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lunes, 8 de febrero de 2021

Hasta Aquí Llegué: The Crown 4x7

 


Con esta entrada doy por terminado mi análisis de la Cuarta Temporada. “The Crown” me ha superado. No puedo seguir viéndola, no puedo seguir escribiendo sobre ella. Las mentiras tan fáciles de cotejar que son fakes; la propaganda al servicio de la falta de ética; la irresponsabilidad de la difamación de gente aun viva o recientemente fallecida y que afecta a sus hijos; la propagación ignorante por parte de un grupo de fanáticos, me deprimen así tanto como la aparición de nuevas cepas el Covid. ¿Qué más puedo decir?

El capítulo 7 fue grotesco. ¿Me van a decir que Margarita, que estuvo casada con un bisexual, tuvo amigos gays (ni hablar de Dusty Springfield), iba a necesitar que su ingenua hermana le explicara que Dazzle era…amigo de Dorothy?



Desde que comenzó la serie, hemos visto a Margarita limpiarse la cola con las reglas de La Firma, hacer lo que ha querido y pasarlo mejor que nadie en la familia. ¿Y ahora que está vieja e inútil, debemos sentir lástima que no le den trabajo? Si lo hubieran hecho, hubieran tenido que pagarle con dinero del fisco, el mismo que se quejan los antimonárquicos como Morgan que solo sirve para alimentar parásitos.

Está bien que Carlos y Ana, que adoraban a su tía, se preocuparan por su salud mental, ¿pero por qué nunca muestran a sus hijos que también la querían?



El cuento de las parientas encerradas en un manicomio, aunque cierto es nuevamente contado de una manera tan grotesca que acabé, en serio, con insomnio.

¿Primero que tipo de siquiatra cuenta las historias de otros pacientes a una paciente? ¿Luego, de cuando la gente es responsable por los actos de parientes?  Parientes políticos más encima. Pero Morgan encuentra una magnífica oportunidad de hilvanar otro cuentito sobre la implacable crueldad y oportunismo de la Familia Real.

En 1987, se hizo público que unas primas hermanas de la Reina, estaban internadas en un sanatorio para deficientes mentales. El escándalo no era el encierro, ni siquiera el abandono en que vivían. Hasta 1979, el procedimiento estándar era que las familias afligidas con un hijo “anormal”, como se les llamaba entonces, lo/la/le recluyeran en una institución. Lo hacían estrellas de Hollywood como Dorothy Dandridge, novelistas bestseller como Jaqueline Susann y políticos. Los Kennedy hicieron lobomotizar a su hija Rosemary, hermana de John, Robert y Ted.

Ni la Princesa Margarita hizo el hallazgo, ni le importó. Así se hacían las cosas entonces y el escándalo fue que según Debrett’s (la guía/diccionario de la aristocracia británica) las hermanas Bowes-Lyon, habían fallecido en 1961. Algo que no era cierto, pero que no afectaba a la Reina puesto que la falsa defunción   fue una decisión de su tía política. A lo más podría decirse que nunca se interesó en la vida de sus primas, pero Isabel tiene más de una docena de primos de los que si se ha preocupado y más cosas de que ocuparse que de dos pobres criaturas que nunca tuvieron más madurez que las de una criatura de cuatro años.

Pero entra Morgan que nos cuenta otra historia. Cuando Margarita confronta a su madre, este mamarracho de maldad que ha inventado Morgan le dice muy descaradamente que fue necesario ese internamiento/alejamiento/enterramiento en vida, puesto que la existencia de esas desdichadas era una mancha para la Familia Bowes Lyon. En días de la Abdicación de Eduardo VII pudiese haber afectado la posibilidad de que el pueblo inglés aceptara a Isabel como princesa heredera. Este discursete cruel es tan imposible como el de Diana a Edward Adeane en el capítulo anterior.

Las primas fueron internadas en 1941, cuando la abdicación, la coronación, las dudas etc. eran cosa del pasado. La decisión de internar a sus hijas recayó totalmente en Fenella Bowes-Lyon (nee Clinton) quien tomó la decisión en conjunto con su hermana Harriet Vane. Las Hermanas Clinton eran conscientes de que el retraso mental de sus hijas venía de sus genes, no de Jock Bowes-Lyon quien ya había muerto.



En 1941, cuando el 80% de los niños británicos estaban siendo evacuados de las grandes ciudades y pasarían 3-4 años lejos de sus padres, a nadie le parecía anormal el poner a estas criaturas en manos de gente más capacitadas para atenderlas que sus familias. Cuando en 1961, Fenella tomo la decisión de dar por muertas a sus hijas, nuevamente lo hizo como algo que solo le atañía a ella. Para entonces, Isabel estaba muy firme en el trono

Creo que hubiese sido más honesto de parte de Morgan contarnos la leyenda de “El Monstruo de Glamis” si quería hacerle creer a Margarita que sus chifladuras eran señal de demencia hereditaria. Además, ¿para qué ocultar una tara familiar, si los Windsor tienen cola de paja en ese respecto?  Desde el malhadado Rey Jorge III hasta el pobre Príncipe Juan, tío de Isabel I, I han existido casos de problemas mentales en La Familia Real Británica.



El caso de “Johnnie” era el más triste. Sufría de epilepsia y posiblemente de autismo.  Por eso tuvo un trato deferencial de parte de sus padres. nunca lo castigaban, y aunque hasta los 11 años hizo apariciones públicas junto a su familia, se la pasaba más en Sandrnigham donde sus padres se aseguraban de que tuviese siempre de compañeritos de su edad.



A partir de los once años, los ataques epilépticos se volvieron más fuertes y continuos obligando a la familia a tenerlo aislado (pero siempre en casas familiares) y no mandarlo a la escuela. El niño murió a los 13 durante una crisis epiléptica. El Duque de Windsor, y entonces Príncipe de Gales, se refirió al fallecimiento de su hermanito como “una molestia lamentable”. A su amante le escribió que John “se había vuelto un animal” y a su madre le escribió una carta tan horrible que ella destruyó.

Para quienes tengan una imagen positiva de Edward, esto les demostrará no solo lo insensible que era, sino también la actitud de entonces hacia los enfermos mentales. En el Reino Unido hasta muy recientemente, los epilépticos eran encerrados en hospitales especiales ya que se consideraba su trastorno como una enfermedad mental.



Ahora la guinda del pastel. Pocos saben que después de su primer intento de suicidio, Diana fue puesta inmediatamente en manos de médicos muy prestigiosos. Sir John Batten, médico de su Majestad, salió con una teoría que coincidió con la de John Pare, director del Departamento de Psiquiatría del Hospital de San Bartolomé.  ¡Diana sufría de una enfermedad mental hereditaria! Con razón Carlos los mandó volar como viento fresco.

