miércoles, 18 de octubre de 2017

La Guerra del Rif. Trasfondo histórico de Tiempos de Guerra


Se la llama La Guerra del Rif, La Guerra de África, La Segunda Guerra de Marruecos y La Campaña Africana. Se dice que fue un levantamiento de tribus rifeñas en contra del poder colonial español. Lo cierto es que involucró a Francia también y fue una pugna para mantener el protectorado europeo en el reino de Marruecos. Se dice que comenzó en 1911, otros afirman que ya llevaban dos años de escaramuzas. Lo cierto es que el momento cumbre fue el Desastre de Annual y ese es el punto histórico que los libretistas de “Tiempos de Guerra” han escogido para desembarcar en Melilla a Julia, Magdalena y Pilar, capitaneadas por la formidable Duquesa de la Victoria.


 Una idea fantástica ha sido elegir La Guerra de África como trasfondo de esta historia. Esta sangrienta y olvidada conflagración no es divisiva como La Guerra Civil, por lo tanto, resulta terreno seguro para poder transitar sin abrir heridas políticas. Es el consenso en España, cuando se recuerda el Conflicto del Rif, es que fue una barbaridad, una carnicería totalmente innecesaria.

Precisamente por tratarse de una pugna tan exótica, tenemos que ver primero de que se trató, porque les advierto llevamos cuatro capítulos, y todavía nadie nos explica de que se trata esta guerra que provoca tanto muerto y herido. El único detalle ha sido la negativa de Julia (en el episodio debut) de aceptar que su hermano y prometido hayan muerto  “por una buena causa”. Para nadie en España ni entonces ni ahora, La Guerra del Rif fue una buena causa. Simplemente se trató de un último acto en contra de pueblos nativos, o de etnias dentro de colonias, que vivían bajo poderes europeos.

La han llamado “La Campaña Africana”, pero los españoles han guerreado en el Norte de África desde que Cervantes sufriera cautiverio en Argel, y desde que a San Ramon Nonato los moros le pusieran un candado en la boca para que parara de predicar. Para el Siglo XVII, se había hecho del poder en Marruecos una dinastía conocida como la de los alauíes quienes lograron expulsar a los europeos de su territorio. La excepción fue España que siempre mantuvo control del borde costero donde se encuentran las ciudades de Ceuta y Melilla. Esa región es conocida como el Rif. Serian sus tribus de bereberes orgullosos, la mayoría montañeses, quienes se opondrían a la presencia extranjera.

Para el siglo XIX, Marruecos era un sultanato libre, que había mantenido su independencia ante las presiones otomanas. La belleza de sus ciudades y riqueza de su suelo la hacía atractiva a las potencias europeas. Ya en días de Luis-Felipe, Francia fue a meter la nariz por allá. España se contentaba con sus posiciones en la costa, pero los rifeños se la pasaban asaltando sus ciudades. En 1859, el gobierno español envió ingenieros a fortificar Ceuta. Los rifeños los mataron provocando tal furor en la península que hubo que enviar una expedición punitiva que a ratos alcanzó el fervor de cruzada. Esa Primera Guerra de Marruecos duró cuatro meses y provocó una cantidad de expresiones artísticas incluyendo la Aita Tettauen de Galdós y Un Diario de un testigo de la Guerra de África de Pedro Antonio de Alarcón.

Mientras Francia se imponía en el resto del país, España seguía con problemas en el Rif. La Guerra de Marruecos había sido declarada en contra del sultanato, pero nuevas escaramuzas bereberes movieron a España a luchar directamente con las tribus rifeñas entre 1893 y 1894. Esta guerra de Maragallo se llamó así por un gobernador imprudente que se puso a construir fuertes cerca de la tumba de un santón local. 6000 rifeños bajaron de los montes a degollar infieles. Pero los españoles tenían armamento moderno. Enviaron acorazados y reflectores eléctricos. Mas encima, el Sultán Hassan I tomó partido por los iberos y los rifeños tuvieron que bajar las armas y volver al monte. Con cada una de estas contiendas, España iba adquiriendo más territorio en el Magreb.

En 1909 se alborotan nuevamente las cabilas del Rif. Esta vez por la actividad de compañías extranjeras que explotaban las minas de hierro y estaño de la región. Aunque operaban con capital francés, quien daba la cara era la Compañía de Minas Españolas del Rif. Los rifeños atacaron a un capataz y a sus hombres, matando a cuatro de ellos. Otra vez, España mandaría un ejército a África, pero esta vez el pueblo español no acogió con buenos ojos esta campaña. Hubo protestas, sobre todo en Cataluña, que devendrían en la Semana Trágica de Barcelona.

Despedida de un soldado rumbo a Marruecos

A pesar de que los españoles repudiaban el conflicto, para el rey Alfonso XIII la presencia ibérica en África era fundamental. Tras el desastre del 98, España había perdido sus posesiones en el Caribe, Asia y en el Pacifico. Su única oportunidad de recobrar un imperio en ultramar era en el Magreb. A partir de 1911, el ejército español inició una agresiva campaña de pacificación en la zona del Rif, campaña que duraría hasta fines de La Gran Guerra. En 1920, Francia y España se repartieron Marruecos, quedando cada uno dueño de una sección del país (con la ciudad de Tánger convertida en zona internacional) que pasarían a conocerse como El Protectorado Frances y El Protectorado Español.


La hipocresía residía en hacer creer que esto no era una estratagema colonialista. En teoría, el país seguía regido por el Sultán Yizef, pero tanto el ejercito como la caja fuerte marroquíes eran manejados por “los protectores”. La corrupción estaba muy extendida entre administradores y altos mandos del ejército que se la pasaban del burdel a la mesa de juego. La tropa era un hato de soldados pobres, casi analfabetos, desmoralizados por estar lejos de su hogar, desnutridos y expuestos a enfermedades. Una enfermedad bienvenida era la sífilis, fácil de contraer cuando la prostitución estaba en auge y descontrolada en el protectorado. Un soldado sifilítico era dado de baja y retornado a su país. Este sería el ejercito que se batiría contra soldados vigorosos, que conocían el terreno, que tenían una causa por la que luchar y que serían liderados por el mítico Abd El-Krim.

Abd El-Krim en la Portada de Time Magazine (1925)

Este cadí (juez musulmán) pertenecía al poderoso clan de los Beni Urriaguel. Además de su formación legal, Abd El-Krim había tenido contacto con el poder colonial español e incluso con la misma España. Hablaba castellano perfectamente, había estudiado en Salamanca, había sido editor de la sección árabe de El Telegrama de Ceuta y había tomado parte en la burocracia colonial como maestro, traductor y escribiente. Esas experiencias lo hicieron un perito en la administración del protectorado, la debilidad de sus soldados y la corrupción vigente.

“Tiempos de Guerra” inicia con una batalla que los libros de historia conocerán como “El Desastre de Annual”. Ahí conocemos a los oficiales Pedro Ballester y Andrés Pereda. Los vemos pelear sin esperanza y más encima traicionados por su jefe, el vil comandante Silva un ejemplo del oficial corrupto del ejército español colonial. Como vemos em esas escenas, Annual era un campamento militar al que un ejército de 3,000 rifeños atacó obligando a las tropas europea a replegarse hasta la costa. Se dice que, de los 20.000 soldados españoles, 8.000 perecieron en una contienda en que militares profesionales fueron vencidos por nativos irregulares cuyo poder residía en su líder, un estratega nato, cuyas tácticas guerrilleras serían más adelantes copiadas por Mao, Ho-Chi-Min y el Che Guevara.
Cadáveres encontrados tras el desastre de Annual

Cuando las enfermeras de la Cruz Roja desembarcan en Melilla, esta es una plaza sitiada. Si Abd El-Krim no la atacó fue por temor a que la población cosmopolita hiciese un llamado a otros países europeos a sumarse a la guerra. Tanto los civiles como militares están en un estado de pánico que aumenta con el desabastecimiento y la desconfianza por la población autóctona. Lo vemos en el desprecio con que Susana, hija del comandante de la plaza, se expresa de Larbi, el enfermero árabe. Lo cierto es que la población marroquí no estaba con los rifeños quienes siempre habían sido una etnia separada. Incluso su religión, que todavía conservaba resabios paganos, era mirada con recelo por los imanes ortodoxos. Tanta era esa diferencia, que apenas declarada la independencia de Marruecos, en 1956, las tribus rifeñas volvieron a alzarse esta vez en contra del Sultán Mohamed V.

