Un obituario de
Colleen McCullough provocó indignación al referirse a ella como “obesa y fea”.
Lo cierto es que era millonaria, sus novelas eran bestseller y, a diferencias
de muchas flacuchentas, estaba felizmente casada. McCullough fue parte de la
fascinación que ejercería su patria en la América de los 80 donde en 1985 por
primer vez People elegia al “Hombre más sexi del mundo”, el cual también
provenía de la isla-continente
No se puede
hablar de una invasión británica sin referirnos también a otro micro fenómeno, la
onda australiana que invadió USA en Los 80 y tuvo desde los jóvenes hasta los
viejos hablando “strine” el argot de Oz. El culpable fue un personaje de Paul
Hogan que en el filme homónimo interpretaba al guía/cazador del Outback apodado
Crocodile Dundee. Esa franquicia nos familiarizó con un slang especial
y nos hizo pensar en Australia como algo más que el hogar de marsupiales.
Antes del estreno
en 1985 de Crocodile Dundee, yo ya estaba interesada en el cine de Oz. Recuerdo
que en la primavera de 1983, arrastré a mi pobre padre a ver varias
producciones australianas que por suerte le gustaron. Ya algunos nombres nos
eran familiares: Judy Davis, Bryan Brown, y el desaparecido y adorado Sir Sam Neill que era neozelandés, pero que nos llegó
con esa visión de la Australia de la Belle Epoque, My Brilliant Career.
NOTA: Para no repetir cien veces “Australia”
la llamaré por sus diversos apodos: Oz, Down Under (literalmente “allá abajo”)
tal como “aussie” es un adjetivo gentilicio para lo australiano.
De Peeksville
a Oz
Sin embargo el
icono australiano de Los 80 no era australiano. Tomó tiempo descubrirlo, pero
Mel Colm-Cille Gerard Gibson vio la luz aquí en el estado de Nueva York. Específicamente
en Peekskill (condado de Westchester). Mi hermana y yo hicimos un “peregrinaje”
en Los 80 y casi besamos el suelo que nuestro ídolo había pisado.
Yo (por diversas
razones) he tenido desde mi infancia una obsesión con Down Under, pero en Los
80, la australomania se convirtió en una militancia compartida y eso gracias a
Mel, cuya familia había emigrado a Australia siendo él un niño. Yo conocí la
existencia de Mel Gibson en febrero de
1983, cuando mi hermana me llevó a ver The Year of Living Dangerously ,
en el teatro Midway.
Como era nuestra
costumbre, salimos del cine (y yo ya estaba arrobada ) y volvimos un rato
después a verla de nuevo. Entremedio, fuimos a la vuelta de la esquina a Sam
Goody donde compré el LP con la excelente banda sonora de Maurice Jarré y a
Barnes&Noble donde adquirí el libro de Christopher Koch en el cual se había basado el filme de Peter
Weir. El que todos esos productos estuvieran a la venta indicaba que el filme
estaba gozando del favor del público.
Aunque perdí mi
diario de ese año, recuerdo cronológicamente la fiebre “melgibsoniana” que
afectaba el país. En marzo me robé de la sala de espera del ginecólogo de mi
madre una edición de People que traía un artículo de varias páginas
sobre el nuevo ídolo de la pantalla. En marzo llevé a mi Pa a ver El año de
correr riesgos, en una reposición en
el Main Street. Ese verano mi hermana me invitó a ver The Road Warrior
en HBO al que estaba suscrita.
En ese entonces
el sistema de cable con canales premium era una novedad por lo que en casa de
la hoy Dra. Sendar, estaba instalado en
el televisor del cuarto de los padres. Nosotras nos metimos en el lecho
matrimonial de estos y acompañadas de nuestra cena―una bandeja de pollo
frito―nos pusimos a ver lo que algunos definen como western distόpico.
