jueves, 2 de abril de 2020

Elite 3: El Empoderamiento de la Femme Fatale Adolescente.



En días de pandemia, cuando oímos o leemos de la irresponsabilidad de los jóvenes que se creen inmunes al virus, ver “Elite” te ofrece una nueva perspectiva. La serie deja de ser una parodia de “Gossip Girl” y pasa a ser una visiónni tan exagerada de la egolatría e irresponsabilidad de lo que llaman generación Z. Y entre medio también encontramos una rancia alerta sobre el poder de las mujeres que en la serie están representadas por un puñado de femmes fatales adolescentes que destruyen a todo hombre que se cruza en su camino.

Dicen que, en la Cuarta Temporada, ya no estarán los mismos alumnos. Una suerte, porque a todos yo los mandaba al psiquiátrico. La Tercera Temporada de “Elite” terminó como abrió, con un asesinato no esclarecido y con una sensación de que, bajo todo su modernismo y clamores de tolerancia, la serie traía un aviso en contra de las mujeres, el viejo temor de que están ahí para peligro de los hombres de todas las edades. Es que, con la excepción de Rebe, lo que las chicas han hecho desde el primer día de clase es provocar la desolación entre el alumnado masculino.

La Tercera Temporada sirvió para evidenciar la superfluidad de la Segunda. Al final estábamos como en el primer capítulo, con un homicidio sin resolver, con romances que no iban a ningún lado, hasta con un enfermo grave. Si Marina era HIV positivo, ahora tuvimos a Ander batallando la leucemia con su madre y Omar (hasta Rebe) apoyándolo.

La Robot de Metropolis
Francamente, el amor de Ander y Omar fue el único de valor en esta historia donde el romance heterosexual solo traía desgracia con todas esas mini femme fatales que circulaban por la historia. Marina, tan llorada por todos, era un monstruito que de milagro no contagiaba con su HIV, pero que emponzoñaba con su mala conducta. Si hasta el maestro fue despedido por la delación de Marina (amprada por Nadia que pronto aprendió todas las triquiñuelas de Las Encinas).

Por culpa de Marina, Nano fue a la cárcel y tuvo que huir hasta África; por ella se enfrentaron hermanos y padres, y hasta esta temporada tuvimos un Guzmán descontrolado torturando a Polo. Y todo ante el video donde Marina bailaba incitando a la demencia como la robot de “Metrópolis”.



La única chica buena de este cuento era la Rebe, la hija de la vendedora de drogas. La vimos preocupada de conseguirle casa a Valerio, de acompañar a Ander al médico y hasta de seguir velando por su gran amor Samuel que terminó traicionándola de la manera más vil.


Nota: De aquí en adelante hay spoilers sobre los capítulos finales  
Al final, aparte de Rebe, los únicos que me importaban fueron los que peor acabaron: Polo y Cayetana. Me pareció estúpido que Cayetana renunciara a la ayuda de las madres de Polo y se fuera a fregar pisos. ¿Qué tipo de mensaje clasista es ese?  Cayetana era listísima y tenía un gran sentido de la moda, podría haber sido una buena diseñadora. ¿Por qué se la castigó? ¿Por amar a Polo? ¿Por fingir ser niña bien?

Yo esperé mucho de la “caída” de Lucrecia. Esperé que siendo una pobre imitación de Blair Waldorf supiese levantarse sola, que (como la heroína de “Gossip Girl”) usase su intelecto y contactos para demostrar sus méritos. Pero no, comenzó inmediatamente a extorsionar a Nadia, perdió la cabeza y acabó matando al único que quería ayudarla. Polo y Cayetana pagaron por mentir, pero todos sus compañeros entraron en un pacto de orates para encubrir a la asesina. ¿No es eso mentir? ¿O acaso todos odiaban al pobre Polito? Creo que eso ultimo puede no ser chiste.

Si a alguien hicieron sufrir en la serie fue a Polo y siempre quedó la impresión de que era un personaje despreciado por los guionistas. ¿Por débil quizás? “Elite” es un homenaje a la selección darwiniana, donde los más fuertes oprimen, superan y hasta destruyen a los que no son como ellos. ¿Pero en qué era débil Polo?

