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jueves, 7 de marzo de 2024

Los Carlos en La Ficción (II) Los Estuardo en pantalla chica

 



Cuando escribí esta entrada en un blog en inglés que nunca llegó a despegar ni me imaginaba el reinado de Carlos III. Isabel II se sentía tan viva que parecía que reinaría para siempre. Pues hoy tenemos al nuevo Carlos,  y el nuevo Príncipe de Gales es un descendiente directo del gran Casanova de la Restauración. Algo que no ha cambiado es la mirada de desprecio que la televisión sigue lanzando sobre los Estuardo.

Jacobo I: Un Rey que Olía a Pólvora

En nuestra charla anterior, les conté sobre este renacer en la ficción de un interés por los Estuardo. Ha sido una sorpresa que con Mary and George, Lionsgate se haya volcado hacia el primero y más desconocido de sus reyes. Jacobo o James I de Inglaterra A Jacobo lo hemos visto niño en todos esos recuentos de la saga de Maria Estuardo, incluso hemos visto su nacimiento en Reign ¿pero adulto?

Sin embargo, a comienzos de este siglo el rey Jaime apareció en dos miniseries del mismo nombre. La segunda entrega de Gunpowder, nos lo mostró encarnado por Robert Carlyle. Vimos su matrimonio con Ana de Dinamarca, su carácter taciturno y desconfiado, su relación con sus cortesanos y reacción en contra del atentado de Guy Fawkes. Carlyle quien todavía no nos entretendría con su interpretación de Rumpelstinkin en Once Upon a Time, ya nos había asustado el año anterior con su intenso retrato de Adolf Hitler. Ahora se intentó utilizar esa villanía que lo había hecho famoso dándole una cucharada de humanidad.

                                Jacobo es consolado por su reina danesa

No sucedió lo mismo con este personaje en Gunpowder, una producción de HBO con inversión de Kit Hartington. Cuando Juan Nieves descubrió que su ancestro Robert Catesby había sido uno de los participantes en el Complot de la Pólvora,  decidió escribir un libreto sobre el evento, producirlo y encarnar a su antepasado.

El pobrecito Jon Snow es tan infame como actor que me motivó el haber despreciado esta excelente miniserie de tres episodios. Viéndola ahora me doy cuenta de la atención al detalle histórico incluso en los diálogos. Es tan refrescante ver una serie donde no se escarnezca a la religión, sobre todo la católica. La visión de los abusos sufridos por los recusantes (católicos que no abjuraban de su fe) es casi tan conmovedora como horrorosas son sus ejecuciones, incluso de las mujeres. A la tía de Catesby, aunque dama de alcurnia, la desnudan en el cadalso para luego prensarla como si fuese una uva .



Derek Riddell interpreta a un rey frívolo, pero no muy malo. James quiere hacer las paces con España por lo que pretende dejar en paz a sus súbditos católicos, pero el chueco (literalmente) de Lord Salisbury está empeñado en destruir las herejías papistas del Reino Unido. A diferencia del retrato de Jacobo hecho por Carlyle, aquí no se cohíben de presentar el lado homosexual del soberano al que muestran manoseando al joven Lord Pembroke.

Faltan unos años para que aparezca en escena George Villiers que fue el gran amor del monarca, pero ya lo tenemos en pantalla chica. Ya hemos visto en el trailer al Principe Galitzine como el seductor bisexual y a Tony Curran como su desordenado rey. Esperamos que George and May abra el apetito por más relatos sobre los Reyes Estuardo ya que anteriormente, la televisión no les dio buena prensa.

A pesar del éxito de la serie ochentera By Sword Divided, Carlos I , y su hijo y heredero,  no pasaron de ser personajes secundarios en la historia de amores cruzados en familias que sufrieron crueles divisiones políticas durante la Revolución y la dictadura de Cromwell. En este siglo Peter Capaldi demostró ser más que el Dr. Who al dar vida al rey mártir Carlos I en el romance de época The Devil’s Whore. Esta serie puede encontrarse en YouTube. Sin embargo, el mejor trato que recibiesen los Estuardo es en la antigua, pero excelente,  The First Churchills.



Los Churchill y sus Soberanos

Después de haber sido Chica Disney (Así, la conocí yo en Las 3 vidas de Tomasina y El Príncipe de Donegal), Susan Hampshire había conquistado la pantalla chica con su interpretación de Fleur en La Saga de los Forsyth, y como una pizpereta Becky Sharp en La Feria de las Vanidades. El que, en la vida real anduviese coqueteando con el futuro Carlos III,  la hacía idónea para interpretar a una dama de la corte de Carlos II.

Sarah Jennings, que no se parece en nada a la manipuladora chismosa y calumniadora de La Favorita, era una chica de excelente pedigrí, pero sin fortuna. Tuvo la suerte de conseguir empleo como dama de María de Módena,  la bella italiana que sería la segunda esposa del Duque de York, hermano del soberano. Aunque Maria tuvo varios hijos, su mayor preocupación era por sus hijastras solo un poco menores que ella. Sarah se encargó con su señora de ocuparse de las niñas, estableciéndose un lazo entre ella y la pequeña Ana que perduraría hasta que la niña se convirtiese en reina del Reino Unido.



