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martes, 23 de julio de 2024

Un Estudio en Mediocridad: A Gentleman in Moscow (Paramount)

 


¡Cómo me ha costado ver esta adaptación del superventas de Amor Towles! ¡Cómo me ha costado escribir una reseña! No lo hubiese logrado si Don Arturo Pérez Reverte no hubiese venido a ayudarme señalándonos uno de los mayores defectos de la serie de Paramount, pero no el más grave

Cundo llegué a USA, descubrí que en la pensión mensual que mi hermano me había asignado había un espacio para la compra de libros. Eso me llevó a devorarme la lista de superventas del New York Times. En ese entonces (2017) la lista de ficción de tapa dura era liderada por Gentleman in Moscow de un tal Amor Towles.

Pronto descubrí que este señor había abandonado su lucrativa carrera de banquero para escribir bestsellers del cual éste era el segundo. Aunque la descripción de la trama era fascinante, decidí no comprarlo. Si era tan popular, cabía la posibilidad de que Hollywood adquiriese los derechos y preferí ver la película antes que leer el libro. Me evitaba desilusiones innecesarias.



Towles nació con cuchara de plata en la boca en una familia de la alta sociedad neoyorquina. Ha llevado una vida que hoy llamáramos “de privilegios”, tal como su protagonista, el Conde Rostov. En su estadía en Ginebra notó que varios huéspedes de su hotel vivían ahí todo el año y le pareció que ese sería un buen tema para una novela.

Cadena Perpetua en Jaula de Oro

La trama inicia en 1922, Alexander Ilich Rostov es llevado ante a un tribunal de la Rusia bolchevique y acusado de ser un parasito social. Su destino es el paredón o Siberia. Lo salva un poema que supuestamente escribiera el conde en sus años mozos y que ensalza los valores revolucionarios. Se le condena, entonces,  a cadena perpetua, pero en una original prisión: El Metropol, el hotel más elegante de Moscú.

Rostov deberá vivir en un cuartucho en la azotea, pero puede comer en el restaurante, beber en el bar (todo pagado por el estado) y alternar con clientes y con los empleados quienes lo conocen de antes y lo adoran. El único caveat es que Alexander Ilich tiene prohibido salir de su jaula dorada. Una vez que cruce la puerta giratoria será acribillado por los guardias.



De esa manera, el Conde Rostov pasará los próximos treinta años de su vida encarcelado, pero en constante contacto con el mundo exterior gracias a antiguos y nuevos amigos, además de enemigos,  algunos de los cuales se convertirán en sus aliados. Me cuentan que el mayor encanto de la novela son las rumiaciones de Alexander Ilich sobre filosofía, política,  historia, vinos y comida ya que es un gran gourmand. Lamentablemente eso no puede incluirse en una miniserie. O a lo mejor sí, pero nunca lo intentaron.

Originalmente, Sir Kenneth Branagh iba a prestarle su rostro a Rostov, pero fue reemplazado por Ewan McGregor que funge también como productor ejecutivo al igual que Amor Towles. Así que ni siquiera podemos conmiserarnos por el asesinato de una novela ya que el autor también fue parte de la carnicería. ¿A ver? ¿Por dónde comienzo mi critica?

Rostov No inspira ni Lástima ni Cariño

En un libro se puede centrar toda la trama en un solo personaje, más cuando es el narrador. En pantalla, solo puede lograrse si se trata de una figura fascinante, vigorosa y carismática. No sé si alguien con el poder histriónico de Sir Kenneth hubiese podido hacer a Rostov más digerible. Nunca le he tenido mucha admiración a Ewan McGregor y aquí nos brinda un protagonista mezquino, ególatra y frívolo pero que es el eje de toda la narrativa.



Por empezar,  nunca sentimos lástima por él. Sobre todo, si comparamos su desdicha con lo que sufre la otra gente de su estrato social. Es cierto que debe abandonar su lujosa suite en el Metropol e ir a vivir en los altos,  en cama dura, sin calefacción, pero sus aposentos evolucionan.