Los médicos habían estado tratando a la Princesa de Gales con una combinación de terapia y fármacos que ella se rehusó a ingerir. Carlos consiguió que Sir Laurens van der Post hablase con Diana y la convenciese de ver a un experto amigo de él, Así, Diana aceptó una entrevista con Alan McGlashen que diagnosticó que estaba en sus cabales, solo que se había quebrado ante presiones sufridas en su nuevo estatus. Aun así, Diana se rehusó a ser tratada por McGlashen. Quien sí entró en terapia con el psiquiatra fue Carlos, una terapia que duraría años y que lo ayudaría mucho.

Las enfermedades mentales son un tema espinoso, aun hoy en que hipócritamente fingimos ser más abiertos al tema. Cada vez que nos irrita un político o queremos disculpar el comportamiento psicótico de alguna luminaria aludimos a su estado mental. Por otro lado, el que países civilizados permitan abortar a fetos que puede que nazcan con Síndrome de Down nos quita el derecho a juzgar a quien internaba criaturas que jamás serian adultas mentalmente hablando.



¿Como vivirían hoy Nerissa y su hermana? Tal vez no estarían ocultas, pero no creo que pudiesen ser realmente integradas a la sociedad como se pude hacer con otros minusválidos, incluyendo a los nacidos con Síndrome de Down. Siempre las miraríamos con lástima y habría quien los miraría con burla.

Si vivimos en una sociedad donde por todos lados buscamos librarnos de parientes con “problemas” sea el pariente parapléjico o el abuelito senil poniéndolos en manos de ‘gente capacitada” para cuidarlos, tal vez podamos entender a quienes las internaron justamente durante una Guerra Mundial donde en caso de una invasión alemana…bueno ya sabemos lo que hacían los Nazis con todos los que consideraban “imperfectos”.

El haber manipulado una tragedia solo para avanzar su agenda antimonárquica, me hace despreciar más a   Peter Morgan. por eso es por lo que su serie superó mi límite de tolerancia y por fin, dije “Hasta aquí llegué”. Agradezco a todos los Crownies que me han leído. Las primeras temporadas, aun con licencias poéticas, fueron maravillosas, pero a medida que avanzamos sobre terreno que nos fue contemporáneo, la deformación de los hechos y el daño que se le hace a imágenes veneradas y a personas aun vivas ya raya en lo criminal, y no engrandece la serie, más bien la hace mediocre..

lunes, 25 de enero de 2021

Diana, Reina de Oz: The Crown 4x6

 


La Premisa de “Terra Nullius” es casi refrescantemente cercana a la realidad. En 1982, Los Príncipes de Gales viajaron a Australia.  Diana se ganó el cariño de un pueblo e incurrió en los celos irracionales de su marido. Ana y su cuñada se llevaban pésimo, pero ese aquelarre de brujas envidiosas de la joven y bella Cenicienta sigue siendo un cuento de hadas de Hans Christian Morgan. Como tampoco me creo que la Reina Isabel fuese una suegra infernal.

En 1982, Australia, bajó su primer ministro Bob Hawke, se preparaba para recibir a la comitiva real capitaneada por los Príncipes de Gales. Aunque el episodio exagera la importancia del viaje y el republicanismo del Primer Ministro, lo cierto es que era una prueba de fuego para una jovencita inexperta como lo era Diana.

                       Richard Roxburgh como Bob Hawke

La Reina tenía sus preocupaciones (puesto que ya conocía la bulimia y las manías suicidas de su nuera). Preocupaciones que se desvanecieron cuando, tras un inicio un poco incomodo, Diana se ganó los corazones de los australianos y alejó cualquier resquemor de que tuvieran que rendir tributo a una dinastía extranjera. Lamentablemente, el enamoramiento de los hijos de Oz con la Princesa no abarcó a su marido. Carlos siempre inseguro, le agarró envidia a su mujer culpándola de quitarle cámara.

En sus grabaciones, Diana tiene un raro momento en que comprende a su marido— “cualquier hombre orgulloso se hubiese sentido mal en esa situación”—, pero, y con razón, se queja de que Carlos fue injusto en sus criticas de un comportamiento que lo honraban tanto a él como a La Corona. En Nueva Zelandia, Diana no pudo más y sucumbió a la bulimia. Sin embargo, en los anales de su reinado, este viaje fue su gran triunfo. El primer paso para convertirse en La Reina de Corazones fue ser Reina de Oz.

          Los Gales y Los Hawke en Canberra

Aunque es más que posible que ya para estas alturas Isabel II encontrase paz y consejo en las mujeres de su familia, “The Crown” las presenta como un aquelarre de mujeres envidiosas que conspiran en contra de la princesa del cuento. Solo Margaret expresa alguna compasión hacia Diana. Irónico porque, al final, Margaret se volvió peor enemiga de su sobrina política que todas sus otras parientas juntas.

¿Qué hubiera ocurrido si Diana se hubiese adaptado como hizo Felipe y tal como espera La Reina Madre? Es que esto va más allá de adulterio (¿me van a decir que una nena joven y guapísima no se las iba a poder con una mujer avejentada, usada y más encima casada?) El problema es que Diana tenía problemas.



 La gente se cohíbe cuando debe describir los problemas de la Princesa como mentales, emocionales o psicológicos. Lo siento. Si vomitas lo que comes, si te tratas de suicidar una vez al mes, y si en medio de una discusión marital, agarras un cortaplumas y te haces cortes en el pecho, no estás en tus cabales. Necesitas ayuda médica, medicamentos, terapia de apoyo y la Familia Windsor no tenía la preparación para asistirla y menos Carlos que tampoco era muy estable emocionalmente.

La serie nos muestra que Carlos, su hermana y su madre están celosos de la popularidad de Diana. Jamás he oído que se acuse a Isabel de envidiar a su nuera, pero Ana si tenía un problema con su cuñada. Desde antes del matrimonio, Ana consideró a Diana como “una niña tonta” y que no estaba a la altura de lo que debía ser una Princesa de Gales. Pero también debe haber habido un elemento de celos. Ana se quejaba de la adoración que su cuñada generaba en el pueblo, algo que ella nunca consiguió.

Es que, para ser francos, la personalidad de puercoespín de la Princesa Real nunca la hizo una favorita de la prensa. No tiene nada que ver con belleza física (ahora todos la quieren) sino con su actitud rebelde y malcriada. Diana era toda ternura y simpatía. Era imposible no quererla.



Eso me lleva a una gran queja que tengo con Emma Corrin. Es cierto que Diana era irascible e impaciente, peto no creo que anduviese todo el día con cara larga o haciendo muecas como nos la muestra la serie. Y su peor lado (cuando despidió criados, expulsó a los amigos de Carlos de su vida y hasta exilió al perro del marido) no afloraría sino hasta después del nacimiento de Harry.

Hora es de hablar del famoso Magical Mystery Tour por Australia, y de sus mitos, algunos inventados por Morgan, otros por la prensa que endiosó a la Princesa de Gales, pero también la usó, manipuló su imagen, lucró a costa de ella y finalmente la mató.