En la escena en
que Max (M. Gibson) hace que el niño
salvaje se deslice por la capota del auto para poder repararlo y el chico es atrapado
por el motociclista monstruoso, lanzamos mi hermana y yo al unisonó un grito y
la bandeja salió volando por los aires. Creímos haber recuperado todo el pollo,
pero esa noche el pobre padre de Yehudit se encontró con un hueso ensartado en
la costilla.
Aparte de esa anécdota
que nos prohibió volver a ver tele en el cuarto principal, lo que me dejó la
imagen de Max Rockatansky fue una obsesión hormonal que me llevó a escribir una
carta secreta (que por suerte jamás envié) ofreciéndole mi virginidad al nativo
de Peekskill y jurándole que me iba a guardar para él. Entretanto bauticé a mi
nueva gata como Melissa Gibson Venant.
Para 1984, Mel
Gibson era la adoración de mujeres de todas las edades. En la tele vi Mad
Max, la precuela del Road Warrior, una experiencia un poco rara
puesto que debido a que el acento cerrado de los Aussies y la abundancia
de strine obligaron a doblar el filme dándole a Mel una vocecita
grotesca.
Mel Gibson en
Hollywood
Ya poseedores de
un grabador de videos sacamos de Blockbuster Videos filmes antiguos como Gallipoli
, Tim y Attack Force Z, un drama de la Segunda Guerra Mundial
donde solo Mel retornaba de una misión tras las líneas japonesas. Para 1984, Hollywood
había reclamado la presencia del americano-que-pasaba-por australiano. En un año,
Mel filmaría tres películas de las cuales solo The Bounty tendría alguna
relevancia.
Únicamente la adoración
de su fandom permitiría que sobreviviese su carrera pesar de que cada proyecto
(The River con Sissy Spacek y Mrs. Soffel con Diane Keaton) era
un fracaso de taquilla. Solo la franquicia
de Lethal Weapon en 1987 lo convertiría en una estrella nuevamente. Sin
embargo las fans éramos duras de matar y en 1985, People lo eligió como
el “hombre mas sexi del mundo”.
“Mi Mel Gibson”
decía Alicia Silverstone en la teen comedy Clueless y eso en 1995 cuando
Mel Gibson había demostrado ser un buen actor en el Hamlet (1990) de
Franco Zefirelli. Las próximas décadas lo llevaban al Oscar con Brave Heart
y a una fama un poco controversial gracias a su intensa Pasión de Cristo.
Mas controversias causarían
declaraciones inoportunas, escándalos públicos, y un alcoholismo que lo haría
persona non grata aun para el permisivo Hollywood, pero eso ya pertenece a otro
siglo.
Lo importante es
que dejó abierta la entrada de otros galanes australianos más modernos como
Eric Bana, Heath Ledger y Jacob Elordi. Sus filmes abrieron las puertas a
directores como Peter Weir que en Los 80 dirigiría filmes exitosos como Witness
y Dead Poet Society. Otro que cosecharía galardones elogio y fandom
seria Bruce Beresford con su Driving Miss Daisy.
Australianos
en la Pantalla Chica
Aunque el cine ya
hablaba strine, la televisión fue más reacia. Yo vi varias series australianas
que se enfocaban en la Gran Guerra como Anzacs, 1915, y A Fortunate Life. Lo
curioso es que esas series no las pasaba la televisión en inglés . Las vi
dobladas al español en Telemundo(¡!)
En muchas series
vimos a Sigrid Thortnot a quien yo conocía del cine por The Man of Snowy
River. Estuvo en 1915, All the Rivers Run y The Far Country,
basada en una novela de Nevil Shute, donde Sir Michael York interpretaba a un médico
de la SS que creía reencontrar redención y una nueva vida en el outback
australiano.
La mejor serie
australiana la pasó la PBS (1982) y fue otra adaptación de un clásico de Nevil
Shute. La versión televisiva de A Town LIke Alice logró opacar a la
preciosa adaptación de la Rank de 1956 y convirtió a Bryan Brown en un rostro
reconocible para el publico americano.
Eso hizo posible
que se lo contratara en 1983 para la que se llamaría la miniserie de la década.