Para cuando la pequeña Sofia viene a vivir con él, ya parece que sus muebles han mejorado y se ha solucionado el problema de su calefacción. Dentro de su armario encuentra una puerta secreta que lleva a otro cuarto más amplio. Gracias a que puede conservar algunos muebles y enseres, Rostov expande sus aposentos

Cuando su amiguita, la pequeña Nina le procura una llave maestra que abre todas las puertas del hotel, el Conde adquiere libertad de movimiento y una escalera a la azotea le da una vista panorámica de Moscú. Todas estas ventajas le otorgan un espacio que ningún otro huésped tiene. En su momento, Alexander Ilich tomará un empleo, maître de camareros,  lo que le permite no solo escoger las mejores viandas y vinos para el hotel, sino también interactuar con todos los huéspedes importantes.



Rostov tiene acceso a música, a libros, periódicos, radio y hasta filmes de Hollywood gracias a Osip Glabnikov, un agente de la OGPU,  que primero lo vigila, luego lo toma como ‘maestro “, y acaba salvándolo en varias ocasiones. Con tanta exposición al mundo real sorprende que Rostov (en la serie) sea tan ególatra, estrecho de mente y frívolo. Por eso no cae simpático ni inspira lástima.

Rostov contantemente agrede verbalmente y ofende a quienes más lo quieren; Mischa, Nina, hasta la misma Anna Urbanova, su amante intermitente. Le toma mucho tiempo darse cuenta de que Osip es su aliado y da la impresión de que, si hubiese sido menos altivo con el Obispo,  este también hubiese sido un enemigo menor.



El máximo ejemplo del egocentrismo de Rostov es cuando ordena una cena de gala para homenajear la memoria de su difunta madre. Invita a todos sus antiguos amigos, miembros de la nobleza y clases privilegiadas. Solo aparecen Nina y Mischa. Rostov está indignado. Cuando Nina exhibe sus nuevas ideas comunistas, la increpa y la jovencita huye llorando.

Sera Osip el encargado de empujar a Rostov a la realidad. nadie lleva vidas privilegiadas como el conde. Sus invitados o están presos o viviendo en condiciones paupérrimas. Si no han venido es porque trabajan todo el día en labores agotadoras que antes hacían sus sirvientes. además, temen atraer la atención de la policía secreta yendo a este insólito festejo.

La reacción de Rostov es melodramática; sube a la azotea y contempla la posibilidad de saltar al vacío. Cambia de idea sin una razón de peso, como todo lo que hace. Esta experiencia no altera su manera de ser ni de pensar . Tristemente, todos los demás personajes viven en función de Rostov por lo que los tiñe la puerilidad del conde.



Un Drama Histórico sin Historia

Reitero, no he leído el libro, pero me imagino que no será accidental haber escogido esa época y ese espacio geográfico. Sin embargo, lo histórico brilla por su ausencia a lo más aflora insubstancialmente. Sabemos que hubo una revolución que ha despojado a Rostov y a sus amigos de sus tierras y fortunas. Sabemos que empujó a muchos al exilio y a él lo ha encerrado en una cárcel dorada, pero la revolución nunca es explicada.

No entendemos ni los motivos para la revolución ni el alcance de esta. Muy someramente se pasa por hechos históricos significativos: muerte de Lenin, auge y muerte de Stalin. Cuando Nina y Rostov, en sus correrías por el Metropol, encuentran un cuarto lleno de documentos de la policía secreta, no nos dicen que el gobierno ha requisado el hotel y lo ha convertido en su centro de burocracia. Solo en Los 30, el Metropol volvió a ser un espacio para clientes con dinero.

En la serie la vida en ese elegante establecimiento sigue igual, sin mayores cambios, a pesar de que históricamente la Unión Soviética vivía momentos críticos. Se saltan olímpicamente la Segunda Guerra Mundial cuando el Metropol se convirtió en oficina de prensa extranjera y fue bombardeado en varias ocasiones. En la ignorancia de los críticos se ha llegado a decir que el Metropol no existió (¡!!)



Sabemos que tanto Nina como Mischa se desilusionan con el comunismo estalinista, pero no nos explican los motivos. Parece que sus razones están relacionadas con el Holodomor. En una de sus apariciones fugaces, Nina le dice a Rostov que se marcha a Ucrania con su novio, luego marido. Vuelve unos años después, muy cambiada, el marido ha sido condenado al Gulag;  Nina lo seguirá Siberia y le encarga al conde su hija Sofia. Los que sabemos de la historia del periodo tenemos que imaginarnos que protestaron contra la hambruna sistemática y el esposo cayó víctima de las purgas estalinistas. ¿Costaba mucho elaborar o tienen miedo de ofender la memoria de Stalin?

