Mostrando entradas con la etiqueta María Dueñas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta María Dueñas. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de abril de 2018

El fin de nuestros amores: Beigbeder y Rosalinda Fox



En El tiempo entre costuras, Maria Dueñas retrata a Juan Luís Beigbeder como totalmente anglófilo y a su Rosalinda Fox como espía total. Incluso los convierte en suministradores de agentes españoles para el SOE (Special Operation Services).  La principal, será Sira Quiroga. La historia real nos cuenta que, en su exilio en Ronda, Beigbeder comenzaría a complotar contra el Eje e incluso en contra de su Caudillo, y que, desde Lisboa, Rosalinda seguiría ayudando a la causa aliada. ¿Pero volverían a encontrarse?

 En Portugal, Rosalinda Fox abre un garito llamado “El Galgo” donde acudirá el quien es quien lisboeta. Además, tomará en esa capital un piso de cuarenta habitaciones en la que se refugiará el que lo necesite. Ahí la encontrará Sira cuando llegue a Lisboa en pos de Manuel Da Silva. Allí la encontrará Tom Burns, el protagonista de Papa Espía (de su hijo Jimmy Burns). Para los Burns está claro que Mrs. Fox está al servicio de los ingleses. En otros lados dicen que Rosalinda espiaba para las agencias de inteligencia estadounidenses.

El hecho es que espiaba. Su mayor misión consistía en observar a las masas de refugiados que se aglomeraban en Lisboa en espera de pasaportes para huir de Europa. Un miedo de los Aliados era que entre los refugiados se ocultasen agentes nazis. Ese trabajo de Rosalinda fue fundamental y a él se referiría Winston Churchill quien diría que, sin la ayuda de Rosalinda Fox, la guerra hubiese tomado otro cariz.

Es necesario volver a la novela de Maria Dueñas para ver la evolución de la labor de inteligencia de la mancuerna Fox-Beigbeder, puesto que la autora los cree confabulados para ayudar a la causa aliada. Tras el traslado de Beigbeder y su amante a Madrid, Rosalinda bombardea a Sira con cartas sobre su nueva situación. 

Unos meses más tarde, la costurera recibe una carta de su amiga invitándola una fiesta en Tánger. Sira llega tarde y solo alcanza a tener una breve entrevista con Rosalinda quien le cuenta que tanto ella como Beigbeder están desalentados con el régimen Franquista y asustados de que España sea arrastrada a pelear por el Eje.

Para evitarlo ellos están reclutando agentes españoles que puedan recaudar y suministrar información a los ingleses. Rosalinda conecta a Sira con el misterioso Mr. Jason que resulta ser Alan Hilgarth, agregado naval en la Embajada Británica en Madrid y maestro de espías (Ian Fleming se inspiró en Hillgarth para crear a James Bond).
Alan Hillgarth es interpretado por Ben Temple en "El tiempo entre costuras"

Hillgatth le dice a la modista que en Madrid no deberá contactar ni a Beigbeder ni a Rosalinda. Sin embargo, cuando (esto en la serie) Sira llega al piso que le han preparado reconoce un tapete oriental que ella admirara en casa de su amiga en Tetuán. Mas adelante, su exnovio Ignacio acusará a Sira de ser amante del Ministro de Asuntos Exteriores revelándole que la policía sabe que Beigbeder le ha puesto ese piso.

No he encontrado en mis lecturas ninguna vinculación entre Mrs. Fox y Hillgarth. Ella en Marruecos si tuvo contactos con el coronel inglés Henry “Hal” Durand de Tánger quien era su enlace con Lord Halifax, en esa época (1938-1940) Ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido.  Rosalinda era muy buena para los contactos. Cuando huyó de España en el otoño del 40, los únicos en acompañarla al aeropuerto fueron Beigbeder y Benjamín Harrison Wyatt, agregado naval de la Embajada de Estados Unidos en Madrid.

Respecto a una participación de Beigbeder en el espionaje pro-inglés, no me parece tan factible. A pesar de que, en una carta de Sir Samuel Hoare a Winston Churchill, cuando Beigbeder todavía tenía la cartera de ministro, el embajador, a la par de asegurar su anglofilia, lo describe como un “romántico emocional” y “un español de la tradición de Don Quijote” Eso también podría explicar las conspiraciones en las que se vería involucrado Beigbeder tras su caída de la Corte Franquista.

  A cada rato me tropiezo con las palabras “Beigbeder” y “monarquía” en la misma página. Es cierto que, en los 40s, se puso a conspirar a favor de la restauración de los Borbones, pero todos los oficiales insatisfechos con Franco lo hicieron, hasta Queipo de Llano. Sin embargo, este artículo de Berta González para El Mundo dice que Beigbeder planeaba instalar un gobierno monárquico provisional en Tánger. ¿Cuándo? ¿De dónde sacan estos datos?  Reitero, hay mucho que decir y saber de esta pareja.

En sus memorias, Rosalinda cuenta que, veraneando en San Sebastián, en 1940, ayudó a escapar a tres aviadores escoses  cuyos aviones habían caído en Francia. Esto fue un esfuerzo conjunto con un agente de la SOE, Peter Kemp (otro tipazo injustamente acusado de “fascista”). Beigbeder no solo supo de esta hazaña prohibida por el gobierno franquista (que usualmente encarcelaba los soldados aliados que caían en sus manos), sino que además les prestó un automóvil oficial para que llevaran a los aviadores hasta Bilbao.

Mientras Rosalinda seguía con su labor de espionaje en Lisboa, su amante se la pasó casi tres años bajo arresto domiciliario en Ronda. Tiempo para pensar y decidir cuáles serían sus lealtades. En 1943, viendo que los Aliados parecían ser el bando ganador en la guerra, Franco levantó el arresto a Beigbeder, lo nombró general de brigada y lo empacó en una misión diplomática a Washington.

Hasta hoy no se sabe en que consistió esa misión que lo tendría en USA hasta el final de la guerra. Maria Dueñas habla de un intento de crear puentes entre estados Unidos y España, de cambiar la imagen del régimen franquista y de discutir el futuro del África del Norte tras una victoria aliada.

Para entonces Beigbeder ya estaba involucrado en conspiraciones monárquicas y no le interesaba servir a Franco. Se dice que proyectaba una “España Libre” que sería una alternativa al régimen franquista y que probablemente se instalaría en Marruecos con el Conde de Barcelona de cabeza de gobierno.

 Camino a Estados Unidos, Beigbeder hizo escala en Lisboa lo que propició un reencuentro con Rosalía. Ella lo seguiría tiempo después a Estados Unidos. Se dice que Rosalinda no se quedaría mucho tiempo en la Unión Americana ya que encontró a su Juan Luis muy ocupado en otros devaneos.

