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jueves, 26 de marzo de 2026

Las Viudas de la CIA: Ponies en Peacock

 


Hasta Peacock se ha metido en el cuento de espías en La Guerra Fria (los más entretenidos) y este invierno nos trae un relato situado a fines de Los 70, en Moscú, donde dos viuditas de agentes de la CIA deciden meterse en el mundo del espionaje. Entretenida, chistosa (sin ser comedia), nos da una oportunidad de ver a la Khaleesi (Emilia Clarke) con su look natural de cabello oscuro y en un rol diferente.

Emilia en Moscú

Hace unos días me encontré en YT con una reseña rusa de esta serie. Gracias a ella supe que el público de la ex USSR estaba escandalizado con un retrato de (que ellos consideran falso) de la vida en Moscú a fines de los 70. Tan escandalizados como los franceses con Emily in Paris. Ahora entiendo porque en ciertos sitios la llaman a Ponies  “Emilia in Moscow”  Me niego a debatir  este punto. Sé que, aunque la serie presenta falencias, no son estas el retrato de una sociedad semi cerrada a los lujos de Occidente, o una descripción de la KGB como un nido de personajes siniestros.

Estamos en diciembre de 1976, la Guerra Fria parece haberse apaciguado, y Beatrice “Bea” Grant (E. Clarke) ha venido a Moscú con su esposo que trabaja en la embajada estadounidense. Bea también trabaja como secretaria del atache cultural. Graduada de Wellesley con una especialidad en literatura rusa, Bea es bilingüe (le ganó a Mrs. Maisel aunque también demuestra porque Wellesley es mejor que Bryn Mawr).

                      Bea y s jefe. Yo tuve ese peinado el 1975

Bea adora a su marido, y no cuestiona un trabajo que sabe encubre la identidad de Chris como agente de la CIA. No se queja cuando él llega manchado de sangre de otros, pero la deprime que la calidad de vida moscovita sea tan mala, su empleo tan mediocre, y que no pueda hacerse de amigas en la comunidad de esposas americanas en la Unión Soviética.

Una mañana en que Bea discute el precio de los huevos con una babushka en el mercado , viene en su ayuda Twila Hassbeck (Haley Lou Richards de The White Lotus), otra esposa de otro agente de la CIA. Twila es lo opuesto a Bea. No tiene estudios, no es de clase acomodada, siempre ha luchado por lo poco que tiene.



Se embarazó de un soldado que conoció  en una base de la fuerza aérea de Indiana. Con eso consiguió marido y un pasaje de salida de la miseria. Solo que el embarazo se malogró y el matrimonio no funcionó. Twila ha estado en Estocolmo separada de Tom, pero atada en un matrimonio sin amor. El marido la ha hecho venir a Moscú ya que una esposa da apariencia de respetabilidad.

Los matrimonios de ambas mujeres acaban una noche en que, en medio de una fiesta de Nochebuena en la Embajada, Twila y Bea son llevadas por Dane Walter (Adrian Lester), jefe de la CIA en Moscú, a un baño de varones para enterarse que sus esposos han muerto en un accidente de aviación. Sin mayores explicaciones, ambas son empacadas de regreso a Estados Unidos.

Bea vuelve a casa de sus padres en Rhode Island. Como le cuenta a su abuela (Dame Harriet Walters), no se haya, no sabe qué hacer y solo tiene un deseo: descubrir que ocurrió realmente con Chris.  La abuela Manya―una sobreviviente de Auschwitz―le dice que a veces es mejor no saber.

Twila y Bea se reencuentran en Washington en una paupérrima ceremonia de recordatorio de la muerte de los agentes. Intercambian palabras y Twila menciona que su esposo le dejó un departamento en Moscú y que planea volver a la Unión Soviética. A Bea se le ocurre acompañarla y así investigar lo que ocurrió con sus maridos.

                                   Emilia en Moscú 

Espías Inesperadas

Logran convencer a Dane (y este a George Bush, entonces presidente de la CIA) de que es una buena estrategia trasladar a estas Ponies (persons of no interest)  a Moscú ya que bajo la tapadera de empleos insignificantes puedan servir de espías. Sobre todo porque nunca han tenido agentes femeninas en el frente ruso y la KGB no va a sospechar de ellas.(“Cuando nos ven los hombres solo quieren follarnos o casarse con nosotras” explica Twila).

Ya en Rusia, Bea se vuelve inútil. Aparte de cumplir con sus labores de secretaria, se la pasa en la cama llorando y mirando la foto de Chris. En cambio, Twila ha descubierto que su marido escondía en un parlante una radio con la que se podía comunicar vía Morse; ha contratado los servicios de una contrabandista y ha salido a cenar con Dane haciendo creer a la KGB que son amantes. Así conoce al peligroso agente Andréi Vassiliev (me costó reconocer a Artjom Gliz, rubio y con pelo liso, muy diferente a su look en Das Boot y en Charite at War)

Dane les ha encargado a las agentes contactar a “C. K. Solar” un individuo que posee información. Para encontrarlo una de ellas  debe usar una contraseña y entregarle una copia de Anna Karenina con instrucciones adentro.  El encuentro es en un bar, y siendo Bea la que habla ruso le toca a ella entrar. Twila queda afuera vigilando 

Bea actúa como si estuviese en un filme de Jerry Lewis, aborda al parroquiano equivocado para luego no reconocer a Solar hasta que este llega a su mesa, y gasta tiempo platicando con él. En el exterior, Twila es acosada por un borracho, por eso se pierde cuando Vassiliev entra en el local.

