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jueves, 11 de junio de 2026

Los Adolescentes y las Nostalgias Setenteras: Los 40 (Teen Culture XV)

 


Los 50 no serían la única fuente de recuerdos y visiones retro de los acongojados 70. La necesidad de escapar a un pasado más tormentoso o donde las prioridades estaban más claras hizo retroceder a la cultura popular a la Gran Depresión y a Los 40.

Recuerdoaun yo en Chile que el ’74,  Vanidades tuvo un foto-artículo de la moda primaveral y de cómo imitaba el estilo de la Era Dorada de Hollywood. A pesar de que ese verano, la moda se iría a los Locos 20 con la influencia de el Gran Gatsby, los diseñadores ya tenían en mente un regreso a la Era de la Segunda Guerra Mundial.

Saint Laurent Pone de Moda a Los 40

En 1970, Yves Saint Laurent presentaba en su pasarela un retorno a Los 40 con la aparición de las plataformas en el calzado que estarían de moda a través de la década (y siguen usándose). Al año siguiente, en su desfile titulado “Liberación” se regresaba flagrantemente a la moda de la Francia de la Segunda Guerra Mundial con hombreras, faldas más largas y ondeantes y cinturas definidas. En 1972, Hollywood le entraba a la nostalgia por los 40 con dos filmes: la épica de El Padrino y Verano del ’42.





Esta última era un filme tipo” Coming of Age” sobre un trio de quinceañeros que pasan sus vacaciones veraniegas en la isla de Nantucket (Massachussets) en ese primer verano después de Pearl Harbor. Típicos adolescentes solo saben hablar de sexo. Una entretención es espiar a una joven pareja que ha rentado una casa en la playa, pero pronto, el marido se va a la guerra y Hermie (Gary Grimes) , el más sensible del grupo inicia una amistad con la esposa (Jennifer O’Neill). El clímax es la muerte del marido y el esfuerzo del chico por consolar a la viuda que acaba con ambos en la cama.



Contada así suena pueril y sosa, pero es que después de ver la Malena de Tornatore, con la que se ha comparado este filme, lo veo olvidable. Lo mejor es el tema musical de Michel Legrand. Mas conmovedor me resultó el romance prohibido de El verano de mi soldado alemán que Ruth Frank publicase en 1973. Esta historia de una chica judía abusada por el padre que se enamora de un soldado de la Werhmacht que está en un campo de prisionero de guerra en Virginia me provocó mayor impresión y empatía. Summer of ’42 y The Summer of My German Soldier son ejemplos de nostalgia de Los 40.

1974 fue el año en que El Gran Gatsby y Chinatown impondrían modas de Los 20 y Los 30. Lo cierto es que ese otoño fue la última vez que vestí una minifalda. En los próximos tres años, la moda avanzaría por Los 30, Los 40 y Los 50. Bobby Redford, después de Gatsby y de interpretar a Bob Woodward, uno de los artífices del escándalo de Watergate, en All the President’s Men, seguiría viéndose bello en ropa de época en The Sting, El Gran Waldo Pepper y The Way Where (Nuestros Años Felices).

       Solo Redford puede verse bien en un tres piezas de color de rosa

La “Cuarentena” en la Música y La Moda

Un repaso de la moda, del cine y hasta de la música nos confirman un renacimiento de la cultura de la Segunda Guerra Mundial. A partir de 1975, no hubo un año en que Hollywood no trajese algún filme de Los 40 que recrease moda de ese tiempo. He escrito sobre eso en Latinas de Ayer, pero basta ver fotos de fin de década de iconos de la moda como Bianca Jagger y la diseñadora Carolina Herrera para comprender de donde viene la influencia.




Los vestidos volvieron a ser acinturados con faldas acampanadas y largas.  Se descartó el poliéster por muselinas y telas ligeras en días calurosos. 



Para el invierno,  las chicas preferían verse como colegialas de Los 40. Phoebe Cates, antes de volverse actriz y Teen Idol, andaba de modelo en Seventeen. Noten este vestuario de1979 (yo tuve esos zapatos). Con la excepción de las medias de lana parece escapada de un filme de Andy Hardy.




También retornaron blusas campesinas de mangas abullonadas. y las famosas jardineras y overoles que durante la guerra usaban  las mujeres que trabajaban en fábricas de armamento y astilleros. Ahora las jardineras venían en mezclilla y telas escocesas o estampadas.

                            Blusas campesinas de los 40s



                             Blusas campesinas de los 70

                             Obreras de los 40, trends de los 70

                        Jardineras de los 40

                        Jardineras de Los 70s

El que Travolta y la música disco renovaran la fascinación con el baile de salón resucitó el jitterbug y el lindyhop. Eso motivó un interés por el swing. Benny Goodman y su orquesta volvieron a tener conciertos y tours. Por otro lado, cantantes coma Berry Manilow sacaron versiones de temas musicales populares durante la Segunda Guerra Mundial como “I Don’t Want to Walk Without You”.




Ya antes Barry había sacado a la venta “Copacabana “un tema disco con coreografía de película de Carmen Miranda, muy “cuarentón”. Tal como Sha Na Na fue un conjunto que resucitó la música de los 50, en 1973 surgía Manhattan Transfer que buscaba recordar el sonido de las Big Bands.



