Con esta entrada
doy por terminado mi análisis de la Cuarta Temporada. “The Crown” me ha
superado. No puedo seguir viéndola, no puedo seguir escribiendo sobre ella. Las
mentiras tan fáciles de cotejar que son fakes; la propaganda al servicio
de la falta de ética; la irresponsabilidad de la difamación de gente aun viva o
recientemente fallecida y que afecta a sus hijos; la propagación ignorante por
parte de un grupo de fanáticos, me deprimen así tanto como la aparición de
nuevas cepas el Covid. ¿Qué más puedo decir?
El capítulo 7 fue
grotesco. ¿Me van a decir que Margarita, que estuvo casada con un bisexual,
tuvo amigos gays (ni hablar de Dusty Springfield), iba a necesitar que su
ingenua hermana le explicara que Dazzle era…amigo de Dorothy?
Desde que comenzó
la serie, hemos visto a Margarita limpiarse la cola con las reglas de La Firma,
hacer lo que ha querido y pasarlo mejor que nadie en la familia. ¿Y ahora que
está vieja e inútil, debemos sentir lástima que no le den trabajo? Si lo
hubieran hecho, hubieran tenido que pagarle con dinero del fisco, el mismo que
se quejan los antimonárquicos como Morgan que solo sirve para alimentar parásitos.
Está bien que
Carlos y Ana, que adoraban a su tía, se preocuparan por su salud mental, ¿pero por
qué nunca muestran a sus hijos que también la querían?
El cuento de las parientas
encerradas en un manicomio, aunque cierto es nuevamente contado de una manera
tan grotesca que acabé, en serio, con insomnio.
¿Primero que tipo
de siquiatra cuenta las historias de otros pacientes a una paciente? ¿Luego, de
cuando la gente es responsable por los actos de parientes? Parientes políticos más encima. Pero Morgan
encuentra una magnífica oportunidad de hilvanar otro cuentito sobre la
implacable crueldad y oportunismo de la Familia Real.
En 1987, se hizo público
que unas primas hermanas de la Reina, estaban internadas en un sanatorio para
deficientes mentales. El escándalo no era el encierro, ni siquiera el abandono
en que vivían. Hasta 1979, el procedimiento estándar era que las familias
afligidas con un hijo “anormal”, como se les llamaba entonces, lo/la/le
recluyeran en una institución. Lo hacían estrellas de Hollywood como Dorothy
Dandridge, novelistas bestseller como Jaqueline Susann y políticos. Los Kennedy
hicieron lobomotizar a su hija Rosemary, hermana de John, Robert y Ted.
Ni la Princesa
Margarita hizo el hallazgo, ni le importó. Así se hacían las cosas entonces y
el escándalo fue que según Debrett’s (la guía/diccionario de la aristocracia
británica) las hermanas Bowes-Lyon, habían fallecido en 1961. Algo que no era cierto,
pero que no afectaba a la Reina puesto que la falsa defunción fue una decisión de su tía política. A lo más
podría decirse que nunca se interesó en la vida de sus primas, pero Isabel
tiene más de una docena de primos de los que si se ha preocupado y más cosas de
que ocuparse que de dos pobres criaturas que nunca tuvieron más madurez que las
de una criatura de cuatro años.
Pero entra Morgan
que nos cuenta otra historia. Cuando Margarita confronta a su madre, este
mamarracho de maldad que ha inventado Morgan le dice muy descaradamente que fue
necesario ese internamiento/alejamiento/enterramiento en vida, puesto que la
existencia de esas desdichadas era una mancha para la Familia Bowes Lyon. En
días de la Abdicación de Eduardo VII pudiese haber afectado la posibilidad de
que el pueblo inglés aceptara a Isabel como princesa heredera. Este discursete
cruel es tan imposible como el de Diana a Edward Adeane en el capítulo anterior.
Las primas fueron
internadas en 1941, cuando la abdicación, la coronación, las dudas etc. eran
cosa del pasado. La decisión de internar a sus hijas recayó totalmente en
Fenella Bowes-Lyon (nee Clinton) quien tomó la decisión en conjunto con su
hermana Harriet Vane. Las Hermanas Clinton eran conscientes de que el retraso
mental de sus hijas venía de sus genes, no de Jock Bowes-Lyon quien ya había
muerto.
En 1941, cuando
el 80% de los niños británicos estaban siendo evacuados de las grandes ciudades
y pasarían 3-4 años lejos de sus padres, a nadie le parecía anormal el poner a
estas criaturas en manos de gente más capacitadas para atenderlas que sus familias.