La escasez tanto de soldados como de municiones y alimentos se debía al caos provocado por una administración endeble y deshonesta.  Muchos de los víveres eran robados por los mismos militares y luego aparecían en el mercado negro. Ya en España el conflicto era mirado con indiferencia por las clases pudientes y con mucho resquemor por los estratos humildes que sabían que serían sus hijos la próxima carne de cañón. Por algo se llamó a la Guerra del Rif, “la guerra de los pobres”. Un toque novedoso de “Tiempos de Guerra” es mostrarnos oficiales “señoritos “como Andrés y Pedro.


La serie, a diferencia de otros ejemplos de ficción histórica española, no se apoya en ideología sino en un conflicto de clases donde los oprimidos (en este caso el soldado raso) no tienen voz. A pesar de que la tropa de Pedro sabe que el comandante Silva miente y el alférez dice la verdad, no esperan que se les tome en cuenta ni que crean en sus declaraciones. Aun así, se amotinan y rápidamente son reprimidos con la amenaza de cortes marciales y paredones. Ya vimos como Pedro fue condenado a muerte y su ejecución solo consiguió ser frenada por la Duquesa de la Victoria y la mismísima Reina de España.
Pedro casi es fusilado

Tiene que salvarlo la Reina Victoria-Eugenia

En España, había conciencia de ese abandono. El desaliento fue explotado primero por elementos subversivos de derecha que devendrían en la dictadura de Miguel Primo de Rivera (que había sido oficial condecorado en La Guerra de Maragallo) y luego por eventos republicanos que llevarían a la derogación de la monarquía, apenas acabado el conflicto.

Por ahora estamos en 1921, en “Tiempos de Guerra”. Todavía le quedan cuatro años a la Guerra de Marruecos. Durante ese tiempo, Abd El-Krim establece una república independiente y llega hasta los confines del protectorado. El error del líder será ese, atacar a los franceses en un territorio donde los jeques no reconocen la autoridad del comandante rifeño. Los franceses también envían tropas comandadas por el héroe de la Gran Guerra, Henri Pétain. Se comienzan a utilizar armas químicas para eliminar al enemigo.

 Finalmente, un contingente de tropas francesas y españolas desembarcan en Alhucemas y acaban con La Guerra del Rif.  Abd El-Krim se rinde a los franceses. Estos lo toman prisionero, y le dan un trato honorable, negándose a las peticiones de extradición de España. En 1947, el líder rifeño huirá a Egipto. Morirá Abd El-Krim en Cairo en 1963, alcanzando a ver la independencia del Magreb.

Ya les he hablado de las repercusiones políticas que La Guerra del Rif tendrá en España, pero también surgen otros factores en el mismo protectorado que afectarán a un ejército colonial que en la próxima década invadirá la Península. El primero es la aparición de una nueva clase de oficiales, los llamados “generales africanistas” menos corruptos, más determinados, mejores estrategas, con una visión más amplia (ergo brutal) de como detener este conflicto que a cada rato vuelve a desatarse.




Por otro lado, se privilegia a los batallones o tercios formados por soldados nativos. Esos conformarían el núcleo del Cuerpo del Ejército Marroquí, los famosos “moros” de La Guerra Civil. La casta africanista de generales jóvenes, unidos por un esprit de corps forjado en La Guerra del Rif, y por un desprecio total por la clase política ibera, serán los alzados del 19 de julio de 1936.

 La lista de generales africanistas incluye a todo el alto mando del Bando Nacional: Generales Yagüe, Sanjurjo, Mola, Varela, Queipo de Llano, también el coronel Juan Luis Beigbeder, quien estaría a cargo del Protectorado de Marruecos durante la Guerra Civil, y por supuesto Francisco Franco, el general más joven del ejército español. Otros nombres que sonarán a fines de los 30s y durante la Era Franquista serán Alfredo Kinedelan fundador de la aviación militar española, Agustín Muñoz Grandes quien comandará la División Azul y José Millán Astray (quien perdería un brazo y un ojo en el Rif) fundador, junto con Franco, de La Legión.
El Caudillo en su etapa marrroquí

Precisamente La Legión Español es otro producto del conflicto rifeño. Es fundada como una imitación de La Legión Extranjera Francesa, un cuerpo de militares que se sienten orgullosos de pertenecer al mismo. Con moral más alta que el soldado colonial con mayor sentido de dignidad y propósito, el legionario sería un arma letal en la última etapa de la Guerra del Rif, desempeñando importante rol en el Desembarco de Alhucemas que acabaría con la campaña africana.

¿Veremos todo esto en “Tiempos de Guerra “? Eso lo sabremos si seguimos esta serie que por ahora nos enseña una historia que no se imparte en las aulas.


lunes, 9 de octubre de 2017

Damas Enfermeras, Rifeños Rebeldes y una Duquesa: Primeras Impresiones de Tiempos de Guerra


Siempre he dicho que la fórmula para confeccionar una buena serie no radica en ser totalmente original, sino en elegir lugares comunes y trasladarlos a un escenario novedoso. Eso lo cumple cabalmente el nuevo drama histórico de Antena 3, “Tiempos de Guerra”. Añádanle buenos actores (monísimos todos), el vestuario deslumbrante de la década de los 20s, un conflicto semi desconocido que por viejo y olvidado no invita a partidismos panfletarios, un buen uso de los arquetipos que rodean el siempre fascinante retrato de la enfermera militar, y tenemos una serie de lujo. Ahí y me olvidaba, es super romántica.

Bendito Antena 3, que aun sin estrenar por su señal internacional, nos permite ver “Tiempos de Guerra” aquí en el ordenador. En este septiembre agotador y caótico que me ha tocado vivir (y sin olvidar que para los judíos es época de arrepentimiento mientras esperamos el juicio divino), con mi madre en el hospita, l mi padre en un limbo, y yo con una gripe que terminó por destrozar mis maltratados pulmones, tuve el placer de ver esta serie histórica que no tiene nada que envidiarle a los de la BBC. Em su elegancia y sobriedad me recordó las grandes adaptaciones literarias de RTVE en los 70s y 80s.

 En esta primera entrada voy a contarles un poco de la trama de este cuento de tres” niñas bien” que se van de enfermeras a Marruecos y que enfrentan los mismos líos laborales y románticos del personal de “The Crimson Field” o de las nenas del Vietnam de “China Beach”. Ósea se la pasan metiendo las patas en el amor y en el trabajo y metiendo líos a otros cuando anteponen lo personal a las reglas.

Las llamaban "damas enfermeras" 
“Tiempos de Guerra” ha tenido muy buena acogida entre el público amante de los period pieces y que desde “Velvet” tiene que consolarse con las ya archi conocidas dosis de “Bandolera” o los mil secretos del Puente Viejo. “Tiempos” es de Bambú, la misma productora de “Velvet” y de “Gran Hotel”. De la última se han traído a Amaia Salamanca que ahora será Julia Ballester, la semi protagonista, la única “enfermera” que no ha recibido instrucción médica y que se ha acoplado al destacamento de la Cruz Roja porque necesita ir a África a saber que fue del novio y del hermano.


