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miércoles, 14 de octubre de 2020

La Controversia de” Cuties” y el Final de Baby: Netflix y la sexualización de menores

 


Me ha sido imposible sustraerme a la polémica provocada por “Mignonnes”, una película bajo fuego debido a la pésima campaña de mercadeo de Netflix. “Cuties” no es un producto Netflix, pero si lo es la italiana “Baby” que ha llegado a su fin en septiembre. Lo que nadie ha notado es que ambas representan una ambigüedad oportunista de la plataforma de streaming que mercadea la sobresexualización de menores, sean prostitutas adolescentes o refugiadas africanas de once años.

El Embrujo del Twerkin

Según una última encuesta en el Hollywood Reporter, la mayoría de la gente que ve el filme en Netflix es empujada por la controversia. De otro modo no la hubiera visto nunca. No que me moleste porque la obra de Maimouna Doucouré no carece de méritos, aunque si hay que señalar que la directora y libretista han pecado en algo. En su afán por mostrar la decadencia de Occidente, se han olvidado del poder de las imágenes y como estas pueden ser interpretadas según quien las vea.

Comencemos por el principio, Madame Ducouré es francesa, musulmana, hija de padres senegaleses y es parte de ese rubro de mujeres del Tercer Mundo que intenta abrirse camino en una industria manejada por blancos machistas. Inspirándose en sus propias experiencias, Doucouré narra la historia de Ami, nena de once años,  atrapada entre la represión islámica de su hogar y la puerta de libertad que ofrecen las redes sociales, sus compañeritas y el mundo del twerkin. Para quienes no sepan en que consiste este arte (obvio, los que crecieron en una era pre Britney Spears) se trata de unos bailes muy sugerentes (sobre todo si se viste poca ropa) en donde las bailarinas adoptan gestos obscenos, movimientos vulgares y posturas simulando actos sexuales.



Para muchos el filme es sobre ese tipo de baile. El que niñas tan pequeñas lo practiquen es ya una demostración de erotización de menores y  como dijo la abogado Christine Pelosi (hija de Nancy Pelosi) se trata de una “delicia para pedófilos”.  Lo último es verdad gracias a la propaganda de Netflix que lo vendió con un poster donde las niñas escasamente vestidas asumían poses provocativas. El poster corresponde a un momento en la última media hora del filme y no es representativo, pero sirve para enganchar a un público muy particular.

Doucouré ha reaccionado indignada a la mala interpretación de una obra en la que ella pretendía denunciar la hipersexualizacion de las niñas de Occidente. Netflix pidió disculpas, pero el daño ya estaba hecho. Se desencadenó una batahola mediática que devino en otra batalla de esta guerra cultural entre izquierda y derecha. Los radicales creen que se trata de—como dijeron en la NBC— de un cínico complot de sus contrarios.  Eso sin percatarse de que muchos demócratas como la abogado Pilosi y la congresista Tulsi Gabbar, ex candidata a la presidencia, han criticado duramente la película y que organizaciones para nada derechistas como la argentina Consejo de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes han exigido que Netflix retire “Cuties” de su biblioteca.

Al menos en su primera hora, este filme es simpático e inofensivo. Las Mignonnes se parecen a mí y a mi grupo de amigas a esa edad. Tal como ellas, nos pintábamos, bailábamos (no al ritmo de los Beatles como creyó el Gato Rafael, sino de Los Stones, Santana y Tom Jones) y nos pasábamos el día hablando de sexo, tema del cual sabíamos tan poco como Las Mignonnes.



Al comienzo de la historia, Ami (Fathia Youssouf) es una niña de familia senegalesa musulmana. Se espera que sea una buena alumna, una hija obediente y que ayude a su madre en el cuidado de sus hermanitos menores. Yo la comparé con la Ruchami de “Shtisel”,  siendo ambas hijas de familias religiosas y tradicionales y aun así ambas rebelándose contra la sumisión de sus madres a los maridos. Ruchami no acepta que su madre reciba de vuelta al esposo que la abandonó por otra mujer. En el caso de Ami es el retorno del padre con una nueva esposa lo que la subleva. El modo en que su madre planea integrar y dar la bienvenida a una extraña que viene a robarle su puesto de esposa y ama de su casa, provoca un trauma en la niña.

La diferencia está en que Ruchami tiene catorce años y cuando su madre la reprende, la obedece. Ami es una mucosita de once años y goza de una libertad y falta de vigilancia que desconocíamos las de su edad de mi época. Es increíble como estas pendejitas que apenas saben sonarse la nariz sienten tan poco respeto por los adultos sean estos padres, maestros o guardias. 

Es eso lo que las hace tan contemporáneas. Esa rebeldía nihilista es propia de adolescentes no de la infancia. Ahí está la tesis de Maimouna D. de que en Occidente se pierde la inocencia muy rápido y es obligación de los adultos proteger esa etapa infantil.  La serie nos muestra que estas niñas aprenden todo en Internet y que aprenden mal. Incluso el twerkin lo ven en videos donde adultas semi desnudas lo practican. Por eso no es el baile ni el villano ni el catalizador de los problemas que afligen a Las Mignonne.



El concurso de twerkin es el equivalente a los concursos radiales o televisivos que aspiraban ganar los adolescentes de viejas comedias juveniles desde los días de Andy Hardy. Solo Ami lo ve como un modo de ejercer control sobre su vida, pero en su búsqueda de control desarrolla ansias de poder que acaban descontrolándola. Mucho más que a sus amigas quienes solo buscan ganar el concurso para vencer a un grupo rival de condiscípulas.

Noto que solo hay dos escenas de twerkin fuera de lugar. La final de la cual extrajeron el poster ofensivo, y una, a la mitad de la cinta, cuando Ami insiste en unirse al grupo y participar en el concurso. Es en un descampado donde las pequeñas bailarinas ensayan que se desbocan en una rutina hondamente sugerente que representa actos sexuales. Todo bajo la guía de Ami quien demuestra ser una experta en esas pantomimas desinhibidas.



Mi hermano (que no ha visto el filme) ha querido ver en esa muestra de erotismo infantil resabios de ritmos   tribales, de danzas que en aldeas de la jungla son la manera en que las niñas definen su madurez e incitan a los jóvenes a escogerlas como esposa. Me parece un argumento rebuscado. Bastante conocemos la modestia de las mujeres de la familia de Ami y su devoción a un islam que les recuerda que es más fácil para la mujer pecar que para el varón.



Entre la Ira y el Poder Sexual

En él Los Angeles Times Mary McNamara ha destacado  el choque cultural que debe ser para los parroquiales estadounidenses esta muestra de la amplitud mental de Europa y África, espacios donde nadie ve pedofilia o explotación infantil en “Cutíes”.  ¿No será porque en África, las niñas de la edad de Ami y sus amiguitas ya son vistas como casaderas? ¿O que en Francia ha costado tanto establecer una edad de consentimiento sexual que hasta hace poco que un adulto tuviese sexo con una niña de la edad de Ami no era visto cómo violación?

Aun así, es McNamara quien da en el clavo al hablar de la ira de Ami como tema de la película. Pero se habla de una “ira de mujer” sin reparar que a la edad de Ami esa ira es improcedente y peligrosa para ella. En su afán por participar en el concurso, Ami cae en un comportamiento antisocial y delictivo. Deja de importarle su familia, miente, roba y es agresiva verbal y físicamente.

Durante una pelea con la banda rival, la ropa interior de Ami (con dibujitos, típica de una niña de su edad) es expuesta. Se convierte en la hazmerreir de las redes sociales. La respuesta de Ami es robar dinero a su madre y comprar lingerie audaz para ella y sus amigas. Ami ha aprendido el poder de su sexualidad a una edad temprana, pero se le va a escapar de las manos.