Solar si nota la llegada de un individuo que puede ser de la KGB. Alerta a Bea para escapar, pero la ex Madre de Dragones es torpísima, derrama un vaso y casi vuelca una mesa atrayendo la atención de Andréi que se acerca y pregunta su nombre. Bea dice llamarse Nadia y ser maestra, pero el agente nota algo extraño en ella.



Desesperada, y para socorrer a su amiga, Twila no encuentra otra solución más que quemar el bar. Bea logra escapar, pero está molesta por como su compañera ha escogido gritar “Dracarys!” antes que elegir un modo menos violento de rescatarla. A mí me molesta la actitud de Bea a la que le hace coro Dane, pero a solas, el jefe  felicita a Twila por su ingenio y rapidez de acción en momentos de crisis.

Dane se da cuenta que Bea es más débil y emocional, y no parece comprender que su trabajo exige ensuciarse las manos, esa es su debilidad. En cambio, la flaqueza de Twila es que se cierra a otras personas y no las invita a confiarle sus secretos, eso no es bueno para una espía que debe recolectar información. Decide asignarles a ambas un par de misiones que serán también cursos de entrenamiento.

Curso de Espionaje Express

Twila trabaja para Shep, un diplomático bastante relajado que ya tiene secretaria, la eficiente Cheryl. Aun así es a la nueva a quien le pide que atienda a un amigo. Se trata de George Tollman, representante de la Coca Cola en Europa. Twila debe ir a cenar con él. A pesar de que Cheryl se les pega, puesto que Twila no sabe ruso, la noche es un éxito.





Twila conmueve a Tollman con la historia de su romance, matrimonio y viudez. No la verdadera sino la de Bea. Su interlocutor queda tan encantado que solicita volverla a ver. Con ayuda de Ivanna,  la contrabandista del mercado, Twila encuentra una discoteca muy hip y lo están pasando pipa cuando llega Bea a interrumpirlos ya que tienen otra misión para Las Ponies.

En el interim, a Bea no le ha ido muy bien. Le han asignado un entrenador, el francés Jules. A la poliglota Bea no le cuesta mucho descubrir que no es francés ni se llama Emile. Mas adelante nota el numero tatuado en el brazo del falso Emile quien admite ser sobreviviente de Buchenwald y Auschwitz. Bea confiesa ser descendiente de sobrevivientes, su abuela y su padre. Jules le recomienda seguir el ejemplo de sus parientes y aprender a sobrevivir.

El curso de sobrevivencia abarca meterse en el departamento de Sasha (C.K. Solar) para ver si es confiable o un doble agente. Bea está llena de remilgos, pero lo hace metiendo tanta bulla que alerta a Sasha que está en casa. La atolondrada espía debe saltar desde un quinto piso hasta un basurero para poder salir. Llega a su departamento, cansada y enojada, pero la espera otra sorpresa. Un teléfono rojo oculto en su closet suena y al responder escucha la voz de Andrei Vasiliev que la invita a salir.





Descubrir que el teléfono ha sido plantado por Walter Dane es la última gota y Bea decide renunciar ante el enojo de Twila. Las razones para que Bea recapacite su decisión son ambiguas, no así su carrera de espía que la tendrá de romance con Vasiliev, un individuo muy peligroso, puesto que, fuera del horario de trabajo, anda matando prostitutas y chantajeando a gente importante.

Twila se verá involucrada en su propia cruzada para descubrir al asesino serial (algo inconcebible en la Union Soviética) y a la vez enfrentar la duda de si su marido trabajaba para los rusos. La trama se complica con la necesidad de descubrir a un personaje cuyo rostro e identidad desconocen y solo saben su apodo: Caterpillar (oruga). Entre tanta actividad peligrosa, el humor lo ponen las tareas cotidianas de las viudas que nos llevan a conocer los entretelones de la vida de los empleados en la embajada.



Ponies es mucho más verídica que la mayoría de los dramas de época y muy ordenada en su cronología. La trama se desarrolla entre diciembre de 1976 y julio de 1977 para coincidir con el incendio de la embajada de Estados Unidos que es un suceso real, tal como la infiltración de agentes de la KGB disfrazados de bomberos. El resto es ficticio por supuesto. Aunque el argumento a veces exige mucha mente abierta ante situaciones inverosímiles, la única licencia histórica es que el concierto de Sir Elton John tuvo lugar en Moscú, pero en 1979.



La serie se esmera (más que otras) en crear atmosfera de época. Filmada en Budapest, se siente en un universo eslavo. Por otro lado, quienes vivimos en esa época apreciamos la atención al detalle que va desde el uso del shampoo “Geez Your Hair Smells Terrific” hasta la banda sonora (tan importante que cada episodio ha sacado el título de un hit parade de 1977). Es un lujo poder escuchar en la misma serie a Blondie, Electric Light Orchestra y por supuesto, Elton.

