Me la vendieron
como una combinación de The White Lotus y de Fantasy Island. Me sonó
olvidable y la olvidé, hasta que la gatita Macarena me convenció de verla. Pensé
que daría para una página y la embutiría en “Lo que vi en invierno”, pero para
el tercer episodio ya me di cuenta que tenía mucho que decir y que podía hacer
nota completa. Antes de publicarla, les recuerdo que la segunda temporada llega
esta primavera a Hulu en USA y a Amazon Prime Video en España y América Latina.
9 Personajes
en Busca de Curandera
Basada en la
novela de Liane Moriarty( la autora de Big Little Lies), esta serie tiene lugar en el
espacio de una decena en Tranquillium, un spa de lujo que promete una
transformación total de cuerpo y espíritu. Pocos pueden costearse la tarifa y
aun así no todos son aceptados, puesto que Masha (Nicole Kidman), la dueña,
escoge con pinzas a sus clientes.
Es así que ofrece
un recorte de pago a Napoleón Marconi (Michael Shannon), un humilde maestro de
secundaria que llega al spa acompañado de Heather (Asher Keddie), su esposa, y Zoé
(Grace van Patten), su hija de veinte años. Los Marconi están intentando
rehacer su vida, cada uno a su manera, después del suicidio de Zack, el mellizo
de Zoé. El problema es que al rehusarse a compartir o expresar su dolor se
están separando como familia.
Otros que también
están a punto de separase son Los Chandler, una pareja birracial de nuevos
ricos a quienes el dinero no les ha traído la felicidad. Jessica (Samara Weaving)es
una belleza superficial que sufre de una inmensa insatisfacción que ha querido
ocultar con su éxito como influencer. Su obsesión con su cuenta de Instagram le
impide ver lo frustrado que está su marido, Ben (Melvin Gregg), un ex chofer de
un negocio de banqueteria que ahora conduce un Lamborghini, pero extraña su
camioneta de reparto.
Quien no tiene
problemas para pagar su estadía en Tranquillium, es Frances (Melissa McCarthy),
una exitosa autora de género rosa que también acarrea una carga problemática. Gordita,
menopaúsica, esconde la humillación de haber sido inducida a tener un
romance-en-línea que la hizo caer en manos de un estafador. Para colmo, camino
al spa, Frances recibe una llamada de su agente: su último manuscrito ha sido
rechazado.
Esta noticia
provoca un ataque histérico de la escritora que es presenciado por otro
visitante. Tony (Bobby Cannavale, el Gip Rosetti de Boardwalk Empire y
marido de Rose Byrne) es perfectamente descrito como un “Patán” con mayúscula.
Su relación con la escritora comienza de la peor manera. A pesar de eso, será Tony
a quien Frances confiará sus dos secretos.
Aparte de patán, Tony
es descrito por Masha como “drogadicto”. Serán los varones del grupo los que
reconozcan que Tony es una ex estrella de futbol americano. Una serie de
lesiones lo empujó a una adicción de analgésicos que acabó con su carrera y su
vida.
Otra que viene a
recobrar su vida es Carmel (Regina Hall),
una ex vestidora y maquillista de
Broadway que ha venido en busca de transformación física y emocional luego que
su marido la dejó por una mujer más joven. Aunque dulce y amable, Carmel es
inoportuna y un poco cursi, lo que provoca burlas del mordaz Lars (Luke Evans
de The Alienist), un enigmático visitante del que solo se sabe
que es gay. Hay señales de que Lars es alguien infiltrado para investigar los
quehaceres del establecimiento.
Masha maneja el
spa con solo tres ayudantes: Glory (Zoe Terakes), Delilah (Tiffany Boone) y Yao
(Manny Jacinto), el esposo de esta última que parece estar en una relación con Masha.
Desde el primer día, los visitantes gruñen en contra de las reglas, se pelean
entre sí y amenazan con marcharse. Les molesta que se les haya privado de sus móviles
y de otras formas de comunicación con el exterior. También que hayan registrado
su equipaje y requisado cosas como las drogas de Tony y los chocolatines de Frances.
Finalmente confrontan
a Masha que parece ejercer un fuerte ascendiente psicológico sobre la gente puesto
que les presenta respuestas a medias que no serían convincentes para nadie
sensato. Explica que los insumos requisados chocan con la alimentación sana y
el proceso de desintoxicación que deben pasar todos para curarse. Masha usa
técnicas del merolico de repetir mucho una palabra o variaciones de esta para
convencer a los incautos. Una de ellas es “curación” la otra es “bienestar” que,
según ella, es lo que anhelan sus pacientes y por último el vago término “protocolo”
para definir el tratamiento al que somete a los perfectos extraños a su cargo.
