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jueves, 24 de octubre de 2024

El Héroe Contrarrevolucionario: Pimpinela Escarlata

 


Elegí de toda la ficción sobre la Revolución Francesa esta, que hoy llamaríamos, franquicia de la Baronesa Orczy, por ser una de las obras más populares sobre el tema y que ha trascendido la literatura popular para pasar al cine y la televisión. Aparte de crear tropos literarios, es un fiel retrato del Terror y de sus fallas.

La Baronesa-Escritora

Emma “Emmuska” Orczy nació en el imperio Austro-húngaro. Su padre el Barón Orczy era un patrón de la música clásica, su madre pertenecía la antigua nobleza magyar. Los Orczy eran millonarios, dueños de tierras y fábricas, pero las violentas revueltas que azotaron Hungría durante el Siglo XIX, hicieron que la familia se exiliase primero en Bruselas y luego en Paris, donde Emmuska estudió música.

                                                  Emmuska cuando nina

Finalmente, la familia se instaló en Inglaterra, La joven baronesa estudió arte y en una escuela de pintura conoció a Henry Montague Barstow con quien se casaría en 1897. Aunque fue un matrimonio feliz, en sus inicios les faltaba el dinero. Para ayudar a mantener su casa y a su hijito John Montague,  Emmuska comenzó a trabajar como ilustradora y editora para pasar a escribir cuentos cortos que publicaba en revistas. Eligió un género poco común para una mujer, el relato de misterio. De hecho, en 1910, la Baronesa Orczy crearía a la primera mujer detective de ficción con “Lady Molly of Scotland Yard”.



En 1905, se les ocurrió a Emmuska y a su esposo dramatizar un cuento de ella para ponerlo en escena. Esta pieza sería el inicio de una franquicia que gira sobre él enigmático Pimpinela Escarlata, un inglés que se dedica a rescatar aristócratas condenados a la guillotina. La obra fue un exitazo y estuvo cuatro años en cartelera.

Fue entonces que la Baronesa concibió la idea de extender el cuento y convertirlo en una serie de novelas que alcanzarían, con la llegada del cine, el nivel de franquicia. Para crear a Sir Percy Blakeney, Emmuska se inspiró en El Caballero de la Casa Roja―un personaje real― quien también enviaba mensajes secretos a María Antonieta escondidos en una flor, y en convencionalismos de otras obras sobre la Revolución.

La Baronesa Orczy era una mujer conservadora que creía en un sistema monárquico, militarista e imperialista. El advenimiento de la Unión Soviética la haría intensamente anticomunista. La saga de Pimpinela Escarlata,  escrita entre 1905 y 1940, refleja los valores de la autora, su rechazo por la Revolución y por quienes la sirven.



Nace el Héroe de Dos Caras

Su protagonista, Sir Percy, es un aristócrata, cercano al Príncipe de Gales. Su círculo de ayudantes incluye nobles ingleses que no solo rescatan a sus congéneres franceses,  también, en El Dorado,  intentan salvar al pequeño Delfín. En suma, desprecian la República, creen en monarquías parlamentarias, y consideran a los revolucionarios una turba de individuos violentos y sanguinarios.

La Baronesa escribiría más aventuras de Sir Percy y también de sus seguidores en la liga de rescatistas. Llegó incluso a escribir precuelas sobre un antepasado de Sir Percy que también sería héroe justiciero en días de Cromwell.  





Gran parte del éxito de los libros tenía que ver con algo que era novedad entonces: el héroe con doble identidad. Por primera vez el público se encontraba ante un individuo débil, fatuo,  frívolo, casi afeminado y más preocupado de su vestuario que de las realidades del mundo. Solo el lector sabía que esa personalidad era una máscara para esconder al arriesgado y justiciero salvador de vidas.

Sin Pimpinela Escarlata no existirían los héroes de comic como Clark Kent, Bruce Wayne y Peter Parker cuyas naturalezas grises e inocuas desaparecen una vez que se ponen la capa y máscara de Superman, Batman y El Hombre Araña. Quien es definitivamente un emulo de Sir Percy es Don Diego de La Vega, alias El Zorro. Fue esta fórmula la que convertiría a Emmuska en millonaria. Se compró una villa en Mónaco donde pasó la Segunda Guerra Mundial y donde murió su esposo.



Leslie Howard: Pimpinela en Pantalla

Antes de su fallecimiento, La Baronesa alcanzó a ver a su héroe navegar por la pantalla de plata. Las primeras adaptaciones de Pimpinela Escarlata fueron en el cine silente, pero la más recordada y reconocida es la de 1934. Es un producto de los Korda, y Alexander Korda lo usó como vehículo para resaltar la belleza eurasiana de su protegida (más adelante, esposa) Merle Oberon en el rol de Lady Marguerite Blakeney.



El rol principal recayó en Leslie Howard quien ya se había hecho de un nombre en el cine de Hollywood. La producción es majestuosa, típica de Los Korda. No se había implantado todavía el cine a colores, pero aun en blanco y negro se nota que es una producción de lujo. Muchas tomas de exteriores y de edificios reales, interiores amplios, de techos altos, mobiliario elegante y vestuario adecuado.

El problema es la dirección que todavía debe mucho al cine mudo. Tiene diálogos y posturas estáticas, exceso de close ups, y es un poco lenta. Comenzamos con unos ejercicios militares en el patio de un palacio. Algo innecesario, de ahí vemos que son observados por el Príncipe de Gales quien comenta con un amigo la terrible situación de Francia donde están guillotinando a todo el mundo. Se lamenta que Inglaterra no puede hacer nada por ayudarlos, para luego pasar al tema del misterioso Pimpinela Escarlata que si anda rescatando nobles (los “aristos”) encarcelados. Solo se sabe de este héroe que es inglés y de noble cuna.



Pasamos a Francia, una vieja detiene su carretela ante una banda de sans-culottes. Cuando intentan ver que lleva en el vehículo, la vieja les alerta de que lleva apestados. Los soldados se retiran. Más adelante, en el camino, la vieja se quita la peluca. Es Sir Percy, los apestados son la Condesa de Fontenay y su hija y los soldados que llegan son La Liga del Pimpinela Escarlata. Así nos presentan al héroe.

Ya en Inglaterra vemos a Sir Percy jugar a ser el bufón de la corte, mostrarse displicente con el pintor Romney,  y tratar con burlona indiferencia a su esposa. Recién me enteré que el futuro Ashley Wilkes y la futura Lady Korda fueron amantes durante el rodaje de esta película, eso se manifiesta en la química, aun cuando distanciados, que emiten los protagonistas.



De Francia, llega a Londres, Armand de St. Just, hermano de Marguerite. Se sorprende al ver que la pareja no se lleva bien. A solas, su cuñado le explica las razones. No ha dejado de amar a Marguerite, pero el día de su boda descubrió que ella delató al Marqués de St. Cyr. Cuando la enfrentó, Lady Blakeney aceptó su culpa, pero no ofreció motivos para explicar por qué envió a toda La Familia St. Cyr a la guillotina.

Armand se marcha de regreso a París, pero de allá llega otro invitado. Chauvelin (Raymond Massey) es un miembro del Comité de Salud Pública, él fue quien arrestó a Los St. Cyr y considera a Marguerite su cómplice. Robespierre lo ha nombrado agregado de la embajada francesa en Londres. La idea es que Chauvelin se infiltre en la alta sociedad inglesa y descubra la identidad del elusivo Pimpinela.

Antes de partir, Chauvelin hace arrestar a Armand. En Londres se presenta ante Marguerite y le exige que lo ayude a encontrar a Pimpinela a menos que quiera que su hermano pierda la cabeza. La desesperada Marguerite recurre a su marido y le cuenta su verdadera historia.



  Cuando era joven tuvo un romance con el hijo de St. Cyr. Para separarlos, el Marqués la envió a una prisión para prostitutas. Años después, ya llegada la Revolución y convertida en actriz, Marguerite descubrió un complot entre St. Cyr y el Barón de Batz, un diplomático austriaco, para rescatar a la Familia Real. Sé lo hizo saber a Chauvelin sin imaginarse que toda la familia St. Cyr seria ejecutada. Aunque Percy comprende a su esposa, le dice que no puede hacer nada por ella. El rescate de Armand queda en manos de Pimpinela Escarlata. Si quieren saber el resto, esta con subtítulos en castellano en MAX.

Leslie Howard: Pimpinela en la Vida Real

El éxito de esta versión traería otros filmes ingleses basados en la singular creación de la Baronesa Orczy, tristemente ninguno tuvo mucho arrastre en taquilla. Diferente fue el caso de Pimpernel Smith que Leslie Howard, produjo y dirigió y protagonizó en 1941. Con mucha cautela para que Emmuska (entonces atrapada en Mónaco) no los demandase, la trama sabe utilizar la imagen de Pimpinela Escarlata, para construir la personalidad del Profesor Smith, un tímido y despistado arqueólogo que a la cabeza de un equipo de alumnos viaja al Tercer Reich en vísperas de la invasión de Polonia.

El propósito es una investigación para explicar por qué Alemania es la cuna de la raza aria. Con ese propósito, los nazis dan amplia libertad a Smith y sus estudiantes sin sospechar que son un grupo de rescatistas que vienen a liberar prisioneros políticos de campos de concentración.