El Peligro de las Madres Lesbianas
Es obvio para quien haya visto las temporadas pasadas, que “Elite” es una bandera de tolerancia en lo que respecta a la homosexualidad. Todos en la serie abrazan encantados la noticia de que Ander y Omar son gays y pareja. Todos menos el padre de Omar que es un representante del machismo musulmán. Pero.. ojo…la serie celebra a los gays no a otras diversidades sexuales y el mayor ejemplo son las madres de Polo.

Pensemos un poco en como es este pobre asesino accidental. Acarrea problemas de salud desde la infancia: ataques de asma que se intensifican cuando se pone nervioso (lo que ocurre a menudo); angustias constantes; y más encima un dejo de tartamudez que aflora solo para abochornarlo. “con lo que gastaron tus madres en terapia de lenguaje” le endilga el suegro en un momento en que a Polo se le traba la lengua.

Es cierto, las madres de Polo le han dado todo. Es obvio que lo quieren, pero han fallado. Cabe especular que todo se debe a que Polo no es hijo de una pareja “normal”. Eso se lo canta Carla en la Primera Temporada: “nosotros no somos normales. Mírate, hijo de madres lesbianas”. Y con eso le dan su bofetada al colectivo LGTB que ni se entera.

Aún más, cuando esta última temporada sabemos más de estas madres lésbicas, notamos estereotipos negativos. Begoña es la que lleva la voz cantante en la familia; la que lo decide todo, hasta la ropa que viste el hijo; la que pisa fuerte, la butch. En cambio, su pareja es la llorona, la sensible, la tímida fem que ni nombre tiene. Oigan, que flaco favor les han hecho a las mujeres gays.

No se sabe si Polo es hijo biológico de alguna de sus madres o adoptado, pero lo cierto es que no se siente ni mimado ni privilegiado. Mas bien no les tiene confianza. Debido a sus madres, Polo está condicionado para temer, depender y estar sometido a las mujeres. Incluso su bisexualidad parece nacer del miedo que le tiene a las hembras en su vida.

Es triste porque sus madres lo aman, pero vemos la disfuncionalidad en el episodio 3 cuando obligan a Polo a volver a Las Encinas, a pesar del bullying mediático al que lo someten Guzmán y Samuel. Ellas creen que con el poder que les da patrocinar una beca ya lo han arreglado todo. “¡Se fuerte!” le exige Begoña “¡Se un hombre!”. Ejem, es un poco absurdo que una pareja de mujeres gay esgrima tal machismo. Pero queda claro,. Polo es débil, Polo no es un hombre de verdad, Polo avergüenza a sus madres lesbianas que pueden ser tan castrantes como cualquier femme fatale de un film noir.

Por supuesto ambas cambian de idea cuando se enteran de que su retoño intentó suicidarse. Ahí lloran, piden perdón y ofrecen sacarlo de Las Encinas y enviarlo al extranjero. Pero no cuentan con la astucia de la pequeña Cayetana que arruina esa oportunidad para no separarse de Polo. Cayetana, desde que está en Las Encinas, que ha estado tomando lecciones para ser una mujer fatal, otra más en la lista de las asesinas de Polo.

Las Asesinas de Polo
La primera es la diosa de hielo, La Marquesa Carla. Polo y Carla tienen una relación que data de la niñez, pero que se ha convertido en una constante exploración sexual que ni les satisface. Finalmente, Carla acepta un trio con el marginal Cristian. De ahí Polo tiene sexo con Cristian a solas lo que Carla considera una traición por lo que (a ver si entienden la lógica de estos críos que solo viven para follar) “La marquesa” se va a la cama con Cristian.

Polo desesperado siente que la ha perdido y entonces entra Marina que no se puede quedar quieta y necesita destruirlo todo. Finge necesitar de una amiga y se acerca a Carla. La Marquesa, que en el fondo es sensible, se apiada de la pobre sidosa. Marina aprovecha para arreglarlo todo para que su amante, el delincuente Nano, se robe la colección de relojes del padre de Carla. Resulta que uno de esos relojes oculta un importante microfilm.

El pobre Polo ve la oportunidad de recobrar a su marquesa y acorrala a Marina en la piscina exigiendo/suplicándole que devuelva el reloj. Marina responde humillándolo y ofendiéndolo hasta el punto de que si Polo no le parte la cabeza con el trofeo que la chica ha ganado sin merecerlo, lo hubiese hecho yo.