La trama puede ser enredada, pero nunca aburre. Se sucede sorpresa tras sorpresa y hay un uso exacto de la transición de lo serio y emotivo (pathos) a la comedia slapstick y viceversa. Recordemos que uno de los escritores/productores es Susanna Fogel, la creadora de The Spy Who Dump Me. Aun así, me han impresionado los personajes, muy complejos y muy completos.

Mención aparte el vestuario y peinados. Yo en la UNIS tuve una amiga que se peinaba, vestía y caminaba como Twila. En cambio, no hay peinado que use Emilia que no probase yo en ese entonces, tal como media docena de las prendas de su guardarropa.

              Yo tuve todas esas prendas y esos peinados

Agradezco que a diferencia de otras producciones que tienen lugar a fines de los 79s, no hubo abuso de minifaldas. En 1977 nadie las usaba. Se entiende que le hayan puesto una micro mini a Evie para la fiesta de San Patricio porque había que destacar que era joven y sexy.

En cambio el minivestido que Bea usa para hacer las paces con Andrei fue un toque excelente. Se ve viejo, arrugado probablemente una prenda perdida en su guardarropa que uso hace un tiempo, típico vestido de comienzos de los 70 mini y colorinche. Algo vulgar, pero sexy que excitase el interés masculino.

                    El infame minivestido para seducir a un oficial de la KGB

Después de tanto elogio es necesario señalar los defectos. Como espías, las Ponies son la chambonearía misma. Twila es tan torpe y atolondrada que llega a matar a una viejita accidentalmente. Bea es peor,  es llorona, histérica (“estoy pensando que te gusta el drama” le dice Andrei ), rencorosa, puritana, sermoneadora y, como le chilla Twila, se cree superior a los demás.


Eso se debe a que nuestra amada Khaleesi representa un estereotipo que hoy ya dejó de existir Es una representación de la famosa JAP (Jewish American Princess) así que comprendo todos sus incoherencias, exabruptos y salidas de madre. En general, la serie es mitad comedia, mitad tragedia, mitad cuento de espionaje, sin olvidar su aroma chick lit, exige que aceptemos situaciones locochonas y inverosímiles, pero al final satisface como otros cuentos de espionaje no lo logran (The Agency anyone?)

Contenido Violento y Gory: Hay muertos por todos lados, cortesía de Andrei Vasiliev, un artista de las puñaladas, pero no hay imágenes graficas. Lo más perturbador es cuando Vasiliev acuchilla a una mujer con la que está haciendo el amor. Pero en términos de violencia verbal se lleva la palma  su interrogatorio de la abuela Manya cuando enumera todos los horrores que la esperan en Lefortovo, la famosa prisión moscovita donde estuvieron encerrados Roul Wallenberg y Nathan Sharansky.



Contenido Sexual y Desnudos: Aunque hay escenas sexuales, no hay ni mucho detalle ni desnudos. Excepciones son los videos de personajes importantes que la KGB (y Andrei) chantajean. Y algunas escenas de un spa/sauna. Ahora, en mi humilde opinión la escena de sexo más erótica (y hay tan poco de eso en la pantalla en estos últimos tiempos) es cuando Andrei y Nadya/Bea tienen sexo por primera vez.



Factor Feminista: Un momento conmovedor es cuando Roy le pregunta a Twila por qué quiere investigar el asesinato de una mujer anónima y la viuda le responde :”Porque yo soy una mujer anónima”. Para ser una historia situada en los 70, Ponies no está llena de discursos feminazis, ni situaciones en las que se ponga a los hombres como el sexo villano por excelencia y sin embargo, es una fábula de empoderamiento femenino.



Lo más feminista es como un par de Ponies llegan a ser agentes de la CIA y, aunque un poco aturdidas e insubordinadas, buenas espías. Todo gracias a que son vistas como mujercitas insignificantes, tanto por los rusos como por sus propios compatriotas.

Es interesante la exploración de la mujer moscovita que para tener poder debe o ser prostituta o contrabandista, y ambas son profesiones arriesgadas. Mención especial a la abuela Manya que también se mete a espía por ayudar a la nieta.

                La Abuela Manya sigue a Bea hasta la Unión Soviética 

Factor Diversidad: Spoiler: una de las Ponies tiene su primera experiencia lésbica en Moscú. Walter Dane es negro y gay. Como le explica a Andrei, esa es la razón por la cual lo han exiliado a Moscú, el puesto más indeseable de la CIA. Bea, su abuela y Emile son judíos.

 

martes, 30 de septiembre de 2025

Nazis en Portugal: La Espía

 


Sabido es que Malena ama las historias de espionaje especialmente las que tienen lugar durante la Segunda Guerra Mundial. Hasta ahora no tenía nada en Portugal en esa época, aunque desde hace tres años que andaba buscando A Espia. Ahora Walter Presents me la ha traído vía PBS.

