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miércoles, 13 de noviembre de 2019

Lo Que He Visto este Otoño: ¿Soy yo o realmente existe un problema?



Ha sido un otoño crítico, problemas domésticos, problemas económicos, problemas de salud y,  más encima,  Chile que duele. Buscar consuelo, como en el pasado, en el mundo de la ficción ha sido un fracaso. ¿Me he vuelto demasiado quisquillosa o es que realmente lo nuevo no alcanza el nivel de calidad al que estaba acostumbrada?

Aparte de cine antiguo, reruns de “Los Waltons” y del excelentísimo “Cosby Show” que ha vuelto a las pantallas de canales retro, y de “The Terror: Infamy”, no he estado muy conectada con lo que televisión y Netflix me ofrecen. No es que no haya intentado encontrar algo que me entretenga, pero cada vez que pruebo algo nuevo me llevo un chasco.

Un ejemplo es Netflix, se ha politizado de tal manera que ha abandonado coherencia y calidad. Si entro es para ver cosas viejas como las primeras temporadas de “Call the Midwife” o “Gossip Girl”. Estaba siguiendo de nuevo “Mad Men” y de pronto me harté. Serie magnifica, pero el personaje de Don me agotó.

 Llegué a un punto que comencé a ver a Jon Hamm como feo y repugnante, con ojos de reptil, labios casi inexistentes y, como decía mi difunta madre que nunca lo encontró atractivo, “no aguanto a los hombres cuadrados”.  Y es que, si te cae mal el/la prota, no hay remedio. No puedes seguir viendo una serie. Y eso me lleva a…

Peaky Blinders
No, no voy a quejarme del desbarajuste histórico, de cómo, al fusionar sucesos que tuvieron lugar entre 1932 y 1936, desvirtuaron totalmente lo peligrosa que fue la carrera de Oswald Mosley al igual que los esfuerzos reales por detener el auge de la Unión de Fascistas Británicos. Mi mayor repugnancia nace de ver como Tommy Shelby sigue destruyendo su familia y nadie lo para.

No es spoiler decir que, aunque la temporada acabe con Tommy tratando de volarse los sesos, seguirá vivo. Steven Knight ha prometido que lo hará redimirse en la séptima temporada, pero no creo tener estamina para esperar tanto.

No es que los otros personajes merezcan mi respeto y cariño. ¿Ósea, a estas alturas,  Ada todavía no tiene un buen método de planificación familiar? Pero me dan lastima, me da lástima Arthur, me dan lástima las mujeres de esta serie que siempre terminan pagando el pato por las fechorías de Tommy. Ahora consiguió que le mataran a dos de sus cuñados. ¡Pobre Tía Pol! No solo se ha quedado viuda, además Tommy tiene ganas de matarle el hijo. Me da lástima Linda que de tan ninguneada ha caído un escalón más abajo que Ruby en la lista de importancia de las mujeres en la Familia Shelby.

Hay críticos que se han quejado del show. Lo acusan de volverse repetitivo, una parodia de otras temporadas. Concuerdo con ellos. ¿Hasta cuándo va a aguantar esa familia que la ambición, el hubris y la demencia de Tommy los domine? Antes de morir, Aberama cuestionó a su cuñado “¿Hasta dónde llega tu ambición?” Más que ambición es una necesidad desmesurada de controlar, de hacer pagar a su familia por la posibilidad que él se ha negado, la de ser feliz.

Nunca creí el cuento de que Tommy quisiera matar a Mosley para evitar otra guerra. Todos los objetivos ‘positivos” de Tommy son falsos. Eso se notó con la furia con la que reaccionó ante la oferta de Michael de hacer negocios que parecieran legítimos. Es lo que Tommy aparentemente quería, pero eran solo palabras. Su realidad es hacer las cosas como él cree, obligar a los demás (sea su mujer, Churchill o su familia) a hacer su voluntad. Una voluntad que muchas veces ni él mismo conoce.

Traer a Alfie de regreso también fue un absurdo. Me imagino que el motivo será hacernos creer que fue quien traicionó a Tommy (y de paso a toda la judería británica, pero esta es la BBC. (¡Los judíos sooon malooos!)

Watchmen
En octubre me tocó ver la primera serie con la que HBO pretende capturar a público tronero. Antes de darle una oportunidad a “Watchmen” me pregunté si era una serie para mí. Sin llegar al desprecio de Coppola-Scorsese, yo no soy fan ni de Marvel ni de DC. El que la serie la hubiese adaptado Damon Lindelof también me preocupaba. Yo encontré muy aburridos “The Leftovers”, pero me interesó saber que Alan Moore estaba indignado con la adaptación de su novela gráfica. ¿Quería eso decir que sería más seria, menos caricaturesca?

