jueves, 10 de octubre de 2019

The Waltons: Televisión del Ayer



En este verano tan triste, tal vez el más duro de mi vida, encontré un consuelo en un sitio inesperado, en los reruns de una serie que hizo historia en la televisión estadounidense y marcó un periodo de mi vida. Si ustedes han oído que se trata de una serie moralista, insulsa y anticuada, espero que lo que van a leer cambie esa impresión.

Hace unas semanas comentaba con la Gatita Estelwen lo fácil que es señalar las fallas de la sociedad/cultura estadounidense, pero lo difícil que es reconocer sus muchas virtudes. Un motivo es que en este momento histórico esas virtudes o han desaparecido o están bajo ataque del radicalismo. “The Waltons” es una lección de cómo esas virtudes se vivieron en un punto crítico de la historia norteamericana.

De La Montaña Spencer a La Montaña Walton
“The Waltons” es creación del escritor, guionista y productor Earl Hamner Jr. y está basada en las vivencias de su familia durante la Gran Depresión. Como su alter ego, John-Boy Walton (Richard Thomas), Hamner se crió en una familia numerosa y extendida, con abuelos paternos en la misma casa, en la Montaña Walton, situada en las Blue Mountains, parte de la Cordillera de las Apalaches, en la Virginia Occidental.
Dos John-Boys: Earl Hamner y Richard Thomas

Como Hamner, John-Boy fue el primero de su familia en ir a la universidad, desde joven manifestó inquietudes literarias llegando a publicar el periódico local. La serie que inició en el otoño de 1972 duró nueve temporadas. A pesar de que Thomas y otros actores abandonaron la serie, esta continuó hasta 1981. Llegó a cubrir desde 1934 hasta la posguerra y vimos a Los Walton crecer, casarse y formar sus propias familias.

La popularidad de la serie es tal que ha provocado la filmación de varios filmes y especiales. Sus reposiciones siguen teniendo gran sintonía. Cuando yo volví a USA,  el 2016, la ofrecía el canal Visión Tv. En mi nuevo sistema la encontré en INSP, un canal cristiano de Las Carolinas que se especializa en westerns. Pero “The Waltons” no es una serie del Viejo Oeste, es un ejemploel primerode la ola de nostalgia que afectaría a la televisión estadounidense en los 70.

Hamner había conseguido reconocimiento en los 50 y 60 escribiendo guiones para televisión, especialmente para la icónica serie “The Twilight Zone”. Simultáneamente había publicado varias novelas, una de las cuales Spencer’s Mountain fue llevada la pantalla grande en 1963.

A pesar de que la historia tiene lugar en Wyoming, tanto la Familia Spencer encabezada por John (Henry Fonda) y Olivia (Maureen O’Hara), como sus vivencias, están basadas en lo vivido por los Hamner. El mundo de montañeses rústicos es descrito a través de los ojos de Clay-Boy (James Mc Arthur), el primogénito, un muchacho cuyo mayor sueño es ir a la universidad.

Tras el filme, Hammer se dedicó a escribir guiones de series con temas familiares como “Gentle Ben” y “Nanny y el Profesor”, además de escribir, en 1968, el libreto de una versión de Heidi, que sería filmada con Jennifer Edwards, Maximilian Schell y Dame Jean Simmons. Fue en 1971, y ya con reputación de escritor de historias infantiles, que Hamner presentaba la propuesta a Warner Brothers para un especial navideño.

The Homecoming”, aunque filmada en Wyoming, tiene lugar en las montañas de Virginia y gira en torno de Los Walton, una familia numerosa que lucha por sobrevivir la Depresión. La acción inicia en diciembre de 1932, cuando la familia en pleno espera el regreso de John Walton, el padre. Hay una ventisca y se teme que John no llegue. Le toca al hijo mayor, el adolescente John -Boy (Richard Thomas) salir en su búsqueda.

Es una historia tan simple, pero tan genuinamente cálida. Yo la recuerdo con mucho cariño porque la televisión chilena la pasó exactamente un año más tarde, en 1972, el último Año Nuevo que celebramos en Chile y que celebramos en familia. Aunque mis padres estaban separados, mi papá vino a pasar las fiestas con nosotros y vimos “The Homecoming” (no recuerdo su nombre en castellano) juntos.

Recuerdo que Mi Ma me contó que Patricia Neal, quien interpretaba a Olivia Walton, era una gran actriz cuya carrera había sido truncada debido a un infarto que la había dejado invalida; recuerdo que a todos nos simpatizó Richard Thomas con su rol del devoto John-Boy; y que me encantó (fue siempre mi Walton favorita) Kami Cotler como Elizabeth, la benjamina de la familia.
John Boy y Elizabeth

El Desafío de Los Waltons
Lo que no sabía es que, para diciembre de 1972, Patricia Neal había ganado un Globo de Oro por su interpretación de Olivia, pero que no era parte de la serie que ya estaba la mitad de su primera temporada. Efectivamente, en septiembre de 1972,  “The Waltons” había debutado oficialmente en la televisión estadounidense.

Aunque habían conservado todo su elenco juvenil (incluyendo a Richard Thomas) y a Ellen Corbyn como la Abuela Esther, ahora los padres eran interpretados por Ralph Waite y Michael Learned, y el abuelo era Will Geer, una vez parte de la Lista Negra de Hollywood por sus simpatías comunistas.

“The Waltons” fue un gesto audaz de la CBS y tal vez un desafío en contra de la purga de series rurales y familiares como “Los Beverly Ricos” y “Green Acres”. Estados Unidos en 1972 era una nación dividida y no solo por la Guerra de Vietnam que no terminaba de acabarse. Había una radicalización en todos los aspectos.