Beigbeder realmente estaba ocupado, muchos hablan de que llevaba una intensa vida social. incluso se tomó un descanso en Las Bahamas donde visitó a los gobernadores del archipiélago, los famosos Duques de Winsor con los que había hecho amistad cuando Edward y Wallis habían recalado en Madrid después de la Invasión de Francia (si interesa saber más de esta visita española y del papel jugado por Beigbeder, recomiendo Operation Willi: The Nazi Plot to Kidnap the Duke of Windsor de Michael Bloch y la novela Te prometo un Imperio de Juan Vilches).

Encontré un artículo de Allan Chase, contemporáneo a la estadía de Beigbeder en los Estados Unidos. Escrito en ese estilo tongue-in-cheek del periodismo liberal izquierdista de la prensa americana independiente de entonces, el artículo está colmado de errores (desde que la Republica nombró a Beigbeder agregado militar en Berlín, siendo que ya estaba ahí antes del 31, a que después de haber perdido la cartera de ministro se fue a Marruecos). Lo que si le creo es que Beigbeder era ya abiertamente monárquico, que no ocultaba su antipatía por el régimen franquista, y que su labor en Washington mas que ayudar a Franco buscaba seguidores para su causa, la de restaurar en el poder “a la decrepita dinastía de los Borbones” como la llama Chase.

La cruzada monárquica no llegó a ninguna parte. En febrero de 1945, Beigbeder estaba de regreso en España y de brazos cruzados porque nunca más se le volvió a dar cargo alguno. Para cuando su Rosalinda regresó a suelo español, en 1950, estaba desolado, defraudado y acabado. Tal como ella lo describe en sus memorias era un hombre “roto y enfermo”.

Aun así, Rosalinda se empeña en un último proyecto en conjunto. Construir una casa en Guadarranque en la Bahía de Algeciras, para que Juan Luis pase ahí sus últimos días mirando hacia su amado Marruecos. Irónico que Rosalinda la desahuciada no solo sobreviva a su amante, sino que también a sus cuarenta años, esté llena de energías.

El final de la guerra la había dejado nostálgica de su patria. Tras vender “El Galgo” a su socio Dimitri se estableció en Inglaterra donde se reencontró con Peter Fox. No se sabe que mal espíritu la aconsejó, pero Rosalinda decidió regresar con su marido. Medio año más tarde, los malos modos de Peter la enviaron al hospital del que salió decidida a alejarse de un marido que seguía negándole el divorcio.

Posiblemente, Peter le quitaría su mesada. Aun así, Rosalinda hace una entrada triunfal en Andalucía donde llega cargada de equipaje, con su hijo y un chofer hindú que conduce su Rolls Royce. Tras conseguir permiso del gobierno y adquirir el terreno se puso a construir una casa con su estilo, con la cabeza de galgo, el sello de Rosalinda, por todos lados, y azulejos que le recordasen a Tetuán.

Tan llena de energía estaba Mrs. Fox, que los vecinos recuerdan que se trajo también a un tal Richard que a decir de quienes lo conocieron “estaba de bueno como para mojar el pan.” Más tarde, en la edad en que las señoras entran en la senectud, Rosalinda tendría otro amante, no tan guapo y más obviamente un toyboy, lo que entonces se llamaba un gigolo. Pero a pesar de los Richards en su vida, Rosalinda seguía recibiendo a su Juan Luis o iba a visitarlo a Madrid, pero el pobre caballero ya estaba en las ultimas.

El General Beigbeder vivió sus últimos días en una pensión de mala muerte, trabajando,  casi por caridad,  en la inmobiliaria de un amigo marroquí. Murió en 1957 “ejemplarmente pobre” como lo describiría Dionisio Ridruejo. Su legado fueron unas ropas y sus archivos entre los que se cuentan un amago de memorias. La mitad del archivo la tiene el periodista José Mario Armero, la otra alcanzó tierras marroquíes y la tiene el historiador Mohamed Ibn Azzuz Hakim.

Rosalinda siguió su vida glamorosa. Hizo amistad con los ingleses de la zona con los que jugaba bridge y también con algunos españoles como el diplomático Luis Cuervo quien le escribiría un prólogo a las memorias de Mrs. Fox que se publicaron en una edición muy limitada en 1999. Hoy,  un ejemplar en Amazon te cuesta arriba de setecientos dólares.

Hasta el final, un final casi de indigente en el que tuvo que solicitar ayuda del ayuntamiento, Rosalinda vivió su glamur, coqueta, elegante, vestida de Chanel siempre bien peinada y maquillada, siempre generosa. Hay gente que recuerda que tenía unos impulsos maravillosos. De pronto mandaba al Rolls Royce a la escuela local para traer a los niños de merienda a su casa, o regalaba muñecas para Reyes, o prestaba su autazo para llevar algún enfermo al hospital más cercano. Hay quien dice que era altiva y que sus accesos de mal humor eran memorables.
Foto de Rosalinda con su grupo de Guaarranque y otra de ella anciana.

Después construyó unos apartamentos, luego una quinta, Quinta Rosalinda, donde falleció. Vendió todo lo que tenía de valor. Aun así, no murió sola, tuvo una pareja de cuidadores incluso cuando ya solo se la pasaba sin salir,  viendo televisión. Murió a los 96 años, demostrando que los diagnósticos médicos valen hongo, que el deseo de vivir y el amor superan toda enfermedad. Y Rosalinda Fox tenia amor por la vida para regalar.
María Dueñas con un retrato de Rosalinda

Hay mucho que criticar en la vida de Beigbeder y Rosalinda, pero mucho más que admirar. Le agradezco a Maria Dueñas presentarnos a esta pareja de fábulas. Para mí, la serie (el libro lo leí después) tiene un significado muy emotivo. Fue la  última serie que vi y gocé con mi madre, por lo que fue un parteaguas entre la persona que ya presentaba señales de enfermedad mental y la que vino posteriormente,  tan desequilibrada que no podía ni seguir una serie y tampoco soportaba mi presencia a menos que fuera para zaherirme o humillarme. Entonces El tiempo entre costuras y sus personajes (Mi Ma adoró a Rosalinda y a Beigbeder) fueron el ultimo nexo cariñoso que mi madre y yo compartimos.

jueves, 12 de abril de 2018

Rosalinda en Marruecos: Lo mejor de El Tiempo entre Costuras (II)



En 1937, El Coronel Juan Luis Beigbeder es el hombre mas poderoso del Protectorado de Marruecos. Por ende, su querida, la inglesa Rosalinda Fox comparte su poder desde su chalé en el paseo de las Palmeras en Tetuán. Ese es el hecho histórico que Maria Dueñas novela en El tiempo entre costuras. Una obra de ficción que recoge más de la cuenta de una realidad.

Un año después de estallada la Guerra Civil, Sira Quiroga protagonista de la novela,  ahora convertidas en la modista top de Tetuán,  recibe la visita de una dama inglesa, Mrs. Fox que requiere sus servicios. Hay una simpatía mutua e inmediata entre modista y clienta. Hanna New, que tanto me impresionara como la trágica Eleanor de "Black Sails" , interpreta a una Rosalinda adorable, llena de carisma y burbujeante de energía. Rosalinda aplaude que Sira (quien pretende venir de familia principal) se dedique a la alta costura, “Las mujeres ya nos la podemos pasárnosla metidas en casa” afirma.

