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martes, 26 de agosto de 2025

María Antonieta: Primera y Segunda Temporada

 


La primera temporada me dio urticaria y le hice la cruz, pero necesitando algo que llenase mi espacio de series de los martes, me puse a ver la segunda etapa. Aunque no carente de falsedades históricas, es menos sexualizada y menos estrambótica que los primeros episodios. Incluso me hizo retroceder y descubrir que a partir del quinto episodio, la serie se vuelve coherente y digestible. Marie Antoinette puede verse en EStados Unidos via PBS Amazon y en América Latina por Disney+

De Delfina a Reina

Los primeros episodios daban grima con una creación de escenarios imposibles. ¿Cómo Luis XV (¡qué repugnante estuvo James Purefoy en ese papel!), por mucho que le gustasen las muchachitas,  iba a poner en peligro su alianza con Austria abusando de la esposa de su nieto? ¿Como en Austria iban a mandar a Francia una princesa impúber? ¿Como María Antonieta no iba a saber lo que era menstruar e iba a manchar las escaleras de Versalles con la sangre de su primera regla? ¿Acaso no usaba calzones? ¿Y cómo la famosa enemistad entre la Delfina y Madame Du Barry aquí la convierten en una relación con ribetes lésbicos?

                          Luis XV y Du Barry, par de cochinos

Con esa presentación,  yo me alejé de la serie anglo-francesa (combinación de la BBC y de Banijay), pero por falta de material de esparcimiento, se me ocurrió entrar en el episodio 6, justamente el que describe la provechosa visita del Emperador Jose, hermano de la reina. A mí siempre me ha caído bien este emperador liberal y sesudo y siento mucha lastima por la trágica vida personal que le tocó.



Jonas Bloquet lo interpreta magistralmente, opacando a Danny Huston en la versión de Sofia Coppola. El modo en que enfrenta los problemas conyugales de los monarcas y las intrigas cortesanas es sabio y divertido a la vez. Al final del episodio, los reyes están camino de escribirle a la cigüeña. Al final de la temporada ya tienen dos hijos, uno de ellos el anhelado Delfín.

Antes de esto, hemos tenido varios altibajos emocionales de nuestra heroína. Finalmente le cayó el veinte que primo Chartres no era su aliado incondicional, sino un hombre obsesionado con hacerla su amante. El Duque de Chartres, envidioso y libidinoso,  inspira un poco de lastima, pero el libreto escogió una manera simplista de explicar la traición del futuro Philippe-Egalitė.



En la vida real, el Duque siempre sintió envidia de su primo. Luis XVI y su consorte le tenían tirria por intrigante y sinvergüenza. Lo que pasa es que por alguna razón la producción decidió prescindir del Conde de Artois, hermano del rey concentrándose solo en el man-child de Provenza. Artois (futuro Carlos X) si se llevó bien con Toinette, desde la llegada de la austriaca a Francia. Tanto que se les imputaron los amores que en la serie achacan a Chartres y a la reina.

Hablando del Conde de Provence, me divierte este niñato con ínfulas de rey que no sabe ni como preñar a su mujer. Me ha gustado más su retrato en Careme donde, quien se ha autonombrado Luis XVIII (que lo seria después del exilio de Napoleón) aparece como un hombre taciturno, desilusionado con la vida, pero dotado de la suficiente sabiduría para saber lo importante que es la buena mesa y el talento de Careme para llenarla.

               Provence con exceso de rouge en las mejillas

Quien me inspira lastima, aunque es amargada e intrigante, es su mujer María Josefina de Saboya. Debe haber sido casi imposible vivir con un marido que le expresaba el desprecio hasta con la mirada. Por suerte, la italiana se consiguió una amiga y compañera de cama en su lectora Madame de Grebillon que aparece en el episodio final de la primera temporada.



Lamballe vs Polignac

Otra razón por la cual me alejé de esta serie fue la caricaturización de María Teresa de Saboya-Carignano, Princesa de Lamballe, personaje histórico que siempre ha capturado mi imaginación. Después que Anita Louise y Mary Nighy me la habían presentado de manera atractiva y grata, la pobre Jasmine Blackborow ha sido convertida en un ser insignificante con su ridícula virtud y con el estigma de hacernos creer que estaba enamorada de su real patrona. Eso me resultó una ofensa a una mujer que es considerada casi mártir.



Pues la serie a partir del episodio siete nos muestra que la villana de este cuento es Yolanda de Polastron, personaje muy diferente al interpretado por Rose Byrne en la versión Coppola. No he podido encontrar antecedentes familiares que la hagan parienta del Conde de Maurepas ni históricos que la describan como espía del ministro. Lo que si es cierto es que era ambiciosa y oportunista. Se aprovechaba del cariño de la reina para conseguir puestos para su familia, honores para ellacomo el recibir el título de Duquesa de Polignac—y amasar una fortuna propia.