Masha les cuenta
que ella fue una mujer de carrera, tan obsesionada con su propio éxito y satisfacción
personal que maltrataba a todos los que la rodeaban. Hasta que un día alguien
le disparó y la puso al borde de la muerte. Un camillero (Yao) la rescató, por
eso ella lo incorporó en este viaje de autotransformación cuyo secreto quiere compartir
con los encolerizados visitantes. Acaba diciendo que antes de transformarse,
sus pacientes deberán “sufrir”. Lo extraordinario, es que impresionados por las
palabras de la mujer, deciden quedarse y enfrentar su “sufrimiento”.
Los lectores de
la novela recordarán que Masha sufre una cercanía con la muerte debido a un
ataque al corazón. El inventar un atentado lleva a una pesada subtrama en la
que Masha recibe textos de su atacante llenos de amenaza y que eventualmente el
cuasi-asesino (o asesina) se descubre entre sus pacientes. Combinar la formula “White
Lotus” con el misterio de Los 10 Indiecitos de Agatha Christie no ha
sido una ocurrencia feliz y es a lo que Hollywood Reporter alude en su reseña negativa de la
serie. “No hay suspenso ni cambios viscerales”.
Un Tratamiento
Poco Tranquilizador
En realidad todos
los cambios efectuados de la obra original ayudan a echar perder la historia y
eso se debe a la inexperiencia, por no llamarla torpeza, del libreto. En el libro, el tratamiento
inicia con cinco días de aislamiento lo que permite a la autora construir sus
personajes brindándonos sus vivencias pasadas y personalidades presentes. En la
serie se han saltado ese recurso reemplazándolo por dos días de experiencias de
campamentos infantiles y reality shows.
El primero es una
carrera de ensacados donde la influencer Jessica hace trampa y gana, pero
recibe los aplausos de todos menos de Carmel. Esto lleva a una pelea de gatas
verbal entre la rubia despampanante y la mujer de color, mayor, con unas
libritas de más. La ironía es que ambas están descontentas con su apariencia física,
pero el tema se pierde ya que al día siguiente tenemos una parodia de Survivor
que sirve de detonante y con consecuencias trágicas (al menos para un chivo).
Es Dia de la Tierra
(Earth Day). Las mujeres comparten confidencias mientras se zambullen desnudas
en una alberca natural. Los hombres son invitados a pasarse el día en la jungla
buscando su alimentación en la abundancia de la naturaleza. Después de un
misero smoothie de desayuno, los chicos se van de excursión atraídos por la promesa
de árboles frutales y arbustos cargados de bayas comestibles.
İOh sorpresa! Descubren que no es época de frutas, hayan
un misero aguacate y algunas bayas silvestres. A medida que avanza el día, y el
compungido Yao les informa que de cena solo tendrán otro batido, el apetito carnívoro de la tribu se desata y
caen en la histeria. Me alegra saber que Moriarty no escribió este episodio tan
bochornoso. ¿Me van a decir que hombres sanos, hechos y
derechos, no pueden pasarse un día sin comer?
No se necesita
ser un judío observante y pasarse seis días de ayuno al año―uno
por más de 24 horas― absteniéndose hasta de un vaso de agua, para
saber que no comer o comer liviano por algunas horas es bueno para acabar con las
toxinas y comenzar dietas. La reacción de los hombres es tan infantil y
exagerada que no resulta creíble, y menos que, empujados por el hambre, cacen y
maten a la cabrita mascota de Masha.
Si a las
Drogas
Aunque la rusa está
muy alterada por la pérdida de su animalito (más tarde se desploma y llora en
su cuarto) finge estar encantada por la reacción violenta de sus invitados. En
premio, les da una cena especial―con
asado de cabrito―y hasta vino. Durante esa cena, Marconi intenta hacer un discurso y, entre
muchos disparates, expresa su desolación y remordimientos por el suicidio de su
hijo.
Es ahí cuando Heather
se da cuenta de que hay juego sucio en todo este tratamiento y enfrenta a Masha
con la pregunta “¿Nos estás drogando?” Con gran condescendencia, la
rusa admite estar dándoles pequeñas dosis de hongos alucinógenos. “Pero es
perfectamente seguro” admite quien no ha estudiado medicina.
La revelación
provoca un barullo total. Todos la cubren de reproches, le recuerdan que lo
hecho es ilegal, que ha traicionado su confianza al medicarlos sin su
consentimiento. Masha reacciona enojada de que puedan dudar de su pericia y
buenas intenciones y compungida de que sean tan ingratos, y aquí viene lo
grotesco. A pesar de que están inicialmente enfadados, los huéspedes aceptan
seguir ingiriendo mayores dosis de drogas. Al enterarse que los únicos que no
han sido drogados son ella y su esposo, Jessica se siente ofendida y postergada
y exige su dosis de alucinógenos.
