Después de mi
sorpresa con Mrs. Maisel, decidí
continuar en peregrinación de humildad revisando despreciadas series del pasado
y viéndolas con óptica de vieja sesentera,más tolerante que su predecesora. Así me di de bruces con The Knick
(2014) y me cubrí de cenizas en un acto de arrepentimiento y de admiración ante
un duro drama de época que combina el atraso/progreso de la medicina con un
cruel retrato de una Nueva York que sigue sufriendo de muchos de esos males que
la aquejaron en La Edad Dorada.
Mi primera
impresión de The Knick fue de gran desagrado. Clive Owen dejó de
gustarme en una interpretación que vi como una versión 1900 del Dr.House. Un drogadicto que se pasa la noche en
fumaderos de opio, y los días sintiéndose la última limonada del desierto en un
hospital donde todos le rinden pleitesía y donde se da el lujo de ser racista.
En el 2013 yo sabía
cero de wokismo,Black Lives Matter y
fragilidades blancas. Yo solo sabía lo que se me había enseñado desde pequeña, que la gente se diferenciaba por modales,
código moral e instrucción, no por el color de la piel. Aun así, tampoco me cayó
muy bien el Dr.Edwards (Andre Holland) que
era agresivo cuando debía ser humilde y llorón cuando debía mostrarse firme y
digno.
En el campo de
personajes femeninos tampoco encontré nada atractivo. Lucy Nelkins (Eve Hewson,
Hija de Bono de U2), la enfermerita recién llegada del campo, me dio un poco de lástima, pero de ahí a caerme
bien… Tampoco me impresionó la respondona y fumadora Sor Harriet (Cara Seymour) y ciertamente me desagradó
Juliet Rylance (McMafia, Perry Mason) como Cornelia Robertson, una ricachona que, en
representación de su padre, mantiene económicamente al hospital.
El Verdadero
John Thackeray
Casi una década más
tarde le eché una mirada y supe reconocer que me había equivocado. No se trata de
una imitación House. Clive Owen da vida a un médico que está inspirado en el célebre
John Stewart Halsted. Como John Thackeray, Halsted utilizó las drogas en
experimentos en los que él fue la cobaya (tal como hizo Freud). Debemos
recordar que hasta entrado el siglo 20 no se entendía el fenómeno de la
drogadicción; la cocaína y la morfina se vendían sin recetas; y ningún médico
experimentaba con ellas para placer propio.
Halsted, como
Thackeray, fue un médico brillante e innovador. Fue uno de los cuatro fundadores
de John Hopkins, la mejor Facultad de Medicina de los Estados Unidos, y una de
las mejores del mundo. Fue un campeón de los antisépticos, inventó la mastectomía
radical, cambió el perfil de la cirugía e introdujo el uso de guantes de goma
en el quirófano.
La fama y respeto
que genera Thackeray, medico maverick, creador de nuevas piezas quirúrgicas, y abierto
a nuevas ideas, es merecida. Eso lo hace altanero y terco. La única autoridad
que reconoce y respeta es la del jefe del hospital, Julius Mannering. Cuando Julius
se suicida ( deprimido después de la muerte de una paciente en el quirófano), Thackeray
se convierte en jefe de cirugía.
Es ahí cuando
descubre que su título es inútil, quien lo organiza todo es el “civil” Barrows
(Jeremy Bobb), corrupto como el solo y económicamente quien da las ordenes es
el Capitán Robertson (Grainger Hines), un ex filibustero al que Thackeray
conociera en Nicaragua. Para mayor ofensa, Robertson ha delegado el poder en su
hija. Es Cornelia quien obliga a Thackeray (so pena de no instalar y costear la
instalación electica del hospital) a aceptar como su ayudante al Dr. Algernon
Edwards.
Junto con ser protegido ( es
hijo del cochero) de los Robertson, Edwards es un graduado de la Facultad de Medicina
de Harvard y ha estado trabajando bajo las órdenes de prestigiosos médicos en Londres
y País. Su gran problema es el color de su piel, y Thackeray, altanero y racista, no quiere un hospital inclusivo. El Knick
(inspirado en el verdadero Knickerbocker Hospital de Harlem) acepta pacientes
blancos solamente.
Edwards es
perseguido por burlas, insultos y humillaciones por parte de su jefe, del
personal médico del hospital y hasta de los pacientes. Elige quedarse porque se
da cuenta que Thackeray es un genio y quiere aprender de él. La última burla es poner al nuevo medico en
una “oficina” en el sótano. Ahí con trastos viejos , el Dr. Edwards instala un
dispensario clandestino para atender pacientes afroamericano.
Secretos de
Hospital
Algernon Edwards
pasa ser otro miembro del Knick que esconde un secreto. ¿Por ejemplo como es
que Barrow sobrevive a sus tratos con mafiosos que lo endeudan hasta el punto
de que como dice “robo a Pedro para pagar a Pablo”? Cuando Pedro y Pablo vienen
a cobrar, la vida de Barrow corre
peligro. La mano derecha de Barrows es el camillero y cochero de ambulancia Tom
Cleary (Chris Sullivan)que anda literalmente a la caza de heridos, incluso disputándoselos
a otros enfermeros para traerlos al Knick. Por esa actividad extracurricular,
el irlandés recibe una comisión de Barrow.
Es un secreto a voces
que Cleary es a quien llamar cuando se necesita cometer algún delito. Cuando el
equipo de Thackeray necesita introducirse ilícitamente en la biblioteca de
Columbia en busca de un artículo de un médico francés , es a Cleary y sus ganzúas
a quienes solicitan ayuda.
Será Leary quien
descubra las andanzas nocturnas de la Hermana Harriet, la monja partera que
trabaja a domicilio ayudando a mujeres sin recursos. El descubrimiento de las
actividades, entonces delictivas, de la monja que debe ir de civil , crea una extraña
sinergia entre estos inmigrantes de la Isla Esmeralda, que combina chantaje y romance.
Por supuesto que
el gran secreto es la drogadicción de Thackeray solo conocida por la tímida
Lucy una enfermera que acaba de llegar a la gran ciudad desde el viejo Sur y que
debe atender al mal educado medico durante una crisis. Poco a poco, Lucy se
hará indispensable para el drogadicto, en el quirófano, en la cama, y como recaudadora de drogas cuando la Guerra
del ’98 acabe con el suplemento de cocaína y opio del Oriente.
Hasta Cornelia
guarda secretos bajo sus corses, el de tela y varillas, y el mental que la agobia con dudas sobre
porque su padre confía más que en ella que en su hermano. Son los secretos los
que crean una atmosfera opresiva y oscura de lo que debería ser un espacio de
luz y progreso.
Tras una exitosísima
carrera en el cine (Erin Brockovich, Traffic y las saga de los Ocean’s
Eleven ) y de convertir a su actor fetiche George Clooney en ganador dos veces
del Oscar, Steven Soderbergh decidió meter mano en la televisión. The Knick
es un retrato de una Nueva York que se aleja de la glamorosa imagen de la Gilded
Age que nos dan las novelas de Edith Wharton y la serie de Lord Julian Fellowes.
Este retrato naturalista
de la Gran Manzana nos muestra el contraste entre gente adinerada y poderosa
como los Robertson y la pobreza de los pacientes del hospital. Se trata de una
sociedad asfixiada por la miseria, el racismo, la criminalidad, los
inmigrantes, las ratas. ¿Hablamos del 1900 o del 2023?
Jack Amiel y
Michael Begler que nos regalaran la excelente primera temporada de Perry Mason, han sabido crear un relato naturalista y hasta
cierto punto sórdido sin llegar al tremendismo de The Alienist que después de todo trataba de los crímenes de
depredadores sexuales.