No voy a decir que la los jóvenes les gustaba esa músicaaunque a los 18 años me volví una adicta hasta el día de hoypero si en el aire se sentía un interés por la era de la Segunda Guerra Mundial. Basta ver la lista de Hollywood: The Way We Were (1973); Buster and Bell (1974 con Jan Michael Vincent que era un poco teen idol, al menos de las universitarias); Farewell My Lovely (1975); Baby Blue Marine (1976, también con JM Vincent); New York, New York (1977); The Big Sleep (hubo un renacer de Raymond Chandler y de Noir en ese entonces , 1978); 1941 (1979).

                            Barbra y Bobby en The Way We Were

Series y Miniseries de Los 40

Todos estos filmes servían para presentar modas y New York, New York y 1941 particularmente se concentraban en la música de la Segunda Guerra Mundial, lo que las podía hacer atractivas para un público joven que ya se había acostumbrado a los 40 gracias a las miniseries. Si Hollywood se la pasó sacando filmes anuales que retrataban esa década, las cadenas de televisión hicieron lo propio a partir de 1975.

Ese año se inauguró La Era de las Miniseries de Época con Rich Man, Poor Man que iniciaba en 1945. La seguiría Once an Eagle en 1976, Seventh Avenue (1977); Pearl (1978) y The Last Convertible (1979). Esa última con su retrato de novatos de Harvard en 1940 que se vuelven hombres en el campo de batalla, pero siguen unidos por el amor a una misma mujer y un mismo carro de lujo, resultaba interesante a los ojos de universitarios de Los 70. Una lástima que ninguna plataforma la presente.



Lo más importante, para nuestros efectos, es que el protagonista de facto, narrador y heredero del famoso auto no era Perry King que no triunfaría como galán adulto ni juvenil. Tanto la novela como la miniserie se enfocaban en George, el Dan Humphrey del grupo, el intelectual romántico idealista y pobre que solo puede admirar de lejos a la It Girl Chris, interpretada por Deborah Raffin en el que considero su mejor rol.




A George le dio vida mi adorado Bruce Boxleitner y descubro que antes de The Last Convertible ya era un Teen hearthrob a juzgar por los posters que regalaba Teen Beat. Bruce se había vuelto el sueño de adolescentes (y no solo de Melissa Gilbert que se convertiría en su segunda esposa) gracias a su rol de Luke McCahan en la serie del Oeste How the West was Won.



En la era post-Vietnam, también era un mensaje diferente esto de mostrar “guerras justas” y de alabar el sacrificio de la juventud de Los 40,cuando los veteranos de Los 70 recibían repudio o indiferencia.  Aparte de las miniseries, había series que glorificaban el servicio tanto en el frente de batalla como el doméstico.

Dos esfuerzos de hacer series bélicas fracasaron. Operation Petticoat, basada en el filme de 1959,  nunca pasó de la Segunda Temporada (1979). John “Homero Adams” Astin nunca pudo llenar los zapatos de Cary Grant. La única gracia de la sitcom de la ABC fue la presencia de Jamie Lee Curtis en su primer trabajo actoral



La NBC también quiso hacer un show bélico y eligió las memorias del coronel de la Fuerza Aérea Gregory Boyngton. Robert Conrad se encargó de dar vida a “Pappy” Boyington llamado así porque a sus 30 años era considerado “viejo” para pilotear un avión de combate. Hoy puede verse los sábados en el canal Heroes & Icons.  

En serio, es tan aburrida que por primera vez me quejo de la ausencia de efectos especiales. Es que sin trama y con un Conrad que aunque le subieron la edad al personaje, no representa 35 años, la serie es un largo bostezo.



Mucho mejor fue la  primera temporada de Wonder Woman (1976). Como en la tira cómica la acción tenía lugar en medio de la Segunda Guerra Mundial. La Mujer Maravilla con un giro dejaba atrás su identidad de Diana Prince, teniente de la marina estadounidense, para ir a dar golpes y patadas a nazis y japoneses.




Sin embargo, la gran propagandista del servicio y sacrificio de los miembros de La Gran Generación fue The Waltons. Ya escribí un largo resumen de esta serie icónica, maravillosa y cambia vidas, pero hoy quiero hablarles un poco de lo que representó en términos de nostalgia y Teen Culture. Los Walton cubrió en siete temporadas un periodo que va desde la Depresión (1933) hasta el boom de la posguerra (1947). Si incluimos especiales y telefilmes nos llevó a conocer las aventuras de la familia hasta la Era Kennedy.

Sin escatimar detalles de lo dura que fue la vida de los habitantes de zonas rurales americanas, también creo una ola de nostalgia por valores perdidos. En la Era Watergate, todavía vapuleada por los cambios sociales de Los 60, The Waltons mostraba la importancia de la unión familiar en momento de crisis, el apoyo de la fe, el orgullo y deber de ser un buen patriota. Después de Pearl Harbor que golpea a Los Walton al dejar viuda a Mary Ellen, los chicos Walton se ponen el uniforme, aun el desobligado Ben y el pacifista Jason.



John Boy Walton y Rudy Weiss: Dos Jóvenes en una Misma Guerra

John-Boy fue la encarnación de todos lo heroico y noble que había en USA.  Tal vez por eso es que Richard Thomas fue lo más cercano a un Teen Idol que nació de ese show. Como hermano mayor se le exigía ser un modelo para sus hermanitos y a la vez ser un puente para que los problemas de los pequeños fuesen comprendidos por los padres.



John Boy era más que un hermano, tenía sueños de ser escritor, sufría del eterno problema del adolescente con las chicas y muchas veces debía tomar partido en los problemas de su comunidad. John-Boy era el hijo, hermano, novio que todos querían e incluso Bravo, la revista alemana para chicos, lo ponía en su portada.



