Revisando la
escasa y mediocre oferta (sobre todo de drama de época) del 2026, decidí optar
por series ya existentes y me encontré con el retorno tanto de Teherán como de Euforia y me puse a ver
ambas. No tiene nada que ver el que las dos tengan orígenes israelíes. Más importante
es la presencia de mi Sabor del Mes en la última. El caso es que ambas me han
gustado por razones diferentes. Ya
ofrecí mis impresiones de Teherán, ahora toca el turno de Euforia.
(Nota: Aunque hablo de un show cuya Segunda Temporada, terminó en el 2022, no lo considero Televisión del Ayer, puesto que la Tercera Temporada viene en un par de meses más.)
De Oforia a
Euforia
Yo sabía que Euforia,
como Homeland y Your Honor, había nacido en Israel. Eso es cierto
y no es cierto. En el 2011 (prehistoria después de todo lo que hemos vivido
desde entonces), la televisión israelí―que gusta de experimentar―
sacaba al aire Oforia, un retrato de adolescentes nihilistas y
autodestructivos que seguía la fórmula de Pretty Little Liars y Riverdale
de enfocarse en la muerte/desaparición de uno de ellos lo que llevaba a una
mirada retrospectiva de las circunstancias que habían culminado en ese suceso.
La visión contada
en flashback era penosa, casi bochornosa. Adolescentes totalmente inútiles que
se la pasaban drogándose o teniendo sexo casual (en un caso, una gordita, por
querer perder su virginidad, acababa con HIV). No había adultos que los
controlaran o guiaran, y en típico humor semita, lanzaban dardos contra los enemigos
del hedonismo israelí. Un vendedor de drogas era judío ortodoxo; el supuesto
consejero del grupo era un desertor del ejército; y también metían otro ortodoxo
que intentaba curar a un gay.
Tan sórdida y
deprimente era la serie, que las autoridades que regulan el contenido
televisivo en Israel obligaron a cancelarla. Lo extraordinario es que unos años
después de cerrada la primera temporada, Sam Levinson de la HBO compró la idea
y la convirtió en serie de culto, la más vista (después de GOT y House
of the Dragon) en el canal en lo que va del siglo. Euforia convirtió
a Zendaya en una estrella y los premios Emmy y Globo de Oro al galardonarla, le
aportaron credibilidad actoral.
Lo extraordinario
es que la serie solo ha tenido dos temporadas, muy espaciadas (2019 y 2022), y
que la anunciada tercera ha sido tan postergada que cuando debute el 12 de
abril de este año será vista más como como secuela que como continuación. Para
quienes no la habíamos visto sonaba como otra más de las largas series
juveniles que siguieron a Gossip Girl y que exploraban el angst y desorganización
de los Millenial.
Saturada con los
excesos de Elite, no me interesé, a pesar de que el 2021, Gato
Steven Z. me la recomendó. Si la he visto ahora es porque no tengo nada que
ver, se viene esta secuela en abril y…A mis Gatos Seriéfilos no les puedo
mentir…Elordi, Elordi y Elordi. ¡Ayyy que me he vuelto una roba-cunas!
El Angst de la
Generación Z
Lo que encontré
es una historia que se equilibra entre la exquisitez de Gossip Girl y la
sordidez de Elite y que le debe mucho a ese subgénero mal explorado
del teen fiction. Hayo rastros en ella de Beverly Hills 90170, del cine
de John Hughes y hasta de Baby, la fábula italiana producida por Netflix.
La diferencia es
que la mayoría de la ficción juvenil de este siglo gira en torno a la lucha de clases.
En cambio, el tema principal de Euphoria
es un escepticismo desesperanzado que se manifiesta en un consumo de drogas
(cada vez más fuertes) y un sexo que no satisface y que recae en un
exhibicionismo de porn casero y sexting que muchas veces acarrea desgracias.
El angst de los
filmes de Hughes siempre brindaba alguna esperanza aunque fuese en un amor
adolescente. Era la esperanza que permitió que la generación X formase
familias, procrease hijos y viviese como los adultos de siempre, pero ya en el
ennui de Gossip Girl y sus imitaciones hallábamos el desaliento de los Millenial.
