viernes, 30 de marzo de 2018

Mensaje de Easter/Passover




(English translation at the bottom. Feel free to comment here or in my Facebook page)
Voy a pedir disculpas por usar este espacio para algo que tiene poco que ver con series de televisión, pero si con hechos históricos. Me quedó muy largo para Facebook así que me lo traje.  Pueden dejar comentarios aquí o en mi página de Facebook

Este 2018, la Pascua judía y la Pascua de Resurrección han coincidido. Este Viernes Santo cae en la misma fecha que el primer Seder de Pesaj. Había escrito un mensaje largo, peliagudo y enredado para conmemorar la coincidencia y lo borré. Estas son fiestas alegres, no hay para que amargarlas. Mejor me iba a limpiar la casa de migas de pan y torta. Es lo que se hace en Passover. Pero las alergias me ganaron. descubrí que soy alérgica a TODOS los productos de limpieza. Doblada en dos de tos, me vine a seguir con mi única vía de escape, Los Tudor, pero tengo un pájaro carpintero picoteando mi cabeza desde que vi las imágenes de las manifestaciones en Paris, ayer miércoles.

Pesaj y Pascua son también momento de reflexión. Es el momento de reflexionar sobre buenas nuevas y sobre libertad, pero este año quiero hablar del dialogo. Voy a comenzar con una pequeña mashal (fábula) que está basada en hechos reales. Pido disculpas si es desagradable. Soy de esos judíos a los que les enseñaron que hay que evocar sin provocar, pero a veces hay que hacer memoria y remontarse a tiempos pretéritos, si se quieren enfrentar tiempos modernos.

En la Francia medieval, específicamente en el condado de Toulouse, todos los Viernes Santos el Conde de Toulouse reunía a sus vasallos y a la comunidad judía tolosana. No con propósitos ecuménicos ni siquiera para que se agarraran a arañazos. Hacia venir al miembro mas importante de la comunidad judía y, en nombre del sufrimiento de Cristo, le plantaba un tremendo bofetón. Lo malo es que el sopapo se lo daba con el guantelete de malla de acero. Ya se imaginarán como quedaban los sesos del pobre abofeteado esparcidos por el suelo.

Esta lindeza tuvo lugar por cuatrocientos años, a pesar de que los judíos protestaron ante cuanto rey hubiera. Finalmente, en el siglo XIII, se llegó a un acuerdo. Los judíos pagarían su falta con un elevadísimo impuesto, más una contribución anual de 44 libras de cera para velas con las que alumbrarían la Catedral de San Esteban. Parece un acuerdo injusto, pero la vida humana vale más que un centenar de pabilos. Aal menos se había llegado aun dialogo y de ahí a un acuerdo.


Pero yo visualizo otro tipo de dialogo. ¿Qué tal si el conde hubiese arrojado su manopla al suelo y hubiese dicho “No te voy a golpear porque eso va en contra de las enseñanzas de Cristo”?  O si el judío hubiese dicho “Esa Virgen a la que pones en los altares es judía, como lo fueron sus padres, su marido y su hijo. Esos apóstoles a los que veneras como santos eran judíos circuncisos”.  ¿Qué hubiera ocurrido?

Ese es un dialogo que se puede dar cuando existen puntos en común. Y esa es mi moraleja. Tenemos que buscar esos puntos en común y establecer una comunicación. No abogo por un acercamiento con nuestros enemigos, ese es un dialogo de sordos. Hablo de una conversación con quienes erradamente consideramos nuestros enemigos. Hablo de escuchar y reconocer necesidades y objetivos comunes. El Conde de Toulouse y sus judíos los tenían, pero permitían que los prejuicios y la ignorancia los cegaran.