Después de ganar un Emmy y dirigir cinco episodios, Richard Thomas se retiró en la sexta temporada. Su personaje había estado pendiente de las noticias europeas, el auge del fascismo, incluso contempló la idea de ir a pelear en las Brigadas Internacionales en España. Su salida de la serie fue explicada conque en 1940 le ofrecían un empleo en Londres como corresponsal de guerra.

Aun sin John Boy, los Walton siguieron su vida a través del conflicto hasta que este llegó a sus puertas después de Pearl Harbor. Por cuatro temporadas la serie mostró como era el frente domestico en una zona rural abarcando noticias, conflictos provocados por el racionamiento, vestuario, música y cine.



No puede hablarse de la influencia de Los 40 en la teen culture sin mencionar que fue a fines de esa década que nació un fuerte interés por el Holocausto, un interés que llegaría hasta las aulas y a la cultura popular con personajes jóvenes que pudiesen enganchar al público adolescente. Es semi irónico que una década que,  el embargo de OPEC provocaría un auge de antisemitismo en USA, acabase con esta cuasi fascinación de Hollywood y televisión con la guerra contra los judíos iniciada por los nazis.

El momento puntual de esta epifanía sobre la Shoah fue Holocaust, de la  que he hablado en otra entrada. El libreto de Gerald Green se enfoca en dos personajes :Dorff (Michael Moriarty), un abogado que al unirse a las SS se volvía un artífice de la Solución Final y Josef Weiss (Fritz Weaver), un médico judío berlines que junto con su familia vivía las experiencias que destruirán a la judería europea. Al final de la miniserie, Dorff se ha suicidado y el Dr. Weiss, su esposa, hermano, suegros y dos de sus hijos han sido víctimas de los nazis. Lo sobreviven su nieto, nacido en Theresienstad y su hijo Rudy.



Rudy Weiss (Joseph Botoms) era el futbolista rebelde, el que golpeaba a los bullies nazis de su barrio, el que no quería rendirse sin luchar. Con la ayuda de un dinero que le suministraba Inga, su cuñada aria (Meryl Streep en un rol espectacular que presagiaba su espectacular carrera), abandonaba Berlín y su familia y emprendía un trayecto hacia la Unión Soviética.



En Praga conseguía una esposa (Tovah Feldshu), se unía a los partisanos ucranianos, perdía a su mujer en una emboscada y acababa en Sobibor. Lograba salir en el famoso escape de 1943 y el final de la guerra lo encontraba vivo y camino al Mandato de Palestina. Si había algún personaje que atrajese a los jóvenes era Rudy, irreverente, luchador ,dispuesto a usar todo su ser para sobrevivir.



Antes de Holocausto, Joseph Bottoms había ganado un Globo de Oro como Revelación del Año por su protagónico de The Dove, la historia real de un adolescente que navegó sin tripulación  en un viaje alrededor del mundo En 1976 ,Bottoms protagonizó Unwed Father, la historia de un estudiante de secundaria a que quiere hacerse cargo de un bebé que ha hecho con su noviecita.



Con Holocausto, Bottoms iba camino a convertirse en un Teen Idol para luego ser estrella, pero cometió un error imperdonable. En 1979, aceptó modelar para una sesión de fotografías de After Dark. Aunque otros actores habían modelado para una revista cuya principal audiencia era gay, habían posado vestidos o descamisados. Bottoms hizo desnudos frontales y fotos bastante sugerentes para alguien que, aún hoy retirado, no ha salido del closet. No solo destruyó la imagen que debe tener un teen idol, su carrera nunca más alcanzó la fama que prometían sus primeros trabajos.



BIBLIOGRAFIA

Bondi, Victor ed. American Decades: 1970-1979

Brooks, Marla. The American Family on Television: A Chronology of 121 Shows 1948-2004

Miller, Donald C. Coming of Age in Popular Culture: Teenagers, Adolescence and the Art of Growing Up

Palladino, Grace. Teenagers: An American History

Prescott , Taylor. American Pop-Pop Culture in the 1970s: How a Decade of Upheaval Created the World We Live Today.

Rollin, Lucy. Twentieth Century Teen Culture by Decades

 

 

 



martes, 11 de abril de 2023

La Era de los Peplos Religiosos :Cuando abril era el mes de las miniseries cristianas

 



Algo que noté en USAy descubrí tras mi retorno que también existía en Chile es que abril es un mes en que la televisión despliega filmes sobre temas religiosos. La oferta televisiva incluye las grandes épicas bíblicas hollywoodenses, clásicos sobe temas evangélicos , y relatos de las primeras eras del cristianismo, inclusive peplos que poco tienen que ver con el universo judeocristiano como Gladiador y Espartaco. Este año me puse a ver algunos antiguos tal como la mejor versión de Los últimos días de Pompeya (1984). Me hizo recordar que en la Era Dorada de las Miniseries (1977-1989) se hicieron muchas historias adecuadas para este mes en que los cristianos celebran su Semana Santa y los judíos la semana de Pesaj. Cómo eran esas series y cómo se diferencian de las que siguen haciendo es el tema de esta entrada.

El Holocausto en Passover

Mis primeros años de televidente en USA fueron determinados por dos factores: el no saber bien inglés y los gustos de mi padres. Había solo un televisor en casa y para mi madre era más cómodo ver programas en español. Conclusión, no tenía yo mucho conocimiento de lo que era la televisión en inglés, pero ya para 1977, podía seguir programas en ese idioma y me daba cuenta de que los canales hispanos y angloparlantes ofrecían una programación especial en la primavera,  especialmente en abril,  que combinaba programas relacionados con la Pascua cristiana y la judía.

