Coincidiendo con
la Tercera Temporada, me decidí a ver Teherán que mi Beta Lorena llevaba
años recomendándome. Mi motivo es que si voy a ver algo moderno, me acojo al
buen género de espionaje y hace rato que quería ver alguna serie que girase en
torno a los quehaceres de la Mossad. El otro es que en días de esa campaña
hollywoodense de boicotear toda forma de entretenimiento israelí, me siento
obligada a dar mi apoyo a las pocas series hechas por la “pérfida nación
sionista”.
Algo que me
encanta de las buenas historias de espionaje es ver los manejos de las centrales
de inteligencia, sobre todo conocer sus entretelones y sus falencias, desde los
ambiciosos mentecatos de MI5 en Slow Horses hasta los torpes enajenados de la CIA en The Agency, y ese leitmotiv que parece un lema
universal, el espía es dispensable, un mero peón en los juegos de poder de los
superiores.
No me
malinterpreten que no estoy criticando. Que estas organizaciones operen casi de
la misma manera demuestra que es la única forma de cumplir con su deber. Me
recuerda las amargas palabras que un agente de la CIA le espeta a Jack Lemmon
en la Missing de Costa-Gavras: “Soy la persona que permite que gente
como usted duerma tranquila”. Con esto en mente puedo respetar más el mundo de
los “spook” como llaman los británicos a los agentes secretos cuyas vidas y
misiones poco se parecen a las andanzas de James Bond.
Un Plan
Descabellado
En mi universo
del mundo Spook, me estaba faltando algo bien hecho y objetivo sobre la Mossad.
Algo que superase la visión negativa de John
Le Carre que ha sido trasladada a las dos pantallas en su adaptación de La chica
del tambor. Teherán ha llegado a llenar ese espacio. La serie ha tenido
desde el 2020, tres temporadas que han sido transmitidas en Israel año por medio
(2020, 2022 y 2024). Apple la compró a comienzos de la pandemia y tuvo tanto
éxito que esa primera temporada mereció un Emmy como Mejor Serie Extranjera.
La trama se
centra en Tamar, una agente de la Mossad, infiltrada en Irán para una operación
que permitirá la destrucción de un reactor nuclear por parte de la aviación
israelí. A pesar de que Meir Gorev, el jefe de la Mossad tiene un plan, se
interpone su subalterna Yael Kaddosh con la oferta de enviar un hacker experto
que destruya la electricidad de la planta nuclear. Como su plan cuesta menos
fondos, se le da la luz verde.
El problema es
que Tamar, quien nació en Persia y es una oficial con un récord brillante, es
también joven e inexperta lo que la lleva a ser tan torpe como el plan que
pretende ejecutar. Un plan que bordea en lo descabellado. La resistencia iraní,
aliada del sionismo, ha sido contactada por Zillah, una joven empleada de la
compañía eléctrica de Teherán. La idea es que la saquen del país, pero que
antes, Tamar se disfrace de ella (ambas tienen un vago parecido físico), entre
en su lugar de trabajo e inutilice temporalmente la central eléctrica. Luego
vuelva a intercambiar disfraz con Zillah y regrese radiante a Israel.
El problema―y eso
solo lo descubrimos junto a Tamar ―es que Zillah no quiere regresar. Eso es
solo la cola del conflicto que va desenredándose o enredándose más en un primer
capítulo lleno de suspenso y sorpresas en el que nos toma un rato descubrir quién
es la protagonista y qué pretende viajando de Israel a Jordania envuelta en un
burka.
Larry, Curly..
¿Y dónde está Moe?
El comienzo es
dentro de un avión en Amman que va directo a Nueva Delhi y el enfoque es en una
pareja de israelíes chiflados (Shira y Yoni a los que les falta un Moe que los
cachetee) que parecen relleno cómico porque como dice Yoni, ¿qué
hace un israelí gay en un país musulmán? Pues todo es culpa de Shira quien cree
que un trasbordo a un avión jordano les saldrá más barato que ir directamente a
la India desde Tel Aviv. Como ocurre con el plan de Yael Kadosh, estos incautos
descubrirán que lo barato cuesta caro.