La serie es muy cercana a la realidad en su retrato de Los York como familia unida y querendona. Eso no quita que el futuro rey no tuviese sus deslices, uno de ellos con una tal Arabela Churchill. Algo muy conveniente para el hermano de Arabela, un ambicioso escalador social llamado John Churchill quien no solo aprovechó la cercanía con los York para su avance en el ejército. Llegó hasta usurpar el lugar del rey en la cama de la Castlemaine (y en el bolsillo de la dama) . En una ocasión, Carlos II llegó de improviso a visitar a su concubina y Churchill apenas tuvo tiempo de vestirse y saltar por la ventana antes de ser sorprendido por su rey.

                             Un Churchill huyendo de su rey.

Todo esto es rigurosamente cierto tal como que Churchill se redimió al conocer y enamorarse de Sarah. Las familias de ambos se opusieron al matrimonio. El padre de Churchill por desear nuera rica, y la madre de Sarah porque Churchill era pobre y tenía pésima reputación. Fue la futura reina Maria de Módena quien tuvo que dar el beneplácito de los Estuardo para que los futuros Duques de Marlborough se casaran.

La serie cubre el ascenso de los Churchill a través de los últimos cuatro reyes Estuardo, tal como su caída provocada por un quiebre de la amistad entre Sarah y la Reina Ana, la última Estuardo en el trono. Como el libreto está basado en las memorias que la Duquesa escribiera en su viudez y vejez, es mucho más fidedigno que las falsedades de La Favorita.

En los primeros episodios vemos varias facetas de Carlos II, sus amantes, como se aleja de la Castlemaine y posa sus reales ojos en Louise de Kerouallez a la que convierte en Duquesa de Portsmouth. Vemos su corte compuesta por grandes literatos como el Conde de Rochester, nos pasamos el tiempo viendo a su familia que incluye al joven Monmouth, hijo ilegitimo del rey y muy amigo de John Churchill. Lo que más vemos es la familia del Duque de York incluyendo a boda de su hija María con el heredero al trono de Holanda.

                               Lord Rochester, cuarenta años antes de Johnny Depp

                                  Los querendones York

Aunque en términos de escenografía se ve anticuada, y el vestuario se ve ajado, Los Primeros Churchill goza de excelentes actuaciones y diálogos y es un fiel retrato de la corte carolina y de las que la siguieron. La serie retrata el acenso de los Churchill a través el reinado de dos reyes y dos reinas y es el relato más completo de las monarquías Estuardo.

Carlos II aparece como un rey inteligente, pero atrapado por un dilema. ¿Qué hacer con los católicos?  La serie nos lo muestra ante la conspiración de TItus Oates al que Sarah llama “el mentiroso más grande de la historia”. Carlos también se dé cuenta que Oates es un charlatán, pero lo cierto es que el pueblo odia a los ‘papistas”. Lo vemos en un gracioso episodio en que una turba ataca un palanquín que creen porta a la “puta católica”(Louise de Keroualle). Del vehículo emerge la cabeza de Nell Gwynn que grita “soy la puta protestante”.



El rey en este enredo tiene tejado de cristal. No solo su amante es católica, también lo son su madre, su esposa y su hermano.  Es el Duque de York quien más peligra. Al no tener hijos  Carlos, su hermano es el sucesor, ¿pero lo aceptará el pueblo? Para proteger la sucesión Estuardo, Carlos permite que se pasen leyes que afectan a los católicos, incluso que se ajusticie a gente inocente.

                                                 El rey sin peluca

Tiene razón puesto que hay una camarilla que quiere poner en el trono al Duque de Monmouth con el viejo cuento de que Carlos se casó en su juventud con Lucy Walter, la madre del muchacho. Monmouth intenta atraer a su causa a John Churchill, pero el futuro Marlborough se rehúsa a traicionar a los Estuardo.

Rufus Sewell y un Carlos Apasionado

Increíble que les haya tomado a la BBC casi cuarenta años en volver a tener a Carlos II como eje de una historia. En el 2005, Rufus Sewell quien ya habia impactado en The Pillars of the Earth, daba vida a Charles II: The Power and the Passion. La serie nos lo muestra exiliado en Francia,  perseguido por la pesadilla de ser hijo de un rey ejecutado y el no saber su futuro. Su madre (Dame Diana Rigg) es una verdadera Reina de Espinos que lo pincha con demandas de que debe volver a la iglesia y así conseguir el apoyo de su primo Luis XIV.



Carlos es amigo de las fiestas y las mujeres, pero un padre devoto del pequeño Duque de Monmouth que en esta serie es producto de una boda secreta de Carlos. Para sacar a su hijo del camino al trono, el mismo rey quemará, en algún momento, las pruebas de que el legítimo heredero es el hijo de Lucy Walter.


La Castlemaine y el Nuevo Buckingham

El mejor amigo de Carlos es el Duque de Buckingham (hijo del amante del abuelo del príncipe). Interpretado por Rupert Graves, Buckingham es muy simpático, pero un gran traidor. Peor es su prima Bárbara Castlemaine (Helen McGrory que en paz descanse) con la que el rey se encapricha. Aunque es una suripanta, le explica a Carlos que aun en su promiscuidad hay principios. Se acuesta solo con quien le da buenos regalos y el joven Estuardo tiene los bolsillos planchados.

Todo cambia cuando muere Cromwell. Su hijo no da la talla. Los mismos generales que apresaron a Carlos I ahora mandan llamar y vitorean a Carlos II. Barbara acepta al rey en su cama y enseguida comienza a complotar con Buckingham quien ha sido su amante desde que la Duquesa de Cleveland tenía 13 años. Increíble que Carlos nunca se dé cuenta de los traidores que tiene a su lado. Tal vez porque lo que cuentan en la series sea falso.



