Steven Knight
hace rato que anda buscando una familia disfuncional como la de los Shelby en Peaky
Blinders. Ahora la ha encontrado en los cuatro vástagos de Sir Benjamín Guinness,
el de la famosa cervecería. No tengo problemas con la falta de historicidad del
relato, porque han tenido la cortesía de ofrecer un disclaimer indicando
que es ficción “inspirada” en personajes reales. Mi problema es Knight, y su
amoralidad que se refleja desde sus personajes antipáticos hasta la obsesión
con la palabra “F” que sale de boca de hampones, criados y damas de sociedad.
Un Entierro
muy Movido
Estamos en Dublín,
1868. El cortejo fúnebre de Sir Benjamin Guinness, dueño de la cervecería más
importante del mundo, va a cruzar la ciudad hasta la catedral (protestante por
supuesto), pero el populacho tiene otras ideas, o se las imponen un par de
agitadores profesionales. Uno es un pastor que cree en la temperancia. O sea no
bebe alcohol, pero se mete cocaína. Supongo que para curar la sinusitis, el
único uso de la coca en ese tiempo.
El otro grupo lo
dirige Patrick Cochrane, leader de la Hermandad Feniana. Su rabia contra el
difunto es que era protestante y abusaba de sus empleados. Patrick parece bonachón,
sabe que viene la policía y le pide a su gente que no hieran a los caballos
porque “todos los caballos son católicos”. Que no te oiga la diosa Epona.
Al parecer los
empleados no eran tan desafectos del patrón, porque ya los ha armado Sean Rafferty
(James Norton), el capataz de la cervecera ,y juntos marchan a impedir que los
revoltosos interrumpan el cortejo. Entretanto, los cuatro hijos y herederos del
difunto están reunidos, no muy apenados, ya que cada uno tiene algún problema
propio que espera solucione la muerte del padre.
Arthur, el mayor
(Anthony Boyle), ha vivido tanto tiempo en Londres que ya no parece irlandés.
Su hermano Edward (Louis Partridge , el Lord Tewksbury de Enola Holmes)
es ambicioso, tiene planes y se siente capacitado para manejar el negocio. Su
hermana Anne, es la voz de la razón de la familia, y Benjamin, el menor, duerme
una borrachera en el sofá. Estos son los protagonistas del cuento.
Los Cochrane y
sus Planes
Mientras los Guinness,
con lujo de hipocresía, entierran al padre y lo homenajean con un baile (deseos
del difunto); en los bajos fondos dublinesas, Cochrane prepara otro golpe contra
sus enemigos. Esa noche quemarán el cargamento de cerveza que espera en el
puerto. Aparece su hermana Ellen, presidenta del Comité de Fenianas, carga
cuchillo en la liga y tiene planes más nefastos, pero más coherentes que los de
su hermano.
Usará los
secretos de los Guinness para destruirlos. Aconseja a su hermano no andar
quemando barriles que con eso solo afecta al pueblo que necesita de sus empleos
en la cervecera y que goza su pinta de cerveza negra. Está claro que Ellen es más
inteligente que Patrick, pero me
desagrada esa premisa de lucha de clases que siempre enarbola Knight y en la
que ahora la clase domestica es la destructora de oligarquías.
Como defensora
del servicio doméstico digo que no necesitamos de más ejemplos como Parasito
que solo sirve para desacreditar un trabajo digno y tremendamente útil. Es el
rechazo de quienes no saben de los lazos que se establecen entre amo y
sirviente y que superan diferencias de clases. Aunque exagerado, el modelo “Upstairs
Downstairs” que Lord Julian Fellowes ha promovido en cine y televisión, no está
tan alejado de la realidad.
Lo que es cierto
que los Guinness tienen muchos secretos, Ellen Cochrane no ha podido
encontrarle ninguno a Arthur. En busca de esa información, Ellen va a
entrevistarse con el hampón Bonnie Champion , pero este solo conoce las deudas
de Benjamin. Durante esa entrevista, Ellen presencia el incendio de los barriles
y es vista por Rafferty. Yo estaba
temerosa de que tuviéramos romance ente el capataz y la feniana, pero Rafferty
va a estar ocupado preñando a las mujeres de la Familia Guinness.
Sean Rafferty
En el segundo
episodio presenciamos la lectura del testamento: Edward y Arthur se ocuparán el
negocio, a pesar de que la verdadera carrera de Arthur es la política. Para eso
está dispuesto a llevar una doble vida e incluso casarse por interés. Benjamin
es desheredado por su alcoholismo y por jugador. Huye de sus acreedores,
yéndose a Londres a unirse al ejército y también a casarse por interés.
Arthur tratando de no parecer gay
Anne es excluida por
ser mujer. Se dedicará a la beneficencia y a cuidar de sus achaques mientras expía
la única vez que dejó que su carne pecara. En cuanto a Edward, sus planes
incluirán expandir su negocio al otro lado del Atlántico y también a hacer un
provechose matrimonio del cual descienden hasta hoy los dueños de la cervecera
y todos los Guinness que hayan aparecido en las portadas de periódicos o en las
crónicas sociales. En cuanto a Ellen, seguirá con sus planes de recaudar secretos,
pero Edward dará vuelta su vida y proyectos de una manera que ella no podría imaginar
ni evitar.
Lo Mejor y lo
peor de The House of Guinness
Por ese motivo, voy
a recomendar esta serie para los fans de Steven Knight. Sin ser aparatosamente
exagerada como su último esfuerzo A Thousand Blows, pero sin llegar al
pathos profundo de Taboo, cumple con los requisitos que han hecho al
director reconocido. Puedo recomendarla para el fandom de Anthony Boyle y James
Norton. Aquí interpretan roles vigorosos aunque no muy simpáticos. Para los
amantes del género de época les cuento que es una combinación de The Gilded
Age y Warrior. El parecido con esta última reside en que los irlandeses
no están retratados con mucha justicia.
Ahora que he sido
objetiva, puedo decirles que no me gustó. No es por no considerarla histórica.
No hubo un escándalo público en el entierro de Sir Benjamín Guinness, pero le
quedó divertido a Knight ese episodio. No hay registros de que Arthur Guinness
fuese gay, pero su tío y tocayo si lo era. Una licencia legitima y un bono para
la diversidad de Netflix. Los americanos estaban bebiendo cerveza desde 1817 y
no hay registro de ningún primo Byron, pero , vamos, que ver nuevamente la
sonrisa diabólica de Joffrey Baratheon valió la pena.
Joffrey cambio la corona por un sombrero hongo
Visualmente la
serie es oscura, la recreación de Dublín está hecha con CGI (tal como la Birmingham
de Peaky Blinders) y fue filmada
en Liverpool. La banda sonora es totalmente contemporánea salpicada de folk
rock y de canciones en gaélico. El vestuario es feo, tan oscuro como la
iluminación y no hay personaje que me atraiga, con el que me identifique o que me arrebate el
sueño. El libreto sigue los tropos tan amados por Knight. Un clérigo villano,
fenianos bobos peligrosos, enemigos que olvidan sus ideologías en la cama.