Ese fue el año del escándalo de Watergate, de revueltas, atentados, protestas y lo que hoy no se sabe o no quiere recordarse. A comienzos de los 70s, los hombres armados se movían en grupos y el país estaba a merced de terroristas locales como The Weathermen, Los Panteras Negras, El Ejército de Liberación Negro (que a comienzos del '72 mató a dos policías en un desfile en Nueva York) y El Ejército de Liberación Simbiones que en 1974 secuestraria a la heredera Patty Hearst.

Aun los habitantes “pacíficos” de la Unión Americana presenciaban y esperaban una revolución social y cultural que se manifestaba en el cine y la televisión. A pesar de que la última todavía estaba sujeta a muchos tabúes, intentaba crearse una imagen diferente, diversa, un poco cínica. Para la llegada de “The Waltons”, dos de las series con más ratings en Estados Unidos era la controversial “All in the Family” y “The Mary Tyler Moore Show” con su heroína feminista, independiente y sexualmente liberada.

Junto con “Los Walton” salían al aire shows audaces como “Maude”, cuya heroína sería la primera en abortar en primetime, series realistas como “Emergency” y period pieces cínicos o crudamente violentos como “M.A.S.H” y “Kung Fu”. Los pobres Walton eran las gallinas en baile de cucarachas. Mas encima los colocaron en pésimo horario, los jueves por la noche,  teniendo como rival a “Patrulla Juvenil”, una de las series más trendy (y políticamente correcta) del momento.

Nadie estaba preparado para que “The Waltons” fuera un éxito, que alcanzase al final de su primera temporada un respetable rating de 20 puntos, y que llegara a los 28 al término de la segunda convirtiéndose en el segundo show más visto de la nación. Nadie hubiese predicho en 1972 que esta serie acumularía 13 Emmys y dos Globos de Oro, que duraría nueve temporadas y que se convertiría en parte de la memoria colectiva de Estados Unidos.

Es difícil explicar el éxito de “The Waltons” incluso en una era nostálgica como lo fueron los 70. Se intentaron hacer otros shows parecidos situados en la Depresión como “Paper Moon” y “The Holvack Family” con Glenn Ford. Ninguno duró más de una temporada. El único programa que puede calificarse como seguidor del modelo de “Los Waltons” es “La Casita en la Pradera” que inició cuando la serie de la ABC estaba en su tercera temporada (1974).

Me temo que yo no fui fan de “The Waltons”. Primero por razones técnicas. Cuando llegamos a USA solo había en casa un televisor pequeño, blanco y negro, y lo manejaba mi papá. Al año, mi madre compró uno grande y a colores, pero ese lo manejaba ella y como no sabía inglés,  se concentraba solo en los canales en español. Aun así, “The Waltons” era mencionada por mis condiscípulos de la Escuela de las Naciones Unidas (U.N.I.S), pero siempre con sorna.

Los “Unisites”se sentían muy sofisticados, así que este era un programa para burlarse, sobre todo de esa cultura “hick” (termino despectivo para los campesinos). Se burlaban de la moral de la familia, de su religiosidad. Sobre todo, de la costumbre “waltoniana” de bendecir la mesa la hora de las comidas o la de que cada noche los hermanos se daban las buenas noches a voz en grito desde dormitorio a dormitorio. Costumbre que Earl Hamner juraba era el modo en que su familia daba fin al día.

Las cosas cambiaron cuando en mi tercer año de secundaria comenzamos a asistir a Ezra Academy. Ahí sí que “The Waltons” (y La Casita en la Pradera) era uno de los favoritos, a pesar de que se trataba de un show cristiano. Aun así, no pude convencer a nadie de mi familia de verla. Solo podía seguirla en casa de mi hermana. En el verano de 1979, y con un año de atraso, recibí como regalo de graduación, un pequeño televisor a colores. Lo primero que hice fue anotar los jueves que era la noche de “Los Waltons”. Así pude seguir las últimas temporadas.

Lo curioso es que, a comienzos de los 90, se redescubrieron los méritos de la serie y eso gracias a que, a más de una década de su cancelación, el fandom seguía exigiendo reposiciones.  De esa manera pude ver las primeras temporadas. Y lo que no vi (como el episodio en que John Boy presencia la caída del Hindenburg) lo estoy viendo ahora.

El final de “The Waltons” en 1981 no significó el olvidó para la que era la familia estadounidense emblemática. La seguirían siete filmes, tres en el ’82,  lo que ha llevado a hablar de la “décima temporada de Los Waltons”. Estos telefilmes han tenido altas audiencias, se han escrito libros sobre “The Waltons”, existen fan clubs y reuniones anuales de gente que sigue amando la serie, sus personajes y las lecciones que nos enseñaron. Los Walton son tambien una franquicia, con muñequitos de los personajes y replicas de juguete de la casa de Los Walton.

El Secreto Tras el Éxito de Los Walton
Es asombroso que una serie que acabó hace cuarenta años siga vigente en su repetición (no solo en USA, dos canales británicos la siguen repitiendo), que sus fans sigan siendo leales a esta familia ficticia y que incluso tenga nuevos y más jóvenes adherentes de una generación supuestamente cínica y que repudia todos los valores “waltonianos”.

Un factor es la continuidad. “The Waltons” fue una de esas primeras series en seguir un formato similar a las soap operas, en las que podíamos ver el trayecto semi cotidiano de una familia, en la que los ancianos morían, los niños se convertían en adultos y formaban sus propias familias. Eso permitía al televidente sentirse parte del proceso de la historia e integrar a Los Waltons a su espacio doméstico.

“The Waltons” y “La Casita en la Pradera” están basadas en las vivencias de personajes de carne y hueso que nacieron en la pobreza, pero lograron cumplir sus sueños de convertirse en novelistas. La historia de John-Boy (como la de su creador) es una historia de éxito, el cumplimiento del “sueño americano”.
John Boy y Laura Ingalls Wilder

Mas allá del American Dream individual, Los Waltons representan lo mejor de los Estados Unidos. El que la serie tuviese tanto arrastre en un momento en que el país sufría de crisis sociales y económicas, y cuando los valores americanos eran pisoteados y despreciados, no es un accidente.

