Con esta entrada
doy por terminado mi análisis de la Cuarta Temporada. “The Crown” me ha
superado. No puedo seguir viéndola, no puedo seguir escribiendo sobre ella. Las
mentiras tan fáciles de cotejar que son fakes; la propaganda al servicio
de la falta de ética; la irresponsabilidad de la difamación de gente aun viva o
recientemente fallecida y que afecta a sus hijos; la propagación ignorante por
parte de un grupo de fanáticos, me deprimen así tanto como la aparición de
nuevas cepas el Covid. ¿Qué más puedo decir?
El capítulo 7 fue
grotesco. ¿Me van a decir que Margarita, que estuvo casada con un bisexual,
tuvo amigos gays (ni hablar de Dusty Springfield), iba a necesitar que su
ingenua hermana le explicara que Dazzle era…amigo de Dorothy?
Desde que comenzó
la serie, hemos visto a Margarita limpiarse la cola con las reglas de La Firma,
hacer lo que ha querido y pasarlo mejor que nadie en la familia. ¿Y ahora que
está vieja e inútil, debemos sentir lástima que no le den trabajo? Si lo
hubieran hecho, hubieran tenido que pagarle con dinero del fisco, el mismo que
se quejan los antimonárquicos como Morgan que solo sirve para alimentar parásitos.
Está bien que
Carlos y Ana, que adoraban a su tía, se preocuparan por su salud mental, ¿pero por
qué nunca muestran a sus hijos que también la querían?
El cuento de las parientas
encerradas en un manicomio, aunque cierto es nuevamente contado de una manera
tan grotesca que acabé, en serio, con insomnio.
¿Primero que tipo
de siquiatra cuenta las historias de otros pacientes a una paciente? ¿Luego, de
cuando la gente es responsable por los actos de parientes?Parientes políticos más encima. Pero Morgan
encuentra una magnífica oportunidad de hilvanar otro cuentito sobre la
implacable crueldad y oportunismo de la Familia Real.
En 1987, se hizo público
que unas primas hermanas de la Reina, estaban internadas en un sanatorio para
deficientes mentales. El escándalo no era el encierro, ni siquiera el abandono
en que vivían. Hasta 1979, el procedimiento estándar era que las familias
afligidas con un hijo “anormal”, como se les llamaba entonces, lo/la/le
recluyeran en una institución. Lo hacían estrellas de Hollywood como Dorothy
Dandridge, novelistas bestseller como Jaqueline Susann y políticos. Los Kennedy
hicieron lobomotizar a su hija Rosemary, hermana de John, Robert y Ted.
Ni la Princesa
Margarita hizo el hallazgo, ni le importó. Así se hacían las cosas entonces y
el escándalo fue que según Debrett’s (la guía/diccionario de la aristocracia
británica) las hermanas Bowes-Lyon, habían fallecido en 1961. Algo que no era cierto,
pero que no afectaba a la Reina puesto que la falsa defunción fue una decisión de su tía política. A lo más
podría decirse que nunca se interesó en la vida de sus primas, pero Isabel
tiene más de una docena de primos de los que si se ha preocupado y más cosas de
que ocuparse que de dos pobres criaturas que nunca tuvieron más madurez que las
de una criatura de cuatro años.
Pero entra Morgan
que nos cuenta otra historia. Cuando Margarita confronta a su madre, este
mamarracho de maldad que ha inventado Morgan le dice muy descaradamente que fue
necesario ese internamiento/alejamiento/enterramiento en vida, puesto que la
existencia de esas desdichadas era una mancha para la Familia Bowes Lyon. En
días de la Abdicación de Eduardo VII pudiese haber afectado la posibilidad de
que el pueblo inglés aceptara a Isabel como princesa heredera. Este discursete
cruel es tan imposible como el de Diana a Edward Adeane en el capítulo anterior.
Las primas fueron
internadas en 1941, cuando la abdicación, la coronación, las dudas etc. eran
cosa del pasado. La decisión de internar a sus hijas recayó totalmente en
Fenella Bowes-Lyon (nee Clinton) quien tomó la decisión en conjunto con su
hermana Harriet Vane. Las Hermanas Clinton eran conscientes de que el retraso
mental de sus hijas venía de sus genes, no de Jock Bowes-Lyon quien ya había
muerto.
En 1941, cuando
el 80% de los niños británicos estaban siendo evacuados de las grandes ciudades
y pasarían 3-4 años lejos de sus padres, a nadie le parecía anormal el poner a
estas criaturas en manos de gente más capacitadas para atenderlas que sus familias.
Cuando en 1961, Fenella tomo la decisión de dar por muertas a sus hijas,
nuevamente lo hizo como algo que solo le atañía a ella. Para entonces, Isabel
estaba muy firme en el trono
Creo que hubiese
sido más honesto de parte de Morgan contarnos la leyenda de “El
Monstruo de Glamis” si quería hacerle creer a Margarita que sus chifladuras
eran señal de demencia hereditaria. Además, ¿para qué ocultar una tara
familiar, si los Windsor tienen cola de paja en ese respecto? Desde el malhadado Rey Jorge III hasta el
pobre Príncipe Juan, tío de Isabel I, I han existido casos de problemas mentales
en La Familia Real Británica.
El caso de
“Johnnie” era el más triste. Sufría de epilepsia y posiblemente de autismo. Por eso tuvo un trato deferencial de parte de
sus padres. nunca lo castigaban, y aunque hasta los 11 años hizo apariciones públicas
junto a su familia, se la pasaba más en Sandrnigham donde sus padres se
aseguraban de que tuviese siempre de compañeritos de su edad.
A partir de los
once años, los ataques epilépticos se volvieron más fuertes y continuos
obligando a la familia a tenerlo aislado (pero siempre en casas familiares) y
no mandarlo a la escuela. El niño murió a los 13 durante una crisis epiléptica.
El Duque de Windsor, y entonces Príncipe de Gales, se refirió al fallecimiento
de su hermanito como “una molestia lamentable”. A su amante le escribió que John
“se había vuelto un animal” y a su madre le escribió una carta tan horrible que
ella destruyó.
Para quienes tengan
una imagen positiva de Edward, esto les demostrará no solo lo insensible que
era, sino también la actitud de entonces hacia los enfermos mentales. En el
Reino Unido hasta muy recientemente, los epilépticos eran encerrados en
hospitales especiales ya que se consideraba su trastorno como una enfermedad
mental.
Ahora la guinda
del pastel. Pocos saben que después de su primer intento de suicidio, Diana fue
puesta inmediatamente en manos de médicos muy prestigiosos. Sir John Batten, médico
de su Majestad, salió con una teoría que coincidió con la de John Pare,
director del Departamento de Psiquiatría del Hospital de San Bartolomé.¡Diana sufría de una enfermedad mental
hereditaria! Con razón Carlos los mandó volar como viento fresco.
