Una impresión que
nos ha dejado “Unorthodox’ es que todos los problemas de Esty surgen de un
matrimonio arreglado en el que es obligada a casarse con un desconocido. En
“Shtisel” vemos que casi todos los romances son organizados por el casamentero
Königsberg. ¿No hay otra manera de casarse en el mundo ultraortodoxo? ¿Realmente
se obliga a las chicas judías a contraer enlaces sin amor? ¿Es más fácil encontrar una pareja ideal en
una sociedad seglar y libertaria?
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| Konigsberg el casamentero |
Buscando
Desesperadamente al Zivug
Antes de comenzar,
hay tres cosas que decir sobre mandamientos bíblicos, talmúdicos y cabalísticos
en referencia a la elección de pareja. Primero, es una lástima que la
interpretación de la Torá a veces caiga en tergiversaciones como la de que es
obligación tener hijos y que ese es el único propósito del sexo.
Hay un mandato
divino “creced y multiplicaos”, pero cronológicamente viene después de la
primera página del Genesis donde a D-s se le ocurre que “no es bueno que el
hombre esté solo” de ahí que todo hombre deba tener pareja y vivir en relación
estable. El matrimonio es compañía puesto que los hijos un día se van y queda
una pareja unida por los elementos sobre los que han fundado una familia.
Yo me moví un
tiempo entre ortodoxos tradicionales y modernos, y vi parejas que no se desesperaban
si al tercer año del matrimonio la cigüeña no mostraba interés en visitarlos, o
que dilataban el primer embarazo. Estrictamente hablando el judaísmo permite
ciertas formas de planificación familiar y hasta abortos en determinadas
circunstancias. Recordemos como Gittl Shtisel, el epitome de la buena esposa frum,
intenta abortar a su sexto hijo apoyándose en la ley israelí. Como me enseñaron en mi escuela judía, si el
sexo solo fuese solo para procrear entonces no se permitirían relaciones
íntimas con embarazadas o con menopáusicas.
Por lo tanto, el
mandamiento más importante es el matrimonio. Sobre todo, porque un matrimonio
temprano evita las relaciones sexuales (y sus consecuencias) fuera de una unión
legal. Sin embargo, Biblia y Talmud son enfáticos en este punto. No puede haber
boda sin el consentimiento de ambos contrayentes. Ese es el segundo punto: forzar
una unión matrimonial es un gran pecado.
Por otro lado,
los que leyeron mi novela saben del concepto místico del zivug. Antes de
nacer, en el Cielo, se nos ha emparejado con otra alma. Esta alma gemela es
nuestro zivug y debemos encontrarlo sino seremos eternamente infelices. Para
ayudar en la búsqueda, padres, casamenteros, parientes y hasta amigos nos traen
posibles candidatos para que reconozcamos a nuestra alma gemela. Ese es el tercer
punto y la razón detrás del famoso “matrimonio arreglado “de los judíos
ultraortodoxos. Pero la última palabra la tenemos nosotros, los contrayentes.
El problema es
que muchos contrayentes consienten por miedo, o por vergüenza a emparejarse con
el primer candidato que les presentan. Algunas mujeres, sobre todo viudas o
divorciadas con hijos, piensan que no van a encontrar otro interesado. A veces
hay problemas económicos que muchas mujeres sienten que se pueden solucionar
con otro sueldo en la casa, etc..
Los Malos
Candidatos: Locos, Huérfanos, y Rebeldes con Auto
En el caso de la
protagonista de “Unorthodox” existen otros factores encerrados dentro del
eufemismo “huérfana”. Factores que abarcan a la madre lesbiana que la abandonó
al nacer, el padre alcohólico, la ausencia de prestigio familiar o dote (en
algunos círculos eso todavía importa) y el famoso “soy diferente” que Esty le
confiesa a Yanky en su único encuentro prenupcial.