Por ejemplo, los dos canales en español (cadena SIN y Telemundo) ofrecían filmes de tema religioso como Marcelino Pan y Vino, uno dedicado a la aparición de La Virgen de Guadalupe,  y algunos peplos traducidos y ultra editados de Los 50 como Quo Vadis, El Manto y La Biblia de John Huston.



Las grandes cadenas estadounidenses,  ABC, CBS y NBC,  ofrecían especiales de música en vivo a cargo de artistas de la Era del Swing como Perry Como y Lawrence Welk. También caricaturas infantiles centradas en el Conejito de Pascua (Easter Bunny) casi siempre interpretado por Bugs Bunny. Por supuesto había aluvión de peplos en los espacios de sobremesa y madrugada dedicados al cine clásico.



La diferencia con los canales hispanos era que la televisión angloparlante   traía algo para recordarnos que la comunidad judía también estaba de fiesta. Junto con las reposiciones de épicas de Cecil B. de Mille como Los 10 mandamientos, y otros grandes filmes de tema bíblico como Ester y el Rey y Salomón y la Reina de Saba,  se presentó un nuevo tipo de entretenimiento , la miniserie. Desde su inicio, este producto llegó encadenado al tema del Holocausto.

Dicen que la primera miniserie estadounidense de la historia fue QBVII basada en el bestseller de León Uris. No es coincidencia que trate el tema del Holocausto y que su debut fuese en abril de 1974. Todavía nosotros no llegábamos a estas tierras por lo que no la vimos. En cambio, tuvimos reposición en abril de 1976 y pudimos seguirla en la ABC.

Dos años más tarde, QBVII tendría una rival en la extraordinaria Holocausto (NBC)que abriría las puertas a un tema hasta entonces semi tabú en Hollywood:  la descripción de Auschwitz y otros campos de exterminio. Miniseries limitadas sobre el tema seguirían decorando la programación primaveral, aunque fuese con relatos de rescatistas como Wallenberg e Irena Sendler, a los que se les uniría Varían Fry ya en este siglo. De hecho, Netflix ha hecho su versión de la saga de Fry,   llamada Trasatlántico,  que se ha estrenado,  como corresponde, este abril.





Aunque concuerdo en que el Holocausto ha sido un parteaguas en la historia judía sorprende que estos filmes no fuesen ofrecidos en febrero que es cuando recordamos a los masacrados en la Shoah.  Además, ponían una nota triste en la primavera,  una etapa de festividades alegres (poco común entre nosotros) del calendario judío,

Se esperaría que hubiera más programas que celebrasen el espíritu de liberación y redención de fiestas como Purim y Pesaj. El único intento fue una combinación del Holocausto y del seder de Pesaj. Basada en la novela de Jane Yolen, La aritmética del diablo (Showtime, 2003) narra la historia de una rebelde nena judía (Kirnst Dunst) que asiste a regañadientes a un seder familiar durante el cual sufre una caída que la hace viajar en el tiempo a la Polonia invadida por los nazis.



Hay pocas series y filmes que traten a fondo el judaísmo sino es para criticar o burlarse de mi religión. Como me temo que esos ejemplos han sido hechos por judíos,  no puedo hablar de antisemitismo. ¿Encontramos eso en filmes sobre el cristianismo?  ¿Sobre todo, en este siglo donde ya sabemos que el ateísmo y la guerra contra las religiones monoteístas son parte de la agenda woke?

Si la respuesta es afirmativa, mayor mérito tienen entonces estas miniseries de hace medio siglo que no se ruborizaban al describir la inmensa fe de los primeros seguidores de Cristo, pero a su vez creaban guiones sofisticados y fascinantes que podían atraer a espectadores no religiosos a seguir esas historias.

El Evangelio Según Zefirelli

Esta racha de exitosos relatos de fe comenzó con una joya por la cual ningún crítico, por ateo que sea, escatima elogios. Dirigida por el gran Franco Zefirelli, Jesús de Nazareth fue un esfuerzo ítalo-estadounidense que sigue siendo tan relevante y vistosa como siempre.





Su génesis es impresionante y merece una nota aparte.  En resumen, Sir Lew Grade, un productor británico ya conocido por su excelente miniserie Moses: The Lawgiver con Burt Lancaster, quería seguir coproduciendo,  con elementos y dinero italianos,  épicas bíblicas. Grave deseaba hacer algo sobre los Evangelios, pero como judío se sentía limitado para tal empresa. En su búsqueda por subvención llegó hasta el Santo Padre. El Papa Pablo VI era amigo de Franco Zefirelli desde sus días de Arzobispo de Milán, y él le pidió al legendario director que se acoplase a este proyecto.

La mancuerna Grade-Zefirelli se embarcó en crear una visión,  no solo fastuosa y emotiva del Nuevo Testamento,  sino también de situarla en un marco histórico. Para eso se buscó asesoría en el Vaticano, y se trajo del Seminario Leo Baeck de Londres al Rabino Albert Friedlander para servir de consejero en temas judaicos. En eso difiere de las grandes épicas que en el Hollywood del pasado habían querido cubrir la historia de Jesús. Me refiero a Rey de Reyes (1928, 1961) y The Greatest Story Ever Told.