Sucede que para
que Tamar pueda llegar a Irán, la Mossad ha creado un desperfecto en el avión
que debe realizar un aterrizaje forzado en Teherán. La Mossad desconoce la
presencia de otros israelíes a bordo ya que los chiflados se subieron a última
hora. Entretanto Shira y Yoni se han hecho fastidiosos y conspicuos con la
tribulación con su atuendo chillón, su habito de hablar en hebreo y el gay le pega
a un pasajero accidentalmente con su mochila.
Al enterarse que
deben detenerse en Irán, los israelíes entran en pánico y dan un espectáculo de
gritos, quejas, suplicas. El encargado les asegura que todos los tripulantes
volverán a subirse al avión. Aun así, la pareja se niega a bajar con el resto
de los tripulantes. Son obligados y su comportamiento ya ha atraído el interés
de la policía.
Es entonces que
Shira se descompone. Se le permite ir al baño, el mismo donde Zillah
intercambia su disfraz de sobrecargo con Tamar. Esta, sin burka, sale del baño
y se tropieza con Shira, y aquí hay una coincidencia fatal. Resulta que ambas
mujeres sirvieron en la misma base. Shira reconoce a Tamar y le habla en hebreo.
Cuando la agente de la Mossad finge no entenderle, la israelí sube la voz
alertando a la policía.
Tamar se zafa del
asunto diciendo en farsi que no conoce a Shira y no sabe en qué idioma le habla.
Shira se da cuenta que ha metido la pata, pero la sigue metiendo. Ya en el
camino al cuarto donde la espera Yoni, debería haber captado que Tamar está ahí
para algo secreto y algo más que hasta los nenes saben. Si te han arrestado y te
dejan en un cuarto con otra persona, el entorno está de seguro salpicado de
cámaras y micrófonos.
Pues nuestra Shira
se pone a contarle a Yoni que en el baño se tropezó con una oficial israelí de
su base. Este la hace callar, pero ella sigue alardeando que la ha reconocido
ya que la ha visto un centenar de veces y que “es muy hermosa”. Yoni se niega a oírla y la tonta Shira se
pone mohína. ¿Dónde hay una grúa para colgarla?
Por supuesto, su
conversación es oída por la policía que alerta a Faraz Kamali, un alto jefe del
servicio de seguridad de la Guardia Islámica. Kamali está en el aeropuerto ,a
punto de abordar un avión a Paris acompañando a su amada esposa que va a
someterse a una cirugía delicada en Francia. Faraz interroga a Shira que
comienza a balbucear mentiras, pero un moquete le suelta la lengua. ¡Moe ha
llegado! La israelí admite haber servido en una unidad de inteligencia donde
Tamar era una oficial muy respetada y condecorada. Dice no saber su nombre ni
los méritos por los que fue condecorada.
Kamali quiere
retenerla, pero el gobierno teme un incidente internacional y permite que los
israelíes y el avión donde viaja Zillah partan rumbo a la India. Faraz, en
cambio, debe dejar que su esposa viaje sola. Un vistazo al contenido de las
cámaras le indica que una aeromoza entró al baño, pero que la que salió con el
mismo uniforme era otra mujer. Sabe que hay una infiltrada israelí en Teherán y
que no ha venido a hacer turismo.
Tamar en
Peligro
Aunque Tamar
comunica a sus superiores del incidente con Shira, se despreocupa de ese
asunto. Va a casa de Zillah y conoce al esposo de esta que no le cree que
Zillah va a volver y le dice que ha permitido que lo involucren en este enredo
solo porque ama a su mujer. En vez de interrogarlo un poco más, la espía se
contacta vía internet con un hacker al que solo conoce en línea y que usa del
apodo de sick boy. A cambio de una cita para conocer a ‘Shakira” “Sick
Boy” le da los códigos para poder entrar a la Central Eléctrica donde trabaja
Zillah.