El Primo Samba descubre que Ami le robó el celular. Aterrorizada ante el prospecto de perder su mayor arma, Ami decide usar la segunda y comienza a hacerle un striptease al primo quien le responde con un empellón. El último recurso de una descontrolada Ami es encerrarse en el baño y sacarse una fotografía de la vagina que luego hace publica vía Internet.



Este gesto rebelde es su canto de cisne. Con esa foto, Ami pasa a ser una más de la lista de mujeres que dentro y fuera de la pantalla, han visto cambiar sus vidas por videos escandalosos. Ami adquiere una reputación en su escuela, pero no la que desea. Lo peor es que pierde el respeto de sus amigas. Como le explican, una cosa es querer parecer adultas y otra diferente es “parecer putas”. No la quieren cerca, la reemplazan con la gordita Yasmin en el equipo de twerkin. Ami se ha convertido en una paria



Para colmo, la madre de Ami se entera. Horrorizada, la golpea mientras pregunta incesantemente “¿Quién eres tú?” Y la entiendo, el comportamiento de Ami no corresponde ni a su crianza, ni a su mundo.  Seguras de que la niña está poseída por un espíritu maligno, intentan exorcizarla. La reacción de Ami durante la ceremonia se ensayar su rutina de "perreo".

Es una escena pavorosa porque la niña— que está en ropa interior— asume posiciones asociadas con el coito. Esa escena la vemos a través de los ojos de las parientas de Ami y realmente recuerda el comportamiento de endemoniados que hemos visto en el cine. En las crónicas de exorcismos reales siempre se habla de cómo la endemoniada chilla obscenidades o provoca a sus exorcistas con movimientos lascivos.



De niñita desadaptada Ami se vuelve una delincuente obsesionada con ejercer un poder que nace de su erotismo prematuro, o como reza la propaganda de Netflix “de explorar su femineidad”. Eso es inadmisible en su sociedad musulmana y tradicional. Para ellos, Ami se ha convertido en un demonio.

Pequeñas Vampiresas

 Ese es el mensaje nocivo del filme que Maimouna Doucouré no supo reconocer ni evitar. Está ilustrado en una escena temprana que (y me alegré de que la Gatita Guivi concordara conmigo) por primera vez nos muestra lo peligrosas que pueden ser estas pequeñas vampiresas.

Las Mignonne son descubiertas por un guardia tras entrar en un local sin pagar. El guardia exige el teléfono de los padres de las niñas para que paguen la entrada. Angelica, la latina, intenta huir. Cuando el guardia pretende detenerla, la pequeña bochinchera aúlla “¡pervertido, ¡pervertido!” y lo acusa de intentar violarla. El griterío atrae a otro guardia. En ese momento las niñas reciben un texto de que han sido aceptadas para participar en el concurso.

Comienzan a suplicar que no llamen ni a sus padres ni a la policía porque eso les impedirá bailar en el concurso, pero es Ami quien zanjará el problema demostrando su twerkin. Es un baile muy perturbador, más sensual que los 7 Velos de Salome. La niña se ondula como si fuera una cobra y resume lubricidad. Asustados ante el cariz que ha tomado el asunto, los guardias las dejan marcharse. Ami ha descubierto que puede dominar a los hombres con su pubescente sex appeal, pero ese triunfo será el único.



Tal vez por ser Doucouré musulmana, su feminismo no incluye retratos negativos masculinos. El padre de Ami no es visto como un monstruo sino solo un hombre que aprovecha los privilegios que su religión/cultura otorgan a su género. El imán que la madre de Ami llama para exorcizar a la niña se da cuenta de que no hay demonios involucrados sino una situación familiar limite. Le dice a la madre que su ansiedad es el problema y le recuerda que tiene la opción de evitarse más humillaciones, divorciándose.



Por otro lado, la “beatificación del varón” se manifiesta en el rechazo de todos los adultos a las propuestas eróticas de esas mini femme fatales. Los guardias las quieren lejos apenas Ami les hace su bailecito; Samba la rechaza con violencia; y un chico con el que Angelica sostiene un chateo subido de tono, al darse cuenta de que se trata de una niña prepuberal, la envía a jugar “con tus muñecas”

Aunque estas actitudes son admirables, queda la impresión de que los adultos no están interesados en las niñas y que son ellas las que los acosan y seducen. ¿No es esa la repugnante excusa de todo pedófilo? “ella me buscó, ella me sedujo, a ella le gusta”.

Aunque no es culpable de la ambigüedad moral del filme, el darle una plataforma de propagación y el venderla como una galería de erotismo preadolescente convierte a Netflix en cómplice de los errores que “Cutíes” promueve. Su castigo ha sido una potente campaña para acabar con las subscripciones, exigencias a la plataforma que retire “Mignonnes” e incluso los extremistas solicitan que se acabe Netflix. El hecho es que en un mes, la compañía  ha perdido 2.5 millones de subscriptores.

En el tema “Baby”, Netflix es el único causante de las ambigüedades de esta historia de “niñas bien” que juegan a ser cortesanas. Inspirada por el caso de Baby Scquillo, alumna de una prestigiosa academia romana cuyo arresto sirvió para sacar a luz a un negocio de prostitutas menores de edad cuyos clientes eran importantes empresarios y diplomáticos, esta serie italiana cerró puertas el septiembre pasado, dejando atrás una estela de dudas.



Un Trio de Desadaptados

“Baby” tiene lugar en la escuela Collodi, una institución elite y gira en torno a tres estudiantes desadaptados. Damiano Younes (Riccardo Mandolini) es un adolescente criado en un mal barrio hasta que su padre biológico, un diplomático libanes, lo adopta, lleva a vivir en su mansión y lo enrola en Collodi. A pesar de que el padre le da todo lo que el dinero puede comprar y su madrastra Mónica (que es maestra de educación física en Collodi) le brinda cariño y comprensión, Damiano no puede adaptarse y el bullying escolar solo aumenta su enajenación, tristeza y deseos de huir lo que acaba con el muchacho vendiendo droga bajo las órdenes del siniestro Fiore (Giuseppe Maggio) y su no menos siniestro patrón Saverio (Paolo Calabresi).

En medio de este sórdido descenso moral, Damiano encuentra un momento de redención en su amor por Chiara Altieri (Bernadetta Porcaroli) , pero las mentiras de la chica impiden que Damiano logre salvarse. Es solo cuando descubre que Chiara lleva una vida de secreta de prostituta de lujo que reacciona con movidas tan desacertadas que acaba con todos en el banquillo de los acusados.



Chiara es el personaje menos querible y más ininteligible de la serie. Bella, inteligente, hija única de una acaudalada familia, está, al comienzo de la historia, a punto de irse a estudiar a Estados Unidos, es la corredora estrella de Collodi y parece tenerlo todo para triunfar, solo que Chiara se siente vacía. Será en esta temporada, durante su juicio, que Chiara explicará por qué se ha prostituido. Quería tener algo solamente suyo, y eso lo consiguió con su vida secreta.



Chiara siente que sus padres no la aprecian. La madre anda más preocupada de su carrera política y el padre con sus amores adúlteros. Cuando Chiara, bajo el alias “Emma”, seduce a sus clientes maduros y poderosos parece hacerlo como venganza por el abandono paterno.  Como Ami de “Cutíes”, Chiara resiente el modo en que su madre acepta las infidelidades del esposo.

Llevar una vida secreta siempre ha proporcionado a Chiara de un punto de apoyo a pesar de que el descubrimiento de su primer secreto tiene funestas consecuencias. Cuando Virginia y Camilla se enteran de que Chiara se acuesta con Niccolo (novio de la primera, hermano de la segunda) la repudian y la exponen ante toda la escuela. Chiara solo tiene una amiga que la acepta Ludovica “Ludo” Storti (Alicia Pagani), la otra paria de Collodi.