The Knick que recibió un Emmy y varios premios
Satélite, aparte de varias nominaciones
a otros galardones, nos recuerda la excelente serie inglesa Casualty 1900
y representa —como dice mi título— el lado más oscuro de
La Edad Dorada. Puede verse en HBO/Max.
Contenido
Violento y Gory: Cada
operación es para cerrar los ojos o vomitar. Casi tanto como las heridas o los
métodos de los hampones para cobrar. La peor
escena para mi es cuando un cobrador le arranca una muela a Barrow diciendo que
la guarda como “colateral “hasta que le pague su deuda.
Contenido
Sexual y Desnudos:Muchos cadáveres desnudos y azulencos, nada
muy sexy. En el tercer episodio vemos un topless de una prostituta y más adelante
un desnudo total de Rylance. Varias situaciones sexuales, pero ninguna de al
gusto o muy gráfica.
Factor
Feminista: Las mujeres de
la obra están divididas entre víctimas y las que intentan salir de la esfera
patriarcal. Al comienzo creí a Thackeray un misógino, pero pronto su delicadeza
al tratar a Abby, su gentileza con la pequeña Cora, y el respeto a regañadientes que les da a
Peggy y a Cornelia, me hizo ver mi error.
Vemos a las mujeres ser víctimas de sus esposos que les contagian enfermedades silenciosas
como la sífilis que destruye el rostro de Abby, o de sistemas psiquiátricos que también las
destruyen en vez de curarlas como ocurre con la esposa de Everett. Incluso
vemos que la Hermana Harriet, con sus
abortos clandestinos, y Cornelia, que supuestamente representa el poder patriarcal
de su padre, caen presas de las trampas
de su sexo y del juicio de hombres que quieren someterlas.
Factor
Diversidad: Creo que de
todos los drama de época estadounidenses de este siglo, The Knick se
lleva el premio del más diverso. No solo tenemos un retrato del racismo que debe
enfrentar un profesional afroamericano a principios del siglo XX. El libreto
además sabe alejar a Edwards de esquema de víctima y crear un personaje de
carne y hueso capaz de escribir artículos en francés para publicaciones médicas,
serle infiel a su esposa negra con una mujer blanca; y de defenderse con sus puños cuando la
oratoria no es suficiente.
En el dispensario
para gente de color que Edwards instala en el sótano del Knick vemos pasar a varios
ejemplos de la clase humilde afro-neoyorquina, incluso a un cubano. Vemos como
Edwards entrena un par de lavanderas negras y las convierte en enfermeras de cirugía,
y vemos como el talento de un hombre
trasciende su color y consigue el respeto y protección de un Robber Baron
como el Capitán Robertson.
El segundo grupo
étnico más representado es el irlandés. Como nos han mostrado The Alienist
y Warrior, en la USA del siglo XX y comienzos del XX, los irlandeses servían solo para dos profesiones:
maleantes y policías. Aquí tenemos
gánsteres irlandeses, pero dos personajes superan estereotipos: la monja Harriet
y Tom Cleary que, aunque dado a ganarse unas monedas de mala manera es buen
ejemplo de las pocas oportunidades que tuvo su gente.
Aparte de los
Hijos de Erin, tenemos también judíos. Los vemos de pacientes del Knick y como
Bertie (Michael Angarano) le cuenta a su
padre, el idioma que ahora deben
aprender los médicos es el yiddish. En la primera temporada tuvimos apariciones
esporádicas del Dr. Levi Zinberg, cirujano del Hospital Mount Sinaí, uno de los hospitales más antiguos de USA.
Mount Sinaí fue fundado en 1852 por un judío ortodoxo llamado Sampson Simpson, como un espacio donde se podía atender
pacientes de origen hebreo que eran rechazados por hospitales “para blancos”.
Zinberg se
convierte en enemigo del cada vez mas paranoico Thackeray que lo ve como su
rival. El médico judío atrae a Bertie Chittering a Mount Sinai, donde el joven
interno no solo encuentra otra manera de ejercer la medicina, también consigue novia
judía ante el asombro de su familia.
El Lejano Oriente
está representado por pacientes del fumadero de opio de Ping Wu, al que Thackeray
es asiduo y las prostitutas de las cuales es cliente. Aparte, la clientela del Knick
incluye italianos, y eslavos de diversos puntos de la Europa Oriental.
Me preguntaba cómo
traducirían The Gilded Age. El titulo exacto de este intento de Lord
Julien Fellowes de crear una Downton Abbey a la americana debería ser “La
Edad Dorada”. Hay quien dice que esa sería la traducción de Golden Age. No,
Golden” es “de oro”. “Dorada” en cambio indica la ilusión de una capa de
barniz, porque el periodo de tiempo entre 1870 y 1900 se caracterizó tanto por
falsas ilusiones de riqueza como por un código de valores falsos. Un mundo que
chocó con la tradicional aristocracia estadounidense con moral y fortunas sólidas,
y acabó por vencerla. Ese es el tema
detrás de esta fábula sobre un par de jovencitas (una blanca y otra
afroamericana) que llegan a una Nueva
York sumida en un conflicto entre lo viejo y lo nuevo.
No Todo lo que
Brilla es Oro
“The Gilded Age”
es un término acuñado por el famoso Mark Twain que, en su novela de ese nombre (1873), se refiere a la época en que vive como una
aparente Edad de Oro pero que bajo la pintura dorada esconde corrupción y
codicia. En la década que antecedió a la Guerra de Secesión, la Unión Americana
se amplió en territorio gracias a lo arrebatado a México y a exploraciones en
el centro y noreste del país. Para poblar esos territorios se necesitaban
colonos a los que había que transportar, al igual que a los millares que iban hacia el Oeste
afectados por la Fiebre del Oro de California.
Para ese
transporte se tendieron líneas de ferrocarril, a la par que se exterminaba o sometía
a los pueblos autóctonos que vivían en las tierra necesarias para los rieles. Muchos
hombres blancos hicieron fortuna en la construcción de trenes al igual que en
la minería tanto de oro y otros metales preciosos, como la del carbón necesario para empujar los
trenes. La Guerra Civil contribuyó a un desarrollo de la industria y la
construcción de nuevas fábricas en el Norte. Para 1865, el final del conflicto
vio un país unido, pero en expansión, donde había fuentes ilimitadas de trabajo y
posibilidades de enriquecerse. Ese fue el comienzo del Sueño Americano.
Los hombres que
manejaban los trenes, las minas, los capitanes de industria y los especuladores
de Wall Street no pertenecían a la antigua aristocracia colonial . La mayoría
eran inmigrantes de Irlanda, Escocia hasta de Alemania. Por eso no tenían ni límites
ni escrúpulos. La historia los ha apodado “Robber Barons” en alusión a los
señores feudales alemanes que vivían del bandidaje. The Gilded Age nos
va a presentar a este tipo de nuevos ricos y su agrio recibimiento por parte de
la alta y vetusta aristocracia neoyorquina.
Las nuevas de la
movilidad social y el fácil acceso al enriquecimiento de la sociedad estadounidense
hicieron a muchos europeos inmigrar a America. El resultado fue que las
ciudades se expandieron para recibir a estos nuevos ciudadanos, pero también se
crearon barriadas donde vivían hacinados los inmigrantes y sus hijos. Aunque
era cierto que trabajo no escaseaba, las condiciones laborales y los sueldos
eran paupérrimos. Por eso esta Edad Dorada, es recordada como un momento de agitación
obrera, huelgas y la creación de sindicatos.