Sin personajes que atraigan, sin un trasfondo histórico que explique los acontecimientos, el espectador esperaría que al menos visualmente deslumbrase este relato que tiene lugar en un ambiente tan lujoso como el Metropol. Otro chasco.  Los espacios del hotel sean el bar o el comedor son tan estrechos como la buhardilla de Rostov. La iluminación es escasa, en términos de vestuario no hay nada digno de mencionar. Nina siempre parece vestida por el Ejército de Salvación y Anna Urbanova tiene más escenas de cama que en las que pueda lucir ropa de época.



Lo más desilusionante son las vistas desde la azotea del Metropol. Es un Moscú totalmente construido —y se nota— con CGI. Al revés de muchas producciones actuales que intentan reconstruir la vieja Rusia en algún punto de la Europa Oriental, esta ultra barata serie ha sido filmada en Manchester y Liverpool. ¿Qué tendrán que ver Manchester y Liverpool con la Moscú de inicios de la primera mitad del Siglo XX?



Contenido Violento y Gory: La violencia (típico en serie woke) es mencionada, pero no vista. Sabemos que mataron al amigo violinista de Rostov porque oímos los tiros. Vemos el cadáver de Nina ser arrojado a una fosa común, pero no sabemos cómo murió.

Contenido Sexual y Desnudos: Mary Elizabeth Winstead (Mrs. Ewan McGregor en la vida real) sale más desvestida que vestida, pero muestra poco. Su esposo muestra nalgas. A estas altura no creo que nadie quiera verle el trasero a Obi Wan.



Factor Feminista: Reitero, todos los personajes incluyendo los femeninos viven en torno a Rostov. La más interesante,  Nina, nos ofrece el mejor episodio demostrando inteligencia, astucia e imaginación, pero ella desaparece rápidamente. Reaparece fugazmente para mostrar que ahora es una buena comunista y ya no sueña con cuentos de princesas, luego para anunciar que se ha casado y se marcha con el marido a Ucrania, después para encargarle a Alexander Ilich su hija anunciando que seguirá al marido al Gulag y finalmente vemos que es arrojada a una tumba común. ¡Que desperdicio de personaje!



Se dice que Ewan McGregor exigió que le otorgasen a su esposa un rol con más agencia. Si lo que han hecho con el personaje de May Elizabeth es demostración de agencia, ¿cómo será el personaje del libro?

 Anna Urbanova es una actriz camino a ser estrella, algo que logra a punta de buenos contactos, incluyendo servirle de tapadera a un ministro gay. Solo que un día, estando ya en la cúspide, descubre que la edad le ha jugado una mala pasada y que solo sirve para hacer de madre de actrices más jóvenes. Fuera de la pantalla solo sirve para ser mamá adoptiva de Sofia, la hija de Rostov de quien Anna ha sido amante intermitente por varias décadas. El problema es que todo es descrito de manera muy imitada. Anna Urbanova podría haber vivido en Hollywood o Londres, no hay nada en su historia que la haga particularmente rusa o parte de la historia del cine soviético.



Factor Diversidad: Y aquí viene lo que provocó la hilaridad de Pérez Reverte. Me resultó chocante que, en el primer episodio, el rol de Mischa, amigo y salvador de Rostov fuese interpretado no solo por un actor negro pero que además luce un peinado de trencitas ultramoderno.

Mi shock aumentó al ver que la mitad del servicio del Hotel Metropol estaba compuesta por actores de color. Rusia no tenía una población autóctona de origen africano. ¿Había tantos trasplantados?  ¿Y todos iban a trabajar al Metropol? Fue solo cuando vi al Ministro de Cultura, negro— y gay—al que Anna sirve de tapadera,  que me di cuenta de que en el libro todo ellos son blancos.



