jueves, 22 de febrero de 2018

Felipe “El Huno” y la Casa de Battenberg: Lo que aprendimos con "The Crown"



En el Siglo XIX, en los reinos de Italia, Alemania y Rusia apareció un nuevo fenómeno, los matrimonios entre plebeyas y príncipes de sangre real. Vale decir que cualquier mujer que no fuese princesa o duquesa era tildada de plebeya. Los soberanos no tenían más remedio que encasquetarles un título de nobleza y mandarlos a otros lados para que no los abochornasen. Uno de esos casos fue el de la Casa de Battemberg de la cual saldría Felipe de Grecia, otro sería la familia de Teck de la cual vendría Isabel II. Por todos lados, los genes alemanes forman un vínculo entre los Esposos Mountbatten.

Los Teck provienen de la unión irregular de un hijo del Duque de Wurtemberg y de una condesa húngara, Claudine de Rhedy, muy aristócrata ella, pero no lo suficiente para un príncipe. Primero, el Duque les dio el título de Condes de Hohenstein. Con ese título tan pobrete, el primogénito Francisco no podía aspirar a la mano de ninguna princesa. Sin embargo, el chico era avispado. Se fue a Inglaterra a cortejar a la Princesa Adelaida, hija del Duque de Cambridge, uno de los muchos tíos de la reina Vicky. Adelaida era treintañera, solterona y obesa. Le encantó ser cortejada por este guapo teutón. Se casaron y el admirado abuelo Wurtemberg los nombró Duques de Teck.
Princesa Adelaida

La pareja tuvo cuatro hijos y a todos les fue bien. El mayor recibió un título inglés, Marqués de Cambridge, y se casó con Lady Margaret Grosvenor, la hija del millonario Duque de Westminster. Su hermano Francis lo pasó mejor, se le inventó un título para él solito, Conde de Athlone, cuando se casó con la princesa Alicia, una nieta de la reina Victoria, pero a la que si le fue de maravilla fue a Mary, la única hija mujer de los Teck.
Los Duques de Teck con su hija mayor, María

Como la Rina Victoria vivió hasta casi los cien años, tuvo mucho tiempo para organizar los matrimonios de sus hijos y de sus nietos. De esos los más importantes fueron las uniones de los hijos de su heredero, el Príncipe de Gales. El mayor se llamaba Albert Victor, lo apodaban "Eddy",  y alrededor de él se han tejido mil leyendas, como que era el verdadero Jack el Destripador. Lo que no es leyenda es que Eddy, quien portaba el título de Duque de Clarence, moría de amor por Helena de Orleans. Hija del pretendiente a la corona francesa, Helena era muy linda y linajuda, pero era católica.

Helena estaba tan enamorada que ofreció hacerse protestante. Conmovida ante esta muestra de cariño, Victoria apoyó a la pareja, pero les salió oposición férrea al camino. Primero el Marques de Salisbury (nunca confíen en un Cecil) que como primer ministro hizo varias cosas nefastas en contra de la unión. Luego el Conde de Paris, padre de Helena, negó su permiso.  Por último, el Papa les negó una dispensa para un matrimonio en el cual pudiesen conservar sus respectivas religiones. Esta es una historia más triste que la de la alocada Margarita y Peter Townsend.
Helena de Orleans

Helena terminó casada con el Duque de Aosta. Eddy  nunca se consoló, pero aceptó casarse con una novia que su familia y Salisbury aprobaran, una buena princesa anglo-germana, Maria de Teck. El Duque de Clarence tuvo la última palabra sucumbiendo a una gripe antes de la boda. A la pobre Maria no le dieron tiempo de vestirse de luto. Rápidamente la comprometieron con el que iba ser su cuñado, el nuevo príncipe heredero y futuro Jorge V. Esa es la historia de la Reina Mary.
Boda del príncipe Jorge y María de Teck

“The Crown” nos muestra las raíces alemanas de la Reina Viuda en la escena en que el Duque de Hanover llega corriendo a escandalizarla a ella y al Duque de Windsor con el cuento que Dickie Mountbatten planea ser la sombra tras el trono e instalar una nueva dinastía gracias a su sobrino. 

Morgan hace que en la escena todos hablen en alemán, que la reina Mary no rechace ni sus raíces ni su parentesco con casas reales alemanas. Incluso podemos entender la simpatía que el Duque de Windsor tenga por el país de sus antepasados.