                      Toinette cambia de amiga

Obvio que esta preferencia de María Antonieta por la alegre y audaz Duquesa postergó a la seria y piadosa Lamballe, lo que puede haber hecho mella en un espíritu sensible y frágil como el de la Princesa. Por eso aplaudimos cuando Lamballe ya no aguanta más y se marcha de la Corte, pero regresa cuando recibe noticia de la muerte de la Emperatriz María Teresa para consolar a su amiga. Es un momento enternecedor cuando María Antonieta la abraza. Ahí se siente la devoción de Lamballe, una devoción que la llevará a la muerte.



La serie además es importante porque nos trae temas históricos como el perpetuo dilema de si la ruina económica de Francia (mayor factor para la Revolución) fue provocada por la ayuda de la nación gala a la independencia de los Estados Unidos. También conocemos personajes que la historia ha olvidado.

Me dio un poco de lata que pasaran tan rápido por encima de Rose Bertin, la primera gran modista de la historia y ni una mención de Madame Vigee-Lebrun. De hecho el retrato que Toinette envía a su moribunda madre no corresponde al suyo pero si es un cuadro de Yolanda de Polastron que Vigee-Lebrun pintó.



Es interesante que pongan que Anton Mesmer mesmerizó a Lamballe y que la Princesa aconsejó a su reina que se pusiese en manos del genial germano. En realidad, Lamballe utilizó los servicios de un discípulo de Mesmer llamado Charles D’Eslon que había sido médico de cabecera del Conde de Artois.

No hay constancia de que Toinette haya sido mesmerizada, pero como toda la Francia importante, ella tenía conciencia del magnetismo animal y su influencia. La Reina le ofreció a Mesmer un sueldo y pensión, pero el científico se negó a aceptarlos ya que, a cambio, debía dejarse vigilar por colegas.

Así llegamos a 1783 en la Segunda Parte. La serie le baja el tono al sexo y a las escapadas de la reina. María Antonieta se ha vuelto una mujer seria, dedicada a ayudar a su pueblo en un invierno crudísimo, uno de los peores de la historia, pero su ayuda no es suficiente.

            Los soldados protegen a su reina y a Lamballe de una turba de mendigos

Luis, Toinette y Fersen: Un Triángulo Trágico

Esta segunda temporada nos permite conocer un Luis XVI que es la persona más decente de la Corte. Ya no lo asaltan las dudas de antaño, pero su tarea ,a la que le dedica casi todo el día, es titánica e imposible. El tesoro de la nación ya les llegó a las manos malgastado por los excesos del abuelo; los cofres han quedado vacíos por el esfuerzo de mantener una guerra con Inglaterra y de apoyar la independencia de los Estados Unidos.

Los americanos no están muy apurados en pagar la deuda y Luis necesita desesperadamente de un mago de las finanzas que saque al reino del atolladero. En cambio, la siempre entrometida Yolanda le encaja a su amiguito Calonne.

Históricamente se sabe que Calonne era cercano a la Duquesa de Polignac, pero no fue más inepto que otros ministros de finanza. La nación estaba empobrecida, el mal clima había acabado con las cosechas. Había hambre en la ciudad y en el campo, encima de eso se vino el escándalo por el famoso collar.

Vemos a Luis en su faceta de padre y esposo, labores que desempeña bien. Lo vemos atender al viejo e invalido Conde de Maurepas y hasta sofocar sus hormonas cuando está cerca de Polignac. Nos es difícil comprender porque María Antonieta no lo ama cuando es tan bueno. La reina sigue enamorada del Conde Fersen, al que no ha visto en años y al que le escribe cartas con tinta invisible que nunca envía.



Cuando las cartas desaparecen, Toinette sospecha de Yolanda y es que la reina está cobrando conciencia de que su mejor amiga es también su enemiga. Esto ocurre a raíz del mal parto de Toinette cuando Polignac no está su lado. Nosotros (y Lamballe) sabemos que Polignac la abandonó consciente que su soberana estaba mal, más preocupada de meterle a Calonne por los ojos al rey. Aun ignorando esto María Antonieta sabe que sus enemigos están muy cerca, en la corte.

Una Corte de Enemigos

Es cierto. El Cardenal de Rohan, mujeriego y libidinoso, será motivo de la destrucción de María Antonieta. En el palacio se ha introducido una alimaña que se unirá al repulsivo prelado. Jeanne de La Motta Valois era efectivamente una condesa, pero también ratera y estafadora. Una criminal ambiciosa muy alejada de la  interpretada por Hilary Swank en La intriga del collar. Cuando Jeanne se une a Rohan están claveteando juntos el ataúd de sus soberanos y de la monarquía francesa.