Los médicos habían
estado tratando a la Princesa de Gales con una combinación de terapia y
fármacos que ella se rehusó a ingerir. Carlos consiguió que Sir Laurens van der
Post hablase con Diana y la convenciese de ver a un experto amigo de él, Así,
Diana aceptó una entrevista con Alan McGlashen que diagnosticó que estaba en
sus cabales, solo que se había quebrado ante presiones sufridas en su nuevo
estatus. Aun así, Diana se rehusó a ser tratada por McGlashen. Quien sí entró
en terapia con el psiquiatra fue Carlos, una terapia que duraría años y que lo
ayudaría mucho.
Las enfermedades
mentales son un tema espinoso, aun hoy en que hipócritamente fingimos ser más
abiertos al tema. Cada vez que nos irrita un político o queremos disculpar el
comportamiento psicótico de alguna luminaria aludimos a su estado mental. Por
otro lado, el que países civilizados permitan abortar a fetos que puede que
nazcan con Síndrome de Down nos quita el derecho a juzgar a quien internaba
criaturas que jamás serian adultas mentalmente hablando.
¿Como vivirían
hoy Nerissa y su hermana? Tal vez no estarían ocultas, pero no creo que pudiesen
ser realmente integradas a la sociedad como se pude hacer con otros
minusválidos, incluyendo a los nacidos con Síndrome de Down. Siempre las miraríamos
con lástima y habría quien los miraría con burla.
Si vivimos en una
sociedad donde por todos lados buscamos librarnos de parientes con “problemas”
sea el pariente parapléjico o el abuelito senil poniéndolos en manos de ‘gente
capacitada” para cuidarlos, tal vez podamos entender a quienes las internaron
justamente durante una Guerra Mundial donde en caso de una invasión
alemana…bueno ya sabemos lo que hacían los Nazis con todos los que consideraban
“imperfectos”.
El haber
manipulado una tragedia solo para avanzar su agenda antimonárquica, me hace
despreciar más a Peter Morgan. por eso es por lo que su serie
superó mi límite de tolerancia y por fin, dije “Hasta aquí llegué”. Agradezco a
todos los Crownies que me han leído. Las primeras temporadas, aun con licencias
poéticas, fueron maravillosas, pero a medida que avanzamos sobre terreno que
nos fue contemporáneo, la deformación de los hechos y el daño que se le hace a
imágenes veneradas y a personas aun vivas ya raya en lo criminal, y no
engrandece la serie, más bien la hace mediocre..
La Premisa de “Terra
Nullius” es casi refrescantemente cercana a la realidad. En 1982, Los Príncipes
de Gales viajaron a Australia. Diana se ganó
el cariño de un pueblo e incurrió en los celos irracionales de su marido. Ana y
su cuñada se llevaban pésimo, pero ese aquelarre de brujas envidiosas de la
joven y bella Cenicienta sigue siendo un cuento de hadas de Hans Christian Morgan.
Como tampoco me creo que la Reina Isabel fuese una suegra infernal.
En 1982, Australia,
bajó su primer ministro Bob Hawke, se preparaba para recibir a la comitiva real
capitaneada por los Príncipes de Gales. Aunque el episodio exagera la
importancia del viaje y el republicanismo del Primer Ministro, lo cierto es que
era una prueba de fuego para una jovencita inexperta como lo era Diana.
Richard Roxburgh como Bob Hawke
La Reina tenía
sus preocupaciones (puesto que ya conocía la bulimia y las manías suicidas de
su nuera). Preocupaciones que se desvanecieron cuando, tras un inicio un poco
incomodo, Diana se ganó los corazones de los australianos y alejó cualquier resquemor
de que tuvieran que rendir tributo a una dinastía extranjera. Lamentablemente,
el enamoramiento de los hijos de Oz con la Princesa no abarcó a su marido. Carlos
siempre inseguro, le agarró envidia a su mujer culpándola de quitarle cámara.
En sus
grabaciones, Diana tiene un raro momento en que comprende a su marido—
“cualquier hombre orgulloso se hubiese sentido mal en esa situación”—, pero,
y con razón, se queja de que Carlos fue injusto en sus criticas de un
comportamiento que lo honraban tanto a él como a La Corona. En Nueva Zelandia,
Diana no pudo más y sucumbió a la bulimia. Sin embargo, en los anales de su reinado,
este viaje fue su gran triunfo. El primer paso para convertirse en La Reina de
Corazones fue ser Reina de Oz.
Los Gales y Los Hawke en Canberra
Aunque es más que
posible que ya para estas alturas Isabel II encontrase paz y consejo en las
mujeres de su familia, “The Crown” las presenta como un aquelarre de mujeres
envidiosas que conspiran en contra de la princesa del cuento. Solo Margaret expresa
alguna compasión hacia Diana. Irónico porque, al final, Margaret se volvió peor
enemiga de su sobrina política que todas sus otras parientas juntas.
¿Qué hubiera
ocurrido si Diana se hubiese adaptado como hizo Felipe y tal como espera La
Reina Madre? Es que esto va más allá de adulterio (¿me van a decir que una nena
joven y guapísima no se las iba a poder con una mujer avejentada, usada y más
encima casada?) El problema es que Diana tenía problemas.
La gente se cohíbe cuando debe describir los problemas
de la Princesa como mentales, emocionales o psicológicos. Lo siento. Si vomitas
lo que comes, si te tratas de suicidar una vez al mes, y si en medio de una
discusión marital, agarras un cortaplumas y te haces cortes en el pecho, no estás
en tus cabales. Necesitas ayuda médica, medicamentos, terapia de apoyo y la Familia
Windsor no tenía la preparación para asistirla y menos Carlos que tampoco era
muy estable emocionalmente.
La serie nos
muestra que Carlos, su hermana y su madre están celosos de la popularidad de
Diana. Jamás he oído que se acuse a Isabel de envidiar a su nuera, pero Ana si tenía
un problema con su cuñada. Desde antes del matrimonio, Ana consideró a Diana
como “una niña tonta” y que no estaba a la altura de lo que debía ser una Princesa
de Gales. Pero también debe haber habido un elemento de celos. Ana se quejaba
de la adoración que su cuñada generaba en el pueblo, algo que ella nunca
consiguió.
Es que, para ser francos,
la personalidad de puercoespín de la Princesa Real nunca la hizo una favorita
de la prensa. No tiene nada que ver con belleza física (ahora todos la quieren)
sino con su actitud rebelde y malcriada. Diana era toda ternura y simpatía. Era
imposible no quererla.
Eso me lleva a una
gran queja que tengo con Emma Corrin. Es cierto que Diana era irascible e
impaciente, peto no creo que anduviese todo el día con cara larga o haciendo muecas
como nos la muestra la serie. Y su peor lado (cuando despidió criados, expulsó
a los amigos de Carlos de su vida y hasta exilió al perro del marido) no
afloraría sino hasta después del nacimiento de Harry.
Hora es de hablar
del famoso Magical Mystery Tour por Australia, y de sus mitos, algunos
inventados por Morgan, otros por la prensa que endiosó a la Princesa de Gales, pero
también la usó, manipuló su imagen, lucró a costa de ella y finalmente la mató.