Antes de hablar de la adaptación de The Thorn Birds, se vale hablar de
otro gran elemento del Invasión Australiana, la escritora Colleen McCullough.
Fea, Obesa y
Famosa
Una polémica surgió
cuando la publicación The Australian incluyese en su obituario del 2007,
que la Señora McCullough había sido fea y obesa. Muchos se indignaron , a mí me dio risa.
El hecho es que la obesa y feúcha escritora dejaba atrás un viudo compungido,
una fortuna y una reputación solida como autora de superventas. ¿A ver
cuantas guapas esbeltas no querrían dejar atrás tamaña herencia?
Nunca se imaginó
esa niñita australiana de origen irlandés, cuando llevaba una vida nómada
marcada por los malos tratos del padre, que algún día seria rica y famosa. Se
las arregló para dejar atrás la miseria, estudiar neurociencia y trabajar en
hospitales australianos y británicos. Fue en Londres que conoció a un catedrático
de Yale que le consiguió un puesto de investigadora en esa prestigiosa
universidad.
Fue en sus años en
Connecticut que Colleen comenzó a escribir novelas. En 1972 publicó Tim
a la que la seguiría en 1977, The Thorn Birds que se convertiría en
superventas tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo angloparlante.
Mientras lideraba las listas de bestseller del New York Times, la saga de la
Familia Cleary fue traducida a otros idiomas convirtiéndose en un éxito
mundial. En un breve espacio de tiempo, Colleen McCullough se volvió una autora
de fama impensable para la hija de un cortador de caña de azúcar, tan bruto como el
Luke de su novela.
A mí me
desilusiona que se le trate con tan poco respeto en la comunidad literaria que
ha abrazado a mujeres como Judith Kranz , Dame Shirley Conran y Barbara Taylor
Bradford. La temática de la autora australiana es compleja. En sus primeras novelas
salta de visiones históricas en la saga familiar del Pájaro Espino al
trauma bélico en un hospital de la Segunda Guerra Mundial en An Indecent
Obsession (1981) y retrata muy bien la soledad de mujeres a las que se les
fue el tren, pero aún conservan sus esperanzas románticas como en Tim y
en Las Señoritas de MIssalonghi (1987).
El cine se hizo
eco de su fama cuando contrataron al galán de moda en Australia para
interpretar a Tim, un jardinero muy guapo, pero retrasado mental que se enamora
de su patrona, una solitaria solterona. Tim confirmó el aura de símbolo
sexual de Mel Gibson y le quitó a PIper Laurie, como su patrona luego esposa,
el estigma de ser la mamá de Carrie.
El Pajaro
Espino
Si Tim y
An Indecent Obsession fueron llevadas a la pantalla grande, la televisión
estadounidense llevó a la pantalla chica el mayor bestseller de Doña Colleen, en
una producción que también creó polémica. El primer reparo fue que no se filmó
en Australia. La respuesta es que Hollywood quería inicialmente crear filme épico
de varias horas. Obvio que un blockbuster hollywoodense atraería más fama, más público
y más dinero que una humilde producción australiana.
La iba a dirigir
Peter Weir, Dame Olivia Newton John iba a ser la ingenua Meggie Cleary que, en
medio del Outback, hace tambalear los
votos del Padre (después obispo, luego cardenal) Ralph de Bricassart. Este rol
se lo iban a dar a Bobbie Redford ¡Guau! Cambio de planes. Ryan O’Neal que al
menos era de origen irlandés, sería el atormentado sacerdote. Weir fue
reemplazado por Arthur Hiller y Dame Olivia, muy australiana ella, pero viejita,
fue reemplazada por Michelle Pfeiffer.
Al final todo se
fue a las pailas. Hollywood descartó el proyecto. Lo recogió la ABC
considerando que una historia de esa magnitud ameritaba el espacio de una miniserie.
Ahí fue cuando la ABC metió las patas varias veces. Primero en eso de irse a Hawái
a filmar. El paisaje hawaiano sería más barato, pero se veía tan australiano,
como Alberta fingiendo ser Colorado en My Life with the Walter Boys.