Lo que no entiendo, y encuentro totalmente hipócrita, es el miedo a los Mountbatten y al modo en que esa familia pueda dominar a la corona. Es como si estuvieran hablando de perros mestizos cruzándose con perros de raza. Los Mountbatten son tan alemanes, tan refugiados y tan advenedizos como los Teck. Para entender a los Mountbatten hay que ir a su origen, una chica polaca llamada Julia Haucke.
Julia Haucke

Julia era hija de un gran militar polaco al que, en sus postrimerías, el ultimo reino polaco hizo conde. Despué, s el Zar de Rusia ratificó el título nobiliario gracias a los servicios del General Haucke al imperio en sus esfuerzos por afanarse una buena parte de Polonia. Los revolucionarios rusos le vieron cara de reaccionario y mataron al conde enfrente de sus hijas.
Julia en 1840

Julia y su familia quedaron en la miseria. Caterina, la hermana mayor se las apañó haciéndose amante del Duque de Mecklemburgo. Para no ser menos, Julia hizo lo suyo con el Príncipe Alejandro de Hesse, hermano de la Zarina. Pero algo ocurrió ahí. Cuando Julia entró en el sexto mes de embarazo, al Príncipe le entraron las ganas de matrimoniarse. Para cuando Marie nació, Julia y Alejandro se habían casado y convertido, cortesía del Duque de Hesse, en Condes de Battenberg.

Los recién casados iniciaron un peregrinaje por Europa, primero Austria, luego Milán y Verona, finalmente Suiza. Su vida nómada les tomó años y sus cuatro hijos nacieron en diversas partes del continente. El más pequeño Enrique nació en Suiza. Eventualmente, Enriquito gravitó hacia Inglaterra y se enamoró de Beatriz, la hija menor de la Reina Victoria.  Vicky que era tirana y mala madre, le había exigido a Beatriz (y eso que era su favorita) no casarse y vivir con ella para siempre. En un dilema, la enamorada princesa y su Enrique se atrevieron a apelar la a naturaleza romántica de la reina.

Victoria reaccionó encantada. Enrique no tenía donde caerse muerto, no tenía país al que le debiera lealtades y era un buen chico alemán como el “querido Alberto”.  Previa promesa de que los esposos acompañarían a la soberana hasta que esta yaciera en el féretro, beatriz y Enrique recibieron permiso real y se casaron. Así gracias a la caridad de Victoria, España tiene rey hoy día.
Vicky, y su familia cautiva, los Battenberg y sus hijos. La bebé en los brazos de Enrique es la futura reina de Eepaña

Pero el más importante de los hijos de Julia Haucke fue Luís. A pesar de su estilo nomádico de vida, los Battemberg realizaban periódicas visitas a Darmstadt donde residían los Duques de Hesse. Ahí el pequeño Luís creció muy unido a la familia de su primo casado con Alicia de Inglaterra. Si, esa beba llorona que en la serie Victoria presenta a Sir Robert Peel.

Alicia le embutió al sobrinito un gran amor por Albión y cuando Luís tenía catorce años postuló para ser cadete en la prestigiosa Academia Naval de Darthmouth. Alicia le escribió a la madre, y Victoria usó su influencia para que lo aceptaran. Pronto Luís estaba haciendo carrera en la marina británica.

Cuando le llegó el turno de casarse, Luís eligió por esposa a su prima Victoria Alberta, hija de Alicia. Los recién casados se instalaron en Inglaterra. Para cuando a Victoria le llegaron los dolores del parto, su abuela la hizo venir al palacio. En presencia de la reina, la ahora Princesa de Battenberg alumbró a su primogénita, Victoria Alicia quien en 1905 se casaría con Andrés de Grecia. Ósea de ahí viene Felipe. Además, el hermano menor de Victoria Alicia fue “Dickie” Mountbatten. Ya nos internamos en terreno conocido.
Principes Battenberg con sus cuatro hijos: Alicia, Luisa, Jorge y Dickie

Me he pasado dos entradas contando como la familia real británica proviene de cepa totalmente teutónica; como Felipe, por muy alemanes que fueran sus padres, posee solidas conexiones con la Reina Victoria; y como a partir de la influencia del despreciado Alberto, la sociedad inglesa se volvió filo germánico. ¿En qué momento cambiaron las cosas al punto de que un príncipe griego fuese menospreciado por cortesanos y una reina de origen plebeyo? Pues la respuesta yace en las dos guerras mundiales.

En 1914 estalla la cruenta Gran Guerra que les costaría millones de muertos a ambos bandos. En Gran Bretaña surge una paranoia anti germana que llega a extremos calamitosos tales como los de destripar a perros salchichas. El ejército alemán es visto en términos sobrenaturales como una entidad diabólica. A los soldados se les conoce como “The Huns” (los Hunos) para deshumanizarlos asociándolos con los salvajes barbaros de las hordas de Atila. Pero La Familia Real está poblada de Hunos.