Barbara no se cansa de exigir . Amenaza incluso con matar a su primogénito si Carlos no lo reconoce (Barbara era una mujer casada) y no le da un ducado como a Monmouth. Llega a seducir al hijo de su amante y convencerlo de que él debe ser el heredero al trono y no el tío Jaime que, aparte de bobo,  es católico.

Caterina de Braganza

Sin embargo, el poder de La Castlemaine, que aquí es retratada como un verdadera diablesa, es coartado por un impedimento. Casada y plebeya no puede aspirar a ser reina de Inglaterra. Debido a extraños tratados , Carlos es obligado a tomar una esposa católica. La elegida es Caterina de Braganza que trae una dote inmensa que incluye las primeras posesiones británica en la India.

El primer encuentro entre los esposos es un desastre. La princesa portuguesa (Interpretada por Shirley Henderson, la Moaning Myrtle de Hary Potter) viene ataviada como una Menina de Velásquez. Desacostumbrados a esas modas,  los cortesanos se parten de a risa y Carlos exclama “¡me han casado con un murciélago!” La costumbre de Caterina de rezar el Rosario antes de meterse en la cama y de ponerse un bonete para dormir,  no la hacen muy sexy y el rey se demora en consumar el matrimonio.




Aun así, Caterina no se deja, arma pataletas ante las humillaciones a las que la somete Barbarita que se ha conseguido un puesto de dama de su rival. Carlos descubre que su mujer no es una ratita tímida, que tiene temperamento latino, que puede ser alegre, que le gustan los perros. De ahí un paso al tálamo nupcial y un breve interludio romántico.

Caterina se demora en embarazarse. Cuando lo logra,  pierde al niño y queda imposibilitada de tener más. Humillada, suplica al rey se divorcie de ella. Barbara y Buckingham complotan para demostrar que Monmouth es el legítimo heredero. Logran la caída del fiel Lord Hyde, consejero de siempre de Carlos.



 Hyde ha cometido un error, permitió que su hija Anne emborrachase al Duque de York para seducirlo. Ahora Anne es duquesa y madre de dos futuras reinas. Carlos permite el destierro de Hyde, pero toma un par de decisiones. No se divorciará de Caterina, le tiene cariño y respeto. Su hermano y sus sobrinas representan la única línea de sucesión.



Me detengo a hacer un poco de historia. Hyde fue desterrado. Monmouth era un favorito del pueblo que cada vez se tornaba más anticatólico. Caterina tuvo varios embarazos, pero sufrió de abortos espontáneos o dio a luz niños muerto. Es cierto que ofreció divorciarse del rey y este siempre se negó porque le tenía mucho cariño. Esa escena tan conmovedora en que, delirando,  Caterina cree ser madre de tres hijos y que el marido compasivamente le sigue la corriente, ocurrió en realidad.



Caterina sobrevivió a su esposo y eventualmente regresó a su patria donde fungió como regente de su hermano el rey Pedro en dos ocasiones. La historia se ha olvidado de ella, pero para mí , la Restauración tuvo tres luces en la corte: Maria de Módena ,  Louise de Keroualle y la reina Caterina.

Minette y Louise de Keroualle

La serie obviamente se enfoca en los affaires del rey, de cómo Nell Gwynn le da las fuerzas para expulsar a La Castlemaine de la corte. Nos lo muestran feliz con Nell , pero su relación con la noble bretona que consiguió destronar a la Castlemaine es retratada como un fling menor.

                                         Nell Gwynn en la vida real...
                                   Y en la ficción

En Francia. La Reina Viuda Enriqueta fallece y solicita de su hija menor, la Duquesa de Orleans (Anne Marie Duff)que vaya a Londres a convencer a Carlos de volver al catolicismo y aliarse con Francia. Luis XIV hace el mismo pedido a su cuñada. Minette viaja secretamente acompañada de una de sus damas Louise de Keroualle,  que atrae el ojo alegre del rey, pero Carlos está demasiado contento de ver a su hermanita y de la oportunidad que le brinda El Rey Sol,  para meterse con una chica virgen y soltera.  Solo tras la muerte de Minette, Carlos aceptará tener un hijo con la bretona.

                                      los ancestros del Príncipe Guillermo

La serie nos cuenta (y tal vez no mienta) que este Carlos era un oportunista que usaba la religión como le conviniese más. Su gran deseo era ser un rey absolutista y con muchos doblones para pagar sus lujos, amantes y diversiones. Luis XIV le ofrece la oportunidad de sacarse de encima un Parlamento que no sabe que más atacar, los parientes católicos de rey o sus gastos excesivos. Carlos firma varios tratados con Inglaterra. Algunos públicos que lo hacen dejar de ser aliado de su sobrino Guillermo de Orange en su guerra contra Luis, y otros más secretos.



En Francia y en Inglaterra vemos los sufrimientos de Minette. Como en Versalles, la vemos soportar un esposo gay  (ahí está acariciando a Chevalier). Buckingham chismea que Minette se consuela con su cuñado el Rey Sol. Vemos a Monsieur violar a Minette (tal como en Versalles), pero el cuento de que él la envenenó puede haber sido verdad, pero no coincide con el hermoso retrato que Alexander Vlahos nos brindó del Duque de Orleans.