Se contrató para
el protagónico a Richard Chamberlain, el Rey de las Miniseries. Obvio que debía
acompañarlo la reina del género, Jane Seymour, pero a sus treinta y dos años, fue considerada madurita. El rol cayó en las
faldas de una tal Rachel Ward. La miniserie abrió puertas en la pascua judía
(marzo de 1983). Alcancé a ver un par de episodios que no coincidieron con el
Seder (no teníamos grabador de videos entonces) y quedé muy desilusionada.
Años más tarde, leí
las declaraciones airadas de Colleen McCullough sobre la miniserie, y me di
cuenta que compartíamos la misma queja. No fuimos las únicas, pero nuestros reparos
fueron ahogados por el apoteósico triunfo de The Thorn Birds (hasta
ameritó una secuela en Los 90s). Los lectores devotos y los no-lectores gozaron
con este romance― un poco atrevido― en que un curita comete
pecado con una chica que lo ha amado desde la infancia.
Lo que enloqueció
a Los Ochenteros fueron las mismas razones por las que hoy se rechazan libro y
miniserie: el grooming del Padre Ralph, la aprobación de los amores entre un
adulto y una adolescente (a pesar de que el affaire se vuelve físico cuando
ella ya es una mujer casada) y el supuesto elogio de la (supuesta) pedofilia
dentro de la iglesia.
No les importó
que el paisaje fuese muy alejado del Outback, que se hiciesen cambios como que
Meggie (que en el libro se casa sin saber cómo se hacen los niños) en la serie intente
seducir a su futuro esposo; o que solo hubiese un australiano en el reparto,
Bryan Brown. Tampoco que no hubiese un acento “aussie” ni para remedio.
Estamos hablando
del primer año de Mel Gibson en pantallas americanas y faltaban todavía dos años
para que Paul Hogan nos inculcase las intricadas reglas del “strine”. Así que
importaba un bledo que Bárbara Stanwyck sonase californiana; Jean Simmons se
expresara con acento londinense y que Rachel Ward hablase como si fuese la
heredera de Downton Abbey (después de todo la actriz es nieta del Conde
de Dudley).
La Ward fue el peor error. Tenía 24 años y era suficientemente guapa para ser la adoración de mi hermano, pero su carrera de modelo no la preparaba para un rol tan exigente. El primero en notarlo fue Dick Chamberlain que no la soportaba. El resultado fue una falta de química total en la pareja principal que hizo que el Rey de las Miniseries se viese tieso y con cara de palo.
La ironía es que
el único antípoda en la serie, Bryan Brown, que interpretaba al despreciable
Luke, esposo de Meggie, si tenía química con Rachel, tanta que los actores se
casaron apenas acabó la filmación y siguen casados hasta hoy.
Un final feliz
para una serie que hoy puede ser cancelada por las hordas del wokismo o por mis
propias objeciones, pero que fue un punto importante en la invasión australiana
y sentó un precedente para que nacieran en este siglo excelentes sagas
familiares televisivas como La Saga McGregor, Las Hijas de McLeod
y A Place to Call Home.


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I have always loved Australian stuff, from music to TV, RETURN TO EDEN, THE THORN BIRDS, they gave us so many great stuff, and keep giving them to us still. I loved MURIEL'S WEDDING, but that was 90s. As a kid I loved Jason Donovan and Kylie Minogue. Never liked Mel Gibson or Russell Crowe, though, too primitive both of them for me. You need to watch old HEARTHBREAK HIGH series as you are into teens now, I loved that one as a teen.
ResponderEliminarI tried watching HH, but it was like Maxton Hall, they felt foreign to the american culture in almost invisible ways. It's why i don't go to the Aussie neo westerns...yet. My, I have loved Australia and Aussie males since forever, Eric B was not the first one. By the way Rusty Crowe is an Enzedder, like Dear beloved Sir Sam Neill. He was taken to Australia as a little boy. I saw his debut in a 70s show Spy Patrol. Well, Mel is American-born and poor Andy Gibbs was British.
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