Mostrando entradas con la etiqueta Catalina de Aragón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Catalina de Aragón. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de noviembre de 2020

Todo lo que Vi en Octubre y no Tuve Tiempo de Reseñar

 


Pasó algo insólito. En octubre, Netflix lanzó una cascada de dramas de época, cual peor que el otro, pero en HBO se mandaron un par de series excelentes y visualmente más intensas que ningún period piece. En la sexta temporada de “Fargo”, Los Hermanos Coen se fueron a la Kansas City de los 50 y no dejaron nada que desear. Tristemente la segunda temporada de “The Spanish Princess” estuvo peor que la primera. Vamos a ver como estuvo esta vendimia otoñal.

Final de Lovecraft Country (HBO)

No se puede hablar de HBO, y de dramas de época de este otoño pandémico, sin mencionar “Lovecraft Country”. Yo ya he habado en público y privado de mi desaliento ante esta adaptación de la novela de Matt Ruff. Ahora me concentraré en el final.



¿Qué se puede decir de una serie donde TODOS los blancos son malos?  ¿Peor aún, donde la policía de Chicago está compuesta por hechiceros?  Al final los negros recobraron su magia y despojaron a los blancos de la suya. Nada mejor podía esperarse cuando un jefe de policía hechiza a una niñita negra, pero no puede entrar en la casa de Leti ya que un hechizo vudú (confeccionado con la sangre de una cabrita sacrificada en el porche) se lo impide.

Matt Ruff, en el fondo,  debe sentirse triste al ver como despedazaron su libro, en el cual no morían ni Tic, ni Christina (que se llamaba Caleb) ni siquiera el tío George, pero como dijeron en The Ringer la historia está mal contada comenzando por cables sueltos que nunca llegan a amarrarse. ¿Por qué los monstruos a los que Christina cuidaba y ayudaba a nacer iban a pasarse al lado de Diana y devorarse a su benefactora? ¿Por qué toda la brutalidad de Montrose como padre fue perdonada una vez que Tic supo lo que había sufrido por ser homosexual?  ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?



Ni hablar de Yahima (hasta nombre tenía) la shemale venezolana que fue asesinada alevosamente por Montrose, sin que nunca supiéramos las razones detrás del crimen.  Cuando,  en  Twitter la productora Misha Green, fue interrogada respecto a la muerte de Yahima, respondió crípticamente que era ün punto digno de explorar, “pero que había fracasado en el modo que escogió hacerlo”.  Da gusto ver lo responsables que son los encargados con sus personajes. Y así se la alaba como si fuera la Capilla Sixtina de las series. En realidad, la pobre Yahima es una señal más de que este mito de que negros y latinos bailamos juntos no es al mismo compas.



The Third Day (HBO)

Muy diferente fue el caso de “The Third Day” que presentó HBO entre septiembre y octubre. Producida por HBO y Sky, se trata de una miniserie de seis episodios que aparenta ser sobrenatural, pero es más horror que terror. El tema principal no es el conflicto entre tradición ni progreso, ni como la religión degenera en luchas de poder, sino como los traumas y miedos pueden destruir familias y comunidades.



Al comienzo pensamos que se trata de una variación de ‘Folk Horror” cuyo mayor exponente es la fabulosa “The Wicker Man” (la versión del 71).  Sam (Jude Law), un hombre agobiado por problemas personales que no ha podido superar el asesinato de su hijo mayor, llega a la isla de Osea acompañando a una jovencita a la que ha salvado de un intento de suicidio.

Osea es un antiguo santuario de los celtas cuyos habitantes siguen conservando tradiciones ancestrales, aprovechando el aislamiento de la comunidad. Aislamiento que se hace más patente cuando el único sendero que comunica la isla con Inglaterra queda cortado por subidas de marea toda la noche y parte del día.

Sam queda atrapado en un mundo lleno de misterios y mentiras, sufre de espeluznantes visiones, pero nos damos cuenta de que no quiere irse de Osea. Se olvida de la familia que abandonó y tiene un affaire con Jess (Katherine Waterston), otra forastera que también ha hallado en la isla un refugio para sus cuitas domésticas. Eventualmente, Sam descubrirá verdades que lo obliguen a permanecer en Osea.



La segunda parte, trae otra visita a la isla. Helen (Naomei Harris), la esposa abandonada por Sam llega a Osea a investigar qué pasó con su marido. No sigo contando porque tienen que verla. Se trata de una historia con muchas capas, que a ratos puede irritar o perturbar, pero que impresiona tanto por sus actuaciones como por su ambientación.





Osea existe, se trata de una isla fluvial localizada en el Rio Blackwater en Essex y su paisaje es personaje importante en la trama. El impacto visual de los primeros capítulos grabados en verano con un sol tibio y una vegetación frondosa contrastan con los últimos episodios en donde la isla parece sumergirse en brumas grises invernales. Ayuda al efecto la competente banda sonora del compositor chileno-canadiense Cristóbal Tapia de Veer.



Respecto a actuaciones, todos sabíamos que Jude Law era más que una cara bonita, pero la voz cantante en términos actorales la llevará en la segunda parte Naomie Harris, que a pesar de su que su personaje no es querible, posee unas fantásticas expresiones faciales que contrarrestan con su hosquedad. Entre los secundarios destacan Paddy Considine y Emily Watson como los dueños de la única posada de la isla que comienzan como raisonneurs, pronto se revelan como cómplices, y acaban siendo víctimas.



