martes, 31 de marzo de 2020

El Himno de Horst Wessel: Babylon Berlin 3x05



Es de noche, y los policías van a casa de Tristán Rot. Bohm y Gereon intercambian comentarios ofensivos. Se confiesan su mutua desconfianza. Encuentran a Lotte esperando fuera de la mansión, la han contratado como bailarina. Lotte da la contraseña (Osiris) en la puerta y un ama de llaves los hace pasar. Al entrar los separan. Los policías son llevados a una antesala donde se les proporcionan antifaces y capas con capucha. Se reúnen con otros caballeros, todos de smoking, en un salón, donde una mesa-altar ocupa el centro.

Aparecen las bailarinas vestidas con túnicas griegas como de Isidora Duncan. Ellas hacen un círculo alrededor de la mesa, y los hombres otro alrededor de ellas. Llega el maestro de ceremonias, se quita la capa y vemos que es el Dr. Schmidt (este no se pierde desfile). Hacen invocaciones a Hermes en latín.

Las bailarinas bailan una ronda. Schmidt separa a una de ellas, Juliana, del grupo, le quita capa y mascara y la hace tenderse sobre la mesa. Juliana parece ser médium y la idea es que canalice el espíritu de Betty Winter.

Es una ceremonia muy simple, no hay ritual satánico ni orgia. Lo más erótico es que a una orden de Schmidt, las bailarinas echan la cabeza para atrás y reciben en sus bocas las lenguas de los caballeros. Lotte muy vivaracha se las arregla para recibir la de Gereon.

Schmidt guía a Tristán, vestido con túnica negra, hacia Juliana. Lo hace beber una poción de curare. Enardecido, el actor se olvida que es gay y se abalanza sobre la médium. Esta se retuerce chillando “¡me quemo!” Bohm, ya no aguanta más, dispara al aire, grita que es policía y arresta a Rot.

Schmidt huye. Rath lo sigue y lo llama por su nombre. “Anno está muerto” dice el médico “murió en Flandes. Yo soy el Dr. Schmidt. ¡Y tú no me has visto!” de un solo coscorrón pone a su hermano en estado de trance.

Al día siguiente, Lotte llega al trabajo. Los compañeros la reciben con piropos, silbidos y maullidos. Como no son ni vulgares ni agresivos, ella les brinda sonrisas. Diferente es Bohm que combina chistes ordinarios con prepotencia. Para apilar injuria sobre ofensa, Bohm ordena a Lotte hacer el trabajo de mecanógrafa.

La asistente a inspectora se encuentra con Gereon en el elevador. Como siempre se guarda sus problemas personales, pero nota que el inspector no anda bien, no se ha cambiado de camisa, huele a alcohol ni se ha peinado. (¿Me quieren decir que este hombre siempre necesita de mujeres que lo atiendan?). Gereon le miente diciéndole que su “familia” ha ido a pasar unos días en Colonia. Lotte sabe que miente, pero se muestra discreta. Rath aprovecha de cargarle la mano a la pobre Fraulein Ritter haciéndola que averigüe teléfonos y direcciones de todos los de la lista que fotografió Herr Graf.

Uno de los nombres en la lista es el de Katelbach (otro es Hans Litten). Gereon se encuentra con Katelbach para desayunar. El periodista todavía está molesto por el modo en que Rath cambió su declaración en el juicio del Primero de Mayo. Gereon dice que el solo se puso del lado de la institución a la que pertenece. Katelbach le cuenta de su investigación de Lufthansa.


A Bohm le va mal con el arresto de Rot. El abogado demuestra que su cliente solo conducía un ritual espiritista. Tristán explica que las velas que Lotte vio en el camerino de Betty Winter eran parte de un ritual. Deberían arder por tres días después del asesinato entones ya se podría invocar el espíritu de la difunta. Otra muestra de la tolerancia de Weimar es que nada de lo hecho es considerado ilegal.

A pesar de que el ocultismo fue una obsesión en la Europa de fines del siglo XIX hasta después de la segunda Guerra Mundial (muchos jerarcas Nazis eran ocultistas) no todos los países tenían legislaciones tan liberales. En Gran Bretaña la ley anti-bruja permaneció en los códigos hasta 1945 (fue abolida por servicios brujiles durante el conflicto).

Llega el momento de dictar sentencia en contra de Greta. En el tribunal, Gereon cree como todos los presentes que, por haber confesado y haberse mostrado arrepentida de los hechos, Greta recibirá cadena perpetua. Pero el juez es implacable y la condena a muerte, con beneplácito de Wendt y Frau Benda (por razones diferentes). Greta acepta la sentencia y se niega a apelarla. Para colmo, pasará sus últimos días en la compañía de la Dra. “Stalina”, ya que las han puesto en la misma celda.

Gereon y Lotte almuerzan juntos y él le cuenta lo que sucedió en la corte. Lotte pregunta quién puede indultar a Greta. Solo Gustav Stressman, presidente del Reich. Los únicos cercanos a Stressman que el inspector conoce son Zorgiebel y Wendt y ninguno levantará un dedo por la condenada. Gereon aconseja a Lotte ir al Rote Hilfe, un servicio legal pro bono que conduce Hans Litten.

Lotte se echa a llorar. Rath la consuela de la manera más torpe posible. Le dice que por dura que parezca la sentencia, Greta la merece puesto que es una asesina. Indignada, la asistente de detective lo acusa de mentirle. Helga no está en Colonia. Lotte la vio entrar a un hotel en Berlín.

Gereon corre al hotel, descubre que su cuñada se hospeda bajo su nombre de soltera. Obliga al conserje (con su chapa policial) a dejarlo entrar a la suite. La encuentra vacía, pero se impresiona ante el lujo. Ve una cesta de rosas con una tarjeta que dice “Gracias por traer luz a nuestras almas. A.”

Entra Moritz, abraza feliz al tío. Gereon lo interroga, ¿dónde está Helga?  ¿Quién es A? Quien paga el hotel? Cuando Moritz confiesa que no tiene respuestas, su tío lo agarra de las solapas y lo sacude. Gereon vuelve a estar descontrolado. Pide disculpas y se marcha.

Y ahora pasamos a un personaje menor que ya conocíamos, pero que ahora adquiere mayor dimensión. Se trata de “Otto” el nazi, amigo de Fritz. El que convenció a Greta de poner la bomba bajo el escritorio de Benda. Su verdadero nombre es Horst Kessel. Tanto el, como Richard Techman alias “Fritz” están en esa lista secreta de la policía que fotografió Graf.

Vemos a Horst entrando en un bar. Se acerca a una prostituta borracha y avejentada. La llama “Erna” y le pide que se vaya con él. La prostituta le recuerda que debe hacer negocio con su chulo, “Ali”.  El tal Ali, todo cubierto de tatuajes, recibe el dinero del joven nazi y le dice que puede llevarse a Erna hasta el día siguiente.

Horst lleva a Erna a su piso. Le prepara comida, le dice que va a cuidar de ella, a comprar su libertad para que no tenga que prostituirse. Erna se ríe, no entiende, se queda dormida y el nazi la cubre con una cobija. Por si no lo saben, estos tres personajes: La puta, el cafiche y el nazi son reales. Él es el famoso Horst Wessel, el del himno nazi.

Hay fans que han criticado esta descripción tan humanizada de un nazi. Ni tanto, pregúntenle a las mituteras que les dirán que Horst es un tipo de hombre muy peligroso, el que sufre de “Complejo de Salvador”. Después de todo Erna no quiere ser rescatada. Ella quiere ejercer su derecho a putear, a andar borracha por la calle (y a repartir gérmenes).


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