En suma, House of Guinness me aburrió. Parece increíble, pero pasada la batalla
del cortejo, la serie me pareció tan poco original, los personajes tan poco
atractivos, que la seguí viendo con bostezos
y reticencia. Me alegra saber que muchos espectadores comparten mi sentir. En
IMDB me encuentro con adjetivos como “banal” y “aburrida”. El incorregible James
Delingpole la calificó en The Spector de “excruciating”. Mas o menos es lo que encuentro en Rotten Tomatoes
donde la batalla de la cerveza obtiene un puntaje más bajo del auditorio que el
de IMDB (7, 5 de IMDB y 6,6 en RT).
En Rotten
Tomatoes, la crítica le ha dado un alto rating a la serie, algo común con
el producto Netflix. Sin embargo, quienes aprueban no parecen ser de sitios muy
conocidos y aun los conocidos reconocen que le falta algo.
Miren lo que dice
Robert Levin en Newsday: “Casa de Guinness es siempre entretenida,
pero presenta una insipidez que es difícil de ignorar”. John Anderson en el Wall Street Journal,
describe a la serie como algo para los que gustan de lo irlandés, lo
sexy-violento y con una actitud casual hacia lo histórico, y termina con “ te dejará cómodamente atontado”.
India Block en the London Standard dice que para gozar esta serie hay que
“apagar el cerebro”.
Aun los críticos
en nuestra lengua han tenido quejas. En MundoCine, Marta Medina revela dos falencias de la serie: “Donde la serie tropieza es en su
incapacidad para profundizar en los conflictos sociales de la Irlanda de la
época. La tensión entre la familia Guinness, protestante y unionista, y la
clase obrera feniana que lucha por la independencia de Irlanda, aparece
esbozada de manera muy superficial. A ello se añade una cierta querencia por
las subtramas amorosas, articuladas con un aire telenovelesco de sobremesa, que
no necesariamente seducirá a todo tipo de público.”
Quienes se han
lanzado en picada en contra de la serie han sido los medios irlandeses y con
motivo de causa. Knight ha vilipendiado a los Hijos de Erin adjudicándoles
todos los estereotipos posibles, O son
brutos o brutales o borrachos, o todo eso. Ya solo falta que los vistan de
verde.
A Ellen la vistieron de verde
Anna Marie
Hourihan, escribiendo para el Irish Independent acumula “piropos” sobre la Casa de
Guinness: llena de clichés, poco realista, aburrida y previsible. Ed Harris
en The Irish Times describe el conocimiento de Steven Knight
sore la experiencia colonialista de Irlanda bajo los ingleses como
“rudimentaria” y lo acusa de aglomerar a todos los irlandeses bajo un mismo
rotulo, incluyendo a los fenianos a los que ha caracterizado y vestido de “leprechauns
ferales”. En The Irish Examiner, Pat Fitzpatrick resume la poca
originalidad de la historia con un “lo hemos visto antes”.
Contenido
Violento y Gory:
Comenzamos con fenianos, policía y empleados de la Guinness agarrándose de las greñas
en medio de Dublín, . En típico humor Knight tenemos a los Fenianos a través de
la serie confirmando la reputación de peleones de los irlandeses.
Contenido
Sexual y Desnudos: Es
Netflix…
Factor
Feminista: Cero. Las
mujeres de Steven Knight son osadas, transgresoras y furibundas, pero siempre
terminan pagando sus pecados y los de sus hombres, sean estos sus amantes o sus
hermanos. La verdadera Anne Guinness fue una mujer perseguida y limitada por
sus achaques físicos. Aquí han querido empoderarla convirtiéndola en adúltera y
no lo han logrado.
Anne enfermiza e infiel.
Factor
Diversidad: Por ahí hay algunos
actores de color, pero ningún rol importante. (El incorregible Delingpole dijo
que había que agradecer que de los cuatro Hermanos Guinness ¡ninguno
fuese negro!) La diversidad sexual está representada por dos personajes importantes,
pero Knight no es un campeón del wokismo en ese sentido. En cuanto a la
enfermedad de Anne es tratada como un aspecto de su debilidad (tal como su
adulterio) no como un estudio de como una minusválida lucha por ser relevante
en un mundo donde las mujeres sanas ya son vistas como inútiles
“ The Troubles” solía ser el apodo de la Guerra de
Independencia de Irlanda. Hoy también se usa para describir la guerrilla urbana
que asoló el Norte de Irlanda en la segunda mitad del Siglo XX. Basándose en el
libro de Patrick Radden Keefe , Hulu y FX han construido una visión― a
ratos trágica y a ratos cómica― de la lucha armada en contra del ocupante
inglés. A diferencia de otras obras sobre el tema nos muestra los daños
colaterales que provoca el terrorismo y el modo en que lentamente va
destruyendo al mismo guerrillero.
Los
Infortunios de Irlanda
Si vamos a hablar
de historias sangrientas, de reinos robados, de ocupaciones ilegales, y de pueblos
oprimidos, basta ver el ultimo milenio
de la historia de Irlanda. En la Antigüedad, la isla estaba lo suficientemente
lejana para que no la afectaran invasiones de griegos y romanos y para crear
una sólida civilización de reinos o clanes tribales unidos por la herencia
celta.
La cosa cambió en
el medievo cuando Irlanda fue presa de invasiones vikingas y normandas. Para el
siglo XV era vasalla de Los Tudor. Mas o menos se estableció un modus vivendis
en el que los reinos seguían siendo semi autónomos, pero el cisma de Enrique VIII
al imponer el anglicanismo destrozó toda oportunidad de armonía entre Inglaterra
y la Isla Esmeralda.
Irlanda había
sido una vez fervientemente pagana para convertirse en ferviente católica y no
iba a cambiar. A los ojos de la corona británica, esto era rebeldía y sedición
y a la isla le esperaban siglos de represión. Una de las mayores ocurrió en
días de la dictadura de Oliver Cromwell quien implantaría el sistema de
plantaciones, la importación de ingleses protestantes a Irlanda donde se
convertirían en la nueva clase de terratenientes que subyugarían a la población
católica.
Para La Hambruna
de 1848, los irlandeses (y no solo católicos) se habían levantado en armas en
contra del invasor en muchas ocasiones. Todas las revueltas habían fracasado.
Entonces se constituyó el primer grupo de guerrilleros urbanos, Los Fenianos.
The Fenian Brotherhood se dedicó a la lucha clandestina llegando a expandirse
hasta Estados Unidos desde donde realizarían ataques al Canadá. Su
especialidad, a fines de siglo, eran los asesinatos y bombas que hicieron
estallar en ciudades inglesas como Manchester y Londres.
A comienzos del
Siglo XX, la lucha irlandesa por la autonomía se batía en dos frentes: el
político en el Parlamento de Londres y el frente del terrorismo ahora
continuado por la Fraternidad Revolucionaria Irlandesa que tomaría parte en el
Alzamiento de Pascua en plena Gran Guerra. La última gran batalla, que tendría
lugar entre 1920 y 1922, se conocería
por el nombre coloquial de “Troubles” (problemas).En ese entonces la Fraternidad cambió de
nombre pasando a ser el Ejército Republicano Irlandés (Irish Republican Army o
IRA. ERI en español).