Unos días más tarde, Rosalinda aparece desesperada en casa de Sira. Necesita un vestido ipso facto, pero no cualquier vestido. Tiene que ser una creación única, deslumbrante. La han invitado a la fiesta más importante de Marruecos, la que celebra la llegada del nuevo cónsul alemán. Sira sabe por sus clientas nazis de la importancia de esta velada. Para ella también lo es. Anda empeñada en sacar a su madre de la Zona Roja, y el único hombre en Tetuán capaz de hacerlo, asistirá la fiesta.



Este es uno de los momentos mágicos de la novela cuando Sira y su leal e inseparable Yamila se convierten en los ratones, y el hada madrina, de Cenicienta-Rosalinda. A la modista se le ocurre fabricarse un “Dolfos”, uno de esos famosos y únicos diseños de Mariano Fortuny. 


La creación del falso Dolfos me tuvo tan en ascuas como cualquiera de las posteriores aventuras de espionaje de la costurera. Sobre todo, porque ni el tiempo ni el clima estaban del lado de la modista. Finalmente, todo sale bien y Cenicienta-Rosalinda parte al baile a palacio dejando a Félix, boquiabierto. El mentor de Sira le pregunta “¿Sabes a quién le has hecho ese vestido?”


Ahí Sira se entera del rol que su clienta estrella juega en la política local. Es adecuado que lo sepa en esa misma noche en que se desenmascara ante Rosalinda y le pide como único pago que contacte a un hombre en la fiesta que tiene reputación de poder sacar gente de Madrid. La actitud de la Rosalinda de la serie es exactamente la que una esperaría de la legendaria espía. No se sorprende ni se molesta ante la confesión de Sira. “Que diablos importa quien hayas sido antes si ahora eres la mejor modista de Marruecos?”

Tampoco le importa el precio del falso Dolfos. Y en la fiesta se acerca sin temor al individuo Es el quien se asusta al saber con quién está hablando. Aquí entran en juego tres aspectos importantes sobre el carácter de la Mrs. Fox. Su intrépida naturaleza, su lealtad para con sus amigos, y la importancia que su relación con Beigbeder le otorgaba. Como dice Felix “es la mujer con más poder en el protectorado”.  ¿Era eso cierto?



Se sabe que Beigbeder le dio a Rosalinda un vehículo propio (un Austin rojo) y los permisos necesarios para moverse por donde quisiera. Por las dificultades que Sira tiene para poder ir a Tánger a pagar su deuda, y que tiene que darle cien explicaciones al Comisario Vásquez para que le conceda un permiso, sabemos que transitar libremente en el Protectorado no era cosa fácil. Sin embargo, Rosalinda al volante no tiene esas limitaciones y es ella quien llevará a Sira a Tánger.

Volviendo a la fiesta, Rosalinda está nerviosa y ansiosa de causar buena impresión porque es su presentación oficial como pareja del Alto Comisario. Entonces, e incluso hoy sería un escándalo que un hombre casado presentara en público a la querida. ¿Cómo pudo hacerlo Beigbeder?

 Pues no era común que los militares de alto rango trajeran a sus esposas al Protectorado por lo que muchos establecían “casas chicas” con mujeres locales. Aun así, el cargo tan alto y visible del Coronel Beigbeder lo hacía más vulnerable. Es por eso por lo que su relación con Rosalinda era mal vista, daba que hablar, y en una ocasión se le llamó a Burgos a dar cuentas. De España, Beigbeder regresó incluso con más poderes. Persuadió al Caudillo de que su labor en Marruecos era más importante que acallar habladurías.

Sin embargo, había una preocupación real, tal como lo refleja la novela, de la influencia que Mrs. Fox podría ejercer sobre su amante. Cuando Vásquez le advierte a Sira que hay personas que desaprueban de Rosalinda y de su relación con Beigbeder expresa un hecho histórico. Los españoles pro-Eje y, por supuesto los alemanes que la novela nos presenta como tremenda influencia en África y luego en la Península ibérica, le temían al poder que tenía Rosalinda sobre el Alto Comisario.

En sus memorias, Rosalinda habla que su mayor empeño (y el de su amante) entonces era que el gobierno de Su Majestad reconociese al Gobierno de Burgos. Rosalinda le dice a Sira que su intención es que Juan Luis siempre sea amigo de Inglaterra. Sira le pregunta si realmente cree poder conseguirlo y Rosalinda le da una respuesta ingenua. Su amante le ha prometido que “por su Rosalinda “está dispuesto a todo. De ahí surge la inferencia de que Mrs. Fox ha sido plantada por los servicios de inteligencia para influir sobre el Alto Comisario.

Los detractores de la pareja niegan tal influencia. Maria Rosa Madariaga en Marruecos: Ese Gran Desconocido lo toma a broma. “Habría estado loco el Intelligence Service de su Graciosa Majestad si hubiese confiado misiones de espionaje a la tal señora…” Madariaga siente un gran desprecio por Beigbeder y por ende de Rosalina a la que cree una insensata. Y a la que tilda de ser “un ama de casa”. Pues muchas amas de casa desearían tener los atributos y el poder de Rosalinda. Madariaga admite que Rosalinda estaba enamorada del Alto Comisario y que este “quería a la Sra. Fox a su manera” Bueno, algo es algo.

Madariaga cae en el chisme cuando se trata de hablar de la vida amorosa del Coronel Beigbeder. Ese es una tena que encuentro a menudo en escritos sobre Beigbeder y siempre de parte de gente que no lo quiere bien. Si el macho tenía fama de mujeriego entonces obvio que no era fiel. Hay que pensar que mientras él lo pasaba pipa entre sus moros, su pobre y loca mujer y su hija estaban atrapadas en el Madrid Rojo.

Ese es otro cuento que necesito explorar.  Maria Teresa Beigbeder trabajaba abiertamente en la Cruz Roja. Eso en un Madrid donde se fusilaron nobles, miembros de la familia Real, dos hermanos de Serrano Suñer y donde la Duquesa de la Victoria estuvo encarcelada en una checa,  y Pilar Queipo de Llano sufrió arresto domiciliario. ¿Como es que las Beigbeder se libraron de un paseo? Pero bueno, eso,  amerita otra investigación,

Volviendo a la vida amorosa de Beigbeder, se dice que cuando Rosalinda se reunió con él en Washington en 1943, el coronel estaba ya metido en otros líos de faldas. Joaquín Bardavío en El Reino de Franco chismorrea que se le conoció a Beigbeder en sus últimos años una relación estable con una aristócrata que vivía en un palacete en  Los Jerónimos. Precisamente donde viviera Rosalinda en su único año en Madrid antes de su exilio en Lisboa. Pero todas estas señoras son anónimas son de rumores de revistas del corazón,  no pertenecen a la historia oficial. Rosalinda es otra historia. ¿Por qué sabemos de su nombre, de su influencia, del poder que Beigbeder le dio?  Obviamente porque significó mucho más para el que otras mujeres.
Unica foto que he encontrado de Beigbeder y Rosalinda (la de lentes) juntos en Marruecos.