Bebé a Bordo

El primer mito, y que molestó incluso a la Princesa, es que ella insistiese en llevar a su hijo a Australia. Primero que es un absurdo total cargar con una criatura de menos de un año, y que está en medio de su dentición, al otro lado del mundo en un viaje complejo donde no se sabe quién lo va a cuidar. Segundo, Diana le contó a Andrew Morton— él lo incluyó en su biografía oficial— que ella nunca quiso exponer a William,, que era consciente de que ella iba cumplir con sus deberes oficiales y no iba a tener tiempo de atenderlo: “Estaba dispuesta a dejarlo, aunque no me iba ser fácil”.

La razón por la cual se decidió romper un precedente y cargar con él bebé fue por consejo de un ex primer ministro australiano, Malcolm Fraser, quien consideró que añadiría humanidad y simpatía a la joven pareja. Por eso se tomaron medidas. Al principito no lo iban a arrastrar al errático tour de sus padres. Él iba a tener una experiencia australiana en un pueblito ovejero (lo que allá se llama una “sheep station”) llamado Woomargama que quedaba entre Sídney y Melbourne.

El niño y su nana, Barbara Barnes, que viajaba con Los Príncipes de Gales, fueron alojados en la propiedad de Los Darling. Estos amigos del famoso Mike Parker, secretario del Duque de Edimburgo, ya habían sido anfitriones del Presidente Reagan y la Primera Dama en su viaje a Australia.

                Los Príncipes y Wills en Nueva Zelandia

Diana puso algunas exigencias (sobre la seguridad de William) que se cumplieron por lo que el bienestar del niño no jugó un rol en el estado emocional de la Princesa. Toda esa sorpresa cuando le arrebatan al bebé en el aeropuerto’, su histérica insistencia en interrumpir el tour para visitar él bebé, esa entrada impulsiva y corriendo a la casa de los Darling son licencias melodramáticas que, más que mostrarnos a una madre angustiada, retratan a Diana como histérica y descontrolada.



Es casi igual de absurda que ese interrogatorio pedante y humillante al que Diana somete al pobre Edward Adeane cuyo único resultado es hacer creer que ella no quiere separarse de su hijo porque es bonito y no llora. Lo chistoso es que el bebé se larga a llorar justamente al final del discurso. ¿Tendrán grabado el llanto o será que los alaridos de la Corrin alarmaron a la criatura? Sabido es que gatitos y bebés se contagian del ánimo alterado de quienes están cerca de ellos. Lo que hace pensar sobre como los bochinches de los padres habrán afectado la psiquis de William y Harry.



Morgan vs Australia

El pueblo australiano se ha sumado a larga lista de descontentos con la Cuarta Temporada de The Crown”.  Según The Guardian la representación del tour en “The Crown” ha dejado descontentos a los habitantes de Oz. El primer ultraje ha sido en contra del ex primer ministro Bob Hawke quien nunca comparó a la Reina Isabel con una cerda, y aunque republicano, tenía otras preocupaciones como las de reducir el nivel de pobreza de su pueblo antes que salirse de la Commonwealth.

Si bien es cierto que la presencia de Diana creó más sentimiento monárquico entre los australianos, nadie estaba predispuesto en contra de la Visita Real. Nunca hubo protestas en Canberra ni en ningún otro sitio de la isla-continente. Tampoco la audiencia se burló cuando Carlos se cayó durante el match de polo. Por el contrario, lo aplaudieron al verlo continuar el juego. A la que le están haciendo “buuh”es a la serie porque, para colmo, muchas escenas de Australia las grabaron en España.

Un dato curioso es que el público australiano, y principalmente el gremio periodístico, no esperaba mucho de Diana. Gracias al Daily Mirror su bulimia era conocida por todo el mundo. Muchos creían que no iba a aguantar el arduo recorrido sobre todo en ese clima inclemente que caracteriza los veranos Down Under. Lo cierto es que el calor casi la mató. El Príncipe Carlos dio explicaciones públicas de que su mujer y él sufrían de jetlag para explicar sus caras rojas y su cansancio. Sin embargo, poco a poco, se acostumbraron al clima y todo comenzó a funcionar.



ES hora de hablar de la infame representación de ‘the Crown” del ascenso a Uluru. Diana nunca la llamó “Ayers Dock” y si no pudo escalarla fue porque llevaba un vestido abierto en el frente y el viento le alzaba las faldas obligándola a enseñar lo que las princesas no deben mostrar. No fue porque fuera “frágil y patética” como en la serie la describe Carlos a Camilla.

             La verdadera razón para la incomodidad de Diana en Uluru

Solo en una ocasión Diana perdió los estribos. Fue en Sídney cuando la multitud se le abalanzó encima arrinconándola. Ahí la Princesa se echó a llorar. Leí en la Paula en 1968, y me lo confirmaron gente que estuvo ceca de ella, que ocurrió algo parecido con Isabel II en Valparaíso. Los porteños rompieron el cerco de Carabineros y le cayeron encima a Su Majestad. Alarmada, Isabel no lloró como su nuera, sino que se taimó y se puso de muy mal humor. Se entiende, es una experiencia que asusta casi ser arrollada por un tumulto.

        

Sin embargo, el tour fue un triunfo gracias a la simpatía y sencillez de Diana que se metió a los australianos en el bolsillo.  Una lástima que sus esfuerzos solo consiguieron envidia de parte de su marido. Eso arruinó lo que pudo ser una verdadera luna de miel.  A su llegada a Nueva Zelanda, la pareja se llevaba mal y Diana estaba exhausta. Mas encima, el recibimiento en el país de los kiwis no fue muy agradable. Ahí si hubo protestas, les lanzaron huevos al automóvil donde viajaban y el infamoso activista maorí Te Ringa Mangu Mihaka les mostró las nalgas. No es de sorprender que, con tanta presión, Diana recayese en sus ataques de bulimia.

              La serie hace parecer que la danza maorí provocó la bulimia de Diana

Una Audiencia con la Suegra

Sin embargo, es la última escena del episodio la más irritante porque es imposible que haya sucedido. Una Diana alteradísima irrumpe en el saloncito de la suegra, acusa no solo a Carlos de resentir sus logros, sino también a La Familia Real en pleno. La Reina se pone a la defensiva y Dina remacha su faux pas abrazándola y llamándola “mamá”. Isabel cuenta este suceso a su horrorizado aquelarre que ponen caras de asco. ¡Por favorrrr!

1.       Diana, tal como hoy lo hacen la Condesa de Wessex (esposa del Príncipe Eduardo) y Duchess Kate, llamaba a Isabel y a Felipe “Mamá” y Papá”. No se entiende la sorpresa de la Reina cuando su nuera lo hace.

2.       La Reina está acostumbrado a que la abracen y no solo sus íntimos. Michelle Obama, deportistas y hasta políticos, la han abrazado. Aunque su costumbre es saludar de besos a íntimos, no es como que un abrazo la desarme.