The Undoing (HBO)

Aunque aún no ha terminado, recomiendo esta serie estupenda sobre como un crimen obliga a una mujer a enfrentarse al hecho de que todo en su vida es falso y que su esposo es un desconocido. Es argumento parecido al de “Oscuro Deseo” sin ese sexo tan rebuscado, y dotada de un glamur que recuerda a “Gossip Girl” porque transcurre en el mundo del Upper East Side que una década más tarde sigue siendo tan privilegiado y blanco como en la serie de WB.

Nicole Kidman (quien es también una de las productoras) y Hugh Grant son los Doctores Fraser, Grace una psiquiatra experta en terapias de pareja, Jonathan un pediatra/oncólogo. Los Fraser llevan quince años de casados, se adoran en la cama y en todas partes, son exitosos en su trabajo y en la crianza de un único hijo al que tienen en una escuela elite que les cuesta cincuenta mil dólares al año. Son hermosos, simpáticos, un ornamento para su vasto círculo social.



Además de sus labores domésticas y su desgastante práctica médica, Grace toma parte activa en una agrupación de madres y apoderadas. Es a ese ambiente donde entra un elemento foráneo, Elena Alves (Matilde de Angelis), latina, pobre, casada con un afrolatino, y cuyo hijo, Miguel, ha sido aceptado por la escuela Reardon gracias a una beca.

En su primer encuentro con Elena, durante una de sus reuniones de madres, Grace es la única en interesarse en ella y su bebé Teresa. Las demás la ignoran, a lo que Elena reacciona amamantando a su hija en público. Lo que para mí sería un gesto normal, siendo que está en una casa privada y Elena está rodeada de madres, es mal recibido por las demás mujeres.



Para Grace, Elena está enviando un desafiante mensaje de como ella si es una madre de verdad. Según su amiga Silvia, Elena quería apantallarlas con su magnífico busto, fuera para provocar envidia o excitación sexual. Y para mí lo más extraordinario (siendo que he visto mujeres de todas las edades, colores y clases sociales dando pecho en público) es como el esnobismo y clasismo pueden en un segundo borrar todo ese mito de la Hermandad Femenina. ¡Toma MeToo!

Grace y Elena vuelven a encontrarse esta vez en un gimnasio. Nuevamente, Elena usa su cuerpo como arma. Totalmente desnuda, se acerca a Grace y comienza una especie de seducción de la psiquiatra con susurros, toqueteos y arrimos. Yo ya esperaba que le hiciera una lapdacing. Lo chistoso es que todo este comportamientoque con razón hace a la psiquiatra sentirse invadida va acompañado de un dialogo perfectamente normal, el típico intercambio entre madres cuyos hijos van a la misma escuela.



Aunque muchos encontrarán esa escena muy sexy, yo la encontré perturbadora sobre todo porque Elena parece una stalker. ¿Como se explica que una madre de bajos recursos que vive en el Spanish Harlem, sea clienta de un gimnasio del Upper East Side que debe costar un ojo de la cara?

El tercer encuentro es en una gala para recaudar fondos para la escuela. Aunque Grace va más escotada que Elena, es esta ultima la que atrae la indeseada atención de una jauría de invitados. Esto no alegra a la Alves ya que Grace la encontrara llorando en el baño.  Mas tarde, en el elevador, Elena besa a Grace en la boca tras agradecerle su interés por ella.

Todo esto pasa a segundo término cuando el pequeño Miguel encuentra el cadáver de su madre en su estudio. El brutal asesinato de Elena sacude a la comunidad de madres. Entran los policías al cuento que tal vez por ser detectives, y no patrulleros con rodillas asesinas, o tal vez porque el detective a cargo es latino, son retratados como buenas personas.

Aunque todas las madres son interrogadas, es Grace la que más se les hace sospechosa a los detectives. La psiquiatra tiene sus propios problemas. Su esposo ha desaparecido dejando atrás su celular. En el hotel donde se hospedaba no lo conocen, la supuesta conferencia médica a la que asistía no existe, y cuando Grace va al hospital donde Jonathan trabaja, descubre que hace rato que lo despidieron.



Será el Detective Mendoza (Edgard Ramirez) quien acabe de informarla de malas noticias. Miguel era paciente de Jonathan. Elena acusó al oncólogo de haberse propasado con ella, pero retiró los cargos. Jonathan y Elena eran amantes. Es posible que él sea el padre de Teresa y ciertamente es el mayor sospechoso del asesinato.

Grace descubre que todo su prestigio profesional y social desaparece ante estos factores y acusaciones.  Ni refugiándose en su casa en la playa, puede huir de sus realidades: su matrimonio tenía bases falsas, su marido es un desconocido y ella también pasa a ser sospechosa del asesinato de su rival.

La serie es intrincada, dura, llena de pistas falsas y de descubrimientos pavorosos. Está muy bien actuada y estéticamente es una belleza desde el departamento de Park Avenue de los Fraser hasta Nicole que parece haberse quitado diez años de encima y cuya presencia ilumina la pantalla con esos cabellos largos, eso abrigos de brocado que la hacen parecer escapada de un retrato prerrafaelista



The Spanish Princess (Starz)

La segunda temporada de la serie de Emma Frost me ha entretenido en algunos aspectos, hasta el punto de que perdono las licencias históricas y a la insufrible protagonista. Charlotte Hope no es buena actriz, tiene una cara rara con venas protuberantes, ojos saltones y labios temblorosos, y es antipática. Eso no ayuda a que los Tudormaniacos queramos a un personaje que poco tiene de Catalina de Aragón.