Como saben la segunda temporada describe los esfuerzos conjuntos de Guzmán y de Samuel por llevar al asesino de Marina a la justicia. La salvación de Polo queda en manos de Cayetana que se ha enamorado del asesino agradecida por su ayuda económica y por no haberla despreciado al saberla hija de una trabajadora de la limpieza.

Pero en la Tercera Temporada, Cayetana se vuelve otra femme fatale, una araña que crea una red alrededor de Polo, le impide poner distancia entre su pasado y su futuro y hasta lo empuja a formar un trio con Valerio. Polo recuerda que con su trio anterior “no nos fue muy bien”.  Pero acepta porque sabe que a las mujeres hay que obedecerlas.

Poco a poco lo que es solo sexo se vuelve algo más. Hambriento de cariño, el joven asesino llega a sentir amor por sus” novios “y en el poliamor descubre una familia. ¿Cómo acaba todo? Polo descubre que Carla (a la que nunca dejó de amar) ha caído en la droga por culpa de Valerio.

No entraré en detalle, pero una cadena de malentendidos y situaciones rebuscadas acaba con Polo destruyendo el futuro de sus colegas. Es un accidente, pero de pronto Polo es odiado por todos cuando su único pecado ha sido intentar proteger a Carla y evitar que Valerio y Rebe siguieran con su negocio de venta de drogas en Las Encinas.

El cuento acaba con Polo intentando ayudar a Lu y esta, ofuscada por su mezquindad, lo mata. Era lo que faltaba.  Lu, la incestuosa, la chantajista, la master manipulator, ahora es asesina. Cómo me hubiera gustado verla entre rejas, pero no, el esprit de corps triunfa y la panda las Encinas, en onda Fuenteovejuna, deja sus huellas en el arma asesina (una botella de champaña) para que se sospeche de todos y no se sepa quien fue.

Increíble, pero todos odiaban a Polo por matar accidentalmente a Marina, y todos aplauden a Lu por matarlo a él. ¿Qué mentalidad es esa? Lu se marcha feliz y sin remordimientos a Columbia. No ha aprendido nada. No sé cómo la comparan con Blair Waldorf de “Gossip Girl”. Lu es una cínica, una hipócrita criminal, además es una ofrecida, no tiene solidaridad con nadie y se escuda tras máximas feministas.

¿Se acuerdan cuando Lucrecia andaba exigiéndole a Carla que “pusiera los ovarios en la mesa” cuando ella misma andaba de rogona con Guzmán? Predica, pero no practica y (como muchas) usa el feminismo de la manera más oportunista posible. Como cuando fue donde el maestro chantajeado y le dijo que no debía apoyar a Nadia que representaba un colectivo anti-mujer.

Pero la guinda del pastel fue esta temporada. Caída en desgracia, sin un euro, Lu se siente incapaz de no ser la reina del baile y se inventa un San Valentín donde las chicas vestirán esmoquin (para ella no explicar por qué no viene de estreno) y cada uno deberá traer su propio licor. ¿Su excusa? Se trata de una fiesta ‘feminista” donde los varones serán los objetos sexuales y las chicas adoptarán el rol masculino.

Latinos, Negros y Muslimes: Colectivos Insultados
Es triste que un personaje tan fantoche, tan mediocre, tan malintencionado sea latino. Si en “Las Chicas del Cable” ponen a los mexicanos (que tanto ayudaron a la Republica) como rateros que se roban obras de arte españolas, ahora en “Elite” nos muestran a una mexicana que abraza todos los estereotipos feos que se asocian a su nacionalidad y hacia las mujeres latinas; solapada, viviendo a costa de otros, traicionera, calentona, arribista, etc.. Con esta serie, Netflix le gana a American Dirt en lo de ningunear a las mexicanas.

¡Epa! Que Netflix es muy equitativo y si Lucrecia nos pone pésimo a las latinas, también hay un equivalente masculino (aunque creo que pertenece al sexto sexo, el no inventado todavía) su repelente hermanastro-amante Valerio que es … ¡chileno! (eso si con acento argentino). Valerio las tiene todas y si nos sorprende es emprendiendo nuevas empresas, cual más negativa, desde seducir a Polo y Cayetana hasta instalar un negocio de venta de extasis en Las Encinas.