Tamar anda muy
suelta de cuerpo y se va a pie al trabajo sin percatarse de que la sigue un
automóvil. Para que no la reconozcan se ha puesto un vendaje sobre la nariz que
se le cae a cada rato. Sin embargo, necesita más como saber un poco de la
relación entre Zillah y su marido, entre Zillah y su vecina Salomé, entre Zillah
y compañeras de trabajo, sobre todo de la relación con su jefe.
Esta última es la
más importante y solo la descubre cuando, en medio de su hackeo, se le aparece
el patrón que se abalanza sobre ella. Zillah huye pero el hombre la sigue hasta
casi la entrada del edificio e intenta violarla. Forcejean, a la mujer se le
cae el antifaz, el hombre se da cuenta que no es Zillah. Tamar, de una certera
patada, lo derriba por las escaleras provocándole la muerte. Hace su aparición,
Masoud (el que la seguía en auto). Se trata del dueño de una agencia de turismo
y jefe de una red de resistencia que colabora con los israelíes.
Tamar está en
shock. Solo atina a recriminar a Masoud por no informarla del acoso sexual que
sufría Zillah. No se le ocurre que fue la misma mujer la que ocultó esos
detalles que la empujaron a abandonar Irán. Masoud arrastra el cadáver hasta un
basurero cercano. Tamar vuelve al cuarto de computadores a seguir su hackeo, pero
se desencadena una serie de desafortunados y rápidos eventos.
Los basureros
encuentran el cadáver, llaman a la policía, está ya se presenta en el edificio
y toma detenidos a todos los empleados. A pesar de que Masoud avisa a Zillah y
le dice que debe escapar, ella, demostrando la tozudez que la caracteriza, se
niega a obedecerle y corta el teléfono. Llega la policía y la saca a rastras.
La operación es abortada. Todo fue para nada.
Tamar consigue
permiso para ir al baño. Ahí se comunica con Masoud y le dice que hay dos
personas que saben del acoso: una compañera que la vio huyendo del patrón y el
esposo de Zillah. Masoud solo puede ocuparse de este último. Tras recibir la
orden de la Mossad (“ya sabes lo que tienes que hacer” le dice Yael) Masoud
parte al departamento de Zillah.
Entretanto,
Zarah, la compañera, cuenta lo que sabe a la policía. Tamar es considerada
sospechosa y detenida toda una noche. Al amanecer, es llevada a su
departamento. Ahí la esperan la vecina Salome, una visitadora social y el
cadáver de su supuesto marido. Antes de suicidarse, el esposo ha dejado una
carta acusándose de haber matado al patrón de su mujer.
Tamar y su
Porfía
Entretanto, Kamil
ha descubierto que la mujer del aeropuerto se llama Zillah y va a su piso.
Alertada por Masoud, Tamar salta del balcón, pero se niega subirse al carro de su
salvador. Huye por su lado y llama a Yael para decirle que no confía en Masoud,
que es un asesino, que le ha ocultado información y la ha puesto en riesgo.
A pesar de que Yael
le ordena seguir a las órdenes de Masoud, Tamar corta el teléfono y hace lo
inconcebible, va en busca de su única pariente en Persia, la hermana de su
madre. A punta de chantaje sentimental consigue que su tía Arezoo la reciba en
su casa. Arezoo se ha pasado una vida ocultando que es judía. Su esposo es
musulmán y juez, su hija, Raizeh, es una
fanática islamista.