En Euphoria,
Zendaya nos muestra la indiferencia y casi la deshumanización de la Gen Z. Su
personaje de Rue, la protagonista-narradora, nos dice en el primer episodio que
no va a parar su desenfreno puesto que el mundo igual se va a acabar. Eso suena
a Greta Thurnberg, y el pesimismo que dicta la vida de los personajes de Euforia
es un eco del icono sueco. Sus protagonistas son Greta sin causa por la cual
luchar.
Euforia ha sido admirada, criticada y acusada de
promover y glorificar el mal comportamiento de un grupo de adolescentes que
abarca promiscuidad sexual, acciones criminales y el uso de todo tipo de
drogas. El que la protagonista sea una drogadicta que no siente vergüenza de su
comportamiento apoya esta acusación.
En tres palabras,
esta es la saga de Ruby “Rue” Bennett y de su entorno el ficticio pueblo
californiano de East Highland, su escuela y sus amigos y enemigos. Como en
Gossip Girl, la historia inicia con un regreso, pero si en la mencionada
serie, Serena van der Woodsen (Blake Lively), vuelve después de medio año de
ausencia, generando muchos rumores asociados con el uso de alcohol y drogas
(unos creen que ha estado en una clínica rehabilitándose), Rue regresa
precisamente de un centro de rehabilitación donde se la internó después de casi
morir de una sobredosis.
Si Serena retorna
de un internado es porque su hermanito ha intentado suicidarse. Aunque nunca se
explican las razones de Eric para intentar contra su vida, los fans creemos que
tenía que ver con su homosexualidad oculta. El caso de Rue es diferente, su
sobredosis y los esfuerzos de los paramédicos para revivirla son presenciados
por su hermanita que queda traumatizada por el espectáculo. Aquí Rue es la gay,
no su hermana.
La gran
diferencia entre ese retorno misterioso, elegante, semi romántico de Serena con
el estrepitoso regreso de Rue es que la rubia viene “limpia”, dispuesta a no
volver a caer en excesos, Rue no se ha rehabilitado para nada. Su aparente
regeneración es un cuento para engañar a su madre y lo primero que hace es
contactar a su proveedor, Fez (el difunto Angus Cloud).
Su segundo acto
es ir en busca de Lexi (Maud Apatow), su amiga de la infancia. Solo que Lexi―lo más
cercano a “la niña buena” en esta panda de diablos encarnados― ya no
tiene nada en común con Rue y la razón por la que la drogadicta la busca es
para pedirle una muestra de orina y así pasar los obligatorios exámenes que
prueban que no se narcotiza.
Como todos en esta
historia, Lexi viene de una familia disfuncional. Su padre era un drogadicto
que abandonó a su mujer y a sus hijas. La madre vive borracha y Cassie (Sidney
Sweeney), hermana mayor de Lexi, tiene “cartel”. Se sabe de su promiscuidad
porque está bien documentada en internet. Este es un tema más importante que
las drogas en este relato. La importancia de videos sexuales tomados con o sin
el consentimiento de los participantes es un constante en Euforia.
Lo que Ocurrió
Chez McKay
En el primer
episodio, Rue busca la orina de Lexi y descubre que Cassie ha conseguido un
novio-trofeo. Christopher McKay es lo más cercano a “un chico bueno” de este
cuento, además es rico, universitario y tiene padres que le dejan la casona
(con piscina) por el fin de semana. Por lo que sus amigos deciden celebrar una
fiesta de fin de verano. Como ocurriera en Sixteen Candles, y como temía
McKay (nadie le dice “Christopher) los invitados dejan la casa patas p’arriba.
Todo es culpa del
mejor amigo de McKay, Nate Jacobs, hijo de Cal Jacobs (Eric Dane), el hombre más
rico del pueblo. Además de eso, Nate es guapísimo (Elordi Slurp), capitán del
equipo de futbol, el más popular de la escuela y…un cabronazo mayúsculo. Se ha tomado un arquetipo que desde los 40s
ha sido el héroe, el protagonista, el sueño de la chica en este subgénero y se
le ha convertido en un ser peligroso, destructivo, cruel y controlador. Nate es
el villano en residencia y esa noche lo demostrará.