Carlos II no se ocupa mucho de la Plaga de 1666. El rey y su corte huyen de la peste dejando que el pueblo muera. Diferente es el Gran Incendio, vemos a Carlos, su hermano y a Buckingham despojarse de sus pelucas para ponerle el hombro al esfuerzo de detener el fuego . Vemos como el pueblo acusa a los católicos de haber provocado el siniestro. Dicen que Farriner, en cuya panadería comenzó el fuego, es un agente de los franceses.

La situación de los católicos se vuelve un conflicto de estado. El Duque de York no ayuda, haciéndose católico y escogiendo por segunda esposa a la católica Maria de Módena. La situación de los católicos se va volviendo precaria. Sin embargo, la serie no es muy parcial hacia ese grupo ni tampoco es muy pro-Estuardo. Aun así nos muestra que antes de morir, Carlos volvió a la Iglesia Católica.



Carlos Tirano, Carlos Traidor, Carlos Pusilánime

Carlos II dejó abierto el camino para vilipendiar al rey Carlos en futuras miniseries históricas. En Versalles, lo vemos como un interesado oportunista que usa a su hermana para sus planes absolutistas. En realidad, toda la serie es tan antimonárquica que ningún rey sale bien parado. Peor fue el retrato de Carlos que hizo Jeremy Northam en New Worlds. Ahí es un tirano tan absolutista que dos puritanos (Jamie Dornan y Joe “Gendry” Dempsie) que añoran la era de Cromwell (WTF?),  huyen a Virginia para no soportar las arbitrariedades reales.



Creo que el único retrato semi positivo de Carlitos ha sido en la menos mediocre de estas producciones de la última década. Me refiero a The Great Fire of London, donde Jack Huston nos muestra un vano monarca que salta de la cama de la Castlemaine a fiestas donde persigue a la virtuosa Lady Frances (personaje real que también apareció en Carlos II) ignorando tanto a su reina como a su reino.

Casi tan mal marido es el pobre Samuel Pepys (Daniel Mays) que ha descuidado a su esposa (la insufrible Perdita Weeks). Mientras el célebre diarista se empeña en ascender en la corte,  su infiel esposa asciende a la cama de su maestro de baile, un emigrado portugués. En esta serie el blanco de la ira xenófoba son los portugueses, considerados aliados de la reina Caterina.

El protagonista de este cuento es Thomas Farriner (Andrew Buchan) , el panadero en cuyo local inició el siniestro. Farriner está enamorado de su cuñada (Rose “Ygritte” Leslie) quien trabaja para un portugués. En su vida irrumpe Lord Denton, jefe de los servicios de inteligencia británicos (Charles “Tywin” Dance en su más siniestra actuación). Denton está tan obsesionado con el peligro que representan los católicos que se las ingenia para fabricar una conspiración. Cuando Rose se niega a secundarlo, Denton la convierte en la sospechosa de haber iniciado el incendio.



Entretanto, el Duque de York, harto de la debilidad y frivolidad del hermano, se hace católico y es parte de una cadre que busca devolver el poder a los “Papistas”. Durante el incendio, York lucha junto al pueblo contra las llamas. El rey se esconde en la cama de la Castlemaine. Será su reina quien lo saque de una oreja y lo mande a conducir la batalla contra el fuego, para luegojunto con Pepys demostrar la inocencia del panadero y su cuñada.





Si nos fiáramos de la ficción televisiva, Los Carlos deben haber sido pésimos gobernantes. Agreguémosle lo que The Crown ha hecho con el actual rey y nos queda esa impresión de que llevar ese nombre es mal comienzo para quien porta la corona.

martes, 22 de noviembre de 2022

La Fórmula de las Reinas: Calumnias, victimización y un velado ataque a la monarquía

 


Este otoño fue un reinado de reinas, valga la redundancia, cual de todas más mediocres y desacreditadas. Ha llegado el punto que temo ver la nueva versión de la tragedia de Maria Antonieta. Temo ver fake news históricas, temo ver invenciones preposteras (¿Toinette, Du Barry y Luis XV en un triángulo erótico?) y temo que las mismas calumnias que llevaron a la reina francesa al cadalso sean eternizadas en servicio de una agenda woke.



Republicanismo vs Monarquismo

En tres palabras, la fórmula de las reinas consiste en tomar una soberana o princesa y ponerla como una eterna víctima de una monarquía absolutista y patriarcal. La vemos rebelarse contra un protocolo que aleja al soberano de sus súbditos y la vemos acercarse a su pueblo. En el proceso muchas veces la reina-mártir es sacrificada por un sistema monárquico que al impedir la libertad de sus gobernantes,  también impide la de la gente sobre la cual reinan. En suma, la formula, que hemos viso en una docena de series y filmes en los últimos cinco años corresponde a una cláusula de la no-escrita agenda woke.

Esta cláusula nace del republicanismo estadounidense que,  desde los días de Thomas Jefferson y Tom Paine,  ve a la monarquía como una aberración arbitraria. Hoy que hay un fuerte movimiento que busca abolir la monarquía en el Reino Unido y en España,  la agenda woke,  cuya bienintencionada norma es libertad y progreso (muy mal entendidos),  la ha hecho suya.