Este filme encantó a la audiencia británica y revivió el interés en este tipo de héroe justiciero. Fue uno de los favoritos de Winston Churchill y creó un aura alrededor de Leslie Howard y sus alter egos llegando a considerársele como la mejor arma de la propaganda Britania. Se cree que fue la razón por la que la Luftwaffe derribó el avión del actor sobre el Golfo de Vizcaya,  provocando su muerte.



Pimpinela Escarlata: Inspiración de Rescatistas

Es que la idea de un héroe que salva víctimas de regímenes totalitarios estaba impulsando a muchos “pimpinelas” en ese tiempo. Ya durante la Guerra Civil se conoció como “The Spanish Pimpernel” al Capitán Edwin Christopher Lance, encargado de la Embajada Británica en Madrid que socorrió y rescató a cientos de personas en peligro de ser ejecutadas por el gobierno de la Republica.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el Reverendo Donald Caskie que desde la Francia de Vichy propició la huida de miles de aviadores, soldados y marinos aliados fue llamado “The Tartan Pimpernel”. Al heroico Varian Fry (olvídense de las inmundas calumnias de Netflix en su Trasatlantic) que rescató artistas y escritores de los nazis se le apodó El Pimpinela Americano.

A Monseñor Hugh O ‘Flaherty, otro rescatista que echaba mano de disfraces para socorrer, desde el Vaticano, a prisioneros Aliados, judíos y resistentes en la Roma ocupada por los Nazis se le conoció como “El Pimpinela del Vaticano”. La historia más interesante se refiere a Pimpinela Smith que fue prohibida en Suecia por temor a ofender a los Nazis. Aun así, La Familia Real sueca ofreció una presentación privada para amistades selectas. Entre ellas se contaba a un joven hombre de negocios, un poco playboy.

                    Gregory Peck como Monseñor O'Flaherty disfrazado de soldado alemán 

Tanto impresionó el filme a Raoul Wallenberg que decidió que él debía imitar al personaje de Leslie Howard. En 1944, logró su sueño, cuando Suecia lo envió a Hungría, acabada de ser invadida por los alemanes, en un cargo diplomático. De esa manera, Wallenberg sería un Pimpinela en Budapest rescatando cientos de judíos.

Pimpinela en la Televisión

Aun acabada la guerra, la obra de la Baronesa Orczy seguía siendo parte del mundo del entretenimiento. David Niven daría vida a Sir Percy en The Elusive Pimpernel (1948),  la última vez que el cine se interesase en el héroe. Ahora importaba su existencia en el universo televisivo. Dos veces se dramatizaron las aventuras de Pimpinela Escarlata en la pantalla chica británica y a fines de los 50, la ITV convirtió a Sir Percy en el protagonista de su propia serie. Lo mismo haría la televisión noruega en Los 60, pero para los Baby Boomers el mejor encuentro con el Pimpinela Escarlata fue el telefilme de 1982,  tan largo que califica como miniserie limitada.



Clive Donner, uno de los miembros de la New Wave británica, dirigiría estupendamente este relato de capa y espada (SPOILER hay un duelo de esgrima al final que sigue siendo icónico). Para encarnar a Sir Percy/Pimpinela se trajo a quien estaba arrasando en la televisión británica. Desde su aparición,  en smoking vomitando la ventana de Jeremy Irons en la célebre Brideshead Revisited, que Anthony Andrews había causado un impacto en la pantalla chica.

Después de haber interpretado a Sir Wilfred de Ivanhoe ese mismo año, Andrews estaba en su punto para dar vida a otro héroe literario. Para su pareja se escogió a Jane Seymour, ya en camino de convertirse en la Reina de la Miniseries. Curiosamente, el año anterior, Jane había ganado un Globo de Oro por su trabajo en Al Este del Edén y Tony uno por su interpretación de Sebastián Flyte en Brideshead Revisited. Fue una super buena elección. La química entre ambos continuaría hasta 1988 cuando volvieron a ser pareja protagónica, él cómo el Príncipe de Gales y ella como Mrs. Simpson,  The Woman He Loved.



Otro acierto fue el modo en que el actor fabricó su personaje. No le dio la elegante languidez de Lord Sebastian, pero si el sarcasmo bullente y los modales exagerados de su amigo Anthony Blanche La serie tuvo también el buen ojo de comenzarla antes del matrimonio de Percy, lo que la hizo más interesante. En un viaje al Paris que todavía no ha decapitado a su rey, Sir Percy rescata al joven Armand de St. Just a quien apalean los esbirros del Marqués de St. Cyr.



En agradecimiento, Armand presenta a Sir Percy con su hermana Marguerite de St. Just, la actriz más famosa de la Comedie Franҫaise. Marguerite está en amores con Chauvelin (Sir Ian McKellen, divertido ver a Gandalf hacer de villano), un miembro de la policía y cercano a Robespierre. En el salón de Marguerite se reúnen personas de todo tipo incluyendo el Barón de Batz, un diplomático austriaco. La actriz intercepta una carta del Marqués de St. Cyr al Barón y descubre una conspiración para rescatar al pequeño Delfín que es prisionero del siniestro zapatero Simón.

Marguerite muestra la carta a su amante, pero le pide que no haga nada ya que sabe el castigo que espera a todos los St. Cyr.  Chauvelin rompe su promesa al saber que la actriz prefiere la compañía del petimetre ingles antes que la suya. Sir Percy, que ha venido a Francia a rescatar a “aristos” , aprovecha su cortejo para cumplir su misión. Aunque utiliza a Marguerite, se enamora de ella y le pide matrimonio, pero el mismo día de su boda descubre que la nueva Lady Blakeney ha sido culpable del ajusticiamiento de toda la Familia St. Cyr.



La pobre Marguerite, no entiende el cambio de su marido que desde la luna de miel es frio y sarcástico al tratarla. En Francia, Armand consigue empleo con el Comité de Salud Pública donde labora su ex cuñado Chauvelin. Se desata el Reino del Terror. Armand comienza a desilusionarse con sus ideales. Robespierre (que por alguna razón anda sin peluca) exige de Chauvelin que atrape a Pimpinela Escarlata que sigue haciendo de las suyas.

Chauvelin arresta a Armand, parte a Inglaterra y chantajea a Marguerite. La serie sigue las pautas del libro, Marguerite y Chauvelin llegan a la misma conclusión: Percy es Pimpinela. Chauvelin parte a Francia a arrestarlo y Marguerite lo sigue para salvar el marido. La razón por la cual el filme es tan largo es porque juntaron dos relatos de la colección. A partir de la llegada de Los Blakeney a suelo galo, se involucran en un plan para rescatar al Delfín. Este plan es la trama de Eldorado, otro relato de la serie de Pimpinela Escarlata.



¿Por Qué esta Miniserie fue un Fracaso?

Para muchos fans de la franquicia este telefilme sería el cierre de las adaptaciones de la obra de La Baronesa Orczy, pero en 1999 a la BBC se le ocurrió versionarla en formato de serie y no les fue bien. Estoy viéndola ahora en Tubi y no la encuentro tan terrible, a pesar de que su elenco no es tan llamativo como en las anteriores.

A mí me gusta mucho Richard E. Grant, pero en roles cómicos y de villano. A pesar de que destila un exquisito sarcasmo y sabe manejar sus escenas de acción, no es la imagen que los lectores tenían del gallardo rescatista. Elizabeth Mc Govern se ve un poco vieja y no tan glamorosa como otras actrices que encarnaron a Marguerite St. Just. A lo mejor por eso no apareció en la segunda temporada. Quien está soberbio es Martin Shaw como Chauvelin. El futuro Inspector George  Gently es mi Chauvelin favorito.



Hecha en los albores de un nuevo milenio, la serie sufre de la oscuridad brumosa que afligirá al period piece del Siglo XXI. Sin embargo, la serie presenta algunas novedades provechosas. Una es que inicia con el motivo por el que Los St. Just odian a Los St. Cyr y que data de la muerte de sus padres. Otra es la inclusión de una interesante villanita interpretada por Emilia Fox. Por último, nos dan un espectáculo de la sociedad durante El Terror.



Yo creo que debe existir, aunque aún no la haya encontrado, algún tratado sobre la vida social en el Paris Revolucionario. Sé por ejemplo que había un tipo de tribu urbana de adolescentes , hijos de personas guillotinadas,  que al vivir en la orfandad se juntaron y crearon una especie de contracultura. Una de sus costumbres era unas soirees “de luto”  tipo “Bailes del fin del mundo” del1999, en los que se bailaba (y me imagino harían otras cosas) desenfrenadamente para no pensar en el mañana.

Esta serie nos muestra uno, al igual que las modas. Las chicas de estos grupos estilaban lazos alrededor del cuello de terciopelo negro indicando el lugar donde caería la cuchilla de la máquina del D. Guillotin. Minette (Emilia Fox) luce un peinado a la victime. Un corte de cabello que simulaba al que el verdugo imponía a las mujeres que iban a ser guillotinadas.

                                 Peinado "a la víctima"

Una lástima que la serie no fuese un éxito, pero aparte de los protagonistas creo que el otro problema fue que el tema puede haber incomodado a la progresía del Tercer Milenio. Últimamente, Pimpinela Escarlata,  sigue gustando en sociedades tradicionales como el Japón donde el 2016 se la ha convertido en  musical o medios tradicionales como la radio donde James Purefoy (en 2017) prestó su voz para una versión radiofónica de la saga de La Baronesa  Orczy.