 De “Velvet” se han traído también al gran José Sacristán para dar vida al coronel Vicente Márquez, jefe militar de Melilla que ya tiene bastantes problemas con un futuro yerno que, además de insubordinado, no quiere poner fecha para la boda; con una población civil y militar desmoralizada y aterrorizada; con un exceso de heridos y un desabastecimiento de soldados y pertrechos. A tanta cuita debe agregarle ahora un destacamento de enfermeritas novatas sacadas de lo más granado de la sociedad madrileña y capitaneadas por la formidable Duquesa de la Victoria (Alicia Borrachero).
¡Pobre Coronel! Como si no tuviera suficientes problemas

A Alicia Borrachero no la he visto nunca en sus roles icónicos de “Periodistas” y “Hospital Central”, pero del ámbito del drama histórico la conozco por hacer papeles “exóticos” sea en el Al-Andaluz (“Isabel”), el Imperio Otomano (“The Promise”) o en Narnia (“El Príncipe Caspian”). Es un alivio verla hacer de española en ese rol tan complejo de Carmen Angoloti, Duquesa de la Victoria.

También veo muchas caras conocidas de los “çustomers” españoles. Otro rostro de “Velvet”es Alex García al que mejor  recuerdo como el boxeador Alfonso de “Amar en Tiempos Revueltos”. Verónica Sánchez ha crecido bastante desde “Las 13 Rosas”.  Otro sobreviviente de los “tiempos revueltos “es Cristóbal Suarez. Apenas entró en escena, ahí altote y guapote, yo (después del “Slurp” obligatorio), grité “¡pero si es Mario!”  Cristóbal es un Benjamin Button, en vez de envejecer, rejuvenece.

La serie, que en España se transmite en noche de miércoles, comenzó hace tres semanas. Aunque “Tiempos de Guerra” hace más hincapié en los aspectos médicos (y románticos) del conflicto, se escogió comenzar con escenas en un campo de batalla, precisamente con el Desastre de Annual, el momento crítico, de la Guerra del Rif. En la primera escena vemos a los soldados españoles defendiéndose de las tropas rifeñas. El comandante Silva (Vicente Romero) quiere rendirse, pero el teniente Andrés Pradera (Alex Gadea. Ay mi Tristán de Puente Viejo) se lo impide. Andrés alcanza a susurrarle a Pedro (Marcel Borrás), su camarada y futuro cuñado, que le diga a Julia que lo olvide. Pedro parece que no podrá dar el mensaje, porque un moro lo está degollando y Andrés desaparece en una explosión.
El desastre de Annual

Corte a Madrid, a Julia que toca el piano. Llega la madre. Julia quiere irse al África a buscar a Pedro y a Andrés. Su madre es amiga de la Duquesa de la Victoria que ha formado un equipo de enfermeras y planea llevarlas hasta Melilla. Julia y su madre se van al Pardo a una Garden Party para hablar con la Duquesa. Pasan unos siete minutos de vestidos tras vestidos. Es que estas mujeres cada vez que se quitan el uniforme se ponen cada modelito que la fiesta parece una pasarela. Es colección de temporada Primavera 1921.
¡Mi sombrero es mas grande que el tuyo!

La Duquesa le dice a Julia que para ser enfermera hay que estudiar.  La insta a tomar un curso de, un mes, en La Cruz Roja. Luego la presenta con dos “graduadas” Pilar (Verónica Sánchez) y Magdalena (Anna Moliner). De solo verlas, reconocí a personajes típicos de esas películas de Marisol y Pili y Mili que yo tanto gocé en mi infancia. Hasta se les puede poner membretes. Pilar es “la empollona”,  la mejor alumna, la que sigue el manual, seria y viuda desde que un tranvía la dejó sin marido hace dos años. Magdalena es “la patosa”, que sin andar tumbando bandejas, es metepatas, alegre y muy, pero muy ingenua. No lo parece porque es coquetona, aunque está ultra comprometida con Daniel de Zumárraga (hijo) que ahí está sacándola a bailar.
La Empollona y La Patosa

Llega un general que le comunica a la Duquesa que Su Majestad, La Reina desea verlas a ella y a las enfermeras. Por alguna razón, Julia se une a la comitiva.  Cuca Escribano, alta rubia (pero sin acento inglés) interpreta a Victoria Eugenia de Battemberg, Reina de las Españas. Con mucha cortesía y firmeza, les dice a Doña Carmen y sus enfermeras, que las quiere en Melilla en unos días. La Duquesa le dice que es imposible, estas chicas no están preparadas. La Reina, muy fina, se la lleva a un rincón y le dice “Esto es guerra, ¡Carmen!” ósea en África se necesita de enfermeras y se van porque así la reina lo dispone.
¿ Reina o Duquesa? ¿Quien manda más?

Lo próximo es la Duquesa en el salón comedor de un tren en compañía de La Empollona y de La Patosa. Es chistoso porque son diez las enfermeras, pero de nombre y cara solo conocemos a estas dos.  Se aparece Julia con maleta. La Duquesa la ataja. No puede ir de excursión con las otras, porque no ha tomado ni una clase de enfermería. Además, no tiene ganas de cargar con una mujer que va a estar más ocupada en buscar parientes que en atender pacientes.

Julia insiste y la Duquesa se da cuenta que ésta es más porfiada que ella y le pasa un librito del tamaño de un Catecismo de Primera Comunión. Es un manual de anatomía y primeros auxilios que las otras enfermeras ya se conocen al dedillo. Me parece que se va a necesitar de más textos de instrucción. Porque estas niñas de anatomía masculina saben nada y si habrán visto un par de… en su vida solo las criadillas del toro en el ruedo o en el plato y arrebozadas.

Crash Course de Primeros Auxilios

Del tren se trepan a un barco y en cinco minutos en los que Magdalena, La Patosa no alcanza ni a vomitar, ni Julia a terminar de leer su manual, desembarcan en Melilla (o Tenerife haciendo de Melilla) Alla tienen su primer encuentro con “Pacos” (franco tiradores). Obvio que aquí se viven tiempos revueltos. El tiroteo le da una excusa al médico militar Fidel Calderón (Alex García) de hacer su entrada triunfal salvando a Julia de no sé qué. Excusa para Fidel de poder abrazarla bien fuerte hasta que la Señorita Ballester le recuerda que de donde ella viene los hombres no se arriman tanto a las mujeres de bien.
¡No se me arrime tanto, caballero!

La Duquesa entretanto se entrevista con el comandante de la plaza, y que resulta ser el padre de la mejor amiga de Magdalena. Al pobre Márquez no le causa mucho chiste tener a estas enfermeras entrometidas por ahí, pero les dice que intentará “acoplarlas” a algún hospital de Melilla; Esto encoleriza a Doña Carmen que ha venido a Marruecos a regentar su propio hospital porque eso es lo que quiere la reina, y lo que la reina quiere se hace. Márquez las manda una escuela abandonada. Ahí estas señoritas que en su vida han empuñado un plumero, tienen que limpiar el sitio, despejarlo de muebles y medio habilitarlo para que parezca  un hospital.

Ya tienen el hospital medio armado, cuando una noche se presenta Fidel con una veintena de heridos. Vienen de Annual y no hay espacio en otros hospitales. Este es el primer encuentro de las enfermeras con miembros amputados, huesos rotos, carne quemada y sangre por doquier. Se paralizan, se desvanecen, vomitan, pero aun así atienden a todo el mundo. Doña Carmen está que arde, asegura que ha sido una travesura de Márquez mandarle esos pacientes nada más para fastidiarla. Resulta que el comandante  ni idea tenía.