Esta guerra de
guerrillas, cruel y colmada de atrocidades por parte de ambos bandos, obtendría
la ansiada autonomía. En 1923 nacía el Estado Libre de Irlanda, pero con un
precio: seguirían en manos británicas un par de provincias del Norte que
incluían las ciudades de Belfast y Londonderry (Derry). Esto se debía a que
eran habitadas por una mayoría protestante. El ERI no aceptó esos términos
llevando a Eamon De Valera (el primer presidente de Irlanda) a proscribirlo.
El ERI trasladó
sus cuarteles y guerra a Irlanda del Norte. Aunque estuvieron activos antes de
la Segunda Guerra Mundial, su periodo más agresivo fue durante los segundos “Troubles”
que cubrirían casi tres décadas de lucha y que son el trasfondo de No digas
nada. Esta guerra clandestina se amparó en los tres principios que han
gobernado la lucha armada en contra de Inglaterra por siglos: el apoyo masivo
de la población civil; la ejecución de traidores y delatores (los “tout”) y la obligación
de los miembros de no revelar nunca información sobre la organización, aun bajo
tortura. De eso se trata Say Nothing.
Las Price: ¿Heroínas
o Terroristas?
Comenzamos en
Belfast en 1972. Una madre de familia es secuestrada delante de sus hijos por
un grupo que incluye una mujer. De ahí saltamos a fines del Siglo XX. Otra
mujer (Maxime Peake) cuenta su historia a un entrevistador que graba lo
narrado. Es un proyecto de la Universidad de Boston y solo saldrá a la luz,
cuando la mujer, cuyo nombre es Dolours Price, haya muerto.
De ahí pasamos a
un flashback de Dolours en 1969. Es hija de un matrimonio Republicano que ha
participado en la guerra perpetua contra el invasor inglés. La tía de Dolours
perdió las manos y la vista por estar manejando bombas. Dolours desprecia esa
violencia, cree en la resistencia pacífica tipo Gandhi, y se la inculca a Marian, su hermana menor.
Antes de partir a
estudiar en una academia de arte, Dolours y su hermana participan en una marcha
multitudinaria de protesta (La Marcha del Puente de Burntollet). Camino a Derry,
son interceptadas por bandas de rufianes
protestantes que las agreden. Fieles a su credo, los marchantes no responden a
la violencia, pero entran en pánico cuando ven que la policía no detiene a sus
agresores. Las Price intentan huir, pero son atrapadas por los protestantes que
las golpean salvajemente. Es ahí que Dolours toma conciencia de que la lucha armada
es el único camino para una Irlanda Unida.
Las Price son atacadas en una marcha pacifica
Para eso, y
siempre con su hermana a la zaga, Dolours busca al líder de la lucha armada en
Belfast y a su lugarteniente “Dark” apodo de Brendan Hughes (quien también
participa en el proyecto de entrevistas). Se sorprende al descubrir que el
líder es Gerry Adams a quien conoce como un chico tranquilo y de bajo perfil.
la ironía es que cada episodio de Say Nothing acaba con un disclaimer
sobre Gerry Adams―ex presidente del Sinn Feinn―que siempre ha negado
haber sido parte del ERI.
Después de una
entrevista con Adams, Dolours lo convence de reclutarlas a ella y a Marian.
Hasta entonces el ERI usaba a las mujeres como enfermeras, protectoras,
mensajeras, y recolectoras de información, pero no como guerrilleras. Las
Hermanas Price se hacen famosas por su capacidad de disfrazarse y por un
cómico, pero efectivo, asalto a un banco en el que ambas van vestidas de
monjas.
Luego que
participa en el rescate de un camarada, Dolours pierde el miedo a las armas, pero
su promoción no la complace. Debe “escoltar” a gente que está condenada a ser
ejecutada. Como Caronte, Dolours los lleva en su barca (en este caso un
automóvil) al sitio de ejecución. A veces tendrá que hacerlo con amigos o se verá
involucrada en el secuestro de algún Tout como fue el caso de Jean McConville.
Aunque no la vemos cometer crímenes de sangre, Dolours se siente culpable. “íNo
estoy en esto para matar católicos!” le dice a su hermana que sigue
secundándola en todo.
Entretanto, ha
llegado a Belfast un nuevo comandante, Frank Kitson (Rory Kinnear) que trae experiencia
de combatir a los Mau Mau de Kenia. Esa experiencia consigue hacer mella en la
sociedad clandestina del ERI, tanto en sus miembros como en la población que
los asiste. A Dolours se le ocurre una idea un poco loca, trasladar las
operaciones a Londres, darles a los ingleses donde más les duela.
A Adams le gusta
la idea y pone a las Hermanas Price a cargo de la operación. El error consiste
en proporcionarles un equipo de chicos casi adolescentes y sin entrenamiento,
entre ellos una joven asustadiza y llena de escrúpulos. Aun así Las Price
consiguen sobrellevar todos los obstáculos y situar bombas en sitios como Scotland
Yard y el tribunal de Old Bailey. El error es dar aviso a la policía, para
evacuar los edificios, con mucho adelanto.
La policía tiene tiempo
de desmontar varias bombas, solo dos estallan y el grupo de terroristas novatos
es arrestado en el aeropuerto. Me detengo ahí. Esto ocurre en el quinto
episodio, pero hay mucho que no he contado y los siguientes cinco están llenos
de sorpresas y vivencias trágicas y no tanto de Las Hermanas Price.
Familia,
Religión y el Espíritu Celta
Aunque se han
hecho filmes sobre estos “Troubles” de Irlanda del Norte, ninguno cubre con
tato detalle la estructura, acciones y experiencia del ERI y de sus miembros.
En esta serie quedan claros los vínculos que han mantenido unidas estas
organizaciones o “hermandades”. El ERI es una gran familia, pero el sentido de
familia que siempre ha marcado al irlandés, sea en su terruño o en la diáspora,
también es evidente.
Gerry Adams
arriesga su pellejo, y es arrestado, cuando visita a su esposa ( Megan Cusack de
Call the Midwife). El mayor sufrimiento de sus víctimas, los McConville
es perder a su madre y ser separados . Donde más patente es el sentido de clan
es con Las Price. Ellas vienen de una familia que por cien años ha luchado por
la libertad de Irlanda. Son una familia unida por ese vínculo, aunque cada
miembro lo viva de manera diferente, como la madre que no deseaba que sus hijas siguiesen
el camino de su hermana horriblemente mutilada por una bomba.
Sin embargo,
cuando Dolours y Marian son arrestadas, y aun sufriendo de cáncer, la madre
lucha como leona yendo a los medios a exigir que sus hijas sean llevadas a una
prisión de mujeres y en Irlanda (“donde han estado todas las mujeres de nuestra
familia”). Con ese sentido de tradición se entiende lo unidas que son las
Price. La Tía Bidie le inculca a Dolours desde pequeña que siempre debe tratar
bien a su hermanita “porque nunca sabes cuando la vas a necesitar”. Y a través
de la serie vemos a Las Price apoyarse mutuamente, aun en los peores momentos.
Las Price son arrestadas
Curioso es que
otros elementos que solemos asociar con la lucha de los irlandeses por su
libertad no están tan presentes. Solo vemos dos circunstancias en que se habla
el gaélico. Durante el asalto al banco, Dolours nota que la cajera oculta unos
billetes. La chica le explica en gaélico que son billetes marcados que pondrían
a la asaltante en peligro. En el quinto episodio, Marian sintiéndose al borde
de la muerte debido a una huelga de hambre, reza el rosario “in the Irish”.