Ver “The Waltons” era revivir otra crisis histórica que la nación había vivido y sobrevivido. Ver que, en medio de una depresión económica, Los Walton se adherían a reglas de conducta y se apoyaban en códigos valóricos era una reafirmación de lo que hoy los políticos de derecha llaman “lo que hace a América grande”.  Lamentablemente hoy esos valores pueden ser tergiversados por miedo, ignorancia, y la desesperación de verlos amenazados.

Por último, “los Waltons” son una representación de lo que los sociólogos llaman ‘familismo”, básicamente se refiere a la noción de que la prioridad es siempre la familia o clan, que existe en los miembros de ese núcleo un sentido de lealtad y protección hacia los otros miembros a la par de una fuerte identificación con la historia familiar. Hoy se cree que, en tiempos de crisis, el familismo reemplaza la idea de que el gobierno debe hacerse cargo de la gente, y el bienestar de muchos queda en manos de sus parientes. Eso ocurrió durante la Depresión sobre todo con familias en zonas rurales aisladas.

En 1972, ya existía una conciencia en muchos estadounidenses de que la familia nuclear iba camino a extinguirse. Ver la importancia del núcleo familiar en The Waltons, recordaba la importancia de apoyarse en los de la misma sangre.

 Los Waltons no solo eran familia numerosa (John Boy tenía tres hermanos y tres hermanas) además en la Casa Walton vivían los abuelos paternos; más tarde Ben (Eric Scott) traería a su esposa Cindy (Leslie Winston); y cuando Mary Ellen (Judy Norton-Taylor) enviudó,  ella y su hijo volvieron al hogar Walton. Además Los Walton poseían (como todos los sureños) una abundancia de primos y otros parientes que se dejaban caer de visita y siempre dejaban algún tipo de lección como la anciana Martha-Corinne, cronista de la Familia Walton, por cuyo retrato la legendaria actriz Beulah Bondi recibiría un Emmy.

Es triste saber que lo que era admirable en los cínicos y progresistas 70, hoy sea despreciado y rechazado en el cínico y progresista siglo XXI. Los valores domésticos y morales de Los Waltons van asociados hoy con fuerzas retrogradas como religión organizada, el Partido Republicano y los seguidores de Donald Trump. Sin embargo, “The Waltons” sigue atrayendo fans.

¿Una Serie Oscurantista?
Una pregunta que se hacen tanto observadores sociales como críticos de programas de televisión y fans es porque es imposible hacer una nueva versión de esta serie. Creo que la respuesta más adecuada es que aun como drama de época, la esencia de la serie seria incomprensible para un gran segmento de la audiencia. Sin embargo, eso no quiere decir que “The Waltons” fuese un programa anticuado y carente de valor. Para su época era bastante progresista y mirándola en retrospectiva sufría de muchos presentismos obligatorios de la televisión de su tiempo.

Los anti-Waltons consideran que “The Waltons” es una serie retrograda que perpetua valores oscurantistas. ¿Cuáles serían esos valores?
Ausencia de diversidad sexual:
 Hoy diversidad tiene solo dos significados, inclusión de personajes de piel oscura y de miembros de orientaciones sexuales diversas. Estos últimos no están presentes en “The Waltons” pero tampoco lo estaban en general en la televisión Anglo, donde el primer personaje importante abiertamente homosexual aparecerá recién en 1975, Billy Crystal en “Soap”.
Jody (B. Crystal) con el vestido de su mamá

Un problema para los Millenials y los Z (víctimas de un fenómeno social que busca mantenerlos en la ignorancia) es que creen que un bebé debe pararse y caminar antes de gatear. Por eso les es difícil aceptar un mundo donde la gente no tenía los derechos ni las libertades que ellos han gozado, ni que conseguir esas libertades y derechos fue una lucha tan ardua que no dejó la posibilidad de exigir lo que hoy exigen las minorías.

En resumen, en un mundo donde recién se comienza a hablar de sexo en la realidad y en la pantalla, donde recién se contempla la posibilidad de que las relaciones sexuales fuera del matrimonio no sean pecado, no se puede todavía educar a las personas sobre otras orientaciones o estilos de vida sexuales. Que un programa familiar retrasase con naturalidad, sin emitir juicios mórales, temas como las relaciones premaritales, las madres solteras, el amor físico de pareja y el acoso sexual era progresista en 1972.

John-Boy tuvo amores con dos madres solteras, incluso asistiendo al parto de una de ellas interpretada por la entonces desconocida Sissy Spacek. Mary Ellen embarazada atiende a una madre soltera que pierde la razón cuando su hija muere. Erin Walton (Mary Beth McDonough) es acosada sexualmente por los parroquianos de un café donde trabaja y años más tarde debe defenderse de la agresión de un pintor desequilibrado y un novio borracho. Incluso hay un episodio titulado “The Violated” (La violada) donde Los Waltons deben auxiliar a la víctima de un ultraje.
Sissy Spacek en Los Waltons

En las últimas temporadas, Elizabeth de 16 años contempla la posibilidad de perder su virginidad con su novio, y Jim-Bob Walton (David W. Harper) es acusado por su novia de haberla embarazado. Todo eso demostraba la evolución de la mentalidad de la serie y exploraba como se vivían esas experiencias en los 30 y 40.
El despertar sexual de Elizabeth

Por último, me acabo de enterar que Will Geer el actor que interpreto al Abuelo Walton, era homosexual y que tuvo una relación de pareja con el reconocido activista de los derechos gays Harry May. Como Will había salido del closet y sus compañeros de trabajo conocían su orientación, podemos decir que si había diversidad sexual en “The Waltons”.