Todo es culpa de Fidel que es médico medio maverick,  muy díscolo y con más ganas de experimentar con la medicina que el mismísimo Dr. Mengele. Márquez decide escarmentarlo, hay que dar ejemplo porque Fidel es novio de su hija. Lo empaca a Madrid. A Susana Márquez (Silvia Alonso) no le parece. Amenaza con irse con Fidel. Parece que viajar sin chaperona en esos tiempos, era cosa escandalosa. Doña Carmen arregla todo contratando a Fidel como médico jefe de su hospital.
Larbi, huerfanito y Magdalena

Y así se va desarrollando la historia y miren que solo van tres capítulos y harto ocurre. Magdalena se la va a pasar haciéndole ojitos a Larbi (Daniel Lundh) , el enfermero marroquí, y va a amadrinar a un huerfanito moro. Pilar se verá sacudida de su comfort zone cuando se tropiece con Luis (Cristóbal Suarez) , el medico que hace ocho años la plantó en el altar. Luis trae explicaciones, Pilar y él reconocen que aún se aman, pero no van a ninguna parte porque el doctor está casado con Raquel (Nuria Herrero), la hija del tabernero. Raquel está como de seis meses y como no se chupa el dedo, le advierte a Pilar, no ha conseguido atrapar un hombre de clase superior para perderlo justo cuando van a ser padres.

La que provoca los mayores líos es Julia. Tal como lo temía la Duquesa, se la pasa más buscando a sus hombres que cambiando vendas. Entre los heridos de Annual está el Alférez Pedro Ballester, hermano de Julia. Viene muy mal y agobiado por la culpa de haber perdido de vista a Andrés.  Aparece en el hospital, el comandante Silva, el superior de Andrés y Pedro, el que quería rendirse. Trae cuento chino de que los rifeños le dejaron malherido. Miente diciendo que no hay más sobrevivientes. Lo cierto es que sobornó a un guardia para huir dejando atrás a sus soldados, entre ellos a  Andrés.

Pedro que sabe que Silva es un cobarde traidor, intenta matarlo. Lo quieren fusilar. Sus compañeros corroboran la cobardía del comandante. Los ponen presos a todos. Julia tendrá que hacer circo, maroma y teatro para poder salvar al hermano. Y como es un poco egoísta, en sus empeños arrastrará a Magdalena, a Larbi, y hasta el mismísimo Fidel.

Ese es el comienzo de esta historia muy colorida, muy vibrante, muy hermosa desde un punto de vista estético. Paisaje y modas son espectaculares. Y eso que ha sido filmada mitad en Gran Canaria, mitad en el patio trasero de la productora.

 Hay quejas de que es muy cliché, que los personajes son un poco estereotipados, y de que tanto lio amoroso ya recuerda a “Anatomía de Grey”. Ya lo dije, el cliché deja de serlo si se le destella en espacios y escenarios nuevos. Eso también se aplica a todas las reglas que gobiernan las representaciones de personal médico en zona de combate. Y si se les encuentra semejanza con personajes de una serie como “Anatomía”, muy distante en términos culturales, cronológicos y geográficos, entonces se está cumpliendo con el propósito de renovar la formula.

En mi próximo blog hablare sobre estos clichés que van más allá de “Grey’s Anatomy” de las causas y el desarrollo de la Guerra del Rif, el factor más novedoso de "Tiempos de Guerra” y del mejor personaje, La Duquesa de la Victoria que existió en la vida real y que fue tan o más imponente que como la representa la serie.


miércoles, 27 de septiembre de 2017

La Santa Hermandad de los Gloriosos Pederastas: El Círculo Gay de Versalles (III)


Philippe De Orleans no tuvo solamente de amante al Caballero de Lorena. La existencia del Marques D’Effiat, posible asesino de Minette, revela la existencia de otros aficionados al “vicio italiano” en la Corte del Rey Sol. ¿Eran un “club” privado, protegidos por las costumbres ambidextras del hermano del Rey, y por la sangre noble de sus afiliados? ¿Cuán inocentes eran sus costumbres?

“Versalles” ha sido la última piedra en el monumento al libertinaje versallesco. La Revolución Francesa esgrimió la inmoralidad de sus reyes como argumento para acabar con la monarquía. Irónicamente, los revolucionarios cargaron contra el más inocente de los Capeto, pero ese es otro cuento. “Versalles” nos ha mostrado toda la impudicia de la Corte del Rey Sol y también su hipocresía, porque a pesar de su homofobia, Luis XIV cultivó y fomentó la homosexualidad de su hermano como una manera de neutralizarlo.

Aunque Philippe, tal como nos muestra la serie, aceptó dócilmente su rol de segundón, buscó escandalizar como una forma de rebelarse a su destino. En su palacete de Saint Cloud, el Duque de Orleans creó una mini corte de nobles que le eran adictos. ¿Eran estos nobles parte de una confraternidad de lo que entonces se conocía como” invertidos”?   Aunque aún en época de Minette, se hablaba de orgias en Saint Cloud, seria Elizabeth, segunda esposa de Monsieur, quien, en sus numerosas cartas a su familia alemana, revelaría los detalles de las costumbres sexuales de su marido y de sus amistades.

Tras la muerte de Minette, Luis le levantó el castigo al Caballero de Lorena, permitiéndole reintegrarse a la Corte Versallesca siempre y cuando convenciera a Philippe de volver a casarse. La elegida en esta ocasión fue la simpática y sencilla Elizabeth, Princesa Palatina. Apodada Liselotte por sus íntimos, era prima hermana de Minette, pero era su total antítesis. Aun así, Chevalier le hizo la vida imposible, inventándole adulterios para que Philippe desconfiara de ella e infiltrando espías en el servicio de Madame. Lieselotte se vio obligada solo a confiar en las damas que había traído consigo y con las que se comunicaba en alemán, lengua que Chevalier desconocía.



A pesar de que me dicen que la relación Chevalier y Liselotte en la segunda temporada de “Versalles” es más amigable, en la vida real se detestaban. Liselotte encontró desahogo y consuelo en una copiosa correspondencia con los parientes que dejara en el Palatinado. Es a ellos a quienes relata las extravagancias sexuales de los válidos de su marido. Nos cuenta Madame que entre ellos hay bisexuales como El Caballero de Lorena, otros que aborrecen la cercanía física de una mujer, los hay que gustan de amores con bellos adolescentes y otros que los prefieren impúberes, ósea ya hablamos de pedofilia.

A pesar de que El Rey Sol conocía los gustos de los amigos de su hermano, fue todo un shock descubrir que Monsieur era parte de un círculo clandestino y que aun en nuestros días podría ser calificado de degenerado. Aún más terrible fue para Luis descubrir que su propio hijo frecuentaba ese círculo.

En 1683, tras la muerte de la Reina Maria Teresa, y la caída de Madame de Montespan, Louis XIV se casó en secreto con la Marquesa de Maintenon, institutriz de sus hijos ilegítimos. Aunque Maintenon era totalmente devota de la prole de la Montespan, no estaba a cargo de otros bastardos reales como los hijos de la infeliz Luisa de la Valliere, si esa que en “Versalles” se azota y termina en un convento.
Hermana Luisa de la Misericordia, antes Luisa de La Valliere

Cuando La Valliere profesó, su hijo Luis, Conde de Vermandois, tenía solo siete años. El rey se lo encargó a su cuñada. A pesar de que Liselotte, desaprobaba que los ilegítimos se codearan con los verdaderos príncipes, le tomó cariño al condesito y lo crió como hijo de su carne.

Un año antes del matrimonio con Madame de Maintenon, llegó a oídos de Luis que existía en su corte una curiosa y no tan inocente cofradía llamada “La Santa Hermandad de los Gloriosos Pederastas”. El rey ordenó que se investigase la tal hermandad, y cuando le dijeron que su hijo de quince años era parte de aquella, exigió que se le interrogara. El asustado Conde de Vermandois hizo una confesión completa.
Luis, Conde de Vermandois

Había sido bajo el techo de su tío y padre adoptivo que Vermandois había sido seducido y reclutado por el incorregible Chevalier de Lorraine.  Chevalier había solicitado que su joven amante atrajese amigos suyos a la fraternidad. Los miembros debían jurar un secreto absoluto y firmar (según Vermandois) “con su propio semen” un contrato en el cual se comprometían a no tener relaciones carnales con mujer alguna. Los integrantes de esta logia usaban, oculto bajo la ropa, escapularios que imitaban conocidas estampas de San Miguel aplastando al demonio, solo que en estas medallas el Arcángel pisoteaba a una mujer. Estos actos blasfemos bastaban para colocar a la hermandad al margen de la ley y de la iglesia.