Ludo es el único personaje que me inspira compasión en este cuento. Tras el divorcio de sus padres, su vida se trastorna. Su padre se aleja de ella. Simonetta (Isabella Ferrari), la madre, finge ser independiente al poner una boutique, pero se la pasa con diferentes hombres que le quitan lo poco que gana. Ludo se da cuenta que sus padres no la quieren y que siempre han preferido a su hermana mayor.



Para compensar la carencia afectiva, Ludo inicia un romance con su compañero Brando (Mirko Trovato), pero como a Ami, la combinación de video y sexualidad la destruye. Brando la filma cuando Ludo le está practicando una felación y hace público el video. Apodada “bol de crema”, Ludo es despreciada por sus compañeros. Cuando Chiara cae en la misma situación, las colegialas se unen en una estrecha amistad que es lo más positivo de una historia triste, sórdida y a ratos confusa,  debido a su ambigüedad.



Será Ludo quien lleve a Chiara a una disco, propiedad de Saverio, donde conocerán a Fiore. Aunque Fiore se sienta atraído por Ludo, eso no excluye que vea en ella un posible negocio. A Ludo le agrada la atención y los regalos de Fiore, pero no quiere prostituirse. La situación cambia cuando el padre de la muchacha se niega a seguir pagando su colegiatura.



Temiendo dejar de ver a Chiara, Ludo acepta trabajar de “acompañante” (sin sexo de por medio). Ludo entrega el dinero a su madre quien se lo gasta con un amante. Es ahí que la colegiala se da cuenta que el único modo de independizarse es a través de la prostitución clandestina. A Chiara le atrae ese mundo, pero insiste en trabajar por su cuenta. Usando el seudónimo de” Emma”, y vía redes sociales, pronto se consigue un grupo de clientes exclusivos.

Para Emma y “Desirée” (el apodo de Ludo) todo es un gran juego. Con su “primer sueldo” se compran un oso de peluche gigante y otras frivolidades que ocultan en un cuarto-buhardilla en casa de Ludo.  Emma se siente amparada por su doble vida: en una es la hija perfecta y novia de Damiano, en otra una diosa adolescente que se pasea por la alta sociedad italiana seduciendo a sus miembros más respetables.






Mujeres Castigadas, Hombres Exonerados

Todo cambia una noche en que Damiano se presenta en el bar donde Chiara está con un cliente. Para proteger a su amiga, Ludo finge estar borracha. Saverio y Fiore se la llevan en un auto que es conducido por Damiano. Saverio intenta abusar de la chica. Fiore observa impertérrito. Damiano, para salvar a Ludo, provoca un accidente en el que Saverio queda gravemente herido. Al día siguiente, Fiore asesina a su jefe en el hospital haciéndolo ver como muerte provocada por las heridas del accidente.





Este ángulo argumental que cerró con tono trágico la primera temporada de “Baby”, y que explica el poder de Fiore (ahora a cargo del negocio) sobre Damiano y Ludo, es totalmente olvidado al final. Cuando Fiore públicamente acusa a Damiano y a las chicas de ser ellos quienes manejaban el negocio de la prostitución, se olvida de la muerte de Saverio.

Damiano es quien sale mejor librado de todos. Al final, se da el lujo de desdeñar a Chiara por ser prostituta y se consigue una “niña buena” de novia. Esa es una de las ambigüedades de la serie, esos finales desiguales. Damiano libre y feliz. Fiore solo acusado de tratante de blancas y nunca por asesinato. Los clientes de Chiara se ven un poco avergonzados, pero como explica su abogada, ningún italiano es castigado por pagar los servicios sexuales de “una ragazzina”.

Esa abogada es el ejemplo más irónico del doble estándar de la serie. En la tercera temporada, la todavía endiosada Emma inicia una relación con Christophe, un hombre maduro que conoce su identidad. La relación se hace continua e intensa y pareciera ser una vía de “normalización” para Emma, pero Christophe no acude a una cita. La que se aparece es la esposa—abogado y amiga de la madre de Chiara—quien le explica que su marido teme a la vejez y a la impotencia. De ahí que necesite de amantes jovencitas.



La abogada se marcha, pero antes le da a Chiara su tarjeta por si necesita de sus servicios. Eventualmente se hará cargo de la defensa de la joven prostituta, pero nunca la veremos delatar a su marido. Es cierto que la serie hace hincapié en la responsabilidad de los adultos en la corrupción de sus hijos, pero siempre son las mujeres más castigadas que los varones o las instituciones.

Lo vemos en el caso de Mónica, la madrastra de Damiano, que por sostener relaciones con Niccolo debe renunciar a su empleo; la madre de Chiara que ve su carrera arruinada, y peor le va a Simonetta. La madre de Ludo descubre el cuarto de los tesoros de las muchachas, pero como le conviene recibir dinero mal habido de la hija, se queda callada.

Entremedio Simoneta encuentra la estabilidad emocional junto a Alberto Fideli, subdirector de la Collodi. Fideli y su hijo gay, Fabio (Brando Paccito), se trasladan a la casa de Simonetta. La compañía de su “nueva familia” hace que Ludo recapacite y planee abandonar la prostitución, pero el acoso de un cliente airado la hace desistir puesto que necesita de la protección de Fiore.



Cuando se desata el escándalo, Ludo huye con Fiore, rumbo a Alemania. Desesperada, Simonetta se entrega a la policía, es juzgada y condenada por complicidad en el tráfico de menores. Fideli es despedido, pero la Collodi permanece intocada.  Otro que también sale bien parado es Brando quien indirectamente ha sido el causante de la prostitución de Ludo.

Brando es un individuo repelente que oculta su homosexualidad con una agresividad homófoba en contra de Fabio Fideli que le gusta y misógina en contra de las prostitutas del Trastevere. Cuando Fiore se entera que Brando maltrató a Ludo, lo apalea. El vengativo muchacho comienza a seguir a Chiara y Ludo y filma a la primera en un encuentro con un cliente. Armado con ese video, Brando chantajea a Chiara para que sea su novia y acaba violándola. En la temporada final, Brando de motu proprio va a declarar a favor de Chiara confesando su chantaje, pero nunca la violación. Al parecer ultrajar a una prostituta no es un crimen.



Ustedes me conocen, saben que no soy feminazi ni odia hombres, pero la serie es más dura en su retrato de las hembras que de los varones involucrados en este negocio delictivo.  Digamos que eso es lo que se deduce de un sistema legal que cree que un adulto con antecedentes como es Fiore pudo ser manipulado por un par de adolescentes ingenuas. Como en “Cuties”, es el poder sexual de las niñas lo que se convierte en una amenaza para el hombre adulto.

La única vez que veo ese poder es en un caso un poco trágico donde el hombre si es castigado y repudiado. Se trata el maestro de filosofía de Ludo, Tomasso Regoli,. Cuando conocemos a Regoli es un viudo traumatizado. Para superar su luto solicita prostitutas que, aparte de proporcionar servicios sexuales, deben hacer el papel de la difunta. En uno de esos cosplay entra Ludo. Al verla tan joven Tomasso se marcha sin tocarla.



Unos días más tarde, Ludo descubre que su cliente es su maestro. Inicialmente Ludo intenta amedrentarlo con su sensualidad agresiva, pero pronto se da cuenta que Regoli realmente busca ayudarla. Una noche, tras una discusión con la madre, Ludo huye a casa de Regoli, pero este que se ha enamorado de la alumna comete el error de besarla. Ludo huye horrorizada.