Aconsejado por sus ministros, Jorge V decide cambiar el nombre de su dinastía. Adiós a los Saxe-Coburgo y Hannover. El humilde apellido Wettin se transforma en el artificial Windsor. Cuando llega la noticia a Berlín, el Kaiser, muerto de la risa, pregunta si habrá que cambiar el nombre a la pieza shakesperiana “Las alegres comadres de Windsor, y si ahora pasarán a ser “Las alegres comadres de Saxe-Coburgo-Gotha”.

En Inglaterra nadie se ríe, los cambios de apellidos se vuelven primordiales. Los Teck se convierten en “Cambridge” y los Battenberg traducen su apellido (que significa Monte Batten) al más anglo “Mountbatten”. Las cosas se llevaron más lejos en el esfuerzo de hacer a los Battenberg más británicos. El hijo mayor de la Princesa Beatriz se convirtió en el Marqués de Carisbrooke. 

Aunque la Princesa Alicia nunca cambió su apellido a Mountbatten, su padre, quien había alcanzado el puesto de Primer Lord del Almirantazgo, pasó a ser Marqués de Milford Haven, título que heredaría su hijo George. En cuanto a Dickie, de príncipe pasó a ser simplemente Lord Louis Mountbatten (hasta su elevación, en 1947, a Conde Mountbatten de Birmania).
Los Battemberg pasaron a ser Mountbatten

Ni el fin de la guerra trajo paz a los nuevos Windsor. Conscientes de que sus orígenes siempre los perseguirían, los reyes motivaron a sus hijos a casarse con ingleses, aunque no fueran de la realeza, y miraron siempre con desconfianza a los Mountbatten. A pesar del cambio de nombre, los ex Battenberg seguían apegados a feas costumbres continentales como extravagantes estilos de vida, hábitos bohemios en lo que respecta a su vida sexual, y apego a liberalismos intelectualoides.

La germanofobia británica se tomó una tregua en los años 30s con el auge del pacifismo, las políticas de apaciguamiento, y el interés por parte de diversos sectores de la sociedad angla por La Unión de Fascistas Británicos. El hecho de que el Príncipe de Gales, por breve tiempo Eduardo VII, fuera pro Alemania también ayudó.

Todo cambió tras la abdicación. El nuevo rey y su formidable consorte representaban un estilo de vida doméstico, pero autóctono. Antes de que la Lutwaffe bombardeara el palacio de Buckingham, ya la Reina Madre odiaba a los alemanes. No se la puede culpar, perdió a un hermano en la Gran Guerra, otro fue prisionero. En el Castillo de Glamis que su padre había habilitado como hospital, la otra Elizabeth atendió cientos de soldados heridos por armas germanas. De ahí su fastidio por el yerno. Yo entiendo esa mentalidad (que también es la de Tommy Lascelles, un veterano del Somme, cuyo único hijo varón había resultado herido de gravedad en la Segunda Guerra Mundial), pero hay ciertos detalles un poco mezquinos sobre este fastidio que suscita Felipe.

Aunque es cierto que una encuesta indicó que el 40% de los ingleses estaban en contra de la boda, no creo que fuera por el origen genético del príncipe. Hasta el día de hoy, hay octogenarios británicos  que se refieren al Duque como “Phil, el griego”. así que no es lo alemán lo que les molestaba. Pero a la Reina Madre sí. ¿No sería porque temía que un matrimonio con un príncipe de origen teutónico recordase al pueblo que Isabel, por parte de padre, era alemana? ¿El temor a las hermanas Nazi de Felipe no nacería del miedo a que ese informe ultra archivado que delataba las conexiones de los Duques de Windsor con El Tercer Reich saliese a la luz?

La Queen Mum se llenaba la boca, bombardeando (a sus espaldas) a su yerno con epítetos como” El Huno” o “Johnny Kraut”, pero en realidad su desconfianza iba dirigida hacia la gente que había formado a Felipe. Los Mountbatten en su día habían sido amigos del Rey Eduardo, a quien su cuñada odiaba.  Es que es un poco absurdo hablar de Felipe, cuyo distinguidísimo récord militar claramente indicaba su adhesión a la causa aliada, como un alemán siendo que nunca habló bien esa lengua, ni vivió más de un año en Alemania.

Otra mezquindad es que la Reina Madre (y Margarita, siempre tan esnob) se burlen en “The Crown” de la familia de Felipe, mirándolos en menos. El Príncipe Andrés de Grecia venia de una antiquísima familia real que gobernó Dinamarca desde el siglo XVI hasta hoy en día, y la princesa Alicia compartía la misma herencia de Isabel. Felipe y su prometida descendían de los mismos Saxe-Coburgo, Hanover, Estuardo, Tudor, Plantagenet etc. hasta llegar a Rollo, el Vikingo.