Ausencia de Diversidad Etnica
En “Los Waltons” no hay asiáticos, ni árabes, ni hindúes. El único latino es un pretendiente que le sale a Mary Ellen casi en las últimas temporadas, un soldado chicano que conoce en California. Tampoco hay irlandeses, ni italianos y eso que la madre de Earl Hamner era italiana.

Los nativos tuvieron una presencia vigorosa en el episodio “The Warrior” cuando un cherokee de 101 años viene a exigir que John derribe su establo ya que debajo hay un cementerio indio. John se niega, pero cuando el anciano muere, le regala un trozo de la montaña al nieto para enterrarlo y convertirlo así en otro cementerio indio.

Hoy que los judíos están en todos los medios de comunicación parecerá mentira decir que una vez fueran considerados peligroso para los ratings.  Los actores judíos eran de bajo perfil en lo que se refería a su vinculación con el mundo hebreo. Tuve que esperar a “La casita en la pradera” para saber que Michael Landon era “de nostris” como decía La Lozana Andaluza.

El único programa con protagonista judía había sido “The Goldberg” (no confundir con el show contemporáneo que comparte el mismo nombre) que había saltado de la radio a la pantalla chica, pero que había sido cancelado en 1957. Para 1972, la aparición de personajes judíos invitados en una serie era tan vaga que incluso se velaban sus orígenes. Recuerdo que eso pasó con Milton Berle en “Valle de Pasiones”. Incluso en 1972, junto con los Waltons salio al aire "Bridget Loves Bernie" una serie sobre un matrimonio mixto....apenas duro una temporada.

Por eso fue un shock que, en la primera temporada, “The Waltons” presentasen a una familia abiertamente definida como judía. Mas interesante aun como un reflejo de la realidad televisiva, esta familia de refugiados alemanes que llegaba a la Montaña Walton ocultaba su origen para poder asimilarse mejor, llegando incluso a privar a su hijo de su obligatorio Bar Mitzvah. Les tocaba a Los Walton convencerlos de salir del closet, aceptarse y conseguir que la comunidad los aceptara.
Bar Mitzvah en La Momtaña Walton

Después de este shock cultural, los judíos siguieron apareciendo en el espacio de “Los Walton” culminando en el personaje de Toni (Lisa Harrison), novia y eventual esposa de Jason Walton (Jon Wolmsley). Fue ahí que vimos un toque de antisemitismo, curiosamente dentro de la misma familia. Ben rechazaba firmemente a su futura cuñada, no porque tuviera nada en contra de los judíos, sino que no le agradaba que Jasón trajera a la familia alguien que no fuera cristiana.
Jason y Tony

Hoy y entonces, diversidad específicamente se refiere a los afroamericanos. “The Waltons” los tuvo regularmente en la pantalla lo que ha provocado muchas críticas de un retrato falso a la sociedad sureña infamosa por su racismo ya que el show muestra una visión armónica de las relaciones interraciales, al menos en La Montaña Walton. Earl Hamner Jr. creció en Schuyler, un pueblo virginiano totalmente segregado en los 30. Pero para acallar las críticas surgieron voces de gente que recordaba sus experiencias en comunidades aisladas como la de Los Walton donde había pocas familias negras lo que permitía más interacción social en términos de igualdad entre ambas comunidades.

Un toque revolucionario de la serie fue enfocarse en un solo personaje habitual negro, y hacerla mujer y autovalente. Verdie aparece por primera vez como una costurera viuda que vive cerca de Los Walton. Aunque es nieta de esclavos, Verdie ha conseguido que una de sus hijas vaya a la universidad. Su mayor vergüenza es ser analfabeta, problema que soluciona John Boy. Toda la historia de Verdie es un ejemplo de autosuperación.

 Lynn Hamilton retrató a Verdie con gran dignidad y humanidad. Su relación con Los Walton siempre es en planos de igualdad, aunque la extrema cortesía con la que Olivia (después de sufrir una permanente chambona), le pide a Verdie “un secreto de tu gente para alisar el cabello” me pareció exagerada y el ‘tu gente” hoy es inexplicablemente sería considerado racista.

Otra exageración fue el episodio “The Illusion” en el cual Esther, hija de Verdie, tras graduarse busca empleo en una fábrica local. Cuando se lo niegan (por ser negra) se manda un discurso tan intenso sobre el racismo que recibe el puesto como recompensa. En el Sur de los 40, ese acto más le conseguiría una visita del KluKlux Clan antes que un empleo.

Mas realista fue que Verdie termine adoptando a Josh, un niño negro que Los Waltons han prohijado porque entonces estaba prohibido que los blancos adoptasen criaturas de color; o descubrir que Harley (Hal Williams que dio vida al segundo marido de Verdie) es víctima de la justicia racista del hombre blanco o que su hijo Jody (Charles R. Penland), tras regresar de servir en el frente de batalla, sea expulsado de un bar solo por su color de piel.

Sexismo:
Otra acusación que recayó sobre “The Waltons” es que era sexista puesto que las chicas Walton siempre estaban a cargo del quehacer doméstico y que sus hermanos gozaban de más libertad. Eso no es cierto. Hay una división de labores, pero no es arbitraria ni obligatoria. Olivia Walton cocina y limpia, pero si tiene que ayudar a su marido en el aserradero no tiene problemas para hacerlo. Cuando Olivia se ausenta ordena a sus hijos ayudar a Erin con las labores domesticas.

 Tanto Olivia como su suegra Esther dominan a sus esposos que siempre hacen lo que ellas quieren. John Boy será el hermano mayor, el consejero y paño de lágrimas tanto de hermanos como hermanas, pero nunca abusa de su poder. Podemos decir entonces que las chicas Walton no estaban sometidas por ningún tipo de patriarcado.