Regoli hace lo correcto, renuncia a la escuela, pero decide visitar a Simonetta, contarle todo e impulsarla a ayudar a su hija. Simonetta reacciona on gran cinismo, acusándole de ser un pervertido y amenazando con denunciarlo a las autoridades. luego, va donde Ludo y le endilga un sermón moralista lleno de reproches que finaliza en un “¡Yo no te enseñe a hacer esto!” Con la voz quebrada por el llanto, Ludo le suelta una gran verdad” ¿Qué me enseñaste mamá?” Simonetta se da cuenta que su mal ejemplo ha causado la ruina de su hija. decide apoyarla, pero la situación las supera.



En la temporada dos, Fiore ha contratado un maleante para aterrorizar a las chicas. Chiara y Ludo se dan cuenta que necesitan del apoyo de Fiore quien les renta un piso para sus encuentros. En la temporada 3 Damiano, que se ha vuelto idiota, las graba en ese piso para darle el video a un detective que el chico cree llevará a la policía. El detective lo usa para chantajear a los padres de Chiara.

La policía vigila a Fiore y arrestan a una de sus jóvenes empleadas, Sofia, quien confiesa que fue otra prostituta quien la convenció de cambiar de “paponne” e ir a trabajar on Fiore. Sofia solo sabe que la chica se llama Emma y que estudia en la Collodi. Esto aparece en la prensa, todos creen que se trata de Ludo. Para empeorar las cosas, Damiano, delante de un periodista, dice que Ludo no es la única prostituta de Collodi. La policía emite una orden de arresto en contra de Ludo quien huye con Fiore.

Finalmente, Chiara hace un video donde confiesa ser Emma. La policía arresta a Fiore quien acusa a sus pupilas de ser las verdaderas proxenetas. Solo el testimonio de Natalia, una prostituta madura que trabajó para Fiore, salva a las chicas. Y el final ya lo saben. Ludo, tras dar un excelente examen de bachillerato, se va a París a estudiar arte. Damiano queda feliz con su noviecita Aurora, Brando queda feliz con su noviecito y Chiara es encerrada en una especie de reformatorio-orfanato.


                                            Ludo en Paris

El Glamur de la Prostitución

Hay quien se ha quejado de que se castigó más duramente a Chiara que a Ludo, pero lo cierto es que Ludovica fue empujada por la necesidad a hacerse prostituta y siempre intentó salirse del medio. Chiara escogió ese camino para forjarse una identidad. Hasta el final no nos queda claro si realmente está arrepentida. No me sorprendería si Chiara en el futuro, vuelve a las andadas, pero como ella siempre ha querido, como trabajadora independiente.

Esa impresión nace no solo de la falta de arrepentimiento de Chiara, pero también de una imagen un tanto glamorosa de la prostitución juvenil que nos deja la serie. Desde el principio parece una forma viable de conseguir dinero, independencia, respeto, incluso admiración de los clientes. Aparte de la agresión de Saverio la noche del accidente, ninguno de los “papponi” de las chicas las maltratan. Por eso Chiara aconseja a Sofia de dejar a su tratante y pasarse al servicio de Fiore.



Tanto Saverio como Fiore les aseguran a las chicas que es un negocio en el que entran bajo su voluntad y del que pueden salirse cuando lo deseen.   Ludo ni siquiera tiene que acostarse con su primer cliente, un dentista gordito que solo quiere ser visto en público con una chica bonita y que la trata como reina.

El primer cliente de Chiara es un chico tan guapo y que la trata tan bien que ella se niega a cobrarle. Es entonces que el fríamente le cuenta que su esposa e hijos están de vacaciones y que ha contratado a Chiara porque se siente solo, por eso debe pagarle.

Todos los clientes de las chicas son hombres atractivos, ricos, que las tratan bien y que no las hacen sentirse degradadas.  La única vez que uno se propasa con Ludo es porque Fiore lo ha enviado para atemorizarla. Aunque Ludo consume drogas a destajo, nunca cae en la drogadicción. Si quiere salirse es porque desea una vida ‘normal”. Eso la hace diferente a Chiara.



“Baby”no muestra las peores consecuencias de la prostitución, no hace un juicio moral, no evalúa los peligros que corren quienes practican la profesión más antigua del mundo ni como acaban. En el penúltimo capítulo, Chiara y Ludo se internan en el bajo mundo nocturno en busca de Natalia. Ahí ven callejeras ajadas, mal trajeadas,  atendiendo a cualquier tipo de cliente. Es ahí cuando Ludo se da cuenta que ese hubiese sido su fin, pero es solo una escena, un momento en toda una serie que hace ver que en la venta de sus cuerpos esta la libertad de estas jóvenes tan problemáticas

Tanto “Cuties” como “Baby” glorifican el poder sexual de las jovencitas y muestran que en el control de este—sea en concurso de bailes o en el meretricio— reside la solución a todos los conflictos familiares, a la soledad, a la falta de autoestima. Pero, la target audience de Netflix no son ellas. Concuerdo con Christine Pelosi que este tipo de programas es más disfrutado por quienes pretenden disfrutar de las menores, que por estas últimas. Para los que no lo son, estas historias son perturbadoras y alarmantes.

NOTA Con ese disclaimer invito a mis Gatitos varones a comentar estos relatos sin temor a que los acusemos de pedofilia por haberlos visto.

jueves, 9 de enero de 2020

Bullying y Lucha de Clases en el Aula Escolar: ¿Tendrá Greta razón y es mejor no ir a la escuela?



Uno de los mensajes que Greta Thunberg ha enviado a sus huestes es que si quieren realmente militar con éxito a favor del medioambiente deben abandonar sus estudios. En el otro extremo tenemos establecimientos elite que pregonan que quien estudie en sus aulas tendrá el seguro asegurado. Sin embargo, las serie juveniles nos muestran que estas instituciones son antros de delincuencia, de acoso y de clasismo. No se necesita ser Greta-fan para no querer asistir allí. ¿Pero cuál es la verdad? ¿Por qué hay padres que todavía se endeudan para mandar a sus críos a secundarias de prestigio como Collodi, Las Encinas o Constance Billard?

La Cultura del Bullying
Fue a fines del Siglo XVIII que comenzaron a crearse escuelas para los hijos de la elite. Anteriormente la aristocracia y realeza dejaba a sus vástagos en manos de preceptores (normalmente clérigos) y encerraba a sus hijas en conventos a la espera de encontrarles maridos.

En la Inglaterra Anglicana se creó ese núcleo de planteles conocidos como public school cuyos nombres (Eton, Harrow, Winchester y otras) nos han llegado a través de la literatura y del cine. Pero históricamente fue después que se corriese el rumor de que la Batalla de Waterloo había sido ganada en “las canchas de juego de Eton”, que se vinculó a las public schools como espacios donde se formaba a los futuros generales y primeros ministros de la nación. Osea, en estos colegios se preparaban—como reza el lema de Las Encinas de “Elite”—a “los líderes del mañana”.

Cuando en “The Crown”, La Queen Mum, Lord Mountbatten y hasta la Reina Isabel quieren que Carlos vaya a Eton, esgrimen como argumento que allá conocerá a la gente con la que trabajará en el futuro, sus colaboradores y consejeros. Es cierto, y esa fue la razón por la que el príncipe de Gales envió a sus hijos a ese colegio. 
Carlitos en su uniforme de Eton

Si en Eton se creaban los líderes y en Harrow a los militares, Winchester era renombrada por formar educadores e intelectuales. Hoy en día, hasta los actores asisten a estos institutos: Damian Lewis, Hugh Laurie, Tom Hiddleston y Eddie Redmayne fueron a Eton. En cambio, Benedict Cumberbatch es un Old Harrovian.