Bebé a Bordo
El primer mito, y
que molestó incluso a la Princesa, es que ella insistiese en llevar a su hijo a
Australia. Primero que es un absurdo total cargar con una criatura de menos de
un año, y que está en medio de su dentición, al otro lado del mundo en un viaje
complejo donde no se sabe quién lo va a cuidar. Segundo, Diana le contó a
Andrew Morton— él lo incluyó en su biografía oficial— que
ella nunca quiso exponer a William,, que era consciente de que ella iba cumplir
con sus deberes oficiales y no iba a tener tiempo de atenderlo: “Estaba
dispuesta a dejarlo, aunque no me iba ser fácil”.
La razón por la cual
se decidió romper un precedente y cargar con él bebé fue por consejo de un ex primer ministro australiano, Malcolm Fraser, quien consideró que añadiría
humanidad y simpatía a la joven pareja. Por eso se tomaron medidas. Al
principito no lo iban a arrastrar al errático tour de sus padres. Él iba a
tener una experiencia australiana en un pueblito ovejero (lo que allá se llama
una “sheep station”) llamado Woomargama que quedaba entre Sídney y Melbourne.
El niño y su nana,
Barbara Barnes, que viajaba con Los Príncipes de Gales, fueron alojados en la propiedad
de Los Darling. Estos amigos del famoso Mike Parker, secretario del Duque de Edimburgo,
ya habían sido anfitriones del Presidente Reagan y la Primera Dama en su viaje
a Australia.
Los Príncipes y Wills en Nueva Zelandia
Diana puso
algunas exigencias (sobre la seguridad de William) que se cumplieron por lo que
el bienestar del niño no jugó un rol en el estado emocional de la Princesa.
Toda esa sorpresa cuando le arrebatan al bebé en el aeropuerto’, su histérica
insistencia en interrumpir el tour para visitar él bebé, esa entrada impulsiva
y corriendo a la casa de los Darling son licencias melodramáticas que, más que
mostrarnos a una madre angustiada, retratan a Diana como histérica y descontrolada.
Es casi igual de
absurda que ese interrogatorio pedante y humillante al que Diana somete al
pobre Edward Adeane cuyo único resultado es hacer creer que ella no quiere
separarse de su hijo porque es bonito y no llora. Lo chistoso es que el bebé se
larga a llorar justamente al final del discurso. ¿Tendrán grabado el llanto o
será que los alaridos de la Corrin alarmaron a la criatura? Sabido es que gatitos
y bebés se contagian del ánimo alterado de quienes están cerca de ellos. Lo que
hace pensar sobre como los bochinches de los padres habrán afectado la psiquis
de William y Harry.
Morgan vs
Australia
El pueblo
australiano se ha sumado a larga lista de descontentos con la Cuarta Temporada
de The Crown”. Según The Guardian la representación del tour en “The Crown” ha
dejado descontentos a los habitantes de Oz. El primer ultraje ha sido en contra
del ex primer ministro Bob Hawke quien nunca comparó a la Reina Isabel con una
cerda, y aunque republicano, tenía otras preocupaciones como las de reducir el
nivel de pobreza de su pueblo antes que salirse de la Commonwealth.
Si bien es cierto
que la presencia de Diana creó más sentimiento monárquico entre los australianos,
nadie estaba predispuesto en contra de la Visita Real. Nunca hubo protestas en
Canberra ni en ningún otro sitio de la isla-continente. Tampoco la audiencia se
burló cuando Carlos se cayó durante el match de polo. Por el contrario, lo aplaudieron
al verlo continuar el juego. A la que le están haciendo “buuh”es a la serie porque,
para colmo, muchas escenas de Australia las grabaron en España.
Un dato curioso
es que el público australiano, y principalmente el gremio periodístico, no
esperaba mucho de Diana. Gracias al Daily Mirror su bulimia era conocida
por todo el mundo. Muchos creían que no iba a aguantar el arduo recorrido sobre
todo en ese clima inclemente que caracteriza los veranos Down Under. Lo cierto
es que el calor casi la mató. El Príncipe Carlos dio explicaciones públicas de
que su mujer y él sufrían de jetlag para explicar sus caras rojas y su cansancio.
Sin embargo, poco a poco, se acostumbraron al clima y todo comenzó a funcionar.
ES hora de hablar
de la infame representación de ‘the Crown” del ascenso a Uluru. Diana nunca la llamó “Ayers Dock” y si no pudo escalarla
fue porque llevaba un vestido abierto en el frente y el viento le alzaba las
faldas obligándola a enseñar lo que las princesas no deben mostrar. No fue
porque fuera “frágil y patética” como en la serie la describe Carlos a Camilla.
La verdadera razón para la incomodidad de Diana en Uluru
Solo en una ocasión
Diana perdió los estribos. Fue en Sídney cuando la multitud se le abalanzó
encima arrinconándola. Ahí la Princesa se echó a llorar. Leí en la Paula en 1968, y me lo confirmaron
gente que estuvo ceca de ella, que ocurrió algo parecido con Isabel II en Valparaíso.
Los porteños rompieron el cerco de Carabineros y le cayeron encima a Su
Majestad. Alarmada, Isabel no lloró como su nuera, sino que se taimó y se puso
de muy mal humor. Se entiende, es una experiencia que asusta casi ser arrollada
por un tumulto.
Sin embargo, el
tour fue un triunfo gracias a la simpatía y sencillez de Diana que se metió a
los australianos en el bolsillo. Una lástima
que sus esfuerzos solo consiguieron envidia de parte de su marido. Eso arruinó
lo que pudo ser una verdadera luna de miel. A su llegada a Nueva Zelanda, la pareja se
llevaba mal y Diana estaba exhausta. Mas encima, el recibimiento en el país de
los kiwis no fue muy agradable. Ahí si hubo protestas, les lanzaron huevos al
automóvil donde viajaban y el infamoso activista maorí Te Ringa Mangu
Mihaka les mostró las
nalgas. No es de sorprender que, con tanta presión, Diana recayese en sus
ataques de bulimia.
La serie hace parecer que la danza maorí provocó la bulimia de Diana
Una Audiencia
con la Suegra
Sin embargo, es
la última escena del episodio la más irritante porque es imposible que haya sucedido.
Una Diana alteradísima irrumpe en el saloncito de la suegra, acusa no solo a Carlos
de resentir sus logros, sino también a La Familia Real en pleno. La Reina se
pone a la defensiva y Dina remacha su faux pas abrazándola y llamándola
“mamá”. Isabel cuenta este suceso a su horrorizado aquelarre que ponen caras de
asco. ¡Por favorrrr!
1.Diana,
tal como hoy lo hacen la Condesa de Wessex (esposa del Príncipe Eduardo) y Duchess
Kate, llamaba a Isabel y a Felipe “Mamá” y Papá”. No se entiende la sorpresa de
la Reina cuando su nuera lo hace.
2.La
Reina está acostumbrado a que la abracen y no solo sus íntimos. Michelle Obama,
deportistas y hasta políticos, la han abrazado. Aunque su costumbre es saludar
de besos a íntimos, no es como que un abrazo la desarme.