Lo extraordinario,
es que aun sabiéndolo, Tamar se instala muy cómoda en la vida de su tía. Aun
sabiendo que Raizeh no está contenta con la intrusa, no se cree el cuento que Zillah
sea ex alumna de su madre, y que no le gusta que la invitada esté usando su
ropa sin permiso. La guinda del pastel es cuando Zilla-Tamar se niega a
acompañar a Raizeh a una contra protesta contra estudiantes enemigos del
régimen. Aun sabiendo que la guardia islámica está tras ella, Tamar, muy
campante y con cara descubierta, va a su cita con Milad el hacker (sick-boy)
y le pide sin explicaciones que le consiga un pasaporte.
Milad acepta a
cambio de un módico precio, que
“Shakira” lo ayude a hackear el sistema de seguridad para permitir que los
manifestantes alcancen a hacer público su mensaje antes que lleguen la policía
y sus opositores. Tamar lo hace y, en vez de marcharse, se queda viendo la
manifestación aun sabiendo que su prima viene con la contra protesta. Por
supuesto Raizeh la ve y la reconoce.
Mientras tanto,
la Mossad ha rastreado la actividad del laptop y envían a Masoud a buscarla.
Mientras tanto, Kamil ha revisado el contenido de las cámaras de sitios de
interés que muestran la presencia de Masoud afuera de la central eléctrica y
del departamento de Zillah. La policía lo sigue y encuentra la yapa: Tamar en
la protesta. Por proteger a Tamar, Masoud se interpone entre ella y la policía
y nuevamente la agente se marcha sin darse cuenta de la destrucción que deja a
su paso.
Fue al final del
cuarto capitulo que hice un conteo del daño provocado por la desobediencia de
Tamar. Para entonces, ella está en la cama con Milad, ha conseguido romperle un
brazo a Raizeh; que Masoud y la vecina Salome (que también trabajaba para él) hayan sido arrestados, Con eso se ha
descalabrado una importante célula de resistencia que colaboraba con la Mossad.
Aún peor, la
gente de Kamil ha llegado hasta Arezzou que, para salvar a su familia, debe
confesar su verdad. Ahora Kamil sabe que la agente de la Mossad se llama Tamar.
A pesar de todo, la Mossad le comunica a su díscola espía que van a sacarla de Teherán,
pero Tamar ahora quiere unirse a Milad en una demente operación que planea
dejar a Teherán a oscuras. ¿Dónde hay una grúa para colgarla????
La Mossad vs
Kamil
Si me he
extralimitado en un resumen―y vaya que he dejado detalles fuera― es
para que sientan, como yo, la potencia del suspenso que tiene al espectador al
borde de la silla a cada instante, y del tremendo elemento sorpresa. Suspenso y
sorpresa ayudan a crear un buen relato de espionaje. Si bien es cierto que la
protagonista es para lanzarla al canasto de papeles, nada en la narrativa nos
obliga a quererla ya que aparte de que son otros los intereses del cuento, hay bastante
personajes que nos llegan a interesar e importar más.
Tamar es un
arquetipo, un ejemplo de lo importante que es contar con buenos elementos para
misiones tan delicadas como la que se le ha encomendado a la novata. Al final,
la primera temporada deja de girar en torno a la destrucción de un reactor
nuclear, enfocándose, en cambio, en los esfuerzos por salvar a Tamar de sus
propias chambonadas y de arreglar sus entuertos.
Discrepo con
críticos que dicen que la serie pareciera ser anti Mossad ya que el mejor
personaje es el enemigo de Israel, Faraz Kamali y el peor es la protagonista,
pero ambos representan aspectos de un mismo síndrome. Ambos están al servicio
de centrales de inteligencia, pero si bien ella desea actuar de manera
independiente sin obligaciones ni con sus jefes ni con el manual, él es
totalmente devoto de su régimen. Aun así, lo que lo convierte en un agente
brillante y letal es que no permite que ni su vida personal ni su compasión
sean sus prioridades…hasta que pasan a serlo.