La teleserie ofrece un retrato completo de la vida de Jesús, desde la Anunciación hasta la Resurrección. A diferencia de The Greatest Story Ever Told, el peso de la primera hora recae en el personaje de María, ofreciendo posiblemente la mejor actuación de Olivia Hussey.  En TGSET, aunque interpretada por la famosa actriz Dorothy McGuire, María es un personaje incidental puesto que la historia comienza con la adoración de pastores y magos y con una Virgen en pie (aunque recién parida) mostrando a Jesús en el pesebre.

En cambio, la producción de Zefirelli inicia con algo cotidiano, que es parte del esfuerzo de la producción de presentar un retazo de la vida en la Galilea de entonces: el arreglo de un compromiso entre María y José, el carpintero. Luego tenemos la Anunciación que empuja a la jovencita a viajar (me encanta esa canasta sobre el burro donde meten a la Virgen) a visitar a su prima Isabel. Tras la Visitacion tenemos las dudas de José, su encuentro con el ángel, la boda y el viaje a Belén, el refugio en el establo , el nacimiento de Jesús, la Adoración de Los Magos y La Huida a Egipto.

Creo que es la primera vez (sino la única) en mostrarnos a la Madonna con dolores de parto. Hay un intento de humanizar a Maria y a la vez de elevarla por sobre sus congéneres. Aun antes de la Anunciación, se habla de que es diferente a las demás jóvenes de su comunidad. Los amigos de José le aconsejan paciencia, porque su novia es un poco extraña,  pero eminente.



Filmada en Túnez y en Marruecos, el paisaje logra acercarnos a lo que eran Judea y Galilea en el Siglo I. La boda de José y Maria fue filmada en la isla de Djerba en la costa tunecina y los miembros de la hoy extinta comunidad judía del lugar sirvieron de extras.  Esa boda, tal como la circuncisión de Jesús y su Bar MItzvah,  fueron parte de un esfuerzo de la serie de mostrarnos a Cristo como miembro de un grupo étnico y practicante del judaísmo. Una anécdota es que el Rabino Friedland le hizo ver a Zefirelli que la ceremonia de Bar Mitzvah había sido creada en el siglo XVI, pero el director insistió en incluirla.

Otras épicas habían tenido desfiles de rostros reconocidos en el elenco, y esta coproducción combinó actores ingleses, estadounidenses e italianos incluyendo a símbolo sexual Claudia Cardinale que dio vida a la mujer acusada de adulterio. Sin embargo, para mí lo más impresionante (la vi en abril del 79 cuando yo ya tenía mi propio televisor) fue la cantidad de galanes que daban vida a santos y pecadores. Tuvimos a Christopher Plummer como Herodes Antipas,  Sir Michael York como San Juan Bautista, James Farentino como un gruñón y desarrapado San Pedro,  y a un Ian McShane paralizantemente bello como Judas Iscariote.



El Jesús de Mirada Penetrante

Aunque a Jesús lo han encarnado guapérrimos desde Jeffrey Hunter hasta Jim Caviezel, Robert Powell hizo historia como el Jesús de los ojos más impresionantes. Yo ya lo había visto en Malher, pero nunca lo he visto tan bello. Se cuenta que fue la esposa de Sir Lew Grade quien le aconsejó al marido contratarlo. Tras verlo en Judas el Oscuro, Lady Grade quedó impresionada con esa mirada penetrante y magnética. Ya habrá quien gritará que ningún evangelio habla de que Jesús tuviese ojos azules, pero toda esta miniserie se caracterizó por actores de ojos claros,  comenzando por James Earl Jones que dio vida al Rey Mago Baltazar.

Volviendo al pobre Robert Powell, otro motivo de critica fue su vida privada. Desde el cine silente que el público cristiano ha demostrado preocupación por quien va a interpretar a Jesús. A pesar de que en el Hollywood Sesentero el Maestro fue interpretado por un divorciado ( Jeffrey Hunter) y por Max von Sydow, actor fetiche de los filmes de Ingmar Bergmanconsiderados en esa época como escandalosos hubo quejas de que Robert Powell “vivía en pecado” con Babs Lord.

Jeff, Max y Robert: Tres pecadores interpretando a Cristo
        Robert Powell y Babs Lord cuando vivían ën pecado"
                           Casi medio siglo más tarde, todavía felizmente casados

Se solucionó el asunto con Powell y Lords casándose un poco antes del abril, fecha estreno de la serie. No he vuelto a oír críticas sobre los actores elegidos para interpretar al Mesías cristiano, pero… ¿Será esa la razón por la cual el argentino Juan Pablo  Di Pace eligió salir del closet después de haber encarnado a Jesús en la penosa “A.D. La historia continua”(2013)?

Lo importante es que Robert Powell hizo historia con un Jesús bastante humano que, entre exorcismos, resurrecciones y sermones,  come granadas y sirve shish kebabs. Es incluso capaz de sutil ironía como una de mis escenas favoritas cuando lo vemos cenando en casa de Pedro (a quien le conocemos esposa e hijos). Aparece Mateo (todavía no Evangelista),el recaudador de impuestos , a cobrarle al pescador. Se arma una gresca entre deudor y recolector que zanja el Maestro (en la versión en inglés siempre lo llaman “rabino”)  ¡“invitándose” a comer a casa de Mateo! Zefirelli dijo en una entrevista para Modern Screen que su objetivo era mostrar un Jesús “gentil, frágil y simple”




.Jesús de Nazareth fue un exitazo en su debut. Se la repuso en 1979, 1980, 1984, 1987 y 1990. Recibió nominaciones a Baftas y a Emmy. Mas importante dejó la puerta abierta para más de estas épicas primaverales.