3.       Diana estaba acostumbrada, en los primeros cinco años de casada, a ir frecuentemente a visitar a su soberana y a pedirle consejo. Siempre salía más tranquila de esas reuniones y en una ocasión le conto a la biógrafa Íngrid Seward “tengo la mejor suegra del mundo”.

4.       A diferencia de lo que nos muestra “The Crown”, La Pareja Real no llegó de Nueva Zelanda a Londres en medio de lluvia y dándose codazos. Para descansar, se pasaron unos días en Las Bermudas y estuvieron muy cariñosos. Las fotos no mienten. Pasado el viaje, Carlos superó sus inseguridades por un rato y comenzaron días felices para los Príncipes de Gales. Recordemos que menos de un año más tarde, encargaron a Harry, y que Diana recordaría esta etapa como las feliz de su matrimonio.

               Y esto pasó despues del tour australiano, Carlos y Diana en Eleuthera

lunes, 11 de enero de 2021

Un Intruso en el Palacio: The Crown 4x5

 


Este ha sido el peor capítulo de la temporada. Mas allá de las usuales mentiras oportunistas de Morgan, aquí se llega a una irracionalidad que desafía toda lógica y acaba ofendiendo a las verdaderas y muchas víctimas de las desastrosas medidas económicas de Margaret Thatcher. Ni hablar de como la sutil misoginia morganiana hace que los espectadores babeen de gusto ante una posible atentado contra la privacidad femenina. Como dijeron la Reina y Felipe, otra sería la historia si Michael Fagan hubiese entrado al cuarto del Príncipe Consorte.

En el verano de 1982, cuando el Cono Sur tenía los ojos puestos en Las Malvinas, los fans de la realeza de USA nos asombrábamos por la facilidad con la que un tal Michael Fagan había podido entrar hasta la recamara real donde dormía Su Soberana. Unos días después de la noticia, está ya era motivo de chistes y de admiración por la sangre fría de Isabel quien había manejado todo el asunto de manera competente y valiente.

Aun así, persistían la duda y preocupación de todo monarquista por la falta de seguridad que rodeaba a La Reina. Sobre todo, cuando el asesinato de Lord Mountbatten, había demostrado que La Familia Real era blanco de terroristas. Otra de las cosas que “The Crown” ha obviado mostrar es que un año antes— apenas unas semanas previas a la Boda Real— Isabel fue atacada mientras pasaba revista a sus tropas. Un mocoso le disparó siete salvas nada más que “para ser famoso y recordado”.



 Aunque Fagan hasta hoy asegura que nunca pretendió agredir a su reina por la que siente adoración su aparición en el cuarto de Isabel fue mucho más dramática. Cuando la Reina despertó se encontró ante un hombre descalzo, borracho, que sostenía en la mano un cenicero de cristal roto chorreando sangre. Desde ese día, Michael Fagan ha dado no sé cuántas versiones de los hechos.

Como tiene más vidas que un gato, en el 2020 sobrevivió un infarto y el Covid (y alcanzó a ver “The Crown”) ha vuelto a ser entrevistado.  Encontró la serie muy simpática, pero recalcó lo que es invariable en sus declaraciones. Si entró al Palacio de Buckingham fue para conocer a su reina, no por motivos políticos ni desesperación, y el intercambio con Isabel no duró más de 10 minutos.

Como explicaría a los periodistas la madre del intruso, su hijo estaba obsesionado, pero en buena onda, con Isabel II. En el verano de 1982, la mitad del Reino Unido estaba obsesionada con la Princesa de Gales, pero a ninguno de ellos (por suerte) se le ocurrió metérsele en el cuarto. Por otro lado, la otra mitad sufría de gravísimos problemas económicos y a ninguno se le ocurrió allanar la casa de ningún político.  El que Morgan coloque a Fagan en este último grupo, ya le resta credibilidad al relato.

La verdad es que Fagan, un pintor de brocha gorda desempleado, estaba un poco deprimido porque su mujer lo había abandonado. La esposa de Fagan, que eventualmente regresaría con él, se había marchado cansada de un esposo que se la pasaba o en la cárcel o en el manicomio. Es que todo indica que Fagan no era el valeroso justiciero social que viene a advertirle a su reina que una usurpadora está destruyendo su reino y pretende quitarle el trono como en el cuento de hadas que confeccionó Morgan.



Lo cierto es que el audaz y chistoso Fagan tenía problemas mentales agravados por uso de drogas y alcohol. El mismo declaró que creía que todo el incidente se debía a la influencia de hongos alucinógenos que había ingerido previamente a sus intrusiones en casa ajena y que probablemente provocaban su desempleo y problemas maritales. Basta ver la diferencia entre sus declaraciones en su primera entrevista (The Guardian, 1982) y la última ( The Sun, 2020) para ver el desequilibrio de entonces.

La razón por la cual el pintor entró al palacio, tal como la declaró en el tribunal, es porque estaba enamorado de Isabel y porque “no sabía yo quien era y pensé que ella me lo diría”.  Después admitió lo de los hongos, y según Scotland Yard cuando fue arrestado Fagan (que se les presentó como “el hijo de Rudolf Hess”), confesó haber entrado al cuarto de su “enamorada” con la intención de cortarse las venas.

 No era la primera vez que Fagan había entrado en Buckingham. Durante su audiencia, Fagan que alternaba su estado de ánimo desde el coquetear on chicas en la galería con estallidos de llanto, soltó muchos datos que agravaron su falta. Uno de ellos es que era su segunda intrusión en la casa de la Reina. La primera vez ocurrió semanas antes. Entró por una ventana abierta y se encontró con una camarera que huyó despavorida.

Esperando que pronto viniesen guardias a desalojarlo, Fagan aprovechó de pasearse por la residencia. Según su propia confesión admiró la colección de sellos del Rey Jorge VI, los regalos que la Princesa Diana había recibido por motivito del nacimiento de Guillermo, se bebió una botella de vino que el Príncipe Carlos tenía en su reserva en su escritorio. También se comió unos bocadillos de queso que encontró en un bufete y ¡se sentó en los tronos!.

¡Lo más descarado es que sintiendo el llamado de la naturaleza, y al no poder encontrar un baño, se orinó en los platitos de comida de los Corgi! Lo extraordinario es que nadie notó ni la orina ni la ausencia del vino y los guardias no le creyeron a la camarera que había avistado al stalker.



En la serie, Isabel y Felipe son informados del robo del vino. La Reina no le da importancia y pide que lo mantengan en secreto porque todo lo que va a conseguir es que Scotland Yard invada su privacidad. Un tema de la serie es que Isabel quiere mantenerse alejada del pueblo, ocupada en mantener su vida personal a aparte del resto del mundo. Si nos detenemos a pensar que Diana también quería privacidad y que su muerte fue provocada por paparazis tan intrusos como Fagan, uno se da cuenta de la importancia de salvaguardar la intimidad de las personas públicas.