A medida que avanzaba la investigación, el horrorizado rey descubría más aspectos oscuros de una cofradía a la que pertenecían miembros de la nobleza y hasta el más famoso musico de la corte, Jean Baptiste Lully. La hermandad solía reunirse en burdeles parisinos. En una ocasión en que la policía irrumpió en un local encontraron a Monsieur en la cama con otro hombre y con la dueña del establecimiento. Por supuesto, Philippe era intocable y la autoridad tuvo que retirarse con el rabo entre las piernas.
Monsieur, Duque de Orleans

Otros datos no eran tan jocosos. Las exigencias de la hermandad iban precisamente en contra de relaciones heterosexuales. Había prohibición tajante no solo de tener sexo sino también de amar a una mujer. Si el “hermano” tenía obligación social de casarse, podía tener relaciones sexuales siempre y cuando fuera exclusivamente para procrear. Cualquier infracción a estas reglas podía ser castigada. Luis también supo que, en algunas de las orgias, podían intervenir mujeres, pero que su rol era ser degradadas, maltratadas e incluso torturadas. Aquí tenemos un presagio de los gustos del Marqués de Sade, un siglo antes de nacer ese caballero.

En una ocasión, cuenta el Conde de Bussy (primo de Madame de Sevigne), la cofradía estaba en medio de una orgia cuando se les antojó comer helados (Primo Visconti dice que el antojo era por barquillos). Trajeron a un vendedor ambulante. Como era joven y atractivo, lo invitaron a unirse a la francachela. Cuando el heladero se negó, lo golpearon, castraron y arrojaron su cuerpo a la calle para que muriera desangrado.

Tanto exceso llevó al Rey Sol a una purga. Se exilió a muchos nobles. Al pobre Vermandois su padre lo mandó azotar en su presencia y lo desterró a Normandía. Lieselotte, que seguía viendo al Condesito como un hijo, suplicó y obtuvo la clemencia del rey para que a Vermandois se le permitiese unirse a un batallón en Flandes y redimirse en el campo de batalla. Un año más tarde, Vermandois moría de cirrosis, totalmente alcoholizado. Durante ese año esperó en vano por el perdón paterno. Las únicas que lo lloraron fueron su hermana y Lieselotte. Luis no desperdició ni una lágrima en el hijo que llevaba su nombre. En el convento Luisa de la Valliere fue aún más dura, diciendo que debió llorar el día que parió a Vermandois, no en el de su muerte.
Luisa de La Valliere y sus hijos

Hay un detalle que me intriga sobre esa cofradía (que sería resucitada en el Siglo XVIII). En su madurez, Chevalier orientó su libertinaje cada vez más hacia la heterosexualidad. ¿Por qué se uniría a un circulo que renegaba de las mujeres como compañeras sexuales? La respuesta creo que reside en su tremenda ambición. Había poder en mantener ese submundo clandestino en las narices del rey, de la iglesia y de la autoridad. A diferencia del personaje de “Versalles”, el verdadero Caballero de Lorena era temerario, insolente, y hambriento de poder.

Antes de hablar del final de MonChevy (como lo apodan los fans de “Versalles””), hay que narrar el último capítulo de la ópera bufa de Monsieur. En su madurez, Philippe se fue alejando de Chevalier, prefiriendo la compañía sexual de amantes más jóvenes, y la intelectual de su mujer. Se hizo muy amigo de la mesa, engordó, y hasta su confesor andaba preocupado por su salud.

A Chevalier lo tenían desterrado, pero el oportunista Rey Sol lo trajo de regreso para que convenciera a Philippe de participar en el último proyecto/capricho real. Madame de Maintenon, ahora esposa secreta del rey, seguía empeñada en favorecer a los hijos de la Montespan, que la Marquesa consideraba como propios. Ahora había convencido a su esposo que debía casar a su hija ilegítima, Francisca María de Borbón con el Duque de Chartres, hijo mayor de Monsieur.


Francisca María de Borbón

A nuestros ojos modernos, el único impedimento para este matrimonio podría ser la consanguineidad. A los ojos de la Francia barroca era un sacrilegio. Chartres tenía sangre azul por los cuatro costados, pertenecía a una casta por encima de los demás mortales. Su prima era la bastarda del rey, hija de una mujer que, aunque marquesa para los efectos era una plebeya. Menos escandalo hubiese suscitado que Chartres se casara con la hija del sultán. Sin embargo, el marrullero Luis ofreció una dote tan elevada que venció los escrúpulos de su hermano y su sobrino.

Pasó el tiempo, la tan sonada dote nunca se materializó. Chartres se hartó de su mujer y buscó nuevos amores. Molesto, el rey se presentó en Saint Cloud a la hora de la cena y apostrofó a su hermano por no reprocharle a Chartres sus infidelidades, su falta de cariño por la esposa. En medio de su comida, Monsieur se sulfuró y acusó a su hermano de hipócrita. Luis, el hombre más adúltero del reino no podía venir a lanzarle piedras a otros maridos infieles. Tampoco arruinarle la cena ... ¿y donde estaba la dote prometida?  Esto escaló en una discusión a gritos que terminó por provocarle a Philippe una apoplejía mortal. Aunque vivió unos días más, murió como había vivido, siendo víctima de su hermano mayor.

Curiosamente, un año más tarde, Chevalier moría también de un ataque de apoplejía, pero en circunstancias diferentes. El incorregible calavera sufrió un ataque estando en cama con dos cortesanas. Al igual que su amante, le tomó unos días morir, siendo atendido con mucho amor por su prima con la que, según el Duque de Saint Simon, El Caballero se había casado en secreto.


El Caballero de Lorena

No sé si este último episodio en la tragicomedia de Philippe y Chevalier será llevada la pantalla. No me molestaría que no la mencionaran. Prefiero tener esta imagen tierna y romántica de esa pareja de bribones. Quiero verlos como víctimas, no verdugos. Pero la realidad nos informa que no podemos ver con ojos amables estas subculturas manejadas por gente tan poderosa que sin reparo aplastaban al hoi polloi y a la mujer, fuese una prostituta contratada para una orgia sadomasoquista o una esposa a la que se podía maltratar sin castigo ni oprobio, aun mas si la misma subcultura lo permitía y exigía.

Por eso es absurdo verle paralelos a este “club” de Versalles con las culturas gays actuales. Ni Monsieur ni Chevalier tenían nada de activistas modernos ni podemos aplicarles un lenguaje político y sociocultural del Siglo XXI que en la corte del Rey Sol seria perfectamente ininteligible.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

¿Fue Minette asesinada? El círculo gay de Versalles (II)


 En mi entrada anterior les mostré como en la sociedad francesa barroca la homosexualidad era pecado, “vicio” y señal de debilidad. Vimos cómo se fomentaron los gustos homosexuales de Philippe de Orleans para que no le hiciera sombra a su hermano y como la posición de príncipe de sangre real de “Monsieur” le permitió llevar una vida “excéntrica” que más allá de los jardines de Le Notre sería castigada con la pena capital.

La conclusión fue que no se puede hablar de identidad sexual en un mundo en que todo hombre debía ser esposo y padre. El mismo Monsieur se casó dos veces y tuvo varios hijos. Lo mismo ocurrió con su gran amor, Philippe, Caballero de Lorena, a pesar de que Chevalier siempre prefirió a las mujeres. La serie ha elegido cambiar esos roles. Monsieur, al que sus contemporáneos consideraban frágil y fácil de dominar, es retratado como un individuo recio, que puede ejercer la violencia, incluso más allá del campo de batalla, y que no acepta que su pareja lo domine.