Judas, El Zelote

Aunque como he dicho , las épicas cristianas alternaban (desde 1978) con crónicas del Holocausto, hubo un cambio en abril 1981. En ese mes debutó Masada en la ABC. Por cuatro noches,  el público pudo conocer los detalles del asedio y caída de Masada, la ciudad-fortaleza (hoy monumento nacional en Israel) donde se efectuó la más famosa batalla de la Guerra Judeo-Romana (66-73 DC) . La miniserie que dio a Peter O’Toole (como el comandante romano Lucius Silva,) su primer rol televisivo,  ingresaba a los zelotes a la cultura popular. Sin embargo, uno de ellos ya había aparecido en Jesús de Nazareth.



Este movimiento político del primer siglo de la Era Cristiana tenía fascinados a los historiadores de Los Setenta quienes andaban hurgando en el Nuevo Testamento para encontrar una vinculación entre zelotes y cristianos, incluso con la misma figura de Jesús Cristo. Por largo tiempo existiría la teoría de que Judas Iscariote era un guerrillero anti-romano. Su apellido Iscariote se creía indicaba que era un sicario o sicarii que es como los romanos definían al brazo armado de los zelotes.

Fiel a esta teoría, uno de los grandes cambios o licencias históricas de Jesús de Nazaret fue convertir a Judas en un zelote y mostrarlo como dominado por estos fanáticos. Judas se acerca a Jesús esperando que se convierta en un líder de una gran revuelta, pero el mensaje de paz del Maestro lo exaspera hasta el punto de traicionarlo. Aunque los zelotes han sido vistosincluso por el Talmud como un grupo desaforado e inútil,  las series épicas describirán a simpatizantes o miembros de ese grupo nacionalista como gente empujada a la violencia debido a la brutal ocupación romana.



A la Sombra del Volcán

En 1984, coincidiendo con la reposición de Jesús de Nazaret en la NBC ABC,  nos trajo una adaptación de la novela de Lord Edward Bulwer Lytton sobre como la erupción de un volcán afecta la vida de romanos acaudalados . Junto con Fabiola y Quo Vadis, Los últimos días de Pompeya habían conformado un triángulo de novelas piadosas que habían sido mis favoritas de mi infancia.



Los últimos días de Pompeya fue un bestseller de la era victoriana, adaptada al teatro y. como Quo Vadis,  filmada varias veces por el cine silente italiano. Tal como la obra de Sienkiewicz,  Pompeya no había tenido una adaptación fidedigna al original. De hecho, la primera versión hablada hecha en Hollywood en 1934 no tenía nada que ver con la novela, tal como versiones recientes,  la rancia miniserie italiana y un filme (2014) que ya solo por tener a Juan Nieve de protagonista es poco recomendable.

Tal como el Jesús de Zefirelli, Pompeya era una coproducción con la RAI tachonada de estrellas comenzando por Sir Laurence Olivier y abarcando a un trio de actrices que disputaban a Jane Seymour el  puesto de reina de telenovelas, la americana Linda Purl, la argentina Olivia Hussey y la británica Lesley-Ane Down. Su otra virtud era que desde las versiones silentes no se veía un dramatizado tan apegado a la novela de Lord Edward.



Por si no la han leído, les doy un resumen. En la Pompeya,  circa 79 DC, vive el millonario hedonista Glauco. De origen griego, Glauco es parrandero y mujeriego, pero anuncia a sus amigos que ha encontrado a la mujer de su vida. La elegida es la huérfana también millonaria Ione. El problema es que Ione y su hermano (en la serie le pusieron Antonious porque en el libro tiene un nombre impronunciable) han quedado bajo la tutela de Arbaces, el sumo sacerdote de Isis.

Este corrupto egipcio quiere que Antonious se haga sacerdote y done parte de su fortuna al templo. Para Ione tiene planes más nefastos, impedir que se case, quedarse on su fortuna y también con el cuerpecito de la griega. Muchos griegos en este cuento: Glauco es griego, Ione es griega también Nydia , una esclava ciega viene de Tesalia.

A Arbaces le sale cómplice, la patricia Julia que ya se creía novia de lauco. Ambos convencen a Nydia de darle a Glauco (del que la cieguita está enamorada) una poción de amor. Entretanto,  Antonius tiene una crisis de fe azuzada por sus charlas con el cristiano Olinto, y reniega de Isis y de Arbaces. Viéndolo huir de él, Arbaces lo hace matar. Por efecto del filtro, Glauco anda vagando por los bosques enloquecido como una bacante. Lo encuentran al lado del cadáver de Antonius.



Glauco, que no recuerda nada, es llevado a prisión. Olinto también por andar predicando blasfemias. El destino de ambos es acabar en la arena en las fauces de los leones, pero la tierra tiene la última palabra. El Vesubio entra en erupción. Pompeya queda bajo lava y cenizas. Solo se salvan Glauco, Ione y Olinto, Nydia se suicida (no en la miniserie). Tiempo más tarde nos enteramos por una carta que Glauco e Ione,  ya casados,  se han vuelto cristianos.

Aprovechando el fad de las películas de desastres y el auge de las miniseries, se creó esta versión bastante fiel al libro, pero aprovechando la moda de las épicas cristianas se expandió el rol de la nueva fe en la trama. Brian Blessed,  que se había hecho famoso por el rol del Emperador Augusto en Yo Claudio,  daba vida a Olinto. De hecho, la serie no comienza con Glauco que es el protagonista sino con Olinto organizando un tur clandestino para los cristianos de Pompeya que se congregan en las afueras de la ciudad a oír a un recién llegado de Judea que conoció a Jesús.