Hasta fines del siglo XX, el plan educacional de las public schools se basaba en el estudio de los clásicos y de las humanidades. Se fomentaba las practicas religiosa y los alumnos debían atender servicios de la Iglesia de Inglaterra. Había un tremendo énfasis en los deportes que creaban en el alumno la noción del fair play. A la vez existía un sistema de castas, una férrea disciplina y hasta hace poco, un uso sistemático de castigos corporales. Se creía que eso ayudaba a forjar la conciencia de individuos que algún día llevarían las riendas del “Imperio donde no se ponía el sol”.

Lo que no se decía es que en estas academias el poder era dejado por la administración en manos de un grupo privilegiado de alumnos, los prefectos, que no eran tan benévolos como los de Hogwarts. Esta casta de prefectos debía ayudar a los docentes a mantener la disciplina, incluso administraba castigos. Sin ninguna autoridad sobre ellos, el grupo de poder lo ejercía de manera sádica, injusta e inmoderada. Abajo un clip de "Another Country"en el que Colin Firth resume las fallas del sistema.


Se convertía a los “nuevos”, ergo más jóvenes, en criados de los mayores, y el abuso físico muchas veces alcanzaba el sexual. Aunque se ha hablado bastante de esa cultura homoerotica de los internados masculinos, lo cierto es que muchas veces la sexualidad incluía más violencia que erotismo. La “palabra F” viene del antiguo vocablo inglés para referirse a ramas que los alumnos debían acarrear para encender las chimeneas de sus abusadores. De ahí que faggot se convirtió en un peyorativo para calificar a homosexuales sumisos.

La ironía es que los mismos abusados se convertían en prefectos y de ahí en los mandamases del Imperio. Los padres olvidaban lo sufrido y enviaban a sus hijos a esos antros convencidos de que ese tipo de educación era la perfecta para crear líderes. En Patrick Melrose, el padre violador se consuela de haber abusado de su hijo pensando que prepara a Patrick para lo que vivirá en su internado.

Patrick Melrose es una obra del Tercer Milenio. Antes literatura y cine exaltaban esta cultura de privilegiados déspotas en libros (y adaptaciones fílmicas) como Tom Brown’s School Days y Adiós Mr. Chips. Cuando Alex Waugh (hermano mayor de Evelyn) se atrevió a publicar una velada denuncia al sistema de las public school en su The Loom of Youth (1917) el escándalo fue mayúsculo. Aunque el libro fue un superventas, la alta sociedad lo repudio y Waugh fue expulsado de la sociedad de exalumnos de su escuela.

Mas o menos lo que ocurriría medio siglo más tarde con la academia militar Leoncio Prado donde se quemaron copias de La Ciudad y los Perros que describía un régimen sádico y totalitario donde los alumnos eran maltratados, no por sus instructores, sino por una elite criminal de estudiantes. El Marqués de Vargas-Llosa retrató en esa joya literaria lo que el vio y experimentó en sus años de internado.  Se entiende porque las academias militares son conocidas por su rigor y su cultura de bullying que en los 80 se tradujo en filmes icónicos como “Taps” y “The Lords of Discipline”.  Pero no se esperaba eso de un aplaudido sistema como las public school británicas.

En 1978, Jonathan Gathorne-Hardy se atrevió a revelar estas jerarquías totalitarias en su examen del sistema en The Old School Tie. El golpe de gracia lo daría “Another Country” (1984). Basada en la pieza de tetro de Julián Mitchell, el filme esboza la teoría de que esa cultura de opresión, represión sexual, homosexualidad latente, e hipocresía no crea viriles y arrojados lideres sino traidores marxistas como Guy Bennett, una obvia alusión a Guy Burgess. De los cinco de Cambridge, tres habían ido a public schools incluyendo a Burgess, graduado de Eton.




Hoy el sistema se ha modernizado, es más abierto, el alumnado es mixto, el currículo más incluyente de ciencias que de clásicos, pero todavía se perpetua el mito de su formación de líderes. Tanta ha sido la influencia histórica del Public School System británico que cruzó el Atlántico y fundó un núcleo de exclusivos internados masculinos de la Costa Este donde se moldearían a los líderes de la nación.

Las Prep Schools
Estos sitios conocidos como prep schools (de ahí viene el calificativo preppy) incluyen lugares como Andover donde estudiaron Los Bush; Choate de donde se graduó John F. Kennedy, y la más antigua, Groton, donde se educó Franklin Delano Roosevelt. Fue en Groton, bajo la egida del Reverendo Endicott Peabody, que se instituyó una cátedra de acoso escolar.
Groton hoy día

Peabody, que se había educado en una public school británica, creía en regímenes espartanos de educación que él consideraba crearían “musculatura cristiana:. El director aconsejaba los alumnos más vigorosos golpear a los más débiles como una manera de desarrollar músculos, pero también de fortalecer a los últimos. Uno de los recipientes de este ejemplo de “musculatura cristiana” fue Franklin Delano Roosevelt.
El Reverendo Peabody

Debido a que su padre sufría del corazón, FDR nunca contó de lo sufrido en la escuela. Se creyó el cuento de que todo era para su bien. El Revendo Peabody ofició la boda de Franklin y su prima Eleanor, y el futuro presidente de los Estados Unidos envió a dos de sus hijos a Groton.

 A pesar de que filmes como “Dead Poets Society” y “Scent of a Woman” describen las falencias de estas instituciones, y que el siglo XXI esté a cada rato evidenciando casos de abusos sexuales, se sigue considerando que graduarse de una prep o de una public school inglesa es parte de la preparación de un chico para ocupar un sitio de importancia en su sociedad.

Al Pacino en "Scent of a Woman"expresando su desprecio por las preppy schools

Hasta ahora hemos hablado de internados, pero para muchos padres, que creen que estos males solo ocurren si el alumno está desamparado y lejos de su familia, existen otras opciones. Hablo de liceos privados donde el estudiante solo pasa ocho horas diario y recibe la misma (o mejor) educación que garantizará su superación futura. Pero series de diferentes países nos muestran que esa certeza está errada.

Las Mejores Secundarias Neoyorquinas, Ficticias y de la Vida Real
Acabo de revisar el listado de las 100 mejores escuelas de Nueva York (públicas y privadas) de febrero del 2019,  y me he llevado algunas sorpresas al compararlas al estatus de buenos colegios de mis años de secundaria. La primera es la cantidad de planteles públicos que ocupan los 20 primeros lugares. Hoy en día entrar a Bronx Science, Stuyvesant, Staten Island Tech y Townsend Harris es tan difícil como ser aceptado en Trinity High School, Windsor, Horace Man o Dalton, las escuelas privadas que se cuentan entre las diez mejores de la ciudad. La razón es que, aunque públicos, ósea gratis, estos institutos tienen exigencias tan altas en términos académicos que se los ha acusado de racismo ya que hay más estudiantes caucásicos y asiáticos que latinos y afroamericanos.

Me agrada ver que, a pesar de los ataques a escuelas católicas, tres siguen apareciendo entre las diez mejores, incluyendo la jesuita Regis, la segunda mejor secundaria de Nueva York. Veo que algunas escuelas judías aparecen en el listado incluyendo Ramaz en el puesto 27. Me alegra ver que mi secundaria elite (donde cursé mis primeros años de secundaria) U.N.I.S. está en el puesto 19, en cambio la que fuera su rival en mis días de estudiante, Le Lycee Français ha bajado hasta el puesto 25.
Mi segundo año en la U.N.I.S. (Tut II) en 1976. Increible, ninguna obesa!

Hasta Malena (la de falda escosesa) con panza plana. ¡Y todas nos creiamos ballenas!