Yo no creo que Isabel hubiese tomado tan a la ligera un allanamiento de morada. No en vista del ataque del año anterior y eso que no sabía un secreto recién revelado en este siglo. En un tour por Nueva Zelandia en 1981, un adolescente le disparó con un rifle a la suficiente distancia para no hacerle daño. Además, todavía estaba reciente la memoria del asesinato de Lord Mountbatten. Debido a que “Fagan” es un apellido irlandés, Scotland Yard inicialmente lo creyó un terrorista de la ERI.

El episodio no fue ni jocoso, como lo percibimos en su tiempo, ni tuvo las connotaciones políticas que le impuso Morgan. En su reciente entrevista, Fagan ha cambiado un poco sus declaraciones iniciales: nunca consumió alucinógenos, ni planeaba suicidarse en frente de su reina, pero es enfático en el tema Thatcher. La Dama de Hierro nunca jugó un rol en su aventura.



En la serie Fagan (interpretado por Tom Brooke) es un patético desempleado, víctima de la economía tatcheriana. Su esposa lo ha dejado por otro, le impide ver a sus hijos y cada vez que Fagan intenta surgir, encontrar empleo, llevar una vida normal, choca con la insensible burocracia. Finalmente, un burócrata burlón le recomienda ir a quejarse con la mandamás, la única por encima de Thatcher, Su Majestad Isabel II.

El desolado Fagan, en su segunda entrada al palacio, rompe una claraboya lo que explica que llegue sangrando ante la Reina. Totalmente ridículo, una razón por la cual, Fagan no pudo ser acusado de allanamiento de morada, es porque no rompió nada, ni un cerrojo, ni un vidrio. Él dice hoy que el cenicero roto era para cortar las redes anti-palomas que le impedirían su salida por el tejado. También Fagan ha declarado que entró en el cuarto de su soberana por accidente, creyéndolo vacío. En cambio, el Fagan de la serie viene determinado a despertar a La Reina y obligarla a oírlo.

En la vida real y en la serie, Isabel se despertó y preguntó “¿qué hace aquí?”. Fagan recuerda que, en un momento, ella le dijo “creo que está en el cuarto equivocado”. Isabel inmediatamente tocó el timbre y nadie acudió, usó el teléfono, no le respondieron. Entonces, según Fagan, ella le dijo que ya volvía y salió” sus piececitos corrían” y regresó con un guardia (en otras versiones es una mucama) que se llevó a Fagan a una despensa cercana donde le sirvió un wiski y le dio un cigarrillo mientras esperaban a Scotland Yard.

En la serie, Isabel hace sonar el timbre y nadie acude. Entonces toma el teléfono y Fagan se lo quita de las manos. Aunque no es un ademan brusco ya parece amenazador, por lo que Isabel, muy juiciosa, se sienta a escuchar el Cuento del Desempleado, de cómo su reino ha caído bajo el influjo de un gran visir cruel y opresor, que pretende quitarle su trono. El relato de las Mil y una Noche acaba cuando interrumpen la mucama y el guardia. Antes de irse, Isabel estira su blanca mano para estrechar la de su fiel súbdito.



¿Por qué otros fieles súbditos no tuvieron la misma brillante idea de meterse en las recamaras de todos los miembros de la Familia Real? El capítulo acaba con La Bruja Mala de Whitehall amenazando con convertir el palacio en una fortaleza. Ja Jajá. En el 2019, un desamparado se anduvo paseando por los jardines de Buckingham por cuatro horas antes de ser descubierto y desalojado.

Lo que Fagan sigue recalcando es lo fácil que era entrar a ese mundo que Morgan goza en representar como impenetrable. Durante su segunda incursión, Fagan cuenta que se encontró con una camarera que ni le prestó atención y eso que él andaba descalzo. Tres sistemas de alarma sonaron y nadie les hizo caso pensando que se habían echado a perder.

La guinda del pastel de la poca verdad de la serie es que al final, no solo Isabel no puede convencer a Thatcher de cambiar sus medidas económicas. Más encima, al pobre Fagan lo encierran en el manicomio ¡y todo por molestar a la Reina! ¡Que poca!



Vamos por partes. Nunca se le acusó de allanamiento porque eso era castigado solo si la persona allanada lo denunciaba. Isabel nunca lo hizo. Se le absolvió del robo de vino, pero en sus declaraciones Fagan confesó haberse robado un auto hacía unas semanas. Fue por ese delito que se le consignó a una institución mental en donde permaneció solo tres meses. Desde entonces ha estado en la cárcel varias veces, por robo, asalto y venta de drogas.

Otra interrogante es porque el Fagan de la serie iría a hablar con La Reina. ¿No le sería más conveniente ir a molestar a la Dama de Hierro?  Algo que la serie nos ha contado es que Isabel no tiene poder político, no puede entrometerse en asuntos de estado. A lo más puede hacer como lo hace, aconsejar a la Primera Ministro que educadamente le dice dónde meterse su consejo.

Por eso este episodio es ilógico y ofensivo. Miles de víctimas de las medidas tatcherianas pudieron irrumpir en el palacio, beberse todo el vino, dejar sorda a la reina con sus cuitas y nada hubiese cambiado porque Margaret Thatcher representa al mundo moderno y demócrata. Ella fue elegida por el pueblo, no impuesta por la despreciada realeza. Si mañana decapitan a Carlos, exilian a Isabel a Las Hébridas y el país tiene esa democracia que tanto anhelan Morgan y Netflix, se seguirán eligiendo Primeros Ministros que tomen malas decisiones. Son las trampas de la democracia.

 

“

viernes, 1 de enero de 2021

¿Mala Madre=Mala Gobernante?: The Crown 4x04

 


Este capítulo me pareció malo, mejor dicho, mal escrito, Falsedades, enredos cronológicos, situaciones imposibles y falta de datos lo hicieron sentir fragmentado, tanto en el relato histórico como en el desempeño de estos personajes en su entorno “ficticio”.

Misoginia y Maternidad

La moraleja es que, si se es mala madre, no se es buen gobernante. La Reina es juzgada por no conocer a sus hijos, por no haberlos bañado de pequeños, y por haber sido consentidora de uno solo. Margaret Thatcher es juzgada por ser tan devota de su hijo predilecto que no solo es negligente con su hija, sino que toma decisiones que afectan al Reino Unido al calor de una crisis personal.

 Una Maggie joven con sus mellizos

En este momento histórico/histérico en que vivimos el gobierno de La Baronesa Thatcher es considerado tan nocivo como el del Fuhrer. Démosle unos 30 años y verán que los historiadores cambian de opinión. Pero Morgan necesita convencer a un público que ni nacía en la Era Tatcheriana, las jovencitas mituteras y los progres diversos que componen la Nueva Ola de Crownies Pandémicos. Por eso les cuenta que Margaret odiaba a las mujeres, despreciaba a su madre, no confiaba en su hija, etc..