Efectivamente el primer episodio es serio, lo único caricaturesco es la inserción de escenas de la vida del villano Ozymandias (Jeremy Irons) ahora oculto en su castillo en la campiña francesa atendido por criados robots.  Eso es lo que queda de la novela, junto con ese un mundo donde los policías deben usar mascaras para que no los reconozcan, las lluvias de calamares que paralizan por minutos el tráfico de una ciudad, y el pasado ucrónico donde Nixon ganó la Guerra de Vietnam e Indochina ahora es el estado número 53 de la Unión Americana.

Lo que se ha cambiado es que la acción ya no tiene lugar en 1986 sino en un 2019 (con un flashback a 1921). Los villanos ya no son los que manipulan la amenaza nuclear sino supremacistas blancos que aterrorizan a la población de Tulsa, Oklahoma, principalmente la afroamericana que ahora es la mayoría.

A pesar de que los puristas han rechazado este ejercicio en corrección política que ha arruinado la esencia de la novela de Moore, los Niños de Verano se han mostrado abiertos a esta nueva interpretación. HBO puede respirar tranquilo, en su segunda semana “Watchmen” continuó manteniendo cautiva a una audiencia de 1.3 millones de televidentes.

En lo que respecta mí, me descaminaron al final del segundo episodio. La encontré ininteligible, llena de mensajes cruzados y confusos, de personajes que no acababan de capturarme. El que me cayó mejor, el jefe de policía interpretado por Don Johnson terminó linchado al final de ese episodio, y para el segundo nos tuvieron la revelación de que en realidad era villano. Yo sin personajes que me capturen, estoy totalmente perdida.

Catalina la Grande
Esta ha sido mi mayor sorpresa. Me aburrió a tal punto que he visto más “Watchmen” que a la saga de Dame Helen Mirren. Dame Helen es incapaz de desilusionar a su público, pero no basta para salvar una serie que no ofrece ni siquiera un buen juego de tronos. La Emperatriz manda matar a un rival y su hijo quiere suplantarla como monarca. Eso lo podemos ver en cualquier teleserie turca de época. ¿Que hace a esta diferente?

Se supone que estamos en Rusia en el Siglo XVIII. Un país muy distinto al resto de Europa y no se siente así. Hay mucha mención de que Cati quiere hacer reformas, pero eso es Tell y no Show. Los ambientes incluso exteriores son estrechos, oscuros y hay mucha sensación de la presencia de imágenes digitales. A ratos pareciera que tuvieran telones de fondo. Lo mismo ocurre con el vestuario que es poco llamativo.

Cuando uno recuerda el temperamental paisaje córnico de “Poldark” o los lujosos e iluminados espacios y deslumbrantes vestuarios de la Maria Antonieta de Sofia Coppola, pensamos que esa es nuestra imagen del Siglo de las Luces. No estas señoras que lucirán pelucas empolvadas, pero hablan como victorianas burguesas del Masterpiece Theater. ¿Que hace a los rusos más interesantes que otros personajes de series de época? ¿Que hace a Catalina sobresalir sobre otras reinas? Eso es lo que nos mostró “Velikaia”, la versión rusa del auge de la famosa emperatriz.
María Antonieta toda luz

Catalina toda oscuridad

Siempre he sentido que Catalina fue una soberana sobrestimada y que en términos de cultura popular más se la recuerda por su voraz apetito sexual. Esperaba que esta serie enfatizara sus logros por sobre su leyenda negra. Pues ahí erraron. Nos han querido dar una historia de amor y poder que no funciona.

Cuando Catalina conoció a Potemkin tenía 33 años y el 23. Incluso se rumoró que habían tenido una hija tal como que se habían casado en secreto. Dame Helen tiene 74 y los luce. Su amiga, la Condesa Bruce tenía la misma edad, casi 20 años menos que Gina McKee que la interpreta en la serie. Verlas espiando a Potemkin y riéndose como colegialas se siente…rarito. En cuanto a Potemkin nos lo describen como “joven y guapo”. …El pobre cincuentón Jasón Clark se ve viejo, gordo y con esa cara de calabaza de Halloween, francamente feo.
33 años...en cada orejita.

¿Joven y guapachoso? I think not.

HACHE
En general le huyo a las narconovelas. Son tan crudas y, a diferencia de “Peaky Blinders”, uno sabe que lo que ve en pantalla ocurre en la vida real. Por eso no me atraía ‘Hache”, la nueva “Reina del Sur” de Netflix, pero me encaminaron a ella dos factores: tiene lugar en la Barcelona de 1960 y su protagonista Adriana Ugarte, es mi actriz favorita de los dramas de época españoles de este siglo. Pero que lejos está de Sira, la modista o de “La Señora”.