Otro enemigo es Chartres, que nunca le ha perdonado a la esposa de su primo su rechazo, Ahora vive semi exiliado bajo prohibición de acercarse a Versalles. Su palacio es lugar de reunión para intelectuales con ideas revolucionarias como Beaumarchais que como nos mostrase Franklin era un maestro del espionaje, pero también de la propaganda política. Su pieza de teatro Las Bodas de Fígaro seria instrumental para sembrar la idea de que los poderosos pueden ser derrotados por sus propios sirvientes.

Una aclaración. Vemos a Chartres, que, siempre fue mujeriego, cohabitando con la Condesa de Genlis. Efectivamente, Felicite era una escritora de ideas progresistas. Tuvo un affaire con su empleador, cuando fue gobernanta de los hijos del Duque de Chartres, Incluso tuvieron una hija, Pamela, pero para 1783, época en que inicia la Segunda Temporada, estaban ya separados.



1783, como vemos, fue una época difícil para María Antonieta quien estaba a mediados de su cuarto embarazo. Aparte de sus hijos mayores que vimos nacer en la Primera Temporada, Toinette había perdido un bebe en 1781. La serie no miente al describir el mal fin de este cuarto embarazo, aunque no fue culpa de Polignac.



Ese es el argumento, aparte de eso la serie no tiene mucho que ofrecer. Carece de vestuario esplendoroso, de hermosos paisajes y de buena cinematografía. En todo es inferior a la visión de Sofia Coppola de María Antonieta. A lo mejor la Toinette de Kirnst Dunst era menos mezquina, frívola, tonta que la de la vida real, pero caía mejor.

Contenido Violento o Gory: Increíble que un país que iba a presenciar el primer régimen sangriento de la historia moderna, parezca tan tranquilo. Hay muchos gritos, pero no vemos peleas. se oyen rumores de guerras lejanas, y una turba de mendigos acosa a María Antonieta cuando va a socorrerlos. ¿Lo más violento? El cierre de Las Bodas de Fígaro por la policía y un derechazo que el rey le propina a su hermano por andar calumniando a su mujer.


                      Los Reyes se disponen a ver Las Bodas de Figaro

Contenido Sexual y Desnudos: La primera temporada fue una orgia constante. A pesar de escenas grotescas como Toinette ensuciando las escaleras con sangre menstrual o bañándose con Dubarry o Luis XV (pobre Purefoy que papel tan degradante) manoseando a la mujer del nieto, casi no recuerdo desnudos. La segunda temporada le baja el tono a lo sexual, a pesar del adulterio de la reina y del romance lésbico (un detalle histórico) de la Condesa de Provenza con Marguerite de Grebillon.

Quien me ha incomodado es Fersen. No soy puritana ni pertenezco al gremio de los historiadores revisionistas que insisten en creer que la reina y el conde sueco solo sostuvieron una amistad platónica. Es que el actor no me entra. Prefiero pensar en Axel Fersen con el rostro de Tyrone Power o Jamie Dornan.

                                   Elijan a su Fersen preferido


Factor Feminista: Como buena obra woke nos cuentan constantemente como la pobrecita Toinette es víctima de reglas patriarcales que la sofocan. Me resulta difícil tenerle lástima a una shopaholica que ejerce su poder consumista a diestra y siniestra. Como en  la mayoría de estas series, las mujeres son víctimas de su propia inutilidad y quienes realmente fueron poderosas como la Emperatriz Maria Teresa, son vistas como las villanas del cuento por obligar a su hija a casarse con el rey de Francia, un destino que todas las nobles envidiaban.

Para evidenciar la debilidad de estas mujeres veamos como acabaron en la vida real. Toinette sufrió escarnio público, prisión, y finalmente perdió la cabeza literalmente. Lamballe fue despedazada por una turba luego que se negó a repudiar a sus soberanos. 

      Los muchos rostros de María Teresa de Lamballe




Polignac es vista como la gran perra manipuladora, pero trabaja para otros hombres, sus parientes y sus amantes. Consiguió huir de la guillotina, pero sucumbió a un cáncer uterino.


                              Polignac por Vigee-Lebrun

Parecería que Jeanne de La Motte es muy poderosa, pero terminó en el cadalso, azotada y marcada con un hierro candente. Escapó a Inglaterra donde recibió una muerte macabra al ser arrojada desde una ventana de hotel.

                      Muy condesa, pero una zorra delincuente

Las grandes sobrevivientes fueron las tías del rey. Victoire y Elizabeth lograron escapar del Terror y morir de viejas en el extranjero donde encontraron refugio con parientes que tuvieron que soportarlas. Llevaron vidas vacías y sus muertes no fueron recordadas.