                             OLinto y Nidya

Petro, un esclavo cristiano, convence a la prostituta Chloe de que lo acompañe a la reunión. Allá los sorprende una patrulla de soldados que mata a algunos y encarcela a otros. A Petro lo arrestan ya en la ciudad, pero es rescatado por Glauco que ha intercedido gracias a las suplicas de Nydia (Linda Purl) y Chloe. Este rol de la cortesana fue inventado para la serie y le quedó tan bien a Lesley-Anne Down que casi eclipsó a Olivia Hussey quien daba vida a Ione.



La serie con esta inclusión y la del tema del cristianismo toma otro cariz. Tras ser expuesto a una orgia en la que participan los sacerdotes de Isis,  Antonious reniega de esa secta y está más que abierto a las enseñanzas de Olinto. Muchos recordarán la serie por los efectos especiales de la erupción volcánica, pero para otros es un reflejo de la propagación del cristianismo más allá de Roma. Esto convierte a Los últimos días de Pompeya en un peplo cristiano y lo separa de otras sword and sandal movies como las llaman en inglés como Espartaco y la serie Roma.

El Ocaso de la Obra de Sir Lew Grade

Al año siguiente, Sir Lew Grade cerró su trilogía bíblica con un peplo épico. Anno Domini. Comúnmente conocida como “A.D.” (no confundir con la bazofia del 2015), prometía ser igual o más impresionante que sus predecesoras Moises y Jesús de Nazareth. Como ellas se trataba de una coproducción con la RAI, con un elenco de lujo (Ava Gardner como Agripina, Susan Sarandon como Livilla) que incluía actores de Jesús de Nazareth. James Mason,  quien había sido Jesús de Arimatea en esa miniserie,  ahora era un agotado y decadente Tiberio (no tan decadente como Peter O’Toole en Calígula) e Ian McShane era un repulsivo Sejano. Su actuación y encanto físico estaban muy alejados de su Judas de Jesús de Nazareth y era notablemente inferior a Sir Patrick Stewart en Yo Claudio.

El problema de A.D. es que quería ser Yo Claudio y fracasó. Mas suerte tuvo en su intento de convertir las Actas de los Apóstoles en soap-opera. Ahí triunfaron, pero el desequilibrio entre ambas narrativas disminuyo la calidad de la historia. Mas encima en ese carnaval de excesos se embutieron unos personajes ficticios cuyas historias no interesaban a nadie.



Como testigos de la historia sagrada y profana ( inspirada por las crónicas de Suetonio y Tácito) tenemos a Caleb, un zelote, su hermana Sarah y los romanos que los enamoran:  Valerio,  un soldado de la Guardia Pretoriana,  y Corinna, una patricia metida a gladiadora. Para contar su historia,  Anthony Burgess y Vincenzo Labella echaron mano de cuanta novela hubiese sido escrita sobre ese periodo: Ben Hur de Lew Wallace, Yo Claudio de Robert Graves, Quo Vadis de Henryk Sienkiewicz y hasta Espartaco de Howard Fast.

La historia comienza con Jesús apareciéndose en el camino a Emaús. Escena muy poderosa y muy buen retrato del Nazareno por parte de Michael Wilding Jr., hijo de Dame Liz Taylor. Luego nos van presentando a Los Apóstoles y al Rabino Saulo que anda con su amigo Esteban tratando de librar de la cárcel romana a otro amigo,  el afiebrado Caleb. Pronto Saulo lapidará a Esteban y tendrá su visión en el camino a Damasco que lo convertirá en Pablo de Tarso.



Michael Wilding Jr.
Aunque la llegada del Espíritu Santo en Pentecostés en casa del Virgen (interpretada por Millie Perkins , la primera Ana Frank del cine) acaba en una danza Bollywood por las calles de Jerusalén, son las Actas de los Apóstoles la parte más interesante de la miniserie. Los vemos desperdigarse por el mundo para repartir la Buena Nueva , sufrir persecución y martirio. Particularmente me impresionó ver a San Lucas en Antioquia, atendiendo en calidad de médico (y convirtiendo) a una cortesana. También la aparición de Simón, el Mago.

El problema es la inserción de las dos parejas principales, pesadas y tediosas, y el ponerles de trasfondo a una ristra de Cesares , cual peor de todos.  Esta serie tiene el mismo problema de Roma y de Espartaco, no hay romano bueno, solo Valerio que se convierte al cristianismo rápidamente y Corinna, mujer victima que busca empoderamiento en un trabajo de hombres, en la arena. Y esa es una rareza de una serie de 1985, intenta abarcar una diversidad que para la época sorprende y no gratamente.

                                   Sarah y Valerius

Al comienzo se habla de samaritanos , zelotes, fariseos (siempre los malos del cuento) y Caleb se refugia un tiempo con los esenios. Aunque se agradece su visión de lo diversa y dividida que era la sociedad judía de la Primera Era, la serie es menos ecuménica cuando llega a Roma. Sus habitantes,  desde Calígula hasta el pueblo que goza viendo como las fieras se comen a niñitos cristianos en el Coliseo,  son despreciables. Cuando llegamos a los emperadores estos no son descritos con la objetividad y compasión que les aportó Robert Graves. Para colmo hay casos de miscasting.