Para los efectos de esta nota lo importante es que Nightingale -Bamford—la inspiración tras la Constance Billard de “Gossip Girl”— está en numero 24. ¿Por qué?  Primero pensé que (al igual que Ramaz) se la penalizaba debido a que no es inclusiva. Tal como Ramaz solo admite judíos, N-B solo admite chicas. Pero St. Anne, El Convento del Sagrado Corazón y Marymount que son escuelas católicas neoyorquinas para niñas ocupan puestos más altos.



Chapín, una antigua y prestigiosa escuela de señoritas, está entre las quince mejores, pero para saber el motivo de tan alto lugar basta ver su lista de exalumnas que incluye a Jackie Kennedy, Sigourney Weaver, Ivanka Trump y Vera Wang.  Sin olvidar a Christine Todd Whitman, ex gobernadora de Nueva Jersey; Alexandra Kotur que ha sido directora de Vogue y Town and Country; y la Reina Noor de Jordania. Ni comparadas a las miserables graduadas de N-B cuya exalumna más reconocida es Cecily von Ziegesar, la autora de Gossip Girl.

N-B es un espacio carísimo para que pasen su día las hijas de la aristocracia (Gloria Vabderbilt estudió ahí) y de artistas (Billy Joel y Bette Midler enviaron a sus hijas allá) y su mejor exponente es la diseñadora de modas Shoshanna Lonstein que a los 17 años estaba viviendo con Jerry Seinfeld, veintiún años mayor que ella. ¿Fue Shoshanna una It Girl como Serena o una bully-influencer como Blair Waldorf?

Ni hablar de St. Jude, la escuela para varones hermana de Constance Billard donde estudian los chicos de “Gossip Girl”. ¿Es que en qué cabeza cabe que de un sitio así saldrán las líderes del mañana? La ironía es que ningún estudiante de Gossip Girl (chicos y chicas) sabe lo que quiere hacer en la vida. Entretanto se la pasan de juerga en juerga y aun así tienen buenas notas y aspiran ir a buenas universidades. La ironía es que los únicos que merecen ir a buenas universidades porque son talentosos, disciplinados y saben lo que quieren hacer son los humildes Humphrey.
Dan y Jenny Humphrey

Dan quiere ser escritor, pero a pesar de sus buenas notas y de los sacrificios de su padre pierde la oportunidad de estudiar en Darthmouth porque se la gana Nate Archibald que ni sabe ni leer, pero cuyo estafador y drogadicto padre se graduó de esa universidad.  Aun hoy los colegios elite y las Ivy League siguen prefiriendo hijos de exalumnos como estudiantes. Esa injusticia me hace mirar un poco en menos a las Ivy League. Por suerte en la U.N.I.S no existía esa obsesión con las Ivy League, se esperaba que uno tomara el bachillerato internacional y que hiciéramos las maletas para el Viejo Mundo. Incluso cuando los Unisites van a universidades americanas prefieren lugares como NYU, Fordham, o la canadiense McGill.

Nate y Dan son los únicos varones de St. Jude interesados (ergo por diferentes causas) en ir a una Ivy League. Chuck es más honesto, él no necesita estudiar solo heredar y dinero y ponerlo a trabajar. Al menos él no molesta a los que si quieren estudiar. Diferente es el caso de las chicas.

It Girls, Queen Bees y “Proyectos”
 A los 16 años Jenny Humphrey sabe que quiere coser, diseñar e ir a la Parsons School of Design. Pero cae en las redes de acoso de Blair Waldorf, la Queen Bee de su escuela que divide a las estudiantes en “proyectos” (posibles sucesoras de Blair) o “victimas” (las parias/ignoradas y condenadas al fracaso). En sus esfuerzos por ser un “proyecto” Jenny aparta sus sueños y adquiere hábitos antisociales y delictivos, como robarle a la madre de una compañera un vestido de marca.

Lo mejor que hace su padre es retirar a Jenny de Constance y educarla en casa. Lo peor que hace Jenny es volver a Constance Billard donde pone mayor énfasis en heredar el puesto de Queen Bully que Blair ha dejado vacante que en sacar buenas notas. Será Blair quien destroce los sueños de Jenny exiliándola para siempre de la ciudad de Nueva York. Jenny acaba sus estudios en una secundaria de provincia, se va a estudiar moda a Londres y en el último capítulo diseña el vestido (bien feo) de novia de Serena. Aun así, creo que Jenny será una mujer de influencia y eso a pesar de haber estudiado en Constance Billard.

Serena es una It Girl, totalmente lo opuesto de Jenny. Nunca sabemos que le interesa estudiar, si es que le interesan los estudios. Un flashback de sus días en un internado en Connecticut nos revela que más exploraba el mundo de los estupefacientes que el de las matemáticas.  La unica vez que la vemos estudiando es para sus SAT.  “¿Pero le interesaba a Serena realmente ir a la universidad?”


 Después de su graduación, Serena estudió un año en NYU y otro en Columbia y más se la pasó de romance con maestros y un congresista casado, que en la biblioteca. En sus seis años en “Gossip Girl”, Serena solo tuvo un empleo en el que duró más de una semana.

Finalmente llegamos al caso de Blair, la bully perfecta, que sueña con ir a Yale. Nunca sabemos por qué ni que pretende estudiar en Yale. En los libros es porque sería un escalón para alcanzar sus fantasías (trabajar para los Cuerpos de Paz y ganar un Nobel). En la serie es solo una obsesión más de Blair de ser La Mejor. Se supone que es buena alumna, aunque se la pasa en fiestas y eventos de caridad, dedica más tiempo a sus líos románticos y familiares que ha escribir monografías, y su dependencia sexual de Chuck Bass no la hace muy centrada.

Blair intenta por todos los medios llegar a Yale, aunque esto signifique aplastar a Serena, Nelly Yuki y a su maestra Rachel. El difamar a Rachel le cuesta a Blair no solo la entrada a Yale sino también una expulsión temporal de su escuela. Blair acaba en NYU donde pasa un año humillante casi tanto como el de Reese Witherspoon en Harvard en” Legally Blonde”.

 De ahí se traslada a Columbia, pero nuevamente los estudios no son su fuerte. Uno de los momentos más increíbles de la serie es cuando Eleanor Waldorf deja todo su imperio en manos de su hija de 20 años, porque Blair ha demostrado su poder a punta de intimidar, chantajear y pisotear al prójimo. ¿Aprendió eso en Constance Billard?

Reitero, lo extraordinario de estos chicos tan sabios en temas como drogas, cocteles y sexo es que no tienen intereses ni hobbies. Bueno, a Blair le gusta visitar museos, darle de comer a los patos de Central Park, ir de compras, sabe francés y mucho de moda, y con Dan (yo soy shipera de “Dair”) comparte el amor a los libros y al cine clásico. Creo que nadie más en la serie tiene intereses tan “sanos”.

Nate y Vanessa: ¿Líderes del Mañana?
Nate al menos, es deportista. Se cura las resacas y su amistad con la marihuana, a punta de jogging y lacrosse. En sus dos años en Columbia, Nate es más conocido como jugador de lacrosse que por sus méritos académicos. De pronto, a los 20 años compra un periódico que mantiene con el dinero de una dueña de un burdel y del mafioso Brat Bass. Al final de la serie, Nate de 26 años podría ser el alcalde más joven de nueva York (WTF). Bueno no puede ser peor que el que tenemos ahora.
Nate y Vanessa

Si comparamos el potencial intelectual y los méritos escolásticos de todos los chicos de “Gossip Girl”, la que sale ganando es Vanessa Abrams, la amiga de la infancia de los Humphrey. Hija de un matrimonio birracial con tendencias progresistas, Vanessa ha sido educada en casa y aunque sueña con ser directora de cine, sus padres no creen que ir a una universidad de prestigio garantice que llegue a ser una buena profesional.
Vanessa con Milo, el supuesto hijo de Dan. La única chica con sentido maternal en la serie

Vanessa, a diferencia de Serena y Blair, es franca, firme en sus opiniones y lucha por causas reales. Aparte de que, a los dieciséis años es la única que trabaja (yo comencé a trabajar a los 15 años y cuando estudiaba en una escuela elite) en la serie.  Es Nate, que se ha enamorado de ella quien la convence de tomar los SAT (exámenes para entrar a la universidad) y así Vanessa entra a NYU.