3.Diana
estaba acostumbrada, en los primeros cinco años de casada, a ir frecuentemente
a visitar a su soberana y a pedirle consejo. Siempre salía más tranquila de
esas reuniones y en una ocasión le conto a la biógrafa Íngrid Seward “tengo la
mejor suegra del mundo”.
4.A
diferencia de lo que nos muestra “The Crown”, La Pareja Real no llegó de Nueva
Zelanda a Londres en medio de lluvia y dándose codazos. Para descansar, se
pasaron unos días en Las Bermudas y estuvieron muy cariñosos. Las fotos no
mienten. Pasado el viaje, Carlos superó sus inseguridades por un rato y comenzaron
días felices para los Príncipes de Gales. Recordemos que menos de un año más
tarde, encargaron a Harry, y que Diana recordaría esta etapa como las feliz de
su matrimonio.
Y esto pasó despues del tour australiano, Carlos y Diana en Eleuthera
Este ha sido el
peor capítulo de la temporada. Mas allá de las usuales mentiras oportunistas de
Morgan, aquí se llega a una irracionalidad que desafía toda lógica y acaba
ofendiendo a las verdaderas y muchas víctimas de las desastrosas medidas
económicas de Margaret Thatcher. Ni hablar de como la sutil misoginia morganiana
hace que los espectadores babeen de gusto ante una posible atentado contra la privacidad
femenina. Como dijeron la Reina y Felipe, otra sería la historia si Michael
Fagan hubiese entrado al cuarto del Príncipe Consorte.
En el verano de
1982, cuando el Cono Sur tenía los ojos puestos en Las Malvinas, los fans de la
realeza de USA nos asombrábamos por la facilidad con la que un tal Michael
Fagan había podido entrar hasta la recamara real donde dormía Su Soberana. Unos
días después de la noticia, está ya era motivo de chistes y de admiración por
la sangre fría de Isabel quien había manejado todo el asunto de manera
competente y valiente.
Aun así, persistían
la duda y preocupación de todo monarquista por la falta de seguridad que rodeaba
a La Reina. Sobre todo, cuando el asesinato de Lord Mountbatten, había
demostrado que La Familia Real era blanco de terroristas. Otra de las cosas que
“The Crown” ha obviado mostrar es que un año antes— apenas unas semanas previas
a la Boda Real—Isabel fue atacada mientras pasaba revista a sus tropas. Un
mocoso le disparó siete salvas nada más que “para ser famoso y recordado”.
Aunque Fagan hasta hoy asegura que nunca pretendió
agredir a su reina por la que siente adoración su aparición en el cuarto de Isabel
fue mucho más dramática. Cuando la Reina despertó se encontró ante un hombre
descalzo, borracho, que sostenía en la mano un cenicero de cristal roto
chorreando sangre. Desde ese día, Michael Fagan ha dado no sé cuántas versiones
de los hechos.
Como tiene más
vidas que un gato, en el 2020 sobrevivió un infarto y el Covid (y alcanzó a ver
“The Crown”) ha vuelto a ser entrevistado.Encontró la serie muy simpática, pero recalcó lo que es invariable en
sus declaraciones. Si entró al Palacio de Buckingham fue para conocer a su reina,
no por motivos políticos ni desesperación, y el intercambio con Isabel no duró más
de 10 minutos.
Como explicaría a
los periodistas la madre del intruso, su hijo estaba obsesionado, pero en buena
onda, con Isabel II. En el verano de 1982, la mitad del Reino Unido estaba
obsesionada con la Princesa de Gales, pero a ninguno de ellos (por suerte) se
le ocurrió metérsele en el cuarto. Por otro lado, la otra mitad sufría de
gravísimos problemas económicos y a ninguno se le ocurrió allanar la casa de
ningún político.El que Morgan coloque a
Fagan en este último grupo, ya le resta credibilidad al relato.
La verdad es que Fagan,
un pintor de brocha gorda desempleado, estaba un poco deprimido porque su mujer
lo había abandonado. La esposa de Fagan, que eventualmente regresaría con él,
se había marchado cansada de un esposo que se la pasaba o en la cárcel o en el
manicomio. Es que todo indica que Fagan no era el valeroso justiciero social
que viene a advertirle a su reina que una usurpadora está destruyendo su reino
y pretende quitarle el trono como en el cuento de hadas que confeccionó Morgan.
Lo cierto es que
el audaz y chistoso Fagan tenía problemas mentales agravados por uso de drogas
y alcohol. El mismo declaró que creía que todo el incidente se debía a la influencia de hongos alucinógenos que había ingerido previamente a sus
intrusiones en casa ajena y que probablemente provocaban su desempleo y problemas
maritales. Basta ver la diferencia entre sus declaraciones en su primera
entrevista (The Guardian, 1982) y la última ( The Sun, 2020) para ver el desequilibrio de entonces.
La razón por la
cual el pintor entró al palacio, tal como la declaró en el tribunal, es porque
estaba enamorado de Isabel y porque “no sabía yo quien era y pensé que ella me
lo diría”.Después admitió lo de los
hongos, y según Scotland Yard cuando fue arrestado Fagan (que se les presentó
como “el hijo de Rudolf Hess”), confesó haber entrado al cuarto de su “enamorada”
con la intención de cortarse las venas.
No era la primera vez que Fagan había entrado
en Buckingham. Durante su audiencia, Fagan que alternaba su estado de ánimo
desde el coquetear on chicas en la galería con estallidos de llanto, soltó muchos
datos que agravaron su falta. Uno de ellos es que era su segunda intrusión en
la casa de la Reina. La primera vez ocurrió semanas antes. Entró por una
ventana abierta y se encontró con una camarera que huyó despavorida.
Esperando que
pronto viniesen guardias a desalojarlo, Fagan aprovechó de pasearse por la
residencia. Según su propia confesión admiró la colección de sellos del Rey
Jorge VI, los regalos que la Princesa Diana había recibido por motivito del nacimiento
de Guillermo, se bebió una botella de vino que el Príncipe Carlos tenía en su
reserva en su escritorio. También se comió unos bocadillos de queso que
encontró en un bufete y ¡se sentó en los tronos!.
¡Lo más descarado
es que sintiendo el llamado de la naturaleza, y al no poder encontrar un baño, se orinó en los platitos de comida de los
Corgi! Lo extraordinario
es que nadie notó ni la orina ni la ausencia del vino y los guardias no le creyeron
a la camarera que había avistado al stalker.
En la serie,
Isabel y Felipe son informados del robo del vino. La Reina no le da importancia
y pide que lo mantengan en secreto porque todo lo que va a conseguir es que Scotland
Yard invada su privacidad. Un tema de la serie es que Isabel quiere mantenerse
alejada del pueblo, ocupada en mantener su vida personal a aparte del resto del
mundo. Si nos detenemos a pensar que Diana también quería privacidad y que su
muerte fue provocada por paparazis tan intrusos como Fagan, uno se da cuenta de
la importancia de salvaguardar la intimidad de las personas públicas.