La pregunta persiste: ¿ una obra tan famosa y exitosa puede ser adaptada de acuerdo a las sensibilidades modernas? ¿Quisieran ver una nueva versión de Scarlet Pimpernel en pantalla?

 



jueves, 15 de junio de 2023

De Los Ingalls de la Pradera a la Dra. Quinn: El lado sentimental del Western Televisivo

 


La gran era de las miniseries del Oeste acabó en los 70. Cambios sociales, protestas, auge del crimen y escándalos presidenciales habían llevado a los Estados Unidos a repasar su pasado y a exponer sus momentos menos gloriosos. Fue este revisionismo histórico el que creó Westerns hollywoodenses en donde ejército, gobierno y hombre blanco eran los villanos. En cambio, en la televisión, se intentó feminizar al género haciendo que el público lo viese desde los ojos de sus habitantes menos apreciados; mujeres y niños.

Kung Fu había introducido en el Western televisivo la filosofías orientales muy del gusto de la Era Hippie,  pero no era suficiente para mantener un interés en un género obsoleto. En el cine,  el revisionismo había despojado al Lejano Oeste de su glamur con filmes que destruían a sus personajes míticos como Doc, una revisión de lo ocurrido en el Ok Corral; y Soldier Blue que demostraba que la Caballería no había ido al rescate de nadie.



Las series de vaqueros comenzaron a cerrar sus puertas. En 1971,  dijimos adiós al Gran Chaparral. En 1975, Gunsmoke concluyó su larga carrera coincidiendo con la cancelación de Kung Fu. A pesar de su esfuerzo por mantenerse vigente cubriendo tópicos contemporáneos como trauma bélico y abuso de substancias, Bonanza también llegó a su fin en 1973. La desmitificación del Far West,  aunada a la muerte de Dan Blocker, interprete de Hoss Cartwright, fueron los culpables. Eso no impidió que la familia favorita de USA quedase engarzada en la memoria popular.

Del Pequeño Joe a Charles Ingalls

Hoy pocos desconocen el significado de Bonanza. Se la puede encontrar en Amazon, Tubi y hasta YouTube, sin contar los canales de televisión dedicados a Westerns y programas retro. Aun así, el espacio que dejaba Bonanza no volvería a ser llenado por historias de machos violentos, a pesar de que en la gran serie del Oeste de los 70 también tendría cabida Michael Landon, quien atraparía la imaginación popular americana con un rol muy diferente al del Pequeño Joe.

Un poco olvidada en la variada gama de la literatura infantil estaba la crónica de Laura Ingalls Wilder, una niña que,  junto a su familia,  había emigrado al Noroeste en el último tercio del siglo XIX. Impulsada por el éxito de Los Waltons, la NBC compró los derechos de la serie conocida como The Little House y le solicitó a Michael Landon que dirigiese el piloto de lo que iba a ser una visión del Oeste desde el punto de vista de una niña. Landon aceptó con una condición: él interpretaría al patriarca de la familia.

                                  De Little Joe a Charles Ingalls

A comienzo de 1974,  debutaba en la pantalla chica La casita en la pradera. Fue un éxito instantáneo. Para cuando llegué a Nueva York, el piloto había sido convertido en serie que inició oficialmente en septiembre. La historia de Los Ingalls que,  en 1873, abandonaban la relativa seguridad de Wisconsin para internarse en terreno incivilizado de Kansas y Minnesota en busca de mayor prosperidad,  se convirtió en la favorita de grandes y chicos. Como Los Walton se trataba de un testamento a la perseverancia,  a la unidad familiar y a otras virtudes que constituían el espíritu de Los Estados Unidos.

En 1974,  la sociedad estadounidense había sido sacudida por varios factores externos (el fracaso de Vietnam) e internos (el escándalo de Watergate y subsecuente renuncia del presidente Nixon). El americano medio estaba confundido, desorientado ante el rumbo que había tomado el país (sin contar la tremenda crisis sociocultural de ese entonces),  y necesitaba de un programa que le recordase los valores estadounidenses.



La gracia de La casita de la pradera es que se trataba de la visión de una niña y a través de ella de sus padres,. Esto la hacía un Western alejado de la violencia, del racismo y colonialismo que,  ya se sabía,  afeaba al mítico relato de vaqueros. Los Ingalls construían su casa y su familia apoyándose en virtudes solidas que inculcaban a sus hijas y les permitían enfrentar tragedias como la ceguera de su hija mayor. No buscaban ser ricos y su idea de progreso era tener comida en la mesa, techo,  ropa de abrigo y sobre todo una buena educación para sus hijas. Esa fue siempre la obsesión de Caroline Ingalls y lo que a mis ojos la hace más grande y valiosa que muchos hombres que “civilizaron” el Oeste.



Hoy, la obra de Laura Ingalls anda de capa caída , y semi cancelada. El motivo son comentarios “racistas” que se adjudican a personajes de sus libros. Laura,  que una vez fue descalificada en Missouri por haber estrechado la mano de un negro, no era racista en absoluto y solo se limitaba a repetir lo que oía de sus contemporáneos.

Por ejemplo, se ha criticado que Caroline Ingalls tuviese miedo de un ataque indio. Cuando nos detenemos a pensar que Mrs. Ingalls hablaba desde un milieu (Kansas) apodado “Indian Territory” porque había tribus levantiscas cerca,  y expresa un miedo justo, no lo vemos como racista, pero para los nativos modernos es un poco desubicado ponerlos como algo temible.

La Verdadera Saga de La Pradera

Esta es la historia real de Los Ingalls que aparece en el piloto,  pero que luego es blanqueada para la serie. Nacido en Nueva York, Charles Ingalls se trasladó a Wisconsin donde se casó con una joven maestra llamada Caroline y donde nacieron sus hijas mayores Mary Amelia y Laura. Charles, aunque trabajador y responsable,  tenía una necesidad constante de vagabundear. Como diría su hija,  “tenía comezón en los pies”. Eso lo hacía trasladar a su familia de estado en estado. Fue en Iowa donde nacerían el resto de sus hijos: Charles Frederick que murió siendo bebé,  Carrie, y Grace.

                          Los verdaderos "Pa"y "Ma"Ingalls

En 1873, Charles llevó a su familia a Kansas debido a un rumor de que el gobierno estaba cediendo tierras. Al llegar,  descubrieron que las tierras pertenecían a la Tribu Osage. Aun así, construyeron una granja, pero al cabo de un par de años volvieron a tomar camino, esta vez en dirección a Walnut Grove en Minnesota. Finalmente se trasladaron a un pueblo en Dakota del Sur.

Fue ahí donde contrajeron difteria y fueron salvados por un médico afroamericano. Como consecuencia, Mary la hija mayor,  quedó ciega y tuvo que asistir a una escuela especial para invidentes. Fue en las Dakota que Laura comenzaría a enseñar a los 15 años y que conocería a Almanzo Wilder, hermano de su maestra, con quien se casaría. El resto lo hemos visto en las últimas temporadas de la serie.

Aunque el piloto cubre estas mudanzas por el Noroeste, los encontronazos con los indios,  y el trauma de vivir lejos de lo conocido y la incertidumbre del futuro, se hicieron cambios en la trama que ‘”suavizaron” la historia. Se la endulzoró presentando el punto de vista de una niña y se la “feminizó” al darnos también un retrato de una pionera genuina, no de grandes damas como los roles de Barbara Stanwyck y Linda Cristal en Los 60.



He visto el piloto recientemente y me asombra la diferencia de tono entre este y la serie. Es mucho más adulto y duro. El trayecto de Wisconsin a Kansas presenta peligros que vimos en 1883 como la cruzada de un rio en que casi se ahoga Charles y pierden al perrito de Laura. Ahí descubro lo difícil que fue para Caroline separarse de su familia, emprender un viaje incierto,  y exponer a sus hijas a contratiempos sin fin , todo por seguir un loco sueño de su marido. Como que Caroline y Margaret Dutton no son muy diferentes.

El primer gran cambio de la serie fue subirles la edad a las niñas (para hacer más creíble la voz narradora de Laura) y detener el tren nómada de los Ingalls. En el episodio 2, la familia construye su casita en Walnut Grove, Minnesota,  y se establece ahí por los nueve años que duró la serie. Ahí creció Laura, ahí conoció a Almanzo Wilder, ahí comenzó su carrera de maestra y ahí se casó. Tal como ocurrieran en la vida real,  lo único ficticio era el setting.



Las primeras temporadas tuvieron un tremendo éxito con el público estadounidense. Aunque iba dirigida a los niños, la lucha diaria de Charles y Caroline por sobrevivir, pero también darles una buena crianza a sus hijos,  atraía a los padres de familia. En la primera temporada,  hay episodios muy dramáticos en un show dirigido al público menudo como los celos de Laura por su hermanito y su inmenso remordimiento cuando el niño muere. En otro episodio, Charles casi muere congelado en el bosque, pero es rescatado por un indio.

Me da vergüenza confesar que debo ser la única adolescente en Estados Unidos que no cayó bajo el hechizo de La Casita. La sentía muy infantil,  y eso que las primeras temporadas estaban llenas de suspenso. Laura y su hermana Mary vivían cien aventuras, a medida que el público descubría como el clima y las enfermedades/accidentes obligaban a los más jóvenes a madurar antes en ese mundo todavía en crecimiento.