La acción tiene lugar en el verano de 1941. Portugal es una dictadura, lo hemos visto en Vidago Palace (situada en 1937) y Gloria que cubría los últimos años del gobierno del Dr. Antonio Oliveira Salazar. El continente está en guerra y los refugiados llegan a puñados a este fin de Europa (Finisterre como lo llamaron los romanos) que es el puente para cruzar el Atlántico en su huida de los nazis. El gobierno insiste en que la paz seguirá. No hay nada que temer, pero Hitler, tras invadir media Europa, se ha vuelto en contra de su aliado Stalin e invadido la Unión Soviética.

Rose, Espía por Dinero

A Espia es la historia de dos mujeres atrapadas por ese momento histórico. Una de ellas es Rose Lawson (María Joao Bastos de Los Misterios de Lisboa), una inglesa afincada en Portugal. Apremiada por dinero, Rose parte al casino de Oporto a venderle sus joyas al inglés Richard Thompson (Marco D’Almeida, el Inspector Da Costa de Das Boot) Este la presenta con el “Mayor Jack” quien le da unos billetes a su compatriota y le dice que hay otras maneras de ganar dinero sin tener que vender sus joyas.

                          Rose viene a venderle joyas a Richard

Jack es John Grosvenor Beevor, jefe del servicio de operaciones especiales (SOE) en Portugal (y padre del historiador Antony Beevor). Pronto Rose se encuentra trabajando para su gobierno y gozando de buena paga. Lo primero que hace Rose es contactar a un antiguo conocido: Siegfried Brenner. Se supone que Siegfried está a cargo de una de las minas de wolframio en el Norte. En realidad es un agente de la Abwehr.

A pesar de que el Reino Unido y Portugal tenían lazos comerciales y diplomáticos desde los días de Catalina de Braganza, los ingleses no exigieron que sus aliados lusitanos se uniesen a su esfuerzo bélico como lo habían hecho en la Gran Guerra. A cambio, solicitaron que no les vendiesen más wolframio (tungsteno) que a los alemanes. El problema es que los submarinos alemanes hundían los barcos que portaban el valioso material a Inglaterra. Por otro lado, había compañías navieras que transportaban a Alemania mayor cantidad de tungsteno que lo que permitía el gobierno.

Una de esas compañías puede ser Masquerenhas que Rose vincula con Siegfried. Rose y Richard se meten una noche en la naviera, no encuentran nada, pero dejan la impresión de que se trata de un robo. En Lisboa, Nicolau , dueño de la compañía, envía a su nuera y mano derecha a Oporto a investigar. Aquí entra en juego la protagonista.


                          los Masquerenhas tienen negocios con alemanes e ingleses


María Joao , Espía por Ideales

María Joao Mascarenhas (Stephanie Ruah de NCIS Los Ángeles) es una mujer de sociedad, sin empleo, con la fotografía como hobby, pero no es un parasito elegante como lo son sus congéneres. No soportó la infidelidad del marido y lo exilió a Timor en lo que es hoy Indonesia, pero entonces era colonia portuguesa.

Desde entonces, María Joao y su hija Teresinha viven con los suegros. Nicolau está viejo. No ve bien y su nuera está encantada de servirle de ayuda. María Joao siente mucha lástima por los refugiados que se aglomeran en Lisboa y desearía poder ayudarlos de alguna manera.

Llegada a Oporto se rencuentra con su compañera de escuela, Rose, quien la presenta con Siegfried. Tal como lo esperaba la espía, es flechazo a primera vista. María Joao y el alemán pasan la noche juntos. Rose entonces la convence de que para ayudar a una victoria aliada, debe espiar a su nuevo amante. Ahí inicia un juego muy peligroso puesto que Siegfried es espiado por Larenz, un agente de la Gestapo y por el repelente agente de la PVDE, Paulo, un drogadicto torturador. Esta situación pone en peligro a María Joao.





No voy a seguir porque hay que verla. Nada es lo que parece y los agentes dobles, de ambos bandos, operan con más verosimilizad que la Lucia de Operación Barrio Inglés. Lo que si haré es darles una rápida visión del trasfondo histórico político.

Portugal entre Nazis y Británicos

Es costumbre―me temo que yo he caído en ella también ― compaginar en nuestra memoria histórica a los dos países de la península ibérica imaginándonos que por ser ambos dictaduras anti-rojerio sus circunstancias eran iguales. Portugal no había sufrido una cruenta Guerra Civil, no estaba en deuda ni con Alemania ni Italia, tenía un sólido imperio en ultramar y una relación armónica con Inglaterra.

Agreguémosle que el Dr. Antonio De Oliveira Salazar sentía cero simpatía por el nazismo, sobre todo repudiaba su antisemitismo y eso permitió la entrada de muchos refugiados judíos en su tierra. El problema era que un país pequeño que ya traía problemas de abastecimiento, debido al bloqueo Aliado y los submarinos germanos del Atlántico, no podía alimentar más bocas.



Eso fue motivo para que los refugiados recibiesen visas de tránsito y Portugal se convirtiese en el último puerto de escape de Europa. Los judíos fueron bien tratados por el gobierno portugués y el Dr. Oliveira Salazar mantenía excelente relación con Moses Amzalak, el jefe de la comunidad judía lisboeta.