Quiero acabar este tema con un esfuerzi de Madariaga por identificar a otra querida del Alto Comisario. Es tan risible que me  hace desconfiar de sus fuentes. En una página, y hablando de los intentos beigbederianos por destabilizar las relaciones Anglo-francesas, cuenta como el Alto Comisario hizo declaraciones al periodista francés “Jouvenal” sobre las posibilidades de una invasión al Protectorado por parte de los franceses. Curiosamente, Madariaga no menciona a “Jouvenal” por su nombre completo, lo que da la impresión de que era alguien muy conocido. Conclusión, se trata de Bertrand de Jouvenel, el hijastro-amante de Colette (y pareja por años de Martha Gellhorn), quien en los 30s fungió como corresponsal del periódico de derechas Gringoire.

Pues unas páginas más adelante, Madariaga nos cuenta que, en Marruecos, Beigbeder rompió definitivamente con Rosalinda (WTF?) para reemplazarla con una “Madeimoselle de Jouvenel” periodista de Gringoire (¡!!) A ver, no es posible que hubiese un alcance de nombres. De Jouvenel, un apellido aristocrático, no era común en Francia y mucha coincidencia seria que dos personas con el mismo apellido trabajasen para un pasquín de derechas. La única Madeimoselle de Jouvenel en ese momento era Colette-Renee, hija de la escritora y hermanastra de Bertrand, pero ni era periodista ni estaba en Marruecos.

Yo no pongo las manos al fuego por la fidelidad de ningún humano, pero bien sé que muchas veces se puede ser infiel a la persona que más se ama. Tal como hay sexo sin amor, un gran amor puede trascender a la sexualidad. La relación de Rosalinda y Beigbeder como todo en la vida de Mrs. Fox, estaba determinada por su frágil salud. Es posible que su enfermedad pueda haber limitado su vida íntima. En el libro y la serie nos la muestran postrada en cama durante sus crisis.

 Cuando habla de Beigbeder con Sira, Rosalinda evidencia que su relación, aunque apasionada y romántica es casi intelectual. Priman en ella el respeto por un hombre con edad de ser su padre, y la admiración por la erudición y galantería del Alto Comisario.

Algo que no nos dice la serie es que Rosalinda seguía viviendo de la mesada que le pasaba Peter, su marido. Por eso cuando Sira se ve incapaz de pagar por el traslado de su madre, Rosalinda no puede ayudarla. Pero si le falta dinero a Mrs. Fox, no le faltan contactos y como es tremendamente leal con sus amigos, contacta a Sira con varios personajes, incluyendo el periodista Marcus Logan, para traerse a Doña Dolores a Marruecos. 

Finalmente, y a pesar de que “no quería involucrar ä Juan Luis” Rosalinda también consigue que Beigbeder proporcione a Marcus facilidades para transitar por el protectorado y entrevistar al Alto Comisario, el precio por ayudar a la madre de Sira a salir de España.Marcus se convierte en el acompañante de Sira en los paseos que hacen con Rosalinda a quien los médicos han aconsejado mucho sol y poco ejercicio. 

En la serie se les agrega Félix y esas escapadas sirven no solo para iniciar un acercamiento romántico entre el periodista y Sira sino además evidencian la camaradería entre la costurera y Rosalinda. Para mí lo más bonito del libro es esa amistad.

En la novela, Rosalinda cae enferma cuando recibe una súbita visita de su marido que se instala en su hogar marroquí, ahuyenta a los sirvientes con sus accesos de ira alcohólica y separa momentáneamente a Mrs. Fox de su amante. (En la página de Antena 3 pueden ver un clip de esta situación). La serie en cambio nos da una historia improbable, pero muy entretenida.

Peter ha dilapidado su fortuna en la mesa de juego. Sus deudores alemanes lo chantajean:  o se lleva a su mujer del Protectorado o le rompen las piernas. Peter lloroso se lo cuenta a Marcus. Por eso chantajea a Rosalinda, o se va con él o le quita al hijo. Entre Sira y Marcus discurren un plan descabellado. El periodista robará  los pagarés que comprometen a Fox. Todo eso sirve para que Sira le devuelva el favor a su amiga y para enfatizar la molestia de los alemanes por la cercanía de Mrs. Fox con el Alto Comisario.

El fin de la Guerra Civil trae cambios a la vida de Beigbeder a quien Franco recompensa nombrándolo Ministro de Asuntos Exteriores. Se traslada a Madrid y Rosalinda se prepara para seguirlo creyendo que las cosas seguirán igual. Antes,  da una última fiesta para despedir a los amigos.

En la vida real, El Coronel Beigbeder fue hecho ministro, pero duró brevemente en su cargo. España se inclinaba cada vez más al lado del Eje. Inglaterra,  hasta la llegada de Churchill, mantenía una política ambigua respecto al gobierno franquista. Esto provocaba un fuerte sentimiento antibritánico en España.

Según cartas que Rosalinda le envía a Sira, ella es despreciada por la comunidad inglesa. La misma comunidad desconfía de Beigbeder al que ven como filonazi. La situación cambia para peor cuando Beigbeder hace amistad con Sir Samuel Hoare, el nuevo embajador. Los alemanes exigen el cese del ministro y Beigbeder pasa a ser visto como dice Ignacio, ex novio de Sira como  “Un traidor encoñado con una zorra inglesa”. 

Esa es la versión oficial que recibiría España, la que Franco y Serrano Suñer harían circular. Eso indignaba a Beigbeder que sabía que Serrano tampoco era trigo limpio. “¿Es que acaso El Cuñadísimo pretende darme lecciones de moral?” le dice con tono amargado a Sira.

Según Joaquín Baradavio en su El Reino de Franco, no fue la moralidad o carencia de ella lo que le costó el puesto al ministro. Franco había hecho una tremenda excepción al nombrar a Beigbeder a un alto cargo sabiéndolo separado de su esposa. Ni antes ni después, El Caudillo admitiría hombres separados en su gobierno. Franco había aguantado la presencia de Rosalinda en la vida de Beigbeder, pero su desasosiego nacía de la labor de espionaje de ella más que en su condición de adúltera.

Curiosamente, los alemanes preocupados por la anglofilia del Ministro de Exteriores habían sospechado de muchas mujeres que revoloteaban alrededor del Coronel Beigbeder, y habían conseguido que las expulsaran de España. Rosalinda fue la excepción, hasta que ya sus actividades comenzaron a preocupar a españoles y alemanes por igual grado.

El cese de actividades ministeriales de Juan Luis Beigbeder fue sorpresivo. Apenas alcanzó, y de madrugada en secreto, a enviar a su Rosalinda a Portugal. A él lo enviaron bajo ordenes de arresto domiciliario a Ronda. Maria Dueñas le da la oportunidad de un ultimo y emotivo encuentro con Sira a la que le hace entrega de unas cartas para Rosalinda. Aqui pueden ver el clip.