Yo no creo que
Isabel hubiese tomado tan a la ligera un allanamiento de morada. No en vista
del ataque del año anterior y eso que no sabía un secreto recién revelado en
este siglo. En un tour por Nueva Zelandia en 1981, un adolescente le disparó con un rifle a la suficiente distancia para no hacerle
daño. Además, todavía estaba reciente la memoria del asesinato de Lord
Mountbatten. Debido a que “Fagan” es un apellido irlandés, Scotland Yard
inicialmente lo creyó un terrorista de la ERI.
El episodio no
fue ni jocoso, como lo percibimos en su tiempo, ni tuvo las connotaciones
políticas que le impuso Morgan. En su reciente entrevista, Fagan ha cambiado un
poco sus declaraciones iniciales: nunca consumió alucinógenos, ni planeaba
suicidarse en frente de su reina, pero es enfático en el tema Thatcher. La Dama
de Hierro nunca jugó un rol en su aventura.
En la serie Fagan
(interpretado por Tom Brooke) es un patético desempleado, víctima de la
economía tatcheriana. Su esposa lo ha dejado por otro, le impide ver a sus
hijos y cada vez que Fagan intenta surgir, encontrar empleo, llevar una vida normal,
choca con la insensible burocracia. Finalmente, un burócrata burlón le
recomienda ir a quejarse con la mandamás, la única por encima de Thatcher, Su
Majestad Isabel II.
El desolado
Fagan, en su segunda entrada al palacio, rompe una claraboya lo que explica que
llegue sangrando ante la Reina. Totalmente ridículo, una razón por la cual, Fagan
no pudo ser acusado de allanamiento de morada, es porque no rompió nada, ni un
cerrojo, ni un vidrio. Él dice hoy que el cenicero roto era para cortar las
redes anti-palomas que le impedirían su salida por el tejado. También Fagan ha
declarado que entró en el cuarto de su soberana por accidente, creyéndolo vacío.
En cambio, el Fagan de la serie viene determinado a despertar a La Reina y
obligarla a oírlo.
En la vida real y
en la serie, Isabel se despertó y preguntó “¿qué hace aquí?”. Fagan recuerda que,
en un momento, ella le dijo “creo que está en el cuarto equivocado”. Isabel
inmediatamente tocó el timbre y nadie acudió, usó el teléfono, no le respondieron.
Entonces, según Fagan, ella le dijo que ya volvía y salió” sus piececitos corrían”
y regresó con un guardia (en otras versiones es una mucama) que se llevó a Fagan
a una despensa cercana donde le sirvió un wiski y le dio un cigarrillo mientras
esperaban a Scotland Yard.
En la serie,
Isabel hace sonar el timbre y nadie acude. Entonces toma el teléfono y Fagan se
lo quita de las manos. Aunque no es un ademan brusco ya parece amenazador, por
lo que Isabel, muy juiciosa, se sienta a escuchar el Cuento del Desempleado, de
cómo su reino ha caído bajo el influjo de un gran visir cruel y opresor, que pretende
quitarle su trono. El relato de las Mil y una Noche acaba cuando interrumpen la
mucama y el guardia. Antes de irse, Isabel estira su blanca mano para estrechar
la de su fiel súbdito.
¿Por qué otros
fieles súbditos no tuvieron la misma brillante idea de meterse en las recamaras
de todos los miembros de la Familia Real? El capítulo acaba con La Bruja Mala
de Whitehall amenazando con convertir el palacio en una fortaleza. Ja Jajá. En
el 2019, un desamparado se anduvo paseando por los jardines de Buckingham por
cuatro horas antes de ser descubierto y desalojado.
Lo que Fagan
sigue recalcando es lo fácil que era entrar a ese mundo que Morgan goza en
representar como impenetrable. Durante su segunda incursión, Fagan cuenta que
se encontró con una camarera que ni le prestó atención y eso que él andaba
descalzo. Tres sistemas de alarma sonaron y nadie les hizo caso pensando que se
habían echado a perder.
La guinda del pastel
de la poca verdad de la serie es que al final, no solo Isabel no puede
convencer a Thatcher de cambiar sus medidas económicas. Más encima, al pobre
Fagan lo encierran en el manicomio ¡y todo por molestar a la Reina! ¡Que poca!
Vamos por partes.
Nunca se le acusó de allanamiento porque eso era castigado solo si la persona
allanada lo denunciaba. Isabel nunca lo hizo. Se le absolvió del robo de vino,
pero en sus declaraciones Fagan confesó haberse robado un auto hacía unas
semanas. Fue por ese delito que se le consignó a una institución mental en
donde permaneció solo tres meses. Desde entonces ha estado en la cárcel varias
veces, por robo, asalto y venta de drogas.
Otra interrogante
es porque el Fagan de la serie iría a hablar con La Reina. ¿No le sería más
conveniente ir a molestar a la Dama de Hierro? Algo que la serie nos ha contado es que Isabel
no tiene poder político, no puede entrometerse en asuntos de estado. A lo más
puede hacer como lo hace, aconsejar a la Primera Ministro que educadamente le
dice dónde meterse su consejo.
Por eso este
episodio es ilógico y ofensivo. Miles de víctimas de las medidas tatcherianas
pudieron irrumpir en el palacio, beberse todo el vino, dejar sorda a la reina
con sus cuitas y nada hubiese cambiado porque Margaret Thatcher representa al
mundo moderno y demócrata. Ella fue elegida por el pueblo, no impuesta por la
despreciada realeza. Si mañana decapitan a Carlos, exilian a Isabel a Las Hébridas
y el país tiene esa democracia que tanto anhelan Morgan y Netflix, se seguirán
eligiendo Primeros Ministros que tomen malas decisiones. Son las trampas de la democracia.
Este capítulo me
pareció malo, mejor dicho, mal escrito, Falsedades, enredos cronológicos,
situaciones imposibles y falta de datos lo hicieron sentir fragmentado, tanto
en el relato histórico como en el desempeño de estos personajes en su entorno
“ficticio”.
Misoginia y
Maternidad
La moraleja es que,
si se es mala madre, no se es buen gobernante. La Reina es juzgada por no
conocer a sus hijos, por no haberlos bañado de pequeños, y por haber sido
consentidora de uno solo. Margaret Thatcher es juzgada por ser tan devota de su
hijo predilecto que no solo es negligente con su hija, sino que toma decisiones
que afectan al Reino Unido al calor de una crisis personal.
Una Maggie joven con sus mellizos
En este momento
histórico/histérico en que vivimos el gobierno de La Baronesa Thatcher es
considerado tan nocivo como el del Fuhrer. Démosle unos 30 años y verán que los
historiadores cambian de opinión. Pero Morgan necesita convencer a un público
que ni nacía en la Era Tatcheriana, las jovencitas mituteras y los progres
diversos que componen la Nueva Ola de Crownies Pandémicos. Por eso les cuenta
que Margaret odiaba a las mujeres, despreciaba a su madre, no confiaba en su
hija, etc..