A pesar de que Vanessa es una excelente estudiante y al final vemos que es directora de una serie de televisión, el roce con gente como Blair, Nate y sus amigos la afecta. Para poder sobrevivir debe recurrir a las armas de sus contrincantes. Finalmente, como Jenny, se da cuenta que solo podrá triunfar en lo que quiere lejos de estos tóxicos preppies.

En Roma Como en Madrid
En “Baby” vemos que los problemas de las secundarias exclusivas neoyorquinas tienen sus clones italianos. Sin ser preppies, los alumnos de la Collodi también están a la deriva, no saben qué hacer con sus vidas y no tienen planes para el futuro. Chiara, que es una buena atleta, postula a un programa de intercambio con una escuela neoyorquina (¿será la Constance Billard?) pero no porque quiera estudiar sino para huir de su familia. En eso difiere de su seria y estudiosa amiga Camilla.
Chiara, Camilla y Fabio

A mí me parece tan extraordinario que a los 16 años ninguno de estos chicos que van a una institución elite sepan que quieren ser o hacer cuando tengan veinte años. Es que desde la primaria yo sabía que quería enseñar y escribir y que buscaría una carrera donde pudiese hacer ambas cosas. Mi hermano, a los ocho años, sabía que podía dibujar y pintar, a los once ya quería ser arquitecto.

En la U.N.I.S., yo conocí por primera vez a círculos de computer nerds (en días en que las computadoras no eran amistosas) y de deportistas y de gente que sabía que iba a dedicarse a la música, o a escribir. Había gente que tomaba drogas, y el 75% de la secundaria (y algunos más jóvenes) eran sexualmente activos, pero también había los que dedicaban su energía al ballet, a la fotografía, a esquiar o incluso a la política.

El lema de Las Encinas de Elite es que de ahí saldrán “los líderes del mañana”, pero ninguno de los estudiantes parece tener lo que se necesita. Son una panda de inútiles, aun gente básicamente decente como lo es Guzmán. La ironía es que una total forastera, no solo por ser racial y culturalmente diferente, además por venir de un estrato social bajo como Nadia, les da una lección en su primer día de clases cuando en perfecto inglés les anuncia que ella quiere estudiar diplomacia y en su defecto, quiere ser interprete de la ONU.

Le explican a Nadia que si es buena alumna y si practica actividades extracurriculares podrá optar a una beca a una escuela de la Florida conectada con las universidades Ivy League.  El único problema es que solo hay una beca, y solo una persona puede ser el/la mejor estudiante. Eso ya es injusto y poco práctico. ¿Pero qué se puede esperar de una institución donde todavía se usa la curva de la campana para dar notas?

Lo extraordinario es que Nadia debe competir con la villana Lucrecia que le suelta un “Yo me divierto de lo lindo, y mira soy la primera de mi clase”. “Lo eras” le dice Nadia. Y es fácil competir con Lu en materias académicas. Vemos a Nadia practicando natación, haciendo tareas, investigando en la biblioteca y hasta ayuda a sus padres en el almacén. ¿Qué hace Lu además de intrigar, follar en los baños e ir a fiestas? ¿Esas son sus actividades extracurriculares?

Al menos los estudiantes pobres de la serie son cajeros, sirven hamburguesas, venden drogas o les roban a los ricos. ¿Pero en que se la pasan Lu, Marina o Carla?  Lu anda de rogona, Marina se busca problemas y Karla solo vive para el trio sexual que se ha armado con Polo y el marginal de Christian (“tu mascota” como lo llama Guzmán). Al lado de ellos, las chicas de “Gossip Girl” que van de compras, leen, prueban nuevos restaurantes (y Blair que le gusta ir a museos y festivales de cine) son un dechado de actividad positiva.
Las "niñas pijas"de Las Encinas

Lo curioso es que en Las Encinas a nadie le molesta este status quo.  Tal como en “Baby” y en “Gossip Girl’ no es el buen estudiante el premiado; los maestros no están de parte de sus estudiantes sino de figuras de poder; y todos cierran los ojos ante el acoso escolar y otros males que pululan por sus pasillos.

Maestros Cómplices
Ha llegado el momento de hablar de los cuerpos docentes de estos espacios elitistas que deberían estar a la altura de los objetivos de esas escuelas, pero que terminan de cómplices de padres sobornadores o de estudiantes chantajistas.


A pesar de que la Constance Billard es una secundaria, nunca vemos a sus alumnos en clase. Nos los muestran deambulando por los pasillos o sentados en los icónicos escalones. Al único miembro del profesorado que conocemos es a la directora, la señora Queller. Lo que sabemos de Queller es que es una disciplinaria estricta, pero su disciplina es selectiva. Por ejemplo, acusa a Jenny con sus padres porque ha faltado a clases (Jenny está ya trabajando como modista en el atelier de Eleanor Waldorf).  Sin embargo, Queller nunca delata otros estudiantes que se van de juerga en horario de clases. Solo a los becados que no tienen grandes apellidos.
           
Todos saben que Chuck vive de las drogas, pero solo cuando lo sorprenden consumiendo en la escuela es que se toma acción en su contra. Aun así, Queller está dispuesta ceder a los ruegos de Blair y al soborno del Tío Jack, cuando Chuck anuncia que no necesita defensa ya que es más que feliz de abandonar St. Jude. El no necesita de educación ni maestros para triunfar

Queller sabe que existe la mafia del bullying que ha creado Blair, pero no levanta un dedo en contra de ella. Años más tarde, cuando Jenny intenta detener los abusos de Penélope, la nueva Queen Bee de Constance Billard, esta habilidosamente consigue que su padre ponga una denuncia en contra de Jenny… ¡por acoso escolar! Queller, aun sabiendo como son las cosas, castiga a Jenny.

La única ocasión en que Queller actúa en contra de una alumna es cuando Blair traspasa la línea y ataca a una maestra. Aunque hablaré del caso de Rachel en otra ocasión, vemos como el pasarse de la raya al inventar un falso rumor sobre Dan y su maestra, le cuesta a Blair el apoyo de su padre y de Queller. Además, Rachel se venga consiguiendo que Yale rechace la aplicación de Blair. Aun así, la diva juvenil no aprende su lección. Ya en NYU, Blair hace que Chuck seduzca un profesor para poder chantajearlo. Pero si la comparamos con Serena que tiene romances con maestros en el internado y en Columbia, no podemos juzgar tan mal a Blair.

A favor de la verdad, no creo que exclusivos planteles educacionales contraten maestros tan jovencitos como Rachel y Ben (el maestro acusado de violar a Serena en el internado Knightley) precisamente por su juventud e inexperiencia. Yo enseñé secundaria los 27 años, pero era una escuela de señoritas. 

En la U.N.I.S (y aun ahí oí rumores de maestros y alumnas) los profesores todos tenían doctorados y eran, escogidos, entrevistados y pagados por sus propios gobiernos por lo que eran mayores de treinta años y tan elite como su alumnado. En mi experiencia, el 75% valía oro y tengo buenos recuerdos de ellos y de los consejeros.