He leído que los
Price no eran muy religiosos y, en general, el catolicismo no forma parte de
esta historia. Al parecer esta ola de terrorismo se basó más en nacionalismo
que en su fe, pero hay detalles de que la iglesia sigue siendo parte de su
ethos. Vemos que las ejecuciones de los touts son acompañadas de un
sacerdote que les da la extremaunción. Vemos a Dolours, antes del bombardeo de Londres,
diciendo un “ Salve Regina” en la ducha, y cuando Marian es interrogada por la policía
londinense se pone su crucecita en la boca como sacralizando su silencio.
Dolours reza antes de ir a lanzar bombas
Los irlandeses,
que han contribuido tanto a las letras
británicas como a su teatro y cine, son histriones natos, pero este ensemble es
magnífico. Yo no conocía ni a Lola Petticrew
y ni a Hazel Doupe, pero su
interpretación de Las Price es “priceless” , no me imagino a las verdaderas
sino con sus rostros. Anthony Boyle me venció y convenció. En esta, su tercera
actuación este año después deMasters of the Air, Manhunt y Shardlake, ha demostrado tremenda versatilidad.Su retrato de
“Dark” Donovan combina humor, un sex appeal pedestre, y mucha humanidad.
Hasta
Rory Kinnear (Penny Dreadful, Ridley Road), como siempre, esta excelente en su rol de Sir Frank
Kitson que se revela no como un sádico fanático sino un hombre competente y
sensato. Por algo eventualmente se convirtió en el comandante de las fuerzas terrestres
del Reino Unido y luego, ayudante de campo de Su Majestad Isabel II. (NOTA: Me acabo
de enterar que Sir Frank tenía mamá judía y sefardita lo que puede explicar su
creatividad pragmática y sagacidad).
Digna de
mencionar la maravillosa dirección de Michael Lennox (Derry Girls) en
incluso en dos capítulos más emotivos de Mary Nighy, a la que siempre recordarė como
la Princesa de Lamballe de María Antonieta de Coppola. Para el final he
dejado a Joshua Zetumer, el creador y escritor de No digas nada.
Extraordinario trabajo de alguien que no es ni católico ni irlandés (es judío)
y que demuestra el puntilloso trabajo de investigación que Josh hizo para recrear este mundo donde la
violencia se comía con el desayuno.
No es una
Apología del Terrorismo
A pesar de lo
cautivante de la historia y de los personajes, los críticos temen que Say Nothing
pueda acabar siendo un elogió al terrorismo. “¿Sabe Disney lo horribles
que eran estas personas (los miembros del ERI)?” pregunta Camilla Long en el Times británico.
En general, la
perspectiva es crítica para ambos bandos. El enfocarse en Las Price podría
glamurizar el terrorismo, pero Zetumer ha incluido en su argumento periódicas
interrupciones a las vidas de las protagonistas con lo que ocurre con la
familia de Jean McConville dejó atrás. Si la serie inicia con el secuestro de
la madre de familia, también hay
flashbacks a los actos que la convirtieron en sospechosa para el ERI.
Primero, se niega
a ocultar armas pertenecientes a los terroristas, no por razones ideológicas
sino para no poner en peligro a su familia. Con esa negativa se distancia de
sus vecinos. Luego socorre a un soldado ingles herido. Tras el secuestro y ejecución de la señora McConvilel,
el ERI hizo circular el rumor (nunca probado) de que ella era una Tout.
Angustiosas son
las escenas de Los McConville después de la desaparición de su madre, como
intentan buscar ayuda en su comunidad que los rechaza por ser hijos de una
delatora. Llegan los trabajadores sociales que separan a los hermanitos y los
envían a orfanatos. Sabemos que esos sitios,en Irlanda, eran antros de horror. Uno de los chicos McConville
declararía años más tarde que fue sistemáticamente abusado física y sexualmente
en el orfanato.
Helen, la hija
mayor, al llegar a edad adulta, inició
una investigación que es el centro del libro de Patrick Radden Keefe. Tenemos
amplia cobertura de las desventuras de Helen (Laura Donnelly de Outlander
yThe Nevers)en la serie y que junto con el
encarcelamiento de Las Price sirve para ilustrar los daños colaterales del
terrorismo que ya no es una causa justa cuando afecta a inocentes y a los
mismos terroristas.
Helen McConville, una vida buscando a su madre
Esta serie me ha
encantado porque muestra el lado humano del ERI a la vez que señala la intransigencia
británica que nunca ha sabido manejar el problema irlandés. Sin embargo, hoy en
día en que el terrorismo sigue causando miedo y dolor en todo el mundo, es
bueno observar como este tipo de violencia daña a inocentes y como no se debe
idealizar una causa que, más que luchar por la libertad, acaba criminalizando a
sus miembros.
La crítica se ha
enamorado de la serie,hasta en Espinoff se la ha alabado. Tiene altos ratings de
audiencias (en los 90s) en Rotten Tomatoes e IMDB. La incógnita es porque se la
ha despreciado en las nominaciones a premios televisivos. ¿Será porque el
wokismo imperante en los medios idolatra el terrorismo y esta serie muestra un
rostro poco heroico y muy destructivo de esa lacra?
Lo certifica,
como siempre, la crítica de un reino del woke como lo es Salon, donde una MelanieMcFarland, un poco desviada de la
realidad,identifica a Say Nothing
como una antítesis de odas al imperialismo tales como Bridgerton y The Crown. Acaba con un mega WTF? al
preguntarse si los estadounidenses tendrán el valor de ver esta serie después
de haber re-elegido a Donald Trump. ¿Qué tendrá que ver Trump con los Troubles de
Belfast?
Contenido violento
y Gory: Tenemos tantas y
tan tristes imágenes de violencia, desde las pobres Price apaleadas por fuerzas
que no respetan su pacifismo hasta la imagen de un hombre que agita un muñón
donde antes hubo un brazo cercenado durante los bombardeos de Londres. Sin
embargo, lo más sobrecogedor para mi es el episodio en el que Las Price inician
una huelga de hambre y son alimentadas a la fuerza. Las huelgas de hambre han
sido utilizadas como un arma por los revolucionarios irlandeses a través del siglo
XX y muchos mártires de su causa murieron de inanición, pero Las Price fueron
las primeras irlandesas en negarse a comer.
Ya se había usado esta tortura contra las sufragistas
Mas allá de mi
repudio por el terrorismo y por los actos del ERI, el forzar a una persona a
comer utilizando la fuerza y la violencia es tortura. En 1975, el Convenio de
Tokio la declaró como tal. El equipo médico que por semanas forzó tubos dentro
del aparato gástrico de las prisioneras, finalmente se negó a seguir con una práctica
que iba en contra de su ética profesional. Vale recordar que Las Price eran
jovencitas, Marian solo tenía 19 años. No estaban exigiendo nada imposible de
conceder. Únicamente que las sacasen de una prisión de hombres en suelo inglés
para llevarlas a una cárcel de mujeres en Irlanda, un derecho que se le concede
a cualquier criminal.