Realmente yo no sé qué le ven los productores y muchos fans a este engendro. Mi momento favorito es cuando la madre de Rebecamuy en onda de Cougar Fatale lo humilla sexualmente. Sin embargo, a Valerio todo le va bien y acaba a cargo de las bodegas de los padres de Carla. Mas encima lo premian.

En esta serie los villanos pertenecen el mundo adulto: Azucena y su escuelita de delincuentes elite, la inepta policía y los padres que todo lo arreglan o con dinero o con violencia. El peor es, obviamente, el padre de Carla quien a punta de chantajes la maneja esta temporada como marioneta y casi la prostituye. Si no es por el ex gordo Yerai, y Polo que la salvó de ahogarse, Carla hubiese sucumbido a las drogas. Muy femme fatale, pero sin poder en una sociedad donde ha cometido el error de decir la verdad y enamorarse de un pobre.

Sin embargo, a mí me caen bien algunos padres. Me gusta que Azucena anime a Ander a contarle la verdad a Omar “porque esto tenemos que hacerlo en equipo”. Ya sé que todos odian al padre de Nadia. A mí me da lástima y me conmueve el amor que siente por su hija y como por ese amor tiene que pasar por encima de sus principios y de su fe. Me da pena que le mientan tanto, pero es que la verdad es un lujo que no se da en esta serie.

La mejor escena de Lucrecia se da al comienzo de la temporada cuando confiesa que Valerio no la violó, propiciando así que sus padres la deshereden y la desprecien. Lu pierde todo lo que vale para ella: dinero, posición, estatus y de paso, pierde a su familia. La verdad no la ha liberado y Valerio no se lo agradece, peor aún, él fue quien la delató originalmente.

La traición de Valerio no es la única en esta temporada. Cayetana traiciona a Polo, y Rebeca es traicionada por Samuel quien envía a su madre a la cárcel y deja a la chica en la calle. La peor traición, sin embargo, es la de Omar con Ander que además traiciona personajes y coherencia. Hablo del affaire con Malik que es inexcusable desde el comienzo.. Vamos, yo estoy llorando porque mi gran amor se va a morir y porque mi padre no lo acepta, y viene el novio de mi hermana y me planta un beso en el baño, ¡Yo le doy un mamporro!

Pero aquí no pasa eso. Estos dos se besan como si fueran hermanos siameses unidos por el hocico. Se entiende solo a la luz de una serie donde no hay lealtad ni entre novios, ni entre amigos, ni entre parientes. Es que “Elite” (y perdón por usar un adjetivo tan pasado de moda) es inmoral.

La excusa es que Ander anda tan mal que no puede follar. Y eso tiene a Omar loco. ¡Horror! Que cachetada en la cara a todos los leucémicos del mundo, gay y hetero, y a sus parejas que los apoyan y ayudan a pesar de la falta de vida sexual.  Es un punto de consenso en los fanáticos de la serie que Ander no debiese haber perdonado tan fácilmente a Omar. Hasta en Buzzfeed se quejaron.

¿Notaron una cosa? Malik y Omar son ambos musulmanes y ambos son adictos al sexo. Parece que no solo los latinos quedamos mal parados en este cuento. Mucha gente ha cuestionado la poca trascendencia del personaje de Malik. Yo diría que solo ha servido para mostrar que hay gente peor que el alumnado regular de Las Encinas. Es que Malik es el Rey de la Mentira.

Les miente a sus padres para darse la vida del oso, les miente a los padres de Nadia para poder estar cerca de la chica y le miente a Nadia, ilusionándola, cuando lo que quiere es que sus padres no sospechen que es homosexual. El modo en que se mete en la vida de Omar, lo separa de Ander y de su hermana, y más encima quiere dividir a la chica de sus padres soltándole un “Tus padres solo piensan en ellos”, lo acerca mucho a Marina. Es el personaje conflictivo y divisivo por excelencia.

Solo que ya que hablamos de grupos étnicos y colectivos…Esta temporada, “Elite” ha puesto mal a las lesbianas, a las feministas, a los latinos y … a los negros. Después de los latinos, los colectivos más ofendidos son el musulmán y ..el de color.