Eso no quita que veamos, tal como en España, ingleses y alemanes paseándose con tranquilidad e impunidad por el país. Nazis y Aliados necesitaban del tungsteno portugués y hasta 1944, el gobierno prometió vender la misma cantidad a cada bando. Como nos muestra la serie, los barcos ingleses eran hundidos por los U-Bots y los alemanes manejaban muchas minas por lo que a través de las fronteras españolas, se pasaba más wolframio hacia Alemania. Estos cargamentos fueron pagados―lo muestra la serie―con oro puro trasladado a través de la frontera gallega.

La relación con Gran Bretaña tuvo sus baches sobre todo―tampoco miente ahí la serie― cuando en 1942, tropas aliadas (holandesas y australianas) invadieron todo Timor para evitar, en vano, la llegada de los japoneses.



Lisboa, Un Reino de Conspiradores

Lo más cierto de la serie es que Portugal se convirtió en un centro de espionaje que se conocía hasta en Hollywood gracias a filmes como Una noche en Lisboa, donde Vera Ralston era una cabaretera en Portugal involucrada en el espionaje y The Conspirators (1944), con Hedy Lamarr y Paul Henreid, intentando crear otra Casablanca.



Las series y miniseries también nos han dado una visión de espías em tierras portuguesas. Incluso tan temprano como en 1936, veíamos espías ingleses y germanos en el lujoso hotel Vidago Palace.

En Tiempo entre Costuras,  María Dueñas y SOE envían a la agente ficticia Sira Quiroga a Portugal a investigar a un industrial lusitano que colabora con los nazis. En la tercera temporada de  Das Boot, Foster, el agente de la Gestapo es enviado a Portugal a investigar agentes díscolos y se tropieza con el Kaleus Klaus Hoffmann que ahora trabaja para los servicios de inteligencia estadounidenses.  Y en Fleming, Dominic Cooper nos retrató los quehaceres del inventor de James Bond durante la Segunda Guerra Mundial incluyendo su pasada por Lisboa.

                         Sira viaja a Portugal a seducir a Manoel 

Ian Fleming también aparece en La Espía, como también ahí conocemos al enigmático (pero famoso)  ruso blanco Mijaíl Tereshenjko que no se sabe para quien trabaja. Es parte de este escenario  colmado de agentes dobles, espías reclutados de la nada, refugiados debatiéndose en una atmosfera cargada de miedo de que una mañana Portugal despertase bajo la bota nazi.

Es ese espacio que Herman Wouk escogió para la boda de su protagonista Byron Henry con la judía Natalie Jastrow en Winds of War.  En la famosa escena de la taberna con el enfrentamiento de Byron, teniente de la marina estadounidense, y un agente de la Gestapo tenemos encapsulado el espíritu de Portugal en ese tiempo.



En la vida real, los miedos de los portugueses no estaban infundados. Siegfried recibe un microfilm (que rodará mano en mano) con los detalles de la Operación Isabella, la invasión de la Península Ibérica por parte de la Wehrmacht. Es posible también que como prevención, Los Aliados planeasen destruir puente, caminos y otros sitios claves para detener al invasor.

La frenética actividad de ambos bandos se refleja en su reclutamiento de personal autóctono que los ayude. Los dobles agentes se suceden. Larenz contrata al repulsivo Paulo Santos, inspector de la PVDE. A cambio de Pervatin (la mágica anfetamina de los nazis), Paulo no tiene escrúpulos para suministrar información a los germanos tal como no la tiene para espiar a Larenz.

                          Paulo, cruel torturador y adicto al Pervatin

Los ingleses son más creativos. Contratan telegrafistas, carteros, futbolistas (entre ellos a Cándido Oliveira, entrenador de la selección nacional), todos con el vínculo común de haberse criado en el mismo orfanato. Pasando de los comunistas que también los ayudan más allá de la frontera gallega, Beevor y su equipo llegan hasta la Legión Portuguesa donde tienen simpatizantes como el mayor Humberto Delgado.

                         Dos personajes reales, el entrenador Candido Oliveira y el Mayor Jack Beevor

Me quedé de una pieza. Por Cuba Libre supe que Delgado (para entonces coronel) fue en Los 60 el mayor opositor de Oliveira Salazar, se le presentó como candidato rival en las elecciones fraudulentas del 61. Hubo de huir a España, para ser secuestrado y asesinado en una maniobra de la cual culparían al mayor Silva País, padre de la incorregible Annie y director de la PVDE.

Revisando su biografía, me enteré que durante la Segunda Guerra Mundial , Delgado y la Legiao fueron abiertamente pronazis. Oliveira Salazar creó el grupo paramilitar precisamente en 1938. Estaba compuesto por antiguos Viriatos, voluntarios portugueses que sirvieron en el Bando Nacional durante la Guerra Civil Española. Eran ardientes anticomunistas y muchos legionarios se incorporarían a La División Azul para pelear en el frente ruso.



Sin embargo, Delgado no tenía tanta simpatía por la ideología nazi. Como Oliveira Salazar, repudiaba el antisemitismo. En 1939, escribió un radioteatro en el que se conmiseraba de la expulsión de los judíos a fines del siglo XV y poco después, los esposos Delgado adoptaban una pequeña refugiada de raza hebrea. Entonces es posible que Beevor haya explorado elementos pro-aliados cercanos al Estado Novo incluyendo a Agostinho Lourenҫo, jefe de la PIVE y patrón del repulsivo Paulo.