No solo los
inmigrantes y obreros eran menospreciados. El final de la Reconstrucción del
Sur en 1870 acabó con las esperanzas de crear en esa región una sólida clase
media profesional de color . El nuevo Sur miraba con rencor a los ex esclavos que
ahora buscaban igualdad y educación. Eso llevó a la imposición de las infames leyes
de Jim Crow. Grandes segmentos de la población negra se trasladaron al Norte o
al Oeste de la nación.
El libreto
original de The Gilded Age tenía como protagonista a Marian Brooks, hija
de un general Confederado, que viaja del Sur a Nueva York en compañía de su
criada negra. Por suerte obviaron este controversial escenario. Ahora Marian (Louisa
Jacobson, la menor de las hijas de Meryl Streep) es hija de un general de la Unión, viene de
Pennsylvania y Peggy Scott (Denee
Benton) es su amiga quien viene a Manhattan a probar suerte en el mundo de las
letras.
Marion, huérfana
sin fortuna, pasa a formar parte de la
familia de un par de aristocráticas tías solteronas espantadas ante el aluvión
de nuevos ricos que han venido a perturbar su tradicional estilo de vida. ¿Existieron
personas como Las Brook? ¿O familias con apellidos aristocráticos de origen
holandés como el van Rhijn que orgullosamente porta la Tía Agnes (Christine
Baranski)?
La más antigua aristocracia
neoyorquina se remonta a esos contrabandistas piratas que estafaron a los
indios iroqueses dándoles a cambio de la Gran Manzana un puñado de collares de
cuentas y botellas de whisky. De ellos descienden nombres respetadísimos como los
van Deusen, los van Buren que dieron un presidente a la nación, Los Schuyler, Los Stuyvesant y Los Roosevelt.
La importancia de
tener ancestros del país de los tulipanes fue rescatada por esa enciclopedia de
la clase alta neoyorquina, La Edad de
la Inocencia de Edith Wharton donde tanto Archers como Mingotts y Welland
se inclinan ante la autoridad de los van der Luyden. Y en esa respetuosa
imitación de Wharton, Gossip Girl (la única e inigualable) no es
coincidencia que la rebelde IT Girl se llame van der Woodsen.
Los Archer buscan el consejo de los influyentes van der Luyden
Serena van der Woodsen.
Ya para el Siglo
XVIII, el conglomerado holandés se había ampliado gracias a elementos anglos
venidos del continente o descendiente de los pasajeros del Mayflower. Así
tenemos a los Fish, a Los Livingstone (de
los que descienden Las Brook) y, por supuesto a los reyes de la alta sociedad
neoyorquina (que entonces era solo Manhattan, los otros condados eran un puñado
de granjas y granjeros) Los Astor. Ya vimos a Caroline y sus hijas aparecer en
The Gilded Age.
Entre Lo Pasado
y el Presente
Parte importante
del argumento, y así se lo hacen saber a Marian desde su llegada, es que la sociedad
neoyorquina está bajo asedio de una parva de nuevos ricos como Los Russel que
han tenido el descaro de comprar una mansión vecina a la de Agnes y Ada
(Cynthia Nixon). George Russel (Morgan Spector) es insufriblemente millonario. Pero
como dice Agnes, “No nos movemos en los
mismos círculos”.
En la vida real,
la llegada de los Carnegie, los Morgan y, sobre todo, los Vanderbilt , representó
una crisis social para el Old Money. irónicamente, los Vanderbilt, a pesar de su apellido, no eran aristócratas. Su tatarabuelo habría
llegado casi en calidad de esclavo a Nueva Ámsterdam. El famoso Cornelius era
hijo de un capitán de barcaza (ferry) de Staten Island. El padre del Comodoro
era hijo de un humilde campesino holandés llegado a comienzos del siglo XIX. Su
hijo, se hizo a la mar (de ahí su apodo “comodoro”) y construyó una fortuna en transporte marítimo
y ferrocarriles. Aun así, ni él ni sus 13 hijos eran admitidos entre Los
Knickerbocker, que así se llamaban las grandes familias neoyorquinas.
Otra ironía, es
que estos Knickerbokers (o “400”) eran liderados por Caroline Astor, pero los
Astor venían de un pedigrí tan modesto como los Vanderbilt. El primer Astor fue
un granjero suizo que vino a hacerse la America. Ese primer Astor ( y sus hijos)
se enriqueció comprándoles pieles a los
indios del noreste del Pacifico. Tal vez porque sus negocios tenían lugar en espacios
exótico (también contrabandeaban opio de China) o porque hicieron fortuna medio
siglo antes que los Vanderbilt, que los Astor pasaban por Old Money.
La historia del
jet set neoyorquino está intrínsicamente ligada a este producto que, sin tener los grandes méritos de “Downton Abbey”,
representa un desafío que Lord Fellowes
ha enfrentado con valor y sensatez. No tendremos Highclare Castle, y el Central
Park con CGI parecía una acuarela infantil, pero se han buscado buenos
escenarios en Newport, Nassau County y en la ciudad de Troy en Upstate New
York.
Los interiores
son fantásticos y si algo sé un poco son de casonas de la Edad Dorada. He
visitado un par en Nueva York (ciudad y estado) y veo que en la serie han
conseguido el efecto deseado, incluyendo ese elefante blanco que los “pobres ricos”
Russell han confeccionado y que lleva el sello de Stanford White. Es a una
brownstone en la 61 con la Quinta Avenida (lo que hoy se considera Upper East
Side, territorio de Gossip Girl) adonde llega Marian Brooks.
Bertha y su arquitecto fetiche
Las Excelentes
Aventuras de Marian y Peggy
Comenzamos la
serie con una Marian enlutada en Pennsylvania oyendo de boca de su abogado, Mr.
Rikers (Thomas Coquerel) que su padre, el General Brooks (Marian es la única
que lo llama así) la ha dejado en la ruina. El solicito abogado, ni siquiera
quiere cobrar, ya que Marian solo tiene $30 en el mundo (como 300 de los
dólares de ahora. Lo que pagaría entonces tres meses de renta en el barrio peor
de Manhattan). La aconseja buscar refugio con las hermanas de su padre en Nueva
York.
Marian les
escribe a las tías, que no se llevaban con el difunto Henry, y tiene la suerte
de que la carta la reciba la solterona Tía Ada quien inmediatamente le envía a
la sobrina pasaje de tren y ferry hasta Manhattan. Rikers lleva a Marian hasta
la estación de tren.
Miss Brooks que
ya ha notado que el abogado (que es joven y guapo) la pretende, corta las cosa
por lo sano. Exige que no le escriba y le pide que la deje esperando el tren
sola. Irónicamente la neoyorquina victoriana y la de hoy le tenían el mismo
terror a los machos hetero. La de hoy cree que van a violarla, la de la Era
Dorada sentía que dejar a un cortejante que no le interesaba mosquease cerca la
comprometía y ponía en una situación en que estaría obligada a aceptar su
galanteos.
Aunque admiro y
respeto la actitud de Marian, me parece que pecó de incauta al preferir
quedarse sola en un sitio público cuando es obvio que no sabe cuidarse. Deja
sus maletas y su bolso a un lado. Hay una trifulca entre un par de borrachos. Empujan
a Marian que cae encima de una chica de color que también espera el tren, y le rompe el vestido.