Erin y May Ellen cocinan y saben llevar una casa, pero también aprenden a conducir automóviles y una exigencia de sus padres es que acaben la secundaria, eso en una época y un espacio geográfico donde las campesinas casi ni sabían escribir. Mary Ellen, al salir de la secundaria, postula a una escuela de enfermería. Se casa con un médico y se convierte en su asistente. Cuando cree que su marido ha muerto entra a la facultad de medicina y se convierte en doctora. Será la tercera de Los Walton en tener estudios profesionales.
Mary Ellen esposa

Mary Ellen madre

Mary Ellen enfermera

Olivia y John se oponen al matrimonio de Erín porque ella solo tiene dieciséis años y porque no ha acabado la secundaria. El novio no espera y al graduarse, Erín no sabe qué hacer con su vida. Es ahí cuando John hace un comentario que hoy consideraríamos sexista: “es tan guapa que no tendrá problemas en encontrar su camino”.  Sin embargo, el ser guapa no ayuda a Erín quien abandona su empleo de telefonista para irse de camarera a un antro donde es acosada por los clientes. Finalmente encuentra su camino en una academia de secretariado.
Erin se gradúa

Ser guapa no es una carrera

Erin camarera

Erin secretaria

A pesar de que “The Waltons” es una serie que ensalza a la familia y el amor de pareja, cree en una relación igualitaria entre marido y mujer. Es el espíritu pionero que representa la anciana prima Martha-Corinne quien recuerda que la primera casa en La Montaña Walton, la construyeron (y a mano) ella y su marido antes de la Guerra de Secesión. Erin y su novio también planean construir una casa juntos. Olivia y John son conscientes de que una familia se arma entre dos y dividen su responsabilidad con sus hijos por igual.

Las chicas Walton esperan tener un matrimonio como el de sus padres, por eso dejan pasar novios aparentemente perfectos, a sabiendas que no son los indicados. En los 70, el divorcio todavía seguía siendo un tema delicado en la televisión y ni se pensaba en tener una protagonista divorciada, pero la serie nos muestra casos en los que una mujer puede y debe separase. Así vimos casos de abandono, de violencia familiar y en el caso de Esther y de la cuñada de Mary Ellen, la necesidad de la mujer de vivir su vida.

Olivia relató en un par de ocasiones que cuando estaba recién casada, regresó a casa de sus padres tras serias peleas con el marido. La primera pelea de Mary Ellen y Curtis acaba con ella en casa de sus padres. Esos problemas son solucionables, pero casi al final de la serie, Mary Ellen descubre que el marido que cree que pereció en el ataque a Pearl Harbor está vivo.
Mary Ellen creyó a su marido muerto en Pearl Harbor

El que volvió ni se parecia a Curtis

Curtis quedó tan malherido que ha preferido ocultarse de su familia. Mary Ellen se da cuenta que este hombre amargado por heridas que le impiden ser padre y cumplir con sus deberes conyugales,  no es con quien se casó. Tras sopesar sus prioridades, Mary Ellen se divorcia de Curtis y se casa con otro señor.

De todas las Walton la más memorable y luchadora por sus derechos era Olivia Walton. A través de varias temporadas, y a pesar de que Michael Learned optó por ausentarse de la serie en busca de otros desafíos actorales, su personaje de la matriarca de esta familia de las Apalaches se convirtió en uno de los más queridos por el público.

Los escritores no parecían quererla mucho ya que la sometían a todo tipo de enfermedades. Vimos a Olivia sobrevivir depresión, menopausia, polio y tuberculosis. Eso no le quitó vigor para dar voz a sus opiniones en debates con su marido e hijos, debates que a veces acababan con ella triunfante. En otros casos Olivia cambiaba de opinión, pero nunca de manera sumisa.
Olivia se contagió de polio

Olivia era una encarnación de la madre naturaleza. La serie nos cuenta que ha parido nueve hijos y enterrado a dos (uno de ellos, el gemelo de Jim-Bob). En la segunda temporada, Olivia pierde un bebé y el médico le aconseja no volver a embarazarse. Eso la deprime y la vemos encariñarse primero con un bebé abandonado, luego con un huerfanito negro y por supuesto es la primera en encargarse de los nietos cuando estos comienzan a llegar.

Eso no significa que Olivia sea nada más que madre. Por sobre todo es mujer, una que sostiene una intensa relación romántica y física con su marido. Como le explica a la recién casada Mary Ellen, su modo de advertirle a su familión que quiere un rato de privacidad con su marido es colocar un geranio en macetero en el porche. Esa es señal para que sus parientes se vayan de paseo. Este detalle era bastante risqué para una serie de televisión dirigida la familia.

Aun peor, Olivia seguía siendo atractiva para otros hombres. Lo descubría cuando decidía estudiar arte y era objeto de galanteos por parte de un compañero menor que ella. Galanteos que no molestaban del todo a la Matriarca Walton.

A lo largo de la serie vimos que, aunque Olivia parecía se ser la esposa, madre y ama de casa perfecta, el personaje sufría episodios de depresión y frustración, tenía estallidos de furia y momentos en que se sentía descontenta con la monotonía de su vida. Lo interesante era como enfrentaba esas crisis y las solucionaba con cambios que iban desde cortarse el cabello (a pesar de las protestas del marido) hasta comprarse una bicicleta.
La horrible permanente de Olivia


Tampoco era reacia a buscar otras ocupaciones. Olivia no dejaba que fueran los hombres de su familia los que la informaran. Ella leía el periódico y buscaba información en la biblioteca local. En las primeras temporadas, Olivia decidía seguir su sueño juvenil de estudiar arte; se integró al coro de la iglesia; y con sus hijos ya mayores, Olivia Walton se convirtió en maestra sustituta para luego quedarse de planta en ese empleo.