Efectivamente la reina se fue a la frontera escocesa y ganó la Batalla de Flodden. Efectivamente se mandó fabricar una armadura que le acomodase la panza, ¿pero ¿qué es eso de andar dando mandobles por el campo de batalla y en estado interesante? Yaaa, solo las locas  pondrían en peligro sus embarazos y mi Doña Catita no era ninguna loca.





Tampoco me la imagino desnuda, de rodillas, intentando despertar la virilidad dormida del Enrique. Es que todo lo que amamos de Catalina, su dignidad, su compasión, su sabiduría y sobre todo su piedad, ha sido eliminado del personaje porque Emma Frost la quiere acercar a un ideal mitutero.

Eso queda en evidencia en esa carta que le envía a su cuñada Margarita de Escocia diciéndole que su piedad es fingida. ¿Queee? Si lo más valioso de Catalina fue su fe y aquí nos dicen que nunca existió. ¿Con que pruebas con que fundamentos?  Llevo un tiempo tratando de explicarle a un amigo que la licencia histórica debe usarse solo cuando se es necesario y nunca abusarse. Este es un ejemplo del abuso.

En cambio, no me molesta que Henry deje tuerto al pobre Buckingham, si después igual le va a quitar la cabeza. Efectivamente, Úrsula Pole fue nuera de Buckingham y de ella descienden los Barones Strafford. Pobre William Compton, ya no saben que inventarle. En “Los Tudors” lo hicieron tener un affaire con Thomas Tallis y ahora lo tienen babeando por Beata Margarita Pole.



No he encontrado indicio de que Enrique VIII quisiese casar a su amigo Compton con la Tía Maggie. Pero si ya al Compton lo pusieron de gay en “Los Tudors”, ¿qué importa levantarle otro falso? Es lo que en Chile llamamos un tonto útil. Ohhh y la Ann Hastings es la misma Anne Buckingham que se revolcaba con Charlie Brandon en la serie de Showtime. En cuanto a ese interludio en medio de la epidemia en que Maggie y Tom More casi confiesan estar enamorados me pareció una licencia romántica aceptable, aunque se tratase de dos santos de calendario. Me recordó los amores de santos que el Cardenal Wiseman nos narrase en Fabiola.





Al menos aquí conocemos la verdadera historia de Maria Tudor, Reina de Francia (no de Portugal como en “Los Tudors”) y su amistad desde la infancia con el futuro Duque de Suffolk.  Vemos que su relación no estivo basada en lujuria como en “Los Tudors” sino en un amor de años que ninguno se atrevía a confesar. ¿Pero por qué no nos cuentan de sus hijos de quienes desciende La Familia Real Británica?



Y conocemos a la verdadera Margaret Tudor, bisabuela de Maria Estuardo, y vaya que interesante y patética es su historia.  Me encantó su relación un poco violenta con su esposo, el Rey de Escocia. Su torpe enamoramiento de Angus Douglas con quien se casó perdiendo el apoyo de su hermano. Lo único que obviaron aquí fue la hija que Meg tuvo con Angus que eventualmente seria la suegra de Maria Estuardo y abuela de Jaime, el primer rey de Gran Bretaña



Las princesas Tudor me caen mejor y me inspiran más lástima que esta parodia de Catalina de Aragón que me la han puesto caprichosa, egoísta, hormonal, mala amiga y…y…y me tiemblan los dedos escribirlo… ¡mala madre! No solo le han quitado a devoción y la erudición a Catalina sino también su intensa relación con su única hija sobreviviente. Y todo porque Emma Frost le tiene inquina a Catalina porque no corresponde a una imagen de lo que debe ser una hembra en la Era Me Too.


Lástima que Emma decida recordar la devoción de Catalina para combinarla con esa obsesión británica de La Leyenda Negra. El séptimo episodio es un vergonzoso salmagundi en el que se mezcla la ejecución de Buckingham (¡que está enamorado de la Rina!); una quema de libros instigada por Catalina y el enfriamiento del amor de Maggie por Tomasito More cuando descubre que al lado de su despacho el futuro santo tiene una cámara de tortura.

Veamos la historia.  Buckingham fue decapitado siete años antes que se comenzase a perseguir herejes, nunca tuvo amistad con protestantes. Catalina jamás abogó ni por la quema de herejes ni sus libros y lo de la cámara de torturas, aparte de ser una invención nunca probada, según los calumniadores More la tuvo cuando ya era canciller (mucho después de los hechos narrados en este episodio) y estaba en el sótano.

Fargo (FX)

Para su sexta temporada, los Hermanos Coen han escogido un escenario de época, Kansas City en 1950 donde se desarrolla una guerra de gánsteres que alcanza niveles de ópera y no siempre buffa. Retrocedemos em el tiempo, cuando la familia mafiosa irlandesa Milligan decide hacer una tregua con sus rivales, los judíos Moskowitz. Para cimentar la paz hacen un intercambio de rehenes como en las guerras tribales de la antigüedad. Así el pequeño Patrick Milligan es obligado a vivir con extraños.



 Años más tarde, Patrick traicionará a Los Moskowitz para favorecer a sus parientes de sangre. La historia se repetirá cuando los Milligan se enfrenten a los recién llegados, los italianos Fadda, y vuelva a ocurrir un trueque de hijos,. Patrick, tal vez por lealtad a su familia adoptiva, tal vez por rabia a como se le usa como simple peán, apoyará a Los Fadda y matará a su propio padre.