Aunque una de las
torpezas de la serie es nunca mostrarnos en que se diferencia Esty de otras
chicas Satmar, Deborah Feldman es muy específica sobre lo que la hace ¨diferente”.
Su padre es un enfermo mental y existe en la comunidad temor a que Deborah haya
heredado esa problema (ella nos cuenta que en dos ocasiones la han llevado a
diferentes psiquiatras).
La locura
hereditaria siempre ha sido un estigma que puede pesar sobre los judíos al
momento de casarse. En “Yentl” Barbra Streisand que para estudiar Talmud se ha
disfrazado de hombre, se ha enamorado de un compañero de yeshivá. Avigdor está
comprometido con la bella y adinerada Hadass. Cuando los padres de Hadass se
enteran de que el hermano de Avigdor se suicidó lo toman como señal de
desequilibrio mental y rompen el compromiso.
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| Avigdor, Hadass y Anshel-yYentl |
En “Shtisel” el
Rabino Gottlieb rompe el compromiso de su hija con Akiva Shtisel cuando se da
cuenta que él no quiere a su “princesa”.
Elisheva rompe su compromiso con Akiva abandonándolo sin explicación y
es posible que Libbi se rehusé a casarse con él puesto que su primo ha roto su
promesa. Tres compromisos rotos realmente afirmarán la reputación de “defecti”
(defectuoso) de Akiva y lo convertirán en persona non grata para los
casamenteros.
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| El Rabino Gottlieb rompe el compromiso de su hija |
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| Minuja se da cuenta que Akiva es un cliente dificil |
Ese es el gran
problema para los casamenteros, gente como Akiva que son muy exigentes sin
tener mucho que ofrecer, o chicas con problemas que tampoco tienen mucho que
ofrecer. Como Esty, como Deborah como Servidora. En mi caso yo tenía en mi
contra que a) mi padre no era judío b) mi madre acarreaba una reputación de
…como ella me dijo una vez “no creo que nadie en la sinagoga me quiera por
suegra” y c) yo ya tenía fama de excéntrica, temperamental (lloraba por todo) y
con la cabeza llena de pájaros sobre todo en lo que se refería al amor y al
príncipe azul.
Cuando una se
sabe mala candidata hasta le toma miedo a lo que los casamenteros puedan
presentarles. Eso es evidente en la canción “Casamentera” (Matchmaker) de “El
violinista en el tejado”. Las hijas de Tevye, el Lechero, pueden soñar con
casarse con millonarios, talmudistas reconocidos, y guapos, pero saben que al
final lo que Yente (la shajtanit o casamentera) les traerá serán viejos
feos como el carnicero Lazar con el que Tevye compromete a su hija mayor.
Al final de la
obra, Tevye ha consentido que Tseitzell rompa el compromiso con Lazar y se case
con el sastre Mottel, novio de la infancia de su hija. Ha consentido que su
hija Hodel se vaya a Siberia en busca de su amor, el desterrado revolucionario
Perchik, pero Tevye rechaza el matrimonio de su hija Chava con un cristiano.
Hay límites para lo que un judío puede aceptar como yerno y como dice el
lechero ‘si me doblo más me quebraré”.
. En “Shtisel”,
vemos la oposición paterna en lo que respecta al matrimonio de las hijas. El
Rabino Shulem lleva años sin hablarse con Rachelli, la hija que se casó en
contra de su voluntad. En un flashback vemos que a Gittl sus padres la
separaron de Lipa Weiss cuando descubrieron que en su primera cita la había paseado
en su auto (¡Que indecencia!).
Aun así, Gittl
insiste en volver a encontrarse con Lipa y desde el lugar de la cita llama a su
madre y exige que lo acepte, él es el hombre que quiere de marido Como las
hijas de Tevye, las mujeres Shtisel eligen a sus hombres por encima de lo que
digan casamenteros y padres. El mejor ejemplo es el de Ruchami que a los quince
años ya encuentra la manera de casarse con el chico del que se ha enamorado. La
sigue su prima Libby que logra convencer a su padre de superar sus prejuicios y
dejarla casar con su primo.