Los judíos y los Nazis no teníamos puntos en común. Ahí el dialogo era imposible, como lo fue con Stalin, y antes con los Zares de Rusia. Pero si pudo existir un dialogo con los alemanes de la era pre-hitleriana. Esa fue una oportunidad perdida. No todos los alemanes eran Nazis de nacimiento. No todas las Violetas de Marzo (calificativo despectivo para quienes corrieron a inscribirse en el partido tras el ascenso de Hitler el poder) eran xenófobos racistas, creyentes en Lebensraum y asesinos de niños y ancianos.

Voy a hacer aparte el tema judío, y aplicar lo dicho a espacios mas universales. Vivo en la nación mas importante del mundo, en una ciudad donde se toman decisiones que afectan la humanidad. Vivo en la Costa Este de los Estados Unidos. Las grandes ciudades de este país están en sus costas. Es ahí donde habitamos los que estamos en contra de esta administración. Pero existe un centro donde habitan los que votaron por Trump. Es una gran mayoría, si llegara el momento de los quiubos, ¿qué se hace con ellos?  ¿Se los fusila? ¿Se los pone en campos de concentración?  ¿se les reeduca como en la China Maoísta? 

¿Antes de llegar a ese penoso momento, no sería bueno que los conociéramos y les viéramos el rostro humano? Estoy segura de que muchos de ellos piensan como nosotros sobre determinados temas, que no todos son extremistas. ¿No sería hora de ver cuán validas son esas quejas que los llevaron a mal votar, a aislarse del resto de sus conciudadanos o a ver a otros como monstruos a los que no son como ellos?


Esto se aplica a todos los países del mundo porque estamos peleando por cosas que, al final, no tienen tanto significado. ¿Qué importa que el de la esquina no rece como nosotros o no rece? ¿O que tenga un color de piel diferente, o hable con acento o sea más gordo, más bajo, menos lindo que nosotros? ¿Qué importa de quien se enamora o si cree que Daenerys es más guapa que Cersei? ¿Qué importa si a lo mejor sufre nuestras mismas enfermedades, comparte nuestros mismos miedos, sueña nuestros mismos sueños? 
Marine Le Pen, la imagen que más me impresionó de La Marche Blanche de ayer (BBC)
(

No estoy hablando ni de poner la otra mejilla, ni de amar a nuestros semejantes. Tampoco de dar por vencidos nuestros ideales. Hablo de acercarse a individuos, de desligarnos de masas hidrófobas, de hacer un frente común al extremismo de todos los colores.

En Chile, hay viejos rencorosos que creen que todos los que una vez dieron palos deben ser apaleados y azuzan a los cabros chicos para que vayan tirando ladrillos y pegando garrotazos porque son dueños de LA VERDAD. Solo hay una gran verdad, un día los viejos ya no tendrán voz para azuzar. Los jóvenes estarán muy viejos para lanzar peñascazos o levantar un palo y vendrán otros más jóvenes a darles palizas. Hay que prevenir para detener. Y el único futuro que se sabe por seguro es que todos seremos viejos. Hora de dialogar ahora que todavía tenemos voz.

(English Translation)

On this 2018, Easter and Passover have coincided.  Good Friday also marks the date for the first Seder. To commemorate the coincidence, I had written something long, cumbersome and bewildering. I erased it. These are joyous occasion. No need to mar them. Not with having all the Passover cleaning to do. But allergies defeated me. It turns up that I am allergic to ALL cleaning products. In between coughs, I came here to indulge in my favorite escapism. The Tudors, but the images of yesterday Parisian manifestations would not let me work. It was like having Woody woodpecker on my head.

Passover and Easter are times for meditation. We reflect on good tidings and freedom, but this year I urge you to meditate on the importance of dialogue. So, I shall begin with a small mashal (fable).  I apologize if the subject is disturbing. I’m one of those Jews who were taught that to evoke one should not provoke. Nevertheless, occasionally it’s necessary to reminisce of the old days specially if one wishes to confront modern times.