En mi última entrada hablaré del destino de ambos amantes y de como Rosalinda logró burlar los pronósticos médicos y vivir hasta casi los cien años.


lunes, 9 de abril de 2018

Rosalinda Powell Fox: Lo mejor de El tiempo entre costuras (I)



Los fans de la novela de Maria Dueñas (y de la serie de Antena 3) no deben sorprenderse si a ratos sienten que el personaje de Rosalinda opaca a la heroína. El plan original de la autora de El tiempo entre costuras era escribir sobre el romance de Rosalinda Fox y José Luis Beigbeder, Alto Comisario de Marruecos, durante la Guerra Civil Española. No sabemos que la hizo cambiar de idea y terminar escribiendo sobre las aventuras de un personaje ficticio, una costurera metida a espía. Lo cierto es que Rosalinda ( interpretada en la serie por Hannah New) fue una mujer tan fascinante que, aunque esté convertida en un personaje secundario, cuando se aparece se roba la historia.

La popularidad de El tiempo entre costuras motivó interés por este personaje tan carismático y por suerte, se la está rescatando del olvido. Desde el 2009, se han republicado las memorias de Rosalinda tituladas  The Grass and the Asphalt; en Un jardín al norte, Boris Izaguirre ha reversionado su historia de amor; y Urbano Brihuega ha publicado una historia novelada de la hija de su amante, La Hija del General Beigbeder. Eso sin contar la más de una docena de artículos que se encuentran en internet al buscar “Rosalinda Fox” o “Juan Luis Beigbeder”.

La ironía es que los artículos o se contradicen o repiten las mismas falacias. Las novelas, incluyendo El tiempo entre costuras, no hacen más que especular sobre vida y amores de Mrs. Fox, y la misma Maria Dueñas (y no es la única) ha puesto en duda aspectos de las memorias de Rosalinda. ¿Donde está la verdad? Pues ahí, pero no se han molestado en buscarla, porque tanto Rosalinda, como su Juan Luis, no vivieron en una prehistoria sino hace menos de cien años en un mundo más visible y documentado. Rosalinda falleció al comienzo del Siglo XXI, en la Era de Internet, pero la pereza y los prejuicios dejan que se siga silenciando la verdad, o poblando de falsos mitos lo que ya es una leyenda.

De su amante, Juan Luís  Beigbeder hay mucho escrito, pero está en árabe. Hay que ir a buscarlo a Marruecos, la tierra que él amó. Los historiadores marroquíes han conservado su memoria, algunos con cariño, respeto y gratitud. A Rosalinda se la podría buscar en los anales del Servicio Secreto de Su Majestad. Es tarea difícil puesto que los documentos referentes al espionaje británico de ese entonces todavía están sin desclasificar. Aparte de que, aunque Rosalinda nos cuenta una docena de aventuras emprendidas para ayudar a la causa aliada, en ningún sitio de sus memorias reconoce haber sido reclutada como agente.

Aun así, en Papá Espía, Jimmy Burns relata como su padre, Tom Burns, se reencuentra con Rosalinda en Estoril en 1941, y reconoce que ella seguía espiando para los aliados desde Portugal. Pero hay lagunas sobre Rosalinda desde los inicios de su vida. En sus memorias da pocas fechas. Izaguirre dice que nació nuestra espía en los años pre-gran Guerra. Otros dicen que nació en 1908. En su lápida dice que fue en 1910, lo que la colocaría como de 26 años en la época en que inició su relación con Juan Luís Beigbeder.






En sus memorias, Rosalinda nos cuenta que nació en Calcuta que su padre era un ingeniero inglés y que, a los 16 años, la casaron con un acaudalado mercader llamado Peter Fox. He leído que el marido de Rosalinda la perseguiría toda la vida, aun después de años de separación. En la novela, Dueñas nos lo muestra como un vividor, un hombre zafio, brutal, que se aparece en Tetuán para incomodar a Rosalinda.

A Mrs. Fox la han llamado “Daughter of the Raj” entonces habría que comenzar su búsqueda en la India. Es cuestión de revisar los documentos de la época. Su padre ingeniero, su marido comerciante. Peter Fox, la Familia Powell, tienen que existir certificados de nacimientos o de matrimonio. Pero nada. 

Sabemos que los dieciocho años, tuvo un hijo, Johnny. Los testigos del último medio siglo de vida de Rosalinda, los habitantes del poblado gaditano de Guadarranques, lo conocieron. Murió antes que la madre, dejando un hijo, Nicholas Fox, hoy residente de Australia. Nadie sabe de él ni se le ha interrogado sobre su fabulosa abuela. Se dice que en la vieja casona andaluza de Mrs. Fox había fotos de ella en su infancia en la india. A ver quién las tendrá ahora.


Poco después del nacimiento de Johnny, Rosalinda contrajo una grave enfermedad precisamente por beber una leche de vaca infectada destinada a su hijo. La tuberculosis bovina, entonces un mal fatal, marcaria su vida. Peter Fox ya se había hartado de su esposa y eso que era más joven que él.  La devolvió a ella (con niño y todo) a los parientes de Rosalinda en Inglaterra, asignándole una pensión mensual de 30 libras, lo que entonces era una fortuna. Los parientes enviaron a Rosalinda a morir a Suiza.

Tras seis meses de infructuosos tratamientos, la paciente les preguntó a sus médicos cuánto le quedaba de vida. “Siete u ocho años si guarda cama” fue la respuesta. Inmediatamente, Rosalinda se vistió, cogió a su hijo y su pensión, y se marchó a Portugal. Prefería vivir menos, pero vivir.

 Fue en Estoril donde comenzó a hacer buenos contactos como con el General Sanjurjo, gracias a Carmen, la joven esposa del militar. Tras su alzamiento fracasado en 1932, Sanjurjo se había exiliado en Portugal, pero estaba muy pendiente de las posibilidades de un derrocamiento de la Republica que implicaría su regreso a España. Se ha dicho que los británicos plantaron a Rosalinda en Estoril para vigilar a Sanjurjo. Preocupados por la nacionalización de las compañías británicas en suelo español, en Whitehall deseaban un gobierno más afín a sus intereses.

Un año más tarde, Rosalinda, en Berlín, se reencuentra con Sanjurjo, durante las Olimpiadas de Invierno de 1936. Según las memorias de la inglesa, fue Sanjurjo quien la presentaría con Juan Luis Beigbeder. Hasta ahora esta anécdota no ha sido tomada en serio, puesto que Beigbeder había acabado sus funciones como agregado militar en la Embajada Española en Berlín en 1934. Para comienzos del 36 ya estaba instalado en su amado Marruecos. Sería imposible que Sanjurjo, vigilado por los servicios secretos republicanos, hubiese hecho un viaje inadvertido a Alemania. Sin embargo, hay quien cree en este cuento, muy de capa y espada, de que Sanjurjo y Beigbeder estaban en misión secreta en Berlín para tantear el ánimo Nazi y el poderío de su armamento, en preparación al alzamiento de julio de ese año.