Cuando Marian se
levanta descubre que le han robado el bolso con su dinero y sus pasajes. Se
pone a gimotear.Peggy, la chica negra, se apiada y le paga el viaje. Solo que, Peggy
puede ofrecerle a su nueva conocida, un pasaje en la incómoda tercera clase. Al
llegar a Manhattan, a Marian la espera el carruaje de sus tías. Insiste en
darle a Peggy un aventón hasta el ferry de Brooklyn (no había puente todavía) y cuando descubre
que está cerrado por el mal tiempo, insiste en llevarla a la Mansión van Rhijn
a cobrar su deuda y a pasar la noche
Hora es de hablar
de las tías de Marian. A esta le molestará que las hermanas de su padre tengan
tan mal recuerdo del General Brook. Será la dulce Ada quien informe a su
sobrina que, tras la temprana muerte de sus padres, las hermanas quedaron bajo
el amparo de Henry quien se gastó toda la herencia y propiedades de los Brooks dejándolas
en la calle (más o menos lo que ha hecho con Marian).
Lo que Ada se
guarda es que el General se gastó su fortuna y la de sus hermanas en
francachelas y mujeres de dudosa reputación.Agnes tuvo como una única salida aceptar la propuesta de matrimonio de
van Rhijn lo que le permitió encargarse de Ada y darle “la dulce tranquilidad
de ser una solterona”.Fue un matrimonio
difícil. Como explica Ada a Marian, su cuñado “no era un hombre con el que te
gustaría estar a solas”.
Agnes acepta
recibir a Peggy bajo su techo, siempre y cuando le de la dirección de sus
padres en Brooklyn por si algo ocurre, ya que la joven está ahora bajo su
responsabilidad. Me parece algo muy sensato (es lo que hubiera hecho cualquier
mamá de mi época) y espero no se construya algún tipo de racismo en las
interpretaciones de los críticos. Aunque ya han notado microagresiones por
todos lados.
Sin embargo, las
tías quedan encantadas al saber que Peggy se ha graduado de una escuela para
niñas de color de la cual el difunto padre fue benefactor. Agnes se admira ante
la fina caligrafía de Miss Scott. Ella está teniendo problemas con falta de
tiempo para atender su correspondencia y contrata los servicios de Peggy como
secretaria privada. Eso sí, insiste en
que debe comunicarles su paradero a sus padres. Para entonces es obvio que Peggy
no desea volver a vivir con sus padres.
Peggy manda
recado a su madre y se entrevistan en un café para afroamericanos. Aunque el
lugar se ve discreto y hasta casi elegante, Mrs. Scott ( Audra McDonald) lo
mira con desprecio. Le ha traído a su hija ropa y algún dinero. Insiste en que
Peggy debe volver al hogar y hacer las paces con el padre. Por la conversación
dedujimos que el Señor Scott impidió un romance de su hija y Peggy no lo ha
perdonado. Tampoco perdona Peggy que su padre ningunee sus aspiraciones de
tener una carrera literaria.
Peggy entonces se
instala en la Brownstone de las Brooke. Algo que me agrada es que ni Peggy ni
la serie se muestran incomodos conque la secretaria coma con el servicio o que
duerma en un cuarto para mucamas (privado y bastante decente). Es lo que se hubiera hecho aun si ella fuese
blanca.
Como le explica a
Marian, Peggy es bien recibida por el escuadrón de sirvientes “con un par de
excepciones”. Se refiere a la doncella de Agnes, una especie de Miss O’Brien y
la pinche de cocina, una inmigrante irlandesa que cree que los afroamericanos, que ahora son libres, van a quitarles empleos a los inmigrantes (hoy
la situación es en reversa).Peggy se
convierte en la cómplice de las escapadas de Marian (“mi compinche conspiradora”
la apoda la Niña Brooks) como cuando esta decide ser la única de la familia en
aceptar la invitación a una velada con los Russell. Hora es de hablar de esta
infamosa familia.
Los de Abajo en la Mansión van Rhijn
Los Infames
Russel
Un motivo de ira
para Agnes es que al lado de su mansión han estado construyendo otra más grande
y lujosa. Aparte del bullicio, le molesta a Mrs. Van Rhijn que sus nuevos
vecinos sean los parvenú Russell. George Russell es el epitome del Robber
Baron. Ha hecho una fortuna en ferrocarriles y otros medios. Su modus operandi
es a base de someter o desbancar rivales vía soborno o chantaje. Es este arte
laboral, basado en la intimidación, que funciona en contra de su mujer, Bertha
Russel, (Carrie Coon) y sus sueños de
trepadora social.
Para cumplir esos
sueños, Bertha se hace construir un palacete diseñado por el joven (y entonces desconocido)
Stamford White (John Sanders) . Se va a Europa y desvalija palacios(incluyendo
el castillo de Lafayette) de muebles, pinturas y chucherías con las que decora
su casa. Encarga la confección de un vestuario tan ostentoso como el que Peggy
Mitchell inventa para Scarlett después de su boda con Rhett Butler.
La diferencia es
que Scarlett fue criada para ser una dama y ahora actúa como nueva rica.Bertha es una arribista que quiere ser una
gran dama. Para eso contrata una doncella, Miss Turner (Kelly Curran), que
conoce todos los trucos y reglas de la alta sociedad. Esta doncella era su peor
enemigo. Desprecia a Bertha e intenta quitarle el marido.
Miss Turner, la Nemesis de Bertha
Cuando no está
acumulando objetos, Bertha trata a sus hijos como objetos. Esta Mama Tigre
caucásica dice hacerlo todo por el bien de su prole . Su hijo mayor, Larry (Harry
Richardson, el hermano de Demelza Poldark) se ha librado de ella en sus años en
Harvard. Ahora, acabados sus estudios, llega al palacete a descubrir que su madre
tiene a su hermanita Gladys(Taissa Farmiga) semi prisionera en un estado de niñez
perpetua, a pesar de que la despierta jovencita ya tiene 17 años.
La sociedad Knickerboker
toma dos acritudes hacia Los Russel. Una es la de Agnes de ignorarlos
olímpicamente. Otra es la de prestar atención a los más jóvenes. Larry es
invitado a un fin de semana en la mansión de Mamie Fish en Newport donde conoce
a Oscar van Rhijn (Blake Ritson el George de Kent de la nueva versión de Upstairs
Downstairs), único hijo de Agnes; y a Carrie Astor hija de la reina de la
sociedad neoyorquina. Larry también conocerá accidentalmente a Marian cuando
rescata a Pumpkin , el perrito de la Tía Ada.
Mamie Fish obliga Larry y a Carrie a jugar croquet
Existe un tercer
segmento de la alta sociedad que le encuentra utilidad al dinero de Bertha. La
clase alta neoyorquina fue famosa en el siglo XIX por su filantropía. Berta es
invitada a “colaborar” en un evento recaudador de fondos para el entrenamiento
de huerfanitas. Marian, que está
desperada por hacer algo útil recibe permiso de Agnes para acompañar a Ada al
evento. Ahí son presentadas a Bertha y Gladys. Todas las damas son amables con
Las Russell, mucho más que con la misteriosa Mrs. Chamberlain, que parece ser
una paria social.
Gladys consigue que su madre la lleve a un evento de caridad
La misteriosa Mrs. Chamberlain
Bertha, Vestida,
Alborotada y Abandonada
También las
presentes expresan admiración por el palacete Russell y curiosidad por
conocerlo. Malinterpretando esa curiosidad, Bertha lanza una soiree
invitando a Le Tout New York, encargando a su chef francés una cena para
alimentar un pueblo, y poniéndose el más extravagante de sus vestidos. Todo
para quedar como novia de pueblo, vestida y alborotada, y abandonada. Apenas
aparecen cinco invitados. Cuatro de ellos, incluyendo a Marian que ha venido a escondidas
de sus tías, escapan furtivamente. Nadie quiere ser asociado con Los Russell.
Solo Stamford White permanece hasta el final.