Nuevamente la televisión angloparlante, en aras de la falsa diversidad, nos exige que expandamos nuestra imaginación y aceptemos como correcto y factible tener gente de color fingiendo ser blanca. Yo no puedo suspender mi incredulidad ni obligar a mi visión a cegarse ante esta bobería. Si se quiere contratar actores de color,  que se les creen personajes que expliquen su presencia y que sirvan para informar sobre su historia en diferentes espacios geográficos. De otro modo esta última excentricidad es otro punto en contra de una serie irredimiblemente mediocre. Si alguien quiere verla, está en Paramount.

lunes, 26 de febrero de 2024

El Mercado de Esposas en Ficción y Realidad: De Aristocrats a Bridgerton

 


Recientemente pude ver por completo la excelente serie de 1999,  Aristocrats (Tubi).  Coincidió justo en que yo acababa de terminar la Segunda Temporada de The Gilded Age (MAX)y acababa de no-ver la vomitiva adaptación de Las Bucaneras (AppleTV). ¿Qué tienen en común estas tres series? Las tres muestran como las elites de antaño buscaban los mejores partidos para sus hijas y como este mercado de esposas operaba en ambos lados del Atlántico, principalmente en ese acontecimiento de los veranos londinenses llamado The Season. En esta primera parte me concentraré en Inglaterra, desde el inicio del fenómeno hasta su consolidación en la Era Victoriana.

Bridgerton regresa a Netflix este mayo. Tres exitosas temporadas (y el spinoff de Queen Charlotte)  la han convertido en un fenómeno. ¿Dónde radica su encanto? ¿Es la diversidad del reparto o el ser testigos de como los aristócratas londinenses de antaño convertían la temporada veraniega en una arena en la que las gladiadoras eran sus propias hijas?  Si es lo último entonces deben agregar a la lista de series sobre el tema,  a Aristócratas que describe a una familia de la vida real (y de sangre real) y sus intentos de colocar a las hijas en un mercado donde no todas consiguen el marido que los padres desean.

A mí me entró la alucinación por este aspecto cuasi-romantico de la Season a principios de Los 90s con la lectura del libro de Angela Lambert 1939: The Last Season of Peace. A pesar de que el énfasis de Lambert es sociopolítico, las entrevistas con las participantes, sus experiencias y vida social,  me hechizaron, hasta el punto de que en el 2000 finalmente me puse a escribir una novela sobre el tema. Aunque en 15 años tuvo muchos cambios y nunca la llegué a terminarla (solo me faltaron tres capítulos) fue un homenaje a este asunto que no solo me fascina a mí.



Durante esas dos décadas, comencé a coleccionar libros sobre el tópico, llegando a formar una pequeña biblioteca que, por suerte,  he recuperado casi en su totalidad. Gracias a ella tengo una visión más o menos clara de cómo los veranos londinenses escondían un suceso social que perpetuaba costumbres ancestrales de cómo debía mantenerse el statu quo de una elite y permitir su continuación.

Según el ilustre diarista Samuel Pepys, la Season comienza durante la restauración de los Estuardo. Obviamente, un rey tan amigo de los placeres mundanos como lo fue Carlos II no iba desperdiciar una época de clima decente que le permitía ofrecer bailes y entretenimiento para sus nobles. Pepys mismo contrata un maestro de baile para que su esposa y él no desentonen en una corte donde nuestro eterno arribista espera ascender socialmente.

Será la sobrina de Carlos, Ana, la última reina Estuardo quien, en 1711, instaure la carrera de caballos de Ascot (Ascot Royal) que se convertirá en uno de los programas más icónicos de la Season. Pronto se añadirán la exhibición de la Academia de Arte, la regata de Henley y otros eventos. Para cuando llegan los Hannover al trono, es sabido que todos los veranos la nobleza se traslada a Londres para participar en las festividades, pero (y esto solo se susurra) también conseguirles buenos maridos a sus hijas casaderas.

                 Collage en mi agenda sobre el Mercado de Esposas

Las Lennox y Las Season Dieciochescas

Hemos visto en Harlots, Tom Jones y La Duquesa, los fastuosos bailes, las mascaradas y las noches de jolgorio en los Jardines de Vauxhall que marcaban las Seasons dieciochescas, pero sería la miniserie Aristócratas la que mejor ilustraría el proceso de la búsqueda de marido en el Siglo XVIII.

En el segundo capítulo de su libro,  “I Have Been to London to See the Queen”(He estado en Londres a ver a la reina), Angela Lambert describe el debut de Lady Sarah Lennox y su triste historia. Sarah y sus hermanas son el centro de la trama de Aristocrats que puede encontrarse incompleta en YouTube y completa en Tubi y en BritBox.