A Espia posee todo lo necesario para sr un buen relato de espías en marco histórico: atmosfera de época, vestuario y cinematografía. Las actuaciones son un poco contenidas, me ha recordado la tiesura de Los Misterios de Lisboa, lo que no evita el suspenso que te tiene al borde de la silla. Hay explosiones, sabotaje, y muchas traiciones. Un reparo subjetivo es que hubiese preferido a María Joao Bastos interpretando a la ficticia María Joao. La encuentro más seductora y glamorosa, pero entiendo que Daniela Ruah (no sabía que era de origen judeo-portugués) tiene más renombre internacional.



Lo otro, y es casi chistoso, es que muchos actores secundarios se parecen entre sí. No me pasaba desde Band of Brothers que debía ver un capítulo un par de veces para distinguir quién es quién, y la gema de Hanks-Spielberg tenía como excusa su oscuridad.

Aquí ni eso y así me confundía con Nicolau y Manoel, su chofer. Nunca sabía cuál era cual. lo mismo hubiese ocurrido con Agostinho Lourenҫo si no hubiese mediado la clave identificadora de que lo interpreta el mismo actor que hizo de su reemplazo, el mayor Silva País en Cuba Libre.

 Otro que se prestó a confusión (ayuda en que nunca lo presentaron) era Emilio, amante de Rose, un pintor que hacía pasaportes falsos. Era muy parecido a Simoens, agente de la PVDE que Paulo ponía a espiar a todo el mundo. Me tomó casi siete capítulos entender que eran personajes diferentes

                                 

Donde sí estaba agarrándome la cabeza a dos manos, era con los personajes de Jack Beevor e Ian Fleming.  Y esperen, que cuando llega Tereschenko, también es interpretado por un individuo similar. ¿No pudieron elegir actores menos parecidos físicamente? ¿Más rubios, más altos o más gordos para evitar enredos?



A pesar de estos bemoles, es una serie excelente y un gusto saber que hace un mes, ha estrenado la segunda temporada en la televisión portuguesa.

Contenido Violento y Gory: Escenas de torturas a cargo de la PVDE.

Contenido Sexual y Desnudos: Escenas de cama, pero sin desnudos.

Factor Feminista: Rose Y María Joao son dos mujeres independientes que, por motivos diferentes, entran en el mundo del espionaje utilizando sagacidad, creatividad y mucha audacia. Aun así son mujeres de su época y clase que se apoyan en recursos propios de su mundo. Rose es una mujer libre con control sobre su cuerpo y sexualidad.



María Joao descubre las posibilidades de vivir desenvueltamente sin el yugo que limita a las mujeres de su entorno, principalmente su suegra. Es casi un tropo del género de espías esta autonomía que propicia la idea de que una labor peligrosa e ingrata proporciona una vía de escapes a mujeres de un mundo tradicional.



Factor Diversidad: Tenemos portugueses, británicos, alemanes hasta un ruso. Sin embargo, y a pesar de la amplia mención al imperio lusitano ultramarino, no hay un africano, ni un chino, ni un hindú. Todos blancos.

jueves, 5 de junio de 2025

Huelva en Guerra: Espías en el Barrio Inglés

 


No es de sorprender que Barrio Inglés llegase a PBS Amazon justo cuando caducaban en ese streamer los derechos de Tiempo entre Costuras. La serie de RTV presenta muchas semejanzas con la joya de Antena Tres y aunque no le llega a la altura, está mucho mejor que otros intentos de retratar en la ficción la vida en la España de la Segunda Guerra Mundial.

Rio Tinto, 1940

La premisa es novedosa. La acción tiene lugar en el puerto de Huelva, en Andalucía, y en una compañía minera británica (las famosas minas de Rio Tinto). Estamos en 1940, en la primavera pre-blitzkrieg. Hitler está presionando a Franco de que si no va a la guerra junto con él, que al menos nacionalice las minas y se las traspase a los alemanes para que exploten sus yacimientos milenarios de cobre, oro y plata.

En la serie, la voz narradora nos dice que en Huelva conviven cordialmente las comunidades germanas y británicas. Ni tan cordiales, ya que los vemos en el Club de Caballeros de Amparo. De pronto, alemanes e ingleses, de las pullas pasan a sacar las armas. Los separan la dueña y Friedrich Dietrich que es un enviado de Berlín y juega a ser Mefistófeles del fatuo, ambicioso  e incompetente gobernador civil que, como Fausto, sueña con más poder.



La historia gira en torno de Lucía, muchacha humilde, hija de minero y costurera, que ha sido formada por una bibliotecaria inglesa. Miss Eva notó la inteligencia de su clienta y no solo le enseñó a hablar un perfecto inglés sino también a enamorarse de la cultura inglesa. Ya hecha mujer, Lucia postula a un puesto de secretaria en la minera.