En la vida real, Monsieur pasivamente dejaba que Chevalier decidiese en su cama, en su caja fuerte, y en su casa. Se ha dicho que Chevalier fue el peor enemigo de ambas esposas del Duque de Orleans ya que buscaba controlar todo el ambiente donde se movía su pareja y para eso quería neutralizar a cualquier persona que intentase hacer lo mismo.


“Versalles” nos muestra a Enriqueta de Inglaterra, la primera Duquesa de Orleans, como una mujer hipócrita, mentirosa, adúltera y sumamente tonta, que vive obsesionada con un cuñado que la usa de todas las maneras en que la pobre pueda serle útil.  En la vida real, Minette no parece haber sido mejor. No era buena madre. Al enterarse del sexo de su primogénita, declaró que mejor ahogaban a la criatura. Estas palabras horrorizaron tanto a la abuela de la pequeña (Ana de Austria) como a Monsieur.  Ambos se hicieron cargo de la educación de Maria Luisa, de tal modo que eventualmente Philippe pudo fácilmente predisponer a la niña en contra de la madre.
Los Duques de Orleans y María Luisa

Además, Minette, según observación de médicos modernos, evidenciaba sufrir de un trastorno alimenticio. Tenía obsesión por adelgazar en una época en que los cánones de belleza femenina rayaban en la obesidad, lo que hace pensar que podría ser anoréxica. Su carácter era volátil y frívolo como suele ser el de las personas que padecen de ese mal. A pesar de que la Duquesa de Orleans era abiertamente infiel, detestaba a Chevalier por el modo en que enajenaba a Philippe y por sus hábitos controladores que afectaban el estilo de vida de Minette.

En la vida real, Enriqueta era más inteligente que en la serie y estaba dotada de cualidades que la hacían una excelente diplomática. Luis XIV, consiente de eso, decidió convertirla en su agente para poder evitar que Inglaterra interviniera en los planes franceses de entablar guerra con Holanda. Estos planes eran tan secretos que Luis y su cuñada sostenían muchas entrevistas privadas lo que traía loco de celos a Monsieur. Fue por aquel entonces que aduciendo que Chevalier se estaba enriqueciendo a costa de su marido, que Minette consiguió de su cuñado que la librara del intruso. A Chevalier lo encerraron en el siniestro Chateau D`If donde Dumas enviaría a su Conde de Montecristo.



La serie hace este episodio más dramático. Chevalier, accidentalmente, se ve involucrado en un complot para asesinar al rey y es enviado a la Bastilla bajo amenaza de ser descuartizado, castigo reservado para los regicidas. En la serie, Chevalier es liberado tras la muerte de su enemiga. En la vida real, tanto escandalo hace Philippe, incluso abandonando la Corte y arrastrando a su mujer consigo a su palacio de Saint Cloud, que El Rey Sol excarcela a Chevalier, pero para no contrariar a su embajadora, exilia al villano a Roma.

Allá, Chevalier se reúne con sus hermanos, parientes, y amigos como las legendarias Hermanas Mancini. Inicia amores con Maria Mancini, pero su rabia contra Minette no amaina. Ha dejado atrás una red de espías que lo mantienen informado. Chevalier le escribe constantemente a su amante predisponiéndolo contra la esposa a la que pinta como una intrigante. Será Chevalier quien se entere de los planes de guerra del Rey Sol y se lo hace saber a Philippe. Confrontado por su hermano, Luis se ve obligado a integrarlo a su conspiración, pero el daño ya está hecho.

Minette sufre de premoniciones de que morirá envenenada. Solo se atreve a beber leche fresca, y no come. Se siente amenazada. ¿Son delirios paranoicos de anoréxica? No sabemos. Su empresa en Inglaterra es exitosa.  Minette vuelve a la corte, pero sigue intranquila. Todas las noches, la Duquesa toma un preparado llamado “achicoria helada". Los historiadores y traductores han creído que esta bebida era café de achicoria o alguna tisana para dormir mejor. En realidad, se trataba de algo parecido a lo que hoy conocemos como “aguas desoxidantes”. Agua que se saborizaba con hojas de achicoria y luego se congelaba con los métodos de refrigeración de aquel entonces (hielo, nieve, mantener el líquido en vasijas de barro dentro de fuentes con agua fría).

Los amigos de las ensaladas saben que la achicoria es un vegetal muy amargo, pero que ayuda a la digestión. El agua sabría a rayos, pero para Minette era esencial como purgante en su campaña de bajar de peso. Fue en la noche del 26 de junio, que, tras beber su achicoria, Enriqueta sufre un súbito dolor en el costado. Tan fuerte es el dolor que la hace gritar. De ese grito surgen algunas extrañas situaciones. La Duquesa se retuerce de dolor y exclama “¡Me han envenenado!” Ni criados, ni médicos le hacen caso. Se limitan a examinar el líquido sin encontrar huellas de veneno. Los únicos que la creen son Lord Montagu, embajador de Carlos II, y Sir John Armstrong, otro diplomático inglés. Son ellos quienes escuchan las ultimas peticiones de la reina, los que recuperan su correspondencia secreta con su hermano, y los que envían informes al Rey de Inglaterra.




En el capítulo 10 de "Versalles", Enriqueta despierta desangrándose y se arrastra hasta la recámara real, donde por una vez Luis duerme con su reina. Es Maria Teresa quien la atiende con gran preocupacion de Bontemps porque el protocolo versallesco exigia que el rey no estuviese nunca ante un cadáver o en cercanía de moribundos.




En la serie vemos a Minette morir poco menos que en los brazos de su amante y de su esposo.  Por protocolo, Luis XIV nunca vio a su cuñada sino hasta el funeral de Enriqueta. La Duquesa de Orleans falleció en su cama y en sus aposentos.  El que si revoloteaba por ahí era Monsieur. Tanto escandalo armaba con sus aspavientos y reproches a los médicos de su mujer, que Minette le rogó que se retirara.

Al saber de la muerte de su hermana, Carlos II enfurecido gritó “¡Monsieur es un canalla!” En Inglaterra siempre se creyó que Enriqueta había sido envenenada con aprobación del marido. El pueblo y la corte franceses compartieron la idea de que no se trataba de una muerte natural. Aunque nunca se acusó a Philippe, todos los dedos señalaban al Caballero de Lorena. Sobre todo, porque días antes de la muerte de Minette se vio a un cercano de Chevalier (y ex amante tanto de Lorena como de Monsieur) el Marqués d’Effiat, trajinando en la alacena de la Duquesa. Incluso atreviéndose a beber de la misma taza donde se servía el agua de achicoria. Mas extraño aun, el Marques habría insistido en limpiar la taza con un trapo.

El diagnóstico inicial fue que la Duquesa de Orleans había muerto de gastroenteritis, una autopsia no encontró rastro de veneno, aunque si muchos órganos en mal estado. Hasta hace poco los historiadores creían que Minette murió de peritonis. Pero expertos de hoy han reconocido los síntomas de un lento envenenamiento a base de arsénico. Para que no se encontrarán señales, el veneno se aplicaba a la taza no al líquido. De ahí que D’Effiat insistiese en “limpiar” la taza fatal.  En la serie se han inventado que fue Rohan, pagado por los holandeses, el asesino. En la vida real, yo creo que Chevalier si tuvo que ver con la muerte de su rival, mi duda es respecto a Monsieur. ¿Pudo ser cómplice en el asesinato de su mujer?


No solo Alex Vlastos nos ha mostrado un Monsieur simpático y digno de compasión. Murray Lachlan Young en “Vatel” y Stanley Tucci en “Un pequeño caos” también han representado a Philippe de Orleans como un individuo benévolo. Al parecer en la vida real, el hermano del rey no era un ser tan positivo. En el próximo blog hablaremos de su membrecía en una curiosa cofradía y de los no muy sanos hábitos de los integrantes de la misma. 