María Giuseppina también sobrevivió al Terror. Acabó sus días viviendo en Alemania en compañía de su amante y del alcohol. La vimos en Careme, pero no vimos la subida al trono de Provenza quien volvió a Paris a reinar, pero no se molestó en llevarse a su odiada mujer consigo. Quien fungió como primera dama del reino, fue su sobrina, la pequeña “Mousseline” convertida en Duquesa de Angulema.

                        Los Delfines y Los Provenza en familia

En una velada del Duque de Chartres, Cagliostro predice que o su anfitrión o el Conde de Provenza reinarán después de Luis XVI. Sabemos que fue Provenza. En cuanto a Felipe Igualdad, ser un traidor a su estirpe y jugar a ser revolucionario le valió de poco. Fue guillotinado. Su esposa (que no aparece en la serie) logró huir. Felicite también huyó perdiendo toda su fortuna. Rebotó de corte en corte, a través de Europa, para regresar a Francia donde obtuvo pequeñas pensiones por parte de Napoleón y de su antiguo pupilo, Luis-Felipe, una vez que él reinó Francia.

Sin embargo, Madame de Genlis nos llega envuelta en brumas del tiempo por otro motivo. Era escritora fecunda y en vida publicó varios libros infantiles, dirigidos principalmente para niñas. Llenos de moralismos pero también de ideas liberales, hoy nos parecerán anticuados, pero en su día fueron traducidos a varios idiomas ya que su obra es mencionada por Balzac y Tolstoi y como escritora influyó en autoras inglesas de su época como Jane Austen. Lástima que la serie haga más hincapié en su faceta de amante que de literata. En resumen, Marie Antoinette no es una serie feminista.



Factor Diversidad: Es un gusto que incluyan en la trama a Chevalier de Saint- George, que fue importante en la corte de Luis XVI, amistó con la reina y era negro e hijo de esclavos, pero aparte de su interprete (Yoli Fuller) l no hay actores de color en la serie. Todos son europeos y caucásicos.



lunes, 21 de octubre de 2024

¿Quiénes son los verdaderos villanos? La Revolución Francesa en la Cultura Popular

 


Aún hoy, una época en que la historia es olvidada, se recuerda La Revolución Francesa como un momento épico que aportó grandes beneficios a la humanidad. ¿Entonces qué motiva a la ficción a describirla siempre como un momento caótico, donde la justicia es impartida por revolucionarios sedientos de sangre y cobra la vida de inocentes? Así es como aparece en las tres obras icónicas sobre el periodo: A Tale of Two Cities de Charles Dickens, la pieza teatral Las Dos Huerfanitas y The Scarlet Pimpernel de La Baronesa Orczy.

Francia Dieciochesca

Para entender esta visión confusa de la Revolución y sus méritos, hay que saber qué fue y que la provocó.  En la imaginación popular existe esa idea de un país oscurantista, dominado por un rey tirano y una reina que despilfarraba el dinero de los pobres, dividido en un París lleno de mendigos hambrientos, y una zona rural donde el campesinado era esclavizado por la nobleza feudal. Algo de eso hay.

Luis XVI era un rey absolutista, pero de buen corazón y ansioso de reformas que coartaban el tremendo poder del Primer y el Segundo Estado compuestos por una nobleza billonaria y el alto clero, igualmente millonario. Ambos poderes eran también los mayores latifundistas del país,  los campesinos estaban sometidos a un sistema (la corvee) que los convertía en siervos de los poderosos, pero no todo era blanco y negro.



María Antonieta era manirrota, pero lo que arruinó a Francia fue la ayuda diplomática y material que se le dio a Estados Unidos para nacer como nación. Lo que provocó rebeliones en las zonas rurales y protestas en París fueron un par de años de pésimas cosechas debido a fenómenos climáticos provocados por las erupciones de un volcán islandés.

No todos los nobles eran corruptos, opresores y hambreadores del pueblo. Muchos aristócratas apoyaron La Revolución como el Conde de Mirbeau, el Marqués de Lafayette y hasta príncipes como el Duque de Orleans, primo del rey, que de tan revolucionario que era mereció el apodo de Philippe-Egalitė (Felipe-Igualdad).

                                       El Marqués de Lafayette

En 1789, vísperas de la Revolución, Francia era el país más poblado, más rico y con la gente más instruida de Europa. Es cierto que la desigualdad social era inmensa, pero había menos analfabetismo y más gente interesada en leer y escuchar nuevas ideas. El Siglo de Las Luces recibió ese nombre porque lo iluminaron los franceses con sus enciclopedistas como Voltaire, Rousseau y Diderot que desafiaban las reglas caducas del Ancien Regime como la idea de que el Rey era un enviado divino.