Dolours rechaza todo alimento
Habían alcanzado
a ayunar tres semanas cuando las sometieron a la alimentación forzada por 165 días,
Aun después que los médicos se negaron a seguir con el proceso, continuaron su
ayuno por casi tres semanas más, antes
de ser trasladada a Belfast. La ordalía no solo las volvió mártires, pero les
dejó secuelas físicas y emocionales que las marcarían de por vida. Fueron esas secuelas
las que consiguieron, después de siete años de encarcelamiento, que Las Price
fueran puestas en libertad en 1980.
Dolours y Marian cercanas a la muerte debido a su ayuno.
Ambas sufrían de
anorexia nerviosa, lesiones bucales e intestinales más supresión de sus reglas.
Fue un milagro que pudiesen tener hijos más tarde. Dolours se casó con el actor
Stephen Rea que se hizo famoso como el guerrillero del ERI afligido por remordimientos
en la galardonada The Crying Game.
Además, Dolours
sufrió de problemas psicológicos, depresión constante, y remordimientos. La
rabia que sentía por el curso que habían tomado los arreglos entre el ERI y los
ingleses la empujaron al alcoholismo. Acabó su vida con una sobredosis de
medicamentos, todos recetados por los médicos. ¿Suicidio o muerte accidental?
Nunca se sabrá.
NOTA: Lo que he contado no califica como Spoiler. Es
lo que se puede encontrar en la biografía de Dolours Price en la Wikipedia. La
serie incluye datos que no están ahí, algunos cambios basados en
interpretaciones del equipo y del libro, entre ellas, la mayor sorpresa de la
serie y que está relacionada con el asesinato de Jean McConville.
Contenido
Sexual y Desnudos: Un
mínimo. A Gerry Adams lo arrestan cuando está en cama con su esposa, y le vemos
las nalgas. Lola Petticrew protagoniza una sola escena desnuda, y es necesaria,
cuando Dolours se niega a ponerse el uniforme de presidiaria argumentando que
es una presa política.
Factor
Feminista. Es innegable
que la serie es un homenaje a la fortaleza de la mujer irlandesa, sea la que se
involucra en la lucha armada (aunque no comparte todos sus métodos) como Las Price
hasta la que quiere resguardar, en vano,
a su familia de este clima de violencia como Jean McConville. Existe en todas
estas mujeres un sentido de deber, una obligación matriarcal que impresiona.
Tal como impresiona la valentía, la determinación y el patriotismo de Dolours y
Marian. Solo que nos gustaría que hubiesen utilizado esas admirables virtudes
para un esfuerzo más constructivo que andar matando gente.
Factor
Diversidad:El mundo de los primeros episodios de No
digas nada está dividido entre irlandeses e ingleses blancos. Se pone más
diverso al trasladarse a Londres con un policía negro y el Dr. Mansir, de
origen árabe, a cargo de la alimentación forzada de Las Price.
Para mi
cumpleaños recibí Epic Television Miniseries de John De Vito y Frank
Tropea. Como los historiadores de la televisión se han ocupado poco de este
género, esperaba más del libro. Pero su manera de dividir, incluir y excluir
material, además de la simplificación de sus tesis, me han desilusionado hasta
el punto de intentar humildemente explicar el fenómeno de la miniserie épica y
como tuvo su Edad Gloriosa a fines del Siglo XX.
Nacimiento de
la Miniserie Epica
La definición de
miniserie es simplísima. Es una narrativa que necesita de varios capítulos para
llegar a una conclusión.Es lo que hoy
llamamos “serie limitada”, lo opuesto a una serie “continuada” que puede
abarcar varias temporadas. GOT era serie continuada, “Catalina, la Grande” es
serie limitada. A pesar de compartir el mismo nombre, las dos temporadas de “The
Terror” son series limitadas.
Un distingo de
las miniseries estadounidenses del siglo pasado es que se ofrecían los
capítulos de manera continuada, en tandas de tres a siete noches. Todavía
recuerdo los anuncios: “Tonight! The (astounding, exciting, rousing,
thrilling… adjetivos no escaseaban) conclusión of…! “
Esa es una de las
primeras diferencias con las “series limitadas” del Masterpiece Theater,
que como las modernas, eran un episodio semanal. Esa es la primera diferencia
con “Brideshead Revisited”, la
extraordinaria adaptación de Granada del clásico de Evelyn Waugh del que ya
hablé cuando mencioné la ficción conectada con las casas de campo inglesas.
Es tan notoria la
obsesión de los autores de este libro con “Brideshead” que la han puesto en la
cubierta y que se esmeran en incluirla en un examen del género. No reparan que esta
serie no es parte de la miniserie craze estadounidense. “Brideshead
Revisited” pertenece a una tradición británica y es el resultado esperado de la
evolución de las series limitadas de la BBC. Es un puente entre las
adaptaciones literarias del “Masterpiece Theater” y “Downton Abbey”.
En realidad, “Brideshead”
es parte de la tradición televisiva continental. Antes de yo conocer el “Masterpiece
Theater”, ya a fines de los 60/comienzos de los 70 haba visto una adaptación de
la RAI de David Copperfield, una versión francesa de El Caballero de
la Casa Roja de Dumas, y todas las dramatizaciones de obras literarias de
la RTV que les mencioné en otro post.
Magnifica, y
quizás superior a sus congéneres estadounidenses, “Brideshead Revisited” sigue
el esquema del “Masterpiece Theater” (a pesar de que en Inglaterra debutó en
ITV y en Estados Unidos la ofreció “Great Performances”).Es un continuado semanal. No tiene esa
proximidad de anticipación de la vieja miniserie épica.
Los otros
intentos de De Vito y Portes de vincular un género totalmente estadounidense
con la tradición europea son menos excusables.” Imágenes de un matrimonio” de
Ingmar Bergman no es ni siquiera épica y “Berlín Alexanderplatz”, con su
crudeza y escenas sórdidas de sexo (que a Mi Pa escandalizaron en su día), más
se asemeja a la soberbia “Babylon Berlin” que a productos del otro lado del Atlántico.
El libro tiene
ciertos aciertos. Reconoce que el núcleo principal de la televisión
estadounidense de fines de los 70 hasta comienzos de los 90 fueron las
miniseries. Reconoce que las miniseries nacen como competencia con el producto
británico y define como la primera miniserie Bona Fide a “QBVII” en
1974. Sin embargo, deja como ambiguo el final del reinado de la miniserie. Por ejemplo,
dice que no puede hablar de “Band of Brothers” porque trasciende los parámetros
que el libro ha establecido. No sé qué parámetros serán eso. Aparte de que no
se ofreció de manera continuada, “BOB” es para mí la última gran miniserie épica.
Una que bien pudo hacerse (tal vez sin los efectos especiales) en los 80 y
hubiese tenido igual relevancia y buen recibimiento.
Me imaginé que el
libro se referiría a parámetros cronológicos, pero luego habla de “Angels in America”
hecha dos años después que BOB y que ciertamente no es una miniserie épica solo
una fastuosa y profunda serie limitada del siglo XXI. La miniserie épica
corresponde a una mentalidad del último tercio del siglo XX, de un mundo menos
global, totalmente desprovisto de los adelantos tecnológicos a los que estamos acostumbrados.