Y, sin embargo,
el borrico nos muestra a Thatcher perdiendo los estribos, llorando delante de
la Reina, típica madrecita, todo porque su predilecto se ha perdido. La muestra
embarcando al país en una guerra motivada por el miedo que pasó cuando creyó a
su hijo perdido, Se supone que despreciaba a su madre por haber sido solo un
ama de casa, y luego la vemos cocinándole a políticos. Antes la vimos
desempacando la maleta del marido y planchando. ¿La Primera Ministro de Gran
Bretaña? ¿En qué cabeza cabe? Y, sin
embargo, es un secreto a voces que le gustaba cocinar para miembros de su
gabinete.
Los sufridos Thatchers
El problema con
La Thatcher (y esto va más allá de “The Crown”) es que era mujer, era
conservadora, era una mujer conservadora y no se sabe cómo retratar a esta avis
raris. Paralela a sus medidas catastróficas para la economía, se la muestra
llorando y haciendo declaraciones públicas como “Antes que todo, soy madre”. A
lo mejor despreciaba a las mujeres, incluyendo a su hija y a su madre, pero
ella fue víctima del sexismo de su propio partido.
En realidad, la
serie quiere poner a dos mujeres representando lo que más odia la izquierda británica,
El Partido Conservador y La Corona. Para eso les propinan golpes bajos
acusándolas de ser malas madres (sobre todo con sus hijas). Esos golpes son
manifestaciones del mismo patriarcado que tanto condenan.
Con eso espero
sacarme de encima el enojoso tema de Lady Thatcher. Por respeto a mis amigos
argentinos, no hablaré de La Guerra de Las Malvinas, limitándome a señalar lo
obvio. Los primeros conflictos en las Falklands ocurrieron dos meses después
que Mark Thatcher ya había sido encontrado. Otra vez, Morgan se ríe alevosamente
de los muy jóvenes que no recuerdan (yo hasta tengo un diario de ese periodo) una
historia tan cercana que puede calificarse más de Current Events que dé
pasado remoto.
Ahora, lo que
me gustó de este episodio…
Thatcher Llorando: No es tanto por ver a la Dama de Hierro
convertirse en Mater Dolorosa en el saloncito de la Reina. Después de todo, Thatcher
muchas veces lloró en público, y en la dicotomía Margaret-Elisabeth, Morgan ha
tomado el partido de la Primer Ministro, a ratos haciéndola superior a la Soberana.
En esa onda, vemos que Margaret puede llorar.
Lo que me gustó fue lo rápido que Isabel se
hace cargo de la situación. Calma los temores de Thatcher. Otros Primeros
Ministros han vencido su testosterona y se han desmoronado ante la monarca. Me
gustó rápido que le alcanza un Kleenex y un whisky y pone toda su atención a
las cuitas de su Primer Ministro. Qué lástima que no demuestra el mismo humor,
paciencia y desvelo con sus hijos!
Felipe e
Isabel
Aunque no me gusta
Olivia Colman como Isabel, me encantan sus escenas con Tobias Menzies.
Concuerdo con la Gatita Genezaret de que son la única pareja con química en la
serie y que capturan lo que uno espera de un matrimonio que lleva (en ese
entonces) más de treinta años sobreviviendo crisis tras crisis.
A pesar de lo que
opine la sorprendida Isabel, los padres tienen favoritos. Eso no significa que
odien a los otros o no les importe sus destino. Es solo que se sienten más
cómodos, menos presionados por su rol de padres con algunos hijos. Puede que
haya algo de opuestos que se atraen y los padres se lleven mejor con las hijas
y viceversa. En el caso de Margaret Thatcher, a pesar de que Mark es obviamente
un bribón privilegiado, la Primer Ministro admira en el que es un “hombre” y
por ende “fuerte”, menos emocional que una mujer. Ese no es el caso de Su Soberana
y pasamos al…
El Almuerzo con
Andrés
El almuerzo con
el hoy Duque de York tiene lugar en esa exploración de Su Majestad para saber cuál
de sus hijos es el predilecto y ocurre luego de los desastrosos encuentros de
Isabel con Ana y Eduardo. Desde el instante en que el príncipe hace una
aparatosa entrada en el palacio—después de aterrizar su helicóptero en el
jardín— y la Reina lo recibe con besos y mimos que sabemos que es su favorito. No
porque sea el mejor, el más guapo o el más cariñoso. Es porque ella se siente cómoda
con él. He ahí el secreto del favoritismo de los padres.
Andrés no la hace
sentirse culpable o incompetente. No se queja del almuerzo, comparte con la
madre la predilección al salmón, pero que no se crea que el favoritismo nace de
gustos similares. Al contrario, muchas madres prefieren a los hijos varones
porque no son sus espejos, sus experiencias les son más interesantes y por eso las
ven como exóticas. Andrés se da cuenta y por eso le tiene la confianza de
contarle sobre el soft porn que está filmando su nueva amiguita (Nota: Koo
Stark no entraría en la vida del Duque de York sino hasta el ’84).
A pesar de sí
misma, Isabel se siente a sus anchas con un hijo que no la hace sentirse desacertada
como madre y que la hace reír. Yo recuerdo que esa era la respuesta de mi madre
cuando la acusaban (no yo) de su predilección por mi hermano: “no viene con
malas cara y críticas, y me hace reír”. Estoy segura de que, de todos sus
hijos, Andrés es el único que ha hecho reír a su madre.
La regañiza a
Carlos
La última visita
es a Highgrove donde el heredero al trono está ocupado jardineando y hablando puerilidades,
mientras su joven y muy embarazada esposa languidece encerrada en su torre. Ahí
es donde Su Majestad pierde los estribos y Carlitos se va por retada. A pesar
de las afirmaciones porfiadas de Diana, sabido es que tanto Isabel como Felipe
muchas veces aconsejaron/regañaron a su primogénito por el mal manejo de su
matrimonio. Le exigieron acabase su relación con Camilla, pero Carlos había
perdido el poco cariño que le tenía a Diana y no hubo manera de convencerlo de
acercarse más a ella.
Lo que no me
gustó
La Discusión de
Carol y La Primer Ministro.
En mi familia era
factor aceptado que yo era la favorita de mi padre tal como mi hermano lo era
de mi madre. A mí nunca se me ocurrió echárselo en cara a mi madre (me hubiera cortado
la nariz con un cuchillo) ni a mi hermano. De hecho, ese favoritismo nos unió más
concientes que era un arma usada por mi madre para manipularnos y separarnos.
Por eso se me hizo tan extraño, que Carol, una mujer hecha y derecha de 29 años,
estalle en un discurso acusatorio. Lo
hace justo cuando su madre está preparándose para recibir invitados, solo para
poner en boca de Margaret su desprecio por el género femenino.
Carol Thatcher,
hoy en día es una reconocida periodista, escritora y documentalista. Ciertamente
es más respetable y exitosa que su hermano, el mimado Mark.Es quien mantiene el culto a su madre
(incluso en el 2007 fue a Las Malvinas a hacer un documental sobre la guerra
titulado “Mommy’s War”) de quien está muy orgullosa.
Carol y su anciana madre
Al recordar su
infancia, Carol se refiere a su madre como “supermujer”. Una que siempre quería
combinar sus labores tanto domesticas como profesionales descollando, en ambas.