Como todo en lo woke,  al republicanismo se le han agregado otras ramas libertarias como el feminismo que ve en monarquías un ejemplo del patriarcado blanco ( no veo a nadie hablando de derrocar al Sultán de Brunéi, el Rey de Lesoto o el Emperador de Japón) que oprime a los miembros femeninos o LGTB de su entorno. Eso que,  si perduran las monarquías,  tendremos antes del medio siglo reinas por derecho propio en España, Suecia, Bélgica y Holanda.

                              Las futuras reinas europeas

Otra corriente afiliada al wokismo y que también ve con malos ojos que todavía existan reinos hereditarios son los que apoyan a la gente de color puesto que consideran que las monarquías son las causantes de colonialismo opresor. Aunque no andan errados, me hace gracia que no piensen ni se quejen de colonialismos nacidos en democracia o en dictaduras. Nadie habla del colonialismo soviético, por ejemplo.

No es mi intención hacer un panegírico de la monarquía. Con el zeitgeist imperante es imposible, pero no veo esa forma de gobierno más deficiente que mal llamadas democracias donde se elige al peor candidato o donde los “presidentes ”sufren deparafraseando a Pancho Villa un mal que los hace “pegar” el trasero al sillón presidencial.

Tampoco es que la Fórmula de las Reinas sea aplicable a cualquier obra que denuncie un mal rey o a uno incapaz de reinar. La Locura del Rey Jorge ilustra un episodio histórico, pero no es un ataque en contra de un mal gobernante. Alexandre Dumas criticó los excesos de Los Valois y de los Borbones, pero en El Caballero de la Casa Roja mostró los esfuerzos del protagonista (un persone real) por rescatar a Maria Antonieta.



Sin embargo, es Dumas quien crea este retrato de la reina mártir en su obra dedicada a Margarita de Valois,  La Reina Margot, en la cual la casquivana princesa es víctima de su madre, de sus hermanos y hasta de sus amantes.

 

Del Cine Silente a La Anglofilia de Los 80

Desde el advenimiento del cine , incluso en el silente, han existido cintas dedicadas a la tragedia de ser reinas. Cleopatra, Isabel I, Maria Estuardo, Maria Antonieta, y la Reina Victoria han sido temas de innumerables guiones de todas partes del mundo. Se han creado inclusive filmes sobre rivalidades de reinas como todo lo dedicado a Isabel I y a su díscola prima escocesa. Ana Bolena y Catalina de Aragón han provocado debates entre lo Tudormaniacos que dividen sus lealtades entre las esposas de Enrique VIII. Y si creemos que estas nuevas series sobre la competencia entre Diane de Poitiers y Catalina de Médicis son cosa de hoy,  deben ver el filme de Los Cincuenta,  Diane donde Marisa Pavan es la Reina de Francia y Lana Turner es la incómoda Poitiers.



Como todo en el cine, inclusive fuera de Hollywood, las reinas han tenido su encasillamiento: Cleopatra es la femme fatale; Isabel I y Victoria son grande estadistas, Toinette, Catita de Aragón y Maria Estuardo son reinas mártires. En Los 50, en Austria nació el mito de Sisi en pantalla y con ella esta idea de una joven rebelde que se niega a seguir al protocolo impuesto por la pesada de su suegra. Tato éxito tuvo el personaje que su actriz Romy Schneider fue llamada hacer algo parecido con la Reina Vicky en Victoria in Dover. Entretanto,  en Inglaterra,  Jean Simmons encarnaba a Isabel I en su etapa rebelde en Young Bess donde su casto romance con su padrastro no ameritó acusaciones de pedofilia o abuso sexual como ocurriera recientemente con Becoming Elizabeth.



Ninguno de estos filmes atacaba la institución monárquica. Algo que solo ha venido a imponer esta extraña guerra cultural que vivimos hoy. Se hablaba de malos soberanos y reyes tiranos como Enrique VIII o Juan sin Tierra, pero el pueblo estadounidense siempre ha pasado por épocas anglófilas inspiradas por cine y televisión. Nada más conducente a esa admiración que el Masterpiece Theater que desde sus inicios nos llevó a conocer a los reyes y reinas que convirtieron al Reino Unido en la monarquía más característica de nuestro universo.

La primera temporada del Masterpiece fue ocupada por The First Churchills que presentaba un retrato cálido, respetuoso y verídico de la Reina Ana que nada tenía que ver con la calumniadora e indecente obra de Deborah Davis,  La Favorita. Dame Glenda Jackson,  en su insuperable tour de forcé Elizabeth R, inició la pasión obsesiva con Los Tudor que yo califico como Tudormania.  Y a mi llegada a USA,  en 1974, me vi en medio de una fascinación con la Era Edwardiana con programas clásicos como Lilie, Jennie, y Upstairs Downstairs, todas incluyendo entre sus personajes al incorregible Eduardo VII. Hasta le hicieron su propia miniserie en la BBC.



Que este rey travieso, parrandero y mujeriego gozase de tanta aceptación como el que su época resultase tan fascinante para los republicanos yanquis, indicaba una tolerancia por una forma de gobierno que al final era parlamentaria y semi demócrata. Para 1982, la anglofilia estadounidense estaba en su cúspide con programas de televisión como la soberbia Retorno a Brideshead, la segunda invasión del rock inglés y,  gracias a una tal Diana Spencer, la anglofilia se tornó casi en una adoración por la monarquía.