Para demostrar lo abiertos que son a la diversidad han traído dos personajes de piel oscura. El primero es Malik, el millonario de Senegal, que usa gente y dinero para llevar una doble vida. El otro es el patético Yeray que ni sabemos de dónde viene, pero por el acento parece latino. No veo la necesidad de hacerlo negro ya bastante era contarnos que su vida estuvo marcada por el sobrepeso y por el bullying al que lo sometían sus compañeros obsesionados por la belleza física.

En una ocasión, Carla lo defendió y desde entonces él la ama y por ella baja de peso, por ella inventa una app revolucionaria, por ella se hace millonario. Es casi una parodia del poder masculino creador que Camille Paglia describiera en su Sexual Personae. Solo que el joven millonario no huye de la mujer-caos (femme fatale, dominatrix) sino que busca controlarla, adquiriéndola, comprando su amor con regalos ostentosos (¿un cepillo de dientes de oro? ¡Por favorrrr!) y finalmente convirtiéndose en cómplice del padre de Carla.

Lo más negativo de este personaje es su capacidad para autoengañarse. Nunca se detiene a pensar en Carla como ser humano, como alguien que públicamente ha sido destrozada, humillada y convertida en una paria. Él sabe que ella se le acerca porque el negocio familiar se va a pique, pero se pasa un rollo que ella puede llegar a amarlo. Solo drogada, Carla se atreve a contarle que debe meterse "eme" para tener sexo con él.

Por suerte, y luego que Carla le demuestra que su cacareado amor es solo la necesidad de tener una mujer trofeo, Yeray recapacita. Al final salva las bodegas de los Marqueses, pero pone a Carla cargo del negocio. La chica deja todo en manos de Valerio. No sé si porque quiere hundir su negocio, si porque realmente cree que él en su venta de drogas ya ha demostrado su mérito empresarial, o simplemente porque no le da la gana trabajar.

La Insoportable Pereza de ser Elite
Esto me lleva a un último comentario. Desde recién nacida que he pertenecido a un estatus calificable como clase media acomodada, por lo tanto, he tenido bastantes privilegios. Mi secundaria la hice en dos instituciones neoyorquinas, los primeros dos años en un colegio elite y luego en una escuela religiosa privada. A lo que voy. Malena la privilegiada, comenzó su vida laboral en su segundo semestre de secundaria.

Yo trabajé en ambas escuelas, yo gané un sueldo (pequeño) pero a la par de mis estudios, primero haciendo labores de oficia para los psicólogos/consejeros de la escuela, luego en las bibliotecas de ambos colegios. Mi madre me lo puso muy claro cuando a mis quince años me encontró robándole cigarrillos. Me dijo “no voy a mantener tus vicios. O te buscas un empleo o dejas de fumar”.  Y, por una vez tengo que agradecerle. Al rato de estar trabajando, dejé de gastar mi sueldo en tabaco y lo gasté en libros. Para una chica tímida como yo, el trabajar me permitía interactuar con adultos y jóvenes a los que usualmente no tendría manera de acercarme o dejar que se me acercasen.

Mi caso no era único, aun en la UNIS había chicos que trabajaban como mensajeros (si de grandes y elegantes empresas) o chicas que trabajaban en boutiques. En la escuela judía donde había muchos alumnos refugiados o de clase media baja, los trabajos no eran tan elitistas. En mi clase había un chico que trabajaba en un aserradero y otro que era ayudante de mecánico, y chicas que eran baby sitters, o cajeras o trabajaban ayudando a sus padres en sus negocios como lo hacía Nadia en “Elite”.

No sé cómo será ahora, pero en los 70 no existían las mesadas ni los domingos. Si un adolescente quería tener dinero propio, trabajaba. Ahora las series de adolescentes parecen decir que los ricos viven a costa de los padre, incluso durante sus años de universidad. Yo recuerdo que cuando sus hijos eran pequeños, Ivana Trump hacia declaraciones que en vez de darles mesada les “pagaba” por cortar el pasto y hacer otras cosas útiles alrededor de la casa. Los Obama dijeron que no necesitaban de tantos sirvientes en la Casa Blanca porque sus hijas aseaban sus propios cuartos y animaron a las niñas a buscar empleos antes de terminar sus estudios.