Sin embargo,
también tenemos el caso de Elisheva que, aunque viuda (dos veces) y con un hijo
pequeño, se da el lujo de menospreciar a Akiva Shtisel porque, aunque se sienta
atraída por él, no lo ve lo suficientemente maduro. Su misma madre le dice que
no la entiende. ¿Como una mujer doblemente viuda, casi cuarentona y con un hijo,
anda con remilgos?
Aunque Elisheva
eventualmente finja (de acuerdo con Akiva) aceptar un compromiso, nunca ha tenido
una intención seria con él. Esa es la primera queja que tengo contra ella. Un
compromiso en el mundo judío es tan importante como lo fue en Gran Bretaña
hasta el Siglo XX, donde se podía demandar legalmente al que lo rompiera, así
que no se puede entrar en él de manera frívola.
Cuando el Rabino
Gottlieb rompe el compromiso de su hija, los Shtisel cargan contra Akiva. “¡Comienza
a cavar mi tumba!” gime melodramáticamente el Rabino Shulem a su hijo. Akiva
también recibe un sermón de parte de su hermano mayor “Me da vergüenza mostrar
mi cara en público” le dice Zvi Arie recordándole que lo sucedido se refleja en
toda la familia. También le recuerda a “Kive” que la Mishna (ley judia) estipula que mejor
es divorciarse que romper un compromiso.
Esta misma
actitud la vemos en judíos semi asimilados como los Lieberman de “Vienna Blood”
que están escandalizados cuando Max rompe con Clara. Cuando el Inspector Dietrich
no comprende cual es el escándalo, Max le responde con tristeza “es que no eres
judío”. Lo fuerte del lazo queda evidente cuando Clara, quien es la que rompe
el compromiso, se refiere a este como “matrimonio”.
Por eso me irrita
que Elisheva acepté una cita arreglada por el shachtan Konisberg a sabiendas
que no tiene intenciones formales. Eventualmente acepta un compromiso que para
todos es oficial pero la viuda huye a Londres. Sin tener el valor de rebelarse
contra las reglas, Elisheva actúa irresponsablemente porque en su mundo no hay
espacio para amoríos como los que ella busca.
Desde el momento
en que entran en juego los casamenteros se sabe que las parejas que presenten
entre si tienen un propósito en común, casarse. Yo sé que eso resulta chocante
en el mundo moderno, el que los judíos ultraortodoxos no incluyan en su
escenario romántico la oportunidad de divertirse, de tener romances sin
compromiso, de no querer andar probando lo que hay en el mercado. Otra cosa que resulta chocante es que se
pueda elegir una esposa o un esposo con una sola cita.
En el caso de
Esty/Deborah casarse significa escapar, dejar de ser alguien imperfecto. Esty
le dice a su madre antes de la boda “Voy a crear una familia con Yanki Shapiro ¡Voy a tener un verdadero hogar!...¡Esto es lo que quiero!” Con eso entendemos que ella
busca una identidad en su matrimonio, dejar de ser ‘la huérfana”, construir su
propio espacio. Si agregamos que tanto Deborah como Esty encontraron atractivas
a sus parejas, entendemos que las llevó a consentir entrar en un matrimonio.
Casamenteros
Modernos
No todas las
citas organizadas por los casamenteros acaban en matrimonio. Tanto hombres como
mujeres pueden rechazar candidatos. No todos las citas a ciegas son preparadas
por casamenteros formales. En la búsqueda del zivug nos ayudan las personas más
prodigiosas.
Tras cinco blind
dates organizadas por una casamentera, y huirle a una arreglada por una vecina,
mi hermano conoció a mi ex cuñada gracias a nuestra peluquera. Yo tras cuatro o
cinco citas formales (organizados por casamenteras, amigas y hasta mi hermano)
con individuos a los que yo disgusté o me disgustaron a mí, entré en mi primer
compromiso con alguien que había conocido en mi sinagoga y al que consideraba
mi mejor amigo.