También recuerda que Margaret empapeló el cuarto de sus hijos y que le enseñó a
Carol a conducir. Carol jamás ha hablado mal de su madre y la idea de que el
favoritismo de Mark la haya afectado ha surgido de unos comentarios de parte de
ex secretarios de la Primer Ministro. También Lady Thatcher se quejó alguna vez
públicamente de que su carrera la había privado de pasar más tiempo con sus
hijos.
“The Crown” nos
muestra a Carol sirviendo la mesa como una glorificada criada. La verdad es que,
a los 22 años, Carol se marchó a Australia donde obtuvo empleo en la
televisión. Retornó a Inglaterra en 1979 cuando su madre fue nombrada Primer
Ministro, pero no para ser sirvienta de Margaret. Por el contrario, en 1982,
Carol trabajaba en la BBC, contribuía al Daily Telegraph y estaba escribiendo
su primer libro. No creo que estuviese para pataletas u reclamos solo porque Morgan
ve un paralelo entre la Reina y su Primer Ministra en sus complicados roles
maternales.
Otro paralelo fue
cuando Margaret recuerda con amor a su padre como el artífice tanto de su
carrera como de su personalidad. Algo que también nos recuerda la importancia
de Jorge VI en la creación de Isabel II. Otra similitud es cuando Margaret
acusa a su madre de haber sido una simple ama casa a pesar de los intentos de
su esposo de ” educarla”. Eso nos refiere a las quejas de Carlos de cómo no ha
podido ampliar la mente de Diana y subirla su nivel intelectual. Mas allá de la
torpeza y la soberbia de sus palabras, nos llega nuevamente ese sutil conjetura
de que Diana era una mujer intelectualmente limitada.
“Hemos Perdido
a Nuestros Hijos” por parte de la Reina.
Me pareció prematura
y absurda esa percepción de que los hijos ya no tienen remedio. El que Isabel
se diera por vencida como madre me sonó muy perezosa. Con la excepción de Andrés,
que hoy esta con el agua hasta el cuello, no veo a nadie perdido. A pesar de
los esfuerzos de “The Crown”, Carlos ha
sobrevivido a una docena de escándalos y hasta al Covid-19.
Él y su Duquesa
son, para muchos, un ejemplo de un gran amor que derribó barreras y aunque no
es rey, ahora que su padre se ha
retirado del servicio activo y su madre ha reducido sus apariciones públicas,
es el rostro (junto con los Cambridge) público de la Corona y lleva las riendas
de la familia. Su relación con Wills y Duchess Kate es excelente. No tanto con
Harry, pero eso es culpa de Meghan no del Príncipe de Gales.
Carlos en dias cuando Meghn era parte de su familia
Eduardo está muy
bien casado, al igual que las hijas de Andrés. En cuanto a Ana, tras sobrevivir
divorcio y escándalo, ha encontrado la estabilidad con su segundo marido, tiene
hijos que la llenan de orgullo y es el miembro de la realeza más respetado por
el pueblo. Pero Morgan insiste en hacernos creer que es otra víctima de su
madre
Picnic con Ana
Que irritante ese
picnic que La Reina tiene con su única hija. La imprevista llegada de la
Soberana es mal recibida por Ana quien obviamente tiene cosas más importantes
que hacer que ayudar a su madre entender que ella no es su favorita. Al menos,
por una vez oímos que la reina ya es abuela, aunque es obvio que su relación
con Ana no es cercana. Para colmo, Isabel, que en la serie es bien desubicada,
viene portando malas noticias. Ana y su amante serán separados. ¡Como para
invitarte otra vez, Chabelita!
Por aquel
entonces Ana sostuvo un apasionado affaire con su guardaespaldas, el policía
Peter Cross. Como suele ocurrir en estos casos, se descuidaron y pronto Scotland
Yard conocía el doble adulterio (tanto Cross como Ana eran casados). Se lo
hicieron saber al Duque de Edimburgo, que fue quien manejó todo este asunto y
cuya mayor preocupación no fue censurar ni regañar sino proteger a su hija
favorita. Cross no iba divorciarse, su comportamiento había sido muy poco
profesional y la misma policía quería evitar un escándalo.
Ana y su padre de quien siempre fue la preferida.
Un mes después de
iniciado el affaire, Cross tuvo un traslado que (contado por él y amigos) destrozó
tanto al Sargento como a Ana. Ambos estaban seguros de estar enamorados. Que
Isabel haya sido quien le avisará a su hija que su romance acababa me parece
muy poco creíble.Es más que posible que
haya sido Felipe. Además de nuevo un
enredo cronológico. Se supone que estamos en enero del 81, se menciona que Ana
tiene “hijos”, en realidad estaba embarazada de Zara.
Mas importante, el
Sargento Cross dejó de trabajar con Ana en septiembre de 1980. La ironía es que,
en enero del 81, Ana en el cuarto es de embarazo, contactó a Cross y reiniciaron su amores. Esto
coincidió con la renuncia de Cross al cuerpo policial lo que les dio más
libertad para un romance que duraría dos años. Conocemos los detalles porque
fue el mismo Peter Cross quien vendió su historia al mejor postor en 1984
La Princesa Encerrada
en su Torre
Y por fin
llegamos a lo peor, Diana. La vemos casi catatónica, con tremenda panza, echada
todo el día, encerrada en su cuarto viendo programas infantiles en la
televisión. La última vez que vimos a Diana fue resplandeciente en su boda. ¿Qué
pasó que ahora está tan de capa caída? Hubiese sido bueno que nos mostrasen un
poco de lo ocurrido en estos cinco meses para explicar esta situación.
Carlos le cuenta a
su madre que a Diana no le gusta el campo. La astuta Isabel nota que a Diana lo
que le molesta es vivir tan cerca de su rival. Carlos excusa su “amistad” con Camilla
conque su esposa no le interesa nada de lo que hace, ni su jardinería ni leer
los libros de Sir Laurens van der Post (gran escritor y mentor de Carlos).
Volvamos a la
realidad. Carlos y Diana tuvieron una luna de miel infernal. Diana cuenta que
su marido durante el crucero por el Mediterráneo no le prestaba atención, que
efectivamente se había traído media docena de libros de Sir Laurens con la esperanza
de que su joven esposa los leyese y compartiese su opinión con él. Cuando Diana
se rehusó a hacerlo, él se dedicó a la [pintura. Diana recordaría su luna de
miel como una experiencia agotadora, más encima marcada por la presencia de Camilla.
Carlos, con poco
tino y falta de caballerosidad, telefoneó a su ex o no tan ex desde el barco, Diana
descubrió que su marido ocultaba una foto de Mrs. Parker Bowles en su agenda y
que usaba unas mancuernillas con las letras “C&C” grabadas. Diana no aguantó
más, lo recriminó. El muy fresco le respondió “Son un regalo de una amiga. ¿Qué
hay de malo en eso?” Aparentemente, Diana si lo veía mal porque en sus propias
palabras, le armó una pataleta.
