Mostrando entradas con la etiqueta Crossing Delancey. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Crossing Delancey. Mostrar todas las entradas

martes, 12 de mayo de 2020

Matchmaker, Matchmaker… Matrimonios arreglados en Shtisel, Unorthodox y otras historias de judíos



Una impresión que nos ha dejado “Unorthodox’ es que todos los problemas de Esty surgen de un matrimonio arreglado en el que es obligada a casarse con un desconocido. En “Shtisel” vemos que casi todos los romances son organizados por el casamentero Königsberg. ¿No hay otra manera de casarse en el mundo ultraortodoxo? ¿Realmente se obliga a las chicas judías a contraer enlaces sin amor?  ¿Es más fácil encontrar una pareja ideal en una sociedad seglar y libertaria?

Konigsberg el casamentero

Buscando Desesperadamente al Zivug
Antes de comenzar, hay tres cosas que decir sobre mandamientos bíblicos, talmúdicos y cabalísticos en referencia a la elección de pareja. Primero, es una lástima que la interpretación de la Torá a veces caiga en tergiversaciones como la de que es obligación tener hijos y que ese es el único propósito del sexo.

Hay un mandato divino “creced y multiplicaos”, pero cronológicamente viene después de la primera página del Genesis donde a D-s se le ocurre que “no es bueno que el hombre esté solo” de ahí que todo hombre deba tener pareja y vivir en relación estable. El matrimonio es compañía puesto que los hijos un día se van y queda una pareja unida por los elementos sobre los que han fundado una familia.


Yo me moví un tiempo entre ortodoxos tradicionales y modernos, y vi parejas que no se desesperaban si al tercer año del matrimonio la cigüeña no mostraba interés en visitarlos, o que dilataban el primer embarazo. Estrictamente hablando el judaísmo permite ciertas formas de planificación familiar y hasta abortos en determinadas circunstancias. Recordemos como Gittl Shtisel, el epitome de la buena esposa frum, intenta abortar a su sexto hijo apoyándose en la ley israelí.  Como me enseñaron en mi escuela judía, si el sexo solo fuese solo para procrear entonces no se permitirían relaciones íntimas con embarazadas o con menopáusicas.


Por lo tanto, el mandamiento más importante es el matrimonio. Sobre todo, porque un matrimonio temprano evita las relaciones sexuales (y sus consecuencias) fuera de una unión legal. Sin embargo, Biblia y Talmud son enfáticos en este punto. No puede haber boda sin el consentimiento de ambos contrayentes. Ese es el segundo punto: forzar una unión matrimonial es un gran pecado.


Por otro lado, los que leyeron mi novela saben del concepto místico del zivug. Antes de nacer, en el Cielo, se nos ha emparejado con otra alma. Esta alma gemela es nuestro zivug y debemos encontrarlo sino seremos eternamente infelices. Para ayudar en la búsqueda, padres, casamenteros, parientes y hasta amigos nos traen posibles candidatos para que reconozcamos a nuestra alma gemela. Ese es el tercer punto y la razón detrás del famoso “matrimonio arreglado “de los judíos ultraortodoxos. Pero la última palabra la tenemos nosotros, los contrayentes.

El problema es que muchos contrayentes consienten por miedo, o por vergüenza a emparejarse con el primer candidato que les presentan. Algunas mujeres, sobre todo viudas o divorciadas con hijos, piensan que no van a encontrar otro interesado. A veces hay problemas económicos que muchas mujeres sienten que se pueden solucionar con otro sueldo en la casa, etc..

Los Malos Candidatos: Locos, Huérfanos, y Rebeldes con Auto
En el caso de la protagonista de “Unorthodox” existen otros factores encerrados dentro del eufemismo “huérfana”. Factores que abarcan a la madre lesbiana que la abandonó al nacer, el padre alcohólico, la ausencia de prestigio familiar o dote (en algunos círculos eso todavía importa) y el famoso “soy diferente” que Esty le confiesa a Yanky en su único encuentro prenupcial.


Aunque una de las torpezas de la serie es nunca mostrarnos en que se diferencia Esty de otras chicas Satmar, Deborah Feldman es muy específica sobre lo que la hace ¨diferente”. Su padre es un enfermo mental y existe en la comunidad temor a que Deborah haya heredado esa problema (ella nos cuenta que en dos ocasiones la han llevado a diferentes psiquiatras).