Literatura y
los Bestsellers
La miniserie épica,
como su nombre indica, debe ocurrir en un mundo épico, o sea el pasado. Esa es
la primera característica en común del género. La segunda es que casi todas las
miniseries épicas fueron adaptaciones de libros. Eso creo es importante
recordar en vista de que vivimos una era de guiones pobres que solo se salvan
si se apoyan en algún solido modelo original literario.De hecho, las miniseries épicas más débiles
fueron las que no tuvieron conexiones literarias como fueron el caso de “The
Manions of America” o “Marco Polo” (1982).
A diferencia del
“Masterpiece Theater” británico que solo trabajaba con clásicos de la
literatura universal, la miniserie estadounidense era más amplia de criterio.
Tuvimos adaptaciones de clásicos universales como Los últimos días de
Pompeya de Bulwer Lytton, clásicos del Siglo XX como Al este del Eden y
The Sun Also Rises, pero también de bestsellers del momento como el
Shogun de James Clavell y, por supuesto, las Raíces de Alex Haley.
Hubo autores como
Anton Myrer y John Jakes que adquirirían fama gracias a las teleseries. Harold
Robbins encontró más respeto en la televisión que en el cine para su pulp
fiction. En sus comienzos las miniseries se basaron en obras de reconocidos
creadores de superventas como Leon Uris (QBVII); Irwin Shaw (Hombre
Rico, Hombre Pobre; James Michener (Centennial); y en los 80 llegaría
Herman Wouk con su épica de la Segunda Guerra Mundial The Winds of War
and War and Remembrance.
Aunque también
están basadas en superventas, desligo de la categoría de épicas a esas
innumerables adaptaciones de las novelas de suspenso de Sídney Sheldon, los
dramas sentimentales de Judith Kranz y las sagas hollywoodenses de Jackie
Collins. En cambio, sí califica como épica la adaptación de Lace de
Shirley Conran. Será su contenido, sus deslumbrantes y tenebrosos espacio
geográficos, o sus monumentales personajes, pero épica es esa idea en que una
estrella de cine— exactriz porno—reúna a tres mujeres en una
suite de hotel para espetarles la épica pregunta: “¿Cuál de ustedes, perras, es
mi madre?”
Sobre todo,
porque los espectadores, al igual que la protagonista, no sabemos quién es la
madre de Lily (Phoebe Cates) sino hasta los últimos minutos del episodio final.
Son las conjeturas las que le añaden otro elemento épico a una historia que nos
remonta al pasado, a un prestigioso internado suizo a fines de los 50 donde
tres jovencitas (no cuatro como en la novela) sueñan con el amor, descubren el
sexo y una de ellas se enfrenta con un embarazo no deseado.
De ahí viene un
vertiginoso viaje hasta el presente a través del cual—en Francia, Inglaterra y
Estados Unidos—las colegialas madurarán y encontrarán éxito y
felicidad. No así Lily quien enfrentará orfandad, miseria, abuso, hasta caer en
el degradante mundo de la pornografía del que surgirá como una estrella dee
cine “serio”, pero llena de rencores y preguntas.
Roots y el Lado
Oscuro de Ser Minoría
Volviendo al
libro, De Vito y Aspen hacen unas divisiones increíbles, por ejemplo, dividen
las miniseries épicas en personajes. Hablan de la predominación de duplas “esposa-amante”
en las miniseries. Aparte de que tal predominio no existió, por excelente que
fuese el género, las miniseries épicas del Siglo XX no se caracterizaron por
enfocarse en mujeres, ni siquiera en “los protagonistas aventureros”, otra
calificación ingenua del libro.
El primer
personaje que los autores destacan es “el esclavo” porque obviamente deciden
que el auge de la miniserie épica nace del fenómeno “Roots”. Pero no saben cómo
aplicar este personaje a otras miniseries y acaban empalmándolo de mala manera
con los protagonistas de “Holocausto”. Curioso porque el gran vínculo entre “Roots”
y “Holocausto” no es la esclavitud sino el elogio a la etnicidad.
La Campaña de Derechos
Civiles iniciada a fines de los 50 había cambiado el modo en que la sociedad
estadounidense percibía a los descendientes de esclavos. La televisión a paso
de caracol los integraba a sus series y ya no en roles de sirvientes. Al mismo
tiempo surgía un “poder negro” fuera de las pantallas que coloreaba la expresión
de figuras mediáticas afroamericanas. Puños en altos por parte de deportistas, críticas
al whitewashing de “Julia” y un lenguaje más agresivo que el del difunto
Dr. Martin Luther King revisaban la historia y experiencia del afroamericano a
la par de exigir justicia, reparación y un lugar en la sociedad blanca.
“Roots” es el
cierre de ese capítulo. Fue publicada el
año en que Jimmy Carter llegó a la Casa Blanca con promesas de cambios en la
sociedad estadounidense los que incluían mayores beneficios para su población
africana. El libro, que por un año fue un superventas, en 1977 se convertía en
una miniserie de ocho horas. Premios, aplausos, honores se apilaron sobre este
fuerte retrato histórico de la violencia cometida contra los africanos.
En el siglo
XVIII, Kunta Kinte (LeVar Barton) un joven mandingo es secuestrado por
traficantes de esclavos. Tras un viaje espeluznante es vendido como esclavo en Las
Carolinas; cuando intenta huir le cortan un pie; su hija Kizzy (Leslie Uggams) es
violada y embarazada por su amo; Tom (George Stanford Brown), nieto de Kizzy,
enfrenta discriminación y violencia aun después de la Guerra de Secesión.
A pesar de lo innegablemente
estupenda que es “Roots” había mucha amargura en este cuento de abusos y
brutalidad. Sin llegar a los excesos de la reprensible adaptación del 2016,
donde todos los personajes blancos “buenos” o fueron eliminados o convertidos
en villanos, “Roots” incomodó a mucha gente que sin ser racista no quería
sentirse como verdugo de todo un pueblo.
Debido a eso, todos
recibimos con cariño la llegada de “Roots: The New Generation” que debutó el
verano de 1979. No es que esta continuación (estaba basada en los 7 capítulos
finales del libro) no fuese cruda en mostrar la violencia del blanco.
Por el
contrario, vemos que Tom es humillado por los racistas y se ve impedido de
ejercer el voto. Su yerno Will Palmer (Stan Shaw) tiene un amigo que a fines
del Siglo XIX es brutalmente linchado. Simon Haley (Dorian Harewood) yerno de
Will es testigo de discriminación en contra de las tropas negras durante la
Gran Guerra (incluyendo ejecuciones) y su hijo Alex (James Earl Jones) debe en
los 60 entrevistar al líder del Ku Klux Klan, George Lincoln Rockwell (Marlon
Brando).
James Earl Jones como Alex Haley y Marlon Brando como George Lincoln Rockwell
La diferencia es
que a la par de monstruos, hay maravillosos personajes caucásicos. La serie
expande el concepto del racismo. Vemos racismo en reversa (Tom impide a su hija
casarse con un joven de raza mixta), hasta vemos un humilde almacenero judío,
amigo de los Palmer, al que el Klan quema su tienda. A diferencia de “Roots” el
mensaje de denuncia va acompañado de un retrato de la evolución del afroamericano
en la sociedad estadounidense y su contribución a esta.
Will Palmer, a
pesar de vivir en el racista Sur, establece una prospera barraca; su hija
Bertha (Irene Cara) va a la universidad y se casa con un agrónomo, Simon Haley.