Rosalinda reaparece en la vida del Coronel Beigbeder un año más tarde ya cuando Juan Luis está instalado en el puesto de Alto Comisario de Marruecos y se ha convertido en el europeo más importante del Protectorado. Mas o menos en esa época, la primavera de 1937, es cuando Maria Dueñas hace que su protagonista, Sira Quiroga conozca a Mrs. Fox. Pero antes de adentrarnos en la ficción, veamos quién era Juan Luis Beigbeder y Atienza.

Nacido en Cartagena, en 1888 y en familia de marinos, el futuro militar primero intentó una carrera naval, para luego integrarse al ejercito donde pronto destacó por dos características. La primera, y poco común en el ámbito castrense, fue su erudición y su facilidad para los idiomas que lo convertirían en un poliglota total. La segunda, su afición a las faldas. Franco diría de él que si se le perdía se podía encontrar a Beigbeder en el burdel mas cercano, pero no solo las prostitutas lo atraían, sino también mujeres cultas y refinadas.
Tristán Ulloa como Juan Luís Beigbeder

Cosa curiosa, y no tanto en un hombre de su época y entorno, Beigbeder era religioso,  siempre y cuando no chocase su fe con sus devaneos. Franco le contó una vez a Serrano Suñer que si no lo encontraban en un burdel había que buscarlo en un monasterio franciscano.

 Un detalle de la relación estrecha de Beigbeder y su iglesia es que será su confesor, el padre Alfonso, quien le presente a su futura esposa. Maria Frediani y Martin Esperanza, hija de una acaudalada familia de Alcalá de Henares. María y Juan Luis se casan en 1915, pero el matrimonio no se aviene. He leído de la Señora Frediani que era excéntrica hasta el punto de la demencia. En otros sitios, se dice que era muy controladora y fanática religiosa. Nada de eso se acoplaba al espíritu humanista e intelectual del marido. No sé cuándo se separaron, aunque alcanzaron a tener una hija, Maria Teresa.

Poco después del matrimonio, Beigbeder es enviado a Marruecos y en los años siguientes su carrera militar lo tendrá a caballo entre África y la Península Ibérica. Había estado destinado en Marruecos en 1909, y aunque su hermano hubiese caído en la trágica batalla de Barranco de Lobo (uno de los preludios a la Guerra del Rif), Beigbeder se enamora del protectorado, de su gente y de la cultura marroquí. Eso lo diferencia de los otros militares africanistas. Beigbeder que habla inglés, francés, alemán, e italiano, agregará a ese rosario de idiomas el árabe y el cherja, el dialecto de las cabilas del Rif.

En El tiempo entre costuras. Beigbeder cuenta a Sira que el nunca ha querido a Franco por la obsesión del Caudillo por ascender en el escalafón militar, y que el Generalísimo le envidia su facilidad para hablar el idioma y entenderse con los naturales de la región. En realidad, la animosidad de Franco se debía la venialidad de Beigbeder que ofendía su moral católica.

Beigbeder destaca en la Campaña de África estando a cargo de la defensa de Melilla, después del desastre de Annual. En 1923, es enviado a la Escuela Superior de Guerra en Paris. Permanecerá en Francia un año, más otro en el que cursará estudios en la Escuela de Lenguas Orientales. En 1928, convertido en un flamante teniente coronel, es nombrado agregado militar de la Embajada Española en Berlín. cargo que ni el advenimiento de la Republica interrumpe. Continua en ese puesto hasta 1934. Para entonces, está totalmente separado de su mujer y busca refugio en el Ejército de África.

En 1935, se convierte en el adjunto del General Oswaldo Capaz, Delegado de Asuntos Indígenas del Protectorado, puesto que el mismo Beigbeder ocupará en 1936, después del alzamiento de julio. Beigbeder se involucra en la revuelta totalmente. Aprovechando su cercanía con los líderes marroquíes atrae al Jalifa y al Visir de Tetuán a la Cruzada. Tranquiliza a las masas nativas aterrorizadas por los bombardeos republicanos de Tetuán. Se entrevista con el cónsul italiano en Tánger,  y luego con su amigo de Berlín, el General Klumenthal, ahora ataché militar en París, para el suministro de aviones y armamentos para el Bando Nacional. Y así Franco ingrato, más tarde se referirá a la espléndida gestión de Beigbeder como “No lo ha hecho mal de Alto Comisario”.
Beigbeder y El Caudillo

Es en marzo de 1937 que Juan Luis Beigbeder, ahora coronel, es elevado al cargo más importante del protectorado, Alto Comisario y Gobernador General de las Plazas de Soberanía. El Coronel Beigbeder unifica a todos los grupos importantes del Protectorado desde el califa hasta los jefes tribales bereberes para que ayuden a la causa, principalmente en el suministro de tropas. O como lo expone Félix, vecino de Sira, la protagonista de El tiempo entre costuras “tiene a Franco la mar de contento porque no para de reclutarle moritos peleones”.

También Beigbeder fomenta las ansias nacionalistas marroquíes, aunque todavía no sé cuan factibles o sinceras fueron las promesas. María Rosa Madariaga que, en su Marruecos: Ese Gran Desconocido,  se esmera en desprestigiar a Beigbeder, incluso poniendo en duda su conocimiento de lenguas, dice que todo era parte de una faramalla para dividir a los marroquíes. Pero también ella acusa al Alto Comisario de promover discordia entre el Frente Popular francés y el gobierno de Chamberlain. Cómo si se necesitase de Beigbeder para eso.

Madariaga aduce que Beigbeder “se hacia la víctima” con quien le tocara parlamentar, que les contaba que era muy combatido por los suyos, que lo consideraban demasiado suave con la población nativa y “más marroquí que los marroquíes”.  Yo he encontrado estas mismas acusaciones, y presentadas no como quejas sino como verdades totales, en otros textos menos tendenciosos que el de Madariaga. Maria Rosa misma dice que el nombramiento de Beigbeder había provocado recelos en la casta militar. Curiosamente, Madariaga es de la opinión de que Beigbeder era adicto total a Franco y que gozaba de toda la confianza del Generalísimo. Algo que no corresponde ni a la leyenda ni a la postura de los historiadores respecto al Alto Comisario.

Mas adelante, en ese mismo libro, Maria Rosa Madariaga relatará todas las quejas y desconfianzas que Franco tenía sobre y por  Beigbeder. Como es muy común hoy en día en los textos "progresistas" las contradicciones van y vienen en ese libro y otros sobre el mismo tema. Eso ayuda a impedir una buena lectura de personajes como Rosalinda Fox y su amante.