Lo que me ha
impresionado de la Mossad es lo que hace en momentos de crisis. El modus
operandis del personal que se encarga de investigaciones desde su silla en
Israel y el en tierra en Teherán que tanto rescata como mata. El problema mayor
ahí es la confianza inmerecida que le otorgan a Yael Kadosh quien toma la voz
de mando sin estar segura ni de su plan ni de su agente.
Por otro lado, me
quito el sombrero ante la eficiencia, perseverancia e implacabilidad de los
servicios iranies. Cierto que todas esas virtudes están encapsuladas en Faraz
Kamili, lo que lo hace el personaje más interesante y tal vez el más admirable
de la serie. Aun dado de baja por sus superiores, continúa ideando planes
diabólicos y sagaces. Su excusa es el amor y el deseo de recuperar a su mujer.
Eso es lo que le falta a Tamar a la que no le importa exponer a su familia y
que parece no sentir lealtad ni por su país ni por la agencia a la que sirve.
Otro detalle
interesante es la vida en Teherán que, aparte de protestas, parece bastante
normal. Las mujeres usan velo, pero van a la universidad y trabajan, aun
casadas. Los departamentos y casas se ven amplios, iluminados y con plantas.
Los disidentes se
dividen en personas como Masoud que recuerdan otro país, más liberal, o los jóvenes
que parecen escapados de Euforia. Son gays, bohemios, drogadictos,
parranderos o venden drogas como Milad quien da como excusa a su hackerismo y
narco-negocio el que el desempleo es altísimo. ¿Son esos quienes hoy
arriesgan sus vidas para protestar contra el régimen? Creo que no.
Contenido
Violento y Gory: Tenemos
asesinatos, tortura, un intento de violación. Tamar hace una excelente
demostración de su pericia en la Krav Maga , la legendaria arte marcial , pero
la serie es honesta al demostrar que esas dotes no le sirven cuando está
rodeada de enemigos
Contenido Sexual
y Desnudos: En la primera temporada, Tamar tiene sexo con
Milad, ambos vestidos y en semi oscuridad
Factor
Feminista: Es triste,
pero el retrato de las mujeres israelíes es el peor que he visto. Shira, aunque
ha tenido entrenamiento militar y trabaja para el ejército, reacciona como una
boba cobarde en un momento de crisis que ella misma ha propiciado. Yael se ve
una mujer inteligente y capaz, pero sea por porfía o ambición, es la culpable
de todos los descalabros ocurridos con la operación. Su empeño de destacar la
hace enviar a una misión delicadísima a una muy buen hacker, pero una
chapucería con velo cuando se trata de espionaje. Hay un twist al final de la
Primera Temporada que nunca he entendido ni creído, así que ni lo menciono.
Tamar ,aparte de
saber jugar con computadoras y dar patadas, como que le faltan neuronas. A su
arrogancia y egoísmo agreguemos poco ingenio y mucha torpeza mental. Hasta yo sé
que en Persia se exige que las mujeres se cubran la cabeza y mantengan actitud
discreta. Pues Tamar anda tapándose la cara con menos cuidado que Jacob Elordi
en Frankenstein y se la descubre totalmente justo a tiempo para que Raizeh
la reconozca. Es un gesto tan imbécil e irreflexivo como cuando se quita el
velo delante de la policía.
Con todo lo dicho
no puede sino calificarse a Tamar como una redomada imbécil y es comprensible
que en el quinto episodio acabe enredada con un nido de narcos y vendiendo
tachas, lo que provoca más líos y muertes.
Factor
Diversidad: Aquí cabe
hablar de la halagüeña descripción del pueblo y cultura persas. Aún bajo un
régimen tirano los iranies siguen siendo un pueblo cortes, simpático y muy
hospitalario. Sin embargo, con la excepción de la Tía Arezoo y Salome, la mujer
persa (desde Zillah hasta Yael) es vista como retorcida y con Tamar y su prima Raizeh
tenemos ejemplos de mujeres tontas e impulsivas. ¿Será que la serie no
quiere a las mujeres?









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