Tanto Simon como su hijo Alex sirven honrosamente en las fuerzas armadas
durante las Guerras Mundiales. Alex se convierte en prestigioso periodista y
autor exitoso. La serie acaba en un conmovedor y optimista mensaje: Alex va la
aldea del rio Gambia de donde era originario Kunta Kinte y se encuentra con sus
parientes africanos.
Ese mensaje
universal ilustraría la corriente que adoptaría la miniserie épica estadunidense:
un honrar al inmigrante (incluso al traído a la fuerza), a su herencia étnica y
a su contribución al crisol de razas que era Estados Unidos. Aunque ahora mucho
se desprecia el concepto del Melting Pot, en ese entonces era parte de
nuestro credo y nos lo era inculcado por las miniseries épicas.
La televisión de
ese entonces se pobló de sitcoms que describían la experiencia de
afroamericanos de todos los estratos sociales. A cambio no se volverían a hacer
miniseries sobre historia africana o esclavitud sino hasta la tristísima “Queen”
(1993) que continuaba la saga de Alex Haley, Ahora sobre la familia de su
padre, principalmente de su abuela Queen Jackson Haley encarnada
formidablemente por Halle Barry.
A pesar de que
Queen nace esclava, hija del “señorito” blanco y aunque es liberada por la
Guerra de Secesión, sufrirá mucho a manos de blancos prejuiciosos incluyendo su
madrastra (Ann Margret) y hasta del Ku Klux Klan que lincha al padre de su hijo.
Sin embargo, la historia mantiene ese lenguaje que apela a gente al margen del
mundo afroamericano. “Queen” es la historia universal de una mujer de raza
mixta que intenta pasar por blanca, pero al final acepta su color y solo busca
que sus hijos tengan una vida mejor.
Como mujer
abusada, violada, abandonada, como madre soltera y como paciente de una
institución mental, Queen es un personaje con el que pueden identificarse
mujeres de todas las razas. Además, la serie si tiene personajes blancos
buenos: Jane, hermanastra de Queen; el bondadoso Mr. Cherry patrón de la
protagonista y el psiquiatra que le da el permiso de salir del manicomio para
asistir a la graduación de su hijo.
El gánster:
los Italoamericanos en Miniseries Epicas
Sin llegar a la
brutalidad que realmente vivieron los afroamericanos en los Estados unidos,
otras miniseries buscarían describir la experiencia y la discriminación sufrida
por otros grupos de inmigrantes, principalmente los que hoy se aglomeran bajo
el rubro de “blancos”. No fue la televisión la primera en esbozar lo que más
tarde se conocería como multiculturalismo.
Primero vino el
filme sueco “Los Emigrantes”” con Max von Sydow y Liv Ullmann. Ganadora de un
Oscar, esta sería la inspiración para “The New Land” una miniserie del 1974,
ambas relatarían las vivencias de emigrantes escandinavos al Medio Oeste de los
Estados Unidos.
En 1972, el mundo
entero gracias a Francis Ford Coppola conocería la experiencia de la inmigración
italiana (y subsecuente invención del crimen organizado) en los Estados Unidos.
Es triste que la vida italoamericana fuese reducida, incluso en miniseries, a
una humanización de los gánsteres. Siguiendo el modelo de “El Padrino”, nacía
en 1980 “The Gangster Chronicles” con hampones guapísimos y románticos y toda
una glorificación y glamurizacion del bajo mundo y sus muchas raíces étnicas
que culminarían en este siglo en soberbias series como “Los Sopranos” y “El imperio
del contrabando.”
Las únicas
excepciones en lo que respecta a la semblanza de la peregrinación italoamericana
fueron “The Fortunate Pilgrim” también basada en una novela de Mario Puzo y que
en 1988 marcaria el debut de la diva Sofia Loren en la televisión americana.
Otro (y tristemente olvidado) ejemplo fue la adaptación de The Inmigrants
(1977) la primera parte de la trilogía de Howard Fast sobre la Familia Lavetta.
Stephen Macht es Dan Lavetta un inmigrante italiano que pierde a su familia en
el Terremoto de San Francisco. Ayudado por un grupo de personajes étnicos,
Lavetta hace fortuna, se casa con una chica de sociedad, pero solo alcanza la felicidad
con Mei Ling (Amy Eccles), la hija de su socio chino.
Mas allá del
Holocausto
En los relatos gansteriles
también pudimos divisar la experiencia de otras etnias tal como los judíos y
los irlandeses. Pero los primeros tomarían por asalto la televisión con
miniseries épicas sobre el Holocausto, un género que apenas levantaba cabeza en
el cine, pero que animado por el éxito de determinadas miniseries daría lo
mejor de sí en los 80 para luego caer en tristes clichés.
Ya he hablado en otro sitio sobre “Holocausto” de Gerald Green y su
participación en el auge del género, pero no hay que olvidar que la miniserie épica
comenzó con una adaptación de una novela de Leon Uris sobre el Holocausto, QBVII.
Aunque solo se hicieron tres miniseries épicas
sobre el tema “QBVII”, “Holocaust” y “War and Remembrance”, se hicieron varios
filmes (algunos en dos partes) sobre el tema.
En retrospectiva,
me sorprende o incomoda que, a diferencia con los afroamericanos, la
experiencia judeo-americana quedase relegada a víctimas del nazismo y a gánsteres.
Por suerte hubo un par de miniseries que solucionarían el problema.
Steven Keats en
1975 había protagonizado la soberbia “Hester Street”, un retrato de un
matrimonio de inmigrantes judío en la Nueva York de principios del siglo XX donde
la adaptación del marido a un nuevo mundo se basa en la asimilación, mientras
la esposa (Carol Kane) se aferra a sus tradiciones religiosas y culturales.
Siempre dentro del tema, Keats protagonizó en 1977 “Seventh Avenue”.
Basada en un
superventas de Norman Bogner, la serie describe el acenso del humilde Jay Black
(Keats), un judío de Brooklyn, en el mundo de la confección de ropa (lo que se
conocía como “La industria de la aguja”) de Nueva York durante la Depresión. A
través de seis horas vemos a Jay hacerse millonario, luchar contra el bajo
mundo que quiere dominar su negocio, y decidir qué mujer le conviene la esposa
con la que se casó obligado (Dori Brenner) o la diseñadora a la que ama (Jane
Seymour).
Casi una década
tuvo que pasar antes de que se volviese a retratar en pantalla la experiencia
de los inmigrantes judíos. Evergreen el superventas de Belva Plain llegó
a la televisión en 1985, obtuvo altos ratings y un Emmy gracias a las poderosas
actuaciones de Lesley Anne Warren, Amand Assante e Ian McShane.
En los 1900, Anna, una chica judía, llega a
Nueva York sin dinero ni familia. acaba de criada en casa de los adinerados y
muy judíos Lerner, y se enamora del “señorito” Paul (McShane). Pero Anna
termina casada con Joseph Friedman (Assante), un judío ortodoxo que cree en el
“sueño americano”.
Pasan los años, los Friedman son ricos pero infelices
debido a la inflexibilidad de Joseph. Su hijo se casa con una cristiana y se
aleja de la familia. Joseph aliviado ve que Iris, su hija menor, se casa con un
doctor vienes, sobreviviente del Holocausto. Lo que Joseph ignora es que Iris
es, en realidad, hija de Paul.