Los temas cubrían el racismo que afectaba a afroamericanos y pueblos indígenas en esa zona, pero también el romance. Mary iniciaba un amorío con un chico llamado John que duraría toda una temporada. La villana Nellie,  antes de sus quince años,  se casaba, matrimonio rápidamente disuelto puesto que era menor de edad. Melissa Gilbert (Laura) y Melissa Sue Anderson (Mary) se volvieron ídolos de adolescentes en toda América y más allá de sus fronteras. 

El primer premio que recibió La Casita en la Pradera fue un TP de Oro (España) que en 1980 se ganó Karen Glasser,  interprete de Caroline Ingalls,  como Mejor Actriz Extranjera. El programa recibió varios Emmies. Otro muy favorecido como Teen Idol fue Mathew Labyorteaux quien dio vida a Albert,  el hijo adoptivo de los Ingalls.

                     Albert y Laura

En la Quinta Temporada hubo otro cambio cuando Mary, la mayor de las Hermanas Ingalls, pierde la vista. Aunque la verdadera Mary si asistió a una escuela para invidentes donde aprendió Braille, la serie le da una vida más completa. No solo puede cumplir con su sueño de ser maestra, además se casa con un condiscípulo, Adam, y tienen hijos.



Los productores tenían claro que su público infantil había crecido con la serie, que ahora debían satisfacer las necesidades de una audiencia adolescente que idolatraba a las Melissas y a Matthew. Eso implicaba hacer episodios que girasen en torno a problemas que aquejaban a los jóvenes, siendo el principal los conflictos románticos. Yo por una, me volví fan de la serie solo cuando Laura conocía a su futuro marido Almanzo Wilder teniendo ella 13 años y el 21 (en la vida real, “Manly” le llevaba como doce años, pero cambiaron eso para no escandalizar a los televidentes).

Para 1982, Michael Landon estaba cansado de su papel y aunque siguió trabajando como director de la serie, Charles Ingalls se marchó de La casita en la pradera. Lo siguieron varios otros actores principales. La última temporada solo conservaba a Laura y Almanzo, pero los Wilder no pudieron impedir una baja en los ratings.



Aunque La Casita cerró sus puertas oficialmente en 1983, la siguieron tres filmes que tuvieron la aprobación del público. Confirmando la popularidad de la serie en el extranjero, los japoneses crearon un manga llamado Laura, La niña de la pradera. A comienzos de este siglo,  se hizo una biopia en dos partes sobre Laura Ingalls Wilder llamada Beyond the Prairie y en el 2005 a presentó una miniserie de cinco episodios basada en los dos primeros libros de la saga. Los mismos libros que habían sido adaptados para el piloto de The Little House on the Prairie.



Hoy en día, La Casita en la Pradera puede verse en varios canales ‘”nostálgicos” de la Unión Americana. En Chile yo la vi entera a comienzos de este siglo por el canal argentino Retro. La última noticia es que, en el 2020, Paramount compró los derechos de la obra. Paramount todavía tiene mi voto de confianza y me encantaría que fuese el Rey del Western, Taylor Sheridan quien se encargase de su producción.

Volviendo a la pradera televisiva, a pesar de que el género de vaqueros estaba en retirada, Little House on the Prairie aportó un nuevo interés por la visión femenina/feminista del Viejo Oeste. Entre los telefilmes que tuvieron lugar durante la permanencia de la serie al aire hubo varios que cubrían las aventuras de verdaderas damas del Far West.

Bandoleras y Aventureras del Far West

Después de la cancelación de la exitosa Bewitched, Elizabeth Montgomery andaba buscando roles que la alejasen de la imagen de la brujita Samantha Stevens. Los encontraría en telefilmes tan diversos como A Case of Rape y un retrato de la primera asesina en serie de Estados Unidos, Lizzie Borden, pero la Llamada de la Pradera la pondría a lomos de un caballo o de un carromato rumbo a destino desconocido.



En 1974 dio vida a Etta Pace en Mrs. Sundance. Era el mismo personaje que Katherine Ross interpretase en Butch Cassidy y the Sundance Kid. La trama encuentra a la viuda de Sundance, de regreso en el salón de clases e intentado pasar desapercibida en un pueblito del Suroeste. Rumores de que Sundance está vivo la hacen salir al descubierto sin reparar que ella también es buscada por la ley. Como que Katherine Ross se puso celosa, porque saltó a la pantalla chica en 1976 en Wanted: The Sundance Woman que la tuvo cabalgando con los Dorados de Pancho Villa.



En 1978, Elizabeth Montgomery fue la protagonista de la miniserie The Awakening Land, basada en un libro del escritor clásico del Oeste, Conrad Richter. Aunque hoy nos sorprende pensar en Ohio como el Far West, a fines del siglo XVIII era definitivamente La Frontera. Hacia allá se embarca Sayward Luckett que aunque pobre e ignorante, tiene el valor de ser una pionera en un territorio indómito. Dos años más tarde, Montgomery volvió a las andadas en Belle Starr, un crudo y revisionista retrato de la más famosa bandolera del Viejo Oeste.



Los telefilmes del 80 buscarían explotar la presencia del sexo bello en episodios famosos en la historia del Oeste. En 1883, la NBC presentaba una perspectiva femenina del célebre duelo en el Ok Corral . Josephine Marcus la actriz judía que se atrevió a llevar su arte y voz a la Arizona de los 1880s,  también escribió un libro sobre sus aventuras incluyendo su romance con el legendario Marshall Wyatt Earp. La cantante Marie Osmond la encarnaría en la adaptación de I Married Wyatt Earp junto a Bruce Boxleitner, el rey sin corona de telefilmes y miniseries (sobre todo las de vaqueros) de ese entonces.




Siguiendo con esa onda, la excelente actriz de carácter Jane Alexander interpretó a Calamity Jane en un telefilme de 1984 que se alejaba bastante de la imagen que Cecil B. De Mille y Jean Arthur nos habían ofrecido en The Plainsman. Una década más tarde,  Anjelica Huston recrearía el rol en la miniserie Buffalo Girls. De la pluma de Larry McMurtry,  era un homenaje del conocido novelista del Oeste a las mujeres que forjaron la región.



McMurtry se había convertido en un autor de superventas del género de vaqueros. Su obra más vendida, Lonesome Dove,  seria llevada a la pantalla chica en 1989 en formato de serie limitada a la que seguiría otra miniserie en 1993 llamada Retorno a Lonesome Dove. De ahí vino una serie de dos temporadas bajo el nombre de Lonesome Dove : The Series. Tanto éxito obtuvo, tanto premio recibió la saga de los ex Texas Rangers que entre 1998 y el 2005 se adaptaron en formato de miniseries las tres novelas con las que se iniciaba la obra: Las Calles de Laredo, Dead Man’s Walk y Luna Comanche.



Los amigos de las novelas y los fans del Western estaban de plácemes con estas entregas casi anuales de historias broncas y viriles del lejano Far West.  ¿Pero qué pasaba con las generaciones de niños y jóvenes que crecieron con Las Ingalls,? ¿Qué les ofrecía el género a las mujeres que no se hallaban entre los escasos personajes femeninos de McMurtry?

Entre Dos Saras

No es que no se hubiese intentado crear series que viesen el lado más sensible del Viejo Oeste En 1976 , Brenda Vaccaro subía a una diligencia camino a Colorado. La historia de esta mujer refinada de Filadelfia y su lucha contra los prejuicios del Oeste no gustó a nadie y Sara se canceló apenas filmada una docena de episodios.



Aun así, en la Era Reagan que ensalzaba La Conquista del Oeste y las virtudes netamente americanas de ese episodio histórico, se anhelaban historias sentimentales que reflejasen sus virtudes doméstica, la lucha cotidiana por salir adelante y la visión de los más vulnerables, léase niños y adultas. El toque homespun,  que se refiere específicamente a un tipo de tela hecha en casa, se ha aplicado a géneros infantiles decimonónicos que describen vidas rurales y artesanales donde se fraguan espíritus fuertes y rectos.

Estados Unidos encontraría ese estilo a mediados de los 80 en las adaptaciones de un clásico de la literatura infantil canadiense. La fascinación con la miniserie (dos capítulos) de Ana de la Tejas Verdes de Lucy Montgomery y sus muchas secuelas,  evidenciaba un apetito por zonas rurales, mujeres con vestidos largos,  y el aura semi romántica del pasado.

                              Anne of Green Gables

Eso llevó a la NBC a adaptar otro clásico infantil. Sarah Plain and Tall describía otro fenómeno de la frontera que duraría hasta mediados del Siglo XX: la novia encargada por correo. En este relato de Patricia MacLachlan, Sarah, una apacible solterona habitante de un pueblito costero de Maine,  acepta la solicitud de un granjero viudo de Nebraska de ser su esposa. Solo que una vez en contacto con un terreno, una sociedad y un hombre tan diferentes a los que está acostumbrada,  le bajan las dudas.



Sarah y su granjero tienen un final feliz,  lo que provocó que la autora les escribiese dos secuelas, todas filmadas en Los 90 . De esa manera,  la trilogía se volvió una especie de serie limitada. A pesar de que Sarah vive en un Oeste más civilizado de comienzos del siglo XX, el buen recibimiento de la trilogía indicaba que era el momento de hacer una serie sobre el choque cultural de una mujer de clase alta del Este que se enfrenta a los peligros del Oeste.