De todas las amantes de Carlos II , mi favorita es la noble bretona, Louisa de Keroualle, Duquesa de Portsmouth con quien el rey tendría un hijo. Ese hijo, titulado Duque de Richmond, a su vez tendría un hijo, Robert Lennox de quien descienden el actual Príncipe de Gales y Harry Sussex.  Robert tuvo un solo hijo varón, James, tercer Duque, quien tendría dos herederos,  más cuatro hijas que, sin quererlo,  harían infelices a sus padres, además de ser la comidilla de los chismes de su tiempo.

                               Los Duques de Richmond

La historia comienza con el debut en sociedad de Lady Caroline (Serena Gordon), la hija mayor.  Caroline y sus hermanitos han sido criados en una casa llena de amor y alegría rodeados de libros, obras de arte y animales domésticos y exóticos. Sus padres quieren ser estrictos, pero terminan siendo permisivos para los estándares de su época.

Es Lord Julian Fellowesentonces en su etapa de actor quien encarna a James, Duque de Richmond. El Duque le permite a su hija transitar por dos Seasons, sin elegir marido y no es que a Caroline le falten pretendientes. No es fea y tiene una enorme dote, pero ella prefiere pasársela en su biblioteca. La sociedad inglesa entra en shock, y el Duque monta en ira,  cuando su primogénita finalmente decide aceptar una propuesta de matrimonio, de , nada menos, que el controversial político Henry Fox (Alum Armstrong, el Squire Western de Tom Jones).

                       Lady Caroline escogió al más feo de sus pretendientes y fueron muy felices

Fox no solo es viejo y feo, también es pobre y tiene una pésima fama de mujeriego. Aun así, Caroline se casa sin permiso de los padres y es expulsada de la familia. Atemorizada por esta decisión, Lady Emily (Geraldine Sommerville) decide no causar dolor a su familia, repitiendo el error de su hermana.



Emily tiene suerte. En su primera Season, se enamora del Conde de Kildare, joven, guapo y rico. Ante su sorpresa sus padres se oponen al enlace. Según ellos las fallas de Robert Kildare, interpretado por Ben Daniels,  son ser irlandés y pretender llevarse a Emily a vivir en su lejana isla. Lord Kildare y su prometida ejercen paciencia y humildad sin rendirse ante las presiones familiares, hasta que el Duque de Richmond se doblega y da su consentimiento.



Después de la boda,  Los Kildare se marchan a Irlanda donde son tan felices que encargan un bebé al año. Entremedio se van a pasar la Season en Londres donde Emily pone empeño en reconciliar a Caroline con sus padres. Finalmente lo consigue. Es la cúspide de la felicidad de los Richmond. Fox se ha vuelto un importante fuerza política, él y Caroline tienen un hijo Ste que será seguido por Charles James. Emily y su marido se adoran y no cesan en agrandar su familia.

Para celebrar la felicidad de sus hijas, que es la suya, y de paso homenajear al Rey Jorge, el Duque de Richmond lanza una extravagante fiesta que espera será lo más comentado de la Season. Lo es, pero no por las razones esperadas. En medio de un discurso al soberano, James Lennox sufre un fatal infarto. Su viuda no lo sobrevivirá por mucho tiempo.



Es ahí donde ocurre un quiebre en la familia, sobre todo entre Emily y Caroline, que tanto se quieren. Los Duques de Richmond han estipulado que, al faltar ellos,  sus hijas menores deben ser criadas en Irlanda por Los Kildare. Al ser la mayor, Caroline siente que es ella la encargada de criar a sus hermanitas. Ve en ese último deseo de sus padres un reproche a sus métodos de crianza que son muy permisivos.

                  Lady Caroline Fox, Baronesa Holland en su vejez

Emily y Carolina se separan enojadas y les tomará años reconciliarse. Entretanto,  la tres Lennox menores, Louisa, Cecilia y Sarah,  crecen en Irlanda. Louisa (una Anne Marie Duff morena) es presentada en sociedad en Dublín, no en Londres como correspondería. Eso no impide que Louisa se case con Thomas Connolly, uno de los hombres más ricos de Irlanda, y que la adora.

Cuando llega el turno de Sarah (Jodhi Mai), Caroline exige que venga a Londres donde serán Los Fox los que la presenten en sociedad. Caroline hace de todo para encontrarle un buen marido. Aquí entran en juego los elementos que vinculaban a la Season con el mercado de esposas.

Tenemos a Sarah preocupada porque se considera tímida e insignificante. Su hermana le pone un maestro de baile ya que los bailes eran los escaparates donde se exponían a las candidatas. En su presentación al Rey Jorge vemos a Sarah con el tocado de plumas que hasta el Siglo XX, estaría asociado con las debutantes.