Tampoco la gente
se casa tras la primera cita. Se dice que se puede una pareja encontrarse hasta
cinco veces antes de casarse o pasar a otro candidato. Si nos parece poco, a Gittl
Shtisel le tomó solo dos citas saber que Lipa era el hombre de su vida. Tampoco
es común que la cita sea en casa de alguien. Normalmente se les arregla para
que se encuentren en algún lugar público, un restaurante, un café o como en “Shtisel”
en el lobby de un hotel.
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| Primera cita de Akiva y la Prima Libby |
Hay que tener
cuidado también adonde se lleva a la chica. Mi hermano cometió el error de
llevar a una judía brasileña a una representación de Broadway (Cats). Ella se
quejó con la casamentera que mi hermano la había llevado a ver un espectáculo
impropio.
Yo cometí otro
gafe cuando me negué a salir con un chico, amigo de mi hermano, con quien
habíamos estado charlando por teléfono por un par de meses. Me negué a que nuestro
primer encuentro fuese en un concierto en Carnegie Hall. Según yo, nuestra
primera vez debía ser en un ambiente más relajado y donde tuviéramos más
privacidad que en un concierto. Según él ya habíamos hablado bastante por
teléfono….
Cuando se le pasó
lo ofendido, me invitó a ir al cine y acepté. Me dejó esperando cinco horas,
por suerte yo estaba en mi oficina en Baruch College. Él se presentó a las
sexta hora, justo cuando yo ya me había marchado. Ahí fue cuando decidí que las
citas a ciegas, por muy ortodoxos y respetables que fuesen los pretendientes,
no eran lo mío. Eso no quiere decir que todas sean un fracaso. Si lo fueran, nadie
se casaría en el mundo ultraortodoxo donde la segregación de los sexos es la
norma.
En el mundo
moderno ortodoxo, la búsqueda de la pareja ideal sigue siendo una prioridad y
una complicación. Aunque los ortodoxos modernos no utilizan casamenteros formales,
existen redes de soporte para encontrar pareja. Muchas sinagogas y clubes
universitarios ofrecen “noches para solteros” u otras actividades para
propiciar encuentros con posibles candidatos. Incluso hay excursiones o
cruceros organizados con ese propósito. Y si nada sirve, van a casamenteros
en-línea o agencias porque las matchmakers de hoy son amigas de la
tecnología.
El sistema de
agencias matrimoniales no solo asiste al mundo judío. La televisión
estadounidense está llena de anuncios que buscan socorrer a una comunidad de
solteros traumatizados por malas experiencias y que andan en busca de romances
serios y seguros. Como este grupo abarca viudos y divorciados, hay agencias que
se especializan en candidatos de edad madura, tal como las hay que atienden las
necesidades de la colectividad LGTB. Hay agencias como Elite que solo atiende
pedidos de millonarios y donde una cita puede costar hasta 10.000 dólares.
El que haya gente
dispuesta a pagar tan exorbitante suma para encontrar compañía demuestra la insuficiencia
en el mercado de compañeros idóneos. Tal como nuestra fascinación con realities
como “The Bachelor” demuestra nuestro interés por ver cómo se desarrolla un
romance cuando se le presentan varias novias al candidato ideal. Es la fantasía
por excelencia. Encontrar el amor sin tener que darnos trabajo, que nos
presenten en bandeja a parejas perfectas, hechas a nuestra medida. Pues eso es
lo que hacen los casamenteros judíos.
Aunque no lo parezca,
existe un esfuerzo por contactar gente compatible, de familias similares, con
intereses similares. Después de todo se trata de encontrar a nuestro zivug. Uno
tiene derecho a poner condiciones. Mi hermano por ejemplo quería una judía
latina para que se comunicase con nuestra madre (Yanki Shapiro no es el único
judío con mamitis en el mundo). Pero a veces ni nosotros mismos sabemos lo que
queremos.