Cuando en 1961, Fenella tomo la decisión de dar por muertas a sus hijas,
nuevamente lo hizo como algo que solo le atañía a ella. Para entonces, Isabel
estaba muy firme en el trono
Creo que hubiese
sido más honesto de parte de Morgan contarnos la leyenda de “El
Monstruo de Glamis” si quería hacerle creer a Margarita que sus chifladuras
eran señal de demencia hereditaria. Además, ¿para qué ocultar una tara
familiar, si los Windsor tienen cola de paja en ese respecto? Desde el malhadado Rey Jorge III hasta el
pobre Príncipe Juan, tío de Isabel I, I han existido casos de problemas mentales
en La Familia Real Británica.
El caso de
“Johnnie” era el más triste. Sufría de epilepsia y posiblemente de autismo. Por eso tuvo un trato deferencial de parte de
sus padres. nunca lo castigaban, y aunque hasta los 11 años hizo apariciones públicas
junto a su familia, se la pasaba más en Sandrnigham donde sus padres se
aseguraban de que tuviese siempre de compañeritos de su edad.
A partir de los
once años, los ataques epilépticos se volvieron más fuertes y continuos
obligando a la familia a tenerlo aislado (pero siempre en casas familiares) y
no mandarlo a la escuela. El niño murió a los 13 durante una crisis epiléptica.
El Duque de Windsor, y entonces Príncipe de Gales, se refirió al fallecimiento
de su hermanito como “una molestia lamentable”. A su amante le escribió que John
“se había vuelto un animal” y a su madre le escribió una carta tan horrible que
ella destruyó.
Para quienes tengan
una imagen positiva de Edward, esto les demostrará no solo lo insensible que
era, sino también la actitud de entonces hacia los enfermos mentales. En el
Reino Unido hasta muy recientemente, los epilépticos eran encerrados en
hospitales especiales ya que se consideraba su trastorno como una enfermedad
mental.
Ahora la guinda
del pastel. Pocos saben que después de su primer intento de suicidio, Diana fue
puesta inmediatamente en manos de médicos muy prestigiosos. Sir John Batten, médico
de su Majestad, salió con una teoría que coincidió con la de John Pare,
director del Departamento de Psiquiatría del Hospital de San Bartolomé. ¡Diana sufría de una enfermedad mental
hereditaria! Con razón Carlos los mandó volar como viento fresco.
Los médicos habían
estado tratando a la Princesa de Gales con una combinación de terapia y
fármacos que ella se rehusó a ingerir. Carlos consiguió que Sir Laurens van der
Post hablase con Diana y la convenciese de ver a un experto amigo de él, Así,
Diana aceptó una entrevista con Alan McGlashen que diagnosticó que estaba en
sus cabales, solo que se había quebrado ante presiones sufridas en su nuevo
estatus. Aun así, Diana se rehusó a ser tratada por McGlashen. Quien sí entró
en terapia con el psiquiatra fue Carlos, una terapia que duraría años y que lo
ayudaría mucho.
Las enfermedades
mentales son un tema espinoso, aun hoy en que hipócritamente fingimos ser más
abiertos al tema. Cada vez que nos irrita un político o queremos disculpar el
comportamiento psicótico de alguna luminaria aludimos a su estado mental. Por
otro lado, el que países civilizados permitan abortar a fetos que puede que
nazcan con Síndrome de Down nos quita el derecho a juzgar a quien internaba
criaturas que jamás serian adultas mentalmente hablando.
¿Como vivirían
hoy Nerissa y su hermana? Tal vez no estarían ocultas, pero no creo que pudiesen
ser realmente integradas a la sociedad como se pude hacer con otros
minusválidos, incluyendo a los nacidos con Síndrome de Down. Siempre las miraríamos
con lástima y habría quien los miraría con burla.
Si vivimos en una
sociedad donde por todos lados buscamos librarnos de parientes con “problemas”
sea el pariente parapléjico o el abuelito senil poniéndolos en manos de ‘gente
capacitada” para cuidarlos, tal vez podamos entender a quienes las internaron
justamente durante una Guerra Mundial donde en caso de una invasión
alemana…bueno ya sabemos lo que hacían los Nazis con todos los que consideraban
“imperfectos”.
El haber
manipulado una tragedia solo para avanzar su agenda antimonárquica, me hace
despreciar más a Peter Morgan. por eso es por lo que su serie
superó mi límite de tolerancia y por fin, dije “Hasta aquí llegué”. Agradezco a
todos los Crownies que me han leído. Las primeras temporadas, aun con licencias
poéticas, fueron maravillosas, pero a medida que avanzamos sobre terreno que
nos fue contemporáneo, la deformación de los hechos y el daño que se le hace a
imágenes veneradas y a personas aun vivas ya raya en lo criminal, y no
engrandece la serie, más bien la hace mediocre..