                           Lady Louisa Connelly y Lady Sarah Lennox muy emplumadas en la Corte

De pequeña, Sarah había sido la favorita del rey Jorge. Ahora se convierte en otro tipo de mascota cuando el Príncipe de Gales se enamora locamente de ella. Aunque los Fox, Los Kildare y los Lennox ven con buenos ojos que una de sus parientas se convierta en reina consorte,  a Sarah la sorprende e irrita ser el centro de las habladurías de su sociedad y que hasta los periódicos chismeen sobre ella.

                            El Príncipe de Gales y Lady Sarah

Finalmente, el príncipe cuando se convierte en Jorge III , debe rendirse a sus obligaciones y casarse con una princesa de sangre real, la que los Bridgertonianos conocen como la Reina Carlota. La humillación de Sarah es grande y escoge una salida impulsiva. Se casa con el primero que cruza su camino,  un tal Charles Bunbury, sin título ni fortuna,  que la entierra en el campo donde Sarah se la pasa más con sus perros y charlando con su periquito que con su marido.

Lo importante de este relato es ver como la Season funcionaba como agencia matrimonial y como las Lennox y sus parientes la manejaron. Caroline se la pasó un par de temporadas rechazando buenos partidos para poder fugarse con el hombre que amaba. Emily tuvo la suerte de encontrar el amor en su primera Season, aunque debió esperar a que sus padres aceptasen al candidato. Tras su debut en sociedad,  Sarah parecía que iba camino de ser reina. Fue lo que los periodistas llamarían dos siglos más tarde “la debutante del año”, pero el mercado de esposas le jugó una mala pasada.

                             A Lady Sarah ser una belleza le hizo daño.

De alguna manera las reglas sociales pusieron trampas a las Lennox que las convirtieron en fuentes de comadreo de su entorno. Sarah y Emily acabarían teniendo hijos fuera del matrimonio y pagando un precio por ello, pero les dejo lo mejor de su saga para que la disfruten sin spoilers. Lo importante de Aristócratas es que nos muestra como en la vida real, la sociedad londinense y la Corte imponían reglas sobre las debutante y como las hermanas Lennox intentaron circunnavegar esas reglas. Ese sería todo un tema en la ficción inglesa (y estadounidense) por los próximos doscientos años.

De la Regencia Hasta la Era Victoriana

Para la época de Jane Austen, la idea de que el futuro de una joven yacía en un buen matrimonio (Pride and Prejudice), y que las posibilidades aumentaban si la candidata iba a pasarse el verano fuese en Londres (Sense and Sensibility)  o a un balneario de moda (Sanditon) estaba establecida. Austen dejó un esquema de narrativa que se cifraba en protagonistas casaderas. Esto dio paso a una literatura de bolsillo llamada “Regency Romance”, por tener lugar durante un momento en que la locura del Rey Jorge (el cortejante de Sarah Lennox) le impedía reinar,  e Inglaterra quedó en manos del Príncipe de Gales y su madre, la formidable, Reina Carlota.



Habría maestras del género desde Georgette Hayer hasta Barbara Cartland. A fines del siglo XX, una chica judía de Queens llamada Julia Quinn decidió variar la formula Regency añadiéndole al aburrido rosa el rojo de la pasión. Ahí nacía la serie bestseller conocida como Bridgerton y que Shonda Rhimes ha transformado a un formato televisivo. Esta exitosa serie, ahora en espera de su Tercera Temporada,  se concentra en dos aristocráticas madres, Lady Bridgerton y Lady Featherington cuyas hijas compiten en la corte del Regente para ver qué pueden pescar sin caña ni anzuelo.



Ya vimos como Daphne Bridgerton enganchó a un duque en su primera Season. En la segunda el afortunado esposo fue el hermano de Daphne,  Lord Anthony,  que también se consiguió una heredera. Un cliché del género es la hermana rebelde,  la que quiere algo más interesante que un marido. Este ha sido el caso de la gordita Penelope Featherington. Harta de esperar una propuesta de Colin Bridgerton, esta temporada, Penelope se pondrá a buscar marido conjugando su actividad en el mercado de esposas con su trabajo clandestino de Lady Whistleton la Gossip Girl de la Regencia.