Presencia desmesurada de la religión
Una de las más fuertes quejas de los anti-Waltons es que el show es “sermoneador”; moralista en exceso, y que eso se debe a la constante presencia del elemento religioso. Sería un retrato falso si al hablar de la cultura montañesa virginiana no se mencionase la religión. Sobre todo, en la Era de la Depresión cuando los estadounidenses (Los que no abrazaron ideologías totalitarias) se volcaron en la religión como un modo de sobrevivir la crisis.

Los Walton son devotos bautistas. Una ironía es que en su mundo no hay espacio para otra religión ni siquiera otra variación del protestantismo. Cuando la Abuela Walton se molesta con el pastor de su iglesia, lo amenaza con ir al templo metodista. Cuando Erín descubre que el Pastor Fordwick (John Ritter) no va a casarla porque sus padres lo prohíben, busca ayuda con un pastor metodista.

Algo que es obvio en la serie es que Olivia y su suegra son las más religiosas en la familia (o las con fe más ferviente) y quienes imponen sus ideas sobre los demás. El Abuelo Walton se ríe de muchas de las devociones de su esposa, pero, como en todo, la obedece. De Los Walton, Ben es el menos religioso y el más atraído por las tentaciones del mundo, lo que provoca muchos dolores de cabeza a su madre. Pero el gran disidente religioso de la familia es John Walton.
Los Walton saliendo de su igkesia

El patriarca Walton es el único que se queda en casa cuando su familia va a misa. Alguna vez pisará la iglesia para darle el gusto a Olivia o cuando ocurre una crisis como cuando Elizabeth queda invalida, pero no es hombre de templo. Olivia contará que las peores peleas conyugales fueron provocadas por esa renuencia de su esposo a cumplir con sus deberes de cristiano.
John no era hombre de iglesia

No es que John sea ateo, lo que pasa es que no cree en religiones organizadas. Tras expulsar a un alaraco pastor cuyos sermones asustan a sus hijos, John le dirá su esposa que él no necesita ni de predicadores gritones ni que lo zambullan en el rio (así es el bautizo de los bautistas) para  creer en D-s.
El predicador gritón

Es ahí que Olivia se da por vencida y tras un “eres un buen hombre, John Walton” decide que su esposo sirve al Señor de manera diferente a la de ella. Una ironía es que, en la vida real, Ralph Waite, quien encarnaba a John, era un pastor presbiteriano. La muerte de su hija mató su fe y lo empujó al alcoholismo. Fueron “The Waltons” los que ayudaron a resucitar su fe, retomó su ministerio para casar a Jon Wolmsley (Jasón) y a su novia Lisa Harrison.

Nacionalismo Sureño
Ciertas virtudes que todavía me resultan atractivas en “The Waltons” pueden motivar rechazo en esta excéntrica sociedad moderna. Uno es la solidaridad comunitaria. Cada vez que un vecino necesita de ayuda ahí están Los Walton para brindársela. Cada vez que ellos enfrentan una crisis, sus vecinos vienen en su auxilio.

Lindos también son los buenos modales que Olivia y John inculcan a sus hijos. La cortesía que extienden a los extraños, a los más humildes y sobre todo a los más viejos. Hay un tremendo respeto por la Tercera Edad, sea como custodia de información histórica (la Prima Martha-Corinne) o como dispensadora de arte (Maude Gormsley que a sus 70 años se convierte en cotizada pintora). Cuando Martha-Corinne siente que se acerca su final se esmera en poner en papel todo lo que sabe de su familia y ese es el legado que le deja a John-Boy. Es que los ancianos son los historiadores de su comunidad.

Sin embargo, hablar de historia en El Sur es peliagudo porque historia aun hoy en el Tercer Milenio significa Guerra de Secesión. Hoy se siente que El Sur ha glorificado una guerra fratricida, que sigue apegado a los valores que provocaron el conflicto, y que no hay arrepentimiento. Eso también era cierto en los 70 y en los 30. Por lo tanto, la única falsedad que veo en “The Waltons” es la ausencia de ese nacionalismo Rebelde.

Aun así, la Guerra de Secesión no es mencionada más que in passim. Martha Corinne recuerda que su esposo perdió un brazo en batalla, pero no elogia ni condena a la Confederación que lo llevó a quedar manco. Nunca vemos la bandera confederada y a lo más cantan canciones antiguas (hoy consideradas como racistas) como “Carry Me Back To Old Virginia”. Si se habla de guerra en “The Waltons” es siempre la primera conflagración mundial en la cual peleó John y donde murió su hermano Ben.

Culto a las Armas
Hablando de guerras, una acusación que recae sobre la cultura sureña es que rinde culto a las armas de fuego. Es cierto que los que más protestan en contra de legislaciones que controlan la posesión de armas vienen de esa región. En la cultura sureña, los rifles de caza son joyas familiares que son heredadas de padres a hijos.

Pues los Walton no eran ajenos a esa tradición. Como todos los habitantes de regiones aisladas, John Walton poseía escopetas y en un par de ocasiones lo vimos empuñarlas para defender a su familia. Sin embargo, el mayor uso de las armas era para traer comida su mesa.

Muchos se han burlado de que “The Waltons” presente una visión de la Depresión donde una familia humilde siempre tenga comida en la mesa. Earl Hamner dijo que eso era cierto precisamente por el espacio geográfico donde vivía su gente. Las verduras las cultivaban las mujeres de la familia en su huerta. Las frutas de los árboles cercanos servían para hacer mermeladas y conservas, había un rio donde pescar y el bosque era rico en aves y liebres para cazar.