                                 Miss Eva y Lucía 


Es entrevistada por Miss Parker y el gerente, el enigmático Mr. Smith. Ambos notan que la chica es muy lista y que posee memoria fotográfica. Después de someterla a pruebas , sin que Lucía lo note, en las que ella demuestra ser discreta, rápida para tomar decisiones en momentos de crisis y capaz de empuñar un arma, deciden contratarla y no solo para que escriba a máquina.

                   Lucía, Miss Parker y el enigmático  Mr. Smith

Sucede que en las entrañas de las oficinas está instalado todo un equipo de contraespionaje que se comunica directamente con Londres. Todos son agentes del Servicio Secreto Británico, incluyendo a Mr. Smith . Él se cree retirado luego de su última operación donde, al sacar la famosa maquina Enigma de Varsovia, fue herido por los nazis y vio morir ante sus ojos a Silvia, su colega y novia. Desde entonces, Smith vive traumatizado y los dolores en su mano herida lo hacen depender del láudano.

Lo que los entrevistadores también han notado es que Lucia les ha mentido al decir que no tiene novio. Está liada con el gobernador civil. El machista Francisco planea casarse con ella, pero da marcha atrás al saber que, sin su permiso, se ha ido a trabajar en las minas.



El gobierno inglés no está preocupado por las trifulcas entre los súbditos británicos y los agentes nazis en Huelva. Mas les preocupa el acercamiento de Franco con Hitler y como esto afecte los intereses del Reino Unido en España y principalmente en esa zona andaluza. Una preocupación es que ya no les venden petróleo y no se sabe dónde va este producto tan necesario para la guerra.

Los Astutos Alemanes y los Heroicos Ingleses

Una noche, un grupo de agentes, entre los que va Smith, espían el puerto para encontrar respuesta a la desaparición de la gasolina. Con ellos va Juan, hermano de Lucia y uno de los personajes mejor ubicado del puerto. Amante de Amparo, la dueña del club, contrabandea licor, le vende opio a Smith, y hace averiguaciones para los ingleses.

                         Smith viene donde Juan por su medicina

Esa noche, los del equipo ven como un submarino de la Kriegsmarine asoma a la superficie y se dispone a cargar petróleo. Llegan los alemanes, matan a un inglés y hieren a Juan. Para ayudar a su hermano, Lucía se relaciona de manera cercana con Peter Smith, un, hombre que, como le escribe a Miss Eva, la desconcierta. Sabe que guarda un secreto y se propone descubrirlo.




Digamos que esa es una subtrama. Tal como un posible triangulo entre Lucía, Francisco y el inglés; o el secreto de Cinta, madre de Lucía, que una vez fue sirvienta de la familia de Francisco; o lo que ocultaba Sylvia, la novia de Peter, antes que la matasen los agentes nazis.

Todos esos arcos están por debajo del interés que suscita la labor de espionaje de ambos bandos que es excelente, el factor que engancha al espectador y avanza la historia. La postura política es parecida a la del Tiempo entre Costuras: los ingleses son buenos, decididos y heroicos, los alemanes son retorcidos, brutales, pero muy astutos.

Cuando secuestran a Edward (el inglés que creímos muerto en el puerto), a Friedrich, que aparentemente es el jefe del espionaje nazi en la zona, se le ocurre crear un cuarto en el consulado, idéntico al del hotel donde se hospeda su prisionero. Cuando Edward despierta de la anestesia, se cree en el Excélsior y corre a ocultar unos microfilmes en donde se ocultan los secretos ingleses.



Los alemanes necesitan de las contraseñas para examinar el microfilme. Antes de revelarlas bajo tortura, Edward opta por suicidarse. De poco vale su sacrificio , los alemanes descifran parte del material y descubren que los ingleses han estado ocultando cargamentos de minerales que planean sacar clandestinamente de España vía Portugal.

Inmediatamente, el Gobernador Francisco ordena bloquear los caminos y las vías férreas a la nación vecina. Peter y su amigo de la infancia, Víctor, ahora están a cargo del espionaje británico en Huelva y se adelantan al enemigo. La Guardia Civil, acompañada de elementos de la Gestapo, solo encuentran vagones de tren vacíos y camiones cargados de fruta .

Los ingleses han ganado la primera partida, pero hay más en los microfilmes. Adentro está la lista de los españoles que trabajan para los británicos y los que planean reclutar. Entre ellos está el nombre de Lucia.



¿Qué Tienen en Común Lucia y Sira Quiroga?

En mi anterior entrada describí la trayectoria de estos ‘derivados” de El tiempo entre costuras y mi sorpresa de que se le resucitase. Operación Barrio Inglés es una amalgama de las series mencionadas lo que ya se manifiesta en el elenco. nuevamente una heroína se debate entre Rubén Cortada y Peter Vives, como la Sira del “Tiempo…”, y el nazi villano es Stefan Weinert repitiendo rol que hiciese en Dime quien soy y Jaguar.



Yo solo había visto a Aria Bedmar en Dime quien soy. Ahí era la nana del hijo de Amelia, y quien eventualmente se quedaba con el marido de la protagonista. Sin ser tan linda y buena actriz como Adriana Ugarte, Aria sabe llevar su rol, y sin ser tan simpática y querible como Sira Quiroga, Lucia llega a interesar y a convencer.