La locura hereditaria siempre ha sido un estigma que puede pesar sobre los judíos al momento de casarse. En “Yentl” Barbra Streisand que para estudiar Talmud se ha disfrazado de hombre, se ha enamorado de un compañero de yeshivá. Avigdor está comprometido con la bella y adinerada Hadass. Cuando los padres de Hadass se enteran de que el hermano de Avigdor se suicidó lo toman como señal de desequilibrio mental y rompen el compromiso.
Avigdor, Hadass y Anshel-yYentl

En “Shtisel” el Rabino Gottlieb rompe el compromiso de su hija con Akiva Shtisel cuando se da cuenta que él no quiere a su “princesa”.  Elisheva rompe su compromiso con Akiva abandonándolo sin explicación y es posible que Libbi se rehusé a casarse con él puesto que su primo ha roto su promesa. Tres compromisos rotos realmente afirmarán la reputación de “defecti” (defectuoso) de Akiva y lo convertirán en persona non grata para los casamenteros.

El Rabino Gottlieb rompe el compromiso de su hija

Minuja se da cuenta que Akiva es un cliente dificil

Ese es el gran problema para los casamenteros, gente como Akiva que son muy exigentes sin tener mucho que ofrecer, o chicas con problemas que tampoco tienen mucho que ofrecer. Como Esty, como Deborah como Servidora. En mi caso yo tenía en mi contra que a) mi padre no era judío b) mi madre acarreaba una reputación de …como ella me dijo una vez “no creo que nadie en la sinagoga me quiera por suegra” y c) yo ya tenía fama de excéntrica, temperamental (lloraba por todo) y con la cabeza llena de pájaros sobre todo en lo que se refería al amor y al príncipe azul.

Cuando una se sabe mala candidata hasta le toma miedo a lo que los casamenteros puedan presentarles. Eso es evidente en la canción “Casamentera” (Matchmaker) de “El violinista en el tejado”. Las hijas de Tevye, el Lechero, pueden soñar con casarse con millonarios, talmudistas reconocidos, y guapos, pero saben que al final lo que Yente (la shajtanit o casamentera) les traerá serán viejos feos como el carnicero Lazar con el que Tevye compromete a su hija mayor.


Al final de la obra, Tevye ha consentido que Tseitzell rompa el compromiso con Lazar y se case con el sastre Mottel, novio de la infancia de su hija. Ha consentido que su hija Hodel se vaya a Siberia en busca de su amor, el desterrado revolucionario Perchik, pero Tevye rechaza el matrimonio de su hija Chava con un cristiano. Hay límites para lo que un judío puede aceptar como yerno y como dice el lechero ‘si me doblo más me quebraré”.

. En “Shtisel”, vemos la oposición paterna en lo que respecta al matrimonio de las hijas. El Rabino Shulem lleva años sin hablarse con Rachelli, la hija que se casó en contra de su voluntad. En un flashback vemos que a Gittl sus padres la separaron de Lipa Weiss cuando descubrieron que en su primera cita la había paseado en su auto (¡Que indecencia!).

Aun así, Gittl insiste en volver a encontrarse con Lipa y desde el lugar de la cita llama a su madre y exige que lo acepte, él es el hombre que quiere de marido Como las hijas de Tevye, las mujeres Shtisel eligen a sus hombres por encima de lo que digan casamenteros y padres. El mejor ejemplo es el de Ruchami que a los quince años ya encuentra la manera de casarse con el chico del que se ha enamorado. La sigue su prima Libby que logra convencer a su padre de superar sus prejuicios y dejarla casar con su primo.
La familia Shtisel contempla que hacer con el matrimonio de Ruchami

Sin embargo, también tenemos el caso de Elisheva que, aunque viuda (dos veces) y con un hijo pequeño, se da el lujo de menospreciar a Akiva Shtisel porque, aunque se sienta atraída por él, no lo ve lo suficientemente maduro. Su misma madre le dice que no la entiende. ¿Como una mujer doblemente viuda, casi cuarentona y con un hijo, anda con remilgos?

Aunque Elisheva eventualmente finja (de acuerdo con Akiva) aceptar un compromiso, nunca ha tenido una intención seria con él. Esa es la primera queja que tengo contra ella. Un compromiso en el mundo judío es tan importante como lo fue en Gran Bretaña hasta el Siglo XX, donde se podía demandar legalmente al que lo rompiera, así que no se puede entrar en él de manera frívola.