Adriana ha crecido mucho como actriz y aquí lo demuestra ya desde el comienzo y eso que el personaje evolucionará en maldad e inmoralidad a través de ocho capítulos. Así vemos a Helena (“con hache”) ser una obrerita metida a prostituta para sobrevivir, mantener una hija, e intentar ayudar al marido preso.

La vemos asustada, desesperada y determinada con esa mirada torva, ese pitillo siempre colgando de los labios y ese modo de hablarle con brusquedad y casi brutalidad a su hija que contrasta con la ternura con la que habla de la niña en sus visitas a la cárcel. La ternura que le brinda al marido, siempre intentando fingir que es la Helena antigua, la fiel, la que se mantiene a punta de coser ajeno.

Lo cierto es que Helena está recorriendo las calles del Reval en busca de clientes a los que atender y desvalijar. Huyendo de uno de ellos, Helena encuentra refugio en El Albatros, un bar de postín, propiedad del hampón Malpica (Javier Rey).

Tras salvarla de una pateadura y deshacerse del cliente, Malpica paga una noche por los servicios de Helena. Lo ha impresionado que ella se defienda a mordiscos de su agresor. Es que Malpica es un ser retorcido que a ratos puede hasta inspirar lástima hasta que lo vemos agarrotar a un empleado con sus propias manos.

Hache es un noir, una historia de crímenes e investigaciones detectivescas. El tercer protagonista es el Inspector Vinuesa (Eduardo Noriega). Todavía de luto por la muerte de su esposa, ha pedido el traslado a un lugar y tranquilo y ha recalado este puerto soñoliento catalán. Solo que Barcelona se va a convertir en un polvorín. Y aquí es donde entra la historia.

En 1960, Lucky Luciano decidió convertir a Barcelona en un punto de paso de la droga que salía de Italia rumbo a Nueva York. Vinuesa ni se imagina, cuando encuentra un cargamento de muñecas que las olas traen a la playa, que está ante lo increíble, un tráfico de lujo.

Dentro de las muñecas hay frasquitos llenos de polvo blanco y la inocencia del cuerpo de policía provinciano conmueve. Nadie sabe de qué se trata. Como es una oficina muy pobre, no tienen peritos. Deben recurrir a un catedrático de la Facultad de Medicina quien les informa que es heroína pura (otra palabra que comienza con hache).

Vinuesa también encuentra (con las muñecas) un cadáver con un balazo en el cuello. Descubre que hay otros dos cadáveres asesinados de manera similar en las cercanías, pero…a nadie le interesa investigar. El superior de Vinuesa se indigna cuando el nuevo comienza a levantar piedras. Le dice que todos en el departamento quedarán sin empleo. “De arriba” no quieren que se investigue.

Es que estamos en 1960, el comienzo de la apertura de España Franquista al mundo exterior. Hay que atraer al turista, hay que dar la impresión de un país idílico, buen clima, gente amable, nada de asesinatos inexplicables ni muñecas que ocultan drogas en su interior.

Sin embargo, en este país idílico no hay libertad para protestar. Las huelgas están prohibidas. Por haber organizado una, el marido de Helena está preso. Porque un guardia murió en la protesta, le han dado cadena perpetua. El abogado defensor (al que Helena le paga con sexo oral) cree que se puede untar la mano de los jueces, pero Helena necesita algo más que hincarse delante de la bragueta de los representantes de la ley.

Por eso volverá donde Malpica y aceptará ser su mujer, por eso irá ascendiendo (o descendiendo) en el ámbito del crimen para conseguir ese dinero con el que pueda sobornar al mundo del poder. Pero es una tarea ingrata porque el narcotráfico siempre ha sido turbio, sucio y peligroso. Tal como lo es Malpica, un enfermo que gusta marcar a sus mujeres con un hierro candente como si fuesen reses.

Malpica vive del dolor ajeno para apagar el propio. Durante la Cruzada (no se sabe para qué bando peleo) recibió un balazo en una pierna que le provoca un malestar constante y le impide vivir. Le dice a Helena que quisiera que le hubieran amputado la pierna, antes que ese dolor insoportable que mitiga con el uso de la morfina. Cuando Malpica dice la mujer del cónsul estadounidense “es una adicta. No se la puede controlar” está hablando de él. ¿Podrá controlarlo Helena? Sin embargo, no esperemos una historia de amor. Ninguna narconovela lo es.

Confieso que me cuesta verla, pero está bien hecha y bien actuada y es lo más decente (nuevo) que haya visto en Netflix este año No sé si la acabaré. Ya esta semana llega la sexta temporada de “Ray Donovan” donde también tenemos historias crudas y criminales sin piedad, pero también hay amor familiar, ternura y humanidad.

¿Han visto estas series? ¿Qué opinan de ellas? ¿Qué otras cosas han llamado su atención esta temporada otoñal?