Let us go back to medieval France, more specifically to Toulouse. Every Good Friday, Le Comte de Toulouse would gather his vassals and the Jewish community on his lands. Not to, mind you, with ecumenical purposes. Not even so they could scratch each other’s eyes out. He would summon the community leader and in the name of Christ’s passions, he would box his ears. The problem is that the Count would not remove his steel mail gauntlet. You can imagine the poor leader’s brains flying everywhere. 

These lovely events went on for four hundred years, despite Jewish protests. Finally, in the XIII century, an agreement was reached. Jews would pay an elevated fine plus 44 pounds of wax to fabricate candles for a yearly consumption in the Cathedral of St. Etienne.  It may seem like an unfair deal, but human lives are worth a million tapers. Most important, the Jews and the authorities had started a conversation that had concluded in an agreement.

And yet I visualize another dialogue. What if the count had dropped his glove on the ground and had said: “I refuse to strike you because it goes against Jesus’ teachings” or if the Jewish leader had said: “that Madonna that you place on the altars is Jewish. Jewish were her parents, her husband and son. Those Apostles you venerate as saints were all circumcised Jews.” 

That is a dialogue that could take place where common ground exists. And that is my fable’s moral. We should seek dialogue with those we share common ground. I’m not advocating closeness to our enemies, that is futile. I’m talking about exchanges with those whom we mistakenly think are our enemies. I’m talking about listening and recognizing shared needs and goals. The Count of Toulouse and his Jews had such common ground, but they let prejudice and ignorance blind them.

On the other hand, we had no possible dialogue with Nazis or Stalin, not even with the Czar of Russia. We did have tons in common enough to start a dozen conversations with pre-Hitler Germans. But we wasted that chance. not every German was born to be a Nazi. Not even the March Violets (scornful epithet given to those who joined the Nazi Party after Hitler’s rose to power.) were all born to be xenophobic, racist, believe in Lebensraum or be capable of murdering children and old people.


Let’s drift away from the Jewish subject and move on to more universal matters. I happen to live in the most important nation in the world, in a huge city where matters are being drawn that affect humanity. I live on the Eastern Seaboard of the United States of America. Most big cities in this country lie on her seaboards. They are inhabited by a large population dissatisfied with our current administration. In between those coasts lies the heartland where Trump voters live. They are a significant majority. If the day of reckoning arrives, what to do with them? Are they to be shot, placed in concentration camps, or reeducated like in Mao’s China?

Before such awkward day arrives, should we not strive to know who they are? To grant them a human face? I’m sure many of them think like us on certain issues. I’m sure not all of them are extremists. Time for us to see how valid are their grievances that led them to ill use their right to vote, that led them to isolate themselves from their fellow citizens, that led them to see others as freaks just because they were not like them.

And this applies to the whole world because we tend to fight over things that in the end, matter little. What do we care if the man in the corner prays in certain ways or doesn’t pray at all? Or if they have a different skin color, or speak with an accent, or are shorter, fatter, less comely than us? What does it matter who they fall in love with or if they think Daenerys is prettier than Cersei?
Marine Le Pen, the most shocking image of Wednesday's Marche Blanche (BBC)

 What does it matter when perhaps they suffer from our same ailments, share our same fears, and dream our same dreams? I’m not talking about turning the other cheek, or loving others as ourselves. I’m not talking about surrendering our ideals.  I’m talking about reaching out to individuals, to detach ourselves from hydrophobic masses, to make a common front against extremisms of all colors.

In Chile we have a generation of bitter old people that believe those who once brandished the sticks should now be trashed. They urge kids to go around throwing bricks and brandishing big sticks because they own the TRUTH. The only truth, is that those bitter old people will someday lack voices to egg on kids. Those same youngsters will grow too old to hurl rocks or hold sticks and they’ll be trampled in turn by younger angrier generations.  There is only one certainty in our human existence. Someday we’ll be old and feeble. Now it’s the time for dialogue since we still have a voice.




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