La Moraleja de
Crossing Delancey
Una pregunta que
ha surgido, a raíz de “Unorthodox” de parte de los defensores del estilo de
vida jasídico son “¿se vive mejor en un mundo sin religión, sin comunidad, sin
familia?”. Aunque consciente de una docena de problemas que existen dentro de
las comunidades cerradas que afectan el bienestar de sus habitantes, no puedo
argumentar que el estilo de vida al que estamos acostumbrados en Occidente—en
familias nucleares disfuncionales o como adultos independientes— sea superior.
Esto es algo que
es explorado en la mejor prueba de la eficacia de los casamenteros. Me refiero
a “Crossing Delancey” (1988). Basada en
la pieza teatral de Susan Sandler es la historia de Isabella “Izzy” Grossman,
una judía seglar que lleva una vida independiente en Manhattan donde tiene un
trabajo en una librería que considera glamoroso porque la pone en el centro del
mundo intelectual de editoriales y escritores. Izzy está deslumbrada por Anton
Maas el autor de moda que le ofrece súbita atención y la posibilidad de entrar
al espacio de un escritor famoso.
Aunque ya ha
superado la barrera de los treinta años, Izzy no tiene novio. Apenas un ex que
cada vez que pelea con su esposa aparece en su puerta a buscar refugio y
satisfacción sexual gratis. Izzi está sola, su patrón la utiliza sin importarle
como persona, sus amigas están como ella atrapadas en una libertad que llega
ser frustrante. El mejor ejemplo es Kerie que ha decidido ser madre soltera
para superar su soledad.
Una vez a la
semana, Izzy toma un tren que la lleva al mundo tradicional judío del Lower
East Side a visitar a Ida, su bubbe (abuela). Ida es la única que no
cree en la falsa felicidad de su nieta y arregla un encuentro con Hannah, una
casamentera.
De regreso a
casa, la horrorizada Izzy intenta explicarle a su abuela lo realizada que se
siente con su trabajo (“¡Isaac Bashevis Singer, el Premio Nobel, sabe quién soy
yo!”) y que no necesita de un hombre para ser feliz. Ida no está impresionada. Como le ha dicho a
Hannah, su nieta está sola. “Los perros deben vivir solos. No la gente”.
Agotada, Izzy
acepta un encuentro con Sam, el dueño de la tienda de encurtidos del barrio. Aunque
tiene lugar entre adultos, la cita se parece muchísimo a las que hemos visto en
series sobre ortodoxos. Cuando la abuela y la casamentera los dejan solos, Izzy
entra en el cuento de “Yo soy diferente, no vivo en este barrio, no es así como
hago las cosas”. En su torpeza llega a resultar ofensiva, pero Sam impertérrito
le dice que a veces hay que cambiar el modo de hacer las cosas.
Lo interesante es que vemos ahi el rol de la casamentera. Tras dejarlos solos un rato, vuelve Hannah a hacer aparicion ahora ofreciendo un restaurante de un primo donde les haran precio para la segunda cita. Cuando Izzy, con voz temblorosa, dice que no habrá segunda cita, Hannah lo toma con filosofía. La que esta molesta es Ida, pero cuando dice "Ella (Izzy) habló" esta reconociendo el derecho de la novia a rechazar a los candidatos.
Lo interesante es que vemos ahi el rol de la casamentera. Tras dejarlos solos un rato, vuelve Hannah a hacer aparicion ahora ofreciendo un restaurante de un primo donde les haran precio para la segunda cita. Cuando Izzy, con voz temblorosa, dice que no habrá segunda cita, Hannah lo toma con filosofía. La que esta molesta es Ida, pero cuando dice "Ella (Izzy) habló" esta reconociendo el derecho de la novia a rechazar a los candidatos.