Nate es novio de Maddy
Pérez (Alexa Demie) y ambos forman una Power Couple muy envidiada. Para Nate, Maddy
es importante porque llegó a su cama virgen y se depila totalmente. Para Maddy,
el chico rico es un símbolo de estatus, sin embargo pelean constantemente y por
motivos frívolos. Para vengarse en esta última pelea, Maddy decide tener sexo
publico dentro de la piscina McKay con Tyler, un chico de 22 años que nadie
sabe qué hace en la fiesta.
En vez de
detenerlos y darle una golpiza a Tyler que es lo que se esperaría, Nate carga
con los más débiles. Entra como Hulk en la cocina, rompe vajilla y expulsa de
la casa―que no es suya―a los invitados. Todos lo obedecen, menos Jules
(Hunter Schafer) que se paraliza de susto. Aunque ha venido invitada por Kat
(Barbie Ferreira), una miembro del grupo de Maddy, Jules no recuerda el nombre
de su amiga.
Nate ruge que si
nadie admite ser amigo de la extraña, “I’m going to fuck her up!” Y yo,
tan asustada como Jules, creí que iba a violarla en medio de la cocina y nadie
haría nada. Luego entendí que amenazaba con golpearla. Es lo que pasa cuando se
reduce el lenguaje a groserías. Se limita el idioma y una misma palabrota se
vuelve bisemántica.
Dándose cuenta
que solo ella podrá defenderse de este grandulón, Nate agarra un cuchillo y lo
amenaza. Como todo bully, Nate es cobarde, retrocede balbucea disculpas. Jules
se hace un corte en el brazo y ruge “¡Soy invencible!” para luego añadir ante el
asombrado auditorio “Mi nombre es Jules y acabo de mudarme”. Acto seguido, se
marcha. Rue que ha sido testigo de la escena, la sigue, se sube a su bicicleta
. Juntas se van a casa de Rue para ser grandes amigas.
Jules y Sus
Secretos
Euphoria cubre la relación entre las dos chicas,
que como saben acaba en romance, pero también la relación de Nate y Jules,
mucho más compleja e interesante y que merece otra entrada. Para quien ve el
primer episodio, es bueno informar que Nate sabe que Jules (porque es amiga de
Kat que es amiga de Maddy) es trans.
Lo que Nate y
Jules ignoran es que esa misma noche, la rubia ha tenido un encuentro casual
con un desconocido en un motel. Ese desconocido es Cal, padre de Nate. Lo peor
es que, sin permiso de Jules, Cal ha filmado su encuentro y lo ha agregado a
una colección de porno. Esto va a provocar muchos trastornos en este ya
trastornado escenario.
Sin embargo, lo
que hace a Euphoria diferente de series de adolescentes más
desfachatadas como Elite, Baby o el reboot de Gossip Girl, es que no tiene lugar en un espacio
reconocible como Roma o el Alto Manhattan, sino en un pueblo perdido tan
alejado de la realidad californiana (no vemos el mar, no hay mención de
desastres naturales, etc.)que podría ser Riverdale, Twin Peaks o Forks. Un
espacio totalmente fantástico lo que convierte a la serie de Sam Levinson en
una fábula con moraleja y todo.
El problema es
cuando la moraleja se pierde en las razones que llevan a los personajes a este
estado de euforia o por qué lo buscan. Comencemos con Rue y las drogas. Eso es
parte de otras notas en la que podremos ver no solo la necesidad de Rue de
evadirse de la realidad, pero también la inmensa necesidad de validación de las
féminas de esta historia incluyendo a la más merecedora, la más linda, la más
dulce, que solo tiene un mínimo problema, es una niña en el cuerpo de un
varoncito.
Lo que Sam Levinson
ha hecho es enfrentarnos a nuestros prejuicios y darnos cuenta que nadie es
igual a otro, que son las experiencias y circunstancias las que nos llevan a
consumir estupefacientes, a utilizar nuestros cuerpos para recibir el respeto que
nuestra misma apariencia nos niega como en el caso de Kat, y a vivir en un
mundo secreto de sueños como Jules.