Cuando el Rabino Gottlieb rompe el compromiso de su hija, los Shtisel cargan contra Akiva. “¡Comienza a cavar mi tumba!” gime melodramáticamente el Rabino Shulem a su hijo. Akiva también recibe un sermón de parte de su hermano mayor “Me da vergüenza mostrar mi cara en público” le dice Zvi Arie recordándole que lo sucedido se refleja en toda la familia. También le recuerda a “Kive” que la Mishna (ley judia) estipula que mejor es divorciarse que romper un compromiso.



Esta misma actitud la vemos en judíos semi asimilados como los Lieberman de “Vienna Blood” que están escandalizados cuando Max rompe con Clara. Cuando el Inspector Dietrich no comprende cual es el escándalo, Max le responde con tristeza “es que no eres judío”. Lo fuerte del lazo queda evidente cuando Clara, quien es la que rompe el compromiso, se refiere a este como “matrimonio”.


Por eso me irrita que Elisheva acepté una cita arreglada por el shachtan Konisberg a sabiendas que no tiene intenciones formales. Eventualmente acepta un compromiso que para todos es oficial pero la viuda huye a Londres. Sin tener el valor de rebelarse contra las reglas, Elisheva actúa irresponsablemente porque en su mundo no hay espacio para amoríos como los que ella busca.

Desde el momento en que entran en juego los casamenteros se sabe que las parejas que presenten entre si tienen un propósito en común, casarse. Yo sé que eso resulta chocante en el mundo moderno, el que los judíos ultraortodoxos no incluyan en su escenario romántico la oportunidad de divertirse, de tener romances sin compromiso, de no querer andar probando lo que hay en el mercado.  Otra cosa que resulta chocante es que se pueda elegir una esposa o un esposo con una sola cita.

En el caso de Esty/Deborah casarse significa escapar, dejar de ser alguien imperfecto. Esty le dice a su madre antes de la boda “Voy a crear una familia con  Yanki Shapiro ¡Voy a tener un verdadero hogar!...¡Esto es lo que quiero!” Con eso entendemos que ella busca una identidad en su matrimonio, dejar de ser ‘la huérfana”, construir su propio espacio. Si agregamos que tanto Deborah como Esty encontraron atractivas a sus parejas, entendemos que las llevó a consentir entrar en un matrimonio.


Casamenteros Modernos
No todas las citas organizadas por los casamenteros acaban en matrimonio. Tanto hombres como mujeres pueden rechazar candidatos. No todos las citas a ciegas son preparadas por casamenteros formales. En la búsqueda del zivug nos ayudan las personas más prodigiosas.


Tras cinco blind dates organizadas por una casamentera, y huirle a una arreglada por una vecina, mi hermano conoció a mi ex cuñada gracias a nuestra peluquera. Yo tras cuatro o cinco citas formales (organizados por casamenteras, amigas y hasta mi hermano) con individuos a los que yo disgusté o me disgustaron a mí, entré en mi primer compromiso con alguien que había conocido en mi sinagoga y al que consideraba mi mejor amigo.

Tampoco la gente se casa tras la primera cita. Se dice que se puede una pareja encontrarse hasta cinco veces antes de casarse o pasar a otro candidato. Si nos parece poco, a Gittl Shtisel le tomó solo dos citas saber que Lipa era el hombre de su vida. Tampoco es común que la cita sea en casa de alguien. Normalmente se les arregla para que se encuentren en algún lugar público, un restaurante, un café o como en “Shtisel” en el lobby de un hotel.

Primera cita de Akiva y la Prima Libby

Hay que tener cuidado también adonde se lleva a la chica. Mi hermano cometió el error de llevar a una judía brasileña a una representación de Broadway (Cats). Ella se quejó con la casamentera que mi hermano la había llevado a ver un espectáculo impropio.

Yo cometí otro gafe cuando me negué a salir con un chico, amigo de mi hermano, con quien habíamos estado charlando por teléfono por un par de meses. Me negué a que nuestro primer encuentro fuese en un concierto en Carnegie Hall. Según yo, nuestra primera vez debía ser en un ambiente más relajado y donde tuviéramos más privacidad que en un concierto. Según él ya habíamos hablado bastante por teléfono….

Cuando se le pasó lo ofendido, me invitó a ir al cine y acepté. Me dejó esperando cinco horas, por suerte yo estaba en mi oficina en Baruch College. Él se presentó a las sexta hora, justo cuando yo ya me había marchado. Ahí fue cuando decidí que las citas a ciegas, por muy ortodoxos y respetables que fuesen los pretendientes, no eran lo mío. Eso no quiere decir que todas sean un fracaso. Si lo fueran, nadie se casaría en el mundo ultraortodoxo donde la segregación de los sexos es la norma.