Lo que no ha convencido a muchos es que se trae un secreto mayúsculo―en una serie en la que todos tienen secretos― y que convierte la trama en un juego totalmente diferente. A mí me ha entretenido mucho esta nueva faceta de Lucía y me ha hecho Barrio Inglés mucho más digestible que Dime quien soy o Los pacientes del Dr. García.

Realidad vs Ficción en Barrio Ingles

Aunque Lucia Valbuena es un personaje ficticio, si hubo espionaje en Huelva que se manifestó en actos de sabotaje en contra de los barcos británicos en esa zona del Mediterráneo. Durante la Primera Guerra Mundial, ya había espionaje y a cargo de Adolfo Clauss, hijo del cónsul honorario alemán en Sevilla.

En el periodo de entreguerras, Clauss fue a Alemania, estudió agronomía, regresó a España donde se unió a la Falange. Durante la Guerra Civil sirvió en la Legión Condor en calidad de interprete. Totalmente asimilado, a nadie sorprendió que se estableciese en Huelva acabado el conflicto. Para 1940,  nadie sabía ni sospechaba que era el jefe de operaciones de la Abwehr en Huelva.

                                         Adolf Clauss

Un detalle interesante de esta serie es retratar el espacio de las minas de Rio Tinto que han tenido su historia y bien ligada a la de España. Desde la Era Romana que se han explotado sus ricos yacimientos, pero fueron abandonadas por siglos. En el Siglo XVIII, volvieron a ser recordadas las minas,  primero por suecos y luego por españoles, ninguno logró hacerlas producir.

El momento clave fue en 1873, cuando una compañía de inversionistas ingleses, encabezados por la Casa Rothschild, adquirieron todas las acciones y se apoderaron de las minas. Desde ese momento la producción alcanzó su máximo potencial convirtiendo la zona en un punto de referencia para la minería mundial.

                            Mina de Río  Tinto

Este auge de Rio Tinto convocó a muchos británicos a trabajar y establecerse en Huelva. Como a los ingleses les gusta vivir apartados de “los nativos” crearon el Bario Bellavista, conocido como el “Barrio Ingles”. Su arquitectura victoriana lo hizo muy particular. Para 1900, más de once mil personas lo habitaba. Eran ingleses en su mayoría, por eso el que los Valbuena, la familia de la protagonista de la serie, y siendo el padre un simple minero tenga permiso de vivir en tan exclusivo barrio ya debería darnos una pista de los secretos que ocultan.

                                     Casas del Barrio Inglés 

La serie nos muestra el descontento de los mineros y eso no es nuevo. Desde 1888, los mineros españoles habían exigido mejores salarios y condiciones de trabajo. Durante un breve espacio, al inicio de la Guerra Civil, las minas de Rio Tinto pasaron a ser propiedad de la República, pero la llegada de tropas del Bando Nacional acabó con la quimera de independencia.

Establecido Franco en Madrid, tanto él y como sus gerifaltes vieron con codicia la lucrativa compañía de minas de rio Tinto. No necesitaron de los alemanes para hostilizar a los británicos atrapados en un terreno no muy neutral intentando proteger los intereses de su nación y de sus inversionistas. Fue en 1954, casi una década de acabada la guerra, que el gobierno español nacionalizó las minas que decayeron totalmente tras este traspaso.

Otra queja de los críticos es que la trama evita toda mención de la Guerra Civil, de represalias (y las hubo fuertes en esa zona)  y no aparecen miembros de la Falange ni en Huelva ni en sus alrededores. Es como si ocurriese en Zúrich, o Estocolmo u otra ciudad de nación neutral.



¿Será por eso que a la serie la llevaron de horario en horario confundiendo a un auditorio que parecía estar entretenido? Tal vez por ese motivo no habrá segunda parte. Barrio Ingles puede verse en España por la plataforma RTVE a la Carta, en América Latina vía el canal digital Europa, Europa, y en Estados Unidos por PBS, sea a través de Amazon (por Walter Psesents) o Thirteenth Passport.

Contenido Violento o Gore: Escenas de tortura (tres)y muchas heridas abiertas.

                               Lucia  es torturada

Contenido Sexual y Desnudos: Varias escenas de jadeos besos y suspiros entre Aria y Rubén, pero que solo son foreplay porque el gobernador quiere esperar a su noche de bodas. Un solo topless y en el episodio final.

Factor Feminista; Se han burlado los críticos del personaje de Aria por considerarla un ejemplo del wokismo y de MarySue. ¿Como es que la hija de un minero, sin estudios, es poliglota y sabe emplear armas? La respuesta está en el secreto de Lucía. Sin embargo, si es un personaje un poco mitutero. “No necesito de nadie que me defienda” le espeta a Mr. Smith cuando este la rescata de un alemán armado.




Factor Diversidad: Es increíble, pero no hay actores de color o de origen marroquí. Es Andalucía y no hay gitanos, no hay refugiados por lo que la revelación de que Amparo es judía suena a inclusividad forzosa, pero eso es todo. Hay andaluces, ingleses y alemanes y un italiano que se vende al mejor postor.