Y, sin embargo, el borrico nos muestra a Thatcher perdiendo los estribos, llorando delante de la Reina, típica madrecita, todo porque su predilecto se ha perdido. La muestra embarcando al país en una guerra motivada por el miedo que pasó cuando creyó a su hijo perdido, Se supone que despreciaba a su madre por haber sido solo un ama de casa, y luego la vemos cocinándole a políticos. Antes la vimos desempacando la maleta del marido y planchando. ¿La Primera Ministro de Gran Bretaña?  ¿En qué cabeza cabe? Y, sin embargo, es un secreto a voces que le gustaba cocinar para miembros de su gabinete.

                                    Los sufridos Thatchers

El problema con La Thatcher (y esto va más allá de “The Crown”) es que era mujer, era conservadora, era una mujer conservadora y no se sabe cómo retratar a esta avis raris. Paralela a sus medidas catastróficas para la economía, se la muestra llorando y haciendo declaraciones públicas como “Antes que todo, soy madre”. A lo mejor despreciaba a las mujeres, incluyendo a su hija y a su madre, pero ella fue víctima del sexismo de su propio partido.

En realidad, la serie quiere poner a dos mujeres representando lo que más odia la izquierda británica, El Partido Conservador y La Corona. Para eso les propinan golpes bajos acusándolas de ser malas madres (sobre todo con sus hijas). Esos golpes son manifestaciones del mismo patriarcado que tanto condenan.

Con eso espero sacarme de encima el enojoso tema de Lady Thatcher. Por respeto a mis amigos argentinos, no hablaré de La Guerra de Las Malvinas, limitándome a señalar lo obvio. Los primeros conflictos en las Falklands ocurrieron dos meses después que Mark Thatcher ya había sido encontrado. Otra vez, Morgan se ríe alevosamente de los muy jóvenes que no recuerdan (yo hasta tengo un diario de ese periodo) una historia tan cercana que puede calificarse más de Current Events que dé pasado remoto.

Ahora, lo que me gustó de este episodio…

Thatcher Llorando: No es tanto por ver a la Dama de Hierro convertirse en Mater Dolorosa en el saloncito de la Reina. Después de todo, Thatcher muchas veces lloró en público, y en la dicotomía Margaret-Elisabeth, Morgan ha tomado el partido de la Primer Ministro, a ratos haciéndola superior a la Soberana. En esa onda, vemos que Margaret puede llorar.



 Lo que me gustó fue lo rápido que Isabel se hace cargo de la situación. Calma los temores de Thatcher. Otros Primeros Ministros han vencido su testosterona y se han desmoronado ante la monarca. Me gustó rápido que le alcanza un Kleenex y un whisky y pone toda su atención a las cuitas de su Primer Ministro. Qué lástima que no demuestra el mismo humor, paciencia y desvelo con sus hijos!

Felipe e Isabel

Aunque no me gusta Olivia Colman como Isabel, me encantan sus escenas con Tobias Menzies. Concuerdo con la Gatita Genezaret de que son la única pareja con química en la serie y que capturan lo que uno espera de un matrimonio que lleva (en ese entonces) más de treinta años sobreviviendo crisis tras crisis.



A pesar de lo que opine la sorprendida Isabel, los padres tienen favoritos. Eso no significa que odien a los otros o no les importe sus destino. Es solo que se sienten más cómodos, menos presionados por su rol de padres con algunos hijos. Puede que haya algo de opuestos que se atraen y los padres se lleven mejor con las hijas y viceversa. En el caso de Margaret Thatcher, a pesar de que Mark es obviamente un bribón privilegiado, la Primer Ministro admira en el que es un “hombre” y por ende “fuerte”, menos emocional que una mujer. Ese no es el caso de Su Soberana y pasamos al…

El Almuerzo con Andrés

El almuerzo con el hoy Duque de York tiene lugar en esa exploración de Su Majestad para saber cuál de sus hijos es el predilecto y ocurre luego de los desastrosos encuentros de Isabel con Ana y Eduardo. Desde el instante en que el príncipe hace una aparatosa entrada en el palacio—después de aterrizar su helicóptero en el jardín— y la Reina lo recibe con besos y mimos que sabemos que es su favorito. No porque sea el mejor, el más guapo o el más cariñoso. Es porque ella se siente cómoda con él. He ahí el secreto del favoritismo de los padres.



Andrés no la hace sentirse culpable o incompetente. No se queja del almuerzo, comparte con la madre la predilección al salmón, pero que no se crea que el favoritismo nace de gustos similares. Al contrario, muchas madres prefieren a los hijos varones porque no son sus espejos, sus experiencias les son más interesantes y por eso las ven como exóticas. Andrés se da cuenta y por eso le tiene la confianza de contarle sobre el soft porn que está filmando su nueva amiguita (Nota: Koo Stark no entraría en la vida del Duque de York sino hasta el ’84).



A pesar de sí misma, Isabel se siente a sus anchas con un hijo que no la hace sentirse desacertada como madre y que la hace reír. Yo recuerdo que esa era la respuesta de mi madre cuando la acusaban (no yo) de su predilección por mi hermano: “no viene con malas cara y críticas, y me hace reír”. Estoy segura de que, de todos sus hijos, Andrés es el único que ha hecho reír a su madre.



La regañiza a Carlos

La última visita es a Highgrove donde el heredero al trono está ocupado jardineando y hablando puerilidades, mientras su joven y muy embarazada esposa languidece encerrada en su torre. Ahí es donde Su Majestad pierde los estribos y Carlitos se va por retada. A pesar de las afirmaciones porfiadas de Diana, sabido es que tanto Isabel como Felipe muchas veces aconsejaron/regañaron a su primogénito por el mal manejo de su matrimonio. Le exigieron acabase su relación con Camilla, pero Carlos había perdido el poco cariño que le tenía a Diana y no hubo manera de convencerlo de acercarse más a ella.



Lo que no me gustó

La Discusión de Carol y La Primer Ministro.

En mi familia era factor aceptado que yo era la favorita de mi padre tal como mi hermano lo era de mi madre. A mí nunca se me ocurrió echárselo en cara a mi madre (me hubiera cortado la nariz con un cuchillo) ni a mi hermano. De hecho, ese favoritismo nos unió más concientes que era un arma usada por mi madre para manipularnos y separarnos. Por eso se me hizo tan extraño, que Carol, una mujer hecha y derecha de 29 años, estalle en un discurso acusatorio.  Lo hace justo cuando su madre está preparándose para recibir invitados, solo para poner en boca de Margaret su desprecio por el género femenino.

Carol Thatcher, hoy en día es una reconocida periodista, escritora y documentalista. Ciertamente es más respetable y exitosa que su hermano, el mimado Mark.  Es quien mantiene el culto a su madre (incluso en el 2007 fue a Las Malvinas a hacer un documental sobre la guerra titulado “Mommy’s War”) de quien está muy orgullosa.