Entre Diana-Víctima y Maria Antonieta-Parasito

Si las bodas reales de Los 80 nos fascinaron con el glamur de la monarquía,  una década más tarde el divorcio y las declaraciones públicas de la ex Princesa de Gales hicieron que,  aun los poco interesados en política,  cuestionasen la existencia de una institución que podía destruir a una joven inocente que entraba en ella. Por algo, el año de la muerte de Diana, se puso en pantalla Mrs. Brown, donde Dame Judi Dench nos muestra a una Victoria enlutada a la que su rol de gobernante y las reglas del protocolo impiden ser feliz. Pero también este filme nos muestra como acercarse demasiado a estos entes de sangre azul puede destruir al simple plebeyo, en este caso John Brown, y como Vicky egoístamente deja que su dolor personal la aleje de sus deberes de reina.



Aunque Mrs. Brown y La Locura del Rey George pueden verse como ejemplos negativos de la monarquía, el fin de siglo nos trajo una apoteosis del reinado de Isabel I,  Ia que abrió la puerta a una nueva era de Tudormania. Elizabeth y The Golden Age ponían en alto la labor de un monarca en construir un imperio. No recuerdo haber oído ningún furor antimonárquico en ese entonces, a pesar de que en filmes como The Affair of the Necklace (2001) se mostrase a Maria Antonieta como una mujer egoísta e injusta que al despreciar la solicitud de la Condesa de La Motte labró su propio infortunio.

                        Joely Ricardson como María Antonieta en La intriga del collar

Por el contrario, se alababa la importancia de los deberes de una reina/princesa aun en la literatura juvenil llevada a la pantalla. Mia Thermopolis en Los Diarios de la Princesa podría encontrar ridículas algunas reglas del protocolo, pero a último minuto cuando se dispone a huir de su herencia real, decide regresar y aceptar ser la heredera de un mítico reino con todas las obligaciones que esto conlleva.



Si tuviese que escoger un año para definir el comienzo de la guerra en contra de la monarquía ese fue el 2006,  el año de Marie Antoinette y The Queen. Acabo de ver por enésima vez la producción de Sophia Coppola. Me encanta, bien actuada, lujosísima, un regalo para la vista,  personajes adorables, ect. ect.. ¿Qué más se puede pedir?  Sin embargo, por primera vez percibo el descredito del personaje de la archiduquesa austriaca.

En vez de ofrecernos lo mejor de María Antonieta nos la muestran como una frívola consumista, glotona, despilfarradora, jugadora, borracha e inconsciente. No se mencionan sus logros:  su mecenazgo de artistas como Madame Vigee Lebrun, y Gluck;  de cómo ayudó a transformar la escena musical francesa; de cómo inició dos industrias galas, la moda y la peluquería. No mencionan su buen corazón, su gran lealtad, y el amor que prodigó a sus hijos (pocos saben que adoptó tres niños, uno de ellos de color).



La idea fue mostrarla como una alocada niña rica no muy alejada de los príncipes actuales que se la pasan gastando el dinero del pueblo en excesos y francachelas. En suma, Kirnst Dunst nos dio la imagen más atractiva de un parásito de la realeza. En cambio, en The Queen del mismo año,  Peter Morgan puso la primera piedra al mausoleo de la monarquía con su descarnado retrato de la fría crueldad de Isabel II ante la muerte de una nuera que era una realidad incómoda para la familia real o lo que ellos llaman “La Firma”.



La pregunta que eleva el magnífico personaje de Dame Helen Mirren es si Isabel ha creado un ambiente tan toxico que empujó a Diana a huir y a cometer locuras. O es la monarquía y sus reglas insufribles las culpables de la indiferencia de la Reina y de la histérica desesperación que ha llevado a su nuera a una muerte prematura.

Conscientes del daño hecho, los cineastas intentaron borrar esa imagen nefasta con filmes que exaltaban a buenos gobernantes como Young Victoria; Bertie y Elizabeth y por supuesto, la magnífica El Discurso del Rey. En general , incluso en The Crown hay una visión amable de Jorge VI, no así de su esposa, pero déjenme seguir en orden cronológico.



Amor y Muerte en Dinamarca

Fue en el 2011 que nos llegó un sutil ataque a la monarquía y a su celo misógino que destruye a las mujeres que no se someten a sus reglas. Vino de Dinamarca y convirtió a sus protagonistas, Alicia Vikander y Mads Mikkelsen,  en estrellas. Se trata de la triste historia de amor entre la princesa inglesa Carolina Matilde y el medico Johann Friederich Streussen consejero de su esposo, el príncipe luego rey Cristián VI.

A mitad del siglo XVIII. Carolina recién llegada a la corte danesa, descubre que su marido es un enfermo mental que solo busca degradarla. Atraída por las ideas progresistas del Dr. Streussen, Carolina inicia amistad con el hombre de confianza del príncipe. Acaban en la cama, tienen una hija, se descubre todo, escándalo mayúsculo. Streussen pierde la cabeza, Carolina es separada de su hijos y enviada al exilio. Una historia para llorar océanos y que sin embargo es totalmente cierta, solo que el modo de relatarla crea una nueva guía para los  anti monarquías. La lección de A Royal Affaire es que no solo la monarquía destruye a las mujeres inteligentes e independiente, también permite que asciendan al trono monarcas retrógrados y dementes.