¿Nerón Flaco y Actea Negra?

Después de Brideshead Revisited, Anthony Andrews iba camino de ser el nuevo rey de las miniseries con roles celebres como Ivanhoe y Pimpinela Escarlata. Aquí hacía del que  apodaban “Aenobarbus”(barbas de bronce). Aun quienes no habían visto a Nerón interpretado por Sir Charles Laughton, Sir Peter Ustinov o Dom de Louise,  tenían en su imaginación una imagen de un emperador obeso. Si se creyó que se había puesto a Tony Andrews como un Nerón esbelto para hacerlo atractivo, pronto demostraron su error.



Aparte de verse feísimo con una barbota que parecía falsa, Nerón era el monstruo que la cultura popular siempre nos ha transmitido: celebrando el incendio de Roma, masacrando cristianos y asesinando a su embarazada emperatriz Popea propinándole puntapiés en el vientre. Para colmo,  Tony dejó atrás cualquier talento histriónico que hubiese desplegado en el pasado y dio una interpretación que parecía parodia de Sebastián Flyte borracho. Pero falta la guinda del pastel.

                       Fernando Rey como Seneca y Anthony Andrews como Nerón

Tanto Tácito como Suetonio nos cuentan que en su juventud,  Nerón mantuvo un intenso romance con una esclava liberta de origen sirio llamada Claudia Actea. Para los devotos de Quo Vadis, Actea es una mujer madura,  abandonada como amante, pero todavía tratada con aprecio y respeto por el César. En la novela de Sienkiewicz, Actea se convierte en protectora de Ligia y denota simpatía por el cristianismo.

Pues en A.D. no solo la tenemos jovencísima al igual que Nerón,  compartiendo con su amante una vida licenciosa que incluye aplaudir el incendio de Roma, además la interpreta…¡una actriz negra! La misma Actea que Sienkiwicz describe como griega y que los historiadores llaman de Asia Menor,  posiblemente Anatolia. Este primer y temprano ejemplo de colour blindness acabó por hacerme despreciar la serie.

                               Nerón repoza en el regazo de una Actea de ébano

Desde entonces, y coincidiendo con el triunfo del ateísmo en nuestra sociedad, ha disminuido este tipo de programas. Sin embargo, no ha desaparecido del todo, el problema es que las nuevas series han perdido calidad y caído,  como todo,  víctimas de la wok-diversidad. Lo vemos en la penosa miniserie Ben Hur del 2011 que pasó sin pena ni gloria;  en las bochornosas producciones de la irlandesa Roma Downey con su culto a la diversidad (¿María Magdalena negra?) ; y  esas risibles pero populares,  producciones brasileñas con sus decorados que parecen hechos de cartón y ropajes hechos con toallas y sabanas viejas.

Barrabas, la Ultima Épica Cristiana

Solo encuentro una rescatable en todo ese lote. Me refiero a la versión de Barrabas del 2012.  Producida por la RAI, tiene un elenco totalmente italiano, con la excepción del protagonista Billy Zane que se luce en esta segunda adaptación del bestseller de Par Lagerkvist. A mí no me gustó la épica de Hollywood, tal vez porque Anthony Quinn me pareció un poco viejo para interpretar al bandido indultado en cuya cruz es crucificado Jesús y que acaba de gladiador en Roma.

Billy, más joven y atractivo que Tony Quinn, ofrece una actuación intensa y dinámica que contrasta con su problema existencial: ¿porque él ha sido perdonado en lugar de un hombre bueno como El Nazareno?  Lo vemos buscar respuesta en San Pedro, Lázaro, el resucitado y hasta con la Virgen Maria. Al no encontrarla,  Barrabas comienza una relación de admiración y rechazo con el cristianismo que le ha quitado a su mujer.



Aquí esa mujer es llamada Esther,  y no Raquel como el origina. Interpretada por Cristiana Capotondi entonces la reina de los period drama italianos, al hacerse seguidora de Cristo,   Esther pierde a su hijo, pierde a su pareja ya que desea dedicarse al cuidado de los pobres, y finalmente pierde la vida cuando es lapidada por los fariseos.



Esta miniserie de seis capítulos aporta algunas sorpresas como la idea , compartida por algunos historiadores,  de que Barrabas era un sicario zelote. Otra novedad es la inclusión de Claudia Prócula, esposa de Pilatos.

Este personaje apenas mencionado (y sin nombre) por San Mateo, se ha vuelto parte de la leyenda cristiana. Aparece en evangelios apócrifos y hasta ha sido canonizada por las iglesias Ortodoxa,  Copta y Etíope. Grandes actrices como Viveca Lindfords y Dame Angela Lansbury la han interpretado en el cine, pero no aparece ni en Jesús de Nazareth ni en A.D. (aunque si en la A.D. de Roma Downey donde la interpretó Joanne Whalley).

En Barrabas es encarnada por la ex Miss Italia Anna Valle.  Para este personaje de  Claudia Prócula, Hollywood ha agregado mucho de su pecunio haciéndola , en ocasiones, hija de Tiberio y hasta medio judía. El factor constante son sus intentos por salvar a Jesús y su acercamiento al colectivo cristiano. Algo que reaparece en Barrabas donde la muestran perdiendo la razón por los remordimientos de no haber podido evitar la Crucifixión.



¿Cuáles de estas miniseries has visto? ¿En tu país también el tema religioso domina la televisión en Semana Santa? ¿Crees que este tipo de historia debe seguirse haciendo?