En Paris había cien periódicos. El auge del periodismo lo convertiría en una lucrativa profesión cuyos miembros formarían parte de una nueva clase social, la profesional compuesta por abogados, médicos, e ingenieros. A ellos se les agregaría otra clase que hoy llamaríamos alta burguesía compuesta por banqueros, dueños de fábricas y comerciantes que traficaban con los productos de un imperio que en ese entonces comprendía islas del Caribe y regiones de África y de la India.

De los Estados Generales a la República

Todos estos hombres, dotados de erudición, dinero y ambición, ven con malos ojos que las riendas del poder las lleven la aristocracia y el alto clero. Ellos también desean tener voz y voto en lo que ocurre en el país. Aunémosles a ellos, los oficiales y soldados que pelearon en el ejército de Washington y que regresan a Francia llenos de ideas republicanas. Todos ellos apoyarían y hasta fomentarían protestas en contra del gobierno, obligando a Luis XVI a convocar los Estados Generales, algo que no se había hecho en un siglo.

                                     Los Estados Generales de 1789

A pesar de que se permite la entrada de delegados del Tercer Estado, o sea la nueva burguesía, esta asamblea es un fracaso. El Tercer Estado se retira indignado ya que no se aprueban ninguna de sus demandas. Sus miembros conforman la más equitativa Asamblea Nacional. De ahí saldrán, en los próximos meses, varios puntos útiles e innovadores de esta primera etapa revolucionaria. Se redacta la Declaración de los Derechos del Hombre (con varios aspectos que imitaban la constitución estadounidense), se declara el sufragio universal,  y Luis XVI tiene que aceptar que Francia se convierta en una monarquía constitucional como Inglaterra.

No es suficiente, las facciones rebeldes están divididas. Hay grupos que creen que se puede reformar a Francia sin deshacerse del rey. Esos grupos forman la facción de los Girondinos. Otro grupo de sediciosos, más amigo de la violencia, quiere derrocar la monarquía y establecer un tipo de republica donde se pasará por cuchillo a todo opositor. Estos se llamarán Jacobinos. Son ellos quienes soliviantarán los ánimos de un pueblo hambriento suscitando levantamientos ―no tan espontáneos―como la Toma de La Bastilla y la Marcha de Mujeres a Versalles que obligará a la Familia Real a dejar su refugio y regresar a París.

                                    La Toma de la Bastilla

En el campo están teniendo lugar alzamientos rurales e incluso violencia en contra de los señores feudales. Muchos miembros del Ancien Regime se marchan al extranjero, entre ellos los hermanos del rey que lo sucederán en el trono en el siglo que se avecina. Otro grupo maltratado, a pesar de que muchos sacerdotes se unieron a la Revolución, es el clero. Se le quitan sus posesiones y derechos, se prohíbe la ordenación de nuevos religiosos, se exige un juramento de lealtad hacia el nuevo gobierno. Muchos se rehúsan conscientes de que los revolucionarios quieren acabar no solo con el Segundo Estado sino también con la religión en Francia.

El Papa condena la Revolución, sus feligreses franceses provocan alzamientos revolucionarios (en 1790) en ciudades provenzales como Toulon, Aviñón y Nimes. El gobierno revolucionario, que ya no hace caso al rey, busca afianzar su poder. Se descalifica al ejército interior parisino (comandado por Lafayette) y se lo reemplaza por una milicia de gente del pueblo que se apodan los sans-culotte, llamados así porque visten pantalones, en vez de los culottes hasta la rodilla usados por la nobleza.

                                   Sans-Culottes

En el extranjero, la nobleza emigrada comienza a conspirar contra el nuevo gobierno. El Conde de Artois (futuro Carlos X), hermano del rey, en la Corte de los Habsburgo no cesa de recordarle al emperador Leopoldo del peligro que corre su cuñada (hermana del emperador) María Antonieta. Para fines de 1790, el mismo Luis XVI envía misivas secretas a su primo Carlos IV de España y a Federico, El Grande, de Prusia solicitando ayuda.

Los Capeto Decapitados

La situación de la Familia Real empeora cuando fracasa su intento de fuga en la famosa       “ Noche de Varennes” (La Nuit de Varennes). Austria y Prusia hacen una alianza y se lanzan en contra de Francia. Dentro de la nación gala hay importantes alzamientos en Bretaña (La Chuanería) y Vendée.

Se registran las habitaciones del rey en Las Tullerías y se encuentran muestras de correspondencia insidiosa. Luis, su esposa, sus hijos y su hermana, Madame Elizabeth, son llevados a la prisión del Temple donde vivirán en condiciones miserables y vejatorias. Se declara la república. En 1792, Luis es enjuiciado y guillotinado. Es el comienzo del Terror.