El que Dinamarca sea hoy una monarquía parlamentaria, bien lejos del absolutismo oscurantista dieciochesco , no le importa a una generación de espectadores semi educados que todavía no entienden que los reyes europeos modernos  (y el Emperador del Japón) no gobiernan. Los que si saben eso esgrimen el argumento que el pueblo no necesita mantener a parásitos de sangre azul.

Así llegamos al 2016 el año en que Peter Morgan por fin pudo dar de hachazos a una institución que detesta y a una reina que despreciaba (¡y el desvergonzado dijo, a raíz del fallecimiento de Su Majestad,  que su serie de mentiras era “una carta de amor” a la reina. ¡Carta de amor enviada en bomba Molotov!

En sus primeras dos temporadas,  y en las excelentes manos de Claire Foy, Isabel II fue descrita como una mártir, una mujer que debe sacrificar su derecho a ser esposa y madre para poder gobernar, aunque también Morgan nos deja claro que Isabel no estaba preparada, que era ignorante e ingenua. Como ese tratamiento sería el que recibiría Victoria ese mismo año, nadie se percató de lo ofensiva que era The Crown.



Las primeras quejas surgieron en la tercera temporada cuando Olivia Colman fue horriblemente miscast en un rol que le quedaba grande. Esta Isabel era torpe, ineficaz, perezosa, e insensible, incapaz de ofrecer consuelo a la desdichada Diana. ¡Incapaz de derramar una lagrima por niños muertos! ¿Hasta dónde llegaba la imaginación diabólica de Peter Morgan?

No solo la reina era blanco del vituperio. Su madre, hasta entonces un icono sagrado de la cultura británica, era descrita como una vieja ordinaria, borracha y malévola que interfería en los asuntos familiares como si fuese un padrino de la mafia. El pobre Carlos quedaba como un manipulador pelele y su padre como el posible autor intelectual de la muerte de Diana. Esas falsedades eran cobardes puesto que La Familia Real no podía defenderse de tanta calumnia.



El 2018, a la par de este ataque frontal contra la monarquía, vino un desdichado retrato de Maria Estuardo en un filme que de lo único que puede apreciarse es de ser inclusivo. Al menos no  pusieron a Saoirse Ronan como una tarada arrogante como la interpretase Samantha Morton en Elizabeth, o como tan puta que hasta le quita lo gay a David Rizzio en la malhadada Reinas. Al final que Reign,  con todo su fantasioso script, es el retrato que más honra a la Reina de los Escoceses.

Olivia Colman, Asesina de Reinas

El 2018 no solo fue el año en que Olivia Coleman se las arregló para hacer picadillo a Su Soberana, también fue cuando la Academia la honró por una obra en la que queda claro cuan despótica, vil y privilegiada puede ser una reina.

La última de los Estuardo hoy es más recordada por muebles que se hicieron en su época. A pesar de que filmes como Soldier in Love donde fue magníficamente interpretada por Dame Claire Bloom o The First Churchills donde Margaret Tyzak la encarnó como una mujer devota de su religión y esposo,  The Favorite destruye esa imagen reemplazándola for embustes salidas de la mente caprichosa de la David.



Ingenua tal vez demasiado para reinar, ha sido el veredicto de la historia sobre Ana I. The First Churchills cubría casi toda la vida de esta desdichada reina con énfasis en  la relación entre Ana y su amiga de la infancia,  Sarah Churchill y de cómo esta relación empañó el reinado de la primera. El  argumento se basaba en  documentos oficiales, memorias y correspondencia.

Los Churchill tuvieron una tremenda influencia sobre la Reina Ana y sus decisiones políticas. Eventualmente Ana se sacudió a estos amigos y tomó como confidente a Abigail Masham , prima de Sarah. Como la serie está narrada por la anciana Duquesa de Marlborough, la tenemos en su vejez preguntándose qué la hizo perder el favor de Su Majestad.



En la vida real, Los Churchill (principalmente Sarah) no fueron mansos corderos. En su empeño en dominar la voluntad real y privilegiar a familia y amigos, Sarah se volvió imprudente e insolente. La muerte de su único hijo varón la alejó de la corte. En su luto ni siquiera respondía las cartas de Ana quien también sufriría la muerte de su único hijo (y único sobreviviente de 17 embarazos). La Duquesa añadió insulto a la injuria, negándose a llevar luto por el principito. Es normal que Ana haya buscado otra confidente. La enfurecida Sarah comenzó a hacer circular unos poemas satíricos que insinuaban una relación lésbica entre Abigail y su reina.

Hasta hoy, ningún historiador ha encontrado evidencia de lesbianismo entre Ana y sus favoritas. Ni siquiera las cartas juveniles con las que la Duquesa quería chantajear a su soberana, donde Ana expresaba su amistad y cariño con mucha pasión son vistas como evidencia de una relación erótica. Por un lado, ese lenguaje era común entre las amistades del siglo XVII. Por otro es imposible que una señora que se la pasaba en la cama haciendo hijos con su marido, y que era también muy religiosa, tuviese tiempo para escarceos de lo que entonces era considerado Contra Natura.

Solo en la cabeza de una periodista mediocre como Débora Davis podía nacer la idea de convertir una intriga palaciega en un triángulo gay. Le tomaría casi dos décadas a Davis “colocar” su aberrante libreto en manos de algún productor. El rechazo nacía de que nadie quería meterse con falsedades históricas que además estaban muy mal escritas. De hecho, durante los veinte años antes que La Favorita fuese llevada a la pantalla, Davis tomó cursos de redacción de libretos por correspondencia y sacó un posgrado en el tema. Aun así, se dice que el australiano Tony McNamara fue quien rescribió todo el pastiche.