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Monsieur y Chevalier: El círculo gay de Versalles (I)


En días de corrección política, exigencias multiculturalistas y respeto por diversidad sexual, racial y cultural, la ficción histórica se ve limitada. Se establece una batalla entre lo que realmente sucedió y la rescritura de la historia en la que se favorecen agendas. Se acaba cayendo en revisionismos falsos puesto que nacen de ópticas y sensibilidades modernas más que en hechos verdaderos. Por ejemplo, se parte de la base, al ver “Versalles”, que la corte del Rey Sol era un centro de tolerancia sexual y uno de los primeros ejemplos de una cultura gay que se expresaba libremente. Nada más lejos de la realidad.

La trama de “Versalles” intenta demostrar que Louis Catorce construyó su palacio versallesco para obligar a la nobleza (la serie nos quiere hacer creer que el gran problema del rey eran estos nobles levantiscos) a estar donde él pudiese vigilarlos y así evitar intrigas cortesanas. Lo cierto es que “Versalles" se basa más en sexo, escándalos y violencia que en detalles históricos. Y lo más escandaloso, hablando de sexo, lo pone el Duque de Orleans, hermano menor del soberano.


Hay una escena fantástica en el Episodio 3 en que Philippe, Duque de Orleans aparece colgándose de los techos de las carrozas, haciéndoles muecas a su regio hermano y a su estirada cuñada española.  Ahí nos damos cuenta de que se trata de un rebelde, poco amigo de convenciones sociales, pero muy simpático. Sin embargo, “Monsieur”,  como se le conocía en la Corte, es mucho más, y la serie nos lo confirma como personaje multifacético.


Philippe es un héroe militar, que gasta demasiado en zapatos, que está totalmente dominado por su amante varón, pero que los celos de saber que su mujer le pinta el cuerno con su propio hermano lo obligan a tomarla por la fuerza. Lo más fascinante es que, a “Monsieur” se le antoja presentarse en las fiestas versallescas en bata de cola, con rouge en las mejillas y peinado alto. Aparte de risitas y murmuraciones, nadie lo censura, nadie lo lleva a la cárcel, nadie exige que se comporte. Al que se atreve, el príncipe travesti le administra una real paliza. ¿Es esta otra desviación histórica o realmente la sociedad francesa era tan permisiva?

No hay sociedad pre-siglo XX (incluso debemos hablar aquí de finales de siglo y solo en Occidente) que haya legalizado la homosexualidad o lo que hoy llamaríamos un estilo de vida homosexual.  La idea de comunidades LGBT toleradas y aceptadas, de derechos gais, y Lobby “rosa” son conceptos totalmente contemporáneos. Cualquier intento de retratarlos como parte del mundo cotidiano antiguo es falso. Las relaciones sexuales con personas del mismo sexo fueron, en Occidente y hasta el siglo XIX, un crimen merecedor de pena capital.

La pena de muerte para las relaciones homosexuales ya aparece en los códigos asirios. En el Siglo Séptimo, los visigodos intuyen la pena de muerte para los sodomitas (el termino homosexual aparece en el siglo XX).  Francia fijará esa misma ley en el Siglo XIII, los estados italianos en el Siglo XIV, y Enrique VIII impone la Buggery Law en 1633. El castigo normal es la hoguera, aunque en Inglaterra será la horca. Y hubo castigos más crueles aún.

 En las Partidas de Alfonso V se establece que al sodomita ha de castrársele para luego colgársele boca abajo hasta que se desangre. En algunas ciudades del Sacro Imperio Romano a la pareja culpable se la suspendía de una jaula, y se la dejaba morir de inanición. En la Nueva York Colonial se ensacaba a los sodomitas y se les lanzaba a la bahía. Hay que ver entonces como “progresista” la propuesta de Thomas Jefferson de abolir la pena de muerte a cambio de castrar al reo. Curiosamente, Jefferson recetaba que para castigar a las lesbianas había que abrirles un orificio en el tabique nasal (¿WTF?) Mm, ya hizo méritos, Tom para que echen abajo el Jefferson Memorial.

Quema de sodomitas

Incluso si no se aplicaba la pena de muerte, el sodomita enfrentaba otro tipo de penas igualmente terribles. En Francia, la hoguera se aplicaba solo si existían otras circunstancias agravantes como el que fuera tercera ofensa. El culpable de un primer delito era condenado a que se le cortaran los testículos. Una segunda ofensa exigía la amputación del miembro, y si el sodomita era recalcitrante, entonces acababa achicharrado.

Muchas veces me encuentro con gente que habla de las libertades sexuales de una antigüedad en la que se permitían culturas homosexuales. Al examinar tales culturas vemos que en realidad eran grupos que practicaban la pederastia y que a nuestros ojos serían más abusadores sexuales que gente celebrando su orientación sexual. En la Antigua Roma, por ejemplo, un patricio podía tener relaciones homosexuales siempre y cuando a) él adoptase la posición dominante b) se buscase un compañero más joven, pero ojo que seducir a un patricio menor de edad se consideraba violación (estuprum) y también era penado por la ley y c) el compañero perteneciera a un rango social menor, era parte del mundo de la farándula (actor, musico, bailarín) o esclavo.

A pesar de que el cristianismo agregaría aspectos morales y espirituales al repudio de la sodomía, muchos de los convencionalismos de la antigüedad, sobre todo el de la dicotomía pasivo-dominante, seguirían aplicándose a la óptica con la que se medía la relación homosexual. Ciertamente eso ocurría en la Francia de Luis XIV. Comencemos con este monarca que “Versalles” nos muestra como un mujeriego adultero. Con la vejez, y bajo la influencia de su puritana segunda esposa, Luis se volvió cada vez más estrecho de mente y se obsesionó con erradicar el vicio en su Paris. Por vicio se entendía delitos sexuales, sobre todo “el vicio italiano” el eufemismo barroco para la sodomía.

Pero aun en su juventud, Luis era un homófobo total, tal vez como reacción a la homosexualidad de su padre. A Luis XIII había que llevarlo a rastras a la cama de Ana de Austria para que cumpliera sus deberes conyugales. Él hubiese preferido pasarse las noches con su favorito el Marqués de Cinq-Mars. Luis no fue el primer rey homosexual. Ya Enrique III, y tal como nos lo mostró “Reign”, le gustaba ponerse corsés y ropa femenina en su juventud. Cuando se sentó en el trono impuso el cross dressing, puso de moda los pendientes masculinos (para los que creían que esa moda nació con los punks de los 80s) y se rodeó de una corte de guapérrimos apodados “mignons” que muchas veces compartieron su cama.
Enrique III

Los monarcas homosexuales han existido desde la Antigüedad, y el cristianismo los ha tolerado desde Ricardo, Corazón de León hasta Umberto, último Rey de Italia, siempre y cuando se guardasen las apariencias. Ese es un factor determinante para explicar la “tolerancia” con la que la corte versallesca acoge las excentricidades de Monsieur. Primero, él está demasiado alto para que lo alcance la justicia común. Segundo, a través de su vida Philippe conjugó su verdadera orientación sexual con sus obligaciones de esposo y padre.

 El gran pecado del sodomita ante los ojos de la ley no era tener relaciones con gente de su mismo sexo, sino negarse a vivir de acuerdo con los roles establecidos para los varones. Entre las circunstancias agravantes que llevaban a la hoguera estaban la práctica de la prostitución masculina, el rechazo de roles masculinos, y la promoción de ideas tales como las que hoy conoceríamos como “derechos gays”.

Philippe de Orleans supo vivir de acuerdo con las reglas de su época, se casó dos veces. Tal como nos muestra “Versalles”, procreó varios hijos de los cuales cuatro llegaron a la vida adulta y convirtieron a Monsieur en abuelo, bisabuelo y tatarabuelo de la realeza europea. Sus descendientes directos hoy en día siguen reinando en Bélgica y España.   El Duque mantuvo relaciones solo con nobles y equilibró sus gustos travestis con una conducta ejemplar y valerosa en el campo de batalla. De hecho, su fama como militar llegó a opacar a su real hermano, provocando preocupación en el Rey Sol. Es momento de hablar de la rivalidad entre hermanos que mucho tendría que ver con el estilo de vida de Monsieur.