Marian parece un cosplay de La Bella y la Bestia
A Bertha no le gustaran los crisantemos, pero se los puso todos en el vestido.
Bertha esta
desolada al pasar algo que era un leitmotiv de las novelas sobre la Gilded
Age. El no aceptar una invitación—Mrs. Astor la arroja al fuego— era
un modo de Cut Down (cortar socialmente, el equivalente a nuestro
moderno “cancelar”)que podía afectar
hasta nuevos ricos como el esposo de la Mrs. Parkington de Louis
Bromfield, o a viejos miembros del clan Knickerboker como la Mrs. Mingott de
La Edad de la Inocencia.
¡Qué salón tan grante y tan vacio!
Esto es lo que hizo Mrs. Astor con la invitación de Bertha
Marian se da
cuenta que nunca va a congeniar ni con la tía Agnes ni con sus reglas. Eso la
pone en un aprieto porque ha aceptado de su parienta un precioso guardarropa y
una pequeña mesada. Marian no entiende que todo eso es una inversión. Así se lo
explica Agnes a su hijo Oscar. La idea es casar a Marian rápido, y casarla bien. No es un acto mercenario. Es
lo que las madres querían para sus hijas entonces. Es lo que quiere Mrs. Astor
para todas sus hijas. Para 1882, las tres mayores ya estaban casadas. Ahora le
tocaba el turno a Carrie. Es lo que espera, pero en menor escala, la Señora
Brooks para Peggy y es definitivamente lo que espera Bertha para Gladys.
Oscar viene de
visita (vive en lo que se conocía como ‘digs”, un piso de soltero) a su madre y
trae el primer pretendiente para Marian, un tal Adams (bisnieto de John Quincy
Adams). A pesar de que Marian es cordial, Adams es tan cortante como lo fue
ella con el abogadito.
Al final
descubrimos el motivo: ¡Adams es amante de Oscar! OHHHHH! Y este quiere ir a meterse en casa de los
Russel, pero Bertha no lo invitó porque ni sabe que existe. Me temo que la
urgencia de George por ir a meterse en esa casa es porque quiere una esposa con
“nuevo dinero”, léase la pequeña Gladys.
Me detengo para
dar mi critica de la serie. Subjetivamente: ¡Me encantooo! Como dijo algún
critico es una combinación de Bridgerton y Gossip Girl. Es Edith
Wharton, más light y con más humor, pero
no deja de ser profunda. Me encanta el milieu, me encanta esa guerra entre Knickerbokers
y Robber Barons. Las actuaciones de las tres mujeres maduras son
impresionantes, obvio que por eso sus historias interesan más, y que son las verdaderas protagonistas.
Me gusta mucho el
personaje de Peggy. Quiero saber más de ella, sobre todo de esa clase media de
afroamericanos de la Gilded Age de la que se sabe tan poco. Marian no se me
hace tan interesante y Louisa Jacobson es guapa, pero no es Mammy Meryl. Cuando
habla parece que no moviera los labios.
Lo que le falta de experiencia actoral lo compensa con el vestuario.
La escenografía y
el manejo de cámaras es impecable, el vestuario muy de la época. Con clara
diferencia entre los trajes de las tías y los de Marian y Gladys a las que
visten con tonos pastel. El vestuario de Bertha merece nota aparte porque es un
estudio de extravagancia y vulgaridad.
A ver si el
próximo episodio, donde esperamos más de Peggy y los criados, me deja tan
satisfecha como este. Para los que la vieron. ¿Qué les gustó? ¿Que no les
pareció? ¿Quiénes son sus personajes favoritos?
Contenido
Violento y Gore: Una
pelea en la estación de tren que sirve para desvalijar a Marian.
Contenido
Sexual: Besos gays entre
George y Adams
Contenido
Feminista: Aunque la
serie quiere que nos enfoquemos en la lucha de Marian y Peggy que creen que por
estar en Nueva York (You are a New Yorker)van a ser independientes y lograr sus sueños,
el verdadero contenido feminista es como las esposas—la casta más oprimida y
sumisa del mundo patriarcal—ejercen el poder social en las clases
altas.
Factor
Diversidad: Vimos a Peggy
Scott ser obligada a subirse al final al tren solo por el color de piel. Vimos
el desprecio de dos criadas que la miraron con menos respeto que sus patronas.
Pero también vemos una chica instruida, bien vestida y con una madre que tiene
los mismos anhelos y prejuicios que cualquier señora blanca. Y me gustó mucho
el café (y los pastelitos) para afroamericanos. La diversidad sexual, por
supuesto, la ponen Oscar y su novio Adams.
Un género cuya
apreciación hermana a la humanidad es el relato detectivesco. Los misterios
apasionan tanto en el Primero como en el Tercer Mundo, e incluso gustan más si ocurren
en marco de época. Ya hemos visto como la televisión inglesa, y su contraparte gala,
les han entrado a las adaptaciones de la obra de Agatha Christie, pero en a
Italia del comienzos del siglo XXI el interés lo provocaban unos policías
nacidos de la literatura policial autóctona, más uno salido de los anales
policiacos reales.
Una ironía es que
el policía ficticio siga de moda en este momento que en Estados Unidos hay un
sentimiento tan en contra de las fuerzas de la ley que hasta en el senado se
habla de abolir por completo a de policía (y de paso las cárceles, y el ejército
de yapa) y se han retirado programas tipo reality sobre el quehacer policial.
El Comisario
Montalbano
Si le preguntamos
a los Gatos Seriefilos cuál es el programa de televisión italiano más conocido
dirán sin duda que es El Comisario Montalbano. El policía siciliano ha
conquistado públicos de todos los idiomas. Salido de las páginas de la exitosa
serie de novelas de Andrea Camilleri, Salvo Montalbano, con el rostro de Luca Zingarelli,
aparecía por primera vez en la RAI en 1999, cinco años después de la
publicación de la primera novela. Gracias a que Camilleri ha seguido
escribiendo (en pandemia se publicó su ultimo misterio Riccardino) la
serie no tiene ganas de jubilarse.
Las quince
temporadas nos han permitido conocer a fondo a este poco convencional inspector
quien imparte la ley en la villa ficticia de Vigata, en la costa de Sicilia. La serie nos ha permitido saber de sus
intereses, la buena literatura y el gusto por la buena comida y sobre las
mujeres de su vida, la madre cuya muerte marcó su infancia; Adelina su
cocinera, y Livia, la genovesa, a la que Montalbano ama, pero nunca lleva al
altar,.
Aunque Montalbano
labora en el Siglo XXI, el interés por la nostalgia y la influencia de otras
series internacionales de misterio como “El Joven Wallander” y “Endeavor” (conocida
también como el Joven Morse), llevaron a la creación de” Ïl Giovane
Montalbano”. Michele Riondino interpreta a un Montalbano de 30 años que llega a
Vigata a ocuparse de la policía local y conoce a todos los personajes que formarán
su equipo en el futuro.
El joven
Montalbano es lo que hoy llamamos un drama “retro” que tiene lugar en los 80 en
una época sin celulares, sin Internet, sin redes sociales, pero el interés por
detectives del pasado ha causado la creación de ficción televisiva en eras más
pretéritas, léase el periodo fascista.
El Comisario
de Luca
En el 2008, la
RAI se interesó en las series de misterios de otro novelista. A fines de los
90, Carlo Lucarelli había publicado una trilogía que giraba en torno al inspector
Acchille De Luca (Alessandro Preziosi), un policía que operaba durante el final
del fascismo y en los primeros años de la postguerra. De Luca, a pesar de vivir
en tiempos revueltos, insiste en que no es fascista ni comunista. “Sono solo
un polizziotto”. A pesar de lo controversial de la obra, las tres novelas
alcanzaron un éxito tal que ameritaron una miniserie.