Cuando la serie comienza, tenemos a Patrick (Ben Winshaw) -—ahora apodado “El Rabino”sirviendo a los Fadda, que en esta década batallan contra los Cannon, gánsteres afroamericanos. Cuando ocurre un nuevo intercambio de niños, se le encarga a Milligan ocuparse del pequeño Satchel (Rodney L. Jones III). Sea por lástima, cariño, sentimientos de culpa, o por ser el único personaje de este cuento con un compás moral, Rabbi Milligan se ocupará de proteger al pequeño de estas familias criminales que no les importa la inocencia de un niño.



He hecho hincapié en este ángulo de la historia porque el resto es incidental, las batallas entre gánsteres, a lo Peaky Blinders- Boardwalk Empire, no son más que un telón de fondo; el conflicto entre los hermanos Fadda el embrutecido Gaetano (Salvatore Esposito) y el ladino Justo (Jason Scwartzmann) nunca llegan a ser el centro del cuento. Y si hay obviamente un elemento relacionado con el tema del racismo. Los Cannon capitaneado por Lloyd (Chris Rock), han encontrado respeto y dignidad en el estilo de vida mafiosa que se les ha negado en la sociedad de blancos respetables.

Cuándo alguien le pregunta a Lloyd si peleó en la guerra, él se mofa: “¿Por qué pelear por un país que quiere verme muerto?” Y cuando le pregunta a un policía si sabe “lo que se siente el ser propiedad de otro” se responde a sí mismo “nosotros (los afroamericanos) hemos sido propiedad de otros por 400 años”.

Mas fuerte, efectivo y conmovedor será el tema del racismo cuando Rabbi Milligan y Satchel deban emprender su propio viaje de regreso a Kansas. En esta road movie donde no se sabe quién es Toto y quien es Dorothy, y donde un tornado literalmente se lleva gente, Satchel descubrirá que aun los niños deben pagar un precio por tener la piel oscura.



Otra razón por la que el conflicto gansteril pasa a segundo plano es la riqueza de personajes, cada uno protagonista de una historia casi paralela. Ahí tenemos a Jessie Buckley como Orietta Mayflower una divertida enfermera que también es una asesina serial; Timothy Oliphant como Dickie “el Sordo” Wickware un agudo detective mormón que ha venido a KC a buscar una pareja de lesbianas fugadas de la cárcel, y Jack Huston como un veterano cuyo trauma se manifiesta en tics nerviosos, actos compulsivos y el mal hábito de venderse al mejor postor.



¿Cuál de todas estas series has visto?  ¿Cuál te ha gustado más? ¿Cuál te gustaría ver?

 

 

 



jueves, 23 de mayo de 2019

Muchacha Española Viene a Casarse: The Spanish Princess en Starz



En esta década, la Tudormania se ha mantenido gracias a precuelas de la saga de Enrique VIII y su harem. En España, en la magnífica “Isabel”, presenciamos el nacimiento de Catalina de Aragón, pieza clave en el ajedrez de Los Tudor. En Inglaterra se apoyaron en las novelas históricas de Philippa Gregory para mostrarnos el origen de la dinastía: primero con “La Reina Blanca”, luego “La Princesa Blanca” y ahora con” La Princesa Española”. SPOILERS de los primeros tres capítulos.

Lo cierto es que de los libros de Doña Pippa solo se han quedado con los títulos y Gregory, de por sí ya no era muy histórica. Como dijo la Gatita Bah Dom, las novelas son fanfic y Emma Frost ha hecho fanfic de las novelas ¿Y la historia? Que siga su camino, muchas gracias. Pero nosotros tenemos la obligación de recordarla.

Tal como vimos en “Isabel”, Catalina fue la menor de las hijas de los Reyes Católicos. Se crió con sus padres en Granada y como nos muestra la serie “the Spanish Princess” fue muy querida y consentida. Isabel y Fernando tras cimentar su imperio y la unificación de la península Ibérica comenzaron a buscar aliados para defenderse de Francia. Gracias a los matrimonios de sus hijos se aliaron con Portugal y el Imperio Habsburgo. Inglaterra era otro país con quien les interesaba establecer vínculos, sobre todo porque Francia era un enemigo común. Así en 1488 cuando Catalina tenía tres años la comprometieron con Arturo, el Príncipe de Gales.

Recordarán ese vergonzoso capítulo de “La Princesa Blanca” donde los Tudor van como mendigos a la corte española. Vergonzoso porque, además de falso, fue disparatado. Los Tudor nunca viajaron a España, nunca Catalina bailó para ellos, todo se arregló por medio de embajadores. Sin embargo, es cierto que los Reyes Católicos exigieron que antes que su hija viajase, los Tudor deberían probar que estaban firmes en el trono. Después de todo eran una dinastía nacida en un campo de batalla. No tenían realmente la sangre real ni el derecho divino que se creía entonces necesarios para ocupar un trono.

Irónicamente, Catalina si tenía esa sangre real puesto que por parte de su abuela materna era una Lancaster, descendiente de Juan de Gante y de los Plantagenet. Además de la dote, de emparentar con la poderosa dinastía de los Trastámara y de tener un aliado en contra de Francia, para Enrique VII era imperativo tener a Catalina de reina ya que ella apuntalaba la legitimidad de los Tudor como reyes de Gran Bretaña.

Por eso, en la vida real, Henry Tudor decidió dar un golpe maestro para convencer a sus consuegros de lo firme que estaba su bamboleante trono: mandó ejecutar al Perkins Waebeck que andaba diciendo era uno de los Príncipes de la Torre, y también al Conde de Warwick (Teddy para los amigos) un niño medio loco que llevaba años encerrado en la Torre de Londres ya que era el último Plantagenet.

Es posible que Henry los hubiese ajusticiado aun sin existir esa exigencia de los Reyes Católicos, pero cuando se enteró Catalina se sintió muy culpable. Años más tarde llegaría a creer que su desdicha se debía a haber sido parte de un complot para derramar sangre real que en ese entonces era el peor de los crímenes.

En “The White Princess” Philippa Gregory usa como voz narrativa la de la Reina Elizabeth “Lizzie”de York y deja claro tres factores: las ejecuciones son ordenadas por el Rey, Lizzie no esta segura que Perkin no sea un impostor; la tragedia no destruye su amistad con su prima Margaret “Maggie” Pole, hermana de Teddy.

Como recordaran Emma Frost se inventa su propio cuento para resaltar la agenda y lo badass que es su heroína, interpretada por Jodie Comer. Sin consultar al marido, Lizzie (ayudada por el futuro cardenal Wolsey) le tiende una trampa a Teddy cuya mente es frágil y lo hace firmar una confesión de estar complotando con Perkin. Lizzie ordena una ejecución secreta aun sabiendo que Perkin es su hermano y amenaza a Maggie. No la ha mandado decapitar solo porque Sir Richard Pole, esposo de Maggie, ha suplicado por la vida de su mujer.

La Princesa Española continua en esa línea. Han pasado doce años dsde ese viaje a Andalucia. Lizzie (ahora interpretada por Alexandra Moen) se ha vuelto un personaje gris sin gran poder que se la pasa rezando y teniendo visiones de la muerte de su hermano. Aun así, tiene el corazón duro y amargado sobre todo en lo que le recuerda su crimen; léase Maggie Pole y la Princesa Española.
Henry y Lizzie, 12 años más tarde

Un placer ver a Laura Carmichael, nuestra querida Lady Edith de “Downton Abbey”, encarnando a Maggie. Aparte de que existe un parecido físico entre ambas actrices, Laura ha copiado gestos y expresiones faciales de Rebecca Benson por lo que es muy fácil verla como Maggie madura. Tal como en la vida real, Los Pole están encargados de la educación y cuidado de Arturo, el primogénito de los Tudor.

Aunque para Maggie, El Príncipe de Gales es como un hijo, eso no la hace perdonar a Lizzie, Cuando la reina le pide a su prima que la acompañe en sus últimos meses de embarazo, Maggie se rehúsa argumentado que está ocupada atendiendo a Arthur y a su nueva esposa. Esto provoca un ataque de ira paranoica en Lizzie quien acusa su prima de complotar en contra de los Tudor y de predisponerla con su hijo. La irracionalidad de esas acusaciones no tiene validez y son contraproducentes para cualquier esfuerzo de reconciliación con Maggie.

Lizzie obtiene los mismos resultados con Arthur quien no entiende porque su madre cree que la Tía Maggie, a quien el adora, quiera hacerle daño a su familia. Es en este estado de disfuncionalidad que Catalina conocerá a los Tudor, y será uno más de los muchos shocks que la Infanta encontrará en Inglaterra.

En 1501, Catalina que todavía no cumplía los dieciséis años viajó a Inglaterra a conocer a quien ya era su marido por poderes. Arturo, de quince años, había estado intercambiando cartas con su prometida por un largo tiempo y ansiaba conocerla. Debido a que tenían que manejar un reino, Los Reyes Católicos no acompañaron a su hija, pero no se la envió sola sino con una comitiva de sesenta personas capitaneadas por la formidable Doña Elvira Manuel quien había sido el ama (la “dueña) de la Infanta desde que Catalina era niña.

Elvira gozaba de toda la confianza de Isabel (aunque detestaba a Fernando) e iba con las ordenes de su reina de hacerse cargo de todo lo referente a la nueva Princesa de Gales que por su juventud e inexperiencia era incapaz de tomar decisiones importantes. Además de Doña Elvira iban varias damas principales como Doña Maria de Salinas, que tristemente no han incluido en ninguna serie (si aparece en el libro The Constant Princess) y Doña Catalina de Cardones (o Cárdenas) que era de familia aristocrática y … ¡blanca!

Este fragmento de información puede hacernos pensar que otra vez la televisión se esmera en convertir a personajes caucásicos en africanos, pero por una vez el caso es especial. Al parecer desde fines del Siglo XIX que ha habido una confusión histórica en la que Catalina de Cardones se ha fusionada con otra mujer del mismo nombre que también fue parte del sequito de la Princesa Española. 

Se trata de una esclava mora de tez oscura que al ser bautizada tomó el nombre de su señora. Se sabe hoy que mucha impresión causó en Inglaterra que Catalina trajera en su cortejo a varias personas de raza negra. Los ingleses comenzaron a llamarles blackamoors para diferenciarlos de otros moros de piel más clara. Santo Tomas Moro en su repaso de la comitiva de la Infanta los llama “etíopes”.

Una de esas etíopes era una esclava mora de Granada. En el inventario de la Infanta está escrito que esta Catalina de Motril estaba a cargo del lecho de su tocaya. No solo hacia la cama, también cambiaba las sabanas. Algo que la haría importante más adelante.

Al enviudar, la Princesa de Gales pasó años de penuria económica. Su sequito disminuyó por no poder mantenerlo. Como en Inglaterra no había esclavitud. Catalina, la mora de Motril, quedó libre. Se casó con otro moro, un arquero llamado Oviedo, y apodado el “hace ballestas”, así que este personaje también es real.

Los Oviedo volvieron a España y se instalaron en Granada. Años mas tarde, en la época del Gran Asunto del Rey, agentes de la corona española visitaron a la exesclava para saber si realmente el matrimonio de los Príncipes de Gales había sido consumado. Como encargada de las sabanas, Lina era quien mejor conocería la respuesta a una pregunta que se hacían en todas las cortes de Europa. Tristemente no hay récords de tal respuesta lo que ha hecho a muchos historiadores y Tudormaniacos creer que Catalina de Aragón mintió sobre su virginidad.

Por lo menos tanto Philippa Gregory como Emma Frost creen que Catalina mintió al jurar ser viuda virgen. En el libro es Arturo quien, en su lecho de muerte convence a su mujer que mienta para poder casarse con su hermano y quedarse en Inglaterra. Lo cierto es que Catalina viuda virgen o no fue mantenida secuestrada por el suegro para obligar a Fernando a pagarle la dote, pero de no ser así hubiese vuelto a España y hubiese sido usada por su padre o su cuñado, tal como vimos en “Carlos, Rey Emperador” para cimentar alianzas.
Los felices esposos

Yo si creo que el primer matrimonio de Catalina no fue consumado. Catalina, a diferencia de la de la serie y la del libro tan inclinada hacia lo moro y hacia el islam (WTF?), era una mujer sumamente religiosa, católica ortodoxa, incapaz de mentir en algo tan serio. Además, algo que muchos creadores de ficción histórica parecen no saber ni entender, el lazo entre cuñados era igual al de hermanos. Su matrimonio estaba prohibido por considerárselo incestuoso.

The Spanish Princess es descrita como una joven ambiciosa cuyo sueño es ser Reina de Inglaterra. La verdadera Catalina era mujer de temperamento fuerte y decidida, pero nunca le dio por el juego de tronos. ¿Así que por qué motivo iba a arriesgar su alma inmortal?  Si se casó con su cuñado es porque estaba segura de que su primer matrimonio (al no ser consumado) nunca existió.

En la serie todos dan por contado que el matrimonio se consumó, Maggie escucha tras la puerta los retozos de la pareja; Mi Señora la Madre del Rey recibe un cuervo anunciando que ya la pareja tuvo sexo y Enrique VII en el funeral de su hijo habla de un posible embarazo de la viuda. ¿Como van a creerse entonces lo de la virginidad de Catalina?

En la vida real fue diferente puesto que no era tan obvio que el matrimonio se hubiera consumado. La costumbre de examinar la sábana de la novia parece que era continental. La noche de bodas tuvo testigos de que los novios durmieron juntos, pero nada más. Catalina y Arturo no compartían cama. A través del medio año que duró su matrimonio, una vez al mes, los cortesanos escoltaban a la Princesa de Gales a los aposentos del marido, pero lo que ocurría ahí solo lo sabía la pareja.

Aparte que Catalina era muy ignorante en cuestiones de cama. Ni ella ni Arturo sabrían como hacer las cosas. En cambio, La Princesa Española parece terapeuta sexual y ya comienza metiéndole la mano en la entrepierna al marido que reacciona con justa sorpresa. Para colmo, Catalina ha estado escribiendo cartas atrevidas a Arturo y recibiendo misivas similares, sin saber que con quien se cartea es con su cuñado Harry.

He aquí el cambio mayor que la serie de Emma Frost hace con el libro. En la vida real, apenas llegada a la corte inglesa, la princesa española hizo amistad inmediata con sus cuñados Margarita, de doce años, y Enrique de diez. Estuvo especialmente unida a Enrique después de la muerte de Lizzie, pero como una hermana mayor.

En la serie se han traído para interpretar a Enrique a un irlandés veinteañero y pelirrojo llamado Ruari O’Connor que es un dechado de testosterona y arrogancia. Lo muestran lleno de envidia hacia su hermano, algo imposible en la vida real donde había bastante diferencia de edad entre ambos. En la serie, a pesar de que nos dicen que es menor que el quinceañero Arturo (por lo que Harry como lo apodaban no puede tener más de catorce años) se ve experto en todo, hasta en el terreno sexual y bastante inescrupuloso.

Para fastidiar al hermano le escribe a Catalina una carta de amor que ella cree viene del Príncipe de Gales. Según nos cuentan, desde hace un par de años que Catalina le ha escrito apasionadas (y gráficas) cartas a Arturo. Misivas leídas y respondidas por un Harry entusiasmado ante la precocidad sexual de su cuñadita. Por muchas y evidentes razones este episodio no solo es históricamente falso, es además imposible.

Aunque Catita se enoja y escandaliza al saber la verdad, sigue caliente con el cuñado y se la pasa lanzándole miraditas incendiarias incluso cuando ya se ha consumado su matrimonio con Arturo. De todos los personajes de la serie (y ninguno es muy simpático) Harry es el mas repelente, aun para los Tudormaniacos que sabemos que se trata de un psicópata con sangre real.

El problema es que O’Connor lo interpreta como si fuera un chico moderno tanto en actitud como en lenguaje. Me recuerda a Billy, el bully de “Las Escalofriantes Aventuras de Sabrina”.  Y es que es un típico colegial deportista y machista que dice “¡whoa!” a cada rato, anda a empujones con el hermano y manosea a la cuñada y todo a vista y paciencia de su consentidor padre.

Hora es de hablar de Charlotte Hope as quien solo conociera yo como Miranda de GOT y una prostituta que interpretó en “Endeavour”. Aunque físicamente se acerca bastante a la verdadera Catalina, sus desesperados intentos de parecer española la hacen verse poco natural. Algo caricaturesco es que a ratos fuerza el acento y en otros se olvida que interpreta a una extranjera.

La actriz ha hecho declaraciones de que intenta acercar a su personaje al de Scarlet O’Hara. Ok, pero es que es una Scarlett un poco moderna: una especie de Chica Almodóvar con los modales de la Infanta Leonor. Aunque lo que me provoca acidez es un prurito pro-islam totalmente fuera de época y contexto. Esto viene del libro, pero Frost ha elegido continuarlo puesto que representa algo cercano a la sensibilidad británica moderna.

En libro y serie, Catalina afirma que en su corazón tiene un gran respeto por islam, que la corte española sigue costumbres moras, que hay médicos y músicos moros cercanos a sus padres. ¿De qué siglo habla?  Esto fue cierto en la España medieval, pero no en 1501, un año antes de la expulsión de los moriscos del territorio, cuando la corte castellana estaba empeñada en una campaña de conversión forzosa, los textos sagrados del islam eran condenados a la hoguera, y las costumbres moras eran repudiadas viéndoselas como una manera de perpetuar una cultura y religión que no entraban en el programa de homogenización de los Reyes Católicos.

Además, si recordamos “Isabel”, una razón por la que el pueblo no confiaba en Enrique de Castilla era precisamente por su afición a costumbres árabes y a tener moros en la corte. Si algo aprendió Isabel fue a no cometer los errores de su hermano. Como nos mostró la serie, la corte de los Reyes Católicos estuvo colmada de judíos y luego de conversos, pero no vimos ningún morisco por ahí, aparte de la renegada Isabel de Solís.

Debido a eso es risible que el sequito de damas de Catalina esté compuesto por una mora y una gitana. Los gitanos habían llegado a España en el siglo XV y aunque algunos habían servido en el ejercito de Fernando, eran nómadas (se los conocía como “peregrinos”) No se entiende por qué Isabela iba escoger a una de esa etnia para servir a su hija. Sobre todo, porque la tal Rosa de Vargas, además de atolondrada es bastante inútil y casquivana, lo que pone en entredicho a la mujer gitana que hasta hoy debe presentar la sabana manchada ante la tribu como prueba de virginidad.

Entiendo que se quiera mostrar la cultura ibera como superior a la inglesa, es posible que lo sea, pero se cae en situaciones un poco exageradas como presentar a los Trastámara como gente tolerante y sofisticada. La historia comienza on Catalina en marcha a Inglaterra. La acompaña su madre que va disfrazada de Juana de Arco. Aunque Alicia Borrachero no tiene ningún parecido físico con Isabel, la Reina católica si llevaba armadura completa para protegerse en el campo de batalla.
Espada de Isabel la Católica

Armadura de Isabel la Católica

Bueno, a mitad de camino aparecen unos moros levantiscos e Isabel se despide de su hija y se va a decapitar infieles. No nos explican, pero la España Cristiana estaba entonces ante la primera Rebelión de las Alpujarras que acabó ese año de la boda de Catita. Esta revuelta de moriscos fue castigada duramente, pueblos enteros fueron arrasados, los hombres pasados por la espada y las mujeres y los niños vendidos como esclavos. Los moros de piel oscura que viajaron con Catalina eran esclavos, era la única manera de permitirles estar cerca de la Infanta.

Así que lo de mostrar (y esto es invención de Frost) a toda la comitiva española bajo las ordenes de una mora es tan absurdo como que la Reina Madre hubiese enviado, en plena guerra mundial, a sus hijas de viaje con una nana nazi. Entiendo que Frost busca empoderar a un personaje de piel negra, pero es falso desde una óptica histórica.

Eso no quita que Lina (Stephanie John-Levi) no sea un gran personaje. Es quien apoya a su señora durante un viaje horrible por un mar tormentoso tal como fuera el verdadero viaje. Vomitada, mareada y agotada Catalina se rehúsa a desembarcar en Southampton donde la espera Margaret Beaufort. Desembarca en una caleta de pescadores y emprende el camino a pie por un país desconocido. Por suerte, Catita y sus chicas super-poderosas son angloparlante (¡falso! En el libro se comunicaba en francés. En la vida real en latín que no creo ningún pescador entendería)

Así es como se encuentran con Edward Stafford, Duque de Buckingham (al que vimos perder la cabeza en “Los Tudors”) que les da un aventón. Stafford, entonces joven, guapetón, y muy casado, es espía de Mi Señora la Madre del Rey y rápidamente nota que Rosa, la gitana, es alocada y calentona. Le hace ojitos y en el segundo capítulo ya la está follando en el pasillo.  Lina, en cambio, es orgullosa, virtuosa y se cree el cuento de que la Infanta le conseguirá un marido en la corte. Por eso trata con desprecio a Oviedo que la salva de un violador y la cuida cuando Lina enferma de la aterradora sweating sickness que dejará viuda a la otra Catalina.

Las Catalinas no les caen bien a los ingleses. La Infanta exige dormir su siesta y antes darse un baño, que el Rey y el pueblo se esperen. Lina se pone al brinco con la escandalizada Margaret Beaufort exigiendo que los soldados españoles sean hospedados en algo mejor que el pesebre asignado, puesto que nadie quiere que “huelan a caca”.


¿Como fueron las cosas en la vida real? Catalina y su sequito fueron recibidos en Southampton por el Obispo de Bath. Luego, la Infanta fue escoltada al Castillo de Dogmersfield donde conoció a Arturo. El único inconveniente es que los novios encontraron que no se entendían porque hablaban latín con acentos distintos. No hubo tiempo para siestas, porque había mucha fiesta.

Se han escrito volúmenes sobre la entrada de la Infanta a Londres, de lo admirados que quedaron los ingleses con la princesa española y su cortejo. La boda fue fastuosa, pero aquí todo es reducido a) para mostrar el pobre recibimiento en términos de recurso y de afecto que acoge a la nueva Princesa de Gales y b) El estado de animo de Catalina que ha quedado turulata al enterarse que sus fantasías sexuales son conocidas por el cuñadito acosador.



Quería detenerme en lo más risible del intento de exagerar la superioridad española sobre Inglaterra: la higiene. Ni los españoles eran tan poco aseados como nos cuenta La Leyenda Negra ni de baño diario como nos quieren hacer creer Gregory-Frost. La aristocracia y la nobleza se bañaban una vez al mes, tanto en el Reino Unido como en el Continente. La gente pobre que no tenia acceso a agua caliente, y menos a agua potable se bañaba con menos frecuencia.

La idea de Catalina de Aragón dándose chapuzones constantes (y desnuda) y usando hierbas aromáticas y perfumes es un anacronismo total. En el siglo XV y XVI el jabón no existía, el uso de perfumes para cubrir malos olores corporales solo aparece en las cortes europeas con Catalina de Medici, bien avanzado los 1500s. Lina habla de perfumar el baño de su señora con vainilla. ¡Ups! Faltan 24 años para que Hernán Cortes sea el primer europeo en oler vainilla en la corte azteca.

Más allá de anacronismos, la serie continua su retrato de Lizzie como una mujer odiosa y ahora mas paranoica que el marido. En la vida real, Catalina se llevaba bien con su suegra y sabemos que pasaron juntas el día antes de la boda de la primera. ¿Habrán hablado de la muerte del Conde de Warwick? A lo mejor. Sabemos que era algo que pesaba en la conciencia Tudor. Cuando, tras la muerte de su padre, Enrique VIII devolvió títulos y tierras a la tía Maggie exigió que ella públicamente exonerara a su familia del crimen cometido en la persona de Teddy.

Debido a que Lizzie nunca ha sido un personaje simpático en el imaginario de esta saga y ya ni siquiera es interpretada por la fantástica Jodie Comer, es la que peor me cae. Alexandra Moen parece un fantasma albino y la secundan dos damas tan siniestras y lúgubres como ellas. Las damas serán quienes escolten a Catalina a su primera reunión con la suegra. A pesar de que Catita se muestra humilde y amable (le trae un piropo de parte de su madre), la suegra es un puercoespín que inmediatamente culpa a los Trastámara de convertirla en una asesina.

A ver, no necesitamos del síndrome Weiss&Benioff de personajes amnésicos, ya tenemos bastante con Richard Pole que se olvidó que tenía un brazo inútil. Lizzie hizo decapitar a primo y hermano porque temía que se hiciesen del trono y mataran a su esposo e hijos.

Con justa razón, Catalina se niega a cargar con esa culpa. Esto enfurece a Lizzie que, sin motivo aparente pasa de la agresión verbal a la física. Parece creer que Catalina viene a hacerle daño a su hijo. “Yo haría lo que fuera por mis hijos” ruge clavando sus uñas en el rostro de la niña. Señora, si ni siquiera ha criado a sus hijos, no los conoce, no sabe que Harry y Arturo se odian.

Además de retorcerle la boca con las garras, Lizzie le escupe en el rostro “¡no te interpongas en mi camino!’ para acabar plantándole un beso en la trompa a la nuera. Mas allá de cualquier desubicada interpretación lésbica, el beso es lo que parece ser, una agresión y una humillación. Yo que Catalina tomo el primer barco de regreso a España, pero la serie nos cuenta que como Maergery Tyrrell, Catalina quiere, por sobre todas las cosas, ser reina.

Es extraño que, en la serie, Lizzie le cobre tanto odio a la nuera, cuando Maggie que tiene mayores motivos para resentir la presencia de la Infanta se muestre amable con ella. Margaret Pole es un personaje importantísimo en esta historia, debido a que la trama está basada en dos novelas “gregorianas”, The Constant Princess y The King’s Curse que es uno de los pocos intentos de examinar la vida de la beata mártir. Como Maggie fue mi personaje favorito en “The White Princess” y Beata Margarita Pole es uno de mis actores predilectos en el drama Tudor esa es mi mayor razón para ver y recomendar “The Spanish Princess”

Otros méritos están en el vestuario espectacular y en la escenografía que presenta mayor iluminación que las oscuras precuelas “The White Queen” y “The White Princess”. A pesar de algunos errores anacrónicos como que Meg Tudor había estado semi comprometida con Jacobo de Escocia desde su infancia y que 'el no era un viejo decrepito (solo tenia 30 años cuando se casaron, claro 16 más que la novia) o que Arturo recuerde a Teddy, que fuera encerrado en La Torre antes de que el Príncipe de Gales naciese, existe la suficiente atmosfera de época para desarrollar este intricado juego de tronos.
Maggie no puede evitar que se lleven a Teddy

Charlotte Hope todavía no da la talla, y creo que será mas recordada por sus escenas de cama, pero también hay destellos de talento histriónico, como en mi escena favorita, en que, agradecida a Maggie por haberla salvado de un bochorno, se arroja a sus pies y suplica el perdón de Lady Pole por la participación de su familia en el asesinato de Lord Warwick.

Tudormaniacos, esta es una serie que no pueden perderse. Eso no significa que no tengamos la obligación de criticarla objetivamente