Michaela Quinn, Mujer que Cura

Fue en enero de 1993 donde se experimentó con el formato del género de cowboys y la novela rosa . Dr. Quinn, Medicine Woman se convertiría en un gran éxito y una de las pocas series del Oeste en tener a una mujer como protagonista. En 1869, tras la muerte de su padre,  y tres años después que su prometido desaparece en la Guerra de Secesión, Michaela Quinn,  de 35 años,  decide buscar suerte y futuro laboral en el Far West. En este caso en el pueblo de Colorado llamado Colorado Springs.



Como Sarah Plain and Tall, Michaela (Jane Seymour)  ha aceptado una solicitud vía un aviso de periódico. Los lugareños (por un error ortográfico del telegrafista) creen que se trata de un médico y reaccionan huraños y despectivos ante la idea de que sea una hembra la que se ocupe de su salud.

Michaela recibe el rechazo de las mujeres y de los pilares del pueblo, el almacenero , el dueño de la taberna y el babero Jake que hasta ahora ha fungido como “medico” del pueblo. Incluso el pastor de la iglesia local tiene sus dudas. Los únicos amigables son la comadrona Charlotte (Diane Lane)  quien recibe a “Mike” en su residencial y Byron Sully (Joe Lando) , un renegado blanco que,  desde la muerte de su mujer,  ha vivido con los indios y ahora sirve de interprete y enlace entre la Caballería y los Cheyenne.



En el primer episodio, ya instalada en la cabaña que Sully le renta, la Dra. Quinn enfrenta varios problemas y no solo la animosidad de sus nuevos vecinos. Debe montar por primera vez un caballo,  tal como por primera vez debe usar una escoba. Practica una cesárea, atiende una enfermedad venérea de una prostituta,  y cura las heridas de Caldera Negra,  el jefe de los Cheyenne. Sin embargo, no puede evitar que Charlotte muera debido a una mordedura de cascabel.

Antes de morir, Charlotte le encarga sus hijos a Michaela que pasa a ser madre de Matthew y Collen, dos adolescentes, y del pequeño Bryan. Ese es el meollo de su saga: como ser médico, madre y ama de casa en una mundo incivilizado y hostil.



No sé si Beth Sullivan tuvo en mente el fracaso de Sara, pero Michaela Quinn tiene algunos puntos en común con el personaje de Brenda Vaccaro. Ambas son mujeres urbanas que se adentran en un mundo rural dispuestas a combatir prejuicios e ignorancia. Si a veces nos harta la Dra. Mike con sus sermones vale recordar que se trata de una mujer de la Nueva Inglaterra, heredera de la tradición puritana,  pero también del pensamiento humanista que le legó su padre.

Yo vi poco de Sara, pero creo que la mayor diferencia entre ella y Michaela son la belleza y elegancia de Jane Seymour que supo imprimir en  su personaje esas cualidades propias separándola de la típica solterona militante que podría haber sido. Aunque Dr. Mike llega a amar su nuevo hogar,  siempre añora las comodidades y refinamientos de Boston y es lo que quisiera para sus hijos.  Es también, y esto fue un gran cambio de la mayoría de las protagonistas femeninas de ese entonces, mujer religiosa,  virtuosa, que pierde su virginidad solo en su noche de bodas y que siempre está sobreviviendo gracias a una fe que inculca a sus hijos. Oírla hablar,  dice Colleen,  es como “oír hablar a D-s”.

A pesar de que la serie se concentra en un tipo diferente de inmigrante al Oeste, también hace hincapié en su setting geográfico e histórico. Colorado Springs,  en ese entonces,  estaba en medio de las guerras con los Cheyennes. En el piloto, la Dra. Quinn conoce al siniestro Coronel Chivington, perpetrador de La Masacre de Sand Creek,  y  tiene al jefe indio Black Kettle como paciente. En una ocasión,  Michaela y su familia acompañan a Sully y al chamán Cloud Dancing a Washington a entrevistarse con el Presidente Grant; Dr. Mike atenderá una herida de la bandolera Belle Starr,   y una visita del poeta Walt Whitman sirve para curar a Michaela de prejuicios que hoy tildaríamos de “homofobia”..

                             A Michaela no le parecía que su hijo fuese a pescar con un homosexual

La serie es diversa no solo por la fuerte presencia indígena, además tenemos como personajes regulares a Robert Lee, herrero del pueblo, y Grace que pronto se convierte en su esposa. Ambos traen secuelas de haber nacido esclavos.  Pero la gran minoría reflejada en la serie es el conglomerado femenino de Colorado Springs y como llegan a superar sus roles impuestos por una sociedad de hombres.



Michaela,  que trae ideas progresistas de Boston,  es una gran propulsora de la liberación femenina desde el poner una biblioteca para lectoras hasta llevar a sus vecinas a las urnas (con ayuda de Sully). Si pensamos que el primer espacio donde la mujer pudo ejercer al voto en 1869 fue el Territorio de Wyoming,  y que la independencia de la mujer del Oeste está históricamente documentada,   no hay nada irreal en la influencia de la “Mujer que Cura” en un pueblito de Colorado.

Dr. Quinn se ha convertido en serie de culto y en un referente del Western televisivo. A pesar de que hoy se puede criticar su sentimentalismo , es indudable que fue un triunfo para la causa feminista en la televisión. Las series de cowboys nunca han vuelto a decaer, pero La Dama del Oeste (como se la conoce en algunos países)  sigue siendo la única que gira en torno a una mujer cuyo nombre está en el título. El único otro ejemplo que he encontrado es el neo-Western fantástico Wynona Earp.

En el siglo XXI, la influencia de la Dra. Quinn sigue sintiéndose,  sea en grupos de mujeres que en series limitadas se unen para civilizar y hacer justicia,  o pioneras en busca de un espacio como Las Dutton de las secuelas de Yellowstone . El choque cultural de un mundo refinado de privilegio con una vasta pradera donde solo rige la ley del más fuerte es lo que experimentó Lady Cornelia en The English y equivale a la experiencia de Michaela en Dr. Quinn

Sobre la importancia del personaje femenino y otros aspectos del Western televisivo en el Tercer Milenio espero hablarles en la próxima entrada de esta exploración del género. Antes quisiera comentar 1883, la serie de Taylor Sheridan que me empujó a romper mi voto de abstinencia por los relatos del Viejo Oeste.

 

 

lunes, 19 de abril de 2021

Recuerdos de Guerra: ¿Por qué fue inferior a su precuela? (Televisión del Ayer)

 


Una duda que tuve por años fue como “War and Remembrace”, con un elenco de lujo y un presupuesto el triple de lo que se había invertido en su precuela, pudo tener tan bajos ratings. Ahora, viéndola subjetivamente, con tres décadas de distancia, creo entender las razones que la hicieron inferior al menos en el corazón de teleaudiencia a “The Winds of War”.

Los mejores Cambios: Nuevo reparto y filmación en Auschwitz

Aunque fue chocante que “Vientos de Guerra” acabase de esa manera tan abierta, no lo fue para los lectores de War and Remembrace, la monumental secuela publicada en 1978. Los Niños de Verano tenían la opción de ir a comprar ese mamotreto y enterarse de las aventuras y desventuras de Henrys y Jastrows entre 1941 y 1945, incluyendo el saber quiénes sobrevivían al conflicto. Cuatro personajes importantes perecen, además de Hitler quien en la secuela será interpretado por Steven Berkoff. Primer actor judío que (antes de Taika Waititi) se atrevió a dar vida al Fuhrer.

A pesar de que la teleaudiencia ya conocía el desenlace de la saga de Herman Wouk, era impresionante ver un cuento en pantalla y no se escatimaron recursos para darle al público un gran espectáculo. Dan Curtis tenía dudas sobre esta secuela. No creía que existiesen suficientes navíos o aviones antiguos para recrear la Batalla de Midway. Fue su esposa quien lo empujó a aceptar el proyecto. “Enloquecerá si otro lo hace y no tú” fueron sus palabras.



El presupuesto fue entonces el más grande nunca empleado en una serie limitada, 140.000 millones de dólares (unos 200.000 millones de hoy en día). Con eso se pagaron sueldos de actores, se adquirieron implementos, se contrataron extras y se costearon viajes de locación. La filmación tuvo lugar nuevamente en los países anteriores a los que se agregó Francia y la ciudad suiza de Berna. Se llegó a filmar en Pearl Harbor y otros sitios de Hawái, y en las afueras de Montreal se recreó el invierno moscovita.

El mayor logró fílmico fue el rodaje en Polonia, siendo “Recuerdos de Guerra” el primer dramatizado en ser filmado en el campo de Auschwitz. Branko Lustig, sobreviviente del lager y quien ya había fungido de productor, volvería a hacerlo. Docenas de sobrevivientes del Holocausto solicitaron trabajo como extras en las escenas de Auschwitz. Tal vez como catarsis, tal vez como una forma de presentar testimonio. El gobierno polaco dio los permisos necesarios para la filmación exigiendo a cambio que en el libreto no se hiciese mención del antisemitismo polaco.

Una de las grandes sorpresa de esta prolongación de La Saga Henry fueron los cambios de reparto.  Curtis debe haberse sentido aliviado cuando Jan Michael Vincent anunció que estaba ocupado con su serie “Airwolf” y que no iba a arrastrar sus botellita al set de “War and Remembrace”. Lo reemplazó Hart Bochner. Todos los hijos de Pug fueron reemplazados, hasta Janice a quien ahora le daría vida una desconocida llamada Sharon Stone.