Así llegamos a la Era Victoriana cuando la pujante clase industrial entró de lleno en la Corte trayendo a sus hijas al mercado. Los millones de estas nuevas herederas competirían con los títulos y la estirpe de las hijas de los nobles. Y es que todavía el mayor objetivo de una joven de clase alta era casarse. Esto hasta se aplicaba a la mujer más poderosa del Reino Unido.

En Victoria seguimos todas las obligaciones de la soberana incluyendo aceptar casarse. La vimos amiga de los bailes y ser manoseada en uno por el Zarévich. La vimos tener que renunciar al amor que sentía por su Primer Ministro y asumir una boda dinástica con su primo que resultó ser uno de los grandes romances del mundo monárquico.



Tan feliz era Victoria en su vida conyugal que deseó lo mismo para sus súbditos aristócratas. Durante su larguísimo reinado, la Season adquirió más eventos para que las jóvenes nobles pudiesen exhibirse tales como el Baile de la Reina Carlota, y la semana de competencia de yates de Cowes. Se creó un tipo de presentación de sociedad que no era todavía esa institución que vería el siglo XX. Toda joven que desease entrar en la Corte podía ser presentada a la monarca en una levee formal,. Solo bastaba que Victoria supiese,  y que la candidata se acercase a donde estaba la reina, acompañada de alguna dama de alta cuna,  y le hiciese una reverencia.

El Lado Oscuro del Mercado de Esposas

Fue ese gran observador social,  Anthony Trollope,  quien le daría un nombre al mercado de esposas llamándolo Marriage Market. En su encantador libro What Jane Austen Ate y Charles Dickens Knew, Daniel Poole nos cuenta que si una chica se pasaba tres Seasons sin enganchar marido ya era considerada solterona, y eso que la edad para ser presentada caía entre los quince y los diecinueve años.



Aunque el mercado de esposas funcionaba óptimamente, no surgirían de este  muchos matrimonios felices. Ouida, la novelista de moda retrataría el lado feo de estos enlaces obligados en su novela Moths (Polillas) de 1880, que debería ser llevada a la pantalla otra vez (hubo dos versiones del cine silente). Aunque no toca el tema de la Season si nos muestra el mercado de esposas que se había trasladado desde Londres a la Riviera Francesa donde ya a fines del Siglo XIX se habían autoexiliado muchos nobles ingleses.



Vere Herbert se ha criado en el campo inglés junto a su abuela. Tiene 16 años, es ingenua, pero con buenos principios. A la muerte de la abuela, debe ir a la Costa Azul a vivir con su madre, Lady Dolly. Desde que enviudó, Lay Dolly lleva una vida extravagante de lujos que no puede pagar, de amantes que no la mantienen y de deudas que se acumulan. No siente amor por su hija, de hecho, siente que la avejenta. Eso, hasta que una amiga le enseña a aprovechar la minita de oro que puede ser Vere. La amiga casó a su hija con un marques francés, un poco borrachín, pero con mucho dinero. Lo que debe hacer Dolly es invertir en un yerno que pague sus gastos.



Ahí Lady Dolly “vende “a su hija al disoluto, pero millonario príncipe Zouroff, un noble ruso con pésima reputación. Zouroff maltrata a su esposa desde el primer idea con su frase:  “Soy tu amo, y puedo ser un muy mal amo”. Pronto lo demuestra. Cuando Vere se niega a compartir su casa con la amante de su esposo, Zouroff la golpea y exilia a un olvidado castillo en el campo polaco.

Yo leí Moths hace un siglo en una edición que se caía a pedazos en la biblioteca de Nueva York, único lugar donde pude encontrar una copia. Me pareció de prosa pesada y un poco cargada de tintas, pero cuando vi ( y leí) The Age of Innocence me di cuenta de que esta novela de1880 pudo ser una influencia en el retrato que Edith Wharton nos brinda de Ellen Olenska. La diferencia es que quien se casa con un cruel noble polaco es americana, no inglesa.

Si Ouida denunciaba el matrimonio en las clases altas como una forma de prostitución, Edith Wharton denunciaba los peligros en que incurrían las americanitas millonarias al comprar títulos que venían atados a maridos golpeadores de los que había que huir. Será en la próxima entrega en que hablaremos de como el Mercado de Esposas llegó hasta las costas estadounidenses y del nacimiento de un fenómeno llamado Dollar Princesses o “Princesas del Dólar”.