Carlos no estaba acostumbrado
a ese comportamiento en sus mujeres y menos a las crisis de vomito de su
esposa. Según Diana, aunado a la presencia de Camilla en la psiquis de Carlos
le era infernal la falta de privacidad del viaje. Además, estaban las
exigencias de Carlos de que compartiese intereses que la aburrían y se sentía
ignorada por su esposo. Mas que la infidelidad el gran problema de ese
matrimonio fue que Diana siempre se sintió ninguneada por Carlos, que nunca
sintió que le importaba ni la apoyaba. Eso es lo que los fans de Diana llaman
haber sido ‘un monstruo” con la Princesa.
Diana y Carlos en su luna de miel
De regreso a Inglaterra,
Diana confiesa que intentó cortarse las venas. Carlos se vio obligado a confesarle a su madre
que su mujer sufría de un trastorno alimenticio. Llamaron psiquiatras. Diana
los detestó a todos, ella quería controlar su tratamiento. Se quejaba de que le
querían meter Valium a toda costa. La Princesa siempre se opuso a medicamentos
que creía eran la manera de La Familia Real de manipularla.
Diana ha dicho
que los Windsor la consideraban problemática por su bulimia. En realidad, le
tenían miedo por sus manías suicidas. Diana habló de cinco intentos de quitarse
la vida, hay quienes dicen que fueron más, cual más aparatoso.
La vida de Diana
se hizo más conflictiva cuando descubrió su embarazo en octubre. Las crisis
bulímicas se combinaban con las náuseas matinales. Ese famoso viaje a Gales fue
dantesco para Diana que (de acuerdo con las grabaciones) parecía hacerlo todo mal
aparte de sentirse muy mal. Se esmeró en hacer ese discurso en galés que, se
queja La Princesa, no ameritó ningún elogio ni del marido ni de nadie. Curioso,
porque en una entrevista, Diana dijo que Carlos estaba muy contento con el
discurso y la había felicitado.
Diana en Gales
Pero volvamos a
la serie, al invierno de 1981. Mientras medio mundo busca a Mark Thatcher, y
Las Falklands todavía no se han convertido en un sitio geográfico que importe a
los ingleses, la Princesa Diana ya ha anunciado al mundo su estado de buena
esperanza. A pesar de que todos estamos excitados ante la idea de un bebé real,
Diana recordara una década más tarde que fue una época triste.
Debilitada por la
bulimia que se ha convertido en un secreto a voces ella misma cuenta de veces
que se levanta de la mesa en cenas oficiales para ir a vomitar, Diana solo
quiere descansar y que la dejen en paz, pero ella dirá más tarde que era
imposible, que le exigían hacer presentaciones públicas y que nadie en su
entorno entendía sus malestares “porque nadie nunca los había sufrido”.
Tal vez nadie en
La Familia Real había sufrido de trastornos alimenticios, pero si conocían las náuseas
matinales que, durante el tour de Canadá, a fines de los 50, paralizaron a Isabel
II. Como no se había todavía anunciado su embarazo, lo tuvieron que adjudicar a
un virus estomacal. Durante sus últimos embarazos-ambos de alto riesgo-la
soberana detuvo su actividad en el sexto mes para descansar y cuidarse.
Por otro lado,
desde los días de confinamiento, en la Corte Tudor, hasta el puritanismo
victoriano que gobernó el trato de los embarazos tanto de reinas como de
mujeres de clase media, la preñez era una etapa que se ocultaba bajo un
lenguaje de eufemismos y ropajes voluminosos. Hay pocas fotos de la reina
Isabel en estado interesante, solo una de Margarita y dos de Ana.
Ana embarazada
Fue una desgracia
para Diana quedar encinta en una época en que la prensa le había encontrado el
lado glamoroso al embarazo de figuras públicas. Aún más en el caso de Diana que
se había convertido en la favorita del público y de la prensa.
¿Como reaccionó Diana
a tanta presión en una etapa en que las mujeres son tan vulnerables? Pues con más
maneras de hacerse daño, incluyendo el más teatral intento de suicidio de los
cinco (o más) que se conocen. Todo comenzó con una discusión con Carlos. Harto
del llanto de su mujer, Carlos le dijo que no iba a permitirle manipularlo y se
marchó a cabalgar. Diana, en su cuarto mes de gestación, entonces se lanzó
escalera abajo hasta caer a los pies de Su Majestad Británica.
Diana casi con
placer cuenta lo horrorizada que estaba Isabel ante este espectáculo. En sus
cintas acabará este episodio diciendo que a pesar de tener moretones en el
vientre “sabia” que él bebé estaba bien. ¿Como sabia? ¿Es clarividente o
médico? Lo que Diana olvida mencionar es
que su suegra inmediatamente la hizo atender por el ginecólogo de la Familia Real
Sir George Douglas Pinsker quien determinó que el feo no había sufrido daños.
Es hora de meter
en este cuento a un individuo bastante inconveniente, pero omnipresente en La
TrageDiana. Me refiero a su último mayordomo, Paul Burrell, quien ha dado
catedra en como lucrar a costa de una patrona difunta.
Entre sus
memorias de la Princesa de Gales, Burrel recuerda haberla encontrado a mitad de
una escalera del Palacio de Buckingham “fingiendo” una caída durante su primer
embarazo. Borrell insiste en que era una “caída falsa” puesto que su amita sería
incapaz de dañar a su bebito. Burrell es un mentiroso profesional, es un milagro
que no sea convicto de perjurio, pero que gana con esta historia? ¿Acaso
limpiar la imagen de Diana como alguien que se caía “de mentiritas”?
Diana y su mayordomo
Qué lástima Paul
porque la caída de Diana fue real. Hubo testigos, entre ellos la Reina, hubo un
parte médico, y la princesa exhibió lesiones. ¿O acaso, el mayordomo (entonces
un lacayo más) fue testigo de otro intento de suicidio por parte de Diana? ¿Esta vez fingido? Morgan no se pronuncia sobre estos intentos de
suicidio.
En cambio, nos la
muestra encerrada, en cama, aislada, en camisón todo el día rehusándose a
recibir a Su Reina-suegra. ¿Pero dónde estaba, en realidad Diana, en su quinto
mes de embarazo? Pues en Eleuthera, en
Las Bahamas, provocando un escándalo mayúsculo cuando los paparazis la
descubrieron en bikini y panzona.
Como ven, la vida de Diana de Gales era rica
en incidentes que “The Crown” pretende obviar obligándonos a sentir lástima por
una blanquita privilegiada que se puede pasar su preñez echada y viendo tele.
Really? ¿En el 2021 somos tan brutos para caer en ese cuento?
Ultima palabra.
Todos hasta los enemigos de Carlos concuerdan que durante las discusiones
conyugales era Diana quien las iniciaba, la que gritaba, la que usaba
palabrotas (en frente de los niños y en más de una ocasión enfrente de La
Reina). Carlos o bajaba la voz o la ignoraba. Y si le creemos a Diana, el gran
pecado de Carlos, más allá del adulterio, fue IGNORARLA. Así que, mostrándolo,
agrediéndola verbalmente o golpeando la puerta de la pobrecita victima creada
por Morgan, es un reflejo probablemente de lo que Don Peter hacía/hace con sus
mujeres.