                                  Ejecución de Luis XVI




María Antonieta es sujeta a torturas mentales. La peor es que le arrebatan a su hijito de ocho años. El Delfín es entregado a manos de un maleante revolucionario, el zapatero Simón. El zapatero tiene ordenes de” reeducar” al pequeño Luis, de quitarle sus ínfulas reales y de convertirlo en un verdadero revolucionario. Para eso Simón golpea al niño, lo obliga a beber alcohol, a decir groserías, a insultar a sus padres y a otros abusos tan espeluznantes que no me atrevo a describir.



María Antonieta también es llevada a juicio, se la acusa de pecados reales (conspirar con otros reyes) y otros absurdos. El clímax llega cuando se presenta en la corte una carta escrita por el pequeño Delfín que ahora firma “Luis Capeto”. En ella el niño acusa a su madre de haberlo obligado a participar en juegos sexuales. Indignada, la reina invoca ayuda de” las madres de Francia” para que no crean en esa infamia.

Convencidas por la sincera reacción de la acusada, las mujeres presentes abuchean esa evidencia y se retiran los cargos de incesto. Es el único triunfo de la autre-chienne quien será guillotinada, pronto la sigue su cuñada, el pequeño Delfín morirá en prisión, la única sobreviviente es la adolescente María Teresa.

                           Juicio de Maria Antonieta

El Reinado de Madame Guillotine

Antes de hablar del curso sanguinario que tomará La Revolución a partir de declarada una república, es necesario ver si realmente se establecieron los principios de libertad e igualdad, ya que obviamente no habría fraternidad. Se establece un sufragio ni tan universal. Se permite que voten los protestantes, pero le tomará tiempo declarar a los judíos “ciudadanos”.

La Revolución Francesa no hizo nada por los derechos de la mujer. Quien más luchó por ellos fue la actriz girondina, Olympe de Gouges, que perdería la cabeza por su militancia. Aunque se abolió la esclavitud en Francia siguió existiendo en sus posesiones de América provocando alzamientos de esclavos y gente mixta en Martinica y en Haití que fueron reprimidos brutalmente.



Estamos entonces en la etapa del Terror, nombre que le aplican los mismos revolucionarios. La guillotina no solo corta cabezas de la realeza, elimina cuanto aristócrata pilla aun quienes han apoyado la Revolución, incluyendo a Philippe Egalitė quien había votado por la muerte de su primo, el rey.  Lafayette, quien estaba luchando en la frontera contra los enemigos de Francia, cae en desgracia, y es quemado en efigie en París. Logra huir a Viena donde es arrestado por haber apoyado a la Revolución.

Pronto rodarán las cabezas de los girondinos, aun las de gente importante como el poeta André Chenier y Antoine de Lavoisier, el mejor químico de su época. En este baño de sangre ocurrirá lo inevitable, la Revolución comienza a devorar a sus propios hijos. Al cadalso subirán, entre otros, Danton, Hebert, Camille Desmoulins y Lucie, su esposa.

                                 Lavoisier y su esposa. Retrato de Ingres

Robespierre se convierte en un tirano absolutista. Francia se vuelve un estado policial con la creación del siniestro Comité de Salud Pública.  A las muertes de inocentes se unirán extrañas manifestaciones del poder revolucionario, tales como cambiar el calendario y desterrar a D-s y a la religión del suelo francés. Robespierre reemplaza la iglesia con el culto del Ser Supremo que por suerte no prospera.

Al menos la guillotina promete una “muerte limpia”. Hay masacres en las que los asesinatos de prisioneros en cárceles, conventos y hasta manicomios, son acompañados de torturas y violaciones. Los peores desmanes ocurren contra los contrarrevolucionarios. En Nantes, el macabro sentido del humor del jacobino Jean Baptiste Carriere lo lleva a inventar una forma grotesca de ejecución que llamará la “Bañera Nacional” y que consiste en ahogar a cientos de personas de todos los sexos y edades, clérigos, monjas, madres con sus hijos y hasta bebés en el Loira.

                        Las masacres de Nantes

Finalmente, el mismo gobierno se harta de tanto baño de sangre y guillotina a Robespierre. Su tiranía es reemplazada brevemente por el Directorio, menos sanguinario, pero muy corrupto. Lo derribará un joven general corso que se ha destacado en el campo de batalla. Napoleón reinstaurará la monarquía, ahora llamada Imperio y a él lo reemplazarán los hermanos del rey guillotinado. Lo Borbones serán desterrados en 1830 y reemplazados por Luis-Felipe de Orleans, hijo de Philippe Egalitė, quien a su vez será reemplazado en 1848 por Napoleón III, sobrino del primer emperador. Francia solo será una república en 1872.