Lo cierto es que no se puede desdeñar la labor de Beigbeder con la población marroquí. No era cuestión de simples “zalamerías” como las llamaría El Caudillo o de sembrar cizaña para dividir a los líderes como lo describe Maria Rosa Madariaga. Al final, que toda buena labor diplomática usa zalamerías y técnicas divisorias, es cuestión del cristal con que se le mire. Lo que sucede es que autores como Madariaga no le perdonan a Beigbeder ni a Rosalinda su apoyo a Franco. Hasta Boris Izaguirre tilda a Mrs. Fox de “Franquista”.

Establezcamos distancia objetiva. Por clase y educación, Rosalinda se inclinaba hacia políticas conservadoras. No me la imagino enarbolando banderas rojas. Y si, mujeres inglesas aristocráticas, desde Decca Mitford hasta la Duquesa de Atholl, favorecieron a la Republica, pero Rosalinda no. Eso no la hace ni fascista ni franquista. Ni mucho menos Nazi o vende patrias. De hecho, era una gran patriota como lo era Winston Churchill que compartía su desdén por el Gobierno Republicano y al que nadie acusa de “Franquista”.

Es un poco más complicado definir la postura política de Beigbeder. Siendo un militar católico no vería con buenos ojos el norte que estaba perdiendo la Republica cuyo camino oscilaba entre la capacidad de reprimir violencia y promover  divisiónes con el anhelo de imitar a Moscú.  No sabemos que ideología motivaba a Beigbeder. Nunca fue “camisa vieja”, se unió a la Falange ya después de ocurrido el alzamiento lo que huele a oportunismo. Sin embargo, estuvo muy activo en la Falange durante todo su mandato. Incluso inspiró la fundación del periódico España en Marruecos, una publicación de clara orientación falangista.
Beigbeder y Serrano Suñer en Ceuta

Aun así, Beigbeder reprobaba los excesos de poder, la arrogancia y despotismo de muchos líderes de la Falange. Stanley Payne en su Fascist Spain incluye un fragmento de una carta del Alto Comisario dirigida a Franco, con fecha 10 de junio de 1937, solicitando el poder para despedir a líderes incompetentes y también para nombrar a sus reemplazos.

Paul H. Lewis en su Latin Fascist Elites considera que Beigbeder a pesar de sus muchas amistades alemanas, en su periodo en Berlín se volvió contrario al régimen Nazista.  Joaqu;ín Baradavío en su  El reino de Franco, va más allá en su especulación "Aunque quiza su conocimiento más profundo de los Nazis lo apartaron de esa ideología que le pareció demasiado tosca, y luego bestialmente cruel."

Yo me quedo con lo que Beigbeder  le dice a Sira en su despedida en la serie: “Bien sabe D-s que yo no soy ningún liberal, pero me repugna el totalitarismo megalómano con el que ha emergido Franco después de la victoria”.


Pero ese es el Beigbeder del 1940. Todavía nos falta conocer al hombre que Rosalinda Fox amó. En nuestro próximo blog hablaremos de la estadía de Mrs. Fox en Tetuán y de cómo contrasta lo poco que sabemos de este tiempo con lo descrito en El tiempo entre costuras.





domingo, 9 de febrero de 2014

El Tiempo entre Costuras: una grata sorpresa del 2013



Cuanto más me adentro en la temporada televisiva del 2014, o cuando miro retrospectivamente a la del 2013, más me convenzo que hay un nivel de mediocridad que afecta a los guiones televisivos. Por eso es un gusto recordar lo mejor del año que se fue (“Ray Donovan”, “Masters of Sex” y “Sleepy Hollow”) o cuando me encuentro con un producto extranjero que cumple con los requisitos que la televisión gringa parece haber olvidado. Me refiero a la adaptación del bestseller de María Dueñas El tiempo entre costuras.

Confieso que no he leído esta novela que en los últimos años ha ocupado los lugares más altos de la lista de los más vendidos (y no solo en España). Adoro el mundo de la moda, adoro a moda de los 30’s y 40’s (y la música, y el cine y la historia, etc.). Me encantan las historias de espionaje  de la Segunda Guerra Mundial, pero aunque la sinopsis me parecía muy interesante., tenía mis reparos.

La literatura, cine y televisión española llevan más de una década al servicio de la famosa “memoria histórica” que yo apodo la “memoria histérica” porque es desaforadamente propagandista. Incluso libros de orientación de Derechas (La enfermera de Brunete, La primera en peligro de la libertad) no pueden evitar caer en el discurso partidista y panfletario. Por eso tanteé el terreno antes de comprar el libro de la Sra. Dueñas.


Mi ex pareja me lo resumió sucintamente: “un libro presuntuoso”. Con eso lo dejé de lado, aparte que andaba medio envidiosilla. Vi una entrevista en que Doña María se vanagloriaba de haber publicado su libro a menos de un año de haberlo escrito. Con eso me convencí que la novelita debía tener todo para satisfacer el gusto de los devotos de la “memoria histérica”. Aun así me hizo ilusión cuando Antena 3 anunció que la adaptaba a formato de miniserie. El hecho de que la protagonista fuera Adriana Ugarte, mi adorada Victoria de “La Señora”, jugó su papel en mi interés.

El caso es que “El Tiempo entre Costuras” se demoró en llegar a la pantalla. Debutó en España en octubre del 2013, y la señal internacional de Antena 3 nos la trajo este enero del 2014. Pero es que la serie es como un modelo de Sira Quiroga, la protagonista, tiene que hacerse esperar y vale la pena esperarlo. Lo mismo ocurrió con el primer capítulo, que no me gustó nada, pero me enganchó al final y de ahí no me ha soltado.

Felicito a María Dueñas por eludir las trampas de la “Memoria histérica”. Inicialmente pensé que situar su novela en Marruecos era una forma de escabullirse de ese tema, pero descubrí que las razones se debían a que quería escribir sobre el Tetuán de sus padres y abuelos, y también incluir al personaje de Rosalinda Fox. Aun así, la obra no cae nunca en partidismo político.

La verdadera Rosalinda Powell Fox

Hannah New como Rosalinda (laverdad.es)


La historia comienza en el Madrid de 1934. Sira Quiroga es la hija de Dolores, una humilde costurera y madre soltera. Sira tiene también habilidad para la aguja, pero le llega un novio con aspiraciones que cree que para superarse, ella debe estudiar secretariado. La novia tiene tantos problemas con el teclado como Servidora. Termina encamándose con el gerente de la tienda de maquinas de escribir y rompiendo su compromiso. El tal Ramiro, se nota a la legua que es una fichita, pero Sira le cree el cuento por la cara bonita y se va a vivir con él.

Ramiro y Sira (ademagazine.com)


Es por entonces que el padre de Sira, un señor principal, da señales de vida. Manda venir a Sira y a Dolores a su casa y les hace entrega de una fuerte cantidad, más el contenido de un joyero. Parece que es un visionario y se percata que España va camino a una guerra civil. Quiere que Sira y su madre se pongan a salvo.