Voy a explicar por
qué la serie me resultó desagradable. No es que Masha tenga sexo lésbico con Delilah,
es que manipula sexualmente a una mujer que sufre de problemas mentales. No es
que drogue a sus invitados. Es que en la era en que hay que pedir
consentimiento hasta para hablarle a un bebé, adultos profesionales entreguen
vida, salud y dinero en las manos de una mujer que carece de conocimientos y de
ética y, que todo indica, está más loca que sus “pacientes”.
Me es
extremadamente repugnante que la serie (no sé el libro) adopte una postura de
que las drogas son buenas porque te desinhiben, te despiertan los sentidos y
acaban con tus problemas. ¿En serio? Incluso te dicen que te permite
rencontrarte con la gente que perdiste. Esto lo consideré francamente inmoral.
Yo sé que si consumo peyote (algo que nunca he hecho) veré cosas. A lo mejor con
IA puedo volver a ver a mi padre, a mis mascotas, a gente que sin estar muertas
ya no son parte de mi vida, pero también sé que eso es momentáneo, una mera
ilusión.
El resto del
cuento sigue esa premisa de manipulación-sumisión que da asco. Me costó mucho
verla hasta el final que es para agarrar a zapatazos a los personajes y a los
libretistas. No puedo creer que ya hayan hecho una segunda temporada.
En otros aspectos, la serie es recomendable, por el hermoso paraje australiano (aunque se supone que están en California). La banda sonora es excelente y muy ecléctica. Encontré una canción de Buddy Holly que no conocía.
El vestuario, como se trata de un
spa, es casual. El más variado es el de Melissa McCarthy que saca algunos maxis
vestidos muy bonitos, pero que luego despliega un guardarropa de buzos de
gimnasia y horrorosos burkinis.
Las actuaciones
son irregulares. Michael Shannon demuestra su tremenda versatilidad en su rol
de Napoleón Marconi, ya que estamos acostumbrado a verlo de villano. Melissa McCarthy
se las arregla para convertir a Frances en un personaje adorable cuando bien
pudo ser insufrible y bufonesco. Quien sí deviene en caricatura es Jessica.
Incluso cuando el guion nos pide que nos conmueva acaba siendo una payasa
ridícula y creo que la culpa puede estar en Samara Weaving, su interprete.
Quien ha sido una
total desilusión es Nicole Kidman. El personaje de Masha no es un triunfo para
quien siempre se ha destacado como buena actriz. Nicole la interpreta como una
demente manipuladora, hasta pone ojos de loca con pupilas dilatadas como si
estuviera tan drogada como sus huéspedes. Por eso no se entiende que alguien
que ya parece desequilibrada tenga tanto poder sobre personas que no se ven tan
dementes como ella.
Incluso su
aspecto físico no es tan deslumbrante. Se ve muy delgada (no cuando está
desnuda). Sin llegar a ser esquelética tiene una apariencia tubular casi sin
curvas, con una cabeza que se ve más grande que el cuerpo. Cuando viste de
blanco parece un cirio encendido. Eso la deshumaniza más.
Me cuesta recomendar
la serie por sus mensajes contradictorios, por el tratamiento superficial de
temas graves como el suicidio, las drogas prescritas por médicos y las
recreacionales; y por un final abierto que, además de disparatado, es
injusto. Pero no solo los admiradores de Nicole Kidman pueden verla.
Aparte de que es un buen punto de conversación para personas que están pasando
por las crisis que la serie nos muestra.
Contenido Violento y Gory: Las drogas despiertan el instinto violento de Napoleón y Carmel. Hay flashbacks del intento de asesinato del que fue víctima Masha, muchas menciones al suicidio de Zack. Hay violencia verbal, pero a mi parecer la mayor violencia es la manía y obsesión de Masha de dominar hasta el punto del abuso a sus clientes a los que ya antes ha despojado de dinero.
Contenido Sexual
y Desnudos: Finalmente Jessica
y su marido vuelven a hacer el amor, pero no es gráfico. Masha tiene sexo con
Yao y la vemos desnuda. Para rescatar su matrimonio, Delilah tiene sexo con Masha,
pero solo vemos a ambas intercambiando un beso lésbico.
Factor
Feminista: Lo siento, pero mujeres que permiten que una
perfecta desconocida las controle, no son ejemplo de empoderamiento femenino.
Tampoco lo es Masha quien es nada más que una delincuente ambiciosa,
manipuladora y medio loca, pero la serie parece admirarla. El único ejemplo de
una mujer que quiere detener el poder destructivo de Masha es Delilah y al
final la dejan como una histérica celosa.
Factor
Diversidad: El marido de
Jessica, Delilah y Carmel son afroamericanos. Yao es de origen asiático. Lars
es gay.