La Reina Mártir en la Ficción

Si me he pasado cuatro páginas hablando de estos hechos es para explicar la relación ambigua que tiene la literatura con La Revolución Francesa, y como sus obras más famosas reprochan sus excesos. Basta pensar en los innumerables recuentos de la ordalía de María Antonieta que generalmente ha sido retratada como una mártir.  En el cine, Norma Shearer en Los 30 y Kirnst Dunst en la versión de Sofia Coppola nos han ofrecido una reina manirrota, distanciada de la realidad y hasta con amante, pero generosa y compasiva. En la de Coppola, nos dan un atisbo de María Antonieta como patrona de la industria de la moda y de la peluquería en Francia.



Solo en este siglo han aparecido retratos negativos de la “autrechienne”. En La Intriga del Collar, Joely Richardson es una reina indiferente al sufrir de súbditos como la tramposa heroína (Hilary Swank) cuyos enredos fueron la mayor causa del odio popular por una mujer que jamás encargó ese carísimo collar. Ni hablar de las obscenas falsedades de esta producción de la BBC, Marie Antoinette donde Emilia Schule retrata a una Delfina que parece una parodia de la verdadera o de Farewell to the Queen que se encarga (para complacer al colectivo LGTB) de perpetuar las calumnias de los revolucionarios.



Lo triste es que las grandes contribuciones de María Antonieta a la cultura e industria gala, su mecenaje de artistas como Madame Vigee-Lebrun y su caridad que abarcó la adopción de varios niños, incluyendo uno de color, se desvanecen. En este continuó recuento de un martirio se olvida a la mujer verdadera. No debe sorprendernos, porque el cine se ha encargado también de elevar a los altares a una santa de la vulgaridad, egoísmo y vanidad como lo fue a prostituta Juana Becú, conocida como la Condesa Du Barry.

Vale pensar en todas las diosas del cine que la interpretaron. Theda Bara en 1917, Pola Negri en la versión Weimar de 1919 dirigida por Ernst Lubitsch. Ya en el cine hablado, Du Barry sirve para darle un último gran rol en Hollywood a la mexicana Dolores del Rio.  Solo Asia Argento en María Antonieta de Coppola se acerca a la verdadera y se atreve a desmitificar a quien solo fue una cortesana ambiciosa. Ahh, pero en esta década, la francesa Maiwenn vuelve a santificar a Du Barry. No tienen remedio.



La Revolución en la Literatura

En el Siglo XIX, los grandes escritores franceses usaron la Revolución como trasfondo. En Los Chuanes, Honore de Balzac se muestra favorable a los rebeldes bretones que se atrevieron a desafiar a los revolucionarios. Dumas Pere cierra su serie de novelas sobre María Antonieta, con El Caballero de la Casa Roja, sobre un último y (real) intento de rescatar a la reina de la prisión del Temple. En 1963, la televisión francesa versionó esta novela que el Canal 8 de Valparaíso presentaba los domingos por la noche en 1968.



La última novela de Víctor Hugo, El Noventa y Tres, presenta un retrato equilibrado de virtudes y pecados tanto de los revolucionarios como de los que se rebelaron contra sus imposiciones. En 1912, Anatole France, en Los dioses tienen sed, describe los horrores del Terror, teniendo un héroe idealista y virtuoso que al convertirse en el brazo ejecutor de la justicia revolucionaria se vuelve un monstruo que acaba en la guillotina. Hasta Julio Verne en El Conde de Chantelene muestra los esfuerzos de un noble por rescatar a su hija de la guillotina.

Incluso un escritor menor como Rafael Sabatini usa la revolución en su Scaramouche, la historia de un abogado que para huir de las fuerzas del Ancien Regime debe fingir ser actor. Luego es revolucionario, pero debe salvar del cadalso a su amada por lo que cambia de bando, etc.



Sin embargo, es en Inglaterra donde se cocinan los ejemplos literarios más conocidos. En 1859, y en la cúspide de su fama, Charles Dickens decide entrarle a la novela histórica con A Tale of Two Cities. Con el tiempo, esta obra ha sido convertida en el ejemplo más icónico de la literatura de la Revolución Francesa, pero a mí me obligaron a leerla en la secundaria y la detesto. Ni siquiera me han gustado su media docena de adaptaciones cinematográficas. Si me obligan escojo como la mejor el telefilme de 1980, protagonizado por Chris Sarandon y Alice Krige.



En el Londres dieciochesco vive Sídney Carton, un abogado alcohólico de vida descuidada y baja autoestima. Solo tendrá dos momentos gloriosos. El primero es cuando salva al joven francés Charles Darnay acusado de espionaje. Motiva al abogado el amor que surge en su corazón por Lucie Manette, novia de Charles. Un detalle curioso es que abogado y cliente tienen un asombroso parecido físico.