Luis XIV era tan contrario al vicio italiano que cuando se enteró que uno de sus muchos hijos ilegítimos lo practicaba, lo mandó a azotar. Sin embargo, toleró y fomentó la homosexualidad de su único hermano. No es tan errática la actitud si se toma en cuenta que el Rey Sol quería evitar que su hermano le hiciese sombra. Existía un oscuro precedente que marcaría las vidas de Louis y de Monsieur.

Como ya mencioné, Luis XIII era homosexual y casi incapaz de tener relaciones con una mujer. Le tomó años desflorar a su esposa. Eso ha creado dudas sobre la paternidad de sus hijos. Los historiadores sospechan del Cardenal Mazarino. Hay quien culpa al Duque de Buckingham, otro mignon bisexual, y Dumas decía que el pobre Hombre de la Máscara de Hierro fue el verdadero padre de los muchachos.

Toda su vida, Luis fue comparado desfavorablemente con Gastón, su hermano menor. Gastón (que también era Duque de Orleans) había sido el favorito de su madre, Maria de Médicis, y el favorito de todos. Hermoso, valiente, a cargo del ejército, era todo lo contrario a su timorato hermano. Decidido y varonil, Gastón siempre fue un rebelde, se casó en contra de los deseos de la corona y se pasó la vida conspirando en contra de su hermano y de su cuñada.

Ana de Austria y su mano derecha y amante, El Cardenal Mazarino, decidieron que la historia no se repetiría. Desde su infancia vigilaron y dominaron a Philippe para que nunca estuviese más alto que el hermano, para que fuese sumiso y no tuviera designios ni ambiciones propias. Ana lo llamaba “mi niñita”, lo vestía de mujer y le inculcaba gustos, entonces descritos como “femeninos”, por la moda y los afeites. Aunque es cierto que existía la costumbre de vestir a los niños como niñas hasta los tres años, a Philippe lo tuvieron en drag hasta mucho mayor. Hay incluso una foto con su hermano en el que el futuro Rey Sol ya viste de varoncito y al hermano menor lo siguen trayendo con vestido.

Cuando en el Episodio Dos, Luis está a punto de reprocharle a su hermano por el crossdressing, Philippe le lanza los zapatos de tacón a la cara junto con estas palabras: “me han vestido así desde que tenía tres meses. Mi ambición ha sido ser menos que tú. No lo elegí, era mi deber no ser nube que tapase el sol. ¿Crees que es difícil ser Rey? Intenta ser el hermano del rey, aunque sea por un día”.


En ese sentido, la serie no miente. La debilitación -feminización de Monsieur fue un trabajo elaborado y concienzudo. Cuando Philippe era un adolescente, Mazarino llevó las cosas más lejos, enviando a su propio sobrino, Julio Mancini, a seducir al príncipe. Desde entonces, Philippe solo mantuvo relaciones con varones. Para cuando su familia decidió que debía casarse con su prima hermana, Enriqueta de Inglaterra, Philippe ya tenía una relación estable con el conde de Guiche. La pobre Enriqueta (apodada “Minette”) tuvo que luchar con un marido no muy fogoso y con un amante ya instalado en la alcoba.

La corte sentía mucha lastima por Minette tal como la sentía el rey. De ahí nacieron rumores de que los cuñados eran amantes. Hay historiadores que lo creen, y eso es lo que “Versalles” nos describe. Pero hay que pensar que la Iglesia veía a los parientes políticos como si fueran parientes de sangre. Minette y Louis estarían cometiendo no solo adulterio sino también incesto. Con quien Minette si tuvo relaciones adulteras fue con Guiche. Lo hizo en un intento por controlar a su marido. Para el nacimiento de Maria Luisa, la hija mayor de los Orleans, no se sabía si la niña era hija del rey, de Monsieur, o de Guiche.  Curiosamente, Maria Luisa, más tarde Reina de España, sería la hija favorita de Philippe y físicamente se le parecía mucho.
Monsieur y...

su hija

Para los efectos de la serie, Guiche es el pasado. Ahora quien manda en la cama, corazón y casa de Monsieur es el gran amor de su vida. Philippe de Lorraine, Conde de Armagnac. Como miembro de la casa real de Lorena (y de la fastuosa familia de Guisa) y como descendiente directo de Carlomagno, El Caballero de Lorena era considerado “príncipe extranjero” en la Corte del Rey Sol y tenía derecho a que se le llamase “Alteza”. El alto nivel social de quien llamaremos Chevalier, lo colocaba junto a Monsieur, en una situación semi intocable. Eso les permitía vivir por encima de los mortales y sus reglas. En el Episodio 2, cuando alguien se burla del vestido de Monsieur, Philippe le cae encima con puños y daga y le recuerda que insultarlo a él es lo mismo que insultar al rey, un acto que es considerado traición y conlleva la pena de muerte. Es el Chevalier quien impide con un sonoro “¡basta!” que el otro Philippe cometa un asesinato.

En la serie, aunque se han apegado a muchos detalles históricos, han variado en lo que respecta a la caracterización de los amantes. Alex Vlahos encarna a un Philippe de Orleans alto, vigoroso y enérgico, capaz de sacar a Chevalier de su cama y reemplazarlo con una criada. En la vida real, Chevalier era el alto y forzudo, y era quien tenía un dominio total sobre su amante al que había poco menos que hechizar para que cumpliera con sus deberes conyugales. Su segunda esposa, Lieselotte del Palatinado en su copiosa correspondencia con su familia, narra como Monsieur para intentar embarazarla llegaba a la cama cargado de medallas religiosas y oraciones. ¡Y que en una ocasión ella lo descubrió aplicándose reliquias sacras a sus genitales en un esfuerzo por conseguir una erección!


Chevalier, en cambio, gustaba más de la compañía del sexo opuesto, y le fue infiel al Duque de Orleans con muchas mujeres. En la serie, él se encarga de hacer despedir a una dama de Minette, para que su sobrina ocupe ese lugar. ¡En la vida real, Minette tuvo que despedir a una de sus damas más queridas, Claude de Fiennes, porque Chevalier la había embarazado!

En el primer capítulo, vemos a Chevalier susurrando al oído del amante que él, Monsieur debería tener el poder, no Louis. Mas adelante lo oímos decirle a Philippe que es más simpático y tiene más arrastre con el pueblo y la corte que su hermano que tiene la personalidad de una langosta. Upss, perdón, pero es que apenas vi a ese par y escuché a Chevalier que me di cuenta de donde George R.R. Martin sacó su inspiración para crear a Renly Baratheon y a Ser Loras (Lorraine).


Versalles consigue explicarnos como Philippe, Duque de Orleans pudo, amparándose en su sangre real, y con la protección-bendición del rey, vivir abiertamente su orientación sexual y sus hábitos travestis.  A cambio se convirtió en una figura grotesca ridiculizada por sus pares (menos en el campo de batalla) y considerado totalmente incapaz de ocupar un trono o de gobernar. Se espera que sintamos cariño y compasión por Monsieur tan feamente manipulado por su propia familia y que ni siquiera puede confiar en un amante al que mueve más la ambición que el amor.



¿Pero eran realmente Philippe y Chevalier dignos de compasión?  ¿Se trataba simplemente de una pareja gay atrapada por las convenciones de una época que nada sabia de teorías de género o identidades sexuales?  En mis próximos blogs voy a mostrar que, de acuerdo con muchas pruebas históricas, esta pareja no era tan inocente, que los celos y la ambición pudieron haberlos llevado al crimen y que lo que hoy llamamos diversidad sexual entonces podía encubrir comportamientos patológicos e incluso perversiones.