En el 2008, las
tres novelas de la trilogía (Carta Blanca, El verano turbio y Via dell’Oche)
fueron convertidas en tres capítulos de dos horas de duración cada uno. Los
libros comienzan con el Comisario Di Luca, uno de los policías más famosos de
la Italia de Mussolini, llegando a Boloña a resolver un crimen que deviene en
una lucha de poder entre fascistas recalcitrantes y los que quieren hacer
tratos con Los Aliados, ahora a las puertas de la ciudad.
El verano
turbio describe como,
tras ocultarse un tempo en el Norte, De Luca parte hacia Roma por territorios
liberados, pero todavía salvajes. Con el temor de ser reconocido como funcionario
fascista, De Luca se inventa una identidad falsa, pero es descubierto por un
policía partisano que lo chantajea para que lo ayude a resolver un asesinato
local.
En Via dell
Ócche, De Luca vuelve a Boloña y ve como la posguerra ha cambiado tanto a
la ciudad como a la gente. Es degradado a ser un simple policía del Ëcuadrón
del Vicio” Sin embargo, al investigar un suicidio en un burdel en la calle del título
de la novela, nota que se trata de un asesinato con complejas ramificaciones.
No he leído las
novelas que han sido publicadas en español en un solo volumen titulado El
Comisario de Luca, pero la serie me ha encantado y me ha dejado con apetito
por más. Aplaudo entonces que los productores se sacaron de la manga un cuarto
“misterio” que inicia la miniserie. Titulado “Indagine non autorizatta” tiene
lugar en un balneario cercano a Rimini en 1938 y es una plataforma para que
conozcamos tanto a los personajes de la serie como las circunstancias
históricas que definieron a la Italia Fascista.
La atmosfera
histórica es lo que hace diferente a una trama que sigue las reglas típicas del
Noir, el asesinato de una prostituta cuyos principales sospechosos son un conde
que era su protector y cliente, y la esposa de este una femme fatale
extranjera interpretada por la polaca Kasia Smutniak a la que pronto veremos
como la Emperatriz Livia en “Domina”.
De Luca siempre se consigue a la más guapa
Incluso logra
equilibrar (y eso que es del 2008) el tema de la diversidad con una prostituta
africana, cuyo apodo “La Tripolitana” indica que es parte de imperio colonial
italiano. La cuñada de la condesa es lesbiana y De Luca tiene un informante
homosexual que recién ha regresado del confino (el exilio a inhóspitos
sitios de la península que era el castigo reservado por los fascistas para los
disidentes políticos y los gay).
La presencia
fascista es evidente. El cadáver de la prostituta es encontrado por un grupo de
Ballila (el equivalente italiano de los Hitlerjugend) en una playa cercana a
una villa que IL Duce renta por el verano. He ahí la urgencia de la policía de
solucionar el caso. En un momento la coartada de la Condesa es hacer creer que
es amante de Mussolini, pero en realidad le sirve de tapadera a los amores de
Benito con La Petacci.
Si “Lo que
escondían sus ojos” nos muestra las divisiones del franquismo y luchas entre serranistas,
falangistas, militares y monárquicos, “Una investigación no autorizada” nos
recuerda las divisiones de la alta cúpula del fascismo dividido entre los
seguidores del Conde Ciano, yerno de Mussolini, y los de Roberto Farinacci que
representaban un ala más extremista (y antisemita) y cercana al nazismo.Estos últimos son encapsulados por Silvestri,
interpretado por un Richard Semmel que un año antes de” Un Village Francaise”
ya nos muestra su diabólico encanto.
Silvestri es el
encargado de darle palizones a De Luca que muchas veces no sabe por qué lo golpean.
Se establecen dos leitmotivs de la saga. En cada caso, De Luca es apaleado por
bandidos y siempre está dispuesto a revolcarse con la sospechosa más guapa.
Algo que hará en esta introducción con la Condesa Laura.
Este episodio
sirve también para presentar a personajes que serán parte del entourage de De
Luca. Uno es Razetto, el fascista bona fide que sin embargo proporciona
consejos e información al comisario. Aquí conocemos a Pugliese, un jovencito
que ha llegado a Rimini del Sur a unirse a la fuerza policiaca. Pugliese, que
idolatra a De Luca, comparte con él las delicias culinarias que le envía su
madre.
En el segundo
episodio hacemos un salto cronológico de ocho años. El Comisario De Luca, tras
salvar la vida de Il Duce, se ha convertido en el policía más famoso de Italia.
Su llegada a Boloña es recibida con alfombra roja y carta blanca por parte de
las autoridades fascistas y eso que los Aliados ya cercan la ciudad.
Hermes, un
importante miembro de la alta sociedad boloñesa y reconocido fascista, ha sido
asesinado. Se trata de un crimen pasional (la víctima fue apuñalado y
castrada). Las autoridades precisan encontrar al asesino. De Luca descubre que el
difunto era un casanova y la lista de sospechosas es larga.
Ahí está Valeria
la bella adivina que le leía el futuro al muerto en la cama e intenta hacer lo
mismo con De Luca. Y la elegante Silvia Armieri (una Assumpta Serna que se
niega a envejecer) esposa de un importante catedrático fascista y cuyo hijo es
miembro de la SS Italiana (me había olvidado de que durante la Republica di
Salo, se formó un batallón italiano de la SS. ¡Que oxímoron!). Por último, esta
Sonia la hija del Conte Zuccari, otro afamado fascista boloñes.
De Lucca y la Contessina sospechosa
De Luca descubre
que la Contessina es drogadicta y que la víctima era su proveedor además de su amante,
pero el asunto es más enmarañado de lo que parece. Pronto De Luca comprende que
los fascistas no quieren justicia sino un ajuste de cuentas con elementos
tibios que pretenden cambiar de bando a última hora.
En ayuda del
policía vienen viejos conocidos: Pugliese, ahora un inspector, con novia y (se
implica) que colabora con los partisanos y Razetto, ahora jefe de la OVRA (la
Gestapo italiana) a quien De Lucca encuentra apaleando a un partisano. Sera Razetto
quien rescate a De Luca y se lo lleve en el éxodo germano-fascista que tiene
lugar ante la embestida aliada, pero no sin que de Luca haya descubierto y
arrestado a la asesina.
” El verano
turbio” tiene lugar en los primeras semanas de la Italia liberada. De Luca
emprende el camino a Roma desde el norte donde ha estado oculto con Razetto y
su banda. Viaja con documentos falsos y
teme ser reconocido en esa campiña donde no hay ley ni orden, ya que Los Aliados
no tienen suficientes tropas para imponer orden y donde la ley que imponen los
partisanos es una combinación de bandidaje y vendettas personales. Ese el caso
de “La Tedeschina” una cínica jovencita rapada por sus compatriotas por haberse
enamorado de un soldado alemán.
La Tedeschina ha dejado de creer en los hombres
De Luca es
reconocido por Bruno, un comunista a quien los partisanos han puesto a cargo de
la policía. Bruno tiene un problema, se le exige que resuelva el asesinato de
un ex partisano, muy querido por la comunidad. Bruno sospecha que se trata de
un conocido de la víctima, alguien del pueblo, pero él tiene el problema de Mare
de Easttown, todos los conocen y él conoce a todos en la región. Necesita de un
afuerino para poder investigar sin pisar los callos de vecinos y amigos, y
alguien con la experiencia de De Luca.