John Houseman estaba muy delicado de salud y fue reemplazado por el más que apto Sir John Gielgud, y Robert Morley se convirtió en “Talkey” Tudbury.  El cambio más espectacular fue el de la protagonista. Ya ni Curtis podía rebatir que una semi cincuentona como Ali McGraw no podía hacer creíble a la esplendorosa Natalie Jastrow-Henry. Se trajo a la esplendorosa Jane Seymour que con este papel volvía a coronarse como reina de las miniseries.



Se mantuvo a lo mejor del reparto. Un poco más viejos retornaron Polly Bergen, Peter Graves, la exquisita Victoria Tennant y Topol cuyo personaje de Berel Jastrow adquiere importancia en la serie gracias a que es capturado como soldado ruso por los alemanes. Es llevado a un campo de prisioneros rusos y polacos que Berel reconoce como el pueblo de su infancia, Oswiecim, ahora llamado Auschwitz.

A pesar de una conspiración demente para reemplazarlo por James Coburn, Robert Mitchum permaneció al timón de la Northampton y de La Familia Henry. Realmente no me imagino a otro en ese papel. por la misma razón por la que si realmente van a refritear este espinoso (en estos tiempo) material quisiera solo a Brad o a Clooney en ese rol.



Los Errores: Desde los horarios hasta “La pornografía del Holocausto”

Aunque se esperaba que el estreno fuese en 1989, se la adelantó un año antes.  Había conciencia de que quienes habían amado la serie ya habían esperado demasiado (¿Oíste Ser George R.R. Martin?). El hecho es que el primer episodio, de casi tres horas de duración, no tuvo la sintonía esperada. Histéricos, los productores se pusieron a tijeretear el producto con el resultado de que algunos capítulos quedaron más largos que los otros.

Para colmo después del primer episodio, la cadena ABC se tomó libre el lunes 14, reanudando la serie el martes15 y continuando hasta el jueves. Luego de una inexplicable puente que cubrió el viernes y el sábado, volvió la serie el domingo 20. Se saltaron el lunes, regresó martes y miércoles. De ahí vino un hiatos hasta mayo del ‘89. Es un milagro que algunos espectadores la hayamos visto completa

Aunque este desorden cronológico afectó el sentido de continuidad de todo amante de miniseries (algo desconocido hoy en el universo del binging), no fue la única razón para que los espectadores se alejasen de tan cara y prometedora historia. Muchos, como mi madre le tiraron la cadena en el segundo episodio. Las razones tienen que ver con contenido más que con detalles técnicos, y eso que también había problemas de audio. Muchos episodios no fueron grabados en sonido estéreo.



Herman Wouk se encargó de escribir un libreto para las escenas tipo documental y para las reuniones de alto mando. Dan Curtis, con la ayuda de Earl Wallace, se dedicó a la ficción, a lo dramático, a lo romántico. Todos exageraron la nota.

En el primer episodio, donde si cortamos los comerciales igual tenemos un espectador pegado casi dos horas a la pantalla, dedican media hora a una batalla en las costas filipinas, y otra media hora en reuniones de Hitler y sus generales. Media hora para ver a los machos Henry reunirse en Pearl Harbor y luego cada uno partir a pelear su guerra.

Pug recibe una carta de su esposa. Alterada por la noticia del bombardeo japones, Rhoda le suplica que olvide y perdone su infidelidad. El bobo de Pug le escribe una carta de despedida a Pamela que por suerte nunca llega a su destino. Entremedio, Berel es capturado y llevado a Auschwitz. Araron y Natalie, a quienes dejamos en un buque en Nápoles, están en espera a que zarpe rumbo a Palestina.



Aparece de la nada, Werner Beck, un ex alumno del Profesor Jastrow que les ofrece que retornen bajo su protección a Siena a la espera de una repatriación con otros estadounidenses. Aaron, que no tiene ni pizca de deseo de ir a Palestina, cae bajo el hechizo del adulador Beck y parte para Toscana. En otra de sus malas decisiones, Natalie lo acompaña, a pesar de las suplicas de sus compañeros de viajes y de Avram Rabinovitz (Sami Frey) el agente de la Aliyah (inmigración ilegal a Palestina) con quien ha hecho amistad.

El segundo capítulo es aún más rocambolesco. La primera hora es ocupada por un excelente filme de espionaje en Berna donde Leslie Slote se convierte en el protagonista de su propio cuento, y la segunda por una muy descriptiva visita de Himmler a Auschwitz en la cual Rudolf Hoess (Gunther Maria Helmer) debe probar la eficacia de su campo con la ejecución de un tren cargado de prisioneros holandeses.




Mi madre estaba casi roncando, aburrida de las estrategias de Hoess para quedar bien con su superior, pero cuando los perros nazis comenzaron a ladrarle a una niñita holandesa que se pone a aullar se tuvo que despertar. Lo próximo es que vemos a las mujeres, entre ellas a la niñita, correr desnudas y en pleno día por un prado ante los ojos de Himmler y s SS, rumbo a “las duchas”. Lo último es tener que ver como retiran los cadáveres y los arrojan (todavía no había crematorio) a unas zanjas.




En ese entonces (y hoy) la televisión abierta estadounidense no mostraba gente sin ropa. Ver desnudos frontales, pilas de cadáveres entre ellos varones fue muy chocante para mí. Mas para mi madre que dijo “hasta aquí llegue”. No fue la única, a la mañana siguiente, Sir Elie Wiesel escribió un airado editorial en The New York Times denunciando lo que calificó como “La Pornografía del Holocausto”.  

Aunque concuerdo con su shock, a más de 30 años de distancia y tras conocer la evolución del cine del Holocausto desde entonces, encuentro el episodio audaz y efectivo. Sabe manejar lo visual sin caer en dramatismos innecesarios y sin restar el pathos de la escena que incluso en un momento incomoda a Hoess quien al notar la fría mirada de Himmler se compone.

El haber creado la escena desde la perspectiva de los verdugos aumenta la sensación de crueldad de parte de estos. Ayuda también la estética. Todo ocurre en un día primaveral, los prisioneros llegan a un espacio verde, soleado, con árboles cargados de flores. Es comprensible que los holandeses no sospechen lo que les espera y obedezcan las ordenes tanto de los amables guardias nazis como la de otros prisioneros que por una vez andan en uniformes limpios y no en andrajos.



El problema es que estos episodio van seguidos, en la serie, por alguna reunión en la Casa Blanca o una batalla naval en el Pacifico obligando al espectador a cambiar su perspectiva y dejar atrás temas que merecen su reflexión.” War and Remembrace” nunca supo si quería ser lección de historia, documental didáctico o saga familiar y eso incomodó a más un televidente, que, como mi madre, apagó el televisor.

Oda la Infidelidad Femenina

Incluso los que habían invertido emocionalmente en la historia de los Henry, su dinámica familiar y sus romances, sufrieron una desilusión. Entre el libro y el guion pasaron a ser una familia disfuncional mantenida a flote por falsas expectativas. Yo lo resumo con un “la serie se convierte en una oda a la infidelidad femenina”.

Como dije ante, Víctor después de Pearl Harbor decide romper con Pamela y perdonar a su esposa adúltera. Pamela no recibe la carta y comienza un largo peregrinaje por el sur de Asia que espera la lleve a Hawái y a su Capitán Henry. En New York vemos a Rhoda celebrar las fiestas decembrinas en compañía de Palmer que continúa siendo su amante. Victor en babia.



En su obsesión de tener ojos en todos los escenarios del conflicto, Wouk convierte a Pamela en testigo de la caída de Singapur. Con eso le hace un flaco favor a Pam, no añade nada al libreto y realmente no debieron incluir este episodio en una serie que pide recortes a gritos.

En The Winds of War, el autor nos contó que ante de conocer a Víctor, Pam había tenido un largo y tormentoso affaire con un periodista ingles llamado Philip Rule. Comunista, infiel, bisexual y golpeador, Rule había abandonado a Pam por una bailarina soviética. Eso explica que ella se enamore de Víctor porque es lo opuesto a Rule.



Interpretado por Ian Shane, Rule aparece en la serie en Singapur. Los no-Lectores no están ya advertidos de sus grandes defectos. Mas encima, Pam hace creer que lo que la alejó de su amante fue la bisexualidad de este, no sus palizas. Rule incluso adquiere una dimensión heroica al ser uno de los pocos ingleses conscientes de que esa fortaleza inexpugnable está a punto de caer y por culpa de las torpezas del alto mando.

Talky parte a Australia dejando a su hija en la isla bajo bombas japonesas. Asustada y atrapada, Pamela se dedica a cuidar de Rule que ha sido mordido por un escorpión. En la noche de Año Nuevo, más por miedo y depresión que lujuria, Pam se mete en la cama con su ex. Un momento sin importancia que sin embargo la disminuye sin necesidad.  Es parte del leitmotiv de que la guerra crea tal caos mental que afecta las relaciones sentimentales. Pero aquí se llega al acabose.

Rhoda se entera que Pug y Pam están enamorados, termina con Palmer y exige que Pam no vuelva a ver a su marido. Acto seguido se enreda con un tal Coronel Harrison (Mike Connors). Pug y Pam saben que Rhoda sigue con sus escapadas. Pam se harta y se compromete con un tal Lord Berne-Wilkes. Pug le suplica que no se case, que algún día Rhoda le dará el divorcio y así se la llevan de Pearl Harbor a Moscú, de Hollywood a Londres. Sin embargo, las únicas fanfiction que he encontrado de esta serie son sobre Pam y Pug. Supongo que por ser la gran historia de amor creada por Wouk.



