestir a su amo, igualito que un Mr. Bates cualquiera.  Digamos que era más escudero que edecán porque yo he conocido edecanes de presidentes y no andan vistiendo a sus patrones.

En 1950, Peter Townsend subió de rango pasando a ser ayudante del Master of the Household. Ósea antes era Mr. Bates, ahora pasó a ser Barrow, el underbutler de Mr. Carson, porque por muy rimbombante que sea el título, el Maestre de la Casa Real es simplemente un mayordomo enaltecido, Es quien se encarga de rellenar despensas y cavas, quien decide qué papel de baño hay que comprar, y quien dirige a todo el servicio doméstico en palacio.
Peter Townsend en sus días de edecán junto a la Familia Real

Tras el fallecimiento del rey, Margarita suplicó a su madre que le encontrara trabajo a Peter. La Reina Viuda lo nombró su Comptroller (una mezcla de contador y tesorero). Así Peter siguió siendo parte del servicio de los Windsor, ¿pero fue esa otra razón parta impedir su matrimonio con la princesa Margarita?

Primero tenemos que ver si alguna vez hubo un precedente en la realeza de matrimonio entre la clase trabajadora y la principesca. En el Siglo XVI, el rey Eric de Suecia contrajo una unión morganática con una sirvienta. En la Francia Barroca, El Rey Sol desposó en secreto a la Viuda Scarron, nana de sus hijos. Ni secreta ni morganática fue la unión del Zar Pedro el Grande con Marta, una lavandera lituana a la que conoció cuando fregaba los pisos del Príncipe Menshikov (dicen las malas lenguas que también le daba sus frieguitas al patrón). Tras la muerte de Pedro, Marta reinó en su lugar y su hija Yelizaveta fue emperatriz también. Pero cuando se trata de reyes pueden hacer lo que les plazca. ¿Alguna vez una princesa se casó con un criado?
Luis XIV y Madame de Maintenon

Maria Luisa de Austria, viuda de Napoleón Bonaparte, y duquesa reinante de Parma se casó primero con su caballerizo, el Conde von Niepperg. All quedar viuda se casó con su chambelán el Conde Bombelles. La Reina regente de España, Maria Cristina de Borbón-Sicilia, quedó embarazada de un tal Sargento Muñoz, que era su guardaespaldas. Tuvo que casarse con él en secreto y luego convertirlo en Duque de Riansares.

Sin embargo, la cosa no era tan fácil en Inglaterra y memos con princesas doncellas. Aunque Victoria fue tolerante y permitió que su hija Luisa se casara con Lord Lorne, lo hizo cuando ya la chica andaba para vestir santos. En su juventud, Luisa se había enamorado del tutor de su hermano, el Reverendo Duckworth, pero su reina y madre le prohibió casarse con el juzgándolo demasiado plebeyo y, además, parte de su servicio. Hipócrita como siempre la gordita, porque recordemos que fue Victoria la que protagonizó ese escandaloso romance con su criado escoses John Brown, del que se dice fue su segundo marido.

Aunque más de algún cortesano vio con recelo los orígenes plebeyos de Peter Townsend, lo que “The Crown” ha obviado es que la Familia Real si lo quería mucho y que hubo un precedente en el que una joven princesa pudo casarse con un hombre sin título, renunciando a todo por amor, y esto ocurrió casi treinta años antes de la crisis Townsend.

La Princesa Patricia de Connaught, casi fue reina de España en vez de su prima Victoria Eugenia. Como nieta de la Reina Victoria, Patricia tuvo como pretendientes a príncipes de Rusia, Portugal y Alemania, pero prefirió casarse con Alexander Ramsey que, aunque hijo de un conde, no tenía más patrimonio que su sueldo de marino y su rango naval de comandante era su único título. La Princesa renunció a serlo, y pasó a ser simplemente Lady Patricia. Curiosamente, siguió estando en la línea de sucesión y la Familia Real siguió invitándola a ocasiones de gala o solicitándole que los representara en eventos oficiales. La gran diferencia es que Alexander Ramsey, medio plebeyo y pobretón, no era divorciado.
Boda de la Princesa Patricia y el Comandante Ramsey

No hay manera de obviarlo, la gran falla del Capitán Townsend estaba en su estatus marital. Cuanto mas leo sobre la Inglaterra de entonces descubro cuan traumática fue la Abdicación, para el pueblo, para la aristocracia y para la clase dirigente. Parece absurdo , pero en el esfuerzo por salvar la monarquía, se cayó en una psicosis, una verdadera fobia en contra del divorcio. Incluso se prohibió que la Familia Real emplease divorciados. Se tuvo que hacer una excepción cuando Peter consiguió su divorcio, y solo por él ser la parte atropellada.

En mis próximas entradas espero describir los hechos tal como sucedieron, las peligrosas libertades que ‘The Crown” se ha tomado con esta crisis y quedará la pregunta. ¿Qué realmente impidió a Margarita casarse con el hombre que amaba?