Aun así,” The Waltons” creada para una sociedad marcada por la Guerra de Vietnam y bastante pacifista, no elogiaba ni la violencia ni el uso de armas. Cuando John y su padre llevan a John Boy de cacería, el joven tiene tanto respeto por la vida que es incapaz de dispararle a un pavo silvestre. Solo cuando ve a un oso atacando a su padre es que el muchacho puede disparar un arma.

El pacifismo en la serie va más allá de cazar aves, Olivia es una ardiente pacifista que ve con horror que se aproxima otra guerra y que sus hijos serán carne de cañón. Cuando USA entra en guerra Ben se enlista lleno de entusiasmo; Jim-Bob patalea porque quiere tener edad para pelear; el sereno John-Boy como corresponsal de guerra no le teme al peligro.

El único con dudas es Jasón. El más religioso de Los Waltons siente que matar al prójimo va en contra de sus principios. Eventualmente recapacita y se enrola en el ejército, pero por un rato demuestra que no todos los sureños eran seres violentos sedientos de sangre.
Jason en Europa

Por muchos años, “The Waltons” fue acusada de falsear la imagen de la sociedad durante la Depresión. Por el contrario, al apegarse a su verdad (Y a pesar de los presentismos obligatorios) Earl Hamner ofreció una versión alternativa, pero genuina. No todos sucumbieron a la crisis, muchos sobrevivieron gracias a una combinación de factores en los que fe y solidaridad fueron el gran apoyo de las familias.

Un retrato totalmente opuesto lo hemos encontrado en este siglo en la genial “Mad Men”. El protagonista, el ambicioso y oportunista Don Draper, oculta un pasado en el cual él fue Dick Whitman, un niño criado en una granja de Illinois durante la Depresión. Los Whitman son el polo opuesto de Los Walton. Archibald, el padre de Dick es un borracho golpeador, lo tuvo con una prostituta y se lo ha encajado a su esposa que, aunque buena mujer no puede con este marido zafio e inútil.

Casi una parodia de “Los Waltons” es el flashback de Don en el que recuerda a un vagabundo (hobo) que llega a su granja. Los Walton le hubieran dado enseguida comida y techo, y Abigail está dispuesta a pasarle dinero, pero su marido exige que el invitado trabaje. Cuando éste acaba su labor, Archie se niega a pagarle, rechazando así los valores de solidaridad, honestidad y caridad que pregonaba la serie de Earl Hamner Jr.

Me ha sorprendido descubrir que “The Waltons” aunque fue vista en algunos países latinoamericanos (Colombia, Venezuela, México y la Argentina) nunca fue muy popular en nuestro hemisferio sur. Diferente fue el caso de Europa donde aún ahora “The Waltons” es apreciada. Recientemente se hizo una versión de DVD de la serie completa solicitada por el público alemán y en el Reino Unido se siguen ofreciendo “The Waltons” en canales del recuerdo.  ¿Por qué no gustó en Sudamérica? ¿Sera que los valores de Los Waltons no encajan con nuestros valores latinos?

12 comentarios:

  1. Como siempre, admiro tus entradas por toda la información que entregas. Todo tan bien documentado, analizado y expresado ... y tu memoria ! Me encanta leer tus reseñas.
    Creo que habré visto alguna temporada de esta serie en casa de mi abuela antes de emigrar a Vzla. porque recuerdo principalmente el personaje de John Boy pero nada más, de la trama, personajes, de los actores no tengo recuerdos. No tengo memoria si la daban en Vzla ni porque no recuerdo haberla visto, me supongo que porque mi mamá no la veía porque era fijo que las dos veíamos casi todos los programas juntas.
    A veces cuando una vuelve a ver estas series, efectivamente puedes encontrar esos trazos de moralismo religioso que tanto alegan las nuevas generaciones, pero como bien dices, en esa época no existía la diversidad ni la inclusión como agenda ¿comunicacional? y les cuesta situarse en el contexto histórico en que estas series fueron programadas. Tanto en series como en novelas escritas en los '50, '60, '70 e incluso los '80 en mi caso, trato de ubicarme en la situación social y moral que por ejemplo vivía la mujer (cuando leo novelas o veo películas románticas) para así entender sin que me parezca absurdo o enojoso como ocurre la historia. Es por eso que ahora podría disfrutar viendo series como esta o “La pequeña casa en la pradera” sin criticarla, a pesar que efectivamente las encuentro algo moraliñas. Hoy en día está todo tan trastocada, el límite de ... todo es una delgada línea, que la verdad me da nostalgia las series de aquellos años... pero eso no significa que despotrique de esta época, claro que no, me siento afortunada de vivir tiempos en que tenemos derechos y podemos manifestar nuestra opinión y hay libertades que antes no teníamos. Pero aun así, tantos recuerdos que hay para mí tras las series de esa época...

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    1. Hola Gatita Solita, ¿ósea la habrán pasado en Chile? A mi me gusta retroceder en el tiempo con las series, no solo para examinar el contexto histórico, sino para ver mi evolución. Yo fui de esa generación sin computadoras, sin Internet, sin redes sociales que todo lo aprendía de libros o de la tele y ver de donde saqué esto o aquello, o como lo superé y cambié me es interesante. Yo creo que en términos de series pasamos del sermón moral a la cultura de la amoralidad, y que nosotras las de otra generación notamos ese salto y por eso es por lo que personajes morales como Ned Stark (que al final es igualito a John Walton) y Jon Snow atraen. ¿Creo que las dos somos Baby Boomers No? (yo nací el 59)

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    2. Debo darte la razón en todo y principalmente en tu analisis final. Si, tiendo a sentirme atraída por los personajes morales, los "buenos" de la película. Y todo es culpa de la moraliña en la que fui criada, en los años que viví mi adolescencia y a la religión, me costó despecudirme de toda esa mojigatería pero aún tengo un límite hacia la amoralidad...
      Soy del 64 que para estos efectos es lo mismo. Crecí igual que tú. Ahora me pregunto ¿comó hacía antes que hubiera internet? Guardo información porque siempre leí mucho pero hoy no hago mucho esfuerzo y todo lo googleo jajaa por eso me maravillan tus entradas con tus opiniones y que puedes analizar todo, yo soy mas superficial pero disfruto leyendote.