A pesar de que
Sam corteja a Izzy con un pastel y un sombrero, esta insiste en no salir con
él, e incluso trata de emparejarlo con una amiga. Al final, Izzy se da cuenta
que el vendedor de pickles no es tan patán como creía (ha ido a universidad,
reza en la sinagoga todas las mañanas y aun antes de hablar con la casamentera,
estaba interesado en Izzy).
Después que el ególatra de Antón pretende convertirla en su amante-secretaria, Izzy descubre el valor del amor sincero que Sam le ofrece. La moraleja es que a veces se necesita de abuelas entrometidas y de casamenteras que eructan para encontrar al zivug.
Después que el ególatra de Antón pretende convertirla en su amante-secretaria, Izzy descubre el valor del amor sincero que Sam le ofrece. La moraleja es que a veces se necesita de abuelas entrometidas y de casamenteras que eructan para encontrar al zivug.
Verdaderas
Bodas Ultraortodoxas
La próxima vez
hablaremos del mikvah, de las pelucas y de las leyes que gobiernan la vida
sexual de las judías, pero antes quería hablar un poco de la boda. Yo no soy de
ir a matrimonios, y aunque he asistido a una media docena de bodas judías,
nunca había estado en una jasídica, aunque me dicen que son espectáculos
fantásticos que duran días enteros.
Lo que más me
sorprendió en la boda Satmar de “Unorthodox” fue el Bedeken (velación de
la novia); el que la suegra fuese parte del cortejo de la novia y la tristeza
que parecía acompañar todo cuando se supone que un matrimonio es ocasión de
gran jolgorio.
Por eso me puse a
buscar en YouTube videos de bodas jasídicas. A pesar del mito de que los
ultraortodoxos no son amigos de tecnologías, esa red social reboza de videosbodas
ultraortodoxas, jasídicas y hasta Satmar.
Les pongo un par,
dos de Shtreimel y una de sombrero negro. Dos incluyen el Bedeken con esa
servilleta (se llama Tisch) que además de fea, yo no conocía. Para mí el
Bedeken es el momento en que llevan al novio a la novia y tras verla y constatar
que es la suya (esto en recordatorio a la estafa bíblica que Labán hizo a su
yerno Jacob) la cubre. Yo estaba acostumbrada a la visión de una novia judía
bajo un velo tupido pero trasluciente, así como el de Tseitzell en “El
violinista sobre el tejado”.
En las bodas a
las que asistí en el siglo pasado, no había tal tisch, la novia simplemente era
cubierta con su propio velo de novia. Hay feministas que no les gusta lo del
velo en la cara, pero muchas novias modernas como la Duquesa de Cambridge que
no es judía usan un velo para cubrirse el rostro.
También para mí
la procesión nupcial eran los novios acompañados por sus padres (y a veces los
abuelos) hasta la jupa (el toldo nupcial). Ahora veo que en las bodas
ultraortodoxas si meten a la suegra en el cortejo de la novia (¡!). Pero
curiosamente en el video de Motty y Shevy donde hay una colección de sombreros
negros y shtreimel, la novia no usa el tish y es acompañada hasta el novio solo
por sus padres.
Lo importante es
que en las tres bodas vemos a las mujeres vestidas elegantes y modernas (la
peluca de la mama de Michali me volvió loca), y a todos muy contentos, No
parecen estar ahí obligados y aunque la fiesta es segregada, se ven a los
novios intercambiar gestos de afecto físico.
Si hay momentos
en que los novios se ven abstraídos es porque están rezando y todavía no he
visto a alguien que pueda rezar y reírse a la vez. Con eso espero ahuyentar la
impresión de que las bodas judías son espectáculos grotescamente tristes. Tal
como espero haber explicado que un matrimonio arreglado para nada implica una
unión obligada.
¿Les costó
encontrar pareja? ¿Quién se las presentó?
¿Usarían algún sistema de casamenteros en línea o agencias matrimoniales
para encontrar su media naranja?

