En el mundo moderno ortodoxo, la búsqueda de la pareja ideal sigue siendo una prioridad y una complicación. Aunque los ortodoxos modernos no utilizan casamenteros formales, existen redes de soporte para encontrar pareja. Muchas sinagogas y clubes universitarios ofrecen “noches para solteros” u otras actividades para propiciar encuentros con posibles candidatos. Incluso hay excursiones o cruceros organizados con ese propósito. Y si nada sirve, van a casamenteros en-línea o agencias porque las matchmakers de hoy son amigas de la tecnología.


El sistema de agencias matrimoniales no solo asiste al mundo judío. La televisión estadounidense está llena de anuncios que buscan socorrer a una comunidad de solteros traumatizados por malas experiencias y que andan en busca de romances serios y seguros. Como este grupo abarca viudos y divorciados, hay agencias que se especializan en candidatos de edad madura, tal como las hay que atienden las necesidades de la colectividad LGTB. Hay agencias como Elite que solo atiende pedidos de millonarios y donde una cita puede costar hasta 10.000 dólares.

El que haya gente dispuesta a pagar tan exorbitante suma para encontrar compañía demuestra la insuficiencia en el mercado de compañeros idóneos. Tal como nuestra fascinación con realities como “The Bachelor” demuestra nuestro interés por ver cómo se desarrolla un romance cuando se le presentan varias novias al candidato ideal. Es la fantasía por excelencia. Encontrar el amor sin tener que darnos trabajo, que nos presenten en bandeja a parejas perfectas, hechas a nuestra medida. Pues eso es lo que hacen los casamenteros judíos.

Aunque no lo parezca, existe un esfuerzo por contactar gente compatible, de familias similares, con intereses similares. Después de todo se trata de encontrar a nuestro zivug. Uno tiene derecho a poner condiciones. Mi hermano por ejemplo quería una judía latina para que se comunicase con nuestra madre (Yanki Shapiro no es el único judío con mamitis en el mundo). Pero a veces ni nosotros mismos sabemos lo que queremos.

La Moraleja de Crossing Delancey
Una pregunta que ha surgido, a raíz de “Unorthodox” de parte de los defensores del estilo de vida jasídico son “¿se vive mejor en un mundo sin religión, sin comunidad, sin familia?”. Aunque consciente de una docena de problemas que existen dentro de las comunidades cerradas que afectan el bienestar de sus habitantes, no puedo argumentar que el estilo de vida al que estamos acostumbrados en Occidenteen familias nucleares disfuncionales o como adultos independientes sea superior.

Esto es algo que es explorado en la mejor prueba de la eficacia de los casamenteros. Me refiero a “Crossing Delancey” (1988).  Basada en la pieza teatral de Susan Sandler es la historia de Isabella “Izzy” Grossman, una judía seglar que lleva una vida independiente en Manhattan donde tiene un trabajo en una librería que considera glamoroso porque la pone en el centro del mundo intelectual de editoriales y escritores. Izzy está deslumbrada por Anton Maas el autor de moda que le ofrece súbita atención y la posibilidad de entrar al espacio de un escritor famoso.

Aunque ya ha superado la barrera de los treinta años, Izzy no tiene novio. Apenas un ex que cada vez que pelea con su esposa aparece en su puerta a buscar refugio y satisfacción sexual gratis. Izzi está sola, su patrón la utiliza sin importarle como persona, sus amigas están como ella atrapadas en una libertad que llega ser frustrante. El mejor ejemplo es Kerie que ha decidido ser madre soltera para superar su soledad.

Una vez a la semana, Izzy toma un tren que la lleva al mundo tradicional judío del Lower East Side a visitar a Ida, su bubbe (abuela). Ida es la única que no cree en la falsa felicidad de su nieta y arregla un encuentro con Hannah, una casamentera.

De regreso a casa, la horrorizada Izzy intenta explicarle a su abuela lo realizada que se siente con su trabajo (“¡Isaac Bashevis Singer, el Premio Nobel, sabe quién soy yo!”) y que no necesita de un hombre para ser feliz.  Ida no está impresionada. Como le ha dicho a Hannah, su nieta está sola. “Los perros deben vivir solos. No la gente”.