La mamá de Sira le entrega toda esa fortuna a su hija y ésta, pasándose de boba, se la da a Ramirito. Al Ramiro se le ocurre que deben irse al Marruecos español y poner una escuela de secretariado. Si, porque los moros se mueren por aprender mecanografía. La encandilada Sira lo sigue a Tánger donde (y a sus costillas) Ramiro se la pasa en juergas, comiendo, bebiendo, jugando y coqueteando con otras féminas.

Ramiro de jarana (antena3.com)


Sira comienza a sentirse mal, con vómitos, mareos y ya no tolera la comida. El Ramiro sale más listo que ella, se da cuenta que a su mujer le crece la tripa así que empaca el dinero del suegro y huye de Marruecos, dejando atrás acreedores por doquier y una compungida carta. Sira hace su maleta y huye a Tetuán, pero en el bus le viene una hemorragia. Fue la primera vez, en  una hora de bufar ante la tele,  que el personaje me dio lastima.


Para cuando Sira regresa al mundo de los vivos, está en un hospital de Tetuán, sin hijo, pero encadenada a su cama. Se le aparece Palomares, un individuo bien pesado que por suerte ni corta ni pincha aunque se da muchas ínfulas por ser policía. Palomares acusa a Sira de ser una ratera, pero lo interrumpe su superior, el comisario Claudio Vásquez.

Palomares y Vasquez (teinteresa.com)


Vásquez es un personaje que me encanta. Su intérprete, Francesc Garrido, ha dicho que es ambiguo, que no se sabe si es bueno o malo. Lo cierto es que se convierte en el hado padrino de Sira (en el fondo creo que está enamorado de ella). Le cuenta que su madrastra y hermanastros la han acusado de robarse las joyas familiares. No hay manera de arreglar eso porque ha ocurrido el Alzamiento y España está en guerra. El le cree a Sira porque leyó la carta de despedida de Ramiro. Le consigue una prorroga de un año para que pague su cuenta del hotel. Por ahora no podrá dejar Tetuán y él la estará vigilando, pero como Sira no tiene un centavo, Vásquez la lleva a la pensión de Candelaria a vivir de gratis.



Candelaria (Maricarmen González) es otro personaje maravilloso, la esencia de lo mejor del pueblo andaluz, llena de sabiduría y sentimientos maternales que derrama sobre Sira que anda en la etapa de llorar por los rincones como La Zarzamora de la copla. Entretanto conocemos a los huéspedes de Candelaria, que representan a las dos Españas: La Roja y La Franquista. Se entretienen lanzándose insultos por sobre la mesa a la hora de las comidas.

Sira y las damas de la pensión.


Por fin, Sira sale de su letargo y se pone a hacerles vestidos a las señoras dela pensión. Ahí descubre que es un  hada con la aguja. También descubre que un huésped hace pasaportes falsos. Sira quiere volver a España con su madre y con coqueterías ya está por conseguirse un pasaporte cuando llega Palomares y arresta al falsificador. Registrando su cuarto, Candelaria y Sira encuentran un arsenal de revólveres. Y aquí viene uno de los episodios más entretenidos de la historia.

Estas dos señoras ingenuas se van al bajo mundo marroquí a traficar con amas. Lo curioso es que consiguen clientes, pero llegada la noche de la entrega, será Sira, disfrazada de mora, la que tendrá que recorrer las desconocidas callejuelas de Tetuán para entregar la mercancía.



Con ese dinero pone una elegantísima casa de modas y comienza a y hacerse un nombre. Aparte que se consigue una corte de protectores. La primera la fiel  Candelaria siempre trayéndole clientas de postín, como las esposas de diplomáticos alemanes, porque pronto Sira descubrirá lo fuerte que es la influencia de la Alemania Nazi en El Protectorado.

El Comisario Vásquez, aunque tiene dudas sobre la procedencia del dinero que costeó la casa de modas, sigue ayudando a Sira, tanto como Jámila, su encantadora criada marroquí. A elos se les agrega Félix un pintor  gay enclosetado, que vive con su madre en el mismo edificio en que está la casa de modas. Es Félix quien se encarga de “desasnar” a Sira enseñándole modales, instruyéndola, e informándola sobre la alta sociedad de Tetuán.

(jamila (teinteresa.es)

Sira y Félix (teinteresa.es)

Pero la ayuda más importante le llega a Sira en la forma de Rosalinda Fox (Hannah New, la Eleanor Guthrie de “Black Sails”), un personaje de la vida real que será la mejor clienta y la mejor amiga de la modista. La historia nunca ha podido probarlo, pero siempre se ha sospechado que la Fox era una espía que trabajó para los ingleses aprovechando su status de amante del General Juan Luis Beigbeder, Alto Comisario del Protectorado.



La serie (y me imagino la novela) pinta un halagüeño retrato de Beigbeder, uno de los mas enigmáticos miembros de la Corte Franquista. Tanto los alemanes como los españoles temen que Rosalinda influya sobre su amante, y éste sobre El Generalísimo, a favor de Inglaterra. Vásquez advierte a Sira que esa amistad no le conviene. Pero Sira está empeñada en traerse a su madre de España y Rosalinda puede ayudarla.

Beigbeder y Rosalinda

Es La Fox quien la pone en contacto con un corresponsal de guerra británico llamado Marcus Logan (Pete Vives). A pesar de que Vásquez mantiene bajo vigilancia al periodista, que parece estar mas interesado en recaudar información de lo que debería, Sira sigue en contacto con Logan porque puede ayudarla, porque está bien bonito (un poco como Jude Lowe pero mas alto) y termina sin proponérselo, espiando para el.

Sira y Marcus (stylelovely.com)


La serie lo tiene todo: buenas actuaciones, una escenografía espectacular mas fílmica que televisiva, suspenso, intriga y personajes que caen bien sin ser cursis o unidimensionales. El vestuario es divino, la historia equilibra muy bien la importancia de la moda aun en momentos de crisis política, pero también muestra como la moda puede se reclutada para una causa. Es su posición como la mejor modista de Tetuán la que pone a Sira en contacto con gente importante, peligrosa, pero también llena de información.

Sira es un personaje que, al menos en la serie, evoluciona. Es muy valiente, aprende a cuidarse sin endurecerse, es buena amiga de sus amigos y tiene el don de atraer a la gente. No solo porque es bonita sino porque además sabe arreglarse y, gracias a Félix, ha aprendido a desenvolverse en un mundo que no es el suyo. A mi parecer  es una heroína ideal, y no quiero leer la novela para saber si tendrá un triste fin o  si Marcus no será el hombre de su vida. Lo que si sé es que la novela cubre las actividades de Sira durante la Segunda Guerra Mundial, y como recién estamos en el cuarto episodio (son diez) y en 1937, faltan bastantes aventuras por ver.

La serie que ha tenido alta sintonía, ha impresionado al mundo al otro lado del Atlántico, donde se la compara con “Downton Abbey”. Tanto es el interés en ella que los norteamericanos planean hace su propia versión que llamarán “Time in Between”. ¿Les quedará tan exquisita?


Para quien tiene Antena 3, la señal Internacional la está ofreciendo todos los domingos por la noche después de “El Homiguero”.