La situación llega a tener ribetes de farsa como cuando Rhoda borracha confiesa sus cuitas de amor al pobre y aburrido Pug. O cuando este debe compartir un coche dormitorio en un viaje en tren con el Coronel Harrison que no lo deja dormir, también lamentándose de no poder confiar en el amor de Rhoda

Es que el autor intenta abarcar todas las experiencias humanas que se viven durante un conflicto de esa magnitud. En el caso de Rhoda, el de las esposas frustradas, que no pueden estar sin un hombre. En el caso de su hija Madeleine, las jovencitas que amparadas por la falsa libertad que ofrece una guerra meten la pata y luego no saben cómo explicarle su error al verdadero amor de sus vidas.

El caso de Janice Henry es el de muchas esposas jóvenes que pierden al marido y se encuentran viudas y madres solteras antes de tiempo. Janice comete el error de involucrare sexualmente con el mayor rufián de la marina estadounidense “Lady” Aster (Barry Bostwick), el comandante del submarino de Byron. Un par de capítulos más adelante, Lady se da cuenta de que Janice está enamorada de su cuñado. Byron, por soledad y frustración, le planta un par de besos a la viuda de su hermano. Por suerte, Janice reacciona y se aleja de estos hombres tóxicos.



Los Jastrow en Theresienstad

Es muy difícil saltar de estos problemas domésticos y hasta cierto punto románticos a las espeluznantes escenas de campos de concentración, o la existencia llena de horror y zozobra que llevarán Aaron y Natalie en el “ghetto modelo” de Theresienstad. Otra grandeza de ‘War and Remembrance” es que es el único dramatizado que retrata la existencia en este lugar tan singularmente diabólico. Es en Theresienstad donde hay una reunión familiar de los Jastrow con Berel (ahora parte de la resistencia checa), es donde Natalie se separa de su hijo, donde Aaron encuentra una nueva identidad en la religión de su infancia mientras que su sobrina la haya en el sionismo.

Ver la serie de nuevo me hizo darme cuenta de las razones por las cuales se casó Natalie con Byron y por qué ese matrimonio no está construido sobre una base sólida. Byron es el único personaje que no evoluciona. A lo más, se vuelve moralista, criticando el comportamiento de su cuñada y de Pug (cuando finalmente se divorcia).

En su breve interludio marsellés sigue exigiendo de su esposa que sea la mujer audaz y despreocupada que fue antes de casarse. Llorando, Natalie le responde “pero entonces no teníamos a Louis”. Byron no nota que Natalie ha evolucionado, sobrevivido traumas que han modificado sus prioridades. Por eso el final abierto que les da el autor, adquiere otra connotación en la serie. No sabemos si Natalie quiere seguir siendo Mrs. Byron Henry o irse a Israel con Avram Rabinovitz.



En “The Winds of War”, Rabinovitz fue interpretado por el actor italiano Leonardo Brucetto, que lo representó como un judío bajito, canoso, mal trajeado. Fue con motivos ulteriores que lo reemplazaron por Samy Frey, ex galán del cine francés (y uno de la famosa lista de amantes de Brigitte Bardot).

Ayer volví a ver el final de la serie y me di cuenta en que difiere del libro. En el libro es un final abierto, al menos en lo que se refiere a Byron y Natalie. Por largo tiempo Wouk no supo qué hacer con la chica Jastrow. Cuando, todavía sin terminar War and Remembrace, alguien le pregunto: “¿qué va a pasar con Natalie?”, Wouk respondió “recen por ella”.



Wouk planeaba matar al personaje tal como lo había hecho con Aaron. Ambos eran culpables por sus malas decisiones, por su falta de visión, pero por sobre todo por su arrogancia de judíos seglares de ufanarse de estar por encima de su condición racial, cultural y religiosa. El autor solo pudo redimir al Profesor Jastrow enviándolo a la cámara de gas. ¿Como podía redimir a Natalie?  Solo haciéndola sionista, solo empacándola a Israel. La pregunta es quién sería su compañero en ese futuro.



Entre Byron y Rabinovitz

La novela comienza con los Jastrow a bordo de un navío que pretende romper el bloqueo británico y llevar su cargo de refugiados a Palestina. Es 1942 y la primera aliyah ilegal está en auge, pero también en su etapa más peligrosa. Los hombres que la manejan deben ser mitad agente secreto, mitad marineros, mitad contrabandistas.

Los lectores del Exodus de Leon Uris recordarán esta etapa en la vida de su protagonista Ari Ben Canaán. Avram Rabinovitz es su equivalente, aunque más simpático. En los día que faltan para que el barco zarpe de la bahía de Nápoles, Natalie y Rabinovitz llegan a un punto de amistad que les permite intercambiar confidencias.

Natalie admite su incomodidad ante el tener que ir a Palestina. Abandonó toda vida religiosa los 12 años, no tiene ningún interés en la creación de un estado judío. Reconoce que no le atrajeron nunca los pretendientes judíos que tuvo, abogados y médicos que la aburrían con sus vidas grises. No eran “hombres de acción” como Byron.



Ahí nos damos cuenta del motivo que empujó a Natalie a los brazos de Byron. Toda su vida adulta ha sido una búsqueda de aventura y de lo exótico, y a la vez una necesidad de vivir respetablemente sin estigmas que la separen del resto de la población. El matrimonio con Slote ofrecía eso, pero en su momento de mayor necesidad, el diplomático se acobardó y Byron dio la talla. Eso bastó para hacerle a Byron atractivo. Natalie no ha reparado en que Byron es inmaduro, muy diferente a ella y que la amable Familia Henry la ha recibido con menos alegría que los Windsor recibieron a Meghan Markle.



Avram le muestra a Natalie una fotografía de su esposa que fue asesinada por los árabes. Le dice que si lleva a Louis a Palestina “tu hijo será un hombre de acción”. Lo que nota Mrs. Henry es que Rabinovitz es un hombre de acción. No solo arriesga su vida en una empresa peligrosa también es el único que sabe acabar con las convulsiones de un afiebrado Louis. Avram Rabinovitz es lo que en ese momento necesita Natalie.



Aun así, cuando Aaron petulantemente anuncia que se acogerá al amparo del nazi Beck, Natalie lo sigue como borrego. A punto de subirse al automóvil de Beck, Natalie le pregunta a Avram “¿Hago lo correcto?”. “Ya está hecho” le responde él y ella se despide besándolo en los labios.




Unas semanas más adelante, Beck revela sus oscuras intenciones, quiere que Jastrow haga una emisión radial tipo Ezra Pound en beneficio de los alemanes. Natalie se pone de acuerdo con los Castelnuovo, la familia del pediatra de Louis, para abandonar Italia. Mandan aviso a Avram quien ya ha regresado de dejar su nave y su cargo en Tierra Santa.

Así se organiza una huida que lleva a los Jastrow de Italia a Elba, y de ahí a Córcega. En el viaje, la belleza de Natalie atrae a un joven pescador que es hijo de los Gaffori la familia con la cual se hospedan. Llega Rabinovitz y toda su visita está repleta de detalles decidores sobre el cambio de la relación de Natalie con el rescatista, desde que se niegue a que la vea en fachas toda mojada por estar bañando a Louis hasta que le muestre que su bebé ya puede caminar y que Louis salude al judío con un “Daddyyy”.

El punto culminante es cuando, con la excusa de mostrarle el paisaje, Natalie se lleva a Avram a un paseo solitario. Con mucha coquetería le cuenta de los acosos del joven pescador. “Temo una noche encontrármelo en mi cuarto” dice haciendo ojitos. Para Rabinovitz esto es un contratiempo. Los Gaffori son fundamentales en su red de rescate, no puede pelear con ellos.

Desaprensiva como siempre, Nathalie sigue suplicando y lanzándole miradas incendiarias que el judío reprocha. “Pero es que no temo encontrarte a ti en mi cuarto una noche” contesta la audaz señora Henry. Es en estas escenas donde más nos alegramos de que Ali haya sido reemplazada por una Jane Seymour que pone belleza y sensualidad al servicio de su personaje (sin mencionar que es mejor actriz que su predecesora).



Rabinovitz encuentra una solución y se lleva a Los Jastrow a Marsella donde los hospedan los Mendelson. Es en ese entono judío que Natalie recuerda que habla yiddish, cocina patillos tradicionales y enciende las velas del Shabbath. Parte de ese encuentro con sus orígenes es una alteración en su amistad con Avram.

En el libro, Wouk que es un tremendo puritano se apresura a decirnos que, aunque Rabinovitz gusta de la americana no tiene designios oscuros respecto de ella. Natalie también en miradas retrospectivas se hace la inocente, pero cuando le pide que busquen un sitio para estar a solas, se dice a si misma que no sabe por qué lo hizo. La serie no hace caso de remilgos y para cuando Rabinovitz y Natalie deciden encontrarse a solas en el cuarto que él renta, tenemos claro qué tipo de cita va a ser esa

Entonces, Wouk provoca el twist argumental más inconcebible posible. ¡Hace que aparezca Byron! ¿O sea, como se explica que Byron que está peleando en el Pacifico cruce océanos y continentes para aparecerse en Marsella como mensajero trayéndole unos documentos al cónsul estadounidense? A Natalie no le importa, se lanza a los brazos de su marido y a Rabinovitz que lo parta un rayo.