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    3. No digas que te gustan los "buenos" porque te lo metieron en el colegio. no es ninguna verguenza. yo am'e al Matarreyes solo porque sabia que Martin lo iba redimir. A mi me encantan los redimidos. Que ese par de tal por cuales lo haya dejado no solo como malo sino tambien como decimos en chileno "weon a la vela"es otra cosa. Ohh yo por eso me encanta irme a la memoria histórica de Malena, porque el modo que vivi la cultura popular, y sobre todo "los çhongos" (es como nuestra Gatita Guivi llama a los personajes de ficcion de los que nos enamoramos y yo he sido chonguera desde El Agente de Cipol cuando tu eras guaguita) sin Cloud, sin Google Drive, sin flashdrives y sin redes sociales. Yo era de recortes de revistas, de albunes, de memorias y en los 70, de grabar casettes. Lo ponia delante de la te;e y grababa al menos la voz de quien queria conservar. Me alegro mucho que me disfrutes y me encanta oir tu opinion que no es para nada superficial.

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    4. Me gustan los protagonistas como Jon Snow, Harry Potter o Luke Skywalker (el de las películas originales) pero los redimidos como Jaime (el del libro) o Han Solo también (pero mas los primeros jajajaa).
      Yo hacía lo mismo que tú, grabar cassettes de la radio, recortar revistas, juntar albumes, etc. Y yo también soy "chonguera" tengo muchos crush dentro de mi corazoncito jajaja.
      Bss.

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    5. me dicen mis amigas chongueras casadas que es un gran recurso para mantener un matrimonio, yo solo sé que me han salvado de muchos romances enfermizos con hombres que no me convenían.

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  2. G Guillermo Casillas De niño vi esa serie pero nunca me atrapó como lo hizo Los pioneros (Little House on the Prairie) en su momento... ni idea el por que... era niño y la protagonista era una niña... ni si quiera recuerdo su trama o sus mensajes... recuerdo escenas aisladas que me parecían tiernas o chistosas o tristes... que bueno que traes esas series para hacer memoria... 😉

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    1. María Elena Venant G Guillermo Casillas Gracias por ser el primero en responder. Supe que la pasaron en México. Lo de la casita puede haber sido por la edad que tenías. Los Walton se enfocaban mas en problemas de adolescentes y adultos. Otra cosa, La Casita era en tiempos antiguos y en un escenario del oeste post-indios. También gustaban los actores, los fans de Bonanza (otra serie que no pasa de moda) se colgaban de la casita por ver a Michael Landon. Los Walton se enfocaban en una era que tal vez solo nos importara a los habitantes de este país. Aun así, acabo de descubrir que fue popular en Italia y Alemania, y el hecho que la sigan repitiendo en Inglaterra también es significativo.

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  3. Desde FB
    Ana Estelwen Nunca la vi, no sabía de ella. Pero ya La Casa de la Pradera me parecía ñoña cuando era pequeña, así que no sé si The Waltons me hubiera gustado.

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    1. María Elena Venant Ana Estelwen A mí también me pareció La Casita ñoña (no usé la palabra en el blog porque no sabía que la conocían en España). El profesor que me enseño inglés casi me obligó a leer los libros (hoy están bajo sospecha de racismo). A mi solo me vino a gustar la serie cuando Laura ya era una adulta y conocía al que iba ser su marido.
      Los Walton era diferente, primero tenían esa familia fantástica tan diferente a la mía, luego los personajes pasaban y sobrevivían cosas que yo vivía y no superaba por lo que se convertían en traumas. Seria ñoña, pero me ayudó a entender que, aunque era bueno esperar no era malo desear (algo que Mi Ma no entendía) que ser bonita era menos importante que tener estudios, que uno podía enamorarse muchas veces antes de encontrar el verdadero amor, que uno debe respetar a sus mayores pero que el respeto debe ser reciproco. Yo creo que por eso no le gustaba a Mi Ma, además le molestaba lo de la religión, pero a mi no. Los Walton se la pasaban rezando, hoy yo rezo hasta lavando los platos; iban a misa dominical, bueno, entonces lloviera o nevara yo a las 9 todos los sábados estaba sentada en mi banquito de mi sinagoga. Obvio, viéndola con ojos del siglo XXI no hay sexo ni violencia, no hay diversidad sexual, solo salen 7 personajes negros y algunos solo aparecen una vez. Y sin embargo un mensaje constante era “puedes ser diferente y eso no te hace un loser”. Por ejemplo, había muchos caps. sobre rehabilitación de inválidos, de sobrevivientes de infartos (ike) de accidentes vasculares (la Abuela) y en el primer episodio había una niña sordomuda. Si hasta mostraban los problemas de la adicción cuando Mary Ellen para pasar sus exámenes se hacía adicta las anfetaminas.

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  4. Desde FB
    Alfonso Velasco Sendra María Elena Venant Es curioso yo también hace unos días utilice una serie para explicar la fe a un amigo. Use un episodio de Cosas de Casa. El episodio en que Steve Urkel va a misa. Ahí eran todo familias afroamericanas con algún blanquito tonto, pero te identificabas con ellos. Me encantaba esa serie 😁

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    1. María Elena Venant Alfonso Velasco Sendra Family Matters era una de esas series de fines de los 80 principios de los 90 que sin parecerlo eran didacticas y muy respetuosas, y como el damnificado y maldecido Cosby Show mostraba valores etnicos que interactuaban armonicamente con los valores judeocristianos que son intrinsicos en esta cultura o al menos lo eran hasta este siglo.

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