                           Carol y su anciana madre

Al recordar su infancia, Carol se refiere a su madre como “supermujer”. Una que siempre quería combinar sus labores tanto domesticas como profesionales descollando, en ambas. También recuerda que Margaret empapeló el cuarto de sus hijos y que le enseñó a Carol a conducir. Carol jamás ha hablado mal de su madre y la idea de que el favoritismo de Mark la haya afectado ha surgido de unos comentarios de parte de ex secretarios de la Primer Ministro. También Lady Thatcher se quejó alguna vez públicamente de que su carrera la había privado de pasar más tiempo con sus hijos.

“The Crown” nos muestra a Carol sirviendo la mesa como una glorificada criada. La verdad es que, a los 22 años, Carol se marchó a Australia donde obtuvo empleo en la televisión. Retornó a Inglaterra en 1979 cuando su madre fue nombrada Primer Ministro, pero no para ser sirvienta de Margaret. Por el contrario, en 1982, Carol trabajaba en la BBC, contribuía al Daily Telegraph y estaba escribiendo su primer libro. No creo que estuviese para pataletas u reclamos solo porque Morgan ve un paralelo entre la Reina y su Primer Ministra en sus complicados roles maternales.



Otro paralelo fue cuando Margaret recuerda con amor a su padre como el artífice tanto de su carrera como de su personalidad. Algo que también nos recuerda la importancia de Jorge VI en la creación de Isabel II. Otra similitud es cuando Margaret acusa a su madre de haber sido una simple ama casa a pesar de los intentos de su esposo de ” educarla”. Eso nos refiere a las quejas de Carlos de cómo no ha podido ampliar la mente de Diana y subirla su nivel intelectual. Mas allá de la torpeza y la soberbia de sus palabras, nos llega nuevamente ese sutil conjetura de que Diana era una mujer intelectualmente limitada.



“Hemos Perdido a Nuestros Hijos” por parte de la Reina.

Me pareció prematura y absurda esa percepción de que los hijos ya no tienen remedio. El que Isabel se diera por vencida como madre me sonó muy perezosa. Con la excepción de Andrés, que hoy esta con el agua hasta el cuello, no veo a nadie perdido. A pesar de los esfuerzos de “The Crown”,  Carlos ha sobrevivido a una docena de escándalos y hasta al Covid-19.



Él y su Duquesa son, para muchos, un ejemplo de un gran amor que derribó barreras y aunque no es rey,  ahora que su padre se ha retirado del servicio activo y su madre ha reducido sus apariciones públicas, es el rostro (junto con los Cambridge) público de la Corona y lleva las riendas de la familia. Su relación con Wills y Duchess Kate es excelente. No tanto con Harry, pero eso es culpa de Meghan no del Príncipe de Gales.

 Carlos en dias cuando Meghn era parte de su familia

Eduardo está muy bien casado, al igual que las hijas de Andrés. En cuanto a Ana, tras sobrevivir divorcio y escándalo, ha encontrado la estabilidad con su segundo marido, tiene hijos que la llenan de orgullo y es el miembro de la realeza más respetado por el pueblo. Pero Morgan insiste en hacernos creer que es otra víctima de su madre

Picnic con Ana

Que irritante ese picnic que La Reina tiene con su única hija. La imprevista llegada de la Soberana es mal recibida por Ana quien obviamente tiene cosas más importantes que hacer que ayudar a su madre entender que ella no es su favorita. Al menos, por una vez oímos que la reina ya es abuela, aunque es obvio que su relación con Ana no es cercana. Para colmo, Isabel, que en la serie es bien desubicada, viene portando malas noticias. Ana y su amante serán separados. ¡Como para invitarte otra vez, Chabelita!

Por aquel entonces Ana sostuvo un apasionado affaire con su guardaespaldas, el policía Peter Cross. Como suele ocurrir en estos casos, se descuidaron y pronto Scotland Yard conocía el doble adulterio (tanto Cross como Ana eran casados). Se lo hicieron saber al Duque de Edimburgo, que fue quien manejó todo este asunto y cuya mayor preocupación no fue censurar ni regañar sino proteger a su hija favorita. Cross no iba divorciarse, su comportamiento había sido muy poco profesional y la misma policía quería evitar un escándalo.

  Ana y su padre de quien siempre fue la preferida.

Un mes después de iniciado el affaire, Cross tuvo un traslado que (contado por él y amigos) destrozó tanto al Sargento como a Ana. Ambos estaban seguros de estar enamorados. Que Isabel haya sido quien le avisará a su hija que su romance acababa me parece muy poco creíble.  Es más que posible que haya sido Felipe.  Además de nuevo un enredo cronológico. Se supone que estamos en enero del 81, se menciona que Ana tiene “hijos”, en realidad estaba embarazada de Zara.



Mas importante, el Sargento Cross dejó de trabajar con Ana en septiembre de 1980. La ironía es que, en enero del 81, Ana en el cuarto es de embarazo,  contactó a Cross y reiniciaron su amores. Esto coincidió con la renuncia de Cross al cuerpo policial lo que les dio más libertad para un romance que duraría dos años. Conocemos los detalles porque fue el mismo Peter Cross quien vendió su historia al mejor postor en 1984

La Princesa Encerrada en su Torre

Y por fin llegamos a lo peor, Diana. La vemos casi catatónica, con tremenda panza, echada todo el día, encerrada en su cuarto viendo programas infantiles en la televisión. La última vez que vimos a Diana fue resplandeciente en su boda. ¿Qué pasó que ahora está tan de capa caída? Hubiese sido bueno que nos mostrasen un poco de lo ocurrido en estos cinco meses para explicar esta situación.

Carlos le cuenta a su madre que a Diana no le gusta el campo. La astuta Isabel nota que a Diana lo que le molesta es vivir tan cerca de su rival. Carlos excusa su “amistad” con Camilla conque su esposa no le interesa nada de lo que hace, ni su jardinería ni leer los libros de Sir Laurens van der Post (gran escritor y mentor de Carlos).



Volvamos a la realidad. Carlos y Diana tuvieron una luna de miel infernal. Diana cuenta que su marido durante el crucero por el Mediterráneo no le prestaba atención, que efectivamente se había traído media docena de libros de Sir Laurens con la esperanza de que su joven esposa los leyese y compartiese su opinión con él. Cuando Diana se rehusó a hacerlo, él se dedicó a la [pintura. Diana recordaría su luna de miel como una experiencia agotadora, más encima marcada por la presencia de Camilla.

Carlos, con poco tino y falta de caballerosidad, telefoneó a su ex o no tan ex desde el barco, Diana descubrió que su marido ocultaba una foto de Mrs. Parker Bowles en su agenda y que usaba unas mancuernillas con las letras “C&C” grabadas. Diana no aguantó más, lo recriminó. El muy fresco le respondió “Son un regalo de una amiga. ¿Qué hay de malo en eso?” Aparentemente, Diana si lo veía mal porque en sus propias palabras, le armó una pataleta.