Por eso me sorprendió “Gossip Girl” ya que los únicos que trabajaron ahí fueron los “pobres”, y no para mantenerse, aunque Dan Humphrey, para juntar de dinero para la universidad, se metió a banquetero lo que provocó una embarazosa situación en el Seder del padrastro de Blair. En cambio, Jenny incurrió en la ira de su padre cuando, a los quince años, entró de interna en el atelier de Eleanor Waldorf. El caso más interesante fue el de Vanessa quien a los 17 años era totalmente independiente, gracias a su trabajo en una cafetería y, como estudiaba en casa, no tenía grandes gastos.

Pero en “Elite”ni los pobres trabajan. En la Primera Temporada, Samuel era camarero, camello en la Segunda ¿y en la Tercera…? ¿O me van a decir que vivía de la renta que pagaba Valerio? Nadia se quejaba que por atender el almacén de sus padres no podía estudiar. En cambio, si podía hacerla Cayetana que andaba lavando ropa interior de ricachonas, fregando vidrios y todavía tenía tiempo para hacerse modelitos que parecían de estreno. Por eso me gustaba Cayetana.

En resumen, no sé cómo hay fans que admiran y quieren a los alumnos de las Encinas. A mí me parecen una pandilla de parásitos, imbéciles y delincuentes. El año me pasado me insistían en que son inverosímiles, que ni en escuelas elite españolas hay chicos así. Pero hoy cuando vemos jóvenes de todo el mundo actuar de manera tan irresponsable creyéndose inmunes a la pandemia, que celebran fiestas del coronavirus en Alemania, orgias en Barcelona, descienden como plagas de langostas sobre las playas de Miami para celebrar su spring break, o huyen a refugiarse en las Hamptons y no precisamente a escribir El Decamerón, me surgen dudas.

La excelente descripción que Inés Bellina hace de “Elite” para The AV Club solo se sostiene si como ella dice se utiliza una suspensión de la realidad, pero en este momento histórico en que vivimos es aplicable tanto a jóvenes ricos como pobres. Hay detalles que saltan de la pantalla a la vida real. Detalles que pueden vincularse a los mayores de 30 (y menores de 50) sobre todo los privilegiados, pero que suelen ser más comunes en los jóvenes: la falta de introspección, de motivación, la sorprendente ternura que esboza Rebe y que es desconocida por sus compañeros.

Héctor Alabadí y Alejandro Rodera han dicho de Élite” en FormulaTV. ”los culpables somos nosotros por verla”. Pero por una vez creo que debemos verla, aunque sea para ver si algo del nihilismo hedonista de los protagonistas está presente en hijos, nietos, etc.. O para los que no los tenemos, que nos entre un pavor al pensar que estos serán quienes se hagan cargo de nuestras vidas y gobiernos en un par de décadas.

Afortunadamente, no todos los jóvenes caen en estos parámetros tan alarmantes, pero cabe preguntarse si series como “Elite” no son culpables de promoverlos con su glorificación al vendedor de drogas y del drogadicto, con esa fomentación de desconfianza de los jóvenes hacia la autoridad y el mundo adulto, y con esa irresponsabilidad arrogante de creer que el mundo está para servirlos.


4 comentarios:

  1. Desde FB
    Francisca Lis Comparto tu punto de vista sobre el absurdo de la serie 🙄

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    1. María Elena Venant Francisca Lis y mas encima nos amenazan con una cuarta temporada. Netflix anda muy confundida con sus mensajes y no se da cuenta que por privilegiar a un colectivo atropella otro. El mensaje basico es que vender drogas es un buen negocio y que no se debe confiar ni en adultos ni en autoridades.

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  2. Desde FB
    Ana Estelwen Nunca he visto esta serie y te agradezco que por tus reseñas ya nunca voy a verla. Qué horror.

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    1. María Elena Venant Ana Estelwen Ojala nadie la viera, pero a los chicos aqui en Gringolandia les encanta. Mi mayor preocupacion no es a la exaltación de drogas o consumismo, sino a esa brecha que a serie exagera entre jóvenes y adultos.

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