Bruno chantajea a De Luca
Llegan a un
acuerdo y De Luca, bajo la falsa identidad del Ingeniero Morandi, inicia una
investigación peligrosa y tortuosa que devela codicias campesinas, rivalidades
amorosas, el ajusticiamiento de un aristócrata homosexual y hasta la
desaparición de un oficial inglés. De Luca descubre al asesino, pero en medio
de su investigación su identidad real queda al descubierto. Bruno no tiene más
remedio que avisar a Boloña de donde envían a Pugliese a arrestar a su antiguo
jefe.
“Via delle Oche”
tiene lugar un año más tarde. De Luca se reintegra a la policía boloñesa, pero
ya no es un héroe sino un hombre que vive bajo el estigma de haber servido al
gobierno fascista. Parte de ese estigma es que se le degrade asignándolo al Escuadrón
del Vicio que trabaja con lo más abyecto del mundo criminal.
En la comisaria,
De Luca se reencuentra con Pugliese, ahora casado y a la espera de su primer hijo,
y con Bruno convertido en un policía formal. Boloña está a la espera de sus
primeras elecciones libres en décadas. Se cree que ganarán los comunistas, pero
como le explica Bruno al comisario, la derecha (léase Democracia Cristiana) está
apoyándose en antiguos elementos fascistas que siguen gozando de buena salud.
Estos elementos
se están encargando de matar comunistas a diestra y siniestra. Cuando De Luca
es enviado a investigar un suicidio en un burdel descubre que se trata de uno
de estos asesinatos políticos. A pesar de que sus superiores le exigen archivar
el caso como suicidio, De Luca continua una investigación que lo llevará a
encontrarse con un rostro de su pasado: Valeria, ahora convertida en “La Eslava”,
la regenta de un elegante burdel.
El Prefecto De
Hierro
Cuatro años después
del cierre de las aventuras policiacas del Comisario De Luca, se hizo una película
para televisión en dos partes que giraba en torno a Cesare Mori, el “Prefecto
de Hierro” que en las primera década del fascismo erradicó la Mafia siciliana. La vi este fin de semana y todavía vomito. En
su día le cayeron críticas a diestra y siniestra críticas de historiadores,
políticos y parientes de gente calumniada en las tres horas y pico de esta
bazofia-miniserie.
En la vida real, Cesare
Mori fue un comisario de policía que en la Sicilia de la Primera Guerra Mundial
se anotó un golpe importante en contra de la mafia. Su fama lo hizo ser
trasladado a Florencia, luego a Roma finalmente a Boloña donde lo encontró el
auge del Fascismo.
Entretanto la
Mafia siciliana había adquirido un poder fabuloso. Del bandidaje rural se había
convertido en un pulpo cuyos tentáculos asfixiaban a la Sicilia urbana e
incluso se extendían hasta el continente americano. Lo que Mori descubrió en su
breve lucha contra la mafia pre-fascismo es que eran una especie de secta
conocida como la “Societa onorata” (más tarde sería La Cosa Nostra) a la que
pertenecían importantes miembros de las clases altas. Bajo su protección, y la
del pueblo que por extorsión o conveniencia servían a la Mafia, los bandidos
eran realmente impunes.
Apenas unos años
en el gobierno, y tras un viaje a Sicilia, Mussolini se dio cuenta que la
situación necesitaba de un remedio. Llamó a Mori y le dio carta blanca para que
acabara con la mafia. Utilizando astucia y medios poco ortodoxos (que hoy
serian tildados de ‘brutalidad policiaca”) Mori decapitó a la hidra mafiosa. Algunos
miembros de la Cosa Nostra (como Joe Bonanno) emigraron a USA donde seguirían dando
que hacer a los servidores de la ley. Otros se escondieron en los montes y solo
reaparecieron en 1943 cuando los americanos, en un esfuerzo por agilizar a
invasión de Sicilia, y evitar pérdidas humanas, resucitaron a la Mafia creando
un problema socio legal que perdura hasta hoy.
La serie empeñada
en whitewash a Mori y quitare la membrecía en el Partido Fascista, se
inventa un cuento lleno de cursilerías y melodramas telenoveleros. Mori y su
esposa nunca adoptaron al huérfano de un mafioso y ciertamente no iban a adoptar
un niño sin explicarle que su orfandad había sido provocada por su padre
adoptivo. Así que yodo el cuento de Saro, el sicario dividido entre sus dos
padres, la Mafia y El Prefecto de Hierro, es falso.
Saro, el hijo que nunca existió
Mori nunca anduvo en amores con baronesas
sicilianas. Elena Chiaramonte nunca existió como tampoco el mafioso Gaetano
Tuccia, némesis de Mori. Hubo un tal Don Ciccio Tuccia que tuvo la audacia de
ofender al Duce en la visita de este a Sicilia, convirtiéndose en el
catalizador de la mafiofobia de Mussolini, pero todo lo que muestra la serie es
mentira.
La Baronesa y el romance que nunca existió
Lo que más ha
irritado a críticos (aun los antifascistas) es el ridículo retrato de Mussolini.
En un intento de mostrarlo como otro Berlusconi o el inventar que Mussolini era
membro de la Cosa Nostra, raya en la calumnia caricaturesca. Pero igualmente
deplorable es el blanqueamiento de Mori,. No hay mención de sus métodos (que
incluían tortura), y se minimiza su gran logro, el sitio del pueblo de Gagni
donde por semanas privó a la población de alimentos y electricidad para que
entregaran a sus compinches mafiosos. Lo más ridículo es mostramos como de un
día para otro, Mori perseguido por los fascistas, se convierte en su “niño bonito”
para que luego los mafiosos infiltrados en El Partido lo derroquen.
Vamos por partes.
Como Prefecto de Boloña, Mori tuvo sus encontronazos con los fascistas que
todavía no estaban en el poder. Sucede que fascistas y comunistas andaban de la
greña por las calles y la gente de bien no podía transitar. De ahí a mostrar a
los Camisa Negras orinando en el umbral de chez Mori, provocando tal
terror en Donna Angelina que casi la lleva la tumba, es una exageración. A
propósito, desde el comienzo de la serie nos cuentan que la esposa de Mori
sufre del corazón y sin embargo la señora murió en 1942, aguantando todos los vaivenes
que conllevaba ser la esposa de un policía,.
Según la serie,
Mori acepta (en 1925) el cargo que le ofrece iL Duce e incluso se inscribe en
el Partido. En la serie nos indican que es un trato con El Diablo, necesario
para que Mori haga justicia. Lo cierto es que, en 1932, cuando Mori publica sus
memorias—en una época en que ya estaba marginalizado—se declara orgullosamente
“fascista” y elogia en términos calurosos a Mussolini agradeciendo la confianza
que le brindó.
Es innegable que
el sometimiento de la Mafia, junto a lo de los trenes y la campaña antimalárica,
son los grandes logros del Fascismo. Quitarle merito a Mussolini es injusto y
representa un falseamiento cobarde de una verdad que no necesariamente busca glorificar
un gobierno totalitario.
Es cierto que,
durante su guerra, Mori descubrió fuertes vínculos entre el crimen organizado y
los elementos fascistas lo que lo llevaría a hacer rodar las cabezas (en sentido
figurado) de un centenar de altos funcionarios. Mussolini, por su lado, disolvió
Il Fascio de Palermo y aprobó el arresto y juicio de Alfredo Cucco, un figurón
fascista que tenía las manos bien metidas en los chanchullos de la Cosa Nostra.
El problema es
que los métodos de Mori eran cuestionables aun en un estado-policial. Todos los
días le caían al Duce en el escritorio cartas de quejas de sicilianos y no
todos fascistas o mafiosos. Se describían las dinámicas de Mori como las de un
torturador. La atmosfera creada por Il Prefetto di Ferro invitaba a vendettas
personales y arrestos de inocentes. Peor aún, el fascismo estaba siendo
asociado con una imagen de represión de gente de paz. Vale recordar que a fines
de los 20s la mitad de Occidente (incluyendo a Churchill y Roosevelt) admiraban
el gobierno de Mussolini.