Byron, el “hombre de acción”, quiere llevarse a Natalie y al niño. El cónsul estadunidense le recuerda que los Jastrow no tienen documentos, si los detienen los alemanes será su fin. Natalie antepone su amor de madre a la loca idea del marido. Byron está decepcionado. esta no es la mujer que se casó con él.

El cónsul intenta tranquilizarlos con el viejo cuento que venimos oyendo desde “Winds of War”: “esto se arreglará en unos días”. Efectivamente, Byron se marcha, los Aliados desembarcan en Casablanca y los alemanes invaden la Francia de Vichy. Los Jastrow quedan atrapados y comienzan a dar tumbos por Europa lo que los lleva primero a Theresienstad y luego a Auschwitz.

En 1945, los soldados de Patton encuentran a Natalie calva, andrajosa y desnutrida bajo un vagón de tren en la estación de Buchenwald. Será Avram Rabinovitz quien les confirmará las autoridades que se trata efectivamente de Natalie Henry, neoyorquina, esposa de un oficial de la marina de los Estados Unidos. Y cuando Byron consigue regresar a Europa, es Rabinovitz quien le relata la ordalía de la mujer y las intenciones de Natalie de irse a Palestina.



Cuanto más recuerdo el texto y veo la serie, más me queda la impresión de que Byron no entiende ni lo vivido por su mujer ni la transformación que ella ha sufrido. Lo único que él ha sacado en claro de la guerra, es que no le gusta ser oficial. En sus encuentros con Natalie no hablan de lo vivido por ella (el libro es más grafico sobre sus sufrimientos incluyendo torturas que sufrió en Auschwitz). Natalie habla de otros haciendo hincapié en lo religioso que se puso Aaron antes de ser ejecutado, o del cambio increíble experimentado por Leslie Slote. Es como si hablase con un extraño no con un amigo o esposo.

Por supuesto, Byron se anota un gol al encontrar a Louis. La escena final del libro tiene ese encuentro entre madre e hijo en presencia de Byron y Rabinovitz. El libro nos cuenta que el catatónico Louis despierta de su mutismo reconoce a su madre y junto a ella entona la nana “Pasas con almendras” En ese momento, describe el autor una luz que ciega a los hombres presentes. Se ha reconocido esa luz como una metáfora para el poder del amor maternal. Pero para mí lo interesante es que Wouk deja el final abierto. ¿A quién escoge Natalie?  ¿Qué camino tomarán ella y su hijo?

Dan Curtis, en la serie, nos da un final diferente. Byron se sienta al lado de su esposa e hijo y Natalie lo besa en los labios ante la mirada de Avram Rabinovitz. Sin embargo, yo no apostaría mucho a esa reconciliación.



Los Verdaderos Héroes de War and Remembrance

Quiero acabar hablando del tema del heroísmo. No hay narrativa bélica que no tenga inesperados héroes y actos de heroísmo y “War and Remembrance”no es excepción. Tenemos ejemplos del sacrificio máximo con la muerte del aviador Warren y del capitán de submarinos “Lady” Áster. Byron se desempeña bien en su guerra del Pacifico, pero Victor está apagado. No es el mismo hombre que sobrevoló Berlín en un bombardero, ni el que recorrió un frente ruso con pamela al costado y tanques alemanes en frente, ni el que envió al mismísimo Mariscal Göring a meterse su soborno en el trasero.

Aunque veamos a Victor ascender hasta almirante, perder otro navío en servicio activo y seguir gravitando hacia frentes de guerra, su heroicidad desaparece. Tal vez sus dramas domésticos lo han convertido en un personaje de farsa, tal vez su incapacidad de tomar decisiones sobre su vida romántica y dejar que sean sus mujeres las que lo hagan, le den una dimensión bufonesca. O tal vez es que Pug no llega nunca al espacio donde realmente se forjan los héroes de esta miniserie: la guerra en contra de los judíos que nos proporciona tres grandes héroes.



Aunque admiramos a Aaron Jastrow quien al final de sus días recobra dignidad y coraje gracias a su fe o a Sammy Mutterperl John (Rhys-Davies) quien harto de ver nazis matando judíos, agarra una metralleta y mata cinco SS antes de ser ultimado, el verdadero heroísmo es el que abarca a otros seres humanos, el que nace del rescate, de la defensa de los más débiles.

 Uno de ellos es Berel Jastrow. Vemos al humilde panadero construir crematorios, decir un kaddish por Mutterperl, huir de los campos, unirse a los partisanos, contrabandear filmes de atrocidades y hasta contrabandear a Louis fuera del ghetto-modelo. La muerte de Berel protegiendo a Louis de las balas alemanas es un acto insuperable de heroísmo.




Sin tener que morir en el ejercicio de su heroicidad, Avram Rabinovitz representa otro aspecto del coraje desempeñado en el Holocausto. Los contrabandistas de refugiados debían tener nervios de acero, reflejos rápidos y mucha astucia para lidiar con el bloqueo inglés, con los nazi, con las autoridades de países neutrales y con mares turbulentos y navíos que se caían a pedazos.

Como nos muestra la serie, Rabinovitz debe saber recolectar colaboradores, judíos y gentiles, crear redes para contrabandear su preciosa carga, y lidiar con los caprichos y miedos de esta. Sus vidas estaban en constante peligro y sin embargo sabemos tan poco sobre ellos. Es un mérito de la novela y serie que nos hagan conocer este capítulo olvidado del heroísmo judío.

El ultimo personaje ni siquiera es judío, pero da su vida por ellos. Al comienzo de “The Winds of War”, Leslie Slote es un personaje irritante, un ejemplo del entitlement. Diplomático de carrera, graduado de la Ivy League, hijo de familia prominente, ama a Natalie, pero no lo suficiente para arriesgar su futuro cargando con una esposa judía. Slote representa el antisemitismo solapado de la clase alta estadounidense de fines de los 30.



En la Campaña de Polonia pierde toda esa seguridad condescendiente con la que busca apabullar a Byron, cuando pierde el coraje bajo las bombas alemanas. Aunque se redime en el episodio de las salida de diplomáticos de la Varsovia, Slote ha perdido atractivo para Natalie. No es el “hombre de acción” que ella busca.

Al final de “The Winds of War”, Slote está en Moscú y recibe la visita de Berel Jastrow quien le proporciona fotografías de las atrocidades nazis. El Departamento de Estado estadounidense no se interesa por las fotos. Slote toma una decisión audaz y envía el material al New York Times. El periódico lo publica en algún lugar perdido de su inmenso caudal de páginas.

Quienes si lo leen son los superiores de Leslie Slote quien es degradado y enviado a un oscuro puesto en el consulado de Berna. Es en Suiza donde Slote comienza a vivir su propio cuento al ser contactado por el millonario judío Samuel Ascher, su enigmática hija Selma y su invitado el Padre Martin, un sacerdote germano, miembro de la resistencia alemana.



Es el Padre Martin quien proporciona al diplomático documentos sobre la Conferencia de Wansee y la Solución Final. Los jefes de Slote no creen en ellos y exigen mayores pruebas. En camino a dárselas a Slote, el sacerdote es asesinado. Los Ascher deciden abandonar Europa y refugiarse en USA.



Entretanto, Slote ha seguido entrevistándose con Selma. Al comienzo, se acerca ella porque le recuerda a Natalie, pero pronto se da cuenta que son muy diferentes. Intercambian besos, parecen estar enamorados, pero Selma le explica que va camino a Nueva York a casarse. Siguiendo las antiguas tradiciones ha permitido que su padre le arregle un matrimonio con un joven ortodoxo. No es lo que su corazón le dicta, pero si su conciencia. Es lo que debe hacer una buena judía en ese momento.




Será la influencia de estas dos mujeres las que establezcan el camino de Leslie Slote en el futuro. Es convocado por Washington para colaborar con un “departamento” que supuestamente se ocupará de la ‘cuestión judía”. Slote se da cuenta que se trata de una operación decorativa y los que están a cargo son tan antisemitas como los nazis. Renuncia a su empleo y se enrola en la OSS (Oficina de Servicios Estratégicos) donde es entrenado para operaciones de comandos. Es lanzado en paracaídas sobre Bretaña en 1944 y muere en una escaramuza en contra de los alemanes.

En mi repaso por “Recuerdos de guerra” encuentro que son los arcos de estos héroes los que más hacen atractiva la serie. A diferencia de lo que me ocurrió con mi vistazo “moderno” de “Vientos de Guerra”, no me enganchan ni los romances ni los relaciones personales. En su afán de ganar una guerra y recorrer el mundo para lograrlo, los personajes se han vuelto acartonados e incomprensibles como en el caso de Rhoda.

Obvio que esto no se aplica a la saga/ordalía de los Jastrow, pero reitero su historia no sería tan pasmosa si no se entrecruzara con la de Berel, Rabinovitz y hasta con la de Slote. Mi conclusión es que tal vez la trama funcionaria mejor si solo se enfocara en los aspectos europeos. Aun así, para quien no la haya visto, es un espectáculo fascinante y para los lectores de la obra de Wouk es un homenaje al texto en su recreación total, lo que paradójicamente es la gran falla de la serie y también su mayor mérito.

La pregunta del millón sigue siendo cómo se la puede refritear. ¿Qué solución ofrecen ustedes y que actores les gustaría que interpretaran a los protagonistas de esta obra?