En el nuevo liberto y subsecuente filme,  Ana, una mujer enferma e infeliz, es degradada hasta convertirla en una demente,  sucia, despótica, aquejada por enfermedades repugnantes que abusa,  incluso sexualmente,  de sus damas. El que los ingleses vieran en la pantalla a Olivia Colman haciendo de Ana y luego en la pantalla pequeña encarnando a la actual Reina de Inglaterra, reforzaba una imagen negativa de la monarquía.

Poco a poco desaparecía la imagen de las reinas que por casi una década había sido dictada por Juego de Tronos donde las malas reinas eran tipo Cersei y las buenas eran como Daenerys, justicieras, generosas, pero sacando energía para dejar el espacio de víctimas y convertirse en poderosas monarcas. Así se las retrató en la británica Victoria, la rusa Ekaterina y la austriaca Maria Teresa, pero esas imágenes fueron disipadas por víctimas de la monarquía que se rebelan contra ella como la actual iconografía de Lady Diana y su sucesora Meghan Markle,  y estos nuevos retratos de Sissi.

Reinas empoderadas VS Príncesas víctimas


Por otro lado,  tenemos sátiras de la institución con reinas que aunque dotadas de buenas intenciones pronto adquieren gusto por el poder y son capaces de todo tipo de actos criminales para conseguirlo. Es lo que hemos visto en sátiras antihistóricas como The Great que hace reír y The Serpent Queen que no saca ni una carcajada y que es tan alejada de la historia que obligan a  criticarla  porque ya traspasa los límites de la suspensión de la credibilidad o de licencias dramáticas.

Quitándole el Halo a Reinas Santas

Por otro lado, está la destrucción de reinas consideradas mártires como Catalina de Aragón que Lionsgate y Emma Frost arrastraron por los suelos en The Spanish Princess. No solo la convirtieron en ambiciosa y perjura, sino que le inventaron todo tipo de ideas que nunca tuvo la pobre señora. En la Primera Parte la encuentran abierta al Islam y a las costumbres moras,  y en la Segunda la ponen quemando libros de herejes y rechazando a la hija que Doña Catita tanto amó.



Otra víctima ha sido la icónica Queen Mum, hasta hace poco un personaje intocable. Hoy no solo Peter Morgan se encarga de faenar a la vaca sagrada de La Casa Windsor. En la noruega Atlantic Crossing, se burlan de la Reina Madre en su momento más glorioso , la Segunda Guerra Mundial y de paso hacen befa de la tartamudez de su esposo. Todo para lapidar a la valerosa monarquía noruega en un cuento Me Too de como el Rey Haakon y su heredero Olaf (que calumnian describiéndolo como un borracho y padre ausente) intentaron opacar a la única que valía en esa familia:  la Princesa Heredera Martha.


Otra manera de denigrar a los reyes, convertirlos en borrachos


A pesar de que hay conciencia de que fue la autocracia del Zar Nicolas la que destruyó su imperio, la Zarina Alejandra siempre ha sido vista como esposa y madre mártir. Eso hasta que el docudrama The Last Czars la puso como drogadicta, calentona con Rasputín,  y tan metiche en la política que destruyó al imperio.



Una ironía es que los rusos que hicieron una revolución para deshacerse del Zar y de su familia son los primeros en blanquear a monstruos históricos como Iván el Terrible o zares usurpadores como Boris Godunov. En sendas miniseries sobre estos señores le echan la culpa a los boyardos y a ambiciosas mujeres de la nobleza de todas las maquinaciones y masacres perpetradas en estos reinados de Iván y de su cuñado Godunov.

En cuanto al personaje de Catalina la Grande, la ponen un poco como Daenerys, un peón en el tablero político sometida a su suegra, a una corte intrigante y a su condición femenina, pero que luego se las arregla para encontrar vías de empoderamiento. Aunque nos la muestran como una gran gobernante no esconden sus flaquezas e implacabilidad para lidiar con los que veía como sus enemigos. Sin embargo, estos relatos no culpan a la monarquía de las fallas de sus emperadores.



E solo en Occidente  donde se aferran a una formula agotadora y falsa. Eso es lo que esperamos de la María Antonieta producción franco-inglesa que ya por ser creación de Deborah Davis trae tufo.

Otra ironía es que España, donde existe un fuerte movimiento antimonárquico, no hacen este tipo de series. Durante el último gobierno de derechas (2011-2018) se hicieron verdaderas loas a reyes del pasado como Isabel la Católica y su nieto Carlos . Incluso  en Tiempos de Guerra, retrataron admirablemente a la reina Victoria Eugenia como una mujer enérgica y decidida que crea un equipo de enfermeras para que vayan a curar heridos en Marruecos.



En cambio, no se ha hecho nada sobre reinas casquivanas y escandalosas como la reina consorte Maria Luisa de Parma, o la reina regente Maria Cristina de las Dos Sicilias o de su extraordinaria hija Isabel II que tuvo doce hijos,  ninguno de su marido que era gay. ¿Será porque la televisión española,  por woke que sea,  no necesita recurrir a escándalos históricos o  imitar una fórmula que ya huele a añeja?  Basta ver los abucheos que ha recibido Peter Morgan por sus ridículas mentiras en la última temporada de The Crown.