Con todo respeto, pero Elizabeth Bowes-Lyon no tenía un pedigrí tan ilustre como el de su yerno. Así que cuando en su diario Sir Alan mordazmente se pregunta “¿de dónde viene realmente?” (Felipe), habría que recordarle que el nuevo Duque de Edimburgo es tan descendiente de Rollito como el mismo Tommy Lascelles.  (Mmm, por ser contreras, agrego que Sir Alan les ganaba a todos en antigüedad de pedigrí ya que descendía del legendario rey de Irlanda, ‘Conn, el de las Cien Batallas”.

Y para terminar con la contradicción, controversia e hipocresía que se generó en torno a la germanidad del Duque de Edimburgo, voy a hablar sobre dos casos parecidos que tuvieron lugar casi simultáneamente a la Boda Real y que se solucionaron sin tanto bullicio ni incomodidad para los novios.

 El primero se refiere al “Primo Ernst”, conocido en la historia como Ernesto Augusto de Hanover.  Lo vimos en el capítulo “Smoke and Mirrors” gozando de la champaña de Dickie para luego ir a delatar a su anfitrión con la Tía Mary y el primo, Duque de Windsor, de que existía toda una “Conspiración Mountbatten”.

Los seguidores de “Victoria” sabemos que el reino de Hanover era como un spinoff de la corona británica, que ahí reinaban el tío Cumberland y sus descendientes. Aun después de Hanover pasar a ser parte del Alemania unida, siguió teniendo lazos con el Reino Unido. Algo que aprendimos en “The Crown”” es sobre la engorrosa Acta Matrimonial de 1772. Bajo las cláusulas de esa acta todos los matrimonios entre la realeza de Hannover deberían tener permiso de la Corona Británica antes de efectuarse.

Cuando en 1946, la Princesa Sofia de Hesse (hermana del Duque de Edimburgo) solicitó permiso del Rey Jorge VI para contraer nupcias con Georg de Hannover, hermano de Ernesto, se le negó, por el pasado nazi de la novia, un detalle que nada tenía que ver con las estipulaciones del acta. En 1951, cuando Ernesto Augusto solicitó la venia del mismo rey para casarse con Ortrud de Schleswig-Holstein (otra vez ese apellido) se le otorgó. Mas encima se le invitó al funeral del Rey Jorge. Y eso que Ernesto era nieto del Kaiser, había peleado en el frente ruso como parte de la Werhmacht y (de acuerdo con el tabloide Bildzeitung y el más prestigioso Der Spiegel) su abuelo se había hecho de una fortuna con propiedades requisadas a los judíos.
Ernesto y Ortrud

Es cierto que tras ser expulsado del ejércitouna maniobra hitleriana para neutralizar a la nobleza germana de la que desconfiaba el Fuhrer Ernesto gravitó hacia a los círculos que complotaban en contra de Hitler. Tras el atentado Stauffenberg, Ernesto fue arrestado e interrogado por la Gestapo quien lo tuvo bajo custodia por casi dos meses antes de liberarlo. Curioso, porque es casi la misma trayectoria del Príncipe Gottfried zu Hohenlohe, otro cuñado del Príncipe Felipe. Y, sin embargo, Gottfried está en la lista de los “parientes Nazis” del Duque de Edimburgo.

El otro caso concierne al Príncipe Federico de Prusia, nieto del Kaiser. Como su hermana Cecilia, Federico era muy anglófilo, vivía en Inglaterra y la Segunda Guerra Mundial lo encontró estudiando en Cambridge, bajo un nombre falso. Fue arrestado, como casi todos los alemanes residentes en el Reino Unido, y deportado a un campo de prisioneros en Canadá. En 1941 fue liberado gracias a la influencia de la Reina Mary que le tenía cariño a Fritzl (el Rey Jorge era el padrino del príncipe).

De regreso a Inglaterra, Fritzl primero sirvió en el Pioneer Corps y luego bajo el alias de “George Mansfield”, trabajó en una granja. Cuando tuvo un accidente en su tractor, fue atendido por una enfermera llamada Lady Brigid Guinness. Brigid era hija del Conde de Iveagh y una de las herederas de la fortuna nacida de la famosa cerveza. 

En 1945, Fritzy y Lady Brigid se casaron. A pesar de que intentaron que su boda fuera discreta, la prensa se enteró y hubo mucha publicidad. Sin embargo, nadie impidió ese enlace, ni les tiraron piedras a los novios, ni los criticaron, ni la familia Guinness llamó al nuevo pariente “Él Huno”, ni le escupió otros epítetos que el pobre Felipe tendría que cargar años después de casado.




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