No puedo terminar
esta breve presentación de una serie que, a pesar de su corta trayectoria, se
ha convertido en un referente cultural, sin mencionar su estilo fílmico. Se ha
hablado de una estética “Euphoria” que va desde el manejo de cámaras hasta la
iluminación en donde se privilegian los tonos de luces de neón y los
claroscuros. Por primera vez , no me molesta la oscuridad que es necesaria en
un relato tan sombrío. Mención aparte merece el vestuario que es un laboratorio
de experimentos donde cada personaje explora un etilo de vestir que lo defina.
Contenido
Violento y Gory: Desde el
primer episodio somos testigos de la furia que esconde Nate en su interior y
que se manifiesta a través de toda la serie. En el segundo episodio vemos un
espectáculo de brutalidad cuando Nate se mete en el piso de Tyler y lo golpea
salvajemente intimidándolo con delatarlo a la policía por haber “violado” a
“una menor”. Aunque es cierto que ante la ley Tyler es un “violador”, las
circunstancias nos lo muestran como una víctima y es parte de la ambigüedad moral
de la serie donde en las inmortales palabras de Dan Humphrey (alias “Gossip
Girl”) “los niños se portaban como adultos. Los adultos como niños”
Lo más Gory es
una sesión (pagada) de zoom en la que Kat atiende a un cliente que espera que
ella lo insulte (por su minúsculo pene) mientras él se masturba en cámara.
Contenido
Sexual y Desnudos: La
serie es sumamente gráfica, con muchas escenas de actividad sexual: Jules y Cal
en un motel; Nate y Maddy, y Cassie y Kat con diferentes hombres. Vemos a Jules
fotografiándose desnuda para Nate y Kat bailando en ropas memores para sus
clientes. Vemos a Jules y Rue besándose.
En realidad tenemos sexo y desnudos en cada episodio. Lo más escabroso y
constante son imágenes de penes. Oh y el episodio escatológico de la Fiesta de
Año Nuevo en la Segunda Temporada.
Tratando de
aceptar de manera objetiva el exceso de desnudos y sexo grafico en la serie,
descubrí algo muy triste. Euphoria carece de erotismo. Es pornografía
barata y torpe porque carece de la sutileza del buen porn. Si hasta ver a Elordi
sin ropa me deja fría y no le encuentro química con ninguna de sus compañeras
de cama (más la tiene con Jules) ¿cuál es el propósito de tanta obscenidad?
Factor
Feminista: La serie
ofrece un triste espectáculo de chicas que no se quieren, sin objetivos y cuya
única validación es tener un hombre cerca. Sus madres son más dignas de lástima
que las hijas. Una ironía es que la más trabajadora y asertiva es la madre de Maddy
y su hija salió haragana e incapaz de tener más objetivo que casarse con un
chico rico.
La mayor discordancia
es que la adulta con mayor poder en esta historia sea una vendedora de drogas y
que pone a trabajar a Rue en ese rubro. Es como Kat que logra ser
económicamente independiente usando su mayor falla, su cuerpo, como herramienta
de trabajo. Ambas chicas adquieren dinero a través de medios ilegales. ¡Que
buen mensaje! Yo comencé a trabajar en mi adolescencia, pero como asistente del
psicólogo de mi escuela y luego en el mesón de circulación de bibliotecas
escolares. Obvio que ganaba menos que vendiendo drogas o filmándome en pelota.
Factor
Diversidad: Rue y McKay
son afro-americanos, pero el color no parece influir en sus tragedias personales.
De hecho, Rue es mixta, y ambos, ella y McCay, son vistos en relaciones con
rubias despampanantes.
Diferente es el
caso de Maddy Pérez que parece abarcar todos los clichés sobre latinas. Es
mentirosa, ladina y perezosa. Su padre vive apoltronado y semi ebrio en sofá.
El poder del hogar y su economía están a cargo de la madre que sostiene a su
familia con su trabajo.
Aunque Euphoria
explora a fondo el tema de la drogadicción, es superficial en su examen de las
enfermedades mentales. Una falla en una serie donde todos parecen locos
certificados y es público que Rue está en el Espectro. Mas sobre eso, la
próxima semana.




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