Se descubre que los rumores calumniadores que han llevado a Darnay a juicio fueron fabricados por su tío, el Marqués de Sainte Evremonde. Charles pertenece a una aristocrática familia, pero ha repudiado los valores de su clase y preferido huir a Inglaterra a comenzar una nueva vida. Su tío cree que haciéndolo expulsar de su país adoptado hará que su sobrino vuelva al redil.

Carton saca libre a Charles. Este se casa con Lucie, la pareja se establece en Francia donde tienen una hija. Llega la Revolución seguida por el Terror. Sobre Charles recaen los pecados de su familia y es apresado como representante del Ancien Regime. Lucie apela a Sídney quien viaja a Francia y descubre que hay un solo modo de salvar a su rival, hacerse pasar por él. Así Sídney Carton, en su sacrificio,  tiene su último momento de gloria y antes de ser guillotinado, recita las famosas palabras: “Esto que hago ahora es lo mejor, mucho mejor que he hecho en mi vida”.

                            Sir Dirk Bogarde, como Sidney Carton

Las Dos Huerfanitas(1874)

Reitero, La Historia de Dos Ciudades no es lo mejor de Dickens, pero ciertamente equilibra los excesos de la aristocracia con la brutalidad de los revolucionarios. Ese es el mensaje que encontramos en las otras obras icónicas sobre el tema. El drama histórico de Adolphe D’Ennery y Eugene Cormon “Las dos Huerfanitas” ha sido llevado a la pantalla, más de una decena de veces. Mis versiones favoritas son la mexicana de 1947 con María Elena Márquez y Susana Guízar encarnando a Enriqueta y Luisa Gerard (esta versión tambien se conoce como Tuyo es mi Destino). La otra es la fantástica Orphans of the Storm, dirigida por el legendario D.W. Griffiths,  la única ocasión en que Las Hermanas Gish, Lilian y Dorothy, compartieron créditos en un filme.

                          Las Hermanas Gish como las Hermanas Gerard

Las Hermanas Gerard viven en el campo francés. Enriqueta es muy protectora de la cieguita Luisa, aun sabiendo que no llevan la misma sangre. Los Gerard encontraron a la bebita abandonada. Por sus ropitas, se sabe que era de familia principal. Los padres mueren, y las huérfanas deciden ir a probar suerte en Paris. Allá comienzan los problemas.



Las hermanas se pierden y son separadas. Enriqueta cae en las redes de un noble libertino que la lleva de regalo a una orgia para que la violen en manada. Es rescatada por el noble Rogelio de Vaudray que se enamora de ella. Entretanto Luisa, ha caído en manos de una perversa vieja, cuyo hijo, el vividor Jacobo pone a la ciega a mendigar por las calles. El único consuelo de Luisa, es Pedro, el zapatero jorobado, hermano de Jacobo.



Estamos en el Paris prerrevolución donde ocurren todo tipo de arbitrariedades. Para separar a Rogelio de Enriqueta, su tío (que es quien la raptó) le inventa un cargo falso. La chica está a punto de ser deportada a Luisiana cuando su compañera de celda toma su lugar. Enriqueta es liberada y hace amistad con la tía de Rogelio, la Condesa Diana de Liniers. Cuando la modista le cuenta su historia, Diana se altera. Luisa puede ser la hija que sus padres le arrebataron.


Enriqueta encuentra a su hermana e intenta rescatarla, pero se interpone Jacobo.  Para salvar a la cieguita, a quien ama, Pedro mata a su hermano. Suponemos que irá preso. Las hermanas se reúnen, Luisa se reúne con su madre verdadera, Enriqueta con su Caballero. Happy Ending! ¡No, Chan Chan!

            Franja Escarlata de la Colección Juventud. El libro que me regalaron en mi octavo cumpleaños 

Llega la Revolución y con ella el Terror. Los Condes de Liniers y Luisa van a la cárcel. El Caballero de Vaudrey y su esposa Enriqueta también. Todo por ser aristócratas. Su destino es el cadalso. Esperen. Pedro ahora es un juez, es quien dicta sentencias y ver a Luisa lo hace olvidar su justicia revolucionaria. El jorobado salva a toda la familia, aunque sepa que su destino será la guillotina.

                                   Telenovela colombiana de 1980

Esta historia, un poco truculenta y un demasiado de melodrama, por un siglo decoró los escenarios, las pantallas (desde Egipto hasta Colombia) y se vendió en formato de libros. Que me la regalasen cuando cumplí ocho años demuestra que era lectura para niñas. Muy diferente a las aventuras de capa y espada (cloak and dagger) del Pimpinela Escarlata de quien hablaré la próxima vez.