Carlos no estaba acostumbrado a ese comportamiento en sus mujeres y menos a las crisis de vomito de su esposa. Según Diana, aunado a la presencia de Camilla en la psiquis de Carlos le era infernal la falta de privacidad del viaje. Además, estaban las exigencias de Carlos de que compartiese intereses que la aburrían y se sentía ignorada por su esposo. Mas que la infidelidad el gran problema de ese matrimonio fue que Diana siempre se sintió ninguneada por Carlos, que nunca sintió que le importaba ni la apoyaba. Eso es lo que los fans de Diana llaman haber sido ‘un monstruo” con la Princesa.

   Diana y Carlos en su luna de miel

De regreso a Inglaterra, Diana confiesa que intentó cortarse las venas.  Carlos se vio obligado a confesarle a su madre que su mujer sufría de un trastorno alimenticio. Llamaron psiquiatras. Diana los detestó a todos, ella quería controlar su tratamiento. Se quejaba de que le querían meter Valium a toda costa. La Princesa siempre se opuso a medicamentos que creía eran la manera de La Familia Real de manipularla.

Diana ha dicho que los Windsor la consideraban problemática por su bulimia. En realidad, le tenían miedo por sus manías suicidas. Diana habló de cinco intentos de quitarse la vida, hay quienes dicen que fueron más, cual más aparatoso.

La vida de Diana se hizo más conflictiva cuando descubrió su embarazo en octubre. Las crisis bulímicas se combinaban con las náuseas matinales. Ese famoso viaje a Gales fue dantesco para Diana que (de acuerdo con las grabaciones) parecía hacerlo todo mal aparte de sentirse muy mal. Se esmeró en hacer ese discurso en galés que, se queja La Princesa, no ameritó ningún elogio ni del marido ni de nadie. Curioso, porque en una entrevista, Diana dijo que Carlos estaba muy contento con el discurso y la había felicitado.

             Diana en Gales

Pero volvamos a la serie, al invierno de 1981. Mientras medio mundo busca a Mark Thatcher, y Las Falklands todavía no se han convertido en un sitio geográfico que importe a los ingleses, la Princesa Diana ya ha anunciado al mundo su estado de buena esperanza. A pesar de que todos estamos excitados ante la idea de un bebé real, Diana recordara una década más tarde que fue una época triste.

Debilitada por la bulimia que se ha convertido en un secreto a voces ella misma cuenta de veces que se levanta de la mesa en cenas oficiales para ir a vomitar, Diana solo quiere descansar y que la dejen en paz, pero ella dirá más tarde que era imposible, que le exigían hacer presentaciones públicas y que nadie en su entorno entendía sus malestares “porque nadie nunca los había sufrido”.

Tal vez nadie en La Familia Real había sufrido de trastornos alimenticios, pero si conocían las náuseas matinales que, durante el tour de Canadá, a fines de los 50, paralizaron a Isabel II. Como no se había todavía anunciado su embarazo, lo tuvieron que adjudicar a un virus estomacal. Durante sus últimos embarazos-ambos de alto riesgo-la soberana detuvo su actividad en el sexto mes para descansar y cuidarse.

Por otro lado, desde los días de confinamiento, en la Corte Tudor, hasta el puritanismo victoriano que gobernó el trato de los embarazos tanto de reinas como de mujeres de clase media, la preñez era una etapa que se ocultaba bajo un lenguaje de eufemismos y ropajes voluminosos. Hay pocas fotos de la reina Isabel en estado interesante, solo una de Margarita y dos de Ana.

                        Ana embarazada

Fue una desgracia para Diana quedar encinta en una época en que la prensa le había encontrado el lado glamoroso al embarazo de figuras públicas. Aún más en el caso de Diana que se había convertido en la favorita del público y de la prensa.

¿Como reaccionó Diana a tanta presión en una etapa en que las mujeres son tan vulnerables? Pues con más maneras de hacerse daño, incluyendo el más teatral intento de suicidio de los cinco (o más) que se conocen. Todo comenzó con una discusión con Carlos. Harto del llanto de su mujer, Carlos le dijo que no iba a permitirle manipularlo y se marchó a cabalgar. Diana, en su cuarto mes de gestación, entonces se lanzó escalera abajo hasta caer a los pies de Su Majestad Británica.



Diana casi con placer cuenta lo horrorizada que estaba Isabel ante este espectáculo. En sus cintas acabará este episodio diciendo que a pesar de tener moretones en el vientre “sabia” que él bebé estaba bien. ¿Como sabia? ¿Es clarividente o médico?  Lo que Diana olvida mencionar es que su suegra inmediatamente la hizo atender por el ginecólogo de la Familia Real Sir George Douglas Pinsker quien determinó que el feo no había sufrido daños.

Es hora de meter en este cuento a un individuo bastante inconveniente, pero omnipresente en La TrageDiana. Me refiero a su último mayordomo, Paul Burrell, quien ha dado catedra en como lucrar a costa de una patrona difunta.

Entre sus memorias de la Princesa de Gales, Burrel recuerda haberla encontrado a mitad de una escalera del Palacio de Buckingham “fingiendo” una caída durante su primer embarazo. Borrell insiste en que era una “caída falsa” puesto que su amita sería incapaz de dañar a su bebito. Burrell es un mentiroso profesional, es un milagro que no sea convicto de perjurio, pero que gana con esta historia? ¿Acaso limpiar la imagen de Diana como alguien que se caía “de mentiritas”?

                                   Diana y su mayordomo

Qué lástima Paul porque la caída de Diana fue real. Hubo testigos, entre ellos la Reina, hubo un parte médico, y la princesa exhibió lesiones. ¿O acaso, el mayordomo (entonces un lacayo más) fue testigo de otro intento de suicidio por parte de Diana?  ¿Esta vez fingido?  Morgan no se pronuncia sobre estos intentos de suicidio.

En cambio, nos la muestra encerrada, en cama, aislada, en camisón todo el día rehusándose a recibir a Su Reina-suegra. ¿Pero dónde estaba, en realidad Diana, en su quinto mes de embarazo?  Pues en Eleuthera, en Las Bahamas, provocando un escándalo mayúsculo cuando los paparazis la descubrieron en bikini y panzona. 



Como ven, la vida de Diana de Gales era rica en incidentes que “The Crown” pretende obviar obligándonos a sentir lástima por una blanquita privilegiada que se puede pasar su preñez echada y viendo tele. Really? ¿En el 2021 somos tan brutos para caer en ese cuento?

Ultima palabra. Todos hasta los enemigos de Carlos concuerdan que durante las discusiones conyugales era Diana quien las iniciaba, la que gritaba, la que usaba palabrotas (en frente de los niños y en más de una ocasión enfrente de La Reina). Carlos o bajaba la voz o la ignoraba. Y si le creemos a Diana, el gran pecado de Carlos, más allá del adulterio, fue IGNORARLA. Así que, mostrándolo, agrediéndola verbalmente o golpeando la puerta de la pobrecita victima creada por Morgan, es un reflejo probablemente de lo que Don Peter hacía/hace con sus mujeres.