Lo más
importante, es que la Mafia parecía desaparecida. Era un buen momento para
quitarle sus privilegios a Mori. Il Duce encontró un buen modo de neutralizar a
su policía estrella sin ofenderlo. Lo nombró senador. Irónicamente esta
elevación limitaba los poderes de Cesare Mori. Sin embargo, la imagen de la
serie de como se le castiga impidiéndole regresar a Sicilia, es falsa.
Como senador,
ahora establecido en Bari, siguió Mori preocupado de los asuntos sicilianos y
de la mafia. Tampoco cayó en desgracia, puesto que siguió teniendo altos cargos
solo que en otras regiones italianas. Fue en 1937 que presentó públicamente
reparos ante la políticas de Mussolini debido a (algo que todo buen fascista
debió reprochar) el acercamiento con la Alemania Nazi. Mori murió en 1942,
cuatro meses después que su esposa. Es una lástima que los hayan resucitado
para un esfuerzo tan despreciable como esta miniserie.
El Comisario
Nardone
En el 2012, el
mismo año de “Cesare Mori”, la RAI serializó los casos del inspector Mario
Nardone, un policía de la vida real que se convirtió en leyenda en la Milán de
la postguerra. A mí me ha gustado Sergio Asissi desde su debut en “Fernando y Carolina”
de Lina Wertmuller y fue un placer verlo cargar el revolver de un policía napolitano
que llegó a Milán a cambiar las reglas de las investigaciones policiales.
La serie es
apegada a la realidad en el sentido de que Nardone realmente trajo su
impetuosidad “mridional” para despertar un departamento de policía adormilado,
acostumbrado a no incomodar a los poderosos y a no impartir justicia para los
pobres. Entre los cambios impuestos por el napolitano estuvieron la creación de
un número telefónico (777) para que la gente avisara de un crimen u ofreciese
información anónima sobre criminales, y la formación de lo que Nardone llamó
“la escuadra móvil” un grupo elite de detectives de toda su confianza que
ayudasen en la investigación. Esto agilizaba el proceso y obligaba a usar
cerebro e instinto antes que fuerza bruta.
La "Scuadra Mobile "de Nardone
La serie inicia
en 1946. Después de un episodio con la policía de Monza (que acabó con el
comisario golpeando a su superior), Nardone es enviado a Milán. Su superior,
Ossola, le advierte que tendrá que someter su temperamento sureño si quiere
adaptarse a trabajar en el Norte. Pronto, Nardone descubre que la advertencia
es una indicación de que Ossola está al servicio de la oligarquía y que, para
defender los intereses de esta, puede dejar pasar muchos crímenes e injusticias.
Para Nardone el
mundo lombardo es ininteligible. Los milaneses son lentos, hipócritas y no
saben hacer café. Aun así, el policía encuentra amor en Eliana, la directora de
una firma de medicinas que eventualmente se convertirá en su esposa. A pesar de
que Eliana, alegre, independiente y amiga del baile y el cine, no corresponde a
la imagen de esposa que el napolitano tiene en mente, serán muy felices (en la
ficción y la vida real).
Nardone y Eliana
Nardone descubre que para sobrevivir en la
policía y hacer bien su trabajo necesita de un equipo de confianza y lo
construye poco a poco. El primer elegido es Muraro, un ex boxeador con puños de
hierro, y corazón de mantequilla, que tiene buenos contactos en el bajo mudo.
Mura’ trae a Rizzo, el siciliano estudiante de leyes que trabaja en los
archivos. Nardone recluta del servicio forense a Spitz, el estudiante de farmacéutica
cuya carrera fue interrumpida por una estadía en Mauthausen donde perdió a su
familia. Finalmente, y a pesar de los reparos de Spitz, Nardone integra al escuadrón
a Suderghi, un ex fascista que sabe mucho de automóviles y es un excelente
conductor.
La escuadra
tendrá también dos colaboradores invaluables, aunque informales. Una es Flo, la
cortesana de lujo, cuyos contactos con la alta sociedad son útiles para las
investigaciones de Nardone. El otro es el fotógrafo Trapani que se convierte en
cronista de las andanzas del Comisario Nardone.
Flo y sus valiosos contactos
La RAI pudo hacer
dos temporadas de seis capítulos cada una, pero prefirió filmar una sola de
doce episodios. Los primeros seis tienen lugar entre 1948 y 1949, los últimos
ocurren diez años más tarde. Debido a que la Milán moderna se parecía poco a la
de los 40’s, se filmó en Serbia y muchos actores del elenco son talento local.
Sacados de los
archivos de la policía milanesa, los casos presentados en cada episodio son los
crímenes comunes de la posguerra (contrabando de penicilina, lavado de dinero),
pero el más importante—y que amerita dos episodios—es el crimen de Rina
Fort. Ese caso hizo famoso a Nardone en toda Italia, el horrible crimen de una
madre embarazada y sus tres hijos que al final, como descubre Il Comisario fue
obra de la amante del marido de la víctima.
Lo interesante
del caso— lo serie lo describe—es como Nardone siempre supo que era Rina, pero
tuvo que desarrollar una confianza entre policía y sospechosa. Hizo caso a su instinto,
pero también a la psicología para descubrir los detalles del crimen y el motivo
que se encontraban en el desdichado pasado de Rina Fort.
Rina Font una peligrosa asesina
Sobre las
investigaciones policiacas siempre se cierne la sombra de Bosso, el gánster,
rey del bajo mundo milanés, y de su protector Barone el joyero de sociedad, y
los esfuerzos de Nardone y su escuadra (muchas veces obstaculizados por sus
mismos jefes) para atraparlos. Pero no se crean que la serie es el recuento de
solo casos de la nota roja. Se ha logrado un fino hilvanado de la labor policiaca
y las vidas personales de los policías.
Mientras Muraro
ayuda a Rizzo a prepararse para sus exámenes de derecho, Spitz vive obsesionado
con hacer justicia a sus padres asesinados encontrando a los fascistas que los
delataron a los nazis. Cuando se entera que Suderghi es drogadicto, lo
chantajea hasta conseguir al menos un nombre, pero eventualmente recapacita. Tras
conocer a la madre del delator abandona sus ansias revanchistas.
El noviazgo de
Mario Nardone y Eliana no es el único lio sentimental de la historia. Tenemos
el amor—que parece destinado al fracaso—de Suderghi por Flo. Un poco de farsa la
impone el triángulo romántico de Rizzo, su casera, y Linda, la hija de esta.
Mas patético es el amor perdido de Muraro, su relación con una mujer casada
mientras el esposo estaba en el frente griego.
En el sexto
episodio, cuando Bosso hiere a Muraro de gravedad, la Scuadra Mobile envía un
telegrama a esta dama, pero ella ha fallecido. Quien aparece es su hija que
resulta ser hija del policía. Todos estos elementos crean una combinación de
misterios detectivescos y dramas de la vida real que hacen a “Il Comisario
Nardone” una opción diferente para los amigos de la novela policial. Eso se aplica a todas las series reseñadas en
esta entrada
Amazon Prime las
trae todas en italiano con subtítulos en inglés.En castellano es más complicado encontrarlas.
En America Latina, el canal Europa Europa se encarga de pasar “El Comisario
Montalbano” con subtítulos en español. Pero YouTube también tiene gratis, la
primera temporada del "Joven Montalbano" en castellano.