Como no es muy
fácil ver esta miniserie les cuento el final. Eric, el nieto de Joseph, si está
interesado en ser judío, tanto que muere en la primera guerra árabe-israelí (o
como nosotros la llamamos La Guerra de Independencia de Israel). Joseph tiene
un infarto fatal. El mismo día en que Anna recibe la visita de la esposa de Eric
que viene a presentarle a su bisnieta, también recibe una visita de Paul Lerner
que nunca ha dejado de amarla. La miniserie termina como en Amor en Tiempos
de Colera con dos viejitos que deciden darse una nueva oportunidad.
De los Armagh
a los Kennedy
El Holocausto y
el cine de gánsteres, para bien o para mal, han convertido a judíos e italoamericanos
en personajes reconocibles. No ha ocurrido lo mismo con los irlandeses cuya
inmensa contribución a la historia y cultura estadounidense, al igual que la
discriminación sufrida por parte de la población WASP (White Anglo-Saxon Protestant)
han sido opacadas por las vivencias de otros grupos étnicos.
A pesar de que le
tocaría a Hollywood retratar los más brutales ejemplos de discriminación en
contra de los irlandeses, me refiero al Batallón de San Patricio y a los Molly
Maguires, la miniserie épica no olvidaría a los hijos de Erin. En 1977 debutaba
en las pantallas de NBC la adaptación del superventas de Taylor Cadwell Capitanes
y Reyes.
Richard Jordan
ganó un Globo de Oro por su interpretación de Joseph Armagh un huerfanito que
llega a Filadelfia en 1848 huyendo de la hambruna en Irlanda. Armagh logra hacer
fortuna y a medida que asciende en la escala social, va perdiendo moral y
adquiriendo ambición. Traiciona a su verdadero amor para casarse con Bernadette
(un merecidísimo Emmy para Patty Duke), la hija de un senador a la que le hace cuatro
hijos a la vez que con su desamor empuja al alcoholismo y a la locura.
Patty Duke como Bernadette Armagh
La gran ambición
de Armagh es convertir a su hijo Rory (Perry King) en el primer presidente
católico de USA. Para eso lo obliga a divorciarse de Marjorie (Jane Seymour en
su primera incursión en la miniserie épica de la cual sería reina) considerándola
poca cosa. Sin embargo, antes de llegar a la Casa Blanca, Rory muere en un
atentado que copia hasta el último detalle del asesinato de Robert Kennedy.
Bueno para todo lector y televidente “Capitanes y Reyes” era un roman a clef
sobre los Kennedy.
Antes de hablar
de esta familia tan importante en la historia estadounidense, debemos saltarnos
13 años después del debut de “Captains and the Kings” cuando la ABC decidió hacer
algo parecido como marco para hacer conocer al público americano a un tal Pierce
Brosnan. El galán irlandés interpretaba a Rory O’Manion, huérfano, cargado con
dos hermanitos que llega a Estados Unidos huyendo no solo de la mala cosecha de
la papa sino también de la justicia británica. En Irlanda además de matar a un
hombre Rory tuvo sus revolcones con la aristocrática inglesa Rachel Clement
(Kate Mulgrew). Rachel lo sigue a Boston, consigue que su tío le dé un empleo y
se casa con él.
Pasan los años,
Rory es millonario, pero su vida familiar es un infierno. Rachel no puede tener
hijos, un embarazo pondría en riesgo su vida. Rory se hace amante de una jovencita,
Rachel lo descubre, y acaban teniendo sexo violento (a ratos parecía viloacion).
Rachel queda embarazada y muere al dar a luz.De solo acordarme de tamaña bazofia, me dan arcadas. Basta decir que (¡oh
anatema!) encontré a Pierce feo y no necesité que en una entrevista Kate dijera
que nunca hubo química entre ella y el irlandés.
¿Pero quién
necesitaba irlandeses ficticios para miniseries épicas cuando Estados Unidos
gozaba de una aristocracia celta apellidada Kennedy? Fueron Los Kennedys los protagonistas de media
docena de telefilmes y miniseries totalmente épicos. Comenzamos en 1974 con
William Devane y Martin Sheen como Los Hermanos Kennedy en “Los misiles de
octubre”, seguido en 1977 por “Johnnie We Hardly Knew Ye”. Ese mismo año Peter Strauss protagonizaba el
telefilme “Young Joe: The Forgotten Kennedy”.
En 1981 tuvimos a
Jackie Smith interpretando a otra Jackie en “Jacqueline Bouvier Kennedy” con
James Franciscus como su primer marido. En 1983 Martin Sheen protagonizaba la
miniserie “Kennedy” con una estupenda Blair Brown como Jackie En 1985, Brad
Davis daba vida a “Robert Kennedy y su época” otra miniserie sobre estos
fascinantes irlandeses.
La miniserie épica
de los 90 tampoco abandonó a los Kennedy. En 1990 tuvimos “Los Kennedy de Masaachusets”
que no solo abarcó las aventuras de los famosos hermanos y sus esposas, también
exploró la vida de sus padres y abuelos y el modo en que los irlandeses habían
sobrevivido la discriminación y el racismo del mundo de la política. Un
año mas tarde, Sarah Michelle Gellar y Roma Downey interpretaron a Mrs. John
Kennedy en “A Woman Called Jackie”, con Stephen Collins como Jack Kennedy.
Joseph y Rose Kennedy
En 1993, Patrick
Dempsey fue un JFK adorable en “JFK: Reckless Youth” que describía los años
mozos del primer presidente católico de Estados Unidos. El ciclo de las
miniseries épicas sobre los Kennedy acaboó en el 2000 con otra variación de la vida
de la infatigable y glamorosa Jackie en “Jacqueline Bouvier Kennedy Onassis”.
Esta vez les tocó a Emily van Camp y a Joanne Whalley dar vida la ex primera
dama desde su juventud hasta su segundo matrimonio.
Vale decir que
por francas que fueran estas miniseries, trataron con más respeto a los
Kennedys que los esfuerzos de este siglo donde “The Kennedys”, “Jackie” y hasta
“The Crown “han hecho hincapié en chismes de prensa amarillista antes de mostrar
lo que esta familia representó para la comunidad irlandesa en la diáspora.
Si alguien se
pregunta por qué hoy no hay miniseries, incluso limitadas, sobre el crisol de
razas es porque el revisionismo moderno nos dice que nunca existió una interactuación
armónica entre gente de diferentes culturas en Estados Unidos. De ahí que haya
tantas series que victimizan a gente de color o promueven la segregación
étnica. Únicamente “El Imperio del Contrabando” fue un homenaje al melting
pot norteamericano, aunque fuese nada más que en el mundo del hampa.
En la próxima
entrega veremos la verdadera miniserie épica, la que giró en torno a eventos
históricos. veremos como las biopias del fin del siglo XX decantaron de figuras
históricas para cifrarse en actores y millonarios y también revisaremos
brevemente las carreras de actores que fueron los reyes del género.
¿Viste alguna vez
alguna de estas miniseries étnicas de las que he mencionado? ¿Cuál crees que
merecería un remake? ¿Por qué razón nunca ha habido una miniserie épica o no,
dedicada los latinos en USA?