Algo que es totalmente obligatorio en las escuelas elite y que ni aparece ni en pintura en estos relatos tan despegados de la realidad, es el servicio de consejería: maestros-psicólogos cuya mayor labor es preparar al alumnado de los dos últimos años de secundaria para ir a la universidad. Mi primer patrón (y probablemente mi persona favorita en toda la U.N.I.S) el Dr. Sahraie, era uno de esos consejeros así que conocí de cerca la importancia y seriedad de su trabajo.
Equipo de guías vocacionales de U.N.I.S  a mediados de los 70

No solo los consejeros exploraban las carreras óptimas para sus encargados, buscaban las universidades ideales y los ayudaban a contactarlas. Además, se monitoreaban la labor de los alumnos en sus clases, sus actividades extracurriculares y hasta sus vidas personales, para ver donde flaqueaban, donde necesitaban apoyo y asegurarse de que estaban en top form para ir a la universidad, lo que muchas veces implicaba dejar sus hogares, vivir independientemente en otras ciudades, estados, incluso fuera del país. Nada de eso aparece en “Gossip Girl”, “Elite” o “Baby” donde los maestros están más para obstaculizar que para guiar.

 En “Gossip Girl” y en “Baby” vemos a los instructores, muchas veces recibiendo desmesurados castigo por su intimidad con alumnos. A veces se siente que maestros como el Ben de “Gossip Girl” o la Mónica de “Baby” son víctimas de estos alumnos tan ignorantes en materias escolares y tan sabios en el arte de manipular. Y esto nos lleva a Martin, el peor maestro de Las Encinas.
Mónica es manipulada tanto por Niccolo como por la novia de este.

Martin el Pelele y el Bully
En la primera temporada de “Elite” se han esmerado en mostrarnos el campus de Las Encinas por dentro y por fuera exponiendo el hermoso paisaje de la Sierra de Guadarrama que la rodea. Hemos visto las canchas de tenis donde entrena Ander, campeón juvenil (y que odia ese deporte que lo ha convertido en estrella); el gimnasio; y la piscina donde Nadia y Guzmán descubren su mutuo amor por la natación. Hemos visto la biblioteca donde los que estudian hacen callar a los que comentan su vida privada y el salón de clase. uno solo, el de Lenguaje y Lectura donde reina Martín.
Las Encinas

Bueno, reina peor que la Khaleesi que al menos tenía tres dragones. Lo del lenguaje solo sirvió para una clase donde con mucho alarde de bilingüismo (al final la única angloparlante es la “talibana “Nadia) se burlaron de los marginales recién llegados. Nuestra primera impresión de Martin es que es afable, cercano (permite que lo tuteen y lo llamen por el nombre de pila) y que es hip to the max. Pronto cambia nuestra percepción de él.

No se sabe si es opción de Martin o de Las Encinas, pero su método de evaluar a su alumnado es adherirse a la curva de la campana, un procedimiento anticuado, abusado y mal usado de medir datos. Como lo aplica Martin (que parece ser el único maestro. ¡Hasta enseña biología!) solo puede dar un diez en clase, solo puede haber un alumno en su clase con 10 “porque así funciona el mundo allá fuera”.  ¡Falsooo!
Examen de biología de Lu

Hasta ahora la “Chica 10” de la clase es la mexicanita Lucrecia. Habla muy mal del resto porque Lu, aparte de ser traicionera y mala leche, no presenta rasgos ni de poseer un IQ muy alto ni de ser un dechado de méritos académicos. Nadia, en cambio, se convierte en seria rival de Lu. Cuando Martin le otorga un 10 a Nadia, Lu monta en colera y exige que Martín le quite la buena nota a la morita.

Para eso Lu lo soborna con la promesa de un bebé sin pasar por trámites de adopción. Y Martin (hijo de madre) se deja sobornar. Le quita la buena nota a Nadia y cuando la palestina protesta la hace callar. Y es que Martin sabe con quién puede meterse.  Lo demostrará cuando atropelle a Samuel, humille a Nadia y de paso, se meta con Marina.

En la escena más desagradable de la temporada, el atarantado de Samuel esta texteando en clase. Primero, que los celulares están prohibidos en el aula. Segundo, que Samuel está comentando detalles íntimos de Marina. Martin le quita el celular, pero no acaba ahí. Para humillar al chico, hace que Nadia lea en voz alta el mensaje. Cuando Samuel protesta, Martin  o hace callar. La avergonzada Nadia lee un texto que anuncia a la clase que Marina tiene VIH.

A ver Martincillo, tu no le quitarías un celular a Ander, hijo de la directora: no obligarías a leer un mensaje privado a Carla, hija de grandes de España, ni le has dicho a la irrespetuosa (pero hija de diplomáticos mexicanos) Lucrecia que se calle cuando te soborna. Marina se venga chantajeando a Martín en su momento. Al final el maestro ciruela se lleva su merecido y ni Lu ni Nadia se ganan la cotizada beca a Florida (donde no hay escuelas elite). Creo que esa es la única lección moral que nos da “Elite”. No se valen ni las competencias desleales ni los maestros oportunistas y arribistas.

La Moraleja de “Gossip Girl”
A pesar de las muchas quejas sobre la irrealidad de “Gossip Girl” el que continuase por tres temporadas después de la salida de la secundaria de los protagonistas, nos permitió ver como se manejaron en el “mundo real”. Nadie llegó a ninguna parte gracias sus prep schools. Todos heredaron negocios de sus padres, y Nate compró un periódico con dinero de su abuelo.

El caso Blair es el más decidor, puesto que era la primera de su clase, y realmente era buena alumna. Tras perder su sueño de ir a Yale, acaba en NYU donde a pesar de sus esfuerzos es tremendamente infeliz. No tiene una corte ni impresiona ni doblega a los bohemios estudiantes. Logra ir a Columbia donde pronto se aburre y deja sus estudios para incursionar en el mundo de las revistas de moda. Después de todo ni Diana Vreeland ni Anna Wintour fueron a la universidad.

Es entonces que Blair, a sus veinte años,  descubre que para lo único que sirve es para esposa de un príncipe. Pero como se lo demuestra su futura familia política todo lo que Blair creía eran virtudes propias de alguien de su clase y estatus escolar son fallas a los ojos de la realeza monegasca. Blair se ve atrapada en intrigas palaciegas para las que no está preparada como tampoco lo estará para defenderse de un archicriminal como su futuro suegro, Bart Bass.

La gota que derrama el vaso es cuando Eleanor Waldorf deja su imperio a cargo de su inexperta hija. Viendo que su primera colección va a camino del fracaso y que está en manos de su ex víctima Nelly Yuki, (ahora cronista de modas de una importante revista) Blair toma una decisión inesperada. Recurre a la ayuda de Sage, la nueva Queen Bee de Constance Billard y del Consejo de Reinas que una vez creara Blair.

Solo que el consejo ya no es un aquelarre de chantajistas esnobs. Ahora funciona como una asociación criminal, las reinas se llaman Don como si fueran capos de mafia. El espectáculo de Blair que descubre que todo lo logrado en su etapa escolar ya no existe y que su corte de bullies no era más que un peldaño al crimen organizado es la moraleja de su fabula y la confirmación de que ir a una escuela elite no es pasaporte para el éxito.

¿Conocen a alguien que haya asistido o ensenado en una de estas instituciones de prestigio? ¿Creen que hay que ir a buenas escuelas y universidades para tener éxito en la vida? ¿Como maestros cuales son las cualidades de un estudiante que le pronostican un buen futuro? ¿Como seguidores de estas series, que tienen que se compare a la vida real?  ¿Creen que algunas personas aprenden más educándose en casa? ¿O están con Greta y piensan que las escuelas (exclusivas o no) están sobrevaloradas?