Agotada, Izzy acepta un encuentro con Sam, el dueño de la tienda de encurtidos del barrio. Aunque tiene lugar entre adultos, la cita se parece muchísimo a las que hemos visto en series sobre ortodoxos. Cuando la abuela y la casamentera los dejan solos, Izzy entra en el cuento de “Yo soy diferente, no vivo en este barrio, no es así como hago las cosas”. En su torpeza llega a resultar ofensiva, pero Sam impertérrito le dice que a veces hay que cambiar el modo de hacer las cosas.

Lo interesante es que vemos ahi el rol de la casamentera. Tras dejarlos solos un rato, vuelve Hannah a hacer aparicion ahora ofreciendo un restaurante de un primo donde les haran precio para la segunda cita. Cuando Izzy,  con voz temblorosa, dice que no habrá segunda cita, Hannah lo toma con filosofía. La que esta molesta es Ida, pero cuando dice "Ella (Izzy) habló" esta reconociendo el derecho de la novia a  rechazar a los candidatos.


A pesar de que Sam corteja a Izzy con un pastel y un sombrero, esta insiste en no salir con él, e incluso trata de emparejarlo con una amiga. Al final, Izzy se da cuenta que el vendedor de pickles no es tan patán como creía (ha ido a universidad, reza en la sinagoga todas las mañanas y aun antes de hablar con la casamentera, estaba interesado en Izzy).

 Después que el ególatra de Antón pretende convertirla en su amante-secretaria, Izzy descubre el valor del amor sincero que Sam le ofrece. La moraleja es que a veces se necesita de abuelas entrometidas y de casamenteras que eructan para encontrar al zivug.

Verdaderas Bodas Ultraortodoxas
La próxima vez hablaremos del mikvah, de las pelucas y de las leyes que gobiernan la vida sexual de las judías, pero antes quería hablar un poco de la boda. Yo no soy de ir a matrimonios, y aunque he asistido a una media docena de bodas judías, nunca había estado en una jasídica, aunque me dicen que son espectáculos fantásticos que duran días enteros.

Lo que más me sorprendió en la boda Satmar de “Unorthodox” fue el Bedeken (velación de la novia); el que la suegra fuese parte del cortejo de la novia y la tristeza que parecía acompañar todo cuando se supone que un matrimonio es ocasión de gran jolgorio.

Por eso me puse a buscar en YouTube videos de bodas jasídicas. A pesar del mito de que los ultraortodoxos no son amigos de tecnologías, esa red social reboza de videosbodas ultraortodoxas, jasídicas y hasta Satmar.

Les pongo un par, dos de Shtreimel y una de sombrero negro. Dos incluyen el Bedeken con esa servilleta (se llama Tisch) que además de fea, yo no conocía. Para mí el Bedeken es el momento en que llevan al novio a la novia y tras verla y constatar que es la suya (esto en recordatorio a la estafa bíblica que Labán hizo a su yerno Jacob) la cubre. Yo estaba acostumbrada a la visión de una novia judía bajo un velo tupido pero trasluciente, así como el de Tseitzell en “El violinista sobre el tejado”.

En las bodas a las que asistí en el siglo pasado, no había tal tisch, la novia simplemente era cubierta con su propio velo de novia. Hay feministas que no les gusta lo del velo en la cara, pero muchas novias modernas como la Duquesa de Cambridge que no es judía usan un velo para cubrirse el rostro.

También para mí la procesión nupcial eran los novios acompañados por sus padres (y a veces los abuelos) hasta la jupa (el toldo nupcial). Ahora veo que en las bodas ultraortodoxas si meten a la suegra en el cortejo de la novia (¡!). Pero curiosamente en el video de Motty y Shevy donde hay una colección de sombreros negros y shtreimel, la novia no usa el tish y es acompañada hasta el novio solo por sus padres.

Lo importante es que en las tres bodas vemos a las mujeres vestidas elegantes y modernas (la peluca de la mama de Michali me volvió loca), y a todos muy contentos, No parecen estar ahí obligados y aunque la fiesta es segregada, se ven a los novios intercambiar gestos de afecto físico.

Si hay momentos en que los novios se ven abstraídos es porque están rezando y todavía no he visto a alguien que pueda rezar y reírse a la vez. Con eso espero ahuyentar la impresión de que las bodas judías son espectáculos grotescamente tristes. Tal como espero haber explicado que un matrimonio arreglado para nada implica una unión obligada.

¿Les costó encontrar pareja? ¿Quién se las presentó?  ¿Usarían algún sistema de casamenteros